MANZANA NEGRA

NOTA DEL AUTOR – Tu desconcierto es comprensible, Legionario Eterno; pero descuida, que en este nuevo capítulo encontrarás las respuestas a muchas de tus preguntas. ¡Gracias por la review!


CAPÍTULO 10 – LOS CUATRO

Publicado el 18 de octubre de 2015, con una extensión de 3.624 palabras.


Sasha casi dio un salto de la impresión, al oír retumbar el trueno (le pareció que justo encima de su cabeza) cuando Marco terminaba de saludar a la recién llegada.

–Me alegro de verte… Mikasa.

Y cuando la chica de Dauper miró en aquella dirección, lo hizo sin saber qué se encontraría. ¿Su compañera se habría transformado también en una versión más siniestra de sí misma… y más poderosa todavía? ¿Acaso era posible que Mikasa fuese aún más fuerte?

Sasha casi esperaba encontrarse de pronto con… una gigante; ésa era la única forma que se le ocurría, para el caso de que su amiga (al menos así la consideraba ella) fuese mejor y más grande de lo que ya era, con un cuerpo igual de grande.

Sin embargo, cuando sus ojos se posaron al fin sobre Mikasa, simplemente vio a la muchacha que iba camino de graduarse en el primer puesto de su promoción. En ese mismo momento, Sasha sintió una sensación cálida y reconfortante en el pecho; sus dudas y temores (había bastante donde elegir sólo en los últimos minutos) se desvanecieron de pronto, como barridas por la imponente presencia de quien seguramente era la chica más fuerte de toda la Humanidad.

Una visión en verdad abrumadora, pero en un buen sentido; y si la Cazadora sentía cierta humedad en los ojos, era por la alegría de saber que tenían de su parte a una persona tan extraordinaria. Mikasa era ágil, fuerte, inteligente, segura de sí misma, con nervios tan de acero como sus músculos… ¡y tan bella! No le daba vergüenza reconocerlo: Sasha miraba a la chica de ojos negros y veía lo que ella quisiera ser.

Sin embargo, en aquel momento y lugar, se fijó sobre todo en la expresión de su compañera; temía que estuviese poseída por esa especie de furia demoníaca, que parecía consumir a quienes entraban en aquel mundo. Sasha casi se esperaba que Mikasa tuviera los ojos completamente negros; o que se hubiese formado en su rostro la máscara de oscuridad pura que ya había aparecido en otras ocasiones, cuando ella se enfadaba de verdad… la más reciente, en la enfermería.

Parecía haber pasado tan poco tiempo y a la vez tanto… y quizás, en realidad, se trataba de lo último; eso explicaría unas cuantas cosas. Por ejemplo, que sus cabellos de azabache fuesen más largos, igual que los llevaba el primer día de instrucción antes de recortárselos; así se la veía más madura, como si verdaderamente hubiera pasado mucho tiempo y ahora ella fuese mayor.

"¿Eso significa algo especial? Y por cierto, qué pelo tan bonito, ya me gustaría a mí… ¡Sasha, no! Céntrate."

Afortunadamente, la expresión de Mikasa era la de siempre: serena, estoica, con aquellos rasgos delicados, la leve palidez de su rostro contrastando con el negro de sus ojos; parecían aún más grandes, como lagos oscuros y profundos, aunque Sasha sabía mirar más allá de la superficie. Aquellos ojos mostraban en realidad un torbellino de emociones; tan fuertes e intensas que, si uno se quedaba mirando demasiado tiempo, corría el riesgo de ahogarse allí mismo.

Lo que ya no resultaba tan habitual, era la intensidad de esa sensación abrumadora que sobrevenía al contemplar ese rostro; como si en aquel mundo onírico, Mikasa fuese más real… como si se hubiese descorrido un velo que impedía apreciar algo que siempre había estado ahí en realidad.

Sin embargo, una vez más, Sasha no podía dejar de sentirse intranquila, como si también hubiera en Mikasa algo que no terminaba de encajar; y cuando por fin consiguió apartar los ojos de aquel rostro… entonces comprendió por qué sentía esa inquietud, por algo de lo que sólo ahora se volvía consciente.

Mikasa Ackerman estaba completamente vestida de negro… y eso no era buena señal; tanto Eren como Marco ya lo habían demostrado antes.

Mikasa no se cubría con una oscura gabardina, como alguna especie de instructor salido del infierno; la chica simplemente llevaba una camiseta negra de manga corta, que dejaba a la vista sus poderosos brazos. La prenda no era ni muy holgada ni muy ceñida, aunque el viento soplaba en contra, de tal manera que se marcaban con claridad los torneados músculos de ese cuerpo, especialmente…

"¡Menudos abdominales!" Sasha siempre se maravillaría al verlos. "En serio, ¿cómo lo hace? ¿Es una especie de receta secreta de los Ackerman, o algo así? Tengo que preguntárselo cuando acabemos con todo esto…"

Las piernas de Mikasa, capaces de poner en órbita a alguien de una sola patada (algo que Sasha prefería no comprobar por sí misma), quedaban cubiertas con unos pantalones también negros, similares a los del uniforme aunque parecían más cómodos. Las botas, sin cordones, eran mucho más oscuras que las reglamentarias y sólo le llegaban hasta debajo de las rodillas.

Incluso la inseparable bufanda, abrazada al cuello de Mikasa, se había vuelto ahora completamente negra. Sasha tragó saliva, aún más inquieta, al ver que su compañera seguía cubriéndose la muñeca derecha con una delicada venda… pero ya no de color claro sino oscuro, tanto como una noche sin luna y sin estrellas.

Tanto como sus ojos.

El cambio había sido gradual, pero esos orbes negros fueron volviéndose cada vez más oscuros, hasta alcanzar una intensidad que jamás había visto antes.

Y en ese momento, Mikasa estaba observando atentamente a Marco… y el cuerpo que había a sus pies, todavía de espaldas.

Sasha pudo captar, silenciosas y aun así estremecedoras como un trueno, las mudas preguntas que hacían aquellos ojos negros, con un brillo peligroso.

"¿Qué hacemos aquí? ¿Qué es este lugar? ¿Qué ha pasado? ¿Dónde está Eren?"

La última pregunta hizo que la chica de Dauper empezase a temblar; Mikasa todavía la estaba ignorando, de lo cual se alegraba ahora. La mirada de la oriental, cada vez más oscura, fulminaba a Marco… quien sin embargo mantenía una calma que, en aquellas circunstancias, resultaba antinatural.

Sin el miedo ni la rabia de antes, el muchacho pecoso ya no temblaba; a pesar del ambiente opresivo de aquellas llanuras, cubiertas por tenebrosos nubarrones; a pesar de los truenos que resonaban cada vez con más fuerza, precedidos de la fugaz y cegadora claridad de relámpagos que iban acercándose.

Y entonces, justo cuando restallaba uno de esos truenos… Marco sonrió.

Y el instinto de Sasha empezó a gritar en su interior, advirtiendo del peligro inminente.

Aunque ella seguía sin entenderlo… No era una sonrisa demoníaca, enseñando un montón de dientes blanquísimos y afilados, como había hecho Eso antes. La sonrisa del pecoso era amable; una amabilidad que sin embargo, al igual que su calma, resultaba demasiado discordante en aquella situación, en aquella tormenta. Tan discordante como el rojo intenso de su camisa, entre el resto de las ropas de su oscuro uniforme; tan discordante como la tranquilidad con que sostenía aquel puñal de negro cristal, del que ya no goteaba nada, la sangre de su víctima evaporada o absorbida.

Fue entonces cuando Sasha sintió miedo de verdad. No olvidaba que el Demonio con forma de Eren había mordido antes de caer al otro Demonio, el que tenía pecas; y luego éste último y Bott parecían haberse fundido en uno solo… ¿Y si lo que fuera que hubiese poseído a Yeager, había saltado ahora dentro de Marco? En aquel momento no obtuvo respuesta de su instinto, que trataba de anticipar desesperadamente lo que estaba a punto de pasar.

Y pasó.

Marco movió el cuerpo que tenía enfrente con un pie, como si fuese basura; le dio la vuelta, dejándolo boca arriba. Si en ese momento le hubiese caído un rayo encima, el impacto no habría sido mayor.

Sasha creyó oír un grito ahogado; no estaba segura de si era suyo o de Mikasa. Seguía con la mirada fija en los dos chicos, el caído y el que estaba de pie… todavía.

"Quizás no por mucho tiempo."

Porque el Demonio, la Sombra, Eso, ya no parecía tal… sino simplemente Eren, con la boca abierta en un grito que ya no escaparía de sus labios; los ojos aún más abiertos, mirando sin ver, perdido ya aquel brillo tan intenso y tan característico. Muerto.

"¡Y Marco va a terminar igual, al paso que vamos! Si lo que pretendía era provocar a Mikasa… No, no, está claro que debe ser otra cosa. Seguro que ahora se explica y lo aclara todo, habrá sido un malentendido…"

–Mikasa Ackerman, ¿de verdad te crees tan especial?

El muchacho hizo aquella pregunta con amabilidad; la misma con que sonreía, la misma con que podría haberle ofrecido su ayuda a alguien para preparar un examen. No había crispación en su rostro; ni siquiera aferraba el cuchillo, simplemente lo sostenía en la mano como si fuera un libro.

Sasha tuvo entonces una idea que le inspiró terror: en realidad la Sombra no había poseído a Marco, ni le había afectado de esa manera la Manzana Negra; en realidad su anterior desdoblamiento se debía a la oscuridad que él había traído consigo a ese lugar, donde ahora se revelaba con nitidez lo que siempre había guardado en su interior; en realidad, todo este tiempo, el auténtico Marco había sido una criatura de la oscuridad, un monstruo disfrazado de humano que al fin mostraba su verdadera naturaleza.

La Cazadora quiso creer, con todas sus fuerzas, que se equivocaba; que lo había entendido mal, que aquello sólo era una teoría absurda; que se había dejado llevar por su imaginación, en aquel extraño mundo, todavía afectada por las hirientes palabras del Demonio con ojos de fuego blanquinegro.

Por desgracia, con sus siguientes palabras, el otro Demonio hizo añicos aquella ilusión.

–Ser especial no te ha servido para evitar que yo le meta diecisiete puñaladas a lo que te queda de familia, ¿no?

Otra vez el mismo tono amable, cordial… y de nuevo la sensación, aún más intensa, de que aquello estaba mal, ¡a tantos niveles! Jamás había oído tanta crueldad en una sola frase, como si cada palabra fuese una nueva puñalada.

Sasha, muy nerviosa, giró levemente la cabeza y se atrevió a mirar a Mikasa, aun temiendo que de ella emanase un aura asesina, un fuego negro que lo consumiría todo, fruto de esa provocación.

Sin embargo, sólo vio a una chiquilla asustada.

Mikasa ya no parecía tan grande, tan fuerte; en vez de imponer respeto con su sola presencia, inspiraba el deseo de abrazarla y asegurarle que todo saldría bien. Los ojos muy abiertos, al borde de las lágrimas; su piel aún más pálida, temblando los labios entreabiertos, su mano aferrada a aquella bufanda como si buscase protección. Desamparada, indefensa.

Sasha ya había visto antes esa transformación, en la enfermería, cuando descubrió que había sido Mikasa quien le dio a Eren la Manzana Negra; y al igual que entonces, ahora sintió… supo que aquello estaba mal, que su amiga no se merecería algo así jamás.

La Cazadora frunció el ceño con determinación, dispuesta a hacer lo que fuese necesario para arreglarlo… y para que el culpable de aquella situación pagase.

Así que ahora no fue Mikasa, sino Sasha, quien se giró hacia Marco y le fulminó con la mirada.

–¿Se puede saber qué coño estás haciendo? –consiguió gruñir, entre dientes apretados; en ese momento, tenía más de animal que de Cazadora.

El moreno pecoso la observó atónito, como si fuese ella quien hubiera cometido de repente una gran incorrección. Su aturdimiento sólo duró un instante; cuando respondió, lo hizo con esa misma calma antinatural.

–Estoy haciendo… lo que es necesario.

Justo en ese momento, cayó cerca un relámpago a la vez que rugía el trueno.

Y entonces, tan rápido que casi ni se vio, Marco arrojó con fuerza su puñal.

No fue el gesto descuidado del prepotente que comete una atrocidad sin darle más importancia; tampoco se transformó de repente su rostro en una máscara de perversión demoníaca, ni lamió la hoja del arma antes de lanzarla. Nada de eso. Simplemente, en un instante determinado, estaba tranquilo; y justo un instante después, todo su cuerpo se había agitado como una serpiente, como la cola de un escorpión… transmitiendo una fuerza y velocidad aparentemente sobrehumanas a aquel lanzamiento. Su expresión concentrada revelaba el súbito esfuerzo, pero no había allí ni rastro de maldad o sadismo; era simplemente un profesional, haciendo su trabajo.

Igual que Sasha hizo el suyo.

O más bien, la chica de Dauper volvió a guiarse por su instinto; si se hubiera detenido a pensarlo un poco, se habría dado cuenta de que tal vez no fuese su mejor idea.

El puñal volaba, rápido y letal, hacia Mikasa; la oriental seguía paralizada, sin reaccionar aún. Sasha podría haber intentado apartarla, o lanzarse sobre ella, pero… en vez de eso, se interpuso directamente en la trayectoria del afilado cristal negro, dispuesta a usar su propio cuerpo para proteger a su compañera.

Esa parte suya, algo más racional, se habría tapado la cara avergonzada, preguntándose qué estaba haciendo. Sin embargo, en ese momento, convertida en una con su instinto, descubrió que podía controlar su cuerpo como nunca antes lo había hecho. Extendió su brazo, en lo que podría parecer un intento de agarrar el arma con su mano enguantada; pero no era ésa su verdadera intención.

Por un instante, el mundo se detuvo. Sasha, suspendida en el aire y con la capa gris agitándose como si tuviese alas, casi podía rozar el puñal con la punta de sus dedos.

Y justo entonces, otro trueno rasgó el cielo y la tierra, con un rugido devastador. El relámpago pareció caer con ferocidad sobre la Cazadora…

…pero en realidad fue ella quien dirigió su camino, decidiendo dónde caería el rayo; y lo atrapó en su misma mano, domándolo, sometiéndolo a su voluntad. Transformó aquella energía pura en una lanza de color blanco, tan resplandeciente como el relámpago que había dominado en su palma enguantada.

El mundo se puso de nuevo en movimiento. Sasha, todavía suspendida en el aire, aún tuvo tiempo de interceptar con su lanza el puñal negro; no sólo lo desvió, lo destruyó, tal fue la potencia de su golpe. Los fragmentos parecieron desvanecerse, como evaporándose, incluso antes de tocar el suelo; ninguno de ellos alcanzó su objetivo. Mikasa seguía paralizada, pero ya más sorprendida que asustada, intentando asimilar lo que pasaba.

Sin perder el aliento ni el equilibrio, Sasha descendió grácilmente y cayó dando una voltereta. Enseguida se había incorporado de nuevo, girando en una posición defensiva, pero con su lanza lista para el combate; consiguió hacerlo todo sin liarse con su capa o su falda, sin pisarse los cordones ni ensartarse accidentalmente en su propia arma.

Parte de ella misma se sorprendía por la precisión y celeridad de aquellos movimientos. También se dio cuenta de que se le había soltado la cola de caballo; su melena castaña ondeaba al viento, agitada por el aire tormentoso, pero sin llegar a estorbarla. En ese instante se sintió bien; fuerte, grande, poderosa… mejor que nunca. Incluso se permitió una sonrisa, mientras dejaba que la emoción del combate fuera apoderándose dulce y lentamente de ella.

Sasha se había convertido por completo en coraje instintivo, disciplina marcial, habilidad guerrera.

Se había convertido en la Cazadora.

Una Cazadora que había encontrado a su presa.

Una presa llamada… Marco.

Sasha se habría esperado que el Traidor estuviera furioso por el fracaso de su ataque, o sorprendido por la rápida reacción de ella, o asustado por lo que ahora se le venía encima… pero no ocurrió nada de eso. El pecoso la observaba con admiración en sus grandes ojos castaños y una sonrisa extasiada en los labios; el rostro maravillado de quien contemplaba un espectáculo formidable, que le quitaba el aliento.

"¿En serio? ¿Es a a quien está mirando así?" Sasha echó un vistazo para atrás rápidamente, para comprobar si había alguien más allí; pero no, Mikasa no se había colocado de repente detrás de ella. Sin embargo, la forma en que Marco la miraba ahora, le recordaba a la forma en que Jean solía mirar a su amiga, cuando creía que nadie más se daba cuenta.

En otras circunstancias, esa observación la habría dejado paralizada, mientras intentaba deducir qué significaba todo aquello exactamente. Sin embargo, ahora se había hecho una con su instinto; se había convertido en la Cazadora y ella no tenía tiempo para minucias, consumidas en el fuego de su ardor guerrero.

Sasha hizo girar con habilidad su lanza y apuntó al moreno pecoso, sin quitarle la vista de encima; y cuando ella habló, fue como si las palabras saliesen por sí solas, pronunciadas por una parte de sí misma que había permanecido enterrada hasta entonces.

–No sé lo que te propones, pero tus motivos ya no me importan. Acabaré contigo, Bott.

Hizo hincapié en el apellido aunque, a diferencia de Eso, no lo escupió como un insulto; más bien, fue la nota final que convirtió todo lo anterior en una declaración formal.

Desafío. Duelo. Guerra entre dos.

Las palabras parecieron golpear a Marco como un puñetazo; tembló por un momento, casi pareció que fuese a dar un salto, pero se recuperó enseguida. Su expresión se volvió mucha más seria, ya desaparecida la extasiada admiración de antes… aunque quizás no del todo; seguía habiendo cierta ensoñación entusiasta. Debía sentir, al igual que ella, el ardor guerrero que le animaba en una situación tan extraña e imprevista y a la vez necesaria; como si el destino les hubiese conducido a ese instante, a librar un combate inevitable.

–No si yo acabo antes contigo… Braus.

La respuesta de Marco, firme y tranquila, tal vez no fuera digna de figurar en algún libro de grandes citas; pero la forma en que pronunció su apellido, dotándolo de un peso y dignidad que ella ignoraba que tuviese, hizo que Sasha volviera a sentirse más grande, más fuerte… poderosa.

Aunque decidió comprobar primero cómo estaba Mikasa; parecía ya más recuperada. Su amiga había dejado de aferrarse a la bufanda y tenía los brazos extendidos, las manos abiertas y también las piernas en una posición que sugería calma atenta; lista para responder en cualquier momento, aunque por su expresión un tanto confundida, aún seguía sin saber qué estaba pasando exactamente.

Al verla ya mucho menos abatida, Sasha sintió que se quitaba un peso de encima. Luego volvió a mirar a Marco; no era simplemente una presa, ahora se había convertido en su rival. A la Cazadora se le escapó una sonrisa, que también apareció en el rostro del otro… y saludó con una leve inclinación de cabeza.

Aquello pareció encender algo dentro de la muchacha; otra revelación, otro descubrimiento. Quizás las provocaciones de Marco tenían un propósito concreto; no simple maldad, sino un intento de ayudar, aunque fuese de una manera particularmente retorcida… y tal vez necesaria, en aquel mundo tan extraño.

"¡Típico de Marco!" Sasha resopló para sí, ya de mejor humor. "Bueno, si para seguir avanzando ahora tenemos que luchar, ¡por mí adelante! Además, lo peor que te puede pasar en este lugar si te derrotan, es que te quedes dormido un rato, ¿no?"

Y fue justo en ese momento, cuando Marco metió las manos en los bolsillos de su oscura gabardina… y sacó con rapidez sendos cuchillos de cristal negro; los hizo girar hábilmente entre sus dedos, aunque sólo una vez, sin tratar de lucirse demasiado. Luego el moreno pecoso le hizo un gesto, como diciendo "ven a por mí".

Sasha sonrió con ferocidad y aceptó la invitación de su compañero.

De un salto, salió disparada hacia delante; tan rápida que casi volaba, como si su capa gris ocultase unas alas. En sus manos enguantadas sostenía aquella lanza de luz pura, como un relámpago petrificado. Le pareció que volvía a verlo todo con una tonalidad rojiza, con más nitidez; como si de verdad pudiese ver las cosas y eso le permitiese cambiarlas.

Nada podía detenerla en ese estado; Marco ni siquiera se molestó en intentarlo. Sasha surcó el aire, con la lanza por delante, justo donde él había estado un segundo antes; le habría atravesado de parte a parte, si no se hubiese apartado a tiempo.

La Cazadora continuó su embestida, sin perder velocidad, todavía con una sonrisa en los labios; tan rápidamente quedó fuera de su alcance, que el pecoso ni siquiera tuvo oportunidad de contraatacar.

Sasha se pasó la lengua por los labios, pensando en todas las posibilidades que se abrían ante ella. Supo que, tal como había hecho antes con esa lanza, también sería capaz de crear otras armas, por ejemplo un arco con sus flechas; eso le daría aún más ventaja sobre su rival. Observó al moreno con una sonrisa hambrienta, casi podía oler su miedo; la expresión del pecoso revelaba claramente que llevaba las de perder.

Sin embargo, Marco aprovechó la breve pausa para recuperar la calma; cerró los ojos, respiró profundamente… y extendió los brazos, sosteniendo hacia arriba un puñal en cada mano. Sasha tuvo un mal presentimiento.

Y el presentimiento se convirtió en un escalofrío, cuando su compañero volvió a abrir los ojos y la miró; la determinación de la muchacha no desapareció de repente, pero sí que se tambaleó un poco.

Porque los ojos del pecoso se habían vuelto completamente blancos.

Entonces sucedieron varias cosas a la vez.

La tormenta pareció estallar justo encima de ellos.

Dos relámpagos cayeron sobre Marco.

Al menos otro más cayó sobre Mikasa.

Sasha no estaba segura de si alguien habría gritado; los truenos la habían dejado sorda.

Creyó que también caería algún rayo sobre ella, así que se preparó para un impacto… que al final no llegó.

Porque los siguientes relámpagos se abatieron en rápida sucesión sobre el cuerpo de Eren, que aún seguía allí, aparentemente olvidado por todos.

Y antes de quedarse también ciega por el potente resplandor, Sasha pudo contemplar con horrorizada fascinación…

…que aquel cuerpo se movía.