CAPÍTULO 10. La Culpa Es Mía.
El dolor más desesperante
es sentir la sensación de que no quieres vivir...
para no morirte.
1.
Los escombros de aquella fortaleza caían a su alrededor, apenas podían esquivarlos y seguir avanzando, de un momento a otro todo había comenzado a derrumbarse sin razón aparente, y ellos apenas atinaron a correr escaleras abajo.
Chopper iba colgado de la espalda de Luffy, quien saltaba las rocas sin problema, a Robin le estaba costando más trabajo esquivarlas, pero le estaba siguiendo el ritmo bastante bien, sin embargo una enorme roca cayó entre ella y los dos muchachos cubriéndole el paso.
— ¡Robin! — gritó Chopper aterrado al ver aquello.
Luffy se detuvo y se giró a ver a la morena, pero lo que vio fue una enorme roca detrás de él. ¿A dónde se había ido la arqueóloga?
— ¡Luffy!— chilló el renito —. Robin quedó atrapada del otro lado.
— ¿¡Qué!?
2.
Las cosas estaban claras en su mente, en aquellas condiciones le sería imposible salir antes de que todo se derrumbara, y si el rubio cargase con él seguramente ninguno de los dos saldría vivo de ahí.
— ¡Vámonos!
Se volvió a verlo al oír aquello, quería irse con él, pero las probabilidades de que ambos pudieran llegara a la salida le parecían nulas, en especial teniendo en cuenta que él no sabíadónde estaba la uno o ninguno, y él prefería salvarlo, prefería que el rubio viviera, teniendo en cuenta que al cocinero no le importaba lo que a él le pasara, o lo que pudiera sentir era mejor que viviera. Lo supo entonces, si Sanji moría él no iba a poder soportarlo, su corazón no podría con eso.
Jaló del brazo al rubio, con fuerza, casi creyó que con demasiada brusquedad, pero si iba a morir no quería hacerlo sin decirle lo que sentía por él. Lo miró a la cara y se armó de valorpara soltar aquello —. Te amo.
Le dolió en el alma ver la expresión descolocada del cocinero, pero ya no había marcha atrás, ya lo había ó que comenzaba a abrir la boca para decir algo y haciendo uso de toda la fuerza que le quedaba lo sujeto de los hombros y lo arrojó antes de que pudiera decirle algo más hiriente de que le había dicho antes, hubiera querido besarlo, pero le dio pánico acercar sus labios a los de él.
Lo miró atravesar el cristal y se cubrió de los vidrios que cayeron por todos lados, algunos se encajaron en sus brazos, pero no era nada serio, aunque eso ya no incorporó de nuevo para verlo por última vez y no pudo evitar esbozar una sonrisa al ver que lograría estar a salvo; su vista se nubló de pronto y toda la fuerza y el aplomo que parecía tener hasta ese momento desaprecio. Ya no importaba si estaba consiente o no, había aceptado ese destino, así que se dejó vencer por el agotamiento y se desplomó en el suelo mientras todo a su alrededor se caían en pedazos.
3.
Williams presionaba desesperado todos aquellos botones inservibles esperando que de algún modo la puerta se abriera para poder salir de aquella maldita habitación. ¿Para qué demonios habían hecho una habitación con una sola salida?
— Todo esto es tu culpa — masculló entre dientes, enfurecido, volviéndose hacia el joven que yacía inconsciente boca abajo en el suelo con la cabeza en un charco de sangre. Caminó hacia él y comenzó a patearle las costillas—. ¡Despierta imbécil! — le ordenó sin dejar de patear — ¡Cuando salga de aquí tu adorada guardián se convertirá en carroña! — tras decir aquello lanzó un patada todavía más fuerte que hizo que el inmóvil cuerpo se girara boca arriba a una ligera distancia de él.
— Ngh...
Amyas sonrió al comprobar que aún estaba con vida —. Vas a saber lo que es el infierno en vida — amenazó y se aproximó a él, tomando el látigo con rabia, sin embargo el techo comenzó a desplomarse sobre él y sobre toda la minúscula habitación.
4.
Nami veía la puerta con ambas manos sobre su pecho, el lugar se estaba cayendo en pedazos y Luffy y los demás no volvían. Rezó para que todos estuvieran bien.
—¡Aaayyy!
La queja de la chica que habían sacado la hizo volverse, estaban ahí ella y Usopp en medio de todos los soldados con los que habían estado peleando Luffy y los demás, también tenía miedo que todo hubiera sido una trampa para atrapar ahí al chico de goma, después de todo su cabeza valía treinta millones de Bellis.
— Aiya, ¿estás bien? — el anciano se veía verdaderamente preocupado.
La chica se había caído de rodillas al suelo sujetándose la cabeza con la mano izquierda y el pecho con la derecha —. Alguien murió... — murmuró con voz temblorosa.
La pelirroja la vio aterrada y luego posó la vista en la puerta rogando que alguien saliera pronto, o más bien, que todos salieran pronto.
— ¿¡Cómo que alguien murió!? — Preguntó Usopp, aterrado —. ¿Quién? ¿Cómo lo sabe?
— Tengo premoniciones — le informó la chica sonriéndole con dificultad mientras apretaba y estrujaba el kimono como si algo le doliera demasiado.
— ¿¡Has visto el futuro!? — gritó el moreno con ojos desorbitados.
— En este momento ha sido sólo una sensación — le informó mientras su padre la ayudaba a levantarse —, no he visto nada realmente.
— Aiya, será mejor que no te esfuerces — le pidió el anciano.
— Estoy bien, padre — le indicó con dulzura.
— Has estado mucho tiempo en las celdas — le recordó —. Necesitas descansar.
— ¿Descansar? — repitió ella con suavidad —. Pero si en todo este tiempo no he hecho nada más que eso — le recordó, sabiendo la terrible carga que había tenido que llevar Dampier para protegerla.
Usopp miró a su alrededor a la gran cantidad de soldados que había ahí, algunos heridos y otros sanos, pero lo que le intrigo fue que eran demasiados —. ¿Por qué nunca se revelaron si son tantos? — preguntó pensativo.
— Para no poner en riesgo a Lady Aiya — le respondió el que parecía tener mayor rango, era el mismo que había guiado a Luffy y a Nami a los calabozos —. Eso fue decisión del coronel Dampier — indicó, recordando cómo había asumido toda la responsabilidad, luego del secuestro de la joven vidente y la inevitable rendición.
— ¿Y ese quién es? — preguntó Usopp, aún más confundido.
— Él es el encargado de la protección del guardián — le respondió el anciano —. Es un muchacho muy valiente que ha soportado un sin número de atrocidades para que no le pusieran una mano encima a mi hija — concluyó con paternal orgullo.
Aiya agacho el rostro con mirada triste. Recordar cómo Kirk había ofrecido su dignidad a cambio de que ella estuviera a salvo siempre la entristecía. « Debes vivir Kirk.» Suplicó esperando que de algún modo la oyera. «Debes levantarte y escapar.» Miró el cielo con pesar, sabiendo que tal vez no lo volvería a ver. «Tú vida vale tanto como cualquiera.»
"— Si he de morir por protegerla — le había dicho a través de la rendija, luego de haber despertado de la primera "sesión" en manos de Amyas —, lo hare con una sonrisa."
5.
Robin empujaba con toda su fuerza la roca que le cubría el camino, pero no podía con ella.
— ¡Robin!
Escuchó quedamente aquel grito que provenía desde el otro lado.
— ¿¡Me oyes!?
— Ojos fleur — cerró sus ojos e hizo que brotaran unos del otro lado de la roca, los cuales se abrieron despacio y vieron al joven capitán mirarlos ojos extra parpadearon antes de desaparecer. Abrió sus verdaderos ojos y sonrió « Pensé que capitán se habría ido ya.»
— ¡Aléjate de la roca!
Obedeció aquella orden sin decir nada y vio como un puño atravesaba y despedazaba la roca que le impedía salir, hubo algo de humo y después se topó con la amplia sonrisa de su capitá también le sonrió y comenzaron a correr de nuevo, pero esta vez Luffy la tomó en brazos y fue el único que corrió.
6.
El impacto contra el rió fue monstruoso, debido a la altura de la que había caído. Sintió como perdía todo el aire de sus pulmones, y al tratar de recuperarlo se llenó de agua todo su organismo porque se encontraba sumergido, pataleo y nadó a prisa y con dificultad a la superficie. Comenzó a toser estoico escupiendo el agua que había tragado y tratando de inhalar algo de aire al mismo tiempo, pero eso era prácticamente imposible. Con vista nublada y sin poder respirar aún, nadó lo más rápido que se lo permitió su cuerpo hacia una orilla, donde subió con dificultad,a gatas, hasta quedar completamente fuera del agua. Aun tosiendo se dejó caer de espaldas en el suelo.
De sus ojos caía un rió de lágrimas que poco tenía que ver con su dificultad para respirar, llevó su mano derecha y se cubrió los ojos con el dorso de la misma, al tiempo que sentía que el aire volvía a entrar a su sistema, comenzó a temblar y un sollozo ahogado salió de sus labios — Idiota... — apretó los puños con fuerza al escuchar cómo se derrumbaba la montaña y por ende la fortaleza donde había quedado atrapado el espadachín —. No tenías que salvarme... — suspiró y se secó las lágrimas con rudeza apartando el brazo.
"— Se dice que el lago esta maldito — le informó Robin con calma —, el lugar esta resguardado por las criaturas más crueles y aberrantes del mundo, y aquel que se atreva a intentar encontrarlo será condenado a sufrir eternamente una gran humillación y sufrimiento."
De pronto las palabras de la morena hicieron eco en su vez la maldición había resultado ser una farsa, pero seguramente Zoro lo había pasado mal, y ahora... Se levantó de golpe, tenía que volver y buscarlo, aquello no podía haberlo...
— Él está bien — se dijo en voz alta —. Está bien...
Comenzó a correr con todas sus fuerzas de regreso a la fortaleza. La corriente del río lo había alejado bastante del lugar, pero debía volver, debía decirle a Zoro que sentía lo mismo que él.
7.
Decidió cargarla también para que no se volviera a quedar atrás, y así iba, con Chopper y Robin en espalda y brazos respectivamente. La morena le decía por dónde dirigirse, y aunque estaba siguiendo sus indicaciones no podía evitar preguntarse donde estarían Zoro y Sanji, ¿ya habrían logrado salir?
— ¡Por ahí capitán! — le indicó señalando la salida.
Luffy brincó un par de rocas más y esquivó algunas tantas antes de conseguir lanzar su mano fuera, estirándola lo suficiente hasta sentir que sujetaba algo con firmeza, entonces se dejó llevar esquivando rocas por el camino.
Finalmente se vieron fuera, pasaran entre un grupo de gente derribando a algunos y llevándose a Usopp por delante. Se estrellaron contra un árbol haciéndolo caer.
El chico de goma se sentó con las piernas entrelazadas y sujetándose el sombrero, al tiempo que reía a carcajadas —. ¡Eso estuvo divertido!
Robin se había levantado y se estaba sacudiendo el polvo, pero al oír a su capitán no pudo evitar dedicarle una sonrisa. Usopp y Chopper estaban tirados en el suelo con los ojos en espiral, pero al oír la declaración del joven de goma, el moreno de nariz larga se levantó exaltado.
— ¿¡Divertido, dices!? — lo sujeto del chaleco y comenzó a zarandearlo con fuerza —. ¿¡No te das cuenta que casi me matas!? ¡Yo no soy un jodido fenómeno como vosotros, subnormal!
— Lo siento — se disculpó Luffy mientras se hurgaba la nariz.
Nami veía la escena a distancia y suspiró aliviada permitiéndose una pequeña sonrisa antes de ir a estamparle un capón en la cabeza al joven capitán.
— ¡Oye, Nami! — Se quejó volviéndose a verla —. ¿Por qué me pegas?
— Me tenían muy preocupada — le regaño con una sonrisa.
— Estamos bien — sonrió ampliamente el moreno, luego paseo la vista por todos lados —. ¿Dónde están Zoro y Sanji? — preguntó despreocupadamente, asumiendo que ya habrían salido.
De pronto hubo un tenso silencio, cortado solamente con el sonido de los grillos.
— No han salido aun — respondió la pelirroja con angustia volviéndose a la puerta.
— ¿¡Que!? — Luffy se levantó de un salto — ¡Iré por ellos!
— Ellos están bien — lo detuvo "la joven misteriosa."
Él dirigió su vista hacia ella y sonrió tranquilo.
— ¿Cómo puedes decir eso? — Espetó Usopp —. Hace un momento dijiste que alguien había muerto y que no sabías quien era.
— Estoy segura que no son sus amigos — le reveló con calma.
— ¿Cómo puedes saberlo? — insistió el moreno de larga nariz.
— Yo...— Aiya no sabía exactamente que responder.
— Iré por ellos — volvió a decir Luffy.
Infortunadamente en ese instante se escuchó un nuevo estruendo y toda la montaña se desplomo sobre sus propios escombros, levantando una polvorera que les evito ver, haciendo que comenzaran a ahogarse. Les costaba respirar entre tanto polvo y todos comenzaron a toser.
El polvo comenzó a disiparse para finalmente dejarles ver solamente los escombros apilados de lo que minutos antes era una enorme montaña con una fortaleza construida en su interior; pero ahora sólo quedaban los restos. Justo enfrente de todos llamaba la atención una figura delgada que caminaba pesadamente hasta la antigua falda de la montaña, en una especie de trance.
— Sanji ...
El rubio no respondió al llamado de la pelirroja, estaba viendo incrédulo la escena delante de él, esperando que conforme se acercara todo resultara producto de su imaginación y pudiera entrar de nuevo por el espadachín, sin embargo la imagen delante de él nunca cambio, al contrario, mientras más cerca estuviera era más devastadora. Sintió un hueco que comenzaba en la boca de su estómago atravesando su pecho y secándole la garganta, percibió un ligero olor a podrido que provoco que se le revolviera el estó cubrió la boca con la mano derecha y parpadeó para que su vista no se nublara por las lágrimas que comenzaban a bajar tibias por su pálido rostro, tragó saliva tratando de mantener la calma ante la idea que comenzaba a solidificarse en su mente.
— Sanji ... — esta vez el llamado estaba claramente detrás de él, a escasos pasos de distancia.
Bajó lentamente la mano de su boca y la dejó a la altura de su pecho sin acercarla —. Zoro... — su voz se quebró haciéndole sentir un dolor punzante en todo el cuerpo, pero en especial en el sitio que sentía vació. Se agachó apretando los ojos para intentar tomar valor y encontrar las palabras indicadas para decir aquello, pero su cuerpo comenzó a temblar por el llanto que clamaba porque le dejara salir de su sistema. Tragó saliva otra vez e irguió la espalda mientras rebuscaba algo en la bolsa de su pantalón.
Nami se lamió los labios esperando que lo que quería decir Sanji no fuera lo que su traicionera mente estaba ás lo había visto en aquel estado de turbación y tristeza, quería decirle que se calmara, que todo iba a estar bien, pero por alguna razón no podía acercarse a él, emanaba tantodolor que incluso tocarlo podría hacer que se derrumbara totalmente.
— ¿Qué pasa con Zoro? — preguntó Luffy acercándose a ellos, no entendía que le sucedía al rubio, pero tenía una extraña sensación en el estómago que estaba seguro que no era hambre, era un vació diferente... miedo, tal vez...
— Él...— la voz del cocinero se ahogaba cada vez que trataba de decir algo, le faltaba el aire, necesitaba un cigarrillo, pero estaba empapado y además no encontraba la cajetilla por ningún lado.
— Sanji, ¿Qué paso? — le apremió Chopper, parándose junto a Luffy.
— Si Sanji, ya dinos...—intervino Usopp caminado hasta la altura de sus compañeros, pero deteniéndose ligeramente un paso más atrás —. ¿No ves que nos estas asustando?
Hubo rubio no podía decir nada, sabía que si volvía a abrir la boca ya no podría retener el sollozo que lo estaba asfixiando.
— Espadachín no logró salir — dijo Robin obteniendo las miradas de todos, menos la del cocinero —, ¿verdad?
Ahora Luffy y los demás se volvieron a ver a Sanji y sintieron como un cubetazo de agua fría les golpeaba el rostro cuando lo vieron asentir.
— Lo siento... — murmuró el rubio en un gemido ahogado—, yo no... — pero no pudo más, se cubrió los ojos con la mano izquierda agachándose mientras su cuerpo comenzaba a temblar al ritmo de su llanto. Su otra mano la posó en su pecho y estrujó su camisa con desesperación mientras sentía que le fallaban las piernas y se dejaba caer lentamente de rodillas en el suelo.
Nami se cubrió la boca y comenzó a negar con la cabeza, incrédula, mientras las lágrimas salían furiosas de sus ojos. Robin agachó la vista y cerró los ojos con tristeza dejando escapar una lágrima solitaria. Chopper estalló con fuertes sollozos que acabaron con el silencio del lugar y Usopp se limpiaba una y otra vez las lágrimas infructuosamente, tratando de parar su traicionera marcha.
Luffy se quedó en una especie de trance, incapaz de asimilar lo que acababa de oír, pero especialmente lo que eso implicaba. De pronto su expresión de incredulidad se tornó molesta y se giró enfurecido hacia el otro grupo de personas ahí, posando su mirada en la chica que había sacado del calabozo.
— ¡Dijiste que Zoro iba a estar bien! — Le reclamó rabioso — ¡Confié en ti y por eso no fui a buscarle!
La chica lo miró con lastima y posó sus manos sobre su pecho al tiempo que cerraba los ojos.
El chico de goma apretó los puños embravecido y acto reflejo los soldados se pusieron delante de la joven apuntando sus armas contra los piratas, pero antes de que Luffy lanzara el golpe sintió como unos brazos se enredaban en él por su espalda y se apoyaba una cabeza en su hombro humedeciendo su cuello con las lágrimasque no dejaban de salirle de sus ojos.
— Nami...
— No es tu culpa... — le dijo entre lágrimas apretándose a su espalda —. Esto no es tu culpa, Luffy...
« No.» Pensó Sanji con pesadez, no los miraba, seguía en la misma posición en la que había acabado. « No es tu culpa Luffy...» Se apartó el cabello del rostro echándolo para atrás con la mano que tenía en sus ojos. « La culpa es mía...» Las lágrimas le nublaron la visión del precioso, pero deprimente cielo. «La culpa es mía. »
Aiya abrió los ojos con lentitud —. Su amigo está vivo — anunció repentinamente.
— ¿Esta segura? — inquirió Usopp, esperanzado.
— Completamente.
Todos la veían incrédulos. Sanji se levantó y se limpió las lágrimas, para adelantarse y pararse frente a la hermosa joven —. Yo lo vi desmayarse — le informó, tratando de no sonar muy brusco, después de todo estaba hablando con una mujer, aunque no tenía idea de quien era —. ¿Cómo puede asegurar que está vivo?
— Lo he visto — afirmó, contrariando aún más al cocinero —. Él lo sacó.
El rubio abrió los ojos desmesuradamente al oír aquello.
— ¿Él? – preguntó Nami sin imaginar quien podía ser "él".
— Si — les sonrió la chica, aunque su mirada reflejaba una extraña tristeza.
— ¿Quién? — insistió la pelirroja
— No sé su nombre — admitió con algo de pena —, pero él no le hará daño, y lo ayudara a sentirse mejor.
8.
Estaba caminando con más tranquilidad que en todo ese día, pero aun así se sentía bastante preocupado. Llevaba al joven espadachín en brazos, sujetándolo con la mayor delicadeza que podía, su cuerpo se veía bastante magullado, pero lo que más le preocupaba era la expresión de tristeza que tenía en el rostro, aunque sonreía, era una sonrisa triste que le estrujaba el corazón. « ¿Renunciaste a la vida?»
¿Qué le habrían hecho? No podía evitar preguntarse qué de malo le había pasado, para que hubiera decidido rendirse. Le había quitado los pedazos de vidrios y lo había enredado en la gabardina que siempre usaba para evitar que se desangrara. Lo llevaría con un doctor, mientras estuviera a su lado estaría a salvo, no permitiría que nadie le volviera a hacer daño.
— Estarás bien Roronoa — le susurró con suavidad —, yo cuidare de ti.
El peliverde hizo unas muecas extrañas, las cuales atribuyo a algún dolor agudo, así que acelero el paso. Su corazón se detuvo para disparase con fiereza al sentir al muchacho aferrarse a su pecho, aunque parecía inquieto y algo turbado, aquella curiosa búsqueda de refugio del chico entre sueños lo hizo sentir una necesidad inverosímil de protegerlo de todo. Su pecho se hinchó y le dedicó una sonrisa llena de amor.
— Aférrate cuanto quieras — sonrió y volvió su vista al frente para ver el camino —, para eso estoy aquí — esta vez lo apretó entre sus brazos, en un abrazo protector —, y eso es lo que quiero.
9.
El rubio había dejado de escuchar el interrogatorio que se llevaba a cabo ahí, su mente estaba en otra parte.
"– Yo le encontrare y le pondré a salvo — le aseguró Mihawk.
— ¿Por qué?
—Porque Roronoa Zoro si significa mucho para mí."
Él lo había rescatado, de eso no tenía lo había llevado. Aunque el espadachín le había dicho que le amaba, no tuvo oportunidad de decirle que sentía lo mismo, ni siquiera se había disculpado por como lo trató, aunque lo intento, no había logrado decir realmente nada. Seguramente Zoro pensaría que lo despreciaba. « Me lo va a quitar.» Se dijo cerrando los ojos con aflicción. «Voy a perderlo porque soy un cretino.» Sonrió melancólico y burlándose de sí mismo. Se lo merecía, ciertamente se lo había ganado a pulso, cada dolor, cada lagrima derramada, cada angustiosa presión... todo se lo había ganado, de hecho, lo único que no merecía realmente era que el peliverde lo amara a pesar de todo.
10.
Hicieron un campamento improvisado y el renito estaba curando a los heridos con la ayuda de las tres chicas ahí y el viejo farmacólogo, es decir, el padre de Aiya. Luffy y Usopp se habían quedado dormidos bastante cansados de todas la emociones que habían tenido ese día, pero ahora que la chica misteriosa les había dicho que Zoro estaba bien se sentían más tranquilos, aunque no se imaginaban quien había sacado de ahí al peliverde, sin duda le harían una gran fiesta de agradecimiento.
— Dijiste que el lago de diamante existía — le recordó Nami a Aiya mientras limpiaba la sangre del rostro de uno de los heridos al que la aludida le estaba cambiando la toalla húmeda de la frente.
— Si — le respondió con tranquilidad —. Es un lugar que sólo los dignos pueden visitar.
— ¿Nos dirás dónde está? — Preguntó con un extraño brillo en la mirada —. Nos lo debes, después de todo te salvamos, y a tu gente.
Aiya la miró con curiosidad por un momento, había cambiado bastante de semblante en cuanto se convencieron de que su nakama estaba bien.
— No — le dijo calmada.
— ¿¡Que!? — chilló la pelirroja, incrédula —. ¿Por qué no?
— Los llevare yo misma mañana.
— ¿De verdad? — cantó con los ojos con forma del símbolo de Bellis al tiempo que juntaba sus manos frente a su pecho por causa de la emoción.
— Tú lo dijiste — le sonrió —, se los debo — entonces levantó la vista al cielo. Hacía años que lo contemplaba, tantos que aquella visión le pareció sublime —. No hay nadie más digno de ir ahí, que ustedes.
11.
Estaba sentado junto a la cama con los brazos cruzados mientras lo observaba dormir. Había dejado la gabardina y su sombrero en un perchero y se había puesto una elegante camisa chico estaba intranquilo, en momentos lo veía hacer muecas y revolverse angustiado al tiempo que balbuceaba, le costaba trabajo entender las cosas que decía entre sueños, pero había tres palabras que lo hicieron sentir aterrado y que lograron conseguir que su corazón latiera pesadamente de nuevo por la angustia de lo que sabía que podían significar."No me toque." No quería creer que le habían hecho lo que se imaginaba, pero si así era...
Escuchó que tocaban la puerta y se levantó calmado para abrir.
— Señor Juraquille — lo saludó una linda mujer rubia y delgada, traía puesta una bata blanca y llevaba un maletín. Él levanto una ceja expectante —. Soy la doctora — le informó al notar su expresión —. Me informaron que había solicitado un médico.
— Pase — la invitó haciéndose a un lado.
— ¿Cuáles son sus síntomas? — preguntó mientras se introducía a la habitación.
— Yo estoy perfectamente sano — le respondió al cerrar —, él es quien necesita atención — le dijo, ante la mirada confundida que recibió, señalando la cama.
La mujer giró su vista hacia la cama y abrió los ojos asombrada al ver al muchacho y el estado en que se encontraba —. Salga — le ordenó a Mihawk, autoritariamente, al tiempo que colocaba su maletín en una mesa y comenzaba a sacar sus herramientas.
Él Shichibukai la miró receloso, luego desvió la vista al joven y optó por hacer lo que la doctora decía, no quería complicar aún más las cosas. Tomo su espada y salió sin decir una palabra.
12.
— ¿No puedes dormir?
El rubio levantó la vista para ver a la morena, quien le ofrecía un poco de té.
—~ Gracias Robin swan ~— le sonrió lo mejor que pudo, aunque trato de actuar como siempre, su imitación de su mismo salió verdaderamente falsa. En aquel momento hasta Luffy lo habría imitado mejor.
La chica le dio la taza y se sentó junto a él —. ¿Crees que ella nos está engañando?
Sanji comenzó a dar vueltas a la taza observando el líquido en el interior —. Estoy seguro que él sacó a Zoro.
— ¿Él?
El rubio se irguió y abrió los ojos antes de girarse a ver a la chica junto a él, no había planeado decir aquello en voz alta.
— ¿Sabes quién se llevó a espadachín? — indagó Robin convencida de que la respuesta era sí.
— No — mintió, pero volvió a posar la vista en el té, si aquel hombre lograba lo que quería lo más seguro era que el peliverde no volvería con ellos, así que lo mejor era fingir que no sabía nada, de ese modo Luffy no sabría dónde buscarlo. Aquellos pensamientos lo hacían sentir sumamente vació y desolado, tan cansado como nunca en su vida, quería que Zoro volviera con ellos, pero si lo buscaban y se negaba a volver... No aguantaría algo así, no aguantaría verlos juntos.
— El volverá — le aseguró la mujer al ponerse de pie.
El cocinero la miró extrañado. Parecía que sabía lo que estaba pensando, pero sólo la vio alejarse con elegancia. Miró el té una vez más y suspiró antes de darle un sorbo. ¡Maldición!, cómo deseaba un cigarrillo.
13.
Se recargó junto a la puerta y no se movió de ahí. Cruzó los brazos impaciente y desvió la vista a una ventana por donde contempló el amanecer. Esa espera le resultaba desesperante, no recordaba haberse sentido tan ansioso en toda su vida.
Descruzo los brazos y caminó hasta la ventana, permitiéndose un suspiro de preocupación. Las horas le habían parecido más largas de lo que realmente eran, se sentía cansado y hambriento. Hasta ese momento se percató que no había comido nada desde el desayuno antes de salir rumbo al bosque el día anterior.
Giró la vista hacia la puerta cerrada de la habitación y la vio abrirse con lentitud. Su mirada se topó con la de la doctora — ¿A estado aquí toda la noche? — preguntó sorprendida la mujer, en cuanto lo vio.
— ¿Cómo esta él? — Mihawk decidió desviar el tema a lo verdaderamente importante, lo que él hubiera hecho toda la noche no tenía importancia.
— Aturdido — respondió con aflicción —, muy mal herido — añadió mirando los penetrantes ojos que no se apartaban la vista de ella —, pero es muy resistente — sonrió débilmente —. Estará bien.
Taka no me suspiró aliviado.
— Aunque... — El hombre clavó sus ojos en ella otra vez, mostrando una inmensa preocupación — Lo que le hicieron no será fácil de superar — informó —. Le va dejar muchas secuelas, algunas quizás irreversibles — añadió apesadumbrada.
— ¿Lo que le hicieron? — inquirió él, con un hueco en la boca del estómago, que nada tenía que ver con el hambre que sentía.
Ella lo miró confundida, pero se notaba que no tenía idea de todo lo que había soportado el muchacho — Abusaron de él... — le informó con la voz más calmada que fue capaz de articular —, sexualmente.
Mihawk se descolocó totalmente al oír aquello que tanto temí corazón se había disparado y desvió la vista en todas direcciones tratando de calmarse. Le temblaba el labio inferior en un tic nervioso e incontrolable, pero contuvo lo mejor que pudo todas aquellas reacciones.
— Tiene laceraciones en el esfínter — comenzó a explicar con calma —, nada de gravedad afortunadamente — añadió —. Tendrá que tomar desinflamatorios y analgésicos — continuó con las recomendaciones médicas —, además de un antibiótico, para evitar que las heridas se infecten. Requerirá mucha limpieza y pocos esfuerzos — suspiró —. Preferentemente comidas blandas...
La doctora continuó hablando, pero él no la escuchaba más. Se sentía tan culpable, todo era por su maldita arrogancia. No sabía qué hacer, aquello no desaparecería cuando las heridas físicas sanaran. Posó la vista en la doctora una vez más con ojos interrogantes, pidiéndole con la mirada que lo ayudara... hacia tanto tiempo que no le pedía ayuda a nadie que las palabras no salieron de su boca.
La mujer suspiró. Sabía lo que aquella mirada implicaba y trató de encontrar las palabras justas para decir aquello —. Sin importar su reacción, todas sus emociones son normales — le dijo, tratando de buscar una manera de explicarse, era doctora no psicóloga, sin duda había tenido una ligera instrucción sobre qué hacer en esos casos, pero no era algo sencillo de explicar —. Es importante no juzgarlo — continuó —, deje que sea el quien decida si contarle o no lo que paso. Es importante que sienta que tiene el control de su vida, durante esa experiencia seguramente se le despojo de ese control. Si él desea permanecer en silencio, no fuerce una confidencia. Déjele saber que usted estará disponible para escuchar cuando él esté listo para hablar. Tal vez nunca le cuente nada, pero si lo hace, escuche sin expresar sus propias opiniones — ella suspiró una vez más —. Lo más importante es que le haga saber que cree en él, y que lo ayude a entender que no importa lo que paso, o como paso: NO FUE SU CULPA.
Juraquille se pasó una mano por el rostro en señal de frustración, si no fuera por lo que paso él mismo habría matado a ese maldito repúgnate.
— Le he inyectado un calmante, así que no despertara en algunas horas más — le informó para tratar de tranquilizarlo. Nunca imaginó que un hombre tan respetado y temido se desmoronaría por lo que le pasara a un muchacho, seguramente era muy importante para él, así que debía calmarlo para que no hiciera que el pobre chico se sintiera peor —. Trate de descansar — le indicó —, y no se separe de él por mucho tiempo. Si le pide que salga de la habitación hágalo, pero no le quite un ojo de encima.
Mihawk suspiró —. En lo que respecta a lo demás — su voz se oía engañosamente calmada —, ¿se pondrá bien?
La mujer asintió con una sonrisa comprensiva —. Le dejé el medicamento y las instrucciones en la mesa junto a la cama — explicó, y vio como él le extendía una pequeña bolsa.
— Espero que eso cubra sus honorarios.
Tomó la bolsa y guardó en su maletín sin revisar el contenido —. Estoy segura que es más que suficiente — tras decir eso hizo una reverencia y se fue. Entendió perfectamente la indirecta.
Una vez que la vio irse, Mihawk entró, dudoso, en la habitación. Clavó la mirada en Roronoa y suspiró profundamente. Caminó hasta la cama, acercó una silla y se sentó junto a él. Quería acariciarlo, pero temía lo que aquello podría provocarle, así que sólo se quedó ahí, junto a él — Perdóname — susurró, deseando que lo escuchara entre sueños, y por las muecas del muchacho, habría jurado que lo hacía —. La culpa es mía.
Continuara...
Notas Finales:
Este capítulo contuvo algunos consejos de cómo se debe tratar a una víctima de violación. No sé qué tan acertados sean. No soy psicóloga, ni pretendo serlo. Jamás he conocido a alguien que haya pasado por algo así, por lo que quiero que sepan que esta es la información que logre recopilar y asimilar de distintos estudios sobre los temas. No pretendo que se sientan expertos en esto por lo que yo he escrito. Lo mejor en esos casos es ir con un médico y personas capacitadas para ayudar.
Fuente principal: Ensayo: "Síndrome de Trauma por Violación", por Ashley Rondini.
Traducido por Susana Petit, 08.18.04
