Disclaimer: Todo le pertenece a C.S Lewis. Yo solo juego con los personajes.
Summary: "Solo quiero regresar a casa" Victoria verá que no es tan sencillo. Una guerra, un amor. Mentiras y traiciones. La vida nos pone una nueva prueba. ¿Te crees capaz de pasarla? Es tu turno de demostrarlo. Caspian/OC
Capitulo X – Y Llegaste Tú
"Yo solía pensar que sabia quien eras tu
No sabia que dentro de ti yo iba a encontrar la luz
No sabia que existía un mundo así
No sabia que podía ser tan feliz..."
Esa misma noche, los narnianos regresaron a su campamento, dispuestos a descansar de la batalla. Victoria permanecía en la tienda de Caspian, dormida profundamente, los curanderos habían tardado bastante tiempo en curar su herida, pero lo habían logrado.
Después de que terminara de arreglar asuntos oficiales con los generales de sus tropas, el Rey telmarino entro a su tienda y se quedo observándola en silencio.
Seguía con su armadura, su cabello rojo cubría parte de su rostro, su respiración era lenta y regular. Una sonrisa se dibujo en su rostro. Caspian agradeció que pudiera dormir en paz. Su mirada bajo a su brazo, estaba vendado, no pudo evitar sentir una punzada de culpa y preocupación, ella había salvado su vida al atravesarse entre Astrian y él. Suspiro, a pesar de todo eso, ella no debía haber estado allí, nunca debió seguirlo, nunca debió regresarse...
En verdad, no sabia que pensar, si era muy valiente o muy tonta, no cualquiera era capaz de desafiar las ordenes de un Rey, sobretodo como ella lo hacia. Reprimió una sonrisa, sin duda, algo que no le faltaba a Victoria era valor.
Un suspiro de su amiga lo saco de sus reflexiones. Viendo la herida de nuevo, negó con su cabeza, ella no debía haberlo seguido, sin importar cuales eran las circunstancias. Camino cansadamente hasta la hamaca que había colocado para si mismo, cerro sus ojos dispuesto a dormir, siendo el recuerdo de Victoria abalanzándose sobre para salvar su vida la ultima imagen que cruzo su mente antes de caer en los brazos de Morfeo.
Los cuernos de Cair Paravel resonaron por todo los alrededores, anunciando la llegada de las tropas narnianas. Caspian encabezaba la marcha sobre Batallador, a su derecha Vendaval y a su izquierda Victoria montada en Claire. Agregando que la había obligado a ir allí, temeroso de que locura podía llegar a su mente en el camino de regreso. Con el permiso del Rey, los soldados se dispersaron, ansiosos por volver a casa junto con su familia.
Despidiéndose solo de Claire, Victoria fue al interior del Castillo, pasando de largo a Caspian, sin decirle ni una palabra. Al llegar a su habitación, camino directamente hacia su cama, dejándose caer en ella.
– ¡Ouch!– Exclamo mientras con una mano tomaba su brazo herido – Maldita lagartija – Mascullo caminando hacia el baño. Sus ojos se abrieron como platos al ver su reflejo en el espejo, tenía golpeado su pómulo izquierdo, su brazo "sano", lleno de rasguños y magullones. Las piernas le dolían horriblemente, su cuerpo continuaba desacostumbrado a montar a caballo, llamando a una de las siervas, quien le preparo un baño de agua tibia, se deshizo de su armadura y entro en la bañera, cerro sus ojos al sentir el agua.
Caspian aun molesto con Victoria fue a su habitación, dispuesto a quitarse de encima todos los vestigios físicos de la batalla, luego de acabar y ponerse ropa fresca y limpia, camino a su balcón, apoyándose en la barandilla, dejando que su mirada vagara en el horizonte.
Al el nunca le había molestado que Susan, o incluso Lucy fueran a la batalla. ¿Por que había sido diferente con Victoria? Ella manejaba muy bien la espada, él mismo se había encargado de ello, conocía su forma de atacar, de defenderse, incluso de como reaccionar ante las heridas. Y aun así, seguía empeñado en no dejar que fuera a la guerra. Paso una mano por su cabello, frustrado. Tenía demasiadas preguntas y muy pocas respuestas. Él era un hombre, sus discusiones por tonterías habían acabado en los tiempos de la Guerra de Liberación, el destino lo había obligado a madurar, y a pesar de todo, estaba agradecido por ello.
"...Y la vida pasaba de largo, vacía sin emoción
No había nada flotando en el aire abrazándome el corazón
Y llegaste tú y el mundo me abrazo
Y llegaste tu y el mundo se paro..."
Suspiro. Debía comportarse como un adulto, la batalla había pasado y ella estaba bien, en el mismo Castillo que él, herida por su propia culpa, no de ella. Regreso a la habitación. En vez de argumentos, ella merecía un agradecimiento, lo había salvado de un fin abominable.
Decidido, fue hasta la habitación de la inglesa y toco la puerta.
Toc toc
No hubo respuesta, toco de nuevo y ocurrió lo mismo. Frunciendo el ceño por la preocupación abrió lentamente la puerta, la cama estaba deshecha. Camino hacia la puerta de baño.
Toc toc.
Victoria abrió sus ojos de inmediato, el agua ya estaba fría, un escalofrió recorrió su espalda, parpadeo un par de veces, centrando su mente.
– ¿Victoria?– Pregunto una voz desde afuera. La de Caspian.
– S...– Aclaro su garganta – ¿Si?
– ¿Estas bien?
Ya mas despierta tomo la toalla y envolvió su cuerpo – ¡Si! ¡Salgo en un momento!– Exclamo vistiéndose con la ropa de Caspian. Sin duda, ella la prefería ante los vestidos. Desde afuera y en silencio, el telmarino asintió. Un momento después, la joven inglesa salio, su cabello en una cola a un lado de su cuello. Su herida estaba al descubierto y el Rey no pudo evitar hacer una mueca de dolor. Victoria advirtió el gesto y sonrió levemente – Se ve peor de lo que es Intento tranquilizarlo.
Fallo. – No soy tonto, Victoria. Ven aquí La llamo, caminando pesadamente ella se coloco a su lado. Sin decir palabra alguna, Caspian tomo las vendas y la crema desinfectante. Aun en silencio, dedico su total concentración a cubrir la herida. Los roces de los dedos de Caspian en la piel de Victoria enviaron corrientes eléctricas a través del cuerpo de ella. Al terminar, la joven se quedo observándolo un buen rato, hasta que rompió él contacto visual y miro la venda
– Creí que no me hablabas Comento ella volviendo su mirada a él.
– Somos lo suficientemente adultos para esas cosas.
En el campamento no creías eso, pensó ella en su interior. Pero jamás salio de su mente, en realidad extrañaba a Caspian, quería de regreso a su mejor amigo. Suspiro, – Disculpa por no haber obedecido tus órdenes – Por fin había podido decir aquellas palabras, por naturaleza, era orgullosa y la palabra "disculpa" no era algo que dijera todos los días. – Yo solo... No quería...
Caspian la interrumpió – No importa ya – Y le sonrió consoladoramente, ella amplia su sonrisa y para sorpresa del telmarino, Victoria lo abrazo por la cintura. Atolondrado, Caspian le devolvió el abrazo un segundo después, ambos sonrieron en su interior. Lentamente se separaron, pensando en su interior ¿Ahora que? El Rey frunció el ceño entre sus pensamientos.
– ¿Que?– Interrogo Victoria.
El suspiro – ¿Por que lo hiciste?
Ella hizo una mueca, sin entender – ¿Hacer que?
– Salvarme de Astrian– Se explico el telmarino.
La inglesa asintió, ya entendiéndolo. Suspiro mientras sopesaba su respuesta, finalmente hablo: – Eres mi amigo Cas – Coloco su mano en la mejilla del Rey – Desde que llegue me has apoyado – Ambos sonrieron – Si te hubiese pasado algo, no se que seria de mi – Admitió con un leve sonrojo en sus mejillas. Caspian se inclino y beso su frente.
"Hoy que estoy en tus brazos recuerdo mi soledad
Y me rió pensando en las veces que te deje pasar
Y llegaste tú y el mundo me abrazo
Y llegaste tu y el mundo se paro..."
– Gracias Dijo en voz baja.
– No importa ya – Repitió sus palabras, tan solo observándolo. El telmarino se sonrojo ante la concentrada mirada de ella, como si quitara cualquier cáscara, dejando frente a ella al verdadero Caspian, al joven que había quedo huérfano, al que su propia familia había traicionado, el que había perdido a sus amigos y amores. Solo el muchacho obligado a pasar por las pruebas más duras de la vida... Solo Caspian.
– Debes descansar – Comento el Rey, rompiendo el momento. Victoria frunció el ceño, en desacuerdo, el telmarino rió entre dientes. – No eres de hierro.
– Tampoco de porcelana – Contraatacó ella, provocando que Caspian riera una vez mas.
– Obedece esta vez ¿Si? – Sonrió, no la regañaba, solo se preocupaba por su bienestar. En ese momento era todo lo que le importaba.
Suspirando, en parte derrotada y en la otra cansada, asintió. – Bien – Mascullo, Caspian asintió también, mientras se separaba de ella.
– Descansa – Murmuro saliendo de la habitación, recostó su cabeza detrás de la puerta, con un extraño presentimiento dentro de él. Había aprendido a confiar en sus instintos, y estos no presagiaban nada bueno. Suspiro, estaba seguro que Astrian no se rendiría así de fácil. El sabia que cualquier Rey como él, capaz de declararle la guerra a su propia esposa, haría lo que fuera por conseguir lo que quiere.
– Caspian, no te entiendo – Murmuro Victoria por enésima vez mientras se cruzaba de brazos y se recostaba en el sillón.
– Míralo de esta forma, tú viste como ellos desaparecieron al atardecer frente a nuestros ojos ¿No? – Ella asintió y lo interrumpió.
– ¿A que llegamos con eso?
– No creo que se hayan rendido... No lo creo de el. Algo paso, Victoria.
– ¿Que crees que haya pasado?
Caspian suspiro – No lo se... Lo he pensado, y no le hallo explicación alguna.
La inglesa asintió lentamente frunciendo los labios – ¿Que hay del Profesor? ¿Le has preguntado?
Las cejas del Rey se alzaron. Él no había pensado en eso. – Vamos – Dijo, tomando la muñeca de Victoria y saliendo del estudio.
1 Hora después.
– Caspian, llevamos mas de una hora buscándolo, no esta aquí. Quizás salio – Lo detuvo Victoria, suspirando.
Él también suspiro – Tienes ra... – Por el rabillo del ojo observo al Profesor cruzando al pasillo opuesto – ¡Profesor! – Exclamo yendo hacia él, Victoria reacciono un momento después, y fue junto a los dos.
– Hola Caspian. Hola Victoria.
– Hola Profesor – Respondió ella con una leve sonrisa.
Caspian intervino – ¿Podemos hablar?
– Claro, vamos – Y los tres empezaron a caminar hacia su estudio. Finalmente, entraron. Victoria cerró la puerta tras ellos. – ¿En que puedo ayudarlos?
– En la guerra – Empezó Caspian – El ejercito enemigo estaba formado por el Rey Astrian y sus tropas – Las cejas de Cornelius se alzaron en interés y sorpresa, pero se mantuvo callado esperando por que su ex-alumno continuara. – Luchamos durante horas – Observo a Victoria por el rabillo del ojo, quien se movió nerviosamente en el asiento – Pero al atardecer, ellos simplemente desaparecieron...
El anciano asintió lentamente, luego, con grave voz, les dio la explicación – Las leyendas cuentan, que ellos no eran llamados Fantasmas por cualquier cosa. Althea, representaba, además del agua, la luz. Y Astrian, la oscuridad – Victoria y Caspian fruncieron el ceño – No me refiero a la maldad, hablo de la oscuridad, la falta de luz. El día en que Aslan les otorgo sus poderes, les dio una tarea a ambos. Althea, seria la guardiana de las noches, daría luz en la oscuridad a quien la necesitara, guiaría a los viajeros durante las noches y cuidaría de ellos. En cambio, él se encargaría de los días, de llevarle sombra al que lo necesitara, a crear las pruebas para que los que iban descarrilados, volvieran al camino... Durante años, ellos cumplieron sus deberes. Pero después de que Astrian asesinara a Althea – Un escalofrió recorrió la espalda de Victoria – Todo cambio. Con ella muerta, no había quien cumpliera su trabajo, y todo quedo en desequilibrio. Astrian junto con su ejercito, se vieron obligados a ser sombras desde el atardecer, hasta el amanecer. Por eso desaparecieron.
Un largo silencio reino el estudio. Cada uno de ellos en sus pensamientos. Finalmente, Caspian hablo – Entonces, ¿Quiere decir que esto no ha acabado cierto?
Cornelius asintió – Es lo mas probable, Caspian.
– Él volverá. Quizás no sepamos cuando, pero lo hará – Murmuro Victoria, dejando que su vista se cayera en la ventana, donde las nubes empezaban a nublar el cielo.
– Me alegra que estés bien – Dijo Ángel caminando hacia la inglesa
– A mi también – Respondió Victoria, sonriendo levemente. Ángel también le sonrió.
– Hiciste bien.
La inglesa frunció el ceño – ¿De que hablas?
– Salvaste a Caspian – Victoria alzo sus cejas en sorpresa. ¿Había algo que ella no supiese?
– ¿Como lo sabes?
Ángel le sonrió enigmáticamente – Se muchas cosas, Victoria Kyril – La pelirroja frunció la nariz. La otra rió, su risa era musical y aguda. – Deberías estar orgullosa por lo que hiciste.
– Yo... – Tartamudeo – No podía dejar que le pasara algo.
Ángel le sonrió mientras alzaba una ceja – Muchas cosas empiezan por una simple preocupación.
– ¿A que te refieres? – Pregunto Victoria frunciendo el ceño.
– Tu misma te darás cuenta en poco tiempo – La inglesa la observo aun confundida – Ya veras – Ambas se quedaron en silencio, inmersas dentro de su mente. – ¿Que te preocupa?
– Astrian y sus hombres – Suspiro Victoria. – ¿Volverán cierto?
– No puedo decirte que te depara, Victoria. Pero, él no se dará por vencido aun.
La pelirroja suspiro – Volverá – Tuvo que admitir finalmente.
– Tal vez... Pero nada será igual, créeme – Y una vez más, el sueño termino.
Victoria se despertó sobresaltada, estaba en su cama, una pequeña y única vela encendida en la mesa junto a su cama. Golpeo las sabanas con frustración – Siempre me hace lo mismo – Gruño de mal humor. Se levanto cansinamente de la cama y camino hacia el baño. Tomo un poco de agua y la echo en su cara, intentando despejarse. Suspiro – ¿Igual a que? – Se pregunto en voz alta. ¿A que se refería ella? Paso una mano por su rostro. Esos sueños acabarían volviéndola loca.
Regreso a la habitación. Agatha estaba recostada de su mesa, lista para cualquier percance. La tomo y la desenvaino, se quedo observándola durante un buen rato. Acariciaba distraídamente la hoja de metal inoxidable, dejándose llevar por el frió que esta emanaba. ¿Muchas cosas empiezan por una simple preocupación? ¿Que quería decir con eso? ¿Que tenia que ver Caspian y eso? Resoplo. Ella estaba relativamente clara en sus pensamientos. Pero con solo dos frases de Ángel, ponían de cabeza su mente.
Estaba totalmente clara en que tenía algo que ver con Caspian. ¿Pero que? Un extraño pensamiento vino a su mente, y rió nerviosamente. Althea no podía referirse a que ella sentiría algo más que amistad hacia él ¿O si?
– Maldición – Gruño. Paso una mano por su cabello, cerrando sus ojos suspiro lentamente. Caspian era el hombre que toda mujer querría, eso debía admitirlo, era guapo, bueno, amable, cariñoso, preocupado. Y además, un Rey. ¿Que mas podía pedírsele? Nada, tuvo que responderse. Pero ella era su amiga, solo suamiga. No podía sentir nada más hacia él. Se negaba rotundamente.
No, no podía.
Pero el corazón tiende a elegir las opciones que menos pensamos
"Y llegaste tu y me sorprendió
El poder que había en este amor
Y llegaste tú, una bendición
Aun recuerdo el momento en que todo cambio
Y llegaste tu, una bendición..."
