La saga de Crepúsculo pertenece a Stephanie Meyer.

Infierno personal

Resumen:

Bella pensaba que su vida no podía ir a peor, después de haberle gritado su amor en público. Pero enseguida la peor noticia que podía haber escuchado llegó a sus oídos; viviría con los Cullen por tiempo indefinido.

Todos humanos.

ExB


Triste pasado

Las constantes miradas de Edward durante la comida, cada vez incrementaba mi nerviosismo, y mi torpeza se veía a relucir cada vez que hacía ademán de coger alguna cosa o contestar alguna pregunta. Y el hecho de que Jacob pusiera suma atención en mí, me entorpecía aún más.

- Y bueno, Jacob – comenzó la voz estratégica de Alice, entrecerrando mínimamente sus ojos – ¿Cómo conociste a Bella?

- Bueno, sus padres son amigos del mío y supongo que a partir de ahí nos hicimos los mejores amigos – dijo, mientras su mirada se dirigía automáticamente a Edward.

Sus miradas estaban entrecruzadas, con los ceños fruncidos, y un profundo odio en los ojos de cada uno. Me mordí el labio con inquietud, buscando ayuda en cualquier Cullen, pero, al parecer, todos tenían cosas mejores que hacer.

- ¿Y… Qué tal os lo pasasteis ayer en la fiesta? – pregunté con lo único que se me vino a la mente. Captando, así, toda la atención.

- ¡Muy bien! – exclamó Alice – Hay que repetirlo – mi rostro se produjo en una mueca de horror y comencé a negar efusivamente con la cabeza – Vamos, Bella. No me digas que no te lo pasaste bien.

Enfrenté sus ojos por varios segundos, reeditando toda la noche anterior, la mayoría en blanco, constando que las únicas partes que me acordaba eran del todo embarazosas.

- No acordarme de nada, no significa pasármelo bien – contesté entre dientes, provocando una risa ahogada de Emmett.

- Deberías haberte visto ayer – soltó una pequeña carcajada – Ibas que no sabías ni quien eras…

- Tu, Em, no digas mucho que también bebiste más de la cuenta – salió la voz enfadada de Rose.

- Si, pero no tanto como Alice – la aludida levantó la cabeza de su plato, y sonrió orgullosamente, mientras su dedo señalaba a Jasper.

- Tengo suerte de tener un novio que me proteja la noche en la que me emborracho – Jasper hizo un amago de sonrisa; al parecer, no le gustó mucho tener que ir protegiéndola a cada rato – Pero, tu Bella, no te puedes quejar, Edward te cuidó toda la noche.

Oh, mierda. Sabía que llegarían a mí, esto de ir echando el muerto a otro para salvarse, al final me tocaría a mí. Sentí mis mejillas arder, ganándome todas las miradas de la mesa, mientras me hundía en mi asiento.

- Eh… Si, supongo – balbuceé estúpidamente. Levanté la vista y se chocó por milésimas de segundos con la verde de Edward.

- Mera cortesía – pronunció el chico de cabellos cobrizos y mi corazón se encogió, estaba con eso intentando decir que, ¿Si hubiese acabado en la cama de cualquiera no hubiera tenido importancia para él?

Sabía perfectamente que yo no le gustaba, pero, después de pedir mi ayuda, algo de aprecio me debería tener, ¿No? Me levanté de mi silla, excusándome para ir a buscar más agua a la cocina, y al parecer, ninguno se sorprendió al ver mi acción. Jake se invitó a acompañarme, pero me negué rotundamente, él sabía que algo me ocurría. Una vez llegué a la cocina, solté un triste suspiro, y me aventuré a llenar la vacía garrafa de agua.

- Bella – di un pequeño salto al oír su aterciopelada voz, a menos de un metro de distancia. No me giré para verle la cara, ya había dejado bastante claro que poco le importaba – Bella, por favor, date la vuelta – apreté la garrafa entre mis manos, y lentamente, me fui dando la vuelta.

- ¿Qué quieres? – pregunté manteniendo mi rostro indiferente, pero fallé.

- Lo que he dicho hace… - sonreí irónicamente, y negué con la cabeza, mientras mis ojos rodaban.

- No pasa nada, Edward. Lo has dejado todo muy claro – comenté en un intento de que mi voz no flaqueara en ningún momento.

- No, no lo he dejado claro, verás…

- Edward, para. No quiero escucharlo – bajé mi mirada, clavándola en el suelo.

- ¿Y qué querías que dijera? – preguntó, claramente, molesto – Ese amigo tuyo me saca de mis casillas, siempre mirándote como si fueras de su propiedad – sus manos se transformaron en puños, y su entrecejo se frunció visiblemente.

- ¿Y eso te debería importar? – pregunté atónita.

- No – dijo en voz baja, clara y dura – Pero no puedo evitarlo – mi vista se alzó sorprendida, para ver el sereno y sincero rostro de Edward.

- ¿Q-Qué quieres decir? – pregunté casi sin voz. Su boca se abrió para decir algo, y, en ese momento, apareció Jacob y pude ver su furia plasmarse en el rostro.

- Bella, ¿Por qué tardas tanto? – envió una mirada envenenada a Edward, y se acercó a mí.

- P-Por nada – contesté sin apartar la vista de los ojos verdes que me tenían atrapada, sin embargo, tristemente, él se dio la vuelta y se marchó con ese andar grácil que poseía y me volvía loca.

- ¿Bella? – la voz de Jake inundó la cocina, y fijé mi vista en él, sintiéndome terriblemente mal, había estado mirando fijamente a Edward, sin reparar en la atención que mi mejor amiga me brindaba – Olvídate de él.

Mis labios se encontraban entre abiertos, y mis ojos abiertos de pura sorpresa. ¿Olvidarme de él? Como si fuera tan fácil, olvidarte de alguien a quien has dado tu primer beso, estás colada por él, y, hace un momento, te ha dicho una frase que te ha dejado completamente descolocada y con el corazón en un puño.

- ¿Qué dices, Jake? – pregunté en un intento de desatenderme del tema.

- Él no te merece, ¿Por qué sigues insistiendo? – sus manos se colocaron en mis hombros, mientras sus ojos se encontraban escaneando mi rostro.

- Jake… - intenté decir, pero su cabeza comenzó a negar de un lado a otro.

- Te hará daño, Bella yo… - mi estómago se contrajo, y quise no escuchar las palabras que vendrían a continuación – Yo te quiero, ¿Por qué no lo intentamos?

- Jacob yo también te quiero, pero, no más que un amigo – su semblante se volvió triste, y dejó caer, lentamente, las manos de mis hombros.

- Será mejor que me vaya – mi boca se abrió para contradecirle – Ya nos veremos, Bells – besó mi mejilla, y se marchó de la cocina.

Aunque quisiese, parecía que me hubiesen crecido raíces bajo mis pies, y no pudiera moverme por mucho que me ordenara, que echara a correr y arreglara eso con Jacob, sin embargo, no me movía. Mis pequeñas manos seguían cogiendo aquella jarra llena de agua, y mis piernas soportaban todo mi peso. No sé cuanto pasó desde que mi amigo se fue, ni si quiera cuando Alice entró y se sorprendió bastante al verme allí.

- Bella, ¿Qué haces ahí parada? – preguntó preocupada.

- ¿Se ha enfadado conmigo, verdad? – por su expresión supe que sabía de quien hablaba, y negó con la cabeza.

- Me ha dicho que te diga que espera tu llamada por si hay novedades – me sorprendió aquella frase, sin embargo, no me extrañó, Jake y yo no podíamos estar enfadados más de dos días seguidos. Era inevitable.

Suspiré. Dejando, por fin, la jarra en la encimera, y volví mi vista a Alice.

- ¿Ya habéis acabado de comer? – pregunté apenada.

- Si, tienen cosas mejores que hacer – miró el reloj colgado de la gran pared de la cocina, y ahogó un pequeño grito – ¡Tengo que irme ya! Es que Jasper ha cogido entradas para el cine y… - me guiñó un ojo, y sentí como los colores se me subían al rostro. Dio una vuelta a si misma, y comenzó a caminar hacía la puerta, sin embargo, antes de cruzarla, giró su cabeza para mirarme y me sonrió – Estáis completamente solos en casa – y después desapareció.

Mi sonrojo aumentó, sabiendo el significado de las palabras que la diabólica Alice había dicho, los únicos que estábamos en casa, en ese momento, éramos Edward y yo. Miles de mariposas revolotearon en mi estómago ante tal pensamiento, y las piernas comenzaron a flaquearme, respiré varias veces seguidas, y salí de la cocina con un paso no muy firme.

Estiré mi cuello para mirar si Edward se encontraba en el comedor, pero no. No se oía ningún ruido de allí. Subí las escaleras lentamente, e investigué desde éstas el piso de arriba. Al parecer él estaba en su habitación. Suspiré. No se que pensaba Alice que hiciera con Edward, pero seguro, no era nada apto para menores.

- Ni que yo le gustara – murmuré, comenzando, de nuevo, a subir las escaleras.

Arrastré los pies hasta mi habitación, pero me quedé quieta, con la mano sobre el picaporte de ésta, mirando su madera blanca. Giré sobre mis talones, encaminándome al cuarto de Edward, alcé la mano para picar, pero de nuevo, me detuve. Negué con la cabeza, y volví a girar sobre mi misma volviendo a caminar hacía mi cuarto, pero a medio camino, negué de nuevo, y volví a la puerta de Edward.

Realmente no sabía lo que me había conducido a quedar parada delante de su puerta, y más aún sin picar ni entrar. Suspiré, y alcé la vista decidida. Posicioné mi mano en el picaporte de la puerta, y la abrí con cuidado. Contuve la respiración al verlo echado en la cama, durmiendo, con los cascos del ipod puestos, sus labios entre abiertos, su cabello más desordenado que de costumbre, y su ropa arrugada y mal colocada. Me acerqué sigilosamente a su cama, arrodillándome en el suelo, para quedar más cerca de su rostro.

Mi temblorosa mano se dirigió a su mejilla, y la acaricié con cuidado, su tacto era suave y perfecto. Dirigí mi dedo a sus labios entre abiertos y los delineé lentamente, causando un extraño y placentero cosquilleo en el dedo que estaba en contacto con sus labios. Suspiré cerrando los ojos, mientras dejaba caer mi mano sobre mi regazo. Los ojos de Edward seguían cerrados, y su respiración era acompasada.

Mi vista, inconcientemente, se dirigió a un álbum de fotos, que se encontraba tirado en el suelo, boca a bajo, ocultando las fotos que contenía. Estiré mi brazo, y lo abrí, una vez que estuvo seguro en mis piernas.

Sonreí tontamente, al ver que eran de Edward y su familia, en el proceso de infancia, y según iban creciendo. Cuando se acabaron las fotos donde salían solamente ellos, habían dos fotos en las que se podía ver un chico de no más de quince años, que por, su desordenado cabello y ese único color pude apreciar que era Edward, con una chica rubia de cabello rojizo, estaban abrazados y él la miraba con amor.

Y me sentí estúpida.

¿Qué diablos hacía mirando ese álbum de fotos, sin permiso?

Quise dejar el pequeño álbum donde lo encontré, en cambio, mi cuerpo tenía otros planes, mi mano se condujo hasta la foto y pasé los dedos por las figuras aparentemente felices que se encontraban en la foto. La chica tenía una sonrisa de oreja a oreja, mirando fijamente a la cámara, mientras una mano se hundía en el cabello de él.

- Es Tanya – me sobresalté y mi vista se alzó nerviosa, buscando la del propietario de aquella aterciopelada voz, sin embargo el miraba con nostalgia la chica feliz de la foto.

- Yo… - mi corazón comenzó a latir dentro de mi pecho, analizando la bronca que recibiría por haber entrado a su cuarto y haber cogido ese cuaderno de fotos, sin permiso – Es muy guapa – las palabras me salieron en un susurro tembloroso, con el estómago contraído, mirando los hermosos ojos de Edward, aunque éstos no me devolvieran la mirada.

- Si, es hermosa – la envidia surcó en el interior de mi cuerpo, ¿Qué persona en su sano juicio no se sentiría halagada con un cumplido de Edward? – Mi familia siempre iba a pasar las vacaciones con ellos, era muy divertido, hacíamos de todo – sonrió perdido en los recuerdos del pasado – Alice siempre se enfadaba a causa de que Irina estuviera demasiado tiempo con Jasper, mientras él solamente quería huir, siempre eran vacaciones completas, no lo niego… - la sonrisa que surcaba en su rostro, desapareció para dar lugar a un sentimiento doloroso, mientras su ceño se fruncía al mismo tiempo que sus labios.

Estaba realmente atónita, no sabía por qué ni cómo me estaba contando eso, lo único que me esperaba era un gran enfado por haber mirado fotos en su cuarto sin permiso, mientras él dormía. Sin embargo, su rostro con una mueca de dolor, produjo que la curiosidad picara en mi interior, y mi lengua se paseara por mis secos labios, con la intención de preguntarle el por qué.

- ¿Q-Qué pasa? – pregunté e inconcientemente mi mano se situó sobre la suya, y algo en mi interior se alegró al notar que no la había apartado, ni si quiera molestado.

Cerró los ojos y suspiró, mientras giraba su mano y cogía la mano, atrapándola entre sus largos y perfectos dedos. Mi necio corazón comenzó a latir fuertemente, mis mejillas adquirieron un color rojizo, y mis nervios afloraron por todo mi cuerpo. Podría jurar que en ese momento no me podría levantar ni aunque quisiese.

Sentí un pequeño apretón en mi mano, mis ojos se dirigieron a los suyos, sin embargo él no me miraba, seguía perdido en recuerdos pasados.

- Ella me gustaba, me gustaba mucho – cerró los ojos, y el aire, de repente, comenzó a faltarme – Y yo a ella. Éramos algo así como novios, prometimos casarnos, tener hijos y llevar una vida normal, en fin, la típica relación de marido y mujer. Con Tanya di mi primer beso, dije mi primer te quiero, sentí esas estúpidas mariposas en el estómago, y saboreé el poder de la traición por primera y única vez… – una triste e irónica sonrisa surcó en sus labios – Se enamoró – sentí una horrible pena dentro de mí, no obstante en un lugar de mí se alegraba de que ella no sintiera nada por él. Lo sé, soy una mala persona.

- ¿Y… qué pasó? – mi voz sonó demasiado floja e insegura. Abrió sus ojos, y soltó mi mano, sintiendo un vacío en mí.

- No nos hemos vuelto a ver – dejó reposar su cabeza en la almohada, y miró el techo directamente – Su familia se mudó, y la mía no ha hecho mucho esfuerzo por volver a encontrarse con ellos, tienen contacto, pero no mucho. Lo justo.

Miraba su rostro con curiosidad y dolor, aún parecía perdido en sus recuerdos, en un triste pasado no muy lejano, y el dolor que le producía toda aquella historia se reflejaban en sus ojos verdes.

Aún tenía la incógnita de por qué Edward me había contado todo eso, sin embargo eso parecía algo demasiado pequeño como para tomarle importancia. Y en ese momento, sentía la estúpida necesidad de consolarlo, de hacerle saber que me tenía a mí, que yo nunca le fallaría.

Y haciendo fuerza de la poca cordura que me quedaba, me levanté con mis flojas piernas, e hizo algo de lo que nunca me arrepentiré. Mis dos brazos aprisionaron su cintura, apretándola con fuerza, mientras mi cabeza reposaba en su pecho.

Esperé que me rechazara y me mandara fuerza de su habitación, sin embargo, sus fuertes brazos correspondieron ese improvisado abrazo, y me estrecharon fuertemente. Su cabeza se apoyó en la mía, y su respiración golpeaba mi pelo y parte de mi rostro, y sentí el cielo en contacto con mis dedos. Y, poco a poco, dejándome llevar por esa fantástica situación, y el exquisito olor de su perfume, me dormí, sin dejar de sentir esa presión de sus brazos contra mi cuerpo. Eso era el paraíso.

Aún no entendía muy bien, era como esa tal Tanya, había elegido a otro, teniendo a Edward. Si hubiese estado en su misma situación no lo estaría pensando dos veces el estar con él o no. La simple idea de que él fuerza rechazado me era algo ilógico, algo sumamente incoherente.

Simplemente, no lo entendía.

Abrí los ojos con aturdimiento y lentitud, moví la cabeza buscando algo en la oscuridad del cuarto, y lo encontré. Dos hermosos orbes me miraban con curiosidad, y me sentí repentinamente cohibida, le sonreí con timidez, y él sacó a relucir sus blancos y perfectos dientes. Respiré, recibiendo su olor e intenté grabarlo en mi mente, pocas veces, por no decir ninguna, tendría la oportunidad de estar así con Edward, y no podría volver a inspirar su perfume que tanto le caracterizaba.

Su sonrisa se desvaneció, y aunque estuvieramos en la más llena oscuridad, supe que algo le atormentaba. Me incorporé un poco sin dejar que mis brazos se separasen de su escultural cuerpo, e intentando que él no me dejase libre de su brazos.

- ¿Que sucede? – mi voz ronca me sorprendió, sin embargo él pareció no notarlo.

- Me gustaría aclarar una cosa – el miedo se instaló en mi estómago, y contuve la respiración durante breves segundos.

- ¿E-El qué? – pregunté estremadamente nerviosa, ¿Y si se arrepentía de haberme contado sobre su pasado? ¿Y si me decía que no volviera a entrar a su cuarto sin permiso? Miles de preguntas se acoplaron en mi mente. Edward respiraba con tranquilidad, mientras mi nervios aumentaban por momento.

- Lo que dije antes en la comida, quiero que sepas que nunca lo hice por mera cortesía – sus brazos se apretaron más contra mi cuerpo, y suspiró antes de seguir – No podía pensar que alguien tuviera sus sucias manos en tí, por eso te vigilé cuando vi que bailabas con una extraño y tenías un vaso que parecía contener alcohol en tu mano... Aunque no lo demostrase, en el fondo de mí, sabía, que me estaba comportando como un novio celoso – sonrió secamente – Y una pregunta me atormentó toda la noche, ¿Por qué debería tener esa actitud, cuando solo somos... amigos?

No le contesté al momento, apoyé de nuevo mi cabeza en su pecho, y suspiré. Estuve algunos minutos en silencio, mientras mis ojos se fijaban en algún punto de la oscuridad.

- Me alegro de que te comportaras así, de verdad – susurré con una sonrisa surcando en mis labios.


Hasta aquí el capítulo. Sé que no es muy largo, pero no sé, no me convenció mucho, la verdad -.-

Hubiese actualizado antes pero la página estuvo unos días paradas, y aún no tenía acabado el capítulo :S

Bueno, me voy ya que me tengo que leer un libro para el instituto -.-

Como siempre, agradezco vuestros reviews y alertas :)

Nos leemos pronto!

Cuidenseee :)

Marinilla14