Capítulo 8 – Parte 2 (POR FAVOR, LEAN LA NOTA AL PIE DE PÁGINA. ES LARGA PERO NECESITO EXPLICAR ALGUNAS COSAS).

El año anterior a ese, Charlie me había llevado a pescar (creyendo que esa actividad podría fortalecer el pequeño lazo entre nosotros). Él había pensado que íbamos a pasarlo de maravillas y que yo iba a divertirme mucho… La verdad, es que había sucedido todo lo contrario. En cuanto él se había subido al bote que habíamos alquilado, yo había tomado su lata con carnada y había soltado a las lombrices en el lodo, pensando que sin ellas no podríamos pescar y regresaríamos a casa temprano. Lamentablemente la jugarreta me había salido muy mal, y el pobre hombre se la había pasado horas intentando rescatar los gusanos fugitivos y preguntándose a sí mismo cómo había sido posible que se hubieran liberado por sí solos.

Una espantosa sensación había invadido mi cuerpo cuando me había dado cuenta de que debía confesar mi crimen, unos nervios horribles me habían recorrido todo el cuerpo mezclados con el miedo a que algo malo sucediera. Nunca, ni antes ni después me había sentido igual de nerviosa…

Claro… Hasta ese momento.

Encontrar la casa de los Cullen era más sencillo de lo que parecía. A pesar de estar escondida entre los árboles del bosque, la impresionante estructura de metal y acero se imponía en el horizonte y destacaba con respecto a cualquier otro edificio del pueblo. Era como la casa de Stuart Little… A pesar de no ser de la familia, cualquier persona la hallaría con facilidad.

Y en medio de tanta belleza y modernismo juntos, mi pobre, antigua, destartalada y fea camioneta rompía con toda la armonía. Había aparcado hacía algunos minutos atrás y me había bajado de ella casi corriendo, sintiendo una corriente de adrenalina y valentía fluyendo por mis venas… Sentimientos que habían desaparecido en cuanto mi mano había golpeado la altísima puerta de roble de la mansión.

Luego de hacerlo había sentido unas ganas impresionantes de salir corriendo de allí y huir, aunque mi pobre monovolumen muriera en el intento, pero para mi sorpresa nadie había respondido a mi llamado. Eso era extraño, pero suponía que teniendo una casa tan gigantesca le costaría a los Cullen llegar hasta la entrada. Todo lo contrario a mi humilde morada.

Sin embargo los minutos habían pasado, el frio era cada vez más insoportable y nadie había abierto la puerta. La situación ya no era rara, era irritante, y me molestaba el hecho de que hubiera gastado tanto combustible para llegar allí… Me molestaba el hecho de que Edward hubiese jugado conmigo una vez más.

Suspiré y una nube de vapor salió de mi boca… Eso era absurdo. Tenía cosas mejores que hacer y no ganaría nada bueno perdiendo mi tiempo allí. Decidí que golpearía una vez más y si nadie atendía eso sería todo. Bloquearía el número de Cullen para que jamás pudiese volver a llamarme y si regresaba a la escuela lo ignoraría olímpicamente. Inclusive bajaría mi promedio en Biología, con tal de que el profesor Banner me quitara el puesto de tutora de Edward.

Pero entonces, cuando ya estaba a punto de darme la vuelta para regresar a mi camioneta, el sonido de un picaporte girando invadió mis oídos y un segundo después, la puerta abriéndose llamó mi atención.

Y si había creído que lo más sorprendente de esa tarde era que el enorme portón finalmente se abriera, había estado muy equivocada.

Edward estaba frente a mí… Con su cabeza aun vendada y sentado en una estúpida silla de ruedas, luciendo peor que nunca.

Juro que mi estómago se revolvió ante esa imagen, no porque sintiera pena por él, sino porque aún no podía creer lo que estaba sucediendo. Parecía como si fuera un sueño… Una pesadilla mejor dicho, y seguía esperando despertar con cada segundo que pasaba, sintiéndome horrible al darme cuenta de que la burbuja nunca estallaría y que lo que ya estaba arruinado seguiría así por siempre.

-Disculpa la tardanza, no es fácil bajar las escaleras en esto.

¡Mierda! ¿Él había bajado los tres pisos de la casa por la escalera? ¿Con la maldita silla de ruedas? Debía de tener una fuerza enorme para soportar semejante peso.

"Por supuesto, idiota… era mariscal de campo", se burló mi conciencia mientras yo le rodaba los ojos en respuesta. El hecho de estar hablando conmigo misma me asustaba, pero más me aterraba el haber pensado en Edward y en sus músculos… Lo odiaba…. O-D-I-A-B-A, y eso no cambiaría, debería de recordarlo.

-No hay problema, la vista aquí es buena, tuve con que entretenerme, le contesté señalando el imponente atardecer que se encontraba a mis espaldas, con el sol brillando en el Pacífico, entregando sus últimos rayos de luz del día con felicidad.

Edward sonrió torcidamente y se hizo a un lado, invitándome a pasar. Su rostro aún seguía paralizado, y una puntada de dolor me molestó al darme cuenta de que todo seguía igual de mal que antes, con la diferencia de que los problemas se habían trasladado desde el Hospital hacia su casa.

-.-.-

Si la fachada de la mansión era impresionante, decir que la sala de estar era hermosa significaba quedarme corta. Esa gente tenía un gusto excelente en decoración, y estaba segura que de poder redecorar mi pequeña casita lo haría con un estilo muy similar al de aquel lugar.

De momento me encontraba sentada en un enorme sofá de color chocolate, calentando mis manos con las llamas de la chimenea que estaba a mi lado. Adoraba el marrón; en ese lugar donde todo era verde y frío sentir un poco de calidez siempre era bienvenido. Edward, quien se encontraba justo frente a mí, también observaba la hoguera con la diferencia de que su mirada no era de tranquilidad como la mía, sino que tenía un brillo venenoso y triste en sus ojos.

Lo observé de reojo y suspiré… Nunca me habría imaginado que fuera tan tímido de invitarme a su casa a solucionar los problemas y no hablar al respecto. Había tenido la ilusión de que sacaría de esa charla todo lo que necesitaba para responder mis dudas, pero al parecer tendría que ser yo quien diera el primer paso si quería irme de allí en paz conmigo misma.

-¿No están tus padres?

-Espero que no, dijo con un tono frío y cortante. Al parecer, él agradecía que los Cullen lo hubiesen dejado solo y, honestamente, yo también lo hacía. Era mucho más sencillo hablar con él sin la constante presión de esos extraños señores.

-¿Se enteraron de tu engaño? Quiero decir… lo de no hablar…

-Tuve que decir la verdad luego de que Esme te viera salir corriendo de la habitación. Planeaba seguir con lo mío pero ella me liquidó la cabeza con preguntas tales como: ¿Qué le hiciste? ¿Por qué eres tan malo? Y bla, bla, bla, contestó moviendo su mano derecha, como si quisiera quitarle importancia al asunto. Se veía muy tierno actuando de esa forma, como si estuviera sano y nada malo hubiera pasado. Es más, estaba segura de que si cerraba los ojos y no observaba su paralizada boca creería que todo en su rostro estaba bien… Solo que, para su desgracia, nada en él estaba correcto. –Con respecto a eso, lo siento mucho… Mierda, estoy muy arrepentido. Es solo que…

-¿Qué? ¿Es solo que tratas a todas las mujeres de esa forma o debo sentir el honor de ser la única a la que le dices mosca muerta?

-Yo no he dicho mosca muerta, dijo defendiéndose a sí mismo, pero en cuanto vio como rodaba mis ojos ante sus palabras suspiró y decidió continuar con su relato. –Es solo que tú no eras así conmigo… Nunca me trataste bien, es más, cada vez que me observabas podía ver odio burbujeando en tus ojos… Y de repente estabas allí, portándote bien y preocupándote por mí… Estoy confundido, no sé qué pensar.

-He sido malvada contigo, solo un poco, le dije sin querer sonar como una autentica bruja (aunque en el fondo de mi corazón sabía que justo así era como él me veía). –Pero luego de lo que pasó… Después de haber visto lo mal que estabas y lo solo que te dejaron todos, sentí… Sentí en mí la necesidad de apoyarte… Y prestarte la atención que mereces, que otros te negaron.

Edward levantó sus brillantes ojos del fuego y los clavó en mí, con una mueca que no supe interpretar del todo bien. Lucía agradecido, pero muy derrotado a la vez. Estaba segura de que estaba librando una batalla muy dura en su interior.

-Bella… No quiero que estén conmigo porque sientes pena de mí, no quiero tu compasión.

Mierda… ¿Por qué era tan difícil hablar con él sin sentirme frustrada o enojada? ¿Por qué había creído que estaba con él porque me daba lástima? Si tan solo supiera que mi cuerpo me pedía estar a su lado, aunque mi cabeza dijera lo contrario. No podía evitarlo, sentía una extraña necesidad de darle mi hombro si quería llorar…

-Edward, no siento lástima por ti. Te admiro… Y vaya, nunca pensé que pudiera sentir admiración por alguien más que por mí misma, pero lo confieso… Tu fuerza de voluntad es increíble, hace una semana estabas internado al borde de la muerte y ahora estás aquí, intentando avanzar con esto y salir adelante… Lo que menos siento por ti es pena.

-No es justo que me digas esas cosas después de que yo te traté tan mal, me siento como el villano aquí… ¡Y esa eres tú!, dijo haciéndome reír, quitándole tensión al momento. Sabía que mis palabras lo habían conmovido… Las lágrimas en sus ojos lo delataban.

-Lo sé, y lamento haber sido tan odiosa… Pensaba que eras alguien pero luego de haber pasado estos días contigo siento que estuve muy equivocada… No eres malo, Edward, y lo que te dije en el Hospital es muy cierto. Voy a ayudarte, sé que juntos podremos salir adelante. Vas a regresar a la escuela, y llevarás una vida tan normal como la que tenías antes, me preocuparé porque así sea.

Una sonrisa muy triste cruzó por su rostro y bajó su mirada, rompiendo mi corazón en dos. Sentía unas inmensas ganas de levantarme de mi asiento y correr a abrazarlo, a pesar de odiarlo claro…

-Nada volverá a ser lo mismo.

Sabía a qué se refería… Sabía que él había pensado en eso y había considerado las opciones… No podría volver a hacer deportes, le costaría el doble desempeñarse en las asignaturas, y lo peor de todo, sería horrible para él regresar a un lugar donde siempre fue el centro de atención, siendo el blanco de constantes preguntas que solo le traerían más dolor y le recordarían lo que le había sucedido. Sería terrible al principio, lo sabía… Pero juntos podríamos contra todos ellos.

-Claro que no, ahora prometo hablarte de vez en cuando…

-Oh, al fin… Ahora podré decirles a mis amigos que la cerebrito Swan cayó ante mis encantos, contestó recuperando la alegría y sonriéndome de una forma encantadora… Mierda… ¿Yo había dicho que la sonrisa de Edward era encantadora? ¿Qué carajos estaba pasando allí?

Intenté olvidarme de ese pensamiento lo más rápido que había podido, y decidí aprovechar sus palabras para responder una de las dudas existenciales por las que había ido hasta ese lugar. Afuera comenzaba a anochecer y debía de sacarle el jugo al poco tiempo que me quedaba.

-Hablando de hablar de mí… Me gustaría saber una cosa.

-Dime pequeña.

¡QUE DEMONIOOS! ¡QUE – DE – MO- NIOS! ¿Me había dicho pequeña? Mi corazón desbocado amenaza con salir volando de mi pecho y estamparse contra el techo del lugar.

"Por favor no, Charlie morirá si tú te mueres"

Suspiré intentando olvidar aquello último y seguí adelante con lo mío, a fin de cuentas era para eso por lo que estaba allí.

-Tus padres me conocían bien, yo diría más que bien… Carlisle dijo que tú les habías hablado mucho de mí. ¿A qué se refería?

Edward abrió los ojos enormemente y me observó muy sorprendido por lo que le había dicho. Estaba segura de que él jamás habría esperado que le hiciera una pregunta como esa, lo había encontrado con la guardia baja y lo estaba gozando. Miró distraídamente hacia el suelo mientras sus mejillas se tornaban rosadas y apretó sus labios con indecisión, sin saber que responder realmente. Se veía tan vulnerable que hasta resultaba gracioso.

-En realidad… Bueno, pues… La cosa es que… Los Cullen vieron mi boletín de calificaciones, y se preguntaron cómo había hecho para pasar de un 1 a un 8 en tan poco tiempo. Les dije que tenía una tutora, y ellos me dijeron "¿Quién es?", y les dije "Bella Swan", y eso fue todo.

Cuando terminó de hablar un silencio incómodo se instaló entre los dos, y unos segundos después rompí a reír alocadamente. Esa había sido la mentira más dulce y absurda de todas…. Sentía que mi estómago iba a explotar de tantas carcajadas. El pobre chico no había tenido tiempo ni siquiera de inventar una buena excusa, y eso había hecho que mi intriga aumentará aún más. Estaba segura que eso no era lo único que él había dicho sobre mí, pero sus mejilla sestaban rojas como tomates asique decidí dejarlo allí, para evitarle más vergüenzas.

-Vale, vale… Supondremos que te creo, le dije aun riendo y luego suspiré. –Siguiente pregunta.

-¿Acaso has hecho un cuestionario para mí?

Mierda… Ahora era él quien me había encontrado desprevenida. Ignorando la estúpida sonrisa triunfal que cruzaba por su rostro continué con lo mío, y me fui con una pregunta un poco más arriesgada.

-¿Cómo obtuviste mi número de teléfono?

-Emmett lo sacó del teléfono de Rosalie. Te habías olvidado el libro de… de… de Biología, dijo pensándolo muy bien, y luego de unos segundos continuó con su relato de dudosa veracidad. –Iba a enviarte un mensaje para decírtelo pero preferí dejarlo en el escritorio en la próxima clase. ¿Lo recuerdas verdad?

Honestamente, no lo recordaba y estaba casi segura de que había inventado eso también. Pero nuevamente, cerré el tema allí. Tenía otras preguntas más importantes que hacer que discutir con él sobre sus picardías.

-¿Qué sucederá ahora? ¿Regresarás a la escuela?

-Lo haré… en algunas semanas. Iré a rehabilitación para intentar recuperar la movilidad de mi cuerpo, de la parte que está dormida, pero no creen que funcione. De cualquier forma, Carlisle quiere que lo intenté y…

¿Por qué odias a tus padres?

Bueno… Eso era extraño. La pregunta había salido disparada de mi boca antes de que mi cerebro pudiera procesarla. Era como si no hubiese estado escuchando, como si solo me importara saber eso, y simplemente lo había dicho… así sin más. Edward me miró boquiabierto por unos segundos y luego entrecerró sus ojos, cuestionándose el porqué de mi pregunta. Quería explicarle que no quería sonar tan violenta, que simplemente tenía la duda pero ningún sonido escapó de mi garganta. Estaba muda… otra vez.

-No creo que sea importante que sepas eso.

-Lo lamento… No quise sonar entrometida… Es solo que los vi muy preocupados, y no comprendo que sucede par que te niegues a prestarles atención.

Él me observó otra vez con los ojos apenas abiertos y luego negó con su cabeza. Sabía lo que él pensaba, sabía que yo no era nadie para que él me dijera esas cosas, y que si era un asunto privado de familia no tenía por qué tener participación en eso. Pero era algo que no me había dejado dormir por muchos días y necesitaba saber desesperadamente.

-Bella… Suceden cosas, aquí…, dijo señalando su casa con la mano que aun podía mover. –Ellos hicieron algo que… que e hirió mucho. Pero no quiero hablar de esto… ahora… Quizá en algún otro momento.

Su rostro nuevamente se encontraba contraído en una mueca de confusión. Mis palabras lo habían afectado más de lo que me habría gustado y me sentía un poco culpable al respecto. No era lo que había querido oír, pero era más de lo que él estaba dispuesto a ofrecerme y yo estaba bien con eso… por el momento. Suspiré intentando quitarme esos pensamientos de la cabeza y sonreí para cortar la tensión del momento.

-¿Acaso me estás invitando a que regrese a tu casa?

Edward captó de inmediato el mensaje y rio un poco, con sus ojos brillando una vez más. Lucía genial cuando sonreía, como si todo estuviera bien entre nosotros, bien en su vida.

-Puedes venir cuantas veces quieras, pequeña.

Y a pesar de que odiara que me dijera pequeña, y de que lo odiara a él también, su invitación me había resultado tentadora y me jure a mí misma que regresará a ese lugar en muchas otras ocasiones.

No por él, claro que no, sino porque me gustaba su estúpido sofá marrón.

"Sigue mintiéndote a ti misma, cariño", me susurró mi conciencia y tuve que reír ante su comentario Ambas sabíamos que queríamos ver a Edward otra vez, aunque nos empeñáramos en negarlo.

Me agradaba estar con Cullen, y eso… comenzaba a asustarme.


Hola lectores, aquí les traigo un nuevo capítulo. Les pido que por favor lean lo que tengo para decirles, intentaré ser breve pero necesito que sepan algunas cosas.

*En primer lugar, recibí un comentario en el episodio anterior con respecto a que yo "condiciono" la periodicidad de mi historia con reviews, es decir, que pongo como condición llegar a tantos comentarios para subir un nuevo capítulo. Antes que nada, no es una condición, no es que si no llegamos a esa cantidad de reviews dejaré el fic y me iré de la página. Pido que lleguemos a ciertos comentarios por tres razones principalmente: primero, es una forma de que hagamos que la historia crezca. No quiero llamar la atención, pero le estoy poniendo mucho esfuerzo a este fic, lo estoy escribiendo con mucho amor (conté que es en honor a un familiar que pasó por esto mismo) y quiero que esta historia llegue a tantas personas como sea posible, porque sé que allí afuera hay mucha gente que se ha visto afectada por ACV o por otras enfermedades, y quizá esta novela les de algo de esperanza o les haga sentir mejor. Lamentablemente, la única forma de lograr eso es con los reviews. Segundo: es una forma de que yo me asegure tener un lapso entre capítulo y capítulo para poder escribir. Me pasó con historias anteriores que los lectores no sabían cuando iba a actualizar y eso los hacía dejar la historia y olvidarse de ella. Diciéndoles "al llegar a tantos reviews" ustedes se aseguran de que actualizaré en algún momento y que no me iré por allí y dejaré la historia inconclusa. Y en tercer lugar porque yo me esfuerzo mucho por escribir esto, gasto tiempo de mi día para traerles mi historia y me gusta conocer que es lo que ustedes piensan al respecto. Por eso les pido que dejen reviews, porque así tomo en cuenta sus sugerencias y cambio cosas que quizá a ustedes no les agraden mucho. Si ustedes comentan para que yo suba el capítulo, ambas partes salimos ganando, porque yo tengo una idea de lo que ustedes piensan y mis lectores pueden leer más de la historia.

*En segundo lugar: A pedido de esta persona no voy a "condicionar" más esta historia. Al menos no por ahora, y probaremos qué tal va todo. Asique no sabría decirles cuando voy a actualizar, o que tan pronto podré subir capítulo. Les pido que sean paciente y que me comenten que opinan de esto. Si están a favor de que a partir de ahora sea así, me gustaría que me lo dijeran.

*En tercer lugar (y quizá el más triste de todos) la decisión de quitar el número de reviews para subir capítulo viene por otro lado también. Este martes retomo mis clases en la Universidad; hasta ahora había estado de vacaciones pero mi receso terminó y debo volver. No sé qué tanto tiempo tendré disponible para subir capítulos, porque además de escribir y estudiar también trabajo. VOY A TERMINAR ESTA HISTORIA, NO LA ABANDONARÉ y por eso les pido que me apoyen y me tengan paciencia, les seré lo más fiel posible y subiré capítulos lo más pronto que pueda. Pero habrá semanas con más episodios que otros, por favor no me abandonen.

Y bueno, eso era todo. Como siempre, quiero agradecer a mis lectores del alma que los amo y que siempre me deja comentarios y mensajitos tan tiernos. Ustedes, esas personas que me llenan de felicidad, son la razón por la que escribo. Los adoro, y este capítulo va para ustedes. Gracias a todos, nos leemos pronto.