Hola a todos y a todas, perdonen por la demora pero…he tenido días muy ocupados!... les agradezco mucho por sus comentarios en el chap anterior jaja ya sé que odian a Yamcha, la verdad que cuando escribo sobre él también jaja pobre…pero ya veremos como Bulma se entera…creo que al fic le quedan unos pocos capítulos más, como les había dicho no será uno tan largo. Espero en verdad que este sea de su agrado. Mi hermoso y amado Vegeta al fin podrá mostrarse como en verdad es! :P

Un abrazo enorme a todas, muchas gracias linduras.

Disclaimer: Los personajes de ésta historia le pertenecen a Akira Toriyama.


EN LA OSCURIDAD

Cap.10

La negociación

Otra persona más despiadada se habría relamido de gusto al observar la inquietud de Regal. Pero Yamcha estaba igual de inquieto, aunque aparentaba mayor tranquilidad. Deseaba ponerle en su lugar —demostrando que él era igual de fuerte y poderoso— pero si agitaba demasiado a su bestia aquel despacho se convertiría en el escenario de un crimen atroz. Todas las paredes acabarían regadas y salpicadas de sangre y vísceras y las entrañas de ambos quedarían esparcidas sobre la cara alfombra, sobre la mesa y pegada a los ventanales. Sería muy desagradable para cualquier humano que entrara inmediatamente después.

Y la pobre Bulma se quedaría sin ninguno de los dos hombres que ahora mismo mantenían una tensa batalla por ella.

Yamcha no quería pelear con Regal. No es que le tuviera miedo aun sabiendo que el lobo era más poderoso, pero sencillamente no era estúpido. Arrancarle la yugular sería una tarea muy fácil de llevar a cabo, pero matarle agitaría al resto de su manada y no deseaba tener a una docena de lobos rabiosos detrás de él cuando ya tenía bastante por lo que preocuparse. Además, Regal también parecía por la labor de lanzarse a pelear, pero si hubiera querido, le habría arrancado la mano en cuanto se la estrechó.

Así que ahí estaban, apretándose las tuercas mutuamente a pesar de que los dos deseaban arrancarse la cabeza el uno al otro. Yamcha por celos y posesividad y Regal, por puro egoísmo a su parecer, ¿Qué clase de interés tendría un hombre como él en una mujer casada?

— ¿Sabe lo que eres? —le preguntó el empresario tras un prolongado silencio, después de haber asimilado la intencionada frase de Yamcha.

—No —respondió él— Y por el momento, es mejor que siga siendo así.

Regal levantó las manos del reposabrazos para colocarlas sobre la mesa y le miró fijamente.

—En ese caso, tampoco sabe lo que soy yo —asumió, hablando muy despacio.

—En efecto.

«Poco a poco», pensó Yamcha. Antes de revelarle a Bulma sus respectivas naturalezas —y la de ella misma— tenía que poner en orden sus sentimientos y deseos, ya que ella no le había dicho que ya no lo amaba y que quería dejarlo, ella no lo había dejado, ¿No?

Si revelaban todo de golpe, sufriría un shock demasiado fuerte.

— ¿Y qué es ella? —preguntó Ouji. Hablaba más despacio, aunque seguía mostrándose igual de confiado que al inicio de su reunión.

—Humana —respondió. Ya trataría ese tema más tarde. Primero tenía que estar seguro de las intenciones de Regal. No sería el primer hombre en la tierra que juraba amor eterno a una mujer para después abandonarla con un cachorro en brazos en cuanto descubría su naturaleza.

Que fuera un lobo tampoco lo eximía de esa sospecha porque tampoco sería el primero en abandonar a su descendencia, como si por el hecho de traer un cachorro al mundo ya hubiera cumplido con su parte del ciclo vital.

—Nunca me había atraído tanto una humana, doctor.

—Qué casualidad, a mí tampoco, Vegeta —comentó con sarcasmo.

—Vaya…de esa manera hubieses empezado todo…verás lo primero que capté de ella fue su aroma —Yamcha contuvo las ganas de poner los ojos en blanco. Detestaba a las personas que hablaban sin tener nada que decir y Ouji parecía uno de esos charlatanes que adoraban su propia voz— Cuando la encontré, solo deseé arrancarla de sus brazos, y llevarla conmigo…me pregunto, ¿Qué pensará de ti cuando sepa que ha vivido años de su vida engañada por un metamorfo?

Yamcha se quitó una pelusa invisible de los pantalones y miró al lobo con una tranquilidad que no sentía.

—Yo también desearía arrancar de los pensamientos de mi esposa la presencia de otro hombre...y la respuesta a esa pregunta no es algo que deba interesarte, se lo diré cuando sea el momento adecuado.

—No sólo de sus pensamientos, recuérdalo bien —gruñó Vegeta por lo bajo. Yamcha abrió y cerró el puño, ignorándole.

—... pero eso no puede ser —continuó— Igual que tú tampoco puedes arrancarla de mis brazos. No estoy aquí para pelear por mi derecho sobre ella, ni por mi posición y tampoco por ella, porque no tengo que demostrarte nada a ti. He venido a hablar acerca de Bulma y de lo que es mejor para ella.

Vegeta emitió un gruñido de irritación y se recostó en el sillón, juntando las yemas de los dedos.

—Bulma era una mujer insatisfecha e infeliz, se le notaba al mirarla a los ojos. Y lo seguirá siendo mientras continúe a tu lado.

Estaba listo para afrontar todo tipo de frases hirientes. Eso no quería decir que no dolieran. ¿Qué se creía Vegeta? Yamcha sabía mejor que nadie lo infeliz que era su esposa. Él era quién, día tras día, la veía apagarse mientras su maldición se llevaba todas las atenciones. Mascó una bola de rabia antes de responderle.

—Bulma no estaba satisfecha con nuestra vida sexual, soy plenamente consciente de ello, Vegeta. Tú y yo sabemos lo peligroso que puede ser el instinto.

—No tengo ningún problema con mi instinto —respondió con brusquedad— Tenía muy claro que deseaba yacer con Bulma y eso hice.

Había dado con un tipo muy terco y estrecho de miras. Debía follar muy bien para haber dejado a Bulma tan afectada.

—Sí —accedió Yamcha— durante una sola noche. ¿Se imagina satisfacerla todas las noches de su vida, soportar todo eso?, dudo que lo sepa.

—Por supuesto que lo sé—respondió muy seguro.

Yamcha lanzó una carcajada.

No tiene ni la menor idea de lo que está diciendo —ronroneó— Bulma es una mujer exigente, una sola bestia no es capaz de satisfacer... todas sus necesidades.

Vegeta levantó una ceja, ¿De qué diablos estaba hablando este sujeto?

—Yo lo hice.

—Una sola noche, Vegeta —insistió— Y ella se marchó a la mañana siguiente. ¿Te imaginas por qué?

—Ve al grano de una buena vez—espetó Ouji arrugando el ceño. Yamcha captó el rugido de su bestia por debajo del tono de su voz, un sonido que surgía desde el fondo de su garganta— Empiezo a cansarme de tus jueguitos estúpidos.

Yamcha lo observó durante un buen rato, estudiando lo que había conducido a Bulma hasta aquel hombre. Era bien parecido, atractivo según los cánones humanos y probablemente habían sido sus ojos, la mirada de un cazador, lo que había atraído a su mujer hacia él. Los lobos eran animales atractivos y su figura tenía cierto romanticismo en el imaginario femenino, pues representaban una naturaleza salvaje y una fuente de soberbia masculina.

Un macho alfa siempre atraía a las hembras, fuese cual fuese su raza. A él le sucedía lo mismo. Solo que a diferencia de Vegeta, él no se pavoneaba delante de todas las hembras que se quedaban prendadas de su encanto ni les calentaba la cabeza con palabrería estúpida. Él les mostraba el camino hacia un mundo de exóticos placeres, porque era lo que le había gustado hacer desde muy joven. Sin embargo, desde que se casara con Bulma, había disminuido sus encuentros con otras hembras al mínimo. Primero, porque no concebía aquella posibilidad en que ella lo descubriese y lo abandone y por otro, ¡por la Diosa!, no tenía tiempo para tener una aventura.

No, a menos que satisfacer los caprichos de Cordera entrara dentro de los parámetros de una infidelidad, Yamcha había estado con muy pocas mujeres en los últimos cinco años. Y tampoco le apetecía desbocarse.

Y Vegeta, con su encanto, su elegancia y su arrogancia, podía tener a la hembra que quisiera. Al muy cabrón se le había metido entre ceja y ceja que deseaba lamer los muslos de Bulma y no parecía dispuesto ni siquiera a colaborar. Demonios, había dejado afectada a su mujer y se comportaba como un niño.

—Mi propuesta es muy sencilla, Vegeta —dijo Yamcha para reconducir la conversación. Estaba cansado de dar rodeos, podría pasarse el día elaborando requiebros lingüísticos para confundirle, pero no le apetecía luchar con este tipo de mente plana— Quiero que mi esposa esté contenta, satisfecha y feliz. Tiene una fea tendencia a racionalizar las cosas, reprime sus emociones y nunca las expone a menos que sea demasiado tarde. Se aflige con facilidad si nadie le presta la debida atención porque en el fondo, es y seguirá siendo, una mujer que busca lo que todo el mundo: amor.

Vegeta empezó a tamborilear la mesa con los dedos, impacientándose. Yamcha no se dejó intimidar por su fingido aburrimiento, sabía que estaba nervioso. Se sintió irritado al ver la poca colaboración del otro hombre. Como el lobo no dijo nada, Yamcha volvió a tomar la palabra.

Soy capaz de ofrecerle amor, soy su marido, todo lo que ella necesita. Pero es evidente que no soy suficiente para ella, me lo ha dejado saber al acostarse contigo.

Yo sí puedo serlo —respondió Vegeta con voz seca.

Yamcha entrelazó los dedos de las manos, colocó el tobillo sobre la rodilla de la pierna contraria y miró fijamente a Vegeta.

—Tú le ofreces pasión y aventura, intensidad de corta duración, un sueño efímero. Yo le ofrezco estabilidad y ternura, fidelidad a largo plazo.

—Aburrimiento —comentó Vegeta.

Yamcha volvió a morderse la lengua.

—Igual que se ha cansado de mí, se cansará de ti.

—Ah, ¿entonces has venido a hacerme un favor y advertirme que no me enamore de ella para que no me rompa el corazón? —ironizó el lobo.

—No —masculló el doctor— Me da igual si te rompe el corazón. Es más, preferiría que lo hiciera para que así pudieras entender una mínima parte de los daños que tus apetencias han causado entre nosotros.

—Es obvio que entre ustedes las cosas no pintaban nada bien, doctor —rumió Vegeta esbozando una sonrisa. «Una sonrisa de lobo»— Yo sólo he abierto la mente de tu mujer. Ah y también sus piernas.

Yamcha lanzó un suspiro y se puso en pie, irritado al ver cómo Vegeta se relamía con sus propias ocurrencias.

—Pospondremos esta reunión hasta que te apetezca ser un poco más colaborador en este asunto.

Alargó la mano para coger el teléfono que había dejado Vegeta sobre el escritorio, dónde la fotografía desnuda de Bulma continuaba visible. Cuando rozó el aparato con los dedos, lo agarró por la muñeca con más fuerza de la que él le había supuesto.

La tensión en el despacho creció hasta hacerse insoportable. Yamcha se puso en tensión por puro instinto de supervivencia, pero cuidó de no mostrarse demasiado agresivo para no chocar con la bestia de Ouji, que gruñía y se removía dentro de sus límites. El otro hombre se levantó muy despacio, con los ojos oscuros llenos de un brillo peligroso.

— ¿Has venido hasta aquí para restregarme por la cara que Bulma está contigo?

—No —contestó con mucha cautela— He venido para intentar hacerte entender que no pienso perderla por culpa de tu egoísmo, es mejor que la dejes tranquila, es lo mejor para ella.

Se hubiera regocijado al ver la confusión en los rasgos de Vegeta si la situación no fuera tan peligrosa.

— ¿Y tengo que confiar en tu generosidad?, no la dejaré tranquila porque sé que no es lo que ella quiere. Hazte la idea de que en algún momento no volverá más a ti, si te propones luchar contra mí, lo haremos.

— ¿Acaso tienes otra idea mejor?

Sí. Dejar que me quede con ella y hacerte a un lado y así evitar que te mate.

Yamcha enderezó la espalda y dejó asomar un atisbo de su bestia, sólo para que Vegeta notara su presencia y tuviera más cuidado a la hora de dirigirse a él. En cuanto percibió su poder, el equilibrio de su lado animal con su lado humano, recapacitó. Con un gruñido sordo, le soltó la muñeca y estiró la espalda.

—Eso no va a suceder —respondió Yamcha sin perder la calma— Crees que puedes aparecer en nuestras vidas y llevarte a Bulma sólo porque te crees más listo, más guapo y más interesante. Pero no tienes ni idea de lo que supone estar casado con una mujer como ella. Estoy seguro de que la dejarás satisfecha, pero tú no eres un hombre que se deje llevar por las emociones sino por su naturaleza. Y en tu naturaleza no está conservar a una hembra.

— ¿Qué sabrás tú lo que yo quiero o no quiero hacer?

—Conozco a los de tu clase. Son todos iguales.

Vegeta dio salto por encima de la mesa y se plantó frente a él, tenso y amenazador, acercándose tanto que sus caras quedaron casi en contacto. Yamcha se mantuvo dónde estaba, sin dar un solo paso atrás ni mostrar un ápice de vacilación.

—No soy como todos los de mi clase —gruñó el lobo.

—Yo tampoco —respondió él intentando guardar la calma, estaba en desventaja— Y tampoco Bulma.

—Ella debe ser mía.

—Eres el último y quieres colocarte primero —rugió Yamcha— Y así no funcionan las cosas. Si quieres arrebatarme con mi mujer, habrás de matarme primero y que todos se enteren de una buena vez que clase criatura eres.

Vegeta se puso todavía más tenso. Estaba claro que intentaba demostrar su supremacía frente a él, pero Yamcha al parecer no se iba a dejar intimidar por un lobezno sin modales.

—Ella no es tuya —respondió el lobo, haciendo una pausa en cada palabra.

—Tampoco es tuya —replicó Yamcha— Tú no puedes decidir por ella, ni por mí. Es Bulma quién debe decidir lo que quiere, ¿no te parece? Puede que te quiera a ti. O puede que me quiera a mí. Pero, ¿y si nos quiere a los dos? ¿No has pensado en esa posibilidad?

—Me niego a creer que quiera estar con alguien como tú —dijo con visible desprecio, ¿De qué estaba hablando ese imbécil?

—Me decepcionas, Vegeta. Esperaba que fuese más listo por haber conseguido que Bulma se fijara en ti. Pero no eres ni la mitad de interesante de lo que aparentas ser.

El cuerpo de Vegeta se hinchó, el traje empezó a crujir cuando las costuras cedieron y los ojos negros se tornaron aún más oscuros y depredadores. Su rostro se cubrió de vello y sus colmillos se afilaron. Yamcha ni siquiera se mostró alterado ante lo que veía, no podía permitir que el lobo lo atacara, no buscaba pelea con Vegeta y era evidente que su calma estaba poniendo a prueba el autocontrol del lobo.

—Tendrás noticias mías —le dijo Yamcha dando un paso atrás, guardándose el teléfono móvil en el bolsillo— Bulma vendrá a verte, si es lo que ella desea. Pero ten cuidado, Ouji. A veces deseamos cosas que no conocemos realmente y te aseguro que vas a arrepentir de tus decisiones.

Un hombre inteligente no le daba la espalda a su enemigo, por lo que Yamcha caminó hacia atrás hasta la puerta del despacho, vigilando que Vegeta no saltara sobre él. Estaba a un paso de convertirse en una bestia de enormes colmillos y zarpas de acero, lo mejor que podía hacer era marcharse antes de que alguien del edificio descubriera que su jefe era una bestia cambiante.

—Cobarde —murmuró Vegeta.

—Prudente —lo corrigió Yamcha guiñándole un ojo y saliendo nervioso y apresurado del despacho.

Cuando se marchó, tuvo tiempo de escuchar un aullido que solo captaron sus sentidos. El resto del edificio solo sentiría un escalofrío y un zumbido en los oídos, maldita sea el lobo lo estaba sentenciando a muerte.