10. Buenos vecinos
Muy pronto supieron los X-Men cómo hacía Mystique para trasladarse tan rápido hasta la Academia. Resultó ser que, ansioso por disfrutar de los servicios —y el delicioso té— del señor Willoughby tanto como se pudiera, Magneto usó sus increíbles poderes para trasladar, en una noche, toda la finca que ocupaban hasta un lugar cercano a los terrenos de la Academia, quedando como vecinos de Xavier y su equipo. A decir verdad, eso fue lo más acertado que pudo haber decidido el mutante amo del magnetismo. Ahora, la nueva ubicación de la finca facilitaba el acercamiento de los mutantes de ambos grupos, quienes se mantenían en paz y armonía gracias a la siempre efectiva disciplina impuesta por el fiel mayordomo.
Y bueno, ¿qué más se puede decir?
Hoy día, Magneto convive más con sus hijos, quienes se han vuelto algo más tranquilos y menos rebeldes, la cuarteta compuesta por Storm, Jean Grey, Cyclops y Wolverine se ha vuelto bastante unida, al grado de comenzar a salir en grupo y tener citas bastante divertidas. Kitty Pryde y su flamante novio Kenneth también la pasan fantástico, saliendo en compañía de Rogue y su novio Bobby, mejor conocido como Iceman. El profesor Xavier, al igual que el doctor McCoy, están felices de tener la Academia bajo control, con los alumnos contentos y disciplinados recomendándola a cuanto joven mutante conocen.
Finalmente Kurt, o Nightcrawler; ha vuelto a llevarse bien con su madre Mystique, en buena parte gracias a la relación que comenzara la metamorfaga con el atento mayordomo la cual, aunque no lo pareciera a simple vista, era bastante más "cariñosa" de lo que ambos dejaban ver. Mystique aprendió que, si era paciente, podía tener para ella sola un lado del señor Willoughby que, definitivamente, nadie conocía.
Incluso el mayordomo consintió el que su hija y nieto vinieran a vivir con él en la Academia, donde ella resultó ser una buena maestra de etiqueta y buenas costumbres mutantes entre los humanos, facilitando la integración de los primeros en sociedad y fomentando que los otros los aceptaran sin temor.
Ahora los encontramos en un día cualquiera en la Academia, donde las prácticas de batalla siguen impartiéndose aunque de una manera un poco modificada. El nuevo profesor es ahora ni más ni menos que el señor Willoughby, cuya clase tiene una alta demanda sobre todo entre la asistencia femenina del colegio. En este momento tenemos a Jean, Storm, Kitty, Rogue y hasta Mystique y Emma Frost, a punto de ingresar a las provechosas prácticas del distinguido mayordomo.
— Espero que estas clases sean como me las "pintaste" Mystique — comenta Emma Frost en la fila —. Sabes que me desagrada perder el tiempo.
— Bueno Frost, tendrás que juzgarlo por ti misma — contesta la mutante azul —. Yo las he tomado en solitario, y la verdad, me parecen fabulosas.
— Ash, la "suertuda" ha hablado — replica Kitty en tono de broma —. Claro, tú tienes al señor Willoughby comiendo de la mano…
— ¡Bueno, bueno, paren eso chicas! — intenta imponerse Storm —. Recuerden que en la clase colectiva, nadie tiene ventajas sobre nadie. Ya saben que el señor Willoughby gusta de que todas aprendamos lo mismo, y no deja que nadie se retrase.
— Sí, es verdad — interviene Jean Grey —. Y me gusta que siempre hay algo nuevo qué aprender.
— Así es — comenta Rogue —. Por ejemplo, hoy tenemos taller de defensa personal con uso mínimo de poder mutante. Ya saben, nunca falta el tonto que quiere propasarse con una inocente como nosotras.
Las demás callaron, y miraron significativamente a Rogue, mientras ella se ponía de todos colores. Algunas risitas después, eran recibidas por el señor Willoughby.
— Buen día a todas, distinguidas señoritas. Como saben, hoy tendremos clase de defensa personal para damas, sin usar poderes mutantes. Y tengo el gusto de presentarles a los gentiles caballeros que nos apoyarán durante la misma, fungiendo como maleantes, acechadores, asesinos, secuestradores, ladrones…
— Ejem… Willy, creo que ya comprendieron tu punto — lo ataja Logan, algo sonrojado.
— Bueno, en tal caso señor, me permito solicitarle a usted y sus acompañantes que ingresen al salón de prácticas — contesta el mayordomo sin perder la compostura —. Les ruego comiencen a planear algunas estrategias, las cuales por supuesto no será escuchadas por nosotros, para así tener una clase enriquecida de conocimientos nuevos.
— Ok Willy, como digas — replica el mutante de las navajas —. Espero no portarme muy "rudo" para tu clase.
Así diciendo, Logan entra al salón, seguido por Kurt, Scott, McCoy, Colossus e incluso Toad, Sabretooth y Quicksilver. Todos van riendo discretamente, haciendo planes sobre cómo le ganarán al equipo de Willoughby.
— Muy bien, estimadas pupilas — dice el mayordomo a las chicas —, ahora, el siguiente paso es la elección de sus herramientas de defensa. Helas aquí.
De alguna parte, Willoughby ha sacado una pequeña charola cubierta, destapándola en ese momento para revelar su contenido. Todas se asombran al ver que deberán defenderse con los utensilios más comunes que pudieran haberse imaginado, como una revista de modas, algunas horquillas para el cabello, un lápiz labial, algunos pañuelos y pañoletas de seda, pinceles para maquillaje, un cepillo de dientes, un rizador de pestañas y, por supuesto, palillos mondadientes.
— ¿Vamos a defendernos… con eso? — pregunta Emma Frost, escéptica.
— Oh, mil disculpas — dice el sirviente, retirando los mondadientes —. Éstos son para nivel avanzado.
Frost se queda impávida, sin creer que el cepillo de dientes que le ha tocado sirva para defenderse de un ataque sin utilizar sus poderes mutantes. Mystique se encarga entonces de animarla.
— Vamos Frost. Parece poco, pero te aseguro que te ha tocado la mejor "arma". Ya verás.
Más tarde, encontramos al profesor Charles Xavier en su oficina, jugando una partida de ajedrez nada menos que con Magneto. Ambos se ven relajados, concentrados en su juego, y disfrutando del exquisito té que para tal efecto les ha preparado el señor Willoughby.
— Aahh… Esto es vida Charles — comenta Magneto contento —. No sé por qué rayos insistíamos en estar en pie de guerra, teniendo tantas buenas cosas aquí mismo, en casa.
— Estoy de acuerdo Eric — secunda el profesor —. Me reconforta saber que piensas así.
— Bueno, no del todo, ya lo sabes. Todavía me desagradan en parte los humanos normales, sobre todo los que nos menosprecian.
— Lo sé, amigo mío. Y espero que llegue el día en que eso también cambie.
— Quién sabe Charles, quién sabe… Si al menos hubiera algunos miles más como Willoughby…
— Te entiendo Eric. Yo también quisiera que hubiera…
El profesor calla cuando escucha un pequeño alboroto en el corredor. Excusándose con su invitado, avanza hacia la entrada mientras abre la puerta con su poder mental, y ambos se asombran al ver un desfile muy peculiar. Por el pasillo van avanzando dificultosamente el grupo de caballeros que antes ayudara con la clase de defensa personal, ayudados por las chicas que recibieran la clase por parte del mayordomo. Kurt va saltando y cayendo cada tres pasos, enredado en las pañoletas; en tanto que Scott avanza dando tumbos y chocando con las paredes, con sus gafas especiales pintadas de carmín para labios; el doctor McCoy casi ni se mueve, pues su pelaje está rizado con las horquillas de forma tan apretada que no le permite andar; Quicksilver se va masajeando un enorme chichón en la frente, mientras camina descalzo, con sus zapatos deportivos anudados. Así continúan todos, entre las risitas discretas de las mujeres, mientras van a donde puedan reponerse.
— ¿Eso fue lo que quedó de la clase de defensa personal? — pregunta Magneto, asombrado.
— Casi — responde el profesor, acostumbrado a lo que miran —. Todavía falta… Ah, ya vienen.
Por el pasillo, mascullando improperios inaudibles, viene Wolverine, caminando de forma extraña apoyado en Storm, quien va aguantando la risa. Tras ellos, viene una emocionada Emma Frost comentando algo con Mystique.
— ¿No te lo dije Frost? — le pregunta la mutante azul — ¿Ves cómo te tocó la mejor "arma"?
— ¡Sí, y qué buena clase! — dice con entusiasmo la mutante rubia — Te lo juro Mystique, nunca me hubiera imaginado que un cepillo de dientes sirviera para…
— ¡Muy graciosa Frost! — interrumpe Logan — ¡Muy graciosa! ¡En la siguiente clase me las pagas!
Magneto y el profesor están a punto de reírse también, pero guardan silencio cuando el maestro de defensa, es decir el señor Willoughby, hace su aparición portando una bandeja donde lleva lo que queda de las "armas" utilizadas en clase. Como siempre, él es el único que lleva su uniforme impecable, sin rastro alguno de lo que acaba de pasar en el salón de prácticas.
— ¡Ah, señor Willoughby! — saluda Magneto con cordialidad — ¿Cómo le ha ido con sus alumnos?
— Un desempeño excelente, señor — contesta el sirviente con orgullo —. Solamente pienso que será necesario adquirir más mondadientes. Con su permiso.
— ¿Más mondadientes? — se preguntan ambos. La respuesta aparece pronto ante ellos.
Andando con mucha dificultad, con pasos lentos y dudosos aún más extraños que los de Logan, van apoyándose Colossus, Toad y Sabretooth. Toad es el único que aún lleva un trozo de palillo pinchándole la lengua.
FIN
