Seguro se estaran preguntando ¿que hace esta aqui en lunes? pues bien, mañana no creo tener tiempo suficiente para actualizar, y el miercoles me voy a un curso, asi que estaria actualizando hasta el jueves, pero como han sido tan lindos conmigo en dejarme sus comentarios, no se me hacia justo porque ya les habia dicho que los martes actualizaba, asi que si no quieren leerlo hoy, lo leen mañana jeje.
Espero que les guste.
La Sra. Bailey no necesitó mucho de Ginny para ponerse al corriente con todo el trabajo. Así que Ginny tuvo la oportunidad de pasar sus últimos días en el cuartel, antes de su incapacidad, para organizar mejor su fiesta. Esos días la pasó muy relajada. Harry tenía mucho trabajo con un asunto relacionado con el mundo muggle, pero nunca se lo platicaba a ella, al parecer era de alta confidencialidad. Era por eso que Ginny no veía tanto a Harry. A veces, por las tardes, iba a casa de los Potter a visitarlos pero en otras ocasiones, visitaba a sus padres.
Harry no estuvo con ella el último día de trabajo, sus compañeros aurores le hicieron una pequeña despedida deseándole suerte en su nueva etapa de mamá.
Llegó el día de su cumpleaños, como lo tenia planeado, Ginny paso la mañana y tarde con su familia. Le habían organizado un pequeño festejo y había recibido regalos de todos sus hermanos, consintiéndola al cien por ciento.
Pero por la noche, se fue con Ron a su casa. Después de haberle pedido a su hermano favorito que no dijera nada de la fiesta, utilizando sus métodos de niña buena y haciendo pucheritos como acostumbraba hacerlo de niña, logró que Ron no les dijera nada a sus padres y hermanos.
Hermione le había ayudado a decorar la casa durante el día y Sirius le había enviado toda la bebida y la música. Así que solo se dio un baño y se arregló para la fiesta.
En realidad, eran pocos invitados, únicamente los aurores y alguno que otro conocido de otros departamentos. No llevaba ni el año viviendo en Londres, así que no conocía a tanta gente.
Después de una hora de haber iniciado la fiesta, en donde la mayoría bailaba y tomaba whiskey de fuego o cerveza de mantequilla en el centro de la sala, llegaron Harry y Sirius, éste último con una sonrisa de oreja a oreja.
- Hola, pelirroja, feliz cumpleaños – le dio un abrazo y le entregó un regalo.
- Pero Sirius, me mandaste mucha bebida y me trajiste la música, no era necesario…
- Ey, yo también voy a disfrutar de la fiesta y este es solo un detallito.
- Gracias, Sirius.
- Esto es como en los viejos tiempos en la sala común de Hogwarts – dijo Sirius con una sonrisa nostálgica – solo que con mercancía nueva – le sonrió coqueto a una chica que iba pasando – con su permiso.
- Pasa de los cuarenta y sigue siendo el mismo adolescente – le dijo Harry – perdón por llegar tarde.
- No te preocupes ¿estabas en el cuartel?
- Si.
- ¿Y Remus?
- Dijo que le iba a hacer compañía a mis papas, además que no estaba en edad para fiestas – volteó a ver a Sirius que ya estaba bailando con la chica.
- Me hubiera gustado que tus padres estuvieran aquí.
- Mamá necesita reposo, además dicen que te tienen preparado algo. Por cierto, mi regalo lo dejé en la entrada.
- ¿Por qué?
- Después lo ves.
Ginny, que se caracterizaba por su curiosidad, caminó hacia la entrada de la casa y vio un inmenso regalo forrado y con un moño gigante, recargado en la pared.
- No me digas que es…
- Una escoba. Claro la vas a poder usar después de que nazca el bebé – le aclaraba Harry mientras Ginny rompía el papel de regalo – no debes de volar ni un…
- Harry – exclamó Ginny sorprendida – es una saeta de fuego.
- Si, me dijiste que querías una.
- Pero son carísimas.
- Bueno – se encogió de hombros – me pagan bien.
- Gracias – le sonrió – me haces sentir mal, yo solo te regalé un…
- Aquí lo tengo – se tocó el pecho – de hecho, es mucho mejor tu regalo, yo lo llevo conmigo siempre, en cambio, tu con la escoba.
- Te reto a un partido de Quidditch.
- Por supuesto, pero después de que nazca nuestro hijo – le dijo en un susurro, aunque estaba seguro que nadie los escucharía debido a la música y que todos estaban el sala o en la cocina.
- Sería bueno volar embarazada.
- Ni se te ocurra – se puso serio.
- Así el bebé volaría conmigo.
- Yo le voy a enseñar a volar.
Ginny se le quedó viendo, se imaginaba a Harry enseñando a volar a su hijo, sintió una corriente eléctrica por toda la espalda.
- ¡Harry! – Lo llamó Ron – no sabía que ibas a venir.
- Si, me invitó Ginny, solo pasé un rato.
- ¿Whiskey de fuego? – le ofreció un vaso.
- No, gracias, no bebo.
- Bueno, una cerveza.
- No, nada.
- Si no vas a tomar, al menos vas a bailar ¿o no, Harry? – le preguntó Hermione.
- No, tampoco bailo.
- En las fiestas, se baila y se toma – le aclaró Ron.
- Si, lo sé.
- No presionen al jefe con eso – les dijo Ginny – mejor hay que presionarlo para que nos suba el sueldo.
- Funcionaría mejor si lo emborrachamos – les dijo Ron mientras los cuatro reían divertidos.
Durante la fiesta, Harry platicaba con uno que otro auror pero siempre de trabajo. Curiosamente, solo se acercaban a él las personas con mayor edad, excepto Sirius, que desde que había llegado no había dejado de bailar. Aunque a decir verdad, Sirius era el mayor de toda la fiesta, los demás invitados no pasaban de los cuarenta años, pero sin embargo, era sin duda el alma de la fiesta. Animaba a todos y ofrecía bebidas al por mayor.
Ginny, aun con su enorme vientre, bailaba animada con Sirius en medio de todos los invitados, que les aplaudían y les chiflaban haciendo un círculo alrededor de ellos. Harry los veía recargado en el marco de la puerta de la cocina sonriendo al ver ese par bailando de manera graciosa, siendo el centro de atención de todos.
- ¿Y el jefe? – preguntó Sirius en voz alta. Harry se asustó y de inmediato se dio la media vuelta para entrar a la cocina, pero no contaba con que varios aurores, algo tomados de más, le obstruyeran el paso.
- Vamos Harry, ven a bailar – le gritó Ginny, Harry negaba con la cabeza.
- No seas aburrido – lo jalaba Sirius.
A Harry le entró un miedo de que Sirius gritara delante de todos los aurores que bailara con la madre de su hijo. Así que se dejó guiar por Sirius frente a Ginny. Todos aplaudían y gritaban "jefe, jefe" mientras Ginny seguía bailando animándolo a hacerlo él también.
Poco a poco se empezó a mover. Jamás en su vida había bailado, ni estado en una fiesta de ese tipo. Para él, una fiesta era como las que siempre asistía en el ministerio o como la que le había organizado su madre, pero no porque ella era aburrida (como solía decir Sirius) sino porque los invitados eran personas importantes que estaban acostumbrados a la elegancia. Estaba seguro que si su madre estuviera ahí, estaría bailando con su padre, animándolo como lo hacia Sirius en ese momento.
Sonrió al ver a Ginny dando vueltas frente a él, moviendo los brazos de un lado a otro y cantando, no más bien, gritando la canción. La imitó y todos rompieron en más aplausos y chiflidos. Era raro ver al jefe bailando.
Diez minutos después, ya todos bailaban por su lado. Harry ya había agarrado el ritmo y se movía con más facilidad, pero Ginny ya estaba cansada y le dolían los pies, a pesar de que ya tenía como media hora que se había quitado los zapatos, con tal de no dejar de bailar.
- Ya no puedo mas – le dijo Ginny a Harry.
- Vamos a sentarnos ¿Quieres que te traiga algo de tomar?
- Si, agua fresca y aperitivos, por favor.
Mientras Ginny se sentaba en la mesa del comedor, preguntaba a sus invitados si ya habían cenado o si necesitaban algo, aun cansada, tenia que ser buena anfitriona. Harry le sirvió un vaso de agua fresca y un plato con aperitivos.
- Vaya, Harry, no sabía que eras tan caballeroso – le dijo una chica auror – cuando yo este embarazada ¿me vas a tratar como a Ginny?
- Espero que eso no sea pronto, Stevenson, tienes mucho trabajo.
- Oh por Dios, Harry, estamos en una fiesta, llámame Laura.
- No puedo – les dijo Harry encogiéndose de hombros sentado a un lado de Ginny – ya me acostumbre.
- Tú siempre nos has dicho que te llamemos Harry.
- Sería aburrido que lo llamáramos señor Potter – les dijo Ginny – o jefe todo el tiempo.
- Eso es cierto, yo prefiero llamarlos por su apellido, me es más fácil.
- A Ginny la llamas por su nombre – le dijo otro auror.
- Bueno…lo que pasa es que como Ron también es Weasley – les dijo tratando de justificarse.
- Entonces, seria al revés, deberías de llamar a Ginny, Weasley y a Ron por su nombre, primero trabajaste con Ron, apenas acabas de conocer a Ginny.
- No, Harry fue mi jefe en Estados Unidos, ya habíamos trabajado juntos.
- Eso no sabíamos – les dijo un auror, mientras otros se veían sorprendidos – entonces ¿ustedes se conocen desde hace tiempo?
- Si.
Hermione, mediante magia, acomodaba las botellas vacías en una caja en la cocina, no quería que Ginny tuviera que hacer algo después de la fiesta. Escucho un ruido proveniente de la parte trasera de la casa. Salió por la puerta de la cocina que daba al pasillo directo hacia la parte de atrás, cuando vio a Ron besando a una chica. Sintió que su mundo se había venido abajo en ese instante. Ella y Ron era muy buenos amigos, se platicaban cosas que juraban, no se las habían dicho a nadie. Y ahí estaba él, besando a esa chica alta, rubia, de ojos azules, que sabía que era del departamento de uso indebido de la magia y nada más.
Quería llorar como estaba acostumbrada a hacerlo cada vez que algún chico la engañaba, pero ahora lo tendría que hacer sola. Ginny siempre era su hombro donde llorar y ahora no podía hacerlo porque eso significaría decirle lo que siente por su hermano.
Sin decir nada, subió a la habitación de Ginny, y lloró sola acostada en la cama. Otra desilusión más en su vida.
Ahora que Ginny estaba en su incapacidad, no sabía que hacer. Estaba desesperada. Primero porque añoraba dormir y no podía hacerlo y por otra parte, su madre se había empeñado en que aprendiera a tejer, teniéndola la mayor parte del día en su casa.
Harry seguía con su trabajo, la Sra. Bailey era de gran ayuda, sin embargo, extrañaba los azotes de puerta de Ginny. Por las noches, le hablaba por teléfono para saber como estaba y platicaban de cualquier cosa. Cuando Ginny visitaba a los Potter, Lily le llamaba a Harry y éste se tomaba un tiempo para salir del cuartel para ir a verla, o más bien, para hablarle a su hijo. Ginny ya se había acostumbrado, simplemente se sentaba y Harry hablaba y hablaba apoyando su cabeza en la pierna de ella.
Una mañana, Harry mandó llamar a Ron a su oficina pero la Sra. Bailey le dijo que aun no llegaba. Resopló molesto, no le gustaba la impuntualidad de sus aurores. Para cuando llegó Ron, la Sra. Bailey le dijo que pasara inmediatamente a la oficina de Harry.
- ¿Puedo pasar?
- ¿Por qué llegaste tarde? Sabes que no me gusta la impuntualidad, Weasley.
- Perdón, no pase buena noche.
- Eso me tiene sin cuidado – le decía Harry muy serio – aquí yo quiero responsabilidad.
- Si – le dijo Ron apenado.
- Tienes que irte con el Ministro a Bulgaria, tiene una reunión con el ministro de ese país, estarás todo el día con él hasta que regrese – Ron bajo la mirada - ¿algún problema?
- No, bueno…si.
- Dime si no puedes con el trabajo – le dijo Harry mirándolo fijamente.
- No es eso Harry, es que…Ginny aun sigue en el hospital.
Harry sintió que se le fue toda la sangre a los pies, y en efecto, estaba pálido, blanco como un fantasma.
- ¿Cómo que…? ¿Qué estas diciendo?
- Anoche, como a la una de la mañana, me llamó llorando que se sentía muy mal, fui a ver que tenia y al verla tan mal, la llevé al hospital.
- Pero ¿Qué le pasó? ¿Qué te dijeron los sanadores? ¿Esta bien? ¿El bebé esta bien? – Ron lo vio extrañado al ver a Harry tan preocupado.
- Si, al parecer se le subió la presión arterial.
- ¿Otra vez?
- ¿Cómo que otra vez? – Ron frunció el ceño.
- ¿Te dijeron porque fue? – Harry ignoró su pregunta.
- Al parecer, Ginny salió por la noche a caminar – Harry dio un golpe en la mesa molesto – y algo la asustó.
- Le había dicho que dejara de hacer eso.
- ¿Cuándo? Ella empezó a caminar hace apenas una semana.
- La encontré de casualidad ¿Cuánto tiempo va a estar en el hospital?
- No lo sé, mis padres se quedaron con ella. Yo solo fui a mi casa a darme un baño y me vine inmediatamente.
- Ron, necesito que vayas con Kingsley a Bulgaria, es muy importante que estés tu también presente en esas reuniones – Ron frunció el ceño.
- ¿Yo?
- Si, después te explico de que se trata todo esto. Kingsley me dijo que solo iba a la reunión y se regresaba, a mas tardar, para las cinco de la tarde estarás de regreso ¿Puedes hacerlo?
- Claro.
Ron salió de la oficina y detrás de él Harry, que solo le dijo a la Sra. Bailey que cancelara sus reuniones porque tenía un asunto importante que hacer.
Ron vio a Hermione que revisaba unos papeles. Se acercó a ella esperando tener mejor suerte que los días anteriores. No sabía que le pasaba porque ya no le hablaba igual que antes y eso lo tenía confundido, pero sobretodo, triste. Hermione era una persona especial para él, alguien en quien confiar y en quien platicar. Ginny, ella y él podía ser los mejores amigos del mundo, eran un estupendo trío.
- Ginny se puso mal en la noche.
- ¿Cómo esta? – Hermione lo veía asustada.
- Bien, mis papas están con ella. Presión alta – Ron se le quedó viendo - ¿Qué te pasa?
- Estoy preocupada por Ginny.
- No me refería a eso. Has estado muy seria conmigo.
- No, claro que no, no sé porque lo dices.
- Ya no quieres ir a comer conmigo.
- He tenido mucho trabajo.
- Claro – se puso su capa de auror – voy a salir, regreso como a las cinco de la tarde ¿vamos juntos a ver a Ginny?
- No, yo iré a verla en mi hora de comida.
- ¿En la tarde no estarás con ella?
- Tal vez.
- Bueno, te veré allá y te acompaño a tu casa para que no te vayas sola.
- Yo puedo irme sola, Ron.
- ¿Qué te pasa? ¿Te hice algo malo? Dímelo.
- Nada, no me hiciste nada.
- Ah, ahora lo recuerdo, andas en tus días – Hermione lo fulminó con la mirada – Hermione, eres mi mejor amiga, sé todo de ti, hasta cuando andas en tus días.
- ¿Y yo sé todo de ti?
- Claro.
- Mentiroso – le dijo Hermione levantándose y caminando hacia la salida del cuartel, dejándolo solo.
Ginny salía del hospital junto con sus padres, Bill y los gemelos. La habían dado de alta apenas unos minutos antes y se dirigía a su casa, a pesar de los constantes reclamos de su madre para que se fuera a la Madriguera, donde sería mejor cuidada. Pero Ginny, no aceptó de ninguna manera, y logró convencer a su madre de que la dejara irse a su casa a cambio de que se iría a la Madriguera cuando le faltara una semana para dar a luz.
Mientras esperaban un taxi, revisó de nuevo su celular: 24 llamadas pérdidas y todas eran de Harry, supuso que Ron fue quien le avisó. Con el pretexto de que le llamaría a Hermione, se hizo a un lado para llamarle a Harry.
- ¿Dónde estas?
- Saliendo del hospital.
- ¿Qué te pasó?
- No puedo hablar ahora, aquí están mis hermanos y mis padres.
- Quiero verte.
- Yo te hablo.
- ¡No! Quiero verte en este momento.
- No te pongas pesado, Potter.
- ¿Dónde vas a estar? Porque si vas a casa de tus padres, ahí mismo voy a verte, no me importa…
- Voy a mi casa, yo te hablo cuando me quede sola.
- Te espero en tu casa entonces.
- ¿Cómo que me esperas?
- Ya estoy en tu casa, Ginny – Harry se había aparecido ahí.
- No quiero que te vean mis padres ni mis hermanos ¿Qué explicación les voy a dar?
- Ginny, ya tenemos taxi – le dijo su padre.
- Harry, por favor, no quiero que te vean.
- Entonces, diles que se vayan lo más pronto posible.
- ¡Ginny! – le gritó Bill.
- De acuerdo – le dijo a Harry colgando el teléfono.
Cuando llegaron a la casa, Ginny busco con la mirada a Harry, pero no había nadie. Suspiro tranquila. Dio gracias a Dios que sus hermanos se regresaron a sus trabajos una vez que Ginny se sentó en el sofá. Solo faltaba que se fueran sus padres, pero eso si lo veía muy difícil.
Le pidió a su padre que le trajera un helado de frambuesa, sabor vainilla con chispas de chocolate blanco mezclado con café con sabor a caramelo. Como sabía que su padre no tenía la menor idea de los sabores de helados, buscaría hasta encontrar el capricho de su niña, aunque Ginny sabía de antemano que no lo iba a encontrar. Faltaba su madre, subió a su habitación pidiéndole que le preparara de comer pavo relleno, algo que sabía que su madre tardaba en hacerlo.
- Harry – lo llamó al cerrar la puerta de la habitación.
- Eres buena para deshacerte de las personas, conmigo bastó una supuesta carta de Ron.
- ¿A eso viniste?
- ¿Cómo estas?
- Gracias a ti, nerviosa de que alguien te vea aquí ¿Cómo sabes lo que le dije a mis padres para que se vayan?
- Eso no importa – no le iba a hablar de su capa de invisibilidad en ese momento - ¿Qué paso? ¿Qué te dijo el sanador? ¿El bebé…?
- Ay ya, me exasperas. Anoche me fui a caminar – Harry levantó la ceja – si, si, ya sé lo que me vas a decir. El maldito perro de la vecina me metió un susto. Para la una de la mañana me sentía muy mal. Pero no fue nada, ya estoy bien.
- Sabes que eso es muy peligroso, ya te lo habían dicho en el hospital muggle – la regaño – y te dije claramente, que no quería que salieras por las noches.
- ¿Y desde cuando te hago caso?
Harry se despeinó mas el cabello dando vueltas en la habitación. Después de una pausa continuo mas tranquilo, sabía que discutir con Ginny no lo llevaba a nada.
- ¿Te dieron medicamento?
- Si, mañana temprano debo ir para que me vuelvan a revisar la presión.
- Yo voy contigo.
- No, van a ir mis padres.
- Pues vas una con ellos y otra conmigo – Ginny bufó molesta – no me importa que te enojes…
- Mira – levantó la mano para que se callara – mañana voy a ir para que me revisen la presión con mis padres, pero por la tarde tengo cita con el sanador para la revisión del embarazo, me puedes acompañar a esa.
- De acuerdo – le dijo Harry mas tranquilo.
- Bueno, ahora vete.
Harry les platicó a sus padres lo ocurrido con Ginny, dejándolos preocupados. Pero nada a comparación de Harry, que deseaba que llegara la hora de ir con el sanador y acompañar a Ginny, quería estar seguro de que su hijo estuviera bien.
Ginny ya se sentía mucho mejor, pero a pesar de que sus padres escucharon a los sanadores decirle que su presión ya estaba normal, ellos no querían separarse de ella. Eso la tenia sumamente preocupada, Harry llegaría a las dos de la tarde por ella para acompañarla a su cita del embarazo, aquella en la que cada mes tenia que asistir, y ahora cada quince días, debido a que su embarazo ya estaba avanzado.
- Mamá, quiero dormirme, no es necesario que se queden conmigo.
- Pero Ginny…
- Mamá, papá ya faltó a trabajar ayer y hoy ¿no? – Molly asintió – dile que vaya, tu misma me has dicho que su jefe lo ha querido despedir varias veces porque ya esta grande, con esto no dudes que lo haga.
- Ginny no digas eso – se asustó Molly.
- Es la verdad. Dile que vaya y tú tienes cosas que hacer en tu casa. De veras, mamá, estoy bien.
- De acuerdo, pero me prometiste que te irías a la Madriguera faltando una semana para que nazca el bebé, no quiero que me salgas con otra cosa Ginny – le dijo Molly apuntándola con el dedo índice.
- Si, mamá, me iré a quedar con ustedes cuando se acerque mi fecha de parto.
- Te dejé preparada tu sopa preferida sobre la estufa.
- Gracias, mamá.
Ginny moría de sueño, pero seguía sin poder dormir bien. Las últimas noches había optado por dormir sentada sobre la mecedora, pero el dolor de cuello era insoportable. Así de cansada se dio un baño y se arregló para esperar a Harry.
La ventaja del sanador que estaba tratando el embarazo de Ginny, es que tenía su consultorio fuera del hospital, así que no tuvieron ningún problema por si alguien los vería juntos.
Ginny estaba recostada en una camilla con el vientre descubierto y Harry a un lado de ella. El sanador la revisaba y hacia movimientos con la varita encontrando todo en perfecto estado.
- Te sigues tomando el medicamento que te dieron en el hospital para la presión, Ginny, es muy importante.
- ¿Es recomendable que salga a caminar por las noches? – preguntó Harry mientras Ginny apretó los puños con ganas de darle un buen golpe.
- ¿Sigues sin poder dormir? – le preguntó el sanador a Ginny. Harry volteó a verla con el ceño fruncido.
- Un poco.
- Ginny, es necesario que duermas, te falta un mes para que des a luz, necesitas estar descansada para cuando estés en trabajo de parto. No vas a tener fuerzas para cuando llegue el momento.
- De acuerdo.
- Te veo en quince días.
Durante el camino, Harry no le dijo nada a Ginny, desde que se había subido al auto, ella se recargó sobre la ventanilla y cerró los ojos. Harry pensó que tal vez se había quedado dormida, pero al llegar a la casa de Ginny se dio cuenta que no era cierto. Ella solo descansaba.
- Me habías dicho que ya estabas durmiendo mejor – le dijo Harry abriendo la puerta de la casa de Ginny con sus propias llaves.
- Te mentí.
- ¿Por qué?
- Tengo mas de dos meses sin poder dormir bien – se sentó en el sofá recargando su cabeza hacia atrás – si me acuesto aquí o en la cama, mi espalda me duele y el bebé no deja de moverse; en la mecedora, me duele el cuello.
- ¿Por qué no me lo habías dicho? ¿Por qué me mentiste?
- Porque me da coraje… me da coraje que las veces que estas tu a mi lado – bajo la mirada - es cuando mejor he dormido.
Harry se le quedó viendo sorprendido, la verdad, jamás se imaginó que Ginny le fuera a decir tal cosa. Se acercó a ella y le ofreció la mano para que se levantara.
- Vamos.
- ¿A dónde?
- A dormir.
-¿De veras? – Harry asintió aun con el brazo estirado - ¿y juegas con mi cabello? – Él sonrió – es que me gusta.
- De acuerdo.
Ginny tomó la mano de él y juntos subieron a la habitación. Mientras Ginny se ponía algo más cómodo, Harry acomodaba las almohadas como aquella mañana en que habían salido del hospital cuando a su madre la habían operado.
Se acostó sobre su pecho y sintió que se relajaba, Harry le acomodaba unas almohadas en su espalda para que estuviera mas cómoda, pero Ginny lo único que le importaba era esa sensación que tenia cada vez que estaba en brazos de Harry.
- ¿Estas bien?
- Si ¿y tu? – Harry asintió – aun tienes el dije.
- Si, siempre lo traigo conmigo.
Ginny empezó a jugar con el dije. Por unos minutos, ninguno de los dos dijo nada.
- Mis padres se van a ir a Francia un fin de semana para pedir la mano de la novia de mi hermano. Mamá quería ir solo un día para no separarse de mí, pero la familia de ella los convenció para que estuvieran todo el fin de semana para que conocieran Francia. Ay, ráscame la espalda.
- ¿Ya no están preocupados por tu tía la de Estados Unidos? – le preguntaba Harry mientras le rascaba la espalda.
- A tu derecha, un poco mas arriba, ahí. Mis hermanos ya saben y también están preocupados por mis papas. Charlie dice que mi tía seria capaz de desheredar y desconocer a mi papá como un Weasley y eso le podría ocasionar algún problema en su salud. Ya esta grande de edad y ha tenido problemas en su trabajo.
- ¿En donde trabaja?
- En el ministerio, en el departamento contra el uso incorrecto de objetos muggles, es nada más un empleado, pero para él es muy importante seguir manteniendo su casa, no quiere que nadie le ayude económicamente. Mi tía posee varias cosas que a mi papá le interesan, no por el valor económico, sino por lo moral. Si lo deshereda, perdería todo eso.
- ¿Cuándo regresaría tu tía?
- No lo sé. Bill y su novia no han puesto fecha para la boda. No sé cuando se le ocurra aparecerse por Londres – Ginny dio un bostezo.
- No te preocupes desde ahora, a lo mejor tu tía no se aparece por un buen tiempo.
- Ojala.
- Duérmete.
Ginny sintió un fuerte dolor en su vientre y se despertó. Estaba recargada en unas almohadas y Harry no estaba. Se levantó tocándose el vientre, sentía que el bebé se le encajaba de un lado y eso le dolía. Buscó una nota de Harry pero no había nada y se dio cuenta que ya era de noche. Supuso que por eso ya se había ido. Se levantó al baño y cuando de nuevo regresó a la habitación había una charola sobre la cama con la cena lista y una flor. Sonrió de inmediato.
- Olvide los cubiertos.
- Hermione ¿Qué haces aquí? – le preguntó asustada y algo desilusionada al darse cuenta que no era Harry quien le había llevado de cenar.
- Vine para ver como estabas, te preparé de cenar.
- ¿Cómo entraste?
- Harry me abrió. Me dijo que había venido a verte y que le dijiste que estabas cansada y que subiste a dormir. Cuando llegué él ya se iba.
- ¿Hace cuanto que fue eso?
- Como una hora.
- ¿Qué hora es?
- Las nueve de la noche.
Recordaba que se había dormido como a las cuatro de la tarde, entonces Harry se había ido apenas una hora antes, seguramente por la llegada de Hermione y le mintió para que no supiera que se habían acostado juntos, en el buen sentido de la palabra.
- Se preocupa mucho por ti y por el bebé ¿verdad?
- Si – le dijo tomando un pan tostado de la charola.
- Ron me comentó esta mañana que se le hizo muy extraña la reacción de Harry cuando le dijo que tú estabas en el hospital.
- ¿En serio? ¿Y tú que le dijiste?
- Que así era Harry, que en Estados Unidos así era con todas las chicas embarazadas en el cuartel.
- ¿Te creyó?
- No sé ¿Cómo crees que tomaría la noticia Ron?
- De todos mis hermanos, Ron es quien mas me ha apoyado siempre, pero no sé como tomaría la noticia de que Harry es el padre de mi hijo.
Los siguientes días, Ginny ya se sentía mucho mejor. Harry pasaba por su casa todas la noches para dejarla dormida. A veces, Ginny solo dormía un par de horas, era como si el bebé se diera cuenta que su papá ya se había ido y despertara a su mamá. Pero con ese par de horas que dormía, al menos se sentía mucho mejor.
Ginny decidió ir a visitar a los Potter. Lily le hablaba a diario, pero llevaba un par de días que no se paraba por su casa. Le encantaba visitarlos porque tanto Sirius como James la hacían reír, Remus le enseñaba muchas cosas para su carrera y Lily la consentía con todos los antojos que tenía.
- Ginny – le decía Lily preparando un flan en la cocina – no te hemos dado tu regalo de cumpleaños.
- ¿Y todo lo que me han dado? Mírate, todavía no estas completamente repuesta de tu operación y ya estas en la cocina preparándome un flan.
- Harry me dijo que el que te llevó anoche no te gustó – Ginny negó con la cabeza haciendo un gesto de asco – lo compró en un supermercado, no hay como uno casero.
- El pudín estaba rico, pero me llevó muy poco.
- ¿Has podido dormir mejor cuando Harry esta contigo?
- Si, he llegado a la conclusión que el bebé es quien quiere tener a Harry a lado para dejarme dormir. Nada mas escucha su voz y se tranquiliza – Lily sonrió.
- Regresando a tu regalo…
- Lily no quiero…
- Déjame hablar – le dijo Lily sentándose frente a ella en la mesa donde estaba picando nuez – supongo que Harry te ha hablado de la casa del lago.
- No.
- Debí suponerlo, con eso de que salieron por un tiempo para conocerse y se platicaron tantas cosas – dijo con cierto sarcasmo.
- Bueno, si, pero eso no me lo dijo.
- Claro – dijo viéndola con los ojos entrecerrados – en fin. Los padres de James tenían una casa cerca de un lago en las afueras de la ciudad. Es muy bonita y ahí es donde vamos a descansar. James y yo queremos llevarte un fin de semana ahí para que conozcas y te relajes para cuando nazca nuestro nieto.
- Lily, te lo agradezco, pero no creo que pueda.
- ¿Por qué no?
- Mis padres. Ellos siempre quieren estar conmigo, no se me despegan.
- ¿Siguen enojados? – Ginny asintió - ¿Aun no quieren ver a Harry?
- No. Odian al padre de mi hijo – mintió Ginny – dicen que él robó mi inocencia. No quieren darse cuenta que ya no soy una niña.
- Ya llegó el ladrón – dijo Lily viendo acercarse a Harry para darle un beso.
- ¿Qué ladrón?
- Olvídalo. Le decía a Ginny lo del viaje a la casa del lago.
- ¿Cuál viaje? – le preguntó Harry comiéndose una nuez.
- Tu papá y yo queremos llevar a Ginny a que conozca la casa del lago de tus abuelos como regalo de cumpleaños.
- ¿Esa era la sorpresa? – Lily asintió – Mamá, Ginny no puede viajar.
- Nos iremos en carro. Ginny ¿y si yo voy a hablar con tus padres? – Ginny y Harry abrieron los ojos asustados – tal vez…
- No, no es necesario.
- Mamá, el asunto de los padres de Ginny lo resolveremos nosotros.
- De acuerdo, pero en realidad nos gustaría mucho que nos acompañaras. Eso nos va a ayudar mucho a las dos, tu para el embarazo y yo para la recuperación. Piénsalo por favor – le tomo la mano y salió de la cocina.
- Hablaré con ella – le dijo Harry.
- Es muy amable de su parte, pero ¿Qué le voy a decir a mi familia si me desaparezco un fin de semana?
- No te preocupes. No voy a negar que es muy buena idea que vayas, es un lugar muy tranquilo, a mi me ayudaba mucho ir allá, pero no quiero que te presiones al pensar en tu familia. Hablaré con mis padres.
- Espera…mis padres se van a ir este fin de semana a Francia, les puedo decir a ellos y a mis hermanos que me voy a ir con Hermione.
- ¿Y Hermione?
- A ella le digo la verdad. Estoy segura que me ayudaría.
- ¿No crees que podría a ver algún problema?
- El único problema es que si no vas tú, no voy a poder dormir.
- Ginny, yo no puedo, tengo mucho trabajo – Ginny hizo un puchero como el que utilizaba con sus hermanos para convencerlos – de acuerdo, veré que puedo hacer.
Como ven, Harry ya se esta acoplando un poco al estilo de vida de Ginny. Hermione, pobrecita, Ron la esta haciendo sufir, pero ya llegará su momento. Harry un amor con Ginny ¿o no?
¿Un adelanto? Solo les puedo decir que ese viaje de Lily es plan con maña, pero sucederá algo, algo muy inesperado.
Saludos.
