Disclaimer: Shingeki no Kyojin pertenece a Hajime Isayama.
ADVERTENCIA: Posible Levi OoC (Out of Character) y una Reader-chan extremadamente torpe y olvidadiza.
ADVERTENCIA #2: LONG-ASS CHAPTER COMING, o sea capítulo muy largo, tengan listas las palomitas y la gaseosa (?).
Ahora si, ¡DISFRUTEN!
Confesiones en la pista de baile:
Era martes por la tarde, Mikasa y tú habían decidido salir temprano del trabajo para poder comprar los vestidos y demás para el baile del viernes por la noche. Ella iría con Eren, por supuesto, te sorprendió descubrir que Armin ya tenía cita cuando te habías atrevido a invitarlo y éste rojo como la grana educadamente rechazó tu invitación, todos los demás simplemente ya tenían pareja o no irían al baile. Así que decidiste ir sola, no importaba de igual manera te sentarías en la misma mesa que Armin, Eren y Mikasa, y podías entrar con ellos.
Mikasa y tú habían entrado como a la sexta tienda de ropa femenina, y Mikasa se probaba por encima de la ropa un vestido rojo hermoso para que le dieras tu opinión acerca del vestido y si debía probárselo de verdad para poder comprarlo, pero no pudiste prestarle demasiada atención porque tus ojos se posaron en la tienda de al frente, era una tienda de ropa de bebés y cosas de bebés como cunas, coches, biberones y demás.
Mikasa se esforzaba por llamar tu atención pero no podía, ella chasqueó sus dedos frente a tu cara, hasta que miro en la dirección que tú mirabas.
Era el mismísimo Levi Ackerman, pagando casi 6 bolsas de cosas para bebés. La expresión de sorpresa entremezclada con horror en tu cara, no tenía precio en aquel momento. ¿Dos meses que no lo veías y de repente el universo había sido lo suficientemente despiadado como para presentártelo en una tienda de bebés? ¿acaso era la última broma cósmica? Mikasa frunció el ceño.
—¡(t/n)! —Gritó ella, sacándote del trance en el que te encontrabas.
—¿Qué? —La miraste.
—¿Por qué te quedas viendo a Levi de esa manera?
Tardaste como 10 segundos para responder, sin quitarle la mirada de encima al hombre de tus sueños.
—¿No te parece raro que esté comprando cosas de bebés? —Le dijiste, frunciendo el ceño, viéndolo sin perder detalle de todo lo que hacía.
—Oí que va a recibir un bebé en su familia. —dijo ella tranquilamente.
Y en el momento que la azabache termino la oración, mientras las palabras se calaban en tus huesos como un frío horroroso y terrible, la misma mujer que habías visto en el aeropuerto que había ido a buscar a Levi, estaba por entrar a la tienda en la que estaban ustedes dos. Tu corazón comenzó a latir fuertemente.
Ella… ¡estaba embarazada!, solo que aquella vez no habías notado esa barriga hinchada, parecía un maldito globo aerostático, pensaste.
Sentiste un sabor amargo en la boca, y unas ganas de vomitar horribles. ¡Te habías besado con el prometido de alguien más! Y no solo eso, ¡estabas enamorada de él! ¡Era por eso que te había rechazado en el viaje! Tu mente hizo click como si de un sistema perfecto de engranajes se tratase. Encajando todas las piezas.
Las arcadas eran 100% reales, y tuviste que estirar la mano para alcanzar una de las bolsas de las compras de Mikasa y sin más ni más:
Vomitaste dentro de la bolsa.
Desafortunadamente la mujer se acercó a ustedes rápidamente, Mikasa miraba con asco la bolsa y te miraba con algo de ¿furia? Estabas demasiado en shock como para poder descifrar esa mirada.
—Así supe que estaba embarazada. —Comento con una expresión tiernísima en el rostro, llevándose las manos al vientre con orgullo.
Oh no
Y otra vez, el desayuno subió raudo por tu garganta y fue expulsado en la bolsa de compras.
—¿Estás bien? ¿Quieres agua?
No pudiste articular lo suficiente, ya ella te estaba extendiendo la botella con agua.
—Mi nombre es Isabel Ackerman. Un placer. —Dijo, arrugando la nariz.
¡¿PERO QUÉ MIERDA?! ¿¡ES QUE ESTÁ CASADO CON LA MUJER?!
Estabas teniendo 1000 pensamientos por segundo, sin embargo no te movías. La mujer, ahora, Isabel, te miraba con curiosidad creciente mezclada con preocupación. Mikasa te puso una mano sobre el hombro, intentado, inefectivamente consolarte.
—Dame eso. —Dijo la azabache, quitándote la bolsa, con una expresión de asco infinito.
—E-estoy bien. —Tartamudeaste. —S-solo tengo demasiadas nauseas. Seguro algo me cayó mal.
Querías odiar a la mujer frente a ti, pero no podías, era muy tierna y dulce, además seguro ella no tenía ni idea de que su marido era un maldito mujeriego.
El hombre de tus pensamientos se hizo presente, estaba todo cargado con bolsas de color azul bebé. Si le sorprendió verte ahí, ni se inmuto, solo viste su manzana de adán subir y bajar.
—Ackerman, (t/a).
Dijo a modo de saludo. Mikasa le saludo de la misma manera agregándole un 'Señor'. Y tú solo pestañeaste un par de veces.
—Isabel deberíamos irnos ya. Y tú mocosa, te ves como la mierda. —Dijo, mirándote. —Ackerman. —Le dijo a Mikasa, con un tono que no supiste descifrar gracias al tornado que tenías en el estómago.
—Espera un segundo, ¿la conoces? Solo estaba asegurándome de que estuviera bien, ella acaba de vomitar todo su desayuno en aquella bolsa.
Levi enarco una ceja sin dejarte de mirar.
—¿Estás bien?
Tú quisiste golpearlo muchísimas veces hasta que quedara tan morado como un nabo. Le dirigiste la mirada más fría que pudiste adquirir.
—Estoy bien, Sr. Ackerman. Muy bien. Solo fue una mala digestión. —Y dejaste de mirarlo, para dirigir tu mirada hacia Isabel. —Gracias, Sra. Ackerman. —Le dijiste con un tono más frío del que pretendías, le devolviste la botella con agua, y agarrando las otras bolsas arrastraste a Mikasa fuera de la tienda.
—¿No es gracioso que me haya dicho señora? —Se río Isabel, golpeando a su hermano en la frente.
—No es gracioso, eres una señora, ahora. Pareces un maldito globo aerostático. Tch.
Isabel solo se carcajeo escandalosamente.
Leví no supo interpretar que era lo que había pasado y mucho menos, ¡todo lo que pasaba por tu mente! Así que se quedó esperando por su hermana en la tienda, tratando de ignorar como lo habías mirado.
Después de haber visitado otras miles de tiendas más en el centro comercial, por fin Mikasa se había decidido por un vestido color rojo y unos zapatos a juego, aunque se te habían quitado las ganas de ir a aquel baile, Mikasa te obligo a comprar un vestido hermoso amarillo mostaza con unos zapatos altos negros, ella se había comprometido a ir a tu casa para prepararse juntas el viernes por la tarde después de salir del trabajo.
De tu cabeza no salía la expresión de ternura que tenía Isabel, además era increíblemente hermosa. Ya sabías porque Levi la había elegido como esposa, lo tenía todo.
Y tú no tenías nada, o al menos eso pensabas. No parabas de darle vueltas a su expresión usual, ¡ni siquiera había reaccionado! Cuando te había visto ahí hablando con su esposa.
¡Qué estúpida habías sido todo este tiempo!
Sin darte cuenta las lágrimas comenzaron a bajar por tus mejillas, empapándote todo el rostro. Estabas enamorada de tu jefe, y a él no le importaba en lo más mínimo. Y cuando creíste que sí, solo había sido un momento de calentura, que ni siquiera pudieron terminar.
Él estaba sentado en el sofá negro de su living, tratando de leer algunos informes en su correo electrónico, pero no se concentraba. Se pasó la mano por la cara, por la frente y finalmente por el cabello, soltando una exhalación de frustración en su estado más puro.
Arrojo el teléfono a un lado y se masajeó las sienes, cerrando los ojos al mismo tiempo.
—Pareces un alma en pena. —Le dijo Isabel, al otro lado de la habitación, mirándolo como si fuera el único objeto de diversión en el mundo.
—¿Te parece gracioso mocosa?
—¿Te pasa algo? ¿Quieres tener una conversación hermano-hermana? —Comentó, un poco más seria. —Soy tu mejor hermana.
—Ni de broma. —Bufó, mirándola fríamente.
—¿Se supone que me tengo que asustar con esa mirada?
Y se acercó juguetonamente hacia Levi y comenzó a pellizcarle las mejillas y a hacerle muecas al mismo tiempo.
—¡Déjame! —Le gritó Levi, ahogando unas carcajadas. —Podrías dejar de ser idiota por un segundo.
—El segundo ya paso. —Y comenzó a picarle el estómago con sus dedos, arrancándole una que otra risotada al oji-gris.
Levi logró neutralizarla llevándole las manos hacia la espalda cuidadosamente de no lastimarle la panza, ella se reía escandalosamente.
—De no ser por mi sobrino, no tendría piedad contigo mocosa.
Ella respondió con una risotada aún más fuerte mientras Levi la liberaba de su agarre.
—¿Ahora si me vas a decir qué tienes?
—Esta maldita mocosa que trabaja allá. No deja de rondarme por la cabeza. Han pasado cinco meses y sigo igual.
—¡Lo sabía! ¡Sabía que era por una chica! —Gritó triunfante Isabel.
—¿Quién es? ¿La conozco? ¿Es bonita, inteligente? ¿Está buena?
Él entorno los ojos y la fulminó con la mirada.
—La conociste el otro día, en la tienda.
—¡La vomitona!
—No lo menciones.
—Si te gusta aún después de saber que vomita, creo que la cosa va en serio. —Comentó Isabel a modo de burla, refiriéndose al TOC de Levi con la limpieza y la higiene, Levi la fulminó con la mirada.
—Deberías, no sé, ¿invitarla al baile? Está buena, es bonita y debe ser inteligente si pertenece a tu empresa.
—¿Estás enferma del cerebro? Ella me odia.
—¿Por qué? —Dijo ella, ladeando la cabeza.
—Verás, me fui con ella por un viaje de trabajo, y compartimos más de lo que deberíamos.
—¡Follaron! Y luego la dejaste o algo así.
—¡No! no fue así. —Dijo él, haciendo un gesto con la mano como espantando la idea de su hermana. —Verás, nos estábamos besando bastante apasionadamente y ella simplemente soltó que era virgen.
Isabel abrió mucho los ojos y soltó una risita traviesa.
—Y yo me aterroricé. —Dijo susurrándolo, como si las solas palabras fuesen una maldición. —No podía hacerle eso, no en aquel momento. Además solo la bese porque creía que eran ganas de follármela y ya, pero no… fue algo más… intenso y cuando me dijo eso, simplemente deje de besarla y hui de la escena. ¡Cómo si fuese un maldito mocoso de mierda! Y luego si la traté como un imbécil total.
—¡ONI-CHAAN! ¡ESTÁS ENAMORADO!
Gritó Isabel escandalosamente, levantándose del sofá y haciendo un baile ridículo. Levi hizo una mueca de asco y negó con la cabeza.
—Nada de eso. No puedo amar a otra mujer.
Dijo él y anclo su mirada al suelo, Isabel dio zancadas hasta él, rodeándolo con los brazos.
—Hermanito, no puedes dejar que el pasado te atormente. Lo que paso con Rosé* no te volverá a pasar. Nunca, jamás.
Él solo la miro y negó nuevamente con la cabeza.
El viernes llegó rápido para tu infortunio, estabas bastante cansada ya que la semana había sido bastante difícil, además el pensamiento de que Levi estaba esperando un hijo te cayó como a una patada en el estómago, no habías dormido, ni comido bien. Solo lograbas concentrarte en el trabajo, cosa que hizo que Mikasa y tú avanzaran bastante con la anhelada finalización del proyecto estaban casi a punto de terminarlo y por ende estaban bastante orgullosas.
Al final de la jornada, Mikasa te acompaño hasta tu casa puesto que ambas iban a arreglarse juntas para asistir al baile, por supuesto que no estabas demasiado animada. Eren iría a buscarlas a las siete y media, así que tenían tiempo de sobra para estar listas.
Mikasa Ackerman no es de esas personas que demuestra demasiado al principio, de hecho tampoco es que mostrase mucho estando en confianza, pero verte así le preocupaba, así que ella se esforzaba por soltarte una carcajada o dos, ella no sabía qué te pasaba por la mente, pero desde el día que se habían ido de compras juntas ella no había conseguido sacarte una explicación del incidente en la tienda con los hermanos Ackerman. No habías traído el tema a colación tampoco y ella no quería presionarte.
Arribaron a las cuatro y media de la tarde, a tu casa. Lucías cansada así que Mikasa te sugirió que tomaras una siesta de una hora, que ella adelantaría los preparativos.
—No tengo sueño, pero intentaré dormitar. —Dijiste con una leve sonrisa.
Mikasa te respondió con un asentimiento leve de cabeza y se dirigió a la cocina para preparar un bocadillo.
Dormiste exactamente una hora, Mikasa había sido rauda y veloz con la tarea de 'adelantar' y ya estaba maquillada y tenía el cabello de punta en blanco, más lacio y azabache que nunca, pero no se había vestido aun y llevaba una bata de baño y pantuflas.
—Será mejor que comas para que puedas ir a ducharte. Debo arreglar ese desastre, —dijo ella, refiriéndose a tu cabello y soltando una risotada.
Tú la fulminaste con la mirada, pero le obedeciste.
Unos treinta minutos más tarde, con el estómago lleno y el cuerpo sin un rastro de aparentes microbios, Mikasa te estaba haciendo un peinado.
—Entonces no me vas a decir… —te dijo ella, clavándote el enésimo Bobby pin en el cabello.
—¿Decirte qué?
Ella resoplo, te puso las manos en los hombros y se posó frente a ti, mirándote a los ojos.
—Mira, sé que te pasa algo, desde el día que vimos a Levi en la tienda. No soy estúpida, (t/n). Estás rara desde ese día.
Te encogiste de hombros, desviando la mirada de sus ojos grises, tal y como los de Levi, hasta ahora nunca habías notado lo mucho que Mikasa se parecía a Levi, la misma piel blanca casi traslucida, el cabello negro como el azabache y esos ojos grises impenetrables, sin mencionar que compartían el mismo apellido. Frunciste el ceño.
—Nunca había notado lo mucho que te pareces a Levi.
Ella abrió la boca para decir algo pero luego la cerró, soltó una risita.
—¿Estás loca? —Dijo, pero no con un tono demasiado convincente.
Tú levantaste la ceja, y te cruzaste de brazos.
—Ese enano y yo no nos parecemos en nada. ¿tienes fiebre? —te dijo, llevando una de sus manos a tu frente. —Mira si no quieres hablar de lo que te pasa está bien. No te presionaré.
Ella finalmente no pronuncio ni una palabra más.
Estuvieron listas a las siete y veinte de la noche, Mikasa se veía simplemente despampanante con ese vestido que se ceñía a su figura perfectamente, como si el diseñador hubiese estado pensando en ella al momento de confeccionarlo. Llevaba el cabello liso con un par de adornos a juego con el color del vestido, y su maquillaje era perfecto.
Ella optó por hacerte un peinado semi recogido, te había ondulado el cabello y puesto un poco de laca para que durara toda la noche. El maquillaje consistía en base, contorno apropiado para tu tipo de rostro, sombra dorada para tus ojos, con un delineado egipcio, máscara para tus largas pestañas que enmarcaban perfectamente tus ojos, y la boca con un tono neutro para hacer resaltar tus ojos, el vestido era de escote tipo corazón, largo, amarillo mostaza casi ocre, descotado en la parte de atrás cosa que delineaba tu espalda de una manera exquisita, para finalizar en una cola que debías levantar un poco para no estropear el vestido, los zapatos eran sandalias de tacón altas y negras con pedrería, Mikasa se había esforzado en arreglarte desde las pestañas hasta las uñas de los pies.
Al final ella parecía orgullosa de su trabajo, y te miraba casi con idolatría.
—¡Estás muy hermosa! —Dijo, apretando los puños entrelazados en su pecho.
Tú te sonrojaste furiosamente, e hiciste una mueca.
—Gracias a ti Mikasa.
Ella sonrío ampliamente y su teléfono sonó con el tono de Eren, ella le respondió diciéndole que ya estaban listas y que bajarían al lobby en 2 minutos.
El baile de beneficencia anual de Ackerman & Asociados sería en el salón ceremonial de Firestone Bay, tenías entendido que era uno de esos grandes eventos a los que todo el mundo iba con sus mejores vestiduras, irían personas importantísimas en sociedad, algunas celebridades locales y hasta reporteros.
El corazón te latía enormemente cada vez que pensabas en que tendrías que ver a Levi.
Con su esposa y futuro hijo.
Pensaste, mirándote las manos, tratando de ahogar las ganas de llorar. Eren les había dicho que estaban increíblemente hermosas y cuando abrazó a Mikasa no pudiste ignorar el hecho de que te miraba, por encima del hombro de Mikasa, pestañeando un par de veces, parecía anonadado pero, cuando Mikasa le besó distraídamente dejó de mirarte y sus ojos volvieron a posarse sobre su hermosa novia. Él te abrazo amistosamente y te dio un beso en la mejilla.
De vez en cuando te miraba por el retrovisor, haciéndote preguntas y conversando del día de trabajo, tú le respondías pero dejabas que Mikasa se llevase toda su atención, te sentías como la tercera rueda innecesaria de una bicicleta, exhalaste aire, tratando de no pensar en Levi.
Tu corazón se saltó un latido cuando divisaste el salón ceremonial, había como un millón de personas fuera, flashes y luces por doquier. Había una alfombra negra extendida para entrar al teatro y una sección donde la persona que quisiese podía hacerse fotos al estilo Hollywood.
—Supongo que debo dejar el auto con un valet parking, así que aquí nos bajamos. —Dijo Eren, dejando la llave en el contacto, bajándose y rodeando rápidamente el auto para abrirle la puerta a su novia.
Te sorprendiste al ver que el valet parking abría la puerta de tu lado, él asomo la cabeza por la puerta y se sonrojó furiosamente cuando lo miraste a los ojos.
—S-señorita. —dijo, haciéndote una seña de manera educada de que abandonaras el auto.
Eren y Mikasa te esperaban pacientemente al otro lado tomados de la mano, para entrar al salón ceremonial juntos.
—Caminen adelante ustedes dos, tortolitos.
Ellos te sonrieron en respuesta y caminaron delante de ti. Cuando pusieron un pie en la alfombra negra, sentiste como miles de flashes te bombardeaban, tuviste que subir una de tus manos hasta tu rostro para poder vislumbrar el camino hacia la entrada principal, no entendías porque te fotografiaban.
—¡GATITAAAA!
La voz de Hanji era inconfundible aun en aquella multitud, ella llevaba un vestido purpura, se veía más femenina y hasta encantadora, pensaste. Le sonreíste cálidamente, olvidando por un momento que estabas siendo bombardeada por flashes.
—¡Estás muy hermosa gatita! Tan hermosa que estos idiotas creen que eres una celebridad. —dijo, soltando una carcajada sonora.
—¿eso creen? —abriste los ojos como platos, tratando de empujar a Hanji para llegar a la entrada.
—¡Eres como la segunda persona a la que bombardean con flashes! ¡Vamos, vamos!
Y ella te empujo abriéndose paso por la multitud que gritaban algo que no entendías, Eren y Mikasa te esperaban con cara de preocupación en la entrada principal del salón, pero se relajaron en sus posiciones cuando te vieron ser escoltada por Hanji.
—Niños, —los saludo ella con una gran sonrisa. —Es hora de hacer nuestra entrada triunfal.
Y dicho esto, todos entraron al gran salón, estaba espectacularmente adornado con grandes cintas doradas y plateadas, sus grandes columnas también rodeadas en forma de espiral con cintas de los mismos colores, todo era muy elegante. Te sentiste aliviada y agradecida con Mikasa por haberte arreglado para asistir a dicho evento, porque de lo contrario hubieses aparecido totalmente en desacorde a la ocasión. No recordabas jamás haber asistido a un evento igual a aquel.
La alfombra negra de la entrada continuaba largamente hasta las escaleras que tendrían que bajar para llegar a la sala principal del salón, finalizaba con las escaleras que daban entrada a la sala, que estaba completamente adornada con un centenar de mesas con 8 sillas por mesa.
—Este lugar es hermosísimo. —Le comentaste a Hanji a lo que ella asintió.
—Lo sé, lo eligió Levi.
El solo escuchar su nombre, hizo que tu estómago hiciera un movimiento de flip-flop. Por inercia te llevaste una mano a la boca del estómago y presionaste levemente para tratar de calmar tus nervios crecientes.
—¿en dónde están Eren y Mikasa?
—Oh ya bajaron, están en busca de su mesa. Baja por favor, yo tengo que esperar a Moblit aún.
Dijo y te empujo por la espalda levemente, tuviste que bajar las escaleras en modo tortuga, ya que los tacones eran bastante altos y no tenías a nadie que te ayudara a bajar, sentiste que el calor se acumulaba en tus mejillas cuando sentiste casi todos los pares de ojos sobre ti.
Trataste de mantener la compostura, irguiéndote en tu metro y cincuenta y algo, exhalando levemente por la boca y volviendo a tomar pequeños bocados de aire. Cuando bajaste el último escalón, y dirigiste a tu mirada al frente, ahí estaban ese par de ojos inconfundiblemente grises como dos muros de hielo. Tú querías quitarle la mirada de encima, pero no podías, él lucía un traje totalmente negro, desde los zapatos hasta su corbatín de lazo, cosa que contrastaba terriblemente bien con su color pálido de piel, y esos ojos grises, fieros, como si pudiesen consumirte en ese mismo instante con un fuego totalmente contrario a lo que te recordaban sus ojos de color gris hielo, a lo que emanaba su presencia. Un escalofrío te ascendió por la espina dorsal, haciéndote temblar levemente.
La magia desapareció para ti, cuando a su lado, visualizaste a la misma mujer de grandes ojos verdes, Isabel, ella llevaba un vestido plateado, se veía mayor de lo que recordabas, puesto que ya no estaba peinada con aquellas coletas infantiles, en su lugar tenía el corto pelo rojo suelto, le llegaba hasta la barbilla.
Parecía una bola disco, pensaste, sin querer. Su panza se notaba muchísimo más gracias al color del vestido. Ella pareció reconocerte y de manera muy entusiasmada agito los brazos y te hacía señas para que te acercaras.
Trágame tierra, trágame y escúpeme en Pekín.
Trataste de buscar con la mirada a algún conocido, a quien fuera para poder ir en su auxilio, pero fuiste salvada por Armin, quien acababa de hacer acto de presencia a tu lado.
—Madame, —dijo él, cálidamente al mismo tiempo que te besaba la mejilla amistosamente. —Eren me dijo que te ayudara a encontrar nuestra mesa, puesto que está muy ocupado bailando con Mikasa.
—Armin estás muy guapo. —le dijiste a tu amigo rubio, quién se había recogido el cabello en una cola baja, él sonrío ante el comentario y respondió:
—Está también usted muy hermosa, señorita (t/a).
Luego de intercambiar una leve conversación, llegaron a la mesa, en ella solo estaba sentada la chica rubia que recordabas, trabajaba con ustedes, Annie, recordaste su nombre rápidamente. Ella tenía un vestido negro, se veía bastante elegante y femenina también.
—Así que por ella fue que me rechazaste. —Le susurraste antes de llegar hasta Annie.
Armin solo respondió sonrojándose levemente y encogiéndose de hombros, sin saber qué decir.
—Solo juego contigo, es muy bonita. —le volviste a susurrar y saludaste a Annie. —Hola Annie.
—Hola, ¿eres (t/n)? ¿no? ¿la que trabaja en el proyecto del centro comercial?
Te sorprendió escuchar que te sacaba conversación ya que te parecía alguien inaccesible cuando la veías por los pasillos en la oficina. Y asentiste con una sonrisa.
Estabas completamente sola en la mesa, ya que Eren y Mikasa no habían vuelto desde que empezaron a bailar, Armin había invitado a bailar a Annie y también habían desaparecido en la pista de baile, habías visualizado a Hanji bailando con Erwin, incluso Jean el detestable cara de caballo como le decía Eren a sus espaldas, estaba bailando con una pelirroja, no habías vuelto a ver a Levi. Lo único que te había quedado era beber champaña y ya ibas por la quinta copa.
Casi te caes de culo cuando visualizaste a Levi caminar hasta tu mesa, tuviste que voltear a mirar a las otras mesas para comprobar que no era una equivocación o una alucinación de tu mente, él se paró frente a ti y extendió su mano.
—¿Bailamos mocosa? —Dijo él, con su tono usual.
Tú miraste su mano y luego le miraste el rostro, parecía imperturbable como siempre. Extendiste tu mano temblorosa hacia su mano, y de un leve tirón te puso de pie como si fueses una muñeca de trapo.
Se escabulleron en la pista de baile, y cuando él estuvo frente a ti a unos escasos centímetros, posando una de sus manos frías en tu espalda baja, quisiste desmayarte, apegándote a él de una manera tan delicada como si fueses una muñeca de cristal, él no había pronunciado palabra.
—Odio que utilices zapatos altos.
—Yo no tengo la culpa de que usted sea un enano.
El comentario abandono tus labios sin siquiera haber sido aprobado por tu cerebro antes.
—Tch. Eres más enana que yo. —Respondió, resentido, mientras el guiaba una de tus manos a uno de sus hombros y la otra la entrelazaba con tu mano.
No habías notado lo juntos que estaban sus cuerpos, y la molestia que habías sentido por él, parecía haberse desvanecido por completo. Hasta que en una de las vueltas que daban sus cuerpos, vislumbraste a Isabel, mirándolos. Te removiste incomoda en sus brazos, él pareció notarlo de inmediato.
—¿pasa algo, mocosa? —Dijo, enarcando una ceja.
Tú rehuiste de su mirada.
—¿Q-que v-va a pensar su esposa?
Pasaron 10 segundos en los que el silencio de hizo dueño, levantaste la mirada hacia Levi, él no mostraba expresión alguna, sin embargo soltó una risotada fuertemente.
—Tch, ¿esposa? ¿cuál esposa?
—¿Y lo va a negar Sr. Ackerman? ¿En mis narices y en las narices de ella? —Respondiste, molesta, motivada por la champaña, no podías creer que te tomara por estúpida.
—Yo no tengo esposa. —Volvió a decir tranquilamente, mientras te hacia girar sobre tu eje nuevamente.
—No trate de confundirme, Sr. Ackerman. ¿Qué hay de Isabel? —Dijiste, volviendo a apegarte a su pecho.
—Es mi hermana, idiota. —Dijo seriamente.
Y te cayó como un balde de agua, hiciste una mueca de sorpresa y anonadamiento. Te sentiste la más estúpida del universo, el sonrojo se hizo presente. Y anclaste tu mirada al suelo.
—L-lo s-siento Sr. Ackerman, y-yo, discúlpeme.
Él no te dijo nada, solo negó con la cabeza lentamente.
—¿Eso quiere decir que estabas celosa?
Negaste con la cabeza rápidamente. Llevando la mano que tenías en su hombro a tu rostro para tapar el evidente sonrojo, él sonrió, una sonrisa que no habías visto nunca.
—Eso quiere decir que respeto y tengo vergüenza. —Le dijiste, con la cabeza gacha.
La canción había acabado y lentamente dejaron de bailar, separándose. Levi te miraba con algo en los ojos que no sabías descifrar, descubriste que podías mirarlo directamente porque tu organismo estaba algo intoxicado con alcohol, y habías perdido un poco la timidez, él anclo su mirada a la tuya, lo viste apretar los puños, abrir la boca para decir algo y luego cerrarla. Soltar una exhalación, mostrándose frustrado, como cuando quería corregir un plano o leer un informe para el cual no tenía tiempo.
—¿Quiere decirme algo, Sr. Ackerman?
Dijiste con un tono suave, como aupándolo a que te dijera sin temor alguno. Él se llevó la mano a la nuca, se la froto repetidamente, incluso se despeino el cabello que lo llevaba peinado hacia atrás, haciendo caer unos mechones que delineaban su rostro como en los días de trabajo.
Tal vez estaba tratando de despedirte y no sabía cómo, te encorvaste un poco para relajar los hombros, esperando que dijera algo, pero él estaba como pegado al suelo, como si fuera un imán y el suelo de metal.
—Yo… necesito hablar contigo. —Te dijo por fin. —En un lugar más privado.
Sentenció finalmente y te hizo unas señas con las manos para que lo siguieras, tú asentiste y lo seguiste.
Caminaron lejos del bullicio y los montones de cámaras, él te guio hasta el ascensor del lugar y ambos subieron hasta la azotea del edificio, no te habías dado cuenta lo grande y alto que era aquel establecimiento, no era un rascacielos pero tenía una vista hermosa hacia el mar como casi todos los edificios altos de Firestone Bay, finalmente se encontraban ahí, inmersos en la vista, estabas esperando que él dijera algo puesto que no querías arruinar el momento.
—¿Entonces me trajo aquí para no decirme nada? —arqueaste la ceja, mirándolo por el rabillo del ojo.
Él parecía tener un dilema interno, él se giró hacia ti, mirándote intensamente como lo hacía desde que sus miradas se habían encontrado ese mismo día unas horas antes.
Te cruzaste de brazos, enfrentándolo, y haciendo una mueca de exasperación. Te atormentaba su silencio, así que abriste la boca para decir algo:
—Me gustas. —pero él logró decirlo primero.
—Eso no era lo que tenía en mente.
—¿Eres imbécil o qué? ¿Qué clase de conclusión sacaste cuando te traje hasta aquí? ¿qué quería despedirte o algo peor? —Dijo, despectivamente con su usual expresión de aburrimiento.
—De hecho, sí eso fue lo que pensé no le voy a mentir.
—Podrías dejar de tratarme como si fuera tu maldito jefe, al menos aquí. —Dijo, ahora cruzándose de brazos.
Estuviste a punto de responderle pero él no te dio tiempo de otra cosa sino de aferrarte a su cuello cuando se abalanzo a tus labios, atrapándolos en un beso apasionado, desesperado, necesitado. Sentiste que perdiste el equilibrio por unos segundos y que el mundo a tu alrededor daba vueltas, tu cuerpo respondiendo por inercia a su toque anhelante, sus manos se encontraban en tu espalda desnuda, acariciándola con sus yemas frías, su lengua accedió a tu boca, fogosa como la recordabas, danzaba con la tuya al ritmo perfecto, soltaste un par de gemidos, cuando sentiste que te apretaba el trasero, abandonaba tus labios para delinear con su lengua tu cuello que emanaba ese perfume femenino que había olido la primera vez en la isla a la que habían ido juntos, ese suave olor a vainilla mezclado con tu olor natural lo volvía loco. Tú entrelazaste tus dedos junto con su cabello, tirándolo levemente, besándolo de la misma manera que te besaba él, correspondiéndole de una forma que le encantaba y le excitaba.
Por fin los pulmones cedieron y ambos se separaron lentamente, como si esos pocos centímetros de distancia fueran dolorosos, extasiados, respirando entrecortadamente. Los ojos de Levi parecían dos cuchillos de acero que amenazaban con penetrarte apenas dejaras de estar en guardia, te sentías temblorosa y frágil entre sus brazos, él te miraba con adoración. Se acercó nuevamente a ti para mordisquear tu labio inferior y darte un beso fugaz.
Tu rostro ardía por el momento que acababas de vivir junto a Levi, finalmente podías tenerlo ahí contigo y besarlo, tal y como habías estado soñando en los últimos cinco meses.
—¿Quieres salir de aquí? —te susurro al oído a lo que asentiste levemente, escondiendo tu cara en su cuello.
CONTINUARÁ...
