Autora: Emotive Gothika.

Traductora: Nyanko.

Disclaimer: KHR! pertenece a Akira Amano-sensei y la historia a Emotive Gothika.


N/A: Lo siento por haber tardado tanto en este capítulo. Entre el bloqueo de escritor y la trama de crías de conejos (esos calientes bastardos), que apenas me dio por pensar en esto. Me hace sentir como si estuviera fallándoos… pero ahora aquí está el nuevo capítulo después de una larga espera. Por favor no me matéis…

Quiero agradecer a los que han presentado las ideas, en especial a Orcrux y Luthinuvielle que me dieron un poco de inspiración para este capítulo. ¡Sois todos unos grandes apoyos y espero que sigáis dándome inspiración!


Capítulo X

La calma antes de la tormenta.


Cuando Kyouya se despertó a la mañana siguiente, se sentía extrañamente cansado y relajado. Reflexionó acerca del por qué por un momento, mirando fijamente a la luz que se filtraba por las cortinas, hasta que la memoria de lo que sucedió ayer por la noche le golpeo como una tonelada de ladrillos. Su mano se levantó y sintió el área en la que Tsuna le mordió, sintiéndolo vibrar con la fantasma sensación de los colmillos perforando su piel. Recordó que se excitó y por eso se perdió a él mismo, desvergonzadamente en celo contra el vampiro como una especie de puta muerta de hambre hasta que fue liberado.

La vergüenza y el bochorno llenó a Kyouya y bajó la cabeza, enojado consigo mismo por perder el control. Se sentía como si él no se atreviera a enfrentarse al vampiro después de las actividades de la noche anterior. En realidad quería cavar un agujero para si mismo y sólo encontrándose allí, revolcándose en su miseria auto-inflingida. Pero esos pensamientos no se quedaron con él durante mucho tiempo. Su orgullo se abrió paso a la parte frontal de su cerebro, diciéndole que lo de anoche fue su culpa de todos modos. Él mismo se ofreció a Tsuna (la idea le hizo temblar un poco en las consecuencias), sin saber exactamente cuales eran los efectos. Y ahora que sucedió lo que había pasado, él tenía que afrontar las consecuencias con la cabeza bien alta, como el hombre que era.

Escuchando a su determinación, Kyouya fue hacer sus rituales de la mañana y se dirigió escaleras abajo. Reduciendo la velocidad cuando se acercaba a la puerta de entrada a la cocina, sintiendo que su corazón latía con fuerza contra su pecho y su rostro se calentaba un poco. Tomando una respiración profunda y cuadrando sus hombros, Kyouya entró en la cocina, sólo para encontrar algo que no esperaba.

La habitación estaba vacía de cualquier vampiro, aunque había platos en la mesa que contenían el desayuno del día, todavía caliente de la estufa y demostrando que Tsuna no se había olvidado de Kyouya al menos. Suponiendo que Tsuna acababa de irse temprano a la escuela (que era un cambio definitivo en la rutina), se sentó en su asiento habitual y tomó los palillos, listo para comer. Mientras comía, Kyouya se dio cuenta de que en realidad estaba sintiéndose decepcionado de que el vampiro no estuviera allí para saludarle con un buenos días y desayunaba con él. Estaba acostumbrado más bien a la alegre actitud de Tsuna por las mañanas, aunque a veces le irritaba. Pero como de costumbre, puso a un lado sus sentimientos y se centró en llenar el estomago con la deliciosa comida.

Media hora más tarde, Kyouya estaba en la escuela, apoyado contra la puerta mientras observaba a los estudiantes entrando en el campus, tolerando la multitud en ese momento de la mañana, ya que era inevitable, pero todavía se sentía un poco irritado al respecto –al menos en su opinión– que era demasiado temprano para que los estudiantes fueran tan bulliciosos. Cómo podían serlo iba más allá de él.

Los ojos de Kyouya observaron algo cuando oyó un alboroto cercano. Vio a un grupo grande de mujeres que se reunían en torno a alguien y ese alguien resultó ser cierto jugador de béisbol que podía ser visto sobre las cabezas de sus adoradas fans. Mientras las mujeres le hicieron varias preguntas acerca de dónde había estado hace dos semanas, Takeshi sólo les sonrió y se frotó la parte trasera de la cabeza respondiendo con poco entusiasmo, Kyouya recordó lo que Tsuna le había dicho dos semanas antes. Recordó que el vampiro impetuoso de cabello plateado que era uno de los subordinados de Tsuna había atacado a la estrella del béisbol y dicho padre del atleta era un caza vampiros retirado. Recordando la pequeña conversación con Tsuna, también se preguntó que había estado haciendo Takeshi durante los últimos días. Sin duda, no debería tomarle tanto tiempo para recuperarse de su encuentro con un vampiro, a menos que él estuviera traumatizado, pero incluso Kyouya tenía que admitir que no había muchas cosas que pudiesen desconcertar a la estrella del béisbol.

Desesperadamente quería cuestionar al chico más alto. Quería saber si Takeshi sabía acerca de los vampiros, sobre su padre, incluso sobre Tsuna. Pero al mismo tiempo vacilaba. ¿Qué sucedería si él no supiera nada en absoluto? Entonces, Kyouya parecería un maldito idiota, preguntando acerca de criaturas mitológicas, supuestamente nocturnas. Al final, hizo a un lado el asunto encerrándolo en la parte trasera de su mente y continuó sus funciones.

No pasó mucho tiempo para que Kyouya descubriera que Tsuna había llamado diciendo estar enfermo y que hoy no asistiría a clases. Por alguna razón, se le hizo nudo en el estomago ante ese pedacito de información y se sentía… ¿decepcionado? Pero, ¿por qué sentía esas cosas hacia el herbívoro? No es como si fueran… amigos o algo así. Él le estaba ofreciendo una casa segura de buen corazón (más o menos) e incluso aceptó la oferta de tenerle como ama de casa y chef. No debía quedarse atado al vampiro –o más bien a cualquiera– de ningún modo.

Con un suspiro y frotándose la sien, Kyouya apartó forzosamente los pensamientos del vampiro y se volvió hacia cosas más importantes. Como el terminar la tarea que tenía. Contrariamente a la creencia popular, sólo porque él no asistiera a clase no significaba que no hiciera las tareas. Tenía profesores que le daban trabajo y a veces acude a ellos por alguna charla cuando él no entiende nada. También tenía pruebas en la seguridad de la sala de recepción o en la sala de profesores. Era mejor que tener a una multitud a su alrededor de herbívoros idiotas, con las hormonas alteradas.

Evitó pensar que él mismo había sido un herbívoro con las hormonas alteradas por la noche y cogió el bolígrafo para empezar a escribir su ensayo.


Tsuna se quedó mirando la taza de café en sus manos, viendo el vapor de agua yendo hacia arriba y fuera del líquido oscuro y amargo. En realidad no era un gran bebedor de café, pero después de los acontecimientos de la noche anterior se sentía como si pudiera usar algo de la bebida.

Él no tendría que haber aceptado la oferta de Kyouya. Él no tendría que haberle pedido, incluso conseguir el permiso del prefecto para adquirir paquetes de sangre del hospital. Fácilmente podría haber corrido en la noche y obtener la sangre que necesitaba tan urgentemente. Pero no, tenía que ser cortés y respetuoso haciéndole la solicitud a Kyouya. Y por supuesto, no pudo resistirse a la tentación de probar la sangre del prefecto, algo que había tenido ganas de hacer desde que se había despertado por primera vez en la cama del mayor.

Débil, una voz en su mente le dijo, extrañamente parecida a la de Reborn, su mentor. Sigues siendo débil Dame-Tsuna. ¿Algo de lo que te he enseñado se ha quedado?

Tsuna bufó ligeramente. Con la forma espartana de enseñar de Reborn sería imposible no aprender anda de él.

"¿Juudaime?"

Los, actualmente, ojos marrones de Tsuna parpadearon hasta el rostro de preocupación de Hayato. Miró alrededor de la mesa y se encontró con que Lambo y Ryohei le miraban con la misma expresión. Suponía que era de esperar. Después de todo, no era como si Tsuna repentinamente se saltase la escuela de la nada (a pesar de que llamó diciendo estar enfermo). Y aquí, en una pequeña y pintoresca cafetería estaban los cuatro, Tsuna estaba tranquilo y no participaba en cualquiera de las conversaciones de los otros. Ni siquiera intentaba romper ninguna de las discusiones de Ryohei y Hayato, que era la primera vez.

"¿Sí, Hayato-kun?" Preguntó en tono cansado y resignado.

Sus tres subordinados intercambiaron miradas, teniendo una conversación silenciosa en el lapso de un segundo. Tsuna casi hizo un puchero en la capacidad que tenían sus subordinados para hacer tal cosa cuando él estaba presente, delante de ellos.

"Has estado más bien… deprimido Tsuna," dijo Lambo enderezándose en su asiento. "¿Hay algo que te moleste?"

Tsuna suspiró y empezó a negar con la cabeza, pero lo pensó mejor. Eran sus subordinados, las personas que lo conocían tan bien como él mismo se conocía. No podía mentirles y decirles que estaba bien. Ellos ven a través de él de todos modos. Al menos Reborn no estaba allí, porque, sin duda, el vampiro de más edad ya habría leído su mente.

"Juudaime, sabe que puede hablar con nosotros sobre lo que quiera, ¿verdad?" Le dijo seriamente Hayato.

Los labios del vampiro sangre pura se contrajeron ante eso. Sí, lo sabía muy bien. No quería dar a entender una cosa así.

Pero sabía que probablemente debería hablarles de lo sucedido en la noche anterior. No podía ocultar algo como eso a sus subordinados y siendo honesto, necesitaba ayuda para ordenar sus confusos sentimientos hacia el prefecto de pelo oscuro. Él no era un experto en asuntos del corazón o de lo que estuviese pasando entre él y Kyouya.

Ni siquiera estaba seguro de si podría ser etiquetado así.

Tomando su decisión, Tsuna levantó la cabeza y miró a sus subordinados directamente a los ojos. Por alguna razón que no sabía, los tres se enderezaron y le miraron con más atención, como si estuvieran a punto de ser informados sobre la respuesta a la vida, al universo y a todo. Vagamente, Tsuna se preguntó cual sería su reacción si les dijera que la respuesta era cuarenta y dos.

"Tengo que contaros algo," empezó Tsuna, serio pero aún nervioso. Lambo, Ryohei y Hayato se miraron de nuevo antes de asentir para que Tsuna continuase. El joven vampiro respiró hondo, preparándose. "Ayer por la noche… mi sed llegó a su limite. Salí corriendo hacia los paquetes de sangre y, aunque podría haberme ido para coger más pensé que sería descortés el no informar a Kyouya-san." Resopló ligeramente. "Por supuesto, no le gustó la idea de que fuera a robar al querido hospital. Por eso en su lugar… en su lugar… él se ofreció para que me alimentase. Y acepté."

Hubo un breve silencio y Tsuna contó los segundos hasta que Hayato se levantó de su asiento gritándole, "¿Él se le ofreció?" Para que toda la cafetería lo escuchase.

Con el rostro ardiendo ate la sugerente frase que Hayato soltó y las miradas de los otros clientes, Tsuna esperó hasta que Lambo y Ryohei forzaran a Hayato a sentarse de nuevo (en su defensa, el halfblood parecía avergonzado y arrepentido de su arrebato). Frotándose una mano contra su rostro, Tsuna escuchaba como sus subordinados expresaban sus pensamientos.

"Tsuna, eso que hiciste fue una estupidez," le dijo Lambo sin rodeos. "Y que ese humano se ofreciera también fue estúpido."

Hayato ni siquiera regañó a Lambo por llamar a su jefe estúpido ya que él pensaba lo mismo (mientras que mentalmente le pedía ser perdonado por pensar tal cosa). "¿Por qué hizo eso Juudaime? ¡Juró que nunca se alimentaría de un humano de nuevo!"

Al parecer, Ryohei no pudo dejar pasar una pequeña cosa. "¿Hibari en realidad se ofreció? ¿A ti? ¿Sin dudarlo?" Señaló con incredulidad. Su incredulidad era comprensible, ya que el prefecto no haría tal cosa a menos que consiguiera algo de él. Y su sangre siendo succionada por un vampiro, definitivamente, no tenía ningún beneficio para él (o eso pensaba Ryohei).

Y el pequeño sonrosado que manchaba la nariz y las mejillas de Tsuna al pensar en eso le hacía volver unos cuantos años. Nunca dijo nada pero, aparte de la repugnancia que sentía desde que se alimentó de un humano indefenso, había otra razón por la que juraron no volver hacerlo de nuevo. La primera vez que se había alimentado de buen grado de un humano dio el mismo resultado que cuando se alimentó de Kyouya. Le vinieron muchos pensamientos vergonzosos e inseguridades, y después tuvo la 'charla' con su padre y su tutor, que le traumatizaron un poco porque en lugar de ser técnicos y profesionales, decidieron obsequiarle con sus conquistas de sus días de juventud.

No es necesario decir, que no pudo mirar a su padre o a su tutor a los ojos durante meses y después juró que nunca se alimentaría de un humano de nuevo.

Pero ayer por la noche había sido distinto. En lugar de estar avergonzado u horrorizado por agredir al adolescente mayor, Tsuna se había sentido emocionado detrás de su calmada mascara. Al ver el prefecto tan desinhibido le dio una sensación de logro que en verdad no entendía. Y de sólo recordar el rostro enrojecido del humano en medio del placer le enviaba un cosquilleo agradable por la columna vertebral.

Y no sabía por qué se sentía de esa forma.

"Tsuna," le llamó Lambo, ganándose la atención del sangre pura. "¿De verdad querías alimentarte de ese tipo, Hibari?"

El rubor en el rostro de Tsuna fue la confirmación que necesitaba.

Hayato parpadeo furiosamente ante la confusión. "¿Juudaime quería alimentarse de él? ¿Por qué?"

Empezando a estar un poco irritado, Tsuna estalló, "¡Oh, no me digáis que tampoco la queréis! ¡Su sangre, prácticamente, estaba tentándome! ¿No oléis la sangre?"

Ryohei quedó pensativo y luego se encogió de hombros. "La olía, por supuesto, pero a pesar de que era tentadora no olía diferente a la de cualquier otra persona."

Tsuna le miró con incredulidad como Lambo y Hayato asintieron con la cabeza. "En-Entonces… ¿por qué es que cuando no tengo sed su sangre parece tentarme hasta el punto de sucumbir a la sed? No lo entiendo…"

Los vampiros subordinados se miraron de nuevo (realmente, aún, molestaba a Tsuna) y Ryohei le dijo con otro encogimiento de hombros, "Tal vez sea cosa de los sangre pura."

Tsuna negó con la cabeza. "Nunca he oído hablar de algo como esto en los círculos de los sangre pura," dijo.

"Esto es sospechoso," murmuró Hayato poniéndose una mano en la barbilla planteándose un pensamiento. "¡Tal vez ese Hiabri le hechizó!"

Lambo golpeó con ligereza al vampiro de cabellos plateados en la parte trasera de la cabeza. "Estupidera, Hibari es un humano. Él no puede hacer tal cosa."

Hayato gruñó con irritación pero se abstuvo de estallar de nuevo a su comapñero subordinado debido a la mirada de Tsuna. "Bueno, ¿cuál es tú teoría? ¿En realidad Juudaime se siente atraído por él?" Dijo con sarcasmo, sin ser realmente serio acerca de la declaración.

Pero esa sentencia fue como una bomba en la mente de Tsuna.

¿Él? ¿Atraído por Kouya? Bueno, sí, el prefecto es un hombre atractivo (más aún cuando él se excitó –oh, Dios, ¡deja de pensar en eso Tsuna!). Y, por supuesto, Tsuna se sentía atraído por su sangre, ¿pero realmente se sentía traído por la persona detrás de la violencia y la disciplina?

No podía responder a esa pregunta. No ahora. Era demasiado confuso.

"Oi, Tsuna, ¿estás bien?" Le pidió Ryohei, el primero en darse cuenta de que Tsuna había palidecido alarmantemente. "Parece que acabas de tener otra sesión de entrenamiento con Reborn-san"

Parecía imposible, pero Tsuna palideció aún más ante la mención de sus sesiones de entrenamiento con su sádico tutor (eso era una gran trauma). Lambo y Hayato fueron capaces de detenerse de sus peleas (algo extraño, pero no imposible) para darse cuenta de que Tsuna parecía algo fuera de sí.

"Juudaime, ¿necesita algo para el estomago? ¿Medicina? ¿Te verde?" Le preguntó Hayato ansioso por complacer a su jefe.

"N-No," dijo Tsuna agitando una mano al vampiro de cabellos plateados. "Creo que… creo que voy a volver a casa. tengo que sentarme y pensar… o dormir… o algo…" se levantó un poco tembloroso pero se dirigió hasta las puertas del café a un paso tranquilo, en realidad sin darse cuenta de que sus subordinados casi pelean por él.

Necesitaba pensar.

Y él no estaba seguro de que le iba a gustar por completo lo que debía pensar.


El tranquilo teclear de las teclas de la computadora y el zumbido de las numerosos CPU y los monitores de ordenador que estaba sentado en el suelo, resonaba en el pequeño y oscuro apartamento. Un hombre rubio con ojos verdes y perezosos que llevaba un traje de color verde estaba sentado frente a las maquinas que zumbaban, muy ocupado escribiendo con el teclado que estaba aposentado en su regazo y los otros delante de él. El que hacía en realidad era una incógnita –los códigos de programación en los monitores eran demasiado extranjeros para cualquier programador normal– pero parece que hacer tal cosa era algo natural para el hombre. Él no hacía ninguna pausa en su escritura y sus ojos se movían rápidamente sobre cada código.

Después de unos minutos, el hombre –cuyo nombre era Spanner– dejó de escribir, al parecer satisfecho con los códigos. Dejó escapar un suspiro de cansancio, estiró el cuello y los hombros para aliviar algo de tensión, y luego metió la mano en el bolsillo y sacó una paleta azul que parecía tener la forma de una llave. Quitó la cubierta de plástico, se metió el dulce en la boca y luego volteo el torso alrededor para comprobar sobre el otro residente de la vivienda.

Sentado en un rincón, medio apoyado contra la pared con los brazos agarrando el borde de su camiseta, como si estuviera en medio de quitársela, estaba un hombre pelirrojo con gafas que ahora residían torcidas en su rostro debido a su posición. Parecía estar durmiendo a pesar de la incomoda posición, pero Spanner sabía que sólo era una extraña habilidad de su compañero para ser capaz de dormir en cualquier posición y en cualquier lugar. Incluso una vez había visto al pelirrojo dormir sobre un montón de partes de robots, cosa que no podía ser cómoda de ninguna forma.

Suspirando de nuevo, Spanner dejó a un lado el teclado de su regazo y se puso de pie para acercarse a su amigo. Colocó una mano sobre el hombro del pelirrojo y le sacudió con suavidad, diciéndole, "Shouichi, despierta," suavemente, murmullando.

Shouichi seguía durmiendo, aunque si cambió su posición ligeramente con un murmullo. Spanner se pasó su mano enguantada a través de su pelo rubio, sintiéndose un poco exasperado hacia su amigo, pero él no se daba por vencido. En lugr de despertar al pelirrojo con suavidad como hubiera querido, Spanner sacudió a Shouichi una vez más, haciéndole caer al suelo y por lo tanto, despertarlo.

"Oh, ¿qué hora es?" Le pidió Shouichi bostezando, ni siquiera se molestó con el método poco convencional de su amigo. Estaba acostumbrado a eso después de todo.

"Cerca de la medianoche," respondió Spanner mirando hacia al pelirrojo. "Creo que hemos estado aquí lo suficiente. Es hora de moverse de nuevo. Todavía nos llevara unos días más llegar a Sicilia."

Shouichi asintió mecánicamente ajustándose las gafas, pero poco a poco fue mirando atentamente. Después de haber escapado de Millefiore, él y Spanner habían estado haciendo su camino hacia Sicilia, necesitaban entrar en territorio Vongola para estar seguros. Ambos eran traidores de Millefiore por haber ayudado a escapar al joven heredero de Vongola de su prisión, pero tampoco lamentaban su decisión. Shouichi había sido, indirectamente, parte de Vongola de todos modos y Spanner, bueno, quién sabe por qué quería irse.

Spanner regresó a sus ordenadores, escribiendo de forma rápida algo en los tres teclados mientras Shouichi se levantaba y estiraba las partes de su cuerpo antes de apresurarse por el apartamento, recopilando las cosas que necesitaban para mudarse. Un par de minutos más pasaron en silencio.

"¿Ya está?" Preguntó Shouichi una vez terminó con su tarea. Una mochila grande colgaba de sus hombros con otra cogida en su mano.

"Casi," respondió Spanner con los dedos presionando unas cuantas teclas más antes de que las apretara cinco teclas al mismo tiempo. Haciendo lo mismo con los otros dos teclados. "Muy bien, está hecho. Vámonos."

Horas más tarde, cuando los dos estaban lejos de su alcance, la puerta del apartamento estaba rota y hombres vestidos con uniformes blancos entraron con las armas en alza a punto de atacar. Sin embargo, nada les dio la bienvenida en la habitación, aparte de los monitores de las computadoras que estaban en un azul brillante y mostraban a un pequeño robot agitando un cartel hacia ellos.

El cartel decía, "Bye-bye."

Y ni un segundo más tarde, los equipos explotaron.


N/A: Entonces, ahí lo tienen, ¡el capítulo diez después de una larga espera! Espero que haya sido satisfactorio. Quería que fuera más largo, pero no sabía como continuarlo sin problemas así que decidí terminarlo después de la escena de Shouichi y Spanner. Uf, me siento tan incompetente… ¿por qué a vosotros todavía os gusto? ¿Por qué?

*coff* Sí, eh, sobre el próximo capítulo… ni siquiera he empezado a escribirlo. ¡Dios, soy tan mala en los de múltiples capítulos! Tal vez debería seguir con oneshots o mierda. Pero esperemos que vaya a conseguir uno o dos capítulos más antes del fin de año (o del mundo, lo que ocurra primero ¬_¬). Una vez más, ¿por qué todavía os gusto?

Ah, por cierto, hay una referencia de libro/película en este capítulo. Me pregunto cuánta gente la podrá encontrar… ¿decídmelo en un review? ¿Por favor? *mohín*


Omake:

Tsuna se detuvo frente al espejo, con los ojos vagando sobre su figura. Él puede ser el típico chico tímido, pero eso no quiere decir que no pueda admirarse a si mismo. Y, maldita sea, ni siquiera él podía admitir que se veía bastante caliente. Salvaje cabello de punta, seductores ojos marrones, piel blanca y suave, y una figura esbelta que haría que cualquier mujer le envidiara. Él puede parecer un poco femenino, pero aún se veía como un chico y incluso podía admitir que era atractivo.

Sonriendo un poquito, Tsuna se levantó el dobladillo de la camisa hacia arriba, esperando ver la plana extensión de su estomago que tenía un toque de abdominales. Pero cuando se expuso su estomago, no vio abdominales. De hecho, estaba viéndose un poco…

"¡Oh, no, me he engordado!" Tsuna se quedó sin aliento mirando a su estomago horrorizado.

Un resoplido sonó detrás de él y Tsuna ajustó su posición frente al espejo para ver a su amante sentado al borde de la cama, mirándole disgustado y soñoliento pero despierto.

"No te has engordado," le dijo Kyouya ocultando un bostezo.

"¡Sí, lo estoy!" Tsuna hizo un mohín pellizcándose el estomago. "¡Mira esto! ¡Culpo a toda la feijoada que he estado comiendo! Tú y tú obsesión con ella…"

Kyouya suspiró. "No estás engordando. Sólo estás embarazado."

Hubo un momento de silencio antes de… "¿Embarazado? ¿Qué diablos quieres decir con que estoy embarazado?"

"Cuando tomé tú virginidad la semana pasada te fecundé."

Tsuna se sonrojó al recordarlo pero aún miraba a su amante a través del espejo. "En caso de que no te hayas dado cuenta después de esa noche y todas las noches después de esa, ¡soy un hombre con una polla y pelotas, no puedo quedarme embarazado!"

"Claro que puedes. Y ahora, estás llevando nuestro bebé mitad humano mitad vampiro."

"¿Qu-Qué?"

"Vas a pasar un tiempo difícil llevándolo, sin embargo, ya que los humanos no son lo suficientemente fuertes como para llevar a un bebé hibrido. Y el parto será doloroso y es probable que mueras a causa de ello, pero voy a convertirte en un vampiro después por eso no hace falta que te preocupes."

"¿Qué mierda?"

"Nuestro bebé va a ser muy especial. Siete días después de su nacimiento ya va a empezar a hablar."

"¿Estás borracho?"

"Y después de siete años, ya se verá como una de diecisiete."

"¿Cómo es eso posible?"

"Además, tú ex-novio se imprimirá en nuestra bebé de inmediato, aunque eso convierte a ese tipo en un pederasta si lo piensas…"

"…Kyouya, no te asustes, pero voy a llevarte al hospital. Necesitas ayuda. Creo que es por culpa de toda la feijoada que comiste."

"…¿Puedes comprar algo de camino? Es posible que tengas antojo de ellas."

"¡Oh, Dios mío Kyouya, cállate!"

(ROFLOL, más Crepúsculo parodia/golpear. ¡Es tan divertido! Por cierto, la feijoada es un plato muy popular en Brasil, Tsuna y Kyouya estaban de vacaciones en Rio de Janeiro. Véase, una referencia a Amanecer, a pesar que me niego a destruir mi cerebro viéndolo. Wikipedia se lo merece, ¿no es así? XD)