La última esperanza
Capítulo 10
Durante tres días, Rey se entrenó casi hasta la extenuación. Lo que fuera para no pensar y poder quedarse rendida por las noches.
Extrapoló toda su frustración y enfado al entrenamiento, dando hasta la última gota de sudor.
Los pequeños ewoks la observaban escondidos, o imitaban los movimientos que ella hacía.
La joven Jedi también meditaba, sin embargo se le iban los pensamientos por derroteros que no le agradaban en absoluto.
Estaba enfadada con Kylo, con Finn y, sobre todo, con ella misma.
Finn tenía toda la razón, era imposible no dársela. Que le atrajera Ben de aquel modo era insano e innatural. Él era un Caballero de Ren, estaba en el lado oscuro de la Fuerza. Ya le había demostrado que no pensaba volver al luminoso de ninguna manera. Y ella no podía traicionarlos a todos, incluida Leia, yéndose con él a su lado.
No se imaginaba dominando la Galaxia, ni lo deseaba en absoluto. Pero si se imaginaba curándole las heridas emocionales que arrastraban a Ben a ser ese monstruo que decía Finn y que fue capaz de matar a su propio padre.
¿Y cómo se suponía que iba a cumplir la promesa a Leia sin tener trato directo o indirecto con su hijo?
Evitar a Kylo Ren era imposible, sus destinos volverían a cruzarse. Y cuando ese momento llegara, se comería sus sentimientos por él.
Rey dejó el entrenamiento, pues no podía más. Caminó junto a unos cuantos ewoks hasta la aldea y subió las escaleras hasta la casa del Jefe de la Tribu, donde se había instalado Leia.
Rose, Finn y Poe iban y venían del Halcón Milenario. En ese instante no se hallaban allí, así que le alivió pues estaba avergonzada.
Leia le sonrió al verla entrar.
—¿Otro día de duro entrenamiento Jedi? Mi hermano algo debió de enseñarte, supongo.
—No en el aspecto práctico, precisamente.
—Entonces tu don para el combate es innato, y la Fuerza lo intensifica.
—He leído muchas cosas en los libros antiguos que me traje de Ahch-To. Algunas las entiendo, pero otras se me escapan. No estoy preparada para ser Maestra Jedi.
—¿Y quién está preparado para lo más complicado?
—¿Es cierto que tu padre solo tenía madre?
—Eso parece —Leia sonrió.
—¿Pero se quedó encinta sin más?
—Los mitoclorianos, suponemos.
—He leído sobre ello… Es increíble.
—Tanto Ben como tú los tenéis en cantidades extraordinarias. Y eso que mi hijo es mitad Skywalker, y Han no poseía ni un ápice de la Fuerza.
—No se parecen en nada, ¿cierto? —refiriéndose a Ben y a su padre.
—Absolutamente en nada. Han te sonreía de una forma pilla, te decía las cosas directamente a bocajarro, y era muy echado para adelante. Mi hijo, en cambio, nació con una timidez y una baja autoestima sorprendentes, porque yo tampoco soy así y bien lo saben todos.
—Eres una mujer extraordinaria.
—Pero he cometido muchos errores que ya no tengo tiempo de subsanar.
Rey la cogió de la mano para insuflarle ánimos.
—Y ahora te echo a ti el muerto.
—¡Eso no es así, Leia! Tengo tanto interés como tú en traer de vuelta a Ben.
—Sé qué harás todo lo posible… —Leia la miró a los ojos—. Pero no puedo pedirte que hagas milagros.
—Aún veo en él a Ben, aunque odia que le llame así. Se empeña en que hable con Kylo Ren, pero no se lo permito. Que no se le olvide quién realmente está debajo de toda esa coraza.
—Pronto me iré con mi hermano al otro lado de la Fuerza. Pero ya no veré a Han nunca más…
—Fue el amor de tu vida, ¿verdad?
—Ese maldito pícaro lo fue. Y yo el suyo. Que el tiempo y las circunstancias nos separaran… eso es algo que tenía que pasar, pero no quita que, a pesar de la distancia física, dejáramos de amarnos.
—Debe de ser duro no tener físicamente a esa persona que amas a tu lado, o tenerla cerca y… que todo esté en vuestra contra.
Leía asintió.
—Nunca había hablado de esto con nadie, nunca había tenido una amiga, una madre…
—¿Qué te preocupa? ¿Hay algún hombre en tu vida? Hace tiempo que me di cuenta de que Finn y tú no estáis bien. ¿Es por Rose?
—¡No! No es Finn. Él solo es mi amigo, pero… Hay algo que no me perdona, algo que yo no puedo evitar sentir.
Leia la miró con extrañeza y Rey se mojó los resecos labios con la lengua, tragando saliva después, con dificultad.
—Yo… —Rey abrió la boca para sincerarse—. Sé que no debería, sé que además los Jedi viven solos y sin pareja…
—Eso no es cierto. Yo no estaría aquí si mi padre no se hubiera saltado esas estúpidas normas. ¿Acaso no me casé yo con Han? ¿Quién hace que te desveles, chiquilla?
—Ben… —se sinceró con el corazón casi saliéndole por la boca.
Organa se dispuso a decir algo, pero dejó que ella se desahogara primero.
—Sé que todos piensan que es un monstruo porque mató a muchos Jedi, a muchos inocentes, a su propio padre. Pero ese es Kylo Ren, el monstruo es Kylo Ren, y yo amo a Ben. Al chico de la mirada vidriosa, que reprime sus sentimientos, que solo quiere comprensión. A través de aquella cicatriz de la herida que le hice, veo a Ben Solo. Y quiero traerlo de vuelta, aunque él no sienta lo mismo por mí. Salvarle de que Kylo Ren lo mate del todo también.
Leia le acarició las mejillas mojadas, con la mano, secándolas.
—No querría que otra mujer lo amara, solo tú. Lo sospechaba desde que me contaste que os conectaba la Fuerza.
—Finn me odia por ello. Cree que os traicionaré por él.
—Mi padre se convirtió al Lado Oscuro por amor.
—¿Cómo?
—Porque quería salvar a mi madre, Padme. Pero se le fue de las manos y, supongo que lo sabes, pero Ben Kenobi tuvo que llevársela y murió tras dar a luz. Ahí se acabó aquella historia de amor, de dos personas que se amaban sinceramente. Y nació Darth Vader, que mató a Anakin Skywalker, desnaturalizándolo. A pesar de ello… mi padre aún seguía allí, no estaba muerto del todo.
—Qué triste…
—Lo que intento explicarte es el paralelismo de Darth Vader y Kylo Ren. Mi hijo ha soñado siempre ser como su abuelo, sin recordar que fue Anakin mucho tiempo, igual que él es Ben Solo.
—¿Crees que si hubiera aceptado unirme a él lo habría podido salvar?
—Eso no lo podemos saber. No te culpes de ello. Hiciste lo que tu corazón y la Fuerza te dictaron.
—Pero le fallé y ahora ha empeorado…
—Como te he dicho, mi padre se convirtió al lado Oscuro para salvar a mi madre y al hijo que creía que iban a tener. Se dejó engañar por Palpatine y ese lado Oscuro, pero no tiene por qué ser así siempre.
—¿Qué insinúas?
—Que tal vez, si la oportunidad se repite, cojas su mano.
Rey se quedó atónita. Leía, fiel defensora de los derechos de los habitantes de la Galaxia, General de la Resistencia, Princesa de un planeta extinto por su propio padre, guerrera Jedi… Le estaba diciendo que se pasara al Lado Oscuro para atraer al lado Luminoso a su hijo.
Rey la dejó sola y salió tambaleándose de la vivienda.
¿Cómo podría hacer algo así? Tenía mucho en lo que pensar.
Aquella noche en La Luna de Endor, Rey se fue a solas para bañarse en un pequeño lago donde los ewoks solían ir a por agua. No era la primera vez, ya que allí no existía otro sistema de aseo. No tenía ganas de ir hasta el Halcón Milenario a ducharse.
Se desnudó y estuvo un buen rato en el agua, acostumbrándose al frío. Salió helada y se tapó con una manta para secarse y entrar en calor.
A su vez, y siendo de noche también, Kylo había vuelto a bajar al planeta Jedi, esta vez solo pese a la insistencia de Shyla Ren por acompañarlo.
Estaba sentado frente a la chimenea, meditando qué pasos seguir a continuación para dar con la Resistencia y con Rey, sobre todo con ella. Su conclusión había sido que tenía que deshacerse de lo que sentía por la chica y la única forma era matándola, aunque el corazón se le pudriera del todo y se volviera negro como el carbón.
—Ben… —la voz suave de Rey sonó tras él.
El joven había desistido con lo del nombre, pero no se dio la vuelta, ignorándola deliberadamente.
—Ponte algo encima, vas a coger frío —la joven continuó hablándole—. Ya te lo dije la otra vez, no puedes aparecerte sin camisa, así que ponte algo.
Kylo se dio la vuelta para ponerse frente a ella, con las piernas cruzadas.
Rey llevaba el cabello mojado y estaba tapada con una manta. La piel perlada de su rostro le indicó que se había bañado recientemente.
—Creo que tú llevas menos ropa que yo y eres la que vas a coger frío.
—Como comprenderás no me puedo cambiar delante de ti ahora mismo, si me estás mirando. Date la vuelta.
—No —negó tajante.
—Pues me quedo como estoy.
—Y yo.
Rey seguía sin poder mirar la anatomía de Ben, le daba demasiada vergüenza. Y le excitaba.
En el fondo le pareció muy erótico estar desnuda delante de él, solo tapada con una manta.
—Ahora eres tú la que no me mira.
—¡Porque vas medio desnudo!
—Está bien.
El caballero de Ren cogió su capa negra y se la puso por encima, tapándose.
—Mejor así. Cualquier día nos vemos en medio de la ducha, a este paso.
Kylo enrojeció de pies a cabeza al recordar sus formas desnudas.
—Espera… —se percató Rey—. Aquella vez, ¡tú me viste!
—No sé a qué te refieres.
—Lo sabía, noté la fluctuación de la Fuerza.
—Insisto que no sé de qué…
—Me viste desnuda mientras me duchaba —fue a bocajarro.
—¡Te aseguro que no fue adrede!
—¡Qué vergüenza! –Rey se tapó la cara con la manta.
—Te juro que corté la conexión todo lo rápido posible.
No era del todo cierto, porque la miró de arriba abajo primero.
—¡Y ahora cómo voy a mirarte a la cara!
—Rey, te prometo que fueron solo unos segundos y respeté tu intimidad.
Kylo se acercó a ella instintivamente, abriéndose la capa y dejando ver de nuevo sus trabajados pectorales.
La joven Jedi, que tenía un ojo fuera de la manta, lo miró con disimulo.
—Vete, corta esto…
—No puedo… —dijo Kylo.
Ella tampoco podía, lo intentó pero estaba demasiado dispersa, igual que él.
—¡Pues haz el favor de darte la vuelta para dejar que me cambie o moriré congelada!
Kylo lo hizo, muy a su pesar, y esperó pacientemente.
—Ya está.
El joven se dio la vuelta de nuevo.
—¿Estás sola?
—Sí… ¿Y tú?
—Sí. Estoy en la choza de mi tío. ¿Sorprendida?
—¿Cómo…?
—Snoke no pudo, pero cuando bajaste la guardia conmigo, yo sí leí tus pensamientos.
—Da igual, el Maestro Luke está muerto.
—¿Cómo lo sabes?
—¿A caso no sentiste nada?
—No estaba seguro…
—A tu madre le queda poco, Ben…
—Dime dónde está e iré a verla…
—¿Te piensas que soy imbécil? No te daré nuestra ubicación por nada del mundo. Ni si quiera si ella me lo pidiera.
—No lo haría, la conozco bien.
—Creo que no conoces a tu madre lo suficiente, Ben.
—¡Tuve la oportunidad de matarla! ¡De disparar donde ella estaba!
—Pero no lo hiciste…
—¡No lo hice, porque es mi madre!
—¿Y por qué atravesaste a tu padre con el sable?
Ben reculó, cerrando los labios.
—Era necesario.
—¿Te lo ordenó Snoke? Sí, porque Han Solo era una amenaza que podía traer a su alumno de vuelta al lado Luminoso. Así que te manipuló como quiso. ¿No te hace sentir idiota eso? ¿Eres consciente de lo que hiciste?
—¡Cada día! —bramó Kylo, poniéndose en pie.
—¿No te arrepientes? —le chilló Rey a pleno pulmón, levantándose a su vez.
—¡Claro que me arrepiento! ¡Igual que de haberte ofrecido unirte a mí! ¡Me hiciste sentir humillado! ¡Soy el Líder Supremo ahora y todos me respetan menos tú! ¡Te salvé la vida!
—¡No intentes engañarme, Kylo Ren! ¡Solo viste la oportunidad de matar a Snoke y alzarte con el poder!
—¡No es así! ¡Te salvé la vida porque no soportaba verte sufrir!
Ambos se quedaron el uno frente al otro, respirando entrecortadamente, mirándose con pasión.
Kylo intentó asir a Rey por el chaleco pero apenas fue capaz de tocarla. Quería cogerla entre sus brazos y comerse sus labios a besos, pero le aterraba la idea de que ella le empujara y no los deseara.
De ponto, Rey lo cogió del cabello, para atraerlo hasta su altura y lo besó con una pasión que Kylo no se imaginó jamás. La chica le rodeó con los brazos por el cuello y continuó con el beso, mordiéndole el labio inferior antes de separarse de él.
—Adiós, Ben.
Y se fue.
—Rey… ¡Rey! —la llamó Kylo a voz en grito—. ¡Maldita sea, Rey!
Intentó reestablecer la conexión y fue incapaz por el estado alterado en el que se hallaba.
Ella le había mordido tan fuerte que le sangraba el labio, aunque el hecho de que se tocaran sus cuerpos se tratara de un efecto de la Fuerza y no fuera real.
Cayó de rodillas. Había tenido la oportunidad de devolverle aquellos besos tan apasionados, pero ella no le dejó ni demostrarle que anhelaba corresponderlos.
—Rey…
Tenía que encontrarla costase lo que costase, aunque supusiera perder el poder sobre toda la Galaxia.
Rey, por su parte, caminó hacia el poblado ewok, envuelta en un mar de lágrimas. Ahora él lo sabía y jugaría con ella, estaba segura. Había sido estúpida, sin embargo el amor era impulsivo y no entendía de razonamientos. Necesitó besarlo con todas sus fuerzas, y lo había hecho. La vuelta atrás ya no existía.
