¡Hola, hola! Un capítulo más chicas bellas. Aprovecharé este espacio para explicar parcialmente el capítulo anterior. Quedaron ciertas dudas respecto al :ejem: encuentro de Tōga e Irasue. Para resumir diré que al principio no fue un acto consentido, si bien que ella se sentía atraída por él, no era sinónimo de querer entregarse voluntariamente, de ser así, no le hubiera partido las nueces xD.
Por otro lado Tōga se sentía muy atraído por ella, tanto que se las ingenió para que Irasue tomara la iniciativa y lo buscara. Lo que no esperó, es que ella quisiera su cabeza servida en una charola con sal y pimienta. La única manera para que ella lo respetará era ganarle en combate. Pero ella no se rendía.
Eso nos lleva a la segunda parte.
Biológicamente hablando los lobos son seres muy territoriales. Hay estudios que indican que solo la pareja alfa puede reproducirse, unos dicen que son monógamos, otros dicen que no necesariamente y el macho puede tener varias parejas, pero lo cierto es que la hembra dominante no se aparea sino quiere, de la misma forma se vuelve tan posesiva que su comportamiento llega a inhibir el celo de otras hembras de la manada.
Lo que hace al final Tōga es su modo de reafirmar que él es más fuerte, de ganarse su respeto (?) Y reclamarla como su compañera. Aunque Irasue lo negara, también le gustaba el líder (y como no hacerlo :v). Por lo que al final se entrega a él cuando se entera que será el líder supremo. Ella es muy ambiciosa, por lo que los sentimentalismos no rigen sus actos.
Espero no haberlas confundido mucho, pero en pocas palabras, todo se resumió en Dominio y Sumisión. Poco a poco se aclarará este asunto, así que no coman ansias ;).
Advertencia
El capítulo es para mayores de edad.
No recomendada para personas con criterio sensible. Si usted le ofenden historias con insinuación de filias sexuales, favor de evitar la lectura.
No me hago responsable por los castigos o penas capitales derivadas de la lectura de este capítulo.
Ninguno de los personajes me parece. Sus derechos son de R.T. yo solo los utilizo sin fines de lucro. La historia es mía.
Sin otro particular, disfruten.
…...
The Howling by BloodyP
Capítulo 9: Interferencia
Distrito XIX arrondissement Buttes-Chaumont. Supermercado. Tres semanas después. 17:00
Los sonidos del supermercado pasaban desapercibidos para los sentidos de la morena. Rin deambulaba por los pasillos del supermercado absorta en sus cavilaciones. Definitivamente había perdido la razón. Tomó un producto de la estantería sin mirar muy bien de qué se trataba. Su cuerpo actuaba en modo 'automático' acostumbrado a los constantes desvaríos de la joven veterinaria.
El metálico repiquetear de las llantas de su carrito vibraba contra sus palmas cerradas. Sus ojos marrones se perdían entre lo que pasaba a su alrededor y el recuerdo de sus extraños sueños.
Comenzaba a creer que debía hacerse revisar por un especialista. No era normal que sufriera tanto lapso incoherente, es decir, estaba consciente de que era una persona distraída, un poco torpe tal vez, con reflejos motrices lerdos y poco ágiles pero no estaba loca. Tenía amigos que podían atestiguar su salud mental… o eso creía.
Rin suspiró. Podía apostar todo lo que tenía a que los sueños extraños que tuvo en las últimas semanas eran todo menos sueños. Las visiones estaban cargadas de emociones intensas. No se comparaban a la premonición que tuvo sobre la muerte de sus padres ni al llamado que la guío hasta el bosque la extraña noche que conoció a Sesshy. Era como si formarán parte de un pasado místico, uno que poco a poco comenzaba a sentir como propio. Cada fragmento revivía con una fuerza demoledora tratando de mostrarle algo importante ¿Pero qué? Comenzaba a creer que su subconsciente le jugaba bromas muy pesadas al recrear sueños fantasiosos de licántropos porque vivía bajo el mismo techo con un lobo mutante… pero eso tampoco tenía sentido.
Habían pasado más de tres semanas desde que visitaron el bosque de Vincennes en el asombroso e irreal paseo nocturno y no habían vuelto a tocar el tema de manera profunda, ella evitaba preguntar por respeto a la privacidad de su huésped y era más que obvio que al lobo le desagradaba hablar de sus asuntos familiares.
Lo más extraño es que comenzaba a encariñarse con los protagonistas de sus sueños. Cada vez que veía a la pareja peliplateada un inmenso cariño inundaba su pecho. Ansiaba conocer los sucesos increíbles que ocurrían en cada revelación. La morena suspiró. No lograba entender. Lo único que podía asegurar con franqueza es que comenzaba a disfrutar de la experiencia de cuarto contacto que estaba experimentando. ¿Había perdido la razón? ¿O fue secuestrada por alienígenas y estaba inducida en una abducción?
Recorría el mismo pasillo por tercera vez cuando el recuerdo de los tristes ojos dorados detuvieron sus divagantes pasos entre los anaqueles de enlatados. Su mirada se entristeció sin poder evitarlo cuando recordó el semblante alicaído del hermoso lobo. Últimamente estaba más callado de lo normal, casi no tenía apetito y su sarcasmo no era tan afilado como antes, incluso podía jurar que ha perdido peso. Cuando la acompañaba a la clínica solo se tumbaba en el patio trasero hasta que acabara su turno. Ya no la acompañaba en la recepción para criticar a la clientela, ni se quejaba del desagradable olor de perro sucio, ni hablaba de lo grandioso que era por ser la creación más perfecta de la naturaleza. Era como si de un momento a otro su inmenso ego se hubiera diluido en una solución concentrada de humildad, desinflándose como un globo aerostático. Casi no reconocía a ese ser taciturno y nostálgico en el que se había transformado su querido amigo. Le partía el corazón verlo sufrir en silencio y no poder hacer algo para ayudarlo.
Rin cerró los ojos lentamente tratando de sosegar su respiración. A pesar de la confianza que él le demostró al revelarle su verdadera forma, irónicamente ahora se sentía mucho más lejos de Sesshomaru. Su personalidad silenciosa y mordaz se había vuelto parte importante de su vida. Disfrutaba charlar con él de cualquier cosa y que la incentivará a debatir, a mejorar su ingenio, extrañaba que se burlara de ella por su torpeza y su falta de clase. Podía encontrar en él un refugio en medio de su vida caótica, pero ahora se sentía perdida en una tormenta que le impedía llegar a él. Quería ayudarlo alejando de sus bellos orbes dorados toda esa tristeza que estaba ahogando al acongojado espíritu. ¿Pero cómo? ¿Cómo romper esa enorme barrera que de un momento a otro los separaba?
Su corazón se apretó con latidos dolorosos al sentirse como una extraña para él y ser una inútil ante el dolor que Sesshomaru atravesaba. Quería decirle que no tenía porqué cargar solo con todo el peso de sus problemas, ella estaba ahí para escucharlo y apoyarlo siempre que la necesitara. Estaba dispuesta a ser el faro que lo guiará en sus noches de tormenta, la luz que lo trajera de vuelta a casa y arrancarlo de las entrañas de la oscuridad. Si era preciso, rompería con sus propias manos esa coraza que Sesshy había formado a su alrededor en un intento de protegerse...
La pelinegra abrió los ojos y dejó caer la caja de galletas de chocolate que sostenía en el interior del carrito. Darse cuenta que le dolía más la distancia con Sesshomaru que el abandono de Kohaku, la tenía sumamente sorprendida. Nunca imaginó que el amor que sintió por el médico fuera a enfriarse tan pronto. Creyó que superar la pérdida de una entrañable amistad le llevaría por lo menos un par de años, pero por el contrario, era la primera vez que pensaba en Kohaku desde que terminaron su relación. Era inverosímil la manera en la que el precioso lobo mutante se había introducido en cada aspecto de su vida de tal forma que la hacía olvidarse de sus preocupaciones y lograba que sus pensamientos orbitaran en torno a él.
Rin parpadeó sorprendida un par de veces y sin darse cuenta sonrió. Era agradable bañarse en los rayos de ese orgulloso sol que brillaba para ella con esa calidez que olía a bosque y libertad. Tan resplandeciente como el oro de sus ojos. Sumiéndose en las tinieblas cuando la oscuridad de la luna cubría con su fría sombra los rayos centelleantes.
Por medio de sus sueños sabía que los Licántropos eran una raza orgullosa en donde el poder lo era todo. El recuerdo de la joven líder del norte estaba fresco en su memoria, ella hacía hasta lo imposible por destacar en un mundo guiado por hombres. Era altiva y soberbia con un encanto fatal rodeándola como un manto exótico. Pero debajo de toda esa rudeza y fría obstinación, se escondía un lado dulce y sentimental que solo se permitía con su pequeño hijo.
La joven líder le recordaba a Sesshomaru cuando trataba de demostrar su fuerza e independencia. Pero su lobo era distinto, tal vez en un principio fue cortante y esquivo, pero ahora era capaz de demostrar su preocupación con pequeños detalles que la llenaban de una alegría inmensa.
Nunca olvidará la valentía que Sesshomaru demostró la noche de plenilunio cuando inspirado en un salto de fe, le reveló su verdadera naturaleza, depositando su mayor secreto en manos de una simple humana como disculpa por haber desencadenado la ruptura de su noviazgo. Una sonrisa tierna siempre adorna su rostro al recordar cómo la temible bestia dedicó una noche entera para hacerla olvidar el amargo recuerdo y hacerla reír aún a costa de su orgullo y dignidad. Pero si todo iba tan bien, ¿Qué había cambiado? ¿Acaso él ya se había hartado de ser su niñera? ¿De ser su mascota?
Una mano invisible pareció estrujar su corazón.
En la garganta de Rin un nudo doloroso le impedía respirar. Sus ojos se aguaron amenazando con derramar lágrimas interminables ante la cruel voz de su imaginación. Afirmó el volante de su carrito de mercancía y aceleró el paso sacudiendo la cabeza tratando de alejar esos pensamientos negativos de su mente. No debía dejarse tentar por los sucios chantajes de la depresión. Si él quería compartir sus aflicciones, ella estaría más que feliz por escucharlo, sino, tampoco lo presionará. Parte importante de la amistad es estar en las buenas y en las malas, así que ella no se daría por vencida, esperaría a que Sesshomaru lograra derrotar a sus propios demonios para poder volver a ella y así poder perderse en la profundidad de ese mar dorado que la inundaba con cálidas sensaciones.
La sonrisa radiante adornó su rostro alejando la oscuridad. Esperaría a que Sesshomaru volviera victorioso del enfrentamiento que libraba consigo mismo. Esperará que el frío muro de hielo que se erigió entre ellos se derritiera ante el calor del vínculo que los unía. Estaba segura que de un modo u otro, el bello lobo vencería una vez más la oscuridad que lo atormentaba para regresar a ella.
-Estoy segura que pronto todo será mejor que antes.-
Rin asintió con el entusiasmo renovado. Retomó las compras que estaba haciendo, ansiosa por regresar a casa.
…...
Distrito XIX arrondissement Buttes-Chaumont. Zona residencial. Ese día. 18:00
El majestuoso lobo contemplaba con sus metálicos ojos dorados los matices azul marino y verde turquesa que engullían poco a poco el tenue color amarillo de los agonizantes rayos de sol. Diversas nubes grisáceas le daban al atardecer un tono pintoresco y relajante. Sentado sobre sus cuartos traseros Sesshomaru lucía su porte imperial aparentando indiferencia. Pero lo cierto era que por dentro un huracán de emociones intensas y contradictorias pugnaban por tomar el control de su caótica mente.
Se podría decir que su vida se había vuelto una mierda desde hace tres semanas. Fatigado y sin poder concebir un momento de paz y tranquilidad el Demonio Blanco se maldecía a sí mismo por su estupidez. Como si permanecer como un lobo no fuera suficiente, ahora lidiaba a diario con sentimientos desagradables que era incapaz de suprimir. Le enervaba a sobremanera recordar sin razón alguna a su madre. El recuerdo de su bello rostro lo perseguía haciéndolo sentir culpable sin que pudiera evitar pensar que estaba escupiendo en la memoria genética de su especie con sus actos impulsivos.
Sin contar que no ayudaba en nada haber soñado con sus padres. Había tenido a lo largo de estos días, tres sueños extraños. En ellos vio con suma claridad el momento exacto en el que ellos se conocieron y la coronación de su padre. Había escuchado por boca de Inu no Taisho que Irasue fue la líder más fuerte entre los clanes del norte de Céneves, que en su juventud lo había conquistado su belleza fiera. Y entendía porqué. Ver a su madre en las visiones fue inverosímil, ahora entendía de dónde había heredado ese encanto fatuo para con el sexo opuesto. Irasue desprendía un encanto fatal, atrayente y peligroso. No culpaba a su padre por querer poseer a una mujer como ella, él mismo se encontraba en un debate similar. Pero no entendía porqué de un momento a otro era capaz de presenciar sucesos inauditos del pasado de sus progenitores. ¿Cómo era posible?
Había notado que tuvo esos sueños cuando fue capaz de regresar temporalmente a su forma humana. Como si de alguna manera el vínculo que compartía con Rin se fortaleciera hasta el punto en que el poder de la magia ancestral que vivía dentro de ella le revelará fragmentos de un enigma...
El enorme lobo suspiró. Rin, Rin, Rin. Ese era otro problema.
A pesar de que podía jurar que ese vínculo se fortalecía durante las noches, no podía negar que un abismo se había formado entre ellos. El lobo tenía que aceptar que parte de su irascible carácter y su voluble estado de ánimo se debía a la joven pelinegra. Ver en sus ojos una enorme pena empañando su usual alegría, y suponer que se debía a la ausencia de ese perdedor, le reventaba el hígado. No soportaba que los pensamientos de la humana giraran en torno a ese imbécil. Ella era solamente suya, toda Rin le pertenecía, el destino se encaprichó en unir sus destinos desde muy jóvenes. Solamente él podía poseerla y tener todo de ella. Pero esa conducta en extremo posesiva eso solo acarreaba otra ola de dudas y problemas.
Él, que firmemente creyó toda su vida en la supremacía de su especie como una raza muy superior al hombre, se sentía preso de su humana benefactora. Él, que siempre despreció a los humanos por ser el elemento más débil y detestable de toda la cadena alimenticia, se sentía esclavo de unos ojos cálidos. Él, que nunca se relacionaba más allá de lo políticamente correcto, estaba hundido hasta el cuello en los encantos de una niña torpe. Él, que quería desatar una campaña sangrienta para ensalzar el honor y la nobleza de su especie, se hallaba domesticado por las sonrisas de una mujer frágil y dulce. ¿En qué momento verla feliz se volvió más importante que su propósito? ¿Cuándo iba a imaginar que él sería capaz de sacrificar su orgullo con tal de que la torpe e insignificante humana sonriera de nuevo?
"Eres patético Sesshomaru"
Se estaba ahogando en un mar de confusión. Los cimientos de sus principios se tambaleaban amenazando con derrumbarse. Una parte de él quería regresar a la normalidad para reclamar el lugar que le corresponde por derecho divino como el siguiente Alpha. Regresar a la manada significaba continuar con el legado de su madre y llenar de honor y gloria la raza de licántropos puros formando un ejército sublime. Pero por otro lado no deseaba hacerlo. Todo lo que creía saber de los humanos estaba en tela de juicio. Vivir día tras día con Rin le permitió conocer una perspectiva diferente, reconocer que a pesar de todas sus carencias poseían esa cualidad única de no darse por vencidos, ver cómo aprendían de sus errores y se levantaban con una fortaleza incansable y aceptar que no eran tan desagradables cuando los prejuicios se hacían a un lado permitiendo ver más allá de las apariencias. Incluso el Zorro Apestoso ya no se le hacía tan odioso como antes. Pensar que ese mundo en el que la torpe humana se desenvuelve podía ser destruido de un momento a otro por pensamientos egoístas le oprimía la boca del estómago.
Él que siempre renegó y censuró el comportamiento de su padre por someterse a los humanos, estaba yendo por el mismo camino tragándose sus propias palabras. Aunque quisiera engañarse a sí mismo, algo había cambiado dentro de él. Estaba perdido. Lo supo desde el instante en que la vio llorar silenciosamente en el sofá esa noche hace tanto tiempo atrás.
Estaba enamorado de Rin.
No podía seguir negándolo porque era negarse a sí mismo. Simplemente no tenía sentido tratar de tapar el sol con un dedo. El cazador fue cazado por una humana con olor a vainilla. Fue domesticado por el dulce tacto de una niña torpe. En un principio trató de culpar a la maldición que pesaba sobre él pero de inmediato desechó la idea cuando recordó la noche de plenilunio, en ningún momento se le estipulaba actuar como un imbécil para hacer sonreír a la morena. Tampoco estaba obligado a separarla de el novio infiel que se revolcaba con una zorra fumadora, solo porque no soportaba que el médico si pudiera gozar del cuerpo de la humana y él no.
El encargo era sencillo: Tener algo que proteger. Anteponer el bienestar de una persona por encima de sus deseos egoístas y regresar a la normalidad por medio del vínculo establecido entre ambas partes. Ahora lo entendía todo, y por esa misma razón, protegía a esa humana a torpe que estaba en un constante e inminente peligro a ser herida por objetos inofensivos. El lobo negó lentamente mientras una imperceptible sonrisa adornaba su rostro lobuno al recordar la sonrisa resplandeciente que tenía a su corazón encantado.
La sonrisa se convirtió en una mueca extraña hasta desaparecer. Él que se jactaba de ser un genio, estaba actuando como un idiota. Por su culpa el vínculo que los unía permanecía en un mutismo inusual. Estaba consciente de que la negación de su sentimientos bloqueaba el vínculo amenazando con cortar el lazo que se formó entre ellos. Era como si una interferencia bloqueara la comunicación. Desde hace días no tenía manera de saber lo que Rin sentía y su inestable estado de ánimo no permitía una comunicación adecuada con ella.
¡Pero es que era una conducta inaceptable! ¡Él jamás podríacompartir su vida con una insignificante humana común y corriente!. Si en algún momento se viera obligado a tener descendencia, sería con una mujer fuerte y astuta como lo fue su madre. Una hembra de un linaje tan ilustre como el suyo para perpetuar la sangre pura de licántropos más poderosos de toda Francia y llenarse de gloria cuando él, el Grandioso Lord Sesshomaru, derrocara a su padre y fuera el mejor en todos los aspectos...
Si, ese era su sueño. Uno que había nacido en medio del odio y del resentimiento. Él mismo se propuso terminar la gran hazaña que su madre apoyó. Pero ahora todos los fundamentados motivos que defendió toda su vida le parecían carentes de sentido. Sonaban igual que el invento de algún loco racista para justificar una masacre. Se le figuraba insípido e intrascendente. ¿Qué importancia tenía imponer una ideología a base de odio y muerte amenazando la estabilidad de ambos mundos? Prefería mil veces quedarse como un lobo y disfrutar de las sonrisas de la veterinaria y no ser de nuevo una bestia despiadada con una insaciable sed de sangre y muerte…
"Maldición"
Llegar a esa conclusión fue como estrellarse de lleno contra un espejo de sí mismo haciéndolo añicos, revelando un callejón sin salida. Estaba atrapado en un interminable laberinto mental. No podía estar hablando en serio. Una cosa era aceptar la posibilidad de estar parcialmente enamorado de la pelinegra y contemplar la probabilidad de estar a su lado por tiempo indefinido, pero ¿Acaso sus sentimientos por ella eran lo suficientemente fuertes para renunciar a su sueño, a su naturaleza asesina? Por supuesto que…
"¡Maldita sea!"
Bastaba con pensar en la asfixiante sensación que lo arrastraba cuando consideraba la opción de vivir solo de nuevo en su departamento pulcramente ordenado una vez que recuperará su apariencia. Visualizó la lujosa estancia siempre silenciosa y limpia de su enorme departamento en 'La Défense', con amplios ventanales y un sofisticado estilo afrancesado rodeado de costosas antigüedades, sin nadie a quien divertir o con quien divertirse. ¿Cómo lo había hecho antes? ¿De verdad era tan satisfactorio ese modo de vida o se había estado engañando a sí mismo todo ese tiempo?
La posibilidad de que sus días fueran insípidos y grises de nuevo lo ponía de malhumor. No concebía su rutina diaria sin el caos que Rin era capaz de desatar y la luz que irradiaba con tan solo sonreír. Sin la posibilidad de despertar cada mañana y contemplar el momento fascinante en el que los orbes castaños se abrían lentamente rebosantes de alegre vivacidad y lo miraban con una dulzura que nunca antes había experimentado liberando un cosquilleo inexplicable en la boca de su estómago.
Pero tampoco se sentía cómodo pensando como un perdedor. ¿Qué clase de juego perverso estaba jugando para perderse a sí mismo de semejante manera?Solo tenía algo seguro dentro de toda la mierda que entorpecía la agilidad de su brillante mente: Estaría al lado de Rin protegiéndola de todo aquello que pudiera herirla, incluyéndose. Primero debía regresar a su forma humana y romper la maldición, luego se encargaría de poner en orden sus ideas. Por lo pronto tenía que compensar a su humana por la distancia de los últimos días ahora que parte de la inclemente tormenta de pensamientos asfixiantes había amainado su intensidad.
La puerta principal se abrió lentamente. Sesshomaru se extrañó por la tranquilidad de la entrada poniéndose de pie. La delgada figura Rin era recortada por la negrura de la noche, apenas ahora que su mente estaba tranquila podía verla realmente, estaba más delgada y ojerosa, el brillo en sus ojos castaños titilaba cansino. A sus pies algunas bolsas de mercancía descansaban en espera de su destino final. En ese momento el Demonio Blanco odio a Kohaku con todo su ser y se odiaba a sí mismo aún más por no ser capaz de alejar toda esa tristeza que empañaba la dulce mirada de Rin. Los ojos dorados se endurecieron cuando un silencio la morena le regaló una sonrisa algo apagada.
Todo el entusiasmo que Rin recargó en el supermercado se esfumó cuando se encontró con la dura mirada del majestuoso lobo. La esperanza que albergaba para arreglar la situación con Sesshy se quebró como una fina copa de cristal. Ver todo ese odio en su mirada la paralizó igual que a un indefenso conejo. Su corazón comenzó a latir rápido, un nudo comenzó formarse en su garganta dificultandole respirar normal cuando entendió que ella era la causante de toda esa ira. Tal vez la voz de su imaginación no estaba tan equivocada al decirle que Sesshomaru se había hartado de ella. Cerró los ojos por un momento al sentir el piso bajo sus pies desaparecer. Un vacío sofocante la rodeó mareando sus sentidos. Recargó su peso a un lado del marco de la entrada tratando de disimular su súbito malestar.
"¿Estás bien? ¿Qué es lo que te sucede?"
Sesshomaru se acercó cuando la vio sostenerse. La dureza de su mirada se suavizó cuando la preocupación se hizo presente. De un momento a otro se sentía mal consigo mismo, tal vez si no hubiera forzado la situación entre ellos, Rin estaría sonriendo, engañada sí, pero feliz inmersa en su ignorancia. No debió interferir en la relación que tenía su humana por un capricho egoísta.
-Si. Es solo que…-
La morena abrió los ojos y se encontró con el rostro del lobo a pocos centímetros del suyo. El regio animal estaba parado sobre sus patas traseras balanceando su peso a la perfección con un equilibrio envidiable. De esa manera estaban casi a la misma altura. La morena dudo por un momento cuando se descubrió en esos orbes ambarinos llenos de una inmensa amargura, pero debajo de toda esa espesa capa de turbulencia un calor abrasador le recorrió todo el cuerpo hasta la punta de los cabellos. Esa sensación era remotamente parecida a la que experimentó con Kohaku en el principio de su relación, pero más intensa y arrolladora encendiendo una chispa en el centro de su pecho. Fue como un balde de agua tibia cayendo sobre su cabeza bañándola con una emoción indescriptible, una que jamás había sentido antes, alejando los turbios pensamientos. Sin poder evitarlo un sonrojo cubrió sus pálidas mejillas sintiéndose nerviosa por primera vez ante la presencia del imponente lobo.
-...creo que es el hambre. ¿Tttu no tttienes hambre? ¡Haré la ccena ahora mmismo!-
Sin poder soportar la intensa mirada un momento más, la chica pasó junto a él como un bólido directo a la cocina, dejando las compras en la entrada con la puerta abierta. Sesshomaru entrecerró los ojos extrañado bajando lentamente hasta sentarse en sus patas traseras. ¿Y ahora qué diablos pasaba con Rin? Primero estaba triste, casi asustada ante su presencia y ahora huía como colegiala hormonal. El lobo suspiró y meneando la cabeza. ¡Esa mujer iba a terminar de volverlo loco! Con una sonrisa cansada tomó el asa de algunas bolsas de plástico con su hocico y caminó hasta la cocina dispuesto a terminar de una buena vez por todas con la tonta guerra fría que se alzaba entre ellos.
Rin agarraba el borde del lavabo de la cocina con fuerza. Respiraba profundo tratando de calmar su agitado latido y frenar sus alocados pensamientos. Esto no estaba bien. ¡Definitivamente había perdido la cabeza! Mira que ponerse nerviosa frente a su lobo y comparar esa sensación indescriptible con una emoción romántica.
-Vamos Rin respira. Trata de calmarte no pierdas la cabeza, todo está bajo control-
"No es muy inteligente de tu parte dejar la puerta abierta de noche en casa de una mujer que vive sola"
-¿Eh?-
La morena se volvió hacia la entrada de la cocina en donde el lobo estaba sentado con unas bolsas frente a él. Rin sonrió olvidando por un momento sus desvaríos, Sesshomaru la miraba con su usual impasibilidad y un gesto aparentemente serio. Alrededor del dedo anular de su mano izquierda, la sensación cálida del cordón plateado regresó sutil. Se llevó la mano al pecho sonriendo con sinceridad por primera vez en muchos días. La distancia estaba desapareciendo.
-Lo lamento. Iré por las compras y haré la cena Sesshy. -
Sesshomaru mantuvo el gesto indiferente mientras la joven regresaba por las compras y a enmendar su descuido. La punzada que aguijoneaba su conciencia poco a poco cedía ante la sonrisa de la morena. Cuando la chica volvió con los brazos cargados de víveres parloteando nimiedades el lobo supo que iba por buen camino.
-¿Qué te apetece cenar? Yo quisiera una doble ración de comida chatarra. Mi cuerpo exige alimentos llenos en sodio y colesterol, así que hay que complacerlo. Compré unas deliciosas galletas cubiertas de chocolate que muero por devorar. Es una lástima que no puedas probarlas, el chocolate es malo para los perros. Pero tal vez te apetezca esas bolsas de alimento cocido y jugoso. Son muy populares, ¿Crees que deba comprar algunas? Es decir, no digo que seas un perro, pero sabemos que eres un lobo-licántropo-mutante o algo así. Puedes beber vino, así que no le veo problema si pruebas un poco de ese alimento. Quién quita y te agrada y te vuelves adicto al sabor. Una vez yo …-
"De ninguna manera. Saldremos de paseo"
-¿Eh? ¿Qué has dicho?-
"Quiero que salgamos por un rato. Así compras toda la comida basura que quieras y no te envenenas con alguno de tus inventos poco comestibles"
-¡Hey mi comida no es tan mala!-
"Lo dice quién considera que ingerir helado de nuez con limón y tomate es un sublime manjar"
-¡Objeción su señoría! Esa fue un hecho aislado. No es justo que juzgues todo mi esfuerzo culinario por un extraño antojo. Los estudios dicen que el cerebro no funciona correctamente cuando una persona está deprimida. La falta de oxitocina ocasiona fuertes desórdenes que pueden derivar en la muerte...-
"Ajá…"
-¡Lo digo en serio!-
"Como sea. Saldremos ahora."
Sesshomaru se dio vuelta caminando de regreso por el corredor. Rin se quedó perpleja en su lugar parpadeando un par de veces. ¿Sesshomaru la estaba invitando a salir? ¿Acaso ya se sentía mejor? Una enorme sonrisa apareció en su rostro iluminando sus orbes castaños. No perdería la oportunidad de reconciliarse con su hermoso lobo.
-¡Esperame!-
Sesshomaru arqueó una ceja extrañado. ¿Era normal que Rin experimentará tantos cambios de humor? La joven se acercó al perchero junto a la puerta tomando la correa y el arnés.
"¡Oh no! Nada de eso. No soy un perro"
-Pero Sesshy no podemos andar por la calle de este modo. Es por tu protección y la de los transeúntes.-
El lobo bufó con fastidio. Aunque odiara usar ese denigrante arnés, Rin tenía razón, lo que menos quería era terminar en la perrera.
"Bien. Qué remedio"
La chica sonrió y se agachó para colocar el arnés. El lobo levantó una pata y después la otra para que las incómodas cintas rodearán su torso. Su mueca de fastidio se desvaneció cuando la fragancia del cabello negro rozó su nariz. Un cubo de hielo se deslizó por su espalda cuando la chica aprovechó su inmovilidad para abrazarlo con fuerza. La joven temblaba muy levemente mientras lo estrechaba con firmeza.
-Te eché mucho de menos Sesshy-
"..."
La morena terminó de asegurar el broche y se puso de pie, tomó sus llaves y tras apagar la luz salieron a la calle.
TBC
…..
Notas finales: Vamos avanzando en la relación de este par. Si bien es cierto que compartían mucho de una manera muy íntima, las visiones los separaron momentáneamente. Hay una garrafal interferencia en la comunicación de estos dos, que es dura pero necesaria. Algo bueno salió de esto y es que Sesshomaru va poniendo en orden sus ideas. Ya conoce sus sentimientos, pero no termina de aceptarlos, y Rin comienza a notar el cambio que su 'Bonito' produce en ella.
Este capítulo es crucial para la evolución de los personajes, más adelante sabrán porqué ;)
Solamente me queda agradecerles por su apoyo y su cariño. Insisto. Nada de esto sería posible sin ustedes. Sin su apoyo, The Howling se habría quedado flotando en el mar de historias interminables de mi imaginación, haciendole compañía a muchas otras. Gracias chicas de verdad. Este monstruo es creación suya.
¡Nos vemos pronto!
