hola, vengo con este cap, que por cierto estaba subiendo en mi página de Deviantart, pero mis queridos amigos del departamento de Sistemas en el trabajo me bloquearon la página, porque según ellos el horario de trabajo es para trabajar... (bueno... si, tienen razón... pero los cinco minutos de cada hora que uso para distraerme que? pero no les reclamo nada o se darán cuenta de que no me la bloquearon. como sea, voy a seguir escribiendo estos shots aquí, mismos que estoy haciendo con mi querida Nueris Nighcathbrid (creo no me acuerdo como te llamas aquí, Nina hermosa, yo nomas te digo Nueris... bueno, espero que les guste, solo me resta agregar que

NINJA TURTLES Y TODOS SUS PERSONAJES SON PROPIEDAD DE KEVIN EASTMAN Y PETER LAIRD, Y DE LA CADENA NICKELODEON. yo nada mas escribo estas historias para pasar el rato.

disfruten el shot.

NOTA ACLARATORIA: en este capitulo hay un poco (o mucho) de violencia a un menor, si no les gusta el tema, no lo lean y no odien a mi ratoncito precioso, hace lo que tiene que hacer para mantener segura a su familia, aunque a estos no les parezca.


13. Aburrido.

Aburrido. Un túnel aburrido. Un pequeño laboratorio armado con desperdicios, donde tenía muchos proyectos, donde unos días atrás le fascinaba estar reparando las cosas que su padre traía del basurero. Pero ya era aburrido. Muy aburrido.

Donatello no sabía que hacer, y aprovechando que su padre estaba meditando y sus hermanos en la televisión, decidió salir a dar un paseo.

Ya tenia nueve años. Su padre los dejaba salir a caminar por los alrededores, siempre que estuvieran acompañados, nunca solos.

Pero ese frio, aburrido y gris lugar que era su casa era demasiado aburrido, ¿qué podía pasar?

Caminó un poco, procurando no alejarse mucho de su casa. No quería estar en problemas, pero tal vez si le demostraba a su padre que no había riesgo, podía permitirles salir más a menudo y asistir a la escuela y salir de ese lugar.

En la televisión siempre pasaban imágenes de gente divirtiéndose. Es cierto que en las noticias y películas que le gustaban a su padre casi siempre pasaban cosas malas. Tal vez por eso su Sensei no los dejaba salir. Pero ellos sabían que también entre los humanos había gente buena, gracias a las caricaturas y programas que veían.

En plaza Sésamo salían humanos que enseñaban a los niños las letras y los números. Si bien era cierto que con nueve años ese programa ya no le era tan llamativo, en otros programas también salían humanos amables, que enseñaban a los niños a respetarse unos a otros. Tal vez podía salir y verían que solo era un niño más. Podía dejar ese lugar gris y aburrido.

Hacía varios días que había visto un lugar pequeño, con una rendija que daba al exterior. Esa rendija estaba sellada, no podía salir, y nadie más grande que una manzana podía entrar.

Se asomó y vio el patio de la escuela, lleno de niños jugando. Por sus pláticas entendía que estaban en el recreo. Estaban felices en ese lugar lleno de luz. No se oían como malas personas, incluso escuchaba que mencionaban que sus maestros eran maravillosos, algo regañones, pero buenas personas. Era su oportunidad. Podía hablar con alguna maestra bondadosa y ella entendería su situación, le ayudaría a convencer a su padre de que las personas en la superficie no son todas malas, podía demostrarle, solo tenía que llamar a alguien…

-Hola… aaaaaay – se quejó, no pudo terminar porque sintió un tirón en su bandana. Volteó a ver quien lo había causado, y se encontró de cara con su padre, que estaba furioso.

-¡¿Qué estás haciendo aquí, Donatello?!

-Yo… solo… solo quería salir, Sensei, ¿Es tan malo? Afuera los otros niños se divierten, ¿Por qué nosotros tenemos que quedarnos aquí? – protestó el niño de ojos color caoba.

-Donatello, no estás hablando en serio, ¿O si? ¿querías salir a un lugar lleno de humanos? ¿Te has vuelto loco? – le reprendió

Splinter, pero luego se dio cuenta de que estaba alzando mucho la voz y estaban muy cerca de los humanos. Así que tomó a su hijo de la mano y lo dirigió a su casa. – Vamos, hablaremos de esto en la guarida.-

-No quiero ir a la guarida – dijo el muchacho soltando la mano de su padre – Voy a ir allá y verás que las personas son buenas, no todos son malos, seguro que pueden entenderme y…-

Donatello no pudo continuar. Ni siquiera se dio cuenta de cuando su padre levantó la mano, solo sintió el golpe caliente en su mejilla y la mirada furiosa de su padre. Sus ojitos se llenaron de lágrimas.

-No vuelvas a cuestionar mis órdenes, Donatello, si digo que vas conmigo a casa, ¡Vamos a casa! – gritó Splinter, tomando con fuerza del brazo de su hijo y caminando a casa.

Donatello solo miró el piso y caminó hacia donde su padre le decía. No sabía bien si estaba muy enfadado, parecía que si, y no sabía como lo iba a castigar.

Una vez en casa, llevó a su hijo al dojo. Sus hermanos trataron de hablar con él al verlo, pero Splinter no le dio oportunidad y caminaron al dojo.

Ahí Splinter lo hizo sentarse frente a él, la expresión del roedor había cambiado, parecía haberse calmado un poco, y más al notar a Donatello sujetarse la mejilla y la marca roja en esta. Se sintió terrible.

-Donatello, mírame, nunca me vuelvas a hacer algo así, no quiero tener que golpearte de nuevo- dijo Splinter midiendo sus palabras.

-Hai, Sensei – dijo Donatello mirando el piso.

Splinter se acercó un poco.

-Se que quieres salir, hijo mío, pero no es fácil. Las personas afuera parecen buenas, pero no todos lo son, y a veces, son buenos en algo pero con otras cosas no. Creeme, yo he vivido afuera, y se que las personas se asustan, y no reaccionan favorablemente con lo que les asusta. Donatello, por favor, no vuelvas a hacer lo que hiciste hoy, ¿Has entendido? –preguntó algo preocupado de que Donatello no lo mirara, no sabía si estaba enfadado porque lo había golpeado o porque no lo había dejado salir, o si eran las dos.-

-No, Sensei, no lo he entendido – dijo el muchacho – no puedes saber si estamos en riesgo realmente, tal vez podamos salir, es un riesgo que podemos correr, al menos yo quiero correr. Si tu tienes miedo yo no y saldré a la primera oportunidad que tenga-

Splinter sabía que su hijo solo exigía lo justo. Que tenia derecho a salir y jugar con otros niños, pero ese derecho les había sido arrebatado al tener esa apariencia, y lo mejor era que se quedaran en la seguridad de su casa. Sabía que tarde o temprano llegaría este momento. Sus hijos dejarían de ser pequeños, ya no podía asustarlos fácilmente, y menos a Donatello, que era tan inteligente.

Era lógico que el chico razonara sobre la situación y quisiera salir a explorar, confirmar la teoría de Splinter de que todo afuera era peligroso. El niño había estado viendo algunos lugares que eran tranquilos, pero no todo es blanco o negro, no todo es o peligroso o seguro. Su niño no entendería eso fácilmente. Pero no podía arriesgarse a que peligrara, no podía exponerse a perder a un ser amado de nuevo, así que, aunque le doliera, tenía que ser estricto con él. Se levantó y tomó al muchacho del brazo, luego arrancó una vara larga del árbol y le azotó en las piernas tres veces.

Donatello gritó. Lágrimas calientes corrieron por sus ojos, y los de su padre también.

-Si no quieres entender por las buenas, Donatello, me obligarás a ser rudo contigo. – Splinter trató de controlar su respiración.- te quedarás porque entiendes mis palabras, o porque temes que vuelva a pegarte, si vuelves a hacer algo como lo que hiciste el día de hoy, recibirás diez azotes más, solo espero que no tenga que volver a recurrir a esto, ahora ve a tu cuarto, y no quiero verte hasta la hora de la cena –

Splinter no tuvo que decírselo dos veces, el niño salió corriendo con la cara entre sus manos.

Splinter salió detrás de Donatello. Sus hijos lo miraban con horror, supuso que lo miraban como un monstruo. Recordó como miraba él a su padre cuando le pegaba a él o a Saki. Se había jurado nunca hacer lo mismo, pero… no todo en la vida puede ser blanco o negro. No siempre puede ser felicidad, pero tampoco tenía que ser amargura. Había tenido que ser rudo con Donatello, si, pero eso no significaba que su conducta a sus hijos cambiaría. Suspiró y fue a la cocina a preparar la cena. Escuchó a sus hijos murmurar entre si, no entendió lo que decían, pero estaba seguro de que estaban asustados.

Se prometió que lo único que podía hacer era buscar algo nuevo, algún juguete, o algún aparato o cualquier cosa que pudiera disuadir a su hijo de ir a la superficie.

El aburrimiento le había costado caro, pero era mejor que Donatello llorara un rato, a que lloraran todos una vida por haberlo perdido.


Gracias por leer, una vez más pido disculpas si me vi muy violenta en el tema.

Saludis.