–Sabes que si tienes tu brazo ahí te lo va a arrancar, Tony– dijo Bruce, observando el diseño de la nueva armadura de Stark.

–Bien pensado, grandote–respondió el millonario– ¿Controlado internamente, entonces? Si me arrancas un brazo puedo tener otro de repuesto– agregó modificando el ensamble del brazo metálico y se lo mostró– ¡Y mira! ¡Sin sangre!

Banner miró de mala gana la pantalla holográfica que tenía enfrente, donde se encontraba un muy resfriado Stark.

– ¿Es enserio, Tones?

– Lo siento. Mi error.

– Sé que quieres que regrese a la torre, pero no sabía que tenías tanta prisa. No tenías esto ayer–. El semblante del ingeniero cambió a uno un poco más serio. El físico guardó silencio por un momento– Tony, ¿qué sucede?

Tony cambió su mirada a otra pantalla y transmitió la información de ésta a una de las pantallas de Bruce, quien le sostuvo la mirada por unos segundos antes de atreverse a echarle un vistazo. Frente a sus ojos se encontraban los resultados del último escáner hecho a Nashira, y arrugó la frente ante ellos. La pequeña empezaba a estar peligrosamente deshidratada y tenía fiebre, su corazón bombeaba su sangre con más rapidez.

– ¿Pero qué…?

–No ha querido comer ni beber nada desde que te fuiste y lloró toda la noche. Creí que no querrías volver a pisar la torre hasta que tuviéramos "el plan de respaldo"– guardó silencio un momento ante el gesto de incredulidad de su amigo.

–Aún no puedo regresar a vivir a la torre…

–Y no te estoy pidiendo que regreses todavía, te estoy pidiendo que me ayudes a no tener que llevarla a rehidratarla a un hospital. Bruce… es muy pequeña todavía.

Banner lo sopesó unos momentos. Por un lado no se sentía digno de sostenerla en sus brazos de nuevo, pero no quería que acabara en un hospital con sondas intravenosas para evitar que muriera por la falta de agua. Parte de él dudaba que ella estuviera de ese modo debido a su ausencia.

¿Cómo puedes querer a un monstruo, pequeña?, pensó.

–Te veo en unos minutos– concluyó finalmente.


Para él era demasiado extraño pisar la torre después de los eventos ocurridos. Suspiró antes de presionar el botón del elevador e ingresar a él.

–El señor Stark y la señorita Pepper lo esperan en el piso veintitrés, Dr. Banner– resonó levemente la voz de JARVIS en el pequeño espacio.

–Gracias, J– musitó Bruce metiendo las manos a los bolsillos de su pantalón, nervioso. Se moría por ver a la pequeña de nuevo, pero estaba terriblemente asustado, además de estar apenado con Pepper.

Cuando las puertas del elevador se abrieron dejaron ver a la pequeña familia. Pepper tenía en sus brazos a Nashira, quien se encontraba exhausta. Tony quería acercarse a él, pero había tomado sus precauciones al no tocar a Pepper para no llenarla de virus con el fin de no contagiar a su pequeña princesa, y no iba a arriesgarse con su mejor amigo, así que optó por sonreírle. Pepper hizo lo mismo cuando lo vio. Natasha se encontraba leyendo en un sillón pegado al ventanal, pero alzó brevemente la mirada cuando llegó.

–Despierta, cariño– dijo Pepper con suavidad, acariciando el pelo rizado de su hija, quien abrió con pereza los ojos.

Bruce se acercó lentamente, sin saber exactamente qué hacer. Nashira abrió bien los ojos y extendió los brazos hacia su tío.

–Bus– balbuceó, rompiendo en un llanto sin lágrimas, pues su cuerpo parecía incapaz de producir más líquidos.

El Físico no pudo resistirse más cuando Pepper la extendió hacia su cuerpo y la tomó en sus brazos, colocando una mano en su diminuta espalda mientras Nash rodeaba su cuello con poca fuerza con sus bracitos, balbuceando repetidamente su nombre entre sollozos, como si quisiera reprocharle el haberse ido. Bruce sentía perfectamente el nudo en su garganta y hundió su nariz en el cabello con aroma a fresas de la pequeña. Sus ojos se llenaron inmediatamente de lágrimas, y trató en vano de contenerlas.

–Yo también te extrañe, Nash… – dijo, pero su voz se rompió a la mitad de la frase.

Pepper abrazó a Bruce, envolviéndolo a él y a su hija en el proceso. Tony le colocó una mano en el hombro opuesto al que se encontraba su pequeña. Natasha, que se encontraba observando desde una distancia prudente, se acercó a ellos cuando escuchó la voz herida del Físico y lo abrazó desde la espalda, creando entre ella y Pepper un "emparedado de Bruce".

–Nerd– susurró suavemente.


Había pasado media hora hasta que Nashira se calmó en los brazos de su tío. Ahora succionaba leche de una botella, bastante agotada. Bruce había disuelto un medicamento leve para la fiebre en el líquido y observaba los labios secos de su pequeña, esperando a que su calor corporal disminuyera y dejara de temblar levemente.

–Ella te extrañó– susurró Natasha, quien estaba detrás del científico, recargada en el respaldo del sillón con los brazos cruzados. Pasó sus delgados dedos por el rostro de su "sobrina" para retirarle un mechón de pelo de la cara. Los ojos azules de la pequeña se posaron en los de ella mientras continuaba comiendo.

–Sabes que ella se pondría así si le faltaras tú– replicó, un poco ausente.

–Vamos, Bruce, te adora– obvió ella, sin despegar la vista de la pequeña.

–Ella no debería apegarse tanto a mí… –respondió, con una sonrisa triste.

–Vamos Doc, nadie se le va a acercar si la cuidas tú.

En dos días Nashira estaba como si no hubiese pasado nada… excepto que ahora no despegaba la vista de su tío y se angustiaba con su ausencia. Para intentar calmarla, Bruce era el que se encargaba de cuidarla en una sala que carecía de ventanas, acompañado de Pepper. Tony, mientras tanto, trabajaba en la armadura para contener a Hulk en caso de emergencia, aunque en realidad era más para mantener tranquilo a su amigo. Una de esas tardes, ocurrió algo de lo que Bruce y Tony se habían olvidado por completo.

Banner estaba sentado en el sillón, observando a Nashira jugar con múltiples pelotas de colores. La niña estaba gateando para acercarse a una brillante pelota púrpura cuando ésta se movió sola, para disgusto de ella. Nashira arrugó la frente y se volvió a acercar, pero la pelota se movió una segunda vez, esta ocasión hacia ella, por lo que sonrió y se sentó con su juguete en las manos.

–¿J..?– preguntó, un poco exaltado.

–¿Sí, Dr. Banner?

–¿Cuál es la actividad magnética alrededor de Nashira?

La pequeña, al escuchar su nombre giró la cabeza hacia Bruce, mordisqueando con las encías la pelota.

– Mis sensores no detectan ningún cambio en la energía de la habitación Dr. Banner, sin embargo parece que hubo un cambio en la gravedad de los objetos.

–Ven aquí, cariño– alzó a la pequeña y se fue inmediatamente al laboratorio donde estaba Tony.

El ingeniero estaba bastante distraído viendo las pantallas y reajustando la cápsula interior del traje cuando su hermano de ciencia entró a la habitación.

– ¿Tony? Creo que necesitamos hablar.

– ¡Brucie!– exclamó el aludido acercándose a él, ignorando por completo el tono de su voz y extendiendo los brazos hacia su pequeña. Al menos ya no tenía gripa–. Hola, princesa– arrulló dándole un pequeño beso a su hija en la mejilla, abrazándola. Luego habló sin mirar a Bruce– ¿Decías?

– ¿Recuerdas que te dije que Nashira iba a ser "especial"?– respondió Bruce intentando obtener la atención de Stark, pues cuando éste veía a su niña era casi imposible.

–Ah, si– contestó, cargando con un brazo a su princesa y tocando su pecho, donde brillaba a través de la ropa un círculo azul– ¿Qué con eso?

–Creo que acabamos de averiguarlo. Movió involuntariamente una pelota e inmediatamente después lo hizo conscientemente… – su mirada se desvió a la brillante luz azul que el Ingeniero portaba en el pecho – Tones, ¿qué demonios es eso?

–No creí que pasaría tan rápido– contestó con sinceridad– y tampoco que pudiese aprenderlo de esa manera… supongo que no es la única sorpresa que nos tienes, ¿eh pequeña? Y eh… es un… juguete, que hice por curiosidad.

– ¿Curiosidad?– inquirió el Físico.

– Sip, verás… –se sonrojó levemente–, quería saber qué haría si lo tuviera aún conmigo, entonces quise experimentar–. Nashira ponía su diminuta mano en el falso reactor con curiosidad. Bruce dejó escapar una breve risa– ¿Qué?

– ¿No fuiste tú el que dijo que eras muchas cosas menos "nostálgico"?

– Oye, me casé y era un playboy… y ahora tengo una esposa y una hermosa pequeña princesa–. Le dio a su niña un beso en la nariz, pero después se dio cuenta que ella tenía el reactor falso en ambas manos, despegado de su pecho pero debajo de su ropa.

– Bueno, pues tu pequeña princesa ya te habría matado– señaló Bruce, riendo un poco por la curiosidad de Nashira, quien jaló el reactor y se lo enseñó.

–Bueno, ese es un sonido que extrañaba.

Dentro del siguiente mes Nashira empezó a formar pequeñas frases y a reírse cuando movía las cosas del laboratorio de su padre justo en el momento en el que él las iba a agarrar, por lo que se turnaban para cuidarla mientras trabajaban. Ponía especial atención cuando escuchaba la palabra Hulk porque inmediatamente la relacionaba al color verde y miraba a su "tío", y entonces fue momento de ponerle nombre a la armadura y al sistema de envío de partes para poder ser más discretos frente a ella.

Uno de esos días mientras el Dr. Banner trabajaba en el laboratorio, Tony se encontraba con su pequeña recostado sobre un gran almohadón en el cuarto viendo películas animadas; la pequeña Nashira poco a poco se fue quedando dormida pues esa actividad se había cruzado con su hora de la siesta. Tony acarició la cabeza de su hija con delicadeza y ternura mientras él le prestaba atención a la película pues sabía que la pequeña terminaría por preguntarle cosas cuando despertara; en eso se percató de que uno de los personajes era un juguete que pensaba que era un astronauta, le decían "Buzz" y su traje espacial se parecía a la armadura, siguió prestando atención y encontró más y más similitudes.

–Vaya, ¿quién lo diría? Una película me roba también mi diseño– dijo para sí esbozando una sonrisa cuando de pronto sus ojos se abrieron de par en par como si se hubiera revelado ante el un gran secreto.

–Jarvis– dijo sin dejar de mirar al vacío.

– ¿Sí, señor?– le respondió la IA al momento

– Renombra todo los archivos del proyecto "Contención".

– ¿Qué nuevo nombre asigno Sr. Stark?

– HULKBUSTER.


Pasaron dos años y mientras los vengadores salían esporádicamente a combatir el crimen, Nashira cumplió los tres años. Desde su nacimiento nunca la dejaban completamente sola, sobre todo desde el incidente con Ross (del cual, jamás pudieron comprobar su participación). Una de esas tardes, Natasha y Steve fueron los únicos que se quedaron en la torre junto con Pepper.

–Cariño, ¿puedes quedarte con Steve y Natasha en lo que mamá prepara tu comida?

–Pero el abuelito Steve es aburrido– contestó la niña, haciendo un puchero y cruzando los brazos. En definitiva no se acostumbraba a la forma disciplinada que Rogers usaba al cuidarla. Y no es que la tratara como militar, pero insistía en que usara los objetos "de forma correcta" y ciertamente la detenía en sus travesuras. El rubio suspiró pesadamente.

– Está bien Pepper, yo me encargaré de la cena– contestó el soldado. Tal vez había sido un poquito sobreprotector con ella y por eso estaba abrumada por sus cuidados, pero parecía ser mucho más dócil con sus padres y con Natasha y Bruce. Se fue sin decir nada más rumbo a la cocina.

–Nashira, eso no estuvo bien, cariño– comentó Pepper una vez que estuvieron las tres solas.

–Pero mami… ¡el abuelito sólo quiere poner caricaturas y luego no quiere jugar conmigo y tía Tasha!

Y en cierto modo era verdad. Steve podía consolar niños que se sentían solos, hacer reír a bebés y hacerlos sentir cómodos, pero ¿divertir a una pequeña y muy inteligente Stark? Era una misión imposible. Podía jugar a las escondidas con Nashira y Natasha, pero usualmente cuando él era quien debía encontrarlas, se escondían demasiado bien. Alguna vez las encontró después de horas, sentadas en la mesa de la cocina, comiendo cupcakes porque se "habían aburrido de esperar a que las encontrara", por lo que prefería no perder a la pequeña para encontrarla pasada la hora de la cena. ¿Jugar a atraparla? Ni soñarlo, la última vez flotó hasta el techo y Steve había terminado por romper el piso por saltar hasta ella y caer. Entonces sí, prefería ser un "abuelito" aburrido y conservar el mobiliario de la torre.

A la hora de la cena (que por cierto era de las pocas cosas que le gustaban de Rogers) y cuando Nashira terminó de comer, dio un suave bostezo.

–Tengo arenita en los ojos– dijo Nash mientras se frotaba los ojos con sus puñitos. Pepper río por un momento.

–Amor, no es arenita, es sueño– intentó no reírse más pero era imposible.

–No mami, es arenita. Quítamela.

Esta vez fue Natasha la que dejó salir una pequeña risa. Era verdaderamente difícil permanecer seria alrededor de Nashira, pues desde que aprendió a hablar, era una adorable ocurrencia tras otra. Amaba su inocencia y su espontaneidad, y por supuesto, ser la tía preferida… por no decir que era la única tía. Aunque era evidente que ella y Bruce seguían siendo los preferidos sobre todos los vengadores. Era como si hubiese elegido a las personas más heridas y se dedicara a sacarles sonrisas por montones.

–Ven, cariño, vamos a quitarte la arenita– dijo la rusa, cargándola mientras intentaba no reírse, aunque con una sincera sonrisa.

–Tía Tasha– habló la pequeña mientras rodeaba el cuello de Natasha con sus brazos– ¿Por qué vamos a mi cuarto?

–Vamos a quitarte la "arenita" de los ojos, pero en tu cama, arañita.

–Pero yo no tengo sueño– repitió la pequeña.

–No vamos a dormir, vamos a ver un ratito la televisión, ¿está bien?– los ojos de Nashira se hicieron ligeramente más grandes… lo más que se lo permitía el sueño.

– ¡Si!– respondió, emocionada. Contrario a lo que podría esperarse, pasaba la mayor parte del tiempo viendo películas animadas y documentales, más que caricaturas.

Natasha recostó a la pequeña y la cubrió con las cobijas, apagó la luz y se sentó a su lado. La habitación no quedó totalmente a oscuras por el móvil gigante del techo, que era parecido al primero que le había armado Banner, con excepción de que éste era mucho más grande y representaba los planetas y su rotación, con una loca y obsesiva exactitud. Éste era otro regalo por parte de él, cuando descubrió que la pequeña tenía especial fascinación por las estrellas y los planetas.

Nashira se rehusaba a dormirse, alegando que aún tenía arena en los ojos, pero la espía pasó repetidamente el dorso de su mano desde su frente hasta la nariz de la pequeña, quien terminó por quedarse dormida inmediatamente. Natasha le dio un beso en la frente antes de retirarse.

A la mañana siguiente la pequeña se sentía ligeramente traicionada por su única tía, pero lo olvidó por completo cuando el equipo llegó al salón, sucios y un poco heridos, pero completos.

– ¡Papi!– exclamó corriendo a los brazos de Stark, quien la estrechó contra su pecho, llenando de besos su cabeza.

– ¡Hola, cariño! ¿Te portaste bien en mi ausencia?– dijo él, bastante feliz de volver a ver a su pequeña.

– Le dijo a Steve "aburrido"– explicó Pepper, dándole una mirada seria a su pequeña, para darle a entender que realmente estuvo mal.

– ¡Bien hecho, pequeña!– sonrió a su hija.

– ¡Tony!

– ¿Qué? Vamos Pep, Steve es al menos un poquito aburrido– padre e hija la miraban "inocentemente". Bruce carraspeó un poco para aliviar la tensión.

– ¿Y no hay un abrazo para mí?– dijo, intentando desviar la atención de la pequeña.

– ¡Tío Brucie!–. Nashira saltó desde los brazos de su padre hasta los del Físico, estrechándolo todo lo que sus extremidades le permitían. Él puso su mejilla en la frente de la niña y esta arrugó la frente–. Tu barba me pica– dijo en un puchero. Banner no pudo evitar reírse y frotar más su barba contra la piel de la niña, quien eventualmente se unió a sus risas aunque intentando alejar su mejilla de él.

–Muy bien, ahora es mía – Natasha le quitó estratégicamente la pequeña a Bruce, intentando alejar a ambos de la pequeña discusión del matrimonio. A pesar de que ya no le temía a Hulk, no le agradaba ver incómodo a Banner.

–Vamos Natasha, tú la cuidaste todo el fin de semana– replicó a la asesina cuando salió tras ellas.

–Y… ahí va mi hija– Pepper miró a Tony con desaprobación– ¿Qué?


Aunque las "peleas" entre el matrimonio eran bastante leves y en realidad ni siquiera calificaban como algo serio, ni a Natasha ni a Bruce les complacía que Nashira estuviera en medio, por lo que arroparon a la pequeña y salieron los tres de la torre. La niña iba felizmente pateando las piedritas que se encontraron rumbo al parque. Justo cuando iban llegando, Bruce le susurró al oído.

–Recuerda, cariño, nada de...

–Magia, si tío Brucie– interrumpió ella alegremente– Sólo en casa.

Y la verdad era que no tenían un nombre para los poderes de Nashira. No se explicaban todavía cómo era que podía mover los objetos sin alterar su campo magnético, pero sabían que cuando se enfadaba o se asustaba su poder a veces era involuntario. A pesar de ser demasiado inteligente (como su padre) no sabían cómo la tratarían los otros niños si se enteraban de lo que podía hacer, y más importante, no sabían a quién podrían atraer si se daba a conocer su potencial. Entonces decidieron esperar a que la pequeña fuese un poco mayor para convivir con otros niños sin supervisión. El parque era otra cosa, y era la razón por la que la niña adoraba salir. Adoraba corretear con los niños que se le acercaban y subirse a los columpios, aunque disfrutaba por igual jugar a la pelota con Bruce y treparse a los árboles con Natasha (esto último lo hacían cuando él no estaba).

– ¿Una carrera a los columpios, arañita?– preguntó Natasha a la pequeña, quien no le contestó y salió corriendo directamente a ellos– ¡Sin trampa!

Banner las siguió a su ritmo, riendo un poco al verlas. En realidad nunca esperó ver a Romanoff de esa manera con alguien, era la persona de la que menos se lo esperaba en el grupo, pero debía admitir que para todos estar lejos de la pequeña era casi imposible. Lo que le recordaba…

–Nat, ¿te robaste a Nashira sin decirle nada a sus padres?– inquirió cuando las alcanzó.

–Bueno, si le avisas a uno de los dos no cuenta como robar, ¿o sí?

–No le dijiste a Tony–. La rusa le dirigió una sonrisa traviesa–. ¡Cielos Romanoff, va a matarme cuando volvamos!

–No si no volvemos– y usar esa combinación de palabras hizo que Nash recordara cuando Bruce se marchó, a pesar de su corta edad. Ella miró al piso con gesto ausente.

–¿El tío Brucie y la tía Tasha se quedarán por siempre con nosotros?– ambos adultos la miraron, sabiendo a lo que se refería.

–Claro que sí, cielo – respondió Natasha, con una dulzura que Bruce jamás le había escuchado. Aun así, él no supo qué contestar.

Nashira simplemente abrazó a ambos y siguió jugando.