El ojiazul miró nuevamente a su lado derecho, encontrándose con la misma imagen de hace dos minutos. Suspirando se levantó de la cómoda cama y se encaminó al observado, sentándose frente a éste, aunque parecía no notar la presencia del Lord.

—Harry, se te saldrán los ojos —murmuró Tom aburrido.

El azabache levantó su cabeza y miró al hablante con tranquilidad, se podría decir que su mirada era soñadora. Una sonrisa se formó en sus labios y señaló la esfera que tenía entre sus piernas.

—¿Quieres intentar ver algo? —preguntó sonriendo. El pelinegro sólo pudo fruncir el ceño antes de negar con la cabeza— Vamos, sólo dale una oportunidad —insistió colocando la pequeña esfera negra en las piernas de Tom.

Harry se arrastró al lado de Tom y agarró las manos de éste con suavidad.

—Debes poner tus manos —empezó a murmurar colocando la manos de Tom arriba de la esfera—... así. Ahora concéntrate en algo que quieras ver y enfoca todos tus sentidos en ese pensamiento, si no funciona trata con algo más cercano a ti.

El pelinego miró al azabache por unos segundos, decidiendo en qué pensar, unos ojos verdes invadieron su mente y luego dirigió su mirada a los ojos de su acompañante, sonriendo con cariño. Estaban en el pasado según Harry, eso implica que Harry aún no nacía y, en ese momento, Tom sólo quería ver la vida de Harry, desde niño hasta el momento en el que desapareció de su época.

El azabache se colocó atrás de él, poniendo sus manos arriba de las muñecas, por no decir antebrazo, de Tom. El de ojos castaños sintió como Harry se recargaba en su hombro y, cuando miró atrás, sólo pudo ver la maraña de pelos revoltosos de su no-amigo, causándole gracia.

Harry era tan pequeño que no alcanzaba a ver completamente la esfera, así que decidió recargar su frente con el hombro de su confidente y cerrar los ojos para ayudar a que Tom vea lo que sea que quería ver.

Había leído eso en el libro que le regaló la gitana, si querías que alguien no-vidente viera algo en una esfera, el vidente -o aprendiz- debía permanecer lo más cerca de él.

Volteando nuevamente hacia la esfera, Tom se concentró en la vida de Harry y, justo cuando la idea empezaba a formarse en su mente, una sensación cálida recorrió su espalda hacia sus manos, exactamente las partes que Harry le tocaba.

Una espesa niebla se formó en la esfera sorprendiendo a Tom, él antes había querido usar la estúpida esfera para entender porqué Harry la veía con tanta fascinación, pero ninguna de las veces logró ver algo. Agradeciendo mentalmente a Harry por su ayuda, Tom vio como la niebla se dispersaba, dejando a la mira un pequeño bebé en su cuna, llorando, viendo a una persona frente a él que estaba parado al lado de una pelirroja muerta.

La persona, o criatura, porque lo único parecido a una persona que tenía el hombre parado frente al infante era la figura, estaba apuntando su varita hacia el pequeño ojiverde, la escena se alumbró con una luz verde, igual a los ojos del menor. Al apagarse la luz, la escena cambió radicalmente. Tom debía admitir que la varita del sujeto se parecía demasiado a la suya.

La siguiente visión fue de un pequeño niño azabache corriendo hacia un árbol siendo perseguido por un rubio más corpulento que el primero, tras el rubio se podían ver un niño más, éste sí estaba delgado. Tom abrió los ojos cuando el menor tropezó con sus grandes prendas y cayó al piso, siendo alcanzado por los dos niños y golpeado por ésos.

Esos niños eran peor que los de su orfanato, los chicos del orfanato sólo lo empujaban cuando pasaba por un pasillo, le metían el píe para que se cayera o soltaban comentarios hirientes, sin contar las veces que entraban a su habitación y rompían todo dentro de ésta, pero, por más cosas que le hubieran hecho, nunca lo habían golpeado directamente, y nunca lo habían intentado.

Cambiando de escena, esta vez el ojiverde de once años caminaba por unos pasillos de Hogwarts solo, bajo las miradas venenosas de los demás estudiantes. El niño subió su mirada rápidamente y miró hacia atrás, dejando que una sonrisa iluminara su rostro. Un chico pelirrojo y una chica castaña se acercaron a él corriendo, como si le fueran a contar un gran secreto, por la descripción que le había dado Harry sobre sus amigos pudo saber que el pelirrojo era Ron y la castaña Hermione, sus mejores amigos y los que más le apoyaban.

Cambió nuevamente de escena, una enorme copa se iluminó por unas llamas proveniente de ella. De las llamas salió un papel y, de un momento a otro, todos miraban al joven cuya vida estaba viendo, todo pasó con rapidez, prueba tras prueba, alumnos riéndose y muecas tristes del dueño de los hermosos ojos esmeraldas, hasta que llegó a un cementerio. Tom se acercó más para observar lo que pasaba.

Su Harry se encontraba atrapado en una estatua arriba de una tumba cuya lámina le pertenecía el nombre de Tom Riddle.

La cara del pelinegro palideció, no podía ser él, ¿o sí? No, claro que él no era, si fuera así la lámina tendría su segundo nombre, ¿sería la tumba de su padre? Recordaba haber pasado por un cementerio parecido a ése cuando fue a matarlo junto a sus abuelos. Debía ser eso.

Volviendo a la esfera, la criatura que había salido de no-sabía-donde mientras estaba ensimismado en sus pensamientos ahora se encontraba hablando con sus seguidores, quitándose la mascara uno por uno, hasta que se acercó al último. La copia de Abraxas estaba hincada frente a la criatura desnarizada y pálida.

Sin poder procesar tanta información, Tom se alejó de las manos y pecho de Harry, dejando de sentir la extraña calidez. La esfera volvió a la normalidad, como si nunca hubiera enseñado algo de tanta importancia.

—¿Tom? —preguntó Harry detrás de él, el nombrado asintió indicando que lo había oído— ¿Estás bien? —volvió a asentir— ¿Seguro? —esta vez no hizo ningún movimiento, mirando fijamente la esfera, ¿qué era lo que había pasado?— ¿Qué viste?

Tom parpadeó varias veces antes de pararse con la esfera entre sus manos y dejarla en una pequeña almohada que, según Harry, era especialmente para el objeto.

—Algo totalmente confuso —respondió en voz baja.

Su memoria lo llevó hacia el momento donde un hombre regordete sacaba un hueso de la tumba de su padre y lo lanzaba al enorme caldero. Conocía miles de cosas que se podrían hacer con los huesos de alguien, pero al ver a la criatura, o persona, saliendo de éste y sabiendo que, por obvias razones, era mágico, descartó muchas de estás. Solo había dos razones lógicas y se estaba inclinando por la que menos quería reconocer.

—Harry, ¿te podría hacer una pregunta? —el nombrado levantó la mirada dejando ver unas pequeñas ojeras bajo los hermosos faros verdes, pero rápidamente se levantó y se dirigió a Tom tocando sus mejillas con preocupación.

—¿Qué tienes? —preguntó mirando la cara del más alto— Estás pálido y...

Unos labios lo callaron de un momento a otro, dejándolo en un pequeño estado de shock.

Tom necesitaba tranquilidad, y sabía que sólo un acto tan intimo le traería esa tranquilidad, más cuando lo hacía con la persona que, sin mayor esfuerzo, lograba mantenerlo en todos sus sentidos y, a la vez, quitárselos con facilidad.

Después de lamer los labios rosados, éstos se abrieron dando acceso a la serpenteante lengua de Tom.

El más alto pasó sus brazos por la cintura del contrario y lo cargó, empezando a caminar hacia su cama.
Las dos lenguas jugueteaban la una con la otra mientras que los dueños se sentaban, Tom en la cama y Harry en sus piernas, dejándolas cada una al costado de la cadera del mayor.

Deseoso por sentir más contacto, Tom acercó las caderas de Harry hacia las suyas, dejando sin aire a los dos por el pequeño roce tan intimo.

Al separar sus labios con los del contrario pegó su frente con la otra, tratando de controlar su respiración.

—¿Cómo se llama el Señor Oscuro de tu tiempo? —preguntó con suavidad.

—Tom, no pu...

Juntó de nuevo sus labios con los del azabache, tratando de callar la respuesta que no era la que buscaba.

—Por favor... —susurró entre el beso, mientras movía suavemente las caderas de Harry para crear roces que los transportaban a otro lugar.

—Esto es trampa —se quejó cuando Tom empezó a bajar los besos a su cuello.

—Harry...

Sentir el aliento de Tom en su cuello ya húmedo por los besos que éste repartía hicieron que un escalofrío bajara por su columna en una corriente que le provocó un ligero placer.

—Lord Voldemort —susurró mientras Tom jalaba su camisa para descubrir su hombro y besarle suavemente—, así se hace llamar... ¡Tom!

Tom había mordido con fuerza el hombro de Harry, tratando de que todo pensamiento se alejara de su mente. Debía ser una coincidencia que tuviera ese nombre, las cosas cambiaban en lo largo del tiempo, alguien pudo adueñarse de ese nombre.

—¿Y cuál es su verdadero nombre? —preguntó mientras le quitaba la camiseta a Harry, dejando ver su delgada figura.

El pasivo soltó un quejido al sentir el aire frío chocar directamente con su pecho, pero rápidamente se transformó en un gemido cuando su compañero bajaba los besos por la nueva zona descubierta.

—Tom, no...

Nuevamente, tratando de callar la respuesta que, con seguridad, le iba a molestar, Tom mordió con suavidad una parte del pecho del menor.

—¡Tom! —gruñó el ojiverde molesto y, al mismo tiempo, herido— ¡No estés jugando conmigo!

El nombrado dejó de morder y miró fijamente los ojos verdes esmeralda.

—Yo nunca jugaría —murmuró acercándose nuevamente a los labios de su chico—, menos contigo —terminó dándole un beso.

Harry bajó sus manos y jugueteó con la parte baja de la camisa del mayor, para luego quitársela al terminar el beso.

—Dime su nombre, Harry —murmuró Tom acercándose a su oído—... por favor.

—Tom Morvolo Riddle —contestó suspirando placenteramente, pero, a la vez, cerrando los ojos con fuerza temiendo el comportamiento de Tom.

Aunque, para Tom, ésa fue la respuesta que necesitó oír para agarrar las piernas de Harry y acostarlo bruscamente bajo de él. Sus besos recorrieron toda la zonas posibles del delgado cuerpo, su cadera se movió, aún con pantalón, entre las piernas de Harry, provocando un roce que les arrancó un gemido a los dos. Necesitaba saber que Harry era suyo, porque él nunca lastimaría lo que era suyo, menos si ese algo es su pequeño león.

—Merlín —murmuró el azabache inconscientemente, era la primera vez que hacia algo como eso, nunca había pensado que sería algo tan placentero.

Después de varios roces y de terminar exhaustos, Tom se acostó a un lado de Harry y lo abrazó acercándolo más a él.

—Perdón.

Harry miró a Tom y le dio un pequeño beso en la mejilla.

—No te preocupes...

—Te hice la vida una mierda, ¿y tú dices que no me preocupes?

Una pequeña sonrisa llamó la atención del futuro Lord Oscuro.

—Todavía no lo haces —contestó guiñándole un ojo a Tom—, ahora, si me disculpas, estoy cansado —murmuró Harry acurrucándose en el pecho del mayor—, un maldito loco me hizo sentir algo completamente nuevo.

—¿Qué? Pero si es como masturba... —Tom miró fijamente a Harry, para luego sonreír con ternura— ¿Nunca habías hecho algo parecido esto?

—Bueno, toda mi vida había estado huyendo de un niño malcriado y de un maníaco que me querían matar —comentó encogiéndose de hombros—, ¿crees que he tenido tiempo para hacer algo de eso?

La sonrisa de Tom se ensanchó y dejó un beso en la nariz de Harry, sintiendo como un calor entraba recorriendo todo su cuerpo hasta instalarse en su pecho.

—Te quiero, pequeño.

—Te quiero, estúpido.

Cuando Tom reaccionó al insulto que Harry le dijo, lo miró de una forma escalofriante, pero Harry no pudo verlo.

Los ojos cerrados y la respiración tranquila del pequeño lo hicieron sentir lo que siempre se quiso sentir: Querido.

Al fin alguien confiaba en él para cualquier cosa, hasta para guardar algo de sentimientos y, por primera vez, no era por conveniencia.

Harry realmente le quería, como Tom a él.


Espero no haberles alborotado la hormona 7-7