Hola mis queridas lectoras, os advierto que este fin de semana voy a carecer de internet, por lo que no creo que pueda subir ningún capítulo interesante. Siento mucho eso, de todas formas intentaré encontrar una forma de poner estar informada de todo lo que ocurre aquí. Este capítulo es algo más flojillo que en anterior en lo que viene siendo trama o relación de María-Altaïr, pero sinceramente de alguna forma me gustó escribirlo porque vemos el ingenio que se puede tener a veces para poder sobrevivir. También se descubre algo más de la forma de pensar de María sobre sus compañeros templarios, espero que os guste la lectura.

Escape

Octubre de 1191 d.C.

Respiraba con algo de dificultad y se llevó la mano al pecho ¿Cuánto tiempo llevaba corriendo? Era cierto habían sido unos minutos, pero no estaba acostumbrada a correr a toda velocidad por un lugar desconocido donde sólo se veían redes viejas, cajas amontonadas y una cantidad ingente de restos de peces decorando el suelo; ¡ni un maldito callejón o una casa en la que ocultarse!. Sabía que los piratas aún la seguían, los podía ver por el rabillo del ojo, tenía que darles esquinazo pero no encontraba por donde. Si aquellos mercenarios la cogían su destino sería incluso peor que en manos de Altaïr. Maldijo su suerte ¿Por qué no se habían quedado luchando con el asesino? Así ella hubiera podido escapar tranquila y no se tendría que preocupar por su vida.

Entonces vio el inicio de las casas y los callejones, una sonrisa indiscreta apareció en su rostro ¡bien! ¡Ahí podría despistarlos! Giró de inmediato hacia la derecha corriendo rápidamente mirando a ambos lados, podía oír a los piratas detrás suya, les llevaba aún al menos cuatro metros de ventaja, en una calle estrecha podía incluso llegar a despistarlos si hacía un giro rápido. Se fijó en que a pocos metros se encontraba una bifurcación, si pegaba un rápido esprín podría llegar ahí y esconderse en algún lugar antes de que les diera a tiempo a pensar en donde se había escondido, no iba a desperdiciar aquella oportunidad. Aceleró el paso notando como si el corazón se le fuera a salir por la boca, giró casi resbalándose en el suelo, no obstante, emprendió su marcha por aquella calle, con tan mala suerte que se dio de bruces contra unos hombres que pasaban por allí, cayendo al suelo junto con uno de ellos.

-¡Mierda! –Gritó intentando ponerse en pie lo más rápido que podía, pero uno de ellos la agarró por la muñeca - ¡Suéltame! –intentó zafarse, eso no hacía más que arruinar su plan.

-Primero discúlpate, mujer –era un muchacho joven, seguro que más que ella, pero la barba que aparecía en su rostro le hacía aparentar ser más mayor.

-¡Vale, vale! –No podía quedarse a discutir algo tan meramente absurdo -¡Lo siento! ¡Pero suéltame antes de que…!

Demasiado tarde, los piratas habían aparecido, también debían de estar cansados de perseguirla ya que notaba la fatiga en su rostro. Al verla sonrieron de una manera retorcida, de un tirón se soltó de aquel muchacho que ahora miraba a los piratas con el ceño fruncido, gracias a ellos había perdido la oportunidad de escapar que tenía. Necesitaba recuperar parte del aliento antes de volver a emprender la marcha. Notó una fuerte punzada en el costado derecho que hizo que cerrase los ojos, tenía que ignorar aquel dolor que sentía, su vida pendía de un hilo. Iba a empezar a correr pero al parecer los hombres con los que había chocado no estaban por la labor de dejar que los piratas la cogieran.

-Apartaos, idiotas –habló uno de los mercenarios con voz grave-. Ese pajarito es nuestro, se ha escapado de su jaula –movió la espada indicando que se apartaran.

-Más bien parece que la intentáis capturar, no veo ningún collar en su cuello que indique que sea vuestra –esta vez fue el hombre que había chocado con ella el que habló.

Aquella costumbre aún permanecía en aquella zona de oriente, para distinguir libertos de esclavos los segundos solían llevar un collar con la marca de a quien servían. Algunos esclavistas eran aún peores marcando a personas con hierro al rojo vivo como si no se tratasen nada más que de ganado.

-¡Apartaos! –bramó otros y ella dio un paso atrás chocando con una pared.

Pero al parecer aquellos hombres no tenían ninguna intención de hacer caso a las palabras del pirata. Escuchó el nostálgico ruido del acero al ser desenvainado y enfrente suya comenzó un combate del que no estaba muy segura de poder huir sin que una cimitarra le diera a ella ya que los muy idiotas en vez de concentrarse en medio de la calle se habían arrinconado donde se encontraba apoyada ¡maravilloso!. Se movió rápidamente esquivando a uno de los mercenarios que había sido empujado contra la pared, giró hacia la derecha ocultándose momentáneamente entre unas cajas. Cuando pasara todo aquello podría correr, si sólo tuviera su espada entonces no sería un tres contra tres lo que estaría viendo.

-"Dos contra tres" –se corrigió mentalmente, un pirata acababa de caer al suelo con una gran herida en el estómago.

No estaba ante una batalla entre guerreros, los piratas sólo sabían que la parte puntiaguda de la cimitarra servía para darle al enemigo y aquellos hombres se notaban que tenían más destreza que los mercenarios. Además después de la carrera que se había pegado se debían de encontrar fatigados, ni siquiera habían tenido un pequeño respiro para recuperar el aliento antes de meterse en una batalla, realmente algunos hombres eran rematadamente idiotas.

-"Uno contra tres" –sonrió al ver al último pirata tambaleándose y mirando a los otros con el terror plasmado en el rostro.

Iba a morir, eso era algo claro, le había hecho un feo corte en el rostro a uno de sus rescatadores antes de que su compañero cayera y sabía que aquello no iba a quedar impune. Uno de ellos le atacó haciendo que el pirata se tropezara con sus propios pies y la espada fuera lanzada por los aires, antes de pudiera volver a asirla su cuello fue rebanado de lado a lado. Al mercenario únicamente le dio tiempo a agarrarse la garganta, intentando en vano parar el corte para terminar ahogado en su propia sangre.

-"Bueno, un problema menos" –salió de entre las cajas.

Debía de agradecérselo, la habían ayudado desinteresadamente y no era algo que todos los hombres hicieran en estos tiempos. Cualquier otro hubiera agachado la mirada y les habría dejado paso a aquellos bucaneros para que la capturase, la vida de una mujer no valía demasiado para la gente de a pie. Se aclaró la garganta mientras veía como ellos se limpiaban la sangre de las espadas respirando agitadamente, el fervor de una batalla podía agotarte más rápido de lo que verdaderamente era la pelea, eso lo sabía por experiencia propia.

-Gracias –pronunció casi en tono solemne, hacía mucho que no le decía eso a nadie, por lo que su voz le sonó casi desconocida.

El que parecía el líder de aquel curioso grupo hizo un gesto suave con la mano, como si no debiera darlas cosa que hizo que sonriese tranquila. Pero esa paz le duró poco al notar como nuevamente aquellos hombres se ponían alerta y le hizo girar la cabeza para ver qué enemigo se acercaba hacia ellos.

-"Dios no me quiere, definitivamente no me quiere" –fue lo único que pudo pensar.

Altaïr se encontraba justamente a unos dos metros de la escena, mirando con detenimiento los cuerpos en el suelo. Levantó las manos demostrando que no iba armado, aunque ella podía identificar perfectamente aquella hoja oculta que tenía, caminó unos pasos hacia donde se encontraban. La miró fijamente con el ceño parcialmente fruncido.

-Pensaba que ya no te iba a volver a ver –dijo con los brazos aún levantados.

-Ojalá tuviera esa suerte… -sí, definitivamente Dios no la quería en absoluto.

Podía notar su enfado, siempre que huía acababa enfadado ¿acaso no sabía que ella no tenía madera de rehén? Debería de estar acostumbrándose a sus desplantes, este era ya la tercera vez que tenía que venir a por ella.

-¿Qué tenéis que ver con esta mujer? ¿Sois unos lacayos Templarios?

-No, señor –tartamudeó el que parecía el líder de aquellos hombres. Parecía estar algo atemorizado por la presencia de Altaïr, como si supiera exactamente que se encontraba frente a un asesino -. Los piratas la atacaron y tenía que ayudar. Pero no soy un lacayo. Odio a los Templarios.

Todo el mundo odiaba a su Orden y la culpa en ese momento era únicamente de Bouchart, pero pagaría por sus crímenes, ella se encargaría de hacer caer sobre él la vergüenza y el deshonor del que la había desprovisto.

-Entiendo. No eres el único –respondió Altaïr.

Hizo una mueca, que esos dos se hubieran entendido significaba que ella volvería a estar retenida, bueno, quizás así podía enterarse de qué ocurría en Kyneria. Ya sabía que Limassol iba a convertirse en un caos por culpa de la estúpida orden de 'inmunidad' de Bouchart, pero tenía que averiguar si Shahar se encontraba en la ciudad, tenía que hablar con él lo más rápido que pudiera.

-Me llamo Markos, señor. Ayudaré como pueda si eso significa limpiar mi país de esos templarios –miró de reojo a Altaïr, no hacía falta hablar con él para saber qué era lo que estaba pensando que no era precisamente dejarla libre.

-Entonces necesito que mantengas a salvo a esta mujer hasta que regrese. Tengo que encontrar a alguien antes de que lo hagan los Templarios –ella bufó.

-Estaremos en el puerto todo el día. Estará a salvo aquí, con nosotros.

Volvió los ojos y se dio la vuelta observando como los otros dos hombres que seguían a ese tal Markos le hacían una señal para que fuera tras ellos, ¿dé que servía protestar en esos momentos? Quería información, además Altaïr no había dicho nada de que ella perteneciese al Temple, simplemente que la mantuvieran a salvo lo cual era algo positivo. Lanzó un suspiro llevándose las manos a la cabeza, iba aburrirse de lo lindo en aquel lugar sin duda, pero al menos se encontraba al aire libre.

Se dirigieron a un pequeño barco de pesca que estaba casi destrozado con unas redes amontonadas en su parte trasera, dudaba seriamente en la estabilidad de aquella embarcación, no parecía que pudiera aguantar el peso de más de tres hombres sin hundirse, ¿no se iban a montar en aquella cosa, verdad? Por que como fuera así le daba igual tener que tirarse al agua en medio del mar, no iba a soportar ir en otro barco nuevamente.

-No nos iremos a montar en eso, ¿no? –Markos sólo negó con la cabeza.

-Es un lugar alejado, nadie suele venir por aquí –se sentó encima de la caja y cogió una red de las que se encontraban sumergidas-. Además este barco es mío.

-¿Tuyo? –alzó una ceja, no había esperado que la Resistencia aceptase también a marineros- Un tanto viejo ¿no te parece? –él únicamente se encogió de hombros.

-Eso lo salvó de los Templarios, tomaron el control de todos los buques –comentó en voz alta haciendo que ella le prestase atención-. Cuando llegaron declararon que todos los barcos, comerciales o pesqueros debían servir a la Orden, aquellos que se negaron fueron quemados en sus navíos –tiró de un extremo de la red y empezó a limpiarla- pero mi barco les pareció tan viejo que ni siquiera lo tuvieron en cuenta, por eso sigue a flote.

-¿Mandaron quemar a las personas? –casi había estado a punto de quemarse viva en el refugio de la Resistencia, no podía llegar a concebir que se sentía al ser quemado vivo.

-Uno de los Templarios dijo que el fuego purificaría a los infieles traidores y haría que sus cuerpos sufrieran lo que sus almas pasarían en el Infierno –ella sólo lo miró con los ojos abiertos-. Son unos bárbaros.

Ella no respondió y bajó la cabeza, ¿acaso eso que a ese hombre le parecía una barbarie no era lo mismo que ellos habían hecho a los infieles en Acre? En vez de fuego era aceite, pero el calor, las brasas… todo eso representaba al infierno, un camino simbólico de ello. Apretó las manos fuertemente ¿quién podía haber mandado aquella tortura? Debía de haber sido Bouchart, era un ser cruel, por cada acto que veía en las ciudades de Chipre sólo le reafirmaba que estaba acabando con los verdaderos planes para Tierra Santa, convirtiéndola en un lugar de terror y miedo en vez de un reino de paz.

-¿Fue Bouchart? –Preguntó- ¿Fue él quien mandó quemar a esas personas?

-No –negó con la cabeza–. El Maestre Templario casi nunca se mueve de Limassol, tiene a un subordinado que gobierna la ciudad junto con sus hijos, aunque no sé el nombre. Fue él quien lo ordenó.

Entrecerró los ojos, sabía perfectamente de quien estaba hablando, de Moloch. Aquel maldito fanático que creía que estaba siguiendo los pasos que Dios le ordenaba. Sí, sería muy propio de él quemar a los infieles para mandarlos al infierno, era el padre de Shalim y Shahar, lo que significaba que ambos se encontraban en la ciudad. Desvió la mirada hacia las redes de Markos, uno de los otros cogió otra red y empezó también a limpiarla, como si fuera una costumbre o tal vez porque también había sido marinero antes que soldado de la Resistencia.

-Entonces vosotros antes erais marineros ¿no? –se sentó en un montón de redes viejas que había al final de las maderas.

-Felix y yo sí –señaló con la cabeza al muchacho que estaba con la red-. Basil era hijo de un comerciante, pero su padre fue arrestado por ayudar a la Resistencia, le cortaron la cabeza tanto a él como a su madre, pudo salvar únicamente a sus dos hermanas pequeñas.

Basil permanecía de pie, casi impasible mirando fijamente al mar sosteniendo la espada con la mano como si esperase que de un momento a otro fueran a ser atacado. Él era el joven que le había pedido que se disculpase con Markos cuando había chocado al huir de los piratas. Alzó la cabeza mirando al cielo, la Resistencia únicamente quería acabar con la tiranía que se ejercía en su ciudad, y por lo que veía no sólo Bouchart era responsable de las muertes, Moloch también ¿sus hijos también estarían inmiscuidos? No, Shalim era imposible, apenas le había visto manejar una espada y su único vicio era ir de prostíbulo en prostíbulo, Shahar quizás… él siempre había sido fiel a su padre, pero no era un fanático religioso.

-Entiendo… -se mordió el labio, no solamente Limassol, al parecer cualquier lugar en el que estuvieran los templarios los líderes impuestos por Bouchart sólo sabían causar sufrimiento a su paso.

-¿Y tú, mujer? –le preguntó Markos- ¿Qué haces con un Asesino?

¿Debía decir la verdad? No, no podía decirla, si decía que había sido templaria aquel muchacho, Basil, no tardaría nada en vengar a su familia como mejor conviniese. Tocó el anillo nerviosa poniendo los ojos el blanco.

-Soy una informadora, Altaïr me trajo para que trabajase de espía –era una mentira bastante grande, pero al menos la mantendría a salvo un tiempo-. Pero tuvimos unos pequeños desacuerdos en el barco que llamó la atención a los piratas… y bueno –hizo un gesto con la mano- pasó aquello.

-¿Por qué se traería a una mujer? –Inquirió Basil aún con la espada sujeta- Cualquier hombre puede hacer de espía mejor que una mujer.

-María –frunció el ceño, no le gustaba para nada el tono despectivo que estaba usando aquel muchacho, seguramente musulmán, para dirigirse a ella- Soy María, de Thorpe, y no creas que por ser mujer soy peor que un hombre espiando. Es más, eso me hace mejor porque nadie espera nada de una mujer ¿o me equivoco?

Se puso de pie y dio dos pasos hacia el joven que la miraba con los ojos entrecerrados, él sospechaba algo, lo sabía. Pero Altaïr les pidió que la mantuviesen a salvo, por lo que no debería de haber ningún problema, aunque ese chico parecía impulsivo, y eso puede acabar matando, lo había visto en el campo de batalla muchísimas veces. Si aquel niño pensaba que por haber matado a unos piratas cansados y fatigados le convertía en hombre era que todavía era eso, un niño. Ella no tardaría nada en quitarle la cimitarra si la desenvainaba, ni siquiera la tenía sujeta correctamente por el mango. Suspiró volviéndose a sentar en las redes.

-¿No deberíamos ir a un lugar más normal? –miró a su alrededor, debía de ser el lugar más solitario de Kyneria porque sólo en la lejanía podía ver pequeños puntos que debían de ser personas moviéndose- Altaïr no nos encontrará aquí.

Markos miró a Felix que parecían estar pensándolo, Basil era el único que la seguía mirando con desconfianza. Tenía razón, a Altaïr nunca se le ocurría buscarlos en un lugar tan alejado de tierra y menos si apenas era visible desde el muelle. Esperaba que al menos en eso sí le echasen cuenta, prefería estar alejada de barcos, por lo menos durante una buena temporada.

Continuará...

Siento dejar un final tan soso, pero es que si lo alargaba más acabaría internándome en el capítulo siguiente y no quería que se os hiciera eterno. Esta última parte me resultó muy extraña escribirla, en el libro de Bowden ni en el Bloodlines si recuerdo dice nada de que María fuera una templaria, simplemente que la mantuvieran a salvo. Y a no ser de que esa sea la manera de decir es mi prisionera que no le pase nada en sarraceno... Yo lo he interpretado así, en ningún momento se dice que pertenezca al Temple, por lo que puede mentir impunemente si quiere, aunque no os negaré de que la mentira cuesta bastante llevarla a cabo.

¡Muchas gracias por sus visitas! Veo que os ha debido gustar mucho este capítulo n.n

Kirscheh, ya pensaba que te había pasado algo al no verte este tiempo xD. No intentes robarme la musa, en serio, es una perra que piensa en la continuación de esto antes de terminarlo, que es lo va a resultar más difícil.Y sí, yo pienso que Bowden la cagó con lo de Robert así, intenté en el capítulo anterior mostrar que María por mucho que pensase que se lo mereciera jamás podrá odiar a Robert, al igual que Altaïr jamás podrá odiar a Al Mualim. Si ella se hubiera quedado embarazada de cierta manera su esclavitud habría sido plena, creo que por eso pasan varios años hasta que se casa con Altaïr y tienen su primer hijo. Me alegra mucho de que te haya gustado este pequeño punto de vista, intento hacerlo lo más realista posible. Y sobre las pesadillas, no creo que a Altaïr sea al único que le atormentan los fantasmas de su pasado. ¡Muchas gracias por la ayuda, eres como mi hada madrina de la corrección xD!

Cristina HS, ¡muchas gracias por tu comentario y por añadirme a favoritos! Resulta muy grato ver como la gente reconoce poco a poco tu trabajo =) Muchas gracias por la crítica, intento que la prosa sea lo más fácil de leer posible, incluso muchas veces me paro a eliminar cosas repetidas para que no quede mal al leerlo. Espero que te haya gustado este capítulo y los que vienen =D

Milenka-chan, si bueno... la verdad es que mucho de ese capítulo no he podido rescatar como ya ves. Casi todo es igual en el libro, lo único que intento darle más profundidad es al pensamiento de María sobre lo que fue su vida y en lo que se ha convertido ahora, además de narrar el escape mítico al igual que la patada en la cara xD. Sobre lo de Darim, sí, tienes mucha razón xD yo también me quedé sorprendida por ello la verdad, cuando este hombre debe tener ya los 60, al igual que su padre vive bastante =P. Espero que te haya gustado el capítulo aunque termine algo soso para mi gusto, intentaré meterle mas cositas al próximo. ¡Gracias por leer! Espero con ansias tu comentario.

¡También muchísimas gracias al resto del mundo! Siempre me leéis y yo lo sé =D os veo, así que allá vamos. Gracias a España (esas 4 lectoras que siempre están ahí), México (es de donde tengo más lectores la verdad y mas comentarios, muchísimas gracias =D!), Chile (tampoco os olvidáis de mi nunca), Malasia (te eché de menos en el capítulo anterior!), Argentina (hacía varios capítulos que no lo leía alguien de allí, espero que te haya gustado), Venezuela (¡Muchas gracias por leerme!) e Israel (sí, desde todas partes del mundo leéis jeje)

Y un saludo especial para Cristina HS y a Anikiti88 por tenerme entre sus favoritos. Un Beso a todas =D!