IX
Inuyasha me despertó al poco rato de haberme dormido, la verdad me arrepentía de haberlo echo ya que el dolor en mi cuerpo se había vuelto más agudo. Cuando abrí los ojos ya la luz que porvenía del techo había desaparecido casi por completo y la temperatura comenzaba a bajar. Juntado al frío y el dolor se agregaba el hambre, tanta que causaba dolor en mi estómago, solo tenía unos panqueuqes y un jugo de naranja en la barriga.
-¿Inuyasha nos vamos a morir aquí?- le pregunté perdiendo las esperanzas de que alguien viniera.
-Ya te dije que vamos a salir de aquí- me respondió suavemente.
-¿Inuyasha?¿Aome?- escuchamos entonces del otro lado, era la voz de un hombre.
-¡Aquí estamos!- respondió Inuyasha.
-Mi nombre es Kevin, soy del equipo de rescate, pido disculpas por el retraso pero ha sido difícil llegar hasta aquí, comenzaremos a remover las rocas pronto, aguanten- sentí un gran alivio al escuchar la voz de aquella persona -Diríjanse al lugar más lejano del derrumbe por seguridad- Inuyasha nos movió de inmediato con mucho cuidado a la pared contraria al derrumbe. Comencé a escuchar como movían las piedras al parecer eran un equipo bastante grande.
-Ves, ya vamos a salir de aquí- me dijo Inuyasha acariciando mi cabello. Nos quedamos en silencio escuchando como movían las piedras, la voz de aquel hombre Kevin sonaba de vez en cuando dando ordenes, mientras más tardaban me iba poniendo peor, se me hacia difícil respirar por el dolor que sentía, estaba débil, hasta mantener mis ojos abiertos era una hazaña titánica, estaba perdiendo mucha sangre -Aguanta un poco más Aome- escuché decir a Inuyasha -¡Apúrense ella está grave!- gritó con irritación Inuyasha. No podía mantener por más tiempo los ojos abiertos asi que los cerré simplemente escuchando todo a mi al rededor.
Las rocas comenzaron a moverse más y más rápido. El agarre de Inuyasha sobre mi cuerpo era más fuerte y posesivo a cada momento, escuchaba los latidos acelerados de su corazon y como su respiración aumentaba la velocidad progresivamente. Por mi parte respirar era una tarea muy dura me dolía demasiado pero sabía que debía hacerlo o de lo contrario moriría por lo que tomaba aire y aguantaba hasta no poder más y así iba, hasta que me cansé y a penas respiraba.
-Aome respira- el nerviosismo en su voz era evidente -Tienes que respirar Aome-
-Me duele- susurré a penas.
-Lo sé pero no puedes dejar de hacerlo- Inuyasha trataba de animarme pero el dolor era tal que comenzaba a ser ensordecedor. Escuchamos entonces como caían de nuevo varias rocas creando un estruendo en el lugar aturdiendome más, sentí como Inuyasha se movió y pronto sentí la pared de piedra contra mi cuerpo y del otro lado a él -¡Arhg!- lo escuché quejarse.
-¡¿Se encuentran bien?!- escuché luego de un momento de silencio a el tal Kevin.
-¡¿Qué demonios les pasa?! ¡¿Quieren salvarnos o matarnos?!- gritó Inuyasha.
-Se vino más piedra abajo no podremos sacarlos por aquí, bucaremos su hubicación en la superficie y cabaremos un hoyo para sacarlos, aguanten un poco más- dijo Kevin.
-¡Muévanse maldita sea!- exclamó Inuyasha, sentí como le dio un golpe a la pared. Como pude abrí los ojos, la cara de Inuyasha estaba contraída en enojo, quería tanto tomar su rostro y abrazarlo pero me era imposible -Lo siento Aome- murmuró viéndome sorprendido al ver mis ojos abiertos.
-Yo confío en ti...se que vendrán- le dije forzando una sonrisa, tenía tanta sed que el paso de mi voz por mi garganta me quemaba. En ese momento me tomó con cuidado como si fuera la flor más delicada, me abrazó acercandome aun más a su cuerpo, mi rostro reposaba en su cuello, en ese momento quería recobrar mis fuerzas abrazarlo.
-Maldición tu fiebre está subiendo-lo escuché mascullar, la verdad nunca me había sentido tan mal en mi vida -No te mueras...- suplicó en un susurró -No te vayas...- sus últimas palabras fueron un soplido, de no haber estado tan cerca jamas lo hubiese escuchado. Quería hablar pero las palabras no salían de mi boca, todo empezó a darme vueltas y una vez más cerré mis ojos perdiendo poco a poco la conciencia -¡Aome!- escuché a lo lejos como si estuviera debajo del agua, algo cálido abrazó mi rostro antes de perderme en la oscuridad por completo.
Pi...Pi...Pi...
Escuchaba a lo lejos, no sabía en donde estaba, lo único que recordaba era estar muriendo en aquella cueva junto a Inuyasha ¿Nos habían rescatado? como pude abrí los ojos aunque mis papardos era tan pesados como rocas, poco a poco recobre cada uno de mis sentidos. Me encontraba en una habitación oscura, a penas iluminada por una débil luz proveniente de una lámpara, la incomodidad se hizo presente, me encontraba en un hospital. Por mi brazo derecho entraban innumerables vías, en mi nariz habían unos tubos pequeños que me proporcionaban oxígeno, el dolor en mi cuerpo había cesado notablemente pero aun dolía. Miré a mi al rededor y vi a mi madre sentada a en una silla a mi lado tomando mi mano, sin embargo estaba dormida. Las trillizas dormían en el sofá una encima de la otra junto con Sango que estaba sentada apoyada del espaldar con los ojos cerrados. Miré a mi izquierda en donde estaba el rastro de mis abuelos, un enorme ramo de plumerias amarillas se encontraba en la mesa que estaba junto a mi cama, esas eran mis flores favoritas, habían más ramos, uno de margaritas y otro de rosas. Pero lo que no me esperaba era verlo a él allí. Inuyasha estaba sentado con los brazos cruzados, con la cabeza baja y los ojos cerrados, en su antebrazo había una venda y otras curas en su rostro. Ignorando la incomodidad o el dolor que pudiese sentir al mover mi brazo izquierdo logré colocar mi mano sobre su pierna despertándolo al instante, forcé una sonrisa y sus ojos buscaron los míos de inmediato.
-Aome...- susurró tomando mi mano mientras se inclinaba un poco -¿Cómo te sientes?- seguía susurrando, supongo que no quería despertar a los demás.
-He estado mejor- respondí mi voz super ronca -¿Cómo estás tú?-
-¡Keh! No es nada- respondió con una leve sonrisa.
-¿Hija?- escuché a mi madre decir, me giré un poco para verla, tenía los ojos hinchados y rojos.
-Buenos días- dije sonriendo, los ojos de mi madre se aguaron plasmando besos en la palma de mi mano.
-Hija yo pensé que...- sus palabras fueron cortadas por un llanto ahogado arrugando un poco mi corazon, acaricié su rostro con la mano ignorando las vías que entraban por él.
-Sh...ya estoy bien- le dije aguantando las ganas tan inmensas que tenía de echarme a llorar ahí con ella -Inuyasha me salvó...ya estoy bien- las palabras salieron sin mi permiso pero era la verdad, si no hubiese sido por él estaría muerta.
-¡Aome!- gritaron las trillizas corriendo hasta mi cama, las tres abrazándome.
-¡Niñas cuidado!- exclamó mi madre.
-Al fin despertaste- dijo Sango con un poco de melancolía mientras caminaba hacia la cama sentandose en la esquina.
-Niñas vayan a avisarle a los abuelos- dijo mi madre haciendo que las tres chiquillas corriesen fuera de la habitación -Yo iré a llamar al doctor- me dio un beso más en la mano y salió de la habitación.
-Buena aventura ¿Ah?- dijo Sango tratando de ser bromista aunque en sus ojos pude ver el dolor que sentía.
-Oh si, deberíamos repetirlo- le dije sonriendo pero ya estaba llorando.
-Aome pensé que ibas a morir...- murmuró, su rostro completamente rojo. Con mi brazo izquierdo le indiqué que se acercara, ella lo hizo y se acurrucó en mi pecho sollozando como una bebita, Inuyasha nos veía.
-Sh, sh..- la consolé acariciando su cabello, luego de unos minutos volvió a levantarse y me miró moqueando y sonriendo, se paró y corrió al baño y se encerró allí por un rato, dejándonos a Inuyasha y a mi solos. La verdad yo no sabía que decir e Inuyasha simplemente miraba al suelo -¿Cuanto tiempo he estado inconsciente?- pregunté.
-Tres días- la verdad no pensé que sería tanto -No pude evitar que tus heridas se infectaran...estabas deshidratada...casi en el punto de hipotermia...- su mirada volvió a bajar al piso, podía ver el dolor en su ser.
-Inuyasha...- murmuré queriendo levantarme y abrazarlo.
-Yo...yo también temí perderte Aome...pensé que ibas a morir, cuando cerraste los ojos pensé que no escucharía tu voz de nuevo...- por primera vez desde que había despertado sentí un nudo en la garganta y mis ojos se aguaron, ignoré todo dolor y con la fuerza de dios sabe donde me senté, alcé su rostro para que me viera, sus ojos sorprendidos a verme levantada. Comencé a sentir las lagrimas rodando por mis mejillas mientras veía sus ojos dorados, quería besarlo pero a la vez no, sentía el impulso pero quería que mi primer beso con Inuyasha fuera en un lugar especial o por lo menos en otras condiciones, yo tenía los labios resecos y debía lucir terrible. Lentamente llevé su rostro a mi hombro encerrandolo en un abrazo.
-Gracias...- murmuré entre sollozos, él me devolvió el abrazo enterrando su cara en mi cuello.
-¡Aome!- escuché la voz de Ayumi de pronto en el cuarto, Inuyasha y yo nos separamos de inmediato, tal vez muy rápido ya que me mareé al regresar a mi posición anterior -Ups...- dijo sonrojada al igual que Inuyasha, yo simplemente sonreí llevando mi dedo índice a mi boca para que hiciera silencio aunque más que silencio esa era nuestra seña para guardar secretos, ella asintió.
-¡Mi pequeña!- exclamó Baba entrando al cuarto con los brazos abiertos, Inuyasha se levantó dándole paso a mi abuela que me abrazaba y acariciaba mi rostro.
-Bueno les daremos un tiempo familiar mientras nosotros vamos a tomar una ducha y regresamos- dijo Sango, no me había dado cuenta de cuando había salido del baño y ahora se encontraba al lado de Inuyasha. Yo asentí y los dos partieron, Inuyasha y yo intercambiando miradas antes de que partiera fuera de la habitación.
-Ese muchacho estuvo aquí todo el tiempo, hasta cuando lo estaban curando andaba frenético por estar contigo- Comentó Baba con una sonrisa, yo escuché atenta ya que me sorprendió.
-¡Es cierto Aome lo hubieras visto!- exclamó Eri sentándose en la esquina de mi cama.
-No se despegó de ti ni un segundo- completo Yuka.
Resulta que una hora después de haberme dormido lograron abrir un orificio en la superficie de donde estabamos, un equipo de rescate nos sacó y nos llevaron a mi e Inuyasha en un helicóptero al hospital ya que si no se apuraban estaba en riesgo de morir, al llegar al hospital lograron estabilizarme pero aun estaba en estado crítico, me tuvieron una noche en terapia intensiva y luego me subieron a donde me encontraban. Los papás de Sango habían llegado de viaje y me fueron a visitar, de ellos eran las margaritas, también fueron Kouga y sus hermanos y varios vecinos, llegué a aparecer en las noticias por lo que mi madre recibió bastantes llamadas preguntando por mi. Pero todo aquello era irrelevante al saber que Inuyasha estuvo siempre conmigo. Ya no sentía solo atracción o curiosidad por él, ahora había otro sentimiento pero no sabía que era...no podía explicarlo.
El resto del día recibí varias visitas, Inuyasha y Sango regresaron al rato acompañados de Shippo, Miroku y Kohaku. Eric apareció a mitad de tarde ya que había estado ocupado con gente trabajando en la casa y vaya que estaba preocupado por mi, llamaba a cada hora a mi mamá para saber si había pasado algo, aunque no fuera mi padre lo quería bastante.
El doctor indicó que había evolucionado perfectamente y que me darían de alta al día siguiente. Mi madre ofreció en quedarse pero las ojeras en sus ojos eran el reflejo de que no había logrado descansar en estos tres días, con la excusa de que no era bueno para el bebé le dije que se fuera a casa a dormir. Mis abuelos definitivamente no estaban en forma como para quedarse durmiendo en el sofá y mis hermanas eran aun muy pequeñas como para cuidarme dejando tan solo a mis amigos, claro independientemente si quedaba o no mi madre Inuyasha me haría compañía. Sango se fue con la excusa de que acompañaría a Miroku a dejar a su hermano en su casa pero yo estaba más que clara que su único cometido era dejarnos a Inuyasha y a mi solos.
-¿Qué tal si mañana vienen a mi casa y vemos películas?- sugirió Sango mientras recogía sus cosas.
-Me parece buena idea- dije sonriendo, ya no me sentía tan mal y me había acostumbrado a la incomodidad de las vías en mi brazo, por suerte me daban dósis de morfina para no sentir dolor lo cual sabía que iba a extrañar cuando saliera del hospital.
-Perfecto, Miroku y yo rentaremos algunas en el camino ¿Alguna petición especial?- preguntó despidiéndose, yo le sonreí -¿En serio, De nuevo?- con ese simple gesto ella sabía a lo que me refería, una de mis películas favoritas: The Help -De acuerdo pero es la última vez ¿Tu Inuyasha?-
-Miroku sabe- le respondió.
-De acuerdo entonces nos vemos mañana, descansen- Sango salió por la puerta guiñandome el ojo antes de que esta se cerrara, no pude evitar sonrojarme.
-No tienes fiebre- dijo Inuyasha tocando mi frente tomándome por sorpresa -¿Entonces por qué estás tan roja?- me preguntó con una sonrisa sentado en la silla a mi lado, al parecer había visto lo que hizo Sango. Estaba por responder con una de las mías pero salvada por la campana por la puerta apareció mi enfermera con mi cena. La señora pequeña y de apariencia latina entró colocando la bandeja con mi alimento en la mesa especial que se movía hasta mi regazo. Inuyasha arregló la cama para que quedara sentada.
-Te lo tienes que comer todo niña, mira que estás muy flacucha, no has comido sólido en cuatro días así que empieza, vuelvo en media hora- aunque sonara mandona, era bastante agradable. Su aclaración me sorprendió también, me habían estado alimentado por medio de las vías todo ese tiempo.
-Ya la oiste, a comer- dijo Inuyasha levantando la tapa que cubría mi nada apetitoso alimento. Una sopa de color grisaseo, arroz empelotado, pollo algo rosado, zanahorias en rodajas, de postre una gelatina de frambuesa y para tomar jugo de manzana. Ambos Inuyasha y yo teníamos cara de asco.
-No pienso comer eso- le dije en el punto del vomito, lo único apetitoso era la gelatina y el jugo, realmente prefería la comida por la vía.
-Vamos, no es tan malo- ni el mismo estaba convencido de lo que decía -Por lo menos pruébalo- sentí un revolcón en el estómago pero decidí aceptar. El se ofreció a alimentame y yo acepté luego de que insistiera unas cuantas veces sintiéndome como una bebé -Abre- me dijo tratando de hacerme comer la sopa primero, dudé por un momento pero luego acepté. El líquido caliente no sabía tan mal aunque era un poco desabrido -¿Qué tal?-
-Em, no tan mal- dije sin realmente saber como catalogarlo. El resto de la comida tenía el mismo sabor a diferencia de la gelatina y el jugo que estaban bastante bien -¿Tu no vas a comer?- pregunté una vez que había terminado.
-Nah, tomaré algún snack de la máquina, no tengo mucha hambre- dijo mientras movía la mesa en donde estaba mi comida a su lugar original.
-¿Seguro?- él asintió dirigiéndose a la puerta.
-¿Quieres algo?- preguntó antes de salir, quería quitarme el sabor mal sabor de la comida pero no sabía si podía comer algun dulce sin embargo mi estómago gruñía por algo delicioso.
-Skittles- le dije ignorando lo que podrían decir los médicos, él sonrió y salió de la habitación dejandome sóla por primera vez, el lugar era apacible, silencioso, solo el zumbido de la luz era audible. Al cabo de cinco minutos Inuyasha regresó con una barra de Snickers y mi bolsa de Skittles la cual colocó en mi regazo mientras él abría su comida. Intenté abrí la bolsa por mi misma pero se me hizo imposible -Un poco de ayuda aquí no vendría mal- le dije con la bolsa en las manos. El muy condendado en lugar de ayudarme comía lentamente saboreando de manera audible su chocolate logrando celos en mi -¡No hagas eso!- le dije haciéndolo reír.
-No dijiste las palabras mágicas- yo me le quedé mirando pero él parecía muy entretenido con toda la situación. En eso entró la enfermera y de inmediato lancé la bolsa de dulces a Inuyasha sin realmente apuntar dándole inevitablemente en la cara -¿Qué...?- pero antes de poder reclamarme vio a la enfermera recobrando la postura.
-¿Se lo comió todo?- preguntó a Inuyasha.
-Véalo usted misma- invitó con una sonrisa que si no me equivocaba había echo sonrojar a la enfermera, ella reviso la bandeja vacía y sonrió, viéndonos a los dos.
-Es muy bueno este muchacho que tienes aquí, no lo dejes ir- dijo ella paralizandonos a ambos, sin más salió de la habitación dejando un silencio incómodo en el aire.
-Ten- rompió el silencio dándome la bolsa roja dejándola en mi regazo, no había escuchado cuando la abrió.
-Gracias- le dije subiendo el rostro para verlo, tenía las mejillas rosadas -¿Quieres?- le pregunté sacando un caramelo de la bolsa.
-¿Por que no?- respondió volviendo a tranquilizarse aunque el sonrojo no se había ido por completo, él extendió su mano pero yo negué con la cabeza confundiéndolo.
-Si lo quieres tienes que ganartelo- subí una ceja haciendome entender, debía atrapar el caramelo en su boca -¿Listo?- pregunté y él se preparó -¡Primer intento!- exclamé lanzando la pequeña bola morada al aire que aterrizó en la nariz de Inuyasha rebotando en la cama, se hizo el loco y lo tomó con la mano para luego comerlo poniendo cara de inocente, yo me reí a carcajadas -¡Eso es trampa!-
-Nunca dijiste las reglas, a ver tu turno- tomó la bolsa de caramelos de mis manos y sacó una de las esferas esta vez de color roja -No es justo estas son mis favoritas- se quejó y sin más se lo llevó a la boca para despues sacar otro de color amarillo, que tramposo era -Ahi va- Inuyasha lanzo el proyectil al aire, ignorando cualquier incomodidad estire mi cuello y abrí mi boca comiendome la delicia sabor a piña.
-¿Problema novato?- Mis hermanas y yo siempre haciamos competencias de quien podía comer mas Skittles de aquella manera, yo siempre ganaba aunque una vez Ayumi me ganó pero solo por uno.
-¡Keh! te lo lancé directo para que no tuvieras que moverte mucho- dijo tomando otro Skittle rojo en su boca.
-¿Ah si? Pues lanza uno bien entonces, sin piedad, olvida que soy yo- él lo pensó por un momento pero cerró los ojos, tomó un dulce y lo lanzó al aire esta vez tuve que moverme más pero igual logré atraparlo, él abrió los ojos y yo le saqué la lengua con el Skittle rojo que no e había dado cuenta que me había lanzado.
-¡Hey!- exclamó acercándose a mi rostro quedando a tan solo centímetros de mis labios, quedé petrificada viendo sus ojos ante su súbito movimiento, al parecer él tambien estaba sorprendido. Lentamente guardé mi lengua en su lugar indicado sintiendo como la respiracion de Inuyasha entraba por mi boca, podía saborealo, era una mezcla entre frambueza y chocolate obra de los dulces. De pronto su mano acunó mi mejilla, cerré mis ojos entregándome a la agradable sensación de su piel contra la mía. Abrí mis ojos de nuevo, se había acercado mas, nuestros labios se rozaban, mi corazon comenzó a acelerarse y agrdecí a mis adentros que me hubiesen desconectado del monitor cardiaco, las mariposas comenzaron a vibrar por todo mi cuerpo, allí estaba tan cerca...
¡Ring!¡Ring!¡Ring!
Resonó en toda la habitación haciendo que nos separaramos de inmediato, frenético Inuyasha comenzó a buscar en los bolsillos de su bermudas azul por el celular maldiciendo en el proceso. Yo me mordí el labio recobrando la compostura, me sentía muy acalorada, tuve que respirar profundo varias veces para apaciguar mi corazón y mi respiración.
-¿Qué quieres?- contestó Inuyasha molesto lo que por alguna razón me causo gracia -¿De verdad me estás llamando para eso?- preguntó golpeandose la frente -¿Si realmente me importara estaría allá no crees?- una pequeña pausa y pude ver la cara de irritación de Inuyasha -Anota inútil- masculló -Jimeji Turner, a las ocho de la mañana estará allá con todo su equipo, ahora déjame en paz y no llames más a esta ahora al menos de que sea realmente importante- sin más trancó y guardó nuevamente el celular en el lugar anterior.
-¿Quién era?- le pregunté entretenida, lucía bastante molesto y...¿Frustrado?
-El asistente de mi hermano, Jaken, es la cosa más inútil y fastidiosa de este mundo- me respondió recostándose de la silla, obviamente el momento anterior no iba a repetirse, no en ese momento por lo menos.
-Eres un poco duro por lo que veo- traté de calmarlo de nuevo, podía ver una vena inchada en su frente.
-¡Pero es que son cosas tontas que realmente no necesitan preguntar!- me respondió levantándose para service un vaso de agua.
-Bueno ya pasó no tienes de qué molestarte, hablemos un poco- le dije comenzando como siempre o bueno la mayoria de las veces nuestras conversaciones -Cuéntame de tu hermano- él frució el ceño mientras tomaba agua.
-¿Qué quieres saber?- aquello era un buen comienzo, no hubo silencio antes de responder.
-Pues no sé qué crees tu que deba saber- le respondí recostándome.
-Si fuera por mi no tendrías que saber nada de él- una sonrisa torcida se dibujo en su rostro y yo le di un empujón -De acuerdo pues a ver...es mayor que yo, es bastante serio, está casado, tiene una hija llamada Rianon pero le decimos Rin, vive en California, nuestra relación no es muy buena que digamos pero es aceptable, por la diferencia de años somos muy distantes, él tiene cuarentairés- yo abrí mis ojos sorprendida, veinte años era una buena diferencia de edad, aunque si lo pensaba detalladamente esa era casi la diferencia entre mi nuevo hermano y yo.
-¿Tus padres esperaron bastante no?- no tenía moral para decirlo pero bueno.
-En realidad me pasó como a ti, solo que yo sería tu nuevo hermano- yo lo miré sin entender -Mi padre estuvo casado antes de mi madre y luego se divorció porque la mujer estaba un poco loca y pues mi padre ganó la custodia de Seshomaru, después conoció a mi madre me tuvieron a mi y luego murió...- lo último fue un susurro a penas y pude captarlo. Moví mi mano a la suya y la di un apretón el cual devolvió -Fue en un combate, estaba en Irak, él comandaba, iban a atacar a un edificio pero era un trampa, los malditos volaron el edificio... logró sacar a algunos pero el quedó atrapado en el incendio...- él miraba al suelo, podía ver que le costaba mucho contarme aquello -Yo sólo tenía quince años y pues...mi papá era mi mundo...- me le quedé mirando con el corazón en dos manos, sin darme cuenta estaba llorando. Quité mi mano de la suya tomándolo por sorpesa haciendo que me viera de nuevo, por alguna razón noté el miedo en sus ojos. Moví las cobijas que me abrigaban y me moví dejándo un espacio para que él entrara. En silencio asintió quitándose los zapatos escabllendose bajo las sábanas junto a mi, su cabeza reposaba sobre mi hombro mientras acariciaba su cabello con mi mano izquierda, el como un niño se acurrucó en mi cuerpo -Aome...-
-Si...- le respondí.
-Nada...- respondió haciéndome reír.
-Anda a dormir que ya es tarde- indiqué tranquilamente, aunque por dentro me moría por saber que iba a decir. Inuyasha estiró el brazo y apagó la luz que por suerte había un suiche al lado de la cama. A oscuras nos acurrucamos una vez mas bajo las frazadas, esta vez Inuyasha abrazó mi torso con sus brazos como si fuera un peluche -Inuyasha...-
-Si...- respondió él.
-Nada...- él rió, le di un beso en la frente deseando que fuese suficiente para darle a entender lo que quería decir...
Que estaba allí para él. Que confiaba en él. Que sin querer, me estaba empezando a enamorar, o eso pensaba yo que era lo que sentía. Si, eso era, eso que no supe explicar antes, AMOR. Aunque la mayoría de las personas piensen que amar sucede en cuestion de años, no en una semana, si es verdadero, si es puro y si está destinado a ser, entonces será. Yo la chica que nunca había tenido novio me encontraba pensando en lo que sentía acerca de un muchacho que a penas estaba conociendo, de una persona completamente desconocida para mi, pero que de alguna manera no era un extraño. Una semana me había tomado para prendarme de Inuyasha, algo que nunca habría logrado en mis diecinueve años.
Sin más que pensar, nos quedamos dormidos una vez más abrazándonos en silencio.
Hola hola! Cómo están? Sé que les tomó por sorpresa lo de el derrumbe pero bueno quería que pasara algo emocionante y CarolLly me dio la idea de que sucediera algo :) Las cosas están espezando a ponerse más interesantes entre Inuyasha y Aome y poco a poco el va diciendo cosas sobre él! Espero que lo hayan disfrutado! También quería decirles que soy un libro abierto en cuanto a concejos o algo que les gustaría que sucediera así que si se les ocurre algo siéntanse libres de decirlo! Gracias chicas por sus reviews, favorites y follows! Besos! V
