EL CAMINO A SEGUIR
CAP IX
"¡No va a ocurrir, no otra vez!"
SHERIFF YALE
Observó cómo despertaba su cuñado. La rabia que sentía contra el criminal de Winchester hacía que su rostro cogiese una tonalidad Burdeos. Peter no parecía estar herido, menos mal. Después de encontrar a Nixon degollado en los aseos había temido por su vida.
Ese Winchester era un salvaje, en la escalera junto al aseo dónde había degollado a Nixon también había matado a otros cinco hombres, casi le daban arcadas todavía cuando recordaba que estuvo a punto de pisar un corazón, literalmente.
Peter le estudiaba aún medio dormido, "lo siento, cuñado" le pareció oír en la voz estropajosa de cloroformo.
- No te preocupes, no podías hacer nada.
- ¿Lo habéis cogido? – Ya habrá cambiado de idea respecto a la inocencia del tipo
- No, se ha esfumado. Si aún sigue en el hospital es invisible – su cuñado suspiró - ¿te llevo a casa?
- No es necesario, descansaré un poco en la habitación de los chicos y mientras te hago compañía.
Valley quería interrogar a Peter, así que se lo dijo. Su cuñado era una persona inteligente y comprensiva, "Es su trabajo". Pero tampoco pudieron sacar mucho en claro: le desató las manos al prisionero para cambiarle la camisa del hospital manchada de sangre, no se le ocurrió llamar a ningún agente para que le ayudara porque el herido parecía demasiado grave para moverse y lo siguiente que recordaba era despertarse y ver al sheriff.
DEAN
Afortunadamente la demonio se había quedado tan traumatizada por aquel nombre que no reparó en su presencia escondido entre el ascensor y la puerta de emergencias. Cuando se fue arrastró su pierna hasta la escalera, arrancó el cuchillo de Meg del pecho del cadáver y volvió a salir a la calle.
¿Qué nombre había dicho el tipo? Baphomet, no debía olvidarlo, aunque no le resultaba desconocido, estaba seguro de haberlo oído antes.
No iría mucho más lejos a pie, notaba otra vez la venda totalmente empapada. Ahora por lo menos tenía un arma. Kreuk le había dicho cómo llegar a la casa. Hacía mucho frío y la ropa que llevaba no abrigaba prácticamente nada.
El hospital se había quedado atrás al doblar la esquina de la calle siguiente paró a respirar, "cualquiera diría que esto es peor que cinco kilómetros corriendo campo a través" trató de animarse a sí mismo. Paró un poco a descansar y se dio cuenta de que estaba dejando un rastro de sangre.
Se quitó la chaqueta, la camiseta de enfermero y temblando de frío se puso la chaqueta directamente sobre la piel quemada por la "aturdidora" eléctrica de Meg. Con el cuchillo de la diablesa redujo a tiras la camisa y se vendó la pierna sobre el pantalón apretando todo lo que pudo. Por un segundo creyó que iba a desmayarse pero no se lo permitió, "Bien, ahora no dejaré rastro".
Ya debía estar a veinte metros de la casa. Había luz en el porche, no sabía si debía acercarse, le podía ver alguien. Estaba intentando decidir si se acercaba o no cuando la luz del porche se apagó.
"OH!, ¡Dios!" Al pararse la herida se había enfriado y dolía demasiado como para poder volver a andar. Se tambaleó perdiendo el sentido mientras unos brazos impedían su caída.
ALYSSA
Aquello era de locos, ¿su padre un brujo?, ¿Su madre una empática?, ¿demonios?, ¿ángeles?... ¿Qué era aquello? ¿"Embrujadas"?
El recién llegado los tenía que haber drogado con lo que quiera que halla tomado. El gigantón buenorro, se sentó junto a ella en el sofá y le sonrió. "Vaya, lo de las sonrisas que derriten debe ser cosa de familia, porque este también sabe", pensó.
- No te preocupes, Alyssa ¿verdad? No dejaremos que os pase nada.
Miró a su madre, pero no la tranquilizó su madre parecía asustada. Se sentía tan desbordada, sus primillos enfermos sin saber cómo, y ahora ¿Existían los monstruos? Trató de buscar consuelo en su madre, pero "¿Qué le ocurre?".
La mujer se había quedado quieta, en medio del salón, su expresión era de una desesperación absoluta, parecía querer avanzar y no atreverse. Entonces el tipo que decía ser un ángel la tomó en sus brazos besándola en la frente y un tenue humo casi transparente brotó por todo el cuerpo de la mujer.
A la muchacha le iba a dar un "yuyu", ¿qué coño se creía aquel tipo? Su madre ¿Le dio las gracias?
- Dean está fuera, no se atreve a entrar – dijo el "besa mamás, de las narices, como lo coja lo estranguló".
Sam Winchester se levantó de su lado y salió en estampida hacia la calle. Llegó a la puerta para ver cómo el muchacho recogía al vuelo al hombre herido que perdía el sentido en la puerta.
El castaño tremendamente asustado con su hermano inconsciente entre los brazos entró en la casa. Colocó con sumo cuidado al herido en el sofá. Alyssa recordó que su madre era empática y temió lo que la expresión del más joven de los Winchester podría suponerle. Pero estaba bien, como todos los días.
El herido tenía los labios morados de frío y la cara muy pálida, pero parecía reaccionar. Abrió los ojos, (jo, que ojos). La joven se encontró hechizada otra vez por la mirada del rubio (porque seguro que es eso lo que me pasa).
Su madre fue a la cocina y volvió con un vaso de leche caliente así que ella trajo una almohada y el edredón de su cama y trataron de acomodar al herido, aunque parecía incómodo y casi avergonzado cuando lo arropó.
Mamá se sentó a su lado y lo sujetó mientras le daba la leche como a un niño pequeño delante de todos. Los amigos del recién llegado no dijeron nada, sólo estaban allí, en el salón mirando como intentaba beberse el vaso de leche mientras el rubor de la vergüenza se extendía por su cara y su cuello.
Cuando terminó, su madre le dio un beso en la frente como hacía con sus sobrinos y el chico, porque a Aly se le antojó eso en ese momento, volvió la cara contra el respaldo del sofá escondiéndola.
BOBBY
El muchacho parecía recuperarse, había sido muy extraño. Al parecer Holy-Mary había percibido la presencia de Dean y sus sentimientos, y si eso era así el chico estaba muy lejos de estar bien. Había engañado a su hermano y le había engañado a él haciéndoles creer que se estaba recuperando.
Pero ¿qué le podía reclamar? ¿De qué le iba a pedir explicaciones? Castiel les explicó que la mujer se había visto abrumada por la intensidad de los sentimientos de Dean y que por ello había dormido a la banshee que se había fundido con ella, reduciendo de esa manera su capacidad empática.
Dean estaba algo mejor físicamente, pero la solicitud maternal de Holy Kreuk lo había desconcertado y parecía más inseguro que nunca.
Se habían reunido todos en torno al sofá. Todos no, la señora de la casa se fue a dormir, "uno de los efectos de la intervención de Castiel", suponía el viejo. Su hija se había quedado y los observaba con atención tratando de asimilar todo lo que había descubierto de su propia familia.
- Kreuk me liberó, me dijo como llegar aquí – Bobby no quería hablar de la huida ni de demonios, quería que el chico le explicara qué había pasado para que Holy-Mary se hubiera quedado en ese estado cuando lo sintió llegar, pero Dean seguía siendo lo bastante cabezón como para evitar hablar del tema – Por el camino confirmé la información de Cass, se trata de una trampa, en efecto. Bueno, de dos la de Meg y la de un demonio llamado Baphomet.
A Bobby se le heló la sangre, miró al herido, Baphomet, el terrible demonio que corrompió a los templarios, convirtiendo al brazo armado más fuerte de la cristiandad en carne de hoguera.
Castiel se acercó a Dean. Se arrodilló junto al sofá y le dijo algo al oído, el joven primero puso cara de no entender pero eso no detuvo al impertérrito ser. Dichoso ángel, a ver si aprende que no son de buena educación los recaditos en reunión. Pero entonces el herido explotó.
- ¡No!, ¡¿me estás oyendo!, NO VA A PASAR, ESO NO VA A PASAR, ¡NO OTRA VEZ!
La ira lo había hecho levantarse pese a la debilidad. Sam lo sujetó para que no volviera a caer. Bobby tuvo la impresión que de buena gana el mayor de los Winchester hubiera golpeado a Castiel.
El ángel desapareció simplemente como si nunca hubiese estado allí. En la calle se oyó un aullido aterrador contestado por otro más lejos y por decenas más durante aquella noche.
CASTIEL
La esposa de Kreuk estaba paralizada en un torbellino de dolor, culpabilidad y dudas. Tenía que ayudarla, despues de todo aún le quedaba parte de ángel.
Pensó que cómo a fin de cuentas una Banshee no es un demonio, lo mejor sería comunicarse con el ser. Sujetó a la mujer y casi amorosamente apoyó sus labios en la sudorosa frente de Holy-Mary.
El ser que la acompañaba percibió su presencia y se comunicó con él, entre el torrente de sensaciones que lo abrumaron percibió al mayor de los Winchester fuera.
No debía decirlo, no debía contribuir, lo que tenía que hacer era llevárselos de allí, de cualquier forma. Aunque fuese por la fuerza. Pero desde que sacó al condenado Dean Winchester del infierno su percepción de lo justo y lo real había cambiado.
Cuando el rubio pareció capaz de mantener una conversación se arrodilló a su lado y se lo contó.
- No podeis hacer nada - lo suficientemente bajo para que sólo el herido pudiese oirle - Debéis iros de aquí, la ciudad está condenada. Ni siquiera Lucifer puede matar a Baphomet y éste cuando empieza algo lo termina.
Vió que no quería entender, que no quería asimilar el abandono de seis mil almas. Pero era necesario que lo aceptase y huyeran, pues aunque los Winchester se negaran una y otra vez, la única esperanza del mundo era su enfrentamiento final.
Hizo un último esfuerzo por convencer a Dean. Trató de hacerle entender que era por un bien mayor pero entre la ira del herido, la rabia y el rencor descubrió que no podría hacer nada para ayudarlo, no era lo bastante fuerte.
Entendió la única palabra articulada por el hada nocturna a la que había liberado "sacrificio". Pero aquello sería el final si no lo hacía.
Dean Winchester se levantó haciendo un esfuerzo del que no le creía capaz, parecía querer golpearle, absurdo, pero no vió odio en sus ojos sólo determinación, sacrificio.
Sabía lo que había que hacer, "no amigo, no otra vez" y sabía que no podría volver a acercarse a los que debía proteger "esta vez no vas a ser tú el que se sacrifique por todos"
