Disclaimer: Los personajes de Fullmetal Alchemist no me pertenecen, son de su respectiva autora Hiromu Arakawa.


Por siempre Obsesión

Chapter 9: Un nuevo maestro

Después de haberlo dejado solo tanto tiempo, Edward empezaba a extrañar la constante vigilancia del moreno, por lo que para olvidarse de él prefirió acercarse más a sus amigos y disfrutar de su nueva vida aprendiendo y descubriendo cosas con ellos. La mayoría había aprendido teóricamente en qué consistía su poder, mientras que todas las tardes se la pasaban practicando para volverse fuertes y talentosos. Esas tres semanas luego del asesinato del joven que había intentado acabar con su maestro, transcurrieron vertiginosamente rápido, y Edward se hallaba un poco inquieto por su entorno. Sus amigos le habían dicho que se trataba de carroñeros que rondaban por la zona cerca de la inexpugnable mansión, y que muchos de los vampiros más poderosos estaban atentos y tomaban medidas de precaución por cualquier cosa que pudiese pasar.

Una tarde, descubrió el nombre "Homúnculos" de boca de Ling, quien había escuchado una privada conversación entre dos vampiros mayores.

—Son más que unos simples carroñeros —le había dicho.

Al parecer eran siete y llevaban cada uno el nombre de un pecado capital. Eran muy fuertes y organizados, bajo la supervisión y el mando de una vampiresa a la que llamaban "Dante".

Eran sádicos y despiadados, sólo respondían a la voz de mando cumpliendo sus órdenes, y estaban en contra de todo tipo de civilización, odiando a todos aquellos vampiros pertenecientes a aquelarres numerosos. Disfrutaban destrozando familias, tanto humanas como vampiras, secuestrar, violar y torturar a todos aquellos que se les cruzaban, nadie vivía para contar cómo eran; sin embargo una vez que los veías, sabías que se trataba de ellos.

Ese escalofriante relato puso a Edward con los pelos de punta. Ahora veía con más claridad por qué Mustang quería que entrenara y se volviera fuerte. Al parecer los locos no sólo pertenecían al mundo humano.

Días más tarde el rubio se dedicó a entrenar constantemente con sus amigos, pero pronto se encontró solo cuando cada uno de ellos fue llamado por su creador para intensificar sus técnicas de combate. Con una última mirada de disculpa, Ling salió del salón de entrenamiento dejándolo sumido en la oscuridad de la noche.

Edward suspiró audiblemente y se dirigió a su habitación. Estaba cansado de estar en esa situación con Mustang. ¿Tan difícil era que lo entrenara sin la necesidad de acosarlo todo el tiempo? Al parecer la respuesta era afirmativa, y el terco creador no iba a aparecer hasta que Edward se quedara completamente solo y se resignara de sus intentos por entrenar sin maestro.

El joven se dio cuenta que su historia pasada tendría que esperar. No quería volverse más inútil de lo que ya era y convertirse en una carga para sus amigos y compañeros. Tenía que aprender a defenderse solo por más que aún no se le haya despertado su poder especial, si es que lo tenía.

Después de esa noche en la que salió a cazar acompañado por vampiros mayores al ser acechados por el peligro de los carroñeros, se dirigió a la habitación de Mustang para pedirle entrenamiento, a costa de su nuevo y molesto acoso, pero no le importaba si con eso lograba volverse fuerte y temible. Se había prometido alguna vez salir de ese lugar para buscar a su hermano.

No lo encontró en su habitación, por lo que se dedicó a buscarlo vagando por todos los lugares que conocía. Lo encontró en una de las tantas bibliotecas leyendo lo que al parecer era una novela. En esa biblioteca se podía conversar, no estaba prohibido y no tenía como fin el estudio, sino el pasatiempo.

Estaba sentado en un cómodo sofá rodeado de lo que notaba eran otros creadores poderosos. Caminó sigilosamente esquivando gente para acercarse a él. Sus intenciones quedaron expuestas al ingresar al lugar, ya que apenas a unos metros de su objetivo, Edward escuchó claramente el susurro de Roy:

—¿Qué es lo que quieres ahora?

Con un pequeño sobresalto, el rubio separó el espacio entre ellos y se plantó frente a él para pedirle lo que hacía días le venía rondando por la cabeza:

—Necesito hablar un momento a solas si es posible…por favor.

"vamos progresando" pensó Mustang complacido al notar el ruego en la voz del pequeño. Se incorporó de un salto, asustando en el proceso al joven, y con una elegancia tan característica le hizo una seña con la mano para que lo siguiera.

"vamos de nuevo" suspiró para sus adentros el rubio.


Dos semanas después Edward yacía en el suelo del patio de entrenamiento totalmente agotado. ¿Quién demonios lo había mandado a entrenarse con Mustang? Si bien ahora no era constantemente acosado por él, sus entrenamientos eran muy duros y extenuantes.

—¿Eso es todo lo que tienes?

—Cállate.

—Probemos de nuevo.

Edward se levantó con dificultad y se preparó para atacar a su adversario.

Con un ágil movimiento de la mano de Mustang, el rubio se encontró nuevamente en el suelo áspero.

—¡Maldición! ¡Mierda, mierda, mierda!

—Eres un libro abierto.

Ese comentario llamó la atención del menor.

—¿Qué quieres decir?

—Por más que yo no supere la franja de cuatrocientos años de edad, soy lo suficientemente fuerte para leer tus emociones y pensamientos básicos —antes de que Edward le reclamara, prosiguió—: aunque no fuese tu creador, podría adivinarlos de igual manera. Maes que no es tan poderoso puede hacerlo también. Debes aprender a controlarte y mantenerte frío en los combates, de lo contrario es muy sencillo predecir cuál será tu próximo movimiento.

Edward asintió ligeramente la cabeza, expresando su entendimiento. Se dijo que debería calmarse, aunque fuese difícil por ser Roy quien lo entrenara.

Un resoplido de risa lo sacó de sus cavilaciones y lo hizo alzar una ceja interrogante.

—Libro abierto.

Edward se sonrojó al darse cuenta de que Mustang podía leer absolutamente todo lo que pensara, con un nivel de profundidad tal que seguramente desde que nació como vampiro su mente siempre estuvo expuesta ante él.

—Existe la privacidad, no siempre leo tus pensamientos.

La respuesta a su nueva pregunta no formulada, lo hizo cabrear.

—¡Cállate! ¡No vuelvas a hacer eso!

Aunque no logró cerrar su mente en el resto de la sesión, se sintió más tranquilo cuando Roy le dijo que poco a poco iba progresando.

—Terminamos por hoy.

Cansado a más no poder, Edward se encaminó con pasos lentos a su habitación para tomar una relajante ducha.

Cuando salió se dio cuenta de que había amanecido, por lo que se tiró a la cama para dormir. Pero no pudo hacerlo. El sueño nunca llegó. Sabía que eso algún día pasaría pero no estaba del todo preparado para enfrentarlo. Se obligó a permanecer en la cama, pero solo logró descansar, jamás volvió a conciliar el sueño como lo venía haciendo día tras día. ¿Qué haría ahora que podía estar despierto las veinticuatro horas del día? No quería que Mustang se enterara, no tenía ganas de entrenar constantemente, entonces, ¿Qué se suponía que tenía que hacer?

Se levantó para cambiarse y dar un paseo por la mansión. Quizá podía localizar a Ling, Russell o Shuichi y conversar un rato con ellos, pues sabía que desde hacía mucho tiempo que todos habían abandonado el hábito de dormir. Pero no los encontró y no se atrevió tampoco a visitar sus habitaciones, sus creadores podían enojarse si los molestaba. Prefirió caminar y explorar rincones ocultos de la inmensa y lujosa mansión mientras pensaba qué hacer con su nueva condición.

Encontró una especie de altillo, aparentemente abandonado, con olor a humedad y las paredes resquebrajadas. Lo recorrió por completo, las pequeñas ventanas estaban cubiertas de mugre y algunos tablones de madera, por lo que casi ni se filtraba luz; pero no era necesaria ya que los vampiros tenían una excelente visión nocturna. Un extraño olor llamó su atención y se dirigió al rincón de donde provenía.

—¿Quién anda ahí? —preguntó una profunda y susurrante voz.

Edward se sobresaltó de miedo, y se puso a la defensiva, escudriñando todo el lugar, tratando sin éxito de encontrar la fuente de esa voz.

—No tengas miedo pequeño, no voy a comerte.

A continuación se escuchó un golpe seco, y un vampiro con aspecto harapiento se paró frente a él.

—Acércate que quiero verte mejor.

Extrañamente, Edward se sentía bastante tranquilo y se aproximó unos pasos para observar con más detalle al señor que lo esperaba pacientemente.

Su rostro estaba muy arrugado, tenía cabello negro con mechones grisáceos, y una mirada oscura pero ausente. Su semblante era sereno, con aspecto inofensivo, pero si algo sabía Edward muy bien era que las apariencias engañaban. Con cierta desconfianza, le preguntó:

—¿Y usted quién es?

—Me llamo Marcoh, y al igual que tú, fui convertido por un vampiro poderoso, pero hace muchos años.

Edward sintió un escalofrío.

—¿Y por qué está en un lugar como este?

—Tú eres el primero de los vampiros jóvenes que me descubre. Hace tiempo que no recibo visitas. Aunque es normal porque muy pocos saben que vivo aquí. Ven conmigo, te lo contaré en un lugar más cómodo.

No sin cierto recelo, el rubio lo siguió cautamente por todo ese inmenso altillo, hasta llegar a una salita con unos silloncitos deshilachados y descoloridos, pero aparentemente sanos.

Antes de que pudiera preguntar, el hombre comenzó un pequeño relato.

—Yo era un humano común y corriente. Para ser más específico, era un profesor de química en una universidad en el este. Mi vida no era un lujo, pero no podía quejarme. Cuando falleció mi esposa por una enfermedad, tenía muchas deudas. Las deudas provenían de sus medicamentos y luego la internación en un hospital, hasta el velorio y el entierro. Por lo que tuve que hacer doble turno en la universidad, trabajando de noche y de día. De noche no sólo van estudiantes jóvenes que trabajan de día, sino que también asisten a clases los adultos. Así fue como conocí a mi creador. Un maldito bastardo si se me permite la expresión.

Edward rió por lo bajo, él también llamaba así —aunque ahora con menos frecuencia— a Mustang.

Un suspiro rememorado, y el relato continuó:

—Iba a clases de noche y con el tiempo nos hicimos buenos amigos. Un poco misterioso, pero una buena persona. Confiar en él fue un terrible error, ya que eso provocó mi posterior conversión a vampiro. Un día el me preguntó sobre un experimento químico que no viene al caso. La cuestión es que salió mal y perdí un porcentaje de mi visión, mi rostro se quemó y luego se arrugó, dejando este resultado. Ya en el hospital recuperándome y adaptándome a mi escasa visión me di cuenta de que mi carrera se había arruinado. En mi condición ya no podría volver a trabajar y no tampoco podría mantenerme. Estaba perdido. Mi creador llegó una noche, y sin previo aviso, me convirtió.

—¡¿Cómo? ¿Así de la nada?

—Así de la nada.

—¿Le dijo por qué? Me imagino que se habrá enojado.

—Oh si, claro que lo hice. Cuando le pregunté me dijo que yo era su único amigo, alguien en quién podía confiar, alguien ideal para tener a su lado toda la vida. Eventualmente, con mis emociones y mi mente humana, no lo acepté sino hasta mucho tiempo después, cuando fue demasiado tarde. En una caza colectiva, unos pocos años después de que aprendí a vivir en este mundo, me separé con mi maestro para atrapar a unas mujeres humanas que vagaban solas por la noche. Yo a pesar del tiempo transcurrido odiaba asesinar humanos, pero mi maestro decía que me acostumbraría. Nunca lo hice. La cuestión es que yo seguía siendo un químico, y mis conocimientos no se habían esfumado. Preparé una poción especial y se la arrojé en un descuido mientras jugaba con sus víctimas. Era lo suficientemente corrosiva para causarle daño y darme tiempo para deshacerme de él.

—¿Eso quiere decir que lo asesinó? ¡Eso está prohibido! ¿Cómo es que aún está usted vivo?

—Fácil, nadie pudo probar lo contrario, por más que la sospecha siempre hizo acto de presencia. Dije que me había separado y que nunca más lo volví a ver. Pasó el tiempo y cuando encontraron unos pequeños restos comprobaron que estaba bien muerto, pero yo para ese entonces me había ganado la simpatía de muchos vampiros poderosos. Me dejaron vivir a pesar de la eterna suspicacia, y yo me alejé de todos, haciendo de este altillo mi guarida, por más de cuatrocientos años.

—¡Eso significa que usted ahora es un hombre sabio y poderoso! —exclamó Edward con ilusión.

—Algo así, pero no tan fuerte físicamente. Salgo muy de vez en cuando a cazar, cerca del amanecer para no cruzarme con nadie, y me alimento de animales. Cuando no salgo, lo hago con ratas que se encuentran por aquí. Además, mi visión es escasa aunque haya sido transformado. Veo como un humano, como antes de aquel experimento fallido.

—Pero usted dijo que cuando asesinó a su maestro, aún era joven. ¿No le leyeron la mente para averiguar la verdad?

—Si, lo hicieron, pero no obtuvieron las respuestas que buscaban. Nací con el poder de bloquear mi mente de una manera rápida y eficaz. Este poder se vio aumentado con el paso del tiempo, junto con otros más que fueron apareciendo.

—¿Podría usted enseñarme a controlar mis emociones y cerrar mi mente?

—Claro que sí, no me vendría mal un poco de compañía. Los seres de larga existencia como nosotros, nos aburrimos fácilmente después de varios años de soledad.

Edward se incorporó y le tendió la mano a su nuevo —y secreto— maestro.

—Entonces vendré mañana durante el día para comenzar. Ahora debo irme, pronto anochecerá.

—Por supuesto, te estaré esperando.


El rubio tarareaba alegre una de sus canciones favoritas cuando abandonó el altillo. Ahora tenía un nuevo amigo y maestro, que ocultaría de todos los demás, para poder entrenar su mente y volverse poderoso. De noche aprendería a defender su cuerpo con Mustang, y de día aprendería a defender su mente con Marcoh.

Pronto se dio cuenta de que dobló por el pasillo equivocado y se internó en un sector de la mansión que no conocía. Faltaba poco para que el sol se ocultara totalmente y que comenzara su ahora rutina de entrenamiento con el moreno. Decidió explorar un poquito más antes de regresar a su habitación. Más tarde re arrepentiría de tal acto.

Se encontró en un amplio pasillo con varias habitaciones, de las cuales algunas no tenían puertas, sólo cortinas. Muchas mujeres y hombres con poca ropa rondaban por el lugar, ignorándolo. Se escuchaban gemidos y exclamaciones. Ese lugar parecía un prostíbulo. Y pronto descubrió que era más o menos así. "El lugar de diversión y placer de los vampiros" pensó Edward divertido ya dándose vuelta para regresar por donde había venido. Pero unos gemidos llamaron su atención así como un rostro familiar cuando pasó por una de las habitaciones. Curioso, asomó sigilosamente la cabeza para no ser descubierto. Habría jurado que había visto a Maes. Pero no era así. Los ojos de Edward se abrieron grandes por el shock.

No se trataba de Maes quien estaba con esa hermosa mujer.

Se trataba de Roy Mustang.


Aviso: A partir del siguiente capítulo el rating (clasificación) del fic va a pasar de T a M.

Muchas gracias a todos los que siguen esta historia, y a a todos aquellos que dejan reviews, me dan ánimo para continuar.

Nos vemos en el siguiente capi.

Saludos!