c/n: Se que debí haber publicado el capítulo antes, pero la segunda mitad del año pasado fue muy difícil. Voy a terminar la historia, es un propósito personal y su apoyo me ayuda más de lo que imaginan.
Chapter summary: Un viaje de trabajo, un malentendido, hamburguesas y la posibilidad de conocerse mejor.
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Otro simple e insignificante malentendido
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No eran vacaciones, eso lo tenía claro, sin embargo, pasar una semana en Ciudad Ehrmich sin su jefe, ni los problemas cotidianos, era mejor que estar de vacaciones. Mikasa suspiró sintiéndose un poquito patética; atravesaba un momento en la vida en el cual un viaje de trabajo era lo más emocionante que le podía pasar. Lo peor de todo era que estaba convencida que según pintaban las cosas, era lo más emocionante le habría de pasar en mucho tiempo. No se suponía que fuera ella quien acompañara a Erwin, el viaje completo fue cosa de último minuto y a ella le confirmaron hasta unas horas antes del vuelo. Las tres horas que duró el vuelo se la pasó terminando un reporte y coordinando con Bert la vida completa de su jefe para esa semana. Todo en la oficina estaba patas arriba gracias a un caso de último minuto. La noche anterior durmió poco menos de cuatro horas y su cuerpo aun resentía el final del semestre; por eso se sentía patética, le esperaba una semana de trabajo interminable, no una semana de copas con su mejor amiga. Sasha insistía en que tendrían tiempo de sobra para disfrutar de la ciudad, los bares de moda y los casinos. Para Mikasa era más urgente asegurarse que Historia cubriera sus clases en el gimnasio.
Los viáticos que le pagaba la firma eran razón suficiente para sonreír y no porque pensara gastarlos durante el viaje. Al terminar las clases se terminaban también las asesorías y los trabajos que corregir, así que Armin y ella tenían menos ingresos, eso implicaba aprovechar las oportunidades como llegaran. Con todos los gatos del inicio del semestre iban a necesitar todo el dinero que pudieran ahorrar. La practicidad era el leitmotiv de Mikasa Ackerman. Mientras que Sasha planeaba salir de rumba cada noche, Mikasa planeaba disfrutar de la habitación y de las instalaciones del hotel sin gastar un centavo que no fuera indispensable. Iba a ser una semana de austeridad; por regla general en las reuniones en las que asistían había comida y bebida, al menos eso le aseguraba no morir de inanición. Además, dentro de las funciones que debía desempeñar se incluía organizar una de gala donde pensaba comer todo lo que pudiera.
Sasha, en cambio, estaba dispuesta a todo lo que fuera necesario para que la practicidad de su amiga, no fuera tan práctica esa semana.
La maleta aun no terminaba de dar la vuelta en el carrusel cuando los mensajes comenzaron a llegar. Levi no estaba ahí, pero era imposible olvidarse de él. Pero él no era el único demandando su atención y su tiempo. Historia aun no respondía su mensaje y la joven optó por contactar a Ymir. Al menos lo intentaba porque los mensajes de su jefe caían sin parar y sin dejarla completar una frase. Ojalá hubiera podido dejar encendido el modo avión por el resto de la semana. Ojalá ella tuviera un modo avión en el cual refugiarse. El grupo que Gunther "tan amablemente" había creado, para que todo el equipo estuviera en contacto, no dejaba de sonar. Bert también colaboraba con la reducción de su calidad de vida, claro que no tanto como su jefe. Se rio de sí misma cuando vio, además, diez correos con el llamativo título de "urgente". Nunca iba a entender por qué Levi tenía que nombrarlos así, todo con él era urgente. No le mandaba cadenas, ni le preguntaba por el clima; si él enviaba un correo, siempre era urgente.
Una semana sin su jefe era demasiado pedir.
Dejó de lado el resto de su vida, como de costumbre, e intentaba dar respuestas concretas a cada mensaje. El problema fue que en cuanto contestó uno, llegó una avalancha de preguntas. Supuso que las respuestas monosilábicas no complacían a su Levi, en cuanto la pantalla se iluminó con el nombre de su jefe; mejor dicho, con sus iniciales. Mikasa se negaba rotundamente a escribir el nombre completo de su jefe. El pobre e inocente aparato no tenía la culpa de nada. Ya bastante hacía con no poner la imagen de Gruñón en el contacto. Estaban por llegar al hotel y Erd le dedicó una sonrisa que no terminó de comprender, lo mismo que pasó con la mirada que Erwin cruzó con el otro abogado. Lo que ella consideraba conmiseración, era uno de tantos indicios de la obviedad de las acciones de su jefe, esas que para ella pasaban siempre desapercibidas.
Consideró por in instante dejar que se perdiera la llamada, pero fantasear con ignorar a su jefe y e ignorar a su jefe no eran la misma cosa.
"¿Llegaron? El reporte de la adquisición no incluye el diagnóstico del último bimestre en bolsa. Erd tiene el resto de la información."
"Hola Mikasa, ¿qué tal el vuelo?" La joven respondió a su jefe con toda la ironía que pudo.
"Muy graciosa, Mikasa," algo en la voz de Levi llamó su atención, casi como si lo hubiera sorprendido. "¿Vas a seguir jugado o vas a darme una respuesta."
"Estamos por llegar al hotel. Lo incluyo y te lo envío."
"Erd tiene el resto de la información," la pausa que siguió a sus palabras era poco usual en las conversaciones con Levi, usualmente le decía lo que tenía que decirle y daba por finalizada la conversación. "Que lo revise él antes de enviarlo."
"¿Qué él revise mi reporte antes de enviártelo?"
Cerró los ojos para evitar ponerlos en blanco, después de todo el jefe de su jefe estaba frente a ella y las reglas laborales indican que no es apropiado evidenciar las ganas de colgarle el teléfono a la mitad de la conversación. Mucho menos apropiado era musitar las maldiciones que le dedicaba a su jefe inmediato cuando le resultaba insufrible; lo que pasaba cada dos segundos. Mientras: cerraba los ojos, contaba hasta cien, respiraba despacio y se repetía que no podía quedarse sin trabajo.
Alguna divinidad se apiadó de ella porque por fin llegaron al hotel, así que la joven asistente se alejó del grupo con disimulo y tomó nota de los mil nuevos encargos de Levi. Hacía malabares con el iPad, el teléfono y los papeles que estaba revisando, al mismo tiempo que pretendía ignorar que tenía hambre y estaba cansada.
"Supongo que, si no confía en que lo que hago, alguien más tiene que revisar mi trabajo… De verdad cree que soy tan estúpida como para no hacer bien un simple informe," lo dijo en voz baja y para sí misma al terminar la llamada y no notó la alta figura que se había acercado a ella.
"Tiene que quedar listo para mañana," Erwin la veía con la misma cordialidad del primer día que llegó a trabajar con ellos. "Es mucho trabajo y fue su manera de no cargarte el trabajo a ti sola."
Mikasa se puso tensa al escuchar las palabras de su superior y se dio la vuelta hasta verlo directo a los ojos. Su rostro mantenía una expresión imposible de leer y habló despacio, como si estuviera reprendiéndose por el desliz que acaba de tener.
"Si usted lo dice," no acostumbraba a hablar de sus opiniones sobre Levi con su equipo de trabajo, Bert era una excepción; aunque intentaba mantener un tono neutro, supo por la forma en la que su profesor inclinó el rostro, que no estaba siendo efectiva. "No importa. Para nadie es un secreto que a él no le gusta mi trabajo."
"Te equivocas Mikasa." Ella lo vio con evidente incredulidad. "Levi no es no alguien fácil de entender, pero si no le gustara tu trabajo hace mucho habrías dejado de trabajar con él."
La elevación de la ceja derecha de la joven lo hizo sonreír. Mikasa no terminaba de comprender la relación entre su jefe y el jefe de su jefe. Erwin Smith era su profesor favorito, aunque dudaba que él lo supiera; afrontaba cada tema como si fuera una estrategia militar y sus ojos diseccionaban a sus interlocutores como si se tratara de un ejercicio de interpretación dogmática. Levi en cambio… le resultaba cada día más difícil describir a su propio jefe. Levi era una especie de rompecabezas, algunas piezas encajaban perfectamente y sin esfuerzo, otras, no tenían coherencia alguna. No imaginaba dos personas más diferentes, y a la vez más parecidas, que ellos dos.
"La deuda no representa un problema, Mikasa." Al menor descuido, Erwin leía con demasiada facilidad lo que pensaba y eso la incomodaba. "Ten en cuenta que transferirte a otra área no interfiere con el pago."
"Supongo."
"Hay mucho que puedes aprender trabajando con él, aunque sea un reto."
Una llamada de Bert los interrumpió y ella lo agradeció en silencio. La preocupación profesional del primer asistente era encantadora. Enfermo y todo se las arreglaba para cumplir con sus funciones y echarle la mano. Al colgar, recibió un mensaje de Ymir confirmándole que Historia podía cubrirla y que había perdido su teléfono, otra vez. Le reenvió a Ymir el correo con las horas que necesitaba que la cubriera y aceptó todas las condiciones que la novia de Historia ponía para hacer efectivo el arreglo. Condiciones que Historia no ponía y de las que dudaba estuviera enterada. Por si fuera poco, tenía que coordinar con Armin la llegada del plomero antes que Eren decidiera que él podía arreglar la fuga del lavabo.
Eran las dos de la tarde y el mundo parecía arrimarse en sus hombros para descansar un rato.
Cuando por fin se acercó al lobby del hotel para registrarse, estaba distraída. Al parecer ella era la única que aún no tenía la llave de su habitación. Erwin hablaba con un grupo muy serio de personas y Sasha se alejó por un momento; por su parte, Erd estaba al teléfono y tenía la expresión de quien contiene la explosión de una bomba.
"Mikasa Ackerman," en el momento en que dijo su nombre, la displicencia con la que la encargada la atendía desapareció. La empleada se quedó viéndola e intercambió miradas con el hombre que estaba a su lado.
"¿Levi Ackerman es su…?"
La pregunta quedó suspendida en el aire, mientras que la mujer actuaba casi con nerviosismo. Mikasa contestó con un "Sí" distraído. Armin por fin le estaba contestando; estaba en la biblioteca y no creía llegar a tiempo para recibir al plomero. Tenían que asegurarse que alguien abriera la puerta y lo llevara al lavabo, además de hacerle compañía el tiempo suficiente para que Armin apareciera. Eren tomaba un curso en la Fiscalía ese día y si Hannah, la vecina de al lado, no podía hacerlo, su única opción era Ymir. Cuando terminara de pedirle favores a Ymir, le iba a haber empeñado el alma.
Si para algo no tenía tiempo Mikasa Ackerman, era para prestar atención a las personas en el lobby del hotel. A menos que fuera Erwin, Levi o Erd, el resto del mundo iba a tener que esperar. Y aun ellos tendrían que formarse en la fila antes de pedirle algo más. Los empleados detrás del mostrador fijaron sus ojos en ella y luego en Erwin antes de regresar la mirada a la pantalla.
"Parece que ha habido un error en la reservación," el gerente tomó el lugar de la mujer y se dirigió a Mikasa con un tono que reflejaba nerviosismo. Cambió la llave que estaba sobre el mostrador y chasqueó los dedos para llamar al botones. "Acompaña a la señora a su suite y asegúrate que todo esté perfecto."
Puso levemente los ojos en blanco cuando la llamaron señora; odiaba que lo hicieran, pero nunca corregía el apelativo. Tenía el teléfono en la mano y optó por enviar un mensaje a Armin quejándose del título que le habían dado, como hacía siempre que pasaba. El personal del hotel pareció tomar su reacción como indiferencia y se apresuraron a llevar su equipaje. Hannah no estaba en el edificio, Ymir había dejado de contestarle, Bert necesitaba la contraseña de un documento, Levi quería que le reenviara un correo que Hanji no encontraba, Sasha le estaba comentando algo sobre copias de una licitación… era uno de esos momentos caóticos en los que nada tiene sentido y no se puede hacer otra cosa que resolver un tema a la vez. Eso fue lo que hizo la joven, ante la imposibilidad de saltar por la ventana o cambiarse el nombre e irse a vivir a Los Cabos. Mikasa, en definitiva, no estaba prestando atención a nada ni a nadie que no estuviera en su lista de pendientes. Si los empleados del hotel querían algo tendrían que incendiar una habitación y aun entonces, la joven lo pondría al final de la lista; posiblemente antes que dormir, pero en la lista.
Erd, que observaba lo ocurrido, intentó decir algo, pero Erwin lo detuvo, negando con la cabeza; la escena completa, incluida la sonrisa del socio principal de Smith&Zoe, pasó desapercibida para Mikasa.
Ella sabía que la cadena hotelera en la que se hospedaban era una de más importantes del sector turístico y que ese era el hotel más grande de Ciudad Ehrmich, también sabía que Levi era el abogado que tenía la cuenta; nada de eso la hizo pensar que su habitación sería a donde la llevaron. Incluso le preguntó al botones si no había un error; el joven le dijo que era una de las mejores habitaciones y salió sin preguntar nada más, ni pedir propina. Era una suite en uno de los últimos pisos, con dos habitaciones, un área común con más amenidades de las que ella hubiera visto en cualquier hotel, un jacuzzi y una pantalla gigante. El departamento que compartía con Eren y Armin cabía dos veces en el espacio que ocupaba la suite. Si todo eso era poco, la habitación estaba quirúrgicamente limpia.
La cama era de esas con tecnología viscolástica, como las que salían en la televisión; se recostó un segundo y el colchón se acomodó a la forma de su cuerpo. Quería cerrar los ojos y descansar dos otoños consecutivos. Disfrutaba de la sensación cuando alguien llamó a la puerta, imaginó que una vez descubierto el error, mandaron a alguien para escoltarla a la económica habitación que Bert reservó para ella. La mujer que tocaba la puerta le preguntó si encontraba la habitación adecuada o si necesitaba algo. Sugirió prepararle un baño de burbujas con sales minerales y esencias naturales.
Mikasa preguntó una vez más si no había algún error y al poco rato le llevaron una cesta con frutas y chocolates como cortesía de la casa.
Podía llamar a conserjería, podía recordarles que ella era una asistente y que su habitación no podía ser esa. Había muchas cosas que podía hacer, incluido tomar un baño caliente y recién preparado y descansar en una cama que parecía hecha para su cuerpo. Si Sasha llegaba a enterarse que pensaba siquiera en dejar pasar esa oportunidad, iba a dejar de hablarle; ¿quién era ella para poner en peligro su amistad con Sasha? Después te todo, ella firmó el registro del hotel y en la hoja decía habitación simple; también señaló en dos oportunidades la equivocación sin que nadie hiciera nada al respecto. El mundo no se iba a acabar porque Mikasa moviera el orden de su lista de pendientes y se concediera un par de horas para descansar. Se sintió como quien trasgrede un orden mayor, casi como Daniel el Travieso. Las burbujas, el aroma a lavanda y verbena y la calidez del agua desaparecieron al mundo entero. Durante los treinta y tres minutos de relajamiento que se concedió, Mikasa Ackerman logró, por primera vez en meses, poner su mente en blanco.
Una llamada de Levi interrumpió su tranquilidad. Lo dejó sonar y no porque quisiera ignorarlo, no de forma flagrante; la idea de contestar mientras tomaba un baño le resultaba inconcebible. En cuanto estuvo presentable, le llamó. Se sintió ridícula por necesitar vestirse primero. Era absurdo, él no tenía manera de saberlo. Antes de marcar se sentó en la cama para repasar todas sus obligaciones, tenía a la mano todo lo que podía necesitar para responder a las exigencias de su jefe. La idea era imposible, sin importar qué tanto se aventurara a pensar dos pasos delante de Levi, su jefe se adelantaba cinco a ella. Aun así y a pesar de lo mucho que la hiciera enfadar por su continuo criticismo, ella era más testaruda que él. La necesidad de probarse a sí misma que podía con cualquier reto, y de demostrarle a él que no la intimidaba, la convirtieron en la descripción misma de la eficiencia.
Levi era un hombre extraño. Le preguntó por cosas que Mikasa dejó listas, una camisa que ella recogió de la tintorería por otra de esas manchas invisibles al ojo humano y que solo su jefe veía, camisa que dejó en el departamento de su jefe, correos que él ya tenía y nimiedades por el estilo. Lo más extraño de su llamada fueron las preguntas que hizo sobre Erwin. ¿Cómo iba a saber ella si el otro abogado estaba borracho? Erwin asistió a una comida a la que por fortuna ella no tuvo que asistir, pero era todo lo que podía decirle. Mucho menos podía saber por qué el profesor Smith llamó a Levi para felicitarlo.
Las preguntas de su jefe eran una insensatez, pero no por eso dejó de llamar a Sasha para averiguar lo que él quería saber.
Su lista de pendientes del día quedó completa antes de percatarse. Eso le deba tiempo para dormir o eso esperaba. Sasha, tenía otros planes. La intempestiva visita de su amiga no fue una sorpresa, desde que le dijo que estaba alojada en una de las suites lo vio venir.
Convencerla de dormir era una imposibilidad. Al menos la persuadió para pasar la noche comiendo pizza en compañía de Netflix. La propuesta no era imposible considerando que Sasha aún tenía trabajo pendiente y que llevó con ella tres botellas de vino. Otra cosa más que no hacía desde meses atrás era pasar tiempo con sus amigas, una misión que llevaron a cabo gracias FaceTime. Netflix sin Ymir no era ni una milésima parte igual de divertido.
"Deja el teléfono por un minuto." Ya fuera en persona o desde la computadora, la demanda de Ymir era la de todos los días. "¿Quién es que no te deja ni un minuto en paz?"
La atención de Historia se desvió de la serie que solo ella quería ver, el tema siempre era su favorito. "¿Nuevo novio, pretendiente o ex?"
"Ninguna de las anteriores," aunque quisiera seguirles el juego, Erd necesitaba una correlación de datos; información que le pasaron hasta hacía quince minutos.
"¿Eren?" Escuchó a sus dos amigas preguntar desde la pantalla.
"Es Levi," ante la indiferencia de Mikasa, Sasha decidió intervenir.
"¿Levi? ¿El Levi de la oficina?" Los ojos de Historia brillaron con morbo. "Entonces, Mikasa, ¿a él lo clasificamos como pretendiente, nuevo novio… interés sexual?"
"Jefe," la repuesta de Mikasa fue simple, demasiado simple.
"¿Solo jefe?"
"Tirano, explotador, maniaco de la limpieza, dictador…" era una lista interminable, pero dicha de manera mecánica, por la costumbre de los meses anteriores. Le importaba más enviar lo que Erd necesitaba que quejarse de su jefe.
Sus ojos no abandonaron la pantalla de su teléfono, su atención no de desvió del trabajo y poco o nada reparó en la profunda decepción de Historia. Desde que la ayudó con Reeves, Historia tomó particular interés en la relación de Levi y Mikasa. Nadie más en su grupo entendía de dónde sacó la idea, Sasha seguía creyendo que Mikasa debía darle una segunda oportunidad a Jean, a pesar que las cosas no pasaron del beso. El resto no tenía una opinión al respecto y no la necesitaban, Sasha e Historia eran un ejército por ellas mismas.
No pasó mucho tiempo antes que Historia e Ymir se pusieran demasiado cariñosas entre sí como para continuar con la llamada. Sasha, muy a su pesar decidió terminar un par de pendientes.
Cuando por fin el teléfono dejó de sonar y pudieron relajarse con la botella de vino que quedaba, era muy tarde como para hacer algo más.
"¿Tú y Jean?"
Era una pregunta que Mikasa había visto venir.
"Nada."
"Me sorprende que se diera por vencido." Hizo una pausa para terminar su copa. "No, no me sorprende. Desde que estamos entramos a Smith&Zoe todo lo que haces es trabajar… Mikasa, ¿por qué terminaste con Marco?"
Hizo bailar con la muñeca el líquido en la copa. Tampoco la sorprendió en cambio del tema, no era la primera vez que se lo preguntaba, todos lo hicieron en su momento. Jean lo sabía por Marco y Armin porque ella se lo dijo. Eren lo supuso, pero nunca le preguntó.
Quizá fuera el vino, o el cansancio, incluso podía ser que ya no era un tema delicado para ella; lo que haya sido, la hizo hablar.
"Me pidió que me casara con él."
Sasha casi se ahoga con el vino y pasó un rato antes de recomponerse.
"¿Con anillo y todo?"
"Con anillo y todo."
"¿Qué le dijiste?" Mikasa hizo un gesto de obviedad ante la pregunta de su amiga. "Ya sé que le dijiste que no, ¿por qué? Creí que estaban enamorados."
Era difícil explicarlo, levantó los hombros porque no supo cómo hacerlo. La respuesta evidente era que estaban muy jóvenes, que él se marchaba de la ciudad, que ella no estaba lista para dejar a su familia y su carrera. Todo era cierto, pero no toda la verdad.
"No lo suficiente como para casarme con él."
"Yo creía que…"
"Yo sé."
"Estabas tan triste después que se fue."
"Mucho. No fue fácil decirle que no."
"Supongo que no era para ti después de todo."
"Supongo."
A veces era muy difícil comprender a Mikasa, pero la serenidad con la que respondía decía más que sus palabras.
"¿Mikasa, alguna vez te ha pasado por la cabeza tener algo más con tu jefe?"
"¿Algo más?" El vino la hacía escuchar cosas y le tomó un momento procesar la pregunta de su amiga; sus pensamientos se desviaron a un camino que no le gustaba en lo absoluto. "¿Estás delirando? ¿El vino estaba adulterado? ¿Has visto mi relación con Levi?"
"No me refiero exactamente a Levi… ¿Sería tan malo, aunque fuera una sola noche?"
No era a Mikasa a quién le preguntaba, parecía más un soliloquio. Mikasa entendía muy bien a qué se refería o a quién, mejor dicho.
"Sasha, hay un millón de razones por las que es una mala idea. No solo es tu jefe y tu profesor, lo que ya hace que esté prohibido, pero tú has escuchado las historias. No quieres ser la nueva Nifa, sea lo que sea que haya pasado con ella, no es algo que quiera que te pase a ti."
"Yo sé y nunca he dicho que estoy enamorada o que me quiero casar con él," Sasha hablaba despacio, como meditando una decisión muy importante. "Si tuvieras la oportunidad de acostarte con él, sin pensar en las consecuencias, solo dejarte llevar por el momento, ¿no lo harías?"
"No voy a acostarme con Levi. Eso está fuera de discusión."
"Estoy hablando de Erwin."
"A eso me refería," se acomodó en el piso, ordenando sus ideas. "Estas hablando de jefes, mi jefe no es Erwin, es Levi."
El vino la atontaba y decidió dejar la copa de lado.
"Técnicamente Erwin es jefe de las dos."
Sasha estaba igual de aturdida que ella o más incluso. También ella dejó su copa y tras reflexionar un momento preguntó con curiosidad si le había preguntado a Bert quién era Nifa. Al menos el tema, tan recurrente como misterioso las hizo pensar en algo distinto.
La cabeza le dolía, el día fue extenuante y la semana que les esperaba iba a ser peor. Cuando se quedó sola en la habitación no podía quitarse de la cabeza lo que Sasha había dicho.
¿Qué podía decirle si se veía tan decidida?
¿Acostarse con su jefe sin pensar en las consecuencias? No habría manera que ella pudiera hacer algo así, era absurdo. Si su relación con Levi era de por si complicada, sumarle… Abrió los ojos y sacudió la cabeza. Era la última vez que tomaba vino, lo último que necesitaba era pensar en tonterías; probablemente fuera alérgica a los taninos. La conversación había sido sobre jefes y su cerebro estaba confundido, eso era todo, dos botellas de vino confunden a cualquiera. Se durmió evitando pensar y por la mañana despertó sin recordar el rumbo de sus pensamientos, ni la mitad de lo que conversaron. Tampoco recordaba el sueño que había tenido, pero tenía la sensación que había sido placentero. Era extraño porque rara vez soñaba; no debía ser algo interesante si no lo recordaba.
Estaba de muy buen humor, una semana de trabajo, pero sin la presencia de su jefe era reconfortante. Fijó los ojos en el teléfono y sonrió involuntariamente cuando aparecieron las iniciales de su jefe en la pantalla. Por una vez sentía que iba un paso delante de él.
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Si de algo estaba seguro Levi era que jamás previó nada de lo habría de ocurrir.
El viaje de Erwin se prolongó más de lo esperado, habría sido romántico asumir que dedicó cada minuto a extrañar a su bonita asistente, pero Levi no encajaba en esa definición; no de manera voluntaria. Si en ciudad Ehrmich, Erwin y compañía tenían mucho trabajo que hacer, en las oficinas de Smith&Zoe ocurría lo mismo. Tuvieron un par de días de absoluta locura en los que Hanji sacó la casta y se encargó de que todo fluyera. Eso lo distrajo la mayor parte del tiempo, pero era extraño levantar la vista y no ver a Mikasa tomando llamadas, contestando el teléfono y sonriendo cuando Armin llegaba de visita. Armin estaba en su escritorio y a Levi no le gustaba verlo ahí. Estaba ayudando, pero era difícil saber si Levi lo asustaba o si estaba planeando conquistar el mundo.
Llamarla a las diez de la mañana se volvió una costumbre en los días en los que Mikasa se ausentó. La joven se adelantaba a sus necesidades y encontrar una razón para llamarla se volvía más y más complicado. A veces le contestaba antes que él preguntara por algo, dejándolo sin excusas. Al menos el tono cortante de los primeros meses desapareció sin que ninguno se diera cuenta. Comenzó a dejar libre un par de minutos a las diez en punto e intentaba no pensar en eso. Si por algún motivo ella no contestaba de inmediato, se ponía de mal humor hasta que le regresaba la llamada, por fortuna para Bert solo pasó un par de veces. Armin le llevaba el café y se hizo cargo de temas de la oficina y Bert regresó a organizar su vida privada. El primer asistente era eficiente y sabía de sus gustos y manías más que la propia Mikasa, pero Levi se acostumbró a la manera en la que ella hacía las cosas y le irritaba el cambio.
Una noche, mientras discutía un presupuesto con Hanji, recibió una llamada de Mikasa. Habló con ella el tiempo suficiente para que le pasara a Erwin. Hanji, siempre atenta, notó la molestia en la voz de Levi. Eran casi las diez de la noche y por lo visto su asistente estaba en compañía de Erwin.
"No le va a pasar nada. Erwin sabe que si intenta algo con ella, lo castras." Al menos tuvo la delicadeza de esperar a que colgara.
"Tómate el café y deja de desvariar."
"¿Por qué no fuiste en lugar de Erd? Es una ciudad romántica."
"Hanji," fijó en ella una de sus famosas miradas asesinas, pero sus advertencias estaban perdiendo fuerza.
"Todo lo que digo es que sería el momento perfecto para que esos titilantes ojos negros se fijen en tu existencia."
"¿Titilantes ojos negros?" Lo preguntó despacio, casi con incredulidad y condescendencia.
"Necesitas mejorar tus habilidades declamatorias y poéticas para decirle cosas bonitas al oído," aunque hablaba de él, su atención estaba en la mini aspiradora sobre su escritorio; adoraba el pequeño juguete que ella misma le había regalado.
"¿Terminaste?"
"Aun no, o qué, ¿no tengo permiso de interesarme en tu vida sentimental?"
"Nunca has tenido permiso."
Regresó la conversación al trabajo, pero cada cierto tiempo fijaba la vista en el teléfono. No se le ocurría ninguna razón para llamarla.
Lo último que pasó por su cabeza es que dos días después tomaría un vuelo a Ciudad Ehrmich. No, no para susurrarle ninguna titilante estupidez a nadie. Necesitaban resolver el problema lo antes posible o su cliente se enfrentaría a un juicio que iba a dañar su imagen sin duda alguna. Mikasa se encargó de organizar su viaje, pero fue Erwin quien lo recibió en el aeropuerto y lo llevó al hotel. La situación era crítica y las negociaciones se habían estancado; surgió un conflicto de intereses con uno de los socios y Erwin llamó a Levi para que hiciera desaparecer el conflicto lo antes posible. En el trayecto discutieron la estrategia y decidieron posibles alternativas; en ese punto, limitar al máximo el daño era la prioridad. Mikasa estaba con Erd revisando expedientes en las oficinas de la empresa que representaban, fue lo poco que supo de ella. Toda su atención estaba puesta en el caso y en el resultado que debían alcanzar.
Levi nunca iba a juicio, por lo que en el momento que Erwin lo llamó quedó claro que necesitaban el armamento pesado. No tenían mucho tiempo, pero si todo salía bien el beneficio para Smith&Zoe sería significativo. No dudaba que Erwin confiara en su capacidad para intimidar a sus oponentes. Un acuerdo millonario estaba en juego después de todo, quien tuviera la razón no era relevante, sino quien pudiera argumentar de mejor manera que la verdad estaba de su lado. Todo su equipo pausó cualquier otra actividad.
Era un caso interesante y a él le gustaban los retos.
Supuso que en el hotel sabían de su llegada porque el gerente lo esperaba. Levi odiaba la lambisconería del personal, pero se había acostumbrado. Al menos el lugar era menos repulsivo desde "el incidente"; Hanji amaba nombrar todos los eventos medianamente llamativos y ese no fue la excepción. Casi clausuraron un hotel cinco estrellas por él, después de todo los empleados no estaban tan equivocados al hacer lo imposible porque nunca se repitiera "el incidente".
Le entregaron una llave magnética y le dijeron que todo estaba listo.
Levi debió sospechar algo cuando el gerente hizo hincapié en que ella era encantadora y que debió avisarles para preparar algo más adecuado. El tono coqueto le pareció ridículo. Le recordaba demasiado a la mirada de Erwin cuando lo dejó en el hotel. También él le dijo algo en esos términos, con una felicitación incluida. Todo lo que quería era descansar antes de llamar a su asistente, alguien debía ponerlo al día después de todo.
Lo llevaron a la suite que ocupaba cuando se hospedaba ahí; a veces se preguntaba si no desalojaban a los huéspedes o si estaba siempre vacante. La atmósfera era diferente, la sala común estaba a media luz, había velas encendidas, la chimenea ardiendo, música al fondo. Llevaron la adulación a extremos escandalosos y lo ponían de mal humor. El botones acomodó la maleta, mientras Levi siguió a una de las habitaciones, la cama tenía pétalos de rosas. Fastidio y perplejidad invadían su rostro, era obvio que lo llevaron al lugar equivocado. Iba a llamar al botones para que corrigiera el error, cuando escuchó la voz de Mikasa. Al parecer la joven entró a la habitación y se sorprendió con el escenario que habían armado. Erwin debió avisarle que Levi acababa de llegar y al ir a buscarlo la llevaron a lo que fuera esa habitación. Debían salir de ahí antes que la pareja que esperaban llegara.
"¿Qué es todo esto?" Era lo que Levi quería saber, al menos su asistente no se andaba por las ramas.
"Buenas noches, Sra. Ackerman, su esposo la está esperando," la voz del botones era amena, con un toque de picardía que no disimulaba.
"¡Qué!" La sorpresa en la voz de Mikasa igualaba la que inundó a Levi.
Las palabras del gerente, las risitas, la actitud de Erwin, todo cayó en su sitio. La pregunta era, ¿cómo demonios llegaron a esa conclusión?
Salió de la habitación cuando Mikasa respondía, o más bien preguntaba. En cuanto el joven lo vio salir, hizo lo mismo, dejándolos solos en la suite. En el rostro de su asistente se leía con claridad desconcierto. Parecía que ella también estaba armando las piezas, muchas más piezas asumió Levi.
"Buenas noches, Mikasa," podía dejar pasar la oportunidad o no. No iba a hacerlo. "¿O debo decir queridísima esposa?"
Las sombras oscurecían su rostro, pero no lo suficiente como para que no se evidenciara que se sonrojó. Intentaba buscar las palabras adecuadas, no lo ocultaba. No era que su estoicismo hubiera salido por la ventana, era demasiado Mikasa para ser así, pero toda la situación la tomó por sorpresa.
"Nunca les dije que estábamos casados o que yo fuera tu esposa," cerró los ojos y Levi supuso que repasaba los últimos días. "Hicieron una pregunta, creo. No estoy segura, estaba mandando un correo y solo dije que sí. Creí que me habían preguntado si era tu asistente. No usaron la palabra asistente, pero qué más podía ser."
Nunca dejaba de sorprenderle el absoluto desapego que sentía por el apellido que compartían. Aun así, la conclusión a la que llegó el hotel era absurda; no bastaba que se apellidaran igual para creer que estaban casados, no para personas cuerdas.
"Erwin estaba ahí," Mikasa continuaba con una explicación que a esas alturas no cambiaba nada.
"Por supuesto que estaba ahí y debió parecerle lo más gracioso del mundo." No sabía si reír o indignarse. "Cejón de mierda…"
"Dame un par de minutos, voy a llamarlos y a aclarar el mal entendido," se acercó al teléfono y Levi pudo apreciar en detalle las facciones de su rostro.
Había cosas mucho peores en la vida que creer que estaban casados.
"Déjalo así," la confusión la hacía ver encantadora. "Mikasa, ésta cadena de hoteles es una de mis cuentas más importantes y no solo es el personal quien cree que estamos casados."
Extendió la nota que estaba en una enorme cesta llena de regalos. Mikasa leyó el inocente papelito y su rostro alcanzó una nueva tonalidad de rojo. El presidente de la cadena enviaba sus más sinceras felicitaciones a la pareja, insinuando que disfrutaran de una segunda luna de miel. Levi le comentó además que era un hombre que valoraba la familia y la santidad del matrimonio como pocas personas en el mundo. No era tan simple como corregirlos.
"Lo lamento tanto," se sentó en el sofá y Levi se acomodó a su lado. "Cada día había una amenidad nueva, frutas, chocolates, café… me siento como una idiota." Lo veía como esperando que la regañara o que confirmara lo que dijo.
"Ni el hotel más esplendido del mundo regala cosas así porque sí, Mikasa," no pudo evitar sonreírle. Para Levi, ella era una mezcla de ingenuidad y frialdad, a veces lo que la rodeaba le parecía insignificante, otras, el mundo la tomaba por sorpresa.
"Erwin dijo que te tenían miedo y que querían que dijera cosas buenas del hotel."
"El maldito se está divirtiendo mucho con esto, pero tiene razón. Como si asistente o mi esposa," la última palabra la dijo despacio. "Querían que me dijeras cosas buenas de ellos, es verdad."
Mikasa por fin asintió, aun incómoda por lo ocurrido, pero menos ofuscada.
"¿Qué hacemos?"
Su ritmo cardíaco se aceleró con la pregunta. Podían cambiar la versión a riesgo de ofender a alguien o podían no hacer nada.
"Hay dos habitaciones, Mikasa," ella fijó la mirada en sus ojos. "E igual vamos a pasar la mayor parte del tiempo juntos, trabajando. Mientras estemos aquí, estamos casados."
Ella asintió sin emoción alguna, pero sus ojos reflejaron lo terrible de la noticia. Se preguntó que le afectaba más que la confundieran con su esposa o que su descuido se reflejara en su perfecto desempeño. Levi observó la mano izquierda de la joven y se preguntó si la charada necesitaba de algún anillo. Por fortuna, Mikasa comenzó a hablar de trabajo y eso evitó que saltara por la ventana, frustrado con sus propios pensamientos. Volvió a enfocarse en el trabajo y no pensó en que por lo menos durante unos días iba a tenerla cerca hasta cuando durmieran. Cada uno en su habitación.
Lo primero que tenía que hacer era decidir si agradecer a Erwin o asesinarlo.
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Una serie de eventos siguieron a la llegada de Levi. Nada extraordinario en apariencia.
Los dos días siguientes fueron el reto que todos esperaban, horas interminables de trabajo y poco descanso. La primera noche fue la más pesada de todas, todo el equipo estaba reunido en la suite y Erwin a pesar de la seriedad de todo, no pudo evitar hacer comentarios sobre la confusión del hotel y la "felicidad de los Ackerman". Mikasa, al principio se veía apesadumbrada, pero se acostumbró a las bromas de todos; según se dio cuenta Levi, Sasha se enteró del malentendido hasta que se lo dijeron. Cuando por fin se retiraron y los dejaron a solas, Mikasa terminó de organizar unas carpetas, preguntó si no necesitaba algo más de ella y se fue a dormir. Fue la primera vez que le sonrió.
Desde temprano en la mañana estuvieron reunidos negociando, tomando deposiciones, luego hubo reuniones informales y al terminar el día aún no se resolvía nada. Estaba agotado y todavía faltaba convencer a dos accionistas mayoritarios. Veía las noticias, sentado en el sofá de la sala y masajeando sus sienes; el escándalo en la televisión no ayudaba a los intereses de su cliente. Mikasa puso frente a él una taza de té recién hecho y apagó el aparato.
"No más trabajo por hoy," tenía otra taza en sus manos y sentó a su lado.
"Todo puede cambiar para mañana." No podía evitar preocuparse, el trabajo no avanzaba a la velocidad necesaria y no podían extender su estadía indefinidamente.
"Por eso Erd está monitoreando las noticias," se veía cansada al hablar. "Duplicar el trabajo no nos lleva a ninguna parte. No más trabajo por hoy. ¿Te pido algo para cenar?"
"No más trabajo para ninguno de los dos," Mikasa no parecía cómoda con el acuerdo, pero asintió. Se levantó y Levi supuso que iba a su habitación. Casi escuchaba a Hanji en su cabeza, a Isabel y al mismo Erwin, en coro, repitiendo que no dejar ir esa oportunidad. "Toma tu abrigo, vamos por comida."
Antes que protestara negó con la cabeza, le extendió el abrigo y la empujó a la puerta. Ella no tuvo tiempo de tomar su teléfono y él dejó el suyo con toda la intención.
Mikasa caminaba a su lado y cada cierto tiempo preguntaba a dónde se dirigían, él ponía los ojos en blanco y la acusaba de impaciente. La ciudad estaba iluminada y llena de vida, pero ellos, a diferencia de la mayoría de turistas, no se dirigían a los lugares más frecuentados. Dudaba que a ella le gustara ese tipo de sitios. Tenía una sola oportunidad y no iba a desperdiciarle en un sitio donde no pudiera charlar con Mikasa. ¿De qué podían hablar? Confiaba que algo distinto al trabajo se le ocurriera al llegar. Su asistente, en dos oportunidades intentó entrar en cualquier lugar, entre ellos un Starbucks, en ambas ocasiones Levi la miró ofendido antes de tomarla del brazo y obligarla a seguir caminando.
Cuando por fin llegaron Mikasa lo había acusado de querer matarla de hambre, además de tener tendencias de secuestrador.
"Ackerman, te puedo cargar otra vez si es lo que quieres."
Ella se detuvo en seco y lo amenazó con el dedo índice, "Ni se te ocurra."
Pronunció cada sílaba y Levi sonrió antes de pedirle que siguiera caminando o él iba a entender que quería que lo hiciera. Le lanzó dardos con la mirada, pero siguió caminando. Casi cuarenta minutos después llegaron al restaurante. No era un lugar sofisticado, era un lugar pequeño y lleno de vida. Solo unas cuantas mesas estaban ocupadas. La mesera les llevo el menú y Levi se lo regresó sin dejar que lo tomara, no tuvo que levantar la vista para saber que Mikasa se indignó.
"Dos hamburguesas, la de ella con gorgonzola y alioli, sin tocino. La mía con cebollas cippolini fritas y mayonesa con pimienta. En brioche. Con camote frito, no papas. Partidas a la mitad. Dos limonadas con fresa y albahaca."
"Quería ver el menú," estaba frente a él con los brazos cruzados y cara de fastidio.
"Es lo mejor del menú y no has parado de quejarte de una posible muerte por inanición. Te hubieras tardado toda la noche en decidir."
Omitió decir que desde que supo que Mikasa adoraba las hamburguesas quería que probara las de ese lugar. También omitió decir que ordenó todo lo que sabía que le gustaba a su asistente. No se equivocó en lo más mínimo. Ella no reconoció que le gustó todo, no necesitaba hacerlo; en cada bocado su rostro reflejaba felicidad. Cuando le preguntó por la de él, Levi le ofreció la mitad y sonrió cuando la vio quitarle el tocino. Mikasa no le ofreció la mitad de la suya de inmediato, durante unos minutos su mirada osciló entre la hamburguesa en su plato y su jefe. Era como una niña disfrutando y acaparando, pero al final ofreció su mitad. Al terminar sus camotes fritos, Levi ordenó más. Incluso pidió tarta de limón con merengue; el postre parecía salido de la televisión al igual que la sonrisa de la joven. Levi nunca la había visto sonreír tanto desde que se conocieron. Era agradable ver que alguien disfrutaba de la comida de esa manera.
"¿Cómo descubriste este lugar?"
"Es un tesoro de esta ciudad, yo trabajé aquí."
Mikasa dejó la cuchara a un lado y lo vio con incredulidad.
"¿Aquí?"
"Un verano cuando estaba en la universidad."
"¿Haciendo qué?"
"Mesero."
"No te imagino como mesero."
Toda su atención estaba puesta en él, con las manos sosteniendo su rostro y apoyada sobre la mesa. Nunca tuvo el menor interés en él y era extraño ser objeto de sus preguntas. Levi sabía muy bien que era más curiosidad que interés, al menos la forma en la que lo veía era diferente. Si tenía suerte el objeto de su interés podía llegar a considerarlo humano.
"Te sorprenderías."
"Si la gente se quejaba, qué hacías, ¿los echabas o los regañabas hasta que pedían disculpas por tener mal gusto?"
Ella rio cuando él lo hizo. Era un sonido agradable, más de lo que debía.
"Las dos."
Mikasa tomó la taza de café y al parecer estaba vacía. Levi lo había notado antes, le frustraba que se le acabara el café.
"¿Otro café?"
La pregunta de su joven asistente lo tomó desprevenido y solo asintió antes que ella llamara a la mesera y pidiera dos cafés dobles.
¿En qué más has trabajado?" Mikasa hizo una pausa para endulzar su bebida. Siempre dos de azúcar, siempre mascabado y nunca endulzantes de moda como el resto de la oficina, negro cuando lo llevaba desde su casa. "¿Además de mesero?"
Fue una charla larga y amena. Ella no imaginaba lo raro que era para él hablar de su vida, pero superado el nerviosismo que ella le producía, se sintió cómodo en su compañía. La conversación era sobre ellos, pero se limitó a trabajos anteriores, a hechos concretos, sin entrar en temas personales. Mikasa le hacía bromas sobre su edad y por primera vez él decidió no hacerla enojar; las bromas no terminaron ni en una discusión, ni con silencios incómodos.
"¿Qué tal el café?"
Su acompañante era una conocedora y el tema era uno de sus favoritos. Siempre había una taza de café en su escritorio; los mugs con frases sarcásticas eran sus favoritos. La mayoría expresaban el poco amor que sentía por los lunes y las mañanas, también estaba el de Gruñón, uno de los enanos de Blanca Nieves. Regalo de Hanji con un mensaje nada subliminal hacía su jefe.
"No es tan bueno como el mío, pero no está nada mal."
"Modestia aparte."
"¿Alguna queja sobre mi café?" Entrecerró los ojos como si esperara un golpe bajo, aun así, le estaba dando una oportunidad y él no iba a desperdiciarla.
"Ninguna." Levi no iba a arruinar deliberadamente la noche. Además, le gustaban las bebidas que ella preparaba para él.
Ella tenía curiosidad por su gusto por el té y en particular por la forma en la que sostenía la taza. Hizo una demostración de lo absurda de su manía por agarrarla desde arriba y no por el asa. Por fortuna Mikasa preguntaba cosas que no tenía problema en contestar, no a ella. Claro que la explicación de su forma de sostener las tazas no la convenció y tuvo que contarle la historia completa. No le había contado esa historia con todos los detalles incluidos a nadie antes. Solo con Farlan e Isabel hablaba de su madre, las historias alegres. Ella escuchó atenta y se río con el desenlace.
Aún tenían trabajo que hacer y por lo menos dos o tres días más en la ciudad. Si esa cena tuvo algún significado fue demostrarle que de alguna manera lograba comunicarse con ella como adultos civilizados. El cambio le gustaba.
Ella le gustaba.
Mucho.
