Capítulo 10: Alucard
Lyon, Francia
Los días siguientes pasaron con relativa tranquilidad a pesar de las circunstancias. Cada dos o tres noches, ambas féminas salían a cazar con excesiva cautela.
Aunque apenas se conocían, al momento de asesinar se compenetraban perfectamente. Para Simone, era un alivio cazar con Integra ya que las víctimas no gritaban por la manipulación de la vampiresa, lo cual hacía mucho más sencillo su trabajo. Sin embargo, le molestaba el hecho de que aparentemente las presas que atacaban parecían seducidas por la Nosferatu, lo cual podría indicar que no sentían el dolor que la cazadora pretendía infligirles.
-¿Qué es lo que sucede cuando los muerdes? ¿Qué sienten? –preguntó Simone mientras ambas féminas veían la televisión en la sala.
-¿Por qué lo preguntas?
-Curiosidad…
-No sabría explicarlo… Alucard decía que las víctimas deseaban ser devoradas… es como si les causara cierto placer.
-¿Y no te repugna darle una muerte tan dulce a semejantes monstruos?
-Sí, no me place tener que alimentarme de esa forma. No me siento nada bien.
-Cierto, pareciera que te salieras de tus cabales. Tus ojos se ponen muy rojos y tu mirada… pareces una fiera… ¿qué sientes cuando lo haces?
-Preferiría no hablar de eso –respondió la vampiresa desviando la mirada.
-Si ignoras tus emociones, éstas te dominarán. Créeme, lo sé por experiencia –dijo la morena mientras apagaba el televisor – cuando yo empecé alimentarme por mi cuenta, hace más de 300 años, no podía controlarme. A menudo desgarraba completamente a mis víctimas y cuando llegaba al corazón este ya no latía. Toda la caza de un día tirada a la basura por mi propio desenfreno.
-Mis emociones son muy diferentes, por eso prefiero no pensar en eso. Es un deseo que va más allá de la destrucción de mi presa.
-¿Qué sientes?
Integra no comprendía bien la situación, pero de alguna forma sentía mucha simpatía por Simone y, en cierta medida, creía que podía hablar con franqueza. Es como si la cazadora fuera aquella amiga que la vampiresa nunca se permitió tener, ya sea por el trabajo o porque simplemente no lo consideraba útil.
-Deseo… -dijo Integra mirando al suelo – no es que desee a todos los depravados que hemos estado comiendo últimamente, sino que siento como si ese deseo brotara en mí, como si fuera una animalidad que no pudiese controlar. Detesto sentirme así, esto nunca fue un problema para mí cuando era humana.
-¿Nunca sentiste deseo cuando fuiste humana?
-Nada que no pudiera controlar.
-¿En verdad sientes que no puedes controlarte en esas situaciones?
-No sabría decirlo. Supongo que hasta el momento he podido controlarme por el profundo asco que siento hacia esos enfermo, pero hace un tiempo mordí a una joven muy agradable que deseaba morir y… en medio de todo… o mejor dicho al final de todo… ella y yo terminamos en una situación muy extraña. Supongo que en esos momentos no pude controlarme.
-Quizás si intentaras pensar en otra cosa, podrías evitar crear ese vínculo tan particular con tus víctimas –dijo la morena – no lo tomes a mal pero me molesta que esos miserables parezcan inmersos en una situación casi orgásmica mientras mueren. Quisiera verlos sufrir a esos desgraciados.
-No te preocupes, no me siento ofendida. Y sí, entiendo tu punto. Intentaré hacerlo, pero no prometo nada –respondió Integra – Ya anocheció, ¿vamos a cazar?
-Hoy hay delivery.
-¿A qué te refieres?
-Conocí a un tipo por internet. Es un enfermo… le dije que cuidaba a una niña pequeña que podríamos usar para hacer videos, así que vendrá.
-Suena bien –dijo Integra sonriendo.
A los pocos minutos el timbre sonó.
-Iré a atender, tú procura que no grite cuando lo ataquemos –dijo Simone esbozando una sonrisa cómplice.
El hombre ingresó al apartamento buscando a quien sería su presa. Grata fue su sorpresa cuando notó como una pequeña de largo cabello rubio y ojos azules lo esperaba.
-Ven aquí hermosa –dijo el pervertido.
La niña se acercó a él sonriendo de oreja a oreja.
-¿Cómo te llamas linda?
La menor le hizo un gesto indicándole que se acercara. El sujeto le hizo caso colocándose cerca a la niña, mientras que esta se acercó a su oído como si fuera a decirle un secreto.
-¿Cómo te llamas mi amor? –preguntó nuevamente el sujeto.
-Vas a morir… -dijo Integra mientras lo tomaba del cuello con una mano y lo apretaba bruscamente, retomando su forma habitual.
En seguida, ambas féminas redujeron al hombre. La cazadora empezó a desgarrar su pecho, mientras que la vampiresa mordió sus muñecas. Todo parecía dentro de lo normal hasta que Simone se detuvo y miró fijamente a Integra.
-Detente, él lo está pasando bien, concéntrate en otra cosa… -dijo.
Integra dejó de mirar al sujeto, respiró profundamente y continuó mordiendo intentando desviar sus pensamientos. Sus ojos volvieron al azul natural que los caracterizaba y se sintió más tranquila. Su mente vagaba por una y otra idea hasta que algo empezó a absolverla nuevamente. Su vista se posó sobre la cazadora, quien estaba totalmente empapada de sangre. Esta escena hizo que los ojos de la vampiresa volvieran a brillar de color carmesí.
Integra continuó absorbiendo la sangre del hombre mientras este se retorcía de dolor. La cazadora notó con agrado el sufrimiento del sujeto; sin embargo, le pareció extraña la forma como la miraba la vampiresa.
Al terminar de comer el corazón, Simone como de costumbre apartó a Integra del sujeto para evitar que bebiese la sangre del cadáver. Al hacer esto, la vampiresa reaccionó de forma inusual, abrazando a la cazadora. El olor de la sangre que cubría gran parte de su cuerpo embelesaba completamente a la vampiresa, quien en esos momentos no sabía cómo contenerse.
-Cálmate, todo va a estar bien –dijo Simone respondiendo al abrazo.
-No sé cómo controlar esto –musitó Integra –perdóname –agregó mientras se separaba de la cazadora.
-Está bien, ya te acostumbrarás –dijo la mujer lobo sonriendo –voy a bañarme.
Ambas féminas habían llegado a un acuerdo implícito: durante la noche Simone dormiría en la habitación, y durante el día lo haría Integra. Sin embargo, ese día fue algo distinto.
Integra se había quedado dormida en la madrugada y, al sentir los primeros rayos de luz, decidió ir a la habitación. Usualmente Simone salía muy temprano, así que se dispuso a continuar durmiendo en el cuarto. Cuando ingresó a dicho lugar estaba tan somnolienta que no pudo notar que la cazadora todavía no se había ido, hasta que se recostó en la cama y percibió la silueta de la morena apenas cubierta por una sábana que le llegaba hasta la cintura.
Sus pupilas se dilataron y se tornaron rojizas cuando notó que la mujer que yacía a su costado estaba casi totalmente desnuda. La vampiresa no supo qué hacer: por un lado quería pararse e irse y fingir que nada había sucedido, pero por el otro quería quedarse. La imagen de la cazadora bañada en sangre vino nuevamente a su mente.
-¿Qué hora es? –preguntó Simone mientras despertaba.
-Son cerca de las 7am, pensé que ya te habrías ido… lo lamento.
-¿Qué lamentas?
-Haber ingresado a tu habitación.
-Si quieres podemos dormir juntas…, a veces veo que te quedas dormida en la sala en la madrugada y debe ser algo incómodo, aunque probablemente también la cama sea incómoda para ti, ¿verdad?
-No es lo mejor –dijo Integra desviando la mirada –pero no está mal.
-¿Te incomoda verme así? –preguntó Simone sonriendo mientras se incorporaba y se ponía un camisón – a veces eres algo extraña, ¿sabes?... Aparentemente te es más sencillo torturar y masacrar monstruos que ver a una mujer desnuda.
-Supongo que no estoy acostumbrada –respondió la vampiresa - ¿no debes ir a trabajar?
-No trabajo los jueves… seguiré durmiendo –dijo Simone mientras se metía nuevamente entre las sábanas y se daba media vuelta –será mejor que tú también descanses –agregó antes de dormirse nuevamente.
Integra hizo lo mismo, pero le costó bastante conciliar el sueño.
Palacio de Buckingham, Inglaterra
-¿Cómo es posible que hasta el momento la perra no haya aparecido? – gritó el nuevo monarca mientras cogía su vaso de whiskey –llevan más de una semana buscándola…
-Su majestad, ella no es un ser humano… es un monstruo… Muchos de los que enviamos desertan si quiera antes de iniciar sus misiones, tan solo al saber de quién se trata. Piensan que es como el vampiro Alucard, quien derrotó a los ejércitos de Millenium.
-Sé quien es Alucard, y no creo que deberían temer por esa criatura. A final de cuentas, fue él quien la traicionó. Además, no creo que haya sido tan estúpido para convertirla en su igual… simplemente no tendría sentido… de seguro solo quiso transformarla en su esclava sexual y cuando se aburrió en ella la traicionó para que nosotros la eliminásemos.
-Entiendo su majestad, pero de todos modos no veo cómo un ejército de simples humanos podría cazar a esa criatura.
-¿Acaso los soldados de Hellsing no lo hacían?
-Ninguno de los miembros del personal de la mansión Hellsing quiso colaborar con nosotros luego de que se hizo pública la persecución de Integra. Aparentemente son personas muy leales a esa familia.
-Esa familia ya no existe, no queda más que un monstruo de todos ellos y, en honor a lo que en algún momento fueron, debemos acabar con esta criatura o, mejor aún, someterla eternamente para que cumpla nuestros propósitos.
-Pero de todos modos, ¿qué podemos hacer para atraparla?
-Vamos a viajar a Italia –dijo el reciente monarca mientras bebía de golpe el vaso de whiskey y esbozaba una sonrisa maquiavélica.
Lyon, Francia.
Como ya se había hecho costumbre, ambas féminas veían las noticias por las tardes. Para Integra no era común ver la televisión, pero en esa situación no tenía otra forma de conectarse con el mundo exterior. Sin embargo, aparentemente la cacería de la vampiresa no había progresado en nada, así que luego de unos minutos Sir Hellsing lo apagó.
-¿Por qué lo apagas? –preguntó Simone.
-No hay nada nuevo.
-Lo sé, pero no tengo otra cosa que hacer en estos momentos.
Integra no respondió.
-Sabes, desde hace unos días me preguntaba ¿qué es lo que sientes ahora? Es decir… toda tu vida te has dedicado a cazar monstruos, pero ahora tú eres quien está en la mira, y no son monstruos los que te están cazando, sino los mismos humanos a los que defendiste.
-¿Cómo sabes tanto de mí? –pregunto Sir Hellsing.
-Soy comandante de la policía, he trabajado como investigadora mucho tiempo y tengo más de 300 años. Sé mucho.
-De seguro toda esta situación debe agradarte en el fondo… Yo estaba intentando cazarte sin darme cuenta que yo era la presa, ¡qué hilarante! –replicó sarcásticamente la vampiresa.
-Tú estabas haciendo tu trabajo… que en esos momentos era una misión muy estúpida, pero más allá de eso no puedo juzgarte.
-Yo me dedico a matar criaturas como tú, ¿por qué no puedes juzgarme?
-Como yo, no. Tú matas a monstruos que salen a la luz por cometer crímenes atroces. No tengo evidencia de que hayas asesinado injustificadamente a ninguno de los míos –dijo Simone- y eso es, cuanto menos, admirable.
-¿Admirable?... no te entiendo.
-Hay muchos de los míos y de los tuyos que creen que por tener estas habilidades que poseemos pueden hacer lo que deseen… y, al comportarse como monstruos, hacen que todos seamos percibidos como tales. No importa si nunca he matado a alguien inocente, a los ojos de la realeza inglesa soy un monstruo. Y es irrelevante si toda tu vida te dedicaste a protegerlos, frente a ellos tú también lo eres… Por ende, si matas a quienes nos dan esta mala fama, en verdad nos estás haciendo un favor, aunque quizás tú tampoco notes la diferencia entre nosotros.
-Tienes razón, a veces no la noto. Es más fácil no pensarlo y ejecutar las órdenes, pero no puedo seguir así. Ojalá hubiera tenido más criterio y me hubiese rehusado a aceptar esta misión. Así hubiera evitado que ese maldito vampiro me traicionara –dijo Integra con una expresión de odio.
-¿Por qué crees que te traicionó? –preguntó Simone.
-No lo sé, quizás solo quería lastimarme. Es un sádico.
-Si solo quisiera lastimarte, ¿por qué te convirtió en un Nosferatu? ¿Acaso no bastaba con convertirte en un simple vampiro para someterte y humillarte?
-Él manifiesta sentir cosas por mí, pero ¿cómo puedo creerle? Si apenas confié un poco en él, y terminó traicionándome de esta manera.
-Y tú, ¿sientes algo por él?
-Odio quizás –dijo desviando la mirada - ¿qué más puedo sentir por alguien que me traicionó? ¿Acaso quiere verme convertida es una esclava? Si ese es su plan, en verdad debo felicitarle por haberlo pensado todo tan cuidadosamente. Me está haciendo lo mismo que le hizo mi abuelo…
-¿En verdad no sientes nada por él?
-Sí, no siento nada. ¿Por qué preguntas tanto sobre eso?
-Es que en ciertamente me parece muy extraña la situación. Cualquier criatura no humana con más de 100 años te reconocería como la condesa, tan solo por llevar en tus venas su sangre, y tener en tu ser su poder.
-¿Tan famoso es Alucard?
-No creo que haya ser vivo o no muerto en estos momentos que se atreviera a enfrentarlo.
Al escuchar esto Integra sonrió y recordó lo vulnerable que se veía aquella noche cuando ella bebió de su sangre inmisericordemente.
-Quizás –murmuró Integra mientras volvía a prender el televisor.
Ciudad del Vaticano
Como se había acordado, el actual regente de la Iglesia Protestante, Su Majestad Claude Strathmore, y el líder de la sección XIII del Vaticano, el Arzobispo Enrico Maxwell, se reunirían esa mañana.
Si bien Enrico había sido masacrado por el ejército de Alucard, sus restos fueron recogidos por miembros de Iscariote, quienes utilizaron la misma tecnología que empleaban con los Paladines para regenerar al arzobispo. Si bien actualmente el jefe de la Sección XIII no era completamente humano, encajaba dentro de los estándares que ellos consideraban aceptables.
Luego de conversar brevemente sobre la situación de Integra, de la cual Iscariote ya estaba al tanto, empezaron a trazar cuál sería la estrategia que emplearían para capturar a la vampiresa.
-Gracias a los avances tecnológicos que tuvimos luego de Millennium, hemos podido crear una brigada completa de regeneradores, especialistas en destruir toda clase de monstruos. En total tenemos 21 soldados. Si bien de manera aislada no igualan al poder que tenía el fallecido Padre Alexander cuando introdujo el clavo de Elena en su corazón, creemos que son capaces de mantener a raya cualquier amenaza.
-Con eso será más que suficiente. ¿Cuándo podemos empezar la cacería?
-En dos semanas. Preferimos desplegar todas nuestras unidades de investigación antes de atacar de manera directa.
Ambos estuvieron discutiendo los detalles del ataque durante unos minutos más. El monarca inglés definitivamente no comprendía la magnitud de las decisiones que estaba tomando.
Lyon, Francia.
Integra se encontraba leyendo el periódico cuando Simone irrumpió en la habitación.
-Tenemos un serio problema –dijo mientras se acercaba a la cama en donde la vampiresa estaba recostada.
-¿Qué ha pasado?
-Unos agentes me comentaron que unidades del Vaticano estaban realizando interrogatorios irregulares en todas las comisarías.
-¿Interrogatorios irregulares?
-Están torturando a sospechosos, a personas inocentes. Están usando nuestras instalaciones para cometer crímenes.
-Iscariote…
-Sí, esos miserables están nuevamente en territorio francés.
-Pero, ¿de dónde están sacando el financiamiento?
-De la Iglesia Católica, como siempre.
-No, luego de Millennium perdieron gran parte de su financiamiento, por cuanto las autoridades eclesiásticas buscaron desligarse de la Sección XIII, acusada de crímenes contra la humanidad –dijo Integra – Se sabe que siguieron haciendo experimentos y que no fueron totalmente desterrados de la Iglesia, pero si están realizando estas acciones, alguien los debe estar financiando.
-La corona inglesa lo está haciendo para capturarte, son absolutamente despreciables. Ellos, Iscariote, todos…
-Maldita sea –dijo Integra frunciendo el ceño – quizás sería mejor que me entregue para que no torturen a más gente inocente.
-No –respondió Simone mientras se sentaba a lado de la vampiresa – estoy segura de que si Iscariote te atrapa, al no poder darte muerte, te utilizarán como una herramienta para matar indiscriminadamente a cualquier ser que ellos llamen monstruo… Han muerto demasiados hermanos míos a manos de esos miserables… Si tuvieran a alguien como tú, con tu poder, bajo sus órdenes, podrían acabar con toda nuestra especie. Incluso el rey de los no muertos podría someterse ante ellos con tal de protegerte.
-No lo creo, pero por otro lado tienes razón con lo anterior. La sección XIII del Vaticano está conformada por escorias, por auténticos monstruos, y tendremos que luchar contra ellos… pero no sé cómo.
-Por ahora yo tampoco, pero no puedo entregarte a ellos… ya han hecho demasiado daño a este mundo –dijo Simone apretando el puño – y encima ahora tienen más regeneradores que nunca…
-¿Cómo así? Pensé que el único era el Paladín Alexander.
-No, ellos pueden crear regeneradores a diestra y siniestra, pero no viven demasiado. Sin embargo, con la tecnología de Millennium lograron seleccionar a los sujetos que tienen las características adecuadas para soportar la transformación.
-¿Sabes cómo funciona esa tecnología?
-Lamentablemente sí. Hace 50 años irrumpieron en mi hogar y se llevaron a mi esposa. Ella era de mi especie… Hicieron experimentos con su cuerpo durante años. Yo intenté llegar a ellos por todas las formas, pero me fue imposible. Aunque al final pude asesinar al sujeto encargado de la investigación, ya habían desarrollado la tecnología que les permitiría regenerarse y adquirir una fuerza sobrehumana como los hombres lobo, aunque sin la necesidad de alimentarse de corazones humanos –dijo mientras una lágrima se deslizaba sobre su rostro –no pude protegerla en ese entonces, y desde aquello, cientos de hermanos han muerto a manos de esos monstruos.
-Lo siento mucho – dijo Integra.
-Por eso no puedo entregarte – agregó la cazadora mientras tomaba la mano de la vampiresa.
-Son aún más depreciables de lo que hubiera imaginado… acabaremos con esa escoria – respondió Sir Hellsing con una mirada fría.
Ambas mujeres se quedaron en silencio durante algunos minutos sin soltar sus manos.
-A veces creo que sé qué es lo que el vampiro ve en ti –dijo Simone mientras se retiraba nuevamente al trabajo.
Los días pasaron, pero ahora Integra no salía. Al tener a Iscariote tras ella sabía que debía maquinar un plan, pero hasta que tuviera todo listo debería quedarse en el departamento. En esta situación, la vampiresa había aprendido a manejar perfectamente algunos portales web que le permitían encontrar rápidamente a sus víctimas, a quienes asesinaba intentando provocarles el máximo sufrimiento.
A veces sorprendía a la cazadora, quien al llegar del trabajo encontraba a un sujeto atado con el pecho totalmente abierto. Si bien la sangre antes era un problema, gracias a una peculiar habilidad de Integra que le permitía absorber todo el líquido carmesí a su alrededor, la limpieza del departamento se había simplificado considerablemente.
Sin embargo, aunque todo lo narrado se encontraba dentro de la rutina, para Integra ese día era distinto. Hacía ya un año de que se había convertido en una vampiresa y, si bien no pensaba en esa fecha como algo especial, no podía sacarse al vampiro de la cabeza. Extrañaba y necesitaba su sangre, ahora más que nunca ansiaba salir a cazar. No podía perdonarle lo que había hecho, pero en esos momentos hubiera preferido que al menos estuviera con ella para recriminarle todo el daño cometido.
Afortunadamente para Integra el día pasó rápido y la comida, como ya se había hecho costumbre, vendría como delivery.
-Hey, te presento a Antuane –le dijo Simone a Integra mientras ingresaba al departamento.
-¿Él nos va "acompañar" a comer hoy? –preguntó Integra.
-No te preocupes, él no es como los demás. Sabe lo que haremos y está feliz de poder ayudar.
-¿Por qué deseas morir?
-Porque soy un pedófilo y no quiero herir a nadie. Nunca le he hecho daño a ningún niño hasta ahora, pero a veces siento que me salgo de mis cabales y no quisiera terminar abusando de ningún menor, como lo hicieron conmigo… sé que soy un monstruo –respondió el joven mirando al piso.
-No lo eres. Podrías buscar ayuda psicológica para mantener a raya esos impulsos –dijo Integra.
-Ya lo intenté durante 7 años y todas las estúpidas charlas no sirvieron de nada. Ya no quiero ser un peligro para nadie… ¡Ya no quiero ser un monstruo!
-¡No lo eres! –gritó Integra – pero si deseas morir, será un placer.
La vampiresa simplemente no tenía ganas de discutir, y como este hombre no merecía ser asesinado de alguna forma cruel, Integra no tendría que reprimir mucho sus instintos.
En seguida, Sir Hellsing lo miró a los ojos y le dijo que se tendiera sobre el suelo. Ambas mujeres se acercaron y, mientras que Integra tomó su muñeca, la cazadora fue directo a su pecho. Antes de que empezara a desgarrar la piel, la vampiresa lo mordió, haciendo que el sujeto entrara en trance.
-Ya no siente dolor, prosigue –escuchó la cazadora dentro de su mente.
Inmediatamente Simone empezó a atravesar la piel hasta llegar a su corazón, del cual se alimentó como de costumbre, mientras que la vampiresa succionaba la sangre del joven. Integra no se contuvo y continuó mordiendo hasta llegar al cuello. El sujeto parecía feliz, mientras que la vampiresa parecía estar fuera de control. Cada vez clavaba más sus colmillos… cada vez menos sangre manaba de la herida. Cuando la cazadora terminó de comerse el corazón del sujeto y notó que este ya estaba totalmente muerto, le dijo a Integra que parara, pero ella no le hizo caso. Frente a esta situación, no tuvo más opción que separarla a la fuerza del hombre. La vampiresa no sabía cómo responder. Se sentía avergonzada, pero aquellos instintos no se habían hecho más débiles.
-Basta –dijo la cazadora intentando calmarla mientras la abrazaba.
-Detenme –murmuró Integra –detenme –dijo en voz más alta –detenme –gritó.
La cazadora no sabía qué pasaba, pero supuso que Integra deseaba morderla. En este contexto no pudo hacer otra cosa más que desprenderse de ella. Sin embargo, la vampiresa no se alejó. Estaban una frente a la otra, mirándose fijamente.
-Detenme –murmuraba Integra, aún envuelta en dicho trance.
-¿Por qué? ¿Qué vas a hacer?
-Detenme –seguía diciendo, mordiendo sus labios ligeramente mientras no apartaba la mirada.
En esos instantes, la cazadora comprendió que Integra no quería morderla, sino algo muy distinto. Frente a esto, Simone no estaba dispuesta a detenerla.
Antes de que Integra pudiera pronunciar nuevamente esa palabra, la cazadora se acercó bruscamente a ella y la besó. Sir Hellsing cerró los ojos inmediatamente y abrazó a la mujer con mucha fuerza, mientras introducía su lengua en su boca, lamiendo los restos de sangre que tenía la cazadora en ella. La uñas de Integra atravesaban con facilidad la ropa de la mujer lobo, sin desgarrarla por completo. Simone fue reclinando a la vampiresa sobre el charco de sangre mientras continuaba besándola.
-¿En verdad quieres que te detenga? –dijo separándose brevemente de la Nosferatu, para luego volver a besarla –no tienes que responder –agregó sonriendo mientras se dirigía hacia su cuello.
En esos momentos la vampiresa no estaba pensando, simplemente estaba dejándose llevar por ese impulso animal que tantas veces había sentido e ignorado. La cazadora continuó lamiendo su cuello lentamente, mientras que con sus manos iba abriendo la blusa de Sir Hellsing.
-¿Me detengo? –dijo con picardía. Para ella, era toda una sorpresa el actuar de Integra, pero se sentía tan complacida como la vampiresa al estar en esa situación.
Integra estiró su mano hacia la blusa de la cazadora, la cual desgarró rápidamente, sin la delicadeza que la mujer lobo tenía con ella.
-No –sonrió la vampiresa mientras sus ojos brillaban con un fuerte tono carmesí.
La cazadora continuó desvistiendo a Integra, quitándole el sostén con cierta sutileza, para luego apretar fuertemente sus pechos. Este gesto sorprendió a Sir Hellsing, pero en el fondo le agradaba bastante.
-No puedo escuchar tu corazón latir, ¿cómo saber si te gusta? –dijo la cazadora mientras lamía lentamente los pezones de la vampiresa.
Integra no sabía qué responder, pero al sentir como su lengua jugueteaba con sus pezones, no pudo hacer otra cosa más que emitir un largo gemido en señal de agrado.
-¿Deseas que lo haga? –preguntó deslizando su mano sobre su vientre hasta detenerse sobre sus muslos.
En esos momentos todo el recato, la vergüenza, la ingenuidad, y hasta la frigidez que caracterizaban a la vampiresa desaparecieron.
-Hazlo… -musitó Integra.
Con sus dedos cortó el pantalón y posteriormente la ropa interior de la vampiresa, dejándola totalmente desnuda y notando la humedad que manaba de su sexo.
Para la cazadora, este era un espectáculo hermoso. La admiración que sentía hacia ella y el deseo que experimentaba en esos momentos hacían que no pudiera contenerse. Con la yema de sus dedos empezó a palpar superficialmente el pubis de Sir Hellsing, mientras la vampiresa no dejaba de gemir al experimentar sensaciones que jamás se había permitido sentir. Después de un par de minutos deslizó sus dedos lentamente entre sus labios vaginales, que yacían totalmente húmedos, para luego volver y detenerse en su clítoris. Al sentir esto, Sir Hellsing se encorvó ligeramente, y presionó los puños. Para Simone, el tener tanto control sobre la vampiresa era algo más que placentero.
Continuó masajeando su clítoris mientras que empezaba a adentrarse en su vagina, percatándose con cierta sorpresa de que Integra aún era virgen.
-¿Quieres que continúe? –dijo Simone volviendo al rostro de Integra para besar sus labios nuevamente.
La vampiresa dudó, sabía lo que eso implicaba; sin embargo, hace varios minutos había dejado de escuchar a su consciencia y, en esos precisos instantes, se sintió más humana que nunca, o quizás, más que humana, se sintió presa de su propia animalidad. Frente a ello, solo atinó a responder apasionadamente al beso de la cazadora, mientras que, en los segundos en los que sus boca de separaban, le pedía que continuara.
Simone nuevamente volvió al lamer parte del rostro de Integra, bajando por su cuello, luego por sus pechos, deteniéndose brevemente en su vientre mientras separaba con sutileza sus piernas, para después empezar a bajar hacia su pubis y lamerlo lascivamente. Poco a poco fue deslizando su lengua entre sus labios vaginales, jugueteando con su clítoris, mientras que nuevamente introducía sus dedos en su feminidad. Esta vez, sin intención de detenerse. Continuó y a los pocos segundos pudo desgarrar el tejido que resguardaba la virginidad de la vampiresa, adentrándose en la profundidad de su sexo.
Integra no podía dejar de estremecerse, de gemir. Sus ojos brillaban con un intenso color carmesí, mientras que sus movimientos sobre el charco de sangre hacían que su cuerpo estuviera prácticamente empapado de aquel líquido vital.
Con sus manos intentó apretar la cabeza de la cazadora sobre su sexo, quien inmediatamente reaccionó sacando sus dedos e introduciendo su propia lengua, saboreando la sangre virginal de la vampiresa.
Así continuaron por varios minutos, hasta que Integra sintió que algo crecía dentro de ella. Una energía aún más fuerte que la anterior recorrió sus piernas hasta sus caderas, generando un estremecimiento profundamente intenso. La vampiresa jamás había experimentado nada igual, nunca había tenido un orgasmo. La cazadora, al sentir que la vampiresa estaba a punto de venirse, presionó más su clítoris, produciendo que esta sensación estallara dentro de Sir Hellsing.
Integra apretó sus puños intentando contener el orgasmo, pero no pudo evitarlo. Sus sentidos estaban totalmente colmados por dicha sensación. No pudo dejar de gemir, de casi gritar, mientras experimentaba contracciones involuntarias en sus muslos, caderas y en su sexo.
-Alucard –fue lo único que se pudo entender entre sus gemidos –Alucard –repitió incesantemente, mientras la sensación orgásmica se prolongaba por la destreza de la cazadora.
Hola nuevamente. Espero que les haya gustado este capítulo. Para mí fue complejo escribir esta última escena, ya que para serles honesta jamás había escrito algo así y tuve que leer un poco para ilustrarme (espero haberlo hecho bien).
anney, la-novh94, miguelpuentedejesus, Chiara Polairix Edelstein, barbaragizela, Guest y Palomixta, agradezco mucho sus comentarios. En verdad utilizo todo mi tiempo libre en escribir esta historia y no hay nada más gratificante que leer sus palabras.
Por otro lado, quisiera comentarles que es factible que en los siguientes capítulos haya escenas como esta (que de hecho está incompleta), así que si alguien se sintió ofendido o no gusta de leer este tipo de material, la advertencia está dada.
¡Eso es todo, nos vemos la siguiente semana!
