-10: Marvel-

Enojado con sus padres porque quisieron aprovecharse de su condición de Vencedor cuando en realidad nunca se preocuparon por él. A su llegada les dejó bien en claro que si se le acercaban nuevamente, iba a empujarlos desde lo más alto de una montaña. Y en serio que sería capaz de hacerlo.

Somnoliento porque la paranoia hacia el Capitolio lo mantenía en vela. Las noches de pesadillas con los tributos caídos tampoco ayudaban y la sensación de estar perdiendo la cabeza por momentos lo estaba preocupando demasiado. No quería depender de ninguna droga para poder dormir, ese sería un punto sin retorno.

Frustrado porque desde que había regresado al Distrito 2 no había podido ver a Marvel. Ni siquiera pudo comunicarse con él por teléfono. No sabía si estaba bien, si lo necesitaba o lo extrañaba siquiera. Sólo sabía que recién podría volver a verlo la próxima semana… Siete días más de espera, a ese paso se terminaría suicidando.

Los tres estados de ánimo que atormentaban a Cato eran peores que una tortura física. El prendedor de plata ya no surtía efecto. Morgan y Clove eran un consuelo pasajero, no quería admitirlo, pero ellos le recordaban bastante a los juegos. Quizás fue esa la razón por la que ninguno propuso vivir en la misma casa. Ese era otro tema; su nueva casa era demasiado grande y se sentía muy solo y vulnerable a veces. Toda su nueva vida era más una carga que un alivio. Antes pensaba que al ganar los Juegos del Hambre estaría en paz… bueno, se estaba dando cuenta de que la realidad era todo lo contrario.

Cato estaba acostado en la cama, mirando al techo sin poder dormir. Era de tarde pero no sabía qué otra cosa hacer. Se sentía vacio y aburrido. Esa mañana Clove le había traído bolsas y bolsas con alimentos y productos de limpieza, Morgan lo había ayudado a ordenar algunas habitaciones a su gusto para que sintiera que ese lugar podría convertirse en su hogar algún día. Al menos el tiempo que pasaban juntos le servía para distraerse, porque cuando se marchaban sólo se la pasaba caminando por toda la casa o acostado en el sofá, o en alguna de las camas. Dos días únicamente habían pasado desde su llegada y ya tenía una pequeña muestra de lo difícil que sería su existencia.

Los ojos se le cerraban a veces pero no lograban quedarse así. El canto de un ave, la charla de alguno de sus vecinos vencedores desde la calle o cualquier cosa que le pareciera extraña en el techo, eran motivos suficientes para hacer que se levantara y fuera a otra habitación a intentar dormir. Iba a desnudarse para ver si así encontraba un poco de comodidad antes de recostarse, era una actitud que muchos consideraban rara pero a él le funcionaba. Sólo llegó a sacarse la camisa cuando el timbre lo interrumpió. No se sentía de humor para recibir visitas. Bajó las escaleras con desgano y preparó su mejor cara de rabia para espantar a quien sea que tuviese ganas de molestarlo, aunque si eran Morgan o Clove no funcionaría.

Cuando abrió la puerta se encontró con un chico ¿O era una chica? Con la piel antinaturalmente blanca, un ligero sonrojo en las mejillas y el cuerpo y la cabeza cubiertos por una capa con capucha de color verde. La única expresión que pudo poner al ver a esa persona tan fuera de lugar fue de intriga.

-Eh si… ¿Qué necesita?- Preguntó intentando sonar rudo. El sujeto no le contestaba. Tenía los labios entreabiertos y su mirada parecía viajar de sus ojos a su torso desnudo con algo similar a la duda dibujada en el rostro.

Era suficiente. Cato no iba a tolerar que ese tipo tan raro lo estuviese viendo de tal forma y con descaro. Iba a darle un puñetazo, pero el joven extraño se sacó la capucha mostrando completamente su cara.

-Hola…-Dijo en voz tímida mientras sus ojos verdes descendían a mirar el suelo con pena y esbozaba una pequeña sonrisa nerviosa.

-¿Marvel?- No necesitó buscar mucho debajo del maquillaje. La voz casi infantil, los ojos brillantes por la emoción, el cabello castaño algo revuelto por la capucha, y esa presencia que le traía tanta paz. Era él, era Marvel.

Cato no esperó a que le respondiera, lo tomó de un brazo y lo arrastró al interior de la casa, cerrando la puerta detrás de ellos para luego aprisionarlo contra la pared, poniendo los brazos a los costados de su rostro para no dejarlo escapar. Lo analizó detenidamente, mirándolo de arriba abajo, percibiendo que él sentía un poco de miedo. Olisqueó su cuello actuando cómo un animal salvaje y luego volvió a concentrarse en sus ojos. Estaba radiante, no igual a cómo lo recordaba en el Edificio de Justicia, pero estaba bien y a salvo, eso era suficiente.

-Marvel.- Repitió nuevamente el nombre del chico suavizando su tono de voz cómo lo había hecho las veces que hablaron. Acarició su mejilla con delicadeza, permitiéndose sentir con satisfacción la cálida piel. Percibió cómo la mirada le cambiaba de temerosa a llorosa, pero estaba sonriendo.

Creía increíble tenerlo tan cerca, era cómo si se hubiese alejado de él por décadas y volviese a encontrarlo. Todo lo que había comenzado a sentir el día de la cosecha en el Edificio de Justicia se intensificaba y cobraba un sentido que le parecía imposible. Porque ahora que solamente unos centímetros los separaban comprendía mejor que nunca la razón por la que le dijo "Te amo", aún conociéndolo tan poco: Lo necesitaba a su lado por siempre. Él sería su felicidad, su vida y su amor.

Los pensamientos y sentimientos de Marvel no diferían mucho de los de Cato. Preso contra la pared, demasiado próximo al "Chico monstruoso" que había salvado su vida y lo había enamorado. Unas lágrimas que se resistían a salir nublaban un poco su visión, aunque no lo suficiente como para evitar que notara que, pasando el buen aspecto y estado de Cato en cuanto a su salud, sus ojos atestiguaban lo destruido que estaba por dentro. Esos bellos ojos azules habían perdido parte de su brillo. Las intensas ojeras que se formaron de largas noches que pasó sin dormir lo empeoraban. Los juegos se lo habían robado… pero no del todo.

Las manos de Marvel viajaron hasta el rostro de Cato, posicionándose sobre sus mejillas y quedándose ahí, acunándolo.

-Regresaste…- Le dijo con un hilo de voz. –Estás aquí… conmigo.- Quería convencerlo y auto convencerse de que todo era real, que no era un sueño o una fantasía. Era tan real cómo los labios que se posaron sobre los suyos cuando terminó de hablar. Un beso corto, dulce y tan necesario como el aire que respiraban. Tan pequeño y pasajero que costaba creer que después de tanta espera no hubiese más que eso, pero para ambos era suficiente y más significativo que cualquier otro acto.

Cato no era capaz de discriminar las emociones que lo inundaban, solo podía pensar en Marvel adelante suyo y ese primer beso que acababa de darle. En su cabeza escuchaba la melodía de "El canto del perdido", entendiendo lo perdido que estaba y que lo estuvo desde el día que recibió el prendedor y el beso en la mejilla. Lo abrazó, deseando poder romper más la distancia, intentando que sus cuerpos se volvieran uno solo, incapaz de separarse, se ocultó en el espacio entre la cabeza y el hombro de Marvel, aspirando su aroma y apretándolo con fuerza para que nadie pudiese apartarlo de su lado, quedándose así por unos largos minutos.

-Cato… No quiero arruinar el momento, pero no puedo respirar…-

Al parecer no había medido su fuerza, rápidamente se separaron. Cato lo tomó por los hombros y puso cara de miedo, temía haberle hecho algún daño de forma involuntaria.

-Tranquilo, estoy bien- Marvel le sonrió para que no se preocupara y lo abrazó él mismo, claro que con algo menos de fuerza, poniendo los brazos alrededor del cuello de Cato. Éste no dudo ni un segundo y apretó, intentando ser delicado, su cintura con uno sólo de sus brazos, con la mano libre le acariciaba la espalda.

-Lo siento…- Sentía culpa por no haberse contenido un poco, no hubiese soportado hacerle daño.

-Está bien, no pasó nada.- Juntaron sus frentes y cerraron los ojos, escuchando la respiración del otro en medio del silencio.

De a poco, siguiendo sus instintos, Cato descendió hasta la boca de Marvel y lo beso con pasión. Introduciendo su lengua con cautela, saboreando lentamente, jugando con las sensaciones y el control que poseía ante la inexperta lengua de Marvel, permitiéndose sentir de forma extraña y excitante cómo el cuerpo ajeno temblaba entre sus brazos. Se separaban para calmar sus respiraciones y tomar un poco de aire, para después volver a comenzar con esa electrizante, dulce y lenta lucha en la que sus bocas se encontraban una y otra vez en un bello acto de amor. Marvel experimentando cómo se sentían esos labios con los que había soñado. Cato descubriendo cómo era besar a alguien con cariño real. Juntos, cerca uno del otro, uniéndose en un interminable beso que congelaba el tiempo y el espacio, que les traía nuevas esperanzas, que los hacía pensar en millones de cosas pero dejaba sus mentes en blanco, permitiéndoles concentrarse en la persona que ahora se adueñaba de su ser.

Cuando definitivamente separaron sus bocas, volviendo también a la realidad, se miraron intensamente a los ojos y sonrieron. No había mucho que decir y de todas formas ninguno sabía cómo comenzar ni de qué tema hablar… si es que había algo que hablar.

-Yo…- Dijo Marvel dudoso mientras un ligero sonrojo cubría sus mejillas. Sentía los labios hinchados y empezaba a caer en cuenta de que esos fueron los primeros besos que había dado en su vida, y no era estúpido, era vergonzoso sentir que el otro tenía experiencia mientras él estaba desorientado.

-Dime.- Cato amplió su sonrisa para despertarle confianza y pudiese continuar.

-Quiero quitarme este maquillaje… ¿Tienes algún espejo?- No sabía que otra cosa decir. Cuando termino de pronunciar la última palabra comenzó a castigarse mentalmente. "Genial, va a pensar que soy un idiota"

-Eh… claro. Sí, estoy seguro de que sin esa cosa te verás mejor.- El rostro de Marvel debía ser un tomate bajo el maquillaje blanco. -¿Por qué te lo pusiste en primer lugar? ¿Y todas esas… cosas?- Dijo señalando su atuendo mientras pensaba en que parecía alguien del Capitolio.

-Es que mi madre insistió en que debía disfrazarme para que nadie me reconociera, ese era el trato.-

-¿Trato?- Ciertamente, Cato no comprendía nada, ni siquiera por qué estaba en su casa en primer lugar, ya que iban a encontrarse la próxima semana.

-Mi madre, ella está algo paranoica y no quiere que nadie me reconozca si vengo a verte... Morgan y Clove la persuadieron para que podamos vernos hoy. El arreglo fue que tenía que venir vestido… así…- Sacudió uno de sus brazos haciendo ondear la capa, despreocupado. –No es muy agradable, pero no había alternativa…-

-Sabía que ellos dos estaban detrás de esto. Habrá que agradecerles luego.- Estaba complacido, les debía un gran favor a sus amigos. -Sígueme.-

Marvel lo siguió por la casa, era más grande que la suya, pero en cuanto a estilo y decoración no diferían mucho. Cato abrió una puerta al final de uno de los pasillos y le indicó que ingresara.

-Te espero en la sala.- Dijo eso y se fue a paso lento.

Dentro del baño, Marvel se sacó ese maquillaje que tanto odiaba con una crema que usaba su madre para ello. Se enjuagó la cara y respiro aliviado al ver en su reflejo que había regresado a la normalidad. Tocó su labio inferior con la yema de los dedos, recordaba perfectamente lo que había hecho unos minutos atrás. Todo lo que pasó en esas semanas lejos de Cato había quedado en el olvido, a partir de ese momento podría concentrarse en el futuro y en intentar devolverle el brillo a sus ojos. Serían felices, cómo se lo había dicho Morgan mientras estaba atrapado dentro de sus alucinaciones, y Clove no tendría que preocuparse en cumplir con su amenaza, jamás le haría daño a su amigo porque eso significaría herirse a sí mismo.

Salió del cuarto de baño y, mientras caminaba hacia la sala, se sacó la incómoda capa cargándosela al hombro. No lo había notado pero esa prenda se le enredaba en los pies a cada paso que daba y, a pesar de que no le gustara, no quería arruinarla o rasgarla con la suela de los zapatos. Ya en la sala, vio a Cato durmiendo sobre el sofá frente a la chimenea. Sonrió ante la escena, era cierto que detrás de esa expresión de autosuficiencia y enojo hacia el mundo se escondía el rostro de un joven que conservaba ciertos rasgos de la niñez. A Marvel le inspiraba tanta ternura y paz verlo así, que se sobresaltó un poco cuando vio que los ojos azules se abrieron repentinamente.

-¿Me quedé dormido?- Le preguntó algo adormilado, incorporándose y refregándose los ojos con las manos.

-Eso parece…- Se acercó a Cato un poco, poniéndose de rodillas delante de él. -¿No has dormido mucho verdad?-

-No he podido…- Entrar en detalles hubiese sido un error, confiaba en que Marvel comprendiera las razones de su insomnio. -Lo lamento.-

-No te disculpes.- Una de sus manos viajó a la pierna del contrario, intentando transmitirle tranquilidad. -¿El lobo ya no funciona?-

-Creo que no… quizás porque ya estoy aquí y puede que te extrañe mucho.- Bromeó, no quería que se preocupara por él. Tomó la mano que estaba sobre su pierna, acariciándola por un momento y luego poniéndose ambos de pie. -Se me olvidaba…-

-¿Qué cosa?-

-Ven conmigo.- Sin soltarlo, emprendió camino a la planta alta de la casa e ingresaron a una habitación. Esa en particular era muy bonita, con cierto aire a antigüedad. El balcón que estaba detrás de las cortinas blancas, la llamativa y amplia cama con dosel, los muebles hechos de maderas que ninguno reconocía pero que encajaban perfectamente en donde estaban ubicados. –Esta es mi habitación, bueno, en realidad todas son mis habitaciones, pero me agrada la vista que tiene esta. Anda, míralo tú mismo.- Cato le señaló el balcón mientras buscaba algo en el cajón de su mesa de noche.

Marvel fue hacia allá a paso lento. Cuando llegó, el aroma de flores silvestres traído por la brisa fresca lo obligó a aspirar profundamente. Afuera se veía un pequeño parque, con unos pocos árboles y lleno de arbustos con flores de diversas formas y colores, en medio había una banca de piedra frente a una modesta fuente circular, también de piedra, en la que los sinsajos se bañaban. Era una imagen muy linda, aunque no era común que hubiese un balcón que diera a la parte trasera de una casa ¿Pero por qué lo pondrían adelante? La calle de la aldea era aburrida, solo se veía la agrupación de casas, una al lado de la otra y de fachadas iguales. Quizás esa fue la respuesta ante tanta monotonía, darles a los Vencedores un poco de belleza natural.

Embelesado por la vista, Marvel no notó la presencia de Cato hasta que éste lo abrazó por detrás rodeando su cintura y le plantó un beso en la mejilla.

-Es hermoso…- Susurró.

-No tanto como tú…- Se estremeció cuando Cato habló tan cerca de su oreja. -…Y lo eres aún más sin ese ridículo maquillaje.- Ambos comenzaron a reír. Marvel ladeo la cabeza y lo besó en los labios de forma similar a su primer beso; tierno, efímero e inolvidable, sobre el parque de las flores. Cato levantó una de sus manos, sosteniendo el prendedor de plata delante de sus ojos. –Cumplí mi promesa…-

-Lo hiciste.- Tomó el prendedor, tendría un valor mucho mayor desde ese día.

-Esa cosa realmente tiene magia, aunque creo ya se gastó en mi.- Marvel lo miró con rostro de intriga. -Debe ser porque ya no la necesito, porque ahora tú estarás conmigo.- Sus ojos iban recuperando parte del brillo que habían perdido. Creía fervientemente en cada una de las palabras que decía, ya no necesitaría ese prendedor para tener paz o encontrar consuelo a alguna de sus penas. La mano de Marvel sobre su pecho desnudo, exactamente sobre su corazón, un simple toque y un beso, esa magia era más poderosa que la de cualquier otro objeto.

Luego de estar un rato más en el balcón, abrazados apreciando la colorida vista, decidieron ingresar nuevamente a la habitación. Cato bostezaba, sentía su fuerza menguar y se le cerraban los ojos. Finalmente, después de dos días sin poder dormir, parecía que lograría conciliar el sueño, sólo que no era el momento más oportuno.

-Estás muy cansado, quizás sea mejor que me vaya y te deje descansar…- Marvel no quería irse, pero tampoco quería molestarlo y en serio que se notaba exhausto.

-¡No!- Cato se aferró con fuerza a su mano, notoriamente consternado. Sabía que si se marchaba no lograría dormir. -Quedate conmigo, por favor.- Su tono era de suplica.

-Pero tienes que descansar…-

-Entonces duerme conmigo.- Bueno, esa frase le dejaba algo a la imaginación.

Marvel estaba boquiabierto por la petición. Cato reaccionó después de unos segundos al analizar lo que había dicho. La suma en su cabeza no era muy favorable: Marvel, más la cama delante de ellos, más él mismo con ciertos arrebatos e impulsos algo difíciles de controlar, igual a: peligro inminente.

-Perdón… si quieres irte…-

-Lo haré…- Sin vacilar lo interrumpió. -…Dormiré contigo.- Si de esa forma se quedaría más tiempo cerca de él lo haría.

Cato se durmió casi al instante después de que se acostaron. Marvel estaba acurrucado a su lado, usando su pecho cómo almohada, siendo arrullado por la calmante respiración y, finalmente, siendo atraído al mundo de los sueños también. Horas pasaron, porque cuando despertó ya estaba anocheciendo, su madre vendría pronto por él. Inconscientemente, mientras dormían, entrelazaron sus piernas, se dio cuenta porque cuando intento incorporarse su rodilla rozó la entrepierna de Cato, agradeció a dios que siguiera dormido.

Marvel deseaba despedirse de él antes de irse, pero no quería despertarlo, tampoco quería irse sin avisar, seguro estaría inquieto cuando no lo viese. No le quedó alternativa, lo sacudió un poco y en cuestión de segundos estaba despierto.

-¿Qué sucede?- Cato hablaba con la voz ronca y tenía los ojos medio cerrados.

-Ya debo irme, lo lamento.- Marvel susurraba en tono lastimero, lo que menos deseaba era marcharse.

-Tranquilo…- Apoyó su espalda en el respaldo de la cama para poder verlo mejor. -¿Cuándo nos volveremos a ver?-

-Dile a Morgan que te pase mi número de teléfono, llámame mañana… Intentaré convencer a mi madre de que me deje venir más seguido…- Era como si su cabeza lo hubiese planeado mientras dormía porque nunca se le hubiera ocurrido algo así en un instante.

-Bien.- Le sonrió Cato. Marvel se inclino para darle un beso antes de marcharse. Los golpes en la puerta principal los distrajeron.

-Qué descanses…- Se puso la capa verde, le dio un último beso y se fue.

Al quedarse nuevamente en soledad, Cato no volvió a su rutina de los últimos dos días de vagar por la casa, esperando a que vinieran del Capitolio a buscarlo. Tenía miedo de que le hicieran daño a Marvel también, pero estaba tranquilo porque no permitiría nunca que eso pasara. El sueño volvía a por él, los recuerdos de el día tan bello que había tenido los atesoraría por siempre, eso nadie se lo quitaría. Esa magia que lo rodeaba. Marvel, él era la magia que creaba con su amor y presencia un escudo contra el mal que lo acechaba.

"Marvel"… comprendía la razón de su nombre. Para Cato, él era maravilloso.