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Disclaimer: Los personajes de K-ON! son propiedad de Kakifly y yo solo los uso para fines de este fic.
De nuevo, Mugi y Sawako se quedaron en el salón del club para "limpiar" todo. La intención de Sawako era esta misma, pero Mugi tenía una intención muy diferente, y se la hacía saber muy bien a su compañera, puesto que, de vez en cuando, se pegaba mucho a la profesora, y le lanzaba fugaces miradas. Aquellas acciones de Mugi hacían que la indefensa profesora tuviera que poner todo su auto control para evitar caer en las trampas mortales que la joven estudiante le ponía en todo su camino. En una ocasión, Mugi aprovechó que Sawako estaba descuidada, y acercó mucho su rostro, lo suficiente para sentir el calor de los labios de la profesora, pero, en ese momento, la misma se tapo con su mano.
- Detente- le ordenó Sawako con autoridad.
- ¿Detener qué, Sawa-chan?- preguntó Mugi, con una cara y tono inocentes.
Entonces, Sawako tomó las mejillas de Mugi, y las estiró.
- Sé muy bien tus intenciones, pero te dije, son las reglas- la regañó Sawako endureciendo la mirada.
Sawako soltó las mejillas de Mugi, y ella agacho la cabeza llevándose las manos a las mejillas.
- Entiendo, Sawako-sensei- dijo Mugi con la voz entrecortada.
Los ojos de Mugi se cristalizaron, y al verlo, Sawako sintió que se le hacía un nudo en la garganta, y una enorme pesadez en su estomago. Entonces, se metió a la bodega.
- Ayúdame con esto- le pidió amablemente Sawako a Mugi, cargando una caja.
Sin entender su cambio drástico de hechos, Mugi se sacudió los ojos, y se metió para ayudarle. Cuando Mugi estuvo dentro, Sawako tiró la caja, y jaló hacia ella a Mugi, abrazándola con fuerza.
- Si nos ven, no podremos hacer esto de nuevo- le susurró al oído con ternura.
Mugi quiso decir algo, pero, antes de poder hablar, Sawako ya había ocupado sus labios, y ahora, ambas chicas se besaban con ternura, y con calma, disfrutando cada instante de ese beso. Cuando terminaron, ambas se miraron por largos segundos.
- Si vuelvo a llegar tarde, mi familia sospechará- objetó Mugi con una enorme sonrisa.
- Vámonos, yo te llevo- le ofreció Sawako acariciando sus mejillas para quitarle el dolor.
Mugi aceptó la proposición de la maestra, y ambas terminaron lo más rápido posible el aseo del lugar, para poder disfrutar la travesía de regreso juntas.
De nuevo, la noche les llegó a la pareja, después de que, para aliviar la enorme ola de tentaciones lanzadas por Mugi hacia la indefensa profesora, desde un simple guiño de un ojo, hasta una vez que, con toda ventaja, se desabotonó un par de botones de su camisa, dejando ver levemente la tira de encaje de su brasier, asustando un poco a Sawako, al ver lo atrevida de la ropa de su compañera; incluso, aún dentro del vehículo de la maestra, ella iba ya con tres botones fuera.
- Eso es injusto, Tsumugi- le reclamó Sawako usando toda su fuerza de voluntad para poner atención al camino.
- Pero, no estoy haciendo nada malo- contradijo Mugi haciendo su asiento para atrás, y estirándose a propósito para realzar su figura-. Solo intento ponerme cómoda, y tengo la confianza de que estoy a solas contigo.
Sawako estaba muy nerviosa y agitada, así que estacionó su auto de nuevo en un sitio oscuro y solo, asegurándose de cerrar bien las puertas.
- No hagas esto Tsumugi, ya habíamos dicho las reglas...
- Las reglas durante clase- interrumpió Mugi guiñándole un ojo-. Pero, ya no estamos en clase.
Mugi se acercó provocativamente a Sawako, hasta ponerse solo a un palmo de ella, tomando la mano de la acorralada profesora, y poniéndola en su mejilla. Entonces, dejándose llevar, Sawako movió su mano, temblando de deseo, pero, una vez más, su autocontrol predominó.
- No podemos hacerlo- repitió Sawako con voz temblorosa-. Si alguien no ve, será un gran problema para las dos.
- Entonces solo necesitamos que no nos vean- dijo para sí Mugi buscando algo en su mochila, y entonces sacó una agenda electrónica, después de un par de minutos leyendo, dijo de repente-. Da la vuelta en la siguiente esquina a la izquierda, Sawako.
Sin entender bien el por qué de las indicaciones de Mugi, Sawako las siguió. Dieron vuelta y avanzaron por un lugar que la profesora desconocía, pero, al ver la cara relajada y confiada de Mugi, decidió no objetar. al final llegaron a un callejón sin salida, asustando en un principio a Sawako, pero entonces, con picar un botón de la agenda electrónica, la "pared" se abrió como una compuerta doble, dejando ver un corto camino pavimentado y al final de este, una pequeña casa, con cochera, dos pisos, una piscina y un amplio jardín; los alrededores estaban bardeados, y la única entrada parecía ser por la que habían entrado. Una vez más, con un botón de su agenda, Mugi abrió la puerta de la cochera, y Sawako entendió que debía meter su coche ahí.
- ¿Qué es este lugar, Tsumugi?- preguntó Sawako impresionada al ver ese impresionante lugar.
- Es mi guarida secreta- confesó Mugi riendo levemente-. Fue construida por si había alguna emergencia, podernos esconder... también los edificios aledaños son de nuestra propiedad, así nos evitamos que lo descubran por casualidad.
En ese momento, Mugi tomó la mano de Sawako, y la miró tiernamente.
- Tu querías que nadie nos viera, por eso te traje aquí- le dijo con ternura Mugi-. Ahora, las reglas en la escuela las pones tu, pero, tu poder se acaba cuando las clases terminan.
Sawako se quedó en silencio por unos instantes, en los que pensaba en cómo reaccionar ante todo eso que estaba pasando.
- ¿Por qué no me dijiste de este lugar, Tsumugi?- preguntó con voz temblorosa Sawako.
- No lo sé... creo que ese día las cosas fueron muy rápido que no pude reaccionar bien- se excusó Mugi tranquilamente.
En ese momento, Sawako abrazó con fuerza a Mugi, y la besó con todo el deseo que se había guardado todo el día. Mugi correspondió su caricia, y la abrazó con la misma fuerza, y terminando de desabotonar su camisa.
- Entonces, ¿cuáles son tus reglas, Tsumugi?- preguntó Sawako mirándola con deseo, y con la respiración agitada.
Mugi se limitó a guiñarle un ojo, y a arrastrarla hasta el interior de la casa. Adentro era tan lujoso como esperaría de una casa de la familia de Mugi, pero, lejos de poder tomar un tour por el lugar, Mugi la dirigió directamente hasta la habitación, y al entrar a esta, ella cerró la puerta tras de si.
- Ahora, aquí yo pongo mis reglas- dijo en tono seductor Mugi mientras, al ir caminando a la cama (donde ya se había recostado Sawako), se iba quitando la ropa.
Al llegar a casa de Azusa, Yui avisó inmediatamente que se iba a quedar fuera, cosa que claramente a Ui no le agradó nada, pero, al final tuvo que resignarse, pidiéndole dos favores.
- Debes llegar temprano a clases, no se vayan a quedar dormidas, y sobre todo...- Ui hizo una pausa, y luego continuó-... debes prometer que te portarás bien, y que no harás nada indebido con Azusa-chan- agregó esto último con nerviosismo.
Yui se quedó pensando unos instantes, y luego dijo.
- Esta bien... lo prometo- respondió Yui con la voz apagada, y colgó el teléfono.
La velada avanzó tranquilamente. Yui cenó junto a la familia de Azusa tranquilamente, y al final, en el cuarto de Azusa, ella la obligó a terminar sus deberes antes de dormir, cosa que fue complicada dado el poco entusiasmo que ella ponía.
- Si terminas la tarea, prometo besarte- la tentó Azusa mirándola a los ojos.
Yui la miró fijamente, comprobando que no era una broma lo que ella le decía. Entonces, como si fuera la fuerza del amor, Yui comenzó a hacer su tarea a una velocidad increíble, tanto así que en menos de 10 minutos ya había terminado todo.
- Terminé- se emocionó Yui dejando su libreta a un lado, y abalanzándose sobre Azusa-. Ahora, mi premio, Azu-nyan.
Azusa se limitó a sonreír al ver el empeño que le había puesto a su tarea, y cerró los ojos para permitir que su amada la besara. Fue un leve beso, tierno, sin prisas, pero, fue un lindo beso que hizo sonreír a las dos. Entonces, Yui se levantó y comenzó a guardar todas las cosas.
- ¿Qué haces, Yui?- preguntó Azusa curiosa.
- Guardando todo para ya ir a dormir- explicó Yui con calma, como si fuera algo lógico de ver.
Entonces, Yui sintió que la mano de Azusa la jalaba, y Yui cayó al suelo, encima de Azusa.
- Aún tienes algo qué hacer, Yui- le reclamó Azusa, y sin medirlo, besó el hombro de Yui, y mordió levemente, haciendo que Yui se estremeciera.
Cuando Azusa soltó el hombro de Yui, ella le correspondió de la misma manera, desabotonando su pijama, y mordiendo ligeramente su hombro, hasta dejar una marca en este, en un lugar donde nadie podría verlo a simple vista.
- Ahora, dilo, Azu-nyan- le pidió amablemente Yui mirándola a los ojos.
Azusa cerró los ojos ligeramente, y se acercó al oído de Yui.
- Te amo, Yui- susurró abrazándola con fuerza.
Yui la miró directamente a los ojos, y respondió.
- Yo también a ti, Azusa.
