En cuanto el despertador sonó Layla saltó de la cama. Aún estaba vestida, sólo se había quitado los zapatos y desde el día anterior no se había dado una ducha.

-Empiezo a darme asco a mí misma.

Corrió hacia el cuarto de baño dejando un reguero de ropa por el camino y se metió en la ducha.

Las gotas de agua caliente resbalando sobre sus hombros la hicieron revivir el momento en que Warren la había despertado acariciándoselos con las yemas de los dedos.

"Me encantaría quedarme aquí definitivamente, Flower Power, pero se me ha dormido el brazo"

-Layla, querida, céntrate.

Pero Layla sabía que nada podría hacerla regresar de la nube en que se había subido. La noche anterior había observado a Warren hasta que su figura desapareció en la calle antes de levantarse del balancín y arrastrase a su vez hasta la cama con el cuerpo anquilosado por la sobreexplotación de los mismos puntos de apoyo durante casi dos horas.

Diez minutos más tarde, con el pelo aún mojado, Layla comía tostadas en la cocina mientras metía libros en su mochila. Entonces sonó otro timbre, esta vez era el del teléfono. Layla lo cogió suponiendo quien era.

-Hola, mamá.

-Hola, cariño. Temía que te hubieses quedado dormida.

-No, mamá, llevo despierta un rato. Estaba desayunando.

-¿Qué tal llevas la soledad¿Has montado ya alguna fiesta en la casa?

-Estoy recogiendo el desastre que montamos anoche para que no lo veas. Vino la policía y todo...

-Ya lo suponía... Mi vuelo sale a medio día, así que supongo que estaré en casa esta tarde. ¿Podrás sobrevivir un día más sin mí?

-Creo que sí.

-Escucha, dejé algo de dinero sobre el armario de la entrada. Si necesitas comprar comida ya sabes. Recuerda que tu tía vive a una hora y media de casa, si necesitas algo llámala, ya está avisada.

-Mamá, tranquila. Tu hijita pequeña de quince años puede estarse dos días sola en casa sin montar un desastre.

-Perdón perdón, me estaba dominando la vena histérica maternal. Por cierto¿qué tal fue el partido de ayer?

-Fue interesante, la verdad. Me ayudó mucho a superar mi miedo escénico.

-¡Esa es mi niña!

-Mamá, ya no soy una niña.

-Cierto, cierto, disculpa.

-La idea del mensaje grabado en el equipo de música fue genial.

La madre de Layla rió al otro lado de la línea.

-Estaba de buen rollo cuando lo grabé, pero en otra ocasión pondré algo más tétrico y en mitad de la noche, para que me eches de menos. De la banda sonora de Drácula, por ejemplo.

Layla rió también.

-Te veo capaz.

-Ey, cariño, creo que deberíamos colgar o te voy a hacer perder el autobús.

-Cuídate, mamá, nos vemos esta tarde.

-Te quiero.

Layla colgó el auricular y se apresuró a acabarse la tostada.

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En la parada, estaba esperando ya Will. Tras el saludo de rigor, el silencio entre ambos se fue haciendo tan denso que Layla tuvo la sensación de que el aire fuese pesando cada vez más sobre ellos. Por suerte el autobús se materializó frente a ellos con un rugido de motor y Will se apresuró a subir. La primera disyuntiva que se le planteó a Layla fue si debía sentarse junto a él, como era habitual, o no, pero parecía que esa mañana Will no encontraba agradable su presencia. Layla creía que el hecho de cortar como novios no debería afectar a su amistad, pero nunca se había visto en aquella situación. Por suerte, Alfred resolvió el problema. Saludó desde el fondo del autobús y Will fue a sentarse junto a él. Estupendo.

Entonces surgió la siguiente disyuntiva para Layla¿debía saludar a Warren o no? Trató de evitar dirigir su mirada hacia el lugar que ocupaba él por todos los medios mientras buscaba la respuesta a semejante duda existencial. Puede que él no agradeciese que lo relacionasen con ella. Estaba en su pose habitual. Cuando pasó junto a su asiento se esforzó en no mirar mucho en su dirección pero él desprendió los ojos del paisaje al otro lado de la ventanilla y se los dedicó a ella por un breve instante. Layla sonrió involuntariamente y se apresuró a retirar la mirada y la expresión de su rostro. El recuerdo de la noche anterior volvió a ella y Layla creyó que todos en quel autobús serían capaces de leer en su rostro el beso que habían compartido. Magenta retiró su mochila del asiento contiguo y Layla se apresuró a ocupar aquel lugar.

-Estás alegre esta mañana.

-Sí.

-¿Will y tú os habéis peleado?

-¡No!

-Entonces habéis roto.

Layla puso los ojos en blanco.

-Contigo cerca es imposible tener vida privada. No quiero hablar del tema.

-Creo que el rojo no es un color adecuado para la decoración del baile de fin de curso, pero el resto del equipo de decoración insiste en usarlo.

-Yo creo que lila y blanco sería más adecuado.

Al menos Layla debía reconocerle a Magenta su falta de escrúpulos para rematar conversaciones indeseadas cuando se lo solicitaban.

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Warren bajó del autobús algo más ligero de ánimo de lo habitual. Layla le había sonreído, eso significaba que no le guardaba rencor por los sucesos de la noche anterior. Pero las chicas eran expertas en provocar problemas así que era mejor que no bajase la guardia.

Una voz melosa lo interpeló en cuanto puso un pie en el cemento.

-Warren...

Amanda Jinx y Penny... Parecía que lo estaban esperando. Había esperado algo así, pero no tan de repente.

- ¿Como estás Peace?- preguntó Penny con gesto de suficiencia.

Warren se limitó a sonreír de lado sin alegría.

- Bien.

- Recibiste un buen golpe ayer. ¿Seguro que estás bien?- murmuró Amanda solícita mientras daba un par de pasos hacia él.

- Sí. Tengo la cabeza dura.

Amanda rió de forma ridícula y Penny le dedicó una de sus poses de autosuficiencia con sonrisa seductora incluída. Era su inconfundible gesto de "tienes el inmenso honor de ser blanco de mi atención durante unos instantes, no los desperdicies".

-¿Me dejas verlo de cerca?- pidió Amanda.

-¿Tenéis algún interés especial?

Penny volvió a sonreír, sin ninguna amabilidad en su sonrisa.

-Curiosidad morbosa, sobretodo ella.

Amanda se ruborizó levemente y le dio un empujón a Penny.

-¡Eres una zorra!

Pero de inmediato se volvió hacia Warren y le dedicó una caída de párpados que pretendía fuese insinuante. No logró darle ese tinte de sincera timidez que pretendía.

-¿Puedo verlo?

Warren se retiró los cabellos que caían sobre su frente para dejar al descubierto la brecha. Amanda mantuvo su atención en la herida que exhibían para ella y ahogó un leve jadeo. Pero su mirada cayó casi de inmediato a los ojos de Warren. Eran oscuros, pero en el fondo de ellos parecía brillar un tono rojizo.

-¿Curiosidad satisfecha?

- ...- fue todo lo que pudo decir ella.

Warren sabía que la herida en su frente podía ser aprovechada socialmente, pero se percató en ese instante que no le interesaban las consecuencias de permitir que esas cabezas de chorlito se le acercasen. Amanda y Penny eran de lo peor que había en el instituto socialmente hablando. Típicas, tópicas... Acaparaban la atención allí por donde iban y eran especialistas en crear líos a tu alrededor. ¿Valía la pena? Amanda no estaba mal, pero aparte de un rostro bonito y unos pechos interesantes ¿qué más podía ofrecerle? Y Penny era todo lo que no le gustaba en una chica. Creída, dominante, despectiva, con unos rasgos vulgares y marcados sin delicadeza ninguna.

Penny rió al ver la falta de reacción de su amiga y se dignó a darle conversación a Warren.

-Estabamos pensando que tal vez jugaríamos si se hiciese un equipo sólo de héroes. ¿Qué opinas?

-Que más os valdría estar en uno de curritos. No tenéis la cabeza tan dura como yo.

Warren percibió de inmediato el gesto de odio en los ojos de Penny, pero Amanda parecía gravitar en otro lugar.

-Esta tarde iremos a la bolera¿te apetece venir?

Por una vez, Warren agradeció estar dejándose la juventud en la cocina de un restaurante chino.

-No puedo, tengo que trabajar.

No esperó la siguiente propuesta y se encaminó hacia las puertas de Sky High. Amanda soltó un suspiro.

-¡Es tan misterioso!

Penny a su lado cruzó los brazos ofendida.

-Es un imbécil.

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Layla volvió a tener graves problemas para mantenerse despierta a lo largo de la mañana. Magenta le propinó algunos codazos y pisotones que la devolvieron a la dura realidad en los momentos críticos.

-Gracias, Magenta. Eres una amiga- dijo Layla tras un pisotón.

-De nada. Un placer...

En la cola del comedor, Magenta tuvo que empujarla para que avanzase.

-¿No durmiste anoche?

-No. Creo que además aún arrastro el cansancio del partido de ayer.

-¿Por qué no durmiste?

-Tuve visita...

Magenta no preguntó quien fue y Layla se concentró en mantener su mente despejada.

Ánimo Layla, sólo dos horas más...

La cola del comedor indicaba que ya habían sobrepasado la mitad de la jornada lectiva del día, que el final estaba próximo. Pero Layla no sabía si iba a poder aguantar mucho más y sobretodo tenía la sensación de que cualquiera podría leer en su rostro los sucesos de la noche anterior.

Cuando se sentó en la mesa habitual que solían ocupar, Will la observó preocupado.

-Layla¿estás bien? Pareces muy cansada.

Parece que ya ha encajado lo nuestro.

- He dormido poco, Will.

- ¿Por qué?

- Pues, mi madre no está y... estuve depierta hasta tarde.

Will rió.

-Cuando el gato no está los ratones bailan.

Alfred vino a sentarse con ellos también y de inmediato la conversación giró hacia el partido del día anterior.

-Estuviste impresionante Magenta.

Ella siguió comiendo impasible ante el halago.

-Creo que podríamos mejorar las tácticas de grupo- propuso Will.

No, por favor, hablad de otra cosa o me dormiré.

Pero Alfred y Will ya se habían lanzado en persecución de la técnica perfecta para driblar a un contrario.

Zach y Ethan llegaron hasta la mesa a su vez y les hicieron sitio. Zach parecía más entusiasmado de lo habitual.

-Eh! Eh! Eh! Chicos, he oído algo interesante. En realidad lo ha oído Ethan. Cuéntaselo, Ethan.

Ethan se sentó en la mesa y dejó su bandeja cuidadosamente antes de iniciar su relato.

-Lo comentaban varios curritos de segundo. La directora Powers está muy furiosa con el partido de ayer. Los profesores han realizado una reunión de emergencia durante el descanso para tomar medidas.

-¿Furiosa¿Por qué está furiosa?- preguntó Layla

-¿Qué tipo de medidas?- preguntó Magenta

-No lo sé. Nadie lo sabe, fue a puerta cerrada.

-Pero¿por qué están enfadados con el partido de ayer?- preguntó Will.

Fue Alfred quien contestó.

-Creo saber por qué.

Todos se volvieron hacia él y Alfred de repente pareció incómodo.

- ¿A qué te refieres?

El chico parecía algo reacio a continuar y bajó sus ojos azules a la bandeja de comida para poder seguir.

-La actitud de los héroes en este lugar es... deplorable. Y en el partido de ayer se pudo ver, y oír los comentarios en las gradas. Seguramente vosotros no lo notáis porque habéis crecido en él, pero yo vengo de fuera y he podido verlo. Los héroes aquí no tienen espíritu de héroes, tienen espíritu de matón si exceptuamos algunos casos.

Zach trató de quitarle importancia al asunto.

-Ayer tuvimos varios héroes jugando y se comportaron bastante bien.

-Sí, pero recordad la actuación de Larry y Warren. Creo que se refiere a eso con "matones"- dijo Ethan.

Layla saltó sin pretenderlo.

-Warren no es un matón.

Will sonrió.

-Pues su pelea con Lash me pareció propia de un matón.

Layla sintió la rabia subiendo en ella.

- Will, se enfrentó a Lash para defenderme, no para marcar su posición en la manada.

Hubo un breve, pero demasiado largo, silencio que siguió a esas palabras.

- No lo sabía- comentó Will.

- No preguntaste- replicó Layla.

- Creo que hay algunas cosas a las que no he estado atento.

Layla asintió y se guardó sus pensamientos.

Es un poco tarde para eso, Will.

- Tú y Warren habláis bastante¿verdad?- preguntó él

-A veces- admitió Layla.- Es bastante tratable si respetas su espacio personal. No has de acosarlo, solo esperar, y acaba hablando de lo que le preocupa...

Hubo otro silencio incomodo y alrededor de Will y Layla empezó a tejerse una red de irremediabilidad que todos pudieron percibir.

-¿Existen otros sitios como Sky High, Alfred?

Todos se volvieron hacia Magenta ante ese corte ambiental.

-Eh, sí... Yo vengo de otro centro similar a este, pero se encuentra en la costa del Reino Unido, cerca de los acantilado de Dover.

-Prefieres rojo y azul oscuro o lila y blanco para la decoración del baile de fin de curso?

Alfred pareció desconcertado por la pregunta, pero al instante siguiente sonrió abiertamente.

-Creo que lila y blanco, es más relajante.

-Anoto tu opinión.

Layla sonrió también y entendió por qué Alfred tenía tanto éxito. Era acogedor para cualquiera que tuviese el privilegio de hablar con él. Cuando te dedicaba su atención o sus palabras, daba la sensación de que para él nada más existiese en el mundo que la persona a quien se las dedicaba. Eso y sus encandilantes ojos azules eran suficiente para engatusar a cualquiera.

En ese momento los altavoces resonaron con la voz de la directora Powers.

-Atención, todos los alumnos deben dirigirse de inmediato al gimnasio. Se va dar un comunicado importante.

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Los alumnos se fueron acomodando en las gradas entre murmullos bajo la atenta mirada de sus profesores. Nunca se había dado una situación similar en Sky High y los rumores empezaron a circular.

-¿Habrá muerto alguien?

-¿Habrán declarado la guerra?

-¿Bucan a un convicto entre nosotros?

Cuando cada uno de los convocados estuvo acomodado en su respectivo asiento, la directora Powers irrumpió en el escenario improvisado que era la cancha de baloncesto del gimnasio. Sus andares calmados y enérgicos retumbaron por el lugar como una inconfundible señal de batalla. Todos los alumnos de repente se sintieron atrapados dentro de ese gimnasio, como si fuesen una panda de polluelos acorralados por un tigre.

La directora Powers detuvo sus andares en mitad de la cacha y se giró hacia las gradas. El silencio fue absoluto.

-¡Vergüenza!

Esa primera palabra resonó por el gimnasio con la fuerza de un trueno.

-Eso fue lo que sentí ayer al presenciar el partido. Vergüenza. Una aplastante y rabiosa vergüenza.

La última palabra no había acabado de resonar en los huecos del gimnasio y ya muchos sintieron de repente que la saliva era algo duro de tragar. Pocas veces la directora Powers se había enfadado, pero cuando lo había hecho habían temblado los cimientos de la creación. Tras otorgar a los presentes la oportunidad de tragar la saliva que se les había atascado en la garganta ella siguió hablando.

-La vergüenza no vino por los que se atrevieron a desafiar las normas no escritas que habéis impuesto. La vergüenza no la provocó los que se lanzaron al campo de juego desafiando a todos los que esperaban humillarlos. No, la vergüenza me asaltó, cuando entre las gradas de los espectadores empecé a oír los comentarios. ¡¡Amanda Jinx!!

Amanda dio un respingo en su asiento y los que estaban a su lado se apartaron de ella, como si el enfado de la directora pudiese hacerla estallar y ellos sufrir de la onda expansiva. La chica palideció.

-¡¿¿A qué te referías con eso de que esperabas que catapultasen a Magenta muy lejos¡Rowan Delry¡¡Explícame por qué los curritos deberían ser expulsados de Sky High¡Penny Aderfeald¡¿A qué te referías cuando hablabas de la necesidad de poner a un currito en su lugar?!

¡Dexter Oldman¡Michelle Landster¡James Streat¡Melody Cooper¡Minette O'reilly¡Laurent Cabbage!

Y la lista de La directora Powers siguió y siguió. Tenía una magnífica memoria para nombres y sucesos relacionados con ellos y estaba haciéndolo patente. Cuando terminó de enumerar su larga lista de héroes se detuvo hasta que los ecos de su voz se apagaron en el gimnasio. Sus ojos acerados recorrieron las gradas.

-Sois la vergüenza del mundo de los superhéroes. Jamás un héroe ha podido ser un héroe sin un compañero secundario. Ellos preparan el terreno para que el héroe se lleve la gloria, ellos lo atan a la realidad mundana de cada día evitando que sus delirios de grandeza lo pierdan. Ellos son el alma que convierte a un héroe en humano, y lo habéis olvidado, embutidos como estáis en vuestro narcisismo, sobrepagados de vosotros mismos. ¡Miserables y déspotas! Me siento deshonrada por pisar el mismo suelo que vosotros.

Hubo otro momento de silencio que la directora otorgó a aquellas mentes pagadas de sí mismas para procesar la información y sobretodo la idea de que les había insultado.

-Estamos a mitad de curso, y es un mal momento para cambir un sistema de estudios deficiente en cuanto a trabajo en equipo se refiere, pero a partir de ahora se tomarán medidas.

Primera medida: cualquiera que dirija una palabra o gesto vejatorio a un compañero será inmediatamente expulsado de Sky High. Segunda medida: El Capturar la bandera va a ser recuperado como asignatura extra. Cada día vais a quedaros una hora más para practicar el trabajo en equipo. Esta asignatura pesará mucho a la hora de evaluar si estáis preparados para pasar al siguiente nivel. Los equipos serán mixtos.

Nadie osó elevar un solo murmullo de protesta.

Tercera medida: el baile de fin de curso. Os encanta jugar a las parejitas, perfecto. Las únicas admitidas para entrar en el baile serán las parejas currito-héroe. Os recomiendo que encontréis alguien con quien os llevéis bien antes de fin de curso o no tendremos bailes ni celebraciones.

La directora Powers volvió a dirigir una mirada colérica al público.

-Creo que hasta ahora habéis vivido inmersos en un cuento de hadas perfecto, tanto para los protagonistas del mismo, como para los que se consideran secundarios cómicos, pero es hora de despertar. Ya no sois unos críos, se acabó la tolerancia con vosotros. Mañana no se oirá una sola palabra proveniente de vosotros. Mañana Sky High permanecerá en absoluto silencio para que sólo vuestros pensamientos, si es que los tenéis, puedan haceros compañía. Los únicos autorizados a hablar serán vuestros profesores. Los únicos que os podrán dar autorización para hablar mañana serán vuestros profesores. Aquel que incumpla esta norma será enviado de inmediato a su casa. El equipo de profesores y yo tenemos total autoridad para imponer esta medida y las que consideremos necesarias. Los que estén pensando en refugiarse tras las faldas de sus madres pueden ejecutar dicho movimiento de inmediato. Será un placer despejar dudas respecto a los que están dispuestos a aprender lo que significa ser un héroe y los que sólo pretenden obtener privilegios.

¡Marchaos a vuestras clases!

El gimnasio se fue vaciando en absoluto silencio, y todos los alumnos trataron de rehuir la mirada de la directora Powers cuando pasaron ante ella como si pudiese quemarles.