Capitulo 10:
-Aun así…- dijo Riza.
-Niña, conozco esta tierra como la palma de mi mano. Todos los años asisto a las celebraciones de la cosecha. Se prende una hoguera, se hace una fiesta con mucha comida y también se bebe mucho. Nada más- su sonrisa se hizo mas amplia.
Riza sonrió, aunque seguía sintiéndose incomoda.
-Tranquila, muchacha, en los acantilados no pasa nada de temer. Este es un buen lugar para vivir.
-Lo se- murmuro Riza-. En realidad- admitió-, no debería sacar conjeturas tan rápido. Debería saber mucho mas de este sitio antes de dar mi opinión.
- Entonces tienes que ir a ver a Layla, la encargada de la biblioteca- reconcedo Barney con una sonrisa.
-¿Layla? Tenga por seguro que iré- prometió Riza. Hizo una pausa y sonrió a la camarera, que estaba llevándole de nuevo la taza de café-. Usted mismo me ha sido de gran ayuda, Barney.
Los ojos del anciano centellaron de alegría.
-Toda mi vida he vivido aquí, niña. Cuando usted todavía no había nacido, pensaba que me gustaría alejarme de este sitio… pero me tiraba demasiado el terruño. Aquí he nacido y aquí quiero morir. ¿Cuánto tiempo va a quedarse, muchacha?
- Eh, un día o dos más, creo- murmuro Riza.
Barney se puso de pie.
- Seria un error que se marchara tan pronto. Tal vez no quiera saber, ero en cierta manera, ha regresado aquí por eso. No descansara hasta que entienda su propio pasado.
Riza sonrió débilmente, no quería discutir. Dejo algo de dinero sobre la mesa, incluida una generosa propina para la camarera y fue con Barney hasta la puerta.
Fuera encontraron a Mike, acariciando con entusiasmo al pastor ovejero, Sam, que estaba tumbado en el suelo con las cuatro patas levantadas hacia el cielo estrellado, eufórico de recibir tantas caricias.
-¡Es un perro genial!- dijo Mike entusiasmado.
- Si, un buen amigo. Un viejo amigo.
- Mike, dale las gracias al señor Canail. Ya es hora de que te vayas a la cama.
- Gracias, señor Canail- se apresuro a obedecer Mike.
-No hay nada que agradecer. Y todo el mundo me llama Barney, los mayores y los pequeños.
Mike no paro de hablar durante todo el camino de vuelta a la pensión. Estaba emocionado con Barney y Sam, el perro ovejero. Estaba emocionado con todo.
-¿Podemos quedarnos aquí un poco mas, mamá? Por favor…
A Riza le dolía la cabeza. No tenia fuerzas para discutir con su hijo. Este, además de emocionado, estaba cansado. Si le daba un escueto "no", empezaría a lloriquear y a discutir.
- Ya veremos, Mike.
Tras unos minutos, reparo en que el niño se había quedado callado. Volvió la cabeza rápidamente para mirarlo vio que se había quedado dormido.
Cuando, unos minutos después, llegaron a la pensión de Breda, Riza estaciono el coche y decidió no despertar a su hijo. Pesaba unos veintisiete kilos, y le costo levantarlo en brazos, pero consiguió que Mike no se despertara.
La puerta de la pensión estaba abierta, pero no había ni rastro de Breda. Riza subió las escaleras con el niño en brazos, y consiguió sacar la llave y abrir la puerta de su habitación. Abrió y fue hasta la pequeña habitación del fondo.
Al dejar a Mike en la cama, casi se cae ella también al colchón. Pensó que se había despertado, pero todo lo que Mike hizo fue lanzar un suspiro, ponerse de lado y acurrucarse.
Ella le quito la chaqueta, los zapatos y los pantalones, pero le dejo la camiseta y lo tapo hasta el cuello con las mantas. Lo beso y luego pago la luz de la mesilla de noche. Regreso a su habitación y, mientras cerraba la puerta de la de Mike tuvo que contener un grito. Se llevo la mano a la boca con los ojos muy abiertos, llenos de asombro y miedo.
La puerta de su habitación que daba ala pasillo de la pensaron se había quedado abierta y allí, en el umbral, había un hombre, de nuevo. Una figura alta, aterrorizante. Contuvo la respiración, pero no grito… porque lo conocía.
El dio un paso y la luz de la habitación lo ilumino.
-Bueno, Riza, ¿se puede saber que estas haciendo aquí?
Ella debería haberle dicho que no era de su incumbencia, que tenia derecho a ir a donde le pareciera… y que, al contrario, el no tenia ningun derecho a entrar en su habitación sin preguntar. Sin embargo, en lugar de decirle todo eso, cruzo las manos detrás de la espalda para esconder su temblor.
- Estoy aquí por trabajo…- empezó a decir sin mucha convicción.
-¡Anda ya!- exclamo el, con tanta brusquedad que ella retrocedió un paso.
Y luego se enfado consigo misma por permitir que la intimidara de ese modo.
- Roy, me han enviado para que haga uso informes, es un encargo, y me importa muy poco si no me crees. Es la verdad.
-¿Eh?
El corazón de Riza comenzó a latir mas deprisa según el se quitaba el abrigo. Parecía que tenia intención de quedarse…aunque ella no lo había invitado a hacerlo.
Lanzo el abrigo sobre los pies de la cama, se arremangó el jersey y metió las manos en los bolsillos sin dejar de mirarla con ojos fríos e inquisitivos.
-¿Un informe sobre este pequeño pueblo? ¿O sobre Ciudad del Este? ¡Son lugares tan importantes!
A ella no le paso desapercibido el sarcasmo y percibió que estaba enfadado.
- Tenia que venir al Este, pero prometí a Mike que lo traería a ver… el lugar donde esta enterrado su padre.
-¿Seguro?
-¡Pues claro!- le sudaban las palmas de las manos y pensó que debería decirla a Roy que se marchara de la habitación. ¡Ojala pudiera!
-¿Es que no te has enterado? Ha habido otro asesinato.
- Si- respondió con voz débil-, lo he oído.
-Largate del Este, Riza.
- Tengo que trabajar.
-¡Márchate de aquí, Riza!
-¿Me estas amenazando, Roy?
Se había equivocado al pensar que apenas había cambiado .Lo había hecho y mucho. Tenía un aspecto lúgubre y su boca daba la sensación de tensión y preocupación. Había sufrido y estaba muy tenso. Riza detecto como apretaba la mandíbula y el furioso latido de la vena en la base del cuello.
El se acerco un poco y ella apretó los dientes. Se había olvidado de la imponente que era.
No tenia ni idea de cómo iba a reaccionar Roy. Había pasado mucho tiempo. Ella había salido huyendo, era cierto, pero ella le había dejado una nota. Y el debía de haber entendido sus sentimientos sobre lo ocurrido, de modo que no debería mostrarse tan enfadado, tan hostil. No debería mirarla con esos ojos tan fríos y duros, tan despiadados. Se dio cuenta de que no conocía a ese hombre.
-Si, Riza- dijo con calma. Y la susurrante caricia de esas palabras provoco escalofríos a Riza-. Si, pequeña, te estoy amenazando. Agarra al chico y márchate de aquí.
-Yo…- fue todo lo que pudo decir. Luego se quedo muda, mirándolo fijamente, esperando.
Roy avanzo tranquilamente por la habitación y se tumbo en la cama sin dejar de mirarla- Enlazo las manos detrás de la nuca.
-Entonces… ¿crees que soy un asesino, Riza?
-No.
-Bueno, es un alivio- dijo pensativamente-. Si es verdad que lo piensas- su voz se endureció de nuevo-. En ese caso, ¿Por qué has venido?
-Te he dicho…
-Una mentira.
Por fin la rabia fue más fuerte que el inexplicable temor que la dominaba.
-No es mentira, Roy. Te invito a que llames a mi superior.
-Lo haré.
- Eres un canalla.
- Márchate, Riza.
-Lo que haga o deje de hacer no es de tu incumbencia, Roy.
-¿Ah, no?
-Claro que no.
-Pues si que lo es- dijo el muy serio.
Ella se rió; se sentía un poco histérica.
-¿Cómo iba a estar en peligro, Roy? ¿No estoy acaso bajo tu protección? ¿Quién iba a agredir a una amiga de Roy Mustang?- ¿Por qué no le decía, simplemente que pensaba marcharse al día siguiente?, se pregunto Riza, ¿o por que no se callaba? Volvió a reírse-. ¿O es que solo tus amigas están en peligro…, el menos cuando te han ofendido de algún modo?
El farfullo una maldición y, de repente, se incorporo con asombrosa agilidad. Por un momento Riza sintió miedo, debilidad, como si fuera a desmayarse.
El tenía las fuertes. Recordaba bien su tacto. Por dentro se puso a temblar, no sabia bien se de emoción o de miedo, si aquello era atracción o repulsión. Quería echar a correr, meterse en la habitación de Mike y cerrar la puerta con llave… y, al mismo tiempo quería acercarse a el y librarlo de la tensión que reflejaba.
Roy fue hacia ella y Riza retrocedió hasta tropezar con la puerta de la habitación de Mike que la obligo a detenerse. Se abraso la cintura.
-Ya no tengo diecisiete años, Roy Mustang. No puedes manipularme, decirme que me marche…
-La primera vez, si recuerdo bien, no te marchaste cuando te pedí que lo hicieras- le recordó.
-Mira- dijo ella, algo desesperada-, Roy, tu me ayudaste cuando lo necesitaba y te lo agradezco. Te lo agradezco mucho.
-¿En serio? Todos los demás están tratando de ponerme la soga al cuello.
Valva con educación, relajadamente. Riza compendio entonces, con toda certeza que era inocente y que a Roy le importaba un comino lo que pensara la gente porque el sabia muy bien que era inocente. Y también se dio cuenta de que, al igual que ella, no había olvidado el pasado y había cosas que no había perdonado.
