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Lo que empieza y lo que acaba

I

—¿Vinimos hasta aquí a ver sólo piedras y unas casas viejas? —gruñó Naruto y se cruzó de brazos.

—Cállate Naruto —dijo Sakura exasperada, aunque por dentro se preguntaba lo mismo.

—No son sólo unas piedras, ¿verdad? —intervino Sasuke—, no nos habrías arrastrado hasta acá si sólo fueran unas piedras.

—Hay algo aquí —musitó Hinata en un murmullo—, es una energía... extraña.

Itachi asintió, agradecido que al menos dos de ellos se mostraran ligeramente interesados en sus alrededores, y curioso por saber si el Byakugan era capaz de percibir algo más que chakra.

—Aquí es donde se encontraba el antiguo asentamiento Senju, aquí fue donde Hashirama-sama vivió sus primeros años.

Como si al escuchar el nombre del mítico Hokage se invocara la atención de todos, Naruto desenlazó los brazos y se acercó con curiosidad al conjunto de construcciones de madera arrasadas por los elementos, Sasuke hizo un movimiento similar aunque disimulaba mejor su curiosidad, Sakura y Hinata —las que habitualmente ponían atención de verdad a las pláticas del Uchiha mayor— miraban con cierta reverencia el lugar e Itachi, con un movimiento de mano, los animó a recorrerlo, recordando la primera vez que estuvo ahí.

—¿El Primero vivió aquí? —preguntó Sakura—, era un Senju del Bosque, ¿no? Y luego, con los Uchiha, fundó la aldea. Eso quiere decir que este lugar tiene más de ciento diez... no, ¡ciento veinte años! —exclamó Haruno con orgullo y miró a Itachi buscando su aprobación, que fue expresada con una pequeña sonrisa, al menos alguien había memorizado algo de lo que dijo.

Naruto silbó asombrado, ciento veinte años era mucho tiempo.

Se dedicaron a recorrer varios rincones, no era un sitio que pudieran llamar atractivo pero sí interesante. Naruto no dejaba de emocionarse con la idea de pisar el mismo lugar donde el legendario Hashirama había entrenado y se hizo tan fuerte, Hinata y Sasuke se preguntaban si sus clanes habían vivido en un sitio similar, y Sakura quería ver si encontraba algún rastro de la gente que vivió ahí.

—¿Para que estamos aquí? —gritó el rubio desde la parte superior de una de las ruinas, balanceándose descuidadamente en la orilla de la ya de por sí endeble madera.

—¿Pasó algo importante aquí, Itachi-san? —Hinata preguntó y miró alrededor, la energía que sentía era diferente a la de otros sitios, era inquietante pero no amenazante.

—Si los Senju fundaron la aldea con los Uchiha, entonces —comenzó Sakura a cavilar—... podría decirse que... —aunque no sabía bien cómo terminar, una idea rondaba su mente pero no se atrevía a decirla por no querer sonar tonta en caso de estar equivocada.

—La mitad de Konoha nació aquí —concluyó Sasuke, no entendía por qué su hermano los llevó ahí y no donde los Uchiha se habían asentado.

Sakura y Hinata intercambiaron una mirada, Sasuke miró a Itachi, y Naruto no vio a ninguno en particular, interesado en otra cosa más emocionante.

—¡¿No sería genial vivir en esa época?! —Uzumaki brincó desde la parte superior de la vieja construcción—, ¡nada de tontas clases ni ir a la Academia!, viviríamos sólo para entrenar y pelear.

La proclamación de Naruto dejó a todos pensativos, la gran sonrisa que vestía hizo que Sakura y Hinata sonrieran levemente, incluso Sasuke, que pensó que no sería del todo una estupidez. Según el libro de su padre, a los niños Uchiha no se les trataba como ahora, se esperaba que ellos reforzaran las líneas de combate del clan. Quizá en aquellos tiempos, él habría sido considerado un miembro más importante.

—No, no sería —musitó Itachi atrayendo la atención de los otros.

—¿Cómo qué no? —cuestionó el rubio.

Itachi frunció levemente el ceño cuando su cabeza se llenó de imágenes, sonidos y sensaciones.

—Pelear por defender a la aldea es lo que los ninja hacen —explicó Sakura repitiendo lo que siempre decía Iruka—, ¿no debemos estar orgullosos de defender nuestra aldea?

Hinata se abstuvo de asentir, a diferencia de los dos niños. Era cierto que en la Academia les enseñaban eso y su padre solía decir que la aldea hace al clan y el clan al shinobi, sin uno no existe otro... o algo así, era demasiado complejo para que ella lo comprendiera como el líder quería, pero al razonar las palabras de su sensei, ella pensó también en lo aterrador que sería saltar al campo de batalla, olvidar la tranquilidad y todo lo conocido para ir a una batalla real.

—No hay nada trágico o heroico en morir —comenzó Itachi sin ver a ninguno—, la muerte es la muerte, aunque es distinto cuando eres tú quien la reparte, porque no puedes proclamar que tu causa es la única justa. El shinobi enemigo defiende a su país con la misma intensidad que tú, ¿por qué tendrías más derecho a vivir que él?

Hubo un silencio incómodo cuando el Uchiha mayor acabó, ninguno se atrevió a verlo directo a los ojos porque algo había claro para cada uno, Itachi no les hablaba de una suposición. Hinata, Sakura y Sasuke habían oído a sus padres hablar de las grandes guerras, y —aunque el papá de Sakura no peleó— ellos sabían que todos la habían padecido, lo que confundía a Sasuke era porqué su hermano hablaba del mismo modo que su papá.

—No digas tonterías —proclamó Naruto—, el viejo, el jefe Shikaku, ese tuerto de Hatake, hasta Iruka-sensei, a ésos les creo, a ti no.

Itachi sonrió de lado ante el descrédito del rubio, no dijo más, ya suficiente eran las vívidas memorias como para ser más explícito. Levantó la vista a la ruina que tenía a un lado, era la mejor conservada del conjunto que había hallado varios años atrás.

—¿Por qué creen que los traje aquí? —preguntó el Uchiha.

—Porque quieres cansarnos —replicó Naruto.

—Porque querías mostrarnos algo —murmuró Sasuke—, pero no tengo idea de qué.

—¿Dónde vivió el primer Hokage para ver que no fue muy distinto que nosotros? —se aventuró a decir Sakura.

Hinata volteó a los otros tres, a ella no se le ocurrió nada y prefirió quedarse callada.

Itachi soltó un suspiro, no esperaba que alguno de ellos tuviera la misma clase de comprensión que él tuvo cuando dio con el asentamiento, pero tampoco imaginó que estuvieran tan lejos. La idea de Sakura era interesante pero no lo que esperaba, aunque no podía culparlos, seguramente ninguno de ellos —como casi todos en Konoha— se habían interesado tanto en saber qué había en el pasado de Konoha, más allá de lo que los libros decían. Mas no importaba, si pretendía que ellos comprendieran, iba a necesitar tiempo y considerando la edad de esos cuatro, tenía suficiente para conseguir lo que buscaba.

Su primer parada de regreso a la aldea, fue en Ichiraku. No era ninguna novedad que terminaran ahí tras sus entrenamientos. Ayame los recibió con una gran sonrisa y tras preguntar '¿lo de siempre?' y recibir asentimientos de cabeza, fue por la orden.

Mientras comían Itachi les dijo que los llevaría a conocer cada uno de los viejos asentamientos de los clanes más conocidos de Konoha. Hubo toda clase de reacciones, por fortuna la mayoría de aceptación. Esa visita al viejo establecimiento Senju era apenas una parte de una larga lista de lugares a los que el Uchiha quería llevarlos, para acercarlos al pasado de Konoha. Aunque debía ser muy cuidadoso para que no pareciera una lección de la Academia, sería muy contraproducente, sobre todo por Naruto. Hacer ver esa experiencia como algo negativo, sería fatal.

La idea entusiasmó a Naruto y Sakura, a Hinata y Sasuke también, pero la primera estaba insegura de admitirlo, y el segundo prefería disimularlo. Aún así, Itachi estaba satisfecho, esa carga de trabajo extra estaba resultando mucho más satisfactoria que el resto de sus actividades.

Las cuales no podía dejar de realizar, y el ave que se paró en una rama baja, cerca del local fue un recordatorio. Se despidió y desapareció en un parpadeo, ahora que Hinata se quedaba con Sakura cuando salía de misión, disminuía su carga habitual de preocupaciones, ahora sólo debía pensar en qué clase de misión le darían esta vez, y, por extraño que pareciera, deseaba no ausentarse tanto de la aldea.

Los chicos siguieron comiendo, la comida fue tranquila y la plática entusiasta, aunque Sakura y Naruto fueron los más habladores, Hinata y Sasuke también tenían su participación. Era una convivencia que se había vuelto importante para cada uno, aunque Itachi se ausentaba cada vez más seguido.

—Hinata —musitó Sakura y señaló a la entrada del establecimiento.

Ella se giró y se encontró con Kō, quien se acercó e hizo una reverencia.

—Hinata-sama, Hiashi-sama me ordenó que la buscara, quiere verla.

La niña parpadeó y se incorporó de inmediato, no reparó en el hecho de que Kō aún le hablaba con el mismo respeto de siempre, su mente se estaba volviendo loca preguntándose para qué la querría.

—Le diré a mamá que vayamos por ti —dijo Sakura.

—No será necesario, Haruno-san, Hinata-sama no llegará sola —respondió el Hyūga.

—No te preocupes... —musitó Hinata , esforzándose en controlar su nerviosismo— gracias Sakura-san —se despidió con una reverencia y salió acompañada de su antiguo guardián.

—¿Pasó algo? —preguntó Hinata con duda, una vez que iban en la calle.

—No lo sé Hinata-sama, Hiashi-sama me ordenó llevarla a casa —respondió Kō y sin pensarlo bajó la mano, Hinata la tomó instintivamente.

En Ichiraku, la voz interior de Sakura estallaba de alegría por quedarse con Sasuke, aunque pasaba mucho tiempo cerca de él, no había tenido ningún acercamiento real con el evasivo Uchiha. Cuando volteó al rubio, su alegría se desvaneció, ella no hizo ningún gesto pero su voz interior se cruzó de brazos y frunció el ceño.

—Yo también me voy —proclamó Sasuke poniéndose de pie, no esperó a ver si alguien tenía algo qué decir y salió tras agradecer a Teuchi y Ayame.

Naruto miró a Sakura con una gran sonrisa, y eso hizo que la niña decidiera que también era el momento de retirarse, aún si eso implicaba tener que llegar sola a casa, con el riesgo de encontrarse con Ami en el camino. Agitó la mano de mala gana para despedirse de Naruto, salió del local y empezó a caminar. No había dado ni cuatro pasos cuando se detuvo y volteó al rubio que la seguía.

—¿Qué quieres? —gruñó la niña.

—Te acompaño —replicó Naruto.

—¿Por qué?

—Itachi me matará si dejo que algo te pase —respondió sin pensar.

Cuando Naruto vio a Sakura dudar, apenas contuvo su sonrisa; claro que era una soberana mentira, pero eso no tenía que saberlo ella. No estaba equivocado, Sakura no iba a arriesgarse a ir contra una orden de Itachi. Así que aceptó de mala gana que la acompañara a su casa, el chico ya no era tan irritante, aunque todo habría sido más llevadero si el rubio no tuviera una sonrisa autocomplaciente todo el camino.

La sonrisa de Uzumaki demostraba cuán seguro estaba de que todo era perfecto. Y así fue durante todo el trayecto hasta que llegaron a la casa Haruno, y esa muestra de satisfacción, en instantes se transformó. Al quedar frente a frente con el padre de la niña, la curvatura de sus labios se evaporó y un escalofrío le recorrió la espalda.

Sakura no había visto nunca a Naruto comportarse con tal nerviosismo, una sonrisa maliciosa se apoderó de su boca y decidió jugar la situación a su favor, todo fuera por darle un buen susto al otro.

—Entrena también con nosotros —dijo la niña señalándolo cuando tuvo a su papá delante, consciente que no debía mencionar a Itachi— y me acompañó hasta acá porque Hinata fue a su casa.

Ella esperaba una reacción molesta de parte del hombre, una que veía muy seguido alrededor del chico. Cosa que no era nada nuevo para Naruto, de hecho, estaba listo para echarse a correr para no confrontar aquella expresión de desprecio, pero ninguno de ellos estaba preparado para la gran sonrisa que se adueñó de los labios de Kizashi Haruno.

—¡Ah!, ¿Y se puede saber cuál es el nombre de este caballero que ha acompañado tan galantemente a mi princesa?

Sakura arqueó una ceja de puro descrédito, ¿acaso su padre acababa de llamarla princesa? Nunca lo hacía, desgraciadamente ese hombre compartía los raros —y nada gratos— sobrenombres que su mamá le daba, sobre todo el del gordo cerezo. Naruto, por otro lado, sólo sonrió confundido —pero encantado—.

—Uzumaki Naruto.

Lo que sea que Kizashi pensó, los dos niños sólo lo imaginaron por su rostro, el cual mostró sorpresa, confusión y al final algo que sólo podía llamarse alegría. El hombre puso una mano en el hombro de su hija y otra en el de Naruto.

—Vamos, pasa, no puedo dejar que te vayas sin agradecerte lo que has hecho por mi hija, ¿Qué te parece un poco de helado?

La gran sonrisa de Naruto fue la única repuesta que él necesitó.

...

Kita kyūshu no era un sitio que trajera buenos recuerdos a Itachi, había estado un par de veces ahí y en ambas hubo suficiente sangre como para querer olvidarlas.

Tras haber escuchado la misión, comprendió que esa tercera visita no sería muy diferente. Era justo como las dos anteriores, y pasaría a la larga lista de eventos que deseaba mantener en el olvido, lástima que tenía una excelente memoria.

Desde que se fijó ese utópico objetivo que incluía a Naruto y los otros, todo había ido tan bien que llegó a olvidar por un momento a Madara y todo lo que implicaba. Esa misión también fue un duro recordatorio. Pues como en aquélla que incluyó a Sasori, el enmascarado apareció nuevamente para hacerle saber que un miembro de Akatsuki estaba inmiscuido y debía cubrirlo, además de recordarle que su lugar seguía esperando en la organización, y que no era una persona muy paciente.

El Comandante Dragón envió cuatro equipos: dos de ataque frontal, y dos de apoyo, uno de ellos además tenía una encomienda extra, una que fue dada en secreto y no era nueva para el Capitán Gato.

El rollo entregado al Capitán Buey-Hisora, líder de misión, contenía muchos detalles pero era claro en el objetivo: desmantelar un grupo que organizaba peleas clandestinas con ninjas de diversos países que habían sido reportados desaparecidos, se presumía que habían sido secuestrados y eran obligados a pelear.

Les tomó casi medio día llegar a Kita kyūshu, hasta una bodega a las afueras de la ciudad. La estrategia fue diseñada en conjunto, todos los capitanes estuvieron de acuerdo, se repartieron los puestos y las tareas, entonces Buey dio la señal y dieron comienzo al plan.

Era casi la noche y el sitio estaba a reventar. Los agentes habían sido repartidos en las puertas y algunos puntos que pudieran servir de escape, Itachi y su equipo fueron colocados en la parte trasera del viejo edificio donde los criminales se reunían, ellos harían el primer movimiento. Lo que sentaba perfecto a Itachi y su despreciable segunda encomienda; al momento de ingresar, se desataría la confusión, que él aprovecharía para enviar un clon disfrazado a advertir a ese tal Kakuzu, sacarlo de ahí y terminar con eso.
La acción comenzó como se esperaba, los ANBU de Konoha habían sido tan discretos que ninguno de los asistentes a las peleas se percató de ellos hasta que comenzaron la emboscada. Aunque la pelea fue inmediata, no había ningún objetivo de cuidado, y los ninjas fueron inmovilizando a los criminales y asegurando a aquéllos que eran forzados a divertir a los demás con sus combates.

Itachi no se atrevió a intentar sabotear la orden de Madara, seguía sintiéndose tan miserable como aquella ocasión con Sasori pero el pensamiento de esa nueva meta que se había finado en Konoha, le obligaba a seguir adelante; sabía que no sería la última vez y que sería muy contraproducente ganarse la ira del enmascarado. Así que, tragándose la ira contra sí mismo, abrió una brecha para que el akatsuki escapara; no dio tiempo al otro para pelear, no le costaba pensar que los niveles de sus habilidades debían ser superiores a muchos de sus compañeros ANBU y no sabía cuán estable era la mente de ese ninja de extraño aspecto, sería muy peligroso permitirle cualquier clase de confrontación, aunque le costaba un poco creer que fuera del todo inestable si, según lo dicho por el otro Uchiha, este ninja renegado era el encargado de las finanzas de la organización.

—No sé qué haces perdiendo el tiempo con esta gente —dijo Kakuzu una vez que llegaron a una ubicación segura.

Itachi —o el clon— no dijo nada, volteó hacia atrás dejando ver su intención de irse, mas el ninja de Takigakure no había terminado.

—Todos estamos de acuerdo que debes decidir pronto, somos pocos y se vienen grandes cosas, además —dijo el shinobi inclinándose amenazadoramente hacia él, la diferencia de alturas era risible y dado su aspecto, intimidante de sobremanera, pero no consiguió ni siquiera inmutar al Uchiha— no nos agrada eso que desprecies el lugar que se te ha ofrecido. Han pasado ya dos años, no somos personas muy pacientes —sentenció—, aunque tener un ninja infiltrado en una de las aldeas más poderosas, parece ser útil, sobre todo si está en las fuerzas especiales... es una lástima que no estés en la que tiene más recursos.

Kakuzu finalizó con sorna, lo señaló con el maletín que no había soltado durante todo el camino, y comenzó a caminar, dejando la advertencia en el aire. Cosa que Itachi comprendió a la perfección, pero en ese instante tenía cosas más importantes de qué ocuparse, y tampoco eran precisamente bienvenidas, debía hacerse cargo de aquella otra orden que le fue dada, y aunque era igual de repulsiva, no fue hecha por Madara sino por Konoha misma.

—Todo bajo control —proclamó Buey—, aseguremos a los prisioneros y...

—No —interrumpió Cabra-Hisoka y volteó a Itachi—, a uno de nosotros les dieron otra orden, ¿no es así Gato?

—Hokage-sama entregó una orden de limpieza total a mi equipo, pueden irse, nosotros nos encargaremos —respondió el Uchiha, quien no necesitó que los demás se quitaran las máscaras para saber que algunos tenían gestos de consternación detrás de ellas.

—Entonces todo este trabajo... ¿para nada? —proclamó furioso Conejo-algo, era nuevo y no se había aprendido su nombre—, ¿no merecen una oportunidad todos estos camaradas?, ¡No lo hicieron por elección!

Itachi estaba completamente de acuerdo con Conejo, pero eso no importaba. Volteó al líder de misión, y éste tuvo que intervenir.

—Basta ya, Conejo, ¿vas a cuestionar la orden de Hokage-sama? —hizo una pausa y lo miró— Tal vez tu aceptación fue apresurada; evaluaremos tu ingreso una vez que regresemos a Konoha —volteó a todos los demás—. ¡Nos vamos! Gato y su equipo se encargarán de todo.

Tigre-Ren, el único miembro del equipo estándar de Itachi que participaba, volteó a verlo antes de irse, él sabía que había una mezcla de molestia y lástima, no lo había incluido en su equipo. Perdió a Gallo-Kaito dos meses atrás, Perro-Midori fue herida de gravedad unos días después, por eso quiso ahorrarle a Tigre el posible remordimiento que esa misión le dejara.

Una vez que se quedó solo con su equipo, volteó a los ninjas liberados y los criminales que no habían muerto. Levantó una mano, miró atentamente a una kunoichi entre el grupo, tenía una banda de Suna, su apariencia era tan deplorable como la de los demás que habían sido hechos prisioneros y fueron obligados a pelear por —según el informe— al menos cinco meses, su mirada era idéntica a la que tenía su padre antes de que su madre lo matara: una resignación forzada.

Miró a otro lado y dio la señal.

Él y los otros cuatro entraron en acción con espadas en mano.

...

—¡Llegó uno!, ¡mira, mira! —gritó Hanabi emocionada—, es azul y... ¡Allá hay uno amarillo!

—A veces llegan rojos —dijo Asahi con una sonrisa.

Hinata volteó a su mamá y le tomó la mano, era el sexto día consecutivo que iba a pasar tiempo con ella y Hanabi. La señora Hyūga había tenido una recaída y los médicos informaron a Hiashi que debía instalarla en otra parte de la casa con más luz, así que no lo pensó dos veces para desalojar a Kohei —uno de los miembros más viejos del clan— de sus cómodas habitaciones en la parte oriente del complejo familiar. Ahora Asahi tenía acceso directo a un jardín interior, que aunque era más pequeño que el de su estancia anterior, era más beneficiado por los rayos del sol y agraciado con la visita de muchas aves que compartían la comida con los peces koi de la poza que también se hallaba en el jardín.

Eso encantaba a las niñas y se podían pasar mucho tiempo viendo los pájaros que acudían. Hasta en eso, Hiashi había sido permisivo, y no había limitado la visita de sus hijas a su esposa, salvo por los chequeos médicos y la rutina matutina, ellas podían estar tanto como quisieran. Incluso comían con ella, la situación había sido tan grave que su padre las había acompañado un día, y aunque no había habido tanta plática y risas como cuando estaban ellas tres, si notaron al líder Hyūga más comunicativo que de costumbre, y eso —Hinata sabía— sólo lo conseguía su madre y, en ocasiones, Hanabi, ella nunca había podido.

Por eso la había mandado a llamar aquel día, porque aunque el Líder Hyūga había mantenido el distanciamiento con su primogénita, olvidaba todo lo que había sucedido con ella cuando era cuestión de salud de su esposa. Le había ordenado a Hinata no decir nada de su estancia con Itachi, ni su destitución, la niña sabía que él seguía molesto, pero aún así le había dado plena libertad de visitar a su madre cuando quisiera y estar todo el tiempo que deseara.

Hinata se preguntó si no sería buena idea regresar a casa. Aunque no hizo ningún intento por plantearle eso a su padre, guardaba dudas de si la recibiría, y sabía que no podía confrontar una negativa.

—¿Y cómo te fue hoy?, ¿lo conseguiste?—preguntó su mamá esa tarde cuando juntas tomaban el té, después de que Hanabi se fue para su entrenamiento especial.

—¡Sí! —Exclamó la niña con una gran sonrisa—, Naruto-kun fue el que me ayudó más, no se parecen mucho a los clones que hacen él y Sasuke-kun, pero son mejores que el de Sakura-san —finalizó mirándola con un inusual brillo en los ojos.

La señora Hyūga rió encantada con la expresión de su hija, tenía mucho tiempo que no la había visto ser tan sincera y despreocupada.

A pesar de que Hiashi se había negado a comunicarle a su esposa su decisión sobre Hinata, la mujer había mostrado ser más astuta de lo que el líder imaginaba y había comprendido todo desde el inicio. Aunque no había confrontado a su hija hasta que la trasladaron a sus nuevas habitaciones. En aquel encuentro, Hinata tuvo una reacción similar a la que tuvo con Itachi el día que le contó todo, pero a pesar de las lágrimas, cuando su estado de ánimo se transformó por completo al hablarle de todo lo que hacía y aprendía, Asahi Hyūga comprendió que no era una idea tan descabellada como temió en un inicio, desde entonces escuchaba con alegría a Hinata contarle todas sus actividades del día.

—Además del entrenamiento con el clon de sombras, ¿a dónde dijiste que los llevaría Uchiha-san? —preguntó Asahi.

—Ahora fuimos a conocer el antiguo asentamiento de nuestro clan, Itachi-san nos contó de cómo los Senju convencieron a los Hyūga de unirse a ellos en la aldea que fundaban con los Uchiha, ¿tú sabías que por poco no somos parte de Konoha?

—No, no sabía —confesó la mujer—, todo eso se oye bastante interesante.

—Es interesante.

La seriedad con la que su pequeña lo dijo, hizo sonreír a Asahi, pero también comprender que la cercanía que estaba teniendo con el homicida Uchiha no estaba siendo tan mala, jamás hubiera creído que Hinata se interesaría por conocer algo de la historia de Konoha.

—¿Y qué dicen los demás de que Itachi-san les esté enseñando esto?

Hinata lo meditó por un momento.

—Naruto-kun sólo quiere aprender jutsus y movimientos de combate, pero sé que le gusta escuchar de cómo era la vida antes y de las peleas. A Sasuke-kun sólo le interesa lo que tenga que ver con su clan, aunque también le gusta cuando Itachi-sensei describe batallas, Sakura-san quiere saber de todo, aunque no se atreve a preguntar...

—¿Y tú?

—Ha sido muy interesante saber por qué de muchas cosas, aunque no sé para qué nos está diciendo todo esto.

Asahi asintió lentamente, preguntándose lo mismo, pero decidió no conflictuar a su hija. Era inusual que alguien tan joven se interesara en la historia más allá de los libros, y que lo quisiera compartir con otros más pequeños era aún más extraño, pero no necesariamente malo. Se convenció de averiguar la verdad, aunque eso lo haría por su cuenta.

—¿Cómo está Naruto después de la mordida de Akamaru?

Hinata sonrió apenas escuchó la pregunta, no se percató del repentino cambio de tema, recordó la tarde de dos días atrás y que mientras jugaban, de algún modo, Naruto había hecho enojar al perro de Kiba, ganándose una tremenda mordida en el tobillo.

—Está mejor, pero ahora le tiene miedo, hoy encontramos a Hana-san después de la Academia y Naruto-kun casi se trepa a un árbol.

Las dos rieron y siguieron hablando de la Academia y los juegos, para cuando Hinata se despidió, era casi la noche, y se apresuró a llegar a la puerta, le angustiaba hacer que Kō dejara sus deberes para acompañarla de regreso. Detuvo su carrera cuando en vez de su antiguo guardián, se encontró con su padre en la gran puerta.

—Padre —saludó con una reverencia que el líder Hyūga devolvió con deferencia.

—He enviado a Kō a una encomienda al País del Río, Neji te acompañará a partir de ahora.

El joven Hyūga esperaba a un costado de la puerta, oculto de su prima pero perfectamente visible para Hiashi, así que fue cuidadoso de ocultar completamente su reacción al escuchar las palabras.

—Pero padre... —balbuceó Hinata.

—Vamos, Hinata-san, es tarde.

La niña casi brincó al escuchar la voz de su primo, bajó la mirada y asintió lentamente. El líder hizo un movimiento para apresurarlos, ella aceleró el paso y el otro fue detrás de ella. Hiashi los siguió con la mirada por un largo rato, incluso después de que desaparecieron de la vista normal.

El hombre repasó las palabras que le dijo a Neji, 'La seguridad de Hinata será tu responsabilidad a partir de ahora'. Era más una orden que una petición, era así como debía ser, no importaba lo mucho que quisiera ser más amable con su sobrino, hacía lo que, como líder, debía hacer. Aunque también era padre y era tío, y ansiaba que la encomienda beneficiara a los dos, aunque ninguno lo comprendiera en ese momento.

...

—Y entonces tomé al tendero y con una sola mano lo obligué a rebajar el precio, ¡dos pescados por el precio de uno! ¿Qué ninja se puede jactar de una proeza así? —exclamó Kizashi.

—¡No digas tonterías papá!

—¿De verdad dos pescados?

—¡Claro que dos! Iba a pedir tres, pero no quería abusar del pobre vendedor.

La sonrisa de Naruto dejaba claro que le estaba creyendo cada palabra. Sakura no podía concebir que el rubio se tragara las locuras de su papá. Tomó el cuchillo y picó la verdura con furia.

—¿Por qué escucho sólo un cuchillo?

El grito de Mebuki desde la cocina puso en alerta a los tres y volvieron al trabajo, pero no duró mucho, menos de diez minutos después Kizashi volvía a hablar, Naruto exclamaba sorprendido y Sakura apretaba los dientes por las incoherencias que su padre decía y la ingenuidad del rubio.

—De una vez por todas Kizashi, ¡deja de estar diciendo mentiras! —se escuchó desde la cocina.

El rugido de la mujer estremeció al señor Haruno, quien volvió al cuchillo y la verdura que les había sido pedida para la comida.

—¿Entonces está bien si hablo de nuestro gordo cerezo? —preguntó el hombre.

—Eso estaría mejor.

—¿Te gustaría oír de la vez que Sakura se perdió en el festival Tanabata? —preguntó al rubio.

La aludida soltó el cuchillo y se puso de pie, azotando ambas manos sobre la mesa miró con furia a los dos hombres a su lado.

—¡Basta ya! —vociferó y tomó a Uzumaki de la mano— ¡vamos Naruto! No voy a dejar que te llene la cabeza de tonterías.

—¡Pero Sakura-chan! —pidió Naruto— quiero escuchar a Kizashi el Magnífico.

—¿Magnifíco? Eso me gusta —exclamó Kizashi, pero no pudo escuchar más porque su hija ya tenía al chico casi fuera de la casa— ¡esperen, voy con ustedes!

—¡NO! —Sakura y su madre gritaron a la par, y ninguno de los otros se atrevió a discutirles, Kizashi se sentó y Naruto se apresuró a salir.

Sakura soltó a Naruto y éste caminó detrás de ella, no sin antes pensar que aunque Mebuki no era kunoichi, la colocaría al lado de Yoshino-la poderosa... Y que no importaba lo aterrador que era imaginar a una Sakura adulta con un carácter parecido al de su madre, la niña seguía fascinándole.

—No puedo creer que le creas todas esas mentiras, ¡mi papá está loco!

—Tu papá es genial.

Sakura negó con la cabeza y se quedó callada, el rubio no supo qué más decir, que pasara más tiempo con Haruno era fantástico pero estaba acostumbrado a que ella lo rechazara y admitía que no sabía qué hacer cuando ella no le decía nada.

—¡Sakura! —se escuchó un llamado a lo lejos y los dos vieron a una niña acercarse—, ¿si vas a poder esta tarde?

La aludida dibujó una gran sonrisa y asintió con entusiasmo mientras Maki se acercaba, y antes de que llegara algunas cabezas se asomaron de las casas vecinas. Naruto vio con sentimientos encontrados a los chicos que se acercaron a la pelirrosa después de que la primera niña la llamó.

—Siempre estás con los otros, ya no juegas con nosotros —se quejó la primera niña que llegó.

Sakura sonrió con satisfacción, normalmente pasaba mucho tiempo jugando con sus vecinos, desde que convivía tanto con Hinata y los otros, había dejado de hacerlo. Su situación ahí era muy diferente a la Academia donde las demás la despreciaban, acá ella era la admirada, después de todo, era la única que continuaba entrenando para ser ninja, cuando todos los demás lo habían intentado y lo habían abandonado. Venir de una familia civil y estar en la Academia no era cosa sencilla, y por eso los demás la admiraban.

—¿Quién es él? —preguntó uno de los chicos que se había acercado.

—Soy Uzumaki Naruto y...

—Entrena conmigo, ignóralo —se adelantó Sakura, antes de que el rubio la avergonzara con su clásica frase 'y voy a ser Hokage'

—¿Entonces no viste a Sasuke-kun hoy? —preguntó otra niña.

—No, hoy no —se limitó Sakura a explicar, ya no se veían diario, en ese momento Sasuke estaba con otros Uchiha, Hinata con su mamá, y eso estaba bien, lo malo era que a ella le tocaba quedarse con Naruto.

—¿Y tú de qué clan eres? Jamás he oído del clan Uzumaki —musitó Maki.

Naruto levantó una ceja, y negó rotundamente con la cabeza.

—No soy un inútil niño de clan, pero sí soy el ninja más fantástico que jamás haya existido, y voy a ser Hokage.

Sakura soltó un suspiró al verlo hacer la pose que acompañaba siempre esa proclamación, aunque a diferencia de lo que ocurría en la Academia, en vez de burlas y rechiflas, el rubio obtuvo esta vez muestras de admiración. Lo cual sin duda era inesperado.

Fue sólo cuestión de minutos para que la perspectiva de Naruto diera un giro de ciento ochenta grados. Al principio creyó que todo sería como siempre, los niños se alejarían entre burlas y ofensas, no esperaba que lo recibieran como casi todos hacían con Sasuke. Con admiración le pidieron que hiciera alguna clase de jutsu, no tuvieron que pedírselo dos veces.

En poco tiempo Naruto jugaba como los demás como si lo hubiera hecho por tanto tiempo como Sakura, supuso que no venir de un clan era bueno por primera vez.

Aunque, como solía ocurrirle, no todo lo bueno duraba para siempre. Cuando la madre del primero de los chicos llegó para llamarlo a comer y lo vio, en sólo un instante, ya tenían ahí las madres y padres de los demás exigiéndoles alejarse del rubio y amenazándolo, Naruto retrocedió instintivamente, demasiado familiarizado con la situación.

Sakura miró con cierto temor el repentino cambio en el entorno, pensó por un momento salir corriendo y ocultarse en casa, pero no pudo reunir el valor para hacerlo dejando atrás a Naruto. Sin importar lo irritante que el rubio era, no se atrevió a dejarlo ahí, pues no entendía porqué decían todo lo que decían, y sobre todo por qué todos los adultos parecían odiarlo, cuando era la primera vez que él estaba ahí.

Naruto no huyó porque Sakura se quedó a su lado, lo que era no sólo inesperado sino un alivio que no había conocido antes.

—¿Qué ocurre?

La voz de Kizashi sobresalió de entre las frases furiosas y las amenazas, las voces callaron y todos voltearon al hombre que se acercaba con su esposa. Sakura tomó de la mano a Naruto y corrió hacia sus padres.

—¿Qué ocurre? —bufó un hombre del grupo—, ¿qué hace él aquí?

—Jugando con tu hijo me parece.

—Sabes de qué hablo, Kizashi.

—Pues él no parece saber nada.

Naruto miró entre confundido y asustado a los dos hombres discutir, recordándose que siempre era lo mismo, aún sin encontrar el valor para irse, no parecía que algo fuera a salir bien... pero con Sakura tomándole la mano, la verdad no le importaba.

—Aquí no hay aún ningún ninja de verdad, pero todos sabemos que lo que el Cuarto hizo, lo que salvó y lo que a él le costó, ¿de verdad van a comportarse así sabiendo todo eso? —Mebuki dijo sin levantar la voz, pero cada uno la escuchó a la perfección, y casi todos se miraron entre sí.

—Pues a mí no me interesa, no quiero a mi hija cerca de eso —dijo una mujer y tomó a su niña de la mano.

Otros dos hicieron lo mismo, pero Naruto ni siquiera lo notó porque siete de los vecinos de Sakura se quedaron ahí, con el permiso de sus padres para que jugaran con él.

Si no estuviera delante de la niña que tanto le gustaba —y tomándole de la mano—, se hubiera echado a llorar.

...

Shin Uchiha había sido uno de los mejores agentes de la policía militar, había sido la mano derecha del Comandante Fugaku en más de una investigación. Siempre fue fiel al clan y a las decisiones de su líder, por desgracia también era un esposo devoto, y no se tomó muy bien que su esposa fuera parte de la rebelión y que, por tanto, estuviera en la lista negra de Itachi. De haber sido un renombrado miembro pasó a ser la vergüenza del clan, hundido en el alcohol vagaba por las calles hablando con colegas muertos, proclamando sinsentidos y peleando en bares.

Por eso la aparición de su cadáver no fue sorpresa para nadie, casi todos dieron por hecho que había sido víctima de una riña de bar. Mikoto no, y por tanto, tampoco Sasuke. Desde que pasó la prueba de su madre y fue reconocido como un Uchiha por todos, comenzó a comprender qué era lo que ella quería decirle sobre ser un líder y por qué su hermano no podría serlo jamás. Con eso en mente, decidió que era el momento de hacer algo por su cuenta.

Esa tarde, delante de un nutrido grupo de jóvenes Uchiha, pasó saliva y se preparó para hablar.

—Pronto serán dos años desde lo que todos sabemos que pasó —comenzó Sasuke—, y ya sé que apesta —se detuvo un momento al oírse diciendo algo que bien hubiera salido de la boca de Naruto—... ya sé que no deberían ser muchas cosas, pero somos Uchiha, ¿no?

Esperó a ver las reacciones de cada uno, que como esperaba, fueron asentimientos, sonrisas tímidas y otras malas palabras. Contó cuántos eran, no eran todos pero sí más de los que esperaba. Estaba nervioso.

—¿Y qué sugieres que hagamos? —preguntó Hanon—, ni siquiera Mikoto-sama convenció a nuestros padres que nos permitieran ir a la Academia.

—Sasuke-sama tiene una solución —proclamó Miu levantando ambas manos.

—¿En serio? —Aki era de los mayores y más escépticos, Sasuke sabía que estaba ahí porque su primo Seichi lo obligó a acompañarlo— ¿y cuál es?

Sasuke aspiró profundamente, esa reunión había sido una ocurrencia que tuvo después de visitar con Itachi y los demás el viejo asentamiento Uchiha, no estaba del todo seguro que su idea fuera a funcionar, pero la platicó con su madre y ella expresó su completo apoyo, si pensaba ser un buen líder tenía que comenzar con algo.

Ante la situación de la muerte de Shin y algunas medidas de seguridad que Mikoto implementó, Sasuke decidió hacer algo con los más jóvenes del clan. La tendencia de que muchos padres prohibieran a sus hijos ir a la Academia había variado poco, pero aun así no eran muchos los chicos que se entrenaban ahí, y eso era algo que él tenía que cambiar, no sólo para afianzar su lugar, sino porque le serviría en el futuro. Esos jóvenes Uchiha que habían acudido a su llamado serían los que en el futuro pelearían a su lado.

—Todos vamos a entrenar —dijo sin dudar—, he hablado con Taiga, Urushi y otros, ellos nos van a ayudar.

—¿Y Mikoto-sama también?

—Me ha dicho que lo hará en cualquier oportunidad que tenga.

Al escuchar eso, muchos se animaron, la postura de todos esos padres era muy criticada, porque eran Uchiha negando la educación ninja a otros Uchiha, y eso era difícil de comprender. Pero después del viaje y hablar con Mikoto, Sasuke llegó a una conclusión: los Uchiha habían sido desde siempre un clan poderoso, sin la necesidad de ninguna Academia.

Él iba a demostrarlo.

—Muy bien, ¿quién se une? —Tatsuya preguntó a todos los demás.

Al ver todas las palmas levantarse, el mayor dio dos palmadas en la espalda a Sasuke, quien no pudo ocultar su repentina sonrisa, sorprendido de la respuesta de los demás.

...

—Entonces Haruki y Chiai lanzaron el balón muy alto, brinqué y lo atrapé, si no fuera por el entrenamiento de tu hermano, idiota, no habría podido hacerlo —exclamó Naruto—, y todos querían que les enseñara, ¿verdad Sakura-chan?

Sakura asintió lentamente, un poco irritada por la efusividad de Uzumaki, y sonrió un poco al recordar las caras sorprendidas de Chiai y los demás, además de los halagos, que ella también recibió. De todos sus vecinos, ser aún la única aspirante a ninja, la había hecho popular en la cuadra, pero desde que convivía con Hinata, Sasuke y otros miembros de clanes sobresalientes se había convertido en alguna clase de celebridad.

—Sí, Naruto, sí —respondió Haruno sin mucho interés, miró a Hinata con una sonrisa—, ¿y qué tal los entrenamientos con Neji, Hinata?

Hinata bajó la mirada y suspiró, se encorvó un poco al pensar en la pregunta.
—Van bien, Sakura-san —musitó dubitativa—, van bien.

En realidad eran un desastre, Neji se mostraba amable en el trato diario, cuando entrenaban era una situación distinta, y no para bien. Entrenar con Itachi era complicado, pero con Neji era casi como hacerlo con Hiashi.

Hubo un silencio breve, Sakura se dio cuenta que Hinata no quería decir nada más y volteó a Sasuke. Con la diversificación de sus actividades, ya no convivían diario, y eso sólo había hecho que ella buscara acercarse más al Uchiha a cada oportunidad que tenía.

—¿Cuándo vas a traer a los otros Uchiha, Sasuke-kun?, ¿cómo van sus entrenamientos?

El aludido frunció un poco el ceño, a pesar de las semanas teniéndola cerca, aún no se habituaba a Sakura, pero la verdad estaba teniendo tan buenos resultados que le gustaba hablar de eso.

—Bien, algunos están aprendiendo lo básico, pero bastante bien, mucho mejor que otros que llevan años en la Academia.

La insinuación no pasó por alto para Naruto, se giró molesto y sonrió desdeñosamente.
—¿Y de verdad aprenden, idiota? —preguntó Uzumaki con sorna— porque no pudiste enseñarme ese jutsu de fuego, eres un pésimo maestro.

—Claro que aprenden lastre, no son estúpidos como otros, son Uchiha.

Naruto entrecerró los ojos y estaba por mostrarle un ofensivo dedo cuando un cuervo se posó sobre su mano haciéndolo gritar.

—Hemos ya hablado de ese lenguaje, Naruto-kun —dijo Itachi apareciendo repentinamente detrás del rubio.

El Uchiha tomó asiento a un lado de Hinata, no le pasó por alto que la niña se retiró un poco, había dirigido los primeros entrenamientos de los dos Hyūga desde que Hiashi asignó a Neji como compañía de Hinata, y podía decir con claridad que esas prácticas estaban destruyendo el progreso que él había conseguido en la seguridad de la niña. Se propuso revertir eso, aunque no sabía cómo ni cuándo, lo que menos necesitaba era más trabajo.

—Es tarde —murmuró Sasuke—, ¿dónde habías estado? Dijiste que regresarías hace dos días.

—Una misión complicada —explicó secamente el mayor, ninguno de ellos necesitaba detalles de una misión ANBU para el desayuno.

—¿A dónde nos vas a llevar ahora? —preguntó Naruto con entusiasmo.

Sakura y Sasuke lo miraron con expectativa en espera de su respuesta. Habían pasado cinco días desde su última salida y él les había dicho que la siguiente sería especial porque sería un viaje de tres días.

—¿Han oído hablar del Valle del Fin?

Tras la pregunta de Itachi, todos se miraron entre sí.

...

—Uchiha Mikoto ha regresado esta madrugada, Danzo-sama.

—¿Pudieron averiguar a dónde fue?

—No señor, fue imposible seguir su rastro, siempre lo cubre bien.

—¿Hubo éxito con la encomienda de la noche?

—No señor, el intento fracasó nuevamente.

—Y supongo que siguen sin tener idea de por qué.

—Lo lamento, Danzo-sama, ninguno de los agentes encomendados sobrevivió, no hay ningún testigo.

—¿Cuántas bajas fueron esta vez?

—Cinco, señor.

—Retírate.

El anciano hizo un movimiento con la mano y el agente de Raíz desapareció. En la oscuridad de su oficina, Danzo plantó su único ojo visible en el mapa de la renovada distribución de Konoha tras el establecimiento del nuevo barrio Uchiha. Había algunas marcas en toda la extensión del mapa, unas marcaban sus éxitos, las otras los fracasos. Tres Uchiha muertos y cinco asesinatos frustrados, no era una buena estadística.

Se retiró el vendaje del brazo oculto y dos sharingan le devolvieron la mirada, apretó el puño del otro brazo al recordar que debería haber más ojos en ese brazo, pero por culpa de Itachi sólo había podido recuperar dos... o tres si contaba el que yacía en su ojo derecho. Pero no se había rendido, se haría del dojutsu de una forma u otra, después de todo, la amenaza que representaban los Uchiha tenía los días contados.

Ya fuera por las propias acciones del clan o por la mano del viejo consejero.


Gracias Annie Yue por fungir como beta para este capítulo, a las personas que han leído y a Cadmiel por el comentario.

La historia va progresando, adelanto que sí habrá ese salto cronológico que el manga tiene, pero claro, ya las cosas serán un poco diferentes.