Potter fans!

Regresamos con un nuevo capítulo. La aventura comenzó para Draco, Harry, Ron y Hermione; a partir de ahora todo puede suceder.

Espero que disfruten el capítulo. Gracias por los mensajes, me encanta leerlos. Espero sus comentarios!

XOXO :3

Capítulo 10: El primero de tantos días

La dulce niña de aroma a vainilla, que vivía en la tranquila campiña Rose Valley, rodeada de paz y armonía. La sencilla chica que pasaba sus tardes leyendo y alimentando animales. La joven que amaba a sus padres y se sentía orgullosa de tenerlos. Esa misma, que pensaba que su serena vida era el paso para una maravillosa aventura, se encontraba en un mundo desconocido, entrelazada entre penumbras y tinieblas que la asfixiaban. Draco ya no estaba a su lado, Harry y Ron desaparecidos. La historia había llegado al punto donde la orquesta ambienta el lugar con una escalofriante melodía que es capas de calarse entre los huesos. Pero eso no era una simple historia, una amarillenta página que podía sencillamente arrancar con un furioso y fuerte manotazo. Esa era su vida, y se había tornado peor de lo que alguna vez imaginó.

… Una semana antes…

El bosque, escenario de innumerables cuentos infantiles, ahora era testigo de la travesía que cuatro jóvenes habían emprendido. Rodeados el salvajismo de los desconocido esas personas, que en un pasado no se habrían pensado en el mismo territorio, iban a la par con un mismo propósito, un mismo destino.

Una aventura en tren, recorriendo bellos paisajes, con montañas que compiten por tocar el cielo, verdes pastizales y contracciones de antaño, ese era el sueño que llevaba desde niña. No se imaginaba que su bitácora iba a tratar de la persecución a su siniestro marido que buscaba asesinar a su mejor amigo; todo esto de la mano de su hijastro, del cual estaba enamorada. Sin duda retorcido, pero era la travesía que le había tocado vivir. asumiendo eso, con agudeza y estilo escribía cada paso que daban sobre la hiedra.

No era lo esperado, pero podía resultar mejor o peor. Estaban transcurriendo la etapa donde la incertidumbre era la dueña y protagonista; acompañada de las chispas entre el hurón y la comadreja, que le aportaban al viaje un sabor agridulce.

-Si me hubieran dicho hace dos días que estaría emprendiendo un viaje con Draco Malfoy, primero hubiera reído hasta hacer migrar a las aves- ironizó Ron, caminando un paso detrás de la feliz pareja y Harry- y segundo, de tanto reír hubiese enfermado y, por dichas razones, ausentado a tal placentera excursión- finalizó, desplomando su pie sobre un muy bien armado montículo de hojas.

Hacía dos días que los cuatro habían salido de viaje para cumplir la misión de detener a Lucius. En un comienzo ambos amigos se descompusieron con la noticia de Hermione, pero entrando en razón, Harry terminó por aceptarlo. Sin embargo Ron, reconocido por guiarse más por su estómago que por la mente, constantemente se le ocurría algún comentario ingenioso contra de Draco.

-Weasley- escupió Malfoy, sin voltearse- en primer lugar, tu simple presencia hace que las aves emigren. Y segundo, eso sí que hubiera sido una tragedia, que tan angustiante sería no contar con el bufón del rey- terminó, con una risotada de superioridad.

Harry y Hermione se miraron de reojo, sin duda el comentario de Draco les había hecho gracia, pero el trasmitirlo hubiera sido el comiendo de una guerra. Todo terminó con un sonoro bufido de Ron, ocasionando la huída de varias liebres. Eso era constante, ya formaba parte del viaje. Llegaba el punto de que Draco esperaba ansioso las ofensas de Ron, era en cierta forma un modo de entretenimiento y de olvidarse ligeramente a lo que se estaban por enfrentar.

Se reunieron en una tranquila posada para cenar, era un lugar a donde Lucius y sus secuaces nunca acudirían; pero, por lo tanto, Draco tampoco. Contemplaba al lugar con un total desprecio y repugnancia.

-Deja de ser tan refinado hurón- gruñó Ron, una vez sentados alrededor de la mesa.

-Entiendo el plan, realmente es brillante, a mi padre nunca se le ocurriría venir aquí- comenzó a decir en un susurro- nadie en su sano juicio lo haría.

-Draco- lo regañó Hermione con una mirada desafiante- Y, de verdad, ¿esa era tu peor vestimenta?- le cuestionó. Por obvias razones tenían que parecer que eran el tipo de personas que acudirían a ese lugar, no tenían que llamar la atención, pero Draco seguía destacando usando unos pantalones algo descastados, un chaleco de color baige y botones plata, una camisa blanca y una boina haciendo juego con el chaleco.

-Es ropa de segunda mano, lo que sucede es que todo luce elegante en mí- se halagó orgulloso, ante lo cual sus acompañantes pusieron los ojos en blanco.

-Oh por Dios, tienes un chaleco que cuesta más que toda esta posada, mientras que Harry y yo llevamos ropa de jardinero y Hermione un vestido desgastado que data de sus épocas antes de pisar tu despampanante mansión- refunfuñó Ron, tapándose la cara con ambas manos.

Harry y Hermione simplemente rieron, realmente apreciaron ese momento donde la mayor preocupación era el atuendo de Draco. Tranquilamente pidieron la comida, en consecuencia a la larga caminata, todos devoraron, sin cuestionarse la procedencia de la carne del guisado. Todos era un decir, Draco arqueaba en cada bocado, y no logró terminar su plato, ante lo cual Ron ofreció un caritativo servicio y lo terminó por él.

Luego de un té, que parecía preparado con los yuyos del bosque, se fueron a sus respectivos cuartos. Harry y Ron compartieron uno, y Draco se sintió feliz de estar solo y poder dormir en paz, eso claramente fue antes de sentir la dureza de la cama.

Hermione se recostó plácidamente en el acartonado colchón, a ella el cansancio le pudo más que las pretensiones, por lo que el lecho no fue un problema. Cerró sus ojos intentando no preocuparse en el destino que les esperaba y así descansar, su cuerpo se lo exigía. Estaba por caer a los brazos del sueño, cuando escuchó el suave chirrido de la puerta. Instintivamente todo el cepillo que se encontraba en la mesa de luz y lo arrojó hacia el cuerpo que estaba en la entrada.

-Soy yo- susurró Draco, que se alumbraba con una pequeña vela.

-Lo siento- se disculpó la soñolienta Hermione- pero, ¿qué haces aquí?- Le cuestionó enderezándose. Él ocupó un lugar junto a ella y posó la vela sobre la mesita.

-No podía dormir- le respondió, entrelazando su mano en la de ella.

-es la cama, eh- rió levemente.

-A demás de eso, que Dios mío, ¿los dueños de esta posada esperan al enemigo o qué?- expresó algo divertido- Pero, ya en serio, mis fantasmas no me dejan dormir- se sinceró.

-¿Tus fantasmas?- se extrañó la castaña.

-El de mi padre, mis ancestros, que me gritan con sus lúgubres voces que los estoy deshonrando, a mi apellido, e incluso a mi mismo- Draco tomó con más fuerza la mano de Hermione.

-Pues entonces no son tus fantasmas- le respondió ella con soltura- Si puedes mirarte a vos mismo y reconocer que lo que estas haciendo es correcto, no importa lo que la resaca de tu apellido te diga- afirmó con un positivismo y seguridad que él nunca había tenido con nada.

-¿Puedo quedarme contigo esta noche?- le preguntó con dulzura.

-¿¡Draco!?- se horrorizó la chica.

-Tranquila, tomaré dos mantas del armario y dormiré en el suelo, de seguro es más cómodo que esa abominación que llaman cama- dijo en tono divertido mientras se dirigía al closet- y al menos podré sujetarte la mano- dijo en un leve susurro. Era lo más tierno que alguna vez le hubieran dicho, y no puedo evitar sonrojarse.

-Nunca me te imaginé diciendo esas cosas- le dijo mientras él se acomodaba en el suelo. Draco se detuvo a mirarla.

-Ya vez, tampoco me imaginé durmiendo en este lugar con el cararrajada y la comadreja cruzando el pasillo, pero ya vez, aquí estoy- rió, acomodándose entre las mantas.

-Te quiero Draco- sus labios habían tomado el poderío de su cuerpo, y dejaron deslizar esas palabras entre ellos.

El silencio se apoderó de la habitación, nada ocurría o sus sentidos estaban nulos. Hasta que la castaña sintió unos dedos unirse a los suyos, y con dulzura se aferraron. Cerró los ojos y sonrió, era si extraña manera de decir "yo también". Nunca pensó que ese roce la llenaría de tal manera, de no creer necesitar nada más. Suspiró, dejando escapar el aire sobre la llama, sumergiéndolos en la completa oscuridad; y lentamente se dejaron absorber por ella.