Tanto los personajes como la idea de Zero no Tsukaima no son de mi propiedad, sino del autor de dicha obra, Yamaguchi Noboru (Que en paz descanse)
— ¡Fouquet! — Gritó Louise.
— ¡Oh! Realmente es un honor se recordada.
Tras ver más detenidamente, pudimos observar que además de Fouquet había alguien más en el otro hombro del golem. Dicha persona llevaba una máscara y aunque no podía ser identificada, sus rasgos delataban que se trataba de un hombre.
— ¡¿No deberías estar pudriéndote en la cárcel?! — Preguntó Derflinger.
— Es injusto que se prive al mundo de mi belleza. Hubo alguien que pensó eso y me ayudó a escapar. — Respondió Foquet a la vea que señaló con su pulgar a su acompañante.
— ¿Qué es lo que quieres?
— ¿Yo? Nada importante. Sólo vine a darles un pequeño regalo en agradecimiento por las vacaciones que me dieron.
Apenas terminó de decir eso, el golem movió su brazo hacia atrás. Al notar lo que iba a hacer, inmediatamente sujeté a Louise y salí de la habitación. Sólo un par de segundos después el puño del golem atravesó la pared.
Louise y yo tardamos menos de un minuto en llegar al piso inferior, donde la situación no era mucho mejor. Varios bandidos habían entrado al hotel para atacar. Guiche, Kirche, Tabitha y Wardes, apenas comenzó el ataque, voltearon una mesa de costado para poder usarla como escudo. Los asaltantes, actuando con prudencia, decidieron no abalanzarse y, en cambio, usar arcos y flechas para pelear. Por ello, pararse para poder contraatacar con magia era imposible sin que lluvia de flechas sea disparada. Apenas nos reunimos con los demás, Louise y yo nos cubrimos junto a ellos para luego contarles sobre Fouquet, pero fue innecesario, pues ellos ya se habían enterado debido a los pies del golem que podían observarse a través de las ventanas.
— No parecen tener interés en robar.
— Seguramente fueron contratados por los nobles de Albion.
— Tenemos que hacer algo, pero desde esta posición no podemos contratacar con magia.
— Yo y mis valquirias podemos encargarnos.
— Ellos parecen tener experiencia en combate. No creo que tengas suficientes golems. — Respondió Kirche.
— Quizás puedan cubrirnos el tiempo suficiente para escapar por la puerta de atrás.
— Guiche el problema no es derrotar a los mercenarios. El inconveniente real es… — Empecé a decir.
— Ese enorme golem. Podemos escapar del hotel, pero con esa cosa siguiéndonos será muy difícil llegar al puerto — Dijo Louise.
— Cualquier cosa es mejor a quedarnos aquí sin hacer nada. Me niego a caer aquí ante unos mercenarios plebeyos.
Guiche intentó levantarse, pero Wardes actuó rápidamente y lo sujetó del cuello de su camisa para evitar que se pusiera de pie.
— Escuchen. No es necesario que todos lleguemos a Albion, sólo necesitamos que un grupo lo consiga para poder completar la misión.
Apenas el vizconde terminó de decir esas palabras, Tabitha cerró su libro y miró a Wardes. Acto seguido, ella usó su báculo para señalarse a sí mismo, a Kirche y a Guiche.
— Señuelo.
Luego, la estudiante nos señaló al resto de nosotros.
— Puerto.
— Estoy de acuerdo. Nosotros nos encargaremos mientras ustedes escapan. — Dijo Kirche.
Louise no pudo ocultar la sorpresa en su rostro al mirar a Kirche.
— ¿Están seguros? — Pregunté.
— Ellos pueden arreglárselas. — Dijo Wardes. — Sin duda llegaremos al puerto si aprovechamos el tiempo que conseguirán.
Miré por un momento a los tres estudiantes que se quedarían como señuelo. Había un par de cosas que se me ocurrieron y que, de hecho, tuve ganas de decirles, pero estaba consciente que no había el tiempo para hacerlo.
— Buena suerte. — Me limité a comentar.
Sin perder más tiempo, Louise, Wardes y yo nos levantamos rápidamente para posteriormente salir corriendo de la habitación. Las flechas no tardaron en ser lanzadas hacia nuestra dirección, pero una ráfaga de viento creada por Tabitha terminó por desviarlas. Sin más intervenciones los tres logramos escapar por la puerta trasera. Finalmente, luego de poco más de un minuto, escuchamos una explosión dentro del hotel.
— Parece que han comenzado. — Dijo Louise.
— Los muelles están por allí. — Indicó Wardes.
Mientras seguimos avanzando no pude evitar mirar hacia atrás durante unos segundos más. Una pequeña mueca de incomodidad se pudo apreciar en mi rostro.
...
— No seas tan arrogantes, niños. ¡Acabaré con ustedes ahora mismo! — Gritó Fouquet desde el hombro de su golem.
Los tres estudiantes se las habían arreglado para hacer huir a los mercenarios. Un hechizo de Kirche y una olla de aceite que las valquirias de Guiche de la cocina habían sido suficiente para lograrlo. Sin embargo, todavía había alguien de quien debían encargarse. Los tres jóvenes magos no tardaron mucho en salir por la puerta principal, tal y como habían hecho los asaltantes hace un minuto. Ninguno quería correr el riesgo de quedarse en el edificio que podía ser derrumbado por el golem en cualquier momento.
Las valquirias de Guiche, las cuales fueron las primeras en salir, fueron recibidas con una fuerte patada del golem. Evidentemente, ninguna pudo soportar el ataque y fueron completamente destruidas.
— ¿Qué hacemos ahora? — Preguntó Kirche para luego mirar a Tabitha.
La maga peliazul se limitó a mirar al golem directamente. Guiche, por otro lado, sin poder aguantar más, dio un paso al frente.
— ¡Ataquen! ¡Todo el mundo ataque! ¡Le mostraré el espíritu de la nobleza de Tristain! — Gritó Guiche
El mago tenía la intención de correr hacia el golem para un ataque desesperado, pero un golpe por parte de Tabitha con su báculo provocó que él cayera al suelo.
— ¿Qué es lo que haces? Voy a ser un hombre y lucharé en nombre de Su Alteza.
— Parece que en verdad tendremos que escapar. — Dijo Kirche.
— ¡No, no voy a correr!
— Tú serías de las primeras personas que morirían en una batalla. — Comentó la maga pelirroja.
Tabitha miró entonces como el golem empezó a aproximarse. Entonces, de repente, una idea apareció en su cabeza. Ella tiró de la manga de Guiche, quien ya se había puesto de pie, para llamar su atención.
— ¿Qué?
— Rosa. Pétalos.
Tabitha señaló primero la falsa rosa que Guiche usaba como varita y posteriormente apuntó al golem. Él, evidentemente, trató de pensar en qué es que lo que ella planeaba lograr con eso.
— ¡Haz lo que te dice! — Gritó Kirche.
Apenas escuchó ese grito, Guiche agitó su varita y envió una gran cantidad de pétalos en dirección al golem, los cuales se pegaron a su cuerpo. Tras ver eso, Tabitha habló nuevamente.
— Aceite.
Fouquet no pudo evitar sentirse confundida por lo que acababa de ocurrir.
— Ni crean que los dejaré escapar solo porque adornaron a mi golem con unos pétalos.
El golem alzó su puño para atacar a los estudiantes. No obstante, nunca pudo completar dicho ataque. Un repentino olor a aceite comenzó a percibirse en el aire y tan sólo unos segundos después, Kirche lanzó una enorme bola de fuego hacia el golem. En tan sólo un instante Fouquet entendió lo que estaba por ocurrir, pero ya era demasiado tarde para prevenirlo. El hechizo de Kirche impactó contra el golem, pero a diferencia de lo que ocurrió durante el enfrentamiento en el bosque, las llamas no se apagaron. El aceite, el cual Guiche había generado a partir de sus pétalos de rosa, provocó dicho efecto. Finalmente, sin poder soportar más las llamas, el golem cayó.
…
Al parecer los subestimé.
Louise, Wardes y yo estábamos subiendo una larga escalera para así llegar a la cima de una pequeña colina. Instintivamente había estado mirando hacia el hotel de vez en cuando y grande fue mi sorpresa al ver una enorme figura prendida en fuego que no tardó mucho en caer al suelo.
Tras unos cuantos minutos más los tres llegamos hasta lo más alto de la colina. Desde ahí nos era posible observar un árbol de colosal tamaño con una gran cantidad de ramas que se esparcían en diferentes direcciones. En cada una de esas ramas había diferentes naves aseguradas.
Me lo dijeron antes y lo estoy viendo, pero todavía es difícil de creer.
En mi mundo existían magos que podían hacer levitar grandes objetos. De hecho, había métodos para hacer que cosas tan grandes como los barcos volaran, pero jamás se había logrado usar magia para que dichos objetos sirvieran como transportes para recorrer largas distancia. Una vez más pude apreciar la diferencia entre el poder de la magia que había en los dos mundos.
Durante nuestra travesía por las escaleras que rodeaban al árbol pude notar diferentes señalizaciones en cada una de las ramas que pasábamos. En cada señalización había diferentes palabras que nunca había leído antes, por lo que imaginé que eran los nombres de los lugares de destino de cada nave. Fue mientras corríamos que pude escuchar pasos detrás de nosotros. Cuando volteé, lo único que pude apreciar fue a una persona que saltó por encima de mí. Rápidamente giré mi cabeza y noté que dicha persona, la cual era el mismo enmascarado que habíamos visto junto a Fouquet, había aterrizado detrás de Louise.
— ¡Louise, detrás de ti!
Lamentablemente, mi advertencia llegó demasiado tarde. Louise sólo tuvo tiempo de voltear antes de que el hombre la sujetara. Inmediatamente desenfundé a Derflinger, pero poco podía hacer con una espada teniendo en cuenta la forma en la que Louise estaba siendo sujetada. El enmascarado entonces volvió a saltar con la clara intención de llevarse consigo a Louise. Di un paso al frente para intentarlo seguirlos, pero Wardes me sujetó del hombro para impedir que lo hiciera. Antes de poder preguntarle por lo que planeaba, el vizconde agitó su varita. Un poderoso viento golpeó entonces al misterioso sujeto y provocó que soltara a Louise. Él no tuvo problemas en sujetarse en una de las ramas del árbol para evitar su caída, pero Louise, quien no tuvo esa suerte, empezó a caer.
— ¡Cúbreme! — Grité a la vez que corrí hacia el borde de la plataforma en la que estábamos.
Sin perder ni un segundo salté y me impulsé con el borde de la plataforma para poder llegar hacia Louise. Una vez la alcancé, la sujeté usando mi brazo libre para posteriormente utilizar un conjuro libre. Tras activar Vuelo, me dirigí nuevamente rumbo a la plataforma. Al llegar a esta, vimos como Wardes estaba frente a frente al enmascarado. Este último lanzó un conjuro hacia el vizconde, quien fue arrojado varios metros al solamente haber bloqueado el hechizo parcialmente. El atacante no perdió tiempo y volteó hacia nosotros. Acto seguido, recitó un hechizo a toda velocidad. El aire por encima de nosotros dos empezó a enfriarse.
— En guardia, compañero.
Ante las palabras de Derflinger me coloqué frente a Louise. El aire se estremeció y desde una nube que fue creada de la nada empezó a generarse una luz.
— ¡Nube eléctrica! — Exclamó Derflinger.
Maldición.
Por simple reflejo utilicé otro hechizo libre, Repulsión. El resultado tras el choque de ambos conjuros fue inmediato. La fuerza invisible que estaba generando evitó que el hechizo del enmascarado impactara directamente, pero eso fue todo lo que logré. No tenía suficiente fuerza para mantenerme en el mismo lugar y comencé a perder terreno. Además, pude sentir como mi muñeca comenzó a ceder por el esfuerzo. Literalmente temí que mis huesos se rompieran por la presión. Entonces, de un momento a otro, mi cuerpo dejó de retroceder. Al girar un poco mi cabeza pude ver a Louise, quien se acercó a mí para ayudarme.
Otra vez…
Nuevamente había decidido ayudarme sin dejar intimidar ni por un segundo. Apenas era capaz de retener el peligroso conjuro y ella, ignorando ese peligro, se acercó para evitar que yo cayera de la plataforma. Louise debía estar completamente consciente de la diferencia de poder y cuál sería el resultado final. Una parte de mí quería seguir pensando sobre eso, pero era imposible hacerlo. Ciertamente había dejado de retroceder, pero mi muñeca ya estaba llegando a su límite.
Esto debería funcionar.
Sabiendo que sólo podría soportar el impacto por unos segundos más, empecé a agacharme. Finalmente, tras recostarme hacia atrás redirigí el haz de luz por encima de nosotros dos. El peligro había pasado, pero la potencia del conjuro provocó que ambos retrocediéramos hasta el borde de la plataforma. Tanto Louise como yo nos levantamos rápidamente y al instante siguiente de hacerlo sentí un fuerte dolor en mi muñeca derecha.
Maldición, fue mala idea intentar detenerlo.
El enmascarado entonces comenzó a recitar otro conjuro. No obstante, no pudo lograr a terminar. Wardes se había puesto nuevamente de pie y usando un martillo de viento golpeó al asaltante para aventarlo de la plataforma.
Tras ver eso, di un leve suspiro de alivio. Posteriormente, Louise y yo comenzamos a caminar hacia Wardes.
— ¿Te encuentras bien? — Preguntó Louise.
— Me cogió desprevenido. Eso es todo.
Ella entonces volteó a verme.
— ¿Y qué hay de ti?
— Parece que me lastimé al desviar ese conjuro. — Respondí mientras sujetaba mi muñeca. — Derflinger, dijiste Nube eléctrica, ¿verdad?
— Magia de Viento. Es muy fuerte. Sin duda ese hombre es un profesional.
— Oh, ¿una espada inteligente? Qué cosa tan rara.
— No creo que sea seguro quedarnos aquí. — Comenté. — Si es un mago de Viento, lo más probable es que no tarde en venir de nuevo hasta aquí.
Tanto Louise, con una clara preocupación en su rostro, como Wardes asintieron.
…
— Eh, ¿quiénes son y qué hacen aquí?
Habíamos llegado al último tramo de escalera y desde ahí pudimos apreciar un barco que acababa de atracar. La nave tenía alas a sus costados, de las cuales colgaban varias cuerdas que la sujetaban a la rama que estaba a su lado. Subimos a bordo de inmediato y al hacerlo un marinero nos hizo la pregunta más obvia. Wardes ignoró lo que dijo dicho marinero e hizo él mismo una pregunta.
— ¿Dónde está el capitán?
— Está durmiendo. Vuelva por la mañana. — Contesto con frialdad.
— ¿Quieres que un noble repita lo que acaba de decir? — Preguntó Wardes con un tono amenazante al mismo tiempo que sacaba su varita.
Un evidente temor apareció en el rostro del marinero, quien se levantó para entonces empezar a llamar a su capitán. Sólo tuvimos que esperar un par de minutos para que el hombre al que buscábamos apareciera ante nosotros.
— ¿Qué quieren?
— ¡Líder de la Guardia de Su Majestad, Capitán Wardes!
El capitán se sorprendió ante esas palabras y cambió su modo de hablar a uno más formal.
— ¿Q-Qué es lo que desea de esta embarcación?
— Llevamos a Albion. ¡Ahora!
— Eso es una locura.
— Esto es por orden de Su Majestad, ¿en verdad planea oponerse?
— No me opongo, es sólo que no podemos partir hasta el día de mañana. No tenemos suficientes piedras de viento para llegar, así que debemos esperar a que Albion se acerqué más.
— No se preocupen por eso. Soy un mago de Viento de clase Cuadrangular. Puedo encargarme de recargar las piedras.
¿Cuadrangular? Eso explica la paliza que me pudo haber dado.
— Eso resuelve uno de los problemas. Sin embargo, todavía deberá pagar.
— ¿Cuál es el precio?
— Estamos llevando azufre. La pólvora se ha convertido en una necesidad y esto hizo que el azufre valga ahora su precio en oro.
— Compraré todo el azufre.
El capitán asintió. Acto seguido, di media vuelta y empezó a darle órdenes a sus hombres para partir de inmediato.
— ¿Cuándo llegaremos a Albion? — Preguntó Wardes.
— Estaremos en el puerto de Scarborough mañana al mediodía. — Respondió el capitán.
Me acerqué entonces a las barandas del barco para apoyarme en estas. Desde ese lugar pude ver como las luces de La Rochelle se empequeñecían rápidamente. No podía sentirlo, pero con lo anterior supe que estábamos viajando a gran velocidad. Uno segundos después de perder de vista todo rastro del puerto, Louise se paró a mi lado.
— Aztor, ¿te encuentras bien?
Al voltear, pude notar como ella miraba mi muñeca con preocupación.
— No se preocupe, Miss Louise, no creo que sea grave. Aunque necesitaré algunas horas para que pase el dolor.
— ¿Por qué intentaste desviar el ataque? La verdad pensé que lo esquivarías.
No necesito que me lo digas.
El intento de retener el conjuro fue por simple reacción. En retrospectiva quizás hubiera intentado esquivar la Nube eléctrica. Aunque eso se quedaría en una simple posibilidad, pues algo me generaba dudas al respecto.
— Dudo seriamente que hubiera podido moverme a tiempo para quitarnos a ambos del camino.
Y es probable que hubiera sido lo mismo si estuviese solo.
— ¿Y por qué no usar Teletransportación?
— Es un conjuro demasiado bueno para hacer un ataque sorpresa y planeaba usarlo si la batalla se prolongaba.
Evidentemente, el elemento sorpresa hubiera sido prácticamente eliminado si el enmascarado veía el hechizo tan sólo una vez.
— No cualquier espera que su oponente desaparezca de un momento a otro. No por nada es de los conjuros que menos gente conoce.
— ¿En verdad?
— Difícil de aprender y de escribir su runa. Es el último hechizo que aprendí y tardé en total tres años. Además, es incluso más difícil aprender a usarlo sin necesitar de una runa. Creo que sólo había seis o siete personas que podían usarlo de esa forma.
— ¿Y por qué usarlo con Guiche entonces?
— No había otro hechizo cerca que pudiera usar.
Eso y también porque entré en pánico.
— Por lo que oí del capitán el Ejército Real de Albión está completamente rodeados cerca de Newcastle
Tanto Louise como yo volteamos para ver a Wardes, quien se había acercado para informarnos sobre la situación.
— ¿Y el príncipe Wales? — Preguntó Louise.
— Él parece estar vivo. También me informó que el puerto fue tomado por los rebeldes.
— Espera, ¿entonces cómo llegaremos donde la Familia Real?
— La única opción es luchar. Sólo tardaremos un día en llegar a Newcastle desde Scarborough.
— ¿Sabe cuántos nobles estarán en el puerto? — Pregunté.
— No muchos, la mayoría está ocupado con la fuerzas de la Familia Real. Debemos buscar una oportunidad para escapar del puerto e ir directamente a Newcastle.
— Mientras no tengamos que enfrentamos a alguien como ese enmascarado, creo que no habrá muchas complicaciones.
— Hablando de eso, ¿dónde está tu grifo, Wardes? — Preguntó Louise.
Wardes sonrió y luego de asomarse por babor, silbó. Tan solamente unos segundos después, el grifo de Wardes apareció y aterrizó en la cubierta de la nave.
Bueno, supongo que aprovecharé para descansar este último día de tranquilidad.
Ese pensamiento realmente no me hacía feliz en lo absoluto.
— En vista del tiempo que tardaremos en llegar aprovecharé para descansar un poco. — Le informé a Louise.
Sin ganas de esperar una respuesta, di media vuelta y me acerqué a un mástil del barco. Tras sentarme y apoyarme en este, cerré mis ojos para finalmente quedarme dormido.
…
Ah… al fin llegué.
Ya era de noche y finalmente había llegado a casa. La escuela en la que estudiaba tenía dormitorios en los cuales los alumnos podían quedarse y si bien no era obligatorio, por simple practicidad yo me quedaba en estos. Evidentemente volvía a casa de vez en cuando, tanto para visitar a mis padres, así como para poder descansar adecuadamente. Esa noche había vuelto por esto último.
Sin perder tiempo abrí la puerta y entre por esta. El sitio estaba bastante oscuro, por lo que intuí de inmediato que mis padres no se encontraban ahí. Mi cansancio evitó que pensara mucho en eso y, en cambio, me dirigiera a mi habitación. Al llegar a esta, me dejé caer sobre la cama. Tan sólo esa tarde habían terminado los exámenes y no me sentía con energía para poder hacer algo que no fuera dormir. Instintivamente mientras me acomodaba acabé por ver cierta nota que estaba sobre mi mesa de noche. Tras dar un largo bostezo, extendí mi mano para agarrarla y así poder leerla.
Al hacer el inventario nos dimos cuenta que no teníamos suficientes productos en el almacén para la siguiente semana. Volveremos cerca de medianoche.
Me quedé mirando la nota durante unos breves segundos.
Ya veo.
A diferencia de mí, mis padres no eran magos. No eran más que simples personas que tenían un pequeño negocio con el cual, con algo de esfuerzo, pudieron cubrir los gastos de mi escuela. Ellos evidentemente estuvieron decepcionados al saber que yo no trabajaría en la tienda una vez creciera, pero aun así me apoyaron en mi decisión de ir por el camino de la magia.
Lentamente me levanté para posteriormente dirigirme a la cocina.
Me pregunto qué debería preparar.
Los gastos por mis estudios no eran precisamente baratos, por lo que durante las vacaciones solía ayudar en la tienda en agradecimiento. Obviamente también me había visto en la necesidad de reabastecer el almacén y jamás me había visto en la situación de llegar tan tarde.
Una vez llegué a la cocina miré a un calendario que estaba colgado en la pared. Tres meses habían pasado desde la última vez que los había visto. Ellos habían salido para preparar algo en celebración, por lo que al final consideré adecuado que yo hiciera algo parecido.
Conociéndolos irán por algo para la cena así que… sí, supongo que me encargaré de hacer el postre.
…
— ¡Albion a la vista!
Me desperté bruscamente por ese grito. Miré alrededor mío y tardé unos cuantos segundos en poder recordar la situación en la que me encontraba. Tras dar un largo bostezo, me levanté y comencé a caminar hacia Louise, quien estaba cerca de la proa. Al colocarme a su lado vi en la misma dirección que ella. Al principio no pude ver nada, pero luego de unos instantes una gigantesca isla flotante pudo divisarse por encima de las nubes.
— Es todavía más impresionante de lo que imaginé. — Comenté.
— Me sigo preguntando cómo te impresionas de estas cosas.
— Puede que en ambos mundo exista la magia, pero ambas son muy diferentes entre sí, ¿no lo cree también?
Albion, el país blanco, era una enorme isla flotante que normalmente se encontraba sobre los océanos, pero que se acercaba al Halkeginia cada cierto tiempo.
— Por cierto, hay algo que de hecho me causa curiosidad, ¿por qué se le conoce como El país blanco?
— ¿Ves esa niebla que cubre la parte inferior de la isla? El agua de los ríos que caen de Albion la forman y es por eso que se le dio ese nombre.
Interesante.
En ese preciso momento, un grito interrumpió los pensamientos que empecé a tener sobre la isla flotante.
— ¡Nave acercándose a estribor! — Grito el vigía.
Louise y yo volteamos al mismo tiempo. Al hacerlo, ambos notamos un enorme barco con al menos una veintena de cañones acercándose a nuestra dirección.
— ¿Serán rebeldes? — Preguntó Louise.
Wardes comenzó a conversar el capitán del barco. El vizconde aconsejó preguntarle al barco si era dirigido por nobles, sin embargo, a pesar de enviar el mensaje, no hubo respuesta alguna. Luego de asumir que eran piratas, el capital dio la orden de retirada. Sin embargo, ya era demasiado tarde, pues el otro barco comenzó a navegar de forma paralela a nosotros. Tras adelantarnos un poco, la nave enemiga disparó una bala de cañón a una dirección aleatoria. Segundos después, desplegaron en su mástil una señal de cuatro colores.
— ¡Nos están ordenando parar, capitán!
En vista que su barco estaba en completa desventaja en cuanto a armamento, el capitán miró a Wardes en busca de ayuda.
— Utilicé toda mi magia al recargar las piedras de viento. Sólo nos queda obedecer. — Comentó Wardes.
El capitán, resignado, dio la orden de parar la nave. Una vez el barco en el que estábamos bajó sus velas, la otra embarcación empezó a acercarse. Louise y yo no tardamos más que unos segundos en ponernos al lado del otro.
— ¡Somos piratas, no se resistan! — Gritó uno de los hombres desde la otra nave.
Los piratas entonces dispararon ganchos para aferrarse a nuestro barco. Instantes después, varios hombres comenzaron a abordarnos. Me vi tentado a sacar a Derflinger, pero al escuchar a Louise mencionar mi nombre y al ver como los cañones apuntaban a nuestro barco, borré esa idea de mi mente. Para ese momento Wardes ya se había acercado a nosotros dos.
— No servirá de nada resistirse, ¿no? — Le pregunté al vizconde.
— Con la cantidad de hombres que tienen y con esos cañones apuntándonos, no veo un posible escape. Además, podrían tener magos de su lado. — Me respondió Wardes.
Maldición.
La suposición que hizo Wardes fue confirmada segundos después, cuando un humo cubrió a su grifo y lo puso a dormir. Un pirata vestido muy elegantemente, quien había lanzado ese hechizo después de abordar, caminó hasta el centro del barco.
— ¡¿Dónde está el capitán?!
— Soy yo. — Respondió el capitán con una voz temblorosa.
El que parecía ser el líder de los piratas se acercó a él y luego de estar a su alcance sacó su sable para posteriormente golpear la cara del capitán.
— Nombre y cargamento del barco.
— El Marie Galante de Tristain. La carga es azufre.
— Bien, compraremos todo. Y como pago, los dejaremos con vida.
Entonces, el líder de los piratas notó nuestra presencia y al instante siguiente, comenzó a caminar hacia nosotros.
— ¡Así que tenemos invitados nobles!
Él se acercó más a Louise y uso su mano para levantar su barbilla.
— Y al parecer tenemos a una belleza aquí.
— ¡Suéltame, humano inmundo! — Gritó Louise a la vez que le dio una palmada en la mano.
— ¡Ella me llamó inmundo! ¡Estoy tan asustado! — Dijo el hombre.
En respuesta a eso, todos sus subordinados empezaron a reír.
— Bien, muchachos, llévenselos a todos.
…
— ¿Qué tal está tu muñeca?
— Mejor. Creo que en tan sólo un par de horas más el dolor desaparecerá por completo. — Respondí a la vez que movía mi muñeca de diferentes maneras.
Las varias de Louise y Wardes les habían sido arrebatadas. A mí se me había despojado de Derflinger, aunque, por otro lado, pude quedarme con mis papeles rúnicos, pues fueron considerados como algo inofensivo. Posteriormente, fuimos llevados como prisioneros. No obstante, a diferencia del resto de la tripulación, a nosotros nos dejaron caminar libremente por la cárcel. Imaginé que sería uno de los tantos privilegios que se le solía dar a los nobles.
En el lugar en el que nos habían encerrado había gran cantidad de sacos ya se de cereales o de pólvora, así como también varias balas de cañón. Además, había también algunos barriles de vino. Mientras que Wardes examinaba con curiosidad la carga del barco, yo estaba sentado junto a Louise. No había mucho más que hacer. Escapar era bastante sencillo, pues lo único que debía hacer era utilizar Teletransportación para movernos fuera de la nave y posteriormente otro hechizo libre de Vuelo para evitar la dura caída. Sin embargo, eso generaría dos problemas. Sin un medio de transporte podríamos pasar días vagando por Albion hasta encontrar algún lugar con el cual ubicarnos y además, sin las varitas de Louise y Wardes tendríamos una clara desventaja si nos topábamos con los nobles de Albion. Tras mencionarle esos dos inconvenientes, Louise consideró que lo más sensato era esperar una oportunidad de recuperar las varitas para luego escapar. Eso fue un alivio para mí, pues ir a Albion en esas condiciones era demasiado peligroso para mi gusto.
Tras escuchar mi respuesta a su pregunta, Louise hizo cierto comentario.
— Ojalá pudiera usar el elemento agua.
— No se culpe de ello. Soy yo el que no aprendió el conjuro Curación por decisión propia.
— Ahora que lo mencionas, hay varios hechizos que no sabes usar ¿verdad?
— Hay en total quince hechizos que no conozco, entre ellos el de Curación.
— ¿Hubo algún motivo por el que no lo intentaras aprenderlo?
— Si llegaba a lastimarme en un duelo simplemente iba a la enfermería a que me curaran. Hay varios hechizos que nadie aprende porque no son necesarios o requieren demasiada energía rúnica para usarse.
— ¿Y entre esos hechizos cuál sería el más fuerte?
Estaba a punto de responderle a Louise, pero antes de poder hacerlo la puerta de la habitación fue abierta. Por esta pasó un hombre el cual llevaba un plato de sopa en sus manos.
— Hemos decidido darles de comer. Siempre y cuando respondan las preguntas que les haré.
Louise se puso de pie.
— ¿Qué preguntas?
— ¿Por qué vinieron a Albion?
— Queríamos hacer un viaje. — Respondió.
— ¿Por qué a Albion, noble de Tristain?
— No tengo la obligación de decírtelo.
— No sirve que intentes hacerte la dura si tu cara no oculta tu nerviosismo.
Ella desvió su mirada rápidamente. Tras ver eso, empecé a hablar para intentar convencer al pirata.
— Disculpe, pero la verdad es que vinimos a Albion por mí.
El hombre agachó su cabeza para verme, pues, a diferencia de Louise, no me había tomado la molestia de levantarme.
— Yo soy su familiar. He estado cumpliendo sus órdenes con eficiencia, por lo que mi ama decidió recompensarme con una visita a mi familia.
— Oh, ¿en qué lugar vive tu familia?
No respondí. En cambio, tal y como hizo Louise, desvié mi mirada. Había inventado esa historia de la nada, pero al no tener idea sobre los lugares de Albion no fui capaz de responder. El pirata, tras mirarnos a ambos durante unos instantes, comenzó a reírse. Momentos después, dejó el plato en el suelo y procedió a retirarse. Louise y yo nos quedamos viendo el plato de sopa por unos segundos.
— No es bueno que nos quedemos con hambre, lo mejor es comer y recuperar fuerzas. — Comentó Wardes, quien se había colocado a nuestro lado.
Todavía con algo de desconfianza, los tres terminamos por comer la sopa que el hombre había dejado. Después de ello, Wardes, cansado debido al tiempo que se había mantenido despierto, se recostó en una pared para descansar. El silencio reinó durante varios minutos hasta que la puerta volvió a abrirse. No obstante, el sujeto que entró fue alguien diferente.
— Buenas noches, ¿son ustedes los nobles que se dirigen a Albion?
Ninguno de los tres respondimos.
— Juzgaré ese silencio como un sí. La verdad es que nosotros respetamos a los nobles, es gracias a ellos que nuestro negocio prospera.
— ¿Pero este no es un buque de guerra de los rebeldes?
— No, no, nosotros estamos involucrados con ambos lados. Entonces, si en verdad son nobles, podemos dejarlos libres en el puerto más cercano.
Di un suspiro de alivio.
Parece que todo saldrá bien al final.
Eso fue lo pensé durante unos instantes. Sin embargo, a diferencia de mí, hubo alguien que no se sintió feliz en lo más mínimo y que, además, empezó a mirar al pirata de forma amenazante.
— ¿Cómo se atreven a tener negocios con esos sucios rebeldes? ¿Qué no tienen respeto por la familia real de Albion? Soy una embajadora de Tristain y como tal tengo el deber de decirles que su comportamiento es repugnante.
Ella acaba de…
— Señorita Louise, por favor cálmese. Este no es el momento adecuado para actuar de esa forma.
— No intervengas. Tú eres mi familiar y debes obedecerme. — Me dijo Louise sin voltear a verme.
Realmente me estaba siendo difícil formar una opinión sólida sobre Louise. La ayuda inmediata que me daba y su ocasional preocupación hacia mi persona eran favorables, pero esa actitud era algo que me había causado molestias en más de una ocasión.
El pirata, al igual que su compañero que vino anteriormente, comenzó a reír.
— Bueno, iré a informarle al jefe de su situación.
Una vez el sujeto se retiró, el silencio volvió a la habitación. Ninguno de nosotros dijo otra palabra hasta que, minutos después, la puerta se abrió por tercera vez.
…
— Estás frente al jefe. Demuestra algo de respeto y salúdalo como es debido.
Nos habían informado que el líder de los piratas deseaba vernos. Evidentemente, para nuestra molestia, no estábamos en posición de desobedecer. Louise, Wardes y yo fuimos sacados de la habitación para posteriormente ser llevamos a un cuarto finamente decorado, en el cual se encontraba el jefe de los piratas. Al entrar, la misma persona que nos llevó hasta ahí empujó a Louise por detrás. Sin embargo, a pesar de la orden que recibió, ella no se movió. En cambio, simplemente se quedó mirando fijamente al líder de los piratas, quien terminó por hacer cierto comentario debido a la actitud de la estudiante.
— Me gustan las mujeres fuertes de voluntad.
— ¡Exijo el trato que merece un embajador!
— ¿Y qué hace exactamente un embajador de Tristain en Albion? ¿Vienes de parte de la realeza?
— Precisamente.
— Iban en camino a Nanishi, ¿verdad? Nosotros llegaremos ahí mañana.
— No pienso decirte nada más.
Ya les dijiste demasiado al decir que eras una embajadora. Pensé para después mirar de reojo a Louise.
En ese momento, mis ojos se abrieron ligeramente por la impresión. A pesar de la actitud que estaba mostrando, Louise estaba temblando. Causó cierta impresión en mí verla poder actuar como siempre a pesar de estar lo suficientemente asustada como para temblar de esa forma.
— ¿Realmente no piensas responder?
— Ella ya dijo que no piensa hablar más.
El pirata, al escuchar mi interrupción, giró su cabeza para verme. Debido a la situación en la que nos encontrábamos, no pude evitar que una gota de sudor empezara a recorrer mi rostro.
— Y tú eres…
— El familiar de la embajadora.
— ¿Familiar?
El líder me observó durante unos cuantos segundos más, luego de los cuales comenzó a reírse en voz alta.
— Ya sabía que los nobles de Tristain eran raros, pero no tanto.
Todos nos quedamos extrañados por el repentino cambio del jefe de los piratas, quien luego de dejar de reír se paró y se acercó a nosotros.
— Oh, lo siento. Como noble que soy, creo que debo presentarme.
Entonces, él sujeto se quitó lo que pareció ser una peluca para dejar a la vista su pelo rubio. Luego, removió también la falsa barba que llevaba, así como el parche que cubría su ojo. En tan sólo un instante la persona que estaba frente a nosotros dejó de parecerse a un pirata.
— Soy el general de la Fuerza Aérea Real de Albion, así como el comandante de la flota nacional. Flota que en realidad tiene un único barco, el Eagle. — Se presentó el joven mientras nos hizo una reverencia. — Mi nombre es Wales, Wales Tudor, el príncipe del reino de Albion.
Louise abrió su boca en sorpresa mientras que yo me quedé sin palabras. Wardes, por otro lado, miró a Wales con gran interés.
— Bienvenida a Albion, embajadora. Ahora, ¿podría decirme el motivo de su llegada?
Louise no respondió, pues la impresión de lo que acababa de ocurrir evitó que lo hiciera.
— Supongo que deben preguntarse el porqué me disfrazo de pirata. Verán, los rebeldes ricos envían apoyo a la rebelión y nos hacemos pasar por piratas sucios e indignos para así cortar esa línea de suministros sin llamar la atención. Por cierto, quisiera pedir disculpas por tratar a un embajador de esa manera.
Louise seguía sin asimilar lo que había dicho. Yo, en cambio, pasé de la estupefacción a la duda. Habíamos pasado de ser prisioneros a estar frente a la persona a la cual debíamos encontrar para cumplir la misión. Algo así era realmente difícil de creer.
— Hemos traído una carta de Su Alteza, la princesa Henrietta. — Dijo Wardes mientras se inclinó en señal de respeto.
— Así que de Su Alteza, ¿y usted es?
— Capitán de los Caballeros Griffin de Tristain, Vizconde Wardes. Y ella — Dijo Wardes mientras puso sus manos sobre los hombros de Louise. — es la embajadora enviada por Su Alteza, proveniente de la familia Valliere.
— Tenemos a un espléndido noble aquí y yo con mis diez guardaespaldas sólo puedo darles una bienvenida miserable. Entonces, ¿tienen esa carta?
Louise entró en pánico y sacó la carta. Sin embargo, no la entregó de inmediato.
— ¿Eres realmente el príncipe?
Wales rio ante su pregunta.
— Parece que no me crees incluso luego de mostrarte mi verdadero rostro. Bueno, voy a darte una prueba irrefutable.
Wales agarró la mano en la que Louise llevaba el anillo que le dio Henrietta y la alzó. Seguido a eso, él acercó su propia mano, la cual también llevaba un anillo, a la de ella. Una vez ambos anillos estuvieron los suficientemente cerca, empezaron a brillar.
— Este anillo pertenece a la familia real de Albion, el Rubí del Viento. Este otro, a la familia real de Tristain, el Rubí del Agua. ¿Acaso me equivoco?
Louise asintió.
— Perdón por mi mala educación, príncipe.
Louise le entregó la carta al príncipe e hizo una reverencia. Wales miró la carta un instante y besó la firma. Luego de ello, retiró el sello y saco el papel que estaba dentro para comenzar a leer.
— ¿La princesa se va a casar? ¿Mi amada… prima?
Él siguió leyendo y una vez termino de leerla una sonrisa se formó en su rostro.
— Bueno, según lo que la princesa escribió hay una carta que debo regresar. Más importante, ella espera una respuesta a esta carta. Sin embargo, no tengo esa carta en mi poder ahora mismo. Así que si no es mucha molestia, me gustaría que vengan conmigo a Newcastle.
Mi cuerpo entró en un estado de gran alivio. La misión había sido prácticamente cumplida e imaginé que todo peligro había sido dejado atrás.
…
— ¿Por qué no vamos directamente al castillo?
Habíamos estado viajando en el Eagle durante tres horas. Tras ese tiempo la nave llegó a una costa irregular en la cual pudimos observar un gran castillo en la lejanía. Wales nos indicó que esa era la fortaleza de Newcastle. No obstante, el Eagle no se dirigió de inmediato a la fortaleza. Mi curiosidad me llevó a hacer la más obvia pregunta.
Antes de responderme, Wales apuntó al cielo. Muy por arriba de nosotros pude ver un enorme barco al menos dos veces más grande que el Eagle. Esa gran embarcación, entonces, de la nada, abrió fuego contra la fortaleza.
— El Soberano Real. Una vez perteneció a la Flota Real, pero los rebeldes lo capturaron y luego le cambiaron el nombre a Lexington. Esa nave mantiene un bloqueo permanente a Newcastle y disparan al castillo de vez en cuando sólo para fastidiarnos. Ya que no podemos hacerle frente, arribaremos en un puerto secreto.
El Eagle se dirigió por debajo del continente. Wales me explicó que esa ruta era peligrosa y que por ese motivo los rebeldes no la usaban, pero que cruzar por ese lugar no era mayor problema para los navegantes de la Fuerza Real. Seguimos navegando hasta que llegamos a un hoyo de varios cientos de metros de diámetros. El Eagle, entonces, entró en dicha cueva luego de adentrarse lo suficiente llegó a un muelle en el que había un gran número de personas esperando. La nave desaceleró hasta detenerse y varias sogas fueron usadas para asegurar el barco. Finalmente, Wales nos dio la señal para bajar
— ¿Qué tal los resultados militares, Su Alteza? — Preguntó un sujeto alto y viejo apenas pisamos el muelle.
— ¡Regocíjate, París! ¡Hemos traído azufre! — Gritó Wales mientras numerosos soldados se reunieron a su alrededor, cada uno de ellos bastante animado.
— ¡Oh, azufre! He servido por sesenta años al anterior rey, no creo que vuelvan a haber días tan felices como este. Su Alteza, después de la revuelta todo se convirtió en tristeza, incluso con azufre no lo lograremos.
Wales rio.
— Incluso si somos derrotados, le demostraremos a esos rebeldes el coraje y honor de la Familia Real.
— Mis viejos huesos tiemblan de la emoción por una muerte gloriosa. Es todo o nada, Su Alteza. Según el último reporte, los rebeldes atacarán el castillo mañana.
— ¡Usaremos nuestro último aliento para poner a sus soldados en vergüenza!
¿Qué es lo que les sucede? Pensé.
No entendí la conducta que estaban teniendo. Literalmente estaban a un día de morir, pero no se comportaban como si ese fuera el caso. Me desconcertó por completo la forma alegre en la que hablaban de su situación. Miré de reojo a Louise y noté parecía estar pensando lo mismo que yo. Una muestra de preocupación e incomodidad en su rostro fue lo que me hizo suponer ello.
— ¿Y quiénes son estas personas? — Preguntó el viejo.
— Ella es una embajadora de Tristain, vino por un importante negocio.
La sorpresa que sintió provocó que la sonrisa de Paris desapareciera de su rostro. Sin embargo, eso duró tan sólo unos instantes.
— Así que una embajadora ¿no? Paris Chamberlain a su servicio. Aunque tal vez no sea mucho, tendremos un pequeño festín esta noche, sería un honor que asista.
Una vez Wales y Paris terminaron de hablar, el príncipe comenzó a dirigirse a su habitación. Como es evidente; Louise, Wardes lo seguimos. No tardamos más que unos minutos en llegar al cuarto, en el cual sólo había una cama, un escritorio, un par de sillas y un cuadro colgado en la pared. Wales, entonces, abrió un cajón del escritorio y procedió a sacar una pequeña caja. Después, él usó una llave que tenía en su collar para abrir la cerradura de la caja, dentro de la cual había un retrato de Henrietta y una carta, la cual parecía algo vieja, quizás por las veces que había sido sujetada para ser leída. El príncipe tomó la carta con delicadeza y la leyó una última vez. Finalmente, tras acabar su lectura, Wales dobló la carga y la puso en un sobre que le entregó a Louise.
— Esta es la carta que me dio la princesa.
— Gracias. — Dijo Louise luego de recibir el sobre.
— Ya que no lo usaremos en el combate, el Eagle saldrá mañana con rumbo a Tristain. Así que pueden usarlo para volver.
Louise miró el sobre por unos instantes. Luego de ello, elevó su cabeza para ver nuevamente a Wales.
— Su Alteza… cuando mencionó esa gloriosa derrota…
— Es como dije. Nuestro ejército se compone de trescientos hombres, mientras que las fuerzan enemigas son más cincuenta mil. No tenemos oportunidad alguna. Así que al menos moriremos con gloria.
Louise agachó su cabeza nuevamente.
— ¿También se refiere a usted cuando habla de morir en batalla?
— Por supuesto, yo también moriré.
La respuesta de Wales provocó que cierta sensación que había aparecido hace poco aumentara. Él sabía que moriría al día siguiente y de todos modos actuaba de forma totalmente despreocupaba. Seguía pensando en cómo algo así era posible, pero no podía entenderlo. Me sentía incómodo de tan solo verlo.
— Su Alteza, perdone mi descortesía, pero tengo una pregunta. ¿Cuál es el contenido de esa carta? Cuando la princesa me dio esta tarea parecía estar preocupada por su amante y en la caja que acaba de abrir había un retrato de ella. Además, ese triste rostro que puso cuando leyó la carta… ¿acaso usted y la princesa son…?
Wales sonrió.
— ¿Qué si acaso tenemos una relación amorosa?
Louise asintió. La felicidad del rostro de Wales desapareció y fue reemplazada por preocupación. Él parecía estar debatiendo consigo mismo si debía o no responder a esa pregunta. Tras unos segundos, el príncipe abrió su boca para hablar nuevamente.
— Adivinaste, es una carta de amor. Si esa carta de amor llegara a Germania, sucedería lo que Henrietta teme. En la carta ella me ha jurado amor eterno en nombre del Fundador Brimir. En el peor de los casos Tristain podría ser ignorado políticamente por las familias nobles de otros países.
— Entonces Su Majestad y la princesa están enamorados.
— Es una vieja historia.
— ¡Su Alteza, vuelva con nosotros! ¡Acompáñenos a Tristain!
Wardes puso su mano sobre el hombro de Louise, pero ella continuó hablando.
— ¡Se lo suplico! ¡Por favor!
— No puedo hacer eso. — Dijo Wales, cuya sonrisa volvió a aparecer.
— ¡Estoy segura que la princesa piensa lo mismo! ¿No escribió eso en la carta? Conozco desde hace años a la princesa y sé bien lo que ella escribiría. La princesa no abandonaría a alguien que ama. No sé exactamente lo que dice la carta, pero estoy segura que quiere que usted huya.
— No hay tal cosa en la carta. — Negó Wales.
— Su Alteza…
— Puedo jurar por mi honor que en ningún renglón de la carta la princesa me pide que escape. Henrietta es una princesa y como tal tiene que darle prioridad a su país.
Wales parecía dolido por las palabras que Louise le dijo.
— Eres una chica honesta, pero para un embajador el ser honesto no es algo bueno. — Wales volvió a sonreír. — Sin embargo, eres el embajador perfecto para un país arruinado como Albion, pues nuestro gobierno, que será destruido mañana, es el más honesto que hay.
El príncipe sacó entonces un reloj de su bolsillo.
— Bueno, debo ir a una reunión. Ya que son los últimos visitantes de nuestro reino me gustaría que asistan a la fiesta de esta noche.
Louise y yo salimos de la habitación. Sin embargo, Wales no nos siguió. El vizconde se quedó atrás para hablar con Wales.
…
— ¡Su Majestad, todavía es demasiado pronto para caer!
— ¡Así es, espere a mañana, por favor!
La fiesta se estaba celebrando en el salón del castillo. Todos los presentes estaban conversando alegremente. En determinado momento de la fiesta e, príncipe Wales llegó al salón y el todavía, rey de Albion, James I trató de ponerse de pie para darle la bienvenida, pero debido a su avanzada edad este se tambaleó y casi cae al suelo. Ante este hecho se pudieron escuchar algunas risas.
No obstante, al contrario de lo que uno pensaría, James no se ofendió en lo más mínimo.
— No se preocupen, mis piernas sólo estaban entumecidas por estar sentado un largo tiempo.
Wales se acercó para ayudar al rey a ponerse de pie. Entonces, James empezó a hablar.
— ¡Escuchen mis valientes y leales vasallos! ¡Mañana Reconquista está planeando utilizar todas sus fuerzas para atacar esta fortaleza! ¡Así que les pido seguir luchando por este viejo rey incapaz! ¡Pero les advierto que lo de mañana no podrá considerarse una batalla, será una masacre unilateral! ¡Mostremos nuestro coraje una vez más!
El rey se detuvo para toser antes de seguir hablando.
— ¡Pero sería demasiado pedir que todos mueran por mí, así que mañana por la mañana, el buque de guerra Eagle tomará a todos aquellos que no quieran morir lejos de este continente!
— ¡Su Majestad, sólo estamos esperando su orden! ¡Ejército, a la carga! ¡Quedaremos tan borrachos esta noche que mañana no seremos capaces de escuchar alguna otra orden!
Todo asintieron antes esas palabras.
— ¡Sí! ¡¿Qué podríamos hacer si huimos de todos modos?!
— ¡Ya es demasiado tarde para retroceder!
— ¡Seguiremos sirviendo al rey como lo hemos hecho años atrás! ¡El fundador nos ha bendecido con esta noche tan cálida, disfrutémosla bebiendo y bailando!
Con esa exclamación todo el mundo volvió a festejar y a reír, salvo tres personas: Louise, Wardes y yo, quienes sólo nos quedamos en una esquina del salón en silencio. No obstante, para el desagrado de nosotros, terminaron atrayendo la atención de los demás. Varios nobles se nos acercaron para ofrecernos comida o vino a la vez que mostraban una sonrisa. No había rastro de preocupación o tristeza en sus rostros.
— ¡Embajadora, pruebe esto y díganos cuál país tiene el mejor vino!
— Esta es la especialidad de Albion, pollo con miel.
Las personas estaban muy animadas. De hecho, estaban demasiado animadas para mi gusto. Mi incomodidad no hacía más que aumentar. Consideraba antinatural que alguien actuara de esa forma a tan sólo unas horas de morir. No pasó mucho para que esa situación terminara por irritarme. Louise estaba en una situación muy similar a la mía. Sin embargo, a diferencia de mí, la estudiante no pudo aguantar más estar en ese lugar. Ella, de un momento a otro, dio media vuelta y salió corriendo del salón.
— Uno de los dos debería ir a por ella. — Le comenté a Wardes.
Y lo mejor es que seas tú.
Yo no planeaba moverme. Estar en la fiesta ya me había dado un dolor de cabeza y sentí que sería difícil mantener mi fachada en esa condición. Wardes no supo esto último, pero entendió que yo no tenía intención de ir por ella. El vizconde se retiró del salón en busca de Louise. Tras verlo irse, me senté en el suelo para después apoyarme en la pared.
Quizás también debería irme.
— Eres el familiar de la señorita Valliere ¿verdad?
Al escuchar esa voz giré mi cabeza. A mi lado se había sentado Wales, quien por el ruido de la fiesta logró acercarse sin que yo lo notara.
— Es bastante raro ver a una persona como familiar. Tristain sin duda es un país extraño.
— De hecho también es extraño en Tristain.
Wales pareció notar mi humor apagado.
— ¿Te sientes triste?
No creo que triste sea la palabra correcta.
— Con todo respeto, me siento incómodo con tan sólo verlos actuar de esta forma. ¿Reír en una situación en la que están? No me imagino a mí mismo haciendo algo así. Es como si ni siquiera le tuviesen miedo a la muerte.
Wales sonrío ante mi comentario.
— Estamos asustados, esto te lo aseguro. Todos y cada uno de nosotros lo estamos. Sin embargo, tenemos algo que nos hace olvidar el frío de la tumba.
— ¿Y qué es? — Pregunté con una genuina curiosidad.
— La facción aristocrática Reconquista trata de unir a Halkeginia. Es un ideal que no me molestaría apoyar, si no fuera porque quieren lograr eso mediante la fuerza y el derramamiento de sangre. Si siguen de esa forma, todo terminará en ruinas.
— Pero esta es una batalla perdida. ¿Por qué no huir y pelear cuando la situación sea más favorable?
— Por lo menos debemos mostrar nuestra valentía y honor. Incluso sabiendo que no podemos ganar, le demostraremos a Reconquista que las familias reales de Halkeginia no son un enemigo al que deban subestimar.
¿Qué clase de motivación es esa?
— Esta es nuestra obligación como una de las familias reales. Es nuestra obligación defender nuestro reino hasta el final.
Había algo que no podía negar, yo tenía un comportamiento parecido al de ellos. Estaba en una situación en la cual mantenía una fachada. Desde el día que fui invocado había fingido ser un familiar obediente, además de mentirle constantemente a Louise diciéndole que no la dejaría. Sin embargo, ellos llevaban eso a un extremo. Me sería imposible seguir fingiendo si estuviera en la misma situación que ellos. De hecho, ya una vez había dejado atrás mi fachada cuando le grité a Louise por intentar detener al golem por sí misma. La aparente facilidad con la cual ellos podían mantener la calma me irritaba. De cierta forma, verlos me hacía sentir que mi problema era insignificante. Yo estaba consciente que ese no era el caso, pero no podía evitar que lo sintiera de esa forma.
Actuar de ese modo cuando están en una guerra y a horas a su muertes... En verdad, ¿cómo puede ser eso posible?
Además, a pesar de no decirlo, había otra causa por la cual verlos me ponía incómodo.
Tras nuestra charla, Wales volvió al centro del salón, mientras que yo, por otro lado, terminé imitando a Louise.
…
Al menos esto terminará pronto.
Estaba caminando ya por los pasillos en búsqueda del cuarto que se me había asignado. Tenía la intención de irme a dormir apenas llegara a mi habitación, pues mientras más pronto me durmiera, el tiempo pasaría más rápido desde mi perspectiva. Una de las cosas que más deseaba en ese momento era irme de la fortaleza.
Además, imagino que en cualquier momento deberían invocarme de regreso.
Los recuerdos que había tenido durante los últimos días habían avivado la nostalgia que sentía. Era tan sólo un presentimiento, pero sentía que pronto sucedería algo. Evidentemente esperaba que ese algo fuera mi regreso a casa.
Perdido en mis pensamientos, me sobresalté ligeramente cuando alguien sujetó mi hombro. Tras voltear, pude ver a Wardes, quien me miraba con un rostro lleno de seriedad.
— Tengo que decirte algo.
¿Qué no puedes esperar a mañana? Ya estoy cansado.
— ¿Qué es lo que se le ofrece?
— Louise y yo vamos a casarnos aquí, mañana.
Me quedé en silencio durante unos instantes. Louise ciertamente me había informado que Wardes le había pedido matrimonio, pero además de no darle importancia a ese asunto, jamás imaginé que una boda se llevaría a cada al día siguiente.
— ¿No se supone que los rebeldes atacarán el castillo? ¿Por qué tiene que ser mañana?
— Queremos pedirle a Wales que actúe como intermediario de nuestro matrimonio. El príncipe estuvo de acuerdo y celebraremos la ceremonia antes de la batalla.
— Ya veo.
— ¿Quieres venir?
Su boda no podría importarme menos.
Sin embargo, a pesar de mi sentir, imaginé que Louise se enojaría si yo no me presentaba.
— ¿La ceremonia acabará antes de que el Eagle parta mañana?
— No. Planeaba salir de aquí con mi grifo una vez la ceremonia terminara.
¿Dejar pasar un transporte directo a la seguridad de Tristain? Lo siento, pero ya estoy harto de este lugar. Ya se me ocurrirá una excusa para cuando nos encontremos.
— Como el familiar de la señorita Louise siento que es mi debes estar presente.
Hice una pequeña pausa.
— Sin embargo, el castillo es muy grande. Mañana intentaré llegar, pero si no encuentro el lugar de la boda, entonces iré directamente al Eagle. De ser ese el caso, por favor, le pido que proeja a la señorita Louise por mí.
Wardes asintió.
Una vez escuché el sitio de la boda por partes de Wardes volví a caminar con rumbo a mi habitación. Lo había mencionado con la idea de usarlo como excusa, pero no era mentira que el Newcastle era bastante grande. Estuve andando por alrededor de diez minutos y todavía no encontraba el cuarto en el que supuestamente debía dormir. Al transcurrir ese tiempo pude ver a alguien que caminaba lentamente por delante de mí. Al escuchar mis pasos, ese alguien se dio la vuelta para verme.
¿Por qué tenía que encontrarme con…?
Mis pensamientos se vieron interrumpidos. Al ver las lágrimas que caían de las mejillas de Louise no supe cómo reaccionar. Ella, al verme, instintivamente empezó a secar su rostro. Tras terminar de hacerlo, ambos nos quedamos inmóviles durante unos instantes, sin decir ni una sola palabra. Luego de transcurrir aproximadamente un minuto, caminé hacia Louise hasta colocarme frente a ella. Hecho eso, ella dio un paso al frente y apoyó su cabeza contra mi pecho. Pude notar entonces como temblaba ligeramente.
Incluso con lo mal que podía caerme a veces, incluso teniendo en cuenta el peligro en el que me había puesto, era la misma persona que sin dudarlo ni un instante puso en riesgo su vida para ayudarme. Ignorar lo que había visto fue simplemente imposible. En respuesta a lo que hizo, simplemente coloqué mi mano sobre su cabeza.
— ¿Por qué esa gente eligió morir? ¿Por qué el príncipe Wales eligió la muerte a pesar de los sentimientos que comparte con la princesa?
Se podía notar la frustración en su voz. Era obvio que nuestros motivos eran distintos, pero a ambos nos molestaba la decisión y actitud que había tomado la facción de la familia real de Albion.
— Por lo que me dijo príncipe Wales, el honor es muy importante para ellos.
— Lo es para todos los nobles, pero ¿en verdad lo considera más importante que la persona a la que ama?
— Quizás hay otro motivo más.
— Voy a hablar con él. Quiero convencerlo de acompañarnos.
— Tanto él como los otros parecían totalmente decididos.
Nuevas lágrimas recorrieron las mejillas de Louise.
— Quiero volver a Tristain. No me gusta este país, no me gustan esas personas que fingen estar bien y no me gusta ese príncipe irrazonable que deja todo por nada.
Estaba seguro que no era así, pero sentí como si algunas de esas palabras hubieran sido dirigidas hacia mí. Fue quizás por eso y por la situación en la que estábamos que cierto impulso se formó en mí. Por un breve instante sentí la necesidad de decir la verdad. Sentí la nacesidad deliberar todo ese estrés que había acumulado por fingir continuamente. No obstantes, dicha sensación se esfumó en tan sólo un segundo.
Dudo estar aquí mucho más tiempo. Lo único que conseguiría sería empeorar las cosas.
Finalmente, terminé diciendo diferentes palabras de las que tenía planeadas en un principio.
— ¿Puede decir que nunca ha fingido? ¿Puede decir que nunca ha actuado en forma diferente a la que se sentía por cualquiera que sea el motivo?
Ese mismo día, incluso teniendo miedo, Louise, a pesar de su mala actuación, fingió estar tranquila ante Wales. Ella debió recordar eso al instante, por lo que su respuesta no tardó mucho en llegar.
— No.
Lentamente me aparté de Louise para luego colocarme a su costado.
— Mañana podremos irnos y dejar esto atrás. Lo único que debe hacer es aguantar unas horas más.
Louise, tras limpiarse sus lágrimas una vez más, asintió y empezó a caminar hacia su habitación. Por mi parte, simplemente me limité a voltear mi cabeza para verla. Mientras la veía alejarse el impulso de dejar salir mi frustración apareció nuevamente. No obstante, terminé por ignorar dicho impulso. Pensé que no ganaría nada a esas alturas si lo hacía, salvo hacer mis últimos días en Tristain incluso más molesto. Después de todo, imaginé que era cuestión de tiempo para que regresara a mi mundo. Finalmente, volví a fijar mi vista al frente para comenzar a caminar.
Primero, quizás cambie la clasificación de la historia a M, aunque primero buscaré bien qué cosa va en cada clasificación. De preferencia quiero que siga en T.
Segundo, siento que me tardé mucho menos tiempo en cubrir el segundo volumen. Quizás sea porque esta vez fueron solamente cinco capítulo y estuve publicando de forma más constante. Creo que seguiré manejando esto de publicar un capítulo cada tres días de forma fija.
Tercero, no me tomaré el descanso, pues quiero cubrir el evento que quiero ya. Así me quito ese "peso" de encima y a lo mejor ya puedo empezar a escribir otras historias.
Cuarto y último, ya me acabé de leer el volumen tres de la novela ligera y ando escribiendo re motivado, pues ya pensé en como acomodar todo en general, la cosa es no atorarme en detalles. Una vez cubra ese evento que quiero, al fin no tendré que poner a Aztor con esa actitud forzada del familiar obediente. No sé si a ustedes a veces se les haga molesto que actúe de esa forma, pero a mí a veces me llega a exasperar el forzarlo a que se comporte así. En fin, publicaré el capítulo once el domingo y eso sería todo.
[Reescrito: 01/09/2018]
Gracias por leer.
