N.A.: Los personajes ni la historia me pertenecen, esto es una adaptación de un libro que me gusto mucho y pues me encanto la idea de adaptarla xD
Capítulo 15
El Oso y el León estaba situado en una calle oscura del barrio de St. Giles. Incluso a medianoche, no cesaba el crimen, el ruido, el comercio ni la bebida.
Cuando llegó al bar, descubrió que Clow y Yue no estaban solos. En algún momento habían recogido a Eriol, a Amamiya, a Takashi y a Wei. Clow lo condujo hasta su mesa, situada al fondo de la taberna.
—Por fin estás aquí —dijo Yue mientras le servía un vaso de vino—. Tienes que ponerte a nuestra altura, Li. Me han dicho que nadie va sobrio.
Shaoran miró a los demás con suspicacia. Amamiya y Wei parecían bastante borrachos. Clow y Eriol no tenían muy mal aspecto, pero Takashi y Yue llevaban un ritmo apresurado hacia la inconsciencia. Él levantó su vaso y bebió.
—Por el amor de Dios, Yue, ¿qué es esto?
Observó la botella, pero le pareció un vino normal.
—Entiendo que haya que beber azufre en el Sabbat, ¿pero por qué hacerlo antes?
—Para alcanzar el estado, amigo mío. Vamos, no hay tanto en el vino como la última vez.
Shaoran no podía saberlo. No recordaba mucho del último Sabbat al que había asistido. Hacía poco más de una semana; la noche que había conocido a Sakura.
—Me atrevería a decir que nos darán más de beber cuando comencemos —murmuró.
—Sí, siempre hay mucho vino en esos acontecimientos —convino Eriol antes de terminarse su vaso con un escalofrío.
Clow dio un trago al suyo y sonrió; de pronto Shaoran se preguntó si no sería él el agente secreto de Tsukishiro. ¿Por qué no? Siempre estaba por allí, se había mostrado interesado por su relación con Sak, y casi tan interesado como él por los juegos de sangre. La idea le resultó curiosa, pues, después de las preguntas que había hecho, Clow estaría preguntándose si no sería él el hombre que buscaba el ministerio.
—Pareces el gato que se tragó el canario —dijo Clow.
—No, pero creo que me estoy retorciendo en la jaula.
Clow se rió y levantó su vaso una vez más antes de ver la hora en su reloj.
—Bebed, chicos, y habrá tiempo para otra ronda antes de marcharnos.
—Siento curiosidad, Yue —dijo Shaoran mientras Clow rellenaba los vasos—. ¿Dónde te enteraste de este evento? Por lo que he oído, es basaste secreto.
—¿Este? Bueno, éste es simplemente… —Yue se detuvo y frunció el ceño—. Debería ser divertido —concluyó.
—Dinos cuáles son las reglas, Yue —dijo Clow, sirviéndole un poco más de vino.
—Entraremos por una puerta secreta y nos pondremos unas túnicas negras con capucha para proteger nuestra identidad. Cuando entremos a la cámara dejaremos de hablar y permaneceremos en silencio salvo para los cantos.
—¡Vaya! —Exclamó Eriol—. ¿Quiénes se creen que son? Me parece demasiada parafernalia para tan poca cosa.
—No creo que sea poca cosa para ellos —dijo Clow—. Se lo toman muy en serio, ¿verdad?
—Son una especie de hermandad secreta o algo —dijo Yue antes de dar otro trago al vino—. No les haría muchas preguntas si fuera vosotros. Pero nos van a dejar entrar por Li y por Clow.
¿Hermandad? Shaoran se enderezó. ¿Sería la Hermandad del Dragón de Sangre quizá? Disimuló sorpresa y se encogió de hombros.
—¿Qué? ¿Yo conozco a esa gente?
—Han oído hablar de Clow y de ti, así que creen que pueden confiar en nuestro grupo. No quiero decepcionarlos.
Clow sonrió y le revolvió el pelo a Yue.
—¡Vaya, Yue! ¿Tienes miedo? ¿O simplemente celos?
—Ninguna de las dos cosas. Pero aún hay más.
—Si sigo bebiendo de este vino, no recordaré ninguna regla —dijo Takashi.
—Al principio de la ceremonia, hay un juramento de respeto en el que prometeremos mantener todo en secreto. Después vienen los cantos y bebemos del cáliz cada vez que nos lo pasen. Tenéis que observar al maestro y hacer lo que él haga.
—¿Maestro? —Preguntó Wei—. ¿Hemos de jurar respeto a un patán con túnica? Dios, esto es más divertido de lo que pensaba.
—Suena satánico —dijo Eriol.
—Más bien a pacto de brujas —dijo Shaoran. Miró a su alrededor y se preguntó cuál de todos estaría implicado en el asunto. Watanuki había hecho referencia a uno de sus amigos, y lo mismo había insinuado Fay.
Clow se puso en pie y dejó unas monedas sobre la mesa mientras Yue tapaba la botella para llevársela con ellos.
—Brujas, satánicos, hermandades misteriosas; son todo tonterías. Mera parafernalia —dijo.
Shaoran estaba de acuerdo con él. Fuera lo que fuera lo que iba a ocurrir en la ceremonia, poco tendría que ver con la adoración de ningún tipo.
Salieron a la calle bastante excitados, pues la noche parecía ser interesante.
—¿Adónde nos llevas? —balbuceó Takashi.
—No está lejos, si atajamos por el patio de la iglesia de St. Giles —contestó Yue.
Caminaron en silencio durante un rato, luego atravesaron el patio de la iglesia y se encontraron frente a la puerta de un almacén.
Yue llamó tres veces y, al abrirse la puerta, apareció una figura con túnica. Llevaba la capucha sobre la cabeza, de modo que no se veía si se trataba de un hombre o de una mujer. La figura señaló hacia el interior, donde podía verse una vela encendida.
Siguiendo las instrucciones anteriores, nadie habló. Fueron conducidos a una antesala donde había encendida otra vela dentro de un farol suspendido del techo. Colgadas de la pared había varias túnicas negras con capucha.
Takashi se apoyó en la pared mientras se quitaba la chaqueta e intentaba ponerse la túnica por encima de la cabeza. Parecía que su hermano iba demasiado borracho. Habría más vino durante la ceremonia y Shaoran lo esperaba ansioso; el brebaje amargo del bar le había dejado sediento. Colgó su chaqueta en una percha y se puso una túnica; luego le sujetó la botella a Yue para que éste pudiera hacer lo mismo. Antes de darse cuenta de lo que hacía, le había quitado el corcho y estaba bebiendo. Para cuando volvió a mirar a su alrededor, ya no reconocía a ninguno de ellos. Las túnicas garantizaban el anonimato.
Apareció otra figura cubierta y los guió por unos salones irregulares.
La habitación a la que llegaron era un almacén cavernoso. Estaba vacío, salvo por un altar cubierto por una tela carmesí y una tarima detrás con un trono encima. Sobre el trono había una mujer vestida con una gasa blanca que apenas ocultaba su anatomía. Su pelo castaño estaba suelto. Parecía nerviosa, pero sin miedo. Había algo familiar en ella, e intentó recordar si la había visto antes. Pero entonces sonrió y dejó ver su dentadura mellada. No, recordaría algo así. Se le nubló la visión y agitó la cabeza. Había algo que no podía agarrar, algo fuera de su alcance…
Su anfitrión les hizo dar tres vueltas alrededor del altar, y Shaoran advirtió dos cuchillas situadas a ambos extremos del mismo. Tras ellos había un brasero encendido, lo cual añadía cierta magia a la atmósfera. Además, el olor a incienso se apreciaba en todas partes.
De pronto otra figura oculta tras una túnica carmesí como el altar apareció de entre las sombras. Debía de ser el «maestro» al que había hecho referencia Yue. Llevaba un cáliz en las manos y se lo ofreció a la mujer del trono, la cual dio un largo trago antes de devolvérselo. Luego el cáliz comenzó a pasar de mano en mano para llevar a cabo el ritual que simbolizaba su hermandad. Las túnicas hacían que resultase imposible distinguir a los participantes, y Shaoran ya no sabía dónde estaban situados sus hermanos.
La mujer del trono se puso en pie y extendió los brazos.
—Beban antes de apoderarse de mí —exclamó.
Ahí estaba otra vez; la sensación de familiaridad. Entornó los ojos y la observó de nuevo. En la penumbra, y con el humo del brasero, se parecía a ¿Sak?
-.
-.
-.
—¿Indispuesta? —repitió lady Sonomi, miró a Chiharu y a Tommy también, como para incluirlas en su enfado—. No hay tiempo para eso. Como ya les he dicho, todo vuestro futuro depende de la impresión que deis esta temporada.
Sakura dejó a un lado su taza de té y se alisó la pollera sobre el regazo. Vio que Nakuru estaba escuchando junto a la puerta y supo que se lo contaría todo a su madre.
—Agradezco vuestra preocupación, lady Sonomi, pero no me siento bien para esas cosas.
—Comprendo tu lealtad hacia tu hermana, Sakura, pero no debes desperdiciar el tiempo que te queda. Tienes que recomponerte y hacer tu aparición.
—No llamaré la atención encontrándome mal.
—Eso no es cierto. De hecho, ya me han preguntado por ti.
—Creo que se equivoca. Nadie me ha prestado atención —insistió Sak—. Debió de ser sobre Tomoyo o Chiharu sobre las que preguntaron.
—Aún no estoy loca —dijo lady Sonomi con tono de ofensa—. Creo que sé de lo que hablo. Y quiero que sepas que le he dado permiso al señor Hiroshi para que salga contigo. Siempre con carabina, por supuesto.
—¿El señor Hiroshi? ¿Nuestro contable?
—Sí. Parece que te encuentra sensata e inteligente. Mi marido ha hecho averiguaciones y la verdad es que es un hombre respetable. Podrías estar muy cómoda con él, Sakura. Y tu madre también, si decidiera vivir con ustedes. Yo no lo rechazaría de entrada cuando venga.
¿El señor Hiroshi? Apenas habían hablado jamás de algo que no fueran negocios; por no mencionar el hecho de que le sacaba unos veinte años.
—Vamos, Sakura —insistió lady Sonomi inclinándose hacia delante—. No es tan mal partido. Creo que podrías encontrar algo mejor, pero el señor Hiroshi ya ha sentado la cabeza. Necesita hijos, y tú puedes dárselos. Dale una oportunidad. Luego, si no soportas la idea de casarte con él, no te presionaré; aunque tu madre ya ha dado su aprobación.
—No se lo habrá dicho a él, ¿verdad?
—No, claro que no. Pero le he dado permiso para que venga a verte esta tarde. Espero que lo recibas y te muestres educada. Tomoyo, tú harás de carabina, claro.
—Por supuesto —convino su hermana.
—Y tú, Chiharu. También me han preguntado por ti. Pero creo que puedes encontrar algo mejor. Hasta ahora, lord Minako es el único al que le he dado permiso para visitarte. Es el heredero del duque de Rutherford. ¡Piensa en ello! Podrías ser duquesa. Compórtate lo mejor que puedas, Chiharu.
—Desde luego, lady Chiharu —dijo Chiharu—. Pero, dado que lord Minako es corto de vista, se conformará sólo con ser capaz de verme.
Lady Sonomi se carcajeó.
—Vamos, Chiharu, no está tan ciego —dijo poniéndose en pie—. Sakura, te excusaré de las actividades de esta noche, pero espero que estés bien para mañana, ¿entendido?
—Sí, lady Sonomi —contestó Sak. Tendría que pensar en otra excusa para el día siguiente.
—Bien. Ahora, Chiharu, te pido por favor que me acompañes fuera. Quiero hablar en privado contigo sobre lord Minako.
Tommy esperó a que se hubieran ido y cerró la puerta de la sala.
—Shh, no quiero que me oiga —dijo.
—Por favor, no bromees conmigo sobre el señor Hiroshi, Gina. No estoy de humor.
—No pretendía bromear. No me has hablado de anoche. ¿Qué ocurrió?
—He eliminado a unos cuantos. Y a Shaoran Li.
—¿Al fin lo has besado? ¿Y cómo fue, Sak?
Maravilloso. Arrebatador. Inolvidable.
—Creo que tiene algo de experiencia en la materia —contestó.
—¿Tan bueno fue?
—No pienso hablar de eso contigo, Tommy.
—Me pregunto si sus hermanos besarán igual de bien.
—¡Ni lo pienses, Tommy!
—Te estoy tomando el pelo, Sak. ¿Dónde has dejado tu sentido del humor?
—¿Es eso todo lo que querías saber? Porque…
—No. Me preguntaste si recordaba algo más de aquella noche. Me siento tan mal que apenas recuerdo nada. Nunca antes me había sentado así la bebida.
—¿Qué es lo que recuerdas, Tommy?
—Tengo algunos recuerdos sueltos. Uno de los hombres me preguntó dónde podrían encontrarme, pero creo que me negué a contestar. Luego creo recordar que el señor Yue me preguntó si era virgen. ¡Santo cielo! ¿Por qué iba alguien a preguntar tal cosa?
—¿Cómo contestaste a esa pregunta, Gina?
—Dije la verdad, claro. Aunque no sé si me creyeron. Después de todo, si tenemos en cuenta la facilidad con la que me uní a ellos.
—Escúchame, Tommy. No importa que no les dijeras dónde encontrarte; al final te trajeron a casa. ¡Lo saben! No debes salir de casa a no ser que vayas con lady Sonomi. Y no dejes que Chiharu salga tampoco. Saben dónde vivimos —repitió.
—¿Qué más da, Sakura? No van a venir.
—No lo sé. Es sólo una sensación que tengo. No nos cuesta nada tener cuidado. Por favor, prométeme que estarás a salvo.
—Estás muy alterada, Sak —dijo su hermana mientras la abrazaba—. Es normal después de haber perdido a Naoko y de besar a tantos hombres. Pero por supuesto que tendré cuidado.
-.
-.
-.
Shaoran se sentó al borde de su cama y observó la ropa que había llevado la noche anterior. Sin saber bien cómo, había logrado llegar a casa y desnudarse.
Le palpitaban las sienes y no podía quitarse el sabor a azufre de la boca. ¿Qué diablos había ocurrido? Recordaba a una mujer parecida a Sak. Se había levantado del trono y los había invitado a algo, como si tuviera las palabras ensayadas. Pero no recordaba mucho más. Estaba seguro de no haber bebido tanto. Y había comenzado a sentir los efectos mucho antes de que comenzara el Sabbat. ¡Maldición! El vino del bar estaba adulterado. Si sumaba a eso el vino del Sabbat, no era de extrañar que no pudiera recordar nada.
—¡Santo cielo! —se puso en pie y se tambaleó hasta el lavabo para echarse agua en la cara, con la esperanza de poder recordar algo.
El estómago le dio un vuelco cuando se agachó a oler la ropa. Apestaba a incienso y había gotas de algo oscuro en la parte de debajo de sus pantalones; la única parte de su ropa que había sido visible por debajo de la túnica negra. Tocó las manchas y supo que no eran de barro. Había visto suficiente sangre como para poder reconocerla. ¿Pero cómo había llegado en su ropa?
Al ver sus botas observó lo mismo. ¡Maldición! La cabeza no le dolía tanto, tal vez pudiera recordar algo. Y aun así temía acordarse. Bastaba saber de lo que era capaz; y era capaz de matar.
¡Takashi y Eriol! Tenía que encontrarlos.
-.
-.
-.
Sin afeitar, con los ojos rojos y cubierto sólo por un albornoz, Eriol entró en su estudio. El alivio que sintió Shaoran al ver a su hermano desapareció al oír sus palabras.
—Haz el favor de dejar descansar a los demás, Shao. ¿Cómo diablos lo haces? Despierto toda la noche y aún levantado por la mañana.
—¿Está Takashi aquí?
—Sí, pero no está en muy buenas condiciones.
—Café —sugirió Shaoran.
—Nunca me había sentido así, Shao. Te juro que no bebí tanto como para estar tan borracho.
—No estabas borracho. Estabas drogado.
—Maldición —Eriol se sentó en una silla y se llevó las manos a la cara—. Sabía que tenía que ser algo así. ¿Por qué no estás en casa con un tremendo dolor de cabeza?
—La experiencia. El dolor de cabeza se pasará, pero te dejará con ganas de más. No te lo recomiendo.
—¿Has advertido a los demás?
—Clow reconocerá los síntomas. Wei y Yue se las apañarán también. Tenía que saber que Takashi y tú estabais a salvo en casa.
—Curiosa elección de palabras. Si no fuiste tú, ¿quién nos trajo a casa?
—Probablemente llegáramos solos, o alguien nos metería en un carruaje y daría la dirección al cochero. ¿Qué es lo que recuerdas, Eriol?
—Muy poco. La parte del bar la tengo clara, aunque recuerdo que me sentía un poco mareado. Podría haber sido el vino.
Pero, si la droga la habían consumido en el bar, si habían añadido el sulfuro para disimular el sabor del opio, entonces Yue…
—Dime todo lo que recuerdes, Eriol.
—Recuerdo que caminamos hasta el almacén, que atajamos por el patio de la iglesia, pero una vez allí las cosas comenzaron a desenfocarse. Recuerdo que nos pusimos unas túnicas negras. Y alguien nos condujo a una sala que parecía una tumba improvisada. Estoy seguro de haber dado vueltas alrededor del altar y haber bebido del cáliz. ¿Y no había alguien vestido con una túnica roja al que llamábamos maestro?
Shaoran asintió.
—Creí ver a Sakura Kinomoto allí —dijo.
—¡No! Yo no recuerdo eso en absoluto. Aunque había una mujer. Sí, puede que se pareciera a la señorita Kinomoto. El mismo color de pelo y la misma complexión. Pero está claro que esa mujer era una vagabunda contratada para la ocasión.
—¿Cómo puedes estar seguro?
—Había cierta rudeza en ella. Y no tenía pudor alguno. Era evidente que se estaba ofreciendo a los participantes en el ritual. La señorita Kinomoto jamás se habría comportado de esa forma.
—¿Y luego qué pasó? —preguntó Shaoran.
—Todo está borroso. Recuerdo que me tropecé y alguien me agarró del brazo. Pensé que eras tú, pero no puedo estar seguro. La recuerdo a ella de pie en el altar, y cómo se desnudaba. Luego todos cantamos. Entonces comencé a perder el sentido de la realidad. Era como… como estar en trance. La mujer se arrodilló ante el maestro. Y luego… ya no recuerdo nada. Sólo recuerdo que pensé que no me importaba quién la hubiese contratado, ni por cuánto dinero. No quise participar en esa parte. Nunca me ha gustado compartir a las mujeres. No sé cómo este tipo de cosas antes me parecían divertidas y ahora, sin embargo, me resultan absurdas.
—Eriol, examina la ropa que llevabas anoche —dijo Shaoran—. Que Takashi haga lo mismo. Si encontráis algo extraño, hacédmelo saber.
—¿Qué estás pensando, Shaoran?
—Estoy pensando que será mejor que nos mantengamos unidos en esto. Si alguien pregunta, diremos que bebimos demasiado y que no recordamos nada. Y mientras tanto no confíes en nadie. En nadie, Eriol.
—¿No crees que ya es hora de que me digas lo que estás haciendo? Sé que te propones algo.
—Prefiero no decirlo de momento. Sólo dime si encuentras algo. Tengo que ver a otras personas. Te veré más tarde.
Eriol le dirigió una sonrisa sardónica y dijo:
—Mucho más tarde, por favor.
-.
-.
-.
Bueno otro capi mas… bueno como les había dicho no había tenido tiempo de actualizar pero aquí estoy de regreso, esperemos k la otra sema este el otro así k nos leemos chicos y chicas =D adiosito
