... o ... o ...
Regreso Inesperado
Cada célula viva de su cuerpo, era recorrida en esos precisos momentos por la satisfacción y el deseo. Sentía vibrar bajo de si al pianista que le volvía loco con cada sonido saliente de sus labios. Podía percibir por cada uno de sus poros, el inmenso calor del que su cuerpo era victima entre aquél juego de besos y caricias que ambos se repartían aquella noche
Su noche...
Sin nada más que importara, ni la vuelta de Saga, el que tarde o temprano tendrían que separarse... nada...
Solo ellos dos viviendo el anhelo desesperado de su corazones, en un desenfrenado juego de sus cuerpos, esa precisa noche que el mal presagio hacia su aparición...
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Que bello era. De verdad se asombraba de la hermosura que ese ser a quien amaba tanto, ostentaba por cada parte de si
Su mano, que hasta esos momentos había servido de respaldo para su cabeza, optó una posición un tanto más cómoda para enderezarse levemente y mirarle mejor o lograr el cometido que sus labios buscaban entonces, que era robarle un beso; sin embargo, el pianista comenzó a moverse, entre abriendo los ojos a causa de la luz que lastimaba sus parpados...
-"Buenos días bello durmiente"- Susurró el francés dejando un beso en sus labios, sintiéndose maravillado porque Milo correspondió su muestra de afecto con infinita ternura, colocando una mano en su mejilla
-"Buenos días, mi hielo precioso..."- Respondió sin pensar, tal vez aún medio dormido
-"¿Cómo me llamaste?"- Preguntó divertido el francés, impulsándose con una mano y lograr subírsele encima del abdomen. El griego abrió un poco más los ojos, un tanto desconcertado
-"¿Yo qué?"
-"Dijiste 'mi hielo precioso', Milo"- Repitió divertido el escultor, soltando una risa que se dejó oír por toda la habitación. El pianista frunció el entrecejo confundido
-"¿Yo dije eso?"- Se extrañó. Camus volvió a reír, y se inclinó hasta que sus labios pudieron rozar los de su amante, dándole un beso más placentero, mientras el griego tomaba su cintura con ambas manos y correspondía su muestra afectiva
Ambos podían recordar la noche anterior como una llena de total pasión y deseo, donde sus cuerpos se entregaron plenamente, sin ninguna atadura o el temor de ser separados el uno del otro, reclamándose y marcándose mutuamente como de su propiedad
Quizá existió un momento de titubeo en el que hubiera preferido no seguir y volver atrás; pero al final, el amor y las ganas de estar juntos pudieron más que cualquier otra cosa en el mundo...
Camus se apartó un poco del pianista, dejando un leve mordisco en sus labios junto con un suspiro entrecortado, tomando aquél rostro entre sus manos para hacer a un lado el mechón de cabellos azules que cubrían la frente, con el mentón, y besarla. El torso del escultor quedó lo bastante cerca de sus labios, a su entera disposición, provocando que sus labios se sintieran atraídos hasta el y plantar un beso.
-"Creo que hay que levantarnos, antes de que Shun o alguien más se de cuenta de que estoy aquí"- Dijo con desgana el francés. Milo aferró aún más su cuerpo al del escultor, con la presión que sus manos ejercían sobre cada una de las dos porciones carnosas y redondeadas situadas entre el final de la columna vertebral y el comienzo de los muslos. Camus suspiró y rió al mismo tiempo, ante la nueva caricia –"Yo tampoco tengo muchas ganas de hacerlo"- Susurró. Se apartó un poco más, dejando que sus largos cabellos azulados resbalaran por ambos lados de su cabeza. Las profundas pupilas de un magnifico color azul turquesa, penetraron en lo más hondo del alma del escultor, mientras le miraba directamente a los ojos –"Te amo..."- Susurró suspirando, pasando las yemas de sus dedos con infinito cuidado, sobre las prominencias en la faz del griego, las cuales mostraron un tono sonrosado en los pómulos
-"Yo también te amo, como a nadie en la vida"- Respondió embozando una sonrisa.
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Pese a que no querían levantarse, tuvieron que aceptar y llegar a la conclusión de que no podían -por mucho que lo desearan- estar juntos todo el día, ya que en algún momento tendrían que separarse por una que otra cuestión; así que decidieron disfrutar de un baño en la tina del cuarto de baño de Milo...
Con lo que no contaron, era que el verse una vez más desnudos, les provocarían ser cautivos del deseo de sus cuerpos por poseerse nuevamente:
De alguna forma, el pianista consiguió apresar con su ser, el cuerpo del escultor contra la pared del baño, entrelazando sus manos con las suyas por arriba de su cabeza en tanto que su lengua recorría con esmero cada palmo de la boca del francés. La respiración de ambos llegó a agitarse a tal grado, que tuvieron que apartarse jadeando, haciendo increíbles esfuerzos por lograr respirar un poco mejor, sin resultados positivos que no fueran el desearse y excitarse más por los sonidos de que de la boca de ambos salían. El griego soltó las manos de Camus, para resbalar sus propias manos por el pecho de este, recorriendo con los dedos la espalda desnuda del escultor deteniéndose en aquella carnosidad trasera, apretándola con cuidado mientras sus labios se comían a besos apasionados su cuello y ambos cuerpos se pegaban con esmero por alcanzar un placer mayor. La piel del francés se adhería cada vez más a su boca, haciéndole gemir de placer una y otra vez mientras sentía sus manos empujar su cabeza hacia su cuello, jadeando extasiado ante el deleite de su ser. El escultor sentía que las piernas le temblaban y que en cuestión de segundos terminaría cayendo de rodillas. Milo de alguna forma se dio cuenta de ello, y se despegó del francés, sonriéndole con ese extraño destello en los ojos. Camus estaba apunto de preguntar que era lo que iba a hacer, cuando el pianista se arrodilló delante de él, tomando sus caderas con ambas manos para deleitarse con el miembro casi erecto de su amante.
Un gemido, menos parecido a un alarido de dolor si no lleno de placer, salió despedido de la boca del francés cuando el pianista tomó con sus dos manos su órgano masculino y luego se lo introducía en la boca. Justo como anoche Camus lo había hecho, Milo deleitó su paladar e hizo estremecer varias veces de goce a su amante, mientras sus labios tomaban aquél miembro una y otra vez con excitación, escuchando los gemidos del francés, produciendo que su propia virilidad se avivara y tuviera que tomarla con la mano libre para masturbarla. Las caderas del escultor se mecían de adelante hacia atrás, sus manos se aferraban a la cabeza del peliazul controlando sus movimientos aunque estos se volvieron más desesperados, provocando que de sus labios saliera un sonido como si le escociera algo en la boca mezclado con gemidos placenteros.
Cuando el pianista se levantó, Camus atrapó sus labios con un beso más fogoso, teniendo que mantener una cierta distancia involuntaria, por el grado de excitación que ambos ya presentaban. El francés se volvió a replegar contra la pared mientras le daba la espalda al griego, apoyando el torso y las manos en el mosaico, mientras Milo pagaba su pecho contra el cuerpo de su amante. Camus separó las piernas, el griego se colocó entre sus extremidades flexionando las rodillas para que su miembro rozara con placer la entrepierna del escultor, haciéndole gemir una vez más con sus movimientos.
Las piernas del escultor lo traicionaron, dejándose caer de rodillas en el piso gateando un tanto desesperado con el pianista detrás de su suyo en la misma posición. Los jadeos de ambos resonaban por toda la habitación, el sudor salía por cada poro abierto de la piel y el deseo tocaba toda parte sensible de sus cuerpos. Camus apoyo el torso y las extremidades en la marfilada tina de baño, siendo imitado por las mismas partes de Milo detrás suyo. La barbilla del griego quedó recargada en el hombro del francés, teniendo a entera disposición su cuello para besarle con excitación, tomando su propio órgano masculino con la mano libre y con la otra las porciones carnosas y redondas de Camus, para acomodarse mejor entre ellas, produciendo en el escultor una descarga eléctrica que le hizo estremecerse de placer y gemir ante el dolor que los movimientos del pianista hacían por lograr copular su virilidad con Camus. Milo había entrado en él, podía sentir aquella parte carnosa dentro de si, provocándole un dolor placentero que lo hacia gemir y producir un sonido como si algo le escociera en la boca, al mismo tiempo que el pianista gemía y lo arremetía una y otra vez con movimientos suaves que se apresuraban cada vez más, sacando de su boca más sonidos o que sus dientes mordisquearan sus labios en un intento porque no salieran, sin mucho éxito.
Aquellos excitadores jadeos resonaban por todo el cuarto de baño, en tanto que Milo entraba una y otra vez en Camus, besando en ocasiones su espalda y que el escultor se masturbara a sí mismo en busca de más placer; sabiendo que sus gemidos no cesarían en un tiempo considerable...
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Con un orgasmo culminó su tiempo. Ahora ambos se preparan para tomar el baño que los llevó al momento antes referido.
El francés se sentó en el borde de la tina que le había servido de apoyo, tocando con los dedos la superficie del agua para comprobar que se encontraba a una temperatura más o menos considerable y entrar en ella.
-"Creo que esta lista"- Comentó quitándose la bata y entrando en la bañera, apoyando primero una pierna dentro y luego la otra, sentándose con cuidado –"Ven Milo"- Invitó al griego que no dejaba de contemplarlo
-"Sabes..."- Dijo de pronto –"Fue el mejor sexo de mi vida"- Se levantó, acercándose hacia la tina donde el francés se encontraba. El semblante del escultor se mostró apenado con un sonrojo en sus pómulos, seguido por una sonrisa de complicidad
-"Para serte sincero, también fue el mío..."- Él, que era el prometido de Saga, había estado íntimamente muchas veces con el empresario, siendo suyo tantas veces atrás como las que podía recordar; pero nada parecido a las experiencias con Milo, porque las sentía tan diferentes y a la vez tan mágicas, tal vez teniendo mucho que ver con la vida pasada que ambos habían ya tenido o con algo que lamentablemente no sentía por Saga: el amor...
Como la tina era bastante amplia, el pianista cabía perfectamente aún con su amante dentro; así que metió una pierna entre las dos del escultor, flexionándola hasta quedar de rodillas mientras metía la otra. El músico le dedicó una sonrisa al francés, misma que fue correspondida con cierta intranquilidad cuando Milo sumergió su cabeza en el agua y sus cabellos azules fueron esparcidos por toda la superficie...
Entonces su sonrisa se desvaneció, contemplando de pronto un panorama gris, el cual se tiñó a rojo sangre junto con la superficie del agua, de la cual de repente salió Milo con el semblante mojado en lo que parecía –si no es que eso era- sangre...
Los labios y músculos del escultor comenzaron a temblar, su rostro de pronto se mostró desesperado y comenzó a dar alaridos y gritos despavoridos, sintiéndose horrorizado por la imagen que acaba de ver...
-"Camus..."- Le llamó Milo, estupefacto por su reacción. El francés seguía cubriéndose la cara con ambas manos, tratando de no ver la sangre que manchaba cada parte de su visión, sin poder evitar que el aire comenzara a faltarle. El pianista no sabía que hacer para calmarle, ya que notaba el tremendo pánico que tenía mientras temblaba, producido por lo que simplemente habría podido ser una visión horrible y no como las que siempre solían tener –"Por favor, calma"- Suplicó el griego quitándole las manos de la cara, pero este seguía comportarse como esquizofrénico, asustándole aún más. Como último recurso, Milo se abalanzó sobre Camus, robándole un beso de los labios hasta el instante en el que dejó de temblar, ya que el cuerpo del francés dejó de tensarse poco a poco hasta el grado de mostrarse más tranquilo y corresponder aquella muestra afectiva con pasión, tal cual eran los besos del griego –"Todo esta bien mi amor..."- Susurró sin soltar el rostro del escultor que tenía entre sus dos manos, Camus asintió con la cabeza, pegando su nariz al rostro aún cerca de Milo. El pianista sonrió antes de besarle de nuevo, apartarse de su lado embozando una sonrisa satisfecha, y acomodarse entre sus piernas recargando la espalda en el torso del francés, siendo abrazado debajo del agua, por la cintura con los brazos del escultor
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El griego llevaba en sus brazos al francés, depositándolo en la cama con suavidad después de aquél baño tan graficarte que ambos habían tenido
-"No tenías que hacerlo"- Dijo Camus avergonzado. Milo se sentó a su lado, colocando las yemas de los dedos en sus labios sonrosados
-"Para mi fue un placer"- Susurró con una sonrisa, inclinándose y así compartir un tierno beso con su amado escultor. De pronto tocaron la puerta, con golpes casi tímidos y calmados que no por ello dejaron de asustar a ambos amantes, quienes inmediatamente se separaron, contemplando horrorizados la puerta
-"Señor Vanzetti, ¿Se puede?"- Preguntó desde el otro lado Shun. El semblante de Camus se puso pálido de pronto, el de Milo se mostró horrorizado. Ambos intercambiaron una mirada, sin saber que hacer o que decir, hasta que el pianista tuvo una idea, jalando al francés del brazo para meterlo en el cuarto de baño
-"¡Adelante!"- Exclamó embozando una tensa sonrisa y respirando con dificultad. El peliverde entró en la habitación con una bandeja de comida: contenía una jarra de jugo, dos vasos, dos platos de cóctel de frutas, así como dos más cubiertos por una tapadera plateada
-"Buenos días"- Saludó caminando hacia la mesita de centro –"Perdonen por interrumpirlos, pero el señor Depardieu siempre me pide su desayuno a estas horas y supuse que ya deberían de tener hambre"- Decía sin mirar la cara de estupefacción con la que el pianista le miraba, mientras dejaba la bandeja en la superficie de madera –"Les traje lo que su lista de dieta me marca para el día de hoy, y en caso de que gusten algo más..."- Se giró hacia el griego –"¿Dónde esta mi amo?"- Inquirió desconcertado. Milo balbuceó su respuesta señalando hacia el baño
-"En el..."- Movió la cabeza en señal negativa, regresando así a la realidad –"Este... ¿Tu amo? No sé, debe estar en su habitación ¿No?"- Embozó otra sonrisa tensa. Shun miró la habitación y la cama totalmente revuelta, posando sus inquisidores ojos sobre la puerta del cuarto de baño de donde se había escuchado un estornudo. El pianista levantó las manos hacia el cielo mientras el peliverde caminaba hacia la blanca puerta del baño y luego la abría
-"Buenos días señor, ¿Gusta que le traiga su ropa?"- Preguntó el sirviente con amabilidad. Camus salió descalzo de la habitación donde había permanecido escondido, derramando algunas gotas de agua sobre la alfombra que resbalaban de su cabello. Milo y el escultor intercambiaron una preocupada mirada, sin saber lo que el destino les depararía ahora que Shun sabría su pequeño y malvado secreto –"Creo que mejor los dejo solos"- Comentó el peliverde haciendo una reverencia. Camus corrió hacia el y se le puso al paso
-"Por favor... no se lo digas a Saga..."- Suplicó el francés. El sirviente parpadeó un par de veces antes de sonreír tranquilizadoramente
-"Descuide señor, no tengo porque andar metiendo las narices donde no me llaman"- Respondió. El escultor se sintió agradecido, mirando como Shun salía de la habitación
-"¿Crees enserio que debemos confiar en él?"- Preguntó el pianista abrazando a su amante por detrás, provocando que este se le recargara en el torso y colocara sus manos sobre las suyas
-"Supongo que si"- Contestó con una sonrisa, obligando al griego a que en esa misma posición buscara un vehemente beso de sus labios
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Ese involuntario gesto de abrir considerablemente la boca, aspirando lenta y profundamente, haciendo una prolongada y ruidosa espiración, no demostraba otra cosa que el sueño y cansancio de la noche anterior.
A pesar de estar en su departamento y saber que Milo no estaría en mejores manos que las de Camus, no por ello la preocupación dejó de ser menor, haciendo que el insomnio se hiciera presente al no poder dejar de pensar en él en toda la noche...
Por la tarde, después de realizar otras cosas en la mañana, decidió pasar a la mansión Rostand y asegurarse que el pianista estaba mejorando. Así que ahí estaba, sentado en la sala mientras esperaba impaciente a que el griego bajara, en tanto que Shun le servía un poco de café
-"¿Y cómo esta tu hermano?"- Le preguntó agarrándose la cien. El peliverde sonrió, pasándole la taza de fina porcelana con el caliente contenido
-"Mucho mejor, gracias. Mis amos no se dieron cuenta de nada y ya que la cruda estuvo buena, Shiru tuvo que prepararle un caldo muy picante para que se le bajara"- Rió llevándose el dorso de la mano a la boca. Aioria sonrió divertido, tomando una de las galletas que el peliverde le había ofrecido y comiéndola
-"¿Y tú...?"
-"¿Yo? Pues estoy bien..."- Respondió con un poco intimidado, mucho más por la extraña mirada del castaño
-"Me alegra..."- Sonrió bebiendo después de su café con un gesto de galantería –"Oye Shun... ¿Tú tendrías una cita conmigo?"- Preguntó mirándole fijamente. El sirviente enrojeció completamente, sin saber que responder –"¿Me dirás que no, o tal vez será un si?"- Insistió de manera coqueta
-"Eh... yo... pues..."- La lengua de Shun se trababa continuamente, sin lograr decir el 'No' como la respuesta que deseaba dar. Aioria dejó la taza de café en la mesita y se puso en pie, parándose frente al peliverde hasta tomar con una mano la cándida mejilla teñida en un tono carmesí del sirviente, provocando que este temblara y bajara la mirada cuando la cara del moreno se acercó poco a poco a la suya desencadenando un sin fin de reacciones en su ser; sus ojos miraban el piso, luego subían y buscaban los del castaño hasta perderse en ellos, lo cual terminó en un beso con el contacto de ambas bocas
-"¿Me dirás que no?"- Volvió a preguntar cuando se separaron. Shun negó con la cabeza –"¿Saldrás conmigo?"- El peliverde asintió. Aioria sonrió complacido, dejando otro fugaz beso en los labios del sirviente. Ambos escucharon un ruido en las escaleras, comprendiendo a la vez que alguien venía bajando por ellas –"Te buscaré luego"- Le susurró a un muy sonrojado Shun, el cual asintió a penas con la cabeza, saliendo por el mismo umbral en el que entraba Milo
-"¡Aioria!"- Exclamó emocionado el pianista, abrazando fuertemente a su amigo. El castaño correspondió la muestra afectiva con un ligero titubeo al no saber si las heridas del griego eran graves o solo había sido el golpe
-"Te veo muy saludable"- Le dijo. El peliazul dejó de abrazarle, sin que la curvatura en sus labios se apagara
-"Si bueno..."- Musitó apenado –"Camus hizo un excelente trabajo..."- Rió nerviosamente. La actitud del cirujano se mostró entre burlona y curiosa, provocando que el semblante del pianista se matizara a tono rojizo –"¡Ya hombre, no me mires así!"- Reclamó Milo arrancando una sonora carcajada de la boca del castaño
-"Es tu conciencia, yo no..."- Explotó en risas –"... Te miró de ninguna forma en especial"- Siguió riendo hasta que el estomago le ordenó que se detuviera, con una fuerte dolor en las entrañas
-"¿Ya o todavía no?"- Gruñó el griego peliazul. Aioria asintió con la cabeza, ofreciendo una sonrisa como disculpa –"Bien, ¿Por qué querías verme con tanta urgencia?"- Cuestionó un tanto furioso al recordar que lo había apartado del lado del escultor. El moreno hizo una exclamación y se llevó la mano a la bolsa de su camisa, de donde sacó una tarjeta blanca
-"Por esto..."
-"¿Qués es eso?"- Inquirió el pianista extrañado.
-"Esta mañana me encontré de nuevo a Mu"- Explicó pasándole la tarjeta a un desconcertado Milo –"El muchacho del que te hablé el otro día, aquél que se dedica a las ciencias ocultas y esas cosas..."- Dijo un poco desesperado por su falta de buena memoria
-"¡AH, ya recordé!"- Exclamó el griego, repasando con los ojos la tarjeta en la cual había un número de teléfono y una dirección
-"Pues esa vez que fuiste al departamento, olvidé decirte que él y otro hombre llamado Shaka (que es budista) se especializan en eso de la reencarnación"- Comentó el castaño, provocando que Milo le mirara más que sorprendido
-"¿Qué?"
-"Si, ellos dos estudian todo lo relacionado con las ciencias ocultas, y me dijo que también podían ayudarte con tu problema del amor del pasado..."- Aioria frunció el entrecejo –"Aunque... ahora que lo pienso, yo no le dije nada de ti..."- Los dos se quedaron en silencio, mirándose con cierto espanto. El pianista sintió que una brisa fría pasaba detrás de su espalda
-"¡Oh, vamos!"- Exclamó –"Yo creo en la reencarnación, pero no en los adivinos"
-"Mu dijo que dirías eso, por eso me pidió que te dijera que si no creías en mis palabras fueras a verlo a esa dirección antes de que 'él' llagara"
-"¿Quién es él?"- Inquirió el peliazul. El moreno alzó los hombros
-"No lo sé, simplemente Mu me dio ese recado y vine a verte"- Milo se quedó pensativo unos segundos, aún contemplando la tarjeta en sus manos
-"Esos tipos son raros y están comenzando a asustarme"- Dijo
-"Dijiste que querías averiguar todo lo que fuera necesario sobre tu vida pasada ¿No crees que esta es una gran oportunidad?"
-"Si, pero..."- Titubeó mordiéndose un labio
-"Nada de pero Milo, sube a despedirte de Camus y vamos a verlos"- Dijo con decisión el castaño, empujando sin mucho esfuerzo a su amigo hacia la salida
-"¿Y si me entero de algo que no quiero saber?"
-"Eso ya depende de ti, al menos tendrás el recuerdo de haber hecho lo correcto"
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Se encontraba sentado en el piso, con las piernas enredadas en una poción de flor de loto. El dorso de la mano estaba recargado en las rodillas, juntando el debo pulgar y el índice formando un círculo y los ojos estaban cerrados.
-"No tardan en llegar"- Le dijo al hombre de cabellos lilas que se encontraba arreglando un florero. El níveo personaje le miró desconcertado, y después exasperado
-"Te digo que no, nadie esta tan loco como tú"
-"Y yo te afirmo que lo harán. Su vida es como una balanza, y ahora todo el peso se encuentra de su lado, necesita que la otra mitad sepa y crea en él o la carga se hará más insoportable..."- Explicó dejando más que perplejo a su acompañante
-"Shaka, es que..."- Mu trataba de explicarse, hacerle ver al ver rubio que nada de eso eran más que simples sueños y suposiciones suyas.
-"Y a menos que lo conozcas, tú no creerás en mi..."- Por otro lado, el budista quería que su pareja confiara un poco en él, aunque fuera una vez en su vida
-"Yo si..."- Trató de explicarse el pelilila, pero Shaka se llevó un dedo a los labios, silenciando aquellas palabras de disculpa
-"Chist, ellos están aquí"- Dijo misteriosamente, poniéndose en pie –"Hazles pasar y que me esperen"- Entró en la habitación tan solo cerrada por una cortina de bolitas con muchos colores vistosos. Mu resopló, estando apunto de seguirlo para protestarle sobre su comportamiento -"Abre por favor"- Pidió el rubio desde adentro de la habitación. El tibetano guardó silencio hasta el segundo después en que llamaron a la puerta.
La primera reacción que tuvo fue mover un pie hacia el cuarto donde su novio se encontraba y pedirle perdón por dudar de sus palabras; sin embargo, su pierna se movió en sentido hacia la puerta de entrada al departamento, quitando los seguros y girando la perilla
El cabello castaño y corto, con las puntas de atrás levantadas graciosamente, los ojos de un color verde profundo protegidos por unas pobladas cejas y una piel morena; así era el primer muchacho que divisó, reconociéndole enseguida como Aioria Anderson: uno de los más famosos cirujanos. Con el joven antes referido, había otro personaje: sus cabellos eran largos de un azul más oscuro que el cielo, tirándole a un tono turquesa del mismo color que sus ojos, los cuales eran protegidos por una ceja normal (ni muy poblada, ni muy delgada) y una piel blanca bastante bronceada
-"¡Aioria, que sorpresa!"- Exclamó Mu fingiendo asombro. El castaño sonrió correspondiendo el saludo
-"Si, vaya que lo es... pues verás... él es Milo"- Presentó al pianista. El peliazul tendió la mano a modo de cortesía
-"Milo Vanzetti, es un placer"- Se presentó. El pelilila acepto su mano con un muy cariñoso saludo
-"Igualmente, Mu Samye"- Cuando se soltaron, el castaño volvió a hablar
-"Veníamos por el asunto del que me hablaste"
-"Ah... si, pasen"- Les invitó. Tanto Milo como Aioria se sorprendieron de encontrar el departamento en lo que sería un lugar 'normal', siendo que ambos esperaban toparse con algo mucho más excéntrico tratándose de personas con costumbres raras como deberían de ser... –"Siéntense por favor"- Pidió
-"No es necesario"- Dijo el rubio desde la otra habitación, en lo que a Mu le pareció un gesto bastante grosero. La cortina de bolitas se movió, dando paso a una mano un poco más oscura que la piel del pelilila, del mismo del que vino el demás cuerpo con los cabellos largos y rubios
-"... Shaka..."- Musitó Milo perplejo, dando torpes pasos hacia él. Aquél misterioso hombre, sonrió complacido
-"No esperaba que me reconocieras tan rápido"- Respondió para expectación de Aioria y Mu.
-"¿Ustedes ya se conocían?"- Cuestionó confuso el pelilila, sintiendo que lamentaría el preguntar. El rubio rió un poco
-"En otra vida"- Dijo. El tibetano bufó molesto, cruzándose de brazos y mirando a Aioria, quien tenía sus ojos centrados en un extraño pianista. Milo, por otra parte, seguía con la vista perdida en el semblante sonriente del budista, tratando de entender el hecho de que le fuera tan familiar cuando era la primera vez que sus ojos se deleitaban con tal hermosura.
Entonces se cuestionó el hecho de que viera en su cabeza tantas imágenes de ellos dos juntos, en diferentes ocasiones, con diversos tipos de ropas en momentos que jamás había visto con Camus...
-"¡Milo!"- Exclamó un asustadísimo Aioria, deteniendo a su amigo por la espalda a causa del balanceó que acaba de hacer por sus visiones. El pianista se agarraba con fuerza la cabeza, sintiendo que el mundo de pronto era tan pequeño que le asfixiaba
-"Deben irse"- Le dijo despacio al peliazul, inclinándose a la misma altura que él, puesto que ahora se encontraba sentado en un sofá, gracias al castaño y su ayuda. El griego abrió los ojos, clavando su mirar en los celestes de Shaka –"Esta aquí y viene por él..."
-"¿Quién?"- Preguntó despacio. El rubio le tomó la mano con familiaridad, poniendo sin querer celoso a su novio
-"No impidas que se vaya, solo llega a tiempo antes de que se marche a España"- El tono de misterio no salía de su voz, y eso comenzaba a hartar a Mu
-"¿Acaso estas hablándome de Camus?"- Inquirió con preocupación, apretando suavemente la mano de Shaka
-"El dolor será pasajero y prometo revelarte todas las respuestas que buscas cuando vuelvas, pero es hora de que te marches, no tardarán mucho en irse..."- Milo sentía que el corazón se le podría detener de un momento a otro con su revelación
¿Camus osaría abandonarle?
-"El deber lo llama, su partida no es por gusto"- Comentó el rubio, dándole la impresión de haber escuchado esas mismas palabras hace mucho...
Quizá en otra vida...
El griego tragó saliva, asintiendo con la cabeza aún con el penar creciendo dentro de su pecho. Shaka volvió a sonreír
-"La próxima vez que vengas, yo sé que traerás contigo algo que los ha unido desde el pasado..."
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Las emociones que llenaban su corazón eran diversas y confusas.
Por un lado se encontraba la mágica sensación que el amar a Milo le causaba, recorriendo todo su cuerpo con tímidas caricias y cálidos besos...
Pero por el otro, estaba aquél sentimiento de culpa que sentía dentro, junto con la alegría que emanaba de su cuerpo, al volver a abrazar a aquél hombre mucho más alto y menos bronceado que él, dueño de unos hermosos ojos esmeralda:
Saga acaba de llegar de un viaje hacia Rusia, tomando por sorpresa al escultor que se había encontrado leyendo en la sala de la mansión. Al verlo, lo menos que podía hacer era abrazarle y corresponder un beso mucho menos deseable y fogoso de lo que le hubiera dado a Milo, cosa que no le pareció del todo agradable porque a su prometido le debía mucho...
-"¿Por qué no me dijiste que vendrías?"- Cuestionó fingiendo un enojo que no sentía. El más alto sonrió, tomándole ambas manos y jalarlas con suavidad para que ambos se sentaran en uno de los sillones de la sala
-"No lo consideré necesario, además quería darte una sorpresa"- Respondió acariciando con el dorso de su mano, las mejillas del francés. Camus le sonrió con sobrecogimiento, maldiciéndose a sí mismo por no tener el valor suficiente de decirle lo que no sentía por él, pero que si se permitía sentir por Milo, y pensando en las posibles graves consecuencias que hubiera tenido el que los hubiera descubierto la noche anterior o esta mañana... –"¿Por qué estás tan pensativo?"- Inquirió el mayor
-"Por nada, me siento muy contento de verte"- Dijo en tono nervioso, comenzando a transpirar
Mentiroso...
Le agradaba verlo, si, pero no soportaba el hecho de pensar en que Milo y él no volverían a estar juntos si permanecía cerca
-"Camus, tengo que decirte algo"- Volvió a hablar el empresario, sacándole de nuevo de sus encimados pensamientos. El francés asintió con la cabeza, mordiéndose el labio a causa del ansia de esa mirada preocupada que su prometido le dedicaba –"Como sabes, cada año se hace la reunión de aristócratas en España..."
España...
El escultor recordaba que justamente en ese país había comprado ese pendiente que colgaba de su cuello, y que en ese mismo momento conoció a Saga: su actual prometido
-"Si... ya lo sé..."- Contestó apartando la mirada. Por una reunión de esas, ellos terminaron en lo que eran ahora
-"Bien, pues, Shura y Cristal están allá, nosotros deberíamos estarlo, incluso Milo Vanzetti y otros..."- El francés no pudo evitar sonrojarse por la mención del nombre del pianista, negándose aún más a mirar a su novio a la cara –"Pero ya sabes que él anunció sus vacaciones y no pudimos enviarle invitación, se negó a recibirla..."- Camus comenzaba a impacientarse al no comprender el hecho de que no pudiera ir al punto del que quería hablarle –"Y bueno, necesito pedirte que vengas conmigo ahora mismo"
-"¿Qué?"- El corazón del escultor parecía haberse detenido de pronto, no pudiendo digerir por completo las palabras de Saga
-"Nunca había sido tu presencia tan importante como hoy, después de la escultora de 'Artemis' que hiciste el año pasado..."- Explicó Rostand al ver el semblante casi horrorizado de su novio –"Sin embargo, Mime Lynch y Sorrento Brandt, estarán ahí y... tengo problemas para controlar a Cristal y a Shura..."- Terminó de decir vacilante al no saber como reaccionaría por la noticia, que por supuesto, tendría que completar. La mente del escultor trabajaba a mil por hora...
Sabía perfectamente que Cristal y Mime habían tenido algo, también que Shura había sido pareja del flautista, así que deducía el caos que seguramente estaban haciendo ambos para tratar de recuperar a sus respectivas parejas que ahora eran novios... un asusto bastante enredado...
-"Comprendo..."- Dijo con voz apagada Camus, levantándose del sillón y dándole la espalda –"Supongo que puedo acompañarte y ver que resuelvo..."- Saga se levantó de un salto, abrazando a su prometido con fervor a modo de agradecimiento, algo que el escultor hubiera deseado que no hiciera. Shun entró en la habitación con teléfono en mano, deteniéndose un instante antes de interrumpir la escena
-"Señores..."- Les llamó vacilante. El más alto se separó de su novio, girando el rostro hacia donde el sirviente se encontraba con una sonrisa en sus labios, aunque el semblante del artista se mostraba triste
-"Si, Shun ¿Qué pasa?"
-"El señor Shion Dyck esta al teléfono, dice que es muy urgente hablar con usted o con el señor Depardieu"- Respondió el peliverde pasando su mirada tanto a uno como a otro. Saga suspiró resignado y quizá molesto
-"Es increíble que apenas si llego a mi casa y ya sepan que me encuentro aquí"- Dijo de mala gana, avanzado hacia Shun –"Sube y prepara nuestras maletas, partimos a España ya mismo"- Le ordenó al sirviente antes de encerrarse en el estudio para tomar la llamada. El peliverde miró al francés, tratando de descifrar lo que estaba pasando por su mente justamente en esos momentos
-"Amo..."- Lo llamó tímidamente
-"Ya oíste a Saga, prepara las maletas..."- Decidió Camus sin mirarle, tratando de que su voz no sonara del mismo estado en el que su corazón se encontraba
-"Pero..."- Shun no sabía que decirle, entendiendo a la perfección que no deseaba dejar a Milo, al menos no sin lograr despedirse –"Podría quizá dejarle una nota... yo mismo se la daría..."- Aconsejó el peliverde. El francés le miró unos instantes, aunque era difícil saber lo que opinaba de la idea debido a que su faz no mostraba expresiones
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El pianista descendió lo más rápido que sus piernas le permitieron, del auto de Aioria, negándose a escuchar las protestas y réplicas del castaño tanto del rubio Hagen. Corrió por el jardín como loco, sin importarle que estuviera recién empapado y que la ropa se le mojara.
En sus pensamientos solo había una cosa clara: Despedirse al menos del francés, ya que Shaka le había casi suplicado que no impidiera ese viaje aunque su vida dependiera de ello.
Shun se encontraba acomodando los cojines de la sala, cuando Milo entró corriendo y le tomó con brusquedad no deseada por los antebrazos
-"¿Dónde está?"- Le preguntó con dificultad a causa del cansancio de la carrera antes dada desde la calle. El peliverde no sabía que responderle, o tal vez no quería darle la mala noticia –"Dímelo..."- Suplicó casi al borde de las lágrimas. El sirviente no pudo menos que compadecerse por su dolor
-"El señor Depardieu esta en su habitación..."- Milo le soltó, dándose la vuelta para subir rápidamente por las escaleras; sin embrago, Shun le detuvo del brazo –"Con el señor Rostand..."- Completó casi con desgana. El pianista sintió que la sangre le hervía y que de pronto se le subía a la cabeza
Sabía que tarde o temprano deberían enfrentarse, que él tendería que reclamar lo que por derecho de antigüedad era suyo (hablando de otra vida); pero nunca se imaginó que ese momento llegara cuando ambos eran felices, poniendo tanto a uno como a otro en una situación más que difícil, ya qué no sabían muy bien como resolver aquél asunto sin lastimar a Saga... una persona que era importante para Camus en muchos aspectos
Milo agachó la cabeza, suspirando entrecortadamente sin saber que hacer, maldiciendo al destino por jugarle esa jugarreta tan cruel
Tan cerca y tan lejos...
Algunos pasos se escucharon en las escaleras, convenciéndolos en segundos que se trataba de alguien que bajaba por ellas; y aunque solo era un par de pasos, el pianista supo con basta certeza que se trataba de Saga. El pianista no quería verlo, no se imaginaba cual sería su propia reacción, pero si no lo hacia, podría el empresario pensar o incluso sospechar que algo andaba mal
-"Shun, Camus quiere que..."- Rostand se quedó parado en el umbral, contemplando al griego y el peliverde por igual, sonriéndole al pianista después de varios días de ausencia, algo que Milo correspondió de la misma forma olvidándose por momentos de su rivalidad –"¡Señor Vanzetti, que placer volver a verle!"- Exclamó el empresario, avanzando hacia él con la mano tendida
-"Dichos los ojos que le miran"- Saludó el pianista correspondiendo a su gesto.
Quizá la manera de saludarse era extraña, ambos siendo rivales, pero a la vez no pudiendo odiarse entre ellos por manías del destino
-"Disculpe por haberme marchado sin despedirme de usted"- Trató de justificarse el inglés, pero Milo hizo un gesto que delataba el hecho de que no importaba
-"Camus me dio su mensaje"- Sus mejillas se encendieron levemente, Shun estuvo apunto de ahogarse con la saliva por haber mencionado el nombre de su amo con tal familiaridad, aunque a Saga no le importó mucho
-"Me alegro y espero que fuera un buena anfitrión"- Milo forzó una sonrisa, sin saber que responder ante el hecho de que su propia lengua le fuera a traicionar
-"Digamos que si"- Dijo al último
-"Que gusto. Bueno señor Vanzetti, debo decirle que lamentablemente tengo que salir de viaje a España, mi prometido me acompaña y me temo que la mansión se quedara a su entera disposición"- Explicó. El griego sintió un hoyo en el estomago, aunque afortunadamente el recordar las palabras del rubio budista, le ayudaron en esos momentos
-"Si, comprendo, y le advierto que no debe preocuparse, ya que Aioria me había pedido que pasara unos días en el departamento y creo que aprovecharé esos que ustedes estén ausentes"
-"No será necesario, puede traerlo..."
-"Lo agradezco y sé que también él lo haría, pero es muy inestable y no aceptaría tal invitación..."- Dijo con una sonrisa.
-"Comprendo. Nos veremos en un par de días, y si me disculpa tengo un encargo muy urgente que atender en la ciudad antes de partir"- Se despidió de nuevo con un gesto de mano y una sonrisa, siendo correspondido de la misma forma por el pianista
-"Si, no hay problema"
-"Shun, Camus me pidió que te dijera que necesita que subas de inmediato"- Mandó girándose hacia el peliverde que seguía en la sala
-"Como ordene señor"- Hizo una reverencia
-"Y dile por favor que en cuanto toque el claxon Ikki, baje para marcharnos"
-"Enseguida amo"
-"Bien, hasta luego señor Vanzetti"- Volvió a decir el más alto despidiéndose con la mano, siendo recibido de la misma forma por el pianista
-"Buen viaje"- Contestó. Saga salió de la sala y se dirigió hacia la entrada, donde el hermano de Shun lo esperaba
-"Considero que suba usted, yo me quedaré a cuidar la puerta en caso de que él vuelva"- Dijo el sirviente en voz muy baja para que el pianista pudiera escucharlo
-:-:-
Una hoja más en el piso, estrujada con rabia a causa de la falta de inspiración que tenía, y es que el hecho de no poder despedirse de Milo, le hacia enfadar. Otra más en blanco, siendo pasada de nuevo con sus ojos y con la pluma, logrando escribir algunas cuantas letras, pero de nuevo arrancada y hecha bola.
En la puerta se escucharon algunos golpes pausados y casi silenciosos
-"Adelante"- Pidió sin mirar, aún frunciendo el entrecejo en busca de más ideas. Cuando escuchó el ruido del cerrojo, comenzó a hablar -"Shun, ¿Podrías ayudarme con...?"- Su rostro se levantó, embozando una sonrisa en los labios al ver que no se trataba del sirviente, si no del pianista –"Milo..."- Susurró con una sonrisa, levantándose de la cama para correr a sus brazos y abrazarle como si no se hubieran visto en muchos años, aunque parecían más bien siglos.
Las extremidades superiores del griego rodearon por arriba de los brazos al escultor, quien se aferraba de la cintura al pianista con fervor, compartiendo ese calor humano. La barbilla de Milo quedó apoyada en la coronilla de Camus, quien tenía el rostro hundido en su pecho a causa de las lágrimas que habían acudido a sus ojos, lamentando el hecho de tener que abandonarle
Una vez más...
-"Perdoname..."- Sollozó como disculpa. El griego se apartó un poco, el escultor levantó el rostro y le miró a los ojos –"En serio lo siento..."- El pianista selló sus labios con beso vehemente, reclamando un poco más de vida mientras sus manos recorrían con ansía infinita su espalda, apartando el cabello con las yemas de los dedos; demostrando que no importaba... tal vez si, pero que él entendía lo que tenía que hacer
-"Sé que es tu obligación"- Le dijo en susurró, posando sus labios sobre cada mejilla del francés. A Camus le dio la sensación de haber experimentado aquella escena antes...
-"¿No estas molesto?"- Milo sonrió e hizo un ademán negativo, consiguiendo en los labios del escultor una sonrisa.
-"Sé que estaremos juntos y que aunque tu cuerpo este con él, tengo la dicha de que tu corazón es solo mío"- Camus se sonrojó levemente, dejando que el griego tomara sus manos, atrayéndolas hacia los labios y dejando un beso sobre el dorso, en cada una de ellas; después volvieron a abrazarse, no queriendo separarse en lo absoluto.
El francés deslizó los dedos por el semblante de Milo, compartiendo entre sus bocas un apasionado contacto. El griego permitió que sus propias manos llenaran de caricias la parte posterior del escultor, recorriendo su espina dorsal con sensualidad hasta llegar a las carnosidades redondas de su cuerpo, las cuales masajeó con los dedos como si fuera moldeándolas.
Tocaban con movimientos pausados y vehementes, los labios del otro, como señal del amor y deseo mutuo entre ambos... de nuevo sin importar lo que sucediera, ni siquiera el que Saga pudiera entrar en esos momentos en la habitación y descubrirlos
Camus se apartó un poco del griego, dejando algunos besos en la barbilla y cerca del oído. Profundizó su mirada con la de Milo. Se llenó de vida una vez más, antes de perderla al no volver a verlo.
-"Quiero darte algo, que tendrás que devolverme cuando vuelva"- Le dijo con la voz entrecortada –"Es para que no me extrañes tanto..."
-"Nada podría sustituirte..."
-"Y no lo hará, solo tratará de disminuir el dolor con la promesa de que volveré"- Milo sonrió, ya que no esperaba una prueba porque lo sabía, pero ahora que Camus lo decía, quizá el dolor se apaciguara. El francés se llevó las manos al cuello, hurgando entre su propio cabello. –"Este es mi pendiente..."- Comenzó a decirle cuando se lo hubo quitado, rodeando el cuello del griego con los brazos, para lograr poner la cadena de la cual pendía el dije –"Ambos significan mucho para mi"- El pianista sonrió agradecido, sin mirar lo que Camus le había puesto, pero si reclamando una nueva caricia aún más desesperada de los labios
Estaban consientes de que sería la última vez que se besaran, antes de volverse a ver en algunos días, siendo así su despedida hasta el momento en que un sonido intermitente y casi molesto para ambos amantes, se dejó oír desde el jardín, siendo así la señal de la partida dolorosa del francés hacia España
El lugar donde todo había comenzado...
Tanto a Milo como al escultor, les costó trabajo el separarse del extremo nivel al que sus últimas caricias les habían llevado, teniendo que romper el mágico momento por las lágrimas y el dolor, al ser separados 'una vez más'
... o ... o ...
Yo lo sé, me va a dar cosa x(...
En los siguientes capítulos haremos una visita al pasado o.o (como quien dice, me copiaré mis rollos en los fics de YGO para hacer este –o- jajajaja, así que muchos ya saben a lo que me estoy refiriendo o.o como Love me y Wings of destiny) y les pondré cosas de la vida de ambos, que me hubiera gustado hacerlo más en otro fic, pero bueno... eso ya sería aventarme muchos problemas 9.9
Como sea .o.
Los cambios fueron el lemon, el lime 9.9... la
parte del regreso de Saga k acorté un poco y la despedida de
Milo y Camus, porque en el original se supone que Camie se va dejando
solo la carta y el pendiente, además de otras cosas que no
recuerdo
Kisses y gracias por leerme ;D
P.d. Me tardaré con la actualización x k estoy
terminando el final de "lo que nunca dijiste"... sorry no sé
como de pronto ese fic se convirtió en mi favorito (ejem...
Asuka ¬¬... xD...) ToT
