CAPÍTULO 10 - CAPERUCITA ROJA Y EL HIJO DEL MAFIOSO

Hola mis amigos .. para los que pensaron que las cosas se quedaban así ... pues ...... no las almas son energía y pueden ir y venir ...................


La ciudad de Nueva York era el centro del mundo. Edificios, coches, lujo, arte, música, ruido y sexo. La ciudad de la perdición.

Hoy era el día de Halloween y una fiesta a todo dar, se preparaba en el sótano de uno de los tantos edificios de esta ciudad. Y entre todos los invitados a este centro de perdición lleno de oscuridad estaba ella, una hermosa joven disfrazada de caperucita con una peluca color rosa.

La música estaba sonando a un volumen extasiable y los invitados no estaban mal. Ella era Sofía, una estudiante de una prestigiosa Universidad Norteamericana y amiga de la dueña de la fiesta. Su entrañable compañera de aventuras Annie. Una completa descontrolada rubia que enloquecía de amor a los jóvenes de la facultad y que sabía dejarlos siempre iniciados en cuestiones de amor, ya que decía estaba enamorada del mismisimo diablo.

- Annie, eres una loca, estás mostrando todo tu trasero ante ellos - y mostró a un grupo de estudiantes de cuarto semestre que se habían colado en la fiesta.

- Ja ja ja, no es cierto, es una malla y es porque estoy disfrazada de diabla o ¿Acaso cómo crees que iba a atraer a mi amor platónico? - riendo y abrazando a su amiga.

- Bueno, no deberías tomarte en serio esa relación algo extraña con alguien de tu imaginación querida compañera de cuarto porque me haces dar escalosfríos - sacándose la peluca un momento.

- No lo hagas , ya va a empezar la fiesta y que haríamos sin una caperucita rosada, jajaja, mira que pintarte esos mechones de las puntas de color rosa es lo peor que pudiste hacer, hubieras escogido azul o naranja, que mal gusto tienes amiga. Ese tono negro con rosa es algo llamativo. Gracias a que tenía esa peluca estas decente para la fiesta- acomodándole nuevamente la peluca.

- Bueno, está bien, acepto que no fue una muy buena idea tinturarme las puntas, pero pronto se quitarán - riendo sutilmente ante las invitaciones de unos chicos que conocían.

- Mira son los alumnos de noveno y te están mandando saludos - con risas dijo Annie - pero todos son muy malos en la cama.

- Annie, ¿Qué dices? No seas vulgar, no deberías ventilar tus aventuras pecaminosas.

_ Tu si que me diviertes mi querida Sofía, pues en estos momentos viendo a ese pedazo de bombón que está sobre la pista y que no te pierde de vista me gustaría hacer muchas cosas pecaminosas.

- ¿Quién? ¿Donde? - dijo Sofía.

- Mira, justo frente a ti.

Y entonces frente a ella estaba un hombre esquisito, cabellos rubios hasta los hombros, no le veía el color de los ojos por la oscuridad, pero seguro serían claros y con la camisa desabotonada dejaba ver un cuerpo muy atlético y llamativo.

- Dios - dijo Sofía mirando al piso - es muy guapo, pero es demasiado, no puede haber alguien así de perfecto.

- Ja ja ja , te lo dije, es todo un pedacito de caramelo y si no te lo pides yo le hago el favor - dijo Annie mientras sacaba a Sofía hasta la pista junto al muchacho.

Cómo si el destino los hubiese preparado para un encuentro las personas en su baile constante y como si hubiesen sido programados la enviaron hasta él.

- Hola - dijo el joven - me llamo Nicholas y tú - mientras le tomaba la mano y la besaba.

- Hola soy Sofía y me da gusto conocerte.

- No seas tímida, tu amiga no lo es y se me ha estado insinuando toda la noche, pero yo tengo solo ojos para una caperucita.

- Vaya, no sigas porque voy a pensar que eres un lobo al acecho y me puedo asustar - contesto sutilmente observando los cambios en su rostro.

- Ja ja ja, creéme de quererte cazar ya lo hubiese hecho y no estaríamos precisamente en este lugar.

Sofía se asustó un poco porque cuando dijo estas palabras en sus ojos pudo notar un destello brillante carmín que desapareció en un segundo y su intuición le pidió huir de ese lugar.

- Pues mucho gusto Nicholas- y se alejó - es un placer y un alivio que no quieras cazarme - caminando hacia el otro lado de la fiesta.

Mientras tanto el joven se habñia quedado mirándola de reojo y con uan sonrisa algo cínica en el rostro.

- Hola Sofía - dijo un amigo de la escuela - ¿con quien estás?

- No, estoy sola. Bueno estaba conociendo a ese muchacho - dijo señalando a Nicholas.

- Aléjate de él Sofía, él es el hijo de un mafioso muy famoso y malvado, con negocios en todos los sectores prohibidos de Nueva York. Prostitución, drogas, armas y alcohol. Tiene dos hijos, el mayor llamado Cristopher y el menor, que acabas de conocer Nicholas. Tinen mala fama con sus relaciones, algunas de las chicas que salieron con ellos nunca fueron vistas de nuevo.

- Eso es terrible Peter. Creo que mejor bailo contigo.

- Pues es una muy buena idea, pequeña.

Pequeña, pequeña , pequeña rebotó en su mente, mil veces escuchó esa palabra como si le recordara algo, pero la djó así y siguió en la fiesta.

- Sabes Peter, es muy tarde y Annie se quedará hasta muy tarde. La conozco, por lo tanto creo que me iré a dormir.

- ¿Quieres que te acompañe?

- No querido, vivo a cuatro pisos hasta arriba así que al menos que el fantasma del ascensor me asuste estaré bien. Un beso. Nos vemso en clase presumido, ya vi que le coqueteas a esa chica mientras bailas conmigo. Qeu pesado eres, agradezco no seas mi novio.

- Ja ja ja, si tu fueras mi novia no recurriría a estas chicas, pero como no me quieres pues que puedo hacer- y soltaron los dos uan carcajada.

- Buenas noches Peter disfruta la fiesta.

- Adios mi hermosa Sofía - y salió en forma galante hasta la rubia que lo miraba.

Hechó un vistazo, Annie bailaba en medio de la pista con un joven muy apuesto de cabellos negros, igual era su fiesta y el hijo del mafioso parece haberse evaporado para su suerte, así que a descansar, mañana tendría que dar clases. Si ella era brillante y era profesora a la vez que estudiante de la universidad. Asi que partió a su cuarto.

- !Hola! - le gritó un niño de cabellos negros desde el suelo - Hermanita no tengo sueño.

- Pequeño David, eres muy travieso, es tarde y tu en los pasillos.

- Pero Sofía, mi madre no está en casa y mi padre no ha vuelto desde hace un mes, así que tengo mucha hambre y no puedo dormir con este ruido.

Sofía apenada lo alzó hasta su pecho y lo abrazó - ¿Quieres dormir conmigo?, pero te advierto quito cobertores y babeo la almohada.

- Ja ja aj, dijo el niño, igual que mi padre, bueno, pero si me das algo de comer.

- Vale pequeño, te hago algo caliente y te arropo en mi cama, no creo que Annie llegue esta noche.

- Y tu, ¿no quieres bailar? - dijo él acomodándose a su pecho.

- Tuve suficiente por hoy, no me gusta ser caperucita con tanto lobo suelto, pequeñito.

- Yo le tendría más miedo a los demonios, ellos son más poderosos que un lobo.

- ¿Y por qué un demonio? Podrías haber dicho un robot o un marciano - pero el pequeño ya se había dormido en sus brazos - Vaya trabajo ser una hermana de mentiras pero con trabajos de verdad, afortunadamente sólo tiene seis años, de lo contrario no podría alzarlo.

Apretó el botón y subió al ascensor, afortunadamente sin fantasma, ni algo extraño.

Primero, segundo, tercero, cuarto piso y no fue necesario apretar el botón porque se abrio solo y allí afuera estaba Nicholas con los brazos cruzados y apoyado en la pared observándola con cuidado.

- Es curioso verte con un niño en brazos, ¿Es algo tuyo? - dijo mirándola de reojo.

- No, no, es un vecino, pero es como si fuera mi hermano pequeño. Sus padres no lo cuidan y yo lo protejo cuando lo necesita - y caminó hasta la puerta de su apartamento. Pero él atravesó su brazo y no dejó seguir.

- Sabes, se me ha despertado la curiosidad contigo, ¿Cómo te verías con un bebe en brazos?- le dijo con voz tenue que l apuso nerviosa.

- Como ahora - le dijo ella y le quitó del brazo - pero ahora ¿Qué haces en mi piso? Tu no eres vecino de este lugar - dijo enfrentándolo.

- Ja ja, pues ahora soy tu vecino, aunque más que eso, soy el dueño del edificio - y le acarició los cabellos al pequeño niño.

- Bueno, pues es un gusto.

- Para mi también, pronto nos mudaremos mis tres hermanos y yo a este edificio. Nos veremos luego.

- Adios.

Acomodó al niño en su cama y le cubrió con las cobijas porque hacía frío. Se fué a la cocina y cuando preparaba un café, se sintió observada y cerró las cortinas. Mañana sería un nuevo día.

La ciudad de Nueva York era el centro del mundo. Edificios, coches, lujo, arte, música, ruido y sexo. La ciudad de la perdición.

Hoy era el día de Halloween y una fiesta a todo dar, se preparaba en el sótano de uno de los tantos edificios de esta ciudad. Y entre todos los invitados a este centro de perdición lleno de oscuridad estaba ella, una hermosa joven disfrazada de caperucita con una peluca color rosa.

La música estaba sonando a un volumen extasiable y los invitados no estaban mal. Ella era Sofía, una estudiante de una prestigiosa Universidad Norteamericana y amiga de la dueña de la fiesta. Su entrañable compañera de aventuras Annie. Una completa descontrolada rubia que enloquecía de amor a los jóvenes de la facultad y que sabía dejarlos siempre iniciados en cuestiones de amor, ya que decía estaba enamorada del mismisimo diablo.

- Annie, eres una loca, estás mostrando todo tu trasero ante ellos - y mostró a un grupo de estudiantes de cuarto semestre que se habían colado en la fiesta.

- Ja ja ja, no es cierto, es una malla y es porque estoy disfrazada de diabla o ¿Acaso cómo crees que iba a atraer a mi amor platónico? - riendo y abrazando a su amiga.

- Bueno, no deberías tomarte en serio esa relación algo extraña con alguien de tu imaginación querida compañera de cuarto porque me haces dar escalosfríos - sacándose la peluca un momento.

- No lo hagas , ya va a empezar la fiesta y que haríamos sin una caperucita rosada, jajaja, mira que pintarte esos mechones de las puntas de color rosa es lo peor que pudiste hacer, hubieras escogido azul o naranja, que mal gusto tienes amiga. Ese tono negro con rosa es algo llamativo. Gracias a que tenía esa peluca estas decente para la fiesta- acomodándole nuevamente la peluca.

- Bueno, está bien, acepto que no fue una muy buena idea tinturarme las puntas, pero pronto se quitarán - riendo sutilmente ante las invitaciones de unos chicos que conocían.

- Mira son los alumnos de noveno y te están mandando saludos - con risas dijo Annie - pero todos son muy malos en la cama.

- Annie, ¿Qué dices? No seas vulgar, no deberías ventilar tus aventuras pecaminosas.
_ Tu si que me diviertes mi querida Sofía, pues en estos momentos viendo a ese pedazo de bombón que está sobre la pista y que no te pierde de vista me gustaría hacer muchas cosas pecaminosas.

- ¿Quién? ¿Donde? - dijo Sofía.

- Mira, justo frente a ti.

Y entonces frente a ella estaba un hombre esquisito, cabellos rubios hasta los hombros, no le veía el color de los ojos por la oscuridad, pero seguro serían claros y con la camisa desabotonada dejaba ver un cuerpo muy atlético y llamativo.

- Dios - dijo Sofía mirando al piso - es muy guapo, pero es demasiado, no puede haber alguien así de perfecto.

- Ja ja ja , te lo dije, es todo un pedacito de caramelo y si no te lo pides yo le hago el favor - dijo Annie mientras sacaba a Sofía hasta la pista junto al muchacho.

Cómo si el destino los hubiese preparado para un encuentro las personas en su baile constante y como si hubiesen sido programados la enviaron hasta él.

- Hola - dijo el joven - me llamo Nicholas y tú - mientras le tomaba la mano y la besaba.

- Hola soy Sofía y me da gusto conocerte.

- No seas tímida, tu amiga no lo es y se me ha estado insinuando toda la noche, pero yo tengo solo ojos para una caperucita.

- Vaya, no sigas porque voy a pensar que eres un lobo al acecho y me puedo asustar - contesto sutilmente observando los cambios en su rostro.

- Ja ja ja, creéme de quererte cazar ya lo hubiese hecho y no estaríamos precisamente en este lugar.

Sofía se asustó un poco porque cuando dijo estas palabras en sus ojos pudo notar un destello brillante carmín que desapareció en un segundo y su intuición le pidió huir de ese lugar.

- Pues mucho gusto Nicholas- y se alejó - es un placer y un alivio que no quieras cazarme - caminando hacia el otro lado de la fiesta.

Mientras tanto el joven se habñia quedado mirándola de reojo y con uan sonrisa algo cínica en el rostro.

- Hola Sofía - dijo un amigo de la escuela - ¿con quien estás?

- No, estoy sola. Bueno estaba conociendo a ese muchacho - dijo señalando a Nicholas.

- Aléjate de él Sofía, él es el hijo de un mafioso muy famoso y malvado, con negocios en todos los sectores prohibidos de Nueva York. Prostitución, drogas, armas y alcohol. Tiene dos hijos, el mayor llamado Cristopher y el menor, que acabas de conocer Nicholas. Tinen mala fama con sus relaciones, algunas de las chicas que salieron con ellos nunca fueron vistas de nuevo.

- Eso es terrible Peter. Creo que mejor bailo contigo.

- Pues es una muy buena idea, pequeña.

Pequeña, pequeña , pequeña rebotó en su mente, mil veces escuchó esa palabra como si le recordara algo, pero la djó así y siguió en la fiesta.

- Sabes Peter, es muy tarde y Annie se quedará hasta muy tarde. La conozco, por lo tanto creo que me iré a dormir.

- ¿Quieres que te acompañe?

- No querido, vivo a cuatro pisos hasta arriba así que al menos que el fantasma del ascensor me asuste estaré bien. Un beso. Nos vemso en clase presumido, ya vi que le coqueteas a esa chica mientras bailas conmigo. Qeu pesado eres, agradezco no seas mi novio.

- Ja ja ja, si tu fueras mi novia no recurriría a estas chicas, pero como no me quieres pues que puedo hacer- y soltaron los dos uan carcajada.

- Buenas noches Peter disfruta la fiesta.

- Adios mi hermosa Sofía - y salió en forma galante hasta la rubia que lo miraba.

Hechó un vistazo, Annie bailaba en medio de la pista con un joven muy apuesto de cabellos negros, igual era su fiesta y el hijo del mafioso parece haberse evaporado para su suerte, así que a descansar, mañana tendría que dar clases. Si ella era brillante y era profesora a la vez que estudiante de la universidad. Asi que partió a su cuarto.

- !Hola! - le gritó un niño de cabellos negros desde el suelo - Hermanita no tengo sueño.

- Pequeño David, eres muy travieso, es tarde y tu en los pasillos.

- Pero Sofía, mi madre no está en casa y mi padre no ha vuelto desde hace un mes, así que tengo mucha hambre y no puedo dormir con este ruido.

Sofía apenada lo alzó hasta su pecho y lo abrazó - ¿Quieres dormir conmigo?, pero te advierto quito cobertores y babeo la almohada.

- Ja ja aj, dijo el niño, igual que mi padre, bueno, pero si me das algo de comer.

- Vale pequeño, te hago algo caliente y te arropo en mi cama, no creo que Annie llegue esta noche.

- Y tu, ¿no quieres bailar? - dijo él acomodándose a su pecho.

- Tuve suficiente por hoy, no me gusta ser caperucita con tanto lobo suelto, pequeñito.

- Yo le tendría más miedo a los demonios, ellos son más poderosos que un lobo.

- ¿Y por qué un demonio? Podrías haber dicho un robot o un marciano - pero el pequeño ya se había dormido en sus brazos - Vaya trabajo ser una hermana de mentiras pero con trabajos de verdad, afortunadamente sólo tiene seis años, de lo contrario no podría alzarlo.

Apretó el botón y subió al ascensor, afortunadamente sin fantasma, ni algo extraño.

Primero, segundo, tercero, cuarto piso y no fue necesario apretar el botón porque se abrio solo y allí afuera estaba Nicholas con los brazos cruzados y apoyado en la pared observándola con cuidado.

- Es curioso verte con un niño en brazos, ¿Es algo tuyo? - dijo mirándola de reojo.

- No, no, es un vecino, pero es como si fuera mi hermano pequeño. Sus padres no lo cuidan y yo lo protejo cuando lo necesita - y caminó hasta la puerta de su apartamento. Pero él atravesó su brazo y no dejó seguir.

- Sabes, se me ha despertado la curiosidad contigo, ¿Cómo te verías con un bebe en brazos?- le dijo con voz tenue que l apuso nerviosa.

- Como ahora - le dijo ella y le quitó del brazo - pero ahora ¿Qué haces en mi piso? Tu no eres vecino de este lugar - dijo enfrentándolo.

- Ja ja, pues ahora soy tu vecino, aunque más que eso, soy el dueño del edificio - y le acarició los cabellos al pequeño niño.

- Bueno, pues es un gusto.

- Para mi también, pronto nos mudaremos mis tres hermanos y yo a este edificio. Nos veremos luego.

- Adios.

Acomodó al niño en su cama y le cubrió con las cobijas porque hacía frío. Se fué a la cocina y cuando preparaba un café, se sintió observada y cerró las cortinas. Mañana sería un nuevo día.