Aquí tenéis el siguiente capítulo. He tardado menos de quince días en actualizar, así que no está mal, ¿no?

He de decir que me he entretenido mucho escribiéndolo. He empezado hoy y lo he acabado ahora mismo.

Espero que lo disfrutéis.

Muchos besos,

Pabel Moonlight.


CAPÍTULO X

VISITAS NOCTURNAS

Los días pasaban sin que se produjese ninguna nueva situación en la casa de la isla. Hermione estaba dolida por lo que Draco había descubierto. Estaba molesta por el gran egoísmo de él. Pero, sobre todo, estaba harta. Harta de estar siempre mirando por el bien de los demás. Harta de no dejarse guiar por sus instintos. Harta de sentirse una marioneta en manos de los demás. Así que se reafirmó en la propuesta de Harry: iba a ser egoísta. Mucho más egoísta de lo que lo era Malfoy.

Draco, por su parte, se presionaba para dar con algo, alguna excusa para que la castaña no acudiese a la cita con Krum. No podía ir, tenía que quedarse ahí, con él. Tenía que protegerle. "Venga, Draco, has sido mortífago. ¿Crees en serio que necesitas la ayuda de ella para sobrevivir unas horas?" dijo una voz en su interior. "Estás engañándote a ti mismo. Si no quieres que ella vaya a la cita, es porque te mueres de celos." El chico pasó las manos por su cabeza, echando su pelo rubio hacia atrás y apretándose las sienes. Necesitaba que esa voz dejase de hablar dentro de él. Lo único que hacía era resonar continuamente en su mente como si de un eco se tratase. Por culpa de esa voz, había perdido la frialdad con la que trataba a todo el mundo. Poco a poco, iba dejando de ser él. No podía permitirse eso. No podía permitir que Granger descubriese lo que le ocurría. "¿Ves? Si hasta tú mismo lo reconoces. Te ocurren cosas. Esas cosas son pensamientos. Hacia ella. Tu mayor enemiga del colegio. La persona a la que más has odiado siempre…"

-¡Ya basta! –gritó, apretando con más fuerza sus sienes, pensando que, de ese modo, esa voz desaparecería. Lo consiguió, y pensó haber vencido, pero no sabía cuán equivocado estaba.

XXX

Harry y Ron habían estado en la casa la última semana y media, haciendo algún que otro viaje, intentando descifrar posibles escondites en los que Voldemort había depositado partes de su oscura alma. Hermione se pasaba horas en la biblioteca, intentando perfeccionar sus teorías para reducir lo máximo posible su margen de error.

-Ya está. Lo tengo. –dijo la chica sin molestarse en ocultar la gran sonrisa que dibujaba su rostro. Los chicos se giraron, mirándola, esperando a que continuase.- Ya sé dónde está uno de los horrocruxes que nos faltan. –hizo una breve pausa, mirando a sus amigos, que le sostenían la mirada impacientes.- En Hungría.

-¿Hungría? ¿Qué se le ha perdido a él ahí, Hermione? –preguntó Ron, sin comprender qué tenía que ver ese país con Voldemort.

-Por supuesto que tiene que ver, Ronald. –contestó ella, negando levemente con la cabeza.- Obviamente, hay muchas cosas en común. Todo consiste en recoger datos, unirlos después y ¡hecho! Todo cobra sentido.

-Hermione, te estás olvidando de que nuestros cerebros no trabajan tan rápido como el tuyo. –dijo Harry, intentando que la chica se diese cuenta.

Ella negó levemente con la cabeza para, luego, ponerse a contar a los chicos absolutamente todo lo que había investigado y descubierto. Al principio, éstos no entendían nada, pero una vez más, la castaña se armó de paciencia hasta que sus amigos finalmente pudieron hacerse a la idea de por dónde iban los tiros. Una vez la chica hubo terminado de explicárselo todo, los tres amigos se pusieron a hacer los planes y trazar los planos necesarios para poder moverse por allí. Al cabo de un par de horas, ya lo tenían todo arreglado. Al día siguiente partirían.

Hermione estaba apenada por la partida de sus amigos, pero a la vez, estaba contenta porque cada vez les quedaba menos para destruir al mago oscuro.

Llegó la hora de la cena, y la castaña se preguntó una vez más dónde se estaba metiendo el rubio, ya que hacía un par de días que no le había visto. Sacudió levemente la cabeza, obligándose a deshacerse de esas ideas y centrarse en disfrutar de la compañía de sus amigos, porque no les vería en mucho tiempo.

Cuando acabaron de cenar, se fueron pronto a la cama, pues los chicos necesitaban descansar y Hermione estaba agotada, puesto que había estado varios días sin dormir prácticamente nada.

XXX

Al día siguiente, Hermione se levantó más tarde de lo normal, y cuando bajó a la cocina, no había rastro de sus amigos. Miró el reloj y, al ver la hora que era, se llevó las manos a la cabeza, dándose cuenta de que hacía unas horas que los chicos se habían ido.

-¿Qué pasa, Granger? ¿Te has dado cuenta de que en cinco días tienes que quedar con el cerebro mononeuronal de Krum y te estás arrepintiendo? –dijo Draco de repente, haciendo que la chica se sobresaltase, pues no le había visto.

-¿Por qué te metes donde no te llaman, Malfoy? Déjame en paz, ¿quieres? –contestó ella, molesta, dirigiéndose a la encimera y leyendo la nota de despedida que le habían dejado sus amigos.

-Porque es divertido ver cómo te irritas cada vez que te dirijo la palabra.

Hermione le miró, frunciendo el ceño y entornando los ojos, dedicándole una clara mueca de odio, desapareciendo luego de ahí tras haber cogido algo de fruta. Subió a su habitación y cerró la puerta, pues no quería bajo ningún concepto que Malfoy la molestase. Se tumbó en la cama y comió las dos manzanas que había cogido mientras tenía la vista fija en el techo.

Era cierto, en cinco días tenía que acudir a la cita con Viktor. ¿Qué iba a ponerse? ¿De qué iban a hablar? ¿Cómo iba a reaccionar? ¿Querría él mantener algo serio con ella? Si era así, ¿qué debería hacer?

Ante tantas preguntas, la chica se pasó las manos por la cara, echando su pelo hacia atrás y colocándoselo tras las orejas y suspiró. ¿Para qué preocuparse de lo que iba a pasar en tres días? Ya llegaría el momento de pensar en ello. Ahora tenía que centrarse en cosas más importantes.

¿Cosas más importantes? ¿Qué cosas más importantes? ¿Qué tenía que hacer en aquella casa? Nada. Vigilar a una serpiente malcriada. Eso era lo que debía hacer. Esa era la tarea que le habían encomendado. ¿Por qué? Siempre le tocaba a ella llevarse la peor parte. "Vamos, Hermione, no seas tan dramática. Harry y Ron arriesgan su vida continuamente. Tú simplemente tienes que estar aquí. Si lo miras bien, no es algo tan malo." ¿Ah, no? ¿No es malo tener que aguantar a Malfoy día sí día también? "¿Te das cuenta que siempre estás pensando en él? Malfoy esto, Malfoy lo otro…" ¿Qué insinúas? ¿Qué siento algo por él? ¿Qué me atrae lo más mínimo? Nunca. Jamás. Ni en sueños.

-¿Pero qué haces hablando sola? Cada día te afecta más estar junto a él. –se dijo a ella misma, intentando omitir el detalle de haber mencionado al rubio.

XXX

Esa noche, Draco no podía conciliar el sueño. Salió de su habitación para tomar algo de comer, pero cuando pasó por el dormitorio de la castaña y vio la puerta entreabierta, se detuvo frente a ella. Pasaron los minutos y él no se movía. No supo qué extraña fuerza hizo que sus piernas se moviesen, pero antes de darse cuenta, se encontraba dentro de la habitación de la chica. Se sentó en una silla, sin apartar la mirada de Hermione en ningún momento. Estaba abrazada a la almohada, y sus piernas estaban entrelazadas entre ellas. Sus ojos estaban cerrados y una pequeña sonrisa se dibujaba en su rostro. Su largo y rizado cabello castaño descansaba sobre la cama, tomando una forma que al chico le encantó.

No sabía cuánto tiempo había estado ahí, mirándola. Por primera vez en mucho tiempo se sentía tranquilo. Sonreía inconscientemente de vez en cuando, asombrándose cuando el tranquilo rostro de la chica se contraía levemente por lo que estaba soñando. Se preguntó qué sería aquello que hacía que la chica durmiese con esa sonrisa dibujada permanentemente en ella.

De pronto, escuchó un murmullo. No podía ser. No podía haber dicho eso. Era inconcebible que ella hubiese murmurado eso. Pero ahí estaba otra vez. Lo había vuelto a decir. Su nombre. Le había llamado a él por su nombre. El chico se tensó, incorporándose levemente en la silla. ¿Ella había pronunciado su nombre? ¿Ella estaba soñando con él? No podía ser, aún no se lo creía.

Se quedó estático unos minutos más, esperando que la chica lo volviese a decir para así poder cerciorarse de que no habían sido imaginaciones suyas. Pero no pasó. No volvió a llamarle.

Se levantó lentamente y le dedicó una última mirada a la castaña, para luego meterse en su propia habitación. Se tumbó en la cama y fijó su vista en el techo. Aún no entendía qué era lo que había pasado. Sí, ella había pronunciado su nombre. Dos veces. No sabía explicar qué era lo que había sentido en ese momento. Su corazón se detuvo unos instantes, contuvo su respiración y sus músculos se relejaron. Nunca había escuchado su nombre del modo en que había salido de la boca de la castaña. Ella lo había pronunciado como un susurro, una caricia. ¿Qué le estaba pasando? Tenía que averiguarlo.

XXX

Al día siguiente, Hermione despertó con una extraña sonrisa en el rostro. Había tenido un gran sueño. Se había sentido plena y feliz. Se levantó de la cama con esa pequeña sonrisa de satisfacción y abrió la puerta, topándose con el rubio, que estaba subiendo las escaleras. Él la fijó sus ojos grises en los de ella, intentando leer su interior. La castaña recordó de pronto con qué había soñado. Había soñado con él. Con su peor enemigo. Con Draco Malfoy. Con el chico que siempre le había hecho la vida imposible. Pero, a pesar de ello, a pesar de todo lo que él le había causado y todo lo que representaba, ella había dormido bien por primera vez en meses. Había disfrutado del sueño. Había despertado de buen humor.

Todo aquello parecía una cruel broma del destino.

Hermione cerró la puerta tras ella y apartó al rubio de las escaleras, bajando ella después y preparándose el desayuno. Desde ese momento, evitó que sus miradas se cruzasen, pues cada vez que él clavaba esa mirada penetrante en ella, perdía la noción del tiempo y no recordaba quién era.

Draco, por su parte, subió a su habitación y se tumbó sobre la cama, dispuesto a dormir para así poder aguantar otra noche más en vela.

XXX

Ese día, tras ese cruce de miradas, Draco y Hermione se evitaron mutuamente.

Hermione se dedicó a pasar el día tumbada en la playa, dejando que el sol bañase su cuerpo. Quería deshacerse de ese paliducho tono de piel característico de los británicos. Había decidido aprovechar su estancia en esa isla al máximo. Estaba completamente decidida a no dejar que su estadía se arruinase por culpa de Malfoy.

Se había agenciado un libro de uno de sus autores muggles favoritos, Nicholas Sparks. Dejó que las palabras del escritor la empapasen, haciendo que toda ella se sintiese completa al leer la historia de amor entre dos personas tan diferentes.

Al fin y al cabo, Allie y Noah mantenían una curiosa relación. Vivían el uno por el otro, pero cuando discutían, la tierra temblaba. Eran dos personas con tanta personalidad que, cuando se enfadaban, parecía que todas las placas tectónicas chocasen entre ellas, amenazando con destruir el planeta.

En ese momento, la castaña pensó en ella y Malfoy. Después de todo, ellos siempre discutían. Muchas veces por cosas tontas y sin importancia alguna. Pero siempre acababan haciendo una montaña de un grano de arena. Recordó entonces el día en el que dejaron atrás todas sus diferencias, ese día en el que se transformaron en Dan y Amber. Eran capaces de convivir como dos personas completamente normales. Entonces, ¿por qué no lo hacían? ¿Por qué siempre sentía la necesidad de pelear con Malfoy? Tal vez fuera para no demostrar debilidad ante él. El rubio era la única persona capaz de hacerle daño de verdad. No entendía por qué eso era así, pero tampoco tenía demasiado interés en saberlo. Lo que sí sabía era una cosa; y ésa era que no estaba dispuesta a dejarse vencer por él.

XXX

Cuando llegó la noche, Hermione se fue a la cama, quedando dormida en cuanto su cara tocó la almohada.

Cuando Draco escuchó la puerta de ella cerrándose, bajó y cenó despacio, dejando tiempo para que la chica se durmiese.

Cuando acabó, subió las escaleras despacio, intentando no hacer ruido alguno. Se detuvo enfrente de la puerta de ella, pensando si abrirla o no. Al final, casi sin darse cuenta, su mano agarró la manecilla y la abrió despacio.

Ahí estaba la chica, durmiendo plácidamente, agarrada a la almohada.

Él volvió a sentarse en la silla, observando a la muchacha, recorriendo cada centímetro del cuerpo de ella con su mirada.

Pasaron los segundos, los minutos, las horas… y Hermione no había pronunciado su nombre. Draco estaba disgustado. Su ceño estaba fruncido, y se obligaba a sí mismo permanecer allí. Tenía que escucharlo. Debía hacerlo.

Antes de darse cuenta, el sol empezaba a salir por el horizonte, tiñendo el cielo de un tono rosado. Draco se levantó sin hacer ruido y salió, cerrando la puerta a sus espaldas. Se metió en su habitación y se dejó caer en la cama. No entendía por qué no había soñado con él.

Poco a poco, su mente fue abandonándole, haciendo que el rubio se sumiese en un tranquilo y reparador sueño.

XXX

Cuando Hermione se despertó, bajó a desayunar y luego pasó la mañana en la biblioteca, leyendo infinidad de libros para así recoger más información sobre el siguiente horrocrux.

Ese día no se había despertado con la misma sensación que el día anterior. No sentía esa extraña felicidad ni estaba descansada. ¿Por qué le ocurría eso? La noche anterior había soñado con Malfoy. Esa noche no le había visto en sueños. Se suponía que tenía que ser al revés, ¿no? Debería estar feliz de no haber soñado con él.

Estaban ocurriéndole cosas extrañas. Demasiado extrañas para su gusto. Ella estaba acostumbrada a mantener todo bajo control. Pero desde hacía días no se sentía así. Todo estaba cambiando. Ella estaba cambiando.

Al ver que ya no podía concentrarse, bajó a la cocina y preparó la comida. Se sentó en el taburete de la encimera con un bol lleno de ensalada enfrente. Cogió el tenedor y de forma distraída iba pinchando la comida, llevándosela luego a la boca.

Su cabeza seguía dando vueltas a lo mismo. ¿Por qué? ¿Por qué había soñado hacía dos noches con Malfoy? ¿Por qué le había gustado? ¿Por qué se había levantado con una sonrisa?

Lo que más la enfurecía de todo era la incertidumbre que sentía. El hecho de no saber qué era lo que le estaba ocurriendo era lo que la angustiaba.

Estaba tan ensimismada en sus cosas que no se dio cuenta de cómo el rubio se aproximaba a ella y, con un tenedor, iba cogiendo ensalada del bol también.

-Una cosa es evitarme, Granger. Otra cosa diferente es fingir que no existo. –dijo el chico, lo que provocó que Hermione diera un bote en el taburete.

-No vuelvas a hacer eso, Malfoy. Casi me matas de un susto.

-No es mi culpa que tu cerebro de sabelotodo esté en otro mundo y no aquí. No he bajado procurando no hacer ruido. No he bajado con la intención de asustarte, por raro que parezca.

-¿Entonces por qué has bajado, Malfoy?

-Tengo que comer. –contestó él, pinchando un poco de ensalada.

-Pues come algo que te hayas preparado tú. Esto es mío. –dijo ella, cogiendo el bol y llevándoselo a la mesa del comedor.

-Vamos, Granger, no me vas a negar un poco de comida. –se acercó a paso lento a donde ella estaba, dibujando una pequeña sonrisa en su rostro- Después de todo, tienes que protegerme. No cumplirías tu misión si yo muriese por inanición. Y todo el mundo estaría decepcionado con la brillante sabelotodo.

-Ya basta, Malfoy. Me tienes harta. Estoy harta de tener que estar viendo tu estúpida cara a diario. No lo aguanto más.

-¿Entonces qué haces aquí? ¿Por qué sigues encerrada aquí conmigo y no te has ido ya?

-Porque Dumbledore me lo pidió. Si él lo hizo, fue por algo. Me necesitan aquí. No puedo irme y actuar inmaduramente porque tú estés aquí. –la chica se levantó, cogiendo el bol entre sus manos.- No es mi culpa que tú no sepas ser capaz de mantener una relación de convivencia civilizada con nadie. –y dicho esto, se dirigió a las escaleras con paso firme, alzando levemente la cabeza y subiendo los peldaños que le llevaron hasta su habitación.

XXX

Aquella noche, Draco repitió lo mismo que las dos anteriores. Esperó a que la chica se metiese en su habitación para bajar a cenar y, pasada una media hora, subió de nuevo, sentándose en esa silla, observando a la castaña.

Las horas iban pasando, y él se desesperaba cada vez más. ¿No lo iba a volver a decir? ¿No iba a volver a llamarle en sueños?

Hasta ahí iba a aguantar. Él era Draco Malfoy. Nunca se había dado por vencido, pero la situación estaba a punto de sobrepasar su límite de paciencia. Se levantó y se dirigió a la puerta, pero al agarrar la manecilla, lo escuchó. Se giró levemente y ahí estaba la sonrisa en el rostro de la chica. Esa sonrisa que había provocado su nombre, que había provocado él. Sonrió inconscientemente y la volvió a mirar con detenimiento.

No entendía cómo había llegado a ese punto. Él nunca, bajo ningún concepto había sentido eso cuando una chica lo había llamado por su nombre. Jamás pensó que sentiría esa extraña sensación. Y menos aún que la mujer causante de ello iba a ser ella, Hermione.

Sacudió la cabeza levemente, y tras dirigirle una última mirada a la chica, salió de ahí, cerrando la puerta cuidadosamente y entrando en su habitación.

Se tumbó en la cama y dejó que su mente divagase. Dos de tres noches le había llamado en sueños, había soñado con él. ¿A qué se debía eso? ¿Qué extraño motivo había para que ella lo hiciera?

Y, de repente, una idea llegó a su mente. La chica había pronunciado su nombre cuando había discutido con él horas antes. El día anterior ninguno de los dos intercambió palabra alguna, y ella, esa noche, no lo llamó en sueños.

Así que era eso. Ella soñaba con él cuando discutían, cuando intercambiaban algo más que una mirada. Fijó su mirada en el techo, pasando una mano por su rubio pelo, apartando el flequillo desordenado de su frente. Y lo decidió. A partir de ese mismo momento, iba a procurar cruzar palabras con ella. Iba a discutir con ella. De ese modo, la chica le llamaría por las noches.

XXX

Pasaron los días, y Draco había cumplido su cometido. Había buscado cada insignificante detalle para reprochárselo y hacerla enfadar. Y así, una noche tras otra, el rubio recibía su premio. El mayor regalo que jamás podrían hacerle. Escuchar su nombre de los labios de ella.

XXX

Hermione se despertó el sábado a las ocho de la mañana, como era costumbre en ella. Se levantó y miró el calendario. Ese día tenía un círculo rojo alrededor. Había llegado. El gran día había llegado. Iba a ver a Viktor. Una gran sonrisa se mostró en su rostro y se metió en la ducha, pensando en qué harían durante esas horas que pasaría con él.

Cuando acabó, bajó y desayunó lo más rápido que pudo, subiendo luego a su habitación. Abrió el armario de par en par y empezó a sacar ropa. ¿Qué se pondría? Tenía que ser algo sencillo, pero a la vez tenía que ser algo que llamase la atención del búlgaro.

Al final se decantó por un corto vestido negro. Se puso un cinturón marrón, haciendo que, de ese modo, la parte de arriba se abombase levemente. Abrió el armario de los zapatos y las vio. Unas botas altas marrones de tacón. Se las compró en el viaje con su familia y no se las había puesto casi nada. Se calzó las botas y fue al baño.

Se lavó los dientes y cepilló su larga melena castaña. ¿Suelto o recogido? Recogido. ¿Coleta o trenza? Trenza. Sonrió y se dispuso a hacerla. Una larga trenza de raíz. Una vez acabó, sacó su bolsa de maquillaje y empezó con la última tarea.

No usó demasiado maquillaje, pues a ella nunca le gustaba excederse con él. Una leve capa de base, unificando su piel. Un poco de sombra de ojos marrón clara y dorada, rimmel, colorete y un suave tono rojo en sus labios. Por último, cogió su colonia de coco y se echó un poco en el cuello y en las muñecas.

Se miró al espejo por última vez, suspirando para intentar tranquilizarse y luego se fue a su habitación. Metió su varita y la cartera en su bolso y salió, cerrando la puerta tras ella.

Bajó las escaleras despacio, procurando no hacer ruido con los tacones para no despertar a Malfoy. No le apetecía encontrarse con él y que estropease su cita. Además, había soñado todas las noches con él. Debía admitir que todos esos sueños le agradaban, pero lo que no soportaba era despertar al día siguiente y encontrar al Draco Malfoy de siempre, que la desafiaba constantemente.

Cuando atravesó la cocina, lo vio. Estaba sentado en la encimera, con una taza de café entre las manos, mirándola. Ninguno de los dos hizo ningún movimiento, simplemente clavaron su mirada en el otro. Ambos querían decir algo, pero las palabras no salían por su boca.

Hermione pudo ver al Draco con el que compartía momentos en sus sueños. Un rubio que la miraba intensamente, haciendo que perdiese la consciencia de ella misma.

Él, en cambio, veía a una Hermione arreglada, lista para ir al encuentro de un antiguo novio. No supo porqué pero la sensación que sintió cuando la vio abrazada a Weasley en la playa volvió a instalarse en su estómago. Dejó la taza de café en la encimera y se bajó de ella, quedando de pie.

La chica sabía que él diría algo, intentando retenerla ahí, pero no comprendía por qué quería hacer eso. Así que, forzándose a sí misma, cortó el contacto visual, dirigiéndose con paso decidido al recibidor.

Draco la siguió y habló, sabiendo que era la última oportunidad que tenía.

-No vayas, Granger. –no había sido una orden, sino una petición, casi una súplica, y ella lo había notado.

-¿Por qué no he de ir, Malfoy? –contestó ella, girándose lentamente y encarándose a él.

-Ya sabes por qué.

-No, la verdad es que no lo sé.

-Porque tienes que quedarte aquí, conmigo.

-No te vas a morir por quedarte unas horas solo, Malfoy. –contestó ella, empezando a perder la paciencia- Hay comida suficiente en la nevera. Tienes una biblioteca llena de libros de diferentes materias. Tienes la playa. Incluso tienes la televisión con todas las cadenas que puedas imaginarte y películas. No me necesitas aquí, así que me voy.

-No quiero hacer nada de eso, Granger.

-¿Entonces qué es lo que quieres, Malfoy? Porque me estás hartando ya.

Ninguno de los dos supo cómo llegaron ahí. De lo que estaban seguros fue que su parte racional les había dejado a su libre albedrío.

Hermione pudo ver cómo Draco acortaba a grandes pasos la distancia que los separaba, pegando sus labios a los de ella y pasando las manos por su cintura. La chica no supo cómo reaccionar, pero poco a poco, fue abandonándose al beso que el rubio le estaba dando. Abrió la boca despacio, concediendo al chico el paso a ella que había demandado. Sus lenguas se entrelazaron en una interminable danza mientras Hermione pasaba las manos por el cuello del chico, enredando sus dedos en el pelo de él.

Poco a poco, el beso fue perdiendo intensidad, mientras ella bajaba sus manos del cuello al pecho de él. Se miraron a los ojos por unos instantes, hasta que la chica se separó de él completamente. El rubio notó cómo el espacio entre sus manos en el que segundos antes había estado la cintura de la chica, ahora estaba vacío.

-Tengo que irme, Malfoy.

Y así, sin decir nada más, se desapareció, dejando a ambos con una gran duda.


¿Qué os ha parecido? ¿Ha merecido la pena la espera?

Ya sabéis, hacédmelo saber todo con REVIEWS.