Sigo con mi ida de olla enorme, mira que ponerme a colgar algo que nadie lee, en fin, le tengo demasiado cariño a mi primer X-over así que lo colgaré de todas formas. Menos mal que sólo son 14 capítulos con prólogo y epílogo porque mi "Crónica de esperanzas frustradas" son 37, burrada dónde las haya...

En fin, continúo pues:


CAP IX

"Sácalos de aquí"

Llevaban cuarenta y ocho horas en ese mundo y ya habían tenido tiempo para encontrar a Dean, perderlo de nuevo, hacerse pasar por guerreros del "Reino de Winchester" y ganarse la confianza del Rey.

No así la de Arturo, pues a pesar de ayudarles y ocultar a su padre lo poco que sabía, el príncipe no podía evitar recelar de ellos. Con él, con Adam, se llevaba bien. Tenían la misma edad, y en cierta forma había una extraña conexión entre ellos, como si hubiese algo externo que los uniera, algo que el chico no era capaz de analizar.

Fue a buscar a Sam a las habitaciones. El castaño apenas había salido de ellas en el tiempo que llevaban allí y si algo había aprendido el chico en aquellos meses que llevaba viviendo con sus hermanos era que dejar sólo a cualquiera de los dos era el preludio de alguna idea disparatadamente peligrosa.

Frunció el ceño al entrar en la habitación y observar al castaño vencido contra una columna, los brazos cruzados y la mirada perdida en el horizonte que se adivinaba tras los ventanales.

- No sabemos dónde lo ha llevado Sam, no podremos hacer nada hasta que no tengamos alguna pista – sus palabras sacaron a su hermano de su ensimismamiento

- Lo se – suspiró el gigante visiblemente agobiado

- Sam, puede que esto te lo pases por el forro, pero siento que Dean está bien, que no le ha ocurrido nada malo

- Gracias – miró al pequeño con cariño, tomando al muchacho por sorpresa

Apreciaba que el chico intentara ayudarle, pero el miedo a perder a Dean, el miedo a que el mayor de los Winchester les hubiese ocultado algo más sobre su último y fatídico trato sólo había ido en aumento desde el día que Bobby y él lo acorralaron para que se lo reconociese.

- ¿has entrenado algo hoy? – intentó cambiar de tema

- No, Arturo se cansó demasiado ayer y hoy tenía fiebre, así que no le he molestado.

- Pues busca a Merlín y pregúntale dónde podemos practicar algo, me vendrá bien un poco de ejercicio.


Los caballos piafaban sobre la extraña balsa que los acercaba a la costa de Camelot. Castiel quizás contagiado por el nerviosismo de los animales, sentía que volvía a ser tan humano como llegó a serlo antes del encierro de los dos arcángeles. No se fiaba de Rafael, temía que una vez consiguiese encontrar una vía de escape se vengara del humano echado junto al borde de la balsa.

Cuatro de los caballeros de Medhir, los espectros al servicio de Morgausse, los acompañaban en su viaje. Se encontró con la verde mirada de su amigo y se acercó.

- Lo sabes ¿verdad pichoncito? – Dean se incorporó y con una sonrisa torcida aguardó su respuesta

- ¿saber el qué? – inquirió nervioso

- Que será aquí y que será pronto – y ambos sabían a qué se refería el pecoso – Sácalos de aquí, que no lo vean, ayuda a Sam a aceptarlo.

- No está en mi mano que Sam acepte algo que ni yo acepto – el aislamiento había hecho mella en su estoicismo angelical – huyamos Dean, encontraremos otra forma de volver

- No podemos, no la hay. No lo entiendes ¿verdad?, lo único que abrirá la conexión es la "destrucción de la jodida espada"

- Pero Samuel…

- Sácalo cuando sea el momento. Cass, júramelo – un breve temblor en la voz del humano hizo vacilar a su amigo

- Joder Dean, ¿no vas a luchar hasta el final? Todavía puedes…

- Esto ya ha ocurrido Cass, esta vez sólo… por Dios Cass sácalos de aquí antes de que venga a buscarme – no, esa vez no había escapatoria posible


- ¿Estás cansado? ¿Ya? – Sam Winchester, desnudo de cintura para arriba devolvió el pesado bastón a su hermano más joven

- No… no lo estoy – jadeó el chico también con el torso desnudo sujetándose al arma para levantarse del suelo – sigamos

- Descansa un poco Adam, no tenemos ninguna prisa

El muchacho asintió doblado por la cintura y sujetándose el costado tratando de llevar aire a sus pulmones. Sin embargo el castaño no lo había golpeado ni una sola vez, consciente de la diferencia de fuerzas se había limitado a esquivarlo mientras le indicaba cómo coger el arma y cómo atacar sin perderla.

Adam bebió un poco de la calabaza que habían preparado, agua hervida con limón, sal y algo de azúcar. Estaba asqueroso, pero le hizo sentir algo mejor. Sam ni siquiera había empezado a sudar.

Respiro dándose cuenta de que tenían espectadores, a unos los conocía (Merlín, Gwen…) a otros los había visto por el castillo: mozos de cuadras y algún arrogante caballero que lo miraba con superioridad.

- ¿Unas Katas? – preguntó su hermano - ¿marco y me sigues?

- Venga.


Dean Winchester volvió a la orilla, en la mano izquierda sujetaba una espada dentro de su vaina. Los guerreros de Morgausse rodearon a un cazador cansado y empapado.

El rubio desenvainó dispuesto a enfrentarse a los siete espectros. La niebla, una extraña bruma dorada, difuminaba el lugar volviéndolo irreal.

- Llegó el momento cazador – susurró la voz de la sacerdotisa

El cazador gimió de dolor cuando la espada del arcángel atravesó su cuerpo y pudo ver su extremo sobresaliendo de su abdomen. Su boca se llenó de sangre y cayó de rodillas con la empuñadura del arma celestial incrustada en su espalda.

En su mano, la hoja de Excalibur se agrietaba, como un bloque de hielo que cae en un cubo de agua hirviendo.

- Sam… no dejes que Sam vea esto – suplicaba con la voz ahogada en sangre.

Morgana despertó de su nueva pesadilla con el rostro bañado en lágrimas, el brazalete de Morgausse no tenía ningún efecto en ella desde la llegada de los extranjeros y la falta de descanso minaba sus fuerzas de una forma alarmante.

Ya había visto morir al guerrero rubio de cientos de formas, y las consecuencias eran terribles siempre. El otro hermano enloquecía y se convertía en un monstruo que acababa con todos los que se cruzasen en su camino.

No podía seguir así, tenía que hablar con Gaius, quizás el viejo médico supiese que darle para poder descansar. En uno de los patios de armas vio bastante actividad. Como Gwen y Merlín estaban por allí se unió a ellos.

Los extranjeros estaban luchando o algo parecido, porque aunque los golpes llevaban bastante fuerza no llegaban a tocarse, era como un baile. Primero el mayor marcaba una serie de movimientos y después los repetía sincronizado con el pequeño.

Morgana nunca había visto nada parecido (ni cuerpos tan bien formados, sobre todo el gigante) Ambos hermanos lucían un tatuaje sobre el lado izquierdo del pecho similar al que viera al mayor cuando Fafner lo interrogaba.

Durante media hora en la que toda el ala oeste del castillo se fue reuniendo en el patio de armas para observar. Los dos Winchester practicaron concentrados sin apenas percatarse de la expectación despertada. Hasta que los ojos irisados del más alto se fijaron en Morgana y decidió poner punto y final al entrenamiento.

Adam se colocó su camiseta y enseguida se vio acosado por las preguntas de Merlín y Gwenyver.

- Buenos días Milady – sonrió Sam dejando a la joven sin aliento - ¿cómo estás?

- Yo, iba a ver al médico de la corte - consiguió balbucir la joven debatiéndose entre la admiración y el miedo.

Presintiendo que la incomodidad de la muchacha podía deberse a su semidesnudez, el cazador se vistió y le ofreció acompañarla, pues le pareció que no se veía muy segura. No se había equivocado. La muchacha había tropezado un par de veces y a la tercera consiguió cogerla antes de que cayese al suelo.

- ¿Estás bien? – dijo sujetándola firmemente

- Necesito ver a Gaius – susurró desfallecida

- Te llevo – y sin mediar más palabras la alzó entre sus poderosos brazos


Los cuatro guardias de Morgausse rodeaban al ángel y al cazador. Ambos amigos daban la espalda a los espectros observando el lago donde iba a consumarse el destino del segundo.

- Nunca he creído que el destino estuviese escrito – pensó el pecoso en voz alta

- ¿ahora si lo crees?

- Ahora lo se – sonrió amargamente

- Puedes huir, puedo…

- Puedes darle esto a Sam cuando los saques de aquí – dijo dándole un pergamino enrollado y lacrado – porque los vas a sacar de aquí ¿verdad?

- No querrán

- De todas formas Cass, de cualquier manera, usas tu magia y te los llevas – y no era ninguna orden, era una súplica en toda regla

- No tengo magia Dean, estoy fuera de cobertura, ¿recuerdas?

- Cuando la espada sea destruida, la Diosa sabrá que no tiene nada que temer y abrirá la conexión entre los mundos – repitió lo que Rafael les había explicado – ese pollo híper desarrollado cree que me ha engañado, pero da igual, todo esto ya ha ocurrido

- ¿tú eres la espada? – dijo comprendiendo de repente.

- Tío, me acuerdo aquella vez que nos fuimos de putas – trató de distraer a su amigo al verlo angustiado – de aquella chica del club, ¡que buena que estaba la jodía! ¿cómo se llamaba?... Casta o algo parecido. ¡Como te gritaba cuando intentaste salvarla de la "mala vida"!

La sonora carcajada del cazador hizo sonreír a Castiel por un segundo. Pero sólo un instante, porque si tuviese sus poderes, si no estuviese miserablemente atrapado en esa época, lo arrancaría de allí aunque Azrael lo cogiese a él en su lugar.


La incredulidad dio paso al miedo cuando Gaius le dio un brebaje a la joven para tranquilizarla después de lo que había contado al médico. Sam se había quedado porque ella se lo había pedido, porque "tiene que ver contigo también" según había dicho.

Y ¡vaya que si tenía que ver con él! Esa chica era vidente, estaba claro. Necesitaba saber más, saber todos los detalles. ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Cómo? La descripción del arma que iba a atravesar a su hermano le hacía suponer que Rafael acabaría cumpliendo sus amenazas.

¡Maldito Arcángel! El cazador sintió que el miedo que le había asaltado casi físicamente se iba transformando en una ira difícil de controlar. Resopló tratando de centrarse, un lago, Morgana había dicho un lago, dónde habían llegado a esa época, debía ser allí y no tenía un minuto que perder.

- Tengo… tengo que irme – se aferró al viejo médico como a su última esperanza - ¿dónde puedo conseguir un caballo?


El último dragón presintió el peligro y esta vez no se trataba del extraño "humano" vinculado al origen de la Diosa. Era algo peor, algo tan terrible, frío, vacío…

Ya no tenía sentido tratar de detener el fin de Camelot, ni el de Avalon… el destino que temió durante sus dos mil años de vida estaba allí, enfocado en un insignificante humano que iba a servir de detonante para el fin de la vida en la Tierra.

La poderosa criatura se acurrucó en su cueva temblando de miedo. Tratando de hacerse pequeño e indetectable para la terrible Entidad que ya se había llevado a toda su especie.


El príncipe estaba en las caballerizas cuando Sam Winchester entró como un tornado buscando una montura. El cazador amedrentó al mozo de cuadras exigiéndole un animal que pudiese aguantar una galopada de varias horas.

- Rápido chico, no tengo tiempo que perder – y el mozo preparó a "indómito" porque era el único que no había sido montado en un par de días

- ¿Dónde vas? – inquirió el heredero de Camelot no demasiado amablemente

- No tengo tiempo para explicaciones – respondió el más alto con la misma "amabilidad"

- ¿Solo? – Arturo, no dejaba de sorprenderle su parecido con Dean, le miró desde encima de la montura y pensó que quizás si merecía una pequeña explicación

- Lo siento alteza, si consigo volver os explicaré que ocurre - picó espuelas y salió a galope.

Arturo mandó preparar su propio caballo, iba a seguir al extranjero cuando Morgana, Gwen, Merlín y Adam entraron a la carrera en el establo.

- Tarde – gimió el extranjero

- Sigámosle – prácticamente ordenó la protegida del Rey

- Pues vamos – los cuatro jóvenes repararon entonces en el príncipe – apenas hace un minuto que ha salido, podemos alcanzarle.XXX