Beta reader: AddictedToMxM.
Notas: Una aclaración importante; en el fanfic no hay parejas de relleno. Cada pareja sea la que sea cumple con un papel importante en la trama.
Recomendación de fanfiction: "Àpres Moi" de maboku14. A mi parecer es de los mejores fanfiction RiRen/EruRen que pueden leer, me declaro fan a un 100% de esa historia. Si lo leen digan que vienen de mi parte :)
Capítulo diez
"Agridulce"
«Mi mirada permanece fija y perdida en un punto inespecífico para mí. Es ahí cuando pienso en cuánto la odio… e irremediablemente, la necesito para sobrevivir en este mundo.
Sus manos tan suaves han peinado los mechones de mi cabello una y otra vez, como si no se cansase de verlos regresar a la misma posición. Me enferma sentir eso. Me enferma sentir su eterna calma al mismo tiempo que mi cabeza reposa sobre sus piernas y mis ojos grises intentan hallarle, de manera inútil, una forma a su rostro.
—¿Cuánto tiempo más piensas seguirme? —Me dirijo a ella y esto detiene su acción. Su rostro parece ser una mancha de todos los colores, que no sé si seguir dirigiéndome a su persona como "ella".
—¿Cuánto tiempo más piensas huir tú de mí? —Contesta tranquilamente, reanudando su compulsiva acción de acariciarme. No puedo soportarlo más y con algo de fuerza sujeto sus delgadas muñecas, logrando sobresaltarla un poco.
—Ya déjame en paz. —Mi voz es grave, quiero espantarla y pese a ello, me dedica una sonrisa y me estrecha entre sus brazos. Jamás he sido capaz de ver su rostro, pero me he aprendido el toque de su piel, lo cálida de su voz y lo largo que es su cabello; tanto, como para cubrirle el rostro.
Ambos estamos sumergidos dentro del agua y aun así, yo puedo respirar. A pesar de la tristeza y de la angustia que me aqueja ahora al estar ella tan cerca, sé que es este maldito dolor el que me mantiene en pie fuera de mis sueños.
—Yo no pienso dejarte nunca —niega, besando mi cabeza repetidas veces—. No hasta que podamos encontramos y así, salvarnos los dos.
¿De qué está hablando? ¿Y cómo es capaz de pedirme algo así cuando sólo vive entre mis sueños?
—Me haces daño —le recrimino y ella se separa de mí. Puedo deducir que le ha lastimado mi comentario, pero no pienso disculparme por ello, cuando sé que es verdad.
—Tú te haces aún más daño. —Deja escapar un sollozo, al mismo tiempo que toma mis manos y comienza a besarlas.
Ni siquiera sé cómo empezar a hilar todo esto que se presenta frente a mí, así que simplemente dejo transcurrir la escena, hasta la escucho llamarme:
—Levi —me sujeta firme de los brazos, sin darme oportunidad para huir de ella—. ¡Estoy frente a ti! —Me sacude como si intentara que reaccionase—. ¡Mírame, para que puedas mirarte a ti también!»
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Con el corazón retumbándole en los oídos, Levi abrió los ojos acostumbrándose a su alrededor. Dejó que su respiración se estabilizara durante unos instantes y llevó una mano cerca de su pecho, donde sentía su corazón salirse de su piel.
Estaba acostumbrado ya a esos sueños sin sentido, pero ése, sin lugar a dudas, se sintió diferente; casi real. Se sentó sobre la cama para limpiarse el sudor y justo entre ese movimiento, notó algo colgando de su cuello. Al verlo de cerca, supo que era el collar que le había quitado a Eren y que por algún motivo, él estaba usando.
Intentó recordar lo último que hizo antes de irse a dormir y acomodó las escenas en su cabeza: primero, fue a dejar al mocoso dentro de su contenedor, después se dirigió a su alcoba dónde observó el collar entre sus manos —y al no haber nadie presente— se lo colocó en el cuello con curiosidad, pero, antes de que se lo pudiese quitar, parecía que se había quedado dormido…
…El rostro de Eren llorando entre sueños vino a él de manera repentina junto con un sentimiento que lo molestó mucho. Y fue entonces que pensó que no era el tritón el objeto de su odio, era que una parte de él se había reflejado irrefutablemente en la manera tan estrecha que se aferraba a su camisa entre sollozos, como si evitara ir a lo más profundo de un abismo que sólo él conocía cuán obscuro podía ser.
A pesar de su despertar tan abrupto, había podido dormir un poco mejor a diferencia de otras veces. Así que una vez que se encontró un poco más relajado, tomó un baño con agua fría para despejarse mejor y previo a que terminara de alistarse, observó nuevamente el collar colgando de su cuello. Se debatió entre quitárselo o no, pero dado que Eren usaba su pañuelo, tomó la pequeña concha que colgaba de este y la escondió entre su camisa.
Lo primero que Levi notó al salir de su alcoba, fueron los soldados que empezaron a cubrir la zona y los objetos que cargaban consigo para dejar el terreno de la legión más despejado. Al indagar un poco más, se encontró con la figura de Erwin dando algunas indicaciones junto a su escuadrón, quien lo miraba atentamente.
—Erwin —le llamó el capitán, haciendo que despegara unos momentos su atención de Petra y el resto—. ¿Qué rayos está ocurriendo? —Infiriendo que tal vez los tritones tenían algo que ver con dicho movimiento, el capitán se cruzó de brazos, expectante.
—Justo en este momento les comentaba a los demás de que trataría —respondió, abriendo camino para que Levi se pusiera en el centro de los soldados—. Verás, he pensado mucho en un espacio como el de ayer, para que los tritones se desenvuelvan mejor. Y dado que no contamos con el tiempo para llevarlos de manera constante a la cabaña, deduje que este pequeño espacio serviría para que no se sintiesen tan atrapados.
Sin cambiar la expresión de su rostro, Levi le respondió:
—Están prácticamente todo el día en un contenedor con agua y arena, ¿y tú pretendes que no se den cuenta que están "cautivos"?
El comandante hizo una mueca de disgusto.
—Yo sé que son nuestros objetos de estudio —admitió—, pero yo espero que con todo esto, ellos puedan sentirse más cómodos y así obtener la información que necesitamos.
—¿Qué pasa si se sale de control como el primer experimento? —Preguntó el capitán, sin estar del todo convencido y Erwin, entre la atención que quería darle a los demás y a su equipo, decidió concretarlo con una frase.
—Para eso habrá soldados en esta zona y ustedes estarán cuidándolos también —Levi a veces no comprendía en su totalidad las decisiones de Erwin, pero si él lo decía, debía confiar—. Pueden retirarse.
Dicho esto, los soldados se dirigieron a tomar sus turnos y sus respectivas actividades, exceptuando a Petra y Auruo, quienes sin dirigirse la mirada, caminaron detrás de todos con una incomodidad embargándolos.
Bossard, le dirigió la mirada a la chica en repetidas ocasiones, con la intención de que lo mirase, pero al final de varios intentos, fue él quien decidió romper el silencio:
—Petra —la llamó y casi como si la pelirroja supiese lo que pasaría, detuvo sus pasos sin mirarle aún.
—¿Qué sucede? —Respondió, mordiéndose el labio con ansiedad. Auruo soltó un largo suspiro y se rascó la nuca, sin saber cómo decir lo que necesitaba.
—Sé que hemos hablado esto muchas veces —comenzó a decir el hombre, mientras el rostro de Petra se entristecía—, pero, con respecto a lo que dijo ése tritón… —se acercó unos pasos, para que la otra lo mirase—. Sé que no es mucho, pero he estado ahorrando y creo que nos alcanzaría para una boda modesta. Digo, con unos pequeños sacrificios y nada de lujos yo creo que sí podemos-
—No, por favor… —sólo esa frase proveniente de los labios de Petra bastó para que una nueva herida lastimase al soldado a pesar de estar tan acostumbrado a ese rechazo por parte de ella.
—¿Por qué ni siquiera me dejas terminar lo que te quiero decir? —Habló con poco de molestia en su voz, logrando así que la mujer por fin lo mirase—. ¿Tanto así odiarías casarte con un sujeto como yo?
Al verse por completo malinterpretada, Petra negó con la cabeza repetidamente.
—No, no es eso —intentó tomarlo del rostro al verlo tan herido, mas este detuvo su mano.
—Entonces, ¿por qué? —Preguntó, dejando fluir su sentir que hasta ahora había estado embotellado como si se tratase de algo que avergonzarse—. ¿Por qué, siempre que te pido que te cases conmigo me rechazas así?
Aún con todas las expectativas reflejadas en el soldado, Petra lo único que hizo fue bajar el rostro y negar con la cabeza.
—Ya veo —susurró el soldado, soltando la mano de la mujer—. Casi, por un momento pensé que tal vez tú y yo… —sus ojos café claro se posaron sobre los de la pelirroja dejando ver todas sus ilusiones, todas sus expectativas y de pronto, ese brillo se esfumó—… Olvídalo. No quiero enredarte en algo que no deseas. No soy quien para hacerlo —le revolvió los cabellos, sin dejarla hablar y se dio la media vuelta alejándose de Petra.
Las lágrimas empezaron a inundar los ojos de la chica, quien, en un intento desesperado por ocultarlas, abrió su libreta de registro y la observó, mientras caminaba hacia el salón con pasos rápidos. Sus ojos no pudieron más y sin querer las lágrimas empezaron a derramarse sobre sus manos temblorosas, mientras insertaba la llave para poder ingresar al lugar, dónde una vez que lo hizo, cerró la puerta y deslizó su espalda para quedar sentada con sus brazos cubriéndole el rostro.
Sabía que algo así pasaría tarde o temprano y lo cierto era que, a pesar de que lo había pensado, no estaba preparada aún. Y si no estaba preparada para ver su rostro lleno de decepción, jamás lo estaría si él en algún momento decidiera terminar su relación. Nunca.
—¿Petra? —Escuchó llamarle Eren, haciendo que esta, por inercia, limpiara su rostro con la manga de su chaqueta.
—D-Dime… —carraspeó un poco, para normalizar su voz—. ¿Qué sucede? —Preguntó una vez que se encontró cerca de Eren, mientras que los ojos verdes del otro la recorrían en busca de algo.
—Ah… ¿hoy no traes nada? —Sin entender a lo que se refería, la soldado miró la libreta entre sus manos.
—¿De qué cosas me hablas?
A Eren le daba un poco de pena preguntarle debido al estado en que se encontraba la pelirroja, pero al no hallar otra opción, respondió dudoso:
—¿No hay fruta para mí? —Al no sentir un peso extra sobre su otro brazo, Petra recordó que había olvidado la canasta en alguna parte del comedor y se golpeó la frente con frustración.
—Discúlpame —negó con la cabeza—. Enseguida voy por ella —había estado tan absorta con todo el tema de la boda y Auruo la noche anterior, que había olvidado en primera instancia las llaves del salón y ahora la canasta con comida para Eren.
—Espera. —La detuvo el otro con su voz, al ver como se encaminaba—. Te vi llorando hace unos momentos y… —oscilante entre si debía preguntar o cerrar la boca para no hacer lo mismo que la noche anterior, susurró—: Quería saber… si es por lo que dije anoche que estás así.
Dejando de lado su acción, Petra se acercó nuevamente al contenedor con una mirada dulce y colocó su mano sobre el cristal.
—No… no es tu culpa. —Ella jamás hablaba sobre ese tema con nadie, pero Eren, a diferencia de los demás, le daba la pauta para poder expresarse sin temor, por lo que por primera vez, confesó—: Lo cierto es, que no es Auruo quien no quiere casarse conmigo, Eren —lo miró a los ojos con algo de culpa en ellos—. Soy yo.
El tritón trataba de acomodar aquella información en su cabeza para encontrarle algún sentido. Petra le había dicho que lo amaba, entonces, ¿qué impedimento podría tener para estar comprometidos?
—No lo comprendo —confesó, tras pensarlo varios segundos—. Si tú me dijiste que lo querías, ¿por qué no unes tu vida a él?
—No sirve de nada casarme con él —salió con dolor desde su corazón, que se estrujaba al recordar todas esas veces en que Auruo la había esperado con tanta paciencia y tanto dolor sólo por un mísero 'acepto' de su boca—. Somos soldados… —sintió las lágrimas avecinándose una vez más— Y debemos aceptar que tarde uno de los dos podría llegar a morir y si fuera él quien tuviera que irse, yo…
Un fuerte sollozo escapó de sus labios, al mismo tiempo que ocultaba su cara entre sus palmas. Se estaba desahogando, después de tantos años de ocultarlo, había abierto el tema como si se tratase de una vieja herida sin cicatrizar y por ende, dolía. Dolía tanto, que sus piernas siempre fuertes y estables, la vencieron y la hicieron caer sobre sus rodillas.
Eren solo decidió acompañarla en silencio, hincándose sobre la arena del contenedor al igual. Entendió, que lo que en realidad le hacía daño a ella no era comprometerse con ese humano, sino que ese sentimiento tan fuerte que tenía por él, terminara destruyéndola si le llegase a hacer falta… Y sabía exactamente lo que se sentía.
—Comprometerse con alguien, no sólo se trata de pasar momentos felices con una persona —comentó el tritón, después de que la chica, dejó de llorar—. Requiere valor y fuerza para estar también en los momentos difíciles, por eso es que no se debe tomar tan a la ligera.
Petra, con el rostro rojo e hinchado, limpió por tercera vez su cara con el dorso de su mano. Se sorprendió por lo maduro que sonaba Eren en esos momentos —a pesar de ser alguien tan impulsivo—, pero le dio la razón. En el compromiso no hay medias decisiones y si amaba realmente a Auruo, debía dejar su miedo de perderlo y tomar medidas.
—Tengo mucho miedo —musitó con pena, apretando la tela de su pantalón.
—Si ya estabas preparada para lo peor, ¿por qué no te preparas para lo mejor? —La mirada que enseguida el tritón le dirigió, le dio calma y confianza—. O bueno, al menos eso era lo que solían decirme mis padres: "No dejes que el miedo te detenga en el camino que deseas seguir".
Antes de que pudiese responderle de vuelta, el sonido de unos nudillos sobre la puerta interrumpió la conversación de ambos.
—¿Petra? —Escuchó a Auruo llamarle con voz suave, tras la puerta— ¿Estás ahí? —Si por ella hubiese sido, se habría arrojado al contenedor junto a Eren, pero al verla dudar, el otro le hizo una señal para que se acercase a la puerta.
—Ve —ordenó, con voz baja y la mujer con las manos temblándole, se acercó.
—E-Estoy aquí —maldijo internamente el que su voz temblase y Auruo al otro lado de la puerta, solo suspiró y se tomó su tiempo antes de continuar.
—Disculpa si fui muy duro contigo hace nos momentos —pegó su frente sobre el metal de la puerta—. Yo debí esperar un poco más para proponerte matrimonio y dejar de presionarte con mis caprichos egoístas —Petra negó con la cabeza en desacuerdo con cada palabra que salía de su boca—. Si me das otra oportunidad, te prometo no volver a hacerlo nunca más —metió las manos a sus bolsillos sintiendo el metal de un anillo—. Así que por favor, perdóname-
La puerta de metal se abrió de golpe, estrellándose con la cara de Auruo quien cayó de espaldas al suelo. Petra, con los ojos nuevamente llorosos, buscó al soldado y lo encontró en el piso con los ojos en blanco.
—¡Auruo! —Se acercó a él abrazándolo con fuerza, logrando que así el otro reaccionase— ¡Discúlpame por ser tan egoísta con mis sentimientos! ¡Yo no quise rechazarte todas esas veces! —admitió entre lágrimas, aferrándose más al otro, quien acarició su cabello con una de sus manos.
—Está bien, yo lo comprendo —correspondió el abrazo, dejando que la otra se desahogase, logrando que una nueva esperanza viniera a él—. No sé si entendí bien, pero eso significa que yo puedo- —un dedo sobre sus labios y una sonrisa en el rostro hinchado de la mujer le dio entender que sí. Así que por una última vez, y esperaba que así fuese, Auruo metió una mano a su bolsillo y sacó el anillo de plata que varios salarios y prohibiciones le había tomado comprar—. Petra Ral —la mujer al ver el anillo, se sorprendió—, ¿te casarías conmigo?
La pregunta quedó al aire tras verse unos segundos a los ojos y siendo Petra la primera en acercase al rostro del otro, lo besó en los labios para después unir sus manos.
—Sí, Auruo. Quiero casarme contigo.
Sin perder esa sonrisa en su rostro, Petra, aceptó finalmente que su camino en primera instancia estaba a su lado y no le importó el dolor que podía traer consigo. Lo había elegido a él y el resto no importaba.
—Ya era hora —el momento se vio abruptamente interrumpido por Erd y Gunter, quienes salieron detrás de la pared que separaba a los salones. Casi al instante, la pareja se separó con vergüenza, ganándose una mirada asesina por parte de Petra.
—¿Qué rayos hacen ustedes aquí? —Escupió estas palabras con la cara roja; sin embargo, esto no cambió para nada la expresión de los otros dos.
—Veníamos a entregarte la canasta con fruta para el tritón —admitió Gunter—. Pero al ver a Auruo cerca de aquí decidimos ver qué era lo que pasaba y… —miró el anillo sobre su dedo— Felicidades.
—Pues no estén tan felices, porque no los vamos a invitar —habló Auruo, ganándose un reproche por parte de los soldados.
—¡¿Cómo que no piensan invitarnos?! —Exclamó Erd— ¡Nosotros somos quienes organizaremos todo y créeme que no será algo sencillo! —Se acercó al soldado de cabello castaño, colocando un brazo a su alrededor—. Si este fulano quiere casarse contigo —miró a Petra—, deberá esforzarse.
—En realidad no queremos algo muy estrafalario —admitió la chica—. Además, estamos en servicio, por lo que debe ser rápido.
Erd y Gunter se miraron con decepción y negaron con la cabeza.
—¡Vamos, mujer, no te casas dos veces! —Le reprendió el rubio—. O esperemos que no sea así —agregó divertido, ganándose una mirada asesina por parte de la pareja.
—Decidido, no están invitados —dictó Petra, tras arrebatarles la canasta de las manos y entrar al salón.
—Oye, no hablas en serio, ¿verdad?—La mujer sonrió divertida, mas no respondió a las réplicas de los dos—. ¿Petra? ¡Oye, Petra! ¡No nos dejes así, por favor!
Eren sonrió un poco al escuchar todo el alboroto allá afuera y se reprendió de alguna manera el estar disfrutando la compañía de aquellos humanos, pero más aún, el estar poniendo en práctica las palabras de sus padres con otros… Y estar feliz por ellos.
—Qué tonto… —susurró para sí mismo, sentándose sobre la arena y recargando su espalda sobre el cristal.
Aún con la cabeza punzándole con tanto dolor y desde el suelo donde estaba recostado, abrió los ojos lo más que su condición se lo permitió y se encontró con dos figuras borrosas que parecían forcejar.
"¡Marco!", escuchó gritarle a lo que percibía como una mancha de color dorado, tapando aquel increíble brillo con una tela y supo que había sido real. Alguien lo había salvado.
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—Marlo… —susurró Armin, al ver como reaccionaba poco a poco abriendo sus ojos—. ¿Cómo te sientes? —Preguntó una vez que abrió los ojos por completo, encontrándose con el rostro preocupado del rubio y la cara de pocos amigos de Hitch.
—¿Qué fue lo que-? ¡Agh! —Al pararse tan abruptamente de la cama en la que yacía, una punzada que lo obligó a presionar su cabeza lo hizo recostarse nuevamente.
—Es increíble cuán estúpido puedes ser, para no poder ni siquiera entregar una carta —bufó, con molestia, sacándole una mueca de disgusto al otro—. Si no fuera porque Armin te auxilió, seguro que habrías muerto —una risa nerviosa por parte del rubio se hizo presente para aminorar la situación y una vez que logró ayudarle al otro a sentarse, le preguntó:
—¿Recuerdas algo de lo que pasó allá?
Marlo se mantuvo absorto en sus pensamientos, mismos que le ponían los nervios de punta a Armin.
—Sólo recuerdo haberme golpeado al intentar tomar la carta —giró su rostro para buscarla, encontrándola entre las manos de Hitch.
—Ya veo —suspiró aliviado Armin de que no recordase al tritón—. Si es así, creo que entonces iré por algo para limpiar este lugar —ahora que había luz, veía con claridad la puerta hecha añicos y unas cuantas ventanas rotas al momento que Marco estrelló la puerta. Tendría que remodelar el lugar.
—Espera —le llamó la chica—. ¿Sabes si Jean ya se despertó? Necesito hablar con él.
El rubio suspiró con cansancio al escucharle decir esto.
Después de que lo obligó a llevarla a la enfermería a ver a Jean y despertarlo por el escándalo, el soldado de cabello castaño pensó que lo mejor era irse a su alcoba para terminar de descansar y evitar ser molestado después de casi morir de una infección de estómago. Fue entonces que, en el trayecto, el rubio aprovechó y corrió a uno de los pasillos que tanto conocía para escapar de la chica e ir en busca de Marco, pero para su sorpresa, se encontró con Marlo inconsciente en el piso.
Parecía que nada de lo que hiciera lograba quitarle a la chica de encima, menos aun cuando ella, lo encontró arrastrando el cuerpo de su compañero para ir a la enfermería. Sin opción alguna, tuvo que quedarse una segunda vez en vela, cuidando a otra persona.
—Iré a buscarlo —comentó con cansancio. Él ya se había hecho cargo de esos dos durante un buen tiempo, ahora le tocaba a Jean compartir un poco de la tortura.
—Antes de que te vayas —escuchó hablar a Marlo—. ¿De casualidad no conoces a una chica llamada Marco? —Lo único que vino a la mente de Armin en esos momentos fue la palabra 'mierda'—. Cuando estaba tirado en el piso —comenzó a recordar—, vi a una chica de cabello negro y una intensa luz dorada frente a mí —el rubio entendió perfectamente a lo que se refería, pero en cambio Hitch sólo rodó los ojos con fastidio.
—Vaya que te golpeaste la cabeza con fuerza —se burló la chica—. Dime, Marlo, después de que viste aquella luz, ¿encontraste hadas y unicornios? —dijo entre risas exagerando sus movimientos.
—Cállate, yo sé lo que vi y ella es real —sentenció—. Marco fue quien me salvó —con cada segundo que el de cabello negro abría la boca, Armin sudaba más y más en silencio.
—Oh, por favor. ¿Qué clase de chica se llama "Marco"? —Alzó la voz fastidiada ante el repetitivo relato, cuando una idea extraña se cruzó por su mente, sacándole una sonrisa maliciosa—. ¿No será acaso que era un chico y no quieres que sepamos de tus "gustos"? —Como si la cama lo escupiese, el soldado se quitó las sábanas e intentó pararse.
—Marco es una chica —miró de manera retadora a Hitch—. Tenía el cabello largo y negro, y ahora mismo la buscaré —el rubio de inmediato, lo tomó por el brazo impidiéndole salir—. ¡Armin, ¿qué haces?!
Ante el miedo de que Marlo preguntara por el tritón de escamas doradas, los labios comenzaron a temblarle y se quedó paralizado sin poder articular nada.
—¿Armin? —Se escuchó otra voz. En toda su vida, el rubio nunca se había sentido tan feliz de ver a Jean y no pasaron ni tres segundos de esto, cuando la voz de Hitch retumbó con emoción.
—¡Jean! —El mencionado de inmediato se hizo para atrás, recibiendo los brazos de la chica sobre su cuello—. ¡Qué bueno que ya estás mejor! —El soldado trató de enmarcar una sonrisa lo mejor que pudo y aún con ella colgada de su cuello, se acercó a Armin.
—Creí que habías dicho que bajara en tres horas —se quejó entre dientes el de cabello castaño.
—Pues hay un problema un poco mayor, por si no te has dado cuenta —señaló, sosteniendo el brazo de Marlo, quien con fastidio, se soltó para quedar frente a ellos.
—¿Qué tanto susurran ustedes dos? —Exclamó el de cabello negro, mirándolos atentamente. Arlert, miró a Jean de manera rápida, pero lo suficiente para darle a entender que algo andaba muy mal—. Y tú, Armin —le miró con sospecha—, ¿por qué no quieres que vea a Marco? —Sólo esa frase bastó para que su compañero entendiera la gravedad de la situación.
—Yo… —murmuró Armin, tratando de pensar lo más rápido que podía, pero al estar en una situación bajo tanta presión le fue difícil.
—¿La conoces? —reiteró Marlo, y el rubio, al verse atrapado, se sobresaltó—. Si lo haces… ¿En dónde está ella?
Jean, por su parte, le intrigó los apelativos femeninos por los cuales este se refería al tritón, preguntándose: ¿qué rayos había pasado para darle esa idea?
—Es que… no puedes verla —dijo ambiguamente el rubio, tratando de hacer tiempo.
—¿Y por qué rayos no? —Enunció fastidiado de dar tantas vueltas al asunto—. ¿Tiene novio o algo? —Y ahí estaba la oportunidad que estaba esperando.
—De hecho sí —sonrió Armin quitándose un peso de encima—. Marco, tiene novio.
Sin creerse del todo el cambio tan repentino del rubio, alzó una ceja intrigado y preguntó:
—¿Ah, sí? ¿Y quién es él?
Armin pensó varios segundos en la repuesta que le daría a continuación, cuando su mirada se topó con la de Jean. Al entender lo que su amigo quería hacer, el soldado negó con la cabeza disimuladamente, mas no fue atendido.
—Jean… —soltó para sorpresa de Marlo y Hitch— Jean, es el novio de Marco —recalcó y la chica se separó de sopetón del otro.
—¿Es en serio? —Preguntó la de cabello castaño, con remarcada molestia—. ¿Tienes novia? —El soldado por su parte no dijo nada y solo se dedicó a asentir—. ¡Ah, esto es el maldito colmo! —Al menos ahora, se había podido quitar a la chica de encima.
—No te creo —habló Marlo, mirando fijamente a Jean—. Más bien, creo que a ti también te gusta y no quieres que la vea —tras unos segundos en silencio, Kirschtein enmarcó una sonrisa arrogante.
—No es mi culpa que ella no se fije en perdedores como tú —hundió el dedo en el pecho de Marlo, siendo apartado con brusquedad por el otro.
—Entonces que sea ella quien me lo diga directamente.
Marlo era tan jodidamente terco, que no le quedó otra opción que hacer una especie de "trato" antes de que sus superiores se enteraran.
—Veré qué puedo hacer —alzó los hombros restándole importancia—. Pero no creas que dejaré que te le acerques mucho, maldito loco —de algún modo, eso bastó para que el de cabello negro se tranquilizara, al menos por unos momentos.
—Espero que sea pronto —agregó, ante la mirada molesta de Jean—. O si no, yo mismo la buscaré —como si de una amenaza se tratase, el soldado salió de la enfermería, dejando a Hitch con un rostro triste en su rostro.
—Esta carta es para el comandante —dijo la chica, entregándole el sobre a Kirschtein—. Se maltrató un poco, pero es para la reunión de las legiones de este año —al verla tan triste, el soldado quiso agregar algo para hacerla sentir mejor, pero antes de que pudiese hacerlo, esta regresó sus pasos y salió del lugar.
Un sonoro suspiro salió de la boca de Armin, al mismo tiempo que se frotaba el rostro con estrés. Las cosas no habían podido salir peor de lo que estaban ahora y se pondrían aún más si la policía militar se enteraba de la existencia de los tritones.
—¿Ahora sí me puedes explicar lo que pasó? —Exclamó Jean, poniéndose frente al cansado rubio, quien lo miró con profundas ojeras bajo sus ojos.
—Es una larga historia —susurró—. Pero a resumidas cuentas: Marco estaba en las caballerizas, Marlo tuvo un accidente y como te imaginarás, lo ayudó —negó con agotamiento, recordando su discusión del día anterior—. Ah, y por alguna razón cree que Marco es una chica y se mostró bastante interesado en "ella".
El pensar en Marlo acosando al despistado de Marco, le asqueó un poco a Jean. En realidad no sabía qué clase de mañas podía tener ese sujeto, pero por lo visto, no era nada bueno.
—No hay remedio —suspiró Jean—. Tenemos que advertirle a Marco y pensar en una solución —el rubio asintió y tras salir de la enfermería, ambos dirigieron sus pasos hacia el área experimental.
Al entrar al salón, los soldados se sorprendieron de ver al tritón dorado dormido sobre el suelo, cuando debía estar dentro del agua.
—Marco —le llamó Jean, sacudiéndolo un poco para despertarlo, logrando así que abriese los ojos—. ¿Qué haces aquí afuera? ¿Por qué no te metiste al contenedor? —Antes de que pudiese responder, miró a Armin con incomodidad, para después negar con la cabeza.
—Lo siento, parece que lo olvidé —mintió. A pesar de que los soldados lo notaron, decidieron ir al grano del asunto.
—Marco —le llamó el rubio—. ¿Recuerdas lo que pasó ayer con el humano que salvaste? —El tritón con ese rostro serio, nada propio de él, asintió.
—Yo estaba en las caballerizas cuando él, tenía la cabeza dentro del lugar donde bebían agua los animales que ustedes "montan", y tenía un golpe en la cabeza-
Una risa ahogada se escuchó por parte de Jean, interrumpiendo el relato del tritón.
—Jean, esto es serio —le reclamó su amigo, recordándole la situación y dejando continuar a Marco.
—Él tenía un golpe en la cabeza y lo curé. Eso es todo —los soldados lo dejaron terminar, pensando en cómo explicarle la situación con filtros y palabras sencillas, que no lo alteraran mucho.
—Mira, la situación es esta —comenzó Arlet—: Parece ser que ese humano que salvaste te recuerda y… no solo eso —rascó su nuca con cierta incomodidad—. Él piensa que eres una chica y quiere conocerte.
Marco parpadeó varias veces sin creer lo que había escuchado justo en ese momento, que además de vergonzoso, lo dejaba muy mal parado en realidad.
—¿Disculpa? —Preguntó, para que repitiesen eso mismo.
Armin supo que había dicho suficiente y le dio un codazo a Jean para que terminase con "la otra parte".
—Sí, y bueno, también… hay otra cosa —sintió su cara ardiendo de vergüenza, mientras que el rubio reía sin dejar salir su voz—. Agh, mira, el tipo quiere conocerte y pues… tuvimos que decirle que eras "mi novia" —esta vez, fue su amigo quien no pudo contener su risa al ver la cara confusa de Marco—. ¡Maldición, Armin! ¡Cierra el pico!
El tritón, incapaz de mirar al soldado a la cara, miró al piso con la cara igual de roja.
—Y… ¿Exactamente cómo es que eso ayudó? —preguntó, confuso, logrando sacarle una carcajada más fuerte al rubio y una molestia más profunda a Jean.
—Tal vez para que no llegara hasta acá y dijera: "Oh vaya, Marco no sólo no es una chica, sino que ni siquiera es un maldito humano, por ejemplo". —Concretó con fastidio y Marco comprendió que parte de lo que pasaba también era su responsabilidad al ser tan imprudente.
—Si ser tu… "pareja" —alzó la mirada aún sonrojado—, ayuda en algo, supongo que no hay problema —sonaba tan fácil dicho de este modo, pero había más.
—Él quiere conocerte y le prometí que te dejaría verte, para que dejase de joder —Marco se sorprendió por lo repentino de esto, pero antes de que pudiese decir algo, Jean se adelantó—. Sólo será unos momentos y no me despegaré de tu lado, ¿de acuerdo? —Al no verlo muy convencido, el soldado, en última instancia, agregó—: Si no hacemos esto, puede descubrir quién eres en realidad y esa información puede caer en manos equivocadas.
Tras pensarlo unos segundos, el tritón habló:
—Pero… yo no sé cómo actúan las humanas —admitió con vergüenza e incomodidad.
—De eso no te preocupes —sonrió Armin—. Para eso tienes a Jean, que estoy seguro de que te instruirá bien —le dio unas palmadas, ganándose una mueca de molestia por parte su compañero, sobre todo cuando esto había sido su idea—. Ahora, iré por tu comida —anunció, dirigiéndose a la puerta, dejando solos al tritón y al soldado a propósito.
—Ahm, ¿Jean? —Le llamó tras unos segundos, haciendo que sus miradas se encontraran inevitablemente—. ¿Podrías ayudarme a llegar al agua? —Alzó los brazos para que lo cargase, haciendo el ambiente aún más incómodo y vergonzoso para los dos. Una vez que lo sostuvo entre sus brazos, Marco miró de manera discreta a Jean, quien subía con dificultad las escaleras.
—Maldición —se quejó el soldado, interrumpiendo la acción del tritón—, vaya que estás pesado.
El de escamas doradas se cruzó de brazos y frunció el ceño ante su comentario, llegando así al borde del contendor, donde se guio con su manos y entró al agua de un chapuzón. Una vez adentro, se colocó en la parte donde había más sol y cerró sus ojos para intentar recibir la mayor energía que podía.
El turno de Jean había acabado hace horas, pero no podía irse sin agradecerle a Marco por lo que había hecho la noche anterior por él. Porque, a pesar de no recordar por completo lo acontecido, sabía que había sido el tritón —aparte de Armin— quien había estado incondicionalmente a su lado.
—¿Marco? —El tritón abrió sus ojos, centrando su atención en el otro—. Yo… quería agradecerte por cuidar de mí.
Marco se sorprendió ante el cambo tan evidente que el soldado había tenido desde la primera vez que se encontraron, hasta ahora, que sus palabras sonaban verdaderamente humildes.
—No hay de qué, Jean —sonrió con verdadera alegría de escucharle decir esto—. Además, tú también ya me has salvado en una ocasión.
Entendiendo que se refería a aquella vez en el río, el soldado bufó con ironía.
—¿Acaso esto se trata de una cadena de favores o algo? —Se cruzó de brazos para después recargarse sobre el cristal—. Porque si es así, al parecer me llevas la delantera.
—Esto es diferente a aquella vez cerca del mar, Jean —afirmó con seguridad, desvaneciendo la sonrisa de su rostro—. Lo que hice anoche fue porque… —al darse cuenta de lo que estaba a punto de decir se asombró un poco, mas no detuvo su verdadero sentir— De verdad, yo quería hacerlo.
El soldado, quien había mantenido su rostro de lado para verlo a través del cristal, miró hacia enfrente, analizando cada una de sus palabras.
—Eres demasiado amable, ¿lo sabías? —Reveló, tras unos minutos de silencio—. Y eso puede ser una desventaja para ti —se giró para quedar frente al tritón—. Prométeme que esta será la última vez en que hagas algo como lo que hiciste con Marlo.
Una mueca de disgusto se formó en el rostro del otro como respuesta.
—No puedo hacerlo —admitió con tristeza—. El ayudar a los demás no es algo que desee, es algo mucho más complejo que eso… —completó— No lo entenderías.
Esa luz que el tritón parecía llevar consigo de manera natural, se perdió dentro de la misma oscuridad que su mirada. Y esta vez, no se refería a la luz dorada que salía de sus manos, sino a que él poseía de manera propia.
—Pues si no lo entiendo, explícame —demandó el soldado de manera repentina, logrando llamar la atención de Marco—. No des por sentado que soy "un idiota" que es incapaz de comprenderte. Porque, a pesar de que eres horrendamente sobreprotector con los ineptos de tus amigos, al punto de hartar… —arrojó sin tacto, logrando confundir al otro, entre saber si era un halago o una crítica—… Tú me agradas, tonto.
Eso había sonado tan agridulce… o como "Jean", en otras palabras.
—Tú también me agradas aunque seas tan caprichoso en algunas ocasiones —respondió, con la misma aspereza que el soldado, sacándole una sonrisa.
—Vaya, no conocía ese lado tan directo de tu parte —dijo con cierto asombro—. Hasta podría decir que eso sonó cruel.
Marco correspondió su gesto y sonrió de medio lado.
—Que no lo comente no significa que no lo piense —esto terminó por sacarle una carcajada a Jean.
—Me agrada ese lado tuyo —afirmó de la manera más sincera que pudo—. Y es genial saber que tienes algo de carácter tras esa fachada.
Y algo, sin saber exactamente qué, se concretó en esa conversación. Como si se tratase de un lazo o un pacto implícito que les causó curiosidad y que a su vez, les recordaba que no estaban solos.
Al caer la noche, Reiner caminó con pasos lentos hacia el salón de Bertholdt y, al entrar, notó cómo este ya lo esperaba fuera del contenedor, abrazándose de sus "piernas".
—Lamento la tardanza —comentó, al deducir que llevaba ya algún tiempo esperando.
—No te preocupes —negó con la cabeza, al mismo tiempo que se ponía de pie—. Acabo de salir del agua —dicho esto, tomó su cabello y empezó a exprimirlo, haciendo un pequeño charco bajo sus pies. Reiner miró curioso su acción y, al revisar el lugar notó cómo Historia había cumplido con lo que había prometido, llevando un pequeño fonógrafo al interior del salón.
Se acercó a dicho aparato y a su vez, vio algunos discos de vinilo recargados contra la pared y otro que ya estaba puesto en el aparato.
—Estuvimos escuchándolo toda la mañana —habló con cierta felicidad, tratando de esconder una sonrisa que afloraba en su rostro—. No sabía que los humanos tenían sonidos tan maravillosos —miró con cierta admiración el aparato, haciendo que una idea se cruzase por la mente de Reiner.
—Si quieres podemos poner otras canciones —sugirió, al verlo tan maravillado—. O podemos ir a caminar un poco fuera del salón y mostrarte el lugar —pero casi de inmediato, recibió una negativa por parte del tritón.
—Prefiero quedarme a escuchar la caja de música —acarició el objeto como si se tratase de una especie de tesoro.
—Es un fonógrafo —agregó el rubio.
—Eso. Prefiero escuchar el fonógrafo y su música.
Sin otra opción, Reiner revisó varios discos que había traído Historia y reconoció uno en particular. Miró la portada unos segundos y recordó que era uno de los favoritos de una de sus ex-novias. Un suspiro salió de sus labios y colocó el disco bajo la aguja.
La música empezó a sonar y Bertholdt miraba absorto el movimiento del disco contra la aguja. Estaba tan embelesado, tan perdido en la música, que ni siquiera notó los ojos dorados del humano sobre su persona, observándole con curiosidad. Pensó, que si ya tenía un poco de su confianza —considerando que antes, ni siquiera le dirigía la mirada—, tal vez podía engañarlo para que lo besase ahora que estaba distraído.
Así que con esta idea en mente, se acercó hacia donde se encontraba sentado y al tener el tritón el rostro ladeado, el rubio acercó su cara con la intención de que cuando voltease, sus labios chocaran. Pero, Bertholdt, al sentir la respiración del soldado cerca de su cuello, volteó tan abruptamente, que su cabeza golpeó la nariz de Reiner.
—D-Discúlpame, es que no te vi —expresó con preocupación, al ver cómo el rubio se cubría su nariz con ambas manos y fruncía el ceño con dolor—. Déjame ver —se acercó al otro—. Tal vez pueda cristalizar tu nariz para que no se hinche.
Ante lo ridículo que sonó la proposición, Reiner se descubrió la nariz para responderle, pero un pequeño flujo de sangre que cayó sobre sus manos y sobre el tritón, lo obligó a regresar a su posición inicial.
—Es solo un sangrado —rezongó con fastidio, haciendo su cabeza para atrás—. Ya pasará —pero al no escuchar el alboroto inicial por parte de Bertholdt, se preocupó y regresó su atención hacia él, nuevamente, con esa expresión perdida sobre sus manos, las cuales se habían manchado con un poco de su sangre.
Recordando un poco lo que había sucedido la vez anterior, el rubio se debatió entre acercarse o no, cuando unos susurros casi inentendibles por parte del tritón se escucharon.
—¿Q-Qué dices? —Los labios del tritón continuaron repitiendo la misma palabra sin parar, al mismo tiempo que su cabello cubría parte de su rostro—. No te entiendo. ¿Qué sucede? —Esta vez se decidió por acercarse más a él, lo cual le permitió escuchar más de cerca sus palabras.
—"Mamá, mamá…" —repetía sin cesar, como si su mente se hubiese separada de lo que estaba pasando en realidad y los gritos incesantes dentro de su cabeza se reprodujeran como una especie de película en la que se encontraba inmerso.
Aún con su sangrado, Reiner decidió que era suficiente y lo tomó por los hombros, tratando de que reaccionase.
—Oye, ya para con eso —le pidió, logrando que este sólo subiese el volumen de su voz—. ¡Bertholdt, ya basta! —Se estaba comenzando a asustar de ver cómo el otro se estaba perdiendo en algo tan doloroso, que parecía entumirse sin poder soltar ni una sola lágrima. Así que en un último intento, lo sacudió esta vez con más fuerza, logrando así que la atención del tritón se centrase en su persona.
Varios minutos pasaron para que el tritón, prestara atención a lo que pasaba. Pero contrario a lo que el rubio esperaba, este sólo musitó:
—Suéltame… —su voz temblorosa y sus ojos azul obscuro que ya habían derramado una que otra perla, se clavaron contra los suyos—… ¡Suéltame, ya!
Trató de quitarse las manos del soldado como si estuviesen quemándole la piel y fue entonces que supo que Bertholdt, aún "no volvía del todo". Se sacudía con violencia y negaba con la cabeza como si verdaderamente estuviese en peligro, así que sin otra opción, Reiner alzó su mano y le soltó una bofetada que finalmente fue lo que lo hizo volver en sí.
Su expresión se transformó casi al instante, pasando de una aterrada a una confundida, al mismo tiempo que se sobaba la mejilla. Con vergüenza, bajó el rostro, dejando escuchar el suave sonido de las perlas al caer al piso.
—D-Discúlpame —musitó con dificultad, debido a los fuertes espasmos en su cuerpo. Reiner sintió algo de pena por aquel sujeto, y colocó sus mano sobre su hombro como una muestra de comprensión, pero el otro, de inmediato aprovechó para acercarse al soldado y abrazarlo, escondiendo el rostro entre su pecho—. Es que… aún tengo mucho miedo —logró articular. Y Reiner, aún sin saber por completo el significado, supo que su aversión por la sangre era mucho más intensa de lo que creía—. No me dejes solo… —le rogó, como si olvidase de quién se trataba e inevitablemente, un recuerdo golpeó al soldado.
Y fue un golpe en realidad, invisible físicamente, pero que lo dejó indefenso con Bertholdt aferrándose a él. Justo como aquella fría noche de invierno, donde su padre, deshecho ante sus ojos de niño, le pedía repetidas veces aferrándose a su pequeño cuerpo: "No me dejes solo, hijo. Si tú te vas de mi lado también, seguramente moriré". Y él con todo el amor que se puede tener a tan tierna edad y sintiendo la angustia en cada una de sus palabras repetía: "Te quiero papá. Yo nunca te dejaré".
Sin quererlo, colocó su mano áspera sobre la espalda del tritón y la dejó reposar ahí. Bertholdt, sorprendiéndose de sentir esto, se separó lo suficiente para verlo al rostro.
—No soy bueno dando ánimos —contestó, al ver la duda en sus ojos—. Así que no esperes más de mí —y moviendo una de sus manos, retiró una diminuta perla que se había quedado atrapada entre las pestañas del tritón.
A pesar de ese rostro tan serio, Bertholdt ni siquiera se inmutó, al contrario, terminó de llorar todo lo que podía hasta que no pudo más. Sin poder reconocerlo, ambos, se sintieron más tranquilos y la música, continuó sonando.
El sonido de la puerta abriéndose alteró a Eren, quien estaba recargado en el cristal, esperando su cena. Al encontrarse con la presencia del capitán, lo primero que cruzó por su mente fue en tomar la canasta con fruta en un arrebató, pero al ver cómo tenía ese extraño aparato con el que los humanos volaban, paró en seco.
—Hoy hay otros planes —dictó, aventándole una capa al tritón—. Póntela, vamos a salir un rato.
A diferencia de otras veces, Eren obedeció sin chistar y se colocó la prenda lo suficientemente larga como para cubrirlo hasta los pies y después la capucha. Seguido de esto, Levi abrió la puerta y salieron del salón en esa noche tan tranquila.
Eren se sorprendió de lo vacío que estaba el lugar y observó una pequeña parte del inmenso castillo, iluminado tan solo por la luz de la luna. Finalmente, los dos llegaron hacia el área de entrenamiento, donde él y el capitán habían tenido su segunda pelea.
—Voy a probar esto un momento —anunció el soldado, entregándole la canasta repleta de fresas y granadas—. Come mientras lo hago, y no te muevas de aquí.
El tritón no respondió a su orden; sin embargo, obedeció sentándose en el suelo, donde devoraba fruta, tras fruta, observando a Levi treparse sobre uno de los muros. Tal vez no lo admitiría de manera abierta, pero la manera tan increíble y ágil en la que se movía en el aire fue algo asombroso de ver.
El capitán por su parte, al lanzar (1) los pistones se dio cuenta de que el equipo se tardaba demasiado en comparación con los otros, además de que el cable se atoraba con frecuencia. Así que, determinando el estado del equipo, supo que necesitaba reparaciones, mas no era del todo obsoleto. Con cuidado, descendió del muro usando los ganchos y accionó (2) la unidad de maniobra espacial para enrollar el cable.
—Listo, podemos irnos —habló una vez cerca de Eren, quien no despegaba la vista del equipo—. ¿Qué te pasa? —inquirió, alzando una ceja.
—Quiero que me enseñes a usar tus alas —decretó tajante, aún con la canasta entre sus manos. Levi lo examinó de arriba a abajo y después suspiró.
—Con esas pintas, no lo creo —siguió su camino a pesar de la expresión tan indignada del otro, quien no dudó en seguirle.
—¿Por qué? Si yo también sé pelear como tú o cualquiera de los de aquí —al parecer Eren no estaba enterado de todos los requerimientos básicos que se necesitaban para poder usar el equipo, pero ahorrándose toda esa explicación, Levi le dirigió la mirada y paró sus pasos.
—Si usas el equipo con el cabello tan largo —tomó uno de los mechones castaños, llenos de pequeñas piedrecillas verdes—, se te va a enredar en el equipo y serás el único tritón calvo de tu especie.
Eren miró su cabello con decepción al saber que no podía cortarlo, pero si no podía usar esa cosa por las buenas, lo haría por las malas.
—Si no me lo das, no te devolveré tu pañuelo —señaló su cuello, de donde colgaba el pedazo de tela. Levi detuvo sus pasos y con una expresión indiferente, sacó el collar que tenía escondido entre su camisa y se lo mostró al tritón.
—Si no quieres que nada le pase a esta cosa, más te vale no hacerle nada a mi pañuelo —adivinando la actitud impulsiva de Eren, el soldado se adelantó y tomó la pequeña concha y cerró su puño—. Yo no haría eso de ser tú —detuvo la acción del tritón de lanzársele encima—. Porque, sólo hace falta que cierre mi puño con la suficiente fuerza y tu collar, se hará polvo.
Midiendo por primera vez las consecuencias de sus actos, Eren bajó la guardia y agachó su cabeza.
—Ese collar… —murmuró— Ese collar es lo único que me queda de mis padres.
Recordando un poco sus palabras de la noche anterior y el estado de su rostro en esos momentos, Levi pudo deducir que era algo que le dolía mucho, por no decir que parecía desgarrarlo a tal grado de dejarse ver tan vulnerable frente a él.
—Pues ese pañuelo también es muy especial para mí —reveló—. Sólo que en mi caso fue un regalo de parte de mis camaradas antes de mi primera expedición.
—No puedes comparar eso con mis padres —alegó sin saber, ganándose una mirada de absoluto odio por parte de Levi.
—¿Por qué? ¿Por qué ellos no llevaban mi sangre? —Lo miró desafiante—. Tus amigos tampoco son de tu sangre y no veo que los trates de manera indiferente —tal vez Eren había hablado una vez más sin pensarlo y había herido algo de los sentimientos del capitán—. Isabel y Farlan eran mi familia —afirmó sin duda alguna en sus ojos—. Pero como muchas otras familias, los titanes se encargaron de destruirla.
Sin querer seguir hablando más del tema, el soldado retomó su camino dejando a Eren atrás con miles de sentimientos encontrados, cuando en un nuevo arrebato, se atrevió a decir algo que hizo que Levi se detuviese de golpe.
—¿Qué dijiste? —Acercó sus pasos rápidamente hacia el tritón, jalándolo por la capa con tanta brusquedad, que la canasta con fruta se resbaló de sus manos.
—Dije —repitió con más fuerza—, que eso no se compara con lo que han hecho ustedes.
Eren ladeó el rostro esperando que Levi impactase el puño contra su rostro, pero al sentir el agarre en su capa más flojo, regresó la mirada hacia él.
—Si no sabes nada de nosotros —le empujó—, es mejor que cierres la boca, Eren.
Por primera vez, el tritón sintió miedo de la mirada que el otro le dedicó, pero era tanta la impotencia, era tanta la frustración, que las palabras salían una a una de su boca.
—¿Qué conveniente, no? —Reclamó, clavando sus ojos verdes sobre Levi—. Ustedes hicieron cosas tan horribles y ahora resulta que no lo recuerdan —negó con frustración la cabeza, sin despegar su mirada del otro—. Si quieren que los titanes dejen de atacarlos, ¡ya dejen de causar tanto sufrimiento-!
Harto de no entender ni una palabra de lo que el otro decía, Levi lo haló por el brazo y lo acorraló contra uno de los muros para que evitar que escapase. Si quería tirarle toda esa mierda, adelante, pero se atendría a las consecuencias.
—¿Qué es exactamente lo que ustedes buscan? —Tanto su respiración como sus palabras sonaron desesperadas, sorprendiendo al mismo Eren—. Dime ¿qué es lo que tenemos que dejar de hacer para que los titanes no nos sigan atacando? Y lo haremos.
Los rostros de ambos quedaron fijos a pocos centímetros de distancia, pero a diferencia del capitán, el tritón no se arriesgaría a seguir jugando con fuego, por lo que respondió:
—Antes de que ustedes tengan esas respuestas, nosotros necesitamos otras primero.
Levi quedó atónito de la determinación interminable del tritón y de su valentía —o estupidez—, al retarle como nadie lo había hecho antes. Era un trato muy valioso, demasiado.
—¿Qué es eso que necesitas saber?
Sin pensárselo dos veces, el tritón replicó:
—Quiero saber quiénes, aparte de ustedes, han ido cerca del mar.
Levi imaginó muchas cosas, pero eso definitivamente no estaba entre sus planes y un pensamiento extraño, como una especie de dolor anticipado vino a él, mirando al sujeto de ojos verdes y casi salvajes. Algo que decía: "a partir de aquí, no hay marcha atrás".
(3) «Desde el momento que te vi, supe que tendríamos que jugar todos estos juegos absurdos: besos, discusiones, palabras tiernas, golpes bajos, insultos y "golpes". Pero mis golpes no, me refiero a los tuyos.
Tú y yo, nos cambiaremos la vida para siempre y como todo el mundo; voy a sufrir».
Referencias
(1) Pistones: sirve para lidiar los ganchos y para cuando dispares, que se claven en el objetivo deseado, haciendo que sea útil este equipo.
(2) Unidad de maniobra espacial: enrolla cables de acero en un timbal y hay dos ejes independientes, que son lo que permite la movilidad del equipo.
(3) Canción utilizada: "Te Quiero" de Stromae. La canción es básicamente una sátira acerca del amor, para quien guste escucharla.
Reviews sin cuenta:
annyel: Lo verás más adelante y estoy segura que te encantará.
tsuki platanoconmiel: Gracias por leerme por tanto tiempo. Recuerdo cuando inicie este fanfic y dije: no pegará. Gracias por tu apoyo
ZafiraNashteel11: ¡Claro que te recuerdo cumpleañera!, cuando puedas leerme no hay prisa yo escribo para ustedes.
Cuando leí "A Choice with no regrets" si me dolió, pero el OVA fue bellísimo. Levi se mostró vulnerable y eso lo amé, odio que se quejen de la OVA, porque quieren ver a Levi super invulnerable. El beso Jean/Marco fue como más el inicio que detonará algo gay JAJAJA XD, yo estoy segura que te gustará las 3 parejitas y como se desarrollan, cada una a su manera y obvio cuando se amen las haré suspirar.
Lo juro por el Señor de los Anillos que lo haré. Tanto halago llena mi corazón de feels de escritora, me cuesta a veces no bloquearme pero por supuesto mientras me leas, yo estaré reprobado para traerles un capítulo nuevo. Gracias a ti por ser tan linda con tus reviews, yo les agradezco a todos los que se dan la oportunidad de leerme. Un abrazo enorme :)
