Un sábado cualquiera
Hola!
El final! Y... antes de que alguna piense en matarme por terminarlo así sin más, dejarme deciros que la historia no puede ser de otra forma. Es Un sábado cualquiera... no hay epílogo ni más que una escena rocambolesca en un pasillo perdido de Hogwarts peeeeeero pasaros por el nuevo fic que voy a subir acabando de colgar el capítulo si quereis leer una precuela de esta historia ;)
No será gran cosa pero... entended que esto iba a ser un one-shoot! y mirar en qué se ha convertido!
Perdonadme por no responeder los reviews uno a uno pero no me da tiempo si quiero colgar la precuela y el capítulo.
Besos y saludos
AJ
Disclamer: Todo pertenece a JK R, yo solo uso su mundo y sus personajes por pura diversión.
Pansy Parkinson miró con odio una última vez a todos los allí reunidos haciendo especial hincapié en Malfoy que la ignoró como si no fuera más que un molesto mosquito.
— Esto no quedará así — dijo dando media vuelta.
— ¿Y qué vas a hacer Pansy? — Preguntó risueño Zabinni — Lanzar una maldición a alguien por despecho es una total falta de clase — La miró de arriba abajo — claro que yo siempre he pensado que eres demasiado tosca para estar en Slytherin, supongo que el que seas algo abierta de miras te mando a nuestra Casa y no a Hufflepuff — miró a Ernie y Hannah – Uh… vaya sin ánimo de ofender — Por su expresión era más que claro que no lo sentía para nada.
— Blaise eres un estúpido.
El chico solo rió al ver la mueca de Snape que bien podría pasar por sonrisa y se encogió de hombros.
— Yo también me voy — Dijo Neville mirando a Hannah completamente sonrojado — ¿Vienes?
La chica miró a Ernie
— ¿Seguro que estás bien?
— Claro que sí — se levantó incómodo porque todos le miraran — De hecho también me marcho, no fue una gran idea salir de la cama esta mañana.
Se fue refunfuñando por el camino contrario al que tomaron Longbotton y Abbott.
Snape les miraba con las manos unidas bajo su barbilla, casi sin parpadear.
— Señorita Lovegood — dijo de pronto mirando bien a la Ravenclaw como si hasta ese momento no hubiera prestado atención a su presencia — ¿Podría explicarme por qué está usted en pijama y con zapatillas?
Al momento todos giraron a ver a Luna, dándose cuenta de pronto, que nadie había reparado en su ropa o más bien falta de ella.
— Soy sonámbula — respondió con su voz aniñada.
— Maldita sea — gruñó Theo quien, ante la estupefacta mirada de los presentes, se quitó la capa y la colocó sobre los hombros de la rubia tapándola del cuello a los pies — Vamos Lovegood — añadió con brusquedad — Te acompañaré hasta tu torre.
La tomó del brazo y prácticamente la arrastró de allí ante la atenta mirada de los demás.
— ¡Todo un héroe! — le gritó Blaise recordando las palabras que la chica dijo minutos antes.
Draco coreó las risas del moreno a las que se unieron Ginny y Ron, para disgusto de Harry que seguía queriendo matar a Zabinni por las miradas que le dirigía a la pequeña de los Weasley
— Surrealista — La voz de Snape les devolvió a la realidad — Que situación tan completamente absurda — El profesor negó con la cabeza como si no diera crédito — Potter — dijo con disgusto — Venga conmigo.
— ¿Yo?
— ¿Hay algún otro Potter por aquí? — Dijo claramente molesto.
— No señor — Respondió Harry entre dientes.
— Por suerte para todos sin duda alguna — contestó el profesor arrastrando las palabras y haciendo reír a los dos Slytherins. Acompáñeme. Ahora.
Harry que estaba seguro de que le sometería a otra clase de Oclumancia, aquella asignatura especial que solo a él le era impartida y que se le daba francamente mal, le siguió a regañadientes despidiéndose de sus amigos con una sonrisa resignada.
— No te librarás fácilmente Hermione — le dijo Ron sin dejar de mirar con gesto de asco la estampa que presentaba la castaña con Draco a su lado.
— ¿Ro-Ro? — Lavender agarraba una de las manos del pelirrojo con las suyas y tiraba suave de su brazo — ¿Están juntos? — Preguntó en un susurro que todos escucharon mientras se alejaban.
Ronald gruñó y se soltó de un brusco tirón, caminando a grandes zancadas por el pasillo murmurando incoherencias mientras Brown lo seguía casi corriendo para alcanzarle.
— Si trae a esa a la familia me lanzaré un Avadra yo misma — Ginny miraba a la pareja con una mueca de horror. Se estremeció con dramatismo — ¿Oh Gin-Gin serás mi dama de honor?— dijo en perfecta imitación de la rubia.
Hermione soltó una risita que fue acompañada por la franca carcajada de Zabinni.
— Bueno, me gustaba más pensar que tú serías una Weasley — soltó observando a su amiga y a Malfoy que la fulminó con la mirada — Oh vamos — clavó sus ojos en los de él — ¿¡Mírala quieres!? — dijo señalando el sitio por el que se había alejado Lavender — Soy egoísta lo sé pero… Hermione… Lav-Lav — hizo una balanza con las manos y Draco sonrió — es cuestión de peso.
— ¿Por qué tú y yo no nos hemos presentado antes?
Preguntó de pronto Blaise acercándose a la pelirroja con su sonrisa más seductora. Ella arqueó una perfecta ceja rojiza mientras él tomaba su mano y la llevaba a sus labios dejando un beso en el dorso con caballerosidad.
— ¿Tal vez porque soy una Gryffindor y tú una serpiente?
— Minucias — dijo Zabinni sin perder el buen humor.
— ¿Te suena Harry Potter? — Añadió ella.
Él entrecerró los ojos como si hiciera un esfuerzo para pensar.
— Mmmm, No, creo que no ¿Debería conocerlo?
Ginny no pudo evitar reír y sacudir la cabeza dándolo por imposible.
— Ginny Weasley — dijo al final prestándose al tonto juego del moreno.
— Echanté — respondió él — Blaise Zabinni, a tus pies.
— Te veo luego Hermione — Se soltó del agarre del chico y le guiñó un ojo divertida antes de mirar a su amiga con cara de hablaremos en cuanto te pille a solas —Adiós Blaise Zabinni, Malfoy…
Se marchó con paso enérgico en dirección al Comedor y el Slytherin pronto salió tras ella dispuesto a alcanzarla antes de que se le escapara.
— Harry lo matará — Dijo Hermione aún sorprendida del despliegue de encanto de aquella serpiente.
— Puede intentarlo — Acotó Draco con malicia.
Se miraron dándose cuenta de la situación.
— Se fueron — suspiró Hermione.
— Por fin — añadió él.
La castaña sonrió al darse cuenta de lo que había pasado.
— Para cuando lleguemos al Comedor todo Hogwarts lo sabrá — Hermione miró los ojos grises de Draco — Lavender habla demasiado.
— Al menos no tendremos que escondernos — Alegó Malfoy — Ha sido una semana condenadamente difícil.
— Es cierto.
Se miraron sorprendidos por todo lo que había pasado, aún ninguno de los dos era capaz de asumir la nueva situación en la que se encontraban. Cierto que habían pasado juntos la noche, que Hermione aceptaba el hecho de que se había enamorado de aquel rubio oxigenado que le había hecho la vida imposible durante años, pero aún así era… raro.
— Esto es… raro— fue él quien habló.
Hermione rió incrédula.
— Usas Legeremancia
Él la miró frunciendo el ceño algo incómodo.
— Puedo hacerlo — respondió tras un carraspeo decidiendo que sería sincero con ella — pero como sabrás el hechizo Legeremans necesita de varita y yo no la estoy usando.
La chica tomó la mano del Slytherin
— Tranquilo Draco — Sabía que había cosas que le perturbaban aún.
— Era una broma — especificó — Yo estaba pensando en lo raro que era todo también.
Malfoy parpadeó y exhaló lentamente apretando la mano de ella. Poco a poco sus labios se torcieron en una extraña sonrisa.
— Seremos el centro de atención del colegio — dijo como si le gustara ese hecho, algo que ella no dudaba en absoluto.
— ¡Draco!
— ¿Qué? — Se encogió de hombros — Me gusta serlo. No me sorprendería ver aparecer a la cucaracha de Skeeter cualquier día por aquí.
Aquello pareció poner nerviosa a Hermione.
— Tus padres…
— Todo llegará — dijo el restándole importancia — No te preocupes por eso ahora.
— Estarás en peligro.
— Todos lo estamos
Respondió agarrando su cintura y atrayéndola a su cuerpo. Ella se aferró a su cuello y besó la comisura de sus labios ligeramente sonrojada, pues aún le costaba creer lo que estaba pasando.
— ¡Oh!... ¡Merlín señor Malfoy! — La voz de Minerva MacGonagall sorprendió a los chicos que se apartaron confundidos — ¿Señorita Granger? — Parecía estar en shock mirándoles literalmente con la boca abierta.
— Buenos días profesora — Respondió una colorada Hermione arreglándose la ropa.
Pasaron los minutos y la bruja solo les contemplaba del mismo modo que contemplaría a un elefante rosa con lunares morados que hubiera aparecido ante sus ojos bailando la conga.
— ¿Profesora?
— Esta está senil — murmuró Draco entre dientes, disgustado.
— ¡¿Cómo ha dicho?! — Preguntó la señora llevándose una mano al pecho y saliendo de su trance.
— Que se estaba usted poniendo añil — respondió Malfoy con toda la inocencia del mundo — Creo que era por no respirar, profesora.
— Ya veo — Inspiró hondo, se atusó el cabello y carraspeó delicadamente acomodándose las gafas — Buenos días.
La vieron marchar con la espalda muy tiesa y cuando dobló la esquina incluso Hermione tuvo que reírse al recordar la cara de la profesora de Transformaciones.
— Puede que solo por esto merezca la pena
Ella le miró frunciendo el ceño
— ¿Solo por esto? — Preguntó tirando de su corbata verde y plata.
Draco pintó en su cara aquella sonrisa que la había empezado a volver loca días atrás y agarró su cintura con ambas manos acariciando sus costados con los pulgares.
— ¿Hay más Hermione? — Habló sobre sus labios, dibujando con la lengua su contorno y mordisqueando el inferior.
— Oh si, Draco — Ella jugó con los mechones de pelo que caían sobre su cuello y buscó su boca dispuesta a que la besara de verdad — Mucho más.
Las palabras quedaron olvidadas, así como el Gran Comedor y las explicaciones que les exigirían sus amigos cuando al fin los cogieran a solas. En aquel momento poco más importaba salvo el hecho, pensaba Draco mientras profundizaba aquel beso saboreando la misma esencia de Hermione, de que estaban juntos y que quizás, solo quizás, habría esperanza para ellos.
Años después, el ex Slytherin recordaría que aquel sábado, un sábado cualquiera, había encontrado, por primera vez en su vida, un motivo para luchar. Después de todo Albus Dumbledore siempre había tenido razón. El amor era algo que no debía infravalorarse.
FIN
