Capítulo revisado innúmeras veces, pero soy humana, así que, de antemano, disculpen cualquier error que se me haya escapado.


Disclaimer: La saga Crepúsculo pertenece a Stephenie Meyer, yo solamente me divierto con sus personajes, ya que me enamoré de ellos. Esta historia es una idea mía y ahora la comparto con ustedes.


Una estrella en nuestras vidas

Capítulo 10

POV EDWARD

Llegar a casa, tras el viaje a Forks, fue como pasar por una tormenta y finalmente poder sentirse a salvo nuevamente, Bella habló con la abuela Marie así que Amy se durmió tras el almuerzo, le contó todo lo sucedido y la abuela le dio buenos consejos, siempre tratando de que ella no se culpara por las actitudes de su madre, reflexionando sobre ellas, percibí, allí, al lado de mi chica, oyendo su charla con Marie, que ella además de abuela también era una especie de psicóloga, su manera de hablar con su nieta parecía una sesión de terapia, tal vez por tal motivo Bella no necesitó recurrir a un psicólogo real.

Después de nuestra vuelta a casa, mi chica, siempre tan llena de autoconfianza, estuvo por algunos días introspectiva, pero poquito a poco volvió a ser ella misma, las charlas frecuentes con la abuela Marie la ayudaron a manejar una decepción más con su madre y por Amy ella intentaba ser ella misma. Durante estos días, tras el viaje a Forks, percibí que Bella estaba casi viviendo con nosotros, pocos eran los momentos en que ella iba a su casa y cuando lo hacia Amy se pegaba a ella y la acompañaba, cierta noche, cuando mi novia se despedía para ir a dormir en su casa, Amy nos sorprendió:

— ¿Por qué Bella no se queda a dormir con nosotros, papá?

— Porque…— intenté formular una explicación.

— Dormimos juntos en el hotel y los novios duermen juntos — expuso como si nada.

— ¿De dónde sacaste esta idea? — La cuestioné.

— La tía Alice vivía con el tío Jasper cuando eran novios. Si Bella viviera aquí, podría acostarme todas las noches, despertarme, hacerme el desayuno y dormir a tu lado como hacen las parejas enamoradas — listó ella, su voz adquirió un tono soñador en la última parte de su lista, mi hija, a tan temprana edad, ya era una romántica empedernida, ¡Dios mío!

— Cariño, por ahora no puedo vivir aquí, tengo a mi casa, pero puedo estar aquí algunas noches, ¿qué te parece? — Le ofreció mi novia, como siempre manejando la situación con facilidad.

— ¡Genial! ¿Y puede empezar está noche? — Cuestionó ansiosa, Bella me miró rápidamente y simplemente asentí.

— Claro — le confirmó ella.

— ¡Yupi! Ven, vamos a tu casa a buscar tus cosas — dijo tomando la mano de Bella con la suya — ¿no vienes, papá? — Preguntó cuando ambas ya llegaban a la puerta.

— No había sido invitado — le dije y ella giró los ojos con dramaticidad.

Hacía tiempo que estaba tratando de encontrar una manera para que mi novia durmiera en mi casa algunas noches cuando Amy también estuviera allí, pero todavía me preocupaba como ella iba a reaccionar a más esta novedad en su vida, sin embargo, como siempre, mi niña nos sorprende, proponiendo ella misma la idea.

Recogimos algunas cosas para Bella en su casa y luego volvimos a la mía, tras mis chicas vistieren sus pijamas nos reunimos en la habitación de Amy para el cuento de la noche, ella empezó leyendo pero luego empezó a dormitar y pidió que Bella siguiera con la lectura, diez minutos después estaba totalmente dormida, la arropamos y besamos su frente y con una sonrisa dejamos su habitación.

— Presiento que Amy volverá a mencionar pronto lo de mamá — me confesó Bella cuando nos dirigíamos hacia mi habitación aquella noche —, a cada día me confiere más tareas de madre en su rutina.

— Sí, a cada día encuentra maneras de estar más cerca de ti — estuve de acuerdo.

— ¿Qué haremos cuando ella vuelva a mencionarlo? — Cuestionó.

— Decirle la verdad, ya hablamos sobre eso, nena ¿Quieres ser su madre verdad? — Pregunté sosteniendo su mirada.

— Tanto cuanto quiero ser tuya por siempre — contestó con seguridad acercando su cuerpo al mío.

Sonreí.

— Entonces debes contestarle con el deseo de tu corazón — dije rodeando mis brazos alrededor de su cintura, dejando mis manos descansar sobre sus caderas. — En cuanto a lo de ser mía por siempre, ya lo eres y yo soy tuyo, por siempre, Bella.

— Lo sé… — suspiró acercando sus labios a los míos —, qué tal celebrar esta primera noche "oficial" en tu casa — dijo en tono sugerente, rozando sus labios con los míos mientras sus manos encontraban la piel desnuda de mi espalda bajo el tejido de mi camisa. Ya habíamos tenido a muchas noches en mi casa, pero en todas ellas Amy estaba en casa de mis padres o de Alice y Jasper.

— Estoy totalmente de acuerdo con eso — le dije antes de atacar a sus labios. En algún momento de nuestro mutuo asalto, caímos en mi cama, nuestras ropas olvidadas sobre el suelo, nuestros cuerpos pegados, nuestras manos recurriendo cada trozo de piel del otro, nuestras bocas bebiendo de nuestras respiraciones y jadeos, cuando nos tornamos uno, nuestras miradas se encontraron mientras el ritmo de nuestros cuerpos nos llevaba a alcanzar la culminación del placer, la culminación del amor.

— Te amo… — jadeó Bella, su cuerpo estremeciéndose bajo el mío, hundí mi rostro en su cuello mientras mi propio cuerpo se rendía al placer.

— Te amo — jadeé respirando el olor de su piel, todavía sin retirarme de su cuerpo, levanté mi rostro y contemplé el suyo, estaba sonrojada, tenía los ojos nublados, la boca entreabierta, la respiración jadeante, podía sentir el latido de su corazón bajo mi pecho, latía descompasado, igual que el mío. Su mirada chocolate me miraba con dulzura, su mano se acercó mi rostro y la sostuve contra mi mejilla después de dejar un beso sobre su palma. Sonreímos, las palabras no tenían espacio en aquel momento, el silencio y la profundidad de una mirada hablan cuando las palabras ya no suficientes para expresar lo que viene del alma.

~x~

Tras nuestra vuelta del viaje me quedaba todavía una semana de vacaciones y un mes más para Amy y Bella, así que aprovechamos mi tiempo libre para visitar a George en el hostal, él parecía otro hombre, afeitado, el pelo caño bien peinado, ropas limpias y una mirada diferente, se veía feliz.

— ¡Qué gusto verlos! — Nos saludó con alegría. — ¿Qué tal las vacaciones?

— ¡Perfectas, George! Me gané una abuela — Se apresuró en contarle Amy.

— ¿Y cómo se gana una abuela, chiquitita mía?

— Es la abuela de Bella, será mi abuela cuando Bella y papá se casen — explicó así de simple, haciendo que mi novia y yo intercambiáramos una mirada, sonreí para Bella y le guiñé un ojo, porque un día eso sucedería.

— Ah, sí, por supuesto, así será, chiquitita, de eso no tengo dudas — le contestó nuestro anciano amigo.

Nos sentamos a charlar y a comer algo en la cafetería del hostal, George nos contó cómo iba su vida, él había finalizado en la semana anterior el entrenamiento de la ONG para las ventas de las revistas y desde aquella semana estaba saliendo a las calles y vendiéndolas, estaba muy animado porque a cada día lograba vender un poco más.

Nos despedimos de él con la promesa de vernos en el parque el próximo fin de semana y seguimos para la casa de Esme y Carlisle, íbamos a cenar con ellos. Tuvimos una noche agradable con mis padres, cuando Amy se distrajo en la sala viendo algo de caricaturas, mi madre le preguntó a Bella si todo estaba realmente bien, mi novia terminó por revelarle la mala relación que tenía con su madre.

— Siento mucho que hayas tenido a una madre tan egoísta, Bella, sé lo complejo que es convivir con una madre así, principalmente para la mente de un niño, sé que te duele que la persona que te debería llenar de amor, comprensión y apoyo jamás lo haya hecho, pero tú no has sido el motivo para que ella actuara así, espero que eso esté muy claro en tu mente y en tu corazón, ella simplemente es el tipo de persona incapaz de donarse a otra, no podemos dar cariño, amor cuando eso no hace parte de nosotros mismos — le dijo mi madre, todo el tiempo sosteniendo su mano, las palabras de mi Esme eran muy cercanas a lo que le había dicho la abuela Marie, y me sentí feliz de que ella encontrara apoyo en otra mujer además de su abuela.

— Lo sé, Esme, pero tener consciencia de esta realidad no me hace más fácil aceptarla.

— Lo comprendo, hija, pero los años te darán más templanza y madurez para lidiar con eso. Espero que sepas que puedes buscarme cuando necesites una charla madre e hija, no soy tu madre y sé que nos conocemos hace poco, pero aprendí a admirarte y a quererte muy rápidamente — le dijo sinceramente mi madre.

— Gracias, Esme.

— Ay, un momento padre e hija también — añadió mi padre, deteniéndose tras el respaldo del sofá donde ambas estaban sentadas, dejando su mano descansar con suavidad sobre el hombro de mi novia.

— Gracias, Carlisle — le sonrió y sabía que estaba algo emocionada, su alma era sensible y yo no sabría explicar cómo alguien con tanta sensibilidad como ella, logró sobrevivir a Renée, quizás éste fue el secreto, su sensibilidad para la vida, su empatía por las personas, fue quien la salvó de resentirse o hundirse.

~x~

Tuvimos un final de semana tranquilo, viendo películas en casa y saliendo al parque con Amy, el lunes volví al hospital y mis chicas se quedaron en casa haciendo planes para llenar los días de vacaciones que todavía les quedaban. El lunes por la noche tras llegar del hospital fue recibido con una deliciosa cena preparada a cuatro manos, a Amy le encantaba cocinar con Bella, cenamos, charlamos, nos reímos y luego Bella se despidió para ir a su casa, tenía que empezar a preparar sus clases y prefería hacerlo por la noche para dejar su tiempo libre para Amy durante el día, nos despedimos y yo la acompañé con la mirada hasta que estuvo segura en su casa.

El martes era mi día libre tras un turno de 12 horas en el hospital el lunes, así que dejé a Amy dormir un poquito más mientras nos preparaba el desayuno, cuando fui a despertarla percibí que mi niña estaba más dormilona de lo que solía ser, me dijo que se sentía rara y cuando puse mi mano sobre su frente estuve seguro de que tenía fiebre, me dijo que su garganta dolía, que su cabeza se sentía rara y sentía flojera en el cuerpo, le miré la garganta y el área presentaba un poco de inflamación.

— Vamos, estrellita, papá te ayudará a ir al baño y luego debes comer algo para que puedas tomar la medicina que te hará sentirte mejor — le dije, ayudándola a bajarse de su cama, por suerte era mi día libre y podría darle toda la atención que necesitaba, siempre me dolía tener que dejarla con mi madre o Alice cuando ella estaba enferma.

Mi novia adentró a mi casa justo cuando bajaba las escaleras cargando a Amy en brazos.

— ¿Qué pasa? — Cuestionó preocupada al ver el desánimo de mi niña.

— Creo que pilló una virosis, le duele la garganta y el cuerpo.

— Ohhh… corazón — dijo acariciando la espalda de mi niña.

— Bella… — se movió en mis brazos pidiendo ir para los de mi novia, quien la recibió abrazándola de manera acogedora.

— Voy a buscar su desayuno — le avisé a Bella, quien asintió, sentándose en mi sofá con Amy sobre su regazo, mi hija recostó la cabeza contra su pecho y se dejó mimar por ella.

Había preparado un poco de papilla de avena y jugo de naranja antes, así que llené un vaso con el jugo, en una bandeja llevé la comida hasta la sala, Amy enferma se volvía una mimosa de marcar mayor.

— Vamos, estrellita, hay que intentar comer algo para que luego pueda darte la medicina que te hará sentirte mejor.

— No quiero inyecciones — dijo ocultando su rostro contra el pecho de Bella, abrazándose a mi novia.

— Por ahora no hay necesidad de inyecciones, sólo unas gotitas que saben a cereza — le dije.

— Vamos, cariño, yo te ayudo a comer y luego papá te dará la medicina para que no te duela el cuerpo — la instó Bella con paciencia, Amy asintió, sentándose en el sofá al lado de Bella, dejé la bandeja sobre su regazo y ella llevó una porción de papilla a la boca, pero hizo una mueca cuando tragó.

— No quiero más, mi garganta duele — se quejó.

— Intenta beber algo del jugo, será más fácil de tragar — pidió Bella, acariciando su cabeza. Amy miró mal el vaso sobre la bandeja. — Una pajita, papá, por favor — me pidió mi novia, le rodé los ojos y fui a buscar la bendita pajita, Bella puso la pajita dentro del vaso y lo sostuvo para que Amy, quien se había acurrucado a su costado, bebiera el jugo, con mucha paciencia de parte de mi novia y varios minutos después mi hija se tomó todo el contenido del vaso, Bella incluso logró que ella tragara algunas cucharadas de la papilla; algunos minutos después de que su estómago ya estaba con algo de alimento, le di la medicina, ella se acostó en el sofá y Bella la arropó con una manta y encendí la tele para que viera sus caricaturas, media hora después estaba dormida.

— Creo que no te había dicho, pero Amy enferma es mucho más mimosa de lo que suele ser normalmente — comenté mientras adentrábamos en la cocina para que pudiéramos desayunar.

— Todos los niños lo son, es que sólo tienes experiencia con Amy — dijo mientras preparaba la cafetera. Me gusta consentirla.

— Me di cuenta. ¡Ay! ¿Qué fue eso? — Cuestioné tras ella pincharme en las costillas.

— Está enferma, es normal que necesite de más atención y mimos.

— Ella saca provecho de la situación para salirse con la suya, te lo digo por experiencia propia.

— Es sólo una niña enferma, por supuesto que lo hace, al menos ella tiene quien la complazca, todo niño desea recibir besos, comidas especiales, ser arropado, sentir la mano de alguien sobre su frente verificando su temperatura cuando está enfermo — dijo y por su tono supe que ella deseó lo mismo en su infancia y no lo obtuvo, yo mismo guardaba preciosos recuerdos de Esme y Carlisle cuando estaba enfermo.

— Oh, nena, lo siento — dije atrayéndola hacia mis brazos, ella descasó su cabeza sobre mi pecho.

— No me reproches por consentirla en momentos así — pidió —, porque le daré toda la atención y amor que deseé recibir en momentos así y no los tuve.

— Puedes consentirla, por supuesto, yo lo hago, aunque sé que estoy siendo manipulado en algunas de sus peticiones, pero al fin siempre la consiento si está enferma.

— Gracias — murmuró contra mi piel.

Tomé su rostro entre mis manos y la hice mirarme.

— Es nuestra niña, Bella, ella te regaló su corazón quizás antes que yo.

Ella sonrió.

— Creo que me enamoré de ella antes que de ti — confesó.

— Me lo imaginaba — sonreí, robándole un beso.

Desayunamos y después ayudé a Bella a preparar nuestro almuerzo y una sopa de legumbres, que ella licuó para que Amy no tuviera dificultad para tragársela. Amy se despertó casi dos horas después, estaba sudada porque la medicina hizo su trabajo y la fiebre había bajado, Bella la llevó a ducharse y a cambiar la ropa.

— ¿Me lees un cuento después de la ducha, Bella? — Pidió mi hija mientras ellas subían las escaleras.

— Por supuesto, corazón mío.

Mientras Bella se dedicaba a ayudar a Amy, le preparé un batido de fresa y plátano, a Amy le encantaba y tendría que comer aunque fuera en pequeñas cantidades.

Subí a la habitación de mi hija para encontrarla eligiendo un cuento dentro los muchos libros que tenía en su pequeña estantería.

— ¿Qué cuento estás buscando? — Le pregunté, se veía con un aspecto bien mejor de lo que tenía cuando se despertó.

— Adivina cuánto te quiero — contestó.

— Siéntate con Bella y bebe el batido de fresa y plátano que te preparé que te lo busco — ella me obedeció y se sentó al lado de mi novia que tenía la espalda recargada contra la pared y las piernas colgando fuera de la cama de Amy. Tardé algunos minutos en localizar el libro, era una historia corta y cuando era más pequeña a Amy le encantaba, narraba la historia de una liebre mamá o papá, el cuento no lo dejaba aclarado, y una liebre bebé que jugaban a adivinar cuánto se querían. Para cuando le entregué el libro Amy se había bebido casi todo el batido, gracias a Dios, un niño enfermo es preocupante siempre, pero si se niega a comer la cosa se complica.

— ¿Puedes leerlo, Bella? — Preguntó después de que dejé el libro sobre su regazo.

— Sí, cariño — le contestó dejando un beso sobre su sien, Amy se acurrucó a su costado y Bella descansó el libro sobre las piernas de las dos. Me senté en el suelo frente a ellas, Amy se veía ansiosa por la lectura.

Bella empezó a leer el cuento con una voz de narradora de película de Disney y cambiaba su tono cuando hablaba uno de los personajes, la liebre grande tenía una voz suave de mamá y la pequeña una voz dulce de bebé:

"Era la hora de dormir. La liebre pequeña colar de avellana se agarraba fuertemente a las orejas de la gran liebre color de avellana. Quería estar segura de que la liebre grande escuchaba.

Adivina cuánto te quiero — le dijo.

¡Uf!, no creo que pueda adivinarlo — contestó la liebre grande.

Así — dijo la liebre pequeña abriendo los brazos todo lo que podía.

La gran liebre color de avellana tenía los brazos aún más largos: — Pues yo te quiero así — le respondió.

¡Ummm…, cuánto! — Pensó la liebre pequeña.

Yo te quiero hasta aquí arriba — añadió la liebre pequeña.

Y yo te quiero hasta aquí arriba — contestó la liebre grande.

¡Qué alto! — ¡Ojalá yo tuviese brazos tan largos! — Pensó la liebre pequeña.

Y yo te quiero hasta la punta de tus pies — dijo la liebre grande color de avellana alzándola por encima de su cabeza.

Te quiero todo lo alto que pueda saltar — se reía la liebre pequeña dando brincos de arriba y abajo.

Pues yo te quiero todo lo alto que pueda saltar — sonrió la gran liebre. Y dio tal brinco que sus orejas rozaron las ramas de un árbol.

¡Qué salto! — Pensó la liebre pequeña. — ¡Cómo me gustaría saltar así!

Te quiero de aquí hasta el final de aquel camino, ¡hasta aquel río a lo lejos! — Gritó la pequeña liebre.

¡Yo te quiero más allá del río y de las lejanas colinas! — Dijo la libre grande.

¡Qué lejos! — Pensó la libre pequeña color de avellana. Tenía tanto sueño que no podía pensar más. Entonces miró por encima de los arbustos, hacia la enorme oscuridad de la noche. Nada podía estar más lejos que el cielo. — Te quiero de aquí a la LUNA — Dijo, y cerró los ojos.

Eso está muy lejos — dijo la liebre grande. — Eso está lejísimo.

La gran liebre color de avellana acostó a la liebre pequeña en una cama de hojas. Se quedó a su lado y le dio un beso de buenas noches. Luego se acercó aún más y le susurró con una sonrisa: — Yo te quiero de aquí a la luna…Y vuelta…"* — Finalizó Bella la lectura, Amy la miraba con cierta ansiedad que no supe comprender al principio, pero Bella lo hizo, ella aproximó su rostro del de Amy y rozó sus narices y sonriendo le dijo:

— Yo te quiero de aquí a la luna… Y vuelta… mi Amy.

— Yo también, muchas vueltas… Serás mi mamá un día ¿verdad? — Cuestionó ansiosa y luego me miró — ¿Lo será, papá? — Su mirada verde siempre dulce y traviesa se veía empañada y ansiosa.

— Ehhh, estrellita, Bella nos ama — dije poniéndome de rodilla ante las dos, apoyando mis brazos sobre su colchón —, ella estará con nosotros, seremos una familia — le afirmé.

— Amy, corazón — le llamó la atención Bella —, te quiero de aquí a la luna y vuelta — puso de manifiesto —, por supuesto que seré tu mamá, lo deseo tanto cuanto lo haces tú, estás aquí, mi niña — dijo llevando su mano hasta su corazón —, nadie jamás te quitará de aquí, te llevo a dentro, en el alma, ser tu mamá es el más bonito regalo que tú puedes regalarme — le explicó emocionada Bella.

— ¿Puedo decirte mami? — Preguntó entonces, su rostro era la viva imagen de la esperanza, su mirada dulce brillaba ilusionada ante la posibilidad de hacer realidad su sueño.

— Me harías muy feliz — le sonrió y Amy le devolvió la sonrisa más grande y más radiante.

— Mami…mi mami… mi mamá — suspiró abrazándose a Bella, quien la atrajo con fuerza contra su cuerpo, dejando besos en cada pedacito de la piel de su rostro.

— Mi niña… mi Amy… — Suspiraba entre besos Bella, yo las contemplaba con un nudo en mi garganta, era demasiada la emoción, a veces el amor nos hace eso, nos deja sin habla, porque no hay nada capaz de explicarlo o expresarlo, uno sólo necesita sentirlo y lo sabrá.

La mirada de Bella encontró la mía, un par de lágrimas bajaban por su rostro, pero el brillo de sus ojos y la sonrisa en sus labios decían que aquellas lágrimas eran las del tipo que siempre son bienvenidas, eran lágrimas de felicidad.

— Las amo — musité cuando finalmente logré decir algo, jamás esperaba que aquel momento sucediera de aquella manera, Bella quizás lo intuyó, cada pequeña actitud de mi niña hablaba de su deseo, ella hacía las cosas a su propio ritmo, siempre sorprendiéndonos, siempre compartiendo amor.

— Y nosotras a ti, ¿verdad, Amy?

— A la luna y vuelta — contestó mi pequeña.

— Anda papá, tus chicas desean estar entre tus brazos — me instó Bella, en un parpadeo las tuve entre mis brazos, a mis dos tesoros, cada una llenaba mi vida de manera muy especial y Bella no llegó simplemente a completarme como un hombre, ella, al regalar a Amy su amor maternal, nos brindó con una familia, no éramos y ni seríamos simplemente un papá, su hija y la madrastra, éramos nosotros, éramos y seríamos siempre una Familia, de eso no tenía duda, porque las estrellas oyeron el pedido de un ángel.

— Te amo, mami, te amo papi — dijo el ángel, mientras sonreía al recibir abrazos y besos de amor.


*N/A: El cuento infantil Adivina cuánto te quiero, es del autor Sam MacBratney y está recomendado para niños hasta los 5 años de edad. Hay vídeos de lectura de él en YouTube.


¡Hola! Espero que este capi les haya dejado con la misma sensación acogedora, de ternura y de amor que me dejó a mí mientras lo escribía. Tuvimos hermosos momentos de pareja y Amy por fin hizo realidad su sueño compartiendo un momento muy especial con Bella y Edward. ¡Estoy deseando leer sus impresiones!

¡Gracias por los alertas, favoritos y comentarios! Amo leerlas, muchas gracias a todas aquellas que se toman un ratito para escribirme y bienvenidas las que están llegando a leerme ahora :D

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Saludos llenos de cariño, ¡gracias por leerme! Nos encontramos el próximo jueves ;)