Capítulo 10: Camino a casa
Nadaba lo más rápido que podía, buscaba tanto en la superficie como en el fondo de foso pero no la encontraba. ¿Le habría pasado algo? ¿Le estaba jugando una broma? ¿O es que en verdad era tan insoportable su presencia que había huido? No, estaba seguro que no se atrevería a internarse sola en la jungla sobre todo después de lo que les pasó hacía un par de horas.
-¡Linnet! ¡Linnet si puedes oirme por favor responde! ¡No es gracioso!- mas que enfurecido estaba sumamente preocupado. Una gran angustia comenzó a anidarse en su alma. No debió decirle que le demostrara lo buena nadadora que era, fue una imprudencia haberla provocado.
Siguió nadando hasta que dio con una abertura en el foso. Había un grupo de rocas que formaban un arco bajo el agua y una misteriosa pero fuerte corriente arrastraba hacia su interior. Seguramente Linnet fue víctima de ella y si fue así nunca se lo perdonaría. Relajando su cuerpo es que dejó que aquella fuerza le arrastrara y llegó a un foso más pequeño, el cual permanecía oculto tras ese a donde llegaron. Logró liberarse de la corriente nadando lo más rápido que pudo, poniéndole todas sus fuerzas y empeñó a la labor.
Salió a la superficie y se abrazó a una enorme roca que sobresalía de entre las aguas, agitado miró una vez más alrededor y sus ojos se cristalizaron al notar aquella prenda que flotaba cerca de la orilla, era uno de los interiores de Linnet, el que cubría la parte superior de su cuerpo. Temiéndose lo peor hizo acopio de las pocas fuerzas que le quedaban y llegó hasta donde estaba aquel pedazo de tela. Contemplándolo en silencio comenzaron a rodar lágrimas por sus mejillas.
-¡Maldito sea mi orgullo! ¡Y el tuyo tambien Linnet Beckett!- golpeó con sus puños el fango resbaladizo de la orilla. Una punzada de dolor le atravesaba el pecho provocándole la mas terrible y sofocante sensación. Lanzó un grito que espantó a más de una de aquellas horribles criaturas que habitaban el lugar. Axel sollozó fuertemente, acomodó aquella tela contra su pecho mientras respiraba profundamente, tratando de recuperar tanto su aliento como su cordura.
Se incorporó apenas sintiéndose el ser mas miserable de todos. La había perdido, el foso se la había tragado, no volvería a ver mas a su adorada Linnet.
Caminó apenas unos pasos y percibió como su corazón ahora se detenía. A tan solo unos cuantos pasos mas estaba ella. Se abalanzó a su cuerpo sin siquiera pensar en su aspecto. Pues solo lucía una delicada prenda que cubría la parte más íntima de su cuerpo. La acunó suavemente contra su pecho y siguió con las lágrimas empapando su rostro pero ésta vez de felicidad, pues claramente percibió como la respiración de la joven era lenta pero rítmica.
-¡Por todos los mares! ¡Estas viva Linnet!- la estrechó todavía con mas fuerza contra su cuerpo. Intentando darle un poco mas de calor a esa vida que seguramente debió luchar muchísimo para no perderse entre aquellas aguas traicioneras. Le acarició el rostro apenas con el dorso de su mano. Los rizos caían sobre aquella espalda desnuda, ni uno de éstos se compadecía de la perfección de aquellas formas que debían ocultarse ante sus ojos. Fue imposible rogarle a su mirada guardara algo de decoro, pues olvidándose de todo dejó que sus ojos se deleitaran con la hermosa visión de ese par de montañas suaves y blandas, perfectamente redondeadas las cuales terminaban en aquellas cúspides gloriosas contraídas por el frío. Descendían hacia la llanura plana de su vientre brindándole el paisaje mas hermoso que jamás hubiera podido admirar. Transparentes gotas de agua formaban hilos que resbalaban de aquellas bellezas, cedió a la tentación de apenas con uno de sus dedos tocar esa ladera que las separaba justo en medio, temblaba, percibía a su sangre hervir, pero el latido de aquel corazón le tranquilizaba, recordándole que no la había perdido.
Entre el cobijo de algunos árboles cercanos se escapaban tenues rayos de sol. Éstos creaban sombras que solo acrecentaban mas la peculiar belleza de Linnet Beckett, esa que Axel no podía dejar de contemplar a sabiendas que podría ser condenado por hacerlo de esa manera tan intensa y a la vez tierna, pues deseaba saborear cada palmo de aquel cuerpo, conquistar sus formas y así hundir a Linnet en el mayor de los placeres que una mujer podría experimentar.
-Debería ir al infierno por la manera en la que te deseo- susurró para sí mismo-eres un hermoso ángel al cual este vil hombre ansía corromper- se sorprendía de esa pasión tan salvaje que la joven despertaba en él y le hacía hablar de esa manera-no, no quiero corromperte, solo quiero mostrarte lo que es ser amada- tratando de controlarse comenzó a desabotonarse la camisa. Con mucho cuidado la deslizó sobre el cuerpo de la chica. Se le dificultó acomodársela debido a que tenía que mover sus brazos. Estaba a punto de terminar cuando clavó sus ojos en la abertura de la misma, la cual se negaba a sellar con los botones, pues era tan hermoso verla así, como si juntos hubieran terminado de disfrutar una noche íntima. Aunque para él, solo contemplarla le hizo experimentar sensaciones todavía más hermosas y únicas que la noche más salvaje y pasional que hubiera vivido.
-¿Por qué no renuncias a tu padre y cedes a mí?- cuestionó- ¿Por qué no me das la oportunidad de demostrarte la verdad? eres el dilema mas terrible y a la vez bello que he tenido- se alejó apenas un poco y juntó algo de leña para prender una fogata, había unos cuantos árboles frutales y se apresuró a colectar algo de comer para cuando ella despertara.
Cuando volvió notó que apenas se movió y titiritó un poco. La levantó del suelo y de nuevo la acomodó contra su pecho.
-¿Linnet? ¿Te encuentras bien?-
Cuando ella abrió los ojos no pudo evitar ruborizarse. El olor varonil de Axel cubrió todos sus sentidos aún nublados por aquel estado de semi inconsciencia en el que estaba. Su visión era algo borrosa pero eso no fue impedimento para notar que la sostenía contra su pecho desnudo, fuerte y firme, pues cada músculo definido parecía dibujarse contra sus formas.
-¿Qué ocurrió? La corriente, no había visto el hueco bajo el agua y luego…
-Descansa- soltó él con suma dulzura, en un tono que ella desconocía en él- tuviste mucha suerte, por un momento pensé que te había perdido- ella abrió los ojos sorprendida. Él lo había dicho sin pensar pero no era mas que la verdad- si algo te hubiera pasado yo…. No se que sería de mí- Linnet se conmovió con sus palabras y levantando su mano tocó apenas la mejilla de Axel, éste la apartó de su piel para luego depositar un beso sobre su palma-
-No hablas en serio, siempre he sido una molestia para ti- él negó con la cabeza-
-no vuelvas a decir eso nunca, no lo eres- al notar que la joven temblaba la acurrucó de nuevo contra su cuerpo. Un escalofrío erizó su piel cuando aquel aliento chocó contra sus formas- Encendí una fogata, no es muy tarde pero no quiero que te resfríes, el camino a casa es muy largo todavía
-Estoy en casa- pensó ella al acomodarse contra esa calidez que luchaba por apartar el frío de su cuerpo-
Las horas pasaron. Axel le ofreció algo de comer pero ella no tenía apetito. Ambos se calentaban ahora en la fogata que él encendió cerca del pequeño foso. Linnet no dejaba de mirarle, cuando despertó estaba entre sus brazos y la verdad es que no deseaba abandonarlos. De vez en cuando él se atrevía a mirarle y ella desviaba sus ojos, era un juego tonto al cual se estaban entregando pues ninguno de los dos se atrevía a admitir lo que estaba pasando. Sobre todo ella, que prefería pensar le salvó solo para poder burlarse de su actitud.
-¿Por qué tengo puesta tu camisa?- se atrevió a romper el silencio que los embargaba hacía un buen rato- ¡Me desnudaste!- soltó ella sacando sus propias conclusiones-
-No, no, la prenda que te cubría la encontré en la orilla. Tu ropa esta en el otro foso, no he podido ir por ella pues no quiero dejarte sola-
-No va a pasarme nada, y si no vas tu yo iré, no vas a tenerme casi desnuda ni un momento mas- Axel no comprendía su repentino cambió de actitud, por instantes era dulce y tierna y en otros esa terrible y altiva chica que su padre seguramente le había enseñado a ser.
Dejándola hacer lo que quisiera se apartó, para sorpresa de ambos Linnet gimió de dolor en cuanto se sostuvo en pié. Axel se incorporó y logró tomarla por la cintura con suavidad
-¿Qué te pasa?- ella seguía algo adolorida. Axel miró hacia el tobillo de Linnet, ninguno de los dos se había percatado que tenía un enorme moretón- Déjame ayudarte- ella no se negó debido a que todavía se sentía le punzaba aquel terrible dolor. El joven la colocó en el suelo, se apresuró a examinar el pequeño pié pero ella por poco le da un puntapié en la cara-¡Solo voy a ver que no te hayas roto el tobillo! ¡Por los mares mujer! ¡¿Qué siempre tienes que pensar mal de mi?-ella se ruborizó ligeramente y dejó que el chico tocara apenas con sus manos esa parte tan adolorida de su cuerpo-
-¡me duele!- soltó ella cuando él presionó el tobillo con uno de sus dedos-
-¡Deja ya de protestar! Lo bueno es que no está roto, lo malo es que tardaremos mas en cruzar la jungla- ella le miró enfurecida-
-¡Puedo caminar igual de rápido con un pié que con los dos!- protestó- Yo no voy a enlentecer nuestro avance, de hecho podemos irnos de una buena vez-
-¡Será mejor que guardes silencio! Fué así como comenzó todo esto y quisiste probarme tus habilidades de nadadora. Vamos a quedarnos a descansar hasta el amanecer, este sitio es seguro. Las fieras no se acercan al fuego así que dedícate a cuidar ese tobillo toda la noche porque mañana te exigiré lo que tanto deseas- ella resopló enfurecida y le dio la espalda, se tendió sobre la escasa hierba que cubría la orilla del foso. Necesitaba llegar a casa de una buena vez. Ya no lo soportaba.
Comenzaron a caer lágrimas por sus mejillas cuando finalmente llegó la noche. Seguía necia en comer algo, solo quería volver donde su padre y olvidarse de ese maldito capitán que se burlaba de ella a cada instante. Su presencia le irritaba demasiado, sabía muy bien porque. Era él único que la ponía en su lugar, hasta ese entonces ni siquiera su padre se había atrevido a hacerlo. Axel Turner sabía como herir su orgullo, pero también sabía como ser tierno y dulce, y por más que intentaba sacárselo de la cabeza le era imposible, sobre todo esa parte de él que solo a algunos se atrevía a mostrar.
-Tengo que volver con mi padre, alejarme de este hombre pues es imposible que…- hablaba consigo misma cuando escuchó un pequeño ruido, disimuladamente levantó un poco su cabeza y alcanzó a ver como el chico se alejaba, parecía ir al otro foso. Ella aprovechó entonces el momento para tomar aquella daga que descuidadamente dejó cerca de la fogata.
Se quedó dormida y él todavía no regresaba. Despertó cuando sintió aquella mano sobre su tobillo una vez más. Estuvo a punto de gritarle una maldición debido a que el dolor que le provocó sintió fue mas intenso que el día anterior.
-Me lo temía, tendremos que quedarnos todo el día de mañana para que tu lesión no empeore…
-¿Cómo? – Cuestionó ella enfurecida- ¡Por supuesto que no! ¡Yo puedo caminar! ¡Debemos irnos ya!- como si fuera una niña pequeña golpeó con sus puños la hierba mientras permanecía sentada-
-Será mejor que hagas lo que te digo, sino te cuidas puedes hasta perder el pié- le asustó el joven pero ella solo hizo una mueca-
-Tu te estas burlando de mí, y te advierto que no tolero que lo hagan. Nos vamos a ir a casa de una buena vez, ayúdame a levantarme-aquello fue mas una orden que una petición- ¡Vamos ayúdame!- Axel se cruzó de brazos-
-Si quieres irte, inténtalo tu sola- le dio por un momento la espalda. Le dolió el alma ver como la chica al intentar incorporarse volvió a caer al suelo sin fuerzas y lanzaba una maldición- Iré por algo mas de comer, deberías alimentarte, sino no podrás caminar y no solo por el tobillo sino porque te sentirás muy débil- Linnet maldijo por lo bajo una vez mas. ¡Tenían que irse ya! ¡Debía hacerlo! ¡No podía estar ni un minuto más en la compañía de ese hombre!
Cuando regresó ella se tendió sobre la hierba y no le dirigió una sola palabra. Terminando de comer Axel se tendió a dormir un poco no muy lejos de donde estaba ella. Fue entonces cuando Linnet entró en acción. Se fue acercando poco a poco.
-Despierta capitán- apenas si murmuró, el joven al abrir los ojos notó la hoja de su reluciente daga muy pegada a su cuello- vas a levantarte ahora mismo y aunque sea cargándome me llevarás de vuelta a casa, no podemos quedarnos un solo día mas aquí…
-¿Y si me niego?- respondió él desafiándole, mirándola con toda la intensidad de que sus ojos fueron capaces. Tenerla sobre él, como si fuera el cielo era una maravilla, le encantaba verla con sus feroces ojos y el entrecejo fruncido, era valiente, decidida, pero a la vez débil y frágil-
-Si te niegas te juro que te cortaré el cuello aquí mismo- amenazó-
-Jamás podrías hacerlo y lo sabes- le respondió él-
-¡No te atrevas a moverte! ¡Soy capaz de eso y más! ¡No me retes!- Por un momento Axel temió por su vida pues el filo de aquella hoja hizo un pequeño corte en su cuello-
-¿Porqué tienes tanta prisa por irte?- cuestionó con un cinismo que desesperaba a Linnet. Estaba a punto de morir y aún así se atrevía a mirarle tan descaradamente, y lo peor es que esos ojos parecían hechizarle con su poderosa sensualidad, con ese fuego que emanaba de ellos haciéndola temblar-
-Quiero volver junto a mi padre...
-¿No será que tienes miedo?- susurró acercándose a su rostro pero Linnet lo hizo retroceder con el filo de la daga-
-¡Yo no le temo a nada! ¡Así que ponte de pié de una vez! ¡Y antes de que lo digas, prefiero morir sola y devorada por alguna bestia o un pantano que esperar mas tiempo!- el sonrió con picardía- ¡Levántate Axel Turner o encontrarás tu fin!-
-Jamás podrías matarme, y si le temes a algo…-
-¿Ah si? ¿Y según tu a que?- le interrumpió furiosa-
-A mí.- la tomó por los codos con firmeza- Vamos… atrévete a negarlo, eres tan orgullosa que prefieres matarme a admitirlo ¿No es así?-
-¡Eres un engreído! ¡Suéltame!- bramó ella-
-Eres libre de hacer lo que desees, pero antes, quiero que me mates- alcanzó la mano de la joven que sostenía el filo de la navaja- ¡Vamos mátame ¿Qué esperas?- ella dudó solo un momento y él lo aprovechó para moverla rápidamente y rodar, dejándola bajo su cuerpo- Termina conmigo de una buena vez Linnet Beckett- ella continuaba sosteniendo el filo del arma a pesar del movimiento tan inesperado del joven-Termina con mi cuerpo, como ya lo has hecho con mi alma- susurró sobre los labios de ella quien temblando soltó aquella daga y dejó que los salvajes y sedientos labios del capitán se acercaran todavía mas a los suyos y los conquistaran desesperadamente, descargando así ambos todas esas ansias que reprimían desde hacía días.
De nuevo la lujuria que impregnaba el sabor de Axel Turner le trastornó. Devoró sus labios tal y como él lo hacía con los suyos. Él era tan único, tan fuerte, tan sensual. Sus manos se pasearon por esa espalda desnuda que tenía tiempo observando y la cual deseaba secretamente. El por su parte no podía contenerse, deslizaba sus manos por el cuerpo perfecto de Linnet mientras su boca se adueñaba de su aliento.
Rodaron sobre la hierba y por poco caen al foso de no ser por un par de rocas que les detuvieron. Linnet enterró sus manos entre la cabellera suelta y rebelde de Axel mientras éste desviaba sus labios de los suyos y se paseaba por su cuello haciéndola suspirar.
-¿Por qué te resistes a mí? ¡Eres mía desde aquel primer beso!- no la dejó hablar, volvió a sus labios sediento de ella- Eres mía y yo soy tuyo Linnet, ya no podemos engañarnos- ella negó con la cabeza para su sorpresa- Yo voy a demostrártelo- volvió a su cuello, saboreaba su piel desesperado. Ansioso por no solo conquistar esa parte de su cuerpo sino todo por completo-
-No… déjame…- apenas si podía ella protestar pero él silenciaba sus suspiros y gemidos con sus besos, con el incesante roce de su torso desnudo contra sus formas- Por favor,detente- suplicó ella, pero no dejaba de masajear aquella espalda que parecía cubrir todo su cuerpo-tu no me quieres, solo me deseas, apártate- finalmente reunió fuerzas y le dio un empujón, quiso alcanzar una vez mas la daga pero él se le adelantó-
-No, yo no solo te deseo, te quiero como a nadie Linnet Beckett- la confesión le tomó por sorpresa- Tu no eres como ese hombre, no eres como el comodoro, tu eres una buena persona- ella negó con la cabeza- ¿por qué eres tan necia? ¡Tu misma viste como tu padre nos atacó!-
-¡y tu mismo viste que él no poseía el cofre!- le interrumpió ella-
-¡No supimos quien lo tenía! ¿Qué no recuerdas que él nos hizo caer al agua antes de averiguarlo?- ella apretó los puños furiosa- ¡El no es tu padre, yo creo en lo que te dijo aquella mujer! Tu eres buena, se que es difícil ir en contra de ese hombre que….
-¡Calla de una buena vez! ¡Aquí el unico perverso eres tú! ¡Me secuestraste, acusaste a mi padre en falso y todavia intentas burlarte de mi seduciendome!- el la tomó con fuerza de sus brazos-
-Yo no estoy intentando seducirte, además tu respondiste a mi beso, a mis caricias, tu también sientes algo por mí y en el fondo de tu corazón lo sabes, pero aún así lo niegas, así como el que tu padre sea un malvado al que solo le importa él mismo…-
-¡suéltame!- ella continuaba débil de su tobillo por lo que al intentar incorporarse por poco cae al suelo una vez mas- ¡Déjame! ¡Déjame en paz! ¡Solo llévame a casa y no me perturbes más con tus engaños! – La joven se dejó caer al suelo, él no pudo evitar abrazarla fuertemente, ella forcejó para liberarse pero le fue imposible- Te lo suplico no me perturbes mas- le pidió ella-
-¡eres una cobarde! ¡Una sucia cobarde, te creí más valiente! – se apartó de la joven y se perdió entre la jungla. Ella le llamó pero él le respondió en la distancia que volvería para finalmente llevarla a casa y tal como le pedía no volver a molestarla. Ella seguía derramando sus lágrimas, por momentos quería creer en él, pero le era imposible. El amor a su padre era mucho más fuerte, pero en ocasiones éste le vencía, como en esos momentos donde se perdía en sus labios, en sus brazos, en su cuerpo. No podía negar que también le quería, si tan solo pudiera convencerle de ir con ella, de tal vez pedirle clemencia a su padre, pero él era demasiado orgulloso, en eso ambos se parecían.
-él es mi enemigo, no debo pensar siquiera un solo momento en Axel Turner, eso sería traición para mi padre,pero él… yo a él lo…-estalló en llanto abierto. Sin saber que él no muy lejos le escuchaba. ¿Por qué? ¿Por qué tenía que haber sido ella? De entre tantas mujeres tuvo que posar los ojos en la hija de su enemigo. Era un imposible, si tan solo ella no luchara en su propia contra, había grandes posibilidades de que ese hombre no era su padre, pues a pesar de su orgullo era buena y sensible.
-No se porqué insistes en luchar, si tan solo...- hablaba para sí mismo, dejó de hacerlo en cuanto la vio intentar incorporarse, corrió hacia ella rápidamente y le sostuvo antes de que cayera una vez mas.
-Muy bien, nos movilizaremos lentamente para que puedas llegar a casa.- le dijo sin mirarle siquiera- te llevaré en mi espalda pero ambos debemos estar atentos a cualquier peligro que pueda surgir- ella solo asintió. Con mucho cuidado Axel la levantó del suelo a la vez que le pedía se sujetara de su cuello.
Fue agradable la sensación de protección que le brindaba aquella espalda, sus manos tuvo que colocarlas no en su cuello sino descender por sus hombros a su pecho pues él le dijo que se sentía algo incómodo. Ella bromeó diciéndole que no iba a ahorcarle pero no respondió una sola palabra.
La ley del hielo fue su castigo durante casi toda la noche y el día siguiente. Solo se detuvieron para beber un poco de agua y comer fruta para luego continuar. Linnet se sentía algo incómoda debido a que de vez en cuando comentaba algo pero él seguía reacio a responderle. Fue solo un momento, cuando agobiada apoyó su rostro contra aquel poderoso hombro que Axel sintió un estremecimiento que le recorría todo el cuerpo al percibir el aliento de la chica rozando su piel.
-Perdón, yo no quise- empezó ella al percibirlo algo tenso-
-No te preocupes, descansa, pronto llegaremos, tal vez en la madrugada-ella asintió, finalmente le había hablado.
-Tal vez mi tobillo ya esté bien, no tienes que…..
-No seas necia, necesitas todo el día para recuperarte, tal vez mas tiempo- le interrumpió secamente-
-Yo lo decía por ti, debo estar pesada y no quiero ser una molestia.- el quería decirle que no lo era, que deseaba nunca llegaran a su destino, pero era igual o mas orgulloso que ella y no dijo nada mas- Esta bien, como tu digas….- él asintió
Llegaron hasta un arroyo que fluía entre dos pequeñas colinas. El agua llegaba a las rodillas de Axel por lo que no les fue difícil atravesarlo, claro que lo hizo a paso lento ya que no deseaba resbalar y que su preciada carga sufriera daño alguno. Cuando comenzaba ya a caminar sobre terreno mas sólido dudó un poco pero ella tenía derecho a saberlo y siguió con sus preguntas.
-¿Podrías hablarme del cofre que tanto buscas? Creo que debo saber el porque me secuestraste y la razón por la cual estas ansioso por encontrarlo.
Axel guardó silencio un largo rato, cuando pensó ya no iba a responderle y hundió su nariz disimuladamente entre aquellos rizos salvajes la voz del joven le sorprendió-
-¿Conoces la leyenda del Holandés Errante?- ella asintió-
-¿Te refieres al barco fantasma que lleva a las almas al fin del mundo?- El movió su cabeza en un gesto afirmativo- recuerdo que mi tío Cutler estaba obsesionado con esa historia, decía que sabía exactamente donde encontrar ese navío inmortal…-
-¿Y que sabes del capitán?- inquirió él
-Creo que se llama Davy Jones ¿no es así?- él negó con la cabeza-
-tal y como tu lo dices, ese era el nombre del antiguo capitán, un hombre que dominaba el mar como la palma de su mano….
-Si, se arrancó el corazón por una traición y lo guardó en un cofre secreto ¡No me lo digas!- reflexionó ella entonces-¿Ese cofre es el que andas buscando? Pero….
-Así es, pero Davy Jones ya no es mas el capitán del Holandés Errante. El nombre del nuevo capitán es William Turner- terminó en un murmullo- Si, Turner-reafirmó al ver su rostro sorprendido- Ese hombre es mi padre….
Por un buen rato el capitán Axel abrió su corazón y le relató toda su historia a Linnet, a sabiendas de que el conocimiento de ésta podía perjudicarle, pero no le importó. Tal vez podría comprenderle un poco, su infancia no fue muy feliz, sobre todo gracias a la traición de su madre. Cuando nombraba a Elizabeth Swann notaba que sus ojos se cristalizaban y pensaba en lo mucho que deseaba decirle que dejara salir sus lágrimas pues guardárselas hacia que el dolor fuera mas intenso.
Le habló de su hermana, de la dulce Ainel a quien no veía desde hacía tiempo y con la cual pensó se reencontraría de no ser por la batalla. De lo tristes y solitarios que fueron aquellos viajes, y su desesperación al no encontrar el cofre.
-¿Ves ahora porque necesito encontrarlo? Es el corazón de mi padre el que esta en ese cofre. Tu padre lo ambiciona, se que no te gusta lo que digo pero tengo muchos testigos que afirman ha hecho cosas terribles por poseerlo. Mi intención no era hacerte daño Linnet, pero no tuve otra opción- se detuvo un poco para contemplar a la chica, se giró lentamente y clavó sus hermosos ojos marrón en ella- quiero que sepas que yo no te considero una enemiga, mi enemigo es John Beckett, y nunca… yo nunca podría hacer algo en tu contra, ahora conoces mi lado de la historia, pregúntale a tu padre el suyo.
Notó como poco a poco la hizo bajar de su espalda, se colocó frente a Linnet y alargó su mano buscando la de ella. Con sumo cuidado depositó un pequeño beso en ella y se incorporó.
-A unos cuantos metros mas encontrarás un sendero iluminado por grandes antorchas, síguelo y llegarás al puerto, aquí es donde nuestros caminos se separan Linnet Beckett….
-Axel yo…..- empezó ella algo dudosa, llegaron demasiado rápido-
-Si alguna vez te hice daño, créeme que esa no fue mi intención- se consternó al ver como los ojos de la joven se cristalizaban- Toma esto Linnet-sacó de entre sus ropas lo que aquellas mujeres le dieran- nada pierdes con averiguar realmente que sucede, mira a los ojos a tu padre y exígele la verdad, sea cual sea ésta
-Pero Axel…..-empezó ella-
-Te devuelvo con tu padre y tu prometido-terminó con tristeza- les deseo que en verdad sean muy felices- ¡Por Dios! ¿Quién se acordaba de Audrey ahora?
-¡No! ¡Espera!- soltó ella sin pensar tomándolo del brazo, no creyendo que después de todo lo que vivieron aquello fuera el adiós. Axel se giró y le miró expectante- ¡¿Cómo que te vas? ¡Te vas así nada mas!- el sonrió ligeramente- Tu….
-¿Si?- le miró él ansioso de escuchar lo que corazón añoraba-
-Te juro por mi vida Axel Turner que esta no será la última vez que nos veamos. Por favor cuídate y gracias por todo- su voz se quebró, y sin pensarlo se abalanzó a él con fuerza, estrechando su cuerpo contra el de él quien por un momento pensó se volvería loco de felicidad-te lo prometo, necesito saber la verdad por su boca, el es mi padre…
-Yo lo entiendo- Linnet dejó caer mas lágrimas al percibir las manos de Axel sobre sus mejillas- Linnet yo….
-Lo sé, no necesitas decírmelo... amor mío-apenas si susurró, no supo si Axel le escuchó esas últimas palabras pero quiso creer que si. Se empinó lo mas que pudo y halándolo del cuello de su camisa hizo que sus rostros se encontraran con el roce de sus labios, apenas perceptible, suave y delicado. Él la acercó todavía mas a sí tomándola por la nuca y atrapó su aliento desesperado, entre lágrimas, rogando todo lo que le decía fuera verdad. Eran un par de estúpidos testarudos, ambos sabían ya lo que sentían el uno por el otro pero había tantas cosas en medio de su amor que necesitaban primero luchar contra ellas y Linnet ya había dado el primer paso al irse, pero para enfrentar a su padre.
-Me secuestraste- murmuró sobre sus labios- en cuerpo y alma. Siempre rogué porque algo pasara e impidiera mi boda, le agradezco a la vida el que hayas aparecido tú.
-Linnet entonces tu no vas a….- ella negó con la cabeza a la vez que tocaba con delicadeza sus labios-
-Si mi padre tiene el cofre, te lo devolveré, lo prometo, dime donde puedo encontrarte….
-Iré a Lancylotte y tal vez después a Ginvra, tengo unos parientes que viven ahí, pero Linnet porque mejor no….
-Sea o no sea mi padre necesito averiguarlo, ponte a salvo por favor.- volvieron a besarse, ansiosa y desesperadamente, con lágrimas en sus ojos ella le dijo adiós, pero sabía no era un adiós definitivo. Lo vio perderse tomando otro sendero que lo llevaba al puerto. Ella comenzó entonces a andar, debía hablar en la capitanía de puerto para que alguien la comunicara o le llevara con su padre. Cada paso sentía que le dolía en el alma, pero a la vez su corazón saltaba emocionado al descubrir que el amor del que tanto hablaban los poetas y autores era verdadero y se vivía tal cual como describían en sus obras.
