10. Entre el amor y el odio
3 horas después
Carol se revuelve en el colchón ¿Por qué es tan incómodo? Vale que por recomendación deberían cambiarlo cada diez años, pero aún le quedan cuatro años de vida y además, no recuerda que ayer fuese así de incómodo.
Abre los ojos para encontrarse con su nariz a escasos centímetros de una pared con un espantoso gotelé. Ese gotelé que tenía su abuela en casa y que le gustaba utilizar para rascarse la espalda imitando a un personaje de dibujos animados.
Se incorpora asustada, no está en su casa.
-¡Uoh! -se alarma Daryl al ver la violencia con la que se levanta -¿Estás bien? -pregunta frotando su espalda.
-Sí, sí... sólo desorientada -se tranquiliza Carol al recordar dónde está, con quién y por qué -¿Cuánto tiempo he dormido?
Daryl coge el viejo reloj de su mesita de noche. En su día era azul y tenía al ratón ese de dibujos animados dibujado en el centro. Ahora se ha caído el esmalte, luce plateado y el muñeco ha desaparecido.
-Unas... tres horas -le informa sin dejar de acariciar su espalda.
Carol se frota los ojos intentando eliminar los rastros del sueño. Escucha la música, las voces, las risas, la fiesta aún continúa, y ella ha dormido tres horas.
-¿Has estado aquí tumbado todo el tiempo? -pregunta ella, sintiéndose mal, como si lo tuviese secuestrado en su propia habitación.
-Sí -responde Daryl con timidez, sin saber cómo esconder lo que tiene entre sus manos.
Carol intenta desviar la mirada, hacer cómo que no ha visto nada, ya que él está avergonzado de ello, pero es inútil, sabe que lo ha visto.
-Yo... -comienza Daryl buscando una explicación a por qué está LEYENDO UN LIBRO SOBRE EMBARAZO que no fuera muy patética o cursi
-Ya lo sabía, Daryl, te vi en la biblioteca -confiesa ella para ahorrarle el mal rato, aunque no sabe si ha hecho bien -,y me parece realmente hermoso que te preocupes tanto, que quieras informarte sobre cómo está nuestra niña. Gracias -dice con una sincera sonrisa. Preciosa.
Daryl la mira analizando cada una de sus palabras. "Nuesta niña" suena casi mágico, y más viniendo de sus dulces labios.
-Puedes seguir durmiendo si quieres, aún quedan horas de fiesta -dice intentando cambiar de tema. Agradece que no se haya reído de él por su exagerado interés por el embarazo, pero no se siente cómodo hablando de ello.
Carol mira su reloj de muñeca, ese que le regalo Ed en su primer aniversario de bodas horas antes de darle una paliza por haber vestido como una puta en público.
-Debería irme al coche, Daryl, tú necesitas dormir y no podrás hacerlo conmigo aquí si tienes que estar vigilando y compartiendo esta pequeña cama -intenta irse, pero él la detiene agarrándola de la muñeca.
-No pienso dejarte salir por esa puerta -gruñe él sin soltarla. Suena casi a secuestro. Claro que la dejaría salir por la puerta cuando ella quisiera, pero ¿para dormir en el coche? Ni loco iba a dejarla hacer eso.
Carol mira hacia la puerta y luego lo mira a él.
-Tengo que ir al baño -murmura ella mirando la forma que tiene de acariciar el dorso de su mano con su pulgar, es tan dulce.
Daryl arquea una ceja intentando averiguar sus verdaderas intenciones. Le parece muy sospechoso que haya pasado de querer dormir en el coche a querer ir al baño en cuanto él se lo ha prohibido.
-No te miento, tengo que ir al baño -Repite mirándole con esos enormes ojos que no parecen reales. Esos malditos ojos...
-Está bien -acepta a regañadientes -pero como no vuelvas iré a buscarte al coche y te traeré a la fuerza -Avisa intentando mantener el rostro serio ante esa mirada de niña inocente que no sabe cómo interpretar.
Carol asiente y él finalmente suelta su muñeca para que pueda irse.
Nada más salir por la puerta el olor a humo le da una bofetada en la cara.
Se asegura de que nadie la vea, no quiere meterse en ningún lío, no quiere meter a Daryl en ningún lío.
Duda unos segundos si dirigirse al salón para ver que tal va todo, qué está pasando, pero se siente más feliz en la ignorancia.
El baño está como el de un bar de carretera que no ha sido limpiado desde que el local se inauguró cuarenta años atrás. Madre mía, la que habían liado en tres horas: Orines hasta en la bañera, papeles por todos lados, algún condón usado, restos de mierda por el interior del retrete, e incluso una jeringuilla usada luce orgullosa colocada en el lavabo como si de un inocente adorno se tratase. Y ya ni hablar del nauseabundo olor. Casi que sería más sano salir a la calle y orinar tras un coche como un perro.
Está tardando demasiado, esa hija de su madre le ha tomado el pelo con esa cara de niña buena que hace que se le acelere el corazón.
Pues que no se crea que iba de farol; piensa ir allí, abrir, sacarla del coche y cargarla sobre su hombro.
Se levanta de la cama refunfuñando un sinfín de maldiciones y abre la puerta.
-El baño está asqueroso, no vayas -le aconseja en cuanto lo ve salir por la puerta justo cuando ella estaba a punto de entrar -¿Pensabas que te había mentido? -pregunta ladeando la cabeza como un perrito. Adorable.
-Tardabas mucho -se defiende dejándola pasar.
Carol sonríe divertida y vuelve a la cama dejándolo atrás cerrando la puerta. Lo cierto es que pensó en irse al coche, pero sabía que cumpliría su palabra e iría a por ella, y no quería arriesgarse a que alguien lo viera y malinterpretase sus intenciones, así que volvió.
-¿Puedo? -pregunta cogiendo el libro que él estaba leyendo y que está abandonado sobre el colchón.
Daryl se encoje de hombros con timidez. Agradece que su libreta de apuntes no esté a la vista, ya se siente demasiado patético con que haya descubierto su secreto.
Abre el libro por el lugar donde un bolígrafo hace de marcapáginas.
"Dolores musculares durante el embarazo, cómo aliviarlos". Así se titula la página que estuvo leyendo mientras ella dormía.
Lo mira con sonrisa emocionada. Quizás era sólo casualidad, pero algo le dice que lo buscó tras masajear su espalda, para asegurarse de que lo había hecho bien.
-Eres maravilloso Daryl.
De nuevo esas palabras, la misma frase que le dijo la noche que su hija fue concebida, y no puede evitar sentir esa opresión en el pecho.
Al menos el lugar dónde la concibieron fue hermoso, aunque todo fuera mentira, pero el lugar fue hermoso, lo que él sintió fue hermoso, lo que ella le hizo fue asqueroso, pero lo que salió de aquello: Su niña, es lo más hermoso que le ha podido pasar.
Ella ya le ha dicho que no le utilizó, que de verdad pensaba que no podía tener hijos, pero las cosas no terminan de cuadrarle.
-¿Estás bien? -pregunta ella al verlo de pié, pensativo y en silencio tanto tiempo.
Él asiente acercándose a ella. No quiere decirle lo que de verdad está pasando por su mente, no quiere hablar sobre lo que piensa, lo que cree, lo que siente. No quiere alterarla, no quiere perder los papeles ahora que su hija puede oír. Prefiere callar, quizás más adelante puedan hablar, o quizás se lo guarde para siempre.
-Duerme un poco más, se te ve cansada -ordena quitándole el libro y dejándolo sobre la mesita.
-Tú también -dice ella al notar sus ojos rojos y profundas ojeras.
-Duerme -vuelve a ordenar tumbándola en la cama como hizo anteriormente.
Ella se deja hacer y se acomoda poniéndose de costado mirando hacia él cuando siente que se tumba a su lado.
Es atractivo, le gustaría que su hija se pareciera a él, seguro que de niño era un muñeco precioso, con ese cabello rubio y ojos azul profundo. Pero si Sophia se parecía mucho a él la gente podría hablar y descubrirse todo el pastel.
Se conforma con que saque su buen corazón, por lo que ha visto, sabe que debajo de esos prontos violentos se esconde un gran hombre, a pesar del entorno en el que vive. Es tan distinto de su hermano y padre.
-Gracias por hacer esto por mí -agradece ella con los ojos cerrados, pero sintiendo su presencia.
-No lo hago por ti, lo hago por nuestra hija. Una madre descansada es igual a un bebé sano -La corrige él sin poder ocultar su tono molesto. Sus pensamientos no se van.
Carol abre los ojos y frunce el ceño. Algo le pasa.
-¿De verdad estás bien? -pregunta apoyándote sobre un brazo para poder mirarle a los ojos.
-Ya te he dicho que sí, duérmete -murmura abriendo el libro por la página dónde lo dejo.
Ella obedece y vuelve a tumbarse, pero no puede evitar mirar por largos minutos su gesto hosco mientras lee ese libro. Sabe que le pasa algo, pero no quiere insistir, como ha pensado momentos antes, sabe los prontos que tiene, y no sabe cómo va a reaccionar. No lo conoce, está tumbada en la cama de un hombre que no conoce, pero que por alguna razón que se escapa a su entendimiento la hace sentir segura y protegida, quizás sea por eso mismo, porque sabe que en el fondo es un gran hombre.
Pasa la página del libro, enmarcado en el interior de un rectángulo y titulado con letras negras aparece un apartado titulado "Violencia doméstica".
Duda si leerlo o no. Es innecesario, su niña por suerte no tendrá que pasar por el mismo infierno que él, pero la curiosidad le puede, el saber cómo la violencia de su padre pudo afectarle a él... así que comienza a leer y se encuentra con frases que hacen que se le erice la pie.
"La violencia doméstica es la principal causa de muerte entre las embarazadas del primer mundo", "El padre puede tener celos del futuro bebé", "la violencia de género puede dar lugar a consecuencias negativas para la salud de la futura madre: nutrición deficiente, depresión, insomnio..." "Los efectos sobre el embarazo pueden incluir: aborto, parto prematuro, rotura del útero, bebé de bajo peso..."
Niega con la cabeza, a veces le sorprende haber llegado a los 28 años, y ahora que lee eso no puede evitar preguntarse cómo narices pudo siquiera nacer.
Mira hacia el vientre de ella, aunque le duela agradece no pasar las 24 horas del día a su lado... ¿Y si se volvía cómo su padre? ¿Y si en uno de sus arrebatos le hacía daño a su bebé? No quiere ni pensar en ello, no se lo perdonaría jamás. Gracias a Dios, está junto a Ed y no con él.
"Eres un hombre maravilloso" puf, se nota que no sabe nada de él.
Se maldice por haber traído esa frase a su recuerdo, ya casi se había olvidado de ello y ahora no puede evitar hacer memoria: La primera vez que lo hicieron tampoco usó preservativo, pero él terminó fuera. Quizás ella iba buscando tener sexo con un desconocido, y quedarse embarazada, pero el tiro le salió por la culata. Sí, eso era.
Quiere guardárselo para él, callar, morderse la lengua, dejarla dormir, pero algo que es superior a él le hace hablar.
-Me utilizaste -susurra. Sabe que no está dormida, su respiración la delata.
-¿Qué? -pregunta Carol sin saber si le está hablando a ella o leyendo en voz alta.
-Esa noche en el bar, pretendías quedarte embarazada pero no lo conseguiste -la increpa en un susurro, procurando no levantar la voz. Su niña puede oír.
-No... -responde arrastrando la vocal -Ya te he dicho que pensaba que no podía tener hijos. Sólo buscaba liberarme -se defiende sentándose en la cama, que mal le ha sonado esa frase, se siente como una cualquiera, alguien que rompió sus votos nupciales humillando al marido perfecto. Sí, seguramente eso es lo que parecería a ojos de los demás. Si la gente supiera el infierno por el que pasa día a día...
Mira a Daryl, la mira con la mandíbula apretada ¿Así que era eso lo que le pasaba?
-Dices que no, pero tus acciones te delatan ¿Qué persona con dos dedos de frente tiene sexo sin protección con un desconocido? ¡Podría haberte pegado alguna enfermedad! -Gruñe furioso, pero controlado. Se repite una y otra vez que su niña puede oír, y para su sorpresa parece está funcionando.
No puede creer que sea él el que le hable de sexo seguro cuando vive con hombres que pillan una gonorrea cada dos por tres. Ojalá que en una de estas pillen algo gordo y la palmen.
Y pensándolo detenidamente, ella también podría haberle pegado algo. Sí, él también fue un irresponsable, pero no tenía condones encimas y ella era/es tan hermosa...
-Yo... no sé, no pensé, no me di cuenta -intenta buscar las palabras ante un Daryl que la mira sin creerse lo que dice -Me desconcentraste, sólo me dejé llevar, nunca me había hecho eso... -responde con timidez sin creerse que se haya atrevido a decirlo en voz alta y esperando a que Daryl entienda a qué se refiere.
-¿Hacer qué? -pregunta él, para su vergüenza.
-Ya sabes -murmura frustrada, señalando hacia su entrepierna, sintiéndose enrojecer de vergüenza.
Oh... -susurra Daryl apartando la mirada, ahora se arrepiente de haber preguntado.
Sigue enfadado, pero su miembro piensa con otro cabeza y se remueve al pensar que él fue el primero y el único en saborearla. Su marido no sabe lo que se está perdiendo.
Sacude la cabeza intentando centrarse.
-¿Y el día de la barbacoa en el campo? -pregunta -Ahí si sabías que no estaba usando protección. Y me instaste a correrme dentro -vuelve a acusarla.
Maldice su mente por hacerle recordar esa noche y el placer que sintió.
Carol niega con la cabeza sin creerse lo que está oyendo. ¿En serio iba a repasar todos y cada uno de sus encuentros sexuales? menos mal que sólo han sido tres. Pero qué tres...
-Te recuerdo que yo no te busqué para tener sexo, fuiste tú -le devuelve señalándolo con un dedo acusador.
-Pero tú me dijiste que terminase dentro. - vuelve a atacar él sintiendo que está perdiendo el asalto. Ella tiene razón, fue él quién la convenció de hacerlo, fue él quien la besó, si él se hubiese estado quieto su niña no estaría aquí.
-Dios -gime con frustración Carol, y se vuelve a tumbar en la cama apretando un cojín contra su rostro. Huele a él.
Duda si responder al porqué de ese momento o no, pero sabe que va a seguir insistiendo y si su respuesta no le convence ya dará por hecho que le utilizó -Me pareció excitante la idea de sentirte venir ¿contento? Pero no sabía que quedaría embarazada -confiesa amortiguando las palabras contra el cojín.
Daryl agradece que ahora mismo no le esté mirando. Su miembro está erguido en su máximo esplendor ante su inesperada confesión. ¿Contento? pues no está seguro ¿Excitado? Tanto que podría abrir un agujero en sus holgados pantalones que de repente siente tan apretados.
Además -continúa ella para su desesperación -si sólo hubiese querido utilizarte para quedarme embarazada no habría pasado nada el día de mi cumpleaños ¿recuerdas? -dice con el cojín aún sobre su rostro.
Daryl ríe sarcástico.
-El día de tu cumpleaños no intenté metértela -vuelve a defenderse.
-Ya, pero yo pensé que íbamos a hacerlo contra la encimera, o algo por el estilo. No pensé que sólo ibas a... ¡Y no te habría detenido, listo! -Carol reza para que esa maldita conversación termine, a este paso no podrá respirar. Ya se imagina los titulares "Mujer se autoasfixia por vergüenza"
Daryl maldice que su pantalón sea gris. La mancha del líquido preseminal es más que visible. Sólo de imaginarla desnuda sobre el frío mármol de la encimera...
Casi que desea dar por terminada la conversación, desnudarla, darle placer durante horas y recordarle lo que él puede hacer y el idiota de Ed no.
-Y cuando te intenté besar hace dos meses ¿Por qué me rechazaste? -pregunta, intentando hacer que la sangre vuelva a su cabeza, su otra cabeza.
-Por prisas, tenía que preparar la comida para Ed, volvía en unas horas.
Daryl bufa.
-A otro perro con ese hueso. El día de tu cumpleaños sólo tenías que coger una tarta. El salón estaba lleno de gente, incluido tu marido y no me detuviste ¿Ahí no había prisas? -se sorprende de que su cerebro haya pensado con tanta rapidez.
-Tenía . que. preparar . la . comida -repite haciendo una pausa entre palabra y palabra para enfatizarlas.
No la cree.
Retira el cojín de su cara para encontrarse con un rostro enrojecido y algo sudado. Preciosa.
-Júrame por lo que más quieras, que ambos sabemos lo que es, que me rechazaste porque tenías que hacer la comida.
Carol lo mira mordiéndose el labio con ojos culpables.
-Estoy casada con Ed, Daryl, lo nuestro iba a ser sólo una aventura de una noche. La segunda vez no debió pasar, ni la tercera -dice en su lugar -Pero quiero intentar tener una amistad contigo, por Sophia.
Daryl da un suspiro exasperado.
-Me utilizaste -vuelve a repetir convencido.
-¿Qué? Te he...
-Duérmete -vuelve a ordenar, tanto a ella como a su maldita segunda cabeza, que por más que esté reclamando atención tendrá que aguantarse. Ya no habrá más sexo con ella, él cumplió su función, se siente como una de esas máquinas de tabaco "Su semen, gracias"
Carol cierra los ojos. Ese "duérmete" ha sonado unos tonos más altos que el resto de la conversación, la cual ha sido extraña, él ha estado tranquilo en todo momento, si no fuera por la temática y el desenlace se atrevería a decir que fue hasta agradable.
Ahora prefiera callar, en este momento, él es como un toro bravo que en cualquier momento podría embestirle, y no quiere tentar a la suerte...
No entiende porqué no la cree, ya no sabe cómo decirle que no quería utilizarle, por dios, jamás le haría eso. ¿Y si le confiesa el verdadero motivo de por qué lo rechazó? ¿Por qué no hacerlo? Pues porque en el fondo tiene razón, está casada, y si Ed se enterase... la mataría, primero a ella y luego a él. No puede permitirse una aventura, por muy espectacular que sea el sexo, ya tiene bastante con planear cómo hacer que él forme parte de la vida de su hija sin que Ed se entere.
Coge el libro, continúa con la lectura, la música sigue, y parece que no piensa parar hasta la mañana siguiente. Él tendrá que compartir cama con la mujer que le utilizó, y que ha estado a punto de convencerle de lo contrario. Estaba claro que es una mentirosa casi perfecta.
Casi...
Sigue dándole vueltas a qué coño hay entre ellos, qué puta relación tienen. Ella quiere tener una amistad, por Sophia, y él también, en eso está de acuerdo y pondrá de su parte para que se haga realidad, aunque sea complicado.
No entiende porqué cuando la mira la odia y a la vez no puede evitar suspirar como un idiota por lo hermosa que es.
Quiere gritarle pero se le rompe el alma cuando la ve sufrir.
Quiere besarla, hacerla suya una vez más, y por otro lado desea que desaparezca del mapa y lo deje a solas con su niña.
¿Qué coño está mal con él?
Se levanta de la cama y arropa a Carol antes de dirigirse a la cocina, necesita picar algo, él no ha cenado nada y las discusiones le dan hambre.
De nuevo tiene que pasar por el salón. Coge aire, aprieta los puños y acelera el paso.
Están todos drogados y borrachos. Ojalá la palme alguno, un paria menos.
El suelo está lleno de botellas, colillas, preservativos usados, fluidos olorosos y manchas multicolor que prefiere ignorar de dónde proceden.
Desea que estén tan colocados que no hayan podido diferenciar entre hombre y mujer y se hayan petado el culo unos a otros.
Merle está en el sofá, desnudo, con tres mujeres: una chupándosela otra a su izquierda y la última a su derecha a las cuales masturba y que a la vez están chupando el miembro de dos hombres cada una.
La de la derecha se encarga de Negan y Simon, que ríen y compiten sobre quien la tiene más grande y fuerzan a la chica contra su ingle, ella simplemente sonríe. La de la izquierda se encarga de Shane y... Ed Peletier. Puto cerdo infiel, no te la mereces, piensa. Al menos tiene la decencia de tener un preservativo puesto.
Entra en la cocina.
Will mira a Daryl con una sonrisa de triunfo mientras se folla a una joven contra la mesa del comedor. Alterna un agujero y otro sin descanso.
Viejo asqueroso.
El sonido de las carnes desnudas chocando hace que se le cierre el estómago y se le quite el hambre.
No quiere pasar más tiempo ahí, coge la primera cosa comestible que ve, un plátano, y se dispone a volver.
Mala elección.
-¡Hey, Dixon, si quieres un buen plátano para reventarte el culo yo te ofrezco el mío -ríe Negan haciendo alarde de su miembro hinchado y brillante por la saliva y fluidos de vete a saber quién.
Daryl le hace una peineta y sale de allí escuchando la maldita risa de aquel insufrible ser y del resto de idiotas que lo siguen.
Podría partirle la boca, pero no le apetece terminar a puñetazos con un grupo de hombres desnudos y borrachos.
Entra a su habitación, se respira paz. No... se respira a ella.
La mira, está acurrucada en posición fetal temblando ligeramente.
Ha refrescado, la ventana está abierta y él no estaba en la cama para compartir su calor.
Corre a cerrar la ventana y saca del armario una manta que le echa por encima.
Se sienta sobre la cama a comerse la fruta tranquilamente. Debió haber cogido un yogur, no puede mirar ese plátano sin pensar en las putas pollas de esos imbéciles.
Ed la tiene pequeña, piensa sin poder contener la sonrisa. Se siente orgulloso de saber que él ha llegado más profundo que ese gilipollas. Que le ha dado un placer a su mujer que él jamás le ha dado...
De nuevo pensando con la cabeza de abajo, céntrate.
Mira a Carol, su cuerpo ha dejado de temblar y duerme plácidamente mirando hacia él.
Se pregunta cómo una mujer tan hermosa puede haber acabado con Ed, y lo que es más extraño ¿Qué coño hacía Ed follando con una cualquiera cuando la tiene a ella?
Si él fuera su marido...
Sacude la cabeza, eso nunca pasaría, y él no quiere que pase, ¿oh sí? Joder, se supone que la odia, lo ha utilizado.
Se tumba a su lado, la cama es pequeña, están nariz contra nariz, y la tiene helada.
Le gusta sus pecas, entre eso y sus ojos grandes parecía una muñeca.
Quizás Sophia sea igual. Se la imagina mirándole con sus enormes ojos y sonriéndole arrugando una pequeña naricilla adornada por un sinfín de pecas.
Su niña...
Si él no la hubiese besado esa noche ella no estaría ahí ahora mismo, no se arrepiente, lo volvería hacer. Se da cuenta de que le da igual que lo haya utilizado, lo que más le duele es que lo niegue. Ella le deja verla, ser parte de su vida y eso es lo que realmente le importa.
Acaricia su vientre, cada día que pasa es un día menos que queda para verla, y espera no cagarla más, no volver a alejarse de ella y poder disfrutar todo lo que pueda de su pequeña.
Se pregunta si algún día lo sabrá, si algún día podrá escucharla llamarle papá. Quizás en su lecho de muerte, serían unas hermosas últimas palabras que oír antes de dejar esta puta vida para siempre.
Tiene que levantarse, si continúa tumbado se quedará dormido.
Besa la punta de su congelada nariz antes de levantarse, no sabe porqué lo ha hecho, ni siquiera lo ha pensado.
Recuerda la bebida energética que tiene en su mochila. Algún estudiante se la dejó sin abrir en la mesa de la biblioteca que él ocupó horas después y le parecía una pena desaprovecharla.
Decide cogerla, tiene un olor dulzón, como a medicina infantil, y sabe a rayos, pero tiene la esperanza de que lo mantenga despierto y le ahorre ir a la cocina a por un café. No quiere encontrárselos haciendo el trenecito.
Mira hacia la cama, Carol se queja en sueños, le parece adorable.
Su rostro apenas es visible entre tantas mantas y su cabello alborotado.
Se gira, frunce el ceño, frota sus ojos, vuelve a girarse y ocurre lo inevitable.
Primero escucha el "¡plof!" Luego el "auch" y no sabe si reír o preocuparse cuando la ve frotar su frente tras haberse golpeado contra la pared. Debería haber separado un poco la cama.
-¿Estás bien? -se decide por lo segundo y se acerca a ella con la bebida en la mano.
Carol asiente somnolienta y algo desconcertada. No entiende a ese hombre, pasa de estar gruñéndole enfadado a susurrarle preocupado.
-Déjame ver -dice apartando su mano para acariciar la zona afectada con el pulgar, está ligeramente enrojecida-No es nada ¿Quieres que te traiga hielo? -pregunta colocando la lata sobre su frente. No estaba en la nevera, pero el frío del aluminio puede que la aliviase un poco.
-No, estoy bien. Necesito ir al baño -dice casi avergonzada. Era una maldita meona.
Él asiente y destapa la cama para dejarla salir. No se sorprende, ha leído bastante sobre esto, es algo normal y la acompañará durante todo el embarazo e incluso meses después.
De nuevo en ese asqueroso baño que ya tenía el aspecto de una cloaca, sólo faltan las ratas.
Ya las tiene, están todas en el salón. Piensa.
Agradece tener aún poca barriga y así poder hacer las mismas contorsiones que en sus años de discotecas. La misión era no sentarse, y a poder ser no tocar nada y aún así orinar dentro de la tapa.
Seguro que esto le convalidaba primero de acrobacias en el Circo del Sol.
Abre el grifo para lavarse las manos. Suena un asqueroso clof clof clof antes de que el agua se decide a salir finalmente. Al principio marrón, luego un tono translúcido que para lavarse las manos está bien, pero como la bebiese quizás mutaba a otra especie.
Sale del baño.
-¿Qué coño haces aquí? -gruñe Ed, apenas inteligible.
-Tenía que ir al baño -Carol lo mira de arriba abajo, está bebido, drogado y... ¿desnudo? ¿Qué narices hace desnudo? Dios, hacía años que no estaba así, y la cicatriz de su espalda aún le duele en el recuerdo.
-¿Te gusta lo que ves? -sonríe al darse cuenta de lo que está mirando.
Carol agacha su cabeza dispuesta a emprender su camino hacia el coche, maldiciéndose por no poder volver con Daryl.
-Hey, hey, hey -la detiene -.¿No le das un beso a tu marido antes de irte? -pregunta sin dejarla responder. La besa sin cuidado, agarrando su rostro, apretando sus mejillas para obligarla a abrir la boca y así poder invadir su interior con su lengua haciendo que casi se atragante por ello. Ella no colabora, su lengua se mantiene abajo, aterrorizada por esa indeseada visita.
Sabe a alcohol, tabaco, y a otras sustancias que prefiere no saber. Huele a sudor rancio, perfume batato de mujer y sexo. Su olor típico, nada nuevo.
La aprieta contra él con fuerza, clavando las uñas en su trasero.
-Vamos -gime guiándola hacia otra habitación.
-¿A dónde? -pregunta asustada.
-¿A dónde crees? -dice bombeando su miembro erecto para hacerla entender.
Carol mira hacia atrás instantes antes de entrar en la habitación, sólo para ver a Daryl asomado a la puerta.
No llega a verlo bien, tampoco quiere. Sonríe suavemente haciéndole creer que todo está bien, que ella desea eso, al fin y al cabo, es su marido. No quiere que él se meta en ningún lío, no quiere que vaya a la cárcel de nuevo, no ahora que va a ser padre.
¿Cómo coño tiene la desfachatez de sonreírle? Sale de la habitación para ir a buscarla, preocupado porque tardaba y se la encuentra morreándose con su marido en pelotas, aunque más que besarla parecía que la iba a engullir, para luego meterse a follar en la habitación de su padre. ¿Qué cojones pretende?
Se tumba en la cama sintiendo sus ojos arder llenos de lágrimas. No entiende por qué. Él es su marido, es obvio que se acuesta con él, no debería estar afectado.
Hijo de puta con suerte, mientras él se debe conformar con el olor que ha dejado sobre su cama, Ed ahora mismo estará disfrutando de su cuerpo, de su hermoso cuerpo. De la suavidad de su piel, la calidez de su interior, de su rostro cuando llegue... y todo ello con su niña en su interior. Quiere vomitar.
-Traga -ordena sin aire Ed.
Carol alza la vista, está de rodillas frente a él y a punto de escupir.
Ed sonríe cuando ve el movimiento de su garganta.
Aguanta la arcada, no quiere vomitar, no quiere tener que comerse su propio vómito como la primera, segunda, tercera vez que le hizo una felación, seis años atrás.
-No me mires así, cuando dejes de estar preñada te follaré, por ahora confórmate con esto -exhala Ed, aún exhausto -Ve arrancando el coche, nos vamos.
Carol obedece y sale de esa habitación arrastrando los pies, sintiéndose sucia, con ganas de llegar a casa, frotar su cuerpo hasta librarse del olor de él y lavar su boca con lejía.
Entra al baño y escupe en el retrete toda la asquerosa corrida de su marido. Ni loca va a darle de comer eso a su hija.
Abre el grifo, y sorbe el agua, no le importa que esté marrón, no la va a tragar. Sorbe, escupe, sorbe escupe hasta que el asqueroso sabor se ha ido del último rincón de su boca.
Tragar sin tragar nada, una técnica que ha perfeccionado para casos como este. Y se siente estúpidamente orgullosa de ello.
En el fondo agradece que no quiera tener relaciones con ella. Le asquea sólo de pensarlo y le aterroriza que pueda perder a su niña por sus brutales embestidas.
Pasa por la puerta de la habitación de Daryl, acaricia la madera y las lágrimas acuden a sus ojos. Quiere despedirse, no, no quiere despedirse, quiere quedarse ahí con él, encerrarse en esa habitación y no volver a salir nunca, pero en su lugar se aleja, no quiere que Ed la vea allí, y no quiere que Daryl la vea así, con las lágrimas saltadas, el pelo enredado y la marca de una bofetada en su pálido rostro.
Daryl limpia las lágrimas de sus mejillas por enésima vez, no sabe por qué no puede parar de llorar. Está tumbado mirando al techo, y puede sentir cómo algunas lágrimas se desvían hasta sus orejas.
Escucha su jeep cherokee arrancar, se va.
Llora ruidosamente y agradece que la música aún suene y no puedan oírle.
Ni se ha molestado en despedirse.
La cama parece tan grande sin ella allí... aún huele a ella, incluso hay algún mechón de cabello pelirrojo sobre la almohada.
No sabe qué le pasa, sólo ha estado ahí unas horas, sabía que se iría. Golpea la mesita de noche con fuerza haciendo rebotar el plato del sandwich que ella se comió.
Está frustrado, no entiende el dolor en el pecho, joder, se supone que la odia, no debería afectarle, pero su mente no puede parar de reproducir ese maldito beso que Ed le dio, le duele a rabiar,quiere arrancarse los ojos, borrar su recuerdo, pero lo único que puede hacer es ahogar su llanto sobre la almohada.
Esa almohada que aún huele a ella.
Hola, de nuevo os pido que no me odiéis, XD. Esta es la segunda parte del capítulo anterior, que como ya os dijo era bastante largo y lo dividí.
Sé que a lo mejor os estoy haciendo un lío con los sentimientos de estos dos, y que me contradigo de un capítulo a otro, sobretodo con Daryl XD. Pero no, sencillamente Daryl tiene un cacao mental y sentimental que no sabe cómo aclarar, tiene muchos sentimientos contradictorios que no entiende, pero que poco a poco irá aclarando.
También debéis entender que la autoestima de Daryl es muy baja y a lo largo de su vida ha vivido tantas experiencias negativas que le parece más lógico creer que Carol le utilizó, que lo contrario.
Carol es más sencilla de entender pero también tiene lo suyo XD.
Su principal problema en la ecuación es Ed.
Ella no tiene familia, amigos ni ingresos, por lo que no tiene a dónde ir ni manera de subsistir. Depende económicamente de él.
Le gusta Daryl, está cómoda con él pero como ha dicho más de una vez, no lo conoce. Por lo que, por ahora, sólo lo ve como dos cosas: amigo o amante, y por su seguridad y la de Sophia prefiere elegir lo primero.
No suelo utilizar palabras vulgares a la hora de describir escenas sexuales, cuando lo hago es porque es Daryl el que las describe o Ed, Negan, etc, hablan.
Muchas gracias por vuestros comentarios de apoyo y valoraciones :)
