He de confesar que estoy haciendo muchos menos cambios de los que había planeado en un primer momento, porque me veo con menos tiempo libre del que creía tener (y para colmo acabé escribiendo y subiendo otro fanfic). Así que, básicamente, me estoy limitando a subirlos de nuevo y corregir algunos errores extraños de fanfiction, por ejemplo al poner u otro nombre con un punto dentro, me desaparecía la palabra entera :S cosa rara.

Aquí tenéis el décimo capítulo. Muchísimas gracias a todos los que me han dejado reviews o han mostrado interés siguiendo o clasificando como favorito este fanfic.

CAPÍTULO X

En el corto camino vuelta a casa, Elizabeth no pudo parar de pensar que ese estúpido Abraham Fisher tenía algo que ver con la enfermedad de su pobre hermana Catherine. Lo demostraría, claro que lo haría...

Al entrar en su casa se cruzó con Jane y aquel señor que ella no conocía.

- ¡Lizzy!- exclamó su hermana- Te estuve buscando por toda la casa

- Había salido a airearme- dijo Lizzy, suspirando ante el recuerdo de la incómoda situación que había vivido en la taberna.

Jane miró al caballero que tenía al lado, lo presentó como el Doctor Walsh y añadió, después de que el hombre se hubiera despedido y marchado, que sus conclusiones médicas eran iguales a las de su doctor tradicional.

- Ahora no podemos dudar que realmente es veneno- dijo Jane mirando hacia el suelo. Lizzy sólo suspiró.

- Es inadmisible que Dios envíe con tanta injusticia la desdicha a nuestra casa, mientas otro hombres que no podrían considerarse apenas humanos pueden andar sin veneno en sus cuerpos, mientras que y bien Dios lo sabe, lo merecen más

- Ay querida Lizzy...todas estamos apenadas ante estos injustos designios de Dios, pero no desesperes, no está todo perdido para nuestra querida hermana pues ella está mejorando y Charles y yo haremos todo lo posible para poder ofrecer más dinero- Jane se tocó la nuca, cansada- No reniegues de Dios ahora, hermana, es lo único a lo que podemos aferrarnos.

- Pero además con cuanto descaro ignora la policía este caso, alegando que es un claro ejemplo de suicidio. Mas espero que Dios salve a Kitty de este pesar pues ser enterrada sin siquiera bendición sería algo terrible para su gentil alma- Lizzy casi se atraganto al decir esta frase, dándose cuenta de que era la primera vez que sopesaba la posibilidad de que Kitty falleciera. También pensó en cuantas personas honorables habrían muerto sin bendiciones y lejos de los cementerios sagrados por el simple hecho de haberse suicididado. Si ellos no habían tenido una vida digna ¿no sería más justo asegurarles una muerte al amparo de Dios, en lugar de negarles este derecho tan humano? ¿Realmente quien decide que la vida no es lo suficiente bella para ser soportable debe prescindir también de la salvación eterna?

- Quizá una visita a la iglesia nos haría bien- sugirió Jane, interrumpiendo sus pensamientos y Lizzy lo agradeció en su fuero interno.

Así hicieron y tras una hora de rezos y esperanza regresaron a su casa donde la cena se estaba sirviendo. Todos los Bennet, incluso Kitty que tenía un tono de piel más saludable estaban sentados alrededor de la mesa. El círculo lo cerraban Charles Bingley y Andrew Comb que había venido a dar buenísimas noticias.

- ¡Hijas mías! ¡No saben cuánto tienen que agradecerle a nuestro querido señor Comb!- gritó la Señora Bennet, su marido asintió a su lado.

- No es a mí a quién tienen que agradecer, si no a mis fieles feligreses- respondió, modesto, Comb.

- ¿De qué se trata? ¡No nos dejen con esta intriga!- dijo Lizzy, acomodándose en la mesa.

- El Señor Comb ha participado activamente en la recuperación de Kitty- dijo el Señor Bennet enviando una dulce mirada a su hija enferma.

- Pidió, el domingo pasado en la misa que él preside, dinero para la pobre Kitty y parece que los habitantes de allí no pecan en absoluto de avaricia o egoísmo...- continuó la Señora Bennet.

- No puedo quejarme de feligreses- dijo Comb antes de pasarse la servilleta por los labios.

- ¡Consiguió recaudar el precio de un antídoto más!

- ¡Oh, Señor Comb! ¡Qué generoso de su parte!- dijo Jane.

- No sabríamos cómo agradecérselo – dijo Lizzy.

- Manteniéndome como uno de sus invitados a estas deliciosas cenas- dijo el Señor Comb- Con eso me conformaría.

- ¡Oh, Señor Comb! ¡Sabe que aquí es siempre bienvenido!- dijo la Señora Bennet.

Parecía que las oraciones habían obtenido su fruto, pensó Lizzy a la mañana siguiente al ver que el buen estado de Kitty se mantenía un día después. Desayunaron toda la familia, excepto Jane que se había marchado después de la cena a su casa con su marido. Esa mañana Mary le contó más sobre la visita del Señor Walsh, que al parecer había sido muy amable con Kitty, que había venido acompañado de Darcy pero éste se había ido apenas dos minutos después de que llegaran, que los artilugios que usaban el Doctor provenían sin alguna duda de la ciudad, pues eran muy modernos.

El Señor Bennet dejó que sus dos hijas terminaran la conversación y llamó a la mayor para que se reuniera con él en su despacho. Lizzy entró sin imaginarse de qué quería su padre conversar, quizá sólo quería bromear un poco, relajar toda la tensión que había mantenido las últimas semanas.

- Lizzy, querida, me ha llegado una noticia que no me ha gustado nada- dijo con el semblante serio cuando Elizabeth entró en la sala y se sentó ante él.

- Me sorprendes mucho, padre, no tengo idea alguna de lo que puedes estar hablando...

- He hablado con el Señor Lucas...

- Oh- exclamó Lizzy.

- Creo que ya sabes de qué estoy hablando

- ¡No te enfades! Entré por buenos motivos...

- ¿Qué motivos ibas a tener para correr ese riesgo? No hay hombres exactamente respetables a horas tan tempranas en un bar. ¿Quién va a beber tan pronto? Sólo los adictos...

- Estaba buscando a alguien...

- ¿Un hombre, Lizzy?

- No es lo que piensas. No me movieron intereses amorosos en absoluto- Lizzy cogió aire para hablar- Creo saber quién le hizo ese daño a Kitty, padre.

- ¿Quién la envenenó?- los ojos del señor Bennet chispearon intrigantes

Lizzy asintió y su padre cambió radicalmente el gesto curioso de su semblante

- ¡No, Lizzy! No puedes entrar en una taberna a buscar a un hombre que envenena a las damas sin remordimiento alguno...¿Es que no puedes ver el peligro que corres?

- Quizá fue una insensatez, no me atrevo a negarlo. Pero sabes que en el estado de preocupación y desesperación en el que nos encontramos es difícil mantener la serenidad

- Pero debes intentarlo. Me niego a que otra hija mía sufra una desventura como esa ¿No entiendes lo preocupado que me tienes?

- Sí, padre y pido perdón por todo ese pesar. Prometo que no se repetirá esa visita...

- ¡Ay, Lizzy! ¿Y cómo creerte? ¡Si yo mismo te enseñé a actuar según tus criterios e impulsos! Y siempre me he enorgullecido de esa característica que compartimos...- El Señor Bennet se levantó para acercarse a mirar por la ventana como si el paisaje pudiera disipar sus ideas- Pero, hija mía, me he visto obligado a tomar una decisión para garantizar tu seguridad.

Elizabeth levantó la cabeza intrigada e incluso preocupada. El Señor Bennet tardó algunos segundos en responder, esperando alguna réplica de Lizzy que no llegó.

- La menor de los Lucas, tu buena amiga Charlotte...quiero decir la Señora Collins ha requerido tu visita en muchas ocasiones y las has rechazado con cortesía, lo comprendo en un momento familiar tan delicado...pero, querida, creo que lo mejor es que aceptes

- ¿Ahora? ¡Padre, quiero hacerle compañía a Kitty!

- Para eso Catherine tiene otras tres hermanas y sabes que Lydia ocupa gran parte de su tiempo ¡Incluso ha rechazado una invitación de una de sus amigas! Algo que realmente nunca pensé que iba a vivir para ver...- El Señor Bennet calló al darse cuenta de que se estaba desviando del asunto que estaban tratando- Lo que quiero decir, Lizzy, es que será mejor para todos que te des un respiro y salgas de Hertfordshire... Para Kitty también le hará bien que haya menos gente en la casa.

- ¡...pero Padre!- se quejó Elizabeth sin saber a qué argumentos recurrir.

- No es negociable querida, ya he tomado la decisión. No actúes como si te estuviera castigando...Son unas vacaciones bien merecidas, Lizzy.

Un padre tan testarudo como el Señor Bennet nunca cambia de idea cuando está empecinado en algo, ésta era la queja que se repetía con frecuencia en la cabeza de Lizzy cuando viajaba hacia Kent. La buena noticia era que tanto su amiga como el Señor Comb estarían por allí, e incluso la presencia del pedante Señor Collins podría resultar divertida en unos momentos tan tristes como los que la familia Bennet estaba traspasando.

No recordaba un viaje más tedioso que aquel, más cansino y menos gratificante. Los paisajes le parecían incluso menos atractivos, no es que Kent fuera una región fea, al contrario, el problema era que ella no estaba de humor para apreciar ningún bello horizonte.

Por fin el carruaje llegó ante la hogareña casa de su amiga. Charlotte fue a darle la bienvenida ella misma, seguida de su marido.

- ¡Oh, Lizzy, estábamos tan contentos al oír sobre tu visita!- gritó Charlotte al ver a su amiga. Lizzy contestó con una sonrisa de cortesía- Pero pareces cansada, el viaje ha sido muy largo...y tu humor no debe estar muy alto, qué desgracia más grande lo de la pobre Kitty.

- Ya está mejor- informó Lizzy

- Me alegra, prima, oír de la mejoría de su querida hermana...No podía recibir en estos instantes mejores nuevas. Dios ha enviado un poco de salud a nuestra familia.

- Espero que tenga razón, Señor Collins- contestó Lizzy- En la fecha de hoy no puedo afirmar que esté completamente recuperada, pero presiento que esa fecha está cerca, muy cerca...

- Rezaré por ello- musitó el Señor Collins

- ¡Claro que se recuperará pronto! ¡Es una joven fuerte!- exclamó Charlotte.

Justo al día siguiente de su llegada, después de haber dormido largas horas para reponerse del cansancio del viaje, el Señor Collins y su amiga la llevaron a almorzar a la casa de Lady Catherine, Rosings. Había escuchado tanto de esa mujer que le daba curiosidad conocerla aunque ya preveía que no le iba a agradar su presencia.

No se parecía en nada a su sobrino, el Señor Darcy, quizá sólo en la forma en que alzaba la cabeza o quitaba la mirada cuando algún tema de conversación le aburría, de todas formas, ni en su momento más despreciable el Señor Darcy se había mostrado tan prepotente como Lady Catherine en aquel primer encuentro y los que lo precedieron.

- He oído mucho sobre su familia- dijo Lady Catherine. Su hija, a su lado, sólo asintió. El Señor Collins sonrió bobalicón como si las palabras de su benefactora fueran un gran halago.

- ¿Qué ha oído exactamente?- fingió interés Lizzy

- Que este año han pasado por muchas calamidades

- No todo han sido calamidades, también una de mis hermanas se ha casado felizmente este año...Ha sido, sin duda, un año con penas y alegrías...aunque en estos instantes las penas venzan.

- Problemas de salud, he oído- dijo Lady Catherine- ¿Es su hermana mayor la que padece?

- No, una de las pequeñas- respondió Lizzy.

Lady Catherine no dijo nada por unos segundos, pero tuvo que estar buscando temas de conversación porque al rato volvió hablar:

- Escuché también que tiene una estrecha amistad con mis sobrinos: El Señor Fitzwilliam Darcy y el Coronel Fitzwilliam.

- Quizá estrecha amistad sea un término excesivo.

- ¿Ha conocido a la esposa de Fitzwilliam?

- ¿Se refiere a la del Coronel?

- ¡Por supuesto!- pareció ofendida ante la duda- El Señor Darcy no está en disposición de buscar esposa en estos momentos, es un hombre muy ocupado, de todas formas... creo que puedo decir con felicidad que cuando mi sobrino se decida a contraer matrimonio, eligirá a mi querida Anne, como tantas veces hemos soñado su madre y yo ¿No le parece esencial cumplir los sueños de los padres?

- Siempre que aquellos sean más profundos que los nuestros propios, claro.

- Pero creo que ha eludido mi pregunta. ¿Ha conocido a la Señora Fitzwilliam?

Elizabeth supuso que Lady Catherine había oído de la amistad de Elizabeth con el Coronel, de aquella proposición que no se llegó a realizar y de aquella carta que cortó todo contacto. Se estaba divirtiendo con aquella insistente pregunta, por alguna razón Lady Catherine había decidido que Elizabeth Bennet no era de su agrado antes de siquiera conocerla. Quizá la idea de que podría haber sido esposa de uno de sus sobrinos la había atormentado o quizá se había enterado de que tenía una gran amistad con el Señor Comb.

- ¡No he eludido...! Usted me hizo otra pregunta- Lizzy dio un trago de su copa- No he tenido el placer de conocer a la Señora Fitzwilliam, no había oído que ya se había celebrado la boda. Sólo sé que ella es una enfermera española.

- En efecto- dijo Lady Catherine- No se puede negar la belleza de la joven pero habría encontrado más apropiado que se desposara con una joven de más alta alcurnia, española... si es que tanto se desvivía por las hispanas...Una simple enfermera, me temo que pronto notaremos su falta de clase.

- Según he leído la situación española ahora mismo no es fácil, ahora incluso las hijas de los más reputados caballeros ayudan en las enfermerías a los oficiales y otros militantes heridos. Por eso, el Coronel ha tenido que ir a apoyar a las tropas españolas frente a la amenaza francesa...

- ¡Oh, ese tal Señor Bonaparte! Dudo que la revolución salga de las fronteras francesas, no es el primer hombre que se da aires de grandeza y es abatido en poco tiempo...

- No sé mucho de política ni de guerra, Mi Lady.

- ¡Es sentido común, querida! Pero hablemos de otras cosas más importantes- dijo Catherine de Bourgh - He escuchado también que el Señor Collins le ha presentado al Señor Comb.

- Así ha sido, en los días previos a mi boda. Fue una lástima que usted no pudiera asistir porque...- comenzó el Señor Collins.

- Señor Collins- le interrumpió Lady Catherine- Seguramente no se ha percatado de hacia dónde estaba dirigida mi mirada, ante la duda le aclararé que le preguntaba a la Señorita Bennet, no a usted.

- Perdone la interrupción- dijo avergonzado Collins.

Era patético la forma en que Lady Catherine le interrogaba sin dejar que nadie más hablara, Charlotte se había abandonado ya a sus propios pensamientos y comía con lentitud, la hija de Lady Catherine parecía una chica de pocas palabras y en ocasiones Lizzy se olvidó por completo de su presencia. El único deseoso por hablar era el Señor Collins y Lizzy se hubiera intercambiado por él con gusto.

- También conozco al Señor Comb.

- Seguramente coincidiremos en decir que es un hombre bastante hipócrita y que sus modales no son los propios del dueño de una rectoría

- Me pareció un hombre bastante agradable- respondió Elizabeth y Lady Catherine no ocultó su disgusto ante esa respuesta.

- Querida prima, todos sostenemos una gran amistad con el Señor Comb pero hay que reconocer que Lady Catherine tiene razón al hacer dicha mención de sus modales... Es una falta excusable, por supuesto, debido a que ha ido tantas veces de misiones...

- Señor Collins... ¡Un hombre nunca olvida sus modales porque entonces se convierte en un animal!- exclamó Lady Catherine. Elizabeth no dijo nada, contenta de que la conversación se centrara ahora entre Collins y la vanidosa anfitriona. Nunca pensó que se alegraría tanto de oír la chillona voz de su ahora más querido primo.

Desgraciadamente esa no fue la única visita, sino que se repitió al menos dos veces más y Lady Catherine no cambió en absoluto su carácter, incluso le hizo preguntas sobre la edad y las cualidades de ella y de sus hermanas, le rogó que tocara el piano, para después insinuar que su amada Anne podría haber sido una gran pianista si no fuera por su constitución enfermiza.

Por esas razones y porque además Lizzy no había recibido noticia alguna sobre la salud de Kitty, Elizabeth entró en Rossings suspirando abatida. Como siempre, Lady Catherine estaba sentada en un sofá, donde daba la bienvenida acompaña de su hija, como si fueran reinas. Poco después de llegar y saludar a la anfitriona, llegó otro invitado.

- ¡Sobrino!- exclamó Catherine y Lizzy maldijo a la coincidencia una vez más, la compañía de Darcy o de Fitzwilliam sería igualmente incómoda. Aunque en realidad con el Señor Darcy acababa de entablar cierta tolerancia, agradecida porque el señor la acerca a su casa con rapidez cuando Kitty se desmayó. Por ello y por primera vez en su vida, Lizzy se alegró de que "sobrino" equivaliera a Señor Darcy.

El Señor Darcy saludó a todos con la misma cortesía, lo que molestó en cierto modo a Lizzy... Darcy se había dirigido con la misma sobriedad a ella que a Charlotte, con esta última apenas había intercambiado más de dos palabras.

En la cena sólo se escuchaba la altanera voz de Lady Catherine y las breves respuestas del Señor Darcy, se hizo especial mención a Georgina, la hermana de Darcy y a las propiedades de Pemberly, que según escuchó Lizzy eran dignas de observación.

- Pemberly es tan hermoso que cuando mi sobrino está ausente, se abren al público las salas más antiguas y mejor decoradas.

El Señor Darcy no parecía a estar dispuesto a hablar sobre la belleza de su hogar, así que le preguntó a su tía sobre algunos conocidos entre los que por suerte no se encontraba el Coronel Fitzwilliam. Elizabeth estaba segura de que Darcy había evitado nombrar a su primo por respeto a ella, algo que se agradecía.

Después de la cena, El Señor Darcy se ofreció a enseñar los nuevos jardines a los invitados, a Lady Catherine le pareció una idea estupenda.

- Entenderán que no desee desplazarme ahora mismo hacía los jardines, debería hacer compañía a mi querida Ann a la que las flores y el polen no le hacen mucho bien. De todas formas, mi sobrino conoce como la palma de su mano los jardines y será un guía estupendo.

Sólo el señor Collins lamentó la decisión de Lady Catherine.

Mientras iban caminando, Darcy y Elizabeth iban en cabeza y detrás el matrimonio Collins, el marido de Charlotte presumía de que no necesitaba un guía ya que Lady Catherine se había encargado de que una criada le mostrara los hermosos jardines el primer día que acudió a Rosings.

- Fue una velada realmente agradable, la casa y los jardines son en su conjunto una de las maravillas arquitectónicas más exquisitas de Inglaterra e incluso, me atrevo a decir, del mundo entero- dijo el Señor Collins y Lizzy al escucharle, pensó que seguramente él no había visitado muchas ciudades más y por tanto no había podido apreciar otras "maravillas arquitectónicas".

- Señor Darcy- se dirigió Lizzy al caballero- Usted ha llegado a Kent recientemente ¿vino directamente desde Hertfordshire?

- No. Tuve que pasar una temporada en Londres, para ocuparme de algunos asuntos que había dejado descuidados.

Lizzy asintió- Sólo quería preguntarle si tenía noticias sobre mi hermana Kitty.

- ¿Acaso no ha recibido ninguna carta?

- Ninguna- dijo Elizabeth, dejando escapar un suspiro

- El correo es lento, pero seguramente reciba una en poco tiempo, según me ha contado Bingley, usted y su hermana Jane se mandan correspondencias continuamente

El Señor Darcy no se equivocaba. Fue justamente el día después a esa conversación cuando llegó una carta firmada por Jane Bingley y dirigida a su hermana. Elizabeth dejó abandonado su desayuno y se encerró en la habitación que le había cedido Charlotte para leer la carta con intimidad.

Sus dedos le temblaban y tardo algo más de un minuto en desdoblar el pergamino, cuando comenzó a leer el pergamino vibraba a causa de sus nerviosas manos.

Querida Lizzy, lamento decir que esta carta no contiene simples saludos, ni siquiera buenas noticias. Aunque nuestro júbilo era máximo cuando la recuperación de Kitty parecía completa, una nueva y acusada recaído nos arrancó sin compasión la esperanza de que nuestra desvalida hermana no necesitara más tratamiento. Tras largos días sin consumir ningún tipo de medicamento, su salud se ha visto claramente afectada, su palidez y debilidad no es tan notable como la de la noche de mi boda pero su ánimo no es el habitual y sus mejillas han perdido color. Efectivamente, y en contra del pronostico que nosotros mismos hicimos, Kitty necesita el último antídoto para volver a ser la joven alegre que todos conocíamos y a la que tanto echamos de menos.

Siento tener que transmitir noticias tan pésimas por carta, pero supuse que querías saber sobre Catherine cuanto antes.

Nuestro querido padre te da permiso para volver a casa o quedarte en Kent, según tú lo desees.

Lizzy arrugó la carta y la lanzó contra la pared, rugiendo de dolor. Ante este grito, Charlotte entró alarmada y al ver a su amiga llorando, la abrazó con fuerza.

- ¿Qué ocurre?¿Qué ocurre?- preguntó Charlotte manteniendo el abrazo

Elizabeth le contó la carta entre susurros y apoyándose contra el pecho de su amiga, para no caer debido a la falta de fuerzas.

- Pero Lizzy, da gracias a Dios porque ella sigue viva, es una chica muy fuerte...Sólo tenéis que conseguir ese último medicamento y todo volverá a ser como antes.

- ¿Pero de dónde sacamos tanto dinero? ¡El precio es desorbitado!

Elizabeth Bennet no tenía ni humor ni fuerzas para aceptar la invitación para almorzar con Lady Catherine. Charlotte, compresiva, le dejó preparada algo de comida y le indicó dónde estaban los granos de café y la leche antes de marcharse a Rossings.

Elizabeth durmió hasta tarde y después se preparó un café bien fuerte, sin mucha leche. Se quedó largos segundos observando las cazuelas y los utensilios de la cocina, sin fijarse realmente en ellos, pensando en su familia, en ese momento sin necesidad de consultarlo con nadie más decidió que volvería cuanto antes a Longbourn.

El ruido de la puerta abrirse la sacó de su ensimismamiento. Quizá Charlotte se había dejado algo en casa o el caballo que los llevaba a Rossings había tenido algún problema con su herradura y era necesario cambiarla, pero la figura que entró por la casa de los Collins no era la de su mejor amiga. La inconfundible silueta de Fitzwilliam Darcy apareció ante ella.

Elizabeth dejó la taza de café sobre la mesa, pensando que ésta podría resbalarse de sus dedos ante aquella sorpresa.

- ¿Qué hace usted...?- Elizabeth comenzó a preguntar.

- Su amiga me informó de que usted no estaba en disposición de acudir a almorzar- Por un momento Elizabeth pensó que él le obligaría a asistir, pero descartó esta idea de inmediato ya que el rostro de Darcy no mostraba autoridad, más bien compasión - Estaba preocupado.

- Muchas gracias por su interés. Sólo estaba algo cansada...-

Elizabeth decidió no mencionar la carta, había estado toda la mañana hablando con Charlotte sobre el asunto y ahora prefería olvidar la recaída y concentrarse en el regreso a casa, además ¿Tenía la suficiente confianza con el señor para contarle tal intimidad? En realidad sí, él había estado en aquellos momentos tan dolorosos. Elizabeth se avergonzó de su propio pensamiento ¿Cómo podía insinuar si quiera a sí misma que compartía cualquier tipo de confianza con el Señor Darcy? ¿Cuándo habían dejado de ser simples conocidos o incluso enemigos para convertirse en confidentes?

El caballero asintió y se formó el incómodo silencio, como era costumbre ya.

- ¿Quiere café?- preguntó Lizzy

- Oh, no...muchas gracias- Darcy adoptó una mirada pensativa antes de añadir- En realidad, no sólo vine a ver cómo se encontraba...- Darcy se detuvo, como si esperara que Elizabeth fuera a decir algo- En los últimos meses hemos estado alternando entre la indiferencia, el odio, la tolerancia y me atrevería a añadir cierto afecto. Hemos intercambiado tanto gritos como confidencias, por ello me doy la licencia de reconocer que la amo. Y espero que sus sentimientos sean iguales o al menos suficientes para que acepte esta proposición de matrimonio.

- ¿Que usted me ama?- lo preguntó con incredulidad y no pudo evitar dejar escapar una pequeña carcajada, algo irónica. Lo que Darcy tomó como invitación para que continuara hablando sobre sus sentimientos sin percibir el deje sarcástico de aquella risa. Al principio Lizzy sintió cierta compasión por el dolor que iba a ocasionar al rechazarle, aunque también se sintió halagada y un poco cohibida al ser el objeto de afecto de un hombre tan distinguido como Darcy. Aún así, seguía pareciéndole excesivamente orgulloso. Tenía que admitir que había sentido afecto por él en determinados momentos de su relación, si es que aquel sustantivo era el mejor para definirlo. Pero la huella de las libertades que se había tomado el cabello que ahora le profesaba su amor sobre el matrimonio de su hermana y el suyo propio pesaban aún con fuerza- ¡Pare, por favor!

El Señor Darcy obedeció, sorprendido por la interrupción justo cuando expresaba su disculpa por haberse declarado en unos momentos tan delicados como los que ahora traspasaba la familia Bennet.

- No sólo el momento es inapropiado, sino también sus motivos. No termino de comprenderle, Señor Darcy. Si llegamos a cierta tolerancia es porque pasé por alto las decisiones que tomó desacreditándome, privándome de un matrimonio en el que podría haber sido muy feliz. ¿Y ahora me pide usted en matrimonio?

- ¿Se refiere a su ruptura con mi primo? Pensé que se había recuperado...

- ¡Esa no es la cuestión! ¿No le dio su bendición a su primo porque pensaba que usted sería un marido más adecuado para mí? ¿O esos sentimientos surgieron más tarde?

- Me siento incapacitado para contestarle pues no sé en qué día o a qué hora me enamoré de usted, pero lo que sí puedo decir es que yo no tuve nada que ver con el cambio de opinión de mi primo Fitzwilliam, después de que yo enviara una carta halagándola con moderación, mi primo me contestó alegando que ya no era necesario pues había encontrado a una mujer de la que, sin duda, no podríamos encontrar falta alguna. Siento que se sintiera tan ofendida y que aún no se haya esfumado el dolor que ocasionó aquello pero no encuentro justo que descargue su ira sobre mí, porque esta vez no me entrometí en las decisiones de mi primo.

Lizzy respiró con fuerza, lamentándose por su error y de su poco tacto. De repente, como si se tratara de un cubo de agua fría que se derramaba sobre ella, se dio cuenta de los prejuicios que se había empecinado en sostener contra el Señor Darcy y no entendió por qué se esforzaba tanto en formarse una idea equívoca sobre el caballero, como si al odiarlo y al criticarlo se colocara en una situación más segura. Sin entender muy bien porqué, recordó a su pobre hermana durmiendo desvalida sobre su cama, su orgullo hacia ese hombre la había incapacitado para verle con otros ojos. No podía asegurar que se hubiera enamorado de él si hubiera sido justa desde el principio porque tampoco podía decir ahora si lo amaba, lo odiaba o simplemente se sentía dolida al darse cuenta de su falta de tacto y consideración, en otras circunstancias quizá hubiera aceptado su propuesta, no podía negar que lo encontraba atractivo y más intrigante de lo que quisiera reconocer, además poseía dinero para satisfacer a su madre...y ayudar a su hermana, esta última idea golpeó su cabeza con fuerza, haciéndola despertar de sus ensimismamientos para darse cuenta de que Darcy había meneado la cabeza negando decepcionado y, tras despedirse cortésmente, se estaba marchando.

- ¡Señor Darcy!- lo llamó con cierta desesperación. Él se detuvo y se giró, Lizzy sintió una punzada en el corazón - ¿Se marcha sin esperar una respuesta?

- No se preocupe, Señorita Bennet. Creo que su negativa ha quedado bastante clara entre sus críticas. Siento haberle causado tanto pesar y...

- Sí, quiero- le interrumpió Lizzy y por unos segundos se sintió feliz, lo hacía por su hermana, y la idea de poder acabar con su pesar la hacía inmensamente feliz, no tenía nada que ver con el matrimonio ni con el Señor Darcy, al menos eso era lo que ella se repetía para convencerse a sí misma- Si usted es capaz de perdonarme al haberle acusado de algo que es inocente, he sido del todo descarada y no tengo perdón pero...

- En ocasiones pienso que fue esa vitalidad la que comenzó a conquistarme.

- Una vitalidad que se definiría mejor como insolencia o descaro.

- Un descaro a veces necesario, con él consiguió que viera mis viejos errores, como el mal que le hice a su hermana.

- Eso ya lo enmendó, en cambio fui yo hace escasos segundos la que se equivocó al juzgarlo sin conocer completamente los hechos, dejándome convencer por las críticas que Wickham lanzó contra usted, no sé exactamente qué ocurrió entre ambos y tampoco lo quiero saber, estoy cansada de calificar a las personas como buenas o malas. No sé si soy digna de su perdón ni tampoco sé si merezco que mantenga su proposición pero...

- Elizabeth, ¿Quieres casarte conmigo?- repitió Darcy.

- Sí, quiero.


N/A: Cómo cambian las cosas ¿verdad? ¿Qué os parece? Las razones del "Sí, quiero" de Lizzy no son aún las adecuadas, pero llegaremos ahí... en algún momento. :)