Muchas gracias por los comentarios que me dejasteis, tanto por aquí como por twitter, del capítulo anterior. Me alegra saber que os gusta lo que escribo, no dejéis de comentar!

Durante la noche, el bebé se había despertado en un par de ocasiones, llorando. Una porque tenía hambre y la otra porque le dolía el estómago. Según las enfermeras era normal en los primeros días, ya que su cuerpo se estaba adaptando todavía.

Por la mañana, unas enfermeras le trajeron el desayuno a Kate. Castle, por su parte, bajó a la cafetería a por un café. Cuando volvió a la habitación llevaba un ramo de flores precioso en una mano y en la otra, un gatito pequeño de peluche.

Puso el peluche junto a Jaime en la cuna y se sentó en el borde de la cama, junto a Kate.

-Te habría escrito una nota – le dijo mientras le entregaba el ramo de flores – pero como no lo había planeado… te lo diré a la cara – ella sonrío, un poco sonrojada – Gracias por darme este regalo tan bonito – dijo señalando a su hijo.

-Siempre – contestó ella.

Kate dejó el ramo en la mesilla, para que Castle pudiese inclinarse a besarla.

-Así está mejor, sin la enorme barriga en medio – bromeó Castle.

-Sí. Ya lo echaba de menos – Tenían las frentes pegadas y ambos estaban riéndose, cuando llegaron las primeras visitas.

-Buenos días – dijo Espósito con voz de dibujo animado, saludando desde la puerta con un Oso de peluche más grande que él. El oso llevaba un chaleco azul en el que ponía: policía. Espósito se dio cuenta de que Kate estaba leyendo el chaleco y entonces le dio la vuelta, al otro lado ponía: escritor.

-Vaya. No le falta detalle – comentó Beckett.

Tras Espósito entraron Ryan y Lanie. Ryan llevaba un ramo de flores.

-¡Enhorabuena cariño! – gritó Lanie, al ver a su amiga. Se acercó a la cama y ambas se fundieron en un abrazo - ¡A ver esta preciosidad! – dijo, acercándose a la cuna – Oh…. Mi amor, eres precioso. Es precioso – dijo ahora mirando en dirección a su amiga.

-A ver cuándo os ponéis vosotros – dijo Castle, refiriéndose a Espósito y Lanie.

Lanie le dirigió una mirada asesina al escritor.

-No he dicho nada, no he dicho nada – se defendió éste. Espo sacudió la cabeza.

-¿Cómo te encuentras tú Beckett? – dijo Ryan, dejando el ramo que le habían llevado encima de la mesita, al lado del que le había llevado Castle.

-Muy bien – añadió Beckett y antes de que pudiese continuar, alguien le interrumpió desde la puerta.

-Con razón me falta media plantilla en la Comisaría – Era la Capitana Gates.

-¡Capitán! – dijo Castle – Que alegría verla.

-Tendré que asegurarme de que mi mejor detective se encuentra bien.

Sin que le viese Gates, Castle se burló de Espósito y Ryan.

-Gracias señor. Estoy bien. Espero poder reincorporarme pronto.

-Yo también lo espero, pero deberás tomarte los tres meses de baja maternal que te corresponden. Hasta entonces, disfrute de su hijo todo lo que pueda.

Lanie, que había cogido al bebé, se lo colocó en brazos a su madre. Solo entonces la Capitana Gates dejó entrever una sonrisa de ternura, que pocas veces, por no decir nunca, dejaba asomar.

-Bueno, Detective, solo me pasaba a saludarla. Tengo que volver a la comisaría. ¿Y vosotros dos, no tenéis asesinatos que resolver? – dijo, dirigiéndose hacia Ryan y Espósito.

-Pues… - Espo iba a decir que no, pero con la mirada de Gates no se atrevió – claro. Ahora mismo vamos.

Castle les echó una mirada de compasión y pronunció con los labios la palabra: suerte. Lanie, también tenía que volver al trabajo, así que se despidió de su amiga y de Castle y se marchó.

Rick se acercó a la ventana, estirando todas sus articulaciones. Le dolían de haber pasado la noche en aquel incómodo sofá.

-Deberías ir a casa a descansar un poco.

-No quiero dejarte sola – Kate no se negó porque realmente no estaba segura de poder cuidar ella sola al bebé. Apenas podía levantarse para ir al baño. Así que decidió esperar a las próximas visitas, así Castle podría ir a cambiarse de ropa y descansar un poco y ella no tendría que quedarse sola.

Éstas no se hicieron mucho de rogar. Media hora después llegaron Martha y Alexis. Martha llevaba una caja de bombones en la mano y Alexis un paquete forrado en papel de regalo.

-¡Hola, queridos! ¿Qué tal ha pasado la noche el bebé? – Dijo Martha. A Kate le encantaba aquella mujer, siempre desprendiendo energía positiva.

-Bueno, digamos que…. Es un poco llorón, pero nos ha dejado descansar lo suficiente – dijo Castle.

-No tanto como su padre – se burló Beckett.

Martha se acercó a ver a su nieto, mientras Alexis le entregaba el paquete a su padre. Era un libro, cuando lo abrió, frunció el ceño y le mostró la portada a Kate que leyó el título en voz alta:

-Cómo ser un buen padre.

Todos comenzaron a reírse, menos Castle, que hizo un comentario sarcástico:

-Ja, ja.

-Castle, deberías ir a casa, aprovechando que ya no estoy sola.

-Claro, querido – dijo Martha – ve tranquilo. Alexis y yo nos quedamos aquí.

-¿Tú no deberías estar en clase? – Preguntó Castle a Alexis, en tono acusador.

-Iré más tarde. No se tiene un hermano todos los días papá.

Castle se despidió y se marchó a casa. Poco después, el bebé comenzó a llorar.

-Creo que tiene hambre – dijo Kate, que ya comenzaba a distinguir el llanto de su bebé.

Alexis, que estaba con él en brazos se lo puso a Kate en el regazo. Jaime hizo un gesto muy gracioso con la boca que las hizo reír a las tres.

-¡Ese mismo gesto lo hacía Richard! ¡El mismo! – dijo Martha, orgullosa.

Beckett sonrió al saber que su hijo había adquirido costumbres de su padre, pero en ese momento sintió una oleada de tristeza al saber que ella no podría tener esa clase de recuerdos por parte de su madre.

-¿La echas de menos, verdad? – le dijo Martha, que no se le escapaba ni una.

-Sí – dijo Kate, con una sonrisa de tristeza.

-Puedes hablar de ello, si quieres. No te sientas incómoda.

La Detective se lo pensó por unos segundos, pero se dio cuenta de que ya no le importaba hablar del tema. Ya no era algo que guardarse para ella sola. Eso se lo debía a Castle.

-Desearía que estuviese aquí, sobre todo ahora, para que me contase cómo fue cuando yo nací, su experiencia como madre – se quedó callada unos segundos –Y sobre todo tenerla a mi lado – concluyó, mirando a su bebé que estaba comiendo.

Martha le puso una mano en el hombro.

-En el fondo, creo que te comprendo un poco – dijo Alexis, que hasta entonces había estado callada, sentada en el sillón del dormitorio – Quiero decir… yo sí que tengo madre, pero nunca ha estado ahí, he crecido sin ella y aunque mi padre y mi abuela siempre han estado ahí – dijo sonriendo, mirando a Martha – ha habido momentos en los que me habría gustado tener una madre.

Beckett se sorprendió por las palabras de Alexis a la vez que le halagaba que la hija de Castle tuviese la confianza suficiente como para hablar algo así con ella.

-Bueno, yo no soy tu madre, pero… estoy aquí – le dijo a Alexis.

-Lo sé – contestó ella, sonriendo.

De repente Kate empezó a tener calor, quizás estaba un poco agobiada por las visitas aquella mañana y por no poder levantarse de la cama.

-¿Puedes abrir un poco la ventana, Martha?

-Oh, claro. La habitación está un poco sobrecargada.

Kate cogió el neceser que tenía en la mesilla, buscando una goma para el pelo, pero no encontró ninguna, debía haberse olvidado de meterlas en el neceser.

-¿Necesitas algo? – le dijo Alexis, al ver que Kate no encontraba lo que buscaba.

-¿Tienes una goma para el pelo?

Alexis se miró ambas muñecas, alegrándose de llevar una en la mano derecha.

-Si quieres te puedo hacer una trenza – dijo Alexis señalando al bebé en brazos de su madre – parece muy a gusto durmiendo ahora.

Alexis comenzó a hacerle una trenza a Kate, pero recogerse el pelo no era suficiente, estaba empezando a tener cada vez más calor. Instantes después notó que comenzaba a marearse.

-Martha coge al niño, cógelo – Martha, sin comprender muy bien lo qué ocurría se apresuró a coger a su nieto en brazos.

-¡Llama a una enfermera! – le dijo Martha a Alexis. Ésta salió corriendo al pasillo buscando una enfermera.


Al parecer, Beckett había sufrido un desmayo debido a una bajada de tensión. Después de hacerle algunas pruebas y ver que estaba todo bien, las enfermeras le recomendaron dormir un rato para así descansar. La noche anterior había sido larga y había perdido mucha sangre en el parto, era normal que se sintiese debilitada.

-No aviséis a Castle por favor, estoy bien y si se lo decís se empeñará en venir y no descansará.

Alexis se fue a clase y Martha se quedó cuidando al bebé. Ambas prometieron no avisar a Castle, aunque éste ya estaba de camino al hospital, después de darse una ducha y haber almorzado algo, no le apetecía estar en casa separado de Kate y de su hijo.

Cuando llegó a la habitación, Kate acababa de quedarse dormida.

-¿Qué tal están? – le preguntó Rick a su madre, susurrando.

Martha le contó lo que le había ocurrido a Kate.

-¿Por qué no me has llamado? – dijo él, cabreado.

-Ella insistió, es tan cabezota como tú. Dijo que debías descansar, cosa que es cierta y no has hecho.

-Quería estar con ellos – se excusó Rick - Acaba de nacer y ya me cuesta separarme de él.