Día 8. Estudiando al enemigo. Parte 1
Scarlet
-¿Van a insistir con esta locura?
-Sí.
-¿Acaso tienes alguna idea de la cara que puso la pobre Rosalya cuando comenzó la película? Y ni hablar de Iris, Violeta y Carla.
-No, pero puedo imaginarlo.
-Aunque en honor a la verdad los temas filosóficos fueron tratados con exquisitez. La trágica muerte del fantasma y de la joven enamorada ilustra a la perfección el sin sentido de la vida actual.
-Entonces reconoce que para ti no fue ningún sufrimiento acompañar a las chicas.
Caminaba con Lysandro hacia el instituto sintiendo cómo el peso de mi conciencia aumentaba a cada paso. ¡Vaya manera de comenzar la semana! Tenía que redimirme con medio mundo, especialmente con mis amigas.
-Sabes perfectamente que ese no es el problema. Entiendo que te sea difícil dejar ir a Castiel, pero…
-Lys, en serio –me detuve frente a mi mejor amigo–. Sé de sobra que lo correcto es ser buena perdedora, tomármelo con filosofía, seguir adelante y bla, bla, bla.
-Yo no he dicho que seas ninguna perde…
-Lo sé, lo sé. Sólo trataremos de recuperarlos hasta el concierto de Incubus. Lo prometo. Por favor, apóyame en esto, te lo pido –supliqué.
-De cuerdo –suspiró–. Si tanto insistes en desafiar al destino…
-Sabía que lo entenderías. Eres el mejor. ¡Viva el libre albedrío!
Seguimos adelante. Yo aliviada y él pensativo.
-Recuerda lo que pasó con Romeo y Julieta. Por más que intentaron estar juntos el destino conspiró en su contra en repetidas ocasiones y únicamente hallaron la paz en la muerte –me advirtió Lysandro pasados unos segundos.
-No seas melodramático. Nadie va morir ni nada por el estilo –salvo la imagen del señor perfecto si es que nos descubrían–. Y ya te conté la nueva versión de la historia de esos dos. Es cierto que la peli era un poco ridícula pero…
-Los trágicos amantes salvados por una máquina del tiempo. ¿Por qué Hollywood insiste en recurrir a un recurso tan burdo? –respondió mi mejor amigo frunciendo el seño.
-¿Tal vez porque es efectivo? –insistí.
-Más bien simplón.
-Oh vamos. Si tuviera una máquina del tiempo me aseguraría de ir a la tonta convivencia y todo arreglado.
-No creo que sea tan sencillo Scarlet. Nunca sabremos exactamente qué actos y decisiones nos llevan hasta dónde estamos ahora. Somos conscientes de algunas cosas, pero de otras…
-¿Qué pasa?
Lysandro interrumpió su discurso, deteniéndose cuando estábamos a unos metros del portón principal del instituto.
-Está ahí –dijo atribulado.
-¿Quién?
-No…no importa. Si me disculpas, entraré por la puerta lateral. Te veo en clases.
Y se fue sin darme mayores explicaciones. ¿Qué era lo que le sucedía? No había nada ni nadie en el portón que explicara su repentino cambio de humor, sólo los gemelos, Elisa y Nathaniel, que parecían estar enfrascados en una discusión seria. Tragué saliva a medida que me les acercaba. Estaba segura de que Armin pedía cuentas al rubito por la confusión en el cine, pero en realidad le decía algo muy distinto:
-Las grandes corporaciones son vampiros que sangran la buena fe de los inocentes ciudadanos del mundo libre. Es nuestro deber emprender la heroica tarea de cazarlos uno por uno antes de que hagan más daño.
-Me…me parece razonable…supongo –contestó el señor perfecto sonando algo confuso.
-Así me gusta Nath. Hay que pasar de ser zombi esclavizado a cazador de vampiros corporativos.
-Armin, ¿de qué rayos hablas? –pregunté perpleja.
-Ay no, Scarlet. ¡No le des más cuerda! Ah estado volviéndome loco todo el fin de semana desde que vimos ese estúpido documental –repuso Alexy compungido.
-Fue un llamado del destino para que empuñemos la espada de la justicia. Acéptalo hermano.
¿Armin un activista social? ¿El mundo se había vuelto loco? Y yo que pensaba que a estas alturas nada más iba a sorprenderme.
-Lo único que voy a aceptar es que pares de delirar.
-Cálmense chicos. No es para tanto.
Mientras el rubito intentaba calmar a los gemelos, Elisa se me acercó para entregarme un libro de actas.
-Ten. Firma aquí –me pidió tan expresiva como siempre.
-¿Qué es esto?
-Estamos reuniendo firmas para prohibir los experimentos con animales en la ciudad.
-Es nuestro primer paso para detener al reino de los vampiros –acotó Armin como si de una gran cruzada se tratase. Tenía que reconocer su capacidad para convertir un asunto sumamente serio en una excitante aventura.
-Oh, de acuerdo. Hacen bien –firmé– ¿Y tú ya lo hiciste?
-¿Firmar? Claro que sí –respondió el rubito.
Su respuesta me tranquilizó y alegró al mismo tiempo. Nadie podía ser completamente borde si se preocupaba por los animales.
-Bien. Ahora toca pasar por las aulas. Adelante tropa.
Armin tomó a Elisa y Alexy por el brazo instándolos a seguirlo al interior del instituto.
-Esperen un segundo. ¿Tienen permiso para eso?
El señor perfecto intentó detener al trio, pero ninguno alcanzó a oír sus palabras.
-Cómo sea –suspiró–. Supongo que está bien mientras vayan a clases en cuanto suene el timbre.
-Tan cuadrado como siempre rubito.
-Ignoraré eso –dijo mirándome con seriedad–. Al menos ya no me siento tan mal respecto al documental. Por alguna extraña razón parece haber inspirado a Armin.
-Pues sí. Es raro.
Aunque sospechaba que Elisa tenía algo que ver con las nuevas aficiones de nuestro amigo gamer.
-Y…y hablando de otra cosa. ¿Lle…llegaste sin problemas a casa ayer? Deberías haber dejado que te acompañara. Lo…lo hubiera hecho con mucho gusto.
¿Acaso el rubito se oía avergonzando?
-Aparte de un par de forajidos que se toparon en mi camino haciendo que jurara no revelar sus identidades, todo bien –bromeé.
-¿Cómo? –preguntó sorprendido.
-Pufff. Sólo te tomo el pelo. Tienes que aprender a reconocer cuando alguien no habla en serio.
-Y tú tienes que aprender a hablar en serio –contestó ofendido a medida que se sonrojaba.
Sonreí al verlo, pero no de manera burlona como solía acostumbrar.
–En…en fin –continúo–. Tengo una idea que quizá ayude a solucionar nuestros problemas.
-Genial. ¿De qué se trata?
Antes de poder hablar escuchamos el timbre anunciando el inicio de la jornada escolar.
-¿Tan tarde es? Te digo luego. ¿Dónde está mi maletín?
-¿Seguro que no lo olvidaste en casa junto con tu capacidad para reconocer las prioridades? –pregunté.
-Muy graciosa –respondió. Al parecer había tomado al pie de la letra mi consejo de atender a las tomaduras de pelo.
El rubito buscó hasta encontrar el objeto desaparecido detrás de las jardineras adyacentes al portón.
-Debió caerse cuando charlaba con los gemelos y Elisa.
-Excelente descubrimiento. Nos vemos después.
Tenía la intención de saltarme el primer periodo y olvidarme del mundo por un par de horas.
-¿Cómo que después? Vamos al mismo salón de clases.
Sin esperar mi respuesta, el señor perfecto tomó mi mano y me arrastró con él al interior del instituto.
-Eh, ¿no crees que exageras un poco rubito? –reclamé, si bien no me liberé de su agarre, supongo que me sorprendió o algo así.
-No. Si no te llevo, no vas –afirmó.
Claro que no iba a ir. ¿Qué más daba? ¿Desde cuándo se preocupaba por mi record de asistencia? Hace unos días apenas y nos dirigíamos la palabra. ¡Y lo peor de todo es que me había sonrojado!
-¿Ves? No es tan difícil –dijo Nathaniel soltando mi mano para abrir la puerta del aula –. Tú primero –me instó a entrar desviando la mirada para que no notara que él también se había puesto rojo.
Iba a decirle algo como "en tus sueños rubito, me largo de aquí" cuando recordé algo. El señor Farres nos había dejado una tarea hace unas semanas. Creo que era una monografía sobre la Primera Guerra Mundial ¿O era la Segunda? El caso es que no escribí ni una línea al respecto y estaba segura de que Castiel había seguido mi ejemplo. Quizá podría sacarle provecho a esta coincidencia…
-Tú ganas –dije con una gran sonrisa al tiempo que cruzaba la puerta.
-Eso es bueno…supongo –contestó el señor perfecto lanzándome una mirada suspicaz. ¿Acaso adivinó que tramaba algo?
Me dirigí a mi asiento en la última fila y el rubito hacia el suyo en la primera línea de sabiondos. Nuevamente sentí la incómoda sensación de que éramos observados por todos los presentes. Vernos llegar juntos debía ser todo un espectáculo. Mejor que no se acostumbraran. Con un poco de suerte las cosas volverían a la normalidad dentro de poco.
Lysandro, sentado en el pupitre junto al mío, escribía completamente abstraído. Hasta donde sabía era el único chico que insistía en plasmar sus ideas en papel y con una pluma fuente.
-Hola poeta. ¿Viste a Castiel por ahí?
-¿Qué? Scarlet ¿Cuándo llegaste?
Mi mejor amigo parecía más distraído de lo normal.
-Hace unos segundos. No me mires como si fuera un fantasma que acaba de materializarse de la nada. ¿Es eso una libreta nueva? ¿Al fin llenaste todas las páginas de la anterior? –le pregunté al notar que no tenía la de siempre.
-Para ser sincero no encuentro la libreta donde suelo escribir –confesó sumamente preocupado–. Ésta es la que uso para tomar los apuntes en clases.
-No puede ser. ¿Por qué no me dijiste antes? Te ayudaré a buscarla –dije alarmada.
Sabía que Lysandro no podía vivir sin la libreta en la que escribía los poemas y letras de canciones en sus mejores momentos de inspiración. Perderla significaría poco más que una tragedia para él.
-Supuse que estaría en mi casillero, pero acabo de revisar y no está. Lo más probable es que la haya dejado en algún lugar en casa –repuso intentando sonar confiado.
-Seguro que sí. Y si no pondremos el instituto de cabeza hasta encontrarla –le dije tocando su hombro en señal de apoyo.
-Gracias. Lo mejor es que mantenga la calma hasta que las clases concluyan.
Lysandro sonrió levemente al tiempo que posaba su mano sobra la mía.
-Cam…cambiando de tema –continúo apartando el brazo–. Vi a Castiel camino al gimnasio. Dijo que ayudaría a organizar el torneo de basquetbol de la próxima semana.
-Ah, vaya.
Desde que lo conocí, el pelirrojo siempre había prestado su tiempo al club de básquet. No entendía el motivo exacto. No era precisamente un chico deportista. Participaba en uno que otro juego, pero nunca se decidió a ser miembro oficial del equipo del instituto. Suspiré a medida que era consciente de que ignoraba muchas cosas sobre Castiel. Prácticamente todo el año anterior me había esforzado por acércame a él, pero al parecer no había sido suficiente. Si pudiera pedir algo a Santa Claus, el hada de los dientes, el conejo de Pascua o quien sea, aparte de una máquina del tiempo, sería una bola de cristal que me permitiera ver el lado oculto de la persona que me importa. Aquel que no vi por uno u otro motivo, y que podía ser la razón de que haya perdido al chico que me gustaba.
Lys regresó a lo que sea que estuviera escribiendo. Puede que hubiera extraviado su libreta, pero su inspiración estaba intacta. Entretanto el rubito tenía apoyada ia cabeza en una mano mientras miraba por la ventana con aire distraído. ¿Qué estaría pensando? ¿Tal vez lo mismo que yo?
El señor Farres llegó a los pocos minutos, seguido de los gemelos y Elisa que rápidamente ocuparon sus pupitres. Se veían muy satisfechos, seguro habían conseguido muchas firmas para su cruzada contra el mal. Luego de darnos los buenos días, nuestro profesor empezó a tomar lista y de paso recoger las monografías. Cuando escuché mi apellido respondí como solía hacerlo en estas circunstancias:
-Lo siento señor Farres. No hice el trabajo –dije tranquila desde mi pupitre y con los brazos cruzados.
-Señorita Scarlet es la tercera vez que va en el año, ¿qué tiene para decir en su favor?
-Tenía otras cosas más importantes que hacer –afirmé con sinceridad.
El señor Farres se me quedó mirando desconcertado. Pobre, tenía que admitir que era demasiado gentil como para lidiar con alguien como yo. Un coro de voces se alzó murmurando sobre lo que acababa de decir mientras el rubito me lanzaba una clásica mirada desaprobatoria. No pude resistir sacarle la lengua, haciendo que el señor perfecto negara con la cabeza en señal de estupefacción. Me encantaba hacerlo rabiar.
-Bueno, bueno, silencio por favor. Señorita Scarlet, temo que aunque su agenda esté muy ocupada deberá presentar la monografía hasta la siguiente semana.
-Comprendo perfectamente señor Farres y acepto mi castigo. Es lo justo –contesté.
-¿Qué castigo?
-Pues el que tengo por no haber hecho la tarea. Vendré después de clases al aula de detención –afirmé con toda seriedad.
-Oh. El castigo. Sí… claro.
El bueno del señor Farres no tuvo de otra que seguirme la corriente. El casi nunca castigaba a nadie, pero yo no le había dejado opción. Por el contrario, el profesor del paralelo de Castiel era mucho más severo y era un hecho que sancionaría a este último con un par de horas en el aula de detención una vez que comprobara que no había ni rastros de la mentada monografía. Era hora de tomar al toro por los cuernos. Necesitaba estar a solas con el pelirrojo y la oportunidad se me había presentado en bandeja de plata. Había muchas cosas que quería saber y preguntarle parecía ser la única opción. Sólo esperaba no caer en la friendzone.
Al llegar su turno de presentar la tarea, noté que el rubito buscaba frenéticamente en su maletín hasta que finalmente se dio por vencido.
-Se…señor Farres. De verdad no lo entiendo. Estoy seguro de que tenía el trabajo conmigo –repuso perplejo.
Ay no. No era ninguna coincidencia. Definitivamente el señor perfecto era nuevamente víctima de su enemigo anónimo. Pero qué bajo, mira que atacarlo donde más le dolía, o sea las notas, el estudio y todo eso. Estaba verdaderamente indignada, no era justo. Apuesto que el rubito tenía lista la monografía desde hace varios días.
-Tranquilo Nathaniel. Si está es la primera y última vez que no haces la tarea puedo pasarlo por alto –afirmó el señor Farres sonriendo de manera comprensiva.
¡Joder! ¡Pero él sí hizo la tarea!
-Sí la hice…sólo que… -el rubito trató de explicar la situación.
-Estas cosas suceden…a veces –lo interrumpió nuestro profesor con calma–. Puedes presentarme el trabajo la siguiente semana junto con Scarlet. Sólo que…bueno…ya que ella irá a detención…temo…temo que tú también. Lo siento, debo ser justo.
-¡Qué!
La cara de asombro de Nathaniel no tenía precio, casi tanto como el aspecto compungido del señor Farres mientras castigaba al mejor alumno de la clase. ¡Con un demonio! ¡Cómo que detención! ¡Se suponía que Castiel y yo estaríamos solos! ¡Malaya sea mi suerte! No me lo podía creer. Iba a encontrar a quien robó la tarea del señor perfecto y estrujarle el cuello hasta que confesara y pidiera perdón de rodillas. A estas alturas toda la clase observaba los acontecimientos, excepto Lysandro que se había sumergido en lo que sea que estuviera escribiendo en ese momento.
-Entiendo. Supongo que es lo correcto. Gracias por darme otra oportunidad para presentar el trabajo –dijo el rubito recobrando la serenidad al tiempo que sonreía agradecido, aunque creo que fuí la única que se percató de que también estrujaba con todas sus fuerzas la primera hoja de un cuaderno que tuvo la mala suerte de quedar sobre su pupitre. Era un hecho que estaba furioso y quería sangre, y yo estaba de acuerdo con él.
Las clases se sucedieron a la velocidad de la luz. El señor perfecto se fue sin despedirse de nadie apenas tocó el timbre anunciando la hora del almuerzo. De seguro se dirigía a la sala de delegados para desahogarse fuera de la vista de todos. Dejé mi pupitre y por un segundo me planteé acompañarlo, pero recordé el pequeñísimo gran detalle de que no nos llevábamos bien, al menos no del todo. Quizá me iba a decir que lo dejara solo, o me culparía por lo del castigo. No, Nathaniel no sería así de injusto, aunque ya lo había sido en el pasado ¿verdad? Como fuera, no recordaba la última vez que había estado tan insegura respecto a un chico y eso realmente me cabreaba.
-Scarlet.
Rosalya se me acercó tomándome del brazo.
-Esta vez no te escapas.
-Ho…Hola, ¿cómo has estado? –dije aparentando indiferencia absoluta.
-Quiero saber por qué tuve que ver cómo guillotinaban al fantasma de la opera y colgaban a su amada en medio de una plaza repleta de espectros.
Era oficial, me encontraba en serios problemas.
-Puede que Violeta, Iris y Carla se traguen eso de que fue una confusión, pero yo no.
-No hay otra respuesta lógica. ¿Qué más podría ser?
-Querías quedarte a solas con él. Admítelo.
Rosalya me había arrinconado en una esquina del baño de chicas jurando que no me dejaría ir hasta que le confesara lo que realmente había pasado en el cine.
-Está, está bien. Tienes toda la razón. Estos últimos días no he hecho otra cosa que intentar estar cerca de él –admití cediendo a la presión de mi amiga.
-Lo sabía. No puedo creer que no me dijeras que te gustaba –repuso Rosalya cruzando los brazos con aire acusador.
-Es que creí que era obvio. Además estaba segura de que pronto seríamos novios.
-Vaya optimismo. ¿Eres consciente de que tú y él apenas han cruzada palabra los últimos meses?
-¿Qué?
Vamos, Castiel y yo éramos muy cercanos, al menos hasta que la niñita de papá se entrometió entre los dos.
-Y ni hablar de que Nathaniel te culpa de su último ataque de alergia.
¿Era mi impresión o Rosalya estaba confundiendo a Castiel con el rubito?
-Además estoy bastante segura de que siente algo por Melody –continúo–. Te va a ser difícil lograr que se fije en ti. Debiste pedirme ayuda hace un millón de años.
-No, espera. Para tu tren, estás confundiendo las cosas…
-La que está confundida eres tú si quieres conquistar a Nathaniel urdiendo planes sin pies ni cabeza.
-Es que no es lo que quie…
-En primer lugar debemos ir de compras. Es hora de que renueves tu vestuario y dejes de parecer la melliza de Castiel.
-Te digo que estás confundiendo las cosas. Y cómo que la melliza.
-Por un momento empecé a sospechar que te gustaba el pelirrojo majadero. Menos mal prefieres a otro –afirmó ignorando lo que acababa decirle.
-¿A qué te refieres? Castiel es genial –repuse ofendida.
-Ustedes dos son demasiado parecidos. Todos necesitamos a alguien que además de querernos nos habrá los horizontes y viceversa.
-Puede ser…pero…
-Sólo fíjate en la pareja que hacen Melody y Castiel. Es obvio que ella y él comparten las cosas que los hacen diferentes. De alguna manera consiguieron congeniar y complementarse.
¿La niñita de papá complementando a Castiel? No me hagas reír, ¿con qué?, ¿acaso con algo de lo que yo carezco y que a él le gusta mucho?
-Pues yo creo que las afinidades son más importantes –respondí a la defensiva.
-Mejor no pienses así o te será más difícil enamorar a Nathaniel.
-¡Eres imposible!
Me separé de Rosalya sin terminar de aclararle con qué chico deseaba quedarme a solas en el cine. ¿Qué más daba si pensaba que se trataba del rubito? En cuanto me dejó sola fui a la sala de delegados. Quería saber cómo se encontraba el señor perfecto luego del fiasco de la tarea, al fin y al cabo podía considerarlo una especie de amigo, y más le valía no tratarme mal o su castigo iba a ser el menor de sus problemas. Lo interesante fue que no lo encontré solo.
-No lo tomes tan apecho, no es el fin del mundo.
-No es como perder tu consola con todas las partidas que guardaste. Digamos que tienes que rehacer un nivel para completar tu campaña, nada más. Pronto volverás a estar en la cima.
-Gracias por la analogía Armin. En serio me reconforta.
Los gemelos estaban sentados junto a un abatido Nathaniel que trataban de animar.
-Además es un hecho que la primera falta no se apunta en nuestros archivos personales –terció Elisa, sentada en el otro extremo del mesón y manipulando su tableta.
-¿Estas segura? –preguntó el señor perfecto.
-Totalmente, lo acabo de consultar en los estatutos del instituto.
-Si quieres confírmalo por ti mismo. Sólo tienes que revisar tu archivo dentro de un par de semanas –dije acercándome al grupo.
-¿Qué jamás tocas? –el rubito acababa de darse cuenta de mi presencia–. Y te dije como un millón de veces que sólo los profesores pueden ver esos archivos.
-Nada más es una sugerencia –contesté con una sonrisa y levantando los brazos en señal de derrota. Pero qué necio era Nathaniel.
-Verificar los archivos es una excelente idea. Un ataque inesperado a las fuerzas imperiales que nos dominan –aseveró Armin entusiasmado.
-¿Qué fuerzas imperiales? No te estarás refiriendo al instituto, ¿o si? –preguntó un incrédulo señor perfecto.
-Por supuesto. La escuela es un laboratorio en el que se fabrican zombis y los profesores son científicos locos que…
-Ay no, aquí va de nuevo –repuso Alexy poniendo los ojos en blanco–. Mejor nos vamos. Con suerte aún habrá algo de comer en el bufet de la cafetería –Y prácticamente obligo a su hermano a ponerse de pie para abandonar la sala de delegados junto con Elisa.
-¡Ey espera! Aún tengo mucho que decir –protestó Armin.
-Mejor dejémoslo para después. Muero de hambre. Animo Nath, todo saldrá mejor de lo que crees.
-Pero es que la zombificación…
-¡Armin, esa palabra ni siquiera existe!
La puerta se cerró detrás del trío dejándonos solos a mí y al rubito.
-Vaya ocurrencias. No lo puedo creer –dijo este último con una enorme sonrisa.
-Las fuerzas imperiales están en problemas –secundé imitando la sonrisa del señor perfecto–. Si tan sólo abriéramos los archivos…
-Ni hablar –contestó repentinamente serio–. El único que está en problemas es el maldito que me robó la monografía.
-Te dije que alguien quería perjudicarte.
-Lo hallaré. Tenlo por seguro –aseguró con una mirada asesina.
-Si necesitas ayuda cuenta conmigo.
-¿Quieres ayudarme? –preguntó sorprendido.
-Claro, por quien me tomas. Detesto las injusticias. Sé que hiciste esa estúpida tarea, no merecías que te castigaran y…Como sea, ¿vas a decirme o no cuál es tu nuevo plan? –ladeé la cabeza en un intento de ocultar el hecho de que me había sonrojado. ¿Qué demonios me pasaba?
-¿Plan?... –el rubito se me había quedado mirando sin razón aparente.
-Dilo de una vez. No tengo todo el día –lo apremié.
–¡Ah sí! –se despabiló–. En realidad es sólo una idea. Pienso que si queremos separar a Melody y Castiel primero debemos comprender qué es lo que ven en el otro. Una vez que lo sepamos es posible que podamos hacerles entrar en razón de una u otra forma.
Lo que Nathaniel acababa de decir hizo que recordara las palabras de Rosalya sobre compartir y congeniar con alguien que no necesariamente se pareciera en todo a uno mismo.
-Sí, podríamos empezar por ahí –acepté–. Abre tu cuenta de Facebook.
-¿Para qué?
-Básicamente dijiste que necesitamos información. ¿Dónde crees que vamos a conseguirla? –expliqué exasperada por la falta de sentido común del rubito.
Por fortuna la sala de delegados contaba con un ordenador y nos pusimos manos a la obra.
-¿Y por qué no hacemos las indagaciones desde tu cuenta? –preguntó el señor perfecto al tiempo que tecleaba su contraseña.
-Melody no está entre mis contactos y Castiel no sube nada a la red desde que lo conozco.
-Entiendo. Así que yo soy tu única posibilidad de acceder a la información –aseveró muy ufano.
-Por desgracia sí. Ahora déjame buscar la cuenta de Melody –puse mi mano encima del mouse.
-¿Qué tal si antes me dedicas un "por favor"? –me pidió mientras colocaba su mano sobre la mía, impidiendo que la moviera.
-¿Estás de broma rubito? –le pregunté ignorando la corriente eléctrica que me había provocado su toque.
-¿Pero qué dices? Los buenos modales nunca son un chiste –afirmó sonriente.
-No juegues con fuego –le advertí furiosa.
-Descuida, siempre llevo un extintor conmigo –contestó con tranquilidad–. Ahora que si prefieres investigar por otros medios más tradicionales, por mí está bien. Cierro mi cuenta y ya.
-¿Sabías que eres la persona más desesperante de la Tierra?
-Nunca me lo habían dicho. Gracias.
-De acuerdo. Tú ganas… por esta vez –suspiré–. Por favor.
Castiel lo valía, tenía que valerlo.
-Bien hecho –dijo el señor perfecto sonando extremadamente satisfecho y apartándose del ordenador para dejarme el lugar.
-Ni una palabra más –espeté–. Y veo que tú estás igual que Castiel. Ni siquiera tienes una foto de perfil y mira la cantidad de solicitudes de amistad que no has respondido.
-Disculpa mi negligencia en las redes sociales. ¿Ahora podemos pasar a lo que nos interesa?
-No. Lo digo en serio. Tienes unas doscientas solicitudes de amistad. Casi todas de chicas.
-¡¿Qué?!
El rubito se acercó a la pantalla y puso los ojos como platos al ver la cantidad de gente que lo requería.
-No es posible –dijo anonadado.
-Estoy de acuerdo –dije aburrida.
-Debe ser otra jugarreta del ímbecil que me ha estado molestando. Esto es horrible –afirmó arrebatándome el mouse –. ¿Cómo hago para eliminar mi cuenta? ¿Se puede salir de Facebook verdad?
-Lo dudo. No conozco a nadie que haya sobrevivido para contarlo. Ya dame eso –volví a hacerme del mouse –Mira los mensajes que te han dejado.
Leímos algunas de las misivas y por poco no me morí de risa.
1. Por favor acepta mi solicitud, quiero ser amiga del héroe de la rueda de la fortuna.
2. Tengamos una cita en la noria.
Pd. Me encantan los rubios
3. Etto…hola…me he enamorado de ti.
4. Amo la rueda de la fortuna y a ti también, besos y abrazos.
5. Te veo al salir del instituto, te veo al volver a casa, te veo en mis sueños sin camisa, rubio sexy.
-Es suficiente, no habrás más por favor. Se está poniendo siniestro.
Nathaniel estaba absoluta, total y completamente rojo.
-¿Pero qué es esto? ¡Y ya para de reírte Scarlet, no es gracioso!
-Es el precio de la fama, ¿qué creías? El video que subieron Elisa y los gemelos hizo su efecto –contesté entre risas –Al parecer le gustaste a muchas chicas.
-No es posible que me esté pasando.
-Tranquilo. Sólo borra los mensajes e ignora las solicitudes. No, mejor yo lo hago por ti, dame un minuto.
Limpie la cuenta del señor perfecto a la velocidad de la luz. Joder, si bien era gracioso, en el fondo me molestó que esas niñatas se atrevieran a ser tan lanzadas. Él no era el tipo de chico que se arregla con la primera que le cae encima, simplemente tenía demasiada cordura y honestidad para comportarse así. Definitivamente se merecía algo mejor que una declaración por Facebook, pero no iba a decir eso en voz alta ni aunque mi vida dependiera de ello.
-Listo. Ahora veamos la cuenta de Melody si no es mucha molestia.
Su foto de perfil parecía sacada de un anuario escolar, como era de esperarse. Para mi enorme decepción todas las imágenes de la convivencia escolar sólo mostraban a la niñita de papá and friends, o sea, ni rastros de Castiel y mucha Carla, Pegy y demás chicas que apenas conocía de vista. Revisé el resto de las fotografías únicamente por morbo y, lo admito, un poquitín de masoquismo. Melody se veía perfecta en todo lugar y pose, siempre bien vestida y sonriente, parecía encajar donde sea. ¿Acaso había contratado un fotógrafo profesional? Ella parecía superarme en aspectos que ni siquiera se me había ocurrido imaginar.
Una fotografía en particular llamó mi atención interrumpiendo mi autoflagelación. Una Melody ligeramente más joven sostenía una pelota de básquet en medio de un grupo de siete chicas. Todas llevaban puesto un uniforme de gimnasia que no reconocí.
-¿La niñita de papá jugaba básquet? –inquirí.
-Qué no le digas así –me regañó el rubito–. Melody era una de las mejores jugadoras del equipo de básquet en la secundaria a la que asistíamos. Lo dejó cuando la nombraron delegada de su clase en Sweer Amoris.
-Imposible. Ella jamás podría…
-No entiendo por qué tanta sorpresa. Todos tenemos algún talento escondido por ahí o hicimos algunas cosas de más jóvenes que ahora no se nos ocurrirían –explicó el señor perfecto.
Y lo comprendí. Ahí estaba, frente a mis ojos, el lado oculto de la niñita de papá y sin necesidad de una bola de cristal. Es más, acabé por tener una segunda revelación.
-Tú también cambiaste al igual que ella –afirmé mirando al rubito.
-¿A qué te refieres? –dijo arqueando una ceja.
-Castiel me contó que en la primaria eras un revoltoso, pero cuando se volvieron a encontrar en la secundaria te habías convertido en el insufrible delegado que eres ahora.
-Agradécele el cumplido de mi parte –respondió con sarcasmo–. Mis prioridades cambiaron y yo con ellas. Las bromas y maldades ya no son mi estilo.
Sí. Nathaniel era un chico amable, responsable y prácticamente perfecto a todas luces. Pero lo cierto es que se ponía como una fiera cuando lo contradecían, era capaz de enfadarse muchísimo si lo molestaban en serio y estaba dispuesto a tomar el pelo a medio mundo (aunque no supiera qué significara eso hasta hace unas horas) si lo consideraba necesario y/o divertido. No. El niño revoltoso no había desaparecido del todo, simplemente aparecía de tanto en tanto y sólo se exponía por completo frente a ciertas personas, yo incluida por algún insondable motivo. Tal vez algo similar pasaba con Melody. ¿Quién sabe que más había detrás de la niñita perfecta? Posiblemente aquello que había hecho que Castiel gustara de ella.
No le dije nada de esto al rubito. Necesitaba ordenar mis ideas y meditarlo con calma.
Terminadas las clases Lysandro salió a la velocidad del rayo en busca de su libreta, cruce los dedos para que la encontrara, mientras que Nathaniel y yo fuimos a cumplir nuestras dos horas de detención. Su silencio me dio a entender que no había superado el hecho de ser castigado sin razón. Teníamos que descubrir al culpable antes de que atacara de nuevo.
Castiel ya estaba en el aula, de pie, junto a la ventana.
-¿Ahora que hiciste para venir aquí?
-Hola también para ti Castiel. No hice la monografía ¿y tú? –le devolví la pregunta.
-Lo mismo. Vaya estupidez –contestó molesto–. Y cuál es tu papel en esta comedia señor delegado, ¿vienes a vigilarnos o qué?
Después de unos segundos de incómodo, que digo, incomodísimo silencio, decidí responder por el rubito.
-También lo castigaron por la monografía.
Castiel abrió los ojos de par en par mirándonos alternativamente a mí y a Nathaniel.
-¿Eso es cierto? –preguntó a este último sonriendo de manera burlona.
-Si no les importa, no quiero hablar de eso.
El señor perfecto ocupó un pupitre de la primera fila, abrió un libro y nos ignoró olímpicamente. Joder. Cómo me cabreaba que pensara que el pelirrojo tenía algo que ver con sus problemas.
-En realidad fue un error –traté de explicar a Castiel la situación de Nathaniel.
-Todo este instituto es un error, excepto el departamento creativo. Me largo. Farres dijo que confiaba en nuestro buen juicio y que por hoy nos dejaría solos.
-Entonces no hay nada que nos impida irnos. Oíste eso rubito.
Lamentablemente el aludido no compartía nuestro entusiasmo y ni siquiera se digno a decirme algo. Seguí a Castiel hasta la puerta del aula, pero me detuve antes de cruzar el umbral. Simplemente no podía dejar al rubito solo cumpliendo un castigo inmerecido. ¿Por qué?, ¿por qué?, ¿por qué?
-Melody ya debe estar esperándome. Nos vemos después Scarlet.
Y así como así, Castiel se esfumó de mi mundo de nuevo mientras yo dudaba si seguirlo o no. Vaya tonta. Era obvio que la niñita de papá estaría rondando por ahí. Cerré la puerta y me senté sobre la mesa de uno de los pupitres, dejando que mis piernas colgaran. Nunca me había sentido tan estúpida en mi vida. ¿Qué pensaba que ocurriría? ¿Acaso que Castiel y yo nos iríamos juntos a casa como antes?
El silencio duró unos segundos hasta que el rubito cerró su libro y se me acercó.
-¿Qué paso? Se supone que debías irte con Castiel.
-Tenía planes con Melody –anuncie sin emoción.
-Así que toda esta patraña del castigo fue en vano –aseveró frustrado.
-¿Sabías lo que pretendía? –pregunté sorprendida.
-Pues sí. Lo adivine en cuanto pediste ir a detención. Querías encontrarte con el pelirrojo del demonio ¿verdad? Por qué crees que dejé que ese idiota se marchara, pensé al fin conseguirías salir con él. De haber sabido que se encontraría con Melody le hubiera impedido la huida. Maldito.
-Ahora están justos –repuse con tristeza.
-Y tienen toda la tarde por delante –complementó el rubito sentándose en el extremo opuesto de la mesa del pupitre que yo ocupaba. Y así nos quedamos, espalda contra espalda, sin mucho más que decirnos.
El sol empezó a filtrarse por las ventanas, pero lo curioso es que empezaba a sentir un poco de frío.
-¿Sabes que necesitamos? –dije al cabo de unos minutos de melancolía.
-Tú un exorcismo y yo tal vez clases extra.
-No bobo. Música para pasar la derrota de hoy.
Saqué mi Ipod y busqué la única canción que podía resumir lo que acababa de pasarnos: Love Hurts de Incubus. Imposible resistir no cantar en voz alta el estribillo principal:
-Love Hurts (El amor duele)/ But sometimes it's a good hurt (pero a veces es un dolor bueno)/ and it feels like alive (y se siente como que estoy vivo).
Sorprendentemente el rubito se unió la siguiente vez que se repitió el estribillo. Y como yo me sabía toda la canción de memoria, le pasé el Ipod con el video que tenía la letra y cantamos a coro:
Love hurts...
(El amor duele...)
But sometimes it´s a good hurt
(Pero a veces es un dolor bueno,)
And it feels like I´m alive.
(Se siente como que estoy vivo.)
Love sings
(El amor canta,)
When it transcends the bad things.
(Cuando trasciende las cosas malas.)
Have a heart and try me,
(Tengo un corazón y pruébame,)
´cause without love I won´t survive.
(Porque sin amor no sobreviviré.)
Hacia el final del tema, Nathaniel y yo nos tomamos de la mano al tiempo que susurrábamos: Love Hurst (El amor duele), but without love we won´t survive (pero no sobreviviríamos sin él).
+++ Y hasta aquí el día 8, ¿qué les pareció? Cualquier comentario, duda o sugerencia siempre es bienvenido :). Por lo visto Lysandro no es el único que pierde cosas ;), el misterioso acosador de Nath volvió a atacar y hay algunos corazones rotos por ahí...
