Naruto © Masashi Kishimoto
— Aún no tengo sueño —se quejó bostezando—.
Mamá le había dicho varias veces que ya era hora de ir a dormir, pero papá acababa de recordárselo con un tono mucho más implacable. La tormenta se había acabado hace tan sólo unos minutos, a pesar de eso el viento seguiría golpeándole la ventana por el resto de la noche… se acurrucó el sofá contra el costado de su padre y cerró fuertemente los ojos para evitar que pudiera dirigirle esa mirada de reproche. Cuando la voz de él llegó de nuevo la niña mordió la parte interna de su mejilla intentando contener una sonrisa victoriosa:
— Sólo un rato más —había acordado Sasuke, pasando su brazo por detrás de ella para mantenerla a su lado—.
Sakura les sonrió a ambos y acarició el cabello de Sarada hasta que —lentamente— consiguió dejarla dormida. Entendía sus sentimientos a la perfección, a veces, ella también temía irse a dormir y que todo fuera poco más que un sueño; en algunas ocasiones despertaba de madrugada sólo para encontrarlo a su lado.
— Tendrás que tenernos paciencia, Sasuke-Kun.
Él plantó un beso en la palma de su esposa cuando ella acunó su rostro en una caricia suave; sus labios dibujaron una mueca de rendición para su mujer. Ellas no eran las únicas que compartían ese sentimiento, aún le costaba cerrar los ojos después de haber pasado tantos años sin poder verlas. Dormir era una tortura, pero despertar y encontrar los cabellos de Sakura desparramados sobre la almohada —e incluso a veces sobre su propio rostro—, era todo lo que necesitaba para seguir adelante. Quizás el camino había sido demasiado duro, pero su familia sin duda había sabido recorrerlo con pisadas fuertes. Besó la frente de su hija y se estiró lo suficiente para acariciar también los labios de su esposa con ternura.
— Ve a acostarla antes de que despierte —sugirió Sakura con voz mimosa mientras se levantaba del sofá—, ¿quieres tomar algo? —dijo ya caminando hacia la cocina—.
— A tí —susurró ronco cuando pasó a su lado—.
Los labios de él se curvaron con orgullo, no tenía que voltearse a verla para saber de su sonrojo. Había muchas cosas a las que Sakura tendría que volver a acostumbrarse, pero estaba seguro de que algunas serían mucho más fáciles que otras.
