Los personajes y derechos de los libros pertenecen a Stephanie Meyer y a J.K. Rowling.
Me despertaron los rayos de sol en la cara. Abrí los ojos con lentitud y vi que por la ventana se colaba la luz, decidí que dormiría un rato más, si había algo que hacer me despertarían más tarde, además estaba segura que nada mas Ginny y Hermione estaban despiertas, y ahorita no me apetecía nada más que dormir.
Me volteé para agarrar mi varita que se encontraba en la mesita de noche al otro lado de la cama, para hacer que se cerraran las cortinas pero me quede palizada a medio camino, ahí en el cuarto, apoyado en la puerta estaba Edward.
— Ah…
Muy inteligente de mi parte ¿no?
— Tu hermano me obligo a venir.
— Lo siento — baje la cabeza avergonzada y sin saber muy bien que decir y que hacer, cuando viera a mi hermano pensaba matarlo.
— No lo sientas, me gustaría escuchar tu historia, creo que tu hermano tiene razón.
— ¿En qué? — pregunte confundida.
— Debería escucharte, ¿me la contarías?
— ¿qué quieres saber?
— Todo, me gustaría saber toda la historia, no se casi nada sobre el mundo mágico o sobre ti. – Lo último hizo que me encogiera un poco.
— Bueno entonces supongo que tengo que comenzar por cuando Voldemort nos hizo la cicatriz ¿No?
— Sí.
— En ese entonces estábamos en guerra, Voldemort tenía demasiados seguidores y el cuerpo de Aurores no se daba basto, era imparable, empezaron a pelear también gente común, como decir los civiles.
— Los Aurores son algo así como la policía ¿no?
— En ese tiempo eran mas como militares. Mi madre y mi padre luchaban junto a Dumbledore eran unos de los participaban mas activamente en atrapar mortifagos así que los mortifagos se puede decir que los conocían por lo que corrían mas peligro, no tanto como los hijos de muggle o los mestizos pero si corrían el suficiente peligro como para tener que esconderse lo mejor posible mientras mi madre estaba embrazada de Harry y el crecía un poco, que yo naciera fue un accidente, al igual que las pastillas anticonceptivas muggle la poción que tomaba mi mamá no tenía efecto cuando estabas tomando antibióticos para la gripe, a los pocos meses de tener a Harry a mi madre le dio gripe y con la guerra encima ninguno se acordó de que el remedio que se estaba tomando anulaba la poción anticonceptiva, si hay pociones que funcionan sin importar si estas tomando antibióticos o no, de hecho a los hechizos no les hace nada, pero me estoy desviando. Total es que a los siete meses nací yo y faltando poco para que cumpliera el año un amigo de la familia al que se le había confiado el secreto de donde vivíamos nos traiciono y Voldemort se apareció en nuestra casa trato de que mi madre y mi padre se unieran a él, pero se negaron así que los mato y cuando nos fue a matar a nosotros, no pudo, de hecho los dos Avada que nos había lanzado seguidamente a nosotros se le regresaron, a una persona normal lo habría matado el primer Avada pero a él no, el que tenía su alma repartida en diferentes sitios solamente lo debilitó, mucho, pero no lo mato.
— A ustedes tampoco.
— No, mi madre antes de morir nos protegió, utilizo la magia más poderosa, el amor, ella se sacrificó por nosotros, nos trató de proteger hasta el último momento y eso nos salvó. Eso logro que el Avada no nos matara, aunque tampoco nos dejó ilesos, tenemos cicatrices donde nos cayó el hechizo, nos dejó conectados a Voldemort y también nos dio a cada uno un pedazo del alma de Voldemort.
— ¿Y tú cicatriz? La de tu hermano está en la frente ¿no?
— Sí, la de su frente con forma de rayo es la que le dejo el Avada, la mía no la habías visto por qué esta justo encima del ombligo — me subí un poco la camisa para mostrarle la mía que también tenía forma de rayo — en el momento que me lanzo el Avada yo estaba acostada y mi cabeza esta justo detrás de Harry por eso me apuntó ahí, sé que fue así por que gracias a la conexión que teníamos con Voldemort, Harry y yo pudimos ver exactamente como fue todo.
— Esa noche Voldemort pasó a ser algo parecido a un fantasma — seguí contando — y Hagrid, el guardabosque de Hogwarts, nos llevó con Dumbledore que nos arregló un cuarto en Hogwarts y le pidió el favor a Hagrid y a Mcgonagall que lo ayudaran a cuidarnos, de pequeños cuando había clases casi siempre estábamos con Dumbledore que nos ponía en un espacio especial en su oficina donde hechizaba objetos que nos entretenían mientras el trabajaba, no jugaba mucho con nosotros pero le gustaba contarnos historias y salir a caminar con nosotros. Cuando tenía que salir del colegio nos dejaba al cuidado de Mcgonagall o Hagrid, casi siempre de Mcgonagall ya que ella no le gustaba que nos dejaran con Hagrid debido a que es muy despistado y le daba miedo que nos pasara algo. — Me acomode mejor en la cama antes de seguir — Nuestra infancia fue la mejor y cuando cumplimos once años y empezamos las clases en Hogwarts éramos famosos, mucho, y eso me intimidaba y sumado a que yo era tímida eso me complico mucho relacionarme con los demás, Harry le fue mejor en eso él le caía bien a la mayoría, pensaban que era una creída y que por eso no hablaba casi con los demás y yo no hice nada para que dejaran de pensarlo, siempre estaba con Harry, Ron y Hermione, el año siguiente cuando entro Ginny al colegio se unió al grupo, Mcgonagall ya no estaba igual con nosotros para evitar rumores sobre preferencia y como era la jefa de nuestra casa, y también Voldemort empezó a actuar ese año, así que todo dejo de ser como antes, de todos los años que estudie en Hogwarts no hubo uno solo en que no hubiera problemas relacionados con nosotros, cuando estábamos en quinto la cosa empeoro no solo una aliada de Voldemort logro ser la directora el colegio sino que Voldemort nos lanzó un hechizo, si uno de los dos moría el otro también, esas vacaciones hubo muchos ataques contra los que no eran "sangre pura" así que a Harry y a mí nos mandaron para el mundo muggle, estuvimos un tiempo en California viviendo con una familia de magos, pero unos días después de mi decimoseptimo cumpleaños nos atacaron nos salvamos por los pelos aunque lamentablemente la familia que estaba con nosotros no tuvo la misma suerte, a mí me mandaron para Forks porque estaban buscando a dos hermanos uno con una cicatriz muy singular en la frente, no la hija de una pareja divorciada, Harry se escondió en el mundo mágico y yo me hice pasar por la hija de Charlie que en realidad se quedó en Florida con su madre, y bueno empezó lo de nosotros y me sentí también con ustedes, es más me sentía bien en la secundaria de Forks, me sentía normal y con familia normal — al ver cómo me miraba pare y baje la cabeza un poco avergonzada — ya sé que no era exactamente parte de la fami…
— Si lo eras, lo eres — eso que la esperanza llenara mi cuerpo, tal vez si me iba a perdonar — pero ¿te sentías normal con una familia de vampiros? — pregunto con incredulidad.
— Soy bruja — dije rodando los ojos.
— Vale, si comparas vampiros con brujas somos bastante normales.
— Y además con ustedes aunque suene mal me podía olvidar de la guerra un rato, con ustedes no era Isabella Potter la niña que vivió, era Bella y no es que no me guste mi vida no la cambiaria pero…
— Tienes mucha presión aquí en estos momentos ¿no?
— Si y después de un tiempo no quería perderlos eran parte de mi vida así que simplemente todos los lunes lo dejaba para la próxima semana, no los quería perder y se los iba a contar, te lo juro, no te lo iba a poder esconder siempre mucho menos cuando tuviera que regresar pero luego se fueron y ese día de verdad no pensé en eso, yo solo estaba centrada en que te ibas y no sabía hasta cuando tres días después fue que caí en cuenta en que no te había dicho nada y eso también me dolía a mi porque significaba que no me conocías completamente ¿sabes? Y no estaba segura que me fueras a querer igual si me conocías completamente.
— Yo no te quiero, yo te amo y nunca lo dudes – un segundo antes estaba apoyado en la puerta y al siguiente me estaba abrazando y hablándome al oído.
— ¿Enserio?
— Claro que te amo y no voy a dejar de hacerlo porque cometiste un error — dijo viéndome a la cara — pero quiero que me prometas, que me jures que no vas a volver a mentirme.
— Te lo prometo, te amo, te amo — dije dándole besos por toda la cara lo que le saco una sonrisa, nos empezamos a besar y después de unos segundos cuando el beso empezó a pasar el "limite" de Edward se alejó. — ¿Si hago que dejes de olerme no pararas cuando los besos lleguen a este punto? — pregunte con un puchero era frustrante que no me dejara besarle con más intensidad a veces.
— No — dijo con una sonrisa divertida — si haces que deje de olerte no te besare hasta que puedo volver a olerte.
— Pero si no es por mi sangre ¿Por qué nunca me besas… mas?
— No quiero hacerte daño Bella — dijo serio.
— No lo harás.
— No lo sabes — dijo molesto y subiendo un poco la voz — y yo tampoco.
— Confió en ti, o es que ¿tú no me deseas? — dije bajando la cabeza, la conversación de por si ya me daba pena y me tenía roja como un tomate y que el pensar que tal vez el no me deseaba era un golpe para mi autoestima.
Pasaron unos segundos eternos y silenciosos antes de que con suavidad me hiciera subir la cara y mirarlo.
—Si te deseo — dijo lentamente haciendo que me pusiera más roja si eso era posible — pero no te quiero lastimar, no te voy a lastimar, te amo, eres mi vida y no te quiero perder ¿sí?
—No — Dije frunciendo el ceño y haciendo que el hiciera lo mismo — pero ahorita mismo quiero disfrutar que me hayas perdonado y que volvamos a estar juntos tirados en la cama ¿si?
— La mejor idea que has tenido.
— Hoy, te aseguro que he tenido ideas mucho mejores, por algo junto con Hermione somos el "cerebro" del equipo — dije con una sonrisa.
Con una gran sonrisa me recostó en la cama, me arropo, se acostó al frente mío y me abrazo.
Me estaba quedando dormida cuando me acorde de algo.
— ¿Edward?
— ¿Si?
— ¿Tu familia no estaba en la casa mientras hablábamos verdad?
— No, ellos vienen en la tarde — dijo con una risita.
Con un suspiro de alivio volví a cerrar los ojos, me alegraba mucho que los Cullen no hubieran escuchado la última parte de la conversación.
