El cielo era gris.
No había palabras para describirlo.
Solo era eso, gris.
Un gran techo gris sobre sus cabezas.
"Se ha apagado" pensó "el cielo se ha apagado"
Andaba a ciegas, con la cabeza apoyada sobre su propia nuca y la mirada puesta en el cielo. Era gris. Solo eso, como un gran panel gris sobre su cabeza. "Eso explicaría muchas cosas" pensó "por qué el sol no quema, por qué nunca corre el viento, por qué nuca llueve" Tesla se sorprendió al comprobar que ante semejante divagación no mostraba ninguna clase de emoción. Estaba pensando que vivía dentro de una gran caja y estaba completamente tranquila, como si no fuera la primera vez que oyera hablar de algo así. Pensó que era como esas veces en las que estás tan acostumbrado a oír hablar de algo increíble que pierde toda su magnificencia. Tenía la sensación de que ya había pensado algo como aquello, tanto que no le resultaba extraño estar pensando en ello en ese preciso momento. Era como si aquella idea no fuera nueva en absoluto, y aquella familiaridad que experimentó al elaborar aquella teoría la asustó sin poder evitarlo.
-Vas a romperte el fuco cuello.
Bajó la cabeza, tan deprisa que le dio vueltas unos segundos. Cuando su mente se aclaró vio a Newt frente a ella. Parecía tranquilo, pero aquella oscuridad en sus ojos le delataba. Miró al cielo y dijo con voz sombría:
-Esto parece el puñetero fin. Quién sabe, tal vez lo sea.
Tesla frunció el ceño y devolvió la vista al cielo, si aún se le podía llamar así. Estaban en medio del alboroto. Los clarianos iban de un lado a otro, hablando unos con otro o simplemente gritando. Le sorprendía ver lo calmada que se encontraba. Y era precisamente esa calma lo que comenzaba a preocuparla.
-Minho y Tommy han ido al laberinto. Alby aún está algo afectado por el Cambio –Newt bajo la cabeza y dijo con voz firme, casi como una orden-: Hoy me echarás una mano. No quiero que te apartes de mí. Vamos.
Newt se movió rápidamente por el Claro, diciéndoles a todos que dejaran de actuar como chicas. Obviamente, después de que Tesla le hubiera puesto la cara más agresiva y amenazadora que había visto nunca cambió a una frase más motivadora y menos sexista. Finalmente todos se pusieron a trabajar, más por miedo a la cara de Tesla que por las órdenes de Newt. Estuvieron andando por todo el Claro, incluido el bosque, asegurándose de que ningún pingajo se había escondido allí dentro. Cuando estuvieron de vuelta, casi junto a la Caja Newt se detuvo sin avisar, provocando que Tesla le mirara con ojos curiosos e interrogantes mientras se colocaba a su lado y le miraba de arriba abajo, preguntándose el por qué de su repentino silencio.
Al ver que este no decía nada Tesla le puso la mano en el brazo, y él se volvió lentamente, y casi pudo ver el nudo que se formó en su garganta cuando le vio tragar con fuerza.
-Hoy no han llegado las provisiones. Te dije que las cosas se pondrían aún peor.
Su voz fue un susurro, un murmullo que se esfumó en cuanto escapó de sus labios. Tesla agachó la mirada, entristecida de oír a Newt hablar así. Le habría gustado que Minho hubiera estado allí, seguramente estuviera en el Laberinto haciendo comentarios sobre todo aquello con una sonrisa suficiente, intentando mejorar las cosas. Lentamente descendió su mano, sacando un valor de ninguna parte para dejar que esta se cerrara alrededor de la de Newt que, casi de inmediato, la estrechó con un suave apretón. Despacio, casi con miedo se miraron el uno al otro, quedándose en silencio. Por algún extraño motivo su corazón comenzó a más rápido de lo normal, como si el tacto de la áspera piel de Newt hubiera activado algún extraño mecanismo y la profunda mirada que le estaba brindando hubiera terminado de encender los motores. Casi ni se dio cuenta de que Newt se había inclinado hacia ella hasta que su aliento no chocó contra su rostro, haciéndola pestañear. Sus narices se tocaron, y un breve instante de inocente felicidad la atravesó fugazmente, demasiado rápido como para disfrutarlo. Estaban tan cerca que se vio obligada a cerrar los ojos, sintiendo ya con anticipación el tacto cálido de sus labios.
¿Hola?
Tesla se apartó de golpe, llevándose una mano al corazón. Después de todo lo que había tardado en convencerse de que aquella voz no había sido real, después de haberle resultado tan duro no pensar en ello allí estaba otra vez.
¿Hay alguien ahí?
-¿Tesla?
Miró a Newt, con los ojos abiertos de puro desconcierto y el pavor erizando cada poro de su piel. Imaginó que debía estar pálida, tanto que la mirada que Newt le estaba echando empezaba a asustarla casi tanto como la voz de su cabeza.
"¿Qué me está pasando?" se preguntó con una soga apretada con fuerza en torno a su garganta "Me estoy volviendo loca"
-¿Estás bien?
Newt se aproximo a ella, a punto de colocarle la mano en el hombro cuando aquella voz masculina volvió a hablar.
Sé que hay alguien ahí. Puedo notarlo
Se apartó de Newt y echó a andar, solo por la simple necesidad de distraerse. Pudo oír como este la llamaba y gritaba su nombre.
Por favor, sé que estás ahí
Unos instantes de silencio en los que ella aprovechó para ir aun más deprisa.
-¡Tesla!
¡Háblame!
Una punzada de dolor le atravesó la nuca.
¡Di algo!
Tesla no pudo soportarlo más.
¡Sal de mi cabeza! gritó, llevándose las manos hasta su pelo y cerrando los ojos con fuerza.
La realidad la golpeó como un martillo. La había oído.
Su propia voz.
Dentro de su cabeza.
Apenas tuvo tiempo de pensar en ello. Todo se volvió turbio, y después, oscuridad. Lo último que oyó fue aquella voz, más calmada y casi acogedora, extrañamente familiar de nuevo retumbando en su cabeza como un eco. Como si su cabeza fuera una gran cueva, oscura y vacía.
Te recuerdo. Recuerdo tu voz
[***]
Se despertó con la espalda dolorida y un calor pegajoso. Estaba tumbada en el suelo sobre un saco de dormir, con la manta más fea que hubiera visto nunca sobre ella. Estaba mirando el techo de una habitación y, cuando se reincorporó, supo donde estaba. Por algún motivo estaba en el interior del Trullo. Se levantó, aun con la cabeza dándole vueltas levemente consiguió ponerse de pie y llegar hasta la puerta. Estaba cerrada. Era difícil decir que hora era, afuera la luz era exactamente la misma que la última vez que había estado despierta. Tal vez hubieran pasado apenas un par de horas, pero la súbita observación que hizo a continuación la hizo descartar aquella idea. No oía nada. Un ensordecedor ruido parecía haber sumido el Claro bajo su pesado manto. El ruido de sus pisadas era lo único que podía escucharse, y eso la convenció de que tenía que salir de allí.
Pensó que la madera había sido su mejor opción en esas circunstancias, pero aun así sabia que salir de allí iba a costarla. Al menos no era de metal como algunas de las puertas del Claro. Golpeó la puerta con todo su cuerpo repetidas veces, apoyándose en su brazo izquierdo. Al cabo de un rato empezó a notar como este se entumecía y aunque le costara creerlo había logrado que la madera cediera. Con una patada que le dolió más a ella que a la puerta logró que esta se hundiera hacia afuera, abriendo una brecha. Con el taburete que había allí dentro consiguió agrandarlo hasta poder arrancar parte de uno de los tablones viejos y carcomidos que la separaban del exterior. Era estrecho, pero sabía que si tenía cuidado saldría de allí con apenas un puñado de rasguños. Introdujo el pie izquierdo, y con la madera astillada a la altura de su nariz se agachó con dolor y como pudo sacó la cabeza por la abertura. Ya solo la quedaba sacar su mitad izquierda, y lo estaba consiguiendo cuando después de haber sacado la pierna fue a sacar el brazo, clavándose un saliente de madera en el antebrazo, centímetros bajo la axila. El dolor la sacudió como una descarga eléctrica y fue suficiente para que se dejara caer sobre el suelo, al menos, estaba fuera. Se llevó la mano donde había sentido aquel dolor punzante, y esta se cubrió de sangre. Levantándose con una voluntad que no sabía de dónde había sacado se dirigió a la Hacienda. Estaba tan ocupada intentando que el corte no sangrara que no se dio cuenta de que ni un alma rondaba en el Claro. Estaba pasando ya por uno de los laterales del caserón cuando advirtió por una de las ventanas del primer piso que un gran número de clarianos estaban allí dentro, apretados unos contra otros y las espaldas contra la pared. Una mirada de horror enmarcaba sus ojos que apuntaba donde a la vuelta de la esquina se encontraba la puerta. Entonces los vio. Aquellos cuerpos bulbosos, con los apéndices metálicos entrando y saliendo de su cuerpo con un aullido de acero. Tan solo eran dos, pero esos eran suficientes. Miró por la ventana de nuevo, y allí, entre aquellas expresiones de pánico y horror vio los ojos brillantes, vidriosos y asustados de Chuck. Los mismos ojos que la habían mirado cuando llegó por primera vez al Claro. Aquella vez le había protegido, y entonces supo que lo haría de nuevo. Le merecía la pena hacer aquello por él; por cualquiera de los que allí se encontraban. Newt, Minho; sus amigos, lo único que podía perder.
Llegó antes que aquellos animales mecánicos que espiraban un olor agrio a aceite quemado que le revolvió las entrañas. Se plantó frente a la puerta y se quedó allí, esperando. Uno de ellos pasó a su lado y con una serie de crujidos comenzó a escalar por la pared, o eso intuyó, pues su vista estaba fijada en el lacerador que estaba frente a ella. De este se alzó una vara de metal con una sonda al final, moviéndose de arriba abajo, y Tesla tuvo la sensación de que aquel monstruo le estaba devolviendo la mirada. Era como si la estuviera inspeccionando, examinando; evaluando. Con un ruido de metal contra metal otro apéndice emergió de su gelatinoso, brillante y húmedo cuerpo. De esta salió una prolongación que se articuló sobre la anterior hasta parecer un brazo, aunque mucho más diferente. Una delgada aguja, tan fina como amenazante brilló a la tenue luz del cielo gris. Emergió desde la parte delantera del lacerador, y este la hizo bailar ante sus ojos, tentándola. Se movía muy cerca de su cara, de un lado a otro como si se riera de ella. Unas gotas de sudor la resbalaron por la frente. La aguja se acercó cada vez más, hasta estar a milímetros de su piel, apuntando a su frente con fría determinación. Tesla empezó a temblar. Un ruido de cristales y gritos desde el piso de arriba no la hicieron moverse del sitio. Al más mínimo movimiento aquella fina aguja se clavaría en su cabeza lo quisiera ella o no. Por el rabillo del ojo vio como el lacerador descendía de la Hacienda sobre la madera y al instante estuvo en su ángulo de visión. Llevaba algo en su interior. Un chico.
Y como si aquello hubiera sido una orden el lacerador frente a ella introdujo la aguja de nuevo en su interior y le siguió el paso. Después desaparecieron en el Laberinto.
[***]
Arriba se curó el corte. Su brazo estaba completamente manchado de sangre y el sudor escurría por su frente. Había pingajos en todas las habitaciones excepto en la que Alby se encontraba inconsciente con un notable golpe en la cabeza. Fue allí donde desinfectó la herida, pero no pudo hacer mucho más. Chuck la había puesto al tanto, después de haberla brindado tanto a cumplidos como a insultos por según él ser una fuca heroína. Según su relato se había desmayado el día anterior y, al no haber dado signos de ir a despertar Newt y algunos más la habían metido en el trullo para que no corriera peligro de si los laceradores volvían aquella noche.
-Aunque supongo que nadie te dijo que te mantuvieras alejada de esas cosas, ¿verdad?
Le contó que la chica había despertado, las puertas no se habían cerrado, un lacerador se había llevado a Gally, la sala de mapas había ardido y algunos corredores habían entrado en el Laberinto. Zart le había dado la hora, ya que los guardianes eran de los pocos que tenían reloj allí. Era casi media mañana. Cuando Chuck le dijo que no sabía donde estaba Newt casi le entraron ganas de golpearse la cabeza.
-Se llevó a unos cuantos chicos hace unas horas, algunos de ellos vienen a comprobar la situación cada cierto tiempo. Si han oído el alboroto no tardarán en venir –le había dicho recobrando su energía habitual, lo cual rompió el corazón de Tesla-. Ve a curarte eso, tiene una pinta asquerosa. Si vienen les diré que quieres hablar con ellos.
Se vendó el brazo y cortó las gasas con las tijeras. Decidió que era hora de hacer algo más con ellas. Movida por una decisión que no sabía muy bien de donde había sacado agarró su melena, que ahora le llegaba por la base del cuello y cortó de un solo trasquilón lo que en su opinión sobraba en su cabeza. Pidió a Chuck que mandara en su nombre poner a trabajar a todos, y para su sorpresa obedecieron a sus órdenes. Volvieron al trabajo, como si nada fuera mal. Después se dirigió a los baños de fuera, aún no había venido nadie. Abrió uno de los grifos y metió la cabeza bajo la corriente de agua, dejando que se llevara con ella la suciedad, el polvo y la sangre que estaba segura adornaban su cara. Con una bocanada de aire echó la cabeza hacia atrás y lo cerró. Para cuando quiso volver Chuck estaba hablando con un chico mayor de largo pelo negro. Chuck la señaló cuando esta se acercó a la puerta.
-Quiere que la lleves a ver a Newt.
El chico pareció ir a replicar, pero cuando la miró a los ojos pareció pensárselo mejor.
-Está bien, sígueme.
Se dirigieron a un cuartucho en la parte trasera de la Hacienda, y cuando Tesla empezaba a pensar que la estaba tomando el pelo este levantó una trampilla y unas escaleras aparecieron casi como sacadas de una historia de espías.
-El sótano es el lugar más seguro.
Entró antes que ella y esta le siguió los pasos tras aquella docena de escalones de dudosa estabilidad. Al final se encontró en una sala amplia que parecía mucho más pequeña debido a la sorprendente cantidad de artefactos y gente que había allí dentro. Debía medir tres metros cuadrados por lo menos. El chico la dejó allí mientras desaparecía tras dos clarianos. Después oyó una voz.
-¿Tesla? –Newt se acercaba hacia ella con el ceño fruncido-. Tesla que… -la miró de arriba abajo. Primero su vendaje sangrante en el brazo y después su pelo empapado-. ¿Qué demonios ha pasado? ¿Cómo has salido del Trullo?
Newt se respondió a sí mismo cuando en el otro brazo advirtió la piel amoratada que cubría prácticamente la parte lateral superior con un no muy saludable aspecto.
-Dime que no la has abierto a golpes.
Tesla zarandeó la cabeza, preguntándole qué debía haber hecho. La había dejado allí encerrada, asustada y sin saber qué demonios estaba ocurriendo; pero ahora la culpa era suya. Newt se pasó la mano por su pelo rubio y pareció calmarse.
-¿Estás bien? –preguntó en un tono de voz más suave-. ¿Qué ha pasado antes?
Tesla bloqueó ese pensamiento antes de recordarlo. Simplemente negó con la cabeza y señaló a los que trabajaban allí dentro.
[***]
Newt se lo había explicado todo antes de ponerla a ayudar. Ahora estaba en una de las mesas, con Newt frente a ella y la chica a un metro de ella, en otra mesa unida a la suya, formando un gran centro en la habitación. Estaban superponiendo los mapas fragmentados en silencio mientras las voces y el ruido de los escasos pocos más allí dentro inundaba la habitación.
Sé que puedes oírme
La voz sonó en su cabeza, demasiado suave y delicada como para ser aquella que la había estado atormentando aquellos últimos días. Entonces guiada por un razonamiento obvio al que llegó casi de inmediato se volvió a mirar a la chica, y se topó con unos cegadores ojos azules que la miraban fijamente. No dijeron nada, ni siquiera dentro de sus cabezas. Tesla ni siquiera sabía cómo funcionaba aquello ni quería saberlo. Sin embargo ya no la asustaba. Por algún extraño motivo saber que no era la única no solo en el Claro, si no en esa habitación hizo que le pareciera no más normal, pero sí menos siniestro.
No pareces sorprendida
Su rostro sereno apaciguó la tensión. Se sentía mejor pudiendo verle la cara. No supo cómo, ni por qué le resultó tan natural, pero la respondió con tal sencillez que ella misma se sorprendió.
Tu voz no es la primera que he oído dentro de mi cabeza desde que estoy aquí
Su voz. Aún le costaba pensar en ello. No había tenido tiempo de hacerlo y ahora que podía le resultaba demasiado irreal. Era más grave que la de ella, pero conservaba ese timbre característico de la voz femenina. Sintió un leve dolor de cabeza al hacerlo. La chica pareció fruncir las cejas, pero no hizo nada más.
Me llamo Teresa
Su voz sonó amigable, y Tesla sonrió sutilmente.
Tesla
Teresa le devolvió la sonrisa. Tesla desvió la mirada hacia Newt, como si tuviera miedo de que pudiera oírlas. Estaba concentrado. Sus manos se movían ágilmente sobre el papel y su frente estaba llena de surcos. Él alzó la vista, y sus miradas se encontraron. Al cabo de unos breves segundos cada uno volvió a fijar la vista en la mesa, concentrados en su tarea.
¿Te gusta?
Tesla casi pudo oírla sonreír, y cuando la miró de nuevo comprobó que no se había equivocado. Una pequeña sonrisa adornada sus gráciles rasgos y la miraba con unos amigables y brillantes ojos. La miró a ella y luego sus largas pestañas apuntaron a Newt; luego volvieron a ella. Ambas se miraron. Parecía algo tan normal, hablar de chicos con una chica de su edad. Una sensación de camaradería pareció unir sus pequeñas sonrisas mal encubiertas con un lazo invisible. Teresa la hacía sentir bien. La hacía sentir normal.
-¿Pasa algo?
La voz de Newt las hizo apartar la mirada la una de la otra y mirarle directamente a él, que con el ceño levemente fruncido y una expresión interrogante las miró a las dos en breves intervalos de tiempo.
-No –aseguró Teresa al tiempo que Tesla negaba con la cabeza.
Newt no pareció muy satisfecho con la respuesta, pero prefirió ignorarlo. O al menos eso parecía. Teresa y Tesla se miraron una vez más y reprimieron una risita antes de volver al trabajo.
[***]
-¿Has encontrado algo?
Tesla miro a Newt, pero no le preguntaba a ella. Estaba bordeando la mesa, caminando hacia Teresa que, con la vista en la mesa parecía increíblemente concentrada. Newt se puso a su lado, y Tesla pensó que tal vez y solo tal vez estaban muy cerca el uno del otro. Teresa se apartó el pelo de la cara y lo colocó tras su oreja. Su pelo negro brillaba a la luz de la lámpara que colgaba del techo e iluminaba por ella sola toda la habitación, así como su piel clara y sus refulgentes ojos azules. Tesla sintió una punzada en el estómago. La repentina cuestión de si ella se veía así de bien a pesar de estar echa un desastre como ella la asaltó sin motivo, y no pudo evitar notar otra punzada cuando ella misma se respondió a aquella pregunta con una negativa. Los miró a los dos, que hablaban el uno con el otro sin siquiera mirarse. Los observó, y sintió que no encajaba. Se miró la ropa, sucia y rota debido a los arañazos. Sus manos sin uñas estaban sucias y maltratadas, y su pelo caía en mechones aún húmedos sobre su cabeza, pegándose a su cara. No le hacía falta mirarse en un espejo para saber que su rostro no luciría tan bien como el de Teresa. La odió, pero no quería odiarla, y eso la hizo darse cuenta de que además de estar siendo irracional estaba siendo injusta. Aun así no pudo evitar que aquella desagradable sensación hormigueara en su estómago, un cosquilleo desagradable que la hizo coger aire con fuerza, intentando apaciguarlo.
-¿Y tu Tessie, has encontrado algo?
Tesla tuvo que girarse para asegurarse de que la estaba hablando a ella. Nunca la había llamado así. Una estúpida sensación de pequeña victoria personal frente a Teresa la asaltó de golpe, azotándola con un fugaz instante de felicidad que se desvaneció en cuanto fue consciente de lo increíblemente estúpida que estaba siendo. Se avergonzó de sí misma y después negó a la pregunta de Newt. Este se acercó hasta ella y miró por encima de su hombro, apoyándose en la mesa para no aplastarla. Ella volvió a negar mientras le mostraba los dibujos y él deslizó su mano hasta ellos, envolviéndola parcialmente y reduciendo el espacio entre ellos inevitablemente. Tesla se volvió hacia él lentamente sin siquiera saber porqué. El calor que emanaba su cuerpo la hacía sentirse cómoda y una sensación agradable le hizo cosquillas en los dedos de los pies. Su cara estaba a apenas unos milímetros, y cuando él inclino ligeramente la cabeza para mirarla el escaso espacio se redujo aún más.
- Sigue así.
Y dicho aquello se aparto de ella como si no hubiera sucedido nada. Tesla pensó que tal vez Newt no sentía aquellas cosas que ella sí cuando estaban el uno al lado del otro. Y a pesar de que aquella mañana casi la había besado de nuevo pensó que tal vez Newt solo disfrutaba de ese privilegio por el simple hecho de ser capaz de hacerlo. Al fin y al cabo, era la única chica. Y como si hubiera leído ese pensamiento la voz de Teresa sonó en su cabeza, como si quisiera recordarla que no era cierto.
¿Es siempre así de estúpido?
La voz de Teresa sonaba entre sorprendida y divertida.
¿Quieres que le golpee en la cara?
Tesla no pudo evitar sonreír. Antes de poder responder unos pies bajaron las escaleras. Thomas y Minho bajaban las escaleras.
-¿Habéis descubierto algo? –preguntó Newt con voz apresurada, rogando por una afirmativa.
-Sí –respondió Minho-. Que Tesla y el cara fuco de Thomas deben ser familia o algo así. Supongo que el complejo de héroe va en los genes.
Newt pestañeó.
-¿Qué dice este? –preguntó a Thomas, que fue a responder, pero Minho habló de nuevo.
-¿Nadie te lo ha dicho? –Ante el silencio de Newt este soltó una risa entrecortada que se esfumó como un suspiro-. Cuando los laceradores han venido esta noche se han llevado a Adam.
-Sí, eso ya me lo han dicho –le cortó Newt, impaciente.
Minho, no contento con que le cortaran con aquel tono prefirió soltarlo de golpe.
-¿Y no te han dicho que Tesla se ha plantado delante de un lacerador para proteger a todos los demás pingajos? Ahí arriba la tienen como una fuca jefa, ¿Quién te crees que los ha puesto a trabajar?
Newt pareció quedarse congelado. De espaldas a ella no podía ver su expresión, pero estaba segura de que no querría verla cuando se diera la vuelta. Y así fue. No dijo nada, solo suspiró pesadamente y fue a supervisar a los demás.
[***]
Estaba apoyada en la mesa, pensando en cualquier cosa cuando la voz de Teresa, que estaba hablando con Thomas unos pasos más allá resonó en su cabeza.
Vuélvete, tienes visita
Primero se volvió hacia la izquierda, donde Teresa estaba seria, pero al momento en que se miraron una sonrisa pícara curvó sus rosados labios. Entonces se volvió hacia el otro lado y se encontró con Minho parándose justo a su lado. La miró unos segundos y después soltó un suspiro que delataba una risa al tiempo que miraba hacia otro lado.
-Tesla, si algún día salimos de aquí quiero que te cases conmigo –le dijo con aquella sonrisa llena de un pequeño orgullo.
Minho realmente estaba orgulloso de lo que había hecho, aunque Tesla sabía que había pasado por alto su amenaza de encerrarla en el Trullo para siempre porque estaba aún más orgulloso del hecho de que hubiera sido capaz de echar la puerta abajo. En serio, realmente estaba encantado con la historia.
-Lo digo en serio.
Tesla y Minho se miraron el uno a otro con unas sutiles sonrisas, al menos ella. A Minho nunca le suponía ningún problema mostrarla, y aquella vez no estaba siendo una excepción.
-Además con estas heridas y este pelo mojado estás más sexy que de costumbre –la mirada que le echó no dejaba lugar a dudas de que lo decía completamente en serio, y Tesla empezaba a sentirse abrumada-. Si sigues sonriendo así no vas a arreglarlo. Aunque ya sabes que te prefiero cuando estás enfadada. Deberías poner la cara que tiene Newt ahora mismo.
Ambos rieron antes de ser interrumpidos.
-¿Por qué no cerráis la fuca boca y hacéis algo útil en vez de estar ahí riéndoos como dos puñeteros gilipullos?
La voz de Newt, dura y severa les llegó desde el otro lado de la mesa. Ambos se volvieron, y mientras que Tesla solo se limitó a mirar hacia otro lado Minho sonrió, incrédulo.
-¿Hacer algo? –Preguntó retóricamente, rodeando la mesa a paso lento al tiempo que hablaba-. ¿Salir al laberinto no es nada? ¿Qué me dices de sacrificarse y proteger a los pingajos de ahí arriba que ni siquiera saben lo que está pasando?
Newt le plantó cara sin cambiar su gélida expresión indiferente. Echando los hombros hacia atrás y acercándose a Minho a una distancia que no avecinaba nada bueno.
-Que yo sepa no habéis averiguado nada nuevo, y si Tesla ha decidido morir por un puñado de chavales a los que no conoce es porque es una maldita imbécil. No ha dado más que problemas desde que llegó. Que no os extrañe si al final descubrimos que todo esto es culpa suya.
Tesla se quedó callada, casi inmóvil. Sus articulaciones no habrían respondido aunque ella hubiera querido. Todo el mundo estaba pendiente, aun pretendiendo disimular. Estaba tan consternada que apenas se dio cuenta cuando Minho empujó a Newt, haciéndole chochar con algunas cajas que había detrás suya.
-¿A ti que foño te pasa? –preguntó esta vez levantando la voz.
Newt se incorporó. Minho le había golpeado realmente fuerte, pero no hubo pizca de arrepentimiento en su rostro.
-¿Qué te pasa a ti? –Dijo subiendo la voz hasta el mismo nivel que Minho-. ¡El mundo se derrumba y tu estas ahí ligando!
Entonces el rostro de Minho se suavizó y, con voz más calmada pero igual de amenazante dijo:
-Con que es eso, ¿eh? –una sonrisa desafiante asomó entre sus labios, como si ambos supieran de lo que estaban hablando sin necesidad de decirlo en voz alta-. ¿Ese es tu problema?
Los nudillos de Newt estaban blancos y su respiración era profunda y agitada. Miró a Tesla durante unos segundos y después se volvió hacia él. El furor brilló en sus ojos antes de hablar de nuevo.
-Mi problema es que estoy harto de hacer de niñera. ¿La quieres? –se volvió hacia Tesla una vez más, pero Minho no lo hizo-. Toda tuya.
Se encaminó hacia las escaleras. Ya no estaba colérico, ni crispado. Sonaba cansado, y su indiferencia en aquella última frase dejó a más de uno con la sangre helada. Antes de subir las escaleras del todo le oyeron decir:
-Cuida de tu puñetera novia tú mismo.
