Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling.
Este fic participa en el Reto Extremo de Harry Potter: Año #1 del foro Hogwarts a través de los años.
Aventuras por doquier
La biblioteca jamás ha sido el sitio favorito de Hannah Abbott dado que ella no es del tipo de estudiante que se la pase leyendo en cada momento que puede, de hecho se conforma con repasar los apuntes un par de días antes de hacer un examen; sin embargo, ahora va a considerar seriamente la opción de ir a ese lugar en cada oportunidad que se le presente, aun si está es bastante mínima lo hará o lo intentará. Si no fuese por la intervención de madame Pince y si temperamento, Hannah está convencida de que la hubiese torturado ahí mismo sin ninguna vacilación.
—Muchas gracias —dice—. Se lo agradezco muchísimo. —Le sonríe.
—No tiene que agradecerme, señorita Abbott —dice madame Pince manteniendo su postura muy impositiva. No importa en qué casa estén y la edad que tengan, nadie quiere recibir la mirada mortífera de Pince. A pesar de que nunca nadie la ha visto blandir una varita, saben a la perfección que esa mujer es capaz de amilanar hasta al peor estudiante con el peor carácter que exista—. No tolero que den voces en mi biblioteca. Menos que causen algún daño a mis libros.
—Igualmente gracias. De no ser por usted, yo estaría de camino a la enfermería. —Hannah suspira. Pone los ojos en blanco—. Eso si los Carrow me lo permiten, claro.
Madame Pince la mira.
—Créeme, ellos no pondrán un pie en los terrenos de Pomfrey.
—¿Cómo lo sabe? —pregunta ella—. ¿A caso usted la conoce lo suficiente o algo así? Digo, no me malentienda: yo estimo a madame Pomfrey pero no la veo apta de sostener un duelo contra alguno de ellos. Y menos si se trata de que ella los gane.
—Sólo no haga ningún caos mientras esté aquí y asegúrese de devolver el libro de Pociones antes del lunes —dice Pince—. No me gustaría tener que recurrir a una reprimenda para que aprenda a regresar los libros antes de que el plazo se venza.
Dicho eso, Pince regresa al escritorio.
—No me sorprende viniendo de ella. —Bufa—. ¡Oh, mi…! ¡Es cierto! —Se aclara la garganta. Ve alrededor para asegurarse que no se encuentre Pince por los alrededores. Suelta el aire que ha contenido un par de segundos—. Por un instante creí que me echaría.
—¿Estás bien, amiga? —pregunta Susan en voz baja, sentándose a la par de su mejor amiga. Hannah le da una sonrisa a modo de saludo. La ve preocupada—. Acabo de ver a Alecto soltando maldiciones allá por donde pisa. ¿Qué ha ocurrido? ¿Ha visto la pintada?
Lo último lo dice sólo para que Hannah la oiga.
—¡Sí! —responde Hannah sin poder contener la euforia—. ¿No es genial? Ha venido aquí para interrogarnos sobre quién fue pero madame Pince la detuvo antes que…
—¿Madame Pince… qué? —La interrumpe dejando caer la tapa del libro, de Artes Oscuras, sobre la mesa—. ¿Hablas en serio? Pero… pero, ¿cómo es eso posible?
—Eso es la mejor parte de la historia o lo más sorprendente dependiendo de qué punto de visto lo veas. Bueno, da igual. ¿Crees que pillen a Turpin?
—No lo harán. —Susan mueve la cabeza de un lado a otro, se aparta un mechón de la cara—. Turpin tendrá su aire medio revolucionario pero no la creen tan suicida para llevarle la contraria con tanto descaro. —Chasque la lengua—. Quizá culpen a Corner. Él no es nada sutil.
—Imposible. Corner está en la enfermería: se lesionó en clase de Cuidado de Criaturas Mágicas y, a menos que se las ingeniara para crearse un doble medio consciente y no estemos enteradas, no puede ser él.
—Si no descubren al causante pronto, se van a cabrear más —dice Susan como si estuviese contando un chisme realmente interesante, aunque ella está en contra de inmiscuirse en la vida de los demás—. Nunca creí que ser una rebelde sería divertido.
—Ten cuidado con lo que dices —regaña—. Nunca sabes quién puede estar escuchando. Las paredes tienen oídos pero en Hogwarts cualquier cosa puede escucharte e irle con el chivatazo a los Carrow.
—Eso no te lo discuto. Cambiado de tema, ¿has terminado la redacción de Artes Oscuras? Cada vez que quiero hacer algo, lo pospongo para después. Y sólo me queda este período para hacerla.
Hannah sonríe.
—No es un trabajo del que esté orgullosa —dice mirando su redacción. Hace una mueca—. Si quieres puedo tratar de ayudarte a hacerla.
—Te lo agradecería.
.
La pintada que han hecho hace una semana en definitiva ha motivado a ciertos estudiantes para que se unan a La Resistencia. Uno de ellos ha formado parte del viejo Ejército de Dumbledore mientras que otros son nuevos. Actualmente en La Resistencia hay alumnos de Hufflepuff, Ravenclaw y Gryffindor no obstante no hay ningún Slytherin.
Hannah se lleva las manos a la bolsa de la fada cada vez que piensa en ese hecho. Ella no quiere encasillar a toda la casa como seres desalmados que apoyan ciegamente a los Carrow pero le están dando muy buenas razones para que no confíe en ellos. Es decir, ¿quién se ríe de los «castigos» infringidos por los Carrow? Y sí «castigos» es como ellos suelen llamar a lo que hacen a los alumnos.
En las últimas lecciones de Artes Oscuras Crabbe y Goyle se han deleitado con el sufrimiento ajeno, sobre todo desde que han descubierto que son buenísimos en esa asignatura. La mirada de Hannah se ensombrece al recordar el estado en que Crabbe ha dejado a Ernie luego de que éste le dijese a Amycus que no va a cambiar su redacción. Ernie casi ni se pudo poner en pie aunque el efecto colateral tampoco es una novedad.
«¿Será que los de Slytherin luchan a su modo o es que no les importamos», piensa Hannah. «Bueno, vamos empezando así que no podemos esperar que todo nos resulte con suma facilidad. Quizá alguno se una más adelante. Me gustaría saber si Ernie ya está bien.»
—¡Oye, Hannah! —saluda. Al no recibir reacción de Hannah chasquea los dedos delante de ella—. ¡Hannah, reacciona! ¡Joder, si no espabilas te echaré un aguamenti!
—Perdón —dice ella, mirándolo—. Estaba pensando en… Olvídalo. ¿Qué haces aquí? Se suponía que Susan te ayudaría a llegar a la sala común para que reposaras.
Ernie examina a su alrededor, como si quisiese asegurarse que nadie esté escondido por ahí.
—Verás, tenemos que ser más cuidadosos con las reuniones —contesta ignorando la pregunta anterior.
—¿Qué reuniones? ¿De qué estás hablando? —dice—. ¿Estás tratando de distraerme, cierto? ¿Y a dónde está Susan?
—Tranquila, ella está bien. —Le coloca una mano en el hombro con la intención de calmarla—. No, no es lo que crees.
—Dime qué sucedió, Ernie.
—A eso voy, mujer. —Ernie pone los ojos en blanco—. A Ginny la han «regañado» por estar hablando con Luna.
—¿«Regañado»? —Traga en seco—. ¿Qué más?
—Alecto es más inteligente que Umbridge. Ella no nos prohibirá expresamente que no nos juntemos con alguien que es de una casa diferente a la nuestra, sino que se apresurará a sacar conclusiones y pobre de ti por si no consigues reaccionar rápido. Si no hubiese sido por el director Snape que llegó a decirle que llegaba tarde para dar Estudios Muggles, Ginny se habría llevado algo peor que un simple puñetazo en el mentón.
—¡Eso es… Eso es horrible! —Hannah se lleva ambas manos a la boca al darse cuenta que está por soltar un grito que será bastante audible—. Un segundo, ¿Snape… qué?
—Eso mismo dije cuando me enteré —dice—. Ginny le miró raro hasta que Snape, el muy idiota, le dijo que los alaridos que dan los alumnos cerca de la oficina del director impide que se concentre en sus muy importantísimas labores. ¡Somos más importantes que lo que sea que haga! ¿Qué clase de director se comporta de esa manera, como si nosotros no importáramos? Mierda, ojalá McGonagall hubiera suplido a Dumbledore como directora al menos sí podíamos confiar en ella. Lo único que sé es que si llego a confiar en Snape, por ejemplo llegar para quejarme, lo más seguro es que vierta un poco de poción urticaria en mi desayuno.
—No era bueno como profesor, no va a serlo de director —interviene Susan apareciendo de improvisto, sobresaltando a sus amigos—. Si quieren continuar con la conversación, vámonos inmediatamente al Gran Comedor. Podemos aparentar que hablamos de clases o vete a saber qué mientras discutimos esto.
—¿No es arriesgado? —Se escucha un pequeño sonido proveniente del estómago de Ernie. Este se sonroja algo—. Concuerdo con Susan, hay que cenar.
—¿Acaso es más seguro lo que hacemos? —pregunta con ironía. Le da una colleja a Ernie—. ¡No me vuelvas a dejar así como así! ¡Estaba muy preocupada por ti, creí que te había pasado algo! Tienes suerte que sea Hannah la que te ha encontrado, porque pudiste haberte tropezado o algo así. ¡Y estarías peor! Esa mujer nunca se mide con ese hechicito suyo.
—Me dolió. ¡Y no grites, llamarás la atención!
—Entonces compórtate con más madurez.
—Entonces no esperemos más —dice Hannah uniéndose a la conversación antes de que empiecen a luchar. Toma la mano de Susan y Ernie—. Marchémonos. No quiero encontrarme con Alecto o Amycus.
«Nadie quiere encontrarse con ellos», piensa Ernie frunciendo el ceño. «Nunca lo noté antes pero Susan tiene un terrible mal genio. ¿Quién lo diría?»
—Esto es inaudito, ¿no es cierto? —Hannah y Ernie la ven con extrañeza—. Antes oíamos que Ron, Harry y Hermione tenían aventuras por doquier y ahora nosotros seremos quienes la viviremos. Es como si estuviéramos en sus zapatos.
—Si fuera así, se habrían dignado en volver —dice cruzándose de brazos—. Escuché a Neville decir que ha leído que Harry estaba por toda Inglaterra. ¿Curioso, no?
—Él no nos ha abandonado. ¿No lo haría, verdad?
—A estas alturas, no sé qué pensar —susurra Ernie—. Y tampoco sé qué creer. No lo conozco lo necesario, ¿recuerdas? Así que no puedo asegurarte que no lo ha hecho.
