Ann (happy dance): ヘ(*¬*ヘ) (ノ*¬*)ノ ヘ(*¬*ヘ) (ノ*¬*)ノ

Ro: \(*¬*)/

(Turba enfurecida por la milenaria demora): *¬*

Ann: Que no cunda el pánico, estamos en una tregua u¬u

Ro: Normalmente sucede cuando un Fic acaba n.n, después de todo, alguien tiene que terminarlo y por mucho que lo desee no pueden asesinar a la escritora u.u

Ann: Tus palabras siempre me hacen sentir amada ¬¬UUU

Ro: De nada n-n

Ann: Aun así, de verdad espero que el disfruten del capítulo Ne n-n.

De acuerdo esto tiene una pequeñas menciones del manga oO, pero no es nada particularmente importante n-n.

Ok, Ao No Exorcist no nos pertenece bla, bla, bla, no ganamos ni un peso con esto, y bueno todas esas cosas que siempre toca repetir -.-

Homo fóbicos ¡HUYAN! Advertencia incesto YukioxRin, este capítulo contiene Lemon oO, luego no digan que no se los advertí ¬¬

CAPITULO DIEZ: LOVE&ROLL (SuperCell)

Nervioso.

Yukio no creía nunca haberse sentido tan nervioso como ahora. Obviamente ha estado al borde de la muerte un par de veces, también ha estado a punto de perder a su hermano y sus amigos en el proceso, pero nunca nada se había sentido como se sentía ahora. Uno pensaría que luego de haber hablado y aclarado sus sentimientos, las cosas serían más sencillas. Pero no. En este momento estaba experimentando una extraña inquietud e inseguridad.

Con un suspiro tembloroso, salió de la habitación hacia el baño hasta que pudo apoyar las manos en el lavamanos. Es cierto que hace no mucho actuó por un mero impulso y un deseo irracional de querer estar más cerca de Nii-san, pero pese a su iniciativa inicial de querer tomarlo ahí y ahora, la sonrojada expresión de Rin y su suave sonrisa, hicieron que un violento rubor cubriera su rostro.

Esa jodida confianza ciega lo estaba enloqueciendo. Cansado, gimió por lo bajo mientras agachó la cabeza en un gesto derrotado. Había logrado engañar a su hermano al decirle que debía quedarse quieto, mientras iba a buscar algo para limpiarlo, porque sinceramente necesitaba espacio. Algo de distancia para calmarse, después de todo se había venido sobre el peliazul.

Dios. Se había corrido sobre él y lo único que pudo hacer ahora, fue intentar respirar.

Rin dijo que no era necesario que lo hiciera, porque era perfectamente capaz de limpiarse por su cuenta, pero Yukio insistió al decir que era que hacían las parejas. Lo que no era precisamente una mentira, pero tampoco era una verdad universal. Por lo que Rin se quedó en la cama, un poco confundido, pero tomó sus palabras como ciertas.

—Hn —se quejó Yukio al mojar su cara con agua fría. Su reflejo le devolvió la mirada en el espejo.

No había sido su intención engañarlo, pero honestamente era culpa de Nii-san por lucir así de…verse tan…y hacerlo sentir tan…

Maldición.

Estaba condenado.

Tenía tantas ganas de volver a la habitación y marcarlo como suyo, pero no sabía cómo hacerlo. Yukio dijo que no iba a quitarle la ropa y cumplió con el maldito asunto. Es cierto que torció sus palabras y se metió dentro de sus pantalones, pero no los quito. Y si era honesto, no le importaba aferrarse a cualquier quiebre gramatical con tal de desvestirlo, pero ese tampoco era el punto.

—Nh.

Tampoco sabía cuál era el punto. Con un suspiro, se llevó una mano a la nuca para aflojar la tensión, mientras recogió un recipiente que llenó con agua y tomó un par de toallas.

Mentir y engañar no es bueno para una relación, sin mencionar que tampoco quiere empezar de esa manera. Pero con el corazón palpitando con fuerza y un repentino e inexplicable nerviosismo, fue difícil concentrarse. Recordaba vívidamente la sensación de tenerlo bajo su cuerpo, de acariciar, besar, lamer, morder y oírlo mientras se venía. Demonios. Yukio gruñó una maldición entre dientes y salió del baño hacia la habitación.

Fue extraño darse cuenta, que nunca había sentido sus emociones tan fuera de control como ahora. Sabía que las sensaciones se maximizarían si acaso llegaban más lejos, pero era un pensamiento que todavía no podía clasificar del todo bien.

Cuando abrió la puerta de la habitación, Nii-san seguía en la cama. Estaba casi dormido, pero tenía la camisa desabrochada y el pantalón medio puesto. Se había arreglado lo suficiente como para no seguir desnudo, pero cumplió su promesa y permaneció dónde estaba.

Casi sonrió por verlo, así que cerró la puerta tras la espalda y se sentó en la cama.

—Hey —saludo Rin con una sonrisa floja, y los ojos entreabiertos.

—Hey —devolvió al acomodar algunos mechones de cabello tras la oreja— .Vuelve a dormir.

Fue increíble como con tan poco, todas sus defensas cayeron. El nerviosismo y el infarto que estaba a punto de sufrir, lentamente se desvanecieron como si jamás los hubiera sentido. Sabía que estaba siendo un poco idiota, pero no es algo que pudiera evitar. Así que respiró hondo, mientras una repentina tranquilidad lo invadió.

No tenían que hacerlo ahora. Rin lucia sereno, relajado y algo adormilado, por lo que sonrió con suavidad. Es cierto que tenía el cabello desordenado y marcas rojas donde lo había mordido, pero es algo que intentó ignorar una vez carraspeó.

Para distraerse, mojó una toalla y comenzó a limpiarlo. Lo hizo con cuidado y sin pensar en nada. Su mente estuvo en blanco durante unos diez minutos, quizás quince, pero apenas el peliazul se estremeció se volvió hiper-consiente de su presencia.

El pecho de Rin estaba húmedo y los pequeños puntos rojos estaban sanando. Por instinto, su mirada oscureció, cuando sintió la urgencia de clavar sus colmillos en su cuello, en un nuevo y renovado intento por dejar una marca que no se borrara durante días. Sabía que era posible porque ya antes lo había hecho, pero que las mordidas desparecieran significaba que no había puesto suficiente empeño en ellas.

—….

Obviamente no estaba intentando "atacarlo" mientras dormía, o eso se dijo, se convenció que la única razón por la que humedeció una toalla nueva, fue porque lo estaba limpiando. Si Nii-san se erizó, no fue su culpa.

Despacio, movió la toalla y bajó por el vientre plano antes de deslizarse por la estrecha cintura. Para este punto, el pecho de Rin se agitó sólo un poco más. Pero cuando la tela mojada volvió por su camino y tocó su pezón derecho, lo vio entreabrir los ojos con una mirada vidriosa y las mejillas bellamente sonrojadas.

—¿Qué…? —empezó Rin con la voz algo ronca por el sueño. Lucia desubicado y tan adorablemente confundido, que Yukio se lamió los labios por sentirlos secos.

—Sólo limpio.

La mentira no se sintió bien en sus labios, pero desecho el pensamiento cuando se trasladó al otro botoncito y lo presionó. Rin apretó los ojos un momento, como si intentara ponerse al día con lo que sucedía. Lo primero que noto fue que sus colas estaban entrelazadas, que se frotaban con movimientos suaves y perezosos. La sorpresa que experimento, hizo que abriera grandes los ojos.

—¿Sigues dormido? —tanteó Yukio en voz baja cuando se subió encima, y el colchón se hundió ligeramente con su peso.

—¡No tan dormido!

Esa bonita expresión que lo hacía ver dócil y manejable, se perdió cuando el paño llegó a su cadera y al borde de los pantalones. Alarmado, el peliazul tomó su muñeca con fuerza y se negó a dejarlo ir. Iba a protestar quizás como acto reflejo, pero antes de poder hacerlo, un par de suaves labios sellaron los suyos. Fue gentil, pero sentir su lengua lamiendo su labio inferior, consiguió que la cabeza le diera vueltas. Era ridículo como podía derretirse con tan poco, como incluso sus piernas se sintieron débiles.

Si no estuviera acostado, seguramente se hubiera caído. Aunque, se sintió casi orgulloso cuando soltó un corto "Hmmm" y fue el turno de Yukio para sentirse débil y gemir sobre sus labios.

Rin se rio suavecito. Un sonido tan suave que el pecho de Yukio burbujeo en respuesta, mientras bajó hasta encerrarlo con su cuerpo. Esto era inútil, Nii-san ni siquiera lo intentaba pero lo tenía completamente atrapado. Todo lo que hacía, las partes que lo cautivaban, las que lo enloquecía, o incluso las que todavía no conocía del todo bien, las quería todas. Era posesivo, por lo que sólo pudo morder su labio inferior hasta que Rin se quejó por lo bajo.

Tan suyo.

—Dijiste que no quitarías la ropa —le recordó Rin, con el ceño graciosamente fruncido y las mejillas sonrojadas.

—Eso dije —aceptó Yukio con una sonrisa tranquila, mientras se acomodó mejor sobre su cuerpo. Con cuidado, deslizó una pierna entre las suyas mientras se apoyó en los codos— .No tengo que quitar nada.

Pretendía sonar casual, pero al final únicamente pudo sonreír altivo y descarado. Rin necesito un segundo para entender, pero cuando lo hizo, terminó sonrojarse con fuerza.

—Podemos hacerlo con la ropa puesta —molesto Yukio al bajar lo suficiente como para aplastarlo un poco con su peso.

—¡Es-eso no es posible!

Es bien posible.

Pero cuando Rin se movió bajo su cuerpo, las cosas sólo fueron difusas y pensar se volvió cada vez más difícil. Que Yukio lamiera su oído y mordiera el lóbulo de la oreja, consiguió que se removiera, mientras colocó las manos en su pecho y apretó la camisa. No era justo que el castaño lo descontrolara con tan poco. Una vena combativa y rebelde quería soltarse, y hacerle las cosas más difíciles. Su plan duro medio segundo, hasta que esos fieros labios sellaron los suyos.

La húmeda intrusa que se abrió paso sin permiso ni restricción, logró que temblara bajo su cuerpo. En algún momento, consiguió seguirle el ritmo, pero apenas sus lenguas se entrelazaron, Rin jadeó de manera acalorada. Al separarse, Yukio le sonrió algo insolente por verlo con las mejillas sonrojadas y la respiración desecha. Pero no era nada que fulminarlo con la mirada no pudiera arreglar.

Un segundo después, el megame parpadeó un par de veces por verse acostado en la espalda, con su hermano encima. Las largas y bonitas piernas que estaban a cada lado de su cadera, le mostraron que Rin colocó las manos sobre su pecho para darse apoyo.

—¿Qué…? —empezó Yukio al alzar las manos para colocarlas en su cadera. Estaba totalmente hipnotizado con la situación, tanto que sus ojos viajaron de arriba abajo, para ver a ese muchacho que tenía la camisa abierta y el pantalón desabrochado.

—Quédate quieto —regañó Rin al darle un manotazo. Tenía el ceño fruncido en fingido enojo, y un precioso rubor en las mejillas difícil de ignorar— .Si me tocas, me voy.

Tal vez sólo quería torturarlo, en realidad Yukio no lo supo ni tampoco pudo importarle, porque cuando Rin meció la cadera sobre su hombría, su mirada se oscureció y sus labios se entreabrieron para pronunciar un silencioso "Oh" que jamás salió de sus labios.

¿Lo estaba seduciendo?

¿Sabía en que se estaba metiendo?

Si era así y entendía lo que hacía ¿Quién le enseño? El pinchazo de celos hizo que frunciera el ceño. Su mirada también relampagueo, pero no se movió. No podía. Esta era la cosa más caliente que había visto últimamente.

—¿Sabes lo que haces? —preguntó con la respiración pesada y la voz ronca.

—Tal…vez…—divagó Rin con el ceño fruncido. El rubor en las mejillas delataba su inexperiencia y hacia que Yukio tuviera ganas de derrumbar todas sus defensas, mientras gemía su nombre.

—¿Enserio?

Los celos lo golpearon sin aviso. Pero ese endemoniado vaivén lo distraía, hacía difícil pensar en algo. Casi quiso estar molesto, pero quien lo estaría si él se mueve así.

—¿Quieres que me detenga? —sugirió Rin algo confundido.

Dios no.

Yukio necesito de todo su autocontrol para no alzar las manos y tocarlo, por lo que apretó las sabanas a cada lado de su cuerpo y frunció el ceño. Esos pequeños movimientos lentos y seguros, junto con esa expresión sonrojada lo estaban calentando más rápido de lo que debería. Sabía, que el peliazul sentía lo que esa condenada presión estaba haciendo. Aunque tal vez no lograba entender lo que iba a suceder, si no se detenía.

—N-no me provoques Nii-san —advirtió mientras sentía que los pantalones comenzaban a apretarle.

Era casi una amenaza, una que salió como un gruñido. Rin tragó duro, incluso dejó de moverse un momento. No tenía idea de lo que estaba haciendo, no de verdad. Él nunca había estado en esta situación y aunque como un adolescente normal había visto algunas cosas (gracias a Shima y sus revistas), no es lo mismo a estar en la escena que verla.

—¿No se siente bien? —tanteó al apretar las manos en su pecho, mientras retomó ese lento y calmoso vaivén.

—Nii-san…—gruñó Yukio con la mandíbula apretada.

—Puedo irme —ofreció Rin con una sonrisa altiva. Cuando el megame lo fulminó con la mirada, sólo pudo reírse suavecito— .A veces…deberías ser tú quien este de este lado.

El que se derrumbe por las sensaciones.

Yukio enarcó una ceja en incomprensión, pero cuando entendió, sintió un lento calor invadirlo. Creyó que podía quemarse vivo, que la sensación lo invadía y no pudo importarle menos.

Antes de siquiera pensarlo, un sonido estrangulado escapó de su garganta antes de sentarse y besarlo con fuerza. Rin soltó un gritico sorprendido ante el brusco movimiento, mientras el sonido murió con la frenética unión. Esto se sintió diferente, como si hubiera prendido un incendio o hubiera soltado un animal salvaje.

El beso fue descuidado y sin control; como si violara su boca, por lo que Rin se sonrojó con fuerza cuando un sonido húmedo y obsceno rompió el beso. Yukio tuvo el descaro de lamerse los labios y sonreír medio desvergonzado.

Normalmente Rin frunciría el ceño, porque su hermano está siendo un idiota, pero ahora se encuentra sorprendido y siente el rostro caliente, y los labios rojos e hinchados. Sin embargo, lo que lo hace saltar en su puesto, son el par de manos que se cierran en su trasero y lo jalan más cerca. El chillido que escapó de sus labios no fue precisamente muy varonil. Pero negaría cualquier cosa.

—Yo siempre estoy de este lado Nii-san —dice Yukio sobre sus labios.

Él fue el primero en darse cuenta de lo que sentía. En ser arrastrado por ese torbellino de emociones, mientras este irresponsable demonio lo atrapó sin darse cuenta. Por lo que Yukio creé que si puede enloquecerlo mientras jadea bajo su cuerpo, entonces las cosas estarán a mano.

—¿Qué…?— empezó Rin sin comprender. Cuando los besos se trasladaron a su mandíbula, sólo puede apretar los labios para no soltar ningún sonido.

Con cuidado sube las manos por su pecho hacia sus hombros, en una caricia lenta y cuidadosa. Mas, lo que corta sus palabras son ese par de manos que lo jalan más cerca. Yukio sujetó su cadera con un agarre hermético y lo incito a moverse. Había algo duro que crecía con su toque, por lo que jadeó mientras rastros húmedos y pequeñas mordidas, se trasladaron por su cuello.

La manera como se presionaban y el calor que existe entre ambos, parecía construir algo más grande. Algo difícil de controlar y Rin casi odio a Yukio por descontrolarlo de esta manera. Casi lo hizo, pero al final no pudo. En el fondo de su mente se da cuenta que el menor podía estarlo engañando de alguna manera. El peliazul podía ser despistado, incluso ingenuo, pero no es idiota. Una cosa es que lo engañen un par de veces y otra cosa es permitir ser engañado.

Sin pensar, envuelve los brazos alrededor de su cuello y lo besa. Yukio lo hace sentir mareado, mientras un gracioso hormigueo se expande por su pecho. En este punto su corazón palpita tan fuerte, que no puede pensar en nada.

—Déjame hacerlo —murmura Yukio.

La forma como su voz suena lo hace jadear. Es un sonido oscuro y pesado. Si no estuviera sentado (y sobre el regazo de su hermano. Gracias), hubiera tropezado. Mas, entre el húmedo y caliente pedido, sintió ese par de descaradas manos volver a su trasero.

—¿Hacerlo? —divagó Rin al moverse sobre él. Lo estaba tentando y lo sabía, pero por el momento sólo quiso ver su mirada entrecerrarse con un deseo difícil de controlar.

Podía hacer esto y el menor no movería un musculo. O bueno, en realidad si lo haría ya que sin aviso lo derribo. No supo exactamente como sucedió, porque de repente Rin se encontró acostado boca arriba con el megame encima.

Yukio le había advertido sobre provocarlo, pero cuando volvió a besarlo, un patético jadeo escapó de los labios del peliazul.

—Espe…—intentó al empujarlo un poco.

No funcionó, porque Yukio buscó sus labios de nuevo y atrapó sus manos para colocarlas a cada lado de su cabeza. Después acomodo las piernas entre las suyas y las afianzó contra la cama. La primera embestida arrancó un gemidito de Rin, mientras sintió el rostro tan caliente, que por un momento pensó que sus llamas podían salirse de control.

Había dicho que el otro demonio no haría nada, pero eso no significaba que no lo iba a arrastrarlo hasta el límite de su resistencia. Hace no más de 20 minutos que un par de toques lo habían hecho correrse, pero el pensamiento fue más vergonzosos que otra cosa.

Yukio por otro lado, sabía que llevarlo consigo a la locura, haría que todo valiera la pena. Si en el proceso consigue quitarle esos endemoniados pantalones, entonces moriría feliz. Quería follarlo, recorrer cada centímetro de su piel, besar, chupar y morder. Pero sobre todo, quería cada pequeña parte que él quisiera darle y ser dueño de ellas. Quería a Rin Okumura como nadie nunca podría quererlo. Era posesivo, intenso y estúpidamente cursi. Una mezcla discordante y tan fuerte, que se encargaría que ese estúpido demonio quede atrapado en ella.

—Yu-Yukio—jadeó al lamerse los labios, antes de cerrar los ojos.

El vaivén lo hacía ir y venir en la cama. Pero apenas sintió que el otro demonio bajó por su cuello, ladeó inconscientemente la cabeza para darle espacio. Rin quiso moverse, pero no supo si era para soltarse o encontrar una mejor posición. Tal vez era un punto intermedio, porque al flexionar las piernas, ambos se quedaron quietos un segundo y sólo un segundo.

Estaban perfectamente alineados, sus hombrías friccionaban sin problema, pero los pantalones comenzaban a ser realmente molestos.

Yukio gruñó sobre su hombro y cuando alzó la mirada, se quedó sin aliento. Nii-san respiraba con fuerza, su pecho subía y bajaba con trabajo. Pero sobre todo, el rubor en las pálidas mejillas y los labios húmedos y rojos, vinieron acompañados por esa expresión confusa y entregada, que lo hizo tragar despacio.

—No se…—gimió Rin tan bajito, que sus palabras acariciaron los labios de Yukio.

—Está bien —aseguró sin saber muy bien de lo que estaban hablando. En este momento sólo quería calmarlo para que dejara de temblar.

—Mis manos —pidió fuertemente sonrojado. Cuando frunció el ceño igual que un gato enfurruñado, Yukio sólo puede moler sus caderas juntas para verlo tirar la cabeza ligeramente hacia atrás.

Es más de lo que el castaño puede soportar, así que lo besa. Lame sus labios y adora cuando el otro tiembla apenas muerde su labio inferior. Aun así, se acomoda con cuidado y lo suelta. Sus brazos recargaron casi todo su peso y le ayudan a no aplastarlo, aunque es un detalle fútil y distante, porque apenas Rin envuelve los brazos alrededor de su cuello y tira de su cabello para que se acerque más, sólo puede jadear.

—Está bien…—dijo Rin con la voz ronca—…H-hagámoslo.

El escalofrió que Yukio experimentó es tan fuerte, que bien pudo haber saltado. Estaba sorprendido y tan descolocado, que las palabras se extendieron lentas y cálidas entre el leve espacio que los separaba. Si era honesto, no esperaba que cediera. Es decir, quería que lo hiciera, pero considerando lo terco que es Nii-san, no creía que fuera a hacerlo.

Aunque honestamente, no es precisamente terquedad, es una mezcla de timidez y orgullo, que podía llevar al megame al borde. Es algo peligroso y volatín, pero que ahora lo hizo sonreír casi arrogante. Tiene permiso, no hay restricciones y lo único que de verdad quiere hacer es romper todas y cada una de las barreras que el mayor colocó a su alrededor.

—¿Si? —tanteó Yukio mientras una estúpida sonrisa curvó sus labios.

—¿No? —devolvió Rin con una molesta sonrisita, que hace reír a su hermano.

Al parecer Nii-san todavía no sabe lo que está haciendo, pero no le importa, sólo le da un par de besos antes de saltar fuera de la cama y buscar algo. Rin no alcanza a preguntar lo que hacer. Apenas y se apoya en los codos antes que el otro vuelve a colocarse encima.

Cuando se besan, Yukio siente que lo está engañando de alguna manera. El peliazul confía en él y lo único que quiere es destrozarlo de la manera más placentera que pueda existir, ¿eso no está mal cierto? Es decir, quiere que Nii-san entienda que pertenece a su lado. Que es suyo y nunca va a dejarlo. Claro que no sabe muy bien lo que hace. No sabe nada, pero cuando desliza una mano por su pecho y lo escucha gemir con suavidad, sólo puede erizarse.

Yukio es doctor, conoce la teoría de todo el asunto, pero esto es diferente. Antes ha tenido la oportunidad de tocarlo un par de veces, hace no más de unos minutos hizo que se corriera mientras gemía su hombre. Y aunque el recuerdo hace que gruña ronco de deseo, esto sigue siendo diferente, nunca nada se había sentido como esto.

Sus dedos hormiguean, mientras sube por el vientre plano y los músculos que se tensan a su paso. Rin tiembla apenas presiona su pezón izquierdo, también se encoge en su puesto, por lo que Yukio rompe el beso sin dejar de tocarlo. Siente que no puede evitarlo, se convence que es culpa de Nii-san por lucir así de apetecible. La sola visión hace que su hombría reaccione.

Parte de su lado demoníaco se remueve inquieto, es el instinto que le dice que debe estar cerca, que lo necesita, así que lo empuja de forma brusca contra la cama, mientras lame su clavícula y muerde el cuello. Rin gruñe entre dientes y enreda una mano en su cabello, mientras la otra extremidad va bajo su camisa y aruña su cadera.

Ambos quieren tocarlo todo al mismo tiempo, pero es Yukio quien sonríe contra su piel porque se siente casi como una victoria. Había logrado que se dejara llevar, que tiemble bajo su cuerpo mientras respira de manera entrecortada. El mayor incluso murmura algo entre jadeos y besos, algo que suena como una maldición, pero es un sonido tan invitante, que el castaño no piensa en nada cuando desliza una mano por sus piernas y traza un camino por sus muslos.

Nii-san vuelve a quedarse quieto; jadea en su oreja, con los labios húmedos y rojos, mientras Yukio toca su hombría sólo para oír como la voz se le quiebra sin su permiso. El megame casi puede sonreír altivo, pero apenas Rin lo llama, es como una orden. Se siente tan consiente de su presencia, que parece hipnotizado o hechizado. En este punto no le interesa, porque lo besa, muerde de nuevo y lo acaricia por encima de la ropa.

Sólo lo suelta para poder trazar un camino húmedo por su pecho. Cuando atrapa un botoncito sonrojado y sus colmillos lo rozan, el mayor se deshace entre caricias. Gime con la voz ronca, y lo único que Yukio quiere es guardar el sonido para nunca olvidarlo.

—Es-espera—pide Rin con la voz quebrada, también se arquea un poco y enreda los dedos en su cabello.

Que se mueva bajo su cuerpo comienza a representar una seria distracción, pero el castaño no opone resistencia cuando el bajito tironea de su cabello, para que vuelvan a besarse. Es húmedo y caliente, así que lame su boca y mueve la cadera. A cambio Rin aruña su espalda lo suficientemente fuerte, como para dejar marca.

Cuando las manos de Yukio vuelven por segunda vez en ese día la cremallera del pantalón, el peliazul lo empuja un poco, hasta que hay un sonido húmedo y obsceno que rompe el beso. Algo de saliva resbala por sus labios, pero cuando se miran, surge un momento en el que parece como si ya no hubiera nada que ocultar.

Fue quizás una distracción, porque cuando baja por completo el cierre, Rin también baja la mirada algo inquieto. También aprieta su camisa, como si fuera la única cosa que todavía lo mantiene entero.

—¿Está bien? —pregunta Yukio al lamer su oído, mientras escucha la respiración contraria hacerse un lio.

Sólo recibe una torpe afirmación, así que baja un poco el pantalón, lo suficiente como para que el hueso de la cadera quede descubierto. Él tal vez no puede saber muy bien lo que hace, pero este breve momento de familiaridad lo calma hasta el punto, en que debe respirar hondo. El problema quizás, es cuando su hermano tironea su camisa para que se la quite. El castaño se va hacia atrás un segundo y obedece.

—Yukio —jadea cuando el otro vuelve y lo encierra con su cuerpo. Sin esperar, el menor deja un camino de suaves mordidas por su mandíbula y pequeños besos que terminan bajando por el cuello.

Rin intenta moverse, pero la apretada cercanía sólo le permite tirar la cabeza hacia atrás. Aprovechando el movimiento, Yukio muerde su garganta mientras su lengua intenta aliviar las pequeñas marcas que ha dejado esparcidas. Al mismo tiempo, sus dedos bajan por su pecho, arañan la piel y dibujan pequeños caminos a través del abdomen.

El pelizul se muerde los labios. Con una mano en la cadera del castaño, lo jala más cerca mientras sigue el movimiento de las embestidas.

—Demonios —dice Yukio en un hilo de voz y la cabeza apoyada en su hombro, mientras necesita un momento para tomar aire.

—Es…espera no…

En un momento de pánico, Rin sujeta las manos que pretenden quitarle los pantalones. Su voz es pesada y esa mirada vidriosa, apretó el corazón contrario.

—No luzcas como si te estuviera obligando —regañó el menor con voz ronca. No había enojo en sus palabras, quizás sólo algo de duda. Aunque en realidad seguramente sólo habló porque todavía puede hacerlo, además le encanta la manera como Rin se estremece— .Confías en mi ¿cierto?

—Si —murmura el mayor, aunque abre grandes los ojos cuando la mirada contraria brilla con tanta fuerza, que un peso invisible lo deja amarrado en su puesto.

El otro no necesita de nada más, se sienta en los talones y desliza los pantalones por las largas y bonitas piernas. Rin enmudece de inmediato, tan sonrojado que no se da cuenta que el otro demonio se quedó sin aire.

Él sabe que Rin está nervioso, es incluso algo linda la manera como parece avergonzado. Pero Yukio tiembla ante la visión de su hermano. Un gemido amenaza con rasgar su garganta, mientras las ganas de tocarlo estuvieron a punto de asfixiarlo. Embrujado, acarició sus piernas y se inclinó de nuevo para besarlo.

Su intención era llevar las cosas un poco más lentas, pero jadeó cuando Nii-san envolvió las manos alrededor de su espalda y lo obligó a estar al ras de su cuerpo. Su propia hombría dio leves tirones ante la falta de atención. Calmarse se vuelve cada vez más difícil, por lo que ambos se movieron sólo un poco, hasta que Yukio se estiró para tomar un frasquito que había traído consigo.

Aturdido, Rin abre grandes los ojos cuando un par de húmedos dígitos bajan a su entrada y tantean el estrecho anillo, al hacer círculos a su alrededor. Se siente frio, por lo que tiembla ligeramente.

—¿Duele? —preguntó Yukio cuando traspasó la entrada, y Rin apretó sus brazos.

—Es…incomodo —aseguró con los ojos cerrados.

El castaño asiente en comprensión, incluso tararea una afirmación. El pecho de Rin sube y baja más rápido de lo normal mientras intenta acostumbrarse. Yukio no puede dejar de mirarlo, no cuando tiene esa sexy y erótica expresión, donde parece que va a correrse de un momento a otro. Su propia hombría está despierta y clama por atención, pero lo único que puede hacer es maldecir entre dientes. Demonios, incluso siente que se está mojando sólo por verlo así.

Cuando el segundo dedo entra, Rin tira la cabeza hacia atrás y aprieta las sabanas. A Yukio también se le va el aire, pero sólo por descubrir que esta tan estrecho y caliente, que difícil pensar en cualquier cosa. Sin su permiso, un sonido estrangulado escapa de sus labios. Se va a correr sólo por mirarlo. Seria terriblemente vergonzoso, porque su primera vez juntos seria recordada como la vez que se vino por tocarlo un poco.

En su defensa, verlo es obsceno y una de las cosas más calientes que ha tenido la oportunidad de presenciar.

—Yukio —jadea tembloroso, mientras alza las manos para tomar su rostro y acercarlo para un beso— .Te quiero.

Tan lindo.

Su hermano lo quiere y es como si algo se rompiera en su interior. Yukio podía jurar que era lo último de su autocontrol. Pero la sorpresa que experimento fue desechada tan rápido, que no está seguro de haberla sentido. Sin dudar, lo besa tan fuerte que algo de saliva resbala por sus labios.

Rin debió notar el cambio, porque el peso de su mirada lo está quemando. Cuando se alejan, el tercer intruso se desliza por su entrada y él sólo puede quejarse por la incomodidad.

—Shhh —dice Yukio ronco de deseo— .Relájate. Respira.

A cambio obtiene un torpe asentimiento, mientras Rin intenta regularizar su respiración. Está tan estrecho y húmedo, que Yukio no sabe cómo es que no lo ha reclamado todavía, ni de dónde viene toda su fuerza de voluntad.

—Nii-san —llama en su oído antes de lamerlo. Tan cerca…tan íntimo, que Rin respira con fuerza, mientras la vibración de su voz lo hace temblar— .Confía en mí —repite.

—Lo hago.

La mente de Rin se siente adormecida y algo mareada, sin embargo sube las manos por su pecho para oírlo jadear, hasta que se queda sin palabras cuando Yukio saca sus dedos y lo jala para que se siente. El castaño está contra el respaldar de la cama, con una serie de almohadas en la espalda, mientras lo ayuda acomodar las piernas a cada lado de su cuerpo. Ahí lo sujeta por la cintura y le regala una intensa mirada, que le corta la respiración.

—Si quieres…si quieres que me detenga, dilo —informa Yukio al apretarle la cadera.

—Si…está bien

—Bien —dice al respirar hondo, como si necesitara calmarse un momento— Es mejor si tú… lo haces. Baja despacio…a tú ritmo ¿de acuerdo?

Lo único que puede hacer Rin en asentir. Se siente entumido y la cabeza le da vueltas; es vergonzoso, todavía tiene la camisa abierta y Yukio ni siquiera se ha quitado la sudadera, sólo la bajó lo suficiente para que esa grande y gruesa erección escape de ella. Rin tiene que obligarse a mirar a otra parte, porque esta horriblemente sonrojado y se siente totalmente expuesto cuando el castaño aprieta su trasero.

—Yukio…—se queja al irse hacia adelante, donde apoya las manos en sus hombros. Es un sonido bajo, entre la mitad de un gemido y algo que ni siquiera alcanza a sonar enfadado.

—¿Qué? —pregunta al enterrar el rostro en su cuello, mientras muerde entre la curvatura de su cuello y el hombro.

Rin teme desmayarse, cuando el otro separa ligeramente las piernas para obligarlo a hacer lo mismo. En vez de entrar, su erección se desliza en sus glúteos. Y demonios, ambos tiemblan con la situación. Pero Yukio lo aprieta con fuerza para sobreponerse, porque podía sentir como se frotaba indirectamente contra su entrada.

Se trata de confianza, sólo eso. Pero el megame únicamente puede enterrar el rostro en su cuello, mientras envuelve un brazo alrededor de su cintura de manera posesiva. Su mano libre aprieta su trasero, mientras un lento vaivén inicia y lo lleva casi al límite. Rin envolvió los brazos alrededor de su cuello y respiró de manera quebradiza contra su oído. Sin embargo, es Yukio quien tiembla con cada nuevo roce.

Está seguro que va a correrse, si su hermano no se detiene. El líquido pre-seminal, y el lubricante que están mojando su entrada en un caliente desastre, deshace su respiración. Se está enloqueciendo. Incluso hundió los colmillos en su cuello, por lo que Rin dejó de respirar un segundo. Aunque, cuando el mayor tomó su hombría para acomodarla en su entrada, fue su turno para que todo el aire se le fuera.

Yukio se quedó increíblemente quieto, mientras sintió el roce contra su entrada. Prácticamente sentía el corazón haciéndole eco en los oídos. Más, cuando esos ojos azules entraron en su campo de visión, ambos respiraron el mismo aire sin palabras que pudieran ser dichas.

Para ayudarle, lo sostuvo por la cintura. Rin descendió apenas un poco. Pero fue suficiente para que ambos cerraran los ojos y se abrazaran con fuerza.

—Va-vas a matarme —dijo Yukio en un hilo de voz.

El mayor respiró un momento. Tiene los ojos entreabiertos, los labios separados para ayudarse a respirar y un precioso rubor en las mejillas. También está sudando, el cabello se encuentra desordenado y una mirada caliente lo hace gemir. La camisa del colegio esta medio puesta, arrugada y resbala por uno de sus hombros, pero cuando lo siente bajar en su hombría, Yukio no puede pensar en nada más. Su mente está en blanco. Lo único que escucha es como su respiración se entrecorta sin su permiso, mientras que los labios de Nii-san tiemblan tan cerca de los suyos, que sólo puede lamerlos.

No ha entrado ni siquiera la mitad, pero cuando Rin jadea, tiene un duro momento para concertarse. A Yukio se le empaña la visión cuando empuja despacio, y lo único que sale de su boca es un sonido desigual.

—Demonios —gruñe. Quería era moverse. Pero su hermano no está listo, lo supo porque se movió ligeramente y Rin jadeó adolorido— .L-lo siento.

Rin niega la cabeza, pero el castaño no está seguro de entender lo que quiere decir. Aunque por un momento su preocupación se desvanece. Él está apretado, tan apretado, que lo hace respirar con trabajo.

—Yukio —lloriquea sobre sus labios.

El menor se encuentra sonrojado, y tan pendiente de sus gestos, que Rin se lame los labios. Mas, antes de poder saber que ocurre, arquea la espalda cuando el otro se mueve sólo un poco más adentro. Vagamente creé que ha vuelto a disculparse, pero en realidad no está seguro, no puede estarlo.

—Nii-san —jadea cuando finalmente entra por completo.

El mismo Rin es un lio. Tiembla y jadea sin poderlo evitar. Tuvo que esperar un breve instante, hasta que es el menor quien se queda sin aire apenas se mueve. Fue un leve movimiento de la cadera, pero hace que se sienta débil y desorientado.

Embriagado, Yukio acaricia su espalda, en esa preciosa curva de su espina dorsal y atrapa la base de su cola demoníaca. También gruñe mientras lo muerde, aunque las embestidas son lentas y calmadas para poder ajustarse a su interior.

Pronto está tan adentro, que Rin solloza mientras embiste acorde a esos embriagantes gemidos. Ambos resbalan con facilidad, se deslizaban sin fricción con cada vaivén, hasta que el menor toca un lugar que hace que el peliazul aruñe su espalda.

—¡Yukio! —dice asustado cuando es obligado a irse de espaldas. Es la mitad de una exclamación y largo gemido que eriza a su hermano.

—Lo siento —sonríe Yukio cuando lo acobija con su cuerpo.

El colcho cruje ruidosamente, pero Rin sólo puede reírse suavecito ante la situación. Inconscientemente abre más las piernas en busca de una posición más cómoda, y es suficiente para que la mirada del castaño se oscurezca.

Sin dudar, lo besa con hambre en una unión difícil por las embestidas. Él mismo jadea cuando las estrechas paredes se contraen maravillosamente, por lo que muerde su clavícula.

—Ahhh…A-ahí —pide Rin.

Inseguro de lo que acababa de hacer, basta con un par de embestidas más para encontrar lo que busca. Nii-san prácticamente lloriquea mientras mueve la cadera para encontrar la suya. Ahí, Yukio lo mira entre mechones de cabello y recorre con intensidad a ese muchacho del que está estúpidamente enamorado. Es estúpido darse cuenta que nunca ha estado tan cerca de nadie, nunca nadie lo ha descontrolado ni lo ha hecho sentir de esta manera, por lo que aumenta el ritmo sólo para oírlo más alto

—Yu… ¡Yukio!

Una mano se deslizó por su abdomen, para sostener su hombría. La bombeó acorde a sus movimientos. No quería que Rin pensara en nadie más. Además le gustaba como sonaba su nombre en este momento, como los labios rojizos lo pronunciaban en medio del éxtasis y la lujuria.

—No pue-puedo….

Sin darle tiempo de terminar, el castaño lo besó. Le encanta esa boca, pero le gusta más cuando escucha esos ruiditos ahogados morir en ella. Había algo increíblemente sensual en el hecho de verlo con los ojos semi-abiertos, mientras el fuerte y constante vaivén, lo hace ir y venir en la cama. Cuando el beso se rompe, una sonrisa salvaje curva sus labios.

Rin quiere reclamar, quizás por algún impulso infantil, pero sus palabras se cortan y algunas lágrimas se deslizan por sus mejillas. No duele, pero está tan cerca de venirse que no puede controlar la sensación. Se siente tan íntimo y personal, que la mano de Yukio se cierra un poco más; hace más presión y apoya la frente contra la suya para despojarle de su aliento, de su saliva, y de los gemidos que se le escapan.

Un par de embestidas más y Rin tira la cabeza hacia atrás. Se corre con espasmos blancos que curvan su espalda. El castaño se pierde en su expresión, en la forma en la que la respiración se le entrecorta y le tiembla al escaparse de los labios. Cuando su hermano lo mira una vez más, luciendo preciosamente derrotado, su interior se contrae deliciosamente y él sólo puede sollozar.

Es más de lo que puede soportar. Mira la expresión del peliazul, como jadea mientras todavía embiste su cuerpo. Por eso hunde los dientes en el lóbulo de la oreja, le lame la base de la mandíbula y cuando vuelve a mirarlo, Yukio siente que se derrumba. Se viene casi de inmediato; donde esa cálida esencia hace gemir a Rin una vez se siente lleno de ella.

Fue como si por un momento se hubiera desmayado, por lo que Rin debe cerrar con fuerza los ojos, mientras ahoga un grito que amenazaba con rasgar su garganta. Nunca había experimentado algo como esto. Pero mientras recobraban el aliento, desliza las manos por la espalda desnuda del otro demonio. Yukio tiene el rostro escondido en su pecho, pero se eriza cuando sale de su cuerpo y comienza a darle suaves besitos en la cabeza.

Se supone que la primera vez sea torpe e incómoda, pero el dolor y la timidez desaparecieron tan rápido, que estaba temblando entre pesados y calientes suspiros. El calor es agradable y necesario, pero mientras Rin recobra el aliento, acaricia al otro con movimientos desiguales.

Vagamente se pregunta si es porque ambos son demonios que se sintió así, o si es porque son hermanos, o si acaso la regeneración demoníaca tuvo algo que ver con su resistencia. Al final se da cuenta que no importa.

—¡Yukio! —reclama cuando se tensa por sentir los colmillos entre la curvatura del cuello y el hombro.

Sabía que ya le había dejado una marca, pero que volviera a hacerlo es incómodo. Su piel está sensible y es doloroso. Sin embargo cuando el menor lo mira, sólo puede sonreír ligeramente.

—Lo siento ¿Estas bien?

—¿Por qué fue eso? —se queja Rin al colocar una mano en el lugar afectado.

Para marcarlo.

Para que todos sepan que es suyo.

Aunque no es algo que Yukio vaya a decir en voz alta. Aun así, Rin ve el brillo oscuro que tiñe sus ojos, y ese deje posesivo que se cierne sobre su cuerpo cuando se besan. Una vez el castaño se deja caer a su lado, ambos sonríen con un gesto un poco idiota.

A cambio Rin se acuesta de lado y acaricia sus brazos, Yukio se ríe por lo bajo, completamente eufórico. No le importa estar agitado, porque de todas maneras lo besa hasta que ambos pelean por aire. Es maravilloso como todas las piezas parecen encajar cuando toca sus labios.

Estuvo tan preocupado que sus avances no fueran aceptados, que fue un poco estúpido como al final no tuvo tiempo para pensar en ello. En realidad, pensar es difícil cuando lo toca o cuando lo mira, en especial ahora. Yukio no sólo perdió las palabras al ver a Rin, sino que algo en su interior se sacudió con tanta fuerza, que no supo qué tipo de expresión estaba haciendo.

—Te amo —dice Rin de la nada y Yukio abre grandes los ojos.

Siente que quiere reír e insultarlo al mismo tiempo, por ponerlo tan emocional. Pero en vez de eso se acomoda mejor y toma su rostro para un beso suave. Sin prisa. Sólo por el simple hecho de sentirse y saber que está a su lado. Ambos han dicho antes "te quiero", pero es diferente. Esto no es fraternal ni mucho menos familiar.

—También te amo —dice Yukio al rodear su cintura y jalarlo tan cerca como sea posible.

—Quédate quieto —se ríe Rin cuando el otro comienza a besar su cuello. El rubor en las mejillas nunca va a desaparecer— .No vamos a hacerlo otra vez.

Esta vez Yukio se ríe, hasta que hace un sonido dramático en el que se finge ofendido.

—¿Por qué no?

No hay ninguna manera en que Rin pueda responder eso sin sonrojarse furiosamente.

Aun así se las arreglar para fruncir el ceño, en un gracioso gesto donde analiza con cuidado al otro. A ese estúpido rey demonio que va a "atacarlo" si no tiene cuidado.

—No puedes tocarme hasta que esto desaparezca —gruñe al cubrir con una mano la marca que tiene en el cuello.

—¿Qué?

De la nada el menor lo mira sorprendido. Francamente resulta curioso. Rin no cree tener tanto poder en él, como para que le importe estarse un par de días quieto. Aunque, obviamente no puede pensar demasiado en ello, ya que el castaño lo jala más cerca, como si temiera que fuera a salir corriendo.

—Lo hiciste a propósito, no puedes estar marcando gente —señaló Rin.

—¿Por qué no? —reclamó Yukio con el ceño fruncido.

Rin abre y cierra los labios sin que las palabras salgan, no hay nada que pueda decir, porque francamente no se le ocurre nada. Además, de repente se distrae con esa pierna que se desliza entre las suyas y la cola demoníaca, que no va a dejarlo ir en un futuro próximo. Que el megame todavía tenga los pantalones puestos, es un misterio, pero hace que se sonroje con fuerza.

—No vamos a hacerlo —repite Rin tan serio como puede sonar, aunque su voz es poco convincente. En especial cuando una mano dibuja el camino por su espina dorsal y él sólo puede arquearse ligeramente. Se siente débil apenas esos largos dedos atrapan su cola— .Eres…imposible.

—Si —accede Yukio con facilidad. Su boca está en su clavícula y moja todo el camino hacia su boca.

—N-no puedo —jadea entre besos y los brazos que se cierran de manera posesiva en su cintura.

El roce del pantalón contra su entrepierna, hace que aruñe el pecho de su hermano. El castaño suelta un sonido estrangulado, casi como un gruñido, por lo que Rin se estremece.

—Si puedes —asegura con voz ronca.

Rin está seguro que no puede, ya se ha corrido dos veces y esta tan sensible que tiembla en sus brazos. Pero Yukio sonríe en respuesta y se ríe cuando el mayor lo fulmina con la mirada. Rin es suyo. Mataría al primero que intentara llevárselo lejos. Su hermano está hecho para quedarse a su lado, lo tiene sin cuidado lo que tuviera que hacer para que incluso el otro piense de esa manera.

—¿Estas bien? —repite al acomodar unos mechones rebeldes detrás de la oreja, y limpiar las lágrimas secas. Rin enrojece de inmediato y evita su mirada, con un gesto graciosamente enfurruñado.

—Estoy bien.

Este momento es del muchacho que tiene encerrado en sus brazos y que alzó las manos lentamente para envolver su cuello y besarlo. Rin lo provocaba con sólo una sonrisa, por lo que sus besos tenían un gesto devastador en su sistema.

Es tan lindo. Tan suyo.

Así es como debe ser, como se debe sentir al mirar a la persona que amas y pensar "Moriría por él, mataría por él, lo que primero ocurra" Era aterrador, de la manera más perfecta que pudiera existir. Pero no puede ser tanto un problema si una boba sonrisa curva sus labios cuando se miran. Además, mientras lo hace venir por tercera vez, Yukio no puede pensar en otra cosa.

Can you hear me? (¿Puedes oírme?)

Nee ima dokora hen (Entonces, ¿dónde estás ahora?)

Hiiru o haki nagara calling (Llamas mientras me deslizó en mis talones)

Wakatta sore ja mata ato de (Muy bien, lo entiendo, hasta luego)

Okiniiri no music kaketara (Pongo mi música favorita)

Odekake magiwa kagami ni wink (Me guiño en el espejo mientras me voy)

Dobikiri kawaii kakko de (Con una cara muy linda)

Boryuumu agete let's gouon (Vamos a subir el volumen al hacer ruido)

Kibun wa full 10 de knockout (Me siento como un perfecto 10. Te noqueare)

Do you hear me? (¿Me oyes?)

Konna no hajimete (Esto nunca me había pasado antes)

Tokimeku mune wa motto heat up (Mi corazón esta emocionado, se calienta)

Atashi ga atashi ja nai mitai (Es como si fuera una persona diferente)

A lady in love nante (Una dama enamorada...)

Waratchau (...es tan gracioso)

Patchiri omeme koakuma meiku (Mis ojos están perfectos)

Chiiku wa itazura ni lovely (Estoy usando un maquillaje seductor)

Konya no shisen wa hitorijime (Mis mejillas tienen un aspecto maliciosamente adorable)

I don't know what to do (No sé qué hacer)

Datte watashi (Porque esto...)

Honto wa konna no naretenai ndakara (Realmente no estoy acostumbrada a esto)

Yasashiku escort shite (Trata de guiarme amablemente)

Daibu ganbattemita kedo (Lo haré lo mejor que pueda)

Konna kanji suki ja nai desu ka? (Pero quizás, ¿no te gusta esto?)

Motto chanto mite (Mírame mejor)

Do you wanna ask me out? (¿Quieres invitarme a salir?)

Dokidoki tomaranai heartbeat (Mi corazón no deja de latir con fuerza)

Onna no ko onna no ko shitai no (Quiero ser femenina, femenina)

Amai kaori ni wagamama na body (Un perfume dulce y un cuerpo cuidado)

Woooo ho! woooo ho!

Nee (¡Oye!)

Shy na boy henjiteru wari ni wa (Es un todo tú acto de "Chico tímido")

Sakki kara mesen ga munamoto da yo? (No has quitado tus ojos de mi busto, ¿verdad?)

Tsumannai... kimi tteba okute sugi (Vamos...eres muy inexperto)

Woooo ho! woooo ho!

All right? (¿Está bien?)

Do you love me? taido de shimeshite (¿Me amas? Entonces muéstrame)

Chotto kurai gouin demo ii (Puedes ser un poco enérgico si quieres)

Nannimo shinai nante how rude! (Pero no hacer nada, que grosero)

Yappari riido saretai no (Quiero que me guíes)

Oshitsukeru ude tomadou kimi (Pongo mis brazos a tu alrededor, te sorprendes)

Korekurai sureba wakaru desho? (¿Sabes lo que estoy tratando de decir, verdad?)

Gaado wa sukoshi amaku shite (Baja un poco la guardia)

Nando sageteageru kara (Bajare el nivel de dificultad para ti)

Aseranaide yukkuri de ii kara ne? (No te apresures, podemos tomar esto con calma ¿Cierto?)

Baby (Baby)

Koko kara escape shite (Escapemos de aquí)

Futarikiri ni nattara amaechau yo (Cuando estemos los dos solos, actuare indefensa)

Sonna kanji suki ja nai desu ka? (¿Quizás no te gusta eso?)

Motto kotchi kite (Ven un poco más cerca)

Do you wanna take me out? (¿Quieres salir conmigo?)

Majimaji mitsumechau your eyes (No puedo dejar de mirar tus ojos)

Choppiri warui koto ga shitai no (Quiero hacer algo un poco malo)

Furifuri shiteru hip no shippo (Mis caderas están temblando)

Woooo ho! woooo ho!

Nee (¡Oye!)

Love na scene henjiteru ndakara (Ya que estamos actuando una escena de amor...)

Namae kurai yobisute ni shitemite (...al menos elimina el "señorita" de mi nombre)

Mimimoto atsui toiki o kakete (Lanza suspiros calientes en mi oído)

Woooo ho! woooo ho!

All right? (¿Está bien?)

Tokimeki kanjiru wa my heart (Mi corazón esta emocionado)

Onna no ko onna no ko shiteru no (Estoy siendo femenina, femenina)

Uwamezukai wa kimi e no sain (Cuando te miro, esa es mi señal)

Woooo ho!

Nee (¡Oye!)

Karuku smile kusugure koigokoro (Una sonrisa fácil)

Lock on kimi wa mou meromero (Un amor que cosquillea)

Kakugo ga dekita nara kiss shite (Atrapado, ahora estás enganchado a mí)

Woooo ho! woooo ho!

All right? (¿Está bien?)

FIN.

Ann: ¡Taran *¬*! Mi fic, mi lindo Fic, me emociona tanto haberlo terminado TT¬TT

Ro (pegada como garrapata): He esperado esto diez mil años *¬*

Ann: No me ayudes u¬uUU

Ro: Tks, en verdad lamentamos muchisisisisisimo la demora, no es intencional Ne. Por lo que esperamos que disfruten de la actualización *¬*

Ann: No lo olviden, ¡YukioxRin Rulez!

Oks, por el momento nos despedimos n-n. Como saben el Fanfiction esta colocando los anónimos como Guest oO, así que no sabemos quienes escriben. Por favor coloquen sus nicknames para poder responderles adecuadamente n—n.

De acuerdo como hay una estúpida norma en el FanFiction que impide contestar los Reviewer en el Fic ¬¬XXX, lo hare en mi profile n-n.

Para llegar al profile sólo tienen que ir a la parte superior donde dice Autor: Ann Saotomo. Bueno, ya saben PERSONAS ENCANTADORES QUE SE TOMARON LA MOLESTIA EN ESCRIBIRME VALLAN A MI PROFILE PARA VER SUS RESPUESTAS n-n

NOTA: QUIENES ESTAN REGISTRADOS EN EL FANFICTION, LES ENVIE LAS RESPUESTAS A SUS RESPECTIVAS CUENTAS oO, SI ALGUIEN NO LA RECIBIÓ POR FAVOR AVISAR! (Aunque si tienen bloqueada la opción para enviar mensajes o.o, entonces lo pongo en mi profil)

Para dejarme un Reviewer escriben dentro del rectángulo que esta aquí abajo n.n, no hay necesidad de estar registrado en el Fanfiction para hacerlo u.u, o si prefieren me escriben a mis e-mails los cuales encontraran en mi Profile.

Se despiden:

Ann: ~(°¬°)~

Ro: ヘ(°¬°ヘ) (ノ°¬°)ノ ヘ(°¬°ヘ) (ノ°¬°)ノ

Ann y Ro: xDDDDDDDDDDDDD

PD: No se olviden de visitar el canal de Youtube, y el Facebook XDD. Nuevos videos e imágenes °-°