Alohas, llego con el último cap yyyy... eso!

Disclaimer: Hetalia ni sus personajes no son míos, sino de Hidekaz Himaruya. Tampoco es mío Estados Unidos, sooo...

Advertencias: Narración a futuro. Se me acabaron las ideas, por lo que, nuevamente, hice un paisaje moderno.

Idea 10: Videncia


"No llores porque ya se terminó, sonríe porque sucedió" — Gabriel García Márquez

.

En los días, personas con problemas comunes y corrientes vienen a mi puerta y preguntan por variedad de cosas: "—¿Es usted la vidente?, ¿puede ayudarme a encontrar este objeto? Se me perdió en la mudanza. —", "—Me han dicho que usted es vidente, y mis amigas y yo queríamos saber cuándo y dónde encontraremos a nuestro verdadero amor. —", "—¡Señora, se me perdió Alcalá, mi perra, ¿podría usted ayudarme a encontrarla?! —". La videncia no es una ciencia exacta, como todos saben, por lo que es más decepcionante y trágico para aquellas personas que me visitan por las noches: "—Disculpe la hora, dijeron que usted es la vidente. Necesito encontrar a mi hijo, lleva desaparecido 4 años, y no sé qué es de él. —", "—Señora, a mis mellizos los raptaron al nacer, ¿podría ayudarnos en la búsqueda, ya que usted es vidente? Llevamos 20 años buscándolos. —". Otras veces, las visitas de noche no son más que alcohólicos y drogadictos, pero otras veces son fuerzas secretas que reclaman los conocimientos para atrapar ladrones y terroristas internacionales, saber cómo poder ganar una guerra y estrategias políticas. Pero mis fuerzas no son herramientas para ese tipo de cosas.
Mi videncia es para el viaje interior. Soy como una psicóloga, quienes ayudan a resolver los problemas de sus pacientes, y una psicoanalista, quienes resuelven los problemas de sus pacientes. Estoy encargada de que las personas rellenen sus lagunas mentales, aún cuando no estuvieron presentes en la escena de su problema inicial.

Las videntes no somos como se nos describe en libros y películas, tampoco somos brujas y utilizamos magia negra. Las videntes somos personas cuyo poder interior es elevado, ya sea chakra o diversos tipos de paz interior y exterior que existen en variedad de países. Por esto mismo, podemos ver más allá que nuestra propia vista, escuchar más alla que nuestro propio oído y sentir más allá que nuestros otros tres sentidos.
Es como ocupar más del 10% de nuestro cerebro, pero menos del 30%.

En fin, esta no es la historia original de la videncia, ni la historia de mis pacientes. No, esta es mi historia, y todo pasó en un simple día. O pasará, ese es mi problema: confusión temporal. Pero narraré mi historia en una mirada hacia el futuro, no sé si está pasando o ya pasó. O la suma de todo, o ninguna de las anteriores.

Se supone que ese día me levantaré temprano por una cita con la señora Clementine, la vecina que está sumida en estas cosas de adivinación y todo lo místico. La señora Clementine es la única quien, además de visitarme por ser vidente, me visita porque es mi amiga y me pregunta cosas de mi vida. Qué mejor que tu única amiga sea una anciana que está entrando en la demencia.

Me levantaré de mi cama, pero tendré los ojos cerrados mientras me rasco el estómago, sin moverme. Estoy casi segura que me dormiré estando parada. Pero no, seguiré caminando en ese trance hasta el baño, y me bañaré. El lujo de esa mañana será un baño de tina, por lo que me relajaré, hace falta mis propias preocupaciones. Luego me cepillaré el pelo y los dientes, y saldré de mi diminuto departamento, que está arriba de mi lugar de trabajo, y abajo de la casi empent-house/em de la señore Clementine. Mi perro diminuto, Chuto, de raza Pug, saldrá detrás de mí junto con mi gata, Chocolate, de raza Bosque de Noruega. No me gustan tanto los perros, pero mi Chuto es diferente. ¿Por qué su nombre? Porque al encontrarlo en la calle, me tropecé con él y la palabra que dije fue "chuta". Pero era hombre, así que le puse "Chuto".

En fin, tendré que estar unos 10 minutos tratando de que Chuto y Chocolate se quedaran dentro del departamento. Luego bajaré las escaleras y veré a mi vecina, la señora Clementine, sentada. Me estará esperando con un bolso verde musgo, un horrible abrigo y un sombrero rosa, riéndose y contando con los dedos alguna invención suya. Me sentaré en mi silla de paja, y la señora Clementine me extenderá su mano para que yo pueda acariciarla. Este método nos calma a ambas de las vibras que rondan el pequeño edificio de 3 pisos. Le preguntaré qué quiere que le vea, y ella me responderá: —Quiero saber cuánto tiempo me queda de vida. —

Será la pregunta más directa que me hará desde que nos conocimos. Me quedaré pasmada, con lágrimas en los ojos, y le negaré ver tal futuro. Pero me empieza a hablar de la nueva tecnología y como la antigua se queda obsoleta, y ella sigue teniendo los mismos vinilos. Qué más da, pensaré, y me concentraré por unos largos 30 minutos. Tras la calma que vendrá después de las silenciosas lágrimas, visualizaré a un doctor hablando con la señora Clementine, y le dirá que el cáncer es avanzado y no fue diagnosticado a tiempo, pero la señora Clementine habla de helados y chocolate. Le quedaré mirando, y ella me observa, tarareando una anticuada canción. —Tiene cáncer avanzado. —, le digo, y me dice que mis ojos son como nubes. Se despedirá y, adentrándose en la calle de 33°C con su abrigo feo y sombrero rosa, me dirá que disfrutará sus últimos momentos y que me consiga un novio.

Debido a la próxima muerte de mi única amiga, cerraré la tienda para largarme a llorar a mi departamento, con Chuto y Chocolate, quienes tratarán de arrancar de mis abrazos desconsolados y de mis mocos resbalosos. Pero luego me decidiré, le haré caso a la señora Clementine. Empacaré mis cosas y llenaré mi chatarra que hago llamar auto de maletas y bolsos. En el asiento delantero llevaré un pequeño bolso con lo indispensable, además de que en ese asiento irán Chuto y Chocolate con algunos de sus juguetes. Mientras me decidía y empacaba en mi mente, todavía estaría acostada. Después de que hiciera todas esas cosas a la velocidad de un tornado, le escribiría a la señora Clementine sobre mi partida hacia una nueva vida, con alguien a mi lado y habiendo encontrado la felicidad. Luego le escribiría todo lo que he sentido estos años al pasarlos junto a ella, desde las primeras cosas que me dijo "—Las pepas no son para automóviles, niña. Me llamo Clementine, pero para los asados soy Clementine. Volveré mañana para una sesión de videncia, y no dejes que tu gato se convierta en lavadora. —, hasta las últimas del mismo día "—Y, si bien me voy al cielo y te decides a escribirme, encuentra a tu amor verdadero y ven a verme y jugamos póquer. —"

Luego, correría por las escaleras, voltearía el involteable letrero de "Abierto" a "Cerrado" y partiría andando hacia algún lugar desconocido. Las abarrotadas calles de Nueva Orleans no me servirían mucho para estar despierta, por lo que no llegaría ni a salir de la ciudad cuando se hiciese de noche. Dormiría allí mismo, en el auto, y tendría la primera visión sobre mí. Estaría tan calmada que me sentiría volando, y el único sonido sería un reloj con su tic-tac que tendría en una maleta. Tras esto, la revelación vendría a mí. Vería que en vidas pasadas, en vidas futuras, en vidas de otras dimensiones siempre tuve al mismo hombre en mi vida, entonces, ¿por qué no buscarlo en esta? Según la visión, ahora estaría en algún lugar de Nuevo México, Texas o Arkansas. Y partiría rumbo allá.

Bueno, haciendo la historia corta, puesto que nadie quiere escuchar mi solitaria travesía en auto por las carreteras estatales en busca de tal hombre, escuchando radio mientras Chocolate maullaría y Chuto ladraría porque estaría cantando. Mi estancia en hoteles de mala calidad y la llamada que me harían al celular diciéndome que mi abuela (supondré, entonces, que sería la señora Clementine) acababa de fallecer en un club de jazz. En vez de llorar, reiría y les daría las gracias por el aviso. No querrían saber, tampoco, sobre... bueno, quería hacer la historia corta y ya les he explicado acerca de lo que no querían saber.

En fin, llegaría hasta Albuquerque, puesto que las visiones se repetirían cada vez que dormiría. En Albuquerque, cerca de Sandia Height, encontraría a mi supuesto amado en la piscina con 3 lindos niños y una joven embarazada esperando a otro. Sí, llámenme psicópata, pero encontré a mi amado, eso es un mérito. Pero él ya tenía una excelente y feliz vida, al parecer, así que me iría nuevamente a Nueva Orleans y diría: —Bueno, pasará en otra vida. —


Word Count: 1.440