"Who can say where the road goes,
Where the day flows?
Only time...
And who can say if your love grows,
As your heart chose?
Only time..."
Enya
"Only time"
En aquellos tiempos, la niña no podía entender porqué las personas mostraban tanto apremio sólo por verla. Inclusive había quien no se conformaba solamente con su contemplación, sino que también le requería de una imposición de manos sobre la cabeza ó alguna parte afectada, lo que a la pequeña le causaba una gran repugnancia. El contacto físico con cualquier otro ser humano era algo a lo que estaba tan desacostumbrada, que la más tímida cercanía con otra persona era motivo suficiente para provocarle náuseas y mareo.
Aún así, la gente comenzaba a agolparse a la entrada del convento, cada día en mayor número, solicitando una audiencia con aquella chiquilla que, según se decía, había bajado desde el Cielo para la salvación de la especie humana. "La Santa Niña de las Carmelitas", que era como empezaba a ser conocida entre el pópulo. Esto, a pesar del esfuerzo y celo que realizaban las monjas por que tales visitas se suspendieran, pues atentaban contra la discreción y el sigilo con los que habían mantenido hasta entonces a dicha criatura dentro de los muros de su recinto sin que muy pocos supieran al respecto. Pero a decir verdad, era bastante difícil negarse a atender las demandas de más de cien personas apostadas afuera de sus puertas, algunos de ellos tan desesperados por obtener la salvación que bien pudieran devenir en una iracunda turba que las pondría en riesgo. De lo que las hermanas de la Congregación de las Carmelitas del Sagrado Corazón estaban bastante seguras era de que tanta atención no podría conllevar nada bueno. Lo que resultó ser cierto eventualmente, cuando ese hombre japonés arribó, aquél funesto día.
No llegó solo hasta aquél punto remoto y olvidado del antiguo bajío mexicano, para entonces un territorio más incoporado al "Gran Imperio Americano" que se extendía de punta a punta por todo el continente, desde las planicies congeladas sin vida del Canadá, hasta el más remoto extremo de los Andes sudamericanos. El oriental llegaba acompañado de todo un destacamento de hombres fuertemente armados, todos con el uniforme de las Fuerzas Especiales del Cuerpo de Marina de los Estados Unidos. Bajo tales condiciones resultó cosa más que imposible negarle a tal personaje una audiencia inmediata con "La Santa Niña".
El extranjero se internó en las entrañas del vetusto edificio hasta donde ningún visitante lo había hecho antes, encontrando el motivo de su búsqueda en el patio trasero de aquella edificación. Allí se encontraba ella, sentada en el borde de una fuente labrada en cantera, rodeada de un modesto pero bien cuidado jardín, con varios rosales, un naranjo y algunas plantas medicinales. Iba vestida toda de blanco, el único color con el que había vestido desde que tenía memoria. Dicho tono parecía amalgamarse con su piel, produciendo un extraño efecto que hacía preguntarse a quien la viera donde es que terminaba su ropa y donde comenzaba su cuerpo. Al igual que todas las demás habitantes de aquél lugar, sus vestimentas eran modestas, y si bien el blusón que llevaba puesto y que le llegaba hasta por debajo de las rodillas no era un hábito en sí, era lo bastante parecido para confundirlo con uno. A pesar del velo que llevaba puesto sobre su cabeza, aquella prenda sin color no lograba ocultar el intenso escarlata de su melancólico mirar, ni el colorido azul celeste de su largo cabello acomodado en una elaborada trenza que terminaba a la altura de su espalda baja.
Aquella visión resultaba en principio sublime, capaz de quitarle el aliento hasta al más duro de corazón. Por tal razón el recién llegado hubo de esperar algunos momentos antes de poder dirigirse a aquella preciosa criatura, que parecía venida de otro mundo. Por su parte, al darse cuenta de su presencia, la niña volvió su mirada hacia él. Lo que sucedió entonces fue algo inexplicable para ella. A diferencia de todas las otras personas que habían venido desde lejos a verla, aquél hombre barbado de ojos rasgados que se ocultaban detrás de unas gafas no le causaba rechazo. Por el contrario, con la sola vista de aquella persona su corazón pareció volcarse dentro de su cuerpo, amenazando con salir de su pecho. De haber sido capaz, hubiera quebrado en llanto en ese mismo momento, sin tener una remota idea de por qué lo estaba haciendo. Pero la niña nunca lloraba. Nadie sabía a ciencia cierta si era por que no sabía como hacerlo ó simplemente no era capaz de producir lágrimas, fuera algo emocional ó biológico, la verdad era que nadie, jamás, la había visto romper en llanto por la razón que fuera, una característica más vinculada a su eterno desapego a todo y a todos.
Así fue que la pequeña sólo pudo reaccionar a aquél desconcertante encuentro quedándose congelada en su sitio, con una mueca de aspecto incierto en su rostro decorado con sus ojos abiertos de par en par. ¿Estaba contenta, emocionada, sorprendida ó asustada? ¿Cómo saberlo, cómo poder leer esa vaga expresión en sus delicadas facciones?
—Hola. Buenos días. Es un jardín muy hermoso el que tienen aquí... cuesta trabajo creer que algo tan bello pueda crecer en este lugar— pronunció el visitante en primera instancia, aprovechando el silencio de su joven compañía —Es justo como tú...
—¿C-cómo...? ¿C-cómo es que puedo entender lo que dice?— preguntó atónita la ruborizada chiquilla, sin darse cuenta que ella también estaba hablando en la misma rara lengua —¿Qué... qué cosa es esto? ¡No estamos hablando en español, ni siquiera en inglés! Esto... esto es...
—Es japonés, pequeña— respondió el oriental, con una sonrisa complaciente —Me impresionas. No estaba seguro si podrías entenderme, pero a pesar que no la has practicado en más de diez años, aún eres bastante fluida en tu lengua natal. Tu acento es un poco raro, pero puedes trabajar en ello...
—¿Natal? Pero eso quiere decir que... que...
—En efecto... significa que eres japonesa de nacimiento, de la misma tierra donde nace el sol— dijo sin más el hombre de los anteojos, con aire condescendiente, cruzando los brazos detrás de la espalda, para luego cuestionarle: —Dime, niña... ¿qué tanto sabes de tu pasado? ¿Alguna vez te lo has preguntado?
—Yo... lo único que sé es lo que se me ha dicho: las hermanas me encontraron, siendo muy pequeña, y me han cuidado desde entonces... toda mi vida ha transcurrido dentro de estos muros, no conozco nada fuera de ellos... y no puedo recordar nada más antes de eso...
—Es comprensible. La memoria humana puede ser una herramienta muy traicionera, sobre todo a tan tierna edad— añadió su interlocutor, como si estuviera dando el sermón de la misa dominical con su voz grave y profunda —Tú no me conoces, pero yo a ti sí, inclusive mejor que tú misma. Sé que desde siempre te has sentido distanciada de aquellos que te rodean. A pesar de tus mejores esfuerzos e intenciones, nunca has logrado encajar en este lugar, siempre hay algo que te hace sentir diferente, además de tu aspecto físico. Es algo dentro de ti, algo en tu corazón. Te sientes resquebrajada por dentro, con una pieza faltante que no logras encontrar, para lograr sentirte completa por primera vez en toda tu vida. Cada noche vas a la cama, después de pasar un largo rato mirando fijamente el cielo estrellado, como si supieras, en una parte en tu interior, que tu sitio está en alguna otra parte, lejos de aquí, en ese ancho, vasto mundo que ni siquiera conoces aún...
—¿Quién es usted? ¿Cómo puede decir todo eso, cómo es que sabe tanto... sobre mí?— inquirió la confundida jovencita, sin despegarle la mirada de encima —Tengo... tengo la sensación de haberlo visto antes... en alguna otra parte... en algún otro tiempo... ¿Ó es que acaso me estoy volviendo loca?
—Lejos de eso, lo que sucede es que ahora ya estás despertando a tu realidad. ¿Quién soy, preguntas? Más bien lo que deberías peguntar es: ¿quién eres tú? Yo puedo responderte a eso. En realidad es una cuestión de muchas aristas y que requeriría vario tiempo para contestarla satisfactoriamente, pero, para comenzar, te diré que tu nombre no es "Regina", como te llaman las personas aquí. Tu verdadero nombre, el que te pusieron al momento de nacer, es Rei. Rei Ayanami.
—¿Rei? ¿Rei Ayanami?— repitió la niña, entonando aquellas palabras como en un sueño.
—En cuanto a mí, mi nombre es Gendo Ikari, y he pasado los últimos diez años de mi vida buscándote por todo el mundo, sin descanso... encontrarte, justo aquí y ahora... bueno, no soy hombre religioso, pero tengo que admitir que no es otra cosa que una bendición...
—Es usted... ¿es usted... mi padre?— el tono de la muchachita pareció desvanecerse aún más al formular dicha pregunta, a la vez que sus ojos coloridos titilaban con un tenue brillo de esperanza; dicho gesto inspiraba ternura, e incluso podría decirse que compasión, aún al negro y endurecido corazón de aquél hombre venido de Oriente.
—Lamento decirte que no es así— respondió con marcada pesadumbre, aunque de inmediato quiso rectificar en algo la situación —Pero conocí mejor que nadie a tus padres... hace años, cuando eras muy pequeña, ambos se vieron envueltos en una problemática muy grave, que incluso ponía en riesgo tu propia vida. En ese entonces no tuvieron otra alternativa que ocultarte para poder salvarte. Hicieron tan buen trabajo escondiéndote que incluso para mí fue algo bastante complicado dar con tu paradero. Ahora todos esos problemas han quedado atrás, ya es seguro para tí que vuelvas, y este dichoso día que por fin te he encontrado estoy listo para poder llevarte a casa, a tu verdadedo hogar. A ese sitio que sólo conoces en tus sueños, al lugar en el que en verdad perteneces...
—¿Y ahí podré verlos, podré conocerlos? ¿Podré estar... con mis padres?
El hombre barbado contrajo sus labios para disimular lo mejor que pudo la mueca de contrariedad que empezaba a asomarse a su enjuto rostro.
—Me temo que ellos ya no están más con nosotros, pequeña... considéralo el precio que tuvieron que pagar por que estuvieras a salvo. Pero ten toda la certeza que yo cuidaré bien de ti, incluso mejor que a mi propio hijo, te lo puedo garantizar. Y también prometo que si vienes conmigo podrás saber muchas más cosas acerca de ti, podrás responder a todas las interrogantes que has tenido por siempre y sobre todo, lo más importante, por fin podrás cumplir tu propósito en la vida, la gran misión que te ha sido destinada, mediante la cual, finalmente, después de tanto tiempo, podrás sentirte completamente realizada...
—¿Y qué misión es esa, entonces?
A continuación el hombre de los anteojos le hizo un increíble relato de todo lo que acontecía en esos instantes en el mundo exterior, en toda clase de tierras lejanas, distantes. Le contó acerca de los orígenes de la gran catástrofe que se había abatido años antes sobre toda la humanidad, que había dejado a los seres humanos diezmados y al borde de la extinción. Habló también sobre gigantes y monstruos que lucharían entre sí por el destino del planeta entero, y también de un grupo de personas que se estaban preparando para salvar a todos de la aniquilación total que ello conllevaría. Lo más increíble de toda la narración fue que ella podía ser parte de aquella fantástica epopeya que le era elocuentemente presentada. Lo que era más, y si es que lo había entendido bien, ella resultaba ser una pieza fundamental en la consecución exitosa del plan para salvar a la raza humana, lo que a fin de cuentas terminaba por dar la razón a la muchedumbre morbosa que se aglutinaba detrás de sus puertas para poder verla, cómo si fuera una atracción de feria.
Como era natural, la niña tuvo varias dudas durante el transcurso de la exposición, las que le hizo saber a su acompañante y mismas que fueron respondidas y aclaradas en su momento con toda presteza y celeridad. Si bien había pasado gran parte de su vida sin ser expuesta directamente al mundo, eso no implicaba que la joven ahora recién nombrada Rei Ayanami fuera una tonta ó una crédula despistada. No obstante, aunque algunas de las respuestas que obtuvo de aquél hombre resultaban ser vagas, inciertas, la mayoría de ellas satisfizo sus inquietudes, lo suficiente para no recelar del todo acerca de lo que le contaba. Además, había algo muy en su interior que la impelía a confiar ciegamente en cada palabra que pronunciara aquel extraño visitante, por muy difícil que resultara de creer. Después de todo, en el convento se le había inculcado que la fe en algo no necesitaba de prueba alguna, sino una firme convicción en lo que se deseaba creer. Y en aquellos momentos la chica de cabello azul celeste y ojos rojos deseaba con cada fibra de su ser creer en la palabra de ese extraño.
Por su parte, la religiosa encargada del monasterio, la Madre Superiora Dolores, aguardaba prudentemente a la distancia a que aquella conversación terminara. Habían pasado horas desde que la niña y el visitante habían comenzado a hablar en el jardín, y si bien era bastante versada tanto en español, inglés, portugués y francés, el idioma japonés era un idioma completamente alienígena para ella, por lo que solamente podía escuchar una suerte de balbuceo sin sentido alguno. De cualquier manera, aún cuando no supiera a ciencia cierta lo que ambos estaban tratando con tanto detenimiento, de algo estaba bastante segura: aquél día sería el último en que la niña estaría con ellas. El momento por el que tanto había temido duante la última decáda, conforme miraba crecer a la pequeña bajo su cuidado, finalmente había llegado, pese a que se le había advertido con antelación. "Cuídese de cualquier hombre japonés que llegue buscando a la niña", se le había dicho cuando la recibió bajo su techo. Hasta hace poco se había servido de la austeridad y el recato bajo el cual ella y sus hermanas vivían el día a día, consagradas al servicio del Señor, para poder ocultar la presencia de la niña dentro de esas paredes. Sin embargo, cuando la palabra de su existencia se corrió más allá de los confines del convento, Dolores supo que lo que a continuación sucedería era ya inevitable. ¿Cómo poder reclamar la tutela de una criatura, de la cual no tenía documento alguno que probara que la habían recibido legalmente? Por lo que cualquiera medianamente despabilado pudiera suponer, bien hubieran podido robarla de los mismos brazos de sus padres. Y aún cuando no hubiera sido de esa manera, aún cuando poseyera los papeles que la acreditaban como la tutora legal de la niña, ¿cómo podría oponer resistencia a la veintena de robustos comandos bien armados, que ahora mismo las mantenían como prisioneras en su propia casa? Las historias de todas las tropelias que cometían aquellos hombres corrían de boca en boca por todo el continente, a modo de futura advertencia a aquellos que quisieran resistirse a los agentes del "General Negro", que eran como ellas llamaban al líder del belicoso imperio del que ahora formaban parte.
Lo único rescatable de todo eso era que aquél hombre no parecía tener interés alguno en lastimar de cualquier modo a la niña. Antes bien, todos sus ademanes y gestos para con ella denotaban que su principal preocupación era el bienestar y seguridad de esa criatura. Quizás aún había alguna oportunidad para que ella permaneciera a salvo de peligro.
En síntesis, Dolores, quien era una mujer bastante ilustrada, sabía bastante bien que estaba a merced de fuerzas que escapaban a su control, por lo que no le quedaba otra cosa por hacer que encomendarse a la Providencia, con la confianza de que todo lo que sucediera a partir de entonces servía a algún propósito que ella, humana como era a fin de cuentas, no podía ser capaz de entender. Su mano sudorosa se aferraba a las cuentas de su rosario de madera, en tanto miraba fijamente la dulce carita de Regina, impasible como siempre, pero que era iluminada en esos momentos por cierto dejo de emoción infantil, algo que jamás había manifestado mientras había permanecido a su lado. La observaba con una intensidad tal que parecía querer conservarla por siempre en su memoria, justo como estaba en esos momentos, antes que partiera para nunca volver. Lo cual sería bastante comprensible, al no tener de ella ni una sola foto ó retrato que le permitiera evocar su recuerdo posteriormente.
Pese a que se había propuesto permanecer ecuánime, como era su proceder habitual, la religiosa no podía evitar sentir los estremecimientos que sacudían su cuerpo entero, como anticipando todo lo que estaba por venir. Seguía rezando febrilmente, sujetando su rosario que en tales condiciones parecía una simple sonaja, mecida por su trémula mano. Tal vez, si dichas condiciones se hubieran prolongado por más tiempo, aquella santa mujer hubiera empezado a sudar sangre. Por suerte para ella, y casi sin que se diera cuenta, la niña la sacó abruptamente de ese penoso trance, al caminar presurosa a su encuentro, por lo que solamente gruesas gotas de sudor perlaban su frente en ese momento, en lugar de la prodigiosa transpiración hemática que hubiera seguido a continuación.
—¡Madre Dolores!— le dijo la pequeña una vez que estuvo frente a ella, volviendo a hablar en ese escueto español que siempre había empleado, sin poder calmar más su ansiedad, arrodillándose delante suyo como lo hacía siempre que quería obtener algo. La monja la miró entonces con aire maternal, sentada sobre una de las bancas de cantera que estaban incrustadas sobre la pared posterior del jardín, sus ojos grisáceos comenzando a anegarse de lágrimas —Madre Dolores...— repitió la niña en un tono más mesurado —El señor Ikari... el señor Gendo Ikari ha venido hasta aquí para poder hablarme de mi pasado y de quién soy realmente. ¡Mi nombre verdadero es Rei, Madre Dolores! ¡Rei Ayanami! ¿Puede usted creerlo? Qué nombre tan raro, ¿cierto?
La mujer no respondió, por temor a no contenerse más y dejarse vencer por el llanto. Únicamente asintió con un movimiento de cabeza al comentario de la niña, acariciando sus preciosos, incomparables cabellos del color del cielo, por una última vez.
—Madre Dolores— siguió la muchacha, desconcertada por la extraña actitud mostrada por la religiosa, sin alcanzar a comprender todavía la razón de su predicamento —Él también me ha contado lo que está pasando en el mundo... afuera... me ha dicho que debo acompañarlo, por el bien de la Humanidad, que puedo hacer algo que es muy importante para salvar a mis semejantes... ¿No es eso maravilloso, Madre Dolores? Me he enterado que soy especial, que soy capaz de hacer lo que nadie más puede, que mis hermanos me necesitan para protegerlos...
—Mi querida, dulce niña— pronunció Dolores al fin, con la voz quebrada como la de una anciana mucho mayor —¿Es que no lo sabías? ¡Tú siempre has sido especial! No necesitabas que un hombre viniera desde el Japón para que te enteraras de eso... eres algo hermoso, único en la vida... nunca lo olvides, nunca lo niegues... sabes que todos somos iguales ante los ojos de Dios... pero tú, querida, tú... puede que seas la más igual de todos nosotros... ¿comprendes?
—Eso.. eso creo... pero, Madre Dolores... es por eso que debo irme... tengo que estar donde se me necesita, se nos está acabando el tiempo, según tengo entendido... debo prepararme, y estar lista para cuando se me requiera actúar... esto, con su consentimiento, por supuesto... él me ha dicho que puedo regresar al convento, a verlas cuando quiera, todas las veces que así lo desee... así que no estaré lejos mucho tiempo...
—Mi hermosa Regina... ó Rei... sea como sea que te llamen, hay en todo esto una verdad inquebrantable... nunca estaremos lejos... vayas a donde vayas, estaremos siempre contigo, en tanto recuerdes todo lo que aquí has aprendido: el amor al prójimo y a Dios, nuestro Señor... sé buena, y ayuda a tus hermanos en todo lo que puedas, permite que la bondad y la caridad sean tus testimonios de vida. No debes preocuparte por nosotras... ni siquiera por mí, porque... aunque estemos a un mundo de distancia, tú siempre estarás en mis oraciones... y en mi corazón...
Sin que ya pudiera hacer cualquier cosa al respecto, aquella mujer ya entrada en años, con dolores en las piernas y espalda, cuya máxima de vida siempre había sido el decoro y la prudencia, dejó de lado todo aquello y también la imagen de severa superiora que mostraba a sus compañeras en el momento que se derrumbaba en llanto, postrándose al lado de la niña a la que, en secreto durante aquellos diez años, había llegado a querer como a su propia hija, a esa hija a la que le había negado el derecho de existir, abrazándola efusivamente; como si acaso alguna de ellas hubiera sido condenada a muerte y no fueran a verse nunca más, esto pese a las promesas de la jovencita de volver con ellas en cuanto le fuera posible.
—Ve entonces, querida, no se diga más— dijo la religiosa con dificultad, al cabo de unos momentos de llanto inconsolable, tratando de recomponerse —Olvida los desplantes de esta vieja tonta, ridícula... mira que ponerme a llorar como una chiquilla berrinchuda... no te apures por mí, acompaña al señor Ikari hasta la salida, yo veré que alguien acomode y te entregue todas tus cosas...
—Madre Dolores— musitó la jovencita, poniéndose de pie, recobrándose de las naúseas que cualquier clase de contacto físico siempre le provocaban, aún si se trataba de la persona que la había cuidado como una verdadera madre la mayor parte de su vida. Pero también comenzaba a dudar si es que en verdad estaba haciendo lo correcto, reparando en la inusual actitud de aquella mujer.
—No pasa nada, pequeña, será mejor que te vayas cuanto antes... el mundo te necesita, tú misma lo has dicho... además, nos veremos muy pronto, ¿recuerdas? Buena suerte en tu viaje, hijita mía, que la bendición del Todopoderoso y Misericordioso te acompañe hoy y siempre...— la religiosa se incorporó entonces para poder trazar la señal de la Santa Cruz sobre el cuerpo y cabeza de la extrañada muchacha, a manera de despedida. Un afectuoso beso sobre su frente puso punto final al ritual con el que ambas se separaban.
La niña la miró de reojo una última vez, vacilante, antes de salir del jardín e ingresar al corredor que conducía a la salida del convento, para luego ser seguida por Ikari, quien ni siquiera volteó a ver a la mujer vestida de hábito, apenas dirigiéndole una leve inclinación de cabeza cuando pasó junto a ella.
Dolores los vio partir, llevándose un pedazo de su corazón junto con ellos, imposibilitada por las cirscunstancias de esta vida para poder hacer algo por detenerlos. Ahora, lo sabía perfectamente, sólo restaba aguardar... por aquello que irremediablemente debía suceder.
Esa era la primera vez que la niña veía las puertas principales del convento abiertas de par en par, y también era la primera ocasión que las cruzaba para salir al extraño nuevo mundo que la aguardaba en el exterior. La multitud de peregrinos, que en ese momento se contaban ya por varios cientos, en cuanto la vio salir clamó en vítores hacia ella. Cada una de esas personas, desesperadas lo suficiente como para hacer el difícil trayecto cuesta arriba hasta la punta del cerro donde se ubicaba el monasterio, cada una de ellas buscaba la atención de la niña, ya sea para que los bendijera ó los curara de algún mal que los afligiera. Se hubieran abalanzado sobre ella en una brutal estampida, de no ser por el contingente de marinos que los mantenía a raya, formando una muralla impenetrable a ambos lados de un corredor que habían delimitado a las afueras de la edificación. Dicho pasaje llevaba directamente a una gigantesca y reluciente aeronave de despegue vertical de última generación, que los aguardaba para sacarlos de ese lugar. Los ojos carmesíes de la muchacha se ensancharon con el solo vistazo a aquél portento tecnológico, nunca antes visto en esas latitudes.
—Eso... eso es...— la jovencita apenas si podía encontrar la forma de articular sus ideas con coherencia, impactada por la marejada de sensaciones que inundaban todos sus sentidos, demasiadas para un solo día.
El sol sobre su cabeza, el vasto paisaje que se dibujaba en las inmediaciones, el mar de gente que repicaba a cada gesto suyo y aquél gigantesco vehículo aéreo... todo era tan increíble, tan novedoso, que por un momento creyó estar soñando.
—Es un Colossus 110, un aerotransporte carguero de despegue vertical, perteneciente a la Fuerza Aérea de los Estados Unidos de América— aclaró entonces Ikari cuando la alcanzó afuera —Un modelo de reciente fabricación, puesto en servicio hace apenas un par de meses...
—¿Y... en eso viajaremos... hasta Japón?
—Solamente hasta el puerto más cercano. Ahí abordaremos un portaaviones de las Naciones Unidas que nos llevará a casa. Pasaremos unos cuantos días en el mar, a lo largo de nuestra travesía... seguramente aún no conoces el océano, ¿cierto?
—Esto es lo más lejos que he estado del convento en toda mi vida, señor Ikari...
—Entonces este será todo un viaje de descubrimiento para ti, Rei. Ahora debo pedirte que subas, por cuestiones de seguridad. No queremos exponerte mucho tiempo a toda esta gente, los ánimos podrían calentarse de un momento a otro. Yo me encargaré de recibir tu equipaje y entregártelo— al ver el gesto dubitativo en el rostro de la chiquilla, hubo de agregar: —No te apures, tenemos medicina contra el mareo a bordo... y le pediré al piloto que vuele con suma precaución, te garantizo un viaje tranquilo y sin contratiempos...
Una vez aclarado el punto la muchachita hizo acopio de toda su determinación para enfilar sus pasos hasta la pesada ave de metal que aguardaba su ingreso. Ikari la veía andar, insegura, vacilante, pero sin mirar atrás ni una sola vez. Veía en ella todo el potencial que se esperaba del Primer Niño Elegido, y más, mucho más de lo que en un principio había esperado. Cuando estaba en eso, el comandante de la operación se le acercó discretamente por la espalda, esperando por nuevas instrucciones:
—No puedo soportar ni un segundo más esta horrible pestilencia— expresó Gendo severamente, sin despegar la vista de la chiquilla, aquella pieza clave que había recuperado luego de tanto tiempo, incluso después de haber llegado a creerla perdida para siempre —Dispersen a todo este ganado, y maten a todos los pingüinos de allá adentro... ¡No dejen ni a uno solo con vida! ¿Quedó claro?
—¡¿Un convento lleno de monjas?!— dijo incrédulo el militar estadounidense, sobre todo por la frialdad con la que se le había expedido la orden —¿No le parece... algo excesivo? ¿Qué mal pueden hacerle todas estas señoras? ¡Nunca salen de este lugar! Además mire a toda la gente que está aquí, todos sabrán que fuimos nosotros... será muy perjudicial para nuestra imagen...
—Eso es hilarante— observó Ikari, en tanto se le hacía llegar la pequeña valija que contenía todas las pertenencias de la muchacha —¿Desde cuando las fuerzas armadas de los Estados Unidos le temen a unos cuantos miles de indios enojados? Si tanto les apura esa minucia irrelevante, háganlo parecer un accidente... quemen el lugar, y asegurénse que nadie salga de esta ratonera... le aseguro que el General Lorenz estará bastante complacido con su proceder.
De tal forma y sin mediar más palabra, Gendo se encaminó a la escotilla abierta de la aeronave que ya solamente esperaba por él. Una vez que estuvo dentro, un numeroso contingente de hombres armados que fungía como su escolta personal se replegó también al interior del vehículo, el cual se elevó sin mayor demora. El militar americano los vio partir sin alterar su semblante rubicundo, mirando en derredor a la muchedumbre que seguía bramando por la muchachita que les acababa de ser arrebatada, y luego dirigió su funesta mirada al recinto detrás suyo, que en esos momentos se le antojaba bastante frágil... y altamente flamable, para luego suspirar profundamente, casi resignado.
—Como siempre, alguien más es quien debe ensuciarse las manos por este maldito hijo de perra...
Unas cuantas semanas después, el ocaso comenzaba a dibujarse sobre el extenso horizonte de Tokio 3, cuyos rascacielos apilados empezaban a encender sus luces paulatinamente, preparándose para iluminar la venidera noche. Sobre la carretera que conducía al acceso norte de la metrópoli, un raudo automóvil deportivo hacía parada en el último mirador instalado en la alta pendiente de las colinas que circundaban la ciudad.
—Es justo aquí— dijo Misato al momento de descender de su automotor, aprovechando para estirar sus piernas luego de un largo viaje —Me han dicho que la vista es espectacular desde aquí, sobre todo a estas horas... ¿seguro que no quieres bajar a echar un vistazo?
—Es sólo una ciudad más, cachetona, tan aburrida, burda y vacía como todas las que están sobre estas desdichadas islas, ¿qué hay que verle?— respondió Kai, sin quitar su mirada de la pantalla de su tableta electrónica, donde revisaba minuciosamente varios documentos y datos que necesitaría durante su estancia en aquél lugar —Sólo un tarado se impresionaría por ver algo así...
—Pues esta tarada tiene los dos últimos cigarrillos de aquí hasta que lleguemos a la ciudad— comunicó la mujer de larga cabellera oscura, que era ondeada por la brisa crepuscular, en tanto encendía uno de dichos tabacos —Y no pienso compartirlos a no ser que dejes de ser tan cretino y bajes a hacerme compañía, "Doctor Rivera"...
—¡Ach, cómo fastidias!— repuso el chiquillo al final, derrotado, apagando su aparato para unirse a Katsuragi en la contemplación de aquél paisaje urbano y en el consumo de cigarro —Odio que siempre estés manipulándome para hacer lo que te plazca— siguió mientras prendía fuego al pitillo en sus labios —Tienes suerte de ser tan bonita, de no ser así desde hace mucho que te hubiera mandado al demonio...
—Es parte del encanto femenino, zoquete, ya deberías haberte acostumbrado— contestó la beldad, para luego rodearlo por la espalda con ambos brazos, la vista clavada en la estampa frente a ellos —Ahí lo tienes, nuestro nuevo hogar, de ahora en adelante: Tokio 3...
—"Gendopolis", querras decir— se mofó Rivera, sin dejarse contagiar del entusiasmo de su tutora por su forzado cambio de domicilio —¡Qué basurero apestoso! Es enfermizo como ese sujeto ha estado moldeando todo en este país para que quede a su lerda imagen y semejanza... todo aquí es tan gris y hueco como ese desgraciado...
—Pues por mi parte, me da gusto estar de regreso en Japón. Creo, sin miedo a equivocarme, que este es el único lugar en el mundo donde podemos estar a nuestras anchas, sin el temor constante de que algún loco trate de volarte la cabeza ó hacer estallar una bomba para hacerte confeti... estarse cuidando las espaldas por un tiempo tan prolongado es muy desgastante para los nervios.
—Nada en este país pasa sin el consentimiento de Gendo Ikari, si es a lo que te refieres... así que podrás estar tranquila a ese respecto en tanto ese ojete considere que le soy más valioso vivo que muerto... lo que creo muy poco probable, pues si accedí a regresar a este agujero es por que pienso hacerle ver su suerte y dejarlo en la calle de una buena vez...
—Ahora que lo dices, pienso que lo mejor sería que dejaras de encapricharte y accedieras de una vez por todas a ingresar al proyecto como el Segundo Niño Elegido, de esa manera podríamos garantizar tu seguridad personal... no creo que el señor Ikari se dé el lujo de liquidar a una de las tres personas en todo el mundo que pueden pilotear sus armatostes... ya luego puedes ver como deshacerte de él. Pero si me lo preguntas a mí, yo ya sé que es frío, déspota, grosero y todo un cabrón, y aún así sigo considerándolo como el menor de todos los males...
—¿Hacerme pasar como uno más de los incautos conejillos de indias de ese rufián? ¡Jamás! ¡Toda mi vida me he estado preparando para este momento! Por fin dispongo de la posición, recursos y de la coyuntura adecuada para acabar con ese tipo como el perro miserable que es. Justo aquí, justo ahora, su momento le ha llegado, y no pienso dejar pasar esta oportunidad sólo por el temor a hacerlo enojar... ¡Estoy dispuesto a todo, con tal de hacer caer a Gendo Ikari!
—A veces, la mejor forma de lidiar con un enemigo no es enfrentarlo directamente, sino maniobrar discretamente por sus flancos para agarrarlo desprevenido por la retaguardia— aconsejó Katsuragi, sacando a relucir sus dotes como estratega.
—Lo siento, nena, no es mi estilo. Kai Rivera es un hombre directo y sin escrúpulos, no un vulgar pusilánime que se esconde para atacar por la espalda. Duro con los hombres. Cumplidor con las mujeres. Tierno con los gatitos. Así es Kai Rivera. ¡Un incansable luchador de la justicia! Esa es mi política, y no pienso cambiarla por nada ni por nadie, ni siquiera por una hermosa carita como la tuya... ¡Nada podrá distraerme de alcanzar mi objetivo final! ¡Les haré ver su suerte a los fantoches esos de Gendo Ikari y Keel Lorenz!— en ese momento, el entusiasmado muchacho, empezó a realizar una serie de rápidos movimientos coreográficos tipo kung-fu, lanzando golpes y patadas a diestra y siniestra, a la vez que profería agudos y prolongados gritos intimidatorios. Una vez más, se veía transportado a ese mundo de fantasía al que era tan asiduo de visitar y del que resultaba bastante difícil sacarlo —¡Elevaré mi cosmos hasta al infinito, para ser uno con el universo y tener el poder que me permita vencer a mis enemigos! ¡Atenea, dadme valor y fortaleza! ¡Odín, Señor de Asgard, guía a tu vástago en la batalla, dale el poder del trueno a mi martillo para extinguir los males de este mundo! Y entonces esos fulanos me verán venir, pero no podrán hacer nada, más que gritar como niñitas asustadas y orinarse en los pantalones: "¡No, por piedad, no nos lastimes!" Y yo les diré entonces, mirándolos por debajo del hombro: "¡Púdranse, miserables! ¡Ja, ja, ja!"
Un mal aterrizaje, justo después de haber ejecutado una amplia patada de helicóptero provocó que cayera de bruces contra el suelo, que fue lo que necesitó para volver al mundo real y percatarse de que Misato ya había abordado su vehículo y lo había puesto en marcha, sin esperarlo. Cuando se puso en pie lo hizo sólo para poder ver impávido como la mujer arrancaba y lo dejaba varado en ese solitario paraje sin ningún otro medio de transporte.
—Vaya, esta tipa se cree la muy chistosa— se dijo a sí mismo, cruzándose de brazos cuando perdía de vista el automóvil deportivo —Pero ya volverá, y de seguro lo hará llorando, arrependida por haber sido tan mala conmigo...
Sin embargo, luego de haber permanecido unos veinte minutos en aquella misma posición, sin que nada más ocurriera, su convicción inicial comenzaba a decaer, presa de los aplastantes hechos:
—Tiene que volver, ¿cierto?— volvió a pronunciar para sí, con la confianza resquebrajada.
Aún ignoraba que un rato más tarde, ya entrada la noche, tendría que caminar once kilómetros hasta la estación de servicio más cercana para poder reunirse con Katsuragi.
El alba empezaba a despuntar en un punto indeterminado de la antigua Península Arábiga, menguada en esos días por la voracidad de los varios cuerpos de agua a su alrededor, cuyo nivel se había incrementado dramáticamente después de la hecatombe mundial conocida como el Segundo Impacto, al punto de llegar a reclamar como suya una gran porción del territorio de tierra firme.
El agua se había llevado consigo no solo extensiones territoriales, sino también la estabilidad con la que las monarquías de la región habían dominado con puño de hierro por casi más de un siglo. Así pues, en un territorio sin control y en disputa, la anarquía y el libertinaje eran los sistemas imperantes de ese tiempo. Prueba de ello eran los numerosos prostíbulos que surgían a lo largo de la línea costera y en los varios puertos disribuidos en ella, algo impensable apenas unos veinte años atrás.
Era en uno de esos negocios que unos de sus clientes reposaba plácidamente sobre un esponjado colchón de gran tamaño, cubierto solamente con una sábana de la cintura para abajo. Con la espalda sobre una suave almohada, gozaba de un bien merecido descanso luego de haberse entregado a una intensa noche de ajetreo con una de las mejores sexoservidoras de la región. Pese a su avanzada edad, aún conservaba una abultada, larga cabellera rubia sobre su cabeza, con muy pocas canas visibles, además de una encomiable condición física, envidiable en un hombre de sus años. Mientras que disfrutaba de la degustación de un habano miró por la ventana de la habitación, enterándose de la cercanía del amanecer por la iluminación exterior.
—Amanece... Será mejor que me vaya vistiendo— comunicó sus intenciones, con algo de pesar porque tan deliciosa noche llegaba a su fin.
—¿Tan pronto, galán? Descansa un poco más y quédate a desayunar— ofreció la mujer de piel morena que estaba acostada a su lado —Los gastos corrren por mi cuenta, por supuesto... con lo que me acabas de pagar podría invitar a un regimiento entero...
—Eso estaría muy bien, si acaso tuviera más tiempo— contestó al tiempo que alcanzaba su ropa interior y sus pantalones —Aún tengo que hacer varias compras antes de poder embarcarme, y no me gusta andar a las carreras de último momento...
—Bien, en ese caso sabes que aquí te estaré esperando para cuando decidas regresar, señor mío— informó la fémina, dándose vuelta para recostarse más cómodamente —Sabes que tú y tu plata siempre serán bienvenidos bajo estas sábanas...
—Sí, ya lo sé, pero creo que lamentablemente ésta será la última vez, mi hermosa princesa de jazmín...
—¿Tan mal están las cosas?
—Mucho peor de lo que cualquiera podría pensar... el Doctor tiene a todos bajo su alcance chupándole las pelotas, y Chuy es un imbécil redomado que no puede hacer otra cosa que huir para salvar el pellejo. Y aún si lo logra, lo conozco bien, sé que es un terco estúpido que volverá a llevar a los pocos hombres que le quedan hasta el matadero... eso, si es que no se lo impido antes... aún así, no veo forma de evitar que tanta mierda nos llueva a todos...
—¡Si sigues hablando de esa manera lo único que lograrás es asustarme!— mencionó la trabajadora sexual de manera sarcástica, a punto de quedar dormida, vencida por la fatiga.
—Escucha el consejo de un amigo, culona, y haz lo que te digo: aléjate lo más que puedas de esta parte del globo. Todo esto se convertirá en un verdadero infierno antes que te des cuenta...
—Muchas gracias, lo tendré en cuenta... dicen que ahora Rusia tiene muy buen clima en esta época del año, y que los inviernos no son ni la mitad de crudos como antes... quizás me convendría un cambio de aires, estoy harta de marineros ebrios y traficantes de opio...
—Bien pensado, siempre he dicho que eres una mujer que sabe lo que le conviene— expresó el viejo hombre rubio, terminando de vestirse —¿Pudiste hacer los arreglos para lo que te encargué?
La meretriz, sin levantarse, introdujo la mano dentro de un cajoncito del buró que se encontraba al lado de la cama, sustrayendo un pedazo de papel doblado a la mitad.
—Aquí tienes... ese es el nombre del barco y número de muelle donde está anclado... zarpan a mediodía, Alí dice que debes estar por lo menos dos horas antes para poder hacer todos los pagos a la capitanía del puerto... será un viaje muy largo, por lo que me dice, y no hay garantía de que podrás pasar inadvertido por todos los puertos en los que harán escala... ¿Qué demonios tienes que hacer en Japón, que es tan importante para que te quemes como camarón en altamar por meses enteros?
—¿A qué otra cosa puede ir alguien como yo a Japón?— respondió el sujeto con otra pregunta, aguardando en el quicio de la puerta —¡A matar al hijo de puta de Rivera, por supuesto!
Los poco más de treinta días que tenía residiendo en su tierra natal habían resultado ser una auténtica decepción para Regina, ó "Rei Ayanami", como era que la llamaba todo mundo ahí. A decir verdad, le importaba poco el nombre con el que las personas quisieran dirigirse a ella. Lo que en realidad la desmoralizaba era que incluso en el lugar donde nació era una proscrita. Se le había dicho, antes de llegar, que en ese sitio era donde pertenecía y donde por fin encajaría, pero con el paso del tiempo se había dado cuenta que ahí se sentía igual de alienada que en el convento donde creció, puede que inclusive más. Haciendo de lado la barrera que le representaba el lenguaje para poder comunicarse con sus pares, debido a que aún no se acostumbraba a hablar y pensar todo el tiempo en japonés, lo que le creaba un mayor conflicto era lo frívolas, mezquinas y falsas que le resultaban las personas a su alrededor. Ello, aunado a su carácter introvertido que le era tan natural, frenaba cualquier intento que pudiera hacer por fraternizar con alguien que no fuera Gendo Ikari. Tampoco es que la indolente chiquilla mostrara cualquier clase de interés ó se esforzara mucho para conseguirlo.
De tal modo, la solitaria jovencita fue haciéndose su fama de ser una persona abstraída e indiferente entre todo el personal de NERV, la agencia gubernamental donde ahora trabajaba y vivía. Había quienes incluso ya la habían etiquetado de padecer alguna clase de trastorno autista. Era así que podían pasar días enteros sin que la muchacha hablara con cualquier otro ser humano, quedándole solamente el puntual cumplimiento de todas las labores que le eran asignadas día a día como su única razón de seren aquella tierra profana y extraña en la que se veía atrapada, las cuales realizaba de forma mecánica, automatizada, sin involucrar procesos concientes para poder realizarlas. Aún desconocía en qué ayudaba la ejecución de todas esas vanas tareas en el cumplimiento de la gran misión de la que se le había hablado, para salvar el destino de toda la raza humana.
"Súbete aquí, súbete allá, ponte esto y ve a tal lugar..." eran el tipo de indicaciones breves y concisas que siempre recibía de parte de técnicos anónimos, cuyos rostros se perdían en los rastros de su memoria tan pronto como dejaba de verlos, caras perdidas en la muchedumbre de personas con las que no tenía interés alguno en relacionarse de un modo más íntimo y personal. No obstante, la única manera que tenía de saber que seguía con vida, que no había muerto y se encontraba en una suerte de limbo ó purgatorio, era precisamente seguir las instrucciones de aquellos entes sin identidad propia. Era la única forma de asegurarse que no terminaría enloqueciendo debido a la amargura que le causaba no pertenecer a ese mundo oscuro y delirante. Empezaba a creer que no había lugar para ella en ninguna parte, que algo aberrante como ella no tenía cabida en sitio alguno, por mucho que buscara. ¿Qué le quedaba por hacer, en tal caso?
Fue inmersa en dicho estado mental que se encontró a sí misma realizando actos que le hubieran parecido inconcebibles apenas unos meses atrás, como pasearse completamente desnuda en una cámara de simulación ambiental, a la vista de un numeroso grupo de personas. Le habían dicho que se trataba de un experimento científico, desprovisto de cualquier afán morboso y que todos los involucrados eran profesionales que guardarían su intimidad con celo irrestricto. Pero eso no cambiaba el hecho que se había expuesto ante sus ojos, de una forma que hubiera matado de pena a la Madre Dolores. Lo que más la acongojaba era el hecho de percatarse la facilidad con la que lo había hecho, y el poco remordimiento que por ello sentía, pero sobre todo que conforme transcurrían los días poco a poco iba olvidando las enseñanzas inculcadas por las piadosas mujeres que la habían cuidado casi toda su vida. Ellas también empezaban a perderse en las estelas del olvido que le tenía destinado a todo aquello que le pareciera irrelevante en el desempeño de su cotidiano existir.
Por tal motivo, en esos momentos no tuvo empacho alguno en ponerse el extraño traje blanco de una sola pieza que le habían proporcionado, el cual se moldeaba a su grácil cuerpo como si se tratara de una segunda piel. Jamás había utilizado una prenda ni remotamente tan ajustada, que para el caso resultaba lo mismo que estar desnuda, ya que aquella rara vestimenta revelaba sin tapujos las núbiles proporciones de su joven humanidad. Sin embargo, había optado por esperar durante todo el tiempo sentada sobre la banca de los vestidores, esperando su llamada. Colocó una toalla sobre su cabeza, como queriendo ocultar su identidad, alentada por un diminuto vestigio de pudor que aún conservaba.
"¿En qué me he convertido?" pensaba la muchacha con la vista gacha, sintiendo un enorme peso sobre su cabeza. "¿En qué me han convertido estas personas?".
—Rei... Rei... Rei...— después de aquellos intentos por llamar su atención, Maya Ibuki supo que tendría que ser más asertiva para lograr que la ensimismada chiquilla le hiciera caso —¡Rei Ayanami!
Fue hasta ese momento que la jovencita atendió a aquel llamado, sin lograr ocultar el sobresalto que se le había provocado. Al parecer, aún después de tanto tiempo, aún no conseguía acostumbrarse a que se le llamara por su verdadero nombre.
—Ya estamos listos, Rei— informó la oficial técnica, tomando nota de que la muchachita sí era capaz de experimentar emociones, en lugar de la autómata sin corazón que creía que era —Sólo estamos esperándote para poder comenzar...
—Sí— respondió Ayanami enseguida, quitándose la toalla de encima y poniéndose de pie.
—Hoy es el gran día... apuesto a que debes estar muy emocionada— pronunció Maya con aire dicharachero, motivada por la reacción que había logrado en la piloto.
—Sí— fue, sin embargo, la única respuesta que obtuvo de ella mientras se internaban por los pasillos del cuartel, en aquél habitual tono helado y distante que siempre empleaba, sin haber entendido del todo sus palabras ó a qué se refería.
Por lo que a ella le concernía, el de ese día era solamente un experimento más, uno más de los tediosos deberes con los que tenía que cumplir, albergando la tenue esperanza de que algún día todo eso llegaría a tener algún sentido.
En otra parte de aquél enorme complejo científico-militar, una pequeña comitiva avanzaba a un paso mucho más lento que al que la mayoría de sus integrantes les hubiera gustado hacerlo. Eso se debía, en gran parte, a las inevitables, constantes y abruptas interrupciones en su andar que ocasionaba el más locuaz de sus miembros:
—¡¿Una banda transportadora por cada subnivel de este laberinto?!— preguntó Kai Rivera a viva voz, en tanto él y sus acompañantes ponían pie en la cinta que se deslizaba por debajo de ellos, conduciéndolos a través de las instalaciones —¡Esto ya es el colmo! ¿Se puede saber cómo es que todos ustedes, atajo de ratas de dos patas, justifican semejante despilfarro de los recursos públicos?
—El uso de este medio de transporte resulta indispensable para el rápido traslado del personal, dada la gran extensión de toda nuestra infraestructura, "Doctor Rivera"— respondió Ritsuko con evidente hastío, entrecomillando con los dedos al dirigirse al muchacho por su título académico —Es mucho mejor que caminar y mucho más barato y efectivo que disponer y mantener toda una flota de vehículos ligeros motorizados para tal efecto.
—Nada de eso resultaría necesario si los empleados de esta farsa teatral no fueran tan perezosos para simplemente caminar hasta sus puestos de trabajo... no es cómo si fueran a rebajar unos kilos de casualidad, ¿cierto?
—Lamentablemente no todos poseemos su envidiable condición física de fumador crónico temprano, Doctor— atajó Akagi, sin dignarse a voltear hacia el aguerrido chiquillo —Pero si así lo desea, siéntase en toda la libertad y confianza de salir de esta banda para perezosos y llegue por su propio pie hasta la sala de pruebas...
—¡Qué simpática es usted, "Doctora Akagi"!— exclamó Rivera, entrecomillando también con los dedos el título de la mujer, para luego mirar detenidamente el enorme vacío que le aguardaba fuera de la cinta transportadora —Pero creo que paso, gracias. Además, esa no es manera de dirigirse a un alto funcionario de las Naciones Unidas, así que me temo que tendré que descontarle más puntos por eso... y otros tantos puntos por su pésima actitud de servicio, por si fuera poco... y ya que estamos en eso, haré una anotación especial para investigar los precios y el proveedor de este dispositivo, no me sorprendería que también resultara ser un muy buen amigo del señor Ikari...
—¿Hasta cuando tendré que aguantar esto?— susurró Akagi, lamentándose —Debí haberme reportado enferma este día...
—Si pusiera en su trabajo de investigación científica el mismo empeño que pone en la elaboración de sus chistes de mal gusto, quizás algún día pudiera ser alguien de más relevancia dentro de su campo de estudio, Doctora... Aunque, si le soy sincero, no creo que le quede mucho tiempo para conseguirlo... ¡Cuando acabe con este lugar y con todos ustedes, tendrán que recogerlos con espátula!— continuó Kai, haciendo varias anotaciones con su tableta en mano, para luego señalar a la Teniente Katsuragi, quien iba detrás suyo —Excepto a esta preciosidad... a ella le daré un convertible, sólo por que me pega la gana...
—¿Por una vez en la vida, podrías tomarte las cosas más en serio?— inquirió Misato entre dientes, bastante apenada por ser expuesta en esos momentos ante sus oficiales superiores, quienes sólo fruncían el entrecejo con cada una de las constantes alusiones que el joven hacía de ella.
Su calvario no duró mucho más, pues la banda llegaba a su fin al alcanzar un nuevo módulo, en cuyo ingreso ya les aguardaban Gendo Ikari y Kozoh Fuyutski, erguidos tan derechos como una regla. Fue entonces que la atención de Rivera se enfocó rápidamente en un nuevo objetivo.
—Profesor Fuyutski—el muchacho saludó respetuosamente al hombre entrado en años, prodigándole una ceremonial reverencia al inclinar la parte superior del cuerpo —Todo un gusto verlo nuevamente... leí hace poco su ensayo de mecánica cuántica sobre las espirales infinitas de energía. Un trabajo brillante, como siempre. Bastante inspirador, sobra decir...
—¿Así que te tomaste el tiempo para leer ese remedio contra el insomnio?— preguntó el hombre de cabellera canosa, un poco apenado, para luego tenderle la mano —¡Bueno, eso te convertiría en el primero, si acaso!
—Nada de eso... su investigación ha sido muy valiosa para muchos colegas, incluyéndome a mí, no sé por qué razón le gusta subestimar su influencia en los avances científicos del momento— mencionó el chiquillo mientras correspondía al gesto, estrechando su mano —Espero tener la oportunidad de comparar notas con usted, un día de éstos...
—Doctor Rivera— carraspeó entonces Gendo, con su tono seco que demandaba continuar con su camino, harto de salamerías protocolarias, señalando al pasillo con un movimiento de cabeza —La sala de pruebas es por aquí...
—¡Oh, señor Ikari! ¡Cuánto tiempo sin verlo!— exclamó el chiquillo burlonamente, dándole unas confianzudas palmaditas en el hombro, desprovistas de todo el respeto con el que antes se había dirigido a Fuyutski —Leí su... eeeh, suuu... su... ¿blog acerca de arreglos florales? De hecho, hace ya bastante tiempo que no publica cualquier clase de estudio, ¿cierto? ¿Se le acabaron los artículos de Wikipedia que pudiera pegar en una presentación de Power Point?
—Lamentablemente, mi trabajo al frente de la agencia gubernamental más importante del planeta me ha mantenido lejos del trabajo de campo por algunos años— contestó enseguida el hombre barbado, pasando de la abierta provocación de la que era objeto —Y por cierto, ahora que estoy a cargo de este complejo, soy el Comandante Ikari, no lo olvide...
El pequeño contingente empezó a avanzar conforme al paso que iban marcando aquellos dos, al frente del grupo. Ambos hacían todo lo posible por evitar cualquier contacto visual, Gendo con los brazos cruzados detrás de la espalda, Kai con las manos en sus bolsillos y una sonrisa socarrona en el rostro. A todos los demás les quedaba bien claro la abierta animadversión que sentían aquellos personajes el uno por el otro, teniendo que soportarse más debido a las circunstancias que atravesaban, más que por cualquier otra cosa.
—Seguro que sí, lo que sea que lo haga sentir bien, viejo— respondió Rivera, dibujando un tornillo imaginario con su dedo, por encima de su cabeza —Veo que su complejo de Napoleón sigue en tan buena forma como siempre... ¿Ó es que ahora me dirá que Napoleón tenía un complejo de usted?
—Me sentiría acomplejado, de no ser por que estoy siendo diagnosticado por un remedo barato de Doogie Howser, niño médico...
—¡Tal parece que alguien tiene mucho tiempo para estar viendo repeticiones de televisión! No me extraña entonces el nulo avance que ha tenido esta organización durante los últimos diez años... déjeme decirle, señor Comandante Ikari que hasta ahora, no estoy impresionado con lo que aquí he visto... tendrá que dar muchas explicaciones de la manera en cómo ha gastado el presupuesto que se le ha asignado todo este tiempo, una vez que entregue a la Secretaría General de las Naciones el minucioso reporte con todas las observaciones que me encuentro elaborando, justo en este mismo momento.
—Puedo asegurarle, Doctor Rivera, que el pleno del Consejo de Seguridad está al tanto de los trabajos que hemos desarrollado aquí, en NERV, cuyo transcurso va en tiempo y forma conforme a lo especificado en las planificaciones anuales... todos somos profesionales aquí, y damos nuestro mejor esfuerzo para cumplir nuestras metas establecidas...
—Sí, puedo ver que son bastante selectivos en lo que se refiere a la elección de su personal, eso me queda claro— mencionó cuando a su lado pasaban un par de asistentes técnicas de muy buen ver, a las que inspeccionó detalladamente hasta que se perdieron de vista —Quiero decir, con la notable excepción de la Doctora Akagi, aquí presente, parece ser que todas las empleadas de este lugar resultan ser sólo jóvenes atractivas... ¿es mi imaginación ó simple coincidencia, mi Comandante?
Siguiendo el ejemplo de Gendo, Ritsuko tampoco contestó a la agresión, teniendo que rechinar los dientes como único método de respuesta que podía emplear en aquellos momentos.
—Todas las personas que aquí laboran han pasado los más rigurosos exámenes de conocimientos y psicométricos, los cuales determinan qué candidatos son los más aptos para ingresar a nuestras filas— expuso Ikari enseguida —Le aseguro que ni el género, ni el rango de edad y ni la apariencia son factores que se consideran al momento de la selección... sólo los mejores son los que quedan, cómo la Teniente Katsuragi, igualmente aquí presente, lo puede constatar...
Una vez más, pese a sus intenciones por pasar desapercibida, todas la miradas se dirigieron a Misato, a quien le hubiera gustado poder encogerse hasta desaparecer de vista. Casi sin advertirlo, se había convertido en un daño colateral de la disputa velada entre Ikari y Rivera.
—Lo que más necesitamos en estos momentos en el Proyecto Eva, en calidad de urgente, no son auditores ni contralores, sino pilotos, Doctor Rivera— tomó entonces la iniciativa el comandante, aprovechando el espacio que el muchacho le daba, quien apenas se reponía de la mirada asesina que le lanzaba Misato, detrás suyo —¡Pilotos! Uno no se explica cómo es posible que habiendo sólo tres personas en el mundo, hasta el momento, que son capaces de activar un Evangelion, uno de ellos todavía tenga el descaro de negarse a hacerlo... eso, desde un principio, es lo que más retrasos ha provocado en el progreso de este proyecto, más que cualquier otra cosa...
—¡Sí, claro! ¡El Proyecto Eva y sus ridículos Evangelions!— repuso el joven, defendiendo su negativa a ingresar como piloto a dicho proyecto —¿Cómo es que fue que los vendió, para su aprobación dentro del Consejo de Seguridad? Ah, sí, ya lo recordé: ¡la única esperanza para la raza humana! Por que lo más lógico de hacer, cuando uno se enfrenta a un monstruo gigante de un centenar de metros de altura, es construir un muñeco de hojalata igual de grande, ¿cierto? Ó por lo menos, eso es lo que pensaría un niño de siete años, a quien parece fue al que se le ocurrió una idea tan estúpida...
—En todo caso, es mucho mejor que la que se le ocurrió a otro niño de catorce años: quemar todo, hasta que nada quede, ¿no es así?— reviró Gendo, aludiendo a la paternidad del muchacho en la creación del concepto que hacía funcionar la Bomba N2, su mayor vergüenza y por lo que medio mundo quería asesinarlo.
—¡Por supuesto! Siempre lo he dicho: añade suficiente termita a cualquier cosa y no hay nada que pueda salvarse de achicharrarse hasta las cenizas... y resulta mucho más barato que ponerse a jugar con muñecas gigantes...
—Eso, claro, si el enemigo no contara con su Campo A.T., que lo defiende de toda agresión física directa. Sólo hay una forma de penetrar dicha barrera, y eso es utilizando el propio Campo A.T. que generan nuestros Evas...
—¡Torpe de mí, olvidé el dichoso Campo Absolute Terror! ¡El escudo mágico que protege a esos feos bichos, que nos causan tanto terror absoluto y nos hacen soltar nuestro polvillo de hadas del susto! ¡Pronto, todos, no olviden tener pensamientos felices!— añadió Rivera con marcado sarcasmo, comenzando a brincotear y gesticular como una bailarina de ballet principiante, para luego musitar sin decoro: —¡Bah! Te tengo noticias, tipejo: si puedes ver la cosa que hay detras de ese campo energético, entonces hay una cosa que puede pasar a través de él: ¡la luz, zoquete! Un rayo acelerador de partículas sería más que suficiente para tostar a la parrilla a cualquier bastardo más grande que la vida que se atreva a asomarse por este basurero... ó en todo caso, un pozo gravitacional artificial produciría un agujero negro que consumiría toda la materia de esos primos de Godzilla... ¡Pero nooo! ¡Hagámoslo todo de la manera más díficil, absurda y costosa! ¡Obviamente con cargo al erario, qué importa que en África la gente tenga que hacer galletas con arcilla!
—¡Todas las opciones que propones suponen un riesgo a la vida humana mucho mayor que el que representan los ángeles, necio! ¡Eso, sin contar que no hay una fuente fiable de energía que pudiera hacer funcionar esos dispositivos!
—¡La habría, si es que me dejaran continuar con mis investigaciones de los súper solenoides y el Motor S2! ¡Pero gracias a que un cretino se lleva toda la plata, no dispongo del presupuesto que necesito para llevarlas a cabo!
—Motor S2, sí, claro— repitió Ikari con aire burlón —Y todavía tienes el descaro de acusarme de creer en la magia... pese a todo lo que pienses, los Evas han demostrado ser la mejor opción para combatir a nuestro enemigo, es por eso que el Consejo me eligió a mí, sobre ti y tus disparates absurdos... y precisamente, la prueba que estamos a punto de presenciar dejará constatado, una vez más, que esa fue la mejor decisión que pudieron tomar, por si a alguien aún le queda alguna duda.
—¿Alguna vez te han dicho lo mucho que te oyes como un villano de Bond, maldito orate?
Ambos tuvieron que hacer una pausa en su acalorado debate, del cual todos sus acompañantes eran meros espectadores, una vez que el grupúsculo había ingresado a un enorme salón repleto de toda clase de instrumentos, consolas, y personal técnico que vigilaba los datos que sus estaciones arrojaban. Un amplio ventanal que cubría toda la pared del fondo otorgaba una muy buena vista a una cámara exterior, la cual era tan grande como un edificio entero.
—Helo allí, señoras y señores, para aquellos que aún no lo conozcan: nuestro Evangelion Prototipo, Modelo 00, ó como a veces lo llamamos aquí, a secas: Cero— señaló entonces el Comandante Ikari a través del ventanal a los demás componentes de la comitiva que le acompañaba, notando la forma en la que todos reaccionaban a las colosales dimensiones del robot frente a ellos —Aún cuando sólo se trate del prototipo, su sola vista, sobra decirlo, es impresionante...
—¡Prrt! ¡Pero qué enorme pedazo de chatarra!— repuso Rivera, haciendo una sonora trompetilla mientras sacaba la lengua en señal de desaprobación, para luego inquirir maliciosamente —¿Porqué todo aquí tiene que ser tan grande? Me parece que es como si alguien estuviera tratando de compensar alguna clase de... complejo... ustedes, saben, por su diminuto... tamaño... ¿Y es en esta porquería que te gastas tanto dinero? ¡Te hizo falta ponerle un ojo a tu monigote, tarado! ¡Ja, ja, ja! ¡Lo dejaste tuerto al pobrecillo, y sin visión periférica! ¿Pero qué otra cosa podía esperarse de un patético perdedooor, cómo tú comprenderás?
Mientras que el joven doctor gesticulaba con los dedos pulgar e índice de su mano derecha para hacer una "L" mayúscula, misma que colocó sobre su frente cuando se ponía enfrente de Ikari, éste hizo todo lo posible por ignorarlo y continuar con su exposición en su acostumbrado tono severo:
—La Unidad Cero es sólo el primer paso en nuestra iniciativa para construir toda una flota de Evas, lo que nos permitará a mediano plazo lidiar de manera efectiva y contundente con la amenaza a la humanidad que supone el inminente arribo de las Entidades de Destrucción Masiva que hemos designado como Ángeles. En este mismo instante nos encontramos realizando los últimos ajustes a la Unidad Uno, con miras a su próxima activación, en tanto que la Unidad Dos se encuentra en construcción dentro de nuestra rama europea, en Alemania...
—¿Cuántas unidades Evangelion tienen contemplado construir, Comandante Ikari?— preguntó uno de los funcionarios que acompañaban a Kai, mucho más mesurado que el vivaz chiquillo.
—Cuantas sean necesarias para garantizar el porvenir de los seres humanos— contestó el líder de NERV de manera dramática —Hemos previsto lanzar toda una serie de modelos de producción, que constaría de nueve Evangelions completamente funcionales y listos para la acción. Los resultados que obtengamos de la prueba de este día nos permitirán dar un gran avance en la consecucíon de dicho objetivo...
—Eso, si todo sale como quieres, idiota arrogante— murmuró Rivera entre dientes, observando como la Cápsula de Inserción era colocada dentro de la espina dorsal del artefacto humanoide.
—En este momento el piloto asignado a Cero, el Primer Niño Elegido, se encuentra abordando al Eva 00. Esa cápsula cilíndrica contiene en su interior la cabina donde se alberga al piloto y los dispositivos de mando del Evangelion— explicaba Ikari sin que ninguno de ellos despegara la mirada de todos los procedimientos que antecedían al inicio del experimento de activación que habían venido a presenciar.
Todos, con la debida excepción de Kai, quien estaba bastante ocupado haciendo un estudio minucioso del dossier que se le había facilitado, el cual contenía a grandes rasgos información documental con respecto a los Evas y su funcionamiento.
—Debo decir que este sistema de mando es uno de los más sencillos que he visto, Ikari... cuesta trabajo creer que con sólo un par de palanquitas puedas ser capaz de mover una maquinaria de esa escala...
—Son las ventajas de la interfase mental que nuestro equipo logró desarrollar— comentó Gendo, sin tomarse la molestia de voltear a verlo —Y debido a la edad de nuestros pilotos tenemos que procurar que el mecanismo de control sea lo más simple posible, para optimizar su desempeño en una situación de combate. Los procesos más complejos para la operación y soporte del arma Evangelion son llevados a cabo remotamente por personal técnico desde una estación de control, justo aquí, en nuestro cuartel.
—¡Vaya, vaya! ¡Así que a esto se han rebajado mis tres mejores alumnos!— exclamó Rivera de improviso, gritando en medio de la sala al reconocer a un trío de jóvenes oficiales técnicos en medio de ese mar de gente —¡Toda una promisoria carrera, un futuro esperanzador, tirado al retrete por preferir ser unos simple peleles, vulgares operadores de telemarketing! ¡Qué vergüenza! ¡Y me refiero a ustedes, Maya, Makoto y Shigeru! ¡No crean que no los puedo ver, por mucho que se me escondan!
Los susodichos hicieron cuanto pudieron para disimular que no lo escuchaban y continuar con sus labores, tratando de encogerse para evitar ser vistos.
—¡Ya me arreglaré con ustedes, tercia de traidores!— amenazó el muchacho, alzando su puño —¡Esto no se va a quedar así!
—¿Y por qué razón se arriesgan a exponer a personas tan jóvenes al hacerlos pilotear estas máquinas, Comandante Ikari?— inquirió otro funcionario de Naciones Unidas, pasando de la escena que estaba dando el Doctor Rivera —Creo que todos estamos de acuerdo en que parece negligente depositar semejante responsabilidad sobre unos simples niños...
—Eso es evidente, pero por desgracia, para activar a los Evas se requiere de un patrón de ondas cerebrales bastante específico, que hasta ahora sólo hemos encontrado en personas nacidas después del Segundo Impacto— matizó Ikari —Aún nos encontramos estudiando la causa de este fenómeno, lo que hace que sea aún más difícil encontrar los pilotos que requerimos... hasta este momento, se han aplicado pruebas al 20% de la población mundial con dichas características y solamente se ha podido elegir a tres personas... nuestro problema se agrava si consideramos que de esos elegidos, uno de ellos se niega rotundamente a colaborar en cualquier aspecto y otro más estuvo perdido por casi una década, el cual apenas pudimos localizar hasta hace poco para comenzar con su entrenamiento de inmediato. Esta persona será la que llevará a cabo la prueba que a continuación presenciaremos...
—¿Quién lo diría? ¡Prefirió esperar diez años para encontrar a un piloto perdido, a simplemente mandar traer a la Langley desde Alemania!— susurró Kai a Misato —Aunque tengo que admitir que yo hubiera hecho lo mismo, en su lugar... por lo menos este sujeto no es tan imbécil como pensaba...
—¡Cierra la boca de una buena vez, idiota!— Katsuragi aprovechó la cercanía y el sigilo con el que transcurría su conversación para darle al chiquillo un artero codazo, el cual le había estado guardando desde hace un buen rato.
—Eventualmente— continuó el comandante, mientras que Rivera se sujetaba el costado, tratando de no aullar de dolor —Esperamos que, con los debidos fondos necesarios, podamos extender la prueba a un porcentaje mayor de la población juvenil, lo que nos permitirá aumentar proporcionalmente el número de individuos aptos para activar los Evangelions...
—Comandante Ikari— lo interrumpió Ritsuko, luego de haber intercambiado palabras con Maya, su asistente —Ya estamos listos para comenzar.
—Excelente— pronunció Gendo, satisfecho, invitando a los visitantes a seguirlo hasta su puesto de observación —Inicien la prueba de activación, Doctora Akagi...
—Conecten el suministro primario de energía a todos los circuitos— indicó entonces la susodicha, poniendo en movimiento toda una serie de complejos procesos logísticos y técnicos.
—Suministro primario conectado. Comenzando la activación de los sistemas— indicó Maya, quien podía sentir la inquisidora mirada de Rivera perforándole las espaldas —Voltaje incrementándose hasta el punto crítico: 0.5, 0.2... ¡Punto crítico superado!
—Inicien la segunda etapa de la activación de sistema— volvió a ordenar Akagi.
—Sinapsis insertada— fue Shigeru quien respondió en esa ocasión —Unión iniciada...
—Pulsos transmitidos— Maya le hizo coro al momento.
—Todos los circuitos se encuentran operando sin problemas— completó Shigeru casi enseguida —La energía ha sido transmitida al músculo braquial de ambos brazos. No existen contratiempos en las conexiones nerviosas.
—Entendido. Hasta 2550 puntos de la lista han sido cumplidos— fue el turno de Maya.
—Preparen la tercera conexión— anunció Ritsuko, expectante como todos los demás del devenir de aquella prueba, creando una tensa calma en el ambiente.
—2580 puntos cumplidos, conforme nos acercamos al límite absoluto... 0.9, 0.7, 0.5, 0.4, 0.3... ¡Los pulsos están retrocediendo!— Maya estaba tan asustada al pronunciar tales palabras, que incluso se levantó de su asiento.
—Parece que eso es algo malo— observó Kai, notando como el robot gigante de afuera comenzaba a sacudirse, visiblemente inquieto.
—Se han encontrado problemas en la tercera etapa de conexión— informó Shigeru, luchando contra su instinto de conservación que le dictaminaba salir corriendo de ese lugar —El rechazo se localiza en los elementos nerviosos centrales...
—Detengan los contactos— sentenció la Doctora Akagi, tratando de salvar el experimento lo mejor que sus habilidades se lo permitían —Interrumpan todos los circuitos...
—¡Negativo! ¡No está recibiendo la señal!— pronunció Maya, desesperada y para terminar anuncando ya sin decoro alguno: —¡La Unidad Cero está completamente fuera de control!
En ese momento, los ligeros estremecimientos de aquél gigante de acero devinieron en violentas convulsiones. Los brazos del hombre mecánico oscilaban sin algún tipo de coordinación visible, comenzando a estrellarse contra las paredes que lo contenían. El humanoide sintético se sujetó entonces la cabeza, como si acaso pudiera sentir cualquier clase de dolor aquejándolo.
—¡Aborten la prueba!— bramó el Comandante Ikari, fuera de sí, presenciando impotente el fracaso del experimento que supuestamente lo encumbraría aún más —¡Desconecten el suministro de energía!
En el acto, el grueso cable enchufado en la espalda del armatoste fue sustraído, expulsando chorros de vapor a presión mientras caía al piso con estrépito.
—El suministro de energía de la Unidad Cero ha cambiado al de su batería interna de reserva— informó Shigeru tan rápido como los datos aparecían en pantalla —Quedan 35 segundos hasta que la agote por completo...
—O sea que... ¿no se supone que esto tendría que pasar? ¡Mierda!— exclamó Rivera, quien pese a todo estaba tan sorprendido como todos los demás.
Desenfrenado, Cero comenzó a impactar repetidas veces su testa contra el grueso cristal que le servía a sus creadores para espiarlo, el cual empezaba a fracturarse de manera por demás riesgosa, justo como hizo ver el mismo Kai:
—¡Puta madre! ¡Esto se está poniendo peligroso! ¡Corran, vámonos de aquí!— al enunciar su advertencia no se había percatado que desde antes todos sus acompañantes ya se encontraban en la salida, dejándolo atrás sin aviso alguno, por lo que sólo pudo soltar un lastimero reclamo mientras se apuraba a unírseles —¡Maricas!
Justo antes de que pudiera escapar del mismo modo, apenas había avanzado unos pasos cuando el ventanal estalló hecho pedazos a sus espaldas, arrojando una gran cantidad de vidrios rotos que salieron volando por el aire como cuchillos bien afilados. El muchacho corrió con mucha suerte, debido a que la fuerza del choque lo había derribado boca abajo, logrando evadir los fragmentos más grandes para sacar solamente unos leves rasguños que no ponían en riesgo su vida. No así varios de los técnicos que hubieron de permanecer en sus puestos ó no atinaron a escapar a tiempo.
El Eva 00 cesó entonces en su empeño de atravesar el muro con su cráneo, y comenzó a golpear con los puños una de las paredes laterales, que al parecer no contaba con los mismos refuerzos, pues le resultaba mucho más fácil perforarla con sus salvajes puñetazos.
—¡Apliquen baquelita especial a toda la cámara, de inmediato!— indicó Akagi apuradamente, alzando la voz entre los lamentos y sollozos de los numerosos heridos.
Al parecer el encargado de dicho prodedimiento había salido bien librado del percance, pues rápidamente el exterior fue inundado por un líquido carmesí en estado de ebullición, que en cuanto comenzó a enfriarse al contacto con el aire se fue endureciendo tanto como una roca, maniatando al desquiciado coloso.
La Cápsula de Inserción salió expulsada justo en aquél instante, propulsada por un par de cohetes en su extremo inferior. No obstante, el contenedor cilíndrico pronto fue a estrellarse contra el techo, que parecía contar también con un refuerzo especial, pues a pesar de llevar un buen impulso la cápsula no lo atravesó, como lo hubiera hecho en circunstanacias normales. Sin tener más espacio para avanzar, el cilindro metálico recorrió toda la extensión de la bóveda superior, hasta chocar contra una de las paredes laterales, por la cual también se paseó hasta impactarse de lleno contra el piso, finalmente deteniendo su errática marcha.
—¡Eso tuvo que doler!— exclamó Kai cuando se ponía en pie, compadeciéndose del pobre piloto que estaba dentro de ese artilugio, luego de haber presenciado todo el lamentable suceso.
Para entonces el Eva fuera de control ya se había quedado sin energía interna que le permitiera seguir funcionando, quedando inmóvil como una monumental estatua, en la misma posición en la que permanecería durante varios meses, aunque eso aún nadie lo sabía. Lo que restaba hacer era el control de daños reglamentario, lo que involucraba la atención médica inmediata a todo el personal que así lo requiriera, los cuales eran bastantes a saber. Misato giraba órdenes de manera constante a través de la radio, usando su don de mando innato para coordinar de manera por demás eficaz todos los esfuerzos de los equipos de rescate, lo que le valdría puntos muy valiosos para su posterior ascenso. En tanto, el Comandante Ikari encaraba a la Doctora Akagi y a lo que quedaba de su equipo de trabajo, responsabilizándolos por el fiasco que resultó aquella primera prueba:
—¡Maldita sea, Akagi! ¡¿Qué demonios fue lo que pasó aquí?! ¡Usted misma fue quien me aseguró que todo estaba listo, que no había de qué preocuparse! ¡¿Le parece que no debo preocuparme por algo como esta locura?! ¡¿Tiene acaso una idea de cómo voy a quedar después de esto?! ¡Todos estos buitres me comerán vivo!
—¡Lo sé, lo sé, pero créame cuando le digo que nada de esto podía suceder dentro de nuestras proyecciones! ¡Le juro que no entiendo qué fue lo que pasó!— se defendía como podía la mujer de cabellera rubia, retrocediendo agazapada ante los incesantes reclamos de su jefe, casi al borde de las lágrimas —¡Consideramos todas las variables posibles, no existía margen de error! ¡Le aseguro que mi equipo encontrará la falla lo más pronto posible, esto no se volverá a repetir!
—¡Claro que no se repetirá, bruja idiota! ¡Los chacales de Naciones Unidas nos despellejarán y nos cerrarán por esta barbaridad!
—Eh... disculpen... siento interrumpirlos, chacal al habla— intervino entonces Rivera, quien para sorpresa de todos no se burlaba de forma alguna. Sería acaso por la gran cantidad de heridos ó porque se encontraba en shock debido a semejante impresión que se había llevado —Hay un tipo allá afuera, su piloto... creo que lo más probable es que necesitará auxilios médicos, pero puedo ver que no hay un equipo de rescate que se dirija a su posición... ¿Acaso no debería alguien ver si...?
Tanto el comandante como la doctora lo fustigaron con la mirada, para de inmediato ignorarlo y reanudar su discusión:
—¡Más le vale encontrar, aislar y solucionar ese fallo en el sistema, Akagi!— vociferó Ikari, señalándola con el índice —¡Ó yo mismo me encargaré que termine dando clases de ciencia en una escuela secundaria! ¿Me escuchó? ¡Eso es lo más cerca que hay del infierno para alguien como usted!
—¡Trabajaremos sin descanso hasta que podamos saber las causas que originaron este accidente, se lo juro!— dijo Ritsuko lastimosamente, mientras le hacía repetidas reverencias inclinando la cabeza cuando el comandante se retiraba a toda prisa del desvencijado lugar, antes que Rivera se despabilara y comenzara a atosigarlo.
Por su parte, al saberse ignorado, el muchacho decidió tomar el asunto en sus propias manos.
—Cerdos despiadados— masculló al darse cuenta el poco valor que le daban aquellos dos a la vida del desdichado piloto que habían encerrado en su máquina infernal.
Se hizo entonces de una larga cuerda, dejada por uno de los equipos de rescate, y atándola muy bien a una de las vigas de soporte del techo, salió por la ventana destrozada y comenzó a descender a rápel, la forma más rápida que se le ocurrió para llegar hasta donde había quedado la maltrecha Cápsula de Inserción. Eso, pese a la enérgica pero tardía advertencia de Misato, quien sólo lo vio aventurarse al vacío como todo un alpinista experimentado:
—¡Deténte, maldito estúpido! ¡¿Qué crees que estás haciendo?! ¡Te vas a matar!
Kai ya no la escuchaba, estando para entonces varias decenas de metros debajo. Para su fortuna, y en auxilio de la noble empresa que intentaba llevar a cabo, la baquelita endurecida había llenado gran parte de aquella enorme cámara, dejando el nivel del piso muy por encima de donde estaba originalmente, reduciendo así considerablemente la altura que debería descender.
De tal suerte, no tardó mucho en alcanzar su objetivo, llegando hasta la maltrecha cápsula cilíndrica, la que se puso a examinar de inmediato, tratando de localizar algún mecanismo de apertura de emergencia. A sabiendas de que en tales condiciones el metal con el que estaba construida estaría al rojo vivo, se hubo de quitar la camisa para envolverse las manos y girar la palanca que accionaba la compuerta de salida. Solamente un idiota se hubiera atrevido a realizar tal procedimiento sin alguna clase de precaución, pensó el joven una vez que sintió como la alta temperatura le calaba las manos, aún a través de sus improvisados guantes. La escotilla no tardó en abrirse, develándole el interior de la cabina que alojaba al piloto, el cual todavía no daba señales de vida.
—¡Oye, amigo! ¿Te encuentras bien ahí adentro? ¡No te preocupes, la ayuda viene en camino!— pronunció Rivera, queriendo averiguar si el pobre infeliz estaba conciente. Al no recibir respuesta alguna, se hubo de aventurar al interior del cilindro, introduciendo medio cuerpo para asomarse —¡Voy a entrar! ¿Hay alguien con vida aquí adentro?
El muchacho creía estar preparado para cualquier cosa que pudiera encontrarse, ya fuera una persona politraumatizada, hecha jirones de carne, ó un cadáver horriblemente desfigurado ó del que solo quedaran los huesos humeantes, ó bien una horrible mutación deforme que le arrancaría la cabeza de una mordida apenas se asomara dentro de su escondrijo. Y de cualquier forma la visión que estaba ante sus anodados ojos lo había dejado perplejo, boquiabierto y sin habla, como pocas veces lo había estado.
Ante él se encontraba, inerte y desmayada, una jovencita aparentemente de su edad, como ninguna otra que hubiera visto antes. Su piel era tan pálida que casi podía decirse que era traslúcida, acusando una escasa ó casi nula exposición al sol. Su cabello, recogido minuciosamente en una elaborada trenza que colgaba de su nuca, cuya extensión fácilmente podía rebasar los sesenta centímetros, era de un psicodélico color azul celeste, que en esos momentos parecía brillar con luz propia en la penumbra que los embargaba, junto con el inmaculado, cegador y bastante ajustado traje blanco que llevaba puesto.
No parecía tener cualquier clase de daño visible, pero de todas maneras Kai se encontraba tan embobado en su fervorosa contemplación que había cesado todo esfuerzo en hacerla reaccionar, temiendo perturbar el delicado, apacible y radiante rostro perfecto que divisaba en aquellos momentos, casi al punto de la fanática adoración.
No obstante, aquella hermosa doncella no requirió de beso alguno ó de cualquier otra clase de artimaña mágica ó intervención externa para despertar de su profundo sueño, pues era bastante capaz de hacerlo por ella misma. Así pues, aún con los párpados cerrados, se podía apreciar la manera en que comenzaba a mover los ojos, para luego entreabrirlos, vacilante, pesadamente. Lo que a continuación sucedió, cuando los abrió completamente y su mirada escarlata se encontró de frente con el pasmado mirar esmeralda del joven ante ella, sólamente podría ser descrito en un intrincado contexto metafísico más allá de todo entendimiento humano. Baste decir que en aquél breve, fugaz instante, dos espíritus separados eternamente por el tiempo, la distancia y el destino, se encontraban por vez primera y al hacerlo parecían reconocerse el uno al otro como si fueran parte de un mismo ser. Ó tal vez simplemente fue, como se le conoce coloquialmente, amor a primera vista.
El menguado ritmo cardíaco de Ayanami se elevó de golpe y su corazón amenazaba con fracturarle las costillas y salir volando de su pecho, en tanto un torrente de sangre se agolpaba en sus mejillas sin que pudiera hacer algo por evitarlo. Un sopor que nunca antes había experimentado se apoderó de ella, en tanto sentía la cabeza tan ligera como un globo, que parecía estar dando vueltas en una gigantesca rueda de la fortuna. Su boca estaba seca, incapaz de articular sonido alguno y su cuerpo no respondía a sus pensamientos, que la traicionaban al abandonarla y dejar que la imagen de aquél completo desconocido fuera lo único que habitara dentro de su cabeza. Lo que más le desconcertaba es que, en esa ocasión, la sensación de rechazo que le causaba la proximidad de cualquier ser humano estaba completamente ausente en ella. Por el contrario, una fuerza magnética parecía obrar dentro de sí, pues de haber tenido la fuerza suficiente para hacerlo, en ese mismo momento bien se hubiera abalanzado sobre aquél extraño para colgársele del cuello y nunca más soltarlo.
Por su parte, Rivera se encontraba absorto, perdido en la profundidad carmesí de la intensa mirada de esa joven, en la delicadeza de las facciones de su bello rostro y en ese gesto de vaguedad que se reflejaba en ella al tener entreabiertos esos finos labios, que cada fibra de su ser le impelía a besar amorosamente, sin descanso ni recato alguno. Un coro divino, celestial, empezó a escucharse en sus oídos, dirigido como sólo la magnífica voz de soprano de Sarah Brightman podría hacerlo: "Aaaveee mariiiaaa, Graaatiiia pleeena, Mariiiaaa, graaatiiia pleeena..."
Completamente extasiado por la magnitud de aquél momento destinado a ser, sin poder contenerse mucho más tiempo, el joven soltó así nada más, apenas con un hilo de voz:
—Eres... la persona... más hermosa... que he visto en la vida— susurró como si acaso fuera su último aliento —Te ves... como todo... un ángel...
Aunque salidas sinceramente de lo más hondo de su corazón, al pronunciar tales palabras, de modo por demás inoportuno, tal y como operaba su atolondrada naturaleza de cuando en cuando, el disco en el que se reproducía el sublime canto que hasta hace poco Kai escuchaba se rayó por completo, interrumpiendo de súbito lo sacro del momento. Solamente quedó el abrumador, incriminante silencio, la expresión confundida de la jovencita y el gesto abatido de Rivera al caer en la cuenta del craso error que había cometido.
"¡Aaargh, eres un maldito imbécil!" pensó, sabiéndose perdido "¡Lo dijiste en voz alta! ¿Cómo es que puedes ser tan estúpido? ¡Rápido, di algo inteligente que pueda solucionarlo, antes que ella piense que eres un loco pervertido!"
—No pienses mal de mí, sólo quiero que me dejes tener a tus bebés, por favor— regurgitó de nuevo, sin volver conectar el cerebro con su descarrilada lengua.
"¡Se acabó! ¡Estás perdido! ¿Me escuchaste? ¡Perdido! ¡Huye mientras puedas, no eres más que un idiota! ¡Idiota, idiota, idiotaaa!" le recriminó su voz interna sin alguna clase de concesión, al tiempo que se reconocía incapaz de reaccionar de manera alguna que no fuera mirar impasible a la nada con expresión ausente.
El gesto contrariado que en un principio mostraba Rei, rápidamente devino en una mirada de celo y rencor que rasgó el tejido con el que estaba hecha el alma del descuidado muchacho. Por su parte, la joven tuvo que lanzar un hondo resoplido de frustración aderazada con un amargo desencanto. Lo que en un inicio había llegado a considerar como un encuentro predestinado, resultaba ser sólo una farsa más en aquél lugar lleno de mentiras y simulaciones, donde moraban al por mayor personas huecas y fanfarronas, justo como el vulgar sujeto que tenía delante suyo, que no tenían empacho en burlarse de ella sólo por el crimen de ser diferente a todos los demás. "Nunca se te olvide que los muchachos son el mismísimo Diablo, Regina", era lo que la Madre Dolores solía repetirle en incontadas ocasiones, adviertiéndole sobre el peligro que correría si llegaba a involucrarse con ellos.
Dispuesta a no tolerar aquella afrenta un solo momento más, la aturdida Ayanami se incorporó y salió por su propio pie de la cabina, haciendo a Rivera a un lado mientras pasaba, con suma hosquedad.
—Este... ¡lo siento mucho!— se excusó el chiquillo de forma lastimosa, viendo como se alejaba aquella belleza —¡No fue mi intención ofenderte! Sólo... sólo quiero saber si te encuentras bien, es todo...
—Por supuesto que estoy bien— sentenció Rei sin detenerse ni mirar atrás —No había forma en que pudiera salir lastimada, esta máquina fue diseñada y construida por Gendo Ikari...
Pese al tono hostil de sus palabras, aquella dulce, melodiosa voz fue sin duda toda una caricia auditiva a los aletargados sentidos del distraido jovenzuelo.
—¡Pero si por eso mismo lo pregunto!— explicó Kai desde el lugar donde parecía haberse petrificado.
La hermosa joven de larga cabellera celeste se volvió entonces, sólo para dedicarle una furibunda mirada de absoluto desprecio, tan intensa que el infortundado mozo sintió un par de certeras flechas que atravesaron su ser. Luego de eso quedó sin habla, dando espacio para que la muchachita, bastante molesta, se retirara de ahí tan pronto como podía. Rivera sintió un remordimiento culpable al no poder despegar la vista de la espalda baja de aquella divina criatura, deleitándose en lo curvilíneas de sus núbiles formas, obsequiadas a sus dilatadas pupilas gracias a su reveladora vestimenta.
Cuando se marchaba, tanto Misato como Ritsuko, quienes iban arribando al lugar de los hechos, pudieron observar claramente el semblante malhumorado de la piloto, la primera expresión de ese ó de cualquier otro tipo que se le veía a aquella desconcertante chiquilla.
—¡Típico de nuestro joven Doctor Rivera!— señaló Akagi una vez que alcanzaron al aludido —¡Eres tan nefasto que incluso puedes fastidiar hasta a la persona más indolente de todas! ¡In-cre-íble!
—Al momento en que diseñas un robot gigante para el combate cuerpo a cuerpo, es más que obvio que la cabina del piloto debe tener toda clase de protección contra impactos, chico listo— añadió la Teniente Katsuragi a modo de reproche —Es por eso que tu numerito de rescate 911 estaba de más. En una situación como esta, la piloto es la que corre menos peligro de todos nosotros... eso te lo hubiera podido decir antes, de haberme esperado, pero claro, tú nunca me escuchas, ¿cierto?
Pese a los ataques de los que era objeto, Kai no hizo intento por defenderse, habiendo permanecido todo ese tiempo en la misma posición en la que lo habían encontrado, boquiabierto y con el rostro encendido, su mirada vacía perdida en la nada.
—Bueno, ¿se puede saber a ti qué rayos te pasa ahora?— interrogó Misato, tronándole los dedos en la cara para provocar en él cualquier reacción, que nunca llegó —¡Despierta, inepto!
—Permíteme— terció Ritsuko, dando un paso al frente, acercándose al muchacho —Siempre he querido hacer esto... ¡Reacciona, infeliz!
Ni bien había terminado de enunciar aquella demanda, cuando arrojó sobre su rostro todo el contenido del vaso que hasta entonces había sostenido en sus manos.
—¡Aaah, maldita sea! ¡Todavía estaba caliente, quemaaa!— se dolió el muchacho, saliendo abruptamente de su sopor, para enseguida interrogar a las recién llegadas, con la cara empapada de café que aún seguía goteando —¿Me pueden decir qué fue eso?
—Una imitación de mocha con chocolate y vainilla, y dos cucharadas de crema— contestó Akagi, observando el vaso vacío en su mano —Y añadí por mi cuenta un poco de canela, pero aún así no pude hacer mucho por mejorar su sabor...
—¡No me refiero a tu brebaje, cretina!— aclaró el adolorido chiquillo, usando su camisa para limpiar y secarse el rostro, para luego señalar en la dirección por donde la piloto se había retirado —¡Quiero decir, ella! ¿Quién... ó qué es ella?
—Rei Ayanami— respondió Katsuragi entonces —Primer Niño Elegido, piloto asignado al Evangelion Unidad Cero...
—¡¿Qué diablos?! ¡¿El Primer Niño es un "ella?! ¿Y porqué carajos no pueden especificarlo desde un principio? ¿Porqué tienen que estarle diciendo "Niño" a una "ella"? ¿Acaso les es muy complicado decir "Primera Niña Elegida"? ¿Porqué cuernos siempre tienen que complicarlo todo?
—El apelativo proviene de la palabra "Children", en inglés— correspondió el turno de la mujer rubia para contestarle al alborotado chiquillo —Y en ese idioma no existe distinción de género entre los sustantivos... no es un mayor incoveniente, una vez que te acostumbras...
—Rei Ayanami— pronunció Kai en voz alta, sólo para saber como se escuchaba ese nombre saliendo de su garganta, mientras amenazaba con retornar al estado de ensoñación del que apenas lo acababan de sacar —Rei Ayanami... es un nombre precioso... ¡Pronto, tienen que decirme todo lo que sepan de ella!
—Rei Ayanami... Primer Niño Elegido, piloto asignado al Evangelion Unidad Cero...— repitió con hastío la teniente, algo enfadada por la actitud de bobalicón del muchacho y su repentino interés en esa chiquilla tan rara.
—¡Sí, eso ya me lo dijiste! ¡Pero no es suficiente! ¡Exijo saberlo todo: gustos, aficiones, filias y fobias, sueños y motivaciones, medidas corporales! ¿Qué onda con ese cabello, esos extravagantes ojos tan hermosos? ¿Usa lentes de contacto, cuál es el numero de tinte que utiliza para su cabello? ¡Deseo empaparme de su esencia en cada oscuro recoveco de mi ser hasta que podamos llegar a ser uno solo!
—Rei Ayanami... Primer Niño Elegido, piloto asignado al Evangelion Unidad Cero...— dijo a su vez Ritsuko, emulando las mismas palabras y tono de su compañera —No hay más que se pueda decir de ella, simplemente esos datos no existen. En cuanto a sus atributos físicos, tanto la pigmentación de sus ojos y cabello es natural. Todo parece indicar que posee una rara variedad de albinismo oculocutáneo, aunque en los exámenes médicos que le hemos practicado no aparezcan ninguno de los padecimientos comúnmente asociados a esta condición. Por lo demás, esa pobre niña lela creció en condiciones paupérrimas, salvaje e incivilizada. Rehúye a toda clase de contacto humano y no hace otra cosa más que pasearse como fantasma todo el día con su cara de contricción. No habla mucho, y de cualquier modo, aún si lo hiciera, no es como si tuviera alguna cosa interesante qué decir. La única relevancia que puede tener como persona es que es capaz de activar un Eva, de no ser por eso sería un completo cero a la izquierda. Y con el espantoso resultado que obtuvimos hoy, la primera vez que subió a bordo de su Evangelion, la verdad es que no le veo gran potencial como piloto... hasta ahora, su utilidad se reduce a ser el único sujeto de pruebas disponible...
—Así que— musitó el jovenzuelo, entornando los ojos en pose meditabunda —Todo en ella es natural... ¡Válgame Dios, pero qué hembra! Y pasa la mayor parte del tiempo aquí, ¿cierto? Entonces, si en dado caso hubiera algún otro piloto por aquí cerca... tendrían que pasar juntos bastante rato, todos los días, ¿cierto?
—Pues... en teoría... si es que hubiera otro piloto— respondió la doctora, arqueando una ceja, intrigada.
—¿Pero eso qué tiene qué ver?— inquirió Katsuragi, alzando la voz en forma paulatina —¡No me vayas a salir ahora con que...!
—¡Kai Rivera, Segundo Niño Elegido, reportándose al deber, señor!— pronunció el chico a viva voz, abruptamente, cuadrándose ante la mujer de larga cabellera azabache mientras le ofrecía el saludo militar con toda pompa y marcialidad. Enseguida recuperó su actitud desparpajada, cuando se frotaba las manos con una enorme sonrisa en el rostro, mezcla de malicia y avaricia, mientras que preguntaba a sus acompañantes: —¿Dónde firmo? ¿Y cuánto me van a pagar?
Una noticia como aquella no tardó en regarse por todos los rincones de aquellas instalaciones durante el breve transcurso de lo que restaba de la jornada, recorriendo todo el gigantesco lugar como una línea activa de pólvora que no tardaría en alcanzar su objetivo, el cual estalló con todo el estruendo que pudo haberse esperado:
—¡¿Rivera quiere ser piloto del Proyecto Eva?!— prorrumpió Gendo, a quien sus alborotados nervios no le daban para más, producto de un día bastante movido —¡¿Justo ahora?! ¡Pues no pienso permitirlo! ¿Me escuchaste?
—Vamos, comandante— pronunció Fuyutski en tono conciliador, mientras tomaba asiento dentro de la oficina de Ikari —Tú eres el que siempre está sacando a relucir toda esa basura de que el Segundo Niño Elegido nunca ha querido cooperar con el proyecto, siempre estás repitiendio hasta el cansancio que no tenemos pilotos suficientes... ¿y ahora que el muchacho está dispuesto a ayudar, simplemente te vas a rehúsar? ¡Por favor, ya madura!
—¿Es que soy el único aquí con la suspicacia suficiente para ver lo sospechoso de todo este asunto? En diez años, ese niño imbécil se ha negado a verse involucrado en cualquier cosa concerniente a los Evas... ¿Y justo hoy, precisamente este maldito día que parece no tener final, decide de buenas a primeras que ya quiere ser piloto? ¡No pienso tragármelo! ¡Lo que ese maniático en verdad quiere es estar espiando nuestras actividades y utilizar todo lo que pueda para hundirnos! Desde que aprendió a caminar no sabe hacer otra cosa más que fastidiarme...¡Lo sabes bien! ¡No podemos darnos el lujo de dejar entrar a ese lobo vestido de cordero! ¡No con todo lo que tenemos en juego aquí, en este lugar!
—Lo que yo veo es que estás sobredimensionando todo este asunto con Rivera, obviamente que el incidente con Cero te tiene bastante trastornado, pero una vez que te tranquilices podrás ver las cosas con más claridad...
—¿Qué es lo que hay que ver? ¡Todo está muy claro, en este preciso momento! ¡Ese bastardo infeliz me quiere hacer caer, a como dé lugar! ¡Y este, seguramente, debe ser sólo el primer paso de un intrincado plan para acabarme!
—En realidad, y según tengo entendido— Kozoh aprovechaba el febril delirio de su acompañante para poder cortarse las uñas de las manos, lo que realizaba cuidadosamente mientras seguía comentando con aire despreocupado —El chico Rivera ha desarrollado un inesperado interés romántico en nuestra adorable Rei Ayanami... por lo tanto, su súbito deseo por entrar a nuestro pequeño proyecto es de carácter estrictamente personal, y nada más que eso...
—¿Rivera... está enamorado... de Rei? ¿Nuestra Rei? ¿Es en serio?— masculló el Comadante Ikari, pasmado, poniéndole punto final a sus fantasías paranoicas y reemplazando su agitación con una calma y muy breve perplejidad, que enseguida transmutó en alegre frenesí —¡No me lo puedo creer! Quiero decir, de todas las chicas en el mundo, y tenía que ser precisamente... ¡El muy idiota! ¡Ja, ja, ja! ¡Pero qué imbécil, sin ninguna jodida idea de que...! ¡Ja, ja, ja! ¡Esto es tan cómico, tan patético! ¡El estúpido no sabe que...!
Las frases inconexas del hombre barbado eran constantemente interrumpidas por los incontrolables espasmos que le provocaba el ataque de risa histérica del que era presa. Su acompañante lo observaba de soslayo, habiendo olvidado desde hace tiempo lo molesta que podía ser la vulgar risa desenfrenada de aquél sujeto, con el que tenía la desgracia de trabajar tan de cerca.
—Supongo, entonces, que ya no tendrás objeción alguna en incorporar cuanto antes al muchacho al programa como un piloto más, ¿cierto?— preguntó Fuyutski en cuanto se lo permitió un fugaz interludio que hubo de realizar su socio para poder recuperar el aire.
—¡Claro que no!— respondió de inmediato, tan contento como no lo había estado en varios años, enseñando una insana sonrisa sobre su rostro —¡Sobre todo cuando por fin lo tengo justo como siempre he querido: embrutecido y agarrado de los güevos!
En otra parte de la ciudad, los Katsuragi ya habían arribado a su domicilio desde hace rato, pero su bien merecido descanso luego de una ajetreada jornada tuvo que esperar un poco más, entregándose ambos a la tarea de pasearse por entre las torres y pilas de cajas arrumbadas que aún tenían sin desempacar en su nuevo departamento, y que durarían varios meses más en tal estado. Se encontraban en la difícil búsqueda de una sola caja, perdida en esa zona de desastre como la aguja en el pajar, cuyo contenido el jovencito precisaba revisar lo más pronto posible.
—¿Y estás seguro que la trajimos con nosotros, en la mudanza?— preguntaba Misato, un tanto escéptica y fastidiada por no poder tirarse en el sillón a beber cerveza, como le hubiera gustado hacer desde un principio —Por que yo creía haberme deshecho ya de toda la basura que tuviera que ver con ese desgraciado sujeto...
—Por eso mismo, estoy bastante seguro que la rescaté de tus arrebatos hormonales, sobre todo porque sabía que contiene información muy valiosa que iba a necesitar para todas las investigaciones que tengo en mente— repuso Kai, resoplando mientras levantaba un pesado paquete de cartón para hacer más espacio y seguir esculcuando en las entrañas de ese laberinto de paquetería —¡Hasta le puse un letrerito de "¡No tirar!" con un dibujo de una calavera cruzada con huesos! Debe estar por aquí en algún lado, sigue buscando...
—¿Te das cuenta que todo esto es cosa de locos?— inquirió de nuevo la mujer, molesta por estar bañada en sudor y tener que lidiar con el polvo que se iba impregnando en sus poros, aunque no era la razón principal de su enfado —Te la pasas años enteros inventando pretextos baratos para evitar cualquier contacto con NERV, y de un momento a otro cambias de opinión, así nada más... ¿y todo sólo por que conociste a una chica? ¡Vamos!
—¡Oye, eso no es del todo cierto! Sabes que durante años he tratado de conseguir presupuesto para poder desarrollar el supersolenoide que estaba investigando el abuelo Katsuragi... este chisme Evangelion es sólo la excusa ideal para por fin obtener toda esa plata y recursos que necesito. El chasco que presenciamos hoy con la Unidad Cero me probó que Ikari y sus secuaces no tienen puta idea de lo que hacen, seguramente que entonces podría hacer algo mucho mejor...
—¡Sí, claro! ¿A quién tratas de engañar? ¡Te conozco mejor que nadie y sé que todo esto es sólo para poder meterte entre las flacuchas y pálidas piernas de Rei Ayanami! ¡Así que mejor ve sacando la cabeza de tus calzones y comienza a pensar con más claridad! ¡Esto no es ningún juego, es cosa bastante seria, muchas otras personas están involucradas!
—Bueno, bueno... admito que poder pasar tiempo al lado de esa hermosura es un motivo más para acceder a entrar a la casa de la risa de Gendo Ikari... ¡Pero es que en el corazón no se manda! ¿Ó qué otra opción tengo? ¿De qué otra forma me voy a poder acercar a esa belleza exhuberante que me arrebata el aliento? ¡Es natural que haga todo lo que esté a mi alcance por alcanzarla!
—Es que... ¡no lo entiendo!— exclamó la abatida mujer, casi haciendo una rabieta —Quiero decir: ¿Rei? ¿Rei Ayanami? ¿Ésa es la chica de la que te puedes enamorar? ¿En serio? Ella es tan... ¡Gris! ¡Sosa! ¡Aburrida! ¡Con mil demonios, es que no se parece en nada a mí...! Ó bueno, a cualquier otra persona que conozca...
—¡Ya lo sé!— contestó, muy entusiasmado, sin darle mucha importancia al estado emocional de la teniente —¿No piensas que eso es lo mejor?
—¡Eres un completo estúpido! ¡Vete al diablo, idiota!— espetó su tutora, furiosa, arrojándole un libro que había estado hojeando hasta esos momentos. Su puntería, como siempre, estaba bastante afinada, habiéndole atinado justo en la cabeza.
—¡Aaah, maldición! ¡Eso dolió! ¿Qué carajos te pasa, estás loca?— reclamó el chiquillo lastimosamente, sujetándose el cráneo.
—¡Estoy harta de ti y de tu estúpida caja! ¡Puedes buscarla tú solo, me da igual, no es mi asunto!— estalló finalmente, derribando una pila de cajas de una patada, para luego acomodarse en una de las sillas del comedor, cruzada de brazos y con una cara de pocos amigos.
—Vivir contigo hará que termine volviéndome esquizofrénico, uno de estos días— musitó el jovenzuelo, en tanto se agachaba a recoger el reguero de trastos en el piso, provocado por la irritación de su guardiana —Además, no sé por qué te pones así, tú misma dijiste que Rei no se parece a nadie, y eso es lo que la hace tan especial... y tengo que admitir que es muy distinta a mi primer gran amor, así que no es como si me gustara un solo tipo de chica...
—¿Primer gran amor? ¿De quién rayos estás hablando? ¡Tú nunca has tenido novia!— recalcó Misato mientras abría ágilmente una fría lata de cerveza con una sola mano —Lo único a lo que te dedicas es a emocionar chiquillas a donde quiera que vas, para luego romperles el corazón, cerdo machista...
—En realidad se trató de un amor no correspondido, era algo más platónico que otra cosa— continuó el muchacho, aún agachado sobre el suelo —Su nombre era Kim... Kim Possible...
—¿Kim? No recuerdo a ninguna Kim... tiene un apellido bastante raro, ¿de dónde es que era ella?
—De una mágica tierra muy, muy lejana, que sólo podía ser sintonizada los sábados por la mañana en el canal 26— contestó Rivera, suspirando con aire melancólico.
—¡¿Me estás hablando de una estúpida caricatura?! ¡¿Me estás diciendo que tu primer amor fue una caricatura para niños?! ¡Es el colmo contigo, no podrías ser más patético y ridículo, aunque quisieras!
—¡Oye, el que no fuera real no era ningún obstáculo para lo que sentía por ella! Era tan linda, tan noble y siempre tenía la última palabra... ¡Y esos ojos, ese cabello, aquella dulce sonrisa! ¡Dios, qué mujer! Probablemente la única porrista en todo el mundo que era una buena persona... y tenía que romperme el corazón, terminando enredada con un inútil bueno para nada... supongo que ellas también los prefieren rubios. En fin, así es la vida, pero es por eso que no permitiré que me pase otra vez lo mismo...
Misato solamente observó con detenimiento al atolondrado jovencito con el que compartía un mismo techo, dando entonces por terminada la serie de reproches que le había dedicado durante toda la noche. Reconocía que era muy poco lo que podía durar molesta con ese despistado sin remedio, pese a todo.
—¡Vaya, mira esto! ¡Aquí estuvo todo este tiempo!— exclamó Kai en ese momento, festejando de manera entusiasta mientras levantaba una abultada caja repleta de papeles sueltos, legajos y cuadernos sin algún acomodo aparente —¡Helos aquí, todos los apuntes de la última investigación del Doctor Jozou Katsuragi! Quizás nunca los habría hallado, de no ser por tu oportuno berrinche! Te lo agradezco mucho, pequeña cascarrabias...
—Jum, pues no deberías ponerte tan contento... ese viejo miserable pasó los últimos años de su vida nadando entre todos esos papeles y jamás pudo obtener resultados tangibles, sólo hipótesis, teorías y demás disparates sin sentido...
—¡Ah, pero es que él no tenía disponible la investigación de José Rivera! ¿Pero adivina quien sí la tiene? Apuesto a que esos dos tipos nunca se enteraron de lo vinculados que estaban los trabajos de cada uno con el del otro... pero es por eso que voy a tener éxito donde ambos fracasaron...
—¿En serio? ¿Y en qué podría ser eso?— preguntó la hija del Doctor Katsuragi en tono bastante sarcástico, dándole un gran sorbo a su bebida alcóholica.
—¡En la creación de un verdadero Evangelion!
Al día siguiente todo estaba dispuesto para recibir con los brazos abiertos al joven Doctor Rivera dentro de NERV, con la confianza de que estaría bajo control y distraído con otros pormenores que le impedirían obstaculizar de cualquier forma el desarrollo cotidiano de la agenda del líder de aquella organización. Tanto el chiquillo de ojos verdes como el hombre que dirigía todo en ese lugar estaban de plácemes, cada cual por sus respectivas razones.
—Desconozco el motivo que lo hizo recapacitar su anterior decisión, pero me complace mucho poder contar finalmente con usted a bordo, Doctor Rivera— pronunció el Comandante Ikari con suma satisfacción, sentado a la cabeza de su enorme escritorio, con la misma sonrisa maliciosa que tenía desde el día anterior —Agradezco a esa razón oculta el que por fin podamos sentarnos a la misma mesa y hablar como personas mayores, como los grandes hombres de ciencia que somos. Puedo asegurarle que de ahora en adelante lo mejor está por venir, para todos nosotros...
Dicho esto, pasó al muchacho el estuche de madera en el que guardaba su guarnición de habanos de primera calidad, mientras que encendía el que tenía ya en la boca. Justo lo necesario para celebrar una ocasión como aquella, que marcaba el día en que se vería librado de esa alimaña molesta.
—Nunca creí que llegaría el día, pero finalmente concuerdo en algo con usted, señor Ikari: lo mejor está por venir— dijo a su vez Kai, degustando el puro que recién acababa de encender —Esto sí es tabaco de calidad, y no el alquitrán que nos venden en todas las tiendas de conveniencia.
—Justo lo que la situación ameritaba, Doctor. Tenga, pruebe un poco de este whisky escocés que tengo guardado en la cava desde hace tiempo... sólo lo saco para ocasiones especiales, como esta...
—¡Caramba, pero qué bueno está todo esto!— observó el joven, a quien el hecho de ser menor de edad no le impedía disfrutar de los gustos de personas mucho mayores, acabando de un solo trago el contenido del vaso old fashioned en el que le habían servido su bebida —Tiene un gusto bastante refinado para esta clase de cosas, Ikari...
—Pese a todo lo que pueda llegar a pensar, soy como cualquier otra persona... disfruto de los pequeños placeres de esta vida siempre que tengo oportunidad. Y ahora que ya estamos en confianza, me voy a permitir molestarlo brevemente, necesitamos su firma ó sello en toda esta documentación...
Mientras que degustaba del añejo escocés en las rocas que había dentro de su vaso, con mucho más detenimiento que su acompañante, Gendo deslizaba sobre la superficie del escritorio varias carpetas gruesas, rebosantes de documentos. El muchacho las observó con deferencia, más ocupado en servirse de nuevo que en revisar el contenido de los oficios que se le entregaban, prefiriendo preguntar directamente a la fuente:
—¿Y todo esto es...?
—Sólo formalismos legaloides, tramitología burocrática que debemos cumplir para formalizar su pronto ingreso a NERV. Tengo ya a todo un equipo de mis mejores técnicos trabajando en el Modelo de Pruebas, la Unidad 01, preparándola para que esté lista en cuanto pueda abordarla y reanudar nuestros experimentos de activación. Confío en que los resultados serán muy diferentes a los anteriores...
—¡Oh, vaya! ¡Con que eso es lo que son!— exclamó Rivera, dándole un rápido vistazo a la gruesa documentación que tenía en las manos, apurándose por volver a vertir en su vaso más líquido de la costosa botella que hasta entonces se le estaba ofreciendo —Supongo que aún no has recibido la notificación escrita... ya se me hacía rara tanta dulzura...
Fue entonces que el chiquillo le alcanzó su celular, en cuya pantalla se mostraba un documento con el membrete oficial de las Naciones Unidas. Ikari leyó rápidamente el cuerpo de aquél mensaje interno, el cual llevaba una copia dirigida a él para su conocimiento.
—¡¿Qué diablos es esto?!— prorrumpió enfurecido, casi estrellando los cristales a su alrededor con el volumen de su ronca voz.
—A grandes rasgos— señaló Kai, sirviéndose por cuarta ocasión —Es mi nombramiento como Delegado Supervisor de la O.N.U. ante NERV, junto con la descripción de todas las funciones que deberé desempeñar en dicho cargo, que en resumidas cuentas vendría siendo la estricta vigilancia de cómo se aprovechan los recursos que se le asignan a esta agencia y del buen curso de sus labores de investigación y aplicación al combate. ¿Qué te parece? ¡Hasta este momento te acaba de llegar a tu bandeja de entrada! Muy oportunamente, debo agregar...— mencionó cuando en la computadora de escritorio de Gendo sonaba un timbre de alarma, avisándole de la llegada de un nuevo mensaje de correo electrónico.
—Esto no puede estar pasando... ¿en qué están pensando esos bastardos inútiles en Nueva York? ¿Y esto? ¿"División Especial de las Naciones Unidas para el Combate contra Entidades de Destrucción Masiva"? ¡¿Qué carajo significa eso?!
—¡Así que también ya lo mandaron! ¡Con razón se tomaron su tiempo para hacértelo llegar! Pues... verás, se trata de una nueva iniciativa para conformar un equipo de investigación y desarrollo que le permita contar a las Fuerzas Armadas de la O.N.U. con su propia arma Evangelion. Cuyo Director Encargado sería yo, tentativamente, en caso de que dicha rama llegara a formarse. El plan está condicionado a obtener éxito en la creación de una Unidad Eva especialmente diseñada para el combate, misma que yo pilotearé, bajo tres premisas: reducción en los costos, reducción en el tiempo de construcción y demostrar que puede ser funcional en el campo de batalla a muy corto plazo. Para tal efecto, voy a precisar acceso irrestricto a estas instalaciones y la concesión de un espacio físico para construir este nuevo modelo especial para el combate.
—¡¿Quieres construir tu propio Eva?! ¡Niño idiota, estás loco de remate! ¡Para hacer eso se requieren AÑOS de rigurosa investigación, cuidadosa planeación, toda clase de pruebas y ensayos! ¿Ó es que acaso crees que es algo muy sencillo, cosa de todos los días?
—Pueees... si ustedes pudieron lograrlo, entonces sí, pienso que debe ser algo muy simple... con todo y eso de que lo han estado haciendo mal... además tengo a mi disposición las investigaciones del Doctor Katsuragi y la de mi padre, considero que relacionar ambos trabajos me permitirá dilucidar el método a seguir para obtener una Unidad Eva en forma, tal como debe ser, y no solamente las aproximaciones e intentos que ustedes han conseguido...
—¡Me lleva el diablo! ¿Otra vez con esas fantasías del Motor S2 y los Códices de Chicxulub? ¡Es la repetición de la misma discusión que tenía con el terco de tu padre! A veces me siento como atrapado en un eterno deja vu. Y de cualquier modo, se requiere más que buenos deseos y mucho tiempo libre para hacer algo así, imbécil. ¡Montañas de dinero, por si no lo sabías! ¡¿De dónde piensas sacar toda la plata para pagar tu estúpido juguete?!
—Ya que lo mencionas, se ha estipulado que una parte del presupuesto asignado a NERV será empleado para solventar los gastos operativos dentro de esta primera fase, la otra parte, aunque en menor cantidad, será puesta de mi propio bolsillo. Llámalo una inversión de riesgo compartida entre capital privado y gubernamental... de todos modos, una sola vida no me habría alcanzado para gastarme todo lo que he ganado con mis patentes...
—¿Quién...? ¡¿Quién te has creído que eres, maldito desgraciado infeliz?! ¡No eres nada! ¡Sólo un mocoso arrogante que aún no sabe su lugar en la vida! ¡¿Piensas que sólo me quedaré cruzado de brazos, así nada más, mientras te permito que actúes a tus anchas y comprometas todo por lo que he estado trabajando como perro durante todos estos años?!
—Tienes que hacerlo— sentenció Rivera, tajante, depositando de nuevo su vaso vacío sobre la superficie del escritorio del comandante a la vez que exhalaba una gruesa bocanada de humo —Es la única forma en la que se le permitirá a esta agencia seguir operando... después del desastre de ayer, lo más lógico era la disolución definitiva de este circo de fenómenos, pero aún así pude ver que se pueden aprovechar ciertos elementos positivos que tienes a disposición aquí. Es por eso que me decidí a maniobrar para concederles a todos ustedes, gusanos ignorantes, un periodo de gracia a expensas de los resultados que pueda entregar en unos cuantos meses... sobra decir, claro, que una vez alcanzado el objetivo trazado, esta organización ya no tendrá razón de ser y será absorbida dentro de la nueva división, bajo control directo de las Naciones Unidas. Lo bueno será aprovechado, y lo que no sirva... será desechado como la inútil basura que es...
—Esto... esto no se quedará así...te lo advierto— musitó Ikari entre dientes, con sus ojos inyectados de rabia —Será mejor que te cuides las espaldas, muchacho...
—Siempre lo hago, y no esperaba menos de ti, cuatro ojos— pronunció Kai con suma displicencia, fingiendo que lo abofeteaba al darle unas palmaditas en la mejilla, en tanto extinguía en el cenicero el último residuo de su puro —¡Ternurita! ¡En serio pensaste que me iba a aventar de cabeza en el balde de mierda que has hecho de este lugar! A veces me sorprende lo ingenuas que pueden ser incluso las personas más "listas"— dijo esto mientras entrecomillaba con los dedos, para luego alcanzar la puerta y despedirse animosamente antes de salir, con su equilibrio visiblemente alterado por la anterior ingesta de alcohol —¡Válgame, tienes que decirme donde compraste ese whisky! ¡Sí que pega duro, ya ni siento la cabeza! ¡En fin, que tenga muy buen día, Comandante Ikari! ¡Espero con ansia la oportunidad de trabajar de cerca con todos ustedes!
Cuando partía de la oficina, tambaleante, al darle la espalda ignoraba, ó menospreciaba de manera negligente, el grave riesgo que se echaba encima al hacerse enemigo directo de Gendo Ikari, tal como demostraba la colérica resolución que se vislumbraba en los ojos de aquél hombre, aún después de varios minutos de que el muchacho se hubiera ido.
Por su parte, Rivera medraba en los pasillos del cuartel general de NERV, satisfecho por el curso que hasta entonces llevaban los acontecimientos, y sobre todo envuelto en la reconfortante sensación de ligereza que le brindaba su incipiente estado de ebriedad.
—Esto de beber por las mañanas está muy bien— pronunció para sí mismo, sintiéndose flotar entre nubes —Es una excelente forma de comenzar el día, debería hacerlo mucho más seguido...
Su jornada se vio incluso más favorecida al divisar a la lejanía la preciosa estampa de Rei Ayanami, emergiendo de un pasillo contiguo al que él transitaba en esos momentos. Avispado por el afortunado encuentro, apuró el paso para darle alcance, lo que no le costó mucho trabajo dado el pausado andar de la jovencita.
—¡Hola, hola! ¿Qué tal?— la saludó animosamente en tono meloso, una vez que se colocó a su lado y empezaban a andar juntos —¡Qué suerte que podamos encontrarnos de nuevo tan pronto!
Si dicha reunión despertaba en Ayanami cualquier clase de emoción, su ecuánime rostro no lo reflejaba en absoluto, apenas tomándose el tiempo para mirar al recién llegado con el rabillo del ojo, sin dirigirle la palabra ó detener su taciturno marchar.
—Este... sí... creo que ayer comenzamos con el pie izquierdo, me gustaría poder disculparme por lo sucedido... lo que menos quiero es que te lleves una mala impresión de mí sólo por un breve lapso de estupidez. Así que... perdón, si llegué a ofenderte con alguno de los deslices de mi lengua, jeje...
Pese a la frialdad con la que era tratado, Kai insistía en tender un puente hacia la muchachita, en su afán de alcanzar cierto nivel de cercanía que le permitiera comenzar a relacionarse con el objeto de su recién adquirida adoración. No sería cosa fácil, como le daba a entender la indiferente actitud de aquella peculiar jovencita hacia su ansiosa persona. Y aunque Ayanami aún no identificaba que el aliento del muchacho estaba impregnado con el hedor del tabaco y el alcohol, sí podía reconocer que dicho aroma le resultaba sumamente desagradable, por lo que hubo de dar un paso al costado, poniendo distancia de por medio entre ambos.
—No sé si me estoy dando a entender— pronunció el joven en español, a sabiendas de la estancia de Ayanami en territorio americano ocupado —Lo que quiero decir es que quisiera disculparme con usted, si es que en algo la ofendí, mi linda señorita...
Llegó al punto en que incluso hizo uso del lenguaje de señas mientras le hablaba, ante la negativa que recibía en cada intento por comunicarse con ella.
—Te entendí perfectamente la primera vez, no hay necesidad de utilizar tantos idiomas— sentenció Rei, en japonés, cortando de tajo otra nueva disculpa, ahora encriptada en clave morse —Ya escuché tus excusas, así que si eso es todo lo que querías decir, puedes retirarte sin pendiente alguno...
—Por cierto— prosiguió el alcoholizado chico, persistente pese a la misiva que le habían hecho para marcharse, alentado por haber obtenido al fin alguna respuesta, independientemente si fuera positiva ó negativa —No creo que hayamos sido presentados aún... soy el Doctor Kai Rivera, Segundo Niño Elegido para pilotear un Evangelion... es todo un gusto poder conocerte— dijo, poniendo un especial énfasis en su título acádemico, con miras a impresionar a la esquiva muchachita, mientras que le tendía la mano buscando estrechar la suya.
Rei sí se impresionó, pero no por el motivo que le hubiera gustado a Rivera, lo que demostró cuando por fin detuvo su camino para susurrar con apenas un dejo de sorpresa:
—¡¿Tú también eres un piloto de Eva?!
—Eh... sí, así es— respondió el chiquillo, sin saber si la reacción que había obtenido de ella era algo bueno ó malo, retirando la mano que había dejado suspendida en el aire todo ese tiempo, para actuar con disimulo al acariciarse la nuca —De ahora en adelante estaremos juntos en todo este trabuco, así que lo mejor será apoyarnos el uno al otro y trabajar muy duro para poder salvar al mundo entero, ¿no te parece? ¡Encantado de conocerte, Rei Ayanami!
—Dices que vienes a presentarte, pero ni siquiera te había dicho mi nombre— repuso la joven, reanudando su andar —Eso quiere decir que ya sabías quién soy yo, así que toda presentación está de más... al igual que toda esta conversación...
En lo que respectaba a todo lo concerniente con aquella enigmática joven, el actuar del muchacho se mostraba bastante errático, pues apenas unos cuantos momentos atrás trataba como a un pelele cualquiera al líder de NERV, sin dejarse amilanar por la ríspida discusión que habían sostenido. En cambio, con Rei hacía caso omiso de la hosquedad y malos tratos que ésta le dedicaba, cegado por el inexplicable sentimiento que tenía hacia ella, que lo hacía enarbolar una humildad y sumisión nunca antes vistos en su proceder. Por lo que la chiquilla bien podía obrar a sus anchas y cansarse de usarlo como tapete, de cualquier modo era muy difícil que Rivera pusiera objeción alguna.
—Pero es que tú no sabías quien soy yo— respondió Rivera, manso como corderito, estado en el que sería irreconocible para todo aquél que lo conociera —Y aún así, te aseguro que yo jamás llegaría a considerar cualquier conversación que pudiera sostener contigo como "de más"... sobre todo con la voz tan hermosa que tienes... es todo un agasajo a mis oídos... Por lo que veo, parece que no tienes planes de momento. ¡Qué casualidad, yo también tengo todo este tiempo libre! ¿Te importaría si te acompaño un rato? Prometo estarme quietecito y no molestar...
Habiéndose enterado de ello, la joven de mirada escarlata procuró guardar silencio desde entonces, buscando sacudirse a ese empalagoso chiquillo que no la dejaba en paz y de quien se quería deshacer a como diera lugar, pues no la dejaba disfrutar de su soledad, tal cómo estaba acostumbrada a pasar el rato. Kai ni siquiera se daba por enterado, siguiéndola a todas partes como un perro abandonado, pese a que sus asuntos en el Geofrente ya habían concluído desde hacía rato y su presencia ya no era requerida en ese lugar. El sólo verla le bastaba para darse por satisfecho, embelesado en su cuidadosa contemplación, por lo que no reparaba en la incomodidad que pudiera ocasionarle.
Sin embargo, al cabo de un largo rato en el que ambos chicos deambularon por gran parte de las instalaciones sin dirigirse la palabra, Rei por fin se encontraba resignada a la compañía, hallando que se estaba acostumbrando a la presencia de Rivera. El que su proximidad siguiera sin causarle el malestar físico que todos los demás sí le provocaban, de algún retorcido modo le otorgaba cierta ventaja al muchacho, haciendo de lado su mal aliento, al que también ya se estaba acostumbrando y el que ya no encontraba tan repugnante, sino simplemente anecdótico.
—¿Crees que en algún momento podrás quitarme la mirada de encima?— inquirió entonces Ayanami, al saberse vigilada asiduamente, cuando ambos se habían sentado al borde de una ladera que colindaba con la arboleda del cuartel subterráneo.
—Lo siento— repuso el jovenzuelo, tratando de voltear hacia otra parte, sin mucho éxito, pues a hurtadillas seguía avistando a la muchachita de cuando en cuando —Estoy encontrando bastante difícil mirar algo que no seas tú... eres bastante llamativa, por si no te has dado cuenta...
—Soy muy rara y muy fea, si es a lo que te refieres, ya lo sé... ¿qué no podríamos pasarlo por alto y seguir cada quien con su vida?
La quijada de su acompañante le colgó entonces a modo de corbata, boquiabierto, estupefacto por lo que acababa de escuchar y tapándose los oídos como si acaso una blasfemia hubiera profanado sus castos oídos.
—¡No puedo creerlo! ¡¿En serio... en serio crees que eres... fea?! ¡Pero si eres la persona más hermosa que jamás he visto! ¡Cuando te miro, es como si tu belleza difuminara todo lo que está a tu alrededor, haciendo que todo lo demás desaparezca, excepto tú! Mirarte a los ojos es como... como mirar una aurora boreal, una estrella fugaz y un eclipse al mismo tiempo. Es algo...
—Extraño— sentenció la chiquilla, quien odiaba hablar de su apariencia, lacónica.
—Magnífico... eso es lo que es para mí. Algo extraordinario, pero de una bella manera. Perdona si estoy siendo muy directo, pero de todos modos me asombra la mala imagen que tienes de ti misma.
—No es eso, pero sucede que me importa muy poco lo que los demás tengan que decir acerca de mi apariencia, sea una mala ó buena opinión... me da lo mismo... las personas de este mundo le dan mucha importancia al aspecto exterior de las cosas...
—Bueno, pues... eso es inevitable, ¿no? Por muy frívolo que te pueda parecer. Es a través de los sentidos que los humanos podemos percibir lo que nos rodea y actúar en consecuencia. El primer contacto que tenemos con los objetos y fenómenos de este universo nuestro es por medio de la experiencia física sensorial. Conocemos lo material no por lo que es, si no por cómo lo percibimos. Es decir, cuando veo a estos árboles simplemente los veo como tales, son sólo árboles, no veo la celulosa que los compone ó las moléculas de glucosa que componen a ésta a su vez... por lo menos no hasta que haga un examen más minucioso con un microscopio ó algún otro instrumento. Y aún así, la relación que obtenga de dicho procedimiento será meramente sensorial. Si es que me quiero dar un chapuzón en ese lago de por ahí, lo haré a través de las moléculas de hidrógeno y oxígeno con las que está hecha el agua que contiene, pero a fin de cuentas sólo lo percibiré como agua y nada más. Cuando tú me ves, en primera instancia sólo ves a un tipo boquiflojo, fanfarrón y molesto del que no quieres saber, pero no puedes percibir toda la sensibilidad y simpatía que hay dentro mí. No, a no ser que contaras con algún lector de aura, algún "almamómetro" ó algo por el estilo... será sólo con un examen más minucioso, más riguroso, más a conciencia, que podrás saber lo que en verdad hay en mí, y eso sólo podrás lograrlo mediante un trato cotidiano y constante con tu humilde servidor...
—Tengo que admitir que no eres tan hueco como lo pensé en un principio— pronunció Ayanami, observando a su acompañante con una chispa de interés revivido, perdiéndose de nuevo en el destello vivaz que resplandecía de sus ojos esmeraldas —Pero si tu premisa es correcta, bajo la misma, se podría aseverar que de igual modo tú solamente ves mi apariencia externa y no como en realidad soy... y por mucho que llegáramos a tratarnos, jamás llegarás a conocerme del todo... ¿qué caso tiene entonces cualquier relación entre los seres humanos?
—No, todo eso no aplica conmigo— dijo Kai, sin más, bastante seguro de sí mismo —Cuando te veo a los ojos... realmente estoy viendo dentro de ti. Veo... un espíritu muy similar al mío, que busca su lugar en este mundo inhóspito. Veo algo en ti que me había hecho falta desde siempre... podrías decir que te había estado esperando, durante todo este tiempo. Y es por eso que ahora que por fin te he encontrado, no pienso dejarte ir tan fácilmente...
Al mirar un delator rubor asomándose en las mejillas de la jovencita, quien quiso hacerse la disimulada al voltear el rostro en dirección opuesta a él, Rivera supo entonces que había obtenido un éxito incipiente en la primera de las muchas batallas que debería librar por conquistar su corazón.
—¿Cómo es que sabes hablar español?— preguntó Rei, sin atreverse todavía a volver su cara hacia él, pero dando muestra de un tímido interés por acercarse —Actualmente es un idioma en desuso...
—¿Ya lo olvidaste, tan pronto? Me apellido Rivera. Mi viejo... mi padre... era mexicano. Cuando eso todavía significaba algo, de mucho antes del Imperio Americano y el General Lorenz.
—Entiendo... yo crecí en un convento perdido en un valle del occidente de lo que antes era México. La mayoría de las monjas que lo habitaban, que fueron quienes me criaron, eran también mexicanas.
—Sí, lo sé... fue otra de las cosas que me hizo sentirme cercano a ti... aunque, para serte sincero, no me gusta hablar mucho de ese lugar. Son demasiados recuerdos, y siempre me deprimen.
—Creo que me pasa igual. No es que las extrañe, pero siempre que pienso en ellas me siento culpable, como si las hubiera traicionado al venir a este lugar.
—En ese caso, me da gusto que seas una traidora. De no serlo, es probable que nunca te hubiera conocido, lo que me prueba que todos los eventos tienen un propósito determinado.
Una vez más la sangre se agolpó en el blanquecino rostro de la muchacha, quien tuvo que volver a ocultarlo para no ponerse en evidencia. Ese, para su propia sorpresa, estaba siendo el día más agradable de todos en los que había transcurrido su estancia en ese país.
—Así que eres doctor— dijo, queriendo desviar el tema de conversación —No sabía que se podía ser doctor tan joven... ¿Qué tienes, quince, dieciséis años?
—Cumplí catorce hace poco, pero siempre he aparentado un poco de más edad— respondió el muchacho, sonriente por la soltura con que la conversación comenzaba a desenvolverse, lo que consideraba como un buen augurio para sus propósitos.
—¿Eres un doctor que cura personas, un médico? ¿Ó un doctor como la Doctora Akagi y el Comandante Ikari?
—¡Jo, jo, jo! ¡Claro que no, no soy, para nada, como ese par! ¡Yo sí soy todo un doctor de verdad! La Doctora Akagi obtuvo su título usando faldas diminutas y seduciendo a sus maestros, así que la considero como un doctor sólo de nombre... en cuanto a Ikari... ¡No me hagas empezar con ese fulano! ¡El tipo con trabajos terminó su maestría, y para eso tuvo que pagar muchísimo dinero con tal de pasar los exámenes! Gendo Ikari es solamente un merolico engañabobos, un junior mimado que ha subido en la vida gracias al dinero e influencias de su abuelo, un charlatán nefasto que vive a expensas de los pobres estúpidos a quienes logra engatusar... por suerte para él, en este mundo sobran los idiotas, los únicos que son capaces de creerse todas sus promesas y mentiras, y es que de verdad uno tiene que ser nada menos que un completo estúpido, un auténtico imbécil, para confiar en cualquier cosa que tenga que decir ese desgraciado infeliz que...
Una inesperada y artera bofetada que le volteó el rostro puso fin a su diatriba anti Gendo Ikari, que parecía nunca se acabaría de no ser por aquella súbita interrupción. Confundido, pero por demás adolorido, apenas sintió aquél duro latigazo Rivera volvió la mirada hacia la enfurecida jovencita, quién aún tenía el brazo extendido. En ese momento ambos estaban como en shock, sin atinar a moverse ó a decir palabra alguna. Ayanami resoplaba, experimentando por vez primera la frenética descarga de adrenalina corriendo por todo su cuerpo, que en ese instante sentía como ajeno, acaso como si estuviera poseída por algún espíritu rabioso. Su brazo y mano se habían movido casi por mero reflejo, en cuanto apenas había escuchado a su acompañante despotricar de esa manera en contra del comandante, quien era la única razón por la que aún seguía en esas tierras extrañas.
Por su cuenta, Kai nunca se hubiera esperado semejante reacción de parte de aquella muchachita, que en un principio aparentaba ser incapaz de cualquier acto hostil ó violento. Quedaba claro que aquella singular joven le tenía reservadas muchas sorpresas tras su apacible fachada.
—Esta conversación ha terminado— dijo Rei, tajante, mientras se ponía en pie para marcharse —No quiero que vuelvas a dirigirme la palabra, y manténte alejado de mí lo más que puedas, ¿entendido?
—P-Pero... yo no quise... es que tú...— trastabillaba Rivera, quien no acertaba a formular una oración coherente que le pemirtiera indagar la causa de la molestia de su compañera —¡Yo no sabía que...! ¡Sólo dime...! ¡Pero entonces...!
Ayanami le dio la espalda y comenzó a andar con un paso firme, decidida a alejarse de ese sitio y de ese sabandija cuanto antes. Sin embargo, Kai Rivera no se rendía fácilmente, como era de sobra conocido por todos, por lo tanto se incorporó tan rápidamente como la jovencita se marchaba, lo que le permitió volver a alcanzarla a la brevedad y reanudar su careo, esta vez un poco más coherentemente:
—¡Por favor, no me hagas esto!— suplicó incluso, con tal que se le concediera alguna explicación, recapitulando toda la charla mentalmente para encontrar el detonante de semajente estallido —¡No puedes irte así nada más y dejarme como estoy! ¡Tengo que saber qué fue lo que hice mal, dímelo por favor! Creo que hay muchas razones válidas para que te molestaras conmigo de esta forma, pero de entre todas esas, ¿cuál escogiste? ¿Fue mi aliento, el hecho de que estoy un poco pasado de copas, odias a los chicos guapos e inteligentes ó sólo a los que tienen ojos verdes? ¿Ó es que acaso lo que te enfurece es el hecho de enterarte hasta ahorita que Ikari es un fraude, un padre desobligado, y en síntesis, un bastardo desalmado que sería capaz de vender hasta a su propia madre si alguien le llegara al precio correcto ó...?
Un nuevo bofetón, del mismo calibre ó puede que incluso mayor que el recibido anteriormente, bastó para silenciar nuevamente al enrachado chiquillo, en tanto que Rei finalmente daba la tan solicitada explicación que ansiaba Rivera:
—¡Cierra la boca! ¡No toleraré que hables tan mal de Gendo Ikari en mi presencia! Él... él es... un gran hombre y le estoy bastante agradecida por todo lo que ha hecho por mí. No tengo interés en socializar con alguien que lo calumnie de esa manera y tenga tan mala opinión de él...
—¿Es en serio? ¿Estamos hablando del mismo Ikari, cierto? ¿Gendo Ikari, ese vejestorio obeso con muy mala actitud? ¿En realidad lo estimas tanto? ¡Vamos, tienes que estar bromeando! Puede que en estos momentos te deslumbre su posición y dinero y que se sienta el Emperador Supremo de todo Japón, pero créeme, su hora le llegará y el pobre tonto terminará en la calle, si no es que en la cárcel... además, a su edad, ¿crees tú que pueda hacer toda una serie de 25 lagartijas en medio minuto? ¡Yo sí puedo hacerlo, sólo observa!
En el acto el muchacho se tiró pecho a tierra y rápidamente se empeñó en hacer el referido ejercicio en el tiempo señalado, inclusive dándose el lujo de quitar las manos para aplaudir cada vez que lo completaba, sosteniendo todo el peso del cuerpo sólo con la fuerza de su espalda.
—¡Mira, mira! ¿Ya viste? ¡Quisiera ver que ese panzón intentara hacer algo como esto!
Estaba tan concentrado en aquella demostración de destreza física que no se percató que la muchachita lo había dejado solo desde hacía un rato, no lo hizo hasta que levantó la mirada buscando algún gesto suyo de aprobación. Fue entonces que se encontró con su ausencia, quedando en su lugar tres jóvenes operadoras que regresaban luego de haber tenido su almuerzo a la intemperie. Luego de un rato en que ninguno de los presentes pronunció palabra, envueltos en un silencio incómodo, finalmente el muchacho tuvo que decir, acaso como si se tratara de un encuentro casual:
—¿Qué tal, chicas? ¿Qué, les gusta lo que ven?
El trío de féminas prorrumpió entonces en sonoras carcajadas, mismas que podían escucharse aún a la distancia mientras que seguían su camino, señalando al ocurrente chiquillo que aún mantenía la ceja arqueada, pensando erróneamente que aquel desfiguro era un signo de galanura.
—Me lleva el diantre— pronunció Rivera amargamente, una vez que se había quedado completamente solo, todavía tirado en el piso, donde tamborileaba los dedos —Pero esto no se va a quedar así...
Fue de tal manera que una suerte de carrera armamentista (del corazón) se desató entre ambos jóvenes con el paso del tiempo. Rei se avocaba en mantener el trato gélido hacia su único compañero piloto, hasta ese entonces, desarrollando toda una inmunidad natural a los "encantos" del joven, por lo que diariamente se daba a la tarea de ignorar, despreciar y socavar los numerosos intentos que día a día realizaba Kai con tal de acercarse a ella, quien desplegaba sus mejores armas y estrategias que para ello disponía, lo que hasta aquél momento resultaba ser insuficiente. No obstante, la terquedad y el genuino aprecio e interés que por la joven sentía, impulsaban al muchacho a no claudicar y seguir adelante en su empeño por ganarse el afecto de su adorada, lo que quería pensar que pasaría más temprano que tarde, una vez que la muchacha pudiera apreciar sus verdaderos sentimientos.
Tal situación no pasó desapercibida para sus demás compañeros de trabajo y casi todo aquél que laborara dentro del Geofrente, sobre todo porque Rivera no tenía empacho alguno en ser visto a la hora de tomar acción. Ya fuera durante sus horas de entrenamiento físico en el gimnasio, sus pruebas de sincronía en el simulador ó a la hora del amuerzo en el comedor ó espacios recreativos, casi todos los empleados de ese lugar habían presenciado alguna de las metidas de pata del chiquillo, quien para ese entonces había involucionado a una especie de patético bufón infantil, convirtiéndose de tal modo en el blanco de las burlas y motivo del escarnio público.
Por lo tanto, no era para nada extraño que durante las lecciones de nado que Rei Ayanami debía tomar por obligación, como parte de su entrenamiento de supervivencia, la alberca del cuartel de NERV estuviera abarrotada por un buen número de curiosos, quienes se mantenían a la expectativa de lo que fuera a hacer Kai, que en aquellos momentos se encontraba usando su traje de baño y haciendo estiramientos arriba de la tabla del trampolín de cinco metros.
—Ya verán todos estos metiches— mascullaba el muchacho para sí mismo, en medio de tales tareas, mirando en derredor —Por mí, mejor que haya mucho público, Así la ovación que todos me den cuando realice mi clavado perfecto de diez puntos será mucho más grande y Rei quedará más impresionada... vendrá arrastrándose de rodillas, rogándome por que la deje ser mi novia... pero entonces me haré el difícil, para que vea lo que se siente. La tendré sufriendo un par de semanas, tal vez más ó tal vez menos, depende de como me sienta en ese momento. Luego de eso seremos novios, un par de años para conocernos mejor, después de eso nos casaremos y tendremos un montón de niños, y un perrito al que llamaremos Koda...
—¿Es mi imaginación ó ese maniático ya está hablando solo?— preguntó Shigeru Aoba, en medio de todos los espectadores, sentado cómodamente mientras daba sorbos a su refresco.
—¡No lo dudo ni tantito!— respondió Makoto, aguantándose las ganas de estallar en risotadas, a la espera de lo que fuera a suceder a continuación.
—¡Cállense ya, y pongan atención!— demandó Maya, sosteniendo un vaso con café —El pobre tonto no tarda en hacer algo estúpido...
Pese a la molestia que les ocasionaba tanto a Ayanami como a su entrenadora la presencia de toda esa gente, no podían hacer gran cosa para desalojarlos del lugar, por lo que la mejor forma que encontraban para lidiar con la situación era ignorarlos a todos y continuar con sus ejercicios como estaba programado. Hacía muy poco tiempo que Rei se había metido por vez primera a una piscina, pero rápidamente le había agarrado gusto y mejoraba a pasos agigantados conforme su instrucción continuaba. Aún debía hacer uso de la tabla entrenadora de hule espuma para mantenerse a flote, pero sólo era cuestión de un poco más de práctica para prescindir completamente de ella.
—¡Miren eso! ¡Ya va a saltar!— exclamó uno de los espectadores en voz baja, alertando a los demás de que el espectáculo estaba a punto de comenzar.
Al instante todos guardaron silencio, por lo que el único sonido perceptible era el agua que iba desplazando el cuerpo de Rei a través de su paso por la superficie de la alberca. Eso, y el sonido que hacía el trampolín cuando Kai comenzaba a brincar sobre su extremo, tomando impulso y ganando altura conforme sus saltos se iban prolongando.
—A ver cómo les queda el ojo, inútiles— musitó el chico antes de lanzarse al vacío.
Todo pasó tan rápido que aquél que hubiera estado distraído se podría haber perdido de ver la manera en que Rivera se desplazaba por el aire, ejecutando magistralmente dos giros perfectos que vinieron a dar al trasto cuando, en un error imperdonable de cálculo, el muchacho se golpeó la cabeza con el extremo de la tabla e ingresó al cuerpo de agua completamente boca abajo, ó "de panzazo" como se dice coloquialmente, proyectando una gran cantidad de líquido fuera de la alberca, como si hubieran arrojado un gran bulto sobre ella.
El público estalló en una ovación unánime, pero no del modo que había contemplado el chiquillo en un principio, sino más bien emparejada de estruendosas carcajadas y chiflidos. Todos se encontraban conformes con el resultado de la demostración, pues la espera bien les había valido la pena y redituado en un buen rato a expensas de la dignidad del joven Doctor Rivera, quien ya era algo así como una celebridad entre los empleados del Geofrente.
Aturdido, desorientado y sumamente avergonzado, el susodicho aún no acertaba a recobrarse del fuerte golpe que se llevó al chocar con el trampolín y posteriormente la superficie acuática, flotando boca abajo como si fuera un leño seco a la deriva. Sin poder saber con exactitud su condición, pero sí suponiendo que cabía la posibilidad de que el atolondrado muchacho se hubiera lastimado, Rei avanzó tan rápido como se lo permitieron sus piernas y la tabla que sostenía, y una vez que llegó a su lado se aseguró de voltearlo boca arriba, para entonces remolcarlo hasta la orilla colgándosele del cuello.
—Sabía que no me dejarías morir— suspiró Kai, abatido, pero aún así arreglándoselas para deleitarse con la sensación que le producía el toque de la piel de Ayanami y su proximidad física —Esto quiere decir que sí te importo, aunque sea un poco...
—Estás mal— aclaró la chica, empujándolo fuera de la alberca —No sabía si estabas vivo ó muerto, pero de ninguna manera me arriesgaría a nadar en una piscina con un animal muerto adentro...
Tirado de espaldas sobre el mojado piso que rodeaba el cuerpo de agua, Rivera aún seguía tosiendo antes de poder incorporarse, en tanto todos los demás comenzaban a desalojar el lugar, sin que algunos pudieran dejar pasar la ocasión para mofarse de su pobre desempeño:
—¡Qué buen trabajo, Romeo!
—¡Tú sigue así y de seguro caerá rendida a tus pies!
—¡Oye, sólo acuérdate de invitarnos a la boda!
—Digan... lo que quieran...— pronunció lastimeramente el muchacho, recobrando su aliento —Pero sepan que... el amor... verdadero... supera todos los obstáculos... ¡Ya lo verán! Algún día... todos ustedes... ¡Ya lo verán!
—¿En serio? ¡Pues mientras tanto, mira la marca de la suela de mis zapatos, tarado! ¡Ja, ja, ja!— dijo Maya cuando pasaba a su lado, todavía carcajeándose, para enseguida descontarlo con un leve pero muy bien colocado puntapié en el hombro.
—¡Y eso que tienes cara de niña buena que no rompe un plato!— exclamó el joven, sujetándose el brazo —¡Diablos, dueleee!
Pasaron los días, y como el anhelado objetivo aún no se lograba, se hubo de recurrir a estrategias más directas y agresivas. Era muy de noche por ese entonces sobre el paisaje citadino de Tokio 3, que, en aquellos días previos a la llegada del Tercer Ängel a esas latitudes, se trataba de una metropóli mucho más poblada. En el conjunto habitacional donde se encontraba el apartamento de Rei Ayanami eran ya pocas las luces que aún estaban encendidas a tales horas, que pasaban de la medianoche. La calma taciturna del rumbo fue violada burdamente por el estentóreo rugido de un poderoso motor de una motocicleta deportiva de alto cilindraje, que se detuvo justo enfrente de la ventana posterior de la vivienda de la muchacha de cabello celeste, ubicada en un segundo piso.
De dicho vehículo descendió Kai Rivera, raudo, decidido, con una determinación palpable en toda su faz, aún a pesar de la oscuridad nocturna. Llevaba consigo un gran estuche colgado sobre sus hombros, en cuyo interior albergaba su guitarra eléctrica y un pequeño ecualizador de siete bandas. Al sacar su instrumento musical de la funda, el tono verde con el que estaba pintado en su mayor parte adquiría cierto brillo fosforecente que resaltaba en la penumbra de la madrugada. Con una rapidez y precisión impecable fue que armó y conectó todos los dispositivos necesarios para llevar a cabo su plan, que incluía la referida guitarra y ecualizador, un pedal, bocina y micrófono de diadema, que fue lo último en ajustar, asegurándose de tenerlo bien colocado sobre la cabeza. En la operación no empleó más que un par de minutos, consciente que la rapidez y el sigilo con los que obrara serían vitales para la consecución satisfactoria de sus designios.
—Muy buenas noches gente bonita de la Tercera Sección, Edificio A5— saludó el muchacho a un público inexistente, con una voz firme y bastante seguro de sí mismo, pese a que el eco causado por el silencio de la madrugada llevaba su voz a puntos algo lejanos de aquella locación —En esta preciosa noche me gustaría que escucharan esta melodía en la que he estado trabajando durante bastante tiempo, que vengo a dedicar a la más hermosa señorita que jamás llegaré a ver, la dueña de mi alma y corazón, lo primero en lo que pienso cuando me levanto por las mañanas y lo último en mis pensamientos cada vez que me duermo por las noches, la razón por la que me levanto todos días, sólo con tal de verla una vez más y poder decirle cuánto la amo. Rei Ayanami, esta canción es para ti...
Los ágiles dedos del jovencito se deslizaron entonces frenéticamente por las cuerdas de su guitarra, arrancándole una seguidilla de notas musicales que cimbraron el sosegado ambiente nocturno, lo que a su vez permitía apreciar la melodía interpretada sin alguna clase de interferencia. Era un extraño ritmo en su conjunto, mezcolanza experimental que fundía tonos de rock, mariachi y tecno-pop, algo que no se usaba mucho en aquellas latitudes. Inmerso completamente en su delirio musical, Rivera comenzó a cantar en español:
"Cada vez que pienso en ti
nace un mundo dulce y nuevo
porque brilla en tu mirar
una nueva luz de ensueño..."
Pese a seguir siendo una interpretación meramente amateur, aquel que tuviera buen oído podría entrever que, con un poco de más entrenamiento y dedicación, aquél jovencito enamorado bien pudiera hacer carrera dentro del ámbito musical, si es que él así lo hubiera querido. Su entonación era bastante aceptable y mostraba amplia destreza en el manejo de sus instrumentos, qué decir de la bohemia apariencia de rock star de la que ya hacía alarde.
"Que me hace comprender
la nostalgia tibia de tu amor,
es fuego que al arder
cubre a los dos"
"En un cielo tan azul
vuela hacia cualquier mañana
pájaro multicolor
bajo una mirada extraña..."
Aquella actuación, inspirada en las tradicionales serenatas que veía en las películas de charros en blanco y negro que formaban parte de la colección filmográfica de su padre, representaba la cúspide de sus habilidades musicales. Nunca como hasta en ese momento había puesto tanto empeño en el despliegue de sus talentos, procurando que cada nota y acorde le salieran a la perfección, coordinando sus movimientos y tiempos en sólo fracciones de segundo, dejando salir cada fragmento de su alma en cada estrofa, mostrando el sentir de su corazón completamente desnudo, con la esperanza certera que sus intensos y puros sentimientos le llegarían a su amada.
"Que me hace comprender
la nostalgia tibia de tu amor,
es fuego que al arder
cubre a los dos..."
Por su parte, la destinataria de tan estrafalario gesto se asomaba al exterior por un resquicio que hizo al apartar cuidadosamente la cortina de su ventana, cerciorándose de la identidad del autor de aquél breve concierto improvisado, como si todavía pudiera quedarle alguna duda al respecto.
Dichas demostraciones no le resultaban ajenas, dada su prolongada estancia en tierras americanas. Aquella noche trajo el recuerdo de una ocasión en la que un muchachito, residente de la localidad más cercana al convento donde vivía, desesperado por convencer a una joven novicia a que reconsiderara su ingreso a la orden religiosa, se apostó detrás de los muros del convento para dedicarle varias amorosas melodías, de una manera bastante similar a la que ocurría en esos momentos. En aquél entonces la Madre Dolores, inadvertidamente, le había mostrado la manera de lidiar con tales artistas engatusados, por lo que tuvo que internarse en su departamento para buscar las herramientas que necesitaba para tal efecto.
"Un milagro brilla en tu mirar
trayendo luz a mi vivir,
siento entonces que van a estallar
el Sol y el mundo entero en nuestro amor,
amoooor, amooooor, amoooooor...
¡Amor!"
La canción llegó a su final, culminando con ella el enorme esfuerzo que había empleado Kai con tal de que todo saliera como lo había anticipado. La verdad es que todo había salido mucho mejor de lo que había esperado, el universo entero conspiraba a su favor, poniendo todo de su parte: la preciosa y fresca noche estrellada, la luz de una magnífica luna llena y su magistral desempeño sin ninguna equivocación ó interrupción. Permaneció por unos instantes en la misma posición en la que concluyó su interpretación, con la guitarra en las manos y una rodilla apoyada en el piso, su cabeza gacha como si estuviera agradeciendo un aplauso que sólo resonaba en su imaginación en tanto recuperaba el aliento y su rostro se perlaba de sudor, producto del gran esfuerzo físico empleado.
El sonido que hacía la ventana de su amada al abrirse lo hizo alzar la mirada, mostrando como sus ojos parecían hacerse enormes como platos, con la ilusión que le daba ver a su adoración asomarse por ahí en sólo unos momentos más, seguramente desbordada de la emoción y lista para por fin entregarle todo su amor sin reservas.
Pero la verdad fue que lo único que Rei le entregó en ese entonces fue un súbito cubetazo de agua fría, que logró empaparlo de pies a cabeza y bajarle los humos hasta las plantas de los pies. Rivera no salía del todo de su estupor, chorreando como pez recién salido del agua y escupiendo algo de líquido que se le había alcanzado a meter a la boca, cuando las luces rojas y azules de una patrulla que se estacionaba detrás de él, y el timbre de su sirena, le avisaron de la llegada de la policía local.
—¡Aléjese de la guitarra!— demandaron en tono firme los uniformados al descender de su vehículo, aluzando al mojado cantante con sus potentes lámparas, bajo cuya luz parecía ser sólo un venadito asustado —¡Ponga las manos sobre la cabeza y tírese al piso!
—Esto... ¡Esto no puede estar pasando!— masculló el atónito muchacho, sin atender a las indicaciones de los gendarmes —¡Puta madre, esto no puede ser! ¡Se supone que esta sería mi noche!
—¡Esta es su última advertencia! ¡Ponga las manos sobre la cabeza y tírese al piso!
—¡Váyanse al diablo, polizontes de mierda!— arguyó Kai, para entonces escapar como conejo hasta donde estaba la motocicleta estacionada —¡No pienso volver a prisión, malditos cerdos!
—¡El sospechoso trata de escapar!
Antes que el fugitivo pudiera incluso arrancar su vehículo prestado, fue derribado por una corriente eléctrica de 400 voltios, que confundieron sus señales nerviosas y lo incapacitaron por completo, moviéndose sólo por obra de los espasmos que sacudían su cuerpo entero, cortesía de los dos dardos que le dispararon con una pistola táser.
Como previamente se ha establecido, en el Japón de aquellos tiempos, un país con una tasa de población muy baja, los niveles de delincuencia rondaban el cero. Por tal motivo, incluso los crímenes de muy bajo impacto causaban gran revuelo en esas tierras orientales, pero que en cualquier otra parte del mundo sólamente hubieran sido considerados como ofensas menores, sancionadas como una simple falta administrativa y perdonadas con el pago de la multa correspondiente.
Solamente así se explicaba que Rivera hubiera sido procesado como un adulto, habiendo pasado una noche entera tras las rejas y que la fotografía de cuando era arrastrado hasta la patrulla ilustrara las primeras planas de los periódicos locales, en cuyos encabezados podía leerse: "Joven delincuente es arrestado por perturbar el orden público, intentó darse a la fuga." La expresión nada favorecedora del muchacho bajo tales condiciones bastó para poder arrancarle una buena risotada al Profesor Fuyutski, quien desmenuzaba las entrañas del artículo que relataba los hechos sucedidos, extendiendo el tabloide frente a sus ojos.
—Hay que admitir que las cosas en este país son mucho más entretenidas siempre que Rivera está por aquí— pronunció de buena gana, observando una vez más el gesto desvalido del muchacho, reproducido fidedignamente en aquella impresión —A veces el amor saca lo peor de nosotros...
—Eso es intrascendente— aseveró Ikari, sentado en su escritorio, mirando a la nada en su típica pose meditabunda, la barbilla apoyada sobre sus manos entrelazadas —El mocoso sigue siendo una amenaza que debe ser eliminada, por el bien de nuestros planes...
—¿Sigues con eso? Me parece que le das demasiada importancia al asunto. La última vez que revisé, el muchacho aún llevaba un atraso de consideración en todos sus cronogramas. Nuestra linda muñequita lo ha mantenido bastante distraído durante todo este tiempo, sus avances son irrisorios. A ese paso, llegará con las manos vacías a su reunión programada con el comité de revisión. Su plan de trabajo será entonces descartado y podremos olvidarnos de esa molestia de una vez por todas. Y sin haber disparado una sola bala.
—No podemos confiarnos, sobre todo cuando ese chiquillo está involucrado. Sabe bien las desagradables sorpresas que puede darle a uno, Profesor, es un elemento impredecible y capaz de alterar el balance de toda la ecuación. Quizás todo este tiempo sólo ha estado jugando a hacerse el estúpido, para sorprendernos mientras tenemos la guardia baja. Tengo mucho apostado en este juego como para permitirme correr un riesgo de ese tamaño.
—No has pensado en todas las implicaciones que tendría el que Rivera sea asesinado en este país. Todos sabrían que fuimos nosotros, para nadie es un secreto quién es el que en verdad dirige a Japón. Por lo tanto, debemos ser más sutiles en el manejo de esta crisis. Confío en que podremos darle una salida mucho menos violenta a nuestro presente dilema. El factor Rei está jugando a nuestro favor, debemos aprovechar esta ventaja al máximo, dando a la situación todo un nuevo enfoque...
—¿Acaso tiene algo en mente, Profesor?
—No estaríamos teniendo esta conversación, de no ser así. Sabes que me especializo en estarte salvando continuamente el pellejo, Ikari.
—¡Atención, atención!— anunciaba Misato Katsuragi a viva voz, mientras que recorría los pasillos del cuartel sosteniendo del brazo a Kai, quien casi iba arrastrando los pies —¡Abran paso al ave de presidio, recién liberada! ¡Abran paso, traigo conmigo al criminal más buscado de todo Japón!
—Ojalá pudieras dejar de hacer eso— musitó el joven, bastante languidecido luego de una noche en el encierro —Acabo de salir de una experiencia traumatizante y quisiera que fueras un poco más comprensiva conmigo...
—¿Y perderme la oportunidad de restregarte tu estupidez en la cara? ¡Ni loca, amigo!
—¡Oye, Kai, qué bien saliste!— pronunció uno de los técnicos que encontraron en su camino, quien sostenía una copia del periódico local que daba cuenta de sus andanzas.
—¡Espero que sigas recordando a tus viejos amigos, ahora que ya eres una celebridad!— dijo otro más adelante, aguantándose las ganas de estallar en carcajadas.
—Disculpe la molestia, Doctor Rivera— se acercó otro empleado que encontraron —¿Sería tan amable de poder autografiarme mi periódico? No todos los días se topa uno con alguien tan famoso...
—"Ja, ja"— dijo el muchacho pausadamente, fingiendo una risotada, en tanto tomaba el plumón que se le ofrecía y el rotativo con su foto, sobre la cual escribió rápidamente: "¡Púdrete!", para rematar mientras devolvía el impreso: —Qué gracioso...
—Lo hago con tal de que te sirva de lección— explicó la Teniente Katsuragi cuando reanudaban su andar —Nada de esto sería necesario si por una vez en la vida escucharas a las personas, en lugar de sólo inventar lo que quieres oír... tienes que entender que cuando alguien dice no, es no, y punto. No hay algún tipo de intenciones ocultas detrás de eso, un no es sólo un no, y se acabó, no hay más, es tan sencillo como eso y no hay necesidad de complicarse la existencia por ello... Uno debe aprender cuándo hay que darse por vencido, antes de acabar hecho trizas contra una ventana que nunca se abrirá.
—Sé a lo que te refieres, y lo que tratas de hacer— respondió Rivera, apesadumbrado —Y te lo agradezco mucho... tratas de levantarme el ánimo, y al confrontarme de ese modo tan directo intentas provocarme para despertar mi espíritu combativo y no dejar que me de por vencido, aún cuando todo parece perdido...
—Claro que no, eso no fue lo que dije... ¿qué no estás escuchando? Lo que quiero decir es que...
—Eres una buena amiga, sabía que podía contar contigo en las buenas y en las malas. Es gratificante darse cuenta, sobre todo en estas horas tan oscuras, que aún cuando esté sepultado en el fango de la vegüenza, aún así tengo una persona que cuida de mí y me tenderá la mano para ayudarme a poner en pie de nuevo...
—Precisamente de esta clase de basura es de la que te estaba hablando, no puedes tergiversar las palabras de alguien a tu conveniencia, no cuando sus intenciones son tan claras. Lo único que haces es esconderte de la realidad en una absurda fantasía inventada por ti mismo, tan sólo como un chiquillo idiota que...
—Ssh, ssh... yo sé, yo sé...— la interrumpió el enajenado muchacho, colocando el dedo índice sobre los labios de la mujer —Y puedes estar tranquila... porque, aunque he sufrido un duro revés, el apoyo que me das es todo lo que necesito para seguir adelante. Te prometo que no claudicaré, por el contrario, redoblaré mis esfuerzos para que por fin, en un día no muy lejano, Rei y yo podamos estar juntos, tal y como nuestros jóvenes corazones lo desean. Y cuando nos casemos, quiero pedirte que seas mi dama de honor... y que cuides a nuestros bebés algún viernes por la noche, para que podamos salir a ver una película en paz...
—No sé porque siquiera me tomo la molestia de querer hacerte entrar en razón, eres un hombrecillo muy, muy, muuuy enfermo, y te compadezco— suspiró la mujer, resignada, mientras negaba con la cabeza —Sólo me queda vigilarte lo mejor posible, esperando que pueda evitar que te mates en tus ridículos intentos por conquistar a una androide sin sentimientos...
—¡Oh, una androide! ¡Eso es sexy! Me gustaría poder revisar a fondo todo su hardware interno...
En esas estaban cuando se encontraron de frente con el Profesor Fuyutski y la Doctora Akagi, quienes iban cargando una pila de documentos tan grande como sus brazos.
—¡Buen día, Teniente Katsuragi, Doctor Rivera!— saludó Ritsuko animosamente al verlos, esto a pesar de la evidente dificultad con la que sostenía los papeles en sus manos —Me alegro ver que su tiempo tras las rejas no lo ha cambiado, Doctor Rivera, se ve tan fresco y jovial como siempre... lo suficiente como para ayudarme a llevar todo esto hasta la oficina de Recursos Humanos...
—Eso quisiera, pero me temo que mi estancia en el encierro me ha arrebatado todas mis fuerzas, estimada doctora— dijo el chiquillo con un hilo de voz, colgándose del brazo a Misato como si fuera un niño pequeño y fingiendo que tosía —De no ser por la teniente, aquí a mi lado, lo más probable es que estaría desmayado en el piso en estos momentos... quizás usted pudiera ayudarme a mí, conjurando algún hechizo de sanación ó...
—¿Se puede saber que es todo esto?— inquirió la mujer de larga cabellera oscura, a la vez que ayudaba a Fuyutski con algunos de los gruesos legajos que llevaba —Es como la pesadilla de todo burócrata hecha realidad...
—Sucede que, como siempre, Ikari nos reliega las tareas más tediosas e irrelevantes— refunfuñó Kozoh, aunque a la vez aliviado por verse libre de alguna carga —La Unicef nos ha enviado una severa amonestación, acusándonos de solapar el trabajo infantil y de estarle negando al Primer Niño Elegido su derecho a la identidad, la educación y a una vida plena en sí...
—Toda esta basura de aquí es sólo una parte de la documentación necesaria para poder ingresar a Rei Ayanami al Registro Civil, a los servicios de salud y para que pueda cursar sus estudios en la escuela secundaria— acotó Akagi cuando retomaba el paso, acuchillando con la mirada a Kai, quien seguía haciéndose el convaleciente —No creerías toda la tramitología que se requiere para que una persona sin documentos exista ante las instancias gubernamentales de todos los órdenes. Certificado y acta de nacimiento, cartilla de vacunación, boletas de calificaciones, cédula de identidad...
—Todo eso con tal de que nuestra pequeña Rei pueda estar encerrada durante cinco horas en una escuela, como cualquier otro niño de su edad— completó el profesor —Lo que sea para tener contentos a esos santurrones hipócritas que despachan en el Fondo de la Infancia, sin importar que tengamos cosas mucho más urgentes que atender...
—¿Rei? ¿Cinco horas?— preguntó entonces Rivera, interesándose en la conversación en cuanto escuchó que Ayanami estaba involucrada —¿Todos los días? Pero... ¿eso no quiere decir que... pasará menos tiempo por aquí?
—Supongo— contestó Kozoh sin mucho interés —¿Pero qué se puede hacer al respecto? Además pienso que podrá servirle como una distracción, estar con jóvenes de su edad... ¿Quién sabe? Quizás allí se despabile y por fin pueda hacer algún amigo... incluso encontrar alguien en quien pueda interesarse románticamente...
Kai volvía a sentir la corriente de 400 voltios recorriendo de nuevo su cuerpo cuando escuchaba aquellas palabras. ¡Rei estaría lejos de él, durante cinco largas horas! ¡Rodeada de otros chicos!
—A mí lo que más me preocupa es si acaso esa pobre chiquilla estará preparada para sobrevivir en ese ambiente tan hostil— reveló Akagi, en tanto se balanceaba para hacer equilibrio y lograr que no se le cayeran sus papeles —Ya de por sí es una edad muy complicada, pero encima los muchachos de secundaria son de la peor calaña que pueda haber... son como lobos hambrientos, listos para despedazar a cualquiera que no sea igual a ellos. Se burlan de los gordos, los que usan lentes, los que calzan zapatos ortopédicos... sólo puedo imaginarme la clase de acoso a la que una persona como Rei se verá envuelta en medio de un típico salón de clases, y es algo que tengo que decir que me da mucha pena... ojalá hubiera alguien que pudiera acompañarla durante todo ese tiempo y hacer la transición mucho más fácil, una cara conocida y amigable en la que pueda apoyarse en los momentos difíciles... pero creo que eso es pedir demasiado...
—¿Y a ustedes dos qué diablos les pasa?— murmuró Misato para sí misma con sumo recelo —¿Desde cuando hablan así?
—¡Un momento!— alzó entonces la voz Kai, como si recién acabara de descubrir el hilo negro —¡Yo también tengo la edad de un estudiante de secundaria!
—¿Y qué con eso?— repusieron sus tres acompañantes a la vez.
—¡Que yo también podría enrolarme en la misma clase de Rei! ¡Yo podría cuidarla y ayudarla a adaptarse al cambio! ¡Yo podría ser ése que pudiera apoyarla en los momentos difíciles! ¡Maldita sea, díganme que yo puedo ser esa persona, por el amor de Dios!
—No lo sé— arguyó el profesor, un tanto escéptico —¿El afamado Doctor Kai Rivera, siendo degradado a un simple estudiante de escuela secundaria? No me parece lógico, ni que podamos justificar algo como eso, es un disparate...
—¡Oh, vamos! ¡No sean así!— suplicó entonces el joven —Además, recuerden que mi nombre legal es Kai Katsuragi, así que no sería el valiente Doctor Rivera quien ingresara a la secundaria como un chico más del montón, sino Katsuragi-kun, un alegre y simpático muchachito como todos los demás...
—Sería interesante ver los efectos que produce una coexistencia prolongada en la sincronía y trabajo de equipo de ambos pilotos, señor— añadió Ritsuko, colocándose de forma por demás rara del lado de "Katsuragi-kun".
—¡Eso es, eso es!— insistió con vehemencia el susodicho —¡Tómenlo como uno más de sus absurdos experimentos! ¡Saben bien que siempre cuentan con toda mi disposición para ayudarlos en todas sus aburridas investigaciones!
—Si lo ponen de esa manera, entonces puede ser... plausible...— consintió al final Fuyutski, haciendo uso de una respuesta bastante ensayada —Katsuragi-kun, haga el favor de ayudarle a la Doctora Akagi con esos papeles y discutamos más profundamente las bases de nuestro experimento de camino a la sección de Recursos Humanos...
—¡A la orden, señor!— dijo Rivera, feliz como un niño en juguetería, mientras que arrebataba la pila de documentos de las manos de Ritsuko y tomaba la delantera.
Misato se separó de ellos en ese punto, quedando rezagada cuando se detuvo para sostener los tabiques de su nariz con los dedos pulgar e índice, con los ojos cerrados y la cabeza gacha, como si acaso estuviera sufriendo una fuerte jaqueca.
"No es posible... ¡No puede ser posible!" se decía a sí misma, mentalmente "¿Pero cómo carajo es que este muchacho puede ser tan imbécil? ¡Dios!"
El disgusto de la mujer hacia su joven protegido perduró durante el transcurso de todo el día, y se acrecentó todavía más cuando al llegar a su morada lo encontró inmerso entre una montaña de historietas, mangas japoneses en su absoluta mayoría, de los cuales no despegaba la nariz. Tan concentrado como estaba en su lectura, ni siquiera se había dado cuenta de su arribo, hasta que ella le reclamó airadamente:
—¡¿Y ahora qué cuernos crees que estás haciendo entre toda esa basura?!
—¿Qué no es obvio?— preguntó retóricamente el joven, sin quitar la vista de su lectura, un compendio de historias ilustradas, tan grueso como una guía telefónica —¡Me documento, eso es lo que hago! Realizo un minucioso análisis que me prepare para mi inminente vida escolar...
—¿Sigues con eso? Tenía la esperanza que para ahora ya te habrías dado cuenta lo estúpido que es todo esto y te habrías cansado de seguir haciéndote el idiota...
—¡Nada de eso, por el contrario! El siguiente Lunes comenzarán mis días como estudiante de secundaria, y debo estar bien preparado para semejante misión. Aquí entre nos, no tengo idea de qué diablos se supone que hacen esos mocosos, pero creo que todos estos mangas pueden darme una pauta de qué comportamiento se espera de un individuo de esa edad y todas las situaciones jocosas y románticas que se pueden suscitar durante la estancia en un salón de clases... ¿Quién lo hubiera pensado? Parece ser que la escuela es el mejor lugar para hacer que alguien se enamore de ti, sobre todo si se trata de una tímida chica que de noche tiene poderes mágicos... ¿Acaso crees que Rei...?
—Así no es como... bah, olvídalo— repuso Misato, interrumpiéndose a sí misma al percatarse de lo infructuoso que era lo trataba de hacer —No tiene caso, creo que será mejor que ciertas cosas las averigües por ti mismo... sólo voy a preguntarte algo: ¿estás consciente que todo esto de la escuela no es más que un vil engaño, cierto?
—¿A qué te refieres?— inquirió Kai despreocupadamente, sin dejar de leer un solo momento.
—¡Vamos, no seas tan crédulo! ¡Es más que obvio que al Comandante Ikari le conviene mantenerte distraído y lejos del Geofrente! Por eso es que se sacó este disparate escolar, utilizando a Rei como carnada, con la que caíste redondito, además... ¿Aún no te das cuenta? ¡Serán cinco horas, de lunes a viernes, donde estarás atrapado en un salón de clases, sin poder avanzar en tus proyectos! Todos ya nos dimos cuenta que esa muchacha Ayanami te idiotiza, pero aún así no creí que llegarías hasta al punto de abandonar tus labores por estarla persiguiendo. ¿Ó cuándo pretendes ponerte a trabajar en serio en el diseño de tu Eva? Hasta ahora no has hecho nada, y de seguir así como vas llegarás a la reunión con el comité sin nada de nada...
—Tus prioridades están todas en desorden— contestó Rivera, haciéndose de otro ancho volumen de arte secuencial japonés —Lo del Evangelion es trabajo prácticamente hecho, es sólo poner en orden las ideas garabateadas por los viejos, cosa de nada... pero en cambio, el camino al corazón de una mujer como Rei está lleno de misterios e interrogantes... hasta ahora he estado tratando de conquistarla a tontas y locas, dejándome llevar sólo por corazonadas. Pero a partir de ahora emplearé el método científico, me documentaré lo mejor posible, elaboraré una serie de hipótesis que iré probando en diferentes escenarios controlados para, finalmente, dar con el resultado deseado y entonces... ¡Oh, no, Sana-chan, no lo hagas! ¡No caigas en los encantos de Tsuyoshi, Akito-kun es el que es para ti! ¡Está dañado, pero aún puedes salvarlo! ¡Oh, por Dios! ¡¿Por qué no te das cuenta de que te ama, tonta?!
Al saberlo irremisiblemente perdido, absorbido dentro de la historia que leía, Katsuragi prefirió evitarse más fatiga y dejar las cosas por la paz, no sin antes darle un último consejo, que más bien parecía una advertencia profética:
—Sólo te pido que tengas mucho cuidado, fíjate bien en todo lo que hagas. Sería una pena que después de tantas cosas que hemos librado, algo te llegara a pasar a tí ó a los demás sólo por estar persiguiendo a una chiquilla tonta que no sabe apreciar todo lo bueno que hay en ti...
—Sí, sí, cómo sea... ahora calla y ve a hacerme un ramen instantáneo, que ya está haciendo hambre...
Misato ya no dijo más, entornando los ojos y suspirando con profunda resignación, cansada ya de estar continuamente enojada con el joven y de sus persistentes celos hacia la chica que él decía amar. La vida junto a aquél disparatado chico era una montaña rusa, y seguramente aún les hacía falta dar varias vueltas más.
Cuando la mañana del anunciado lunes llegó, encontró una gran conmoción en las instalaciones de la Escuela Secundaria Número 1 de Tokio 3, específicamente dentro del salón de clases que correspondía al grupo 2A. Los alumnos tenían ante sí a dos estudiantes que recién ingresaban al curso, pero sin duda que eran un par bastante peculiar, unos jóvenes como ningún otro que hubieran visto antes. El muchacho parecía ser un actor extranjero de cine, bastante alto y bronceado, más que cualquiera de ellos, a quienes veía con sus brillantes ojos verdes con una expresión confianzuda en el rostro, sonriendo disimuladamente como si se divirtiera con la confusión que provocaba su presencia. Utilizaba el uniforme de forma desparpajada, con la camisa completamente desabotanada y desfajada, enseñando una camiseta negra estampada que llevaba debajo de ella. Sus rasgos eran completamente foráneos, nada parecidos a los de un chico japonés promedio, pero aún así no resaltaba tanto como la muchacha que estaba de pie a su lado, de piel tan blanca como la nieve, larga cabellera de una extravagante coloración azul y ojos de un intenso rojo que hacían pensar que se encontraba poseída por un espíritu maligno ó algo así, pues solamente en películas de terror es que habían visto a alguien con ojos como esos.
La clase se encontraba atónita en su totalidad, tratándose de un grupo mucho más nutrido que el que encontraría Shinji Ikari a su llegada, muchos meses después. Todos permanecián boquiabiertos con la mirada al frente, en espera de cualquier gesto de parte de los recién llegados, los cuales les parecían alienígenas recién descendidos de su platillo volador. En el mismo trance se encontraba el profesor de la clase, quien pudo reaccionar hasta algunos instantes después, una vez repuesto de la impresión inicial.
—Bien, ellos son Ayanami y Katsuragi, sus nuevos compañeros de clase— anunció el educador, ajustándose sus gafas mientras revisaba las hojas de ingreso de sus más recientes estudiantes —Ellos vienen, pues... eh... de muy lejos, al parecer... Sean amables con ellos y ayúdenlos en lo que puedan para ponerlos al tanto de lo que llevamos en el curso. Ahora, creo que sería apropiado que comenzáramos a conocernos mejor. Ayanami, comencemos contigo. ¿Qué tal si tú misma te presentas al grupo y nos cuentas algo sobre ti?
—Mi nombre es Rei Ayanami— respondió la jovencita con su voz baja y monótona de máquina contestadora, tratando de ignorar todas las miradas que sabía bien tenía encima —Un gusto conocerlos...
Así fue como daba punto final a su escueta introducción, dejando que un muy incómodo silencio se apoderara del ambien, pues no añadió nada más a su exposición verbal.
—...De acuerdo, muchas gracias, Ayanami— pronunció su maestro, luego de haber esperado un rato por alguna reacción de la joven, inútilmente —Puedes tomar asiento en una de las sillas disponibles... veamos... ¿Qué puedes decirnos tú, Katsuragi?
—¡Sí, señor!— contestó el chiquillo enseguida, con un entusiasmo desbordado que contrastaba al de su predecesora, quien ya se encaminaba a un lugar desocupado a paso calmado —¡Mi nombre es Kai Katsuragi, tengo 14 años cumplidos, mi signo zodiacal es Leo y mi tipo de sangre es AB Positivo! ¡Mis pasatiempos son la música y los deportes! ¡Soy una persona sencilla de gustos sencillos, y he venido a esta escuela con un sólo propósito...!
El emocionado muchacho hizo una pausa abrupta en su airado discurso, como a la expectativa de que algo sucediera. Ó fue así como lo entendió su profesor, pues al cabo de unos momentos, donde el silencio volvió a apoderarse del salón de clases, hubo de preguntarle:
—Y... ¿cuál sería ese propósito del que hablas, Katsuragi?
—Bueno... he venido a esta escuela para encontrar una sola cosa, que muchos tienen sin darse cuenta y qué otros tantos consideran como algo inútil, pero yo no... ¡Lo que quiero decir es que estoy aquí para por fin poder encontrar el amor!
Semejante declaración causó gran revuelo en casi todas sus compañeras, las que desde el momento en que había cruzado la puerta no habían perdido detalle de cada gesto y movimiento suyo, levantándose en el acto de sus asientos y gritándole al muchacho como si fuera una estrella de la farándula, tratando de llamar su atención para que eligiera a alguna de ellas. Mientras tanto, los pasmados estudiantes varones también gritaban, pero para sosegar a las alebrestadas chiquillas que parecían estar en medio de un concierto más que en una escuela, obviamente molestos por toda la atención que el recién llegado forastero estaba acaparando.
—¡Gracias, gracias, muchas gracias!— decía Kai repetidamente, abriéndose paso muy lentamente entre la horda de adolescentes enloquecidas hasta otro de los asientos disponibles —¡No se preocupen, que he venido preparado!— en eso sacó de su mochila un buen número de fotografías tamaño retrato, con su rostro sonriente estampado en cada una de ellas, acompañado de su firma, las que empezó a repartir entre las muchachitas como si estuviera repartiendo autógrafos, e incluso empezando a hablar tal como lo haría una celebridad —¡Las amo a todas, gracias, gracias, sería una nada sin ustedes, gracias, muy agradecido, besitos para todas!
Usando su altura para asomarse por encima del tumulto que deliberadamente había provocado, en ese momento buscó la ubicación de Ayanami, quien, según sus cálculos, para entonces debería estar muerta de los celos. En cambio, la encontró plácidamente acomodada en su lugar, mirando apacible y distraída al cielo azul despejado que podía apreciar por la ventana a su lado.
"Con que te crees muy dura, ¿no?" pensó Katsuragi para sus adentros "Pero esto aún es nada, todavía me falta sacar la artillería pesada... ¡Ya lo verás!"
Habían perdido casi por completo la primer hora de estudios cuando los ánimos por fin se pudieron calmar, más ó menos, y de tal forma el maestro podía dar comienzo con las lecciones. Cómo era de esperarse, la expectación inicial de Kai por su primer día de clases rápidamente dio paso a una rotunda decepción que posteriormente se transformó en fastidio, devino en tedio para finalmente dar paso a un soporífero estado semi-comatoso, que provocaba que el chiquillo cabeceara cada vez que era vencido por el sueño y la gravedad atraía su cabeza hacia la paleta de su pupitre.
Fue en una de esas ocasiones que su profesor de matemáticas lo sorprendió tomando la siesta durante su clase. Naturalmente, aquello provocó el justo enfado del educador, que igualmente se pudo haber evitado de haberse tomado la molestia de haber leído la circular que enviaron a todos los profesores del grupo 2A, donde se les advertía de que en sus clases albergarían a ese alumno con tan peculiares características, al que debían prestar especial cuidado.
De tal forma, actuando de forma justa y democrática, como lo hubiera hecho con cualquiera que hubiera tenido la descortesía de dormir durante su clase, el maestro lanzó un pedazo de tiza que atinó certeramente en el cráneo del aletargado muchacho, quien se despertó con sobresalto al sentir el duro golpe en la cabeza.
—¡Tú, chico nuevo, Katsuragi!— señaló el enfadado trabajador de la educación, amenazándolo con el dedo —¡Apenas es tu primer día en esta escuela y ya te estás durmiendo en mi clase! ¿Te aburro con mis lecciones? Seguramente debe ser porque ya sabes cómo resolver todas estas ecuaciones, ¿cierto? ¿Porqué no pasas al frente de la clase, y nos muestras en el pizarrón como es que se hace, chico listo?
—¿En serio, yo? Si usted insiste... pero no creo que sea el procedimiento estándar— dijo el desorientado muchacho, acariciando la parte lastimada de su cabeza, en tanto se ponía en pie para hacer caso a la petición de su profesor —No sabía que también los alumnos pudieran dar la lección... debe ser uno de esos nuevos métodos de enseñanza experimentales. ¡Oh, miren eso, qué bonito plano cartesiano! Ecuaciones algebraicas, esto sí que me trae recuerdos... veamos... iban muy bien, hasta aquí... parece que les hace falta utilizar el método de sustitución para despejar esta variable de acá... aunque también se podría emplear el método de igualación en esta parte de aquí... después seguimos el caminito que hemos hecho hasta encontrar el valor de la incógnita... hay que recordar una regla muy importante del álgebra, que nos dice que si se modifican ambos miembros de una ecuación, el resultado sigue siendo el mismo. Así pues, tenemos por simplificación que el resultado...
El Doctor Rivera tomó entonces las riendas, casi sin darse cuenta, dando vuelo a su ingenio y vasto entendimiento para explayarse en la explicación a todos sus acompañantes de las distintas maneras que había para resolver los diversos problemas algebraicos que se les presentaban, haciéndolo de un modo tan sencillo pero a la vez interesante, que prácticamente todos lo escuchaban casi sin pestañear, incluido el maestro de la clase. Por un momento regresó en el tiempo y parecía verse así mismo dando clases en la Nueva Universidad de Tokio 2, donde había estado impartiendo cátedra en algunas materias hace algunos años. Los jóvenes estudiantes de secundaria prestaron cuidadosa atención a todas las palabras de su nuevo compañero, quien empleaba términos coloquiales y dinámicas para lograr condensar en una sola clase el avance de medio curso de aquella materia. Sobra decir que esa fue la primera y la última vez que alguno de los maestros de esa escuela llegó a retar al joven Katsuragi. A partir de entonces todos ellos supieron que si aquél peculiar chiquillo asistía a sus clases, no era por el conocimiento que allí podría adquirir, sino por causas muy distintas, que muy poco ó nada tenían que ver con su educación. Lo mejor, en dado caso, era dejarlo tranquilo para evitar que arrastrara a los demás muchachos en la vorágine de sus ocurrencias.
En esos momentos Kai estaba tan ensimismado, tan envuelto en su papel de maestro sustituto que ni siquiera se percató cuando fue que la resolución de una simple ecuación en el pizarrón lo llevó a estar hablando con aquellos jóvenes educandos acerca del papel que jugaban tales fórmulas en cada aspecto de la vida, desde lo mundano hasta lo macrocósmico, hablándoles de intrincados conceptos como la existencia de ecuaciones sin solución y como otras daban respuesta a las grandes interrogantes, como el origen del universo y la composición de la materia, lo que siempre abría paso a nuevas preguntas que necesitabn ser respondidas:
—...incluso hasta hace muy poco tiempo, relativamente hablando, cosa de diez, quince años, es que se pudo trazar por completo el mapa del genoma humano, para lo que se necesitaron de tres supercomputadoras de alta generación, para poder codificar en algoritmos toda la información de las cadenas proteínicas que se requieren para el desarrollo físico de un ser humano. Todo esto en base a ecuaciones que hace sólo veinte años se pensaban irresolubles. Esta información ha resultado ser muy valiosa y con diversas aplicaciones, sobre todo en las áreas biomédicas, lo que ha permitido desarrollar toda una nueva serie de fármacos y terapias para solucionar enfermedades que apenas el siglo pasado se creían incurables. ¿Sabían ustedes, por ejemplo...?
Tan perdido se encontraba en su apasionante exposición que ni siquiera se daba cuenta que, sin siquiera habérselo propuesto, desde hacía ya un buen rato había logrado obtener la completa e individida atención de su querida Rei Ayanami, quien lo observaba fijamente con un fulgor incierto resplandeciendo en el escarlata de su mirar, al estar atisbando toda una nueva faceta de la personalidad de su compañero piloto, hasta ese momento desconocida para ella.
—...descubrimientos recientes nos han hecho revalorar nuestra posición en el entramado general del universo. Disciplinas nuevas, que aparecen conforme nuestro conocimiento se expande, nos abren la posibilidad de considerar como posibles toda clase de cosas locas, que pudiéramos catalogar mágicas, delirantes, como la existencia de otros universos con leyes completamente distintas a las que conocemos, ocupando el mismo espacio que este, en donde existimos, sólo que en frecuencias distintas que conforman un sistema infinito, si es que algo como eso puede existir... y encima de todo eso, en caso de que se compruebe, se ubican dimensiones superiores de existencia con las que ni siquiera soñamos, dónde sólo seríamos una insignificante mota de polvo en comparación...
El joven científico explicaba todo con garabatos que trazaba rápidamente y borraba del mismo modo, sólo para volver a ilustrar otro concepto novedoso que traía a colación, haciendo volar las mentes de sus escuchas. Rei ponía especial atención en el semblante del muchacho: apasionado, dedicado, y sobre todo lo más importante, sincero, carente de todo artificio superfluo, como la pose fanfarrona ó burlesca con las que hasta entonces le conocía. Quizás no todo estaba tan mal en ese chico, ó quizás sólo se trataba de un espejismo que ella misma se hacía ver para darse falsas esperanzas. Pero lo que era innegable es que en esos momentos se encontraba como nunca antes, cautivada por él.
De tal modo, Katsuragi permaneció ignorante de aquél suceso que lo hubiera hecho irse de cabeza. Su conferencia consumió lo que restaba de la clase hasta que inició el descanso, pero aún así permaneció en el salón donde varios de sus condiscípulos, en su mayoría chicas, seguían atentos a sus palabras, aún cuando el tópico hubiera cambiado radicalmente:
—...y es por eso que detesto las cosas que no se quedan muertas...— decía el muchacho de forma casual, sentado sobre el respaldo de una butaca, ubicada en medio de un cerrado círculo de chiquillas que se había hecho en torno a él —¿Alguna otra pregunta?
—¡Sí, yo!— pidió el uso de la palabra una de sus menudas compañeritas, alzando el brazo con vehemencia —Katsuragi-kun, ¿qué clase de chica te gusta?
—Ahora que lo mencionas, me considero un fanático de las mujeres— respondió el joven, divertido por las intenciones de tal cuestionamiento —Para mí todas son hermosas, en tanto su corazón sea honesto y su actuar corresponda a ese sentir. ¡Qué me importa a mí si son altas ó chaparritas, gordas ó flacas, rubias ó morenas! Lo importante es la nobleza de su espíritu, reflejada en sus acciones hacía sí misma y hacia los demás... aunque debo admitir que tengo algo por las pecosas con coletas que se me acercan con gesto malhumorado...
Ironizó al respecto, cuando veía a Hikari acercarse hasta donde estaba, abriéndose paso con decisión por entre sus embelecidas compañeras, a quienes en algunos casos debía apartar a un lado a empujones.
—¡Hola, qué tal, amiga!—saludó a la recién llegada, una vez que la tuvo frente a él, cruzada de brazos y acuchillándolo con la mirada —Creo que a ti no te tocó foto durante la primer entrega, pero no hay porqué molestarse, traigo muchas más conmigo— anunció cuando sustraía de su mochila otro retrato suyo —Y para compensarte el descuido, hasta pienso ponértele una dedicatoria personalizada... ¿a quién va dirigida?
—Mi nombre es Hikari Hokkari, soy la representante de este grupo ante el Concejo de Estudiantes de la escuela— explicó la jovencita con peinado de coletas mientras que le arrebataba su foto antes que pudiera escribir en ella, para romperla en dos pedazos, en dirección vertical, ante la vista impávida de todos los presentes —No estoy aquí para adularte ni babear por ti, Katsuragi, únicamente vengo en mi papel de concejal para prensentarme contigo y ofrecerte mi ayuda para tu rápida adaptación a esta escuela, como tengo que hacerlo con todos los estudiantes nuevos. Pero también vengo porque tengo que pedirte algo...
—Hikari Hokkari— repitió Kai, sin quitar la sonrisa socarrona que adornaba su cara —Eres linda, así que procuraré recordar tu nombre... ¿Qué puedo hacer por ti, Hikari?
—Es Hokkari ó "Concejal Hokkari" para ti— contestó enseguida la muchachita, sin cambiar su semblante —Debo decir que a todos nos dejó impresionados la lección de álgebra, y en sí de todos los misterios del universo, que acabas de darnos... aunque también me dejó muy claro que no tienes nada que hacer en esta escuela. Ignoro, y a decir verdad me importan muy poco, los motivos que tengas para estar aquí, pero debo pedirte entonces que procures no interrumpir ni alterar el transcurso de nuestras clases. Obviamente tú no tienes nada que perder, parece ser que sólo estás de paso aquí, pero todos nosotros veremos seriamente afectados nuestros estudios si cada día piensas hacer lo mismo...
—¡Vamos Hikari, relájate!— la instó una de sus compañeras, a quien no le gustó el tono con el que se dirigió a la sensación del momento.
—¡Es cierto, Hikari, tú siempre tienes que ser tan estricta y estirada!
—¡Bueno, pues alguien tiene que serlo, Kasumi!— se defendió airadamente la concejal, encarando a sus detractoras —¡Estos son tiempos muy difíciles y todos tenemos que dar nuestro mejor esfuerzo en lo que nos toca hacer! ¡Somos estudiantes, debemos concentrarnos en nuestros estudios y prepararnos para el día de manaña, no estar desperdiciando el tiempo en tonterías! ¿Ó es que crees que con bajas calificaciones vas a poder entrar a una buena universidad y conseguir un buen empleo?
—Sí, si es que tus padres son ricos— contestó uno de sus compañeros varones, interviniendo en la conversación, harto de las ínfulas de grandeza que, a su entender, Hikari siempre se daba.
—Y de todos modos, nada de eso tendría mucha importancia si es que me llego a casar con alguien como Katsuragi-kun— aventuró otra de las chiquillas ahí reunidas.
—A eso es a lo que me refería— pronunció Kai por último, señalando con el índice a la asediada jovencita —Nobleza de espíritu y honestidad. Tienes corazón, Hikari, y mucha determinación. Esas cualidades te llevarán muy lejos y te harán lograr cualquier meta que te propongas. Disculpa que haya interrumpido así las clases, tienes toda la razón. Puedo asegurarte que no volverá a suceder y dejaré que los maestros hagan su trabajo y todos ustedes el suyo.
—Gra-gracias por entenderlo— respondió la chiquilla, destanteada por los inesperados cumplidos cuando ella esperaba una confrontación similar a la que sostenía con sus otros compañeros.
—Ahora soy yo quien debe pedirte un favor— continuó Katsuragi, sin cambiar su tono de chanza, provocador —Tienes unas facciones muy agradables, Hikari. Quisiera ver como es tu carita cuando estás contenta. ¿Crees que podrías regalarme una pequeña sonrisa?
—¡No tengo tiempo para estar jugando!— respondió de súbito la muchacha, dándose la vuelta para ocultar su rostro completamente encendido —¡Aún tengo que buscar a Ayanami para presentarme con ella también!
—¿Ayanami... dices?— pronunció su interlocutor, a quien abandonaba el habla cuando se dio cuenta que se había olvidado por completo de Rei. De inmediato recogió sus pertenencias y de un brinco salió del círculo a su alrededor, saliendo a toda prisa del salón mientras se reprochaba a sí mismo por el grave error cometido: —¡Mierda, el descanso comenzó hace quince minutos! ¡Y yo aquí nomás, tan tranquilo como si nada! ¡Me lleva el diablo! ¿Cómo pude ser tan estúpido?
—Ese muchacho nuevo... sí que es bastante raro...— musitó Hikari con recelo, mientras lo veía alejarse como gacela en estampida.
Todos sus condiscípulos tuvieron que compartir su opinión, acreditándola con un unánime "ajá" que soltaron al mismo tiempo que asentían con la cabeza.
Una típica jornada escolar en una típica escuela secundaria había resultado ser una sucursal particular del Infierno para Rei Ayanami. Ó por lo menos, lo más cercano a eso que había experimentado hasta entonces. El confinamiento que sentía dentro de ese edificio, atestado a más no poder de ruidosos niñatos, que provocaban tumulto y gran escándalo en donde quiera que posaran su contaminante presencia, era algo a lo que no estaba acostumbrada y a lo que había descubierto tener una nula tolerancia. A tan sólo tres horas de haber comenzado con sus clases, la retraída jovencita se encontraba ya exhausta, agobiada y a punto de enloquecer. Un ataque de pánico estaba en puerta, de seguir como estaba. Para calmar sus nervios, durante el descanso que se les concedía hubo de refugiarse en el sitio más desolado que pudo encontrar dentro de aquellas instalaciones académicas, que vendría siendo la azotea del edificio donde se ubicaba su salón de clases. Y aún en ese lugar apartado se alcanzaba a escuchar el barullo lejano producido por sus compañeros.
Como lo había hecho durante el transcurso de toda la mañana, miraba desvalida hacia el horizonte, suplicando por una intervención divina, ó de cualquier tipo, que pudiera sustraerla de ese limbo en el que se veía prisionera. Para colmo, una agravante más se sumaba a la lista aflicciones que debía sufrir en esos nefastos parajes. El hambre.
En toda su vida Rei jamás había sabido lo que era asistir a la escuela, por tanto todos los pormenores que eso involucraba le eran completamente desconocidos, incluyendo lo concerniente a su alimentación. Estando acostumbrada a que su comida le fuera proporcionada, de una manera u otra, por alguién más a cambio de nada, ya fuera por las monjas en su convento ó los empleados del comedor del Geofrente, sus insumos siempre le eran suministrados puntualmente sin mayor contratiempo. Nunca se le hubiera ocurrido que en la escuela era ella misma quien debía traer sus alimentos, ó bien contar con dinero para comprarlos en la cafetería escolar, sobre todo si nadie se había tomado la molestia de advertírselo. Se le había instruído para llevar puesto el uniforme reglamentario de aquél centro de estudios y para cargar una mochila con varios enseres escolares, lo que cumplió cabalmente, al pie de la letra. Pero en ningún momento se le había especificado que con respecto a sus alimentos era ella quien debía proveerlos. Con eso quedaba de manifiesto que, en su presente condición, lo que a todos los demás les parecía cosa de lógica y sentido común, para la inexperta muchachita era un absoluto misterio desconocido, que debería ir desentrañando con el día a día.
La lección de esa vez, sin embargo, la hubo de aprender de forma bastante lamentable, con su cuerpo pidiéndole a gritos un simple bocado de comida. Después de ese día se iba a asegurar de jamás volver a pasar hambre de nuevo, pero mientras tanto el ayuno obligado por el que pasaba en esos momentos resultaba ser una pesada losa para cargar, sobre todo teniendo en cuenta que de cualquier modo la muchachita no se alimentaba muy bien, estando a casi nada de sufrir desnutrición.
Desde que dio comienzo ese funesto día, todo había ido de mal en peor y aún no daba visos de mejoría. Lo más nefasto de todo es que todavía faltaba mucho para que terminara, pese a los vehementes deseos de Ayanami de que así fuera. "Será cosa de hacerse al ánimo para resistir lo que quede..." pensaba la abatida señorita, haciéndose a la idea de que debía permanecer estoica para perseverar, e incluso tratando de ver el lado amable de todo el asunto: "Por lo menos esto ya no se puede poner peor, ¿ó sí?"
—¿Dónde está Rei?— Kai pareció responder a su pregunta, saliendo a su encuentro de improviso, con las manos cubriéndole la cara y hablando en tono pueril. Casi enseguida se descubrió el rostro, para señalar hacia donde estaba ella sentada, recargada contra la baranda que la separaba del vacío —¡Ah, ahí estás! ¡Por fin te encuentro, pequeña bribona!
Sabiéndose atrapada, Rei no tuvo más opción que entornar la mirada y resignarse a su suerte, que últimamente no estaba siendo muy buena.
—Eres tú... ¿Se puede saber cómo le hiciste para encontrarme?— preguntó la chiquilla en un murmullo, de muy mala gana.
—Cuando alguien te ama tanto, como yo, le es posible sentir tu "ki" donde quiera que te encuentres y de este modo llegar a tu lado cuanto antes— respondió el muchacho en tono da chanza, colocándose el dedo índice y medio en la frente —Además, te conozco tan bien que de inmediato supe que te acomodarías en el lugar más apartado y solitario que te pudieras encontrar. Esta era una opción natural para ti... ¡Guau, pero mira qué vista!
—¿Y ahora qué es lo que quieres? ¿Porqué siempre tienes que estar sobre de mí? Ojalá que pudieras dejarme en paz por lo menos cinco minutos— observó Ayanami, a quien la desesperación ya le estaba cobrando factura, al punto de permitirle ser grosera sin un motivo justificable.
No obstante, como siempre, su compañero piloto no se molestó por el maltrato recibido. Por el contrario, se le veía bastante contento por el solo hecho de haberla encontrado, y lo mejor es que había sido antes que concluyera el receso.
—¡Qué buen sitio para comer encontraste!— dijo él al tiempo que se sentaba sobre el piso, recargándose contra la pared que daba a las escaleras que conducían hasta ahí, quedando justo frente a ella —¿Te importa si almuerzo contigo?
Sin que le quedaran ya ánimos para cualquier cosa, la jovencita solamente negó con la cabeza, tratando de ignorar los contenedores de comida que Katsuragi comenzaba a sacar, alistándose para disponer de su contenido.
—¡Buen provecho!— anunció el chico en tanto separaba sus palillos chinos y desanudaba el paño con el que había cubierto el envase que transportaba su comida —Por poco y me olvido de comer, no creo que hubiera aguantado lo que queda de clases con el estómago vacío...
Rei permanecía en esos momentos con la vista gacha, tratando de no mirar a su acompañante mientras comía afanosamente su refrigerio.
—¿Y tú que comiste, hermosa?— preguntó Kai entre bocado y bocado, más que nada por hacer tema de conversación, queriendo con ello impedir que la muchacha adoptara de nuevo su ostracismo natural.
Sin embargo, la damita no contestó a su pregunta, limitándose a permanecer callada y con la cabeza agachada entre sus rodillas levantadas, que le servían de soporte.
—Déjame adivinar:— siguió el jovenzuelo, al parecer muy divertido con la actitud esquiva de su compañera, pues tenía en su cara una sonrisa de oreja a oreja —No trajiste de comer, ni dinero para comprar un almuerzo, ¿cierto?
El brillo que despedían los ojos carmesí de la muchacha al levantar su mirada fue la única respuesta que obtuvo, la que fue más que suficiente para advertirle al joven que había dado justo en el clavo, lo que lo llenó de suma satisfacción que hubo de disimular.
—¡Parece que alguien no hizo su tarea de investigación!— dijo al fin el muchacho, burlonamente —Si acaso lo hubieras hecho, sabrías que los jóvenes en edad escolar consumen alimentos durante un descanso que se les otorga a mitad de su día de clases, ya sea que los traigan desde sus casas ó los compren en las instalaciones escolares.
—Me asomé a la cafetería, pero estaba repleta— Ayanami se quiso excusar, haciéndolo apenada y con un dejo lastimero —Los chicos se encimaban unos con otros, como en un hervidero de gusanos... me dio mucho asco, no me atreví ni siquiera a intentar comprar algo...
—¡Pobrecilla! Sólo puedo imaginarme lo difícil que debe ser todo esto para ti, apenas es tu primer día de escuela y no sabes como es que debes actúar— se compadeció de ella su acompañante, sentándose a su lado —Debe ser todo un inconveniente para ti... ó debo decir, lo sería, si no fuera porque estoy de tu lado, y pude preveer tal complicación por lo que vine preparado para enfrentarla. ¡Mira esto!— anunció cuando sacaba otro recipiente envuelto en tela, que puso de inmediato entre sus manos —¡Un tradicional bento, sólo para ti! ¡Un almuerzo típico de estudiante japonés, preparado por mí especialmente para tu adorable persona, sazonado con todo mi cariño!
Bento es un almuerzo bastante común en tierras orientales, una forma práctica de llevar el desayuno ó colación de media mañana ya sea a la escuela ó lugar de trabajo, que generalmente consiste en una generosa guarnición de arroz, sea frito ó cocido al vapor, con porciones de carne, pescado ó mariscos y verduras para acompañar, todo esto dentro de un contenedor de formas y materiales diversos que van envueltos en un pedazo de tela que sirve como bolsa de transporte y mantel a la vez. Es también costumbre entre los estudiantes nipones que estos almuerzos se preparen especialmente para la persona querida, aunque generalmente son las chicas quienes lo realizan y no al revés, como en el caso del enajenado Doctor Rivera.
—Esto... esto es...— las palabras se agolpaban en la garganta de la muchachita, quien apenas al ver el contenedor extra que pusieron en sus manos experimentó un gran sentimiento de alivio, pese a que su naturaleza recelosa la instaba a seguir desconfiando de todo gesto de parte de ese fantoche —Es muy considerado de tu parte... no sé que decir... yo solo... muchas gracias...
—¡No me lo agradezcas! ¡Me da gusto poder serte de ayuda! Come con confianza, yo mismo preparé todo para asegurarme que estuviera perfecto. No mereces nada menos que eso...
—Y... dices que todo lo hiciste tú mismo, ¿no es así?— dijo la jovencita en cuanto abrió el contenedor y avistó su interior, repleto de camarones mal empanizados, pedazos de tomate, cebolla y lechuga que más que cortados parecían hechos puré, acorralados por una enorme porción de arroz que parecía frito, pero que no se apelmazaba lo suficiente para sujetarse con los palillos chinos. De no haber tenido tanta hambre, seguramente no se hubiera atrevido a probar nada de eso —Ya... veo. Lucen... distinto a cualquier cosa que haya comido antes, eso sí.
—¡Prueba, prueba!— instaba Kai, con ojos refulgentes, llenos de ilusión —¡Estoy seguro que te encantará, ya lo verás!
—Provecho— pronunció la chica de cabellera celeste, en tanto se aventuraba a lo desconocido.
Por razones propias, y sobre todo porque parecía ser lo más comestible de todo lo servido, comenzó por llevarse el arroz a la boca. Al hacerlo, pudo notar que no estaba tan mal como aparentaba, aunque tenía cierto sabor salado que no atinaba a reconocer. Alentada por no haberse desmayado en el acto ni tampoco estar convulsionándose en el piso, envenenada, Ayanami repitió la operación varias veces más, dejando que el hambre le permitiera ignorar el peculiar sabor de su comida.
—Tienes que comer los camarones, me quedaron muy crujientes y esponjositos— pronunció Katsuragi cuando daba cuenta de uno de ellos en su propio contenedor.
—Te lo agradezco, pero no puedo comer animales de ningún tipo... por alguna razón que nunca me he podido explicar, al parecer mi cuerpo no tolera la ingesta de carne, de cualquier tipo de carne...
—¿Cualquier tipo... dijiste?— repitió el joven, congelándose en su lugar con cara de espanto.
—Este arroz... tiene un sabor bastante curioso— comentó la muchachita, deteniendo por un momento su deglución, comenzando a sentirse extrañamente indigestada, quizás por la rapidez con la que había comido —Y estos pedacitos que tiene, tan crujientes... ¿de qué son?
—Este... eso debe ser... el tocino rebanado con el que lo preparé...
—¿Tocino? ¡¿Tocino?!— pronunció Ayanami, descreída, poniéndose en pie como de rayo, y sujetándose la boca de su estómago revolucionado —¿Como en tocino de cerdo? ¿Ese tocino?
Tal como había explicado ella misma, el organismo de aquella singular jovencita era incapaz de digerir cualquier tipo de carne, pero la carne de cerdo era la peor de todas, y su efecto era casi inmediato, de ahí su alarma y espanto.
—¡¿Qué parte de "No puedo comer carne" no entediste?! ¡¿Y qué clase de persona enferma le pone tocino al arroz!?
—¡Lo siento, lo siento!— se disculpaba con insistencia, igual ó hasta más asustado que ella —¡Es una receta puertoriqueña! ¡Yo qué diablos iba a saber que comer animalitos te hacía daño! ¡Dios! ¿Y ahora qué hago, qué carajo hago? ¿Cómo te ayudo?
—Sólo... sólo vete de aquí, por favor...— indicó Rei, cuyo enfermizo semblante comenzaba a cambiar de color del mismo modo que lo hubiera hecho un camaleón —Lo que pasa a continuación... no es agradable... déjame sola...
—¡Por supuesto que no te dejaré aquí sola, así como estás!— dijo el muchacho, envalentonado, dipuesto a demostrarle que él podía cuidarla, por la que la sostuvo de los hombros para que sintiera su apoyo en esos difiíciles momentos —¡Debe haber algo que pueda hacer! ¡Déjame...!
Antes que cualquier otra cosa pudiera ser dicha, Katsuragi fue golpeado de lleno en el rostro con un poderoso, y por demás repentino, chorro de tibio jugo gástrico con varios granitos de arroz y pedazos de tocino sin digerir. Rei quedó casi en cuclillas, jadeando, falta de aliento mientras que un espeso hilo de saliva y vómito colgaba de su labio inferior hasta llegar al piso, donde había quedado toda la vomitada que no había bañado al estupefacto Kai.
—¿Sabes?— preguntó éste en un tono mesurado y conciliador, como si nada hubiera pasado, luego de un rato en que ninguno de los dos atinaba a decir ó hacer cualquier cosa, mientras se quitaba la camisa de su uniforme para limpiarse la cara —De algún extraño, retorcido modo... creo que desde un principio supe que todo esto terminaría así...
Ayanami lo fustigó entonces con la mirada, pelándole los dientes como una fiera herida con su rostro completamente enrojecido, fuera por el esfuerzo que realizó ó por la vergüenza que le provocaba semejante incidente. Sin darle tiempo al chiquillo para que dijera cualquier otra sandez, la jovencita salió corriendo de ese lugar tan rápido como se lo permitieron sus ágiles piernas.
—¿Hasta cuando irás a dar una, Doctor Rivera?— se preguntó el muchacho a sí mismo una vez que estuvo solo, reconociéndose ya un poco cansado por tantos fracasos en su romántica empresa.
Los días siguieron su curso, apilándose en el calendario hasta convertirse en unas cuantas semanas, tres a lo mucho. Muy pocas cosas habían cambiado en el transcurso de ese tiempo, y lo que seguía inmutable era el continuo desdeño de Rei Ayanami hacia Kai Rivera y los continuos intentos de éste por llegar al corazón de aquella singular muchachita, quien no le dirigía ya la palabra desde el penoso suceso del bento.
Naturalmente, dado el empecinamiento del joven, dicha circunstancia no le representaba inconvieniente alguno para continuar su esfuerzo por conquistarla, para lo cual se valía de varias artimañas y planes descabellados, cada uno más elaborado y absurdo que el anterior. Todos a cual más de inútiles, por supuesto. El último de ellos, hay que decirlo, se le presentó de manera un tanto fortuita, cuando las clases habían terminado y todos los alumnos se dirigían a casa. Como siempre, esperaba por Ayanami, escondido detrás del muro que delimitaba el perímetro frontal de la escuela. Tenía que hacerlo de esa forma porque si acaso la muchachita lo avistaba primero haría todo lo posible por evadirlo. De tal suerte, el sigiloso galán aguardaba ansioso por que su amada cruzara las puertas del edificio para poder seguirla a la distancia sin ser notado, a la espera de cualquier oportunidad que pudiera presentársele para conseguir, por lo menos, que Rei volviera a hablarle.
En esas estaba, cuando su posición le permitió observar que unos cuantos metros a su lado, igualmente ocultos por la barda limítrofe, un par de sus compañeros de clase eran confrontados por un alumno de grado superior, incluso se podría decir que estaban siendo alevosamente intimidados, por lo poco que podía distinguir a esa distancia.
El agresor era un muchacho bastante alto y con cabello teñido de anaranjado casi a rapa, algo corpulento para su edad, por lo que su tamaño le bastaba para mantener a raya a sus dos víctimas, que se apretujaban contra la pared como si quisieran atravesarla. Las señales que los tres escolares mandaban eran bastante claras, y los gestos de todos los involucrados eran por demás inequívocos. Aún cuando fuera la primera vez que presenciaba en vivo algo así, Katsuragi había leído lo suficiente acerca de la convivencia social entre estudiantes en etapa escolar como para saber que lo que sucedía frente a sus ojos era una demostración de acoso escolar. Y no podía estar pasando en mejor momento.
—¡¿Cómo es eso que aún no tienen el dinero que le deben a Hayato-san?!— vociferaba por su parte el muchacho grandulón que amenazaba a sus dos compañeros, sujetando a ambos por la camisa para poder zarandearlos a su entera conveniencia —¡Dijeron que lo tendrían sin falta para hoy! ¡¿Creen que estamos jugando ó qué mierda piensan?! ¡¿Acaso están tratando de verle la cara de idiota a Hayato-san, y quedarse con su dinero, par de imbéciles?! ¡Si es así ya pueden irse despidiendo de sus tristes culos!
—¡No, por favor!¡Claro que no es así!— se excusaba uno de ellos, un chiquillo pecoso con cabello desaliñado que usaba grandes gafas, alzando las manos en señal de rendición —¡Sabes bien que Hayato-sama y todos ustedes se merecen todo nuestro respeto!
—¡Es verdad! ¡Jamás podríamos pensar en engañarlos, los estimamos mucho y agradecemos todo lo que hacen por nosotros!— completó el otro, un jovencito con rasgos más toscos y cabello negro recortado, quien llevaba puesto el uniforme desportivo de la escuela —Lo que sucede es que... es mucho dinero, y bueno... se nos ha dificultado un poco reunir la cantidad... sobre todo porque mi hermanita ha estado enferma en casa y...
Al desvalido chiquillo se le estaba dificultando hablar por la falta de aire que sentía al oprimírsele la garganta por causa directa del bravucón, que comenzaba a ejercer más presión sobre ellos.
—¡Ese es tu problema, mojón!— lo silenció, gritándole al oído —¡Todos los demás ya han dado su pago, sólo faltan ustedes, maricas de mierda! ¡Y es muy raro que cada semana siempre pase lo mismo, ustedes siempre son los que se atrasan en sus pagos! ¡Me tiene sin ningún cuidado si se quedan sin comer ó se regresan a sus casas caminando, el dinero de Hayato-san debe ser entregado puntualmente! ¡¿Entienden?!
—¡Ya lo sabemos, ya lo sabemos!
—¡Discúlpanos por favor, será la última vez que suceda!
Los desesperados chiquillos se excusaban una y otra vez, al borde las lágrimas, inclinando la cabeza hacia arriba y abajo mientras que chocaban sus palmas en señal de súplica. Se encontraban ya a punto de desfallecer, lo que alentó aún más al bravucón para aumentar su dominio sobre ellos.
—¡Eso mismo fue lo que dijeron la semana pasada! ¡Seguramente piensan que soy un maricón blandengue, que sólo necesitan chillar para que los deje en paz! ¡Ya va siendo hora de que sepan que ni Hayato-san ni yo estamos jugando! ¡Sabrán qué es lo que les pasa a los tipos listos que creen que pueden salirse con la suya y quedarse con el dinero de Hayato-san!
—¡No, por favor! ¡Les pagaré, les pagaré!
—¡Yo también, sólo necesito un día más! ¡Mañana sin falta tendré su dinero, pero no me lastimes, por lo que más quieras!
—¡Cállense!— demandó el atacante, blandiendo su puño en el aire —¡Sabían muy bien que esto es lo que pasaría si no pagaban! ¡Esto les enseñará a ustedes y a todos los demás idiotas de esta escuela a no meterse con nosotros...!
—¡Perdón que te interrumpa, pero necesito urgentemente de su ayuda!— dijo Kai cuando salía de improviso a su lado, deteniendo con la mano su puño, antes que se estrellara en el rostro de alguno de sus cautivos —¡Quiero que esperen así como están sólo un par de segundos, ella no tarda en salir y todo tiene que verse lo más natural que se pueda!
—¡¿Pero qué diablos?!— musitó el sorprendido pelirrojo artificial, en tanto forcejeaba inútilmente por zafar su brazo del agarre del recién llegado —¡¿Quién coño eres tú?! ¡Más te vale que me sueltes ó ya verás, estúpido chupapitos...!
—¡Bien, bien! ¡Esa es la actitud!— instaba Katsuragi con una enorme sonrisa en el rostro, volteando a cada momento hacia el ingreso de la escuela, de donde no tardaba en salir Rei —¡Métete en tu personaje, sé agresivo, sé intimidante! ¡Sé muy malo, tienes que asustar a todos! ¡Ustedes, más lágrimas, más estremecimiento! ¡Muy bien, más pipí en los pantalones! ¡Son las víctimas, deben convencerme que necesitan ayuda!
—¡Si no me sueltas ahora mismo tú vas a ser el que va a pedir ayuda después, loco hijo de perra!
—¡Oh, un insulto a las mamás! Un poco trillado, pero es lo que se puede esperar de un abusivo de patio de escuela, qué gran trabajo es el que estás haciendo aquí...— Kai lo soltó de repente, gritando como colegiala emocionada en cuanto divisó la figura de Ayanami asomándose —¡Aquí viene ella, aquí viene! ¡Muy bien, vuelvan a lo suyo! ¡Es la hora de la verdad, amigos, sean lo más realistas que puedan! ¡Adelante!
El disparatado joven de ojos verdes regresó presuroso a su escondite, evitando ser visto por Ayanami. Mientras tanto, los otros tres muchachos se encontraban igualmente extrañados.
—¿De qué se trata todo esto?— preguntó el pendenciero a sus cautivos, a quienes mantenía de espaldas contra la pared —¿Es alguna clase de truco ó qué es lo que pretenden? ¿Quién cuernos es ese tarado, es algún amigo suyo?
—Es... es un chico de nuestra clase...
—Es nuevo... y bastante raro... se la pasa haciendo toda clase de cosas locas casi todo el tiempo... por eso es que lo mejor es ignorarlo...
—¡No tenemos nada que ver con él, lo juro!
Decían con dificultad los chiquillos violentados, compartiendo la misma confusión que su atacante, quien había vuelto a sujetarlos con fuerza, aunque de momento había olvidado descargar un puñetazo en cualquiera de los dos. Justo comenzaba a recordar sus intenciones originales cuando Rei se aproximaba a su posición. Le faltarían acaso unos siete metros para pasar de lado por aquella escena cuando de un brinco Kai volvió a emerger de su escondrijo.
—¡Alto ahí, villano!— dijo al ponerse frente a los chicos, con una grave y profunda voz fingida, poniéndose las manos en la cintura y sacando el pecho, lo que pensaba que lo hacía verse más impresionante, en lugar de la absurda parodia que todos los demás estaban viendo —¡Deja en paz a esos pobres muchachitos, si sabes lo que te conviene! ¡Tus días de abusador de los débiles se han terminado!
—¡Ya estoy harto de tanta estupidez!— sentenció el chico de cabello colorido, encarando directamente a ese desequilibrado —¿Quién putas eres y qué diablos crees que haces?
—¿Quién soy?— repitió el recién llegado con aire teatral —¿Quién soy, dices? ¡Soy el terror que aletea en la noche! ¡Soy la máquina del karate! ¡Yo soy… tu padre!
Como si estuvieran dentro de un programa sabatino para niños, el estrambótico joven empezó a hacer toda una seguidilla de poses, cada una más ridícula y vergonzosa que la anterior.
—¡Soy Kai Katsuragi, campeón de los indefensos, luchador incansable de la justicia!
—¿Katsuragi?— preguntó el agresor —¿Kai Katsuragi? ¡¿Me puedes explicar qué coño hacía mi novia con una foto tuya autografiada?! ¡Voy a matarte, cerdo infeliz, nadie le coquetea a mi chica y se queda tan campante!
El enardecido muchacho lanzó entonces un puñetazo, buscando impactarlo de lleno contra los dientes de Kai, pero en su lugar solamente abanicó al encontrar el aire. Su contendiente se había agachado a tiempo para esquivar el ataque y de inmediato se incorporó, aprovechando la confusión del rijoso para acomodarle un poderoso gancho en el plexo solar.
—¡Golpe justiciero!— exclamó Katsuragi al momento de golpearlo, nombrando su ataque del modo que lo hubiera hecho cualquier personaje de caricaturas.
La fuerza del golpe provocó que el infortunado chiquillo se doblara por el dolor y la falta de aliento, lo que fue aprovechado por el joven de mirada esmeralda para asestarle una patada en el rostro que terminó por tirarlo al piso.
—¡Patada de... eh... justicia... hmm... justiciera!— dijo con algo de apuro, teniendo dificultad para seguir nombrando sus embates.
Al convertirse en blanco de atentados contra su persona desde muy temprana edad, lo menos que podía hacer el joven Rivera para ayudar a la preservación de su integridad física fue tomar todo curso de defensa personal que pudiera. De tal suerte fue que incursionó en distintas disciplinas de combate físico, ya fuera karate, tae kwon do, box, kung fu, kick boxing ó hasta krav maga, el célebre arte marcial desarrollado por las fuerzas israelíes. Y aunque sólo fueron cursos básicos, bastante someros, lo que había aprendido a lo largo de esos años le era más que suficiente para hacerle frente a un belicoso quinceañero, un neófito aspirante a pandillero.
Los chiquillos a los que había "rescatado" se encontraban igual ó incluso más aterrados de lo que ya estaban antes de que hiciera su aparición, mirando la pelea con ojos desorbitados y muecas de espanto. Incluso, en algún punto y sin haberse dado cuenta, habían llegado al extremo de abrazarse el uno al otro. Ayanami, en cambio, permanecía impasible a lo sucedido, continuando con su pausado andar que apenas la había llevado a cruzarse en su camino con Rivera, quien se alzaba victorioso, posando ante sus ojos, en busca de impresionarla con semejante despliegue de habilidad física.
—¿Viste lo buenazo que soy?— preguntó a la jovencita de cabello azul cuando ésta pasaba a su lado, sin detenerse —Salvé a estos pobres tipejos y destruí a ese malvado sujeto sin siquiera haberme despeinado... así es como soy, siempre ayudando desinteresadamente a quien lo necesite.
—La violencia sólo genera más violencia, y aquél que recurre a ella para la solución de un conflicto sólo refleja su falta de carácter y entendimiento— pronunció Rei, severa, con la vista fija al frente y sin siquiera voltear a verlo —Seguramente eres de las personas que piensan que es buena idea apagar un incendio arrojándole un tambo de gasolina...
—Bueno, si en dado caso la explosión resultante terminara consumiendo el oxígeno restante, entonces sí, lo más probable es que la combustión se sofocaría, ¿pero qué quieres decir con eso?— después de haber divagado al respecto, Katsuragi se volvió de nuevo hacia la muchacha, sólo para encontrar que ésta había seguido su andar y ahora le daba la espalda, sin darle la oportunidad de más explicaciones.
—¡Miren eso! ¿Pueden creer a esta chica?— preguntó el descreído Kai a sus acompañantes, mientras la miraba alejarse —¿Qué diablos se necesita para impresionar a esa muchacha? ¡Ustedes díganmelo, que yo ya lo he intentado todo, y se me empiezan a acabar las ideas y la paciencia!
Los aterrados chiquillos que permanecían en pie y que parecían fundidos en su abrazo solamente negaron con la cabeza, desprovistos de momento del habla debido a la fuerte impresión que se acababan de llevar. En cambio, el victimario que había pasado a ser víctima de las acometidas de Katsuragi se lamentaba en el piso, pero aún así, postrado y todo, se las arregló para lanzar amenazas:
—Mal... maldito seas... desgraciado... estás muy equivocado... si piensas que esto se va a quedar así... no te imaginas en la que te acabas de meter, loco de mierda... en cuanto Hayato-san se entere de lo que has hecho... te hará pagar caro...
—¡Ah, ahora resulta!— respondió Rivera, sin despegarle la vista a la espalda de Ayanami —¡Y yo aquí, creyendo que eras un bravucón bien intencionado! ¿Y ahora me quieres cobrar? ¡Eso es abuso de confianza, maestro!
—¡Idiota! ¡Esto no es cosa de risa! ¡¿Tienes una puta idea de con quién te estás metiendo, estúpido demente?! ¡En cuanto Hayato-san se entere de lo que has estado haciendo, no quedará ni siquiera el recuerdo de ti! ¡¿Sabes por lo menos quién es Hayato-san y de todo lo que es capaz?!
—A decir verdad... no, no sé quien cuernos pueda ser ese fulano... Y no es que me importe mucho... ¿Ó es que tengo que conocer a todos los pelagatos que rondan por esta caja de zapatos? Me supongo que debe ser tu novio, pareja ó algo así, no haces más que hablar de él y de lo grandioso que es... se ve que te tiene completamente enamorado. No me malentiendas, sé exactamente como te sientes, es sólo que no comparto sus preferencias, yo sólo juego para las chicas... no es que sea algo malo lo que ustedes dos hagan en su intimidad ni nada de eso, respeto la diversidad de opinión en todas sus modalidades, me considero a mi mismo como un liberal progresista...
—¡Deja de hacer chistes, maldito retrasado mental!— demandó eufórico aquél muchacho, poniéndose en pie como movido por un resorte, listo para atacar —¡Ya veremos qué tantas ganas te quedan de reírte, cuando Hayato-san y todos mis otros amigos acabemos contigo y te dejemos lisiado, mojón asqueroso! ¡En cuanto Hayato-san..!
Un poderoso derechazo que se anidó justo en sus narices lo interrumpió entonces y volvió a tirarlo de espaldas al piso, completamente fulminado y antes que pudiera darse cuenta de lo que había ocurrido. Mientras tanto Katsuragi seguía la vigilancia del rumbo que tomaba Rei Ayanami, viéndola hasta el último momento en que se le perdiera de vista a la lejanía. Estaba bastante consciente que desquitaba en ese infortunado toda la frustración que sentía por dentro, y así se lo hizo saber:
—¡Cállate ya de una buena vez, imbécil!— bramó sin dignarse a verlo —¡"Hayato-san. Hayato-san"! ¡No sabes decir otra cosa más que eso, apestoso chango sin pelo! ¡¿Qué no estás viendo el problema que tengo entre manos?! ¡Me desvivo por hacerle ver a esa hermosura lo genial que soy y como podría hacerla muy feliz, pero a ella no parece importarle un comino! ¿Saben lo qué es eso, lo saben? ¡Lo he dado todo por ella, y aún así nada le es suficiente! ¡Mi corazón, mis pensamientos e inclusive hasta mi propia dignidad! ¡Mi reputación está por los suelos, me he arrastrado en la inmundicia por esa chica, todo para que vea que soy digno de ella, pero la muy ingrata no piensa de esa manera! Si no fuera tan listo, diría que no le intereso en lo absoluto... ¡Y ustedes son los culpables de todo, los odio a todos! ¡Ustedes y sus actuaciones de porquería! ¡No podrían hacer el papel de víctimas desvalidas aunque la vida se les fuera en ello! ¡Estaban sobreactuados y a destiempo, por supuesto que alguien tan brillante como Rei no iba a caer por una actuación tan patética! ¡Y tú fuiste el peor de todos, pelos de zanahoria! ¡¿Qué clase de bravucón es noqueado con sólo dos golpes?! ¡Nadie creyó que fueras una amenaza real! ¡¿Qué desafío puede ser ese para cualquier héroe, cuál es el obstáculo que tendría que superar?! ¡Me hiciste ver mal ahí y tú sólo…! Tú sólo…
Rivera detuvo su diatriba en el momento que se percató que el agresivo muchacho al que había derribado no se movía. Tuvo que tantearlo con la punta del pie para cerciorarse que aún respiraba, pero de cualquier modo aún no daba señales de que recobraría pronto la conciencia en tanto que lo instaba a hacerlo, sin dejar de picotearlo con su pie:
—Zanahoria… oye, zanahoria… ¿te encuentras bien? ¡Maldita sea, no de nuevo! ¡Yo me largo de aquí! ¡Y ustedes dos, será mejor que no le cuenten a nadie de esto ó se arrepentirán! ¡Si alguien pregunta, así estaba desde que lo encontraron, yo no estuve involucrado de ninguna manera! ¿Entendido? ¡Si se atreven a delatarme se arrepentirán!
Amenazó el chico de ojos verdes a la vez que se alejaba corriendo de aquél sitio, volteando hacia todas partes como ardilla asustada, asegurándose que nadie más lo hubiera visto mientras escapaba a toda prisa con rumbo desconocido.
Por su parte, luego de un largo y tortuoso rato de mucha tensión, los otros dos chiquillos por fin podían darse el lujo de respirar aliviados. Con su agresor desmayado y Katsuragi dándose a la fuga, podría decirse que sus preocupaciones se habían esfumado, de momento. Así era como lo entendía el joven de cabello negro recortado, quien también quiso cerciorarse del estado inconsciente de su compañero tirado en el piso, tentándolo con el pie del mismo modo que lo había hecho Kai anteriormente.
—¡Jum! ¡Kotaro tuvo bastante suerte de que ese maniático de Katsuragi llegara!— dijo entonces bastante confiado, como si nada hubiera pasado, cruzándose de brazos —¡A decir verdad, ya estaba empezando a enojarme en serio! ¡Un poco más y seguramente habría perdido el control, entonces sí hubiera trapeado el piso con él! ¡De haber sido así es que el pobre hubiera quedado peor de cómo quedó, quizás con uno ó dos huesos rotos! ¡Y es que si juegas con fuego lo más probable es que te vas a quemar! Tú lo sabes bien, ¿no, Kensuke? ¡Cuando me enojo es mejor que todos tengan cuidado, ó podrían salir muy lastimados!
—Toji… no jodas…— contestó su acompañante que utilizaba anteojos, igualmente liberado de su previa angustia, aprovechando para recoger sus pertenencias regadas en el piso —Todos pudimos ver cómo te orinaste en los pantalones, puedes dejar de fingir…
—De… ¡¿De qué estás hablando, idiota?!— reclamó el jovencito al verse descubierto, tratando de disimular como pudiera —¡Eso fue sólo tu imaginación! ¡Lo que pasa es que ha estado haciendo mucho calor y el sudor me escurre de todas partes! ¡Incluso de la entrepierna! ¡En serio, así es!
Mientras que Toji Suzuhara se desvivía por ocultar lo evidente a todas luces, Kai Rivera ponía fin a su frenética huída una vez que se encontraba a la mitad de su camino a casa, punto en donde consideró estar a una distancia segura del lugar de los hechos. Ahí fue que pudo recuperar el aliento, inclinando la parte superior del cuerpo sosteniéndose sobre las rodillas, completamente exhausto.
—¡Puta madre!— se lamentó entre jadeos, empapado de sudor que iba cayendo en forma de gruesas gotas sobre el pavimento, sacando la lengua como canino abatido —¿Porqué siempre me tienen que pasar estas cosas a mí?
Fue en semejantes condiciones que por azares del destino se encontró con los tres oficiales técnicos más celébres de NERV: Maya, Shigeru y Makoto, quienes en aquellos momentos iban con sus ropas de civil. Aparentemente estaban en su día libre y recién salían de almorzar juntos cuando ocurrió aquella improvisada reunión.
—¡Miren nada más con quien nos hemos venido a topar!— exclamó Shigeru blandiendo una sonrisa burlona mientras se acercaban al muchacho.
—¡Pero si es el mismísimo Kai Casanova en persona!— completó Makoto, con las manos en los bolsillos y observando al chiquillo con el mismo desdén que sus otros compañeros.
—Hola, tórtolito— saludó Maya, empleando el tono hostil que usaban sus acompañantes para dirigirse al fatigado jovenzuelo —¿Te divertiste mucho este día en tu escuelita? ¿Jugaste con tus compañeritos de clase? ¿Hiciste todos tus recortes sin salirte de la rayita? ¿Y dónde es que está Rei, tu pichoncita? Conociéndote, seguramente estás en medio de algún ridículo plan para ella se entere de que existes...
—¿Crees que podamos quedarnos a ver tu nueva metida de pata en turno?— preguntó Makoto, interrumpido por su risita entrecortada —¡Es de lo más gracioso ver como te denigras a ti mismo, tipo, y todo por nada!
—Como una especie de payaso de circo, pero mucho más patético— añadió Shigeru.
—¡Ya, déjenme en paz, trío de abusivos!— instó Rivera en cuanto pudo recuperar el aliento —¡Tengo sentimientos, y no hacen más que lastimarlos con sus comentarios hirientes! ¡Y por si no lo sabían, mi vida no gira en torno a Rei! Bien podría estar aquí, en este preciso momento, por cualquier otro motivo que en nada tuviera que ver con ella, tercia de zoquetes...
Sus detractores se miraron unos momentos entre sí, como poniéndose de acuerdo, para que después Maya declarara sin más detenimiento:
—Pero seguramente que no es así, ¿ó me equivoco?
—¡No tengo por que estarle rindiendo cuentas a nadie de mis acciones, mucho menos a unos pelafustanes cualquiera!— se excusó el muchacho de inmediato —Además, ¿quiénes son ustedes para juzgarme? Se creen mucho, para ser sólo unos tipejos que... que salen y... y que acaban de comer juntos... y no son más que unos peleles que trabajan como edecanes para Ikari, preparándole su café, tomándole dictados y atendiendo sus teléfonos...
—¡Uy, cuidado!— advirtió Shigeru, derrochando sarcasmo —¡Ya lo hicimos enfadar! ¡Por favor, no seas tan duro con nosotros, ten compasión!
—¡Válgame Dios!— advirtió Makoto socarronamente —¡Eres tan bueno insultando como escribiendo cartas de amor!
—Por cierto, tengo algo para tí...— dijo Maya Ibuki mientras se acercaba a él y se ponía delante suyo, con una expresión complaciente iluminando su tierno rostro —Y estoy bastante segura que Rei también te lo ha querido dar desde hace un buen tiempo...
De improviso, y sin que nadie lo esperara, por lo menos de ella, la joven y menudita oficial asestó un poderoso gancho al hígado de Rivera, lo que lo derribó en el acto, sin saber si estaba más adolorido ó sorprendido.
—¡Eso te enseñará a dejar de acosar a indefensas muchachitas, cretino!— sentenció Maya entre risas, alzando su puño en señal de victoria.
—Esto... ya es... acoso laboral...— pronunció Kai con dificultad, sin lograr incorporarse —Me quejaré... con su... representante sindical...
—¡Yo soy la representante sindical, idiota!— respondió enseguida su atacante, soltando una risita desenfrenada que fue secundada por sus acompañantes.
—Estoy... frito— musitó el muchacho, sabiéndose derrotado en tanto sus agresores se regodeaban en su crapulencia.
Sin embargo, las burlas cesaron de repente en cuanto el trío de operadores divisó a la Doctora Ritsuko Akagi saliendo de la estación del metro ubicada en la esquina contigua a su posición. La mujer se apreciaba visiblemente desorientada, mientras que revisaba con insistencia una hoja de papel en sus manos, acaso como si estuviera buscando una dirección.
—¡Buen día, Doctora Akagi!— saludaron los tres oficiales técnicos casi al mismo tiempo, una vez que la científica se percató de su presencia e iba a su encuentro. Luego, solamente Maya añadió: —¡Qué agradable sorpresa! ¿Viene de compras ó a comer?
—Tengo que admitir que es bastante afortunado el que los haya encontrado aquí, justo en este momento— pronunció la dama de cabellera rubia, con cierto dejo de alivio en sus palabras —Me dirijo al Complejo Habitacional Takanasu, pero no tengo idea de donde queda...
—Eso es en la parte vieja de la ciudad, son unos horribles edificios que parecen fichas de dominó apiladas— se apresuró a contestar Makoto Hyuga —Me parece que se bajó dos estaciones antes de llegar ahí, Doctora...
—¡Maldita sea, ya me lo imaginaba!— se lamentó Akagi, estrujando el papel en sus manos —Nunca he ido a ese rumbo y los mapas que conseguí obviamente no están actualizados...
—No se preocupe, Doctora, no es para tanto— intervino Maya, solícita como siempre que su jefa la requería —Que tampoco está muy lejos de aquí, puede tomar un autobús ó un taxi si lo desea, a lo mucho serán unos quince minutos en automóvil...
—Ó tres minutos si es que vas en tu escoba voladora— añadió Rivera cuando por fin se pudo recuperar del fuerte golpe, levantándose del piso, en donde había permanecido durante todo ese tiempo —Ahí es donde está el departamento de Rei, ¿qué vas a hacer en ese sitio?
—¿Soy solamente yo, ó ustedes también piensan que últimamente para este payaso todo tiene que ver con esa chiquilla?— preguntó Shigeru sin más, alzando la vista al cielo en clara señal de fastidio.
—Yo también así lo creo— asintieron sus acompañantes al unísono, compartiendo el mismo gesto.
—Aunque en este caso, tiene razón— completó Ritsuko, mirándolo con deferencia —Rei ha estado mostrando calificaciones muy bajas durante todos sus estudios, por lo que el Comandante Ikari me ha asignado como su maestra particular para ayudarla a mejorar sus notas... cómo si no estuviera ya bastante ocupada en otras cosas, ahora tendré que darle lecciones en casa a la niña de la jungla y enseñarle a portarse como un ser humano...
—¿Lecciones en casa? Tiene usted toda la razón, mi estimadísima Doctora Akagi— de inmediato la actitud de Kai hacia con ella mostró un giro radical de 180°, mostrándose exageradamente lisonjero hacia su persona —Yo también considero que se trata de todo un atropello molestar con semejante minucia a una experta de su calibre, toda una autoridad mundial dentro de su campo de estudio. El que la quieran ver rebajada a convertirse en una simple institutriz cualquiera, es una afrenta a su orgullo y reputación, un insulto para usted que no estoy dispuesto a tolerar. Una labor tan insignificante más bien debiera encomendársele a alguien que no tenga credenciales como las suyas, alguien cuyo tiempo no valga tanto como el suyo, alguien con muchas menos responsabilidades que las que usted debe desempeñar... en conclusión: alguien como yo. Así que no tengo más remedio que humildemente ofrecerle mi asistencia para que se vea librada de una tarea en la que solamente desperdiciará sus cuantiosas habilidades, talentos y recursos.
Durante todo el tiempo en que transcurrió su adulación digna de lamebotas barato, los demás callaron para mirarlo con sumo desdén, escépticos, a sabiendas desde un principio de sus verdaderas intenciones, las cuales a nadie podía ocultarlas, aún por mucho empeño que pusiera en disimularlas.
—¿Sabes qué? ¡Al diablo con esto!— sentenció abruptamente Ritsuko, cansada de todo —¡Soy una persona muy importante y ocupada para estar perdiendo el tiempo con estupideces! ¡Y por si fuera poco, hoy también se supone que sería mi día libre! ¡Si quieres seguir haciéndote el idiota y jugar a la escuelita con Rei, por mí está bien! ¡Aquí tienes la hoja de asignación y el plan de estudios quincenal que preparé! Sólo síguelo al pie de la letra y no deberás tener mayor problema en regularizar a la señorita Ayanami para que se integre de pleno a la vida moderna en el siglo XXI. E intenta mantener al mínimo tus disparates, quizás así puedas evitar que te encaje un cuchillo en las entrañas para beber tu sangre en el equinoccio de otoño...
—¡Qué atenta! ¡Muchas gracias!— dijo el jovenzuelo, con la vista iluminada al ver logrado su objetivo de una forma u otra, en tanto recibía la documentación referida casi sin poner atención a las palabras de Akagi. En lo único que podía pensar es que tenía la oportunidad y excusa perfecta para pasar mucho más tiempo en compañía del gran amor de su vida, justamente en su casa, por si fuera poco, donde nadie podría molestarlos. Asimismo, una empalagosa canción infantil sonaba dentro de su cabeza: "Mi mestra me dio un beso a la salida porque hice los palitos parejitos, y me puso un garabato colorado que parece que le gusta a mis papitos..."
En tanto eso ocurría, Rei Ayanami se avocaba en los preparativos para recibir a la Doctora Akagi dentro de su departamento, como se le había dicho que sucedería. Como muchas de sus acciones, realizaba tal tarea con sumo desgano y apatía. No podía entender el alboroto que provocaban sus bajas calificaciones. Una nota aprobatoria, una reprobatoria... ¿cuál era la diferencia, a fin de cuentas? Igualmente, ¿de qué servía procurar limpiar afanosamente su morada para recibir una visita, si de cualquier modo volvería a ensuciarse? ¿De qué servía cualquier maldita cosa que pudiera hacer, si al final todo resultaba intrascendente?
Sin darse cuenta, al verse liberada de la rígida rutina y el austero modo de vida a los que las monjas la habían acostumbrado, estaba cayendo en una suerte de vorágine libertina, pero a la vez se veía desprovista de una razón de ser. En aquellos días, las únicas cosas que la mantenían anclada a la realidad era su trabajo en el Proyecto Eva, pero sobre todo lo demás estaba él. El hombre barbado y de voz grave que la había llevado hasta esas tierras lejanas, y de quien extrañamente se encontraba bastante familiarizada. De no ser por su existencia, que le representaba una especie de faro que la guiaba en la tempestad, quien sabe desde cuando la nave de su cordura hubiera zozobrado.
El que sus apariciones y el tiempo que pasara junto a él resultaran ser poco más que esporádicos la estaba afectando sobremanera, al punto de llegar a considerar abandonar todo y regresar por donde había venido. Aunque en ese entonces, al mirarse al espejo, reconocía que le era bastante difícil reconocer su reflejo. El tiempo que había pasado en esos parajes alienígenas la había transformado por entero, por lo que ya no podía imaginarse cómo encontrar el modo para volver a ser lo que antes fue.
Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando escuchó que llamaban a su puerta. Con la certeza que tenía acerca de la identidad de su visitante, ni siquiera se tomó la molestia de asomarse por la mirilla ni mucho menos anunciarse. Como mero acto reflejo abrió la entrada a su hogar, pero cuando lo hizo la sangre le cayó a los tobillos al toparse de frente, una vez más, con el persistente Kai Rivera, quien en esos momentos usaba unos anteojos con los que pretendía hacerse pasar como todo un intelectual, además de una expresión sobrada, casi paterna, estampada en su cara.
La primera reacción que obró en Ayanami al presenciar tal desparpajo fue cerrarle la puerta en pleno rostro, lo que habría logrado de no ser porque oportunamente Rivera colocó la punta de su pie para obstaculizar la acción. Eso no fue impedimiento alguno para que Ayanami siguiera con su propósito, machucando varias veces el lastimado pie del adolorido muchacho, quien apenas y podía suplicar:
—¡Auch, eso duele, basta por favor! ¡Apiádate de mí, esa no es forma de tratar a tu tutor privado!
—¡¿Qué?!— exclamó la sorprendida Rei, desistiendo de sus intentos por fracturar el pie de su compañero, por lo menos el tiempo suficiente para que éste le mostrara la hoja de asignación que Ritsuko le había entregado, documento firmado y sellado desde la comandancia de NERV.
—Desde este día me ha sido comisionada la labor de asesorarte y supervisar tus estudios con el fin de que logres emparejarte con tus demás compañeros de clase y hacer que suban tus calificaciones, lo que he proyectado que conseguiremos con una sesión diaria de 90 minutos— comunicó el joven, un poco más repuesto, acomodándose las gafas para poder guiñarle el ojo de forma pícara —Puedes llamarme Rivera-sensei, si es que así lo deseas, preciosa...
La jovencita tan solo pudo soltar un profundo suspiro de resignación, al verse acorralada y sin más opción que dejar entrar a ese demente a su casa. La irrupción de Rivera en la intimidad de su hogar no ayudaría mucho a su precario estado de ánimo, que se encontraba al borde del colapso total.
Sin reparar en ello, Kai se abrió paso hasta la estancia del oscurecido departamento, mirando hacia todos lados con suma fascinación, sin guardarse la opinión que le merecían los lúgubres aposentos de la muchachita de cabello celeste:
—¡Me encanta el estilo minimalista que le has puesto a este lugar! ¡Se ve mucho más amplio y acogedor de lo que parece desde afuera! ¿Cómo le haces para aprovechar tan bien todos los espacios? Quizás puedas ayudarnos a acomodar nuestro departamento, justo así es como quiero que se vea...
—¿Sabes que la mitad del tiempo no tengo ni idea de lo que estás hablando?— inquirió la joven mientras cerraba la puerta y se disponía a unírsele en la mesa de lámina que le servía de comedor y sala a la vez.
—No serías la primera ni la última, te lo garantizo. Pero lo que nos importa en este preciso momento es que me puedas entender lo suficiente como para que pueda ayudarte— de improviso Rivera abandonó el tono meloso y socarrón con el que siempre se dirigía a ella, para adoptar una actitud discreta y profesional, rara vez vista en él —El motivo por el que ambos nos encontramos aquí en estos momentos son tus bajas calificaciones... al parecer es un motivo de consternación para algunas personas, aunque si me lo preguntas a mí, un sistema de evaluación basado en una simple asignación númerica es incapaz de determinar el conocimiento y aprovechamiento de cualquier estudiante. Pero será mejor seguirles el juego de momento...Este es el plan de estudios que la Doctora Akagi preparó para ti: comprende varios ejercicios matemáticos y de lingüistíca, cuya realización supuesta y casi prodigiosamente te ayudaran a elevar tu promedio de calificaciones— el joven mostró entonces el legajo de papeles que Ritsuko le había encomendado, para enseguida proceder a romperlos sin mayor miramiento —No son más que un montón de basura inservible... todos esos viejos cretinos te están subestimando, piensan que porque creciste alejada de lo que ellos llaman "Primer Mundo", ya por eso eres una suerte de aborigen antropófaga que diviniza todo lo que no puede entender. Yo he estado en la escuela contigo todo este tiempo, y te conozco lo suficiente como para ya saber que eres endiabladamente lista, por lo que tus pésimas notas sólo tienen una explicación plausible...
Ayanami había tomado asiento frente a él y durante todo ese tiempo no había hablado ni cambiado el gesto cansino en su rostro. Kai esperó unos instantes, como si quisiera que la muchacha comentara algo a ese respecto, lo que por supuesto no ocurrió y debido a eso fue que tuvo que continuar, desairado:
—No puedes entender el japonés escrito, ¿cierto? Naciste en este país pero lo tuviste que dejar cuando eras muy niña, por lo que puedes hablarlo con relativa soltura pero nunca aprendiste a usar los ideogramas que componen el lenguaje escrito, por lo que no puedes entender la mayoría de las preguntas sosas que componen los fastidiosos exámenes que te realizan periódicamente en el obsoleto sistema educativo que ambos padecemos...
Al cabo de unos breves momentos de indecisión, finalmente la muchacha se vio obligada a asentir con un simple movimiento de cabeza. Enseguida se levantó para tomar varios libros que tenía apilados en una vetusta caja de cartón que hacía las veces de cómoda.
—Compré estos libros, que son parte de un curso intensivo para aprender japonés, pero hasta ahora no han sido de mucha ayuda, algunas partes son muy simples y otras tantas bastante complicadas... es un enrollo que me cansé de tratar de descifrar...
—Y es precisamente por eso que estoy aquí— completó su acompañante, al parecer bastante satisfecho de que la muchachita se hubiera sincerado con él —No tienes que preocuparte, el japonés es uno de los idiomas más complicados de aprender, sobre todo para personas como tú que están acostumbradas al uso de alfabetos basados en el latín... pero la ventaja que posees sobre otros es que ya lo hablas, y por si eso no bastara me tienes a mí, un muchachote que es un estuche de monerías y políglota, por si fuera poco. Hablo con toda soltura 7 idiomas hasta ahora, más los que se vayan acumulando. Con mi método infalible de aprendizaje te puedo garantizar resultados de inmediato, y en menos de un mes ya estarás escribiendo y leyendo con bastante naturalidad... además podemos apoyarnos con estas guías audiovisuales producidas por el Ministerio de Educación y Cultura, que comprenden 17 lecciones contenidas en estos tres discos. Podemos ver ahora mismo el primero para que te sirva a modo de introducción y desde ese punto iremos avanzando... ¿Tienes la tele en tu cuarto, ó algo así?— preguntó mirando en derredor en busca de tal aparato, infaltable en la mayoría de las casas, sin poder dar con su ubicación —¿Aún tienes reproductor DVDó ya cambiaste a formato Blu-Ray?
—No tengo idea qué sea todo eso, si acaso son aparatos de entretenimiento esas cosas no me interesan, al igual que la televisión a la que te refieres— dijo la muchacha despreocupadamente, pese a la cara de extrañeza que puso Rivera en contraparte.
—¿Sin tele, ni DVD? Entonces, ¿qué tal una computadora?
Rei negaba sacudiendo la cabeza, pasando de la mueca de espanto impresa en el rostro de su compañero de estudios.
—¡Qué... pintoresco!— musitó el joven al cabo de unos momentos de estupefacción, sin poder imaginarse como es que una persona podía vivir con semejantes privaciones. Hubo de volver a tomar asiento, mientras que se reponía de la impresión —De cualquier modo, tan sólo eran un complemento, mañana puedo traerme mi laptop para verlos... el trabajo más pesado lo haremos por nuestra cuenta, y nuestra herramienta principal será el diccionario y la guía de más de 2000 ideogramas de uso básico. De todas formas, antes de comenzar sería conveniente ponernos en contexto. Como ya lo sabes, el lenguaje japonés se compone de tres silabarios distintos: hiragana, katakana y el kanji, cuyo uso varía dependiendo de sus funciones...
A continuación se sucedió una detallada exposición acerca de los rasgos más generales de aquella lengua asiática, como sus orígenes, características y sobre todo sus diversas formas y usos. Una vez que su estudiante estuvo al tanto de dicho trasfondo, el improvisado tutor creyó prudente iniciarla en el nivel básico del tipo de escritura que más se le dificultaba: el kanji. Para tal efecto hubo de instruirla primero en el orden y ancla fonética que debía llevar en el trazo de dichos ideogramas, y al cabo de un rato la jovencita se encontraba haciendo ya una plana de los 80 caracteres de aprendizaje básico, los mismos que les eran enseñados a los estudiantes del primer nivel de educación primaria en ese país.
Por su parte, sin ningún otro medio que le permitiera sobrellevar el rato sin distraer a su renuente discípula, Kai se las había ingeniado para pasar el tiempo dibujando un detallado retrato de la chica frente a él, quien estaba bastante ocupada como para prestar atención a lo que hacía, pero aún así trataba de mantenerse discreto para no ser descubierto por su modelo involuntaria.
—Este es el ambiente propicio para el estudio... pero podría ser aún mucho más propicio con un poco de música de fondo— comentó, una vez que hubo de admitirse a sí mismo que necesitaba distraerse en otra cosa antes que su explosiva personalidad se desbordara, presa del tedio.
Por tal motivo fue que buscó en el interior de su mochila su reproductor musical personal, el cual encendió después de haberle conectado una pequeña bocina portátil que también llevaba consigo, sin siquiera haber pedido permiso. Teniendo en consideración la compañía de la que disfrutaba, hubo de seleccionar cuidadosamente entre sus archivos digitales para elaborar una lista de reproducción que se compusiera solo de melodías suaves y tranquilas que no pertubaran el ambiente pacífico, ni que tampoco molestaran a la jovencita en medio de sus estudios.
El alebrestado espíritu del muchacho pareció sosegarse con solo escuchar las notas musicales que empezaban a reproducirse a través del aparato. Así que, mucho más apaciguado y libre de casi toda su ansiedad, tuvo la confianza suficiente para fumar un cigarrillo, asomándose al exterior por la misma ventana desde la cual le había sido arrojado un balde de agua al final de su fallida serenata y dejando que un claro rayo de sol profanara las tinieblas que reinaban en el apartamento de su anfitriona.
Ella reparaba en todas esas acciones, buscando en la alforja de su paciencia el abastecimiento suficiente como para pasar por alto tales afrentas a su espacio personal y concentrarse en la tarea que tenía a mano. Trataba de mantener la compostura y no sacar a patadas a ese insolente muchacho de su morada, pero eso hubiera implicado desobedecer una orden directa de la comandancia de NERV, que lo había designado como su tutor privado. Ir en contra de cualquier indicación que proviniera de Gendo Ikari era algo que ni siquiera podía concebir. Por supuesto, estaba ignorante del arreglo hecho entre el joven Doctor Rivera y la Doctora Akagi.
Y es que, a pesar de las buenas intenciones del chiquillo, el ambiente se había tornado mucho más pesado para Rei desde el inicio de aquella irrupción musical. El ritmo calmo y repetitivo de las piezas que escuchaba la exasperaban sobremanera, la mayoría de ellas pertenecientes a un género que ella no sabía que se llamaba "New Age". Le parecía más bien volver a estar escuchando los cantos religiosos de la misa del Domingo, de vuelta en el convento, recuerdo que en específico no le era nada grato. Aquellas composiciones siempre le habían parecido funestas y soporíferas en extremo, cuya único propósito parecía ser alargar innecesariamente una ceremonia de por sí ya bastante tardada.
Estaba tentada a externar la molestia que dichas melodías le ocasionaban,cuando fue interrumpida por un súbito cambio de tono en la pista que sucedía a continuación. Un estridente y violento movimiento de acordes producidos por guitarras eléctricas y el salvaje estremecer de una batería irrumpió entonces en aquella estancia, poniendo en alerta a Rivera de que una vez más los nombres de sus archivos de música se habían mezclado. Un error bastante común que perpetraba su reproductor musical. Antes que pudiera hacver algo para detener su curso, una rasposa voz masculina comenzó a cantar, ó para el caso más bien a gritar en alemán:
"Wer zu lebzeit gut auf erden
wird nach dem tod ein engel werden
den blick 'gen himmel fragst du dann
warum man sie nicht sehen kann?..."
"Quien en su vida fue bueno en la Tierra, después de la muerte se convierte en ángel, vuelves la mirada y preguntas al cielo: ¿porqué no se les puede ver?". Kai estaba seguro que la chica no entendería el significado profano de esas letras teutonas, más sin embargo el tono hostil con el que eran proferidas resultaba ser bastante claro para cualquiera. Por tanto, la forma en la que se abalanzó sobre el aparato, como si acaso se tratara de una granada activa, estaba mucho más que justificada ó por lo menos era lo que él pensaba.
—¡Perdón, perdón!— se excusó una y otra vez, creyendo haber cometido una falta mayúscula —¡Fue mi culpa, es un descuido de mi parte! ¡Lo que pasa es que esta porquería barata mezcla los nombres de las canciones y es por eso que a veces ni sé qué se le va a ocurrir tocar! ¡Lo siento, lo siento, no volverá a suceder!
—Está bien, no me molesta— respondió Rei, alzando la mano para impedir que el joven detuviera la reproducción en curso, con la cual se estaba mostrando extrañamente fascinada, tanto que hasta había detenido sus ejercicios de escritura —Déjala que continúe, por favor... quisiera saber como termina...
"Sie leben hinterm Sonnenschein,
Getrennt von uns unendlich weit
Sie müssen sich an Sterne krallen,
Damit sie nicht vom Himmel fallen"
"Erst wenn die Wolken schlafen geh'n,
Kann man uns am Himmel seh'n...
Wir haben Angst und sind allein.
Gott weiß ich will kein Engel sein!"
"Ellos viven detrás del brillo del Sol, apartados de nosotros demasiado lejos, deben aferrarse a una estrella si no quieren caer del Cielo. Justo cuando las nubes se van a dormir se nos puede ver en el Cielo, tenemos miedo y estamos solos. ¡Dios sabe que no quiero ser un ángel!" Rivera miraba sorprendido la expresión de beneplácito en el rostro de la chiquilla, gesto ocasionado con la sola escucha de aquella potente, estridente y distorsionada pieza musical, la que irradiaba violencia y una suerte de furia rebelde en cada una de sus notas. Incluso le pareció ver que Ayanami seguía el ritmo alzando y bajando repetidamente su barbilla.
—¿Y esto como se llama?— preguntó la jovencita, curiosa, una vez que había terminado de escuchar sin interrupciones la repetición de la canción, lo que ella misma había solicitado —¿Es que tiene algún nombre?
—Pues... el nombre de la banda es Rammstein... son alemanes— respondió el muchacho, sin ocultar su desconcierto —Si te refieres al género musical... creo que se refieren a eso como metal industrial... aunque en realidad es una mezcolanza rara de muchas otras cosas, hasta algo de electrónica podría entrar en ese batidillo...
—¿Existen más grupos que toquen algo como eso?— inquirió de nueva cuenta la señorita, al parecer muy interesada en el tema.
—¿Muchos gritos y ruidos ensordecedores con letras deprimentes? ¡Por supuesto!— Kai vio entonces como un gesto positivo el repentino entusiasmo de su compañera en dicho estilo musical, acaso por que era lo primero en lo que manifestaba alguna predilección, aunque últimamente también le daba mucho por la natación —Therion, Megadeth, Black Sabbath son algunos de los más conocidos... aunque para mi gusto, los mejores de ese estilo son Van Halen, pero eso ya es cosa de cada quien...
—¿Puedes... poner más canciones de ese estilo?— solicitó Rei, mostrándose algo vacilante al saberse expuesta y acortando la distancia que ella misma había interpuesto con su acompañante.
Así fue como el resto de aquella lección a domicilio transcurrió al frenético ritmo del punk, toda clase de metales, desde el suave hasta el heavy y el rock duro. No dejaba de ser curioso que la parsimoniosa muchacha resultara ser atraída por semejante estilo musical, de naturaleza marcadamente violenta, lo que constrastaba de lleno con su apacible e indolente personalidad. Pero lo cierto es que Rei parecía desenvolverse mejor al compás de la estridente música, encontrando ella misma que podía concentrarse más fácilmente y que aquellos rugidos liberaban un poco de la presión que sentía tener a cuestas. Había algo en el violento tono de aquellas piezas que parecían mostrarle el camino a la libertad y a la redención total, que le hablaban de una vida diferente, mejor. Los minutos a partir de entonces se sucedieron como agua escurriéndose entre los dedos, sobrellevados por su recién adquirido gusto musical y todas las preguntas que del mismo hacía a su complacido tutor privado, quien veía un signo positivo en cada ocasión que la muchacha era quien le dirigía la palabra.
Fue alentado por dicha suposición y la familiaridad suscitada por la larga conversación que habían sostenido acerca de la musica, que, una vez que consideró que el tiempo suficiente para los ejercicios caligráficos de Rei había concluído, quiso volver a probar suerte y tantear sus límites a la vez:
—Creo que eso es todo por hoy— dijo al levantarse de su asiento y comenzar a recoger sus cosas, revisando la hora en su reloj —Tuvimos un gran avance, pero con eso basta de momento. Continuaremos con la lección mañana mismo, donde la dejamos, ya empieza a hacerse tarde... y... pues... bueno, quisiera saber... ¿es que me vas a dar un besito de despedida, ó eres de esas chicas que no besan en la primera cita? ¡Jajaja, claro que esto no cuenta como cita! ¿Ó sí?
Ayanami lo observó con detenimiento, pasando del ridículo bochorno que el muchacho fingía sufrir en su simpleza exasperante. Quizás también inspirada por el fiero espíritu que acababa de descubrir en las piezas musicales que esa misma tarde la habían deleitado sobremanera, fue entonces que un momento de claridad le sobrevino. Una solución al dilema que le reprentaba aquél joven se le presentó tan clara y tan sencilla que le extrañaba no haber pensado en ella antes, tan simple como era. Después de tanto tiempo, le quedaba claro que Rivera no se detendría, jamás la dejaría en paz en tanto no consiguiera lo que de ella quería. ¿Porqué mejor no simplemente dárselo?
—Dejémonos de juegos y demás estupideces— pronunció la muchacha, resuelta.
Sin saber bien a lo que se refería, Kai observó perplejo como su compañera se ponía en pie y desabotanaba la falda gris que era parte del uniforme escolar que llevaba puesto, la que cayó enseguida al piso como un peso muerto, cubriendo sus pies. Rápidamente continuó con su blusa blanca, la que abrió en un parpadeo con sus dedos ágiles y fue a unirse a su falda en el suelo.
Paralizado en su lugar por la súbita impresión, el muchacho se veía a sí mismo despojado del habla y de todo pensamiento, hecho un prisionero en su propio cuerpo, cuyos músculos no le respondían como si hubieran dejado de pertenecerle y ahora le fueran completamente ajenos. Sus pupilas se dilataron aún más y su boca se resecó todavía más de lo que ya estaba al contemplar como Rei desabrochaba su sostén y enseguida, con suma presteza, se despojaba de sus pantaletas, exponiéndole finalmente su cuerpo entero al desnudo para que pudiera apreciarlo en todo su esplendor, sin indumentaria ni revestimiento alguno.
El paisaje que se presentaba a los frenéticos ojos del muchacho era una auténtica delicia,un festín a la vista que ni en sus más salvajes sueños pudo haber imaginado. Pero su pulso y corazón acelerado, que parecía querer salírsele por la boca, el sudor frío y estremecimiento que comenzaban a recorrer todo su ser, y aquella corriente eléctrica que lo sacudía, todo le avisaba a sus sentidos que lo que presenciaba no era un sueño, ni producto de su imaginación. En realidad estaba pasando. Estaba viendo a Rei Ayanami desnuda, en carne propia, ante su golosa mirada. El cúmulo de sensaciones que eso le provocaba amenazaba con una sobrecarga mayúscula que terminaría friendo a su desprevenido cerebro, que no sabía como procesar toda la información que le llegaba desbordada a través de todos sus alborotados sentidos, como un poderoso tsunami abatiendo una playa indefensa.
Por un largo rato los dos permanecieron así uno frente al otro, sin que mediaran las palabras entre ellos. En todo ese tiempo la expresión distante que le era tan natural permaneció indeleble en el rostro de la jovencita, sin alterarse un ápice por estar expuesta a los ojos del estupefacto chiquillo que no podía quitarle la mirada de encima, boquiabierto.
—Comprendo muy bien que la fijación que sientes hacia mí es producto de tu instinto de reproducción, alentado por hormonas y demás sustancias químicas que circulan en tu cuerpo— dijo finalmente la muchacha, de la manera más fría que jamás haya empleado para dirigirse a alguien, y eso ya era bastante decir para alguien como ella —Por mi parte, estoy harta de tus insinuaciones y de que siempre estés detrás de mí, persiguiéndome como una fiera a su presa. No estoy interesada en formar parte en este absurdo ritual de apareamiento al que ustedes llaman, sin razón alguna, "enamoramiento" ó "romance". Todo eso para mí es sólo palabrería hueca, sin sentido. Si lo que tanto ansías es fornicar conmigo hagámoslo ya, de una vez por todas. Aquí estoy frente a ti, dispuesta a ofrecerte mi cuerpo si con eso puedes saciar tus bajos instintos y verte librado de esa manera de la malsana obsesión que tienes hacia mí. Úsame como mejor te convenga y acaba de una vez con toda esta ridiculez, y líbrame ya de tener que padecer tu acoso todos los días. Eso sí, dos cosas te puedo asegurar antes de que lo hagas: no procrearás ninguna descendencia conmigo... y dos: el que te permita copular conmigo no quiere decir que seré "tu mujer" ni nada por el estilo. Será, simplemente, un acto natural y voluntario que nos permitirá desvincularnos el uno del otro cuando termine. Al final, ya que te hayas desahogado, verás que no soy algo por lo que valga la pena realizar todo el esfuerzo que has estado haciendo, por hacerme sentir por ti algo que no sea fastidio ó lástima.
Para darle énfasis a sus palabras, y demostrar la seriedad de su oferta, avanzó varios pasos hasta encontrarse justo frente al muchacho, a menos de un palmo de distancia, tan cerca de él que podía escuchar su respiración agitada y sentir los fuertes latidos que su corazón daba al estrellarse contra su pecho, si bien aún no atinaba a reaccionar de alguna forma que no fuera el parpadear esporádicamente ó tragar saliva de cuando en cuando.
—No tiene caso que esperemos más— continuó Ayanami en ese tono tan indiferente que casi cortaba por lo helado que era —La ocasión es propicia, el momento inmejorable. Te aseguro que no tienes que temer, nadie nos interrumpirá en este lugar y ninguna otra persona sabrá lo que hicimos ahora. Así que es mejor comenzar ya, y aplacar ese oscuro deseo que te domina. Mi cuerpo está a tu entera disposición, me ofrezco a ti como ninguna otra mujer se ha ofrecido a alguien jamás: con toda sinceridad y sin algún otro propósito escondido...
En cuanto sintió las sudorosas manos de Rivera sobre sus hombros, Rei supo que era momento de callar y prepararse lo mejor que pudiera para cumplir su promesa. Pese a la seguridad con la que había pronunciado aquellas palabras, la jovencita no pudo evitar experimentar una suerte de escalofrío que la hizo estremecerse con solo el toque de la piel del muchacho delante suyo, quien se encontraba jadeante, acaso como si estuviera falta de aliento. Cerró los ojos entonces y se dispuso a prepararse para el evento lo mejor que pudiera, pensando que podría hacerlo más llevadero si es que desconectaba su mente de su cuerpo, permitiéndole trasladarse hasta a un lugar muy lejos de allí, hasta que pasara lo que tuviera que pasar.
Sin embargo, antes que su conciencia se trasladara quién sabe a donde, un cálido y gentil beso que se posó en su frente la hizo regresar a su contenedor carnal, desconcertada por aquella muestra de cariño. Para esos momentos había esperado que el joven ya la tuviera tumbada sobre el piso, jadeando como perro rabioso encima de ella. Por el contrario, el chico de mirada esmeralda la seguía sosteniendo de los hombros, mirándola con un marcado gesto de melancolía, para luego agacharse y recoger su blusa del piso, la que le puso sobre los hombros a modo de capa.
—Es una oferta muy tentadora, pero me temo que no puedo aceptarla— dijo finalmente Kai, habiendo recobrado el uso de todas sus facultades, en tanto se daba la vuelta para que ella no pudiera ver su expresión desencajada, sintiendo como si estuviera a punto de romper en llanto, como pocas veces en su vida —Y es que de nada me serviría tener tu cuerpo sino tengo lo más importante: tu amor. Quiero que si alguna vez decides estar conmigo sea porque me he ganado tu corazón, que el que nos unamos carnalmente sea tan sólo una consecuencia del amor que sintamos el uno por el otro. De esta forma como me lo propones, sólo sería... un acto animal, nada más que eso... y el saber que sólo lo haces por obligación... me destrozaría por dentro, aún más de lo que ya estoy. Aún así, te debo una disculpa. Debí darme cuenta desde mucho antes que sólo estaba siendo una molestia para ti, todo este tiempo. Lamento mucho que hayamos tenido que llegar a esto para venir a enterarme, me siento como un verdadero imbécil, creyendo ver cosas, señales que nunca estuvieron ahí, sólo en mi imaginación...
Rivera hubo de dar un largo suspiro para volver a oxigenar su cerebro, mientras que continuaba, dirigiéndose a la salida y dándole la espalda por completo:
—La primera vez que te vi... fue como ver por vez primera la luz del día, vi en tu mirada un resplandor que me mostraba la promesa de una vida mejor, más llevadera... a tu lado... y cuando te vi a los ojos... llegué a pensar que tú también creías lo mismo, por un chispazo que se asomó en tu mirada. Ahora... ahora sé que me equivoqué... y lo siento... por todas la molestias que te causé, todas las vergüenzas a las que te sometí... perdón por todo. Pero puedo prometerte que a partir de este momento ya no tendrás que precuparte de nuevo por mí, ó por mis indiscreciones. Desde hoy, te prometo alejarme de ti y abstenerme de cualquier otro intento por estar contigo. Nuestra relación será estrictamente profesional y jamás pasará de eso. Te daré tus lecciones cada tercer día, y sólo te entregaré los ejercicios en turno, revisaré y correjiré los anteriores en donde haga falta y me marcharé sin mayor demora. En el trabajo... sólo te dirigiré la palabra cuando haga falta... de ahí en más, ya no tendrás que preocuparte porque vuelva a importunarte... nunca más...
Kai ya estaba abriendo la puerta, lo suficiente para salir sin exponer al exterior la condición de Ayanami, quien había permanecido de pie todo ese tiempo sin pronunciar vocablo alguno, únicamente mirándolo como un pajarillo desorientado.
—Yo... siento haber sido tan estúpido... espero... que algún día puedas perdonarme. Adiós...
Y sin tener más que agregar el muchacho salió, deslizándose por la abertura y cerrando la puerta detrás de sí, sin mirar hacia atrás.
No obstante, lo poco que pudo atisbar la jovencita de su acongojado rostro, le hablaba de la existencia de una extraña faceta que pocas veces le había visto a aquél muchacho, que le permitía entrever que había algo mucho más profundo enterrado entre tantas capas de densa fanfarronería y hueca simpleza que Rivera se empeñaba tanto en proyectar hacia el exterior. Y por otro lado, el que Kai le hubiera dado la espalda y se hubiera marchado, luego de la manera tan directa en la que se le había ofrecido, la hacía sentirse... despreciada. Y un poco humillada, aunque eso todavía no lo sabía a ciencia cierta. Y es que, a pesar de todo lo que se pudiera uno imaginar, con todo y su raudal de peculiaridades, aquella singular chiquilla no dejaba de ser una mujer, a fin de cuentas. Tan voluble y tan despistada como podría ser cualquier otro especímen de ese fascinante género.
Por su parte, el alicaído jovenzuelo que había sufrido tal desencanto caminaba a su casa con pies tan pesados como lozas, las que debía arrastrar con gran esfuerzo para poder desplazarse. Iba completamente encorvado por las calles que empezaban a oscurecer, la vista gacha y el ánimo por los suelos. Lo que más deseaba en esos momentos era hacerse tan pequeño que ningún otro ser vivo pudiera verlo, reducirse a una escala microscópica hasta desaparecer por completo, tragado por el refugio que le brindaba el olvido. Se sentía indigno incluso del aire que respiraba. Y es que, como cualquier otro adolescente, el enterarse que el objeto de todo su afecto no le correspondía, y que por el contrario, lo aborrecía como a la peste, era un golpe demasiado duro para él, del que difícilmente llegaría a reponerse. Era en esos momentos lo peor, lo más bajo y ruin que la raza humana tuviera que ofrecer. Creía firmemente en ello con la irresoluble convicción e intensidad que solamente una persona de esa edad podría manifestar. Se despreciaba a sí mismo como nunca antes por no haber sido digno de ella ni de sus atenciones. Todo su estado emocional podía reducirse en el desgarrador grito que enarboló, luego de haber pateado una lata tirada en la calle tan fuerte como pudo, un alarido tanto de cólera como de reclamo al cruel destino que lo había llevado a conocer al amor de su vida, sólo para haberle negado su favor:
—¡¿Porqué ella no me amaaa?! ¡¿Porqueeeé?!
Sin importarle el infortunio de aquél ó de cualquier otro joven enamorado, el tiempo continuó su irrefrenable curso, demostrando con su paso que la palabra empeñada por Rivera había resultado ser cierta. Abruptamente había dejado de asistir a clases, con lo que la calma y tranquilidad regresaba al interior del grupo 2A de la Escuela Secundaria Numero 1 de Tokio 3. Del mismo modo, se le había dejado de ver con tanta frecuencia en las instalaciones del Geofrente, esto para desilusión de muchos, que veían en las desventuras del ocurrente muchacho un buen pretexto para aliviar las tensiones que acarreaba un pesado trabajo como el que ahí dentro se llevaba a cabo. Asimismo, Ayanami había vuelto a las monótonas jornadas en las que consistía su trajín diario, carentes de cualquier exabrupto que pudiera causar su locuaz admirador y sin saber de él más que por los correos electrónicos mediante los cuales le mandaba sus lecciones de idioma y revisaba sus avances, todos ellos consistentes en un compendio de mensajes impersonales que bien pudieran haber sido escritos por un programa en línea y no por una persona que en varias ocasiones había manifestado amarla como a ninguna otra.
Dicho sea de paso, aquello poco ó nada le importaba al Comandante Gendo Ikari ni al Profesor Kozoh Fuyutski, más interesados en otro de los aspectos del repentino desapego que el joven Doctor Rivera manifestaba hacia todo.
—Vigilancia confirma que el muchacho no ha estado en estas instalaciones en más de dos semanas, y mis contactos me informan que no ha establecido comunicación alguna con los altos mando de las Naciones Unidas— comunicaba Fuyutski con aire complacido mientras que ambos personajes recorrían los largos corredores de su cuartel general —El Comité de Evaluación no pudo haberse reunido en un mejor momento, una vez que el chiquillo se ha pasado todo este tiempo encerrado como un ermitaño en su departamento, curándose de su mal de amores. Llegará al proceso de revisión sin algún avance significativo en su propuesta, la que será desechada y olvidada más rápido que cualquier otra ridícula canción de moda pasajera. Y todo sin haber tenido que levantar un solo dedo en su contra, Ikari... quizás puedas aprender una cosa ó dos de como es que manejé todo este asunto...
—Por nuestro bien, será mejor que tenga razón, Profesor. Por mi parte, no puedo esperar para ver como el comité hace pedazos a ese mocoso arrogante y bueno para nada... he esperado mucho tiempo para que alguien lo ponga en su lugar, y hoy, finalmente años de paciente espera rinden sus frutos.
Gendo puso final a la exposición verbal de sus anhelos una vez que ambos entraban a la amplia sala de demostración que se había improvisado rápidamente para que el Doctor Rivera llevara a cabo la rendición de su programado primer informe de actividades ante un comité que se componía de varias personas, todas ellas eminencias con cargos importantes dentro del gobierno mundial y varios miembros destacados del ámbito científico. Eran ellos quienes se encargarían de evaluar qué tan plausible era la propuesta hecha por Rivera, y quienes en última instancia darían su aval para la aprobación de la puesta en marcha de su audaz iniciativa.
Si el Comandante Ikari tenía a cuestas a una gran camarilla de detractores, lo mismo podría decirse del joven científico cuyo trabajo sería puesto a prueba aquél día, ya que a través de los años se había ganado la antipatía de no pocos de sus colegas debido a su despreocupado proceder, además de la justificada envidia que despertaba por haber conseguido a tan corta edad lo que a la mayoría le costaba toda una vida de riguroso estudio y ferrea determinación. La lista de personas que por meras razones académicas no simpatizaban con aquél desparpajado chiquillo, quien había puesto de cabeza el mundillo de la ciencia, era tan larga como un directorio teléfonico. Y los más destacados de todos ellos eran quienes componían la plana mayor de aquél comité que ese día entraba en sesión.
Cuando los dirigentes de NERV ingresaron al salón la reunión aún no comenzaba de manera formal, pero aún así los ánimos ya se encontraban bastante caldeados ahí dentro. Uno de los investigadores convocados alzaba airadamente su puño, en donde estrujaba el escueto informe de actividades que se les había proporcionado, el cual parecía más bien la tarea de un estudiante de educación primaria, consistente solamente en tres hojas de papel tamaño carta.
—¡Esta será la última vez que te burlas de todos nosotros, chiquillo ignorante!— reclamaba con vehemencia el alterado sujeto —¡Así aprenderás a dejar de hacernos perder el tiempo con tus estupideces!
—¡Bien dicho! ¡Este documento y el propósito de esta junta no son más que una burla para todos los que estamos aquí!
—¡Tenemos cosas mucho más importantes que hacer que venir hasta esta tierra olvidada de Dios, solamente por el capricho de un escolapio venido a más!
—¡Acabemos con esto de una vez, para que todos podamos volver a nuestros asuntos lo más pronto posible! ¡Al diablo con Rivera y todas sus ridículas fantasías!
—¡Puedes considerarte acabado después del fiasco que nos has hecho pasar este día, niño imbécil!
—¡¿Quieres dejar de hacerte el idiota y responder ante nosotros como un hombre, ó es que acaso no eres capaz de eso?! ¡Afronta las consecuencias de tus actos, necio!
—¡Así es! ¿Qué es lo que tiene que decir acerca de su rotunda fracaso, Doctor Rivera? ¡Hable ahora!
Durante todo el tiempo que había durado su precaria comparecencia, el joven prodigio que tanta animadversión causaba había permanecido en silencio, sentado detrás de un escritorio al frente de la sala, con los ojos cerrados y los brazos cruzados, recargado sobre un enorme cristal rectangular a sus espaldas, como si estuviera tomando una plácida siesta en lugar de encabezar una importante reunión de trabajo de tamaña envergadura como en la que se encontraba. No obstante, una vez que se percató que Ikari y Fuyutski se encontraban presentes, finalmente pareció despabilarse, poniéndose de pie para dar por iniciada la reunión:
—Buenos días, señores y señoras— saludó en tono ecuánime y bien ponderado, tan erguido como una columna bien derecha —Agradezco a todos por su tiempo y la gentileza que tuvieron para acudir hoy a esta cita. En sus manos tienen el resultado del trabajo de investigación que he llevado a cabo en el tiempo previamente acordado ante la Secretaria General de las Naciones Unidas, así como el nuevo cronograma para la siguiente fase de la iniciativa que he presentado, una vez que la fase anterior ha sido concluida satisfactoriamente, como todos ustedes pueden apreciar en dicho documento.
—¿De qué rayos estás hablando, estúpido orate? ¡En este ridículo panfleto sólo aparecen promesas y fantasías, nada que valide realmente tus desfiguros y alucinaciones!
—¡Es verdad! ¿Donde están tus fuentes acreditadas, tu trabajo de investigación y desarrollo, tus estudios de campo que certifiquen tu marco teórico y tus absurdas hipótesis?
—¡Todo esto no es más que literatura de ficción barata! ¡Nada que puedas hacer pasar como auténtica documentación científica!
—¡Pruebas, Rivera! ¡Exigimos pruebas, de que en realidad has estado trabajando todo este tiempo y no solamente persiguiendo faldas a expensas del presupuesto!
—Por supuesto, sé de antemano que todos los aquí presentes leyeron y estudiaron cuidadosamente el convenio que suscribí con la Organización de las Naciones Unidas— respondió el muchacho con voz firme y severa, colocándose una bata de laboratorio y gruesas gafas de seguridad —Así que no tendrán problema en recordar la clásula de confidencialidad, específicamente el apartado III, inciso D, donde estipula con toda claridad que puedo conservar la secrecía de la investigación que desarrolle bajo este acuerdo, lo que comprende fórmulas, ecuaciones y patentes que deriven de dicho trabajo, todo por un periodo de diez años. Así que no tendré necesidad de aclarar el porqué esa información no viene incluida en el presente informe, al hacer uso de mi derecho a reservarme dichos datos de naturaleza clasificada.
Todos los iracundos presentes quedaron entonces con la palabra en la boca, mirándose los unos a los otros con cierto rastro de culpabilidad y como buscando a algún osado que pudiera objetar aquél demoledor argumento con el que los silenciaban de momento.
—Aún así, comprendo muy bien que a fin de cuentas las palabras se las lleva el viento, y que no son nada sin una acción ó hecho concreto que las sustente— continuó el joven, volviéndose hacia el cristal a sus espaldas, que dejaba entrever una cámara contigua donde operaba un brazo robot a control remoto y demás instrumental siderúrgico —Es por eso que requerí de su presencia física para la demostración que tengo planeada para hoy. Si pueden seguir prestándome más minutos de su tiempo, háganme el favor de dirigir su atención a la cámara anexa. Esta pieza de metal que en estos momentos estoy sosteniendo con este equipo está hecha con el mismo material que NERV ha utilizado como blindaje para sus unidades Evangelion. Incluso se me ha dicho que esta aleación en particular es más fuerte que sus predecesoras y que será utilizada como parte de la armadura que revestirá al Modelo de Pruebas, el Eva 01. Con un láser, muy similar al que acabo de activar, es como el equipo de ensamblaje de esta agencia da forma y terminado a todas las piezas que van necesitando...
El apéndice mecánico que controlaba Rivera pasó el fragmento metálico en cuestión a través del haz luminoso, el cual atravesó y rebanó la pieza sin ningún problema. Los pedazos resultantes cayeron al piso, despidiendo humo blanquecino de los extremos por donde el láser había pasado. Enseguida el brazo robótico develó una nueva pieza metálica que hasta entonces había permanecido cubierta por un trapo, sosteniéndola en el aire para que pudiera ser apreciada por el público expectante.
—Este de aquí es un fragmento de un material descubierto hace apenas unos quince años, cuyas propiedades será mejor que las aprecien por ustedes mismos, en lugar de una tediosa explicación fuera de lugar.
La maquinaria operada por el muchacho pasó aquella muestra por el mismo láser utilizado momentos antes. Para asombro de todos los ahí reunidos, el láser no consiguió atravesar la pieza de aquél metal desconocido. El hilo de luz se concentró en un mismo punto, pero no había signos visibles de daño alguno en el material.
—Podemos seguir aquí todo el día, pero lo único que lograríamos sería sobrecalentar el mecanismo del láser mucho antes de que éste consiguiera hacer algún rasguño sobre la superficie de esta muestra— informó el joven doctor, desactivando el aparato láser para que el pleno del comité constatara que la pieza sostenida por el robot había salido indemne de la prueba.
Mientras que todos permanecían atónitos, el brazo mecánico colocó de nuevo la pieza de donde la había tomado, para luego recoger los pedazos aún humeantes de la muestra anterior y colocarlos todos juntos. Acto seguido, Rivera retiró aquella herramienta que le permitía manipular materiales a distancia, desactivándola desde su lugar. Con otra secuencia de comandos tecleada en su dispositivo electrónico de control remoto, un aparato cilíndrico del tamaño de un bolígrafo se encendió en el interior de la cámara. Una serie de luces rojas que se iban extinguiendo daban cuenta de la existencia de un mecanismo de tiempo funcionando en su interior.
—Acabo de activar un aparato explosivo al que llamo "Granada N2", cuyo nombre me parece que revela claramente su función. Haciendo uso de la tecnología N2, este artefacto volátil tiene un rango preciso de alcance de seis metros a la redonda, y hará explosión en...— el joven doctor hubo de arremangarse su bata para ver el reloj en su muñeca izquierda, y comenzar un conteo regresivo —10... 9... 8... 7...
Aquello puso en alerta a todos los demás, que se abalanzaron hacia la salida en medio de frenéticos alaridos de espanto:
—¡Corran! ¡Este imbécil nos va a matar a todos!
—¡Sálvese quien pueda!
—...0...
La cámara de pruebas se convirtió entonces en un océano de llamas, un infierno sobre la tierra que despedía una intensa luz que desdibujó todo hasta tornarlo completamente blanco. Pese a la alarma general que había cundido, el estallido se delimitó a aquella sala aislada, que comprendía con exactitud el radio de alcance descrito previamente por el Doctor Rivera, quien durante todo el tiempo se había mantenido ajeno a la conmoción que dominaba a sus colegas, mirando fijamente la explosión a través de sus gruesas gafas opacas, que protegían sus retinas de cualquier daño.
Una vez que terminó el estremecimiento y todos los ahí reunidos pudieron ver con claridad nuevamente, los primeros en incorporarse pudieron apreciar que el artefacto N2 había desintegrado todo en la cámara anexa, incluyendo el brazo robot y demás instrumental que se había instalado allí. De inmediato su atención se volcó al negligente joven que había puesto sus vidas en peligro, el cual ahora observaba detenidamente una fractura que se había producido a lo alto del cristal frente a él.
—Jum, me aseguraron que esta cosa tenía quince centímetros de espesor— musitó el chiquillo con desdén, sin prestar atención a los reclamos que comenzaban a sucederse —Obviamente alguien me quiso ver la cara...
—¡Niño idiota! ¡¿Qué rayos crees que estás haciendo?!
—¡Pudiste habernos matado, desgraciado!
—¡¿Y todo eso para qué, bastardo infeliz?!
—Como todos ustedes bien lo saben, la reacción provacada por los dispositivos N2 es la fuerza destructiva más poderosa de la que tenemos conocimiento hasta ahora— precisó Rivera, sin voltearse hacia la iracunda multitud a sus espaldas —Su potencia de fuego no puede ser igualada ni por nitroglicerina, trinitolotrueno ó incluso por elementos radioactivos ó cualquier otra sustancia conocida por el hombre. No hay material que resista una descarga de este tipo, que vaporiza todo lo que esté a su alcance. Ó era lo que se pensaba hasta hace muy poco...
El muchacho señaló a través del cristal, cuidándose de no tocar la superficie que despedía un calor intenso aún desde la distancia a la que se encontraba.
—¡¿Pero qué diablos...?!
Aquella fue la reacción unánime cuando los investigadores divisaron el fragmento del misterioso metal mostrado por Rivera, yaciendo en el piso sin alguna fractura, quemadura ó daño visible, mientras que todo lo demás en aquella sala se había desvanecido como en un sueño.
—Tenemos ante nosotros un raro elemento como nunca se ha visto, un metal cuya propiedad más sobresaliente ustedes mismos acaban de comprobar— pronunció el joven, sin quitar la vista del fragmento —Me atrevo a decir que estamos en presencia del primer y único elemento que puede decirse que es indestructible, indivisible, perenne... eterno... de hecho, todos los estudios que le he practicado a la presente muestra datan su edad en unos 65 millones de años... y no muestra signos visibles de desgaste ó corrosión... en su presente condición, la pieza no puede ser ni dividida ni disuelta ni deformada de forma alguna.
—En ese caso, ¿cuál puede ser su utilidad, a no ser la de un pisapapeles muy sofisticado?
—La única forma de manipular este compuesto metálico es en su estado natural, que es líquido. Una vez que se enfría a temperatura ambiente, como es el caso de la presente muestra, se vuelve resistente a todo daño ó alteración...
—¿Y es que acaso espera encontrar por arte de magia algún yacimiento escondido de esta abominación?
—A decir verdad, en estos mismos instantes, un equipo privado de perforación arrendado se encuentra en aguas del Golfo de México, justo sobre el punto donde mi investigación indica se encuentra el único depósito de este material en todo el planeta.
—¿Nos va a decir ahora que el punto donde se encuentra dicho yacimiento también es "información clasificada", ó porqué no incluyó nada al respecto en su dichoso informe? ¡Qué conveniente!
—¡Así es! ¿Y cómo es que hasta ahora nadie había descubierto este metal? ¡Sobre todo si se encuentra en esa zona, una de las mejor exploradas y sobreexplotadas por las petroleras!
—Caballeros, por favor— fue sólo hasta entonces que Kai se volvió hacia aquellos que lo interpelaban, para mostrarles una discreta sonrisa de carácter burlón —Dejando fobias y tirrias de lado, ¿en realidad me creen tan estúpido como para revelarles el punto exacto donde se puede extraer el metal más raro del mundo? Ese equipo de perforación fue contratado con fondos privados, mis propios fondos, y como todos ustedes saben, el metal es de quién lo saca primero...
—¿A qué viene a cuenta todo esto?— interrogó entonces Gendo Ikari, quien hasta entonces había permanecido callado, a la expectativa, alzándose frente a todos los demás llegado el momento —¿Qué tiene que ver este nuevo material y su subsecuente explotación con la iniciativa que venimos ahora a discutir?
La sonrisa socarrona en los labios de Rivera se ensanchó aún más al contemplar a su principal contendiente, su verdadero rival a vencer aquél día. Con aire complacido se retiró las gafas, para poder ver directamente a los ojos a su adversario.
—Según han arrojado mis investigaciones, este elemento químico es el componente principal en la elaboración de un tipo de aleación bastante especial, que resulta ser la materia prima en la producción de cierta arma humanoide multipropósito, de la que hasta este momento sólo se encuentra en fase de pruebas y prototipos fallidos— el Doctor Rivera encendió un proyector holográfico, el cual mediante el uso de haces de luz mostraba a todos planos de un robot Evangelion en una escala tan grande como el mismo salón que albergaba a todos ellos, lo que delataba que el joven se había tomado más tiempo para la realización de un trabajo mucho más detallado y minucioso del que en un principio se hubiera pensado —Un artefacto de proporciones descomunales, que de ser realizado como es debido, contará con una fuente de energía provista de un abastecimiento ilimitado, estoy hablando de un supersolenoide: un Motor S2, cuyas propiedades únicas convertirían dicha máquina, más que en un arma, en un medio de transporte que permitirá a la humanidad explorar los confines del espacio y el tiempo...
—¿Energía ilimitada?
—¡Eso es un sinsentido, una locura!
—Todo se encuentra aquí— con un ademán, las imágenes proyectadas cambiaron de golpe, mostrando en esos momentos una serie de símbolos que tapizaron las paredes, consistentes en fórmulas matemáticas mezcladas con jeroglíficos de algún tipo. Al igual que la vez anterior, los allí reunidos voltearon en derredor para poder apreciarlos en su totalidad, mientras Rivera seguía con su melodramática explicación —Los trabajos finales de los Doctores Jouzou Katsuragi y José Rivera, a los que tengo acceso directo. Basándome en estos datos y vinculándolos en un solo marco teórico puedo afirmar con toda categoría que la construcción de dicho artefacto es más que posible, casi un hecho. Sé muy bien que en la presente coyuntura, pensar en una fuente de energía perpetua está completamente fuera de lugar. Pero estamos ante un descubrimiento que revolucionará todo lo que conocemos y el lugar que tenemos en este universo, un hito histórico que nos permitirá dar un gran salto en nuestro avance científico. ¿Es una locura? Lo mismo se decía unos cuantos años atrás, cuando la tecnología N2 estaba en desarrollo. Recuerdo muy bien que varias de las personas que hoy mismo están aquí reunidas, en ese entonces afirmaron categóricamente que era imposible causar una explosión que superara el poder de fuego de un arma atómica sin provocar radioactividad residual. Sin embargo, hace unos minutos acabamos de presenciar una reacción de esa naturaleza, justo frente a nuestros ojos...
—Aún así, no hay garantías que este proyecto arroje los mismos resultados— atajó Ikari, sin dejarse amedrentar —Sobre todo teniendo en cuenta que la iniciativa que hoy estamos evaluando se basa casi exclusivamente en estudios e investigaciones inconclusas, abandonadas ya hace muchos años...
—Me sorprende que sea usted quien afirme algo como eso, señor Ikari— respondió el muchacho en el mismo tono —¿Ó es que acaso no se enfrentó usted a la misma clase de prejuicios y cuestionamientos en contra cuando presentó la iniciativa del Proyecto Eva? Y aún así, su propuesta resultó ser aprobada a final de cuentas... ¿Porqué no habría de suceder lo mismo ahora, cuando se le propone una mejora sustancial a su proyecto original? Usted y yo, ambos creemos en lo que hacemos, señor Ikari. Si por un momento llegáramos a pensar que nuestro trabajo no tiene posibilidad de éxito ni siquiera estaríamos aquí el día de hoy. Al final de todo, no es ni su reputación ni la de cualquier otro que nos acompaña en estos momentos la que está en juego. Es la mía, señores. Soy yo el que está arriesgándose a perder todo si no alcanzo el objetivo que se ha trazado. Hasta este momento, todos los gastos operativos han sido solventados con mi bolsillo, al igual que lo será la siguiente etapa que necesita su aprobación. No será hasta la Fase III del plan que se necesitará la aportación de recursos gubernamentales, una vez que la construcción de la primer Unidad Evangelion Especializada para el Combate sea una certeza. Así que, ¿qué tienen que perder en estos momentos? Si fracaso, el que habrá perdido todos sus recursos monetarios y logísticos seré yo, sin hablar de que será sin duda el fin de mi carrera académica y científica. No tienen que fingir conmigo, sé que a muchos de aquí les agradaría ver eso. ¿Pero qué tal si tengo éxito? Entonces las Fuerzas Armadas de las Naciones Unidas contarán con el arma más poderosa jamás construida, que volverá obsoleta incluso a la Tecnología N2 y que cambiará radicalmente la forma en la que las guerras futuras serán peleadas. Si es que hay algún valiente que se quiera oponer al gobierno mundial una vez que cuente con esta superarma...
El destello que resplandeció en los ojos de los altos mandos militares presentes, quienes serían los que tendrían la última palabra aquél día, avisaba a Rivera que ya los tenía en la bolsa y que saldría victorioso en aquella jornada.
Así que, mientras todos los demás se arremolinaban en torno al joven Doctor Rivera, deliberando entre ellos en medio de una conmoción ensordecedora, el Comandante Ikari y el Profesor Fuyutski abandonaron el salón de la manera más discreta que les fue posible. Dado el alboroto que imperaba en esos instantes nadie se percató de su partida.
—Parece que el chiquillo estaba mucho más repuesto de lo que pensaba, Profesor— musitó Gendo luego de que ambos hubieran recorrido un trecho largo en absoluto silencio.
Fuyutski asintió con la cabeza, sin el ánimo de responder. Caminaba algo encorvado, cosa rara en él, lo que denotaba su alicaído estado anímico. Estaba bastante consciente que sus esfuerzos por distraer a Rivera habían sido en vano, y que ahora lo que seguía era inevitable. Y eso lo perturbaba sobremanera, no por que sintiera cualquier clase de afecto por aquél imprudente jovencito, sino por que ya cargaba con demasiadas culpas en su atiborrada conciencia y había hecho todo lo posible para evitarse llevar un peso más encima.
—Es usted un hombre decente, Profesor— prosiguió Ikari, casi susurrante —Y estoy seguro que, si lo supiera, Rivera le estaría bastante agradecido por todo el empeño que puso para ayudarlo. También se lo agradezco, pero ahora seré yo quien deba hacerse cargo de la situación— dijo, mientras se separaba de su lado para abordar un elevador que le aguardaba —Consuélese en saber que usted hizo cuanto pudo para evitar que el muchacho cayera en el pozo en el que el mismo se acaba de tirar. Con su permiso, hay lugares a los que necesito ir y gente a la que ver...
El viejo y cansado profesor siguió sin decir palabra, mirando detenidamente su reflejo distorsionado en las puertas metálicas del ascensor que se acababan de cerrar frente a él. Su pecho parecía un horno y cada respiración era como tragarse una hoja afilada. ¿Un infarto, quizás, ó solamente una amenaza de? Quien sabe. Una sola interrogante era la que taladraba su cerebro, quemando todo su ser: ¿cuánta sangre más debían derramar hasta que sus objetivos pudieran ser cumplidos? ¿Cuánta más?
Unos cuantos pisos encima de él, Rei Ayanami se encontraba realizando su deambular cotidiano, tan tranquila y despreocupadamente como lo había venido haciendo desde hace días, sin contratiempos ni novedades al frente. En esos momentos llevaba más de tres días sin dirigirle la palabra a cualquier otro ser humano y más de una semana sin alterar su monótona rutina. Una extraña ansiedad empezaba a apoderarse de ella, en tanto cada vez se sentía más difusa, casi inexistente, una suerte de fantasma invisible en el que nadie podía reparar. Se confesaba ya con una carencia sustancial de emociones que hicieran más llevaderos los grises días de su vida. Al parecer, ahora que había experimentado lo que se sentía tener la atención y admiración incondicional de alguien más se había vuelto adicta a aquella sensación, o por lo menos se había acostumbrado a ella lo suficiente como para haber desarrollado una clase de síndrome de abstinencia, del que adolecía en esos mismos instantes, que tanta falta le hacía a su incipíente autoestima.
Pensaba que al deshacerse del asedio de Kai su vida se vería libre de complicaciones innecesarias, y a pesar de que eso era en parte verdad , reconocía que ahora sus días distaban mucho de ser perfectos ó por lo menos aceptables. Le hacía falta la expectación producida por aguardar lo inesperado cada día. La monotonía en la que se desenvolvía su existencia se le antojaba ya sofocante y, más que nada, tanto silencio le hacía cuestionarse una y otra vez el significado y propósito de su ser. Se encontraba, pues, de vuelta en donde había comenzado: sola, sin un lugar al que perteneciera y al borde del quiebre. ¿A quién le importaría si simplemente se desvaneciera en el aire? ¿Habría alguien que siquiera se percataría de ello?
Un eco vago y lejano, que conforme avanzaban sus pasos iba haciéndose más notorio, la sacó de sus dilemas filosóficos abstractos. Aquél sonido era algo que nunca antes había escuchado, y aunque lo hubiera hecho sabría entonces que tampoco era algo que perteneciera al transcurrir diario de ese lugar. Deconcertada, siguió su andar de forma mucho más pausada y errática, tratando de aislar la fuente de aquél fuerte sonido que empezaba a tornarse ensordecedor.
Una vez que anduvo unos cuantos metros más, se encontró con Maya Ibuki, en cuyo constipado rostro se asomaba una preocupación y desesperación totales. Se encontraba agazapada, aparentemente cargando un bulto entre sus brazos, meciéndose incesantemente de lado a lado, volteando frenética hacia todas partes. Cuando se dio cuenta de su presencia el rostro de la oficial técnica se iluminó, alegrándose tanto por verla como nunca antes alguien lo había hecho, apurándose para llegar a su encuentro envolviendo a ambas en el estruendo producido por el bulto que sostenía entre sus brazos. Fue hasta entonces que Rei pudo ver que lo que causaba semejante conmoción era un pequeño bebé de escasos meses de edad.
—¡Rei! ¡Qué bueno es verte por aquí!— pronunció de inmediato Ibuki, alzando su voz por encima del llanto de la criatura que cargaba —¡No pudiste haber llegado en mejor momento!
A la joven le estaba costando trabajo entender a la visiblemente alterada Maya, entremezclándose sus gritos con los berridos que lanzaba el lactante que sostenía, pero eso no le fue impedimiento a la técnica para continuar su explicación:
—¡Esta es Umi, la hija de mi prima Saya! ¡Vino a que le practicaran algunos estudios de sangre y varias tomografías y resonancias magnéticas, así que me encargó a la bebé mientras se los realizan! ¡Pero los estudios se han demorado, y Umi no para de llorar y no sé que diablos hacer! ¡No sé nada sobre bebés! ¡Sólo... sólo necesito que la cargues por mí unos cuantos momentos, por favor! ¡Necesito... necesito alejarme un poco, sólo un ratito! ¡No puedo ni escuchar mis pensamientos! ¡Por favor, haz esto por mí y te estaré eternamente agradecida!
Sin esperar por la respuesta de Ayanami, la apabullada tía entregó la custodia del infante a su cuidado, y una vez liberada de tamaña responsabilidad se vio posibilitada a dirigirse a un lugar donde pudiera dejar de sufrir semejante castigo auditivo.
En cambio, Ayanami la observó marcharse, sin atinar a hacer o decir algo que le impidiera abandonarla en dichas condiciones, sin una idea de como proceder en su presente predicamento. Miraba desconsolada al diminuto ser humano que se revolvía desesperado entre sus brazos, sin ni siquiera estar segura de que esa fuera la posición correcta para cargarlo sin hacerle daño. Aquella era la primerísima ocasión en la que interactuaba con un bebé e incluso que siquiera veía a uno. Y dicho encuentro no le estaba resultando muy grato que digamos. Al igual que su compañera de trabajo, comenzó a mirar agobiada hacia todas partes, como buscando a cualquiera que pudiera asistirla en aquél ensordecedor, e incluso enloquecedor tormento, aturdida por el ataque sónico del que era objeto.
Al cabo de unos angustiosos minutos, que parecieron transcurrir eternamente, fue el destino quien dispuso que el joven Doctor Rivera estuviera recorriendo los pasillos de ese mismo piso en esos precisos momentos, en busca de la aún Teniente Katsuragi para que lo llevara a casa, una vez terminada su comparencia ante el comité de revisión. Iba cabizbajo y arrastrando los pies, como lo había estado haciendo desde hace un par de semanas, durante las cuales el bajón en su estado de ánimo había sido más que evidente. Ni siquiera el haber logrado que aquellos vejestorios le concedieran su renuente aval para proseguir con la siguiente etapa de su iniciativa contribuía en algo a mejorar su humor. Lo consideraba como un triunfo vacío y sin razón. El motivo principal por el que se había decidido a construir un Evangelion en primer lugar era para poder estar al lado de Rei Ayanami. Ahora que sabía que aquello jamás le sería posible, la idea de un robot gigante le volvía a parecer ridícula e infantil. ¿Qué caso tenía entonces continuar con ese sinsentido? Se quería convencer a sí mismo de que aquella sería la única manera en la que conseguiría fondos para finalmente desarrollar un Motor S2, su anhelado proyecto personal largamente pospuesto. Pero lo cierto es que si no podía estar con la hermosa chica que le había arrebatado el corazón nada tenía sentido, ni siquiera su presencia en ese sitio, al que aborrecía tanto. Cada recoveco de aquél gigantesco lugar le recordaba de una forma u otra a ella, y a la imposibilidad de poder estar a su lado.
Un agudo llanto en forma de chillidos ininterrumpidos que se apercibía a la distancia interrumpió su depresivo caminar. De inmediato alzó la vista, como una ardilla alerta en busca de posible peligro. Su sentido auditivo le permitió entonces aislar el origen de aquél inusual sonido y rápidamente seguirlo hasta su fuente, hasta identificarlo plenamente cuando se encontró con Rei y la inconsolable bebita en sus brazos, quien continuaba llorando hasta desgañitarse.
Contrario a como hubiera procedido cualquier otra persona en su sano juicio, la expresión del muchacho se iluminó con la sola contemplación de aquella pequeña de escasos meses de edad, y en vez de alejarse como marcaba cualquier vestigio de prudencia, apuró sus pasos para poder apreciar más de cerca a la infante, y lo más raro aún, casi sin prestarle atención a la apurada jovencita que la cargaba.
—¡Mira nada más que cosita tan preciosa tienes aquí!— el llanto de un neonato puede llegar a producir la misma cantidad de decibeles que un taladro ó un concierto de rock, cantidad que podría ser fácilmente superada por la pequeña Umi en esos instantes, pero aún así Rivera parecía hacer caso omiso de aquellos berridos infernales, mientras continuaba mimándola y hablándole con voz pueril y empalagosa como si nada pasara —¡Ay, mi vida!
Haciendo de lado el hecho de que sus tímpanos y todos sus nervios estuvieran hechos trizas, a Rei le sorprendió sobremanera la forma de actuar de su compañero, constatando que éste se encontraba genuinamente fascinado con la criatura que cargaba. Esa era la primera vez que lo veía desde aquella penosa situación en su departamento, y el chico se encontraba mucho más interesado en la bebé que en decirle cualquier cosa antes.
—¿Puedo cargarla?— inquirió Kai entonces, mientras que alzaba los brazos —¿Por favor?
Ayanami vaciló un poco, aún cauta con la presencia de aquél joven cuyos desmanes le eran tan conocidos. No estaba segura de qué tan buena idea era confiarle la seguridad de una inocente criatura, aunque fuera una tan exasperante como la que llevaba a cuestas. Mas sin embargo, su aturdimiento llegó a tal grado que finalmente decidió aceptar la petición que le era hecha, ignorando deliberadamente toda clase de precaución con tal de deshacerse de aquél peso, justo como Maya lo hizo con antelación. Rivera no cabía de felicidad una vez que sostuvo a la pequeña y de inmediato comenzó a mecerla rítmicamente en tanto sus mimos iban en aumento.
"Yo no sé lo que me pasa cuando estoy con vos,
me hipnotiza tu sonrisa,
me desarma tu mirada,
y de mi no queda nada,
me derrito como un hielo al sol..."
Canturreaba el emocionado muchacho a modo de arrullo, hasta que contrajo su rostro en el momento que detectó cierto hedor desagradable emanando del pañal de Umi.
—¡Diablos y centellas, alguien aquí se está pudriendo por dentro!— comentó divertido, en tanto fingía que apartaba de sí a la niña y la hacía bailotear en el aire —¡Y esa eres tú, belleza! ¡Sí, sí, sí! ¡Eres tú, no me puedes engañar, apestosita! ¿Esa es tu pañalera?— le preguntó en el mismo tono, sosteniéndola con un brazo y con el otro asiendo la correa de una bolsa repleta de enseres para el cuidado infantil que había permanecido sobre una hilera de asientos ubicada en aquel pasillo —¡Más vale que así lo sea, porque alguien necesita un cambio urgente de pañal! ¡Claro que sí, niña hedionda!
Obrando con agilidad pero a la vez con suma delicadeza, el jovencito se las ingenió para hurgar en el interior de la valija y extender una pequeña sábana sobre las sillas, haciendo una suerte de cama improvisada donde depositó con presteza a la pequeña Umi, a quien empezó a desvestir como si le quitara capas a una cebolla.
—La mayoría de las personas sostiene a los bebés de los tobillos durante el cambio de pañal— pronunció al aire el joven cuando procedía al aseo de la nena, ofreciendo una explicación no pedida y desenvolviéndose con tal soltura que parecía ser todo un experto en semejantes lides, limpiando el excremento embarrado en la piel sin hacer una sola mueca de asco —Pero lo cierto es que de esa manera sólo les das un punto de apoyo para que hagan movimientos que los pueden llegar a lastimar. Por eso lo mejor es sostenerlos por debajo de las rodillas, así ejerces un mejor control de sus piernas para que no obstaculicen la limpieza. Y, como puedes ver, en el caso de las niñas, como esta preciosidad aquí presente, la limpieza debe hacerse solamente hacia abajo, nunca hacia arriba ó terminarás provocándole alguna infección vaginal sin saberlo... además, pese a lo que muchos llegaran a pensar, la colocación de talco supone más un riesgo para la piel que cualquier otro supuesto beneficio que pudiera aportar...
Así, como si nada, ante la atónita vista de Rei en sólo unos cuantos instantes Rivera había completado toda la faena, teniendo lista a la criatura y habiéndose deshecho del pañal sucio y de la horrible pestilencia que acarreaba. Ahora se ocupaba en envolver a la cría en otra sábana con tejidos más suaves, haciéndose notorio que su humor comenzaba a atemperarse, pues aunque seguía lamentándose ya no lo hacía con la misma estridencia que antes.
—El aire acondicionado de aquí es algo fuerte, seguramente esta muchachita tiene frío, lo que puedes verificar si tocas sus manitas y están heladas. A los recién nacidos les gusta sentirse confinados y arropados, eso les recuerda la sensación de estar en el útero, aunque también se debe tener cuidado con no abrigarlos demasiado porque un bebé que suda puede deshidratarse rápidamente. Generalmente sólo con envolverlos con una sábana de algodón basta para cobijarlos— seguía diciendo Kai como si estuviera impartiendo cátedra de nuevo en la universidad, haciéndo múltiples dobleces a la prenda para inmovilizar por completo a la bebé. Una vez que la chiquilla parecía alguna especie de envoltorio volvió a sostenerla en sus brazos, colocándola erguida contra su pecho, a la altura de sus hombros, de donde sobresalía su cabecita coronada con una rala cabellera, pudiéndose apreciar que parecía compartir la expresión de asombro que se asomaba en el rostro de Ayanami —Pero antes que otra cosa, tenemos que asegurarnos que no tengan aire acumulado, los bebés a esta edad son incapaces de evacuar los gases provocados por los alimentos en un plácido eructo como todos los demás, así que esto puede llegar a provocarles una serie de dolores estomacales en forma de cólicos. Esto se soluciona si la colocamos de esta manera y comenzamos a desalojar el gas con unos cuantos golpes sobre su espalda...
Ni bien había empezado a darle unas palmadas sobre la espalda cuando la bebé ya estaba expeliendo una gran cantidad de aire acumulado en forma de un estruendoso, copioso eructo que más bien hubiera parecido salir de un marinero ebrio en una mala noche de copas que de una neonata con semanas de nacida que sólo se alimentaba de leche.
—¡Ja, ja, ja! ¡Salud!— expresó el muchacho entre risas, causadas por aquella súbita impresión —¿Comiste bien? ¡Ya lo creo que sí!
Fue en ese momento que el semblante de Umi se serenó, y en vez de alaridos ahora solamente abría y cerraba los labios como si estuviera saboreando algo, entrecerrando sus ojos enrojecidos por el llanto, del cual sólo quedaba un ligero hipo y un muy mal recuerdo como último vestigio. Kai aprovechó para volver a accurucarla haciéndole una cuna con su brazo izquierdo, dejando que su cabeza reposara para luego mecerla pausadamente.
—Un pañal sucio, el aire acondicionado produciendo frío y un estómago inflamado son los ingredientes necesarios para crear la tormenta perfecta que acabamos de presenciar— prosiguió el joven doctor en voz baja, sin dejar de mecer a la niña —Esas son algunas de las causas más comunes por las que un bebé puede llorar: incomodidad, frío y también hambre, aunque aquí no fuera el caso. Lo bueno de que estuviera llorando tanto es que eso la hizo cansarse, no tendrá ningún problema para quedarse dormida... está exhausta, mírala...— dijo mientras se inclinaba un poco para que Rei pudiera apreciar la expresión adormilada de la nena, quien estaba completamente transfigurada en otra persona.
—Pareces saber mucho de bebés— observó la muchachita empleando el mismo tono susurrante de su compañero, temiendo que pudiera alterar a la bebé.
—Podrías decir que es algo así como empatía— respondió él, sin quitarle la mirada de encima a la criatura —Después de todo, no hace mucho que también fuí un bebé. La sensación de no tener plena coordinación motriz es muy frustrante, Es como estar atrapado en tu propio cuerpo y no poder hacer nada por ti mismo. Salvo chuparte el dedo, tal vez...
—¿Acaso recuerdas lo que se siente ser un bebé?— preguntó sorprendida Ayanami, pero cuidándose de no alzar la voz.
—Ah... este... pues... ¡claro que no! Sólo bromeaba, por supuesto... ¡Eso sería muy raro, qué cosas dices! ¿Ó es que acaso tú sí lo recuerdas? ¿Cuál es tu primer recuerdo, eh?
—Es una pregunta difícil... tal vez sería un enorme cuadro de la Virgen María que estaba colocado en la capilla del convento donde crecí... toda la vida me pareció que tenía su mirada encima. Era algo incluso atemorizante... No es algo en lo que piense a menudo, de cualquier modo. Cómo te lo dije, es una pregunta complicada. ¿Cuál sería tu primer recuerdo, en ese caso?
El muchacho enseguida se vio de vuelta en un mundo embargado por una blancura fría y desolada, con un cielo rojo en llamas y una lluvia de sangre que traía consigo caos y destrucción. Gritos de pánico y muerte se escuchaban por doquier, en medio de una violenta turbulencia que le despojaba de toda esperanza por conseguir otro respiro de vida.
—Sin duda debe ser el patio trasero de la casa de mis padres— contestó enseguida, sin parapadear —Tenía el césped más verde y fresco que jamás he visto, y un precioso cerezo de donde me hicieron un columpio con un neumático que colgaba de una de sus ramas... tendría, más o menos... ¿Qué? Unos tres, cuatro años, quizás...
—Aún así, te agradezco mucho que hayas venido a ayudarme— repuso Rei, fijando su mirada escarlata en la suya, que a diferencia de otras veces era cálida y confortante —Ignoro cualquier cosa sobre el cuidado de un bebé y esta niña ya me estaba desesperando bastante... quién sabe qué hubiera pasado si no llegas a tiempo. Para mí, un bebé es como un ser extraterrestre. Nunca había tenido contacto directo con ellos y esta es la primera vez que siquiera cargo uno. No fue una experiencia gratificante, ó por lo menos no lo era hasta que tú llegaste. Creo que nos salvaste a las dos con tu habilidad, me da gusto que seas tan sensible al respecto... tienes ángel con los niños...
El rostro de Rivera enrojeció tanto como un semáforo en alto, percatándose que había dejado al descubierto una parte muy bien escondida de su personalidad, que lo avergonzaba sobremasía pues temía que la gente pudiera llegar a considerarlo un afeminado ó blandengue.
—Pues... para ser sinceros... me gustan mucho los bebés— confesó, aunque cauteloso todavía —Pienso que sólo a un cretino no podrían gustarle. Me encanta su pureza, su inocencia, la forma en que huelen... sobre todo el vínculo que tienen con sus padres, de los que dependen completamente... siempre he querido algo así... algo que proteger, algo por lo que valga la pena dar la vida por cuidar... por eso me la paso documentándome acerca cómo cuidarlos, preparándome para un día... bueno, de hecho... mi más grande sueño... es poder tener entre mis brazos a mi propio hijo, justo como tengo a esta bebita en estos momentos. Si pudiera hacerlo, aunque fuera por sólo un momento, sé que moriría feliz... ¡Oh, mira! ¡Ya se durmió!
En efecto, cuando ambos voltearon hacia su regazo, pudieron apreciar detenidamente el apacible semblante de la inocente criatura que dormía plácida y muy profundamente entre sus brazos. Era una cosa tan sencilla, tan mundana, que sin embargo les parecía todo un milagro luego de haber visto como estaba antes.
—Es un cambio total— mencionó Ayanami, estupefacta —No lo había pensado antes, pero viéndola de esta manera... la verdad es que sí es muy hermosa...
—No hay un solo bebé feo en todo el mundo, Rei— aclaró Rivera, complacido con su obra —Todos son bellos, de una forma u otra. Mira esa carita tan tierna, tan pacífica. Tanta tranquilidad es contagiosa, sólo cárgala para que lo compruebes...
Antes que la jovencita pudiera negarse a hacerlo, Rivera ya estaba depositando a la infante de nuevo sus brazos, mostrándole la posición correcta para poder hacerle una cuna mientras la sostenía. En sólo segundos Umi volvía a estar junto a Ayanami, sólo que esta vez se encontraba completamente dormida.
—¿Sientes ese calorcito y el olor que tiene?— preguntó su compañero, embelecido con la nena y ajeno a todo lo demás —Si la colocas cerca de tu pecho, los latidos de tu corazón la tranquilizarán aún más... así, muy bien...
Era tanta la fascinación que la lactante ejercía sobre el muchacho que ni siquiera se había dado cuenta que tenía la mano sobre el brazo izquierdo de Rei. No fue hasta que ella volteó a verlo con un cierto dejo cómplice que el absorto chiquillo se avispó, retirando su mano tan rápidamente como si hubiera estado dentro de un fuego, su rostro encendido mirando aterrorizado a la joven frente a él.
—Disculpa... no quise que... no era mi intención— se excusó torpemente, retornando al estado bobalicón tan habitual en él siempre que estaba en su compañía.
—No hay problema... descuida...— respondió a su vez la señorita de larga cabellera celeste, agachando la mirada.
Fue en ese instante que Kai pareció recordar de golpe todo lo que había sucedido entre ellos, y sobre todo la promesa que le había hecho anteriormente de no volver a molestarla, lo que no estaba cumpliendo en esos momentos. Apenado y sin habla, se limitó a agachar la cabeza como un colegial reprendido y sin decir más dio media vuelta, con el firme propósito de marcharse de ahí lo más pronto posible.
—Es-espera un poco...yo... yo...— balbuceó la joven, frenando su huída —Lo que pasa es que yo... aunque ya comprendo la gran mayoría de los kanjis y puedo leer mucho mejor que antes... aún así yo... sigo necesitando ayuda con las matemáticas... no soy muy buena con eso... las hermanas no estaban muy interesadas en enseñarme álgebra tan avanzada, ó en general cualquier otro tipo de cosa que me pudiera demostrar que Dios no existe... es por eso que... quisiera saber... si es que podrías darme algunas cuantas asesorías...
Rivera la observó de reojo, temeroso y sin dar crédito a sus palabras, como una especie de can doméstico maltratado, de lo que tomó nota la muchachita en tanto se excusaba, aunque tímida y vacilante:
—Lamento mucho... lo que pasó aquella vez. No debí haberlo hecho... me parece que te malinterpreté por completo. Pero... puedo asegurarte que no volverá a ocurrir algo así. Y... la verdad, es que me serviría mucho que me ayudaras, justo como ahora... eso si tú aún quieres hacerlo, por supuesto... sería bastante comprensible que ya no quisieras tener nada que ver conmigo...
—Hmmm, tengo algunas que hacer... pero...— por fin respondió, luego de un rato en absoluto silencio —Creo... creo que puedo hacerte un espacio... ¿mañana, después de clases, te parece bien?
Rei asintió con la cabeza y un gesto complacido iluminando su faz, lo que creó un vacío en el estómago del joven por donde revoloteó todo un enjambre de enloquecidas mariposas.
—Te... te veo mañana, entonces...— musitó Kai mientras andaba de espaldas, aletargado con la visión, tanto que no pudo evitar impactarse contra una pared cercana —¡Torpe de mí! Este... bueno.. en fin.. hasta... hasta luego...
Ayanami lo veía partir, visiblemente nervioso y trastabillando, haciendo un gran esfuerzo por no caer con cada paso que daba, y entonces, a su vez, aquella inexpresiva jovencita volvió a sentir el mismo sopor que la envolvió cuando conoció por vez primera a aquél muchacho tan problemático. Por suerte para ella nadie estaba a su alrededor en esos momentos, porque no había forma alguna en que pudiera ocultar el intenso rubor que asomó por sus mejillas. Sentía además algo de culpabilidad por traicionar la estoica soledad que ella misma se había impuesto, pero a la vez admitía ser débil y necesitar de contacto humano de vez en cuando para no enloquecer. Y por lo mismo, habiendo comprobado que Rivera parecía ser la única persona en todo ese país que tenía algún interés por acercarse a ella, hubo de optar por su compañía como remedio para su solitaria desesperación.
Para cuando Maya regresó a su lado ya había pasado el tiempo suficiente para que aquella extraña sensación se disipara, por lo que Ibuki no se percató de dicho estado de ánimo cuando la encontró cómodamente sentada, con Umi descansando entre sus brazos.
—¡No puede ser!— exlamó boquiabierta la oficial técnica, sin dar crédito a lo que veía —¡Esto es un milagro! ¡Un milagro, te digo! ¿Cómo le hiciste? ¡Umi está completamente dormida! ¡Si no lo veo, no lo creo! ¡Gracias, muchas gracias, querida Rei!— Maya se desvivía en agradecimientos en tanto la callada jovencita le hacía entrega de su sobrina —¡No sé como, pero te juro que algún día te lo pagaré con creces, ya lo veras! ¡Muchísimas gracias!
Sin decir palabra alguna la joven señorita de mirada carmesí se excusó entonces, haciendo una breve reverencia inclinando ligeramente la cabeza, para enseguida continuar con su camino.
Por su parte, la orgullosa tía miraba asombrada a la pacífica bebé que le había sido devuelta, resultándole difícil creer que se trataba de la misma niña que había sostenido un rato antes.
—Viéndote de esta forma, lo cierto es que eres bastante linda, pequeña Umi— dijo entonces —¡Claro que sí! Ojalá que pudieras estar así todo el tiempo...
Sin poder resistir hacerle cualquier clase de cariño, lo primero que se le ocurrió fue darle un pellizco en una de sus abultadas mejillas. La bebé despertó al instante, y al abrir los ojos pareció que la sola contemplación de su pariente fue suficiente motivo para volvier a estallar en inconsolable llanto, precedido por un enternecedor puchero que hizo al contraer los labios.
—No... no puede ser, por favor...— masculló Ibuki, advertida por aquél gesto antes que sus oídos fueran sometidos nuevamente al castigo que les aplicaba el estruendo de los alaridos de la nena —¡Oh no! ¡Umi, lo siento mucho! ¡No pasa nada, vuélvete a dormir! ¡Anda, duerme, no seas así! ¿Rei? ¿Sigues por aquí, Rei? ¡Rei, auxilio por favooor!
El sol iba poniéndose sobre las aguas del Oceáno Pacífico, que aún así alcanzaba a dibujar sobre el horizonte la visión de las tierras japonesas, a lo lejos. La pequeña embarcación se acercaba a ellas lentamente, tímida, cautelosa. Un hombre rubio sin camisa, barbado y de larga cabellera que ondeaba con la brisa marina, se asomaba por la proa de la nave, constatando por sí mismo que finalmente había alcanzado su objetivo luego de varias semanas en altamar, haciendo escala en toda clase de puertos pequeños que bordeaban las costas indioasíaticas.
Allí, en la parte final de su largo y cansado viaje, le aguardaba su destino. Como resignándose a él, dio un sorbo a su cantimplora llena con brandy, saboreando el trago al tiempo que se deleitaba con la hermosa estampa frente a sus ojos. Trataba de imaginarse qué se sentiría estar viviendo los últimos días de la vida sin siquiera estar al tanto de ello. Pero, ¿acaso no era lo que padecían todos los seres humanos por igual?
—Salud, Doctor Rivera— susurró, alzando su bebida por encima de la cabeza —Por que sus últimos días en la Tierra sean prósperos y felices...
Un repentino mareo que obnubiló su visión por completo lo hizo tambalearse justo en ese momento, dejándolo deslumbrado y viendo solamente destellos. Tambaleante, apenas si pudo asirse del barandal a su lado para evitar caer de bruces. Un intenso ardor en el pecho lo sometió, poniéndolo de rodillas, haciendo que tirara su vaso que rodó por toda la cubierta del barco hasta caer al océano.
—Y que los míos... así también lo sean...— masculló entre dientes, haciendo acopio de fuerzas para reponerse —Brindo por eso...
El astro rey volvió a salir y ponerse varias veces sobre territorio nipón y durante el transcurso de ese tiempo, efectivamente, las cosas parecían haberse arreglado para el joven Doctor Rivera. No solamente había restablecido una incipiente relación con Rei Ayanami, la cual se desarrollaba en muchos mejores términos que antes, también su trabajo e investigación continuaba avanzando a pasos agigantados y sin mayor predicamento. También pasaba que su tiempo era mejor aprovechado, pues tanto durante su estancia matutina en la escuela a la que ya había regresado, asi como también en sus sesiones de estudio vespertinas en casa de Rei, Rivera trabajaba afanosamente en la consecución de su proyecto. En resumen, todo parecía estar saliendo a pedir de boca, en lo emocional como en lo profesional y académico.
Asimismo, el retorno a las aulas de "Katsuragi-kun" había sucedido hasta entonces sin cualquier clase de contratiempo ó interrupción al ritmo de trabajo escolar, pues durante todo ese tiempo se había dedicado a su labor con un empeño minucioso, muy pocas veces visto en aquél despreocupado muchacho. Podía pasar horas concentrado en los cálculos que iba realizando en las hojas de sus cuadernos, tan absorto como para no percatarse de los eventos a su alrededor. Justo como pasó aquél día, cuando el profesor anunciaba al resto de la clase los pormenores del simulacro de terremoto que tendría lugar en unos cuantos momentos más:
—Recuerden salir todos en orden y mantener la fila hasta que alcancen el punto de reunión en el patio. Manténganse juntos hasta que dirección indique que podemos regresar al salón. Esta vez nos hemos fijado la meta de romper nuestro tiempo anterior, que quedó fijado en...
La alarma que resonó fuertemente a lo largo de todas las instalaciones lo interrumpió de tajo, tanto al educador como a Kai, quien soltó su bolígrafo de inmediato mientras que se ponía en pie de un brinco, mirando aterrorizado hacia todas partes y gritando como un loco histérico:
—¡Maldita sea, no puede ser! ¡Un terremoto, por amor de Dios! ¡Ya nos jodimos todos, nos vamos a ir al demonio! ¡Lo sabía, lo sabía! ¡Sabía que este pedazo de roca a la deriva no podría seguir manteniéndose a flote sin un lecho continental! ¡Puta madre, nos vamos a moriiir!
Sin siquiera reparar en su delirio que no había movimiento telúrico de cualquier escala, el primer impulso del enloquecido muchacho fue volcarse sobre Ayanami, a quien cargó entre sus brazos sin darle oportunidad de darle una explicación.
—¡No te preocupes, amor mío, que yo te salvaré! ¡Aún cuando se me vaya la vida en ello, me aseguraré que sobrevivas a esta catástrofe! ¡Sólo procura recordarme siempre, y llevar flores a mi tumba de vez en cuando! ¡¿Y ustedes porqué están tan tranquilos, monigotes sin cerebro?! ¡Quítense, háganse a un lado!
Rivera comenzó a patear personas a diestra y siniestra, apartándolos del camino, en tanto que Rei hacía el esfuerzo por alzar su voz por encima de todo el barullo que el inconsciente joven estaba provocando, sin éxito alguno. La desesperación del chiquillo se acrecentó aún más cuando al salir al pasillo vio éste abarrotado de estudiantes que caminaban tranquilamente hacia las escaleras, como una hilera de ignorante ganado rumbo al matadero.
—¡Estos imbéciles nos van a costar la vida, y ni siquiera se dan cuenta de eso! ¡Malditos sean, malditos sean todos ustedes! ¡No nos queda otra opción, agárrate lo más fuerte que puedas!
—¿Qué es lo que vas...?
Antes que la muchachita pudiera finalizar su pregunta, su captor se hizo con un pesado extintor colgado de una de las paredes y lo arrojó contra una de las ventanas del corredor, que se quebró hecha añicos ante el espanto y desconcierto de todos los demás. Sin ánimos de dar explicaciones, el enloquecido chiquillo con ínfulas de guardaespaldas se lanzó al vacío a través del ventanal roto, sujetando firmemente a Ayanami entre sus brazos, quien a su vez se aferró a él lo más fuerte que pudo, mientras gritaba desaforada como nunca antes en su vida:
—¡Estás loco, nos vas a mataaar!
—¡Pierde cuidado, que es sólo un primer piso! ¡Lo más probable es que sólo nos rompereremos las piernas! ¡Pero sobreviviremos, te lo jurooo!
Mientras que daban ese gran salto, suspendidos en el aire, aguardando a que el duro pavimento bajo sus pies detuviera su caída, mientras que todo eso sucedía el mundo entero pareció congelarse para el par de jóvenes. Los demás estudiantes que los observaban, impávidos, quedaron petrificados con una indeleble mueca de espanto y asombro en sus rostros al tiempo que los señalaban. Los restos del ventanal roto iban cayendo en cámara lenta en forma de diminutos fragmentos que parecían copos de nieve. Y con el corazón latiendo al ritmo de un estridente solo de batería, con su sangre bombeando cantidades inmensas de adrenalina, estando aferrada al pecho de ese demente, estúpido, pero a la vez extrañamente encantador y atractivo muchacho que muy probablemente sería responsable de su inminente deceso, Rei Ayanami pudo entender entonces que durante ese eterno instante se sentía mucho más viva que nunca antes, embriagada por el excesivo cúmulo de sensaciones que estaba experimentando a raíz de ese insólito suceso.
Ya fuera por la pericia y habilidades atléticas de Rivera ó simplemente por mera cuestión de suerte, el caso fue que el muchacho se las ingenió para aterrizar casi en cuclillas, sin provocarse una sola lesión de consideración, sujetando a su abatida compañera como si la vida le fuera en ello, quien también había resultado ilesa de aquél disparatado escape.
—Estamos vivos— musitó el atónito chiquillo, tan impresionado como todo su público que empezó a rodearlo como a un fenómeno de feria —¡Estamos vivos! ¡Lo logramos!
Al soltar a su protegida y alzar los brazos en señal de victoria Kai por fin cayó en la cuenta que el piso no se estaba sacudiendo. Los edificios permanecían en pie como si nada y la tierra no se estaba abriendo para devorarlos como hubiera sido previsible de haber estado sucediendo el apocalíptico terremoto del que creía estar escapando. Habiéndose percatado de su craso error y del enorme ridículo que acababa de cometer, el despistado muchachito no acertaba a bajar los brazos ó moverse de alguna otra manera, más que para gesticular una expresión cansina en su rostro arañado por cristales rotos.
—Estoy... empezando a creer que no se trataba de un terremoto de verdad— señaló Kai, inmovilizado por la pena y el asedio de cientos de miradas curiosas.
—Si tan sólo me hubieras escuchado, antes de saltar a tus locas conclusiones, como siempre, te hubiera podido decir que sólo se trataba de un simulacro— masculló Ayanami a su lado, presa igualmente de aquél intimidante acecho colectivo —¡Solamente un simulacro!
—Eso explica la ausencia de cuerpos mutilados y pánico multitudinario— observó el joven, quien por fin había encontrado el temple necesario para bajar los brazos y a la vez buscaba algún resquicio argumental que pudiera excusar su errático comportamiento —Aunque tienes que admitir que, el que aún en una situación de peligro extremo, en lo primero en lo que haya pensado fue en salvarte la vida, eso tiene que hacerme ganar unos cuantos puntos contigo, ¿no crees?
Antes que la aturdida señorita pudiera responderle, un atronador rugido de varias motocicletas la dejó con la palabra en la boca. En eso, varios jóvenes a bordo de unos cinco vehículos de ese tipo forzaron su ingreso al plantel educativo, dispersando a su paso a los varios alumnos ahí congregados, quienes al solo verlos comenzaron a huir despavoridos del lugar, al igual que los profesores allí presentes, haciéndose los desentendidos al ver pasar el ruidoso contingente agazapándose en un rincón.
Los motociclistas acudieron directamente hacia el sitio donde se encontraban Kai y Rei, quienes para entonces ya se encontraban solos al haberse esfumado la muchedumbre que hasta momentos antes los veía con tanta curiosidad. Aquellos beligerantes jinetes motorizados, que no podían pasar de la veintena de edad, empezaron a trazar un semi círculo alrededor de los extrañados jovencitos, lanzando risotadas y gritos intimidatorios.
—¡Así que por fin te dignas a aparecer, rata cobarde!— dijo un muchacho de cabellera pintada de una llamativa tonalidad naranja, mientras que descendía de una de las motos con un colllarin ceñido a su cuello y blandiendo un bat de madera a modo de garrote —¡¿Creíste que te ibas a poder escapar de tu castigo, mierda-Katsuragi?! ¡Después que acabemos contigo desearás nunca haberte cruzado en mi camino, bastardo hijo de perra!
—Eh... disculpa... ¿acaso te conozco?— pronunció entonces Kai, quien hasta entonces sólo había estado volteando de lado a lado, extrañado, como si no estuviera seguro que era a él a quien le hablaban.
—¡Claro que me conoces, imbécil, no trates de hacerte el gracioso!— bramó enfurecido el bandolero, señalándolo amenazadoramente con su arma —¡Soy Kotaro Harada, a quien te atreviste a lastimarle las cervicales y es por eso que me encargaré de mandarte al infierno! ¡Y este es mi gran amigo y protector, Hayato Ozú, a quien ofendiste gravemente al no dejarme recaudar sus rentas semanales de este nido de piojos y liendres! ¡Veamos si ahora, en su presencia, sigues creyéndote tan machito!
Fue en ese momento que el conductor de la flamante motocicleta deportiva de mayor octanaje, y obviamente de mayor costo de todas las que estaban ahí presentes, bajó de su vehículo junto a dos muchachas de escasa vestimenta para poder apreciar mejor a su contrincante, por lo que a su vez hubo de quitarse los lujosos lentes oscuros que llevaba puestos hasta entonces. Aquél muchacho, de algunos 16, 17 años de edad, bien peinado y distinguido, se diferenciaba de todos sus demás acompañantes por, sobre todas las cosas, sus vestimentas de moda y accesorios de costosas marcas que llevaba puestos. Todo en él transpiraba la soberbia propia de aquél a quien en toda su vida nunca se le ha negado cualquier cosa, cumpliéndosele cada capricho imaginable y que ha llevado sus días sin tener que preocuparse por su sustento ni el de otras personas, lo que en la mayoría de las ocasiones torna a tales individuos en déspotas prepotentes e insensibles al dolor ajeno.
—Jm, Kotaro, veo que sigues siendo un hablador patético, como siempre— dijo el jefe de la banda, mirando con menoscabo a Rivera, quien se sujetaba la barbilla sin prestar atención a nada, como si estuviera en medio de una profunda reflexión —Dijiste que el tipo era una bestia enorme y corpulenta... ¿por este pordiosero flacucho nos hiciste venir a todos? ¡Sabes que no me gusta ensuciarme las manos, estúpido infeliz, a no ser que sea muy necesario!
—¡Ah, ya recuerdo!— interrumpió Katsuragi, golpeando la palma abierta de su mano izquierda como si hubiera descubierto la cuadratura del círculo —¡Hajime y Kokoro, claro que recuerdo!¡Ustedes también tomaban lecciones de piano con la señorita Hayashibara! ¿Ó no?
El joven aristócrata lo miró entonces con suma deferencia, como aquél que pasa al lado de un perro sarnoso y busca por todos los medios cualquier clase de contacto y rehuír la vista tan desagradable.
—Escucha, tipejo— repuso Hayato, encarándolo amenazante —Entiendo que un pobre diablo como tú, que no tiene la más puta idea de como funcionan las cosas en el mundo real, no sepa quien soy yo, así que permíteme explicártelo antes de convertir tu cara en pizza y dejarte más feo de lo que ya estás. ¿Ves a todos estos mocosos idiotas, estos maestros cobardes y holgazanes, este agujero pestilente al que se atreven a llamar escuela? Todo esto es mío, yo soy su dueño...
—¿Eres el Ministerio de Educación? Había hablado de las instituciones como personas, pero creo que esto ya se pasó de la raya...
—Nada de lo que pasa aquí sucede sin mi previo consentimiento, simplón— el adinerado muchacho pasó de la chanza de Katsuragi y siguió hablándole en el mismo tono hostil con el que lo venía haciendo, tentándolo repetidamente con el dedo índice a modo de provocación —Esta escuelita, y todos los niños lelos en ella, son mis perras, y hago con ellos lo que me plazca... así que si un loco empieza de repente a golpear a mi gente, por muy miserable que sea, es perjudicial para mi imagen y reputación. Es por eso que vamos a tener que dejarte lisiado, para que les sirva a todos los demás como ejemplo de lo que le pasa a los que se quieren pasar de listos, y también como un recordatorio para estos muertos de hambre de quien es el que en verdad maneja las cosas por aquí...
—Escucha, Hotaru, ignoro quién seas pero el tono de tus palabras es bastante agresivo y esa no es manera de tratar a las personas— pronunció Kai, conciliador, vigilando la expresión de Rei detrás suyo con el rabillo del ojo, buscando ante todo quedar bien con ella al recordar lo que le había dicho anteriormente acerca de utilizar la violencia para la resolución de conflictos —No sé bien cuál es tu problema, pero estoy seguro que podemos hablar para encontrar un arreglo que beneficie a ambas partes. Después de todo, no querrás meterte en líos si llegas a hacer todo lo que dices, son palabras mayores todo lo que estás hablando...
—¡Ja, ja, ja! ¡Pobre imbécil!— el acaudalado jovencito estalló entonces en una risa burlesca que fue secundada por sus demás secuaces —¡En verdad no sabes quién soy! ¡Grábatelo muy bien para que se te quede en esa cabezota que estoy a punto de romperte! ¡Mi nombre es Hayato Ozú, y puedo hacer lo que me de la gana contigo y con cualquier otro pelagatos que se cruce en mi camino porque soy el hijo de Ryuzaki Ozú, Viceministro del Interior del gobierno japonés! ¿Quién va a ser el valiente que le va a plantar la cara a mi papá? ¡Soy intocable, y tú solo eres un pedazo de mierda en comparación!
—¡Oh, vaya! ¡Con que eres el hijo de Ozú-san!— exclamó Katsuragi entonces, aunque sin un rastro del temor que buscaba infundir su interlocutor —¡No cabe duda que el mundo es un pañuelo! De todos modos, creo que estás exagerando un poco con el trabajo de tu padre, digo, tan sólo ocupa un puesto de mediano nivel, tampoco es como si fuera el Primer Ministro ó el mismo Gendo Ikari...
—¡¿Te... te atreves a burlarte de mi padre?!— Hayato dejó entonces de lado la actitud altanera y sobrada con la que hasta entonces se había conducido, dejándose llevar por la rabia insana que se apoderó de él al verse menospreciado, sobre todo delante de sus allegados —¡Idiota! ¡Veamos si te quedan ganas de reír cuando acabemos contigo y tu noviecita!
Uno de sus jóvenes seguidores se abalanzó en ese momento sobre Rei, sujetándola fuertemente del brazo al punto de casi llegar a tirarla al piso. No obstante, la muchachita apenas si pudo pestañear cuando su agresor ya estaba desmayado en el piso y en su lugar quedaba Kai con el brazo completamente extendido, su mano comprimida en un duro puño que había mandado a dormir a aquél infortunado vándalo.
—¡Aléjense de ella, no la toquen!— bramó Katsuragi con voz severa, habiendo reaccionando por mero instinto, de lo que enseguida se percató, para luego de sacudirse ese inusual tono recuperar su habitual simpleza, a la vez que comenzó a excusarse torpemente con Ayanami —¡Diablos, no! ¡Te juro que no era mi intención golpear a ese chico, mi brazo se movió solo! ¡Jamás haría algo para lastimar intencionalmente a cualquier otro ser humano! ¡Soy ahora un pacifista, un ser de pureza y bondad que rehúye la violencia!
Un par de chiquillos se adelantaron en aquél instante y comenzaron a tundir a Kai con unos tubos de plomería que llevaban consigo. La mayoría de los golpes iban dirigidos a su cabeza y costillas, pero el joven era ó muy fuerte ó muy testarudo, pues no fue sino hasta el cuarto impacto que consiguieron derribarlo, dejándolo arrodillado y cubriéndose como podía de la agresión utilizando sus brazos como escudo. Lo más increíble de todo es que el aporreado muchacho parecía estar mucho más preocupado por no molestar a Ayanami que en salvaguardarse del fuerte castigo al que lo estaban sometiendo.
—Tienes... que... creerme...— le seguía diciendo en tanto que sus atacantes no se cansaban de tratarlo como a una piñata humana —Dejé atrás... mi barbárico pasado... ahora he visto... la luz... y privilegio el diálogo... y la concordía... para remediar... cualquier desaguisado... con mis semejantes...
—¡Ya basta, déjenlo en paz! ¡Lo están matando!— Rei alzó la voz tanto como pudo, con un tono un tanto quebrado por no estar acostumbrada a gritar y en gran parte también por la angustia que le provocaba ver como empezaba a manar sangre de las múltiples heridas de su compañero.
Hizo el intento de interponerse entre los agresores y la víctima, pero fue detenida en vilo por el par de edecanes que Hayato transportaba consigo, las que la retuvieron sujetándola de ambos brazos. Fue entonces que se vio en la necesidad de contradecirse, mientras empezaba a implorarle a Rivera para que reaccionara de su estupor:
—¡Estás completamente chiflado, deja de querer impresionarme! ¡No lo estás logrando, sólo vas a lograr que te maten! ¡Si alguien te lastima, tienes que defenderte! ¡Eso todos lo saben!
—Mi seguridad... no tiene importancia... estoy demostrando un punto... y si alguien me abofetea... yo... pondré la otra mejilla... ¡El que a hierro... mata... a hierro muere!
—¡No puedo creerlo! ¡No puedo creer que seas tan idiota para dejar que te hagan pedazos con tal de quedar bien conmigo!
—Si... quererte... como nadie más... me hace ser... un idiota... ¡entonces soy... el más idiota del mundo!
Desesperada, Ayanami se mordía los labios, a sabiendas de que sólo quedaba una cosa por hacer, por más absurda que le resultara. Resignada entonces, por más que obuscó otras alternativas, al final supo que aquella fébril idea sería la única forma de salvarle la vida a aquél desequilibrado muchacho, por mucho trabajo que le costara hacerlo:
—Pues... en ese caso— masculló con voz trémula, forcejeando a la vez con sus captoras, de quienes se alcanzó a liberar de un manotazo para entonces volver a alzar su siempre discreta voz, aún en aquellos angustiantes momentos —¡Para que lo sepas, me gustan los chicos que pueden defenderse a sí mismos y a los demás! ¡Estoy loca por los tipos rudos y fuertes, entre más fuertes, mejor!
Un intenso destello resplandeció al instante en la mirada de Katsuragi, que en el acto interceptó los dos gruesos tubos con los que lo habían estado maltratando antes que volvieran a estrellarse contra su vapuleada humanidad. Una fuerte patada en la boca del estómago, que propinó mientras se ponía en pie, bastó para incapacitar a uno de sus agresores, mientras que al restante lo despachó enseguida quebrándole la nariz con el tubo que le había arrebatado al primero.
—Yo... yo... yo soy... ¡Yo soy el más fuerte de todos!— gritó al cabo de unos cuantos segundos el ensangrentado joven, como todo un auténtico troglodita, tiempo durante el cual había estado mutando en un colérico ser por demás beligerante que se alzó por todo lo alto.
—¡Mal-maldito seaaas!— Kotaro, el iniciador de todo aquél pleito, quiso sorprenderlo atajándolo por la espalda, pero antes que pudiera darse cuenta de lo que pasaba ya estaba de nuevo tirado en el piso, inconsciente.
Dada su preparación física, cuando se lo proponía no era mucho problema para el Doctor Rivera lidiar con chicos de esa calaña. Después de todo, no dejaban de ser niños jugando a los pandilleros, nada más que eso.
Por su parte, al verse despojado de su amplia superioridad numérica en tan corto tiempo, Hayato, líder de la banda, montó raudo en su poderosa motocicleta, la que dirigió a toda velocidad hasta donde se encontraba el enloquecido joven, a quien el rugido del vehículo a sus espaldas le advirtió que estaba punto de ser atropellado. Solamente por fracciones de segundo sus rápidos reflejos le permitieron esquivar aquél bólido que pasó rampante justo a su lado, que sin embargo con sólo el aire le bastó para tirarlo de espaldas. Mientras que el conductor maniobraba para dar vuelta a la moto, Rivera aprovechó ese intervalo para escapar en busca de refugio.
—Será mejor que no veas lo que sigue— le aconsejó a Ayanami cuando pasaba veloz a su lado —Esto se va a poner feo...
—¡Vuelve aquí, marica de mierda!— demandó el motociclista al ver como su presa huía, acelerando para darle alcance.
Aunque buscara maniobrar por entre los edificios de la escuela para obstaculizar su paso, Ozú tomó nota de que aquél sujeto no debía conocer del todo bien las instalaciones, pues estaba yendo justo hasta un estrecho pasillo que no tenía salida. Aplastarlo allí como a una simple cucaracha acorralada sería cosa más que sencilla. Confiado por aquella certeza, el muchacho aceleró aún más la marcha de su vehículo, acortando distancias con su objetivo, al que literalmente ya iba pisándole los talones. Con una mano sostuvo el volante y con la otra sacó el bat de aluminio que llevaba en la espalda, listo para reventarle el cráneo a ese bastardo infeliz que se había burlado de él.
Sin embargo, antes que pudiera incluso abanicar, Katsuragi dio un gran salto hacia el techo, donde se quedó encaramado de una viga que sobresalía, como un mono lo hubiera hecho con una rama en la jungla tropical. Sin tiempo para reaccionar atinadamente a aquél imprevisto suceso, sobre todo a la alta velocidad a la que iba, lo único que pudo hacer Hayato fue impactarse de lleno contra la barda que le aguardaba justo al final del corredor.
El impacto resultante, sobra decirlo, fue devastador, tanto para el vehículo así como para su infortunado conductor. Una gran cantidad de piezas metálicas e incluso de escombro salió volando del punto donde el percance había ocurrido. Lo que quedaba de lo que alguna vez fuera una formidable máquina yacía hecho pedazos a lo largo de todo el piso, en forma de chatarra y fierros inútiles, mientras que su dueño convalecía tirado en el piso en medio de semejante destrozo, bastante magullado e incluso con algunas fracturas visibles en su haber; aunque cabe destacar que era un auténtico golpe de suerte que el daño no fuera mayor, considerando la velocidad a la que iba cuando ocurrió el choque y que no llevaba puesta cualquier clase de protección en ese momento.
—¿Emergencias?— Kai hablaba por su celular a la vez que avanzaba a paso lento y despreocupado al sitio del percance, al igual que en su voz estaba carente cualquier atisbo de premura —Llamo para reportar un accidente con una motocicleta, hay una persona herida. Ocurrió dentro de la Secundaria Número 1, del distrito del centro. Muy bien, aquí esperaremos...
Una vez concluido su llamado de auxilio, el joven doctor guardó su dispositivo móvil de comunicación, para luego dirigirse al muchachito accidentado, agachándose una vez que llegó a su lado para que pudiera escucharlo mejor en ese tono tan condescendiente que empleó:
—Oye bien, Haruhiko, que esto te sirva de lección para dos cosas...
—M-Mi... nombre... mi n-nombre... no es...— balbuceó el traumatizado chiquillo, en pleno estado de shock, dejando entrever la ausencia de varias piezas dentales en su ensangrentada boca.
—Shhh, shhh... no hables, tontito, que sólo empeorarás tu condición— dijo su acompañante, colocándose el índice sobre los labios —La primer lección aquí, es que siempre debes llevar un casco puesto cuando manejes esta clase de vehículos. Tienes que agradecer a la suerte el que tu cabeza no se haya estrellado como melón contra la pared, ó no estaríamos teniendo esta conversación... La segunda lección a aprender, quizá la más valiosa de las dos, es que sin importar qué tan grande e importante creas ser, siempre, entiéndelo, siempre habrá alguien más grande que tú... hoy, te metiste con el tipo equivocado, ó más bien con la chica equivocada. ¿Recuerdas esa preciosa chica de cabello azul a la que amenazaste hace apenas unos minutos? Ella es mía, y de nadie más. Es sólo que aún no lo sabe. Llevo mucho tiempo trabajando en ella como para permitir que cualquier hijo de vecino le ponga un dedo encima ó quiera apartarla de mi lado. Normalmente me considero una persona muy agradable y sensata. Pero ella, esa muchacha tiene algo que me enloquece, que me hace perder la razón, me vuelvo otra persona. ¿Comprendes? Juro que mataré a cualquier hijo de perra que la lastime ó trate de arrebatármela. Así que más te vale mantenerte alejado de ella, y de paso de esta escuela, ó la próxima vez me aseguraré que no corras con tanta suerte, chico bonito... es tu decisión: o te largas de aquí, o prepárate para recibir el martillo encima... quedas advertido, imbécil...
Habiendo recrudecido el modo en que le había estado hablando, luego de levantarse por último Rivera remató al arrojarle un escupitajo encima sin más, a modo de despedida, para entonces darse la vuelta y marcharse con expresión adusta y un frío severo y cortante despedido desde su mirada, todo ante la incrédula vista de varios estudiantes que comenzaban a salir de sus escondrijos.
Si Kai Rivera pensó que el castigo que tenía que soportar aquél alborotado día había llegado a su fin, estaba bastante equivocado. Prueba de ello era el intenso ardor que le producía la gasa empapada de alcohol con la que Rei limpiaba los múltiples raspones en su rostro y brazos.
—¡Rayooos, eso dueleee!— se lamentaba con cada recorrido del antiséptico sobre la herida abierta.
—Aún pienso que lo mejor sería que fueras con un médico. Algunas de tus cortadas parecen profundas...
El sobrio y austero departamento de Ayanami se había convertido momentáneamente en la enfermería donde Rivera se atendía las heridas que se había ganado en su hollywoodesco escape del sismo imaginario, así como del enfrentamiento contra las fuerzas de Hayato Ozú.
—Así está bien, soy más resistente de lo que crees y ya sabes que mi cabeza es bastante dura— contestó el muchacho enseguida, fingiendo darse golpes en el cráneo —Además, lo único que necesito es de tus cuidados para sentirme mejor...
—Creí que habías dicho que le pondrías fin a tus insinuaciones y comentarios de ese tipo— repuso la joven de mirar escarlata, en tanto guardaba sus utensilios de primeros auxilios.
—Sí, bueno... eso fue antes que dijeras a los cuatro vientos que te gustan los chicos bien machos, como yo... ¡Y no intentes negarlo, por que te escuché claramente!
—Sólo lo dije porque era la única forma de impedir que te mataras a ti mismo al fingir ser pacifista, aunque en ese entonces más bien parecías masoquista... aún sigo pensando que la violencia es una debilidad, el recurso de todo aquél que carece de ideas... y en parte, todo lo que pasó este día demuestra mi punto...
—Eso es interesante, porque siendo así, eso te hacer ser un tanto cuanto hipócrita... ¿sí estás conciente que esos armatostes, que nos hará pilotear tu precioso Comandante Ikari, no son precisamente máquinas de helado gigantes, cierto? Son armas, y armas de destrucción masiva, por si fuera poco...
—Supongo que sí... soy una hipócrita, ¿verdad?— admitió la chiquilla con cierto dejo de melancolía en en sus palabras apagadas —Pues no hago ni digo lo que pienso... es algo con lo que tengo que lidiar, todos los días.
—¡Oh, acabo de descubrir que Rei Ayanami no es perfecta! De todos modos, aún sigo pensando que eres muy bonita, y el que tengas tus defectos te hace aún más atractiva.
—Todavía me cuesta trabajo creer que permitiera que me arrastraras a toda esa locura— dijo ella, pasando de su lisonja —Esas... ¿cómo se dice?... esas zorras... me maltrataron bastante y odio tener que arreglar mi cabello, tardo mucho tiempo siempre y es todo un fastidio.
Kai la observaba en absoluto silencio, casi con una devoción fanática, mientras la chiquilla pasaba varias veces el cepillo por su largo cabello suelto, auxiliada de un diminuto espejo que bien hubiera cabido en cualquier cartera. Embelesado, no perdía detalle del intrincado proceso que llevaba a cabo la muchacha para acomodar semejante cantidad de cabello en una bien cuidada trenza, para lo cual tenía que separar su extensa cabellera color celeste en tres grandes mechones que caían por su hombro como si fueran cascadas, sobreponiéndolas una sobre otra conforme iba avanzando. Bien pudo haber estado ahí durante todo el día y no hubiera tenido problema con ello, pero al notar los trabajos por los que pasaba su compañera con su peinado, se vio obligado a preguntar:
—Pero, entonces... ¿porqué simplemente no lo cortas?
La muchacha lo miró fugazmente, con expresión visiblemente alterada, para de inmediato agachar la vista en actitud reflexiva. No es que no hubiera pensado en ello antes. Pero como empezó a explicarle a continuación, no era una cuestión sencilla, por lo menos para ella:
—Yo... he cambiado mucho, desde que llegué a este país... he hecho cosas que nunca antes me hubiera atrevido a hacer, cosas que me avergonzaban, me horrorizaban con solo pensarlas. Toda mi vida tuve que rezar a los ángeles por protección, y ahora me encuentro entrenando para darles muerte. Soy una persona completamente distinta a lo que antes fui, creo que ni yo misma podría reconocerme, si viera lo que ha sido de mí. Y la verdad es que... no estoy segura que me guste en lo que me he convertido. Este cabello, tan absurdamente largo, tan inútil y pesado, es quizás el último vestigio que me queda de mi vida anterior, algo que ha estado conmigo desde pequeña, igual que las personas que me criaron. Siento que si lo pierdo, que si me deshago de él... cortaría también el último nexo que me vincula con ellas... y entonces ya no habría marcha atrás, jamás podría regresar...
—Guau— fue lo único que pudo pronunciar Rivera luego de un largo rato, apabullado —Todo eso es... bastante profundo... tienes un alma de poetisa y tus pensamientos son tan hermosos como tú. Sólo que... no quisiera que te ofendas, pero a fin de cuentas... es sólo cabello. Por lo menos a como yo lo veo, tu peinado no define quién eres en realidad, y no tiene por que separarte de nadie. Aún si estuvieras calva no podrías cambiar esos lindos sentimientos que hay en ti. Seguro, como todos nosotros, tienes tus fallas, claro que sí, eso es lo que nos hace humanos. Y eso no cambiaría el hecho de que eres, en esencia, una persona admirable.
—¿Admirable, yo?— pese a sus monumentales esfuerzos, la joven no pudo controlar el delator rubor que coloreó sus mejillas —¿Cómo es eso?
—¡Uf! ¿Por donde empiezo? ¿Por lo lista que eres? Ves los problemas como son, y no te dejas distraer fácilmente por detalles inocuos. Y a pesar que eres muy callada, es porque sólo abres la boca cuando algo vale la pena de decirse. Y el que aborrezcas los actos violentos me indica que eres sumamente sensible al dolor de los demás, sino no te hubiera importado que me estuvieran haciendo talco esos fantoches, y tampoco te hubieras involucrado para poder ayudarme... todas esas, a mi entender, son cualidades muy admirables y esa es quien eres en la actualidad, pese a todo lo que creas que has hecho mal... y estoy bastante seguro que las personas que te aman también se darían cuenta de eso, si pudieran verte ahora, sin importar la opinión negativa que tengas de ti misma.
—Yo... yo...— hasta entonces la jovencita caía en la cuenta que se había perdido en el brillante esmeralda de los ojos de ese muchacho que endulzaba sus oídos con aquellas palabras de aliento, por lo que tuvo que romper el influjo antes de delatarse a sí misma —No estoy tan segura de eso...
—¿Porqué no probarlo entonces?— preguntó enseguida Rivera —Creo que después de todo lo que ha pasado, no creo que haya alguien que pueda objetar a que hagas un rápido viaje para visitar a la familia. Sabemos muy bien que aún no hay fecha definida para que comiencen los trabajos de reparación de la Unidad Cero, y en tanto eso no suceda lo único que podrás hacer en este lugar es estar vegetando y servir de conejillo de indias para Ritsuko y su aquelarre. Tengo un viaje al continente americano próximamente, si quieres podríamos ir juntos, no tendría inconveniente en llevarte... claro, sí tú quieres... así podría acompañarte, por si te da miedo... me encantaría conocer el sitio donde creciste... y podríamos pasar mucho más tiempo... y quizás conocernos aún mejor... y tal vez...
Rei dejó de prestarle atención en el momento que comenzó a divagar, perdiéndose en sus delirantes fantasías, a lo que tristemente ya estaba acostumbrada. No obstante, su ofrecimiento, aunque vago, lejano y confuso, le produjo una emoción que a su vez hizo un hueco en su estómago, y no por la posibilidad de pasar tanto tiempo al lado de su compañero en un largo viaje, sino por la oportunidad real de volver a sus orígenes, algo que hasta entonces no había considerado por las complicaciones que le acarrearía realizar un viaje así completamente sola. Pero si Rivera se estaba ofreciendo para llevarla él mismo la situación entonces cambiaba radicalmente, y aquella posibilidad se volvía una certeza. Y eso también la aterraba de cierta manera, como se lo hizo saber:
—No... no sé si estoy lista para volver... aún no estoy segura si...
—¡Oh, vamos!— instó el muchacho, insistiendo en sus embastes al divisar una fractura en la recia armadura de la joven —¿A qué te refieres con "estar lista"? ¡Esas personas son tu familia, querrán verte después de tanto tiempo!
—Precisamente por eso, por todo el tiempo que ha pasado... no he tenido ningún contacto con ellas desde entonces, no sabría como reaccionar si volviera a verlas. ¿Qué hacer, qué decir? No sabría como comportarme en una situación así...
—Ya te dije que no tienes que preocuparte... ¡Yo estaré ahí contigo, para cuidarte! Y si lo que te angustia tanto es no haberlas visto en todos estos meses, eso se puede arreglar. Piensa en tus lecciones de natación, como te acostumbraste al agua poco a poco, un paso a la vez... permíteme ayudarte con eso, vamos a ver...
Kai se abalanzó entonces sobre su computadora portatil y sin perder tiempo comenzó a acceder a una serie de programas mediante comandos que tecleaba a gran velocidad.
—¿Qué...? ¿Qué es lo que estás haciendo?
—Estoy accediendo a una serie de satélites de vigilancia en órbita... las cámaras de esas cosas tienen una resolución tan grande como el ego de Gendo Ikari, son capaces de contar las manchas de un leopardo... podremos usarlos para ver qué están haciendo las hermanas en este momento y así podrás ir perdiendo ese absurdo miedo a verlas de nuevo. Aunque me parece que ahorita deben estar roncando, no recuerdo muy bien cuál es la diferencia horaria aquí y allá...
Una expectación sobrevino a la jovencita, ante la oportunidad de poder ver de nuevo a aquellas mujeres que la educaron, aún cuando fuera de esa singular manera, casi a hurtadillas. Aquella emoción, sin embargo, no podía hacer de lado la cautela que la caracterizaba, sobre todo cuando atisbaba una gran cantidad de escudos gubernamentales desfilando rápidamente en la pantalla del aparato electrónico.
—Esto... ¿es legal? ¿No nos meteremos en problemas por hacer esto?
—¡Pfff!— desestimó Rivera, haciendo una trompetilla con los labios —Yo mismo diseñé y construí todos esos trastos, son casi de mi propiedad...
—No entiendo... ¿cómo puedes saber las coordenadas exactas dónde buscar? Yo no tengo idea de cómo se hace eso...
—Es por aproximación, calculo la ubicación por lo que me has contado del lugar... no creo que existan muchos conventos católicos en pie en el bajío mexicano... y... ¡Mira eso, te lo dije, justo ahí está! Se ve todavía algo borroso, deja lo acerco un poco más... ¡¿Pero qué diablos?!
La crudeza de la imagen que se desplegó a continuación en el monitor le arrebató el aliento a los dos. Rei pudo sentir como toda la sangre le bajaba hasta los tobillos, en tanto que por puro reflejo se colocaba las manos sobre la boca, como queriendo evitar que un grito de horror escapara desde el fondo de su garganta. La edificación colonial que ambos esperaban contemplar estaba completamente en ruinas, consumida al parecer por un fuego voraz que había dejado solamente una mancha negruzca como único rastro de su existencia. Por lo que se podía apreciar, no quedaba nada en pie, ni siquiera las columnas. El fuego se lo había llevado todo.
—Se-seguramente es el sitio equivocado...— Kai musitó entonces, recobrando el habla —Voy a buscar un poco más hacia el oeste, apuesto a que...
—No. No. Ese es el sitio— dijo Ayanami lacónicamente, usando su voz robotizada mientras apartaba sus manos del rostro lentamente —Lo reconozco, pude verlo desde arriba, cuando subí al helicóptero.
Tan rápidamente como había accedido al sistema de satélites, así también el muchacho ingresó a las bases de datos de las fuerzas armadas norteamericanas, encargadas del resguardo de ese territorio, en busca de algún reporte que pudiera esclarecer lo que había ocurrido con el convento. Se topó con varios documentos, a los que pudo acceder, que eran pocos, hablaban de un incendio provocado por una veladora que arrasó con todo en el lugar, sin dejar sobrevivientes debido a que las labores de auxilio y rescate se vieron dificultadas por las características geográficas del sitio donde estaba ubicado aquél edificio, que lo hacían de difícil acceso. Costaba trabajo creer que una simple veladora causara semejante daño a tal escala, teniendo en cuenta que aquella congregación llevaba varios años viviendo ahí del mismo modo y sin contratiempo alguno, lo que levantó la suspicacia del joven tanto como para profundizar su búsqueda y encontrarse con una pila de archivos clasificados a los que se le negaba el acceso. La sola existencia de tales documentos bloqueados era un claro indicio de que había algo turbio en todo ese vericueto de la vela asesina. Le hubiera gustado poder indagar aún más al respecto, pero la expresión ausente de Rei comenzaba a inquietarlo.
—Al parecer— dijo luego de aclararse la garganta, incómodo por tener que ser él quien le diera la noticia —El incendio ocurrió poco después que te fuiste... según los reportes, una veladora encendió una cortina, a la mitad de la noche. Para cuando se dieron cuenta de lo que pasaba, ya era muy tarde, y la ayuda no pudo llegar a tiempo por lo remoto de su ubicación... aquí dice... aquí dice que nadie pudo salir de ahí.
—Entiendo...
Pese a todo, el semblante ecuánime de la jovencita no cambió un ápice al recibir semejante nueva. Si acaso, Rivera creyó percibir cierto estremecimiento en su cuerpo, pero por lo fugaz de aquél movimiento apenas si pudo percibirlo, mucho menos dar constancia que efectivamente había sucedido. Ayanami permaneció todo ese tiempo con la vista agachada, su fría mirada carmesí perdida en el infinito de la nada.
—Yo... lo lamento mucho...— pronunció Rivera, sin saber bien qué decir o como proceder en dicha situación —Siento que hayas tenido que enterarte de esta manera... si hubiera podido saberlo antes, quizás yo...
—Descuida, no tienes de qué preocuparte— lo interrumpió de súbito en ese tono monocorde e indiferente, que para entonces él ya sabía empleaba para distanciarse de los demás —No es tu culpa, y por el contrario, agradezco tus intenciones...
—Si hay algo que pueda hacer... cualquier cosa... sólo tienes que pedírmelo— susurró su acompañante, acongojado por la rara actitud de la muchacha —Esto es cosa bastante seria, y tienes todo el derecho a sentir pena y tristeza... nada bueno saldrá si reprimes esos sentimientos, debes encontrar la forma de encauzarlos, darles una salida para que puedas desahogarte... y encontrar resignación... sé muy bien que es bastante difícil, pero por eso no tienes que llevar una carga de este tamaño tú sola... yo... yo estoy aquí, para ti... si tú me lo permites, yo podría...
Torpe, vacilante, como un ave que recién está aprendiendo a volar, así fue como Kai extendió sus brazos hacia la afectada chica, buscándola para poder confortarla con un solidario y afectuoso abrazo. No obstante, la muchachita se alejó enseguida, aún antes de que pudiera tocarla con la punta de los dedos, para de inmediato darle la espalda.
—Muchas gracias por tus palabras... pero en estos momentos... creo que preferiría estar sola... por favor...
—Este... sí, claro...— contestó apenado, bajando los brazos —Yo... entonces creo que mejor me voy... de cualquier modo, este es el número de mi teléfono celular...— añadió al momento de dejarle una tarjeta de presentación sobre su mesa —Si lo deseas, si sientes que necesitas hablar con alguien, puedes marcarme... no importa la hora que sea, sólo llama y estaré para ti del otro lado...
De espaldas a él, Kai no pudo verla a los ojos cuando ella le respondió solamente con una ligera inclinación de cabeza. Y con aquella incertidumbre fue que tuvo que dejarla sola, en ese oscuro apartamento, luego de semejante impresión.
Apenas y había salido del edificio departamental cuando el ansioso muchacho no encontró otra forma de desquitar su frustración más que estrellando su puño cerrado contra la pared más cercana, lo que fue bastante estúpido tal como dieron constancia sus nudillos enrojecidos y adoloridos. Le hubiera encantado que en lugar de una pared hubiera sido la apestosa cara de Gendo Ikari, cuya rúbrica estaba presente en todos los detalles de ese escabroso asunto, acaso como si hubiera querido firmar su obra.
—¡Maldito miserable! ¡Bastardo asesino!— masculló Rivera entre dientes, en tanto que de mala gana continuaba su camino.
Por otra parte, una vez que se enfrentó a la desolación de su vivienda desocupada y con todas las luces apagadas, Rei por fin pudo rendirse a la devastadora sensación que la embargaba. Sin fuerza ya para sostenerse en pie cayó al piso de rodillas, agazapándose sobre sí misma, su rostro completamente ocultado por su larga cabellera despeinada, semejando a una especie de aparición espectral. El estremecimiento que la sacudía era aún mucho más evidente ahora que no batallaba con él, y muy por el contrario le daba rienda suelta.
Desahogo. Resignación. Esas habían sido las cosas que Rivera le había dicho tenía que encontrar. ¿Pero cómo diablos podía hacerlo, si era incapaz de expresar el dolor que la consumía por dentro? ¿Cómo encontrar consuelo, si en primera instancia no se puede dar salida a la pena que le agobiaba? Se admitía destrozada por dentro, pero debido a sus limitaciones emocionales no podía manifestar de forma física aquello que le desgarraba el alma. Vaya, ni siquiera podía encontrar el modo de que el llanto acudiera a ella, lo que la acongojaba todavía más.
"¿Qué clase de monstruo soy?" pensaba cuando se mordía los labios al punto de casi cortárselos "¿Qué clase de monstruo soy, si no puedo llorar ni siquiera por la muerte de las personas que amo? ¿Qué pasa conmigo, de qué estoy hecha?"
Sus manos se contrajeron entonces en un gesto desesperado, y futil. El temblor en sus extremidades se iba acrementando conforme alzaba la mirada hacia la mesa, donde el brillo de unas afiladas tijeras metálicas resplandecía aún a través de la oscuridad.
"Se acabó. Ya no hay vuelta atrás..."
La mañana siguiente fue una particularmente ajetreada dentro del plantel educativo de la Secundaria Número 1 de Tokio 3, en varios niveles, tanto en el ámbito estudiantil como en el adnministrativo. Las secuelas que había dejado la derrota de las huestes de Hayato Ozú aún no eran asimiladas del todo, prueba de ello era el equipo de mantenimiento y construcción que se encargaba de resarcir los daños físicos a la insfraestructura que el enfrentamiento había dejado, como el ventanal destrozado por Katsuragi en su delirante escape, o el más notorio de ellos, el impresionante boquete que había quedado en la barda donde se había estrellado la motocicleta de Hayato. Los estudiantes por su parte se encargaban de hacer correr la voz de lo que había sucedido e intercambiar entre ellos información que pudiera permitirles enterarse de cada detalle específico de lo acontecido. Los profesores y personal directivo, hacían lo propio por su cuenta, pero a diferencia de los alumnos ellos estaban bien conscientes que lo peor aún no pasaba. Aún quedaba lidiar con el mayor peligro para la escuela y por ende para su fuente de trabajo, la razón principal por la que se le había permitido a Hayato Ozú hacer y deshacer como le viniera en gana durante todos esos años. Y ese temor en persona justo iba ingresando en esos momentos por la puerta principal, a bordo de una enorme y lujosa limusina con placas gubernamentales.
Ajenos hasta entonces a tales circunstancias, los estudiantes del grupo 2A rodeaban en silencio a quien volvía a ser la sensación del momento, "El Loco" Katsuragi, tal como se le estaba conociendo a través de los pasillos de aquella institución educativa. Los muchachos solamente lo observaban a la distancia en tanto su célebre compañero se encontraba más ocupado en los garabatos y fórmulas con los que llenaba sus cuadernos, como de costumbre, sin que el verse vigilado de tal manera pareciera afectarle en lo más mínimo. Sin embargo, al cabo de unos momentos, Kai miró en derredor hacia todas las atentas miradas fijas en él y cerrando de un golpe su cuaderno de apuntes que hasta entonces lo había mantenido abstraído, decidió que lo mejor era afrontar de una vez las consecuencias de sus actos.
—Muy bien, doy por comenzada la sesión de preguntas— les informó como si fuera algún funcionario llamado a rendición de cuentas —¿Quién va primero?
—¡Yo, yo!— respondió una insistente chiquilla —Katsuragi-kun, ¿dónde aprendiste a ser un ninja?
—En las alcantarilllas, por supuesto. Aprendí de una rata, luego de que una extraña sustancia tóxica, ahí vertida desde otra dimensión, ocasionó que mutara en el formidable ninja adolescente que tienen hoy ante ustedes. ¡Cowabunga, chicos!
—¿Qué me aconsejas hacer para parecerme más a ti, Katsuragi-san?— preguntó otro de sus compañeros, ilusionado —¿Hay algún tipo de ejercicio que recomiendes en especial?
—Solamente encárgate de obedecer siempre a tus padres y comer muchas frutas y verduras...
—Katsuragi, todos supimos que te arrestaron hace poco... ¿es cierto lo que dicen que sucede en las regaderas de la prisión, si se te llega a caer el jabón al piso?
—No tengo comentarios al respecto, salvo aclarar que lo que pase en la intimidad de una celda es cosa que les atañe exclusivamente a los que estuvieron ahí en esa fría y desolada noche...
—Yo tengo otra pregunta: ¿es verdad que ahora es a ti a quien tenemos que dar el dinero que antes le dábamos a Hayato por protección?
—Hmmm, eso depende... ¿de qué cantidad, aproximadamente, estamos hablando? Tengo bastantes gastos y un poco de ayuda no me vendría mal...
La totalidad de sus condiscípulos enmudecieron en el acto, sintiendo un sudor frío recorriéndoles el espinazo, ante la posibilidad latente de haberse vistos liberados del yugo de un tirano sólo para caer bajo el dominio de otro aún peor.
—¡Vamos, chicos, sólo estoy jugando con ustedes!— dijo entonces Kai al ver la expresión desahuciada en todos esos rostros —No tengo interés en explotarlos, gano lo suficiente como para prescindir de cualquier ridícula cantidad que pudieran juntar entre todos...
En ese mismo instante hizo silencio abruptamente, al ver a Rei traspasar el umbral del salón, llegando mucho más tarde que de costumbre. Su faz adquirió una mueca de sorpresa y adquirió un tono rojizo al verla llegar con el cabello recortado hasta la altura de los hombros.
—Eso será todo por hoy, muchachos, vuelvan a lo que sea que hagan con sus vidas— les comunicó a todos los ahí congregados en tanto se ponía en pie y se dirigía hacia su compañera, sin perderla de vista un solo momento —Pero sólo por curiosidad, hagan cálculos de cuánto podría donarme cada quien semanalmente... llámenlo curiosidad científica, si así lo desean...
Una vez más aquellos infortunados chiquillos caían en el desanimo, sin poder saber con exactitud qué esperar de aquél voluble jovencito que hacía su jornada escolar a la vez tan interesante como peligrosa.
—Este... hola— saludó vacilante al llegar al lado de Ayanami —Por un momento... llegué a pensar que hoy no vendrías a clase...
—Llegué a considerar faltar este día— respondió ella mientras que se acomodaba en su asiento, contrariada por la forma en la que Rivera la observaba, anonadado —Pero al final decidí que salir un poco me ayudaría a despejarme...
—Ya veo... así queee...— en su afán por ser considerado, el muchacho trastabillaba hasta el punto de llegar a balbucear incoherentemente —¿Te hiciste un nuevo peinado? Bueno, claro que sí, eso es obvio, a lo que me refiero es que...
—Lo corté justo anoche— respondió ella, interrumpiendo sus desvaríos —¿Qué te parece? ¿Quedó muy mal?
El muchacho se dejó absorber de nuevo por la visión de aquél rostro que tanto adoraba, el cual ahora se le presentaba de una nueva manera, que aunque inesperada, resultaba toda una gratificante sorpresa para deleite de sus ojos. Con aquel recorte, junto con el flequillo que se había acomodado sobre la frente, la atención se centraba en los hermosos ojos de la chica y su fino rostro tan simétrico de forma por demás hipnotizante.
—Por el contrario... pienso que te ves bastante bien— respondió el joven luego de un largo rato de contemplación, casi susurrando —Pero pensé que habías dicho...
—Pienso...— volvió a interrumpirlo, mirando a través de la ventana a su lado —Pienso que ya es el momento de aceptar que he cambiado y que es inútil querer volver al pasado. El pasado... es cosa que ya quedó atrás y que no se puede recuperar. Seguir aferrándome a él, sobre todo después de lo que pasó... es algo bastante inútil. Lo mejor que puedo hacer es vivir el presente y prepararme lo mejor que pueda para el futuro...
—Además de que te ves preciosa, y seguro que tu cabeza pesa menos, ¿cierto?
La jovencita paseó entonces sus dedos por entre las puntas de sus cabellos recién cortados, asintiendo con un ligero movimiento de cabeza y una expresión de satisfacción en sus labios.
—¿Así que lo cortaste tú misma? Tienes mucha habilidad, seguramente que si yo hubiera intentado algo así me hubiera arrancado una oreja ó algo así...
—No fue tan difícil, una vez que corté mi trenza lo único que tuve que hacer fue emparejar un poco todo lo demás— respondió la muchacha, que aunque no lo admitiera abiertamente estaba un tanto orgullosa de sí misma.
—¿Y qué hiciste con todo ese cabello? ¿Piensas venderlo en algún lado? Una pieza de ese tamaño debe estar muy bien valuada...
—Por supuesto que no, lo tiré a la basura y nada más— pronunció la chiquilla, bastante extrañada de aquella pregunta.
—Ah... ya veo... y... cambiando de tema, a algo que no tiene relación alguna... ¿qué día recogen la basura por tu casa? No es que piense ir a hurgar en ella ni algo parecido...
Los labios de la asqueada muchachita se contrajeron en una mueca de repulsión total, pero antes que pudiera decir cualquier cosa varios profesores y prefectos que entraron de improviso a su salón la interrumpieron:
—Katsuragi-kun... ¿tendrías la gentileza de acompañarnos a la Dirección, por un momento?
El semblante severo y funesto que iba impreso en todos sus rostros dejaba entrever la seriedad del asunto que tenían que tratar, pero aún así eso no fue obstáculo para que el chiquillo reaccionara con su simpleza y desparpajo habituales, menoscabando la genuina preocupación de todos esos hombres:
—¡Oh, oh! ¡Parece que estoy en problemas!— respondió burlonamente el muchacho, colocándose las manos en los bolsillos para luego ponerse a caminar como los raperos que veía en los videos musicales, haciendo ademanes con las manos mientras entonaba un pegajoso estribillo en ingles —Bad guys, bad guys! What you gonna do when they come for you?...
Ryuzaki Ozú era un taimado hombrecillo regordete que usaba anteojos, de muy corta estatura y una incipiente calva coronando su cabeza, de apariencia frágil muy similar a la de un sapo y que aún así ponía a temblar a todos los presentes con su presencia, así como su talante furibundo.
—¡Esto es un escándalo, un verdadero escándalo, les digo!— vociferaba el susodicho a la vez que golpeaba repetidamente con el puño cerrado el escritorio del director de la secundaria, quien se encontraba agazapado sobre el respaldo de su sillón —¡¿Desde cuándo le permiten a delincuentes enrolarse en esta escuela?! ¡¿Dónde quedaron entonces sus afamados valores y reputación como la mejor de toda la región?! ¡De haber sabido el peligro al que estaba exponiendo a mi pobre hijo al mandarlo a este agujero del demonio, hubiera preferido mil veces mandarlo a estudiar al extranjero! ¡¿Cómo esperan resarcir el daño que este brillante jovencito ha sufrido a mano de uno de los matones que pululan en esta ratonera?! ¡Y no son sólamente las heridas físicas! ¡Hay que considerar también el daño emocional que le han causado, esto sin duda que le provocará un trauma psicológico del que tardará años enteros en recuperarse!
Hayato, el "brillante jovencito" al que hacía referencia, sentado a su lado asentía moviendo la cabeza a cada acusación formulada por su padre, envuelto en tantos vendajes que parecía una momia recién escapada de algún pabellón egipcio de museo.
—Le aseguro que en estos momentos nos encontramos trabajando para encontrar una solución que satisfaga a todos los involucrados...— empezó a murmurar el intimidado director de ese plantel, quien a cada instante parecía encogerse aún más en su asiento.
—¡Esto les va a salir muy caro, eso se los garantizo!— continuó Ryuzaki, señalándolo con el índice como si quisiera verlo estallar en llamas —¡Lo primero que exijo es que entreguen a este tal Katsuragi! ¡Yo mismo veré que ese criminal sociópata pase varios años a la sombra! ¡Por ningún motivo permitiré que sigan exponiendo a nuestra juventud al trato con semejantes animales! ¡Los animales deben estar en su lugar, encerrados en una jaula, y no en un salón de clases!
—Señor Director, lamento la interrupción— masculló su secretaria, apenas asomando la cabeza por el quicio de su puerta —Katsuragi-kun ya está aquí...
—Hágalo pasar— indicó su jefe con voz trémula, igualmente apenas asomándose casi por debajo de su escritorio.
—¡Ya verá ese vulgar pandillero lo que sucede cuando alguien se mete con un integrante de la dinastía Ozú!— pronunció Ryuzaki con sumo desdén, poniéndose en pie y alistándose para dar un buen coscorrón a aquél impertinente chiquillo —¡Cinco generaciones de ardua labor de servicio publico no transcurren en vano! ¡Haré que todo el peso de la ley caiga sobre su piojosa cabezota!
No obstante su propósito y firme determinación para llevarla a cabo, Ryuzaki Ozú, Viceministro del Interior de la presente administración del gobierno japonés, por poco y se va de espaldas y sufre un repentino infarto al miocardio cuando vio entrar por la puerta al Doctor Kai Rivera, vistiendo el uniforme escolar de tal manera que era evidente infringía todos los reglamentos internos, colgado de su teléfono celular sin siquiera saludar a su llegada, al parecer envuelto en una animada conversación por la expresión de su cara.
—...cobrando a los estudiantes cuotas semanales, rodeado de niñitos que se hacían pasar por pandilleros y sin bajarse de su ruidosa motocicleta, ni siquiera para ir al baño... era sólo cuestión de tiempo para que sufriera un accidente, lo bueno que pudo contarlo... ¡Jajaja! ¡Así es, estos jóvenes de hoy en día!— fue el fragmento de charla que los demás alcanzaron a escuchar, en tanto Rivera continuaba ignorándolos de forma deliberada —Por cierto, ¿cómo se encuentran sus chicos? ¡Oh, me alegro de saberlo! Salúdelos de mi parte, por favor, igualmente a su señora... sí, veré cuando hago un tiempo para ir a visitarlos...¡Oh, mire qué encantadora coincidencia, precisamente aquí está Ozú-san! ¿Quiere preguntarle por el estado de salud de su hijo?... claro que sí, yo lo comunico...
—¡¿Rivera?! ¡¿El tal Kai Katsuragi es Kai Rivera?! ¡¿Cómo se te ocurrió liarte a golpes, precisamente con Kai Rivera?!— le susurró entre dientes el regordete sujeto a su vástago, colérico —¡Idiota! ¡¿Acaso sabes en lo que nos has metido?!
Antes que el aturdido muchacho pudiera contestarle, "Katsuragi-kun" intervino en su conversación, teléfono en mano:
—Ozú-san, el señor Primer Ministro desea hablar con usted. Será mejor que no lo haga esperar, usted bien sabe que es un hombre muy ocupado...
Al momento de alzar la mano para recibir el aparato ya no quedaba rastro del soberbio hombrecillo que había llegado amenazando a todo mundo. Ahora solo quedaba un pasmado y sudoroso sujeto que parecía un globo a medio inflar, con sembante caído, enfermizo. Sus ojos permanecieron fijos en el vacío delante de él, en tanto apenas si pudo musitar al auricular:
—Aquí Ozú... diga usted, señor...
Mientras que de cuando en cuando Ryuzaki solamente podía soltar un simple "sí" o un "entiendo", todos los demás presentes en esa oficina miraban incrédulos a Rivera, quien cruzado de brazos solamente les compartía un gesto complacido, casi siniestro. Nadie de los ahí reunidos daba crédito a lo que estaba pasando, sobre todo Hayato, quien rehuía la fría mirada de gavilán del muchacho que lo había dejado en esas condiciones paupérrimas.
—... por supuesto que sí, señor... muchas gracias... que tenga buen día, hasta luego...
Con expresión ausente, moviendo el brazo maquinalmente, como si pesara toneladas, el hombrecito empapado de sudor devolvió el celular a su dueño. De inmediato se puso en pie, dispuesto a marcharse enseguida, no sin antes tener que excusarse apenas con un hilo de voz para entonces hacer una humilde reverencia inclinando hacia abajo toda la parte superior del cuerpo:
—Yo... me parece que he cometido un grave error... lamento mucho la forma en la que actué, puedo asegurarles que desconocía por completo las actividades ilícitas de mi hijo. Cómo saben, esta administración tiene un serio compromiso con la administración de la justicia y el combate a la corrupción. Ninguno de los integrantes del gabinete tenemos la más mínima intención de tolerar actos de influyentismo por parte de nuestros familiares y allegados. Es por eso que Hayato recibirá el castigo correspondiente y todo aquél que haya sido perjudicado por sus acciones será debidamente compensado.
El gesto de su padre fue a la vez imitado por el hijo, como pudo dadas sus condiciones, mientras que el color se desvanecía por entero de su faz al punto de tornarse casi traslúcido.
Hubo algo, no obstante, en la expresión de ambos mientras se marchaban, apenados y encogidos, que produjo una sensación de remordimiento en el ánimo de Rivera y que le hizo ver que quizás se le había pasado la mano. Sobre todo a sabiendas que muy probablemente a Ryuzaki le habría bastado con verlo para saber que aquella era una batalla perdida, así que exhibirlo de esa manera frente al máximo responsable de la política nacional bien pudo resultar algo excesivo de su parte. Le parecía que obraba de la misma manera que aquél par, utilizando sus contactos e influencias para imponerse prepotentemente sobre los demás, a quienes consideraban sus inferiores.
Por tal motivo fue que se apresuró en darles alcance antes que subieran a su automóvil de lujo, interrumpiendo la andanada de reclamos que el funcionario público lanzaba sin descanso a su ya de por sí aturdido e imprudente hijo.
—Señor Ryuzaki, si me permite un momento, por favor, antes que se vaya quisiera unas cuantas palabras con usted— dijo el muchacho de ojos verdes llegando a sus espaldas —Sólo quiero que sepa que en verdad lamento que las cosas hayan tenido que llegar hasta estas instancias, y que nada justifica que haya lastimado así a su chico, admito que ese fue también un error de juicio de mi parte. Aún así, confío que podamos dejar todo esto atrás, como las niñerías que son, y nos comportemos como las personas razonables que somos todos. Espero que esto no deje cualquier clase de resentimiento entre nosotros dos, señor Ryuzaki, y que en lo futuro podamos seguir tratándonos con el mismo respeto con el que lo veníamos haciendo...
Pese a la inusitada madurez de su sentir y sus palabras, al momento que el joven ofreció estrecharle la mano el Viceministro Ozú reaccionó de mala manera, dejando salir finalmente toda la frustración que le había producido aquél encuentro en un estallido violento y rabioso.
—¡Deja de hacerte el santurrón, imbécil, que nadie te lo cree!— espetó, furioso, apartándolo de un manotazo —¡Y en cuanto a tu patético, fingido, pretexto de disculpa, puedes enrollarlo y metértelo por donde más te quepa, mocoso desgraciado! ¡No tengo idea qué es lo que pretendas, haciéndote pasar por un niño normal de secundaria, pero nada bueno puede salir de eso, te lo garantizo! ¡Tú lo sabes mejor que nadie, jamás podrás ser un chico como todos los demás! ¡Y es que no eres un muchacho, eres un fenómeno de circo! ¡No sé en que diablos piensan dejándote andar libre y haciendo como te venga en gana, si tendrías que estar en una jaula de laboratorio! ¡¿Me escuchaste?! ¡Eres una abominación, un monstruo de la naturaleza! ¡Monstruo, eso es! ¡Tu sola presencia aquí pone en riesgo a todos estos incautos chiquillos! ¡¿Me escucharon bien, todos ustedes?!— comenzó a dirigirse a todos los estudiantes que los observaban a la distancia, dado el escándalo que provocaba con sus gritos, entre tanto abordaba su vehículo, no sin antes dejar de lanzar advertencias como poseso —¡Por su bien, más les vale mantenerse alejados de este infeliz, corren peligro estando cerca de él! ¡¿Qué, no lo sabían?! ¡Hay un monstruo entre ustedes, un monstruo peligroso, además! ¡Monstruo! ¡Vamos, larguémonos de aquí!
La limusina negra se abrió paso hasta perderse por la puerta de la escuela, y aunque tiempo después, una vez que sus ánimos se enfriaran, Ryuzaki Ozú mandó una extensa disculpa por escrito, el daño ya estaba hecho, como podían constatar todos los alumnos que miraron al pasmado jovencito permanecer en pie en medio del patio de la escuela, aún mucho tiempo después de que los Ozú partieran en su vehículo. La sombría expresión en sus ojos y la manera como su cuerpo se tensó advirtió a todos los testigos de mantener prudentemente su distancia.
Katsuragi ya no se presentó a clases, pero tampoco abandonó las instalaciones escolares. Todo el tiempo lo pasó en la cancha de béisbol de la escuela, haciendo que el desvalido Toji le lanzara bolas rápidas por horas enteras, por lo que sus adoloridos hombros ya le reclamaban un merecido descanso que Kai se negaba a otorgarle.
—¡Vamos, tipo!— rogaba Suzuhara mientras masajeaba su cansado hombro —¡Para de una buena vez, hemos estado aquí toda la mañana! ¡Si quieres puedo enseñarte como funciona la máquina lanzadora!
—¡Cierra el pico y sigue lanzando, zoquete!— demandó a su vez Katsuragi, con el bat en sus manos, listo para un nuevo lanzamiento —¡Esa máquina es para maricas! ¡Ahora lanza, ó ya verás!
Luego de lanzar un resoplido de resignación, el exhausto muchachito apenas pudo lanzar la bola con la velocidad suficiente para que su insensible compañero conectara un impacto con la fuerza necesaria para sacar la pelota del campo de juegos.
Los dos jóvenes siguieron la bola en su trayectoria antes que se perdiera de vista, pero sólo a la distancia Rei Ayanami pudo percatarse del extraño brillo que iluminaba los ojos esmeralda de Rivera, en tanto lo vigilaba discretamente atrás del enrejado de la cancha.
La callada joven de cabellera celeste hubo de esperar hasta que su compañero dejara salir toda su frustración en cada bola que golpeaba con su bat de madera, lo que ocurrió al cabo de unos cuarenta minutos después y cuando finalmente Suzuhara se desvaneció sobre del montículo del lanzador, completamente exhausto. Sólo entonces ambos emprendieron el camino a casa de Ayanami, como había sido su costumbre durante esas semanas, ello con el propósito de llevar a cabo las asesorías escolares de la muchacha.
A diferencia de otros días, Kai no pronunció palabra alguna durante todo el trayecto. Aquella era la primera vez que Rei lo veía guardar tanto silencio, el cual se prolongó mucho más rato, una vez que ambos estuvieron a la mesa, cada quien con sus respectivos deberes. Al igual que lo hacía durante su estancia en el salón de clases, el joven doctor aprovechaba el tiempo que pasaba en el departamento de la chiquilla para desarrollar el marco teórico que le permitiría poner en funcionamiento la Unidad Eva Especializada en Combate que había prometido entregar a las Naciones Unidas. Así que mientras Ayanami resolvía sus lecciones, su tutor privado podía pasar horas enteras haciendo toda clase de garabatos algebraicos, lo que le había permitido llenar cuadernos enteros con dichos símbolos, fórmulas y demás ecuaciones.
No obstante, la presente jornada al parecer no estaba resultando ser muy productiva para aquél ensimismado mozo, de lo que había dado cuenta su observadora acompañante desde mucho rato atrás, mirando atentamente el gesto desganado que adornaba el rostro del muchacho cuando solamente trazaba una serie de círculos sin sentido sobre el papel.
—Pese a todo, parece que realmente te afecta mucho lo que las personas piensen sobre ti, ¿cierto?— mencionó entonces la jovencita, sin dejar de lado el problema matemático con el que lidiaba en esos momentos —Es muy raro que estés tan callado, sobre todo cuando estamos solos... siempre tengo que buscar como hacer para que te calles...
Rivera alzó la vista, como extrañado de que fuera ella quien iniciara una conversación así como también por haber sido descubierta la causa de su repentino ostracismo. Sin embargo no pretendía en ningún momento darle la razón, por lo que de inmediato negó moviendo la cabeza.
—¡Para nada! Lo que pasa es que quiero que te concentres en tus estudios, eso es todo... me importa muy poco la opinión que un viejo sapo cara de verruga y su lerdo renacuajo puedan tener sobre mí...
—Hay un sinnúmero de cosas aquí afuera que no teníamos en el convento, algunas de ellas que ni siquiera sabía que podían existir— dijo al aire la muchachita de mirar escarlata, como queriendo desviar la conversación, en tanto activaba su teléfono movil con acceso a redes inalámbricas —Como esto del Internet... al principio no lo creía, pero pasando de todos los LOLs, Fails, y demás fauna cibernética, y sabiéndolo utilizar, esta red virtual puede ser una herramienta bastante útil, toda una fuente ilimitada de información, si sabes bien qué y dónde buscar. Sigo prefiriendo los libros, claro está, pero es innegable lo práctico que este medio resulta teniendo en cuenta la inmediatez de sus resultados. Así me he podido auxiliar para complementar mis estudios. Es como si una parte de mí buscara con ahínco absorber todo el conocimiento posible, y admito que estas investigaciones me entusiasman bastante, por alguna razón que escapa a mi comprensión...
—¡Oh, ya veo! Creo que en lo futuro deberé tener más cuidado ó la Doctora Rei Ayanami me hará ver mi lugar en cualquier descuido que tenga...
—Como sea, es así que he podido entender mejor las ecuaciones que me enseñas, fórmulas químicas y otras muchas cosas más, que pienso me ayudarán a entender con más claridad mi trabajo en este sitio, sobre todo si a cada momento sólo escucho desfilar toda una retahíla de tecnicismos de todo tipo...
—Si te refieres a la mutarotación de los monosacáridos simples de la que estaba hablando el otro día al teléfono, ya te la expliqué, se trata solamente de...
—He encontrado incluso que esta herramienta puede servirme para una adaptación más pronta a este nuevo mundo en el que me encuentro varada— puntualizó la joven, sin prestar atención a lo que su compañero tenía que decir —Gracias a ella me he enterado de acontecimientos diversos que han ocurrido en otras partes del planeta, y algunos de los personajes que han incidido en ellos y en general en la vida de muchas personas. Es por eso que ahora puedo saber más a fondo quién eres, Kyle Rivera Hunter, el infame creador de la tecnología N2 que tantas vidas ha cobrado desde su invención...
El chiquillo se avispó en cuanto escuchó su nombre verdadero salir de aquellos labios, recuperando el talante severo que hasta hace unos momentos tenía en su expresión.
—Así es— prosiguió Ayanami, quien pese a todo se mantenía ecuánime, continuando con su ejercicio algebraico —Me enteré de eso y mucho más. Todo mundo te odia y quisiera verte muerto, para que sufras el mismo destino que toda la gente que ha perecido por causa directa de tu creación. Todos los atentados que has sufrido son prueba de ello. Ninguna compañía aseguradora está dispuesta a cubrirte, y muchos estudios indican que la probabilidad de que mueras antes de cumplir 15 años es de un 78%, la causa más probable que se señala en todos ellos es que sea producto de un acto violento. Eres, sin asomo de duda, una de las personas más odiadas en este planeta, si no es que la más.
Una vez resuelta la ecuación en la que había estado trabajando, la chica abandonó su lápiz y papel para confrontar a Rivera, a quien encontró con la vista agachada y un gesto ausente en la cara.
—Cuando te conocí me pareciste un odioso fantoche simplón. Me exasperaba la forma en la que siempre tratabas de estar llamando la atención, a la vez que mantenías alejados a todos con tu fanfarronería burlona. Encontraba tu actitud detestable, simplemente por que no podía encontrar un motivo para que alguien se comportara de esa manera. Pero ahora creo que lo entiendo todo. Pienso que, durante todos estos años, esa es la única forma que has encontrado para defenderte de todas las agresiones de las que has sido objeto. Es tu intento por revertir esa tendencia de odio y hacer que las personas empiecen a quererte, que les parezcas alguien agradable. Y lo haces tragándote todo tu dolor, escondiéndolo en una parte que no sea visible para poder mostrar a los demás un lado más amigable de ti, donde no tiene cabida el miedo que les tienes a todos, solamente una temeraria alegría y locuacidad ramplona... casi nunca dejas ver el sufrimiento que llevas cargando a cuestas. Llegué a pensar que estaba equivocada con respecto a ti... hasta hoy, que pude asomarme un poco a tu interior. Entonces supe que estaba en lo correcto, que hay algo más en ti que lo que dejas ver a todos los demás...
Kai permaneció en silencio algún rato más, siempre bajo la acuciosa y serena vigilancia de Rei, aquella chica que lo había dejado expuesto, pelándolo como a una banana.
—Yo...— dijo al cabo de un tiempo, cavilando —Llegué a la conclusión de que si las personas me llegaran a ver como a alguien inofensivo, dejarían de temerme, y por lo tanto de odiarme. Y quizás entonces por fin dejarían de estar tratando de matarme. Por lo menos eso fue al principio... después de un tiempo, y varios intentos fallidos por asesinarme, comprendí que la vida es corta. Demasiado corta. Esto no es algo nuevo, no es que haya descubierto el hilo negro ni nada de eso. Todas las personas en general se enfrentan a esa disyuntiva. Pero yo soy científico, soy un hombre de hechos y certezas, así que no creo en una vida más allá de la muerte, ni que un agradable viejecillo de barba blanca me estará esperando para darme mi par de alas, una aureola y un arpa. Solo sé que una vez que muera, será el final del juego para mí. Tengo las estadísticas que mencionas en mi contra, además de toda una legión de lunáticos allá afuera que piensan que el mundo será un mejor lugar conmigo fuera. Todo apunta a que ese final será más temprano que tarde. Por lo tanto, teniendo en cuenta todos esos factores, no tiene sentido para mí vivir lo que me resta aterrado de todo y de todos, sin nada de diversión. Así que esta actitud desprendida no es del todo pose ó para hacer que les agrade a las personas. Soy solamente yo, tratando de aprovechar al máximo cada momento, porque no tengo forma de saber cuál será el último, si bien es probable que sea pronto...
—Así que es eso— pronunció Ayanami, casi en un suspiro —Esa es la motivación que te empuja. Me preguntaba qué era lo que te hacía seguir adelante, teniendo todo en contra. Lo más lógico hubiera sido rendirte... pero conociéndote mejor, todo cobra sentido. Eres demasiado obstinado y orgulloso como para dejarte vencer, ese eres tú, contraviniendo la convención general. Eres tú, tratando de hacer notar tu existencia, convertirla en algo con un significado. De cierto modo, te envidio... quisiera tener aunque sea una parte de la fuerza que te impulsa, y el propósito tan definido que te has fijado... yo... yo carezco de cualquiera de esas cosas. Lo único que poseo... es la nada... y no tengo idea qué es lo que será de mí, o para qué es que estoy viviendo...
La muchachita de recortado cabello azul era quien ahora bajaba la mirada, inmersa en sí misma en busca de alguna respuesta a su dilema, la que había estado buscando durante muchísimo tiempo, tanto como del que tenía memoria. Por su parte, su compañero la observaba embelecido, y fue de tal manera que le habló, en un tono suave y moderado:
—A veces, cuando te veo... no puedo hacer otra cosa que en pensar en ti como una bebé. No porque seas de alguna manera infantil ó dependiente, nada de eso. Es por que en casi todo eres nueva en este mundo y desconoces tantas cosas, aún te agurdan muchas experiencias por las que necesitas pasar. Te educaron con la premisa de que estamos de paso en este mundo, que es sólo un obstáculo más que debemos superar para prepararnos para una vida mejor, y que por lo tanto no tiene tanta relevancia ni valor como lo que se encuentra más allá. Las personas que piensan así casi siempre parecen olvidar que es por la misma naturaleza fugaz de la vida que nuestros actos cobran tanta importancia, incluso según la fe que siguen, son ellos los que determinarán si acaso se accede a esa vida eterna... pero para eso, es necesario vivir esa vida que menosprecian tanto. ¿Qué utilidad tiene toda una vida dedicada a la contemplación, a los rezos y a la adoración ritual, si careces de opciones? Desde un principio se te ha negado la posibilidad de decidir como es que quieres vivir tu vida, sin dejarte elegir entre bien ó mal. Ahora mismo, liberada de esas ataduras, te encuentras en esa encrucijada, y es natural que tengas miedo. Todo lo que experimentarás a partir de estos momentos será nuevo y desconocido, no tendrás la certeza que hasta hace poco habías tenido. Pero... no es necesario que pases por todo eso tú sola... si tú me lo permites... yo podría estar ahí contigo, a tu lado... todo el tiempo que sea posible. Verás que cuando compartes la vida y las cargas que ella conlleva, todo se hace más fácil, más llevadero... y entonces, en lugar de una labor impuesta, la vida se parece más a un regalo, a una bendición...
Los ojos de la señorita titilaban como adornos navideños, fijos en la estampa del joven delante de ella, quien se había apoderado de toda su atención y pensamientos, tanto que ni siquiera se daba cuenta que en esos momentos sostenía cariñosamente sus manos entre las suyas, el calor que de ellas emanaba embargándolos a ambos por igual.
—Yo... yo...— masculló ella, sin palabras, hasta que de improviso algo la hizo reaccionar y salir de su estupor —Ya he terminado los ejercicios de este día... quisiera que los revisaras, por favor...
—Ah... sí claro, por supuesto— secundó el muchacho, igualmente libre del influjo en el que los había colocado inadvertidamente —Déjame ver qué tal te salió... ¡¿Pero qué demonios?! ¡¿Cómo rayos...?! ¡Maldición!
Haciendo de lado sus vehementes expresiones de desconcierto total, Rivera se abalanzó sobre la pila de papeles en los que él estaba trabajando, dándose cuenta del error que había cometido.
—¡Ay, mierda! ¡Tu hoja de ejercicios se me debió haber traspapelado entre todo este embrollo! ¡Lo siento, lo siento mucho! ¡Esas ecuaciones son en las que he estado trabajando toda la semana, no eran para ti!
—Eso explica por qué repentinamente sentí que se había incrementado la dificultad de los problemas... ahora lo entiendo...
—Je, je, pobrecita de ti... ya me imagino todo lo que... espera un poco...— Rivera volcó entonces su atención individida sobre la hoja que sostenía, con los ojos casi desorbitados —Esto... ¡esto está correcto! ¡Diablos! ¡Todo encaja a la perfección, ahora lo veo claramente! ¡No me lo puedo creer, pudiste resolver este chisme tú solita! ¡Y en un solo día! Es.. ¡Es asombroso! ¡Eres increíble, eres toda una chica genio! ¡Sabía que eras lista, pero nunca supuse qué tanto! ¡Bienvenida a la legión de los cerebritos, muchas felicidades! ¡Siento que te amo mucho más que nunca!
La euforia del chico por las recién descubiertas habilidades de Rei fue tal, que en un arrebato de alegría desbordada la tomó por los hombros y la levantó en el aire mientras empezaban a dar vueltas juntos.
—¡Ahora la alumna ha superado al maestro! ¡Te has graduado finalmente, con todos los honores! ¡No tengo nada más que enseñarte!
—¡Ten... ten cuidado, esto es peligroso!— advirtió la jovencita en vilo, faltándole el aire por lo repentino de la acometida —¿Se puede... se puede saber qué tiene de extraordinaria esa dichosa ecuación? ¡Son sólo fórmulas, no es para tanto!
—¡Todo lo contrario!— finalmente, un poco mareado y trastornado, Kai depositó a su prisionera de nueva cuenta en el piso, en tanto se abocaba a enseñarle varias hojas con diversos signos impresos en ellas —Acabas de descifrar un intrincado código alfanumérico dejado por una civilización que existió en este planeta hace millones de años... ese código es el que permite descifrar esta serie de símbolos y detalla con toda precisión como construir el arma definitiva contra los ángeles... ¡Un verdadero Evangelion, en tiempo y forma! ¡El Eva Zeta!
—¿"Zeta"?— repitió su compañera, intrigada —¿Porqué "Zeta", eso de dónde salió?
—¿Ah, pero es que no lo sabes?— preguntó a su vez el chico, como extrañándole que no supiera la respuesta —Cualquier robot gigante, que se precie de serlo, tiene que llevar "Zeta" por apelllido... ya veré después como es que lo justifico... primero tengo que ir a vaciar todos estos datos en la computadora, para luego poder elaborar un programa desencriptador y finalmente poner en marcha a este bebé. ¡Oh, vaya! Sólo escucha lo que dicen estos garabatos de aquí: "Cualquiera que acceda al poder del gigante de luz deberá elegir, entre ser un dios salvador, ó un demonio destructor..." ¡Parece que a estos antiguos sí que les gustaba el melodrama!
—Por tu parte, te ves bastante emocionado... ¿Tantos deseos tenías por construir esta Unidad Eva?
—No es el Eva en sí lo que me alborota tanto— confesó Rivera mientras que se apuraba a guardar todas sus cosas en su mochila —Si no lo que lo hará funcionar, su fuente de poder... si logro hacerla como es debido, y estoy bastante seguro de que lo haré, habré encontrado la clave para obtener energía perpetua, inifinita... ¡Energía ilimitada! ¿Tienes idea de todas las implicaciones que algo tan loco como eso acarrearía?
—A decir verdad... no...— mencionó Rei, sin tapujos —¿Qué tiene de importante algo como eso?
El muchacho detuvo entonces el empacado de sus utensilios para poder mirarla con suma extrañeza.
—Bueno, pues para comenzar... con esa clase de tecnología ya no tendríamos que estar agotando los recursos naturales del planeta para sustentar el nivel de vida al que estamos tan acostumbrados. Y por lo tanto, sería el final de tantas estúpidas guerras por la mentada "seguridad energética" de fulano ó zutano. Ningún país tendría que anhelar los recursos naturales de otro porque todos tendrían garantizada la manera de hacer funcionar sus maquinarias e industrias. El empleo estaría por las nubes y la calidad de vida de las personas mejoraría sustancialmente, por lo que la incidencia de crimenes sería casi nula. ¡En vez de matarse unos a otros por migajas, la humanidad por fin podría unirse como una sola y lanzarse en una odisea espacial hacia otros mundos, otras dimensiones!
—Y de tal forma, al darles semejante regalo, todos podrían olvidar que fuiste tú quien creó el arma que más vidas ha cobrado en toda la Historia, ¿ó me equivoco?
—Este...— musitó el joven, colgándose la mochila al hombro para poder evadir la inquisidora mirada de esa perspicaz muchachita, quien podía ver a través de él como si estuviera hecho de cristal —Sí, claro... quizás ese también sea uno de los muchos aspectos positivos que este chisme pueda tener... pero a decir verdad, no lo había considerado hasta ahora...
—Aún así, me sigue pareciendo una idea bastante noble— acotó Ayanami, tomando asiento en su mesa, recargando luego su cabeza entre sus brazos cruzados a modo de almohada —Pero, igualmente, bastante ingenua... si es que crees que con algo así terminarán los conflictos entre los seres humanos...
—¿A qué te refieres? ¡Energía ilimitada, el poder de hacer los sueños realidad! ¡Todos ganamos, con excepción de las leyes de la termodinámica, pero esto es a prueba de fallas!
—La naturaleza humana, en cambio, es bastante falible... y es por eso que tu plan fracasará aún si es ejecutado a la perfección. Recuerdo que hace algunos años, cuando era niña, las hermanas consiguieron permiso y financiamiento para operar un comedor comunitario. La premisa era simple: dar comida gratis a los más necesitados de la comunidad, cada mañana, todos los días del año. Al principio, todo funcionó muy bien. Los desamparados llegaban hambrientos y salían luego con la barriga llena, y las hermanas podían cumplir con su obra de caridad. Salió tan bien todo eso que después quisieron expandir su rango de alcance, ofreciendo alimento a personas de otras comunidades, y haciendo un esfuerzo se las pudieron arreglar para también ofrecer despensas semanales. Pronto, no solo los desamparados comenzaron a acudir en busca de ayuda, sino también personas que, aunque pobres también, no tenían la misma necesidad que los primeros. Igualmente se les socorrió. Al cabo de un tiempo, aquellas personas empezaron a dejar sus labores, en el campo y en la casa, ateniéndose a subisistir solo con lo que las hermanas les daban. El tiempo que dedicaban al trabajo prefirieron emplearlo entonces en actividades ociosas e improductivas. La voz se corrió por toda la región y la gente comenzó a llegar cada vez en cantidades mayores, hasta que los recursos para auxiliar a todos ya no fueron suficientes. Las monjas de mi convento entonces se vieron obligadas a dar fichas, calculando el número de personas a las que les era posible ayudar. Eso no cayó muy en gracia a todas las personas que se habían acostumbrado a vivir de lo que se les daba en la mano, quienes para entonces ya pensaban que era un deber, una obligación de esas piadosas mujeres el darles de comer gratis. A los pocos días se armó una trifulca entre las personas que esperaban afuera del convento, fue tal el tumulto provocado por aquella horda hambrienta que el ejército tuvo que intervenir. Ese día, cinco personas murieron. Desde entonces, se les prohibió a las hermanas otorgar cualquier tipo de asistencia social. Supongo que algo por el estilo hubiera ocurrido si me hubiera quedado cuando se puso de moda ir en peregrinación para verme. En su ignorancia y deseperación, aquellas personas en verdad esperaban que yo pudiera resolver sus problemas y arreglar sus vidas, simplemente como por obra de la magia. Lo que estoy diciendo es que cuando le ofreces a la gente soluciones que no sean el esfuerzo propio y el trabajo honesto, para encargarse de sus problemas cotidianos, las personas pierden entonces su motivación. A aquellos que siempre se les entrega todo en la mano, con todas las facilidades y sin pedirles un esfuerzo a cambio, se vuelven entonces perezosos y miserables. Y eso solo crea nuevos conflictos entre ellos, crea más avaricia y mezquindad. Así que por más buena y noble que sea tu meta, si la llevas a cabo como tienes pensado, solamente atraerás más problemas de los que solucionarás.
Kai había permanecido inexpresivo durante todo el tiempo en el que transcurrió la exposición de Rei, siempre atento a cada una de sus palabras. Cuando hubo terminado se dirigió en silencio y a paso lento hacia la puerta del departamento, para luego voltear al cabo de unos momentos, concluyendo:
—El mundo que describes es muy frío y cruel. No me gustaría vivir, para nada, en él. Pero tengo confianza en que el espíritu humano prevalecerá sobre la barbarie que mencionas. Después de todo, las personas a las que te refieres son la clase menos preparada de la raza humana, de ahí su ignorancia que deriva en ocasiones en semejante vileza... pero aún ellos, si se les da la oportunidad y los medios adecuados, son capaces de experimentar el amor y la bondad, las máximas virtudes que el hombre puede alcanzar. Tengo que creer que la Humanidad puede ser mejor de lo que es actualmente. Necesito hacerlo, ó de lo contrario me veré sin una razón que me permita seguir adelante...
—¿Conoces ese dicho, "el camino al infierno está pavimentado de buenas intenciones?"
—Sí, lo conozco... lo conozco, tal vez mejor que nadie...
Las miradas de los dos jóvenes se trenzaron entonces en un fiero y silencioso combate, habiendo en ellas un dejo de desafío, pero motivadas por otra cosa mucho más profunda y arraigada entre ellos: pasión. Una pasión, demasiado juvenil probablemente, y bastante comprensible además, pero que en cada encuentro que sostenían se iba atizando más, para hacer de un simple chispazo el incendio calcinante que ambos sentían ya en esos momentos.
—Yo... — dijo el muchacho entonces, luego de haber tragado saliva —Ya me tengo que ir. Como te dije, hay varias cosas que necesito hacer. Esta es tu última asesoría, a decir verdad ya no hay más que yo pueda enseñarte, pienso que de hoy en adelante puedes hacerte cargo de tus estudios sin problema alguno. Aún así... aún cuando ya no tengamos una excusa para seguir viéndonos con tanta frecuencia... quisiera que pudiéramos seguir haciéndolo. Claro, si tú lo permites. El tiempo que he podido pasar contigo, las conversaciones que hemos tenido y tu compañía en general... he encontrado todo eso bastante placentero, gratificante. Cuando estoy contigo... siento que nada me hace falta. Ya sé que lo he dicho miles de veces, de las formas más ridículas y absurdas que se me pudieron ocurrir, pero aún así siempre que lo hago, lo digo con toda sinceridad: te amo...
Y aún cuando ella ya lo hubiera escuchado otras tantas veces a las que Rivera se refería, al momento de esucharlo decir aquellas palabras el corazón de la jovencita pegó un eufórico brinco, lo que aceleró su pulso y la hizo sentirse entre las nubes.
—¡Te amo!— insistió él, con mucha más vehemencia —Amo todo de ti y cada aspecto de tu ser, desde tus ojos tan preciosos, el color de tu cabello y tu piel, tu voz tan dulce y tan suave que me adormece, la sensibilidad que hay en ti y la poesía que habita en tu corazón... Te amo desde la primera vez que nuestras miradas se cruzaron, y por eso mismo sé que tú también sientes algo por mí, ahora , y después de todo loque hemos pasado juntos puedo estar convencido de eso... y cuando dos personas sienten lo que nosotros, el uno por el otro, lo justo y lo natural es que estén juntos... ojalá... ojalá que algún día quieras darnos esa oportunidad...
Kai la observó fijamente una vez más, queriendo conservar aquella estampa suya fija en su memoria por siempre. Pero también esperando por una respuesta. Por su parte Rei estaba sin habla, pero no por que quisiera o por seguir siendo fiel a su característica templanza, como siempre, sino que en esos trepidantes momentos efectivamente el habla la había dejado. Su corazón latía frenético al estridente ritmo de un sonoro tambor y una especie de calor frío recorría todo su cuerpo. Todo lo que él le había dicho era verdad, e incluso había muchas otras cosas que no había mencionado, por lo que si de algo estaba segura es que quería, más que nada en el mundo, estar a su lado, eso podía afirmarlo ya con toda categoría. Él era algo que nunca antes había pensando en encontrar, y ahora que lo había hecho estaba imposibilitada a dejarlo. En sólo unos cuantos meses se había convertido en su todo y la razón principal por la que se levantaba cada mañana, por mucha pena que le costara admitirlo. Su fuerza y confianza la hacían sentirse segura, su alegría y entusiasmo se le contagiaba como un escurridizo virus, dándole ánimos para continuar el día a día, y sobre todo, la gentileza y amor que siempre le prodigaba la hacían sentirse la persona más especial del mundo, le hacían ver, como ninguna otra cosa antes, el valor de poder estar con vida. Él era perfecto para ella, y mucho más, y su mayor anhelo era estar junto a él por siempre. Pero había un inconveniente. Un solo, único inconveniente, pero que al parecer era insorteable. Y era por eso que lo suyo jamás podría ser.
El ademán que hizo al rehuír de nuevo su mirada fue toda la respuesta que necesitó el muchacho para saber la decisión que ya había tomado su compañera. Con sumo pesar,él también hizo lo propio, volteando hacia la puerta y sujetando su perilla para abrirla y salir de ahí, derrotado una vez más.
—Sólo... sólo piénsalo con detenimiento, por favor...— susurró entonces, abatido —Es todo lo que pido... quizás, con el tiempo, será posible que te des cuenta lo infelices que somos sin el otro...
No obstante, antes que pudiera irse, fue interrumpido de súbito por Ayanami, quien apenas y pudo juntar la fuerza suficiente para poder dirigirle la palabra.
—¡Es-Espera! Espera sólo un momento... antes... antes de decidir cualquier cosa... yo qusiera... necesito saber... por qué... cuál es el problema que tienes con el Comandante Ikari...
Kai peló los dientes en un gesto iracundo con la sola mención de ese nombre, justo en esos instantes de suma importancia.
—Es curioso que preguntes eso, ¿sabes?— contestó casi de inmediato, de espaldas a ella —Siempre me he preguntado cuál es el problema de Gendo Ikari con el mundo, ó por qué es que insiste en ser un bastardo desalmado que tiene que hacerle la vida miserable a todos. Lo mío con él no es sólo un rencor infundado, no, claro que no. Tengo la desgracia de conocerlo de toda la vida, y durante todo ese tiempo he podido ser testigo impasible de cómo acaba con todos los que se interpongan entre él y sus objetivos. Eso no tendría nada malo, al contrario ser determinado es una actitud muy apreciable en estos tiempos. Lo malo es que Ikari carece de toda clase de escrúpulos, moral ó siquiera un atisbo de conciencia que guíe sus acciones. Es un tirano déspota que trata a los demás como títeres, desechándolos cuando ya no le son de utilidad, sin importarle cuantas vidas tenga que sacrificar con tal de satisfacer sus corruptas ambiciones. Una prueba del poco interés que siente por los demás, es su grosera negligencia e irresponsabilidad como padre. ¿Ó es que no te ha contado de su hijo, su único hijo, por cierto, al que tiene diez años enteros que no se ha molestado en ver al pobre diablo? Y vaya que eso es raro, por que si alguien tendría que apreciar las conveniencias de estar en familia, ese tendría que ser él. Después de todo, todo lo que tiene en estos momentos, su poder y posición, lo ha conseguido gracias al dinero e influencias de su abuelo, no por méritos propios, aunque también sus dotes de embustero sinvergüenza lo han ayudado un poco. No sé que promesas te hizo o como fue que te convenció de venir aquí, pero dime tú, ¿acaso ha cumplido alguna de las promesas que te hizo entonces? Estoy casi seguro que una de ellas fue tu realización personal, descubrir tu verdadero lugar en el mundo... es uno de sus guiones preferidos para embaucar ingenuos. Eso es lo que es él. Un talentoso actor, que a veces hace de héroe galante ó sabio iluminado, un guía que conducirá a todos a ser protagonistas de su propia historia. Pero yo, yo he podido ver su verdadero rostro, y es por eso que nos detestamos tanto mutuamente. Gracias a él... por obra directa suya... es que perdí algo muy valioso para mí. Es por eso que no puedo seguir cerrando los ojos ó cruzarme de brazos, como lo hace la mayoría por temor, para seguir dejándolo hacer a sus anchas. Quiero asegurarme que nadie más tenga que pasar por lo mismo que yo pasé, por culpa de Gendo Ikari. Pero no me hagas caso a mí... ahora tienes recursos a tu disposición que te ayudarán a tener una opinión mejor informada de ese fantoche. Haz el mismo trabajo de investigación que hiciste conmigo. Veamos entonces qué clase de hombre descubres que es tu amado Comandante Ikari. Simplemente, para empezar, ¿porqué no le preguntas qué pasó realmente en tu convento, después de que te fuiste?
Sin dejar más espacio para el diálogo, el visiblemente alterado muchacho tuvo que salir del departamento antes de perder el control por completo. Odiaba el hecho de que aquél hijo de perra tuviera cautivada así al gran amor de su vida, acaso como si la tuviera bajo alguna clase de hechizo que la hacía una idiota que no podía darse cuenta de todas las tropelías y abusos que cometía con tanta frecuencia. A su vez, Rei detestaba que la sola mención del comandante bastara para hacer de ese maravilloso ser humano un energúmeno descerebrado, que en sus rabietas acababa por destrozar todo a su paso. Aún así, hubo algo en sus palabras que habían sembrado en ella el germen de la duda, donde antes sólo existía una fe y certeza absolutas, inquebrantables. ¿Era el Comandante Ikari una buena persona? Y en caso de no ser así, ¿es que acaso eso debería afectar también, de alguna manera, lo que innegablemente por él sentía?
En lo que respectaba a él, Gendo Ikari no tenía pendiente alguno por lo que otros pensaran de él ó de los conflictos que causaba sin siquiera saberlo. En esos momentos su atención estaba concentrada en los documentos que tenía regados sobre la superficie de su escritorio, los cuales examinaba detenidamente junto a su socio y compinche, el Profesor Kozoh Fuyutski, en su enorme oficina que estaba casi en penumbras.
—Justo aquí. Este es nuestro hombre— dijo Ikari en su acostumbrado tono ceremonial, señalando un documento migratorio con una fotografía anexa de un hombre rubio barbado —Alexei Saitzev, miembro de la tripulación de un buque mercantil proveniente del Adriático... un alias más para Miguel Ángel Pitti, de origen argentino, conocido operativo del Frente de Liberación Mundial. Se especializa en operaciones de espionaje, sabotaje y asesinatos políticos.
—¿Estás seguro de esto?— carraspeó Fuyutski, echando un vistazo fugaz al documento que se le indicaba —Estamos hablando del FLM, no es sólo uno más tus matones regulares... ¿en serio quieres arriesgarte a dejar entrar a uno de ellos a Japón? ¿Qué tal si...?
—Por favor, Profesor... ¿qué otro motivo tendría un hombre así para venir a este país, si no es para matar a Rivera? Lo mejor de todo, tengo confirmación que el chiquillo estúpido mandó al hospital, con varias fracturas, al hijo del Viceministro Ozú, dándonos así la coartada perfecta. Incluso hay testigos presenciales que señalan que Ryuzaki amenazó verbalmente a nuestro apreciado muchachito. Las investigaciones subsecuentes al deceso de Rivera apuntarán directamente a ese pobre viejo barrigón como el autor intelectual del homicidio. Nadie ni siquiera sospechará que nosotros tuvimos algo que ver. Todo encaja perfectamente. Es casi como si el mismo karma nos estuviera avisando que ha llegado el momento para deshacernos de ese bicho tan molesto de una vez por todas...
—No sabía que fueras un hombre que creyera en señales, signos y toda esa clase de basura parapsicológica, Ikari...
—No, no lo soy... en cambio, me considero un hombre que sabe apreciar las ironías de la vida. Es decir, todos nosotros nos alistamos para una guerra contra los ángeles, ¿no es así? Pero en este caso, será el mismo ángel Miguel quien esté de nuestro lado...
El comandante sonrió entonces, siniestramente, con sorna, como solo podría hacerlo alguien que se regodea en su ruindad y en la certidumbre de su impunidad.
En el curso de los pasados meses, un trabajo tan demandante y agotador, como lo era ser guardaespaldas de Kai Rivera, se había vuelto aburrido y rutinario durante todo el transcurso en que había durado su estancia en ese tranquilo país asiático, a diferencia de otras zonas del planeta en las que incluso había un precio por la cabeza de aquél chiquillo. Es por eso que de un grupo de cuidadosos profesionales que había llegado a tener hasta siete integrantes, a la llegada a Japón se había reducido solamente a dos custodios. Confiado en su capacidad propia para lidiar con posibles atacantes cercanos, el joven doctor les pagaba a sus guardianes una cuantiosa cantidad por vigilar su camino despejado de francotiradores y dispositivos explosivos, manteniendo una distancia prudente para que su presencia no causara aspavientos innecesarios. Sobra decir que aquellos hombres no habían tenido que lidiar con amenaza alguna para su cliente en tierras japonesas, lo que en circunstancias normales hubiera sido algo bueno, pero que en su línea de trabajo producía un soporífero tedio. Lo que más temían aquellos hombres era que sus habilidades llegaran a oxidarse por la falta de uso.
—¿Qué tal estuvo el paseo?—saludó uno de ellos, que se había quedado a descansar en el departamento que alquilaban justo al lado del de los Katsuragi, en tanto que un voluminoso y gigantesco ex-marine entraba por la puerta, luego de haber vigilado los pasos del muchacho fuera de su hogar.
—¡Tranquilo, como de costumbre!— respondió el recién llegado al fornido ciudadano de la República Popular de China que había estado aguardando su regreso para relevarlo de su guardia. Dos individuos que en tiempo pasados habían llegado a ser enemigos directos, ahora eran cercanos compañeros de trabajo —Sólo hizo una breve incursión al centro comercial para compras de último minuto y unos quince minutos sentado en el parque, fumando y mirando a la nada... Todo, claro, sin contratiempos... Te lo digo, lo más peligroso que este chico tiene que enfrentar en esta isla es esa extraña niña de ojos rojos que lo hace actúar como un completo estúpido...
—¡Quién sabe! Por un momento, ese chico de la motocicleta llegó a preocuparme...
—¡Solamente un niñito baboso jugando con su triciclo! Se merecía quedar como estampilla sobre la pared, no fue más que una pérdida de tiempo...
—Te hace extrañar Tenerife ó Bangladesh, ¿cierto?
—¡Quién lo diría! Y esos lugares fueron una locura, estuve a punto de hacerme en los calzones...
—En cambio, al ritmo que vamos ahora, este mocoso no va a tardar en despedirnos también a nosotros... nos vamos a quedar en la calle...
—Supe que Vasili y André encontraron acomodo en el cuerpo de seguridad de un diplomático francés... quizás pudieran contactarnos con alguien...
El timbre de la puerta interrumpió sus disertaciones laborales, anunciando la llegada de un visitante.
—¡Eso sí que es rapidez! ¿Puedes abrirle al tipo de la pizza en lo que busco mi billetera?
—¿Pizza otra vez? ¡Más te vale que no hayas pedido todas con queso en la orilla! ¡Sabes que no puedo digerir bien esa bomba láctea!
—¿Y quién dice que pienso darte, cretino? ¡La última vez dejaste hecho un asco el baño, y ni siquiera fuiste bueno para destaparlo!
—Odio que siempre tengamos que pelear en los viajes, ojalá fueras un poco más racional...
Antes que el larguirucho sujeto de cabello corto, a la militar, pudiera abrir por completo la puerta, un bólido se coló a través del espacio entreabierto, sujetándolo fuertemente del brazo para incapacitar cualquier respuesta que pudiera tener y tan rápido como un pestañeo sacó un revólver con silenciador, cuyo cañón le colocó sobre la base de la mandíbula para detonarlo inmediatamente. La bala atravesó sigilosamente el cráneo del infortunado, decorando el techo con sus sesos salpicados.
El occiso cayó como un bulto al piso, sin siquiera haber sabido jamás lo que le ocurrió, en tanto que su compañero salía confiado de uno de los cuartos, solamente para encontrarse de frente con aquél horror. Su temple y nervios de acero le impidieron gritar y caer en pánico, como cualquiera lo hubiera hecho. En su lugar, los reflejos otorgados por años de entrenamiento lo hicieron llevar su mano hasta su arma de cargo pero antes que pudiera alcanzarla dos detonaciones más que hizo su atacante mejor entranado, en tan solo cosa de segundos, pusieron final a su existencia.
Miguel Ángel Pitti se detuvo en medio de la sala entonces, resoplando y mirando con detenimiento su funesta obra. Todo había transcurrido rápida y sigilosamente, tal como lo había anticipado. No había forma que alguien en todo el edificio pudiera saber que dos personas acababan de ser asesinadas en ese departamento.
—¡Qué porquería de guardaespaldas!— musitó entonces, confiado de aquella suposición, para de indemediato enroscarse sobre sí mismo, en busca de aliento perdido —Aún así... ya estoy muy viejo para estas cosas...
Si localizar y neutralizar a los custodios de Rivera había sido cosa de niños, entrar al departamento de junto y acabar con el muchacho y su ramera japonesa sería más que sencillo, cuestión de mero trámite solamente. Le hubiera resultado bastante fácil, a decir verdad, pues justo en esos instantes los Katsuragi se encontraban en medio de una partida de poker, en la que en lugar de fichas lo apostado eran las prendas con las que estaban vestidos.
—¡Lo siento, muñecota, pero estos tres reyes magos dicen que perdiste!— anunció Kai, quien para entonces tan solo se encontraba en calzoncillos —¡Ahora déjame ver tu par!
—¡Esto es el colmo!— refunfuñó Misato en tanto comenzaba a despojarse de su sostén —¡Si descubro que estás haciendo trampa de alguna manera, será tu fin!
Así que al pistolero argentino solamente le bastaba con irrumpir en aquél momento para fulminar a tiros a sus desprevenidos habitantes, cuyos cuerpos inermes hubieran quedado en una posición bastante comprometedora para ambos. Así que, luego de haber hecho un largo viaje hasta allí, ¿qué era lo que le impedía cumplir con su objetivo de una vez por todas?
Se trataba de su propio cuerpo, que comenzaba a traicionarlo en la ocasión más inoportuna. Sus resoplidos se había convertido en jadeos, que hacía abriendo y cerrando la boca como un pez fuera del agua, encontrándose falto de aire, que repercutía en sus uñas poniéndose moradas, sus ojos hinchados y su pecho ardiendo como una fogata. El entumecimiento de su brazo izquierdo le advertía dónde se encontraba la falla, pero saberlo no le ayudaría a remediarlo.
"Mierda, tenía que ser..." pensó a sus adentros, desfallecido, tendiéndose en el piso y recargándose contra la pared ."Un infarto... justo ahora... viejito estúpido, boludo... tenías que morirte justo ahora... justo en este momento... mirá que sos imbécil..."
Aquél fatigado hombre, que no había tenido empacho en asesinar a dos ex-comandos militares, ahora se veía incapacitado para hacer algo tan simple como alcanzar el frasco de píldoras que estaba en el bolsillo lateral de su pantalón. Indefenso, derrotado y abatido, se derrumbó sin más, semejando a un muñeco al que se le termina la batería, quedando la mitad de su desvanecido rostro sobre el frío suelo de cerámica.
A la mañana siguiente el joven Rivera iba más apurado que de costumbre para llegar a la escuela, como si estuviera expectante de algo. Quizás el paquete que llevaba cargando algo tenía que ver en ello. Como fuera el caso, falto de tiempo sólo le anunció su partida a sus guardaespaldas tocándoles a su puerta cuando pasó junto a ésta:
—¡Fong, McTyren! ¡Ya me voy a la escuela! ¡Sí, ya sé que es sábado, pero aún así tengo que ir, no es que sea algo de su incumbencia! ¡Pero, por favor, esmérense para que hoy no me vuelen la cabeza, es muy importante! ¡Y les estaré eternamente agradecido! ¿Me escucharon?
El chiquillo aguardó unos instantes más por alguna respuesta, pero sólo recibió silencio del interior. Dominado por la impaciencia, no quiso desperdiciar más tiempo esperando ó en averiguar a qué se debía tal demora, por lo que partió con paso presuroso mientras musitaba para él mismo:
—Par de cretinos perezosos... deben seguir dormidos todavía... no sé por que aún no los he despedido...
Por el contrario, Rei no tenía apuro alguno por llegar a tiempo a la escuela. Estaba bastante ansiosa como para siquiera pensar en asistir a clases en esos momentos. Estaba sentada frente al escritorio del comandante, en medio de su amplia oficina, aguardando su llegada. Por algún motivo que aún desconocía, se le había citado ahí desde muy temprano. Pero que fuera precisamente ese día en particular en el que el Comandante Ikari quisiera verla la hacía aventurarse en varias conjeturas. Trataba de que la emoción que la embargaba no se reflejara en su rostro, dedicándose entonces a pasear sus ojos alrededor de aquél enorme cuarto, tan adusto y discreto como su propio departamento. El pensamiento de que ambos compartían los mismos gustos decorativos produjo que sus labios se contrajeran en una tímida sonrisa, apenas perceptible, la que de inmediato desapareció apenas y vio entrar a Gendo Ikari.
—Buenos días, Rei— saludó el hombre de las gafas a su arribo, tomando asiento enseguida —Lamento haberte hecho venir desde tan temprano, espero que no haya sido mucha molestia para ti...
—Por el contrario— respondió Ayanami enseguida, negando con vehemencia al mover la cabeza de lado a lado —Me alegra que pueda serle de alguna utilidad. Yo...
—Así que por fin decidiste a cambiar tu corte de cabello. Te luce bien, te ves mucha más distinguida. No me lo tomes a mal, pero con ese cabello tan largo, parecías una... campesina...
—Gracias... lo que sucede es que yo...
—Verte con el uniforme escolar no hace más que recordarme la razón por la que te he mandado llamar a primera hora. Lo cierto es que ya no lo necesitarás usar más, pues a partir de este día dejarás de ir a clases.
Apenas al escuchar aquella impactante noticia la jovencita se sintió sofocada, acaso como si alguien le hubiera plantado un buen golpe en la boca del estómago. En lo primero que pénsó fue que dejar de ir a la escuela implicaría dejar de ver más tiempo a Rivera. Su boca se resecó y sus brillantes ojos se abrieron de par en par, en tanto que Ikari continuaba hablándole sin reparar en su condición:
—Estoy al tanto que tus calificaciones han mejorado y es por eso que considero ya no es necesario seguir exponiéndote al trato con la población general. De ahora en adelante continuarás tus estudios con un tutor privado que se te asignará especialmente para dicha encomienda, no un haragán improvisado cualquiera, como el estúpido loco de Rivera. Supe que usurpó esa función y que te ha estado acosando durante todos estos meses, incluso poniéndote en peligro con sus idioteces, pero puedo garantizarte que también a partir de este día dejará de ser una molestia para ti...
—Pero... es que yo...
—Aún no lo sabes, pero desde estos momentos tu papel como piloto será mucho más importante aún de lo que ya era, debe tener prevalencia sobre todas las otras facetas de tu vida. Para eso necesitamos que te encuentres lo más cómoda y concentrada posible, y habrá que eliminar todo lo que actúe como una distracción que te lo impida. Confío que con las medidas que he determinado tu desempeño mejorará, al igual que nuestro trabajo aquí. Mientras tanto puedes ir a casa, a cambiarte y relajarte, descansa lo más que se pueda por que desde mañana comenzaremos con las pruebas de activación de la Unidad 01. He decidido que serás la piloto del Modelo de Pruebas, superior al Prototipo en todos los sentidos. Por lo tanto, estoy seguro que tus resultados serán radicalmente distintos... aquí tienes algunos de los protocolos de funcionamiento, trata de darles siquiera un vistazo antes de mañana... te veré hasta entonces, puedes retirarte...
Por puro reflejo, y sin alguna acción conciente de por medio, fue que Ayanami alzó la mano para sujetar los cuadernillos que le estaban alcanzado. Del mismo modo se puso en pie, siempre observando con expectación el severo aspecto de Ikari, esperando por algún repentino cambio en él. Sin embargo, el comandante se abocó por completo a la pila de documentos que tenía sobre su escritorio, sin prestarle demasiada atención a la presencia de la expectante jovencita.
—Disculpe mi atrevimiento, Comandante Ikari...— dijo ella finalmente, poniéndose en pie —Pero... ¿usted sabe qué día es hoy?
—Ya sé que es Sábado, por eso desde un principio me disculpé por haberte hecho venir— respondió el hombre barbado, sin tomarse la molestia de verla cuando lo hacía —Pero como ya no irás a la escuela, eso dejará de tener importancia, de ahora en adelante todos los días serán fines de semana para ti...
Aquello fue lo que terminó por tirar el único soporte que impedía el derrumbe del ánimo de Ayanami, quien, agachando la mirada, empezó a estremecerse como si fuera presa de fébriles escalofríos. Sus labios se entreabrieron para dejar atisbar una parte de su dentadura, como si fuera un animal antes de atacar. En cambio, tan sólo se permitió dejar escapar algo que nunca hubiera creído decirle a ese hombre, jamás en toda la vida:
—No...
Aquel monosílabo fue tan fugaz y discreto que a Ikari le pareció que había sido producto de su imaginación, por lo que tuvo que preguntar a la chiquilla que estaba frente a él:
—Perdón, ¿dijiste algo?
—Yo dije... no...
—¿No? No, ¿qué?
—No voy a dejar la escuela— sentenció la chiquilla, alzando por fin la mirada, desafiante —Y tampoco voy a dejar de ver a Rivera... él es el único que se ha interesado por mí desde que llegué a este país, es la única persona a la que le importa un carajo lo que suceda conmigo... así que no pienso dejar de verlo, aunque sea usted quien me lo diga...
La expresión de desconcierto total en el pétreo rostro de Ikari explicaba mejor que cualquier otra cosa lo que en esos instantes sentía. Rei aprovechó entonces su desazón para continuar con su súbito estallido de rebeldía, encarándolo sin algún dejo de temor:
—He hecho todo cuanto me ha pedido, Comandante Ikari, cosas que incluso iban en contra de todo mi sistema de creencias, pero aún así accedí a todo por la promesa que me hizo cuando me convenció de venir aquí. Pero que me pida hacer algo como esto, algo que traicionará a mi propio corazón... es algo que ya rebasó cualquier límite concedible... y es hasta ahora que caigo en la cuenta de lo tonta que he sido todo este tiempo al creer en sus palabras. Ó digame entonces, ¿dónde quedó la verdad de mi origen, comandante? ¿Porqué aún no me ha querido contar qué le pasó a mis padres, quiénes eran ellos? Lo más importante aún: ¿quién soy yo, Comandante Ikari? Usted me prometió la respuesta a todas esas preguntas si lo acompañaba, señor, y hasta hoy no las he obtenido. Lo único que he conseguido al venir aquí fue quedarme sin un hogar y sin seres queridos. ¿Cuándo tenía planeado decirme lo que sucedió en el convento, ese lugar al que me dijo que podía volver cuando yo quisiera? Ahora tan sólo es un páramo árido lleno de cenizas, y todos los que conocía han muerto... ¿Y para qué? ¿Por unos experimentos blasfemos, sin sentido alguno? ¿Por una supuesta guerra venidera contra seres celestiales, los mensajeros de Dios? ¡Explíquemelo todo de una vez, que para mí ya nada tiene razón de ser! ¡Es por culpa suya que estoy a punto de perder la razón, Gendo Ikari!
Una vez que había terminado su retahíla de reclamos, la acalorada muchachita aguardó por una respuesta, en tanto recuperaba el aliento y trataba de mantener en orden la avalancha de pensamientos que sacudía entonces su cabeza. Por otra parte, Ikari la observaba como a una completa desconocida, viendo a la jovencita frente a él completamente transfigurada en otra persona, pero una vez que consiguió recobrar la compostura pudo levantarse de su asiento y se puso a deambular por la amplia oficina, con un gesto melancólico pintado en toda su faz.
—¿Sabes? No te lo había dicho, pero tengo un hijo más ó menos de tu edad— comenzó a decir con aire vago y meditabundo —Verte comportándote de esta manera, como toda una chica normal, me hizo pensar en él. No nos hemos visto hará cosa ya de unos diez años, más o menos. No desde que murió su madre. Desde entonces ha vivido con familiares, que aunque le tienen cariño y lo cuidan como si fuera suyo, no pueden reemplazar el amor y protección de sus propios padres, eso lo sé bien. Por desgracia mi trabajo me ha mantenido alejado de él durante todo este tiempo, y aunque he intentado verlo en algunas ocasiones, varios contratiempos lo han impedido, uno de ellos ha sido su renuencia a saber cualquier cosa de mí. Creo que me culpa por la muerte de su madre, y quizás, de cierto modo, puede que tenga razón. Aún así, de haber tenido la determinación necesaria, estoy seguro que nada me hubiera impedido ver y estar con mi hijo. Pero al estar en la posición en la que me encuentro, he tenido que poner en balanza muchos aspectos de mi vida sobre las responsabilidades que se me han encomendado. Y es por eso que he llegado a la conclusión de que, por mucho que me duela, no puedo ser un padre si de mi trabajo depende la supervivencia de toda la raza humana. Desde siempre las necesidades de muchos deben imponerse sobre las de unos pocos, y es así como salvaremos a este planeta de la aniquilación total. Yo no tengo una formación católica, como tú, así que el llamar "Ángeles" a las criaturas que enfrentaremos no me provoca el mismo conflicto que a ti. Pero comprendo bien lo que dices, los ángeles son mensajeros de Dios y luchar en contra de sus emisarios es como ir en contra de Él. ¿Pero qué otra alternativa nos queda? ¿Esperar dócilmente por nuestra destrucción? A mi modo de ver las cosas, si de cualquier modo nos iremos al Infierno, qué mejor hacerlo que peleando contra todas las posibilidades. ¿Quién sabe? Tal vez resulte, a fin de cuentas, que en lugar de un juicio todo esto se trate tan sólo de una prueba que los humanos debemos superar. Esa es la esperanza a la que me he aferrado durante todo este tiempo, es lo que me ha hecho seguir a contracorriente, esa es la razón por la que he negado mis deberes como padre y es la causa por la que he sentido mi obligación el protegerte de todo mal y peligro, puede que incluso de ti misma y de conocimientos que te causarán más perjuicio que beneficio, como la tragedia sucedida en tu convento ó la terrible verdad que te espera si es que llegaras a descubrir de dónde vienes realmente... esa es la clase de dedicación que pido igualmente a los que trabajan conmigo, tal es el tamaño de la responsabilidad que llevamos y que ahora, aunque me cueste mucho trabajo, debo pedirte que lleves conmigo... es un camino difícil y pesado, pero al final lo habremos recorrido por el bienestar colectivo.
Ayanami sintió entonces un nudo en la garganta, sintiendo desvanecerse sus ánimos rebeldes al solo escuchar las palabras de ese hombre, que aún con todo, seguía causándole una profunda impresión cada vez que estaba a su lado. Sin embargo, aquél día las palabras no serían suficientes para convencerla de volver a alinearse a los designios de Ikari. Para ello haría falta más, mucho más, y así se lo hizo saber:
—Todo eso es bastante conmoverdor, Comandante Ikari, pero no dejan de ser más que evasivas y rodeos, palabras solamente, y las palabras van y vienen. Estoy aquí, en este momento, y las decisiones que he tomado ya no las puedo cambiar, ya no puedo volver el tiempo atrás. Pero lo que sí puedo hacer es tomar las riendas de mi destino y comenzar a elegir por mi misma, y hoy elijo estar con Rivera. Y ni usted ni nadie más puede decirme que haga lo contrario...
—Ahora lo entiendo— pronunció Ikari mientras volvía a tomar asiento —Lo impensable ha sucedido: te has enamorado de ese sujeto. No, no es necesario que lo niegues. Aunque resulte difícil de creer, yo también fui joven alguna vez y reconozco muy bien esa mirada. Tampoco es que quiera saber como fue que pasó. Lo que sí, es que hubiera preferido que este momento nunca llegara. En mi ingenuidad, pensé que podríamos evitar que tuvieras que pasar por algo como esto. Será mejor, entonces, que tú también te vuelvas a sentar. Me has exigido respuestas, y es justo que te las dé, dadas las actuales circunstancias. Una vez que sepas quién eres en realidad todo te será más claro, sabrás la importancia que tendrás en los acontecimientos venideros... y la razón por la cual no puedes estar con el incauto de Rivera... ni con nadie más...
Aunque renuente en un principio, la aturdida jovencita terminó por aceptar la propuesta y volvió a sentarse frente al pensativo hombre detrás del escritorio. Aunque en esos momentos de incertidumbre no podía estar segura al respecto, presentía que lo que a continuación le sería revelado pondría una vez más su mundo entero de cabeza, y pese a que durante años había estado buscando la verdad oculta tras sus orígenes, ahora que había llegado el momento de descubrirla se encontraba a sí misma llena de expectación y algo más, reptando desde la base de su columna: temor.
Luego de una noche de desvelo pasada entre juegos, tabaco y alcohol, Misato despertaba al nuevo día cargando a cuestas una fuerte jaqueca, síntoma inequívoco de una resaca provocada por una deshidratación severa. Debido a las incoherencias de la vida, era convención general tratar con otro diurético, como el café, los estragos ocasionados por la falta de líquidos, pero la ahora Capitana Katsuragi se encontró a sí misma sin los implementos más esenciales para su preparación: granos de café y agua caliente, esto a causa de su descuido al hacer las compras y al haber olvidado pagar la cuenta del gas. Por tal motivo es que en esos momentos iba por el pasillo a las afueras de su departamento, aún en pijama y arrastrando los pies, incapaz de coordinarse correctamente. Llegó hasta la puerta de sus vecinos de a lado, a quienes llamó insistentemente mientras golpeaba la puerta:
—¡Jerry! ¡Cheng! ¡Quien sea, olvidé a quien le toca esta guardia! ¡Necesito con urgencia cafeína en mi sistema! ¡Ayúdenme, por favor, ó creo que me voy a desmayar ahorita mismo!
Sabedora de que ambos sujetos la encontraban sumamente atractiva, y por lo tanto se desvivían por complacerla cada vez que así lo requiriera, a Katsuragi le pareció inusual que ninguno de los dos se hubiera asomado por la puerta en el acto. Volvió a llamar una segunda, y hasta una tercera vez, y fue entonces cuando supo que algo andaba mal, sobre todo por que al posar la mano sobre el pomo de la puerta descubrió que ésta había sido dejada abierta.
—¿Muchachos? ¿Está todo bien allí adentro?
Apenas cuando entreabrió el umbral obtuvo su respuesta en la forma de sangre seca embarrada por todas las paredes y pisos del departamento, así como en los cuerpos ya sin vida de sus empleados. La impresión que obtuvo con semejante descubrimiento, está de más decirlo, fue mayúscula, suficiente para despejarle los humos de golpe.
—¡Ay, mierda! ¡Mierda y más mierda!— exclamó atónita, sintiendo su sangre congelarse para de inmediato salir corriendo de aquella escena del crimen.
Así como estaba fue que pegó carrera para poder llegar a su vehículo, en tanto hacía uso de su teléfono celular en tanto corría por los pasillos de su edificio a medio vestir:
—¡Habla Katsuragi! ¡Solicito apoyo de inmediato, el Segundo Elegido corre grave peligro! ¡Muevan sus traseros y trasládense a su ubicación de inmediato, es cosa de vida ó muerte! ¡¿Me han entendido?!
En cosa de nada ya había llegado hasta su automóvil estacionado y lo ponía en marcha, quemando llantas en dirección a la escuela de Kai, rogando a cualquier deidad que pudiera escucharla que no fuera muy tarde aún.
Un par de horas antes que eso transcurriera, el joven Doctor Rivera se hallaba por ingresar al plantel educativo donde supuestamente cursaba sus estudios de secundaria. Encontraba de mal gusto que las autoridades escolares hicieran acudir a sus alumnos en sábado para obligarlos a realizar labores de limpieza en todas las instalaciones, pero a la vez estaba agradecido por ello, ya que le habían dado la excusa perfecta para verse con Rei, precisamente en aquél día tan especial y el paquete que llevaba a cuestas seguramente tendría algo que ver con los planes que tenía dispuestos para aquél día.
El 14 de Febrero, día que se celebra el Amor y la Amistad, cobra especial importancia entre los estudiantes japoneses. Ese día es costumbre entre las jovencitas de aquella nación asiática el obsequiar una porción de chococolate, de las presentaciones más diversas, a aquella persona en la que tengan algún interés amoroso, aunque también lo hacen con sus otros compañeros o familiares como un gesto de consideración. A su llegada Rivera encontró su casillero repleto con tales golosinas, y asimismo tuvo que ingeniárselas para atender y despachar lo más gentilmente posible a la legión de ávidas chiquillas que buscaban su atención.
Así que, aunque no fuera un día de clases en forma, la jornada escolar estaba bastante agitada, por lo que el muchacho se vio obligado a adoptar un perfil bajo y mantenerse oculto, siempre pendiente del momento en que pudiera encontrarse con Ayanami, quién aún no se dejaba ver por esos parajes.
Como suele suceder en esa clase de ocasiones, cuando uno espera un evento con grandes expectativas, Rivera encontraba con sumo pesar que ese día por el que había guardado tanta ilusión estaba resultando ser un chasco. El ingrediente más importante, por el que esa fecha sería tan especial, estaba ausente y sin visos de aparecer pronto. Miraba fijamente el paquete del que no se había despegado durante toda la mañana, como si en él pudiera encontrar la solución a su predicamento. Estaba desilusionado, a punto de darse por vencido y volver por donde había venido, abatido, derrotado.
Dispuso hacer un último intento por encontrar a la joven, suponiendo que desde un lugar más alto podría ver si es que ya venía en camino ó por lo menos que estuviera en las inmediaciones, por lo tanto enfiló sus pasos hacia la azotea del edificio de la escuela. Al salir de su escondrijo paseó la vista una última vez por el lugar, dispuesto a marcharse antes de hundirse más en el desánimo si es que no obtenía los resultados deseados. "Sabía que debí haberme quedado en la cama... y todo por nada" pensaba con amargura al tiempo que subía penosamente por las escaleras. No obstante, algo que apenas alcanzó a entrever apenas abrió la puerta lo hizo exclamar de repente, atónito por lo que estaba atestiguando:
—¡¿Pero qué diablos...?!
El muchacho por poco caía fulminado por la impresión que le causó ver a Rei detrás de la baranda que delimitaba el contorno del techo, con un pie balanceándose sobre el vacío que le aguardaba adelante, sosteniéndose solamente con un brazo, acaso como si estuviera tomando impulso para saltar.
—¡¿Qué carajo crees que estás haciendo?!— vociferó enseguida, sin atreverse a hacer cualquier clase de movimiento brusco que hiciera a la chica precipitarse —¡¿Te has vuelto loca ó qué te pasa?! ¡Eso es peligroso, deja de estar jugando!
Ayanami entonces volteó a verlo, con una expresión desencajada que le hizo desconocer a Rivera aquél rostro, que lo observaba impasible, casi como si no estuviera ahí. La veía mucho más pálida que de costumbre, con los ojos hundidos y su característico brillo desvanecido por completo. Todo su ser transpiraba una sola sensación, bastante palpable para el desesperado joven a sus espaldas: completa desolación, tristeza absoluta. Su presencia alterada era como un vórtice, un agujero negro que despojaba de esperanza todo lo que le rodeara, al igual que lo hacía con Kai, cuya certeza de que la vería caer de un momento a otro crecía cada vez más.
—Vete de aquí— demandó la afligida señorita de cabello color del cielo, en un timbre mucho más apagado y monótono de lo habitual —Ya no quiero tener nada que ver contigo... olvídate de mi, y de que alguna vez existí...
—Calma... calma...— pronunció el muchacho, alzando los brazos y avanzando hacia ella con suma precaución —Si así lo deseas, me iré de inmediato y nunca más volverás a verme... pero no lo haré hasta que te quites de ahí y estés en piso firme...
Lejos de hacerle caso, la chiquilla pareció desentenderse de él y se asomó aún más al vacío, tanto que por un momento a su acompañante le pareció ver que estaba levitando en el aire, de no ser por la mano con la que se sostenía del barandal.
—¿Qué...? ¿Qué crees que estás haciendo, exponiéndote de esta forma?— inquirió Rivera pausadamente, aprovechando que no era visto para avanzar un par de pasos más hacia ella —¿Te das cuenta siquiera de lo que estás haciendo?
—Estoy... despidiéndome de este mundo, al que no pertenezco. Ahora lo veo todo con claridad, me han abierto los ojos. Ahora sé la razón por la que todo el tiempo sentía que no encajaba en alguna parte, cualquier parte.
—¿En serio? ¿Y qué razón podría ser esa?
—Que algo como yo nunca debió existir. Soy un error, una anomalía. Mi vida misma es una grave equivocación, un terrible pecado, que estoy a punto de corregir.
—Chica, estás empezando a hablar como una desquiciada, y eso me está asustando... no tengo idea qué fue lo que se te metió, pero si sé que si saltas, eso sí será un grave error. Ninguna vida es un error, todas son invaluables y una vez que se pierde una no se puede recuperar... y para mí, tu vida es más valiosa que cualquier otra... piensa bien lo que haces antes de cometer cualquier locura, por favor...
—No sabes lo que dices— respondió Ayanami con suma amargura, desbordando por cada uno de sus poros —¿Y cómo podrías hacerlo, después de todo? Nadie podría siquiera imaginarse el horror que se esconde detrás de mi apariencia humana... en el interior... soy un monstruo sin alma... ¡Sí, un monstruo! ¡Eso es lo que soy! ¡Monstruo!
—Con que un monstruo, ¿eh?— pronunció el chico, que para sorpresa de ella ya estaba sentado a sus pies al lado suyo, de lo que no se había percatado hasta entonces —Ya es otra cosa que tenemos en común, en ese caso. ¡Vaya que se sienten las corrientes de aire desde aquí!
—¿Cómo...? ¿Cuando fue que...?— vaciló la sorprendida jovencita, pero sin estar dispuesta a cambiar de proceder —¡Ya basta! ¡Si te me acercas más voy a saltar, en este mismo momento! ¡No puedes detenerme, déjame en paz!
—Hazlo entonces— sentenció Rivera, poniéndose de pie ágil y velozmente, sujetándola de la mano antes que la chiquilla se diera cuenta de lo que pasaba —Salta, si eso es lo que quieres. Pero no pienso soltarte, así que lo más probable es que también me arrastres a mi muerte. Es una lástima, porque aún tenía muchas cosas por hacer. Y, además, eso te convertiría en una asesina despiadada...
—¡¿Cómo... cómo te atreves?! ¡Suéltame ahora mismo! ¡No estoy jugando, estoy hablando en serio!
—¡Y yo también!— dijo entonces el muchacho, encarándola —¡Si tú saltas yo también lo haré! ¡Así sabrás la desesperación que se siente el que una persona tan importante para ti quiera quitarse la vida sólo por que sí!
—¡No! ¡Tú no lo entiendes, jamás podrás entender cómo me siento!— decía la muchacha, histérica mientras forcejeaba por liberarse de su agarre —¡Yo no soy como tú, ni como cualquier otra persona! ¡Mi vida no vale nada, es insignificante! ¡Ni siquiera debería estar viva! ¡Y si muero, otra más me reemplazará! ¡Es mejor así, por que estoy harta! ¡Harta de todo y de todos! ¡Harta de tener que lidiar con esta alienación sofocante, este hueco en mi corazón, cada día, todo el día! ¡Y haberte conocido fue lo peor de todo! ¡Si no te hubiera conocido, tal vez hubiera tenido el valor de hacer esto mucho antes, me habría ahorrado tanta confusión, tanta desesperación! ¡Tú solamente viniste a complicar aún más las cosas! De no ser por ti... de no ser por ti... no hubiera podido albergar falsas esperanzas... con cosas de las que jamás podré formar parte... me habría podido ir mucho antes... así, quizás, no hubiera tenido que saber lo qué soy realmente... Pero... seguramente que la que venga en mi lugar será mejor que yo... Tal vez ella podrá amarte también, y podrá hacerlo tal como se debe... sin restricciones ni vacilaciones... ¡Todo puede estar bien, puede estar mejor! ¡Sólo déjame...! Déjame solucionarlo... sólo déjame... morir...
Luego de semejante estallido emocional y de varios intentos estériles por zafarse de la mano de Kai, aquella atribulada jovencita de mirada escarlata se fue quedando sin habla, ya fuera por la falta de aliento ó el intenso sentimiento que la devastaba por dentro. Incapaz de cualquier forma para derramar lágrimas, únicamente se mantenía con la cabeza gacha en tanto su cuerpo se estremecía periódicamente con una suerte de escalofrío.
—En serio que eres increíble...— mencionó Rivera por su parte, extrañamente calmo —Simplemente me parece sorprendente que alguien tan lista como tú... pueda ser tan estúpida. ¡Y así es como te estás comportando, como una completa idiota!
El shock que le produjo escuchar tal clase de insulto por parte de aquél joven, del que jamás hubiera pensado que llegaría a decirle algo como eso, causó que la muchacha volviera a alzar la vista, sorprendida de lo que acababa de suceder.
—Dices que no importa si te mueres, por que al fin y al cabo alguien más te reemplazará. ¡¿Se puede saber quién putas crees que puede sustituirte?! Óyeme y entiéndelo bien: si te avientas ahorita mismo, aún si obtuviera después una muestra de tejido de tu cadáver embarrado en el piso y llegara a desarrollar una réplica genética exacta tuya, idéntica a ti hasta en el número de cabellos, todo un clon en la extensión de la palabra, aún así esa persona no serías tú y jamás podrías ser tú. Un ser humano es más que sus genes y el modo en el que nació... un ser humano es también todos los sucesos que ha experimentado, todas las personas que ha conocido, todas las emociones que ha sentido. Y eso es lo que te hace valorar la vida humana, por que a pesar de que somos más de mil millones de habitantes, no hay alguien que sea igual a otro. La humanidad en su conjunto es un mosaico hecho de contrariedades y diferencias... En toda la Historia, nunca ha habido ni habrá alguien como tú, ó como cualquiera de los otros mil millones de tipos que deambulamos en este diminuto punto azul del universo. Eres única, inigualable, irrepetible, y lo más importante de todo, estás viva en este momento... ¿Qué otra cosa puede importar? Yya te dije antes que no creo en divinidades que nos cuiden ó guíen nuestros actos, ni mucho menos en el destino manifiesto. Pienso, en cambio, que una serie de circunstancias sucesivas y entrelazadas una con la otra nos ha permitido existir, justo aquí y ahora, y que contra todas las probabilidades tuve la dicha de poder conocerte. Eso sí que es un auténtico milagro. Es por eso que la existencia humana es hermosa, y es por eso que tu vida es tan valiosa, no es algo que tires a la basura solamente porque tuviste un mal día ó una mala racha en los últimos meses.
Durante el transcurso de su soliloquio, Ayanami jamás le despegó la mirada de encima y por unos instantes sus ojos parecieron recuperar su brillo extinguido. No obstante, fue poco lo que duró dicho efecto en ella, pues ni bien había terminado cuando una vez más volvía a dirigir la vista al vacío que le aguardaba a sus pies.
—Tengo que decir, además, que no pudiste ser más inoportuna, ni escoger peor día para querer echarte de cabeza a tu muerte— continuó Kai entonces, mostrándole el paquete que llevaba consigo —Estuve esperando precisamente este día durante semanas, planeé cuidadosamente cada evento e instante de esta fecha que me permitiría poder obsequiarte esto, y tú lo acabas de arruinar todo con tu demencia repentina. Por lo menos, antes que ambos acabemos como pizza en la acera de abajo, ten la decencia de abrir tu regalo de cumpleaños.
Una vez más en esa tumultuosa mañana, Rei volvía a quedarse sin aliento, sus ojos abiertos de par en par mientras murmuraba, estupefacta:
—¿Cómo... cómo lo supiste?
—Tengo mis recursos, preciosa... y debo decirte que me pareció bastante conveniente que hoy también sea San Valentín, así me has ahorrado otro regalo. Adelante, ábrelo... yo procuraré ir calculando el ángulo de caída que necesitaremos para morir al instante y evitar una agonía larga y dolorosa.
Los dedos entumecidos de Ayanami comenzaron a romper con pulso trémulo, ansioso, el envoltorio de papel estampado con el que estaba recubierto su presente.
—En realidad... este día es cuando las hermanas me recogieron, en el convento. Nunca supe realmente cuál era mi fecha de nacimiento, por lo que siempre utilizábamos este día para saber mi edad. De todos modos, aún si yo... ¿Qué? ¿Qué es... esto?
Del interior de la caja emergió un bodoque informe de peluche que pretendía pasar como un pingüino, ó por lo menos fue el único parecido que Rei pudo encontrarle, en tanto el animal de juguete le devolvía su gesto de extrañeza con la mueca deforme dibujada en su pico y grandes ojos de plástico, los cuales, por cierto, no concordaban entre sí.
—¿Te gusta? Lo cosí y rellené yo solito— admitió Rivera hinchado de orgullo, sin reparar en el semblante contrariado de su compañera —Me pinché un par de veces con la aguja y terminé cosiéndome también la camisa, pero aún así creo que me quedó bastante bien. Se trata de mi mascota, un pingüino de aguas termales llamado Pen-Pen. Misato jamás hubiera permitido que te regalara al real, así que hice esta copia de felpa sólo para ti. Lo mejor de todo es que también canta, sólo aprieta su barriga para que lo escuches.
La muchachita procedió como se le instruía, apretando el cuerpo del juguete, donde además tenía cosida una silueta de corazón con una mica de plástico encima, en cuyo interior Kai había colocado otra de sus fotografías donde aparecía con una ridícula mueca de galán televisivo. Dicha acción al parecer activó un pequeño reproductor musical, pues de inmediato comenzó a escucharse una melodía que la chica ya conocía para aquél entonces:
"Cada vez que pienso en ti
nace un mundo dulce y nuevo
porque brilla en tu mirar
una nueva luz de ensueño..."
La melosa balada en español que el joven le había dedicado meses atrás, en aquella serenata que había terminado con él empapado y tras las rejas. Esta vez, sin embargo, tenía un arreglo diferente, pese a que era interpretada igualmente por Rivera. El ritmo y compás era mucho más acelerado, casi enloquecido. Seguramente lo había hecho para adaptar la canción al único estilo musical del que tenía noticia que le gustaba a Rei.
"Un milagro brilla en tu mirar
trayendo luz a mi vivir,
siento entonces que van a estallar
el Sol y el mundo entero en nuestro amor,
amoooor, amooooor, amoooooor...
¡Amor!"
Ayanami guardaba silencio incluso momentos después que hubiera terminado la canción, sin saber qué hacer ó qué decir. El solo hecho que aquél torpe y descuidado jovenzuelo se hubiera tomado la molestia de averiguar cuando era que se festejaba su cumpleaños y le hubiera hecho un obsequio por dicha ocasión, ya era más que suficiente para hacer que su perturbado corazón brincara de gusto. Era algo que incluso el Comandante Ikari no había hecho. La hacía sentirse, una vez más, reconocida, tomada en cuenta. Era un gesto que validaba su existencia ante alguien más.
—Pienso que... generalmente, no soy así de cursi, ni detallista— mencionó Kai al percatarse de las cavilaciones de la muchacha —Es algo que la mayoría del tiempo me cuesta bastante, de lo que simplemente me desentiendo. Pero contigo... contigo es otra cosa totalmente distinta... siento que nada es demasiado para ti y pongo todo mi empeño en cosas que anteriormente me habrían parecido superfluas, vacías, absurdas... justo como este amasijo de felpa cantor y la empalagosa melodía que reproduce... pero, lo que sucedes es que... esta canción me hace pensar en ti, desde que nos conocimos. Pienso que expresa a la perfección todo lo que siento cuando te veo a los ojos, y sobre todo, lo prodigioso que resulta que hayamos podido coincidir en este tiempo y lugar, es algo por lo que siempre estaré agradecido, aunque no sé a qué ó quién darle las gracias por eso, estoy feliz, feliz por haberte encontrado cuando ni siquiera sabía que te estaba buscando.
De nueva cuenta la jovencita volvía a sentir aquella opresión en el pecho, sintiendo ser estrujada por dos fuerzas en oposición directa, una de ellas su deseo ya innegable por estar junto a Rivera por siempre y para siempre, y la otra... la otra era la horrible verdad que pesaba sobre sus hombros. Asímismo, estrujaba al ave de peluche entre sus brazos de la misma forma que esas dos fuerzas invisibles lo hacían a capricho con ella.
—Yo también...— dijo al cabo de un rato, en el que pudo juntar valor suficiente para volver a hablar —Yo también estoy bastante agradecida por haberte conocido. En retrospectiva, eres una de las mejores cosas que me han pasado. Gracias a ti la vida dejó de ser gris y lamentable, y en lugar de eso se convirtió en un emocionante paseo del que nunca sabía que esperar. Tus sentimientos... son cálidos, reconfortantes, me hacen sentir mejor conmigo misma y con el mundo. Nadie, jamás, me había hecho sentir lo que tú. Si acaso las circunstancias fueran distintas, si yo fuera cualquier otra persona... no dudaría ni un solo instante en corresponder a todo eso que sientes por mí, nada me haría más feliz que estar a tu lado... pero... por desgracia... soy lo que soy... y no puedo cambiarlo. Y es por eso que no puedo estar contigo, no puedo amarte... y siendo así, ni siquiera sé si quiero seguir viviendo...
Rei observó el horizonte que se divisaba en la lejanía con sumo pesar y resignación. El gesto de amargura en su rostro parecía ser indeleble y de buena gana se hubiera arrojado en ese mismo momento, de no ser porque Kai aún la seguía sujetando. Éste la observó detenidamente, atento a cada movimiento suyo, y en aquellos momentos le parecía tan frágil, tan necesitada... tan indefensa...
—¡Maldita sea, no puedo resistirlo más tiempo!— musitó repentinamente el muchacho, harto de tratar de razonar con ella, jalando a su cautiva del brazo para atraerla hacia él, quedando ambos frente a frente —¡Lo que tienes de hermosa lo tienes de necia y testaruda, eres imposible! ¡Si no entiendes razones, a ver si puedes entender esto!
Antes que la sorprendida chiquilla pudiera siquiera reaccionar al rápido acontecer de los eventos, el astuto joven aprovechó su desconcierto para, finalmente y luego de tanto tiempo de andanzas, poder plantarle un largo, apasionado beso sobre sus labios desprevenidos.
Una intensa descarga de adrenalina sobrevino a ambos en aquél momento que parecía duraría por siempre. Rivera se aferraba a la muchachita como a la vida misma, aprovechando cada resquicio para poder hundirse más sobre su aliento y estrecharla más entre sus brazos. En cambio, en primera instancia Ayanami trató de apartarse lo antes posible, sin resultado alguno, viéndose incapaz de liberarse de los fuertes brazos del atrevido jovencito que le había robado su primer beso. No obstante, de la misma manera que se veía imposibilitada para escapar, así también la señorita de mirar escarlata se reconoció incapaz de seguir reprimiendo sus sentimientos ni de resistirse a la abrumadora sensación de bienestar que la embargaba, y terminó por rendirse a sus impulsos, permitiéndose devolver el inusitado gesto amoroso mientras rodeaba con los brazos la espalda del muchacho.
Fue de tal modo que ambos jóvenes quedaron trenzados, unidos como dos polos magnéticamente opuestos, impelidos a permanecer juntos al borde del abismo que les aguardaba, fundidos en un prolongado beso que era el resultado de meses enteros de idas y venidas, lo cual, en su conjunto pintaba una estampa poco convencional, si es que alguien los hubiera podido ver en esos momentos.
Fue al cabo de diez, quince minutos aproximadamente, que los muchachitos encontraron el ánimo suficiente para suspender el contacto entre sus labios, aunque fuera solo para reponer el aliento, si bien seguían abrazándose el uno al otro.
—Yo... yo... lo siento... lo siento tanto...— se excusaba futilmente Rivera —No pude... no pude contenerme más tiempo... tenía que besarte ó estallaría, pero no queria que fuera así... yo siempre pensé que sería... que sería mucho más...
—Soy yo la que tiene que disculparse— dijo Ayanami, apoyando su frente sobre el pecho del joven balbuceante —A pesar de lo que dije, a pesar de lo convencida que estaba, de la determinación que había tomado... al final fui débil, y terminé cediendo... y por eso... es probable... es probable que termines sufriendo, y todo por mi debilidad... lo último que quiero hacer es lastimarte...
—¿Y cómo se supone que sería eso?
Rei guardó siencio nuevamente, queriendo concentrarse en disfrutar lo más que pudiera ese mágico momento, tratando en vano de prolongarlo tanto como fuera posible. Sería, quizás, el único instante que podría estar junto a la persona que había elegido su corazón.
—Porque no puedo quererte de la forma que lo haría una chica normal. Porque, por más que lo desee, no puedo estar contigo. Y porque aún si pudiera estarlo, aún si pudiéramos amarnos libremente, de cualquier manera jamás podría darte el hijo que tanto quieres. Y lo más importante de todo, el principal obstáculo para que lo nuestro funcione, es porque tú no sabes...— respondió al fin —Tú no sabes... lo que soy yo... y si alguna vez lo llegas a saber, querrás alejarte para siempre de mí... y tampoco quiero que eso pase... no creo... no creo que pueda soportarlo...
—¡Pero qué estupidez! ¡Claro que sé quien eres! ¡Duuh!— Kai la sujetó entonces gentilmente de la barbilla, para sacar su compungida carita de su escondite, haciéndola que mirara hacia arriba para establecer contacto visual —Tú eres... tú eres... el amor de mi vida... y es lo único que realmente cuenta, sin importar a qué dediques tu tiempo libre, ya sea que seas una bruja espacial, viajera del tiempo, aparición espectral ó un ser con poderes divinos... eres lo que mi corazón siempre anheló y buscó, y ante todo, eres con quien quiero estar, nada más importa para mí...
En esos momentos Rei se volvía a encontrar a sí misma perdida en la dulce mirada esmeralda del joven frente a ella, cautivada por su influjo y las gentiles palabras de amor que le eran profesadas. Ya fuera por la debilidad que acusaba adolecer, fuera por una repentina y genuina convicción que había nacido dentro de ella ó simplemente por puro instinto, en el transcurso de ese delicioso trance sus labios poco a poco comenzaron a dibujar una radiante sonrisa que mostraba a su compañero.
Éste por poco y se precipita al vacío, casi desmayado por la impresión que le causó ver sonreír por primera vez a su amada. Era una visión tan espectacular que no tenía palabras para describirla, mucho menos para expresar el torrente de emociones que se arremoliban en su interior, producto de aquél singular suceso. Ni bien se había repuesto del todo, mareado y aturdido como se encontraba, cuando intempestivamente fue la propia joven que le arrebató la razón quien ahora le sujetaba el rostro y lo regresaba al paraíso dándole otro prolongado beso.
—Eso fue... eso fue...— musitó Rivera, una vez que terminó —Eso fue... guau...
—Hermoso— dijo entonces alguien más, aplaudiendo pausadamente —Eso fue simplemente hermoso, conmovedor. Lo más bello que he podido ver en mucho, mucho tiempo...
El par de jovencitos voltearon de inmediato hacia el recién llegado, avispados por su súbita intervención. El hecho de que les estuviera hablando en español hizo que a Kai se le crisparan los nervios, y lo hizo con justa razón, una vez que reparó en la pistola de alto calibre con el que su inoportuno visitante les apuntaba en aquellos momentos.
—Amor de estudiantes... es el mejor de todos— continuó el desconocido con un dejo de ensoñación y nostalgia, sin bajar su arma un solo momento —Créanmelo, nenes, nada puede superar esto que tienen ahora mismo... disfrútenlo mientras puedan...
Rivera miró con atención al sujeto que, literalmente, los mantenía al filo del abismo. Un corpulento hombre rubio, ya algo entrado en años, tal como sus canas lo delataban. Su expresión cansina hablaba de fatiga pero aquellos fríos ojos de gavilán lo alertaban que se encontraba en presencia de un implacable depredador, que no dudaría en jalar el gatillo llegado el momento ó la ocasión para hacerlo.
—El Frente de Liberación Mundial— masculló el muchacho entre dientes, mezcla de rencor e impotente resignación.
—¿Tan obvio soy, en serio?— repuso el gatillero con sorna —El nombre es Miguel Ángel Pitti, muchachitos, y si bien es cierto que aún formo parte del F.L.M., hoy me encuentro ante ustedes por un asunto meramenrte personal...
—La presentación está de más, señor— decía Rivera buscando ganar tiempo, en tanto se hacía el disimulado para marcar una tecla en su celular, el cual llevaba en el bolsillo —Sólo eres el payaso en turno que quiere matarme, es lo único que necesito saber...
Un zumbido se escuchó en esos momentos, para desconcierto de todos, incluido el pistolero, quien al cabo de unos momentos sustrajo de sus ropas un teléfono móvil, que era el causante de dicha conmoción. El muchacho se puso blanco como sábana al ver el dispositivo en manos de ese matón, quien ahora lo veía con deferencia:
—¡Ah, así que estabas hablándole a los refuerzos! Lamento decirte que te estuvieron timando todo este tiempo, muchacho, ese par de boludos no podrían cuidar ni a su puta madre, les rompí el orto más rápido de lo que me fumo un tabaco... yo que vos, mejor los devolvía a la tienda, fueron una vergüenza como guardaespaldas, no eran más que unas sabandijas vividoras...
El enterarse bajo esas circunstancias del deceso de sus empleados dejaba sin opciones al desesperado muchacho. Si bien aquél argentino de mierda se veía bastante abatido, a punto de desfallecer, no por eso dejaba de ser un combatiente experimentado, capaz de liquidarlo en el momento que así lo quisiera. Además, Rei estaba allí, y tampoco podía arriesgarse a que saliera lastimada en caso de oponérsele de algún modo. Ya no se trataba de un juego, ni de niños jugando a ser pandilleros. Estaba inmerso en una situación que escapaba completamente a su control, y era bastante posible que aquél funesto encuentro sería el que terminaría llevándolo a la tumba. Era pues, el final del camino para él. Pero no tenía que ser necesariamente también el de Rei.
—Cualquier problema que tengas, lo tienes conmigo solamente. La chica no sabe nada, déjala que se vaya y ya después podrás hacerte el héroe macho matándome...
—Por si no te has dado cuenta, niño imbécil, no estás en posición de pedir nada... te tengo agarrado de las bolas y soy yo el que decide quien se va y quien se queda, y si me pega la puta gana ahora mismo hago que los dos se maten echándose un clavado desde donde están...
—Pero antes de eso, supongo que primero querrás escupir todas las razones por las que me merezco morir y como todo el mundo te agradecerá por librarlo de mi malignidad, ¿ó no es así?— Rivera estaba muy consciente que los estaba arriesgando al provocar de ese modo a su agresor, pero aún así se veía sin otra alternativa para maniobrar —Anda, entreténme con el cuento de como vas a vengar a toda esa pobrecita gente que se murió por mi culpa, los otros tipos fueron bastante ingeniosos al respecto.
—¡Jo, jo, jo! ¡Soy un libro abierto para vos, no puedo creerlo!— ironizó el pistolero de buena gana, pese a todo —¡Es como si fuéramos almas gemelas, dos gotas de agua! Pero tenés algo de razón, simplemente no podía llegar y matarte sin más, por muy sencillo que eso hubiera sido... no sabes la suerte que has tenido para poder llegar a ver el día de hoy, fiera, juro que si alguien más se lo propone ya estarías bajo tierra desde hace un buen rato... por lo menos, en las semanas que estuve observándote a vos, tuve más de cinco oportunidades para mandarte derechito al infierno y sin escalas, con todo y guardaespaldas y jamás te hubieras dado por enterado.
—Pero, no lo hiciste... y eso fue porque...— el chiquillo observaba de reojo el lejano piso a sus espaldas, calculando la altura a la que se encontraban y las posibilidades de sobrevivir a una caída desde ahí, las cuales no eran muy halagüeñas —...Porque seguramente te diste cuenta lo buen tipo y simpático que soy, lo que te hace un loquito que debe buscarse otro pasatiempo porque no hay manera que puedas atreverte a matarme... ¡Vamos, di que es eso!
—¡Ja, ja, ja, qué bárbaro! ¡Mirá que sos ingenioso!— aún cuando riera de buena gana con las ocurrencias de su víctima, no por eso el gatillero dejaba de apuntarle con el arma —Aunque no estás tan equivocado. Verás, no te maté antes porque primero tenía que saber si ibas a poder parar todo lo que se nos viene encima. Así que te he estado observando todo este tiempo, como angelito de la guarda, mientras trabajabas, mientras jugabas, mientras comías, mientras dormías y mientras hacías... esto de aquí... y ahora que hablo con vos, puedo saber, con toda seguridad, que no eres el monstruo sádico, cruel y come-gente que se dice en todos lados que eres. Sos, antes que nada, un simple niño. Un simple niñito como cualquier otro, que tuvo la fortuna ó la desgracia de tener dones que nadie más tiene. Pero es por eso, por que sos un muchachito nada más, que he concluido que no estás listo para toda la mierda que se nos viene. Verás, tengo que matarte, pero no por todas las personas que has matado, sino por las muchas otras más que se salvarán si vos mueres. No es que te quiera muerto, sino que te necesito muerto. Hay un mundo de distancia entre una cosa y la otra, y espero que una persona inteligente como vos lo pueda comprender. Aún cuando no tengo muchos estudios, me considero un conocedor de la naturaleza humana y de la geopolítica bajo la que se mueve el globo. Por lo mismo, he podido ver las condiciones actuales en distintos frentes y con ese conocimiento soy capaz de anticipar acontecimientos venideros. No hay forma que lo sepas, pero la verdad es que te encuentras justo en medio de varios poderes en pugna, fuerzas que ni siquiera te imaginas que existen, pero que acabarán con todos nosotros en su afán de obtener algo de ti. Pensaba que tal vez había la forma que pudieras hacerles frente con tus propios recursos, pero en estos momentos me es claro que la solución más viable, sino es que la única, es quitarte del tablero por completo. No digo que sin tu presencia nos salvaremos todos, pero sí serán muchos más que contigo vivo...
—No, no... tú estás mal... ¿Cómo puedes decir eso, si no me conoces tanto?— dijo al aire Rivera, en tanto discernía la mejor manera de envolver a Rei para amortiguar su caída —La verdad es que te sorprenderías de lo que soy capaz de lidiar y soportar en circunstancias adversas... ¿qué mejor ejemplo que éste? Digo, en estos momentos cualquiera estaría gimoteando y suplicándote piedad, en cambio yo estoy tratando de mantenerme ecuánime y entablar un diálogo, buscando una solución pacífica a todo este enrollo el que nos hemos envuelto...
—Estás tratando de distraerme, hijo de puta, quieres ganar tiempo para ver si de alguna forma milagrosa alguien viene a salvar tu culo ó por lo menos el de esta pobre mina que no tiene puta idea de lo que pasa ó de qué carajo estamos hablando. Nada de eso está funcionando, y por el contrario, refuerza mi creencia que no tenés lo necesario para detener la matanza que se viene. Ya no estamos hablando de ideologías aquí, ni siquiera de justicia social. Ya no es el F.L.M. contra el Imperio Americano ó las Naciones Unidas. Es simple y llanamente la supervivencia de toda nuestra especie. He visto el mismísimo Infierno a los ojos, y puedo decirte que el Infierno no es un lugar, sino un hombre. Un hombre como ningún otro ha habido. Un hombre con un odio inmenso hacia todo y a todos, y que va contagiándolo a su paso, como un virus. Un hombre que no se detendrá hasta acabar con todo en este planeta, simplemente por que sí. Alguien así masticará y escupirá a alguien como vos en cosa de nada. Eso es algo que no se puede cambiar, ahora lo sé... pero, contigo fuera del juego... algunos podrán salvarse de su ira demente. Quizás... quizás tu muerte lo apacigüe un poco, lo suficiente para que alguien más pueda encontrar el modo de acabarlo, ó por lo menos reunir los medios necesarios para contenerlo. Esa es la apuesta que estoy corriendo en este mismo momento, en este lugar...
—De acuerdo... de acuerdo...— suspiró Kai, resignado, alzando los brazos —Ya expusiste tu punto y las razones por la que estás aquí, fastidiándome el que pudo haber sido el mejor día de mi vida. Al parecer estás muy decidido y ya me percaté que no hay cosa que yo pueda decir para convencerte de hacer lo contrario. Si piensas que matarme hará que el coco deje de asustarte por las noches, estás en todo tu derecho de creerlo. Estás aquí por el bienestar colectivo, y eso es algo muy noble desde cierto punto de vista. No eres un loco fanático más, sino una persona razonable que piensa que sabe lo que hace. Es por eso que tengo que apelar a esa razón tuya, para hacerte ver que matar a esta pobre chiquilla incauta no tiene nada de honorable, matarla te servirá de nada, y en cambio sólo perjudicará tu causa. Acabemos de una vez con lo nuestro, pero antes déjala que se vaya. Es joven, e inexperta. No tiene que pasar por una experiencia tan traumática como a la que estás a punto de exponerla. Y es claro que no tienes que preocuparte por que te identifique. Es decir, estamos en Japón, si alguien como tú ha podido andar libre por este país es porque alguien más así lo ha querido. Además, tengo la sensación que este no es sólo el último día para mí, ¿cierto, compañero? Basta con un rápido vistazo para saber que tampoco te queda mucho tiempo... así que, ¿qué tienes que perder? La dejas ir, me matas y salvas al mundo, y a la vez le salvas la vida a una talentosa jovencita que quizás en un futuro sea lo que derrote al malvado monstruo al que tanto temes. ¿Lo ves? ¡Todos ganamos!
—Sos un cagado— musitó Pitti —Pero en algo tienes razón... de algún modo, me encuentro algo generoso el día de hoy, además no quisiera que se anduviera diciendo por ahí que me gano la vida matando colegialas... anda pues, dile a tu noviecita que se despida de vos y que se largue cuanto antes, si no quiere acompañarte en el más allá. Y de pasada, haz que cambie el color de tinte para cabello y de lentes de contacto que usa, que con esa pinta parece el retoño del mismo Satanás...
—Ahí tienes tu boleto de salida— dijo entonces Kai a Rei, en japonés —Este lunático cree que no puedes entender lo que está diciendo, así que no tendrá problema en dejarte ir... será mejor que te apresures, antes que el bastardo cambie de opinión.
—No— se negó la muchacha de inmediato —No pienso dejarte aquí, para que este loco te mate como a un perro. Tiene que haber otra solución, una forma de que...
—La hay. Tienes que encontrar a Misato lo más pronto que puedas, y decirle lo que está pasando. Yo seguiré entreteniendo a este greñudo piojoso tanto como pueda, cuento contigo para que traigas a la caballería antes que otra cosa suceda...
Ayanami lo observó con sumo detenimiento, su rostro contraído en un marcado gesto de aflicción.
—Ambos sabemos muy bien que eso no va a pasar— pronunció desairada la jovencita —En cuanto ponga un pie fuera de aquí este hombre pondrá una bala en tu cabeza y será el fin...
Igualmente, Rivera se tomó su tiempo para observarla a conciencia, sabedor de que aquellos eran sus últimos momentos junto a ella, para luego responder, tratando de generar confianza y ocultar el pavor que empezaba a apoderarse de su ánimo:
—Es muy probable que así suceda. Pero, y esto es lo más importante, tú estarás a salvo, y con eso me conformo. De todas maneras, siempre supe que así es como terminaría todo para mí, no había algún otro final esperándome. Puedo decir que me voy feliz, satisfecho, pues di una buena pelea durante estos catorce años y lo mejor de todo fue que pude llevarme un beso tuyo. Así que no te preocupes por mí, que aunque ya no esté por aquí, el mundo seguirá dando vueltas y nada cambiará. Pero este momento que acabamos de compartir ya nadie nos lo puede quitar, ni siquiera un orate con un arma. Puedes irte, entonces, sabiendo que me hiciste muy feliz en mis momentos finales, y que gracias a ti pude partir sin arrepentirme de cualquier cosa. Vamos, yo te ayudo, ven...
El muchacho entonces se inclinó, ofreciendo sus manos para que le sirvieran de escalón y pudiera apoyarse mejor sobre la barandilla, que le llegaba a la cintura, la cual brincó después sin hacer mucho esfuerzo. Se encontraba ya del otro lado, por lo que solo tenía que dar unos cuantos pasos más para alcanzar la puerta y la relativa seguridad que había detrás de ella. Pero Rei no estaba muy convencida de irse, volteando de nuevo hacia su compañero que seguía con el abismo a sus espaldas, mirándolo desconsolada y sin saber qué hacer.
—¡Pibe, tu noviecita ya me está poniendo nervioso y eso no le conviene, para nada!— advirtió Pitti, que comenzaba a sentirse de nuevo ansioso, respirando con algo de dificultad —¡Dile que se largue, pero ya! ¡Ó vas a verla morir primero, antes que te mate!
—Ya lo oíste, tienes que irte— pronunció Rivera, con voz trémula y sintiendo como sus rodillas le fallaban —Vive feliz, y vive bien, mi amor, hazlo por los dos. Fue todo un gusto conocerte, mi querida Rei Ayanami...
La joven observó entonces, con sumo detenimiento, la sonrisa que se dibujó en los labios del muchacho, un gesto cálido y sincero justo como el que ella le acababa de obsequiar hacía cosa de unos momentos. Un gesto cuya intención podía adivinarse claramente, el cual era de despedida. En ese brevísimo instante, todo el tiempo que había pasado junto a aquél infortunado chiquillo se condensó en una suerte de película que pasó rápidamente frente a sus ojos, sin poder resignarse del todo a su trágico desenlace. Le parecía una sádica crueldad que el destino los hubiera puesto juntos en el mismo camino sólo para separarlos tan abrupta y violentamente, justo cuando parecían haber encontrado la felicidad el uno en el otro.
Por su parte, un intenso ardor en el pecho y un súbito mareo provocaron que, pese a todo su esfuerzo, el guerrillero argentino se sintiera desvanecerse, por lo que hubo de apoyar una rodilla en el piso en tanto se empeñaba en seguir apuntando a su objetivo, temiendo cualquier movimiento de éste. Fue tanta su fijación en Rivera, y tanta su concentración en no desfallecer allí mismo, que olvidó por completo a la chiquilla de aspecto raro que les acompañaba, la que, impulsada sin duda por un extraño arrebato detonado por sus sentimientos a flor de piel, se abalanzó sobre él apenas vio la oportunidad para hacerlo, sin ponerse a pensar jamás en las consecuencias de sus actos:
—¡No!— dijo ella, tajante, sujetando su brazo, queriendo que soltara el arma que sostenía —¡Él no! ¡Soy yo la que se tiene que morir! ¡Mátame a mí!
—¡Maldita... perra loca!— farfulló Pitti, completamente enrojecido, casi postrado y sintiendo como el corazón estaba a punto de reventarle. La única prueba que necesitaba para su deplorable condición era que no podía quitarse de encima a aquella escuálida jovencita —¡Hija de puta, te voy a volar los jodidos sesos!
Como un animal rabioso en medio de un ataque, los dientes de Ayanami se clavaron sobre la muñeca del pistolero, que comenzó a sangrar copiosamente luego de soltar un profundo alarido de dolor, el cual pudo escucharse a través de todo el edificio, alertando a todos de que algo estaba sucediendo en el techo. De todos modos el gatillero se aferró a su arma, así como Rei a él, pues ni siquiera después de asestarle un puñetazo en pleno rostro la chiquilla lo soltaba ó siquiera dejaba de morderlo, acaso se tratara de un perro de presa.
—¡Rei, ya basta!— gritó Kai, quien apenas salía de su estupor inicial y reaccionaba al vertiginoso acontecer de los hechos. Ni siquiera podía creer lo que estaba presenciando, así de surrealista le parecía toda la escena. Saltó el barandal que los separaba tan rápido como pudo, y así fue como también se dirigió hacia ellos, queriendo ante todo preservar la vida de la enloquecida muchacha —¡Deténte, por favor, vas a hacer que te maten!
Lo que a continuación transcurrió, fue en un abrir y cerrar de ojos, sucedió tan rápidamente que se hubiera necesitado reproducir toda la acción en cámara lenta para poder entender con cabalidad todo lo que pasó. El pistolero y la joven continuaban forcejeando, trenzados en una suerte de baile obsceno, por lo pegados que estaban sus cuerpos, dando giros sobre su eje hasta alcanzar el otro extremo del barandal que delimitaba el perímetro de aquella azotea. Una vez ahí Rei quedó sobre el sudamericano, a quien comenzó a empujar para proyectar la parte superior de su cuerpo fuera de la barandilla. Tomando nuevos bríos, fuera por su desesperación ó por la rabia que sentía por dentro, Miguel Ángel encontró las fuerzas necesarias para sujetar a su atacante y arrojarla fuera de la azotea. En su vuelo, la muchacha alcanzó a sujetar por el cuello al gatillero, con el impulso y fuerza suficiente como para arrastrarlo en su caída y hacerlo compartir su misma suerte.
—¡Nooo!— gritar desaforado fue lo único que pudo hacer Kai Rivera, el único testigo de aquél fugaz acontecimento, llegando demasiado tarde para poder ayudar en tanto observaba impotente como la gravedad arrastraba el cuerpo de su compañera hasta el inevitable y fatídico encuentro con el piso, unas decenas de metros más abajo.
El tiempo se detuvo para él en esos angustiosos instantes, clavando su atónita mirada en el extrañamente apacible semblante de la jovencita mientras que parecía flotar en el aire en lugar de caer a una muerte casi segura. Sus ojos se volvían a encontrar una vez más, aunque aquella parecía que sería la última vez que lo hicieran, en tanto que en la oquedad del momento el joven se maldecía a sí mismo por no ser uno de los personajes de las tantas historietas que había leído hasta entonces, alguien que pudiera detener el tiempo con algún sortilegio mágico, ó alguien capaz de volar y salvar a su amada de un destino fatal. Alguien que fuera capaz de hacer cualquier otra cosa que no fuera solamente quedarse ahí parado, viendo a la persona que amaba caer en el vacío hacia su tumba.
Los cuerpos de aquellos desdichados finalmente golpearon el piso, haciéndolo con un rumor seco, que aún así logró acallar todo cuanto estaba a su alrededor. A la distancia, ambos parecían meros muñecos de trapo, deshilachados en medio de algún juego que se tornó bastante brusco como para que sus costuras lo resistieran. Aquella espeluznante visión dejó perplejo y sin habla a Rivera, cuya atribulada alma se desgarró en jirones con la contemplación del ser amado en tan lastimoso estado. Dicha estampa lo perseguiría en sus pesadillas incluso mucho después de sucedido el percance.
Fue dominado por tal estado de ánimo que el desesperado jovencito se volcó hacia la puerta, para comenzar a descender rápidamente la escalera que conducía a la planta baja, brincando por completo la extensión total de todos sus tramos, de la misma manera como un practicante consumado de parkour lo hubiera hecho. Al mismo tiempo que bajaba hablaba por su celular, dejando de lado cualquier precaución en su premura por llegar con Ayanami.
—¡Habla Rivera!— vociferó enloquecido en cuanto obtuvo respuesta del otro lado del enlace, ejecutando sus arriesgados lances —¡Necesito una ambulancia de inmediato en el patio de la Secundaria Número Uno de Tokio 3! ¡Sí, otra vez, maldito imbécil! ¡La Primer Elegida, Rei Ayanami, acaba de caer de la azotea de un edificio! ¡No, aún no sé si todavía está viva, pero muévanse, puta madre! ¡Los quiero aquí, YA!
En cuanto alcanzó el nivel inferior pudo escuchar nítidamente los gritos de horror de los primeros curiosos que llegaban a presenciar el trágico hecho, por lo que pudo orientarse aún mejor para llegar cuanto antes al sitio donde Rei y el guerrillero habían caído.
—¡Lárguense de aquí, idiotas!— gritó Kai al péqueño grupo de curiosos que comenzaban a arremolinarse en torno a los heridos, dispersándolos para abrirse paso —¡Vayan y avisen a los maestros, díganles que pidan una ambulancia!
Ninguno de los presentes se opuso a su demanda, y de inmediato atendieron sus deseos, retirándose cuanto antes del lugar, con el claro presentimiento de que entre menos estuvieran involucrados sería mucho mejor para ellos.
Cuando llegó hasta la muchacha ya sólo quedaba él, y nadie más, pero fue hasta entonces que cayó en la cuenta que no contaba con entrenamiento ni el equipamiento necesario para atender una emergencia de aquella magnitud. La paciente parecía encontrarse inconsciente, pero aún así quiso comprobar que aún tuviera pulso, el cual se le mostró excesivamente débil, como era de esperarse, pero aún así el que aún estuviera con vida le significó un gran alivio, pese al terrible estado en que se hallaba la policontundida muchacha.
El rechinar de las llantas de un vehículo que había ingresado a toda marcha, y que ahora frenaba repentinamente, le avisó de la llegada de Misato, quien bajaba del auto compartiendo su misma apuración, completamente desaliñada y casi en paños menores, interrogándolo apenas lo vio:
—¡Oh, por Dios, oh por Dios!— se santiguó primero, incapaz de reaccionar a lo que estaba presenciando, balbuceando frenética —¿Estás bien? ¡¿Estás bien?! ¿No te pasó nada? ¡¿Qué carajos pasó aquí?! ¡Ay, mieeerdaaa! ¡No me digas que esa de allá es Rei! ¡¿Pero qué putas madres le pasó?!
—¡Contrólate, mujer, no estás siendo de ayuda!— le contestó el joven en el mismo tenor, sin darse cuenta que estaba igual ó más enloquecido que ella, alzando la voz para que se escuchara por encima del cada vez más cercano ulular de las sirenas —¡Quita el carro de ahí para que le abras paso a la ambulancia, y después llama a Ikari para que tenga lista la sala de shock del hospital y se consiga a los mejores cirujanos del país! ¡Apresúrate, con un demonio!
—¡Diablos, diablos, diablos...!— mascullaba la aturdida mujer, en tanto se apuraba en hacer lo que se le indicaba.
Por su cuenta, y sin percatarse que se había vuelto una especie de tirano energúmeno, dando órdenes despóticas a todos los que se le pusieran enfrente, cuando volvió a quedarse solo Rivera se encontró a sí mismo desconsolado, y sintiendo como las fuerzas le flaqueaban se dejó caer en el piso justo al lado de su desvanecida amada, sin saber qué más hacer por ayudarla. La amargura y la impotencia lo dominaban, pero también la ansia de no ser capaz de darle rienda suelta a su frustración en un copioso llanto, que parecía negársele cada vez que lo requería, pese a sus muchos esfuerzos por conseguirlo. Lo cierto es que Kai Rivera no lloraba desde hace más de diez años, y parecía haber olvidado como hacerlo. Sintiéndose desgarrado por dentro, solamente pudo desahogarse lanzando un hondo lamento que desgarraba sus cuerdas vocales a la vez que daba de puñetazos al piso, acaso como queriendo vengarse de él por el daño que le había provocado a la muchacha.
—Vamos... vamos...— escuchó entonces decir a alguien, apenas con un hilo de voz. Al alzar la mirada descubrió a Pitti, postrado sobre un charco de sangre unos cuantos metros más adelante, en mucho peores condiciones que la chica, y aún así se las arreglaba para mantenerse consciente —No nos pongamos sentimentales ahora, por favor... ¡Carajo, cómo duele morirse! Pero... de todos modos... no debes lamentarte por tu novia, pibe, no... nosotros... nosotros somos los afortunados. Nos vamos a morir... sin tener que estar aquí cuando... cuando el Infierno se desate... cuando el Doctor y sus legiones vengan por ti, quemando todo a su paso... cuando eso pase... ¡Mierda, duele!... cuando eso pase, créemelo, los vivos van a envidiar a los muertos... pronto sabrás a lo que me refiero... cuando llegue ese momento, vas a recordar esto que te digo... y entonces desearás, con toda tu alma, que te hubiera matado este día... después de todo, los muertos ya no pueden sentir dolor... el dolor de ver consumido todo aquello que alguna vez... amaste...
Como a un juguete al que se le acaba la batería, así fue como se fue extinguiendo la voz de Miguel Ángel Pitti, el implacable pistolero sudamericano, quien encontraba su final en aquellas lejanas tierras, tan lejos de lo que alguna vez llamó su hogar, lejos de aquél parque de juegos donde transcurrieron sus momentos de mayor felicidad en la vida, al lado de entrañables amigos de la infancia que ahora se desvanecían en las voraces sombras del tiempo y el olvido.
Tan pronto como se calló, Rivera se desentendió de él, más ocupado en hacerse a un lado para que los paramédicos atendieran de inmediato a la joven malherida a sus pies. Asimismo, sus palabras póstumas se desvanecieron de su memoria con la misma celeridad, sin darle demasiada importancia a los desvaríos de un hombre moribundo. Quizás, con el tiempo, se le revelaría que no todas las advertencias debían tomarse en vano ni a la ligera. Pitti, sin embargo, no murió en ese instante, sino unos cuantos minutos después, a bordo de la ambulancia que lo transportaba hasta el hospital. Tampoco era que sus rescatistas hubieran puesto mucho empeño en mantenerlo con vida.
Caso contrario fue el que ocurrió con Rei Ayanami, como era de esperarse. Los paramédicos hicieron hasta lo imposible por mantener sus signos vitales, y una vez en la sala de urgencias ya la estaban esperando los mejores médicos del área y la más moderna tecnología médica para lograr estabilizarla y salvarle la vida. Pasó varios días en terapia intensiva, con pronóstico reservado, pero finalmente sus deseos por vivir y una insólita capacidad de sanación se habían impuesto contra todas las adversidades, aparentemente, por lo que por fin se pudo vaticinar que pese al trauma recibido, la jovencita se recuperaría.
Como era de suponerse, al carecer de familiares y allegados cercanos, la infortunada chiquilla no recibía muchas visitas y su percance, aunque sórdido y trágico, no pasó de ser una mera anécdota en los pasillos del Geofrente y de su propia escuela. No fue hasta el día que la niña salió de terapia intensiva cuando el Comandante Ikari y el Profesor Fuyutski se apersonaron en el hospital que era atendida, y aunque por ese entonces el ex Vice-Ministro del Interior, Ryuzaki Ozú, estaba siendo procesado por haber permitido la entrada a Japón al guerrillero extranjero que perpetraría aquél salvaje hecho, el viejo académico sabía muy bien quién era en realidad el verdadero responsable de aquella tragedia, y no pasaba día en que no se lo hiciera saber al mismo.
—Para serte sincero, llegué a pensar que este momento jamás llegaría— decía al aire el enjuto profesor, sentado al lado de su socio en el pasillo contiguo a la habitación donde había sido trasladada la paciente hacía cosa de unos momentos —El que una jovencita tan frágil como Rei pudiera recuperarse de una caída como esa... es algo simplemente increíble, y debo decir que también bastante afortunado para todos nosotros.
Gendo llevaba varios días mucho más parco que de costumbre, ensimismado y desconcertadamente reflexivo, por lo que no se tomó la molestia de secundar el comentario de su cómplice, quien continuó pese al aparente desdén del que era objeto:
—Hablo en serio, Ikari, no creo que tengas idea de la suerte que tuvimos en esta ocasión. Esta bala pasó demasiado cerca, y no había razón para que así lo fuera, si es que hubieras tenido el tino de haberme escuchado antes. No me malentiendas, que no disfruto más de otra cosa que ver como tus metidas de pata se regresan y te estallan en la cara, pero cuando un elemento tan importante para nuestros planes está involucrado, como Rei en este caso, me preocupa bastante lo contrapoducente que puede ser tu obstinación.
Fuyutski se encontraba de nuevo monologando, para entonces soltar un hondo suspiro cuando caía en la cuenta de ello. En varias ocasiones, podía ser un trabajo extenuante el actúar como consejero y conciencia a la vez del hombre que llevaba el destino del mundo entero sobre sus hombros.
—Por lo menos espero que tú mismo tengas la decencia de saber en qué fue con lo que te equivocaste en el manejo de todo este asunto. Antes que otra cosa, Rei Ayanami es un ser humano, y por si fuera poco, una joven adolescente, con determinaciones y anhelos propios. No puedes llegar a su vida de repente e imponerle tus designios como lo haces con todos los demás que tenemos la desdicha de trabajar contigo. Lo que quiero decir es que necesitas de una aproximación mucho más sutil para persuadirla a que coopere con nosotros. Todos estos años la habíamos dado por perdida, y el que pudiéramos encontrarla viva luego de tanto tiempo fue más que providencial. Y ahora, por tu estupidez, estuvimos a punto de perderla de nuevo, esta vez para siempre. Piensa en ello y comienza a valorar la real importancia que esta muchacha tiene para nuestros planes...
—Señores— lo interrumpió una enfermera que salía del cuarto —Rei ya está lista para recibirlos, pueden pasar cuando gusten...
Kozoh se levantó enseguida y se dirigió a la puerta, en espera de que el taciturno comandante se le uniera, lo que hizo al cabo de unos segundos más, lapso que, al parecer, fue el que le tomó decidirse a la acción.
Una vez dentro, ambos oficiales dirigieron su atención a la jovencita que reposaba plácidamente en la cama en medio de aquél enorme cuarto, de los más grandes disponibles en aquella instalación hospitalaria. Como casi siempre, su rostro se mantenía inexpresivo, por lo que si su condición le provocaba alguna molestia ó dolor, no lo manifestaba de alguna forma aparente. Había sufrido varias fracturas expuestas, por lo que su cuerpo presentaba vendajes y yeso en distintas partes, el más visible era el que llevaba en su brazo derecho y alrededor de la cabeza, donde había sufrido un severo trauma. De igual modo el ojo derecho, donde había recibido el fuerte puñetazo de Pitti, le tuvo que ser cosido y protegido con una gasa, pues estuvo a nada que se le desorbitara con la fuerza del golpe. Lo único bueno de todo era que su columna no presentaba afectaciones pese a lo aparatoso de la larga caída. Al parecer, el cuerpo del atacante había absorbido la mayor parte del impacto al momento de haber caído.
—Hola, Rei— tuvo que saludar el profesor, pues Ikari aún permanecía en silencio —Qué enorme gusto es poder verte de nuevo, sabiendo que pronto estarás mejor...
—Se lo agradezco, Sub-comandante Fuyutski— contestó la chiquilla en su habitual tono mecánico.
—¿Hay algo que podamos hacer para que te sientas más cómoda? ¿Estás conforme con este cuarto, ó preferirías uno con una vista más amplia, mejor iluminado? ¿Tienes el suficiente personal de enfermería a tu disposición ó hace falta que se te asigne a alguien más? Queremos poner todo lo que esté de nuestra parte para hacer que tu proceso de recuperación sea lo más confortable posible, si necesitas algo no dudes en pedírnoslo...
—Muchas gracias, Sub-comandante Fuyutski. De momento me encuentro bien, y no me gusta ser una carga para otros, pero si llegara a necesitar algo más se los haré saber.
—Rei— interrumpió Gendo entonces aquél diálogo cordial, pero estéril —Yo... lamento mucho todo lo que ocurrió, todo ha sido mi culpa.
Los ojos del anciano profesor se abrieron a su máxima capacidad, estupefacto por estar presenciando la primera ocasión en la que su hosco compañero admitía una falta y pedía una disculpa.
—Ahora... ahora lo entiendo mejor— continuó Gendo, enfocándose solo en la niña que convalecía delante de él —Debí haber tenido en consideración tus sentimientos, y debí haberte ayudado a manejarlos de una mejor manera. Eres tan lista, tan madura, que a veces olvido que sigues siendo una muchachita nada más. Deposité mucha presión sobre ti, y este lamentable suceso fue una consecuencia de semejante negligencia. Te prometo... prometo que no volverá a suceder, seré mucho más cuidadoso de ahora en adelante, te pondré mucha más atención y quiero pasar más tiempo contigo. Quiero que trabajes más de cerca conmigo y con el profesor, así podrás entender qué es todo lo que hacemos en este lugar y estarás más conciente de la importancia que tienes para todos nosotros. No tienes que volver a sentirte sola, abandonada, nosotros... yo, sobre todo... estoy aquí, para ti, siempre que así lo necesites. Estos días fueron una pesadilla para mí, sin saber si vivirías ó no, sin tener la certeza de volver a verte con vida. Pero también me fueron de mucha utilidad. Me sirvieron para reflexionar muy profundamente, y es ahora que he entendido que no puedo forzarte a reprimir ó esconder tus sentimientos. No puedo mandar sobre tu corazón, no es algo que me corresponda, ni a mí ni a nadie más. Pese a lo peculiar de tu origen, sigues siendo una persona. ¿Me oyes? ¡Una persona! Con todo lo que eso conlleva, y una de esas implicaciones es que solamente tú puedes decidir con quién quieres estar... a quién quieres amar. Tienes una voluntad y determinación propias, úsalas para escoger el rumbo que desas tomar. Y si ese camino te lleva hasta a Rivera... bueno... eres bastante inteligente, así que confío que tomarás la decisión correcta y que, con el tiempo, podrás ver por ti misma la verdadera naturaleza de ese mocoso patán arrogante... entonces, en ese caso, no tengo por qué oponerme de cualquier manera a que estén juntos, si es que así tú lo quieres.
Sus dos acompañantes lo observaron boquiabiertos durante todo el tiempo que duró su exposición de motivos, perplejos por su modo de hablar y aquellas palabras que nunca hubieran creído que le escucharían alguna vez. No obstante, en el semblante de Ayanami se adivinaba a la vez cierto brillo incierto que bien pudiera ser de entusiasmoó ensoñación, ó cualquier otra cosa que la jovencita fuera capaz de experimentar en aquellos singulares momentos, después de haber pasado por tantas tribulaciones.
—Yo... no sé que decir, Comandante Ikari— contestó la vacilante muchachita —Sólo que... oírlo hablar de esta manera... significa mucho para mí... gracias...
—No tienes que agradecerme, Rei, soy yo el que está en deuda contigo. Ahora, el profesor y yo debemos retirarnos, como bien sabes nos manejamos siempre con un horario bastante apresurado, pero tienes mi número personal por si necesitas cualquier cosa. Concéntrate en descansar y en recuperarte, que estaremos esperando por tu regreso...
—Haré mi mejor esfuerzo para que sea lo más pronto posible, Comandante...— respondió Rei, con un entusiasmo rara vez visto en ella.
—Cuídate mucho— dijo Gendo, asientiendo con un ademán de cabeza a la vez que abría la puerta para retirarse, aparentemente satisfecho por el resultado de su corta visita —Vendré a verte en cuanto me sea posible...
Apenas había salido de la habitación y se estaba dando vuelta para emprender la marcha, el hombre barbado y su encanecido acompañante se toparon de frente con el joven Doctor Rivera, quien al parecer también iba a ver a la paciente recién trasladada. Si Ikari había pasado días muy malos desde aquél incidente en que la Primer Elegida por poco pierde la vida, los de Rivera habían sido mucho peores, tal como demostraba su talante devastado, ojeroso y desarreglado. Aún así, ambos se las ingeniaron para dirigirse la más hóstil de las miradas, sin siquiera dignarse a cruzar palabra el uno con el otro. Tan rápido como ocurrió el fugaz encuentro, así fue como concluyó, con el muchacho introduciéndose al cuarto y con Gendo apurando el paso para salir de ese lugar.
—Espero que sea verdad por lo menos la mitad de lo que le dijiste a esa pobre chica— pronunció Fuyutski apenas se quedaron solos, rumbo a la salida del hospital —Y que por fin te olvides de ese disparate de matar a Rivera... tendrás que encontrar la forma de soportarlo para hacer que su participación, aunque imprevista, pueda acoplarse a los planes.
—Somos dos personas muy inteligentes, Profesor— respondió Ikari, quien ya daba vistos de recobrar su humor habitual —Ya encontraremos la forma de hacer que todo esto funcione en nuestro beneficio. He podido constatar lo arriesgado que resulta exponer nuestros recursos humanos y materiales al atentar contra Rivera en territorio japonés. Sin embargo, no puedo asegurar que sea el mismo caso en tierras extranjeras, y tengo entendido que el chiquillo tiene un viaje en puerta a continente americano. Sabe bien la opinión tan adversa que tienen de él en esas latitudes, por lo que cualquier cosa es posible en el transcurso de su estancia en ese polvorín. ¡Nada nos garantiza que nuestro querido colega pueda regresar a este país sano y salvo!
—Lo que creo más probable es que nos encontramos apenas en el inicio de la historia del Doctor Rivera dentro de nuestro pequeño proyecto— mencionó Fuyutski, detectando las intenciones ocultas en las palabras de su socio, aunque para entonces ya no le provocaban la misma preocupación que anteriormente. Podía estar tranquilo, pues casi tenía la certeza absoluta que no tendría que cargar con la muerte del muchacho en su conciencia, como lo hacía con muchas otras. Después de todo lo ocurrido, tenía la plena confianza que aquél par de jovencitos, aquella pareja tan singular y con tan poco en común, estaban llamados a realizar grandes cosas en el futuro cercano. Era una confianza infundada, basada solamente en un presentimiento, pero con su experiencia de tantos años había aprendido a fiarse de ese tipo de corazonadas, con las que casi siempre acertaba —Por lo que he visto, todavía faltan muchas hojas por escribir en lo que respecta a ese muchacho y quién sabe cuántas sorpresas más nos tenga preparadas... pero en algo tienes razón: en todo lo concerniente a él, cualquier cosa es posible...
—Eso me ha quedado bastante claro— asintió el comandante, reflexivo —Y es por eso que he decidido, en virtud de la incapacidad médica de Rei, mandar traer al Cuarto Niño Elegido. Él será el encargado de activar a la Unidad Uno, y debemos procurar hacerlo antes que Rivera regrese...
—Así que Shinji será quien piloteará el Modelo de Pruebas— suspiró su socio, con cierto aire de añoranza —Parece lo adecuado, lo justo... Pero, no lo has visto en diez años, no sabes nada de él... ¿crees que el muchacho esté preparado para algo así?
—Mas le vale que sí... esta será su primer y última oportunidad para serme útil, y dejar de ser sólo el parásito inservible que se ha empeñado en ser todo este tiempo...
A su vez, el Doctor Rivera entraba arrastrando los pies al cuarto donde se encontraba Rei, con la vista agachada y expresión compungida, como si estuviera a punto de romper en llanto. Se mostraba extrañamente dubitativo y ensimismado, por lo que fue la ecuánime paciente la que tuvo que iniciar el diálogo después de varios minutos que ambos permanecieron en silencio.
—Hola, tú...
Kai apenas si tuvo el arrojo suficiente para alzar su mirar esmeralda hacia donde se encontraba la jovencita, para luego musitar un escueto, casi inaudible:
—Hola...
—Supe que has venido todos los días al hospital para saber de mi condición, pero nunca pasaste a verme en persona. ¿Por qué fue eso?
—Yo... yo...— divagó el alterado muchacho, despojado del valor suficiente para mirarla a los ojos, ya fuera que estuviera temeroso ó avergonzado —No estaba seguro de que podría soportar verte en este estado. Sobre todo... sabiendo que todo esto fue culpa mía. Ryuzaki tenía razón, soy un peligro para los demás. En mi arrogancia, no pude aceptarlo, pero ahora lo veo todo claramente. Debido a mi comportamiento tan obstinado provoqué de más a ese sujeto, y eso lo condujo a la desesperación. Ahora él está en prisión y un hombre perdió la vida. Y tú... la persona más importante para mí en todo el mundo... por poco también mueres. Incluso pudiste haber quedado inválida ó como un vegetal. Y en todo este tiempo no he podido dejar de pensar que todo eso podría haberse evitado si hubiera actuado de una manera más prudente, si tan sólo me hubiera detenido a pensar un momento en lo que estaba haciendo. Pero fui estúpido, egoísta, temerario... y fuiste tú la que tuvo que pagar el precio de mi descuido. Eso es un error imperdonable, que no pienso volver a cometer. Es por eso que tuve que juntar fuerzas para por fin poder verte hoy... tenía que verte, tenía que hablar contigo... para hacerte saber que no volverás a saber de mí. Me voy, mañana mismo, a América. Estaré fuera durante varias semanas, en las operaciones de construcción de la armadura del Eva Zeta, que se tienen que hacer directamente en el sitio de extracción. Es un procedimiento bastante largo y complejo, pero eso me servirá para estar concentrado y dejar de pensar en ti. Así, cuando regrese, podré mantenerme alejado de ti tanto como pueda, con lo que podrás permanecer relativamente a salvo. Ya no tendrás que preocuparte por acabar como daño colateral la próxima vez que un desquiciado trate de volarme la cabeza. Sólo deberás cuidarte de cualquier monigote gigante que pretenda desayunarnos, pero descuida, que estaré ahí para también protegerte de eso. Si hubiera actuado así desde un principio, hoy no tendrías porque estar en un hospital. Me odio a mí mismo, como no tienes idea, por haber sido tan cretino y no haber visto venir algo como esto, lo cual era bastante lógico que sucedería ahora que lo he meditado bien. Y tú estás en todo tu derecho para también hacerlo, pero antes debía verte para poder responsabilizarme de mis actios y ofrecerte una disculpa en persona. Y para poder despedirme de ti sin que nada quedara pendiente entre los dos... así es como debe ser para que todo esté bien en nuestro mundo...
El silencio volvió a imponer su dominio una vez terminada la retahíla de excusas balbuceadas por Rivera. El rostro vendado de la jovencita permanecía tan ecuánime como de costumbre, sin que hubiera en él cualquier seña que pudiera delatar su estado de ánimo.
—Así que esos son tus planes— mencionó ella al cabo de un rato, sin alterarse un ápice —Bien, parece que has tenido tiempo para pensarlo, y te ves bastante decidido, así que no creo que haya algo que yo pueda hacer ó decir al respecto, ¿cierto?
—C-cierto— tartamudeó el joven, mostrándose inseguro —Eso... eso creo... puede que sea algo muy difícil, sobre todo para mí, pero es lo que tiene que hacerse...
—En ese caso, antes que te marches para siempre, hay algo que quisiera mostrarte— contestó Ayanami en el calmoso tono que habitualmente empleaba, con el cual era bastante complicado dilucidar sus verdaderas intenciones —Acércate a mí, por favor...
Desconcertado, el chiquillo avanzó un paso más de su posición original, la que no había abandonado desde que entró a la habitación, quedando entonces a un lado de los pies de la cama.
—Necesito que estés más cerca de mí— indicó fríamente la muchacha —Sigue avanzando, no te detengas...
Tímidamente, como un precavido conejito emergiendo de su madriguera, el joven doctor hizo caso de las instrucciones que se le daban, caminando entrecortadamente hasta que se hubo colocado justo al lado de su compañera, sin despojarse del gesto de extrañeza que llevaba en el rostro desde hacía rato.
—Así está perfecto— continuó Ayanami, impasible —Ahora... agáchate un poco...
Más desorientado que nunca, y preguntándose si todo ese episodio no sería alguna secuela más del golpe que se había dado, dejándola con afectaciones mentales, Kai obedeció y se inclinó levemente, como si estuviera haciendo una reverencia.
—Un poco más... sólo un poco más abajo...— seguía instruyendo la jovencita de cabellera celeste, impertubable, deteniendo a su rehén cuando tenía su cara a un palmo de distancia de la suya —Muy bien, creo que con eso bastará...
Fue en ese justo momento que la tranquila jovencita, de comportamiento discreto la mayor parte del tiempo, se transfomó en una fiera que atrapó a su presa entre sus brazos, depositando un inesperado y bastante prolongado beso en labios del incauto muchacho, que pese a todos los signos jamás vio venir eso. Una vez que pareció conforme, Ayanami soltó al joven, con la misma celeridad con la que había procedido. Volvió a depositar plácidamente su cabeza sobre el almohadón debajo de ella, y ante la perplejidad de su compañero, aprovechó para acotar:
—Levantarme así sigue siendo algo doloroso, pero bien valió la pena.
—P-pero... ¿qué?— musitó Rivera, sin recobrarse todavía de la impresión.
—Voy a querer mucho más de eso en el futuro, ¿entendido?— señaló la señorita, cuya ecuanimidad contrastaba con lo súbito de la demostración de afecto que acababa de tener lugar, y sólo complicaba aún más la afanosa tarea de comprender lo que en ese entonces pasaba por su cabeza —Tú bien lo has dicho: todo es tu culpa. Un cretino bobalicón me besó sin mi consentimiento expreso, mostrándome lo placentero que resulta, y de todo lo que me he estado perdiendo. Lo indicado, entonces, es que ese papanatas se haga cargo de ahora en adelante de satisfacer mi ya constante necesidad por besar sus labios y estar junto a él. Así que vete a América, y haz todo lo que tengas que hacer. Pero una vez que termines, tienes que volver a mí, y seguir en lo que nos quedamos. Ya no puedes dar marcha atrás, tenemos que averiguar hasta donde nos llevará este lío en el que nos has envuelto con tu torpeza.
—Pero... ¿Qué no tienes miedo de volver a salir lastimada? Si estás cerca de mí, corres más probabilidades de que eso pase antes de lo que crees...
—Estoy entrenándome para enfrentar criaturas de más de un centenar de metros de altura, corro el mismo riesgo de salir malherida contigo ó sin ti. Por otra parte, en estos momentos hay cosas que me dan mucho más miedo, y una de ellas es no estar contigo. Es por eso que casi me mato salvándote la vida, por si no te diste cuenta. Finalmente he comprendido... he comprendido que estoy aquí, que estoy viva por alguna razón... cualquiera que ésta sea... y que la vida también puede tener sus buenos momentos, si se comparte con la persona adecuada. He decidido que esa persona seas tú, y es una decisión mía y de nadie más, así que no tienes injerencia al respecto. Si mi corazón me dice que eres tú quien debe estar a mi lado, entonces no tengo más remedio que escucharlo. Y tú también.
Como pocas veces ocurría, Kai Rivera se había quedado genuinamente sin palabras. Su cuerpo entero se estremecía a merced de escalofríos de naturaleza incierta, pero de una anticipación palpable. Su interior era un caldero de emociones desbordantes, a las cuales no encontraba como dar salida. ¿Llorar? Eso le estaba negado, física ó psicológicamente. ¿Gritar? Estaba en un hospital, así que no era lo adecuado. ¿Bailar, brincar? Eso rebasaba su cuota de auto denigración permisible.
—Y-yo... yo...— trastabilló el muchacho, con una mueca vaga —Me pasé noches en vela, imaginando como sería este momento, si es que alguna vez llegaba a suceder. Quería estar seguro de todo lo que diría y haría entonces. Pero ahora que está ocurriendo, en vivo y en directo... no sé qué rayos hacer... ni siquiera... ni siquiera estoy seguro de que sea real. Por lo que sé, en estos momentos podría estar tirado de borracho en mi cama, y todo esto no es más que un sueño, entonces... esa sería una explicación bastante lógica, y lo más triste del caso es que ocurre con mucha más frecuencia de lo que piensas...
—Ven aquí— dijo tranquilamente su compañera —Toma mi mano...
El apabullado joven procedió como le era indicado, sujetando la mano izquierda de la muchachita entre la suya, quedando sus dedos entrelazados en el acto.
—Estoy aquí, contigo— pronunció Ayanami con una voz dulce y apaciguante —Siente mi presencia, esto no se trata de alguna alucinación ó fantasía, es genuino... hay muchas cosas en este mundo que no puedo estar segura si son reales ó no, pero de las pocas cosas que tengo certeza es de esto, de nosotros. Esto, aunque no sé lo que sea, sé que esto entre nosotros... es real. Es quizás lo más real que he tenido en la vida.
—Si lo pones así, tendré que creerte— respondió Kai, sentándose a su lado mientras se perdía en el cautivante carmesí de la mirada de aquella jovencita —Además esto supera, por mucho, cualquier absurdo desvarío que pudiera tener... como aquella vez en la que llegué a pensar que...
Permanecieron de tal modo por mucho rato más, hablando de los temas más diversos que una charla entre enamorados pudiera albergar. Su conversación no era siempre fluida, pero los intervalos de silencio no eran, para nada, incómodos, sino más bien apacibles, reconfortantes. Cuando llegó el momento para despedirse, lo hicieron con la convicción de que la distancia no podría mantenerlos separados por mucho tiempo, que volverían a verse pronto y que cuando lo hicieran, esa vez ya nada quedaría sin resolver entre ambos.
En ese entonces no había forma que cualquiera de aquel par de jovencitos pudiera saber lo que les deparaba el camino oscuro, muy probablemente sinuoso, que se abría delante de ellos, donde la duda y la incertidumbre eran la constante. Pero lo que sí sabían es que querían recorrerlo de la mano juntos. Así como lo pensaba el joven Doctor Rivera, mientras que abordaba la aeronave que lo transportaría hasta territorio americano ocupado, el mañana era algo que no podía dar por seguro, y que ni siquiera sabía si llegaría, sobre todo conociendo de antemano todos los peligros que le aguardaban en el curso de su travesía. Pero el ahora estaba ahí disponible, seguro, y con aquella linda muchachita esperando por su regreso tenía una razón más para seguir manteniéndose aferrado a la enorme rueda de la fortuna que para él era la vida. Por lo menos hasta que el mañana lo alcanzara.
