Capitulo 10: Todo vale la pena si te hace sonreír.
No lograba acostumbrarse a las cuatro paredes de su habitación, Hojo siempre la había alojado en las mismas instalaciones del laboratorio. Ahora estaba tumbada abrazando su almohada llorando, la notaba húmeda y le dolían los ojos, en cada suspiro susurraba el nombre de Angeal.
Se sentó en la cama, sorbió rascándose la nariz, se levantó y se acercó aun pequeña mesa que tenía cerca de su mini cocina, había dejado la placa de Angeal, la cogió y se dirigió al fregamos, lavó la sangre que había quedado reseca en ella, la secó con un papel de cocina. La miró, con sus dedos acarició el grabado de la placa y el nombre de "Angeal Hewley", se quitó su propia placa de soldado, la colgó junto a la de ella y volvió a colgar las dos placas en su cuello.
"Abraza tus sueños, pase lo que pase protege tu honor".
Había sacado la caja con las cartas que Angeal le había mandado. Lazard le dio la llave de su habitación y la dejó entrar a recoger sus pertenencias, ahora en una esquina varias cajas se apilaban. Se levantó y ojeó con ojos vidriosos una de las cajas, de una de ellas saco uno de los suéteres azul marino preferido de Angeal, hundió su cara en ella mientras se arrodillaba en el suelo. Aún conservaba su aroma.
Lo primero que recordaba cada vez que abría los ojos, era el cuerpo ensangrentado de su madre encima de ella, protegiéndola, era su único recuerdo de los 4 años, no recordaba nada más, su madre le oprimía el pecho y no podía respirar, el dolor en sus piernas, en sus brazos y en su cabeza. Lo segundo que recordaba en su visión borrosa era alguien acercándose a ellas, un chico moreno con pelo oscuro y melena con una perilla en su mentón, sus ojos era azules, como el cielo, usaba sus fuerzas para sacarlas de ese amasijo. Aquella persona le quitó los escombros de encima de su madre, comprobó si vivía, pero el emitió una cara de desilusión, prosiguió quitando escombros hasta que al final pudo sentir el calor de sus manos en su diminuto cuerpo.
Era una niña asustada y medio desangrada, el joven la puso en sus brazos manchándole aquel uniforme azul de sangre y de lágrimas, cada vez sus llantos eran más débiles, hasta que al final cayó desmayada en su gran pecho.
Se aferraba a él como si fuera lo que la permitía seguir respirando.
Lo siguiente que recordaba era estar dentro de una incubadora, llena de cables y con un tubo en su boca. Con esa edad se dejaba llevar, no sabía que era la muerte, no sabía que era la vida, pero cada vez que veía asomar a través de un cristal el rostro de aquel joven, sentía que todo iba a ir bien.
Angeal volvió a la aldea para intentar recuperar algunas pertenencias, pero, nada, el pueblo había sido arrasado al explotar un reactor Mako, SOLDADO intentó salvar a todos los que pudieron, pero el que no había muerto por la explosión, había muerto por la exposición a la energía Mako, habiendo pocos supervivientes y los pocos que vician morían en manos de Hojo y los que no, como ella, sobrevivan gracias a sus experimentos.
En cuanto salió de aquella incubadora y volvió a los fuertes brazos de su salvador, se sintió nueva, fuerte, aun no hablaba. Solo decía "Mamá Farys", balbuceaba el nombre de Angeal, el joven empezó a llamarla cachorrillo, había estado meses en coma, por lo cual tuvieron que enseñarle hacer todo otra vez, hablar, andar, hacer sus necesidades, todo. Gracias a él dejó de ser un número y la bautizó como Ayelen "Estoy sonriendo", ese era el significado de su nombre, a pesar de todo lo que había pasado, ella le sonreía.
Angeal le había inculcado el honor y el orgullo de proteger a todas las personas que apreciaba, a luchar por sus sueños. Aprendió algo de cocina, porque a Angeal le encantaba cocinar, la jardinería, y sentía debilidad por los "cachorrillos". Después Hojo la separó de él y la llevó a un mundo oscuro. Por suerte Angeal seguía escribiéndole todas las semanas, eso la mantenía el ánimo, iba a ser la mejor, para que el estuviera orgulloso de ella, luchar juntos, quería protegerle... pero no de esa manera.
El hombre que le devolvió la vida, el que la salvo, la crió, el que la hacia sentir querida, la hizo ser fuerte, que luchara por sobrevivir, al que consideraba un hermano, un padre, había hecho que su corazón se parara, no lo sentía latir dentro de ella, Angeal se lo había llevado con él.
Era doloroso aceptar su decisión de tener que morir en manos de Zack y de ella. Ese fue el primer acto egoísta de Angeal, suplicarles que lo mataran. En ese momento se sintió molesta con Angeal, ¿se planteó la idea de que ellos cargarían con el remordimiento?
Él se había ido y ellos se quedaban con el corazón destrozado y lleno de culpa.
Ayelen lo hubiera hecho sin que él se lo pidiera, y más si él se lo suplicaba, era algo que no podían evitar, no le hubiera gustado verlo encerrado como ella, siendo un espécimen o degradándose o siendo perseguido, solo que había intentado no pensar en ello, en ser su mano ejecutora, quería alejar ese acto... pero no se había dado cuenta de que se engañaba así misma.
Con lágrimas volvió a levantarse con el suéter en sus manos y volvió acostarse en la cama. Mirando en la infinita oscuridad de su habitación, se volvió adormir sin oír el retumbar de su corazón.
Zack le mandaba mensajes al móvil, a veces lo oía aporrear su puerta, pero no tenía ganas de ver a nadie, así que le mandaba un "estoy bien", sabía que él se iba enfadado y a regañadientes. Pero le dejaba su espacio. Necesitaba a pero sabia que el también estaba como ella, hundido.
Perdió la noción del tiempo al oír la puerta abrirse, Ayelen ni si quiera se inmutó, sintió como alguien se sentaba en su cama y acariciaba cariñosamente su cabeza. Podía sentir las yemas de los dedos de Zack, su mano era inconfundible, suave, dedos largos y gruesos, marcando sus nudillos, a pesar de que sus manos eran bastas, podía sentir como le trasmitían afecto y su consuelo a través de ellas.
Tal vez si no fuera por él, hubiera querido dejar de respirar.
Zack era lo único que le quedaba de Angeal, en el momento en que el dejaba de acariciarle el pelo, sentía vacío su corazón, cuando surcaba su cabeza con sus enormes manos, notaba un leve latido. No podía comparar a Zack con Angeal, pero el joven se esforzaba por animarla y ella agradecía que no la dejara sola en su miseria. A fin de cuentas, estaban juntos y se tenían el uno al otro.
- Vamos hermanita... tienes que comer algo- le dijo con voz dulce pero llena de preocupación, algo le decía que el también hacia días que no hablaba mucho.
- No tengo hambre...- contestó sin dejar de mirar la pared. Prefería el contacto de Zack, le gustaba como acariciaba la cabeza, como hacia Angeal cuando ella estaba agotada después de estar con Hojo o se sentía dolida por como la trataba el científico y otro SOLDADOS.
- Tenemos que seguir adelante Ayelen...- le dijo con voz rota y ronca, ella contestó con un sollozo mientras asentía con la cabeza.
Zack no sabía cómo consolar a la joven, era obvio que ella conocía a Angeal mucho más que él y no podía ocupar su lugar, lo único que podía hacer era quedarse a su lado, compartir su dolor y dejar que descargara toda su pena en aquel almohadón y también él, claro.
Zack se recostó en la diminuta cama de Ayelen, se pegó a su estrecha espalda y pasó su brazo por encima de su cintura y el otro por debajo de su cabeza, rodeando sus hombros con su brazo, acomodo su mentón en la cabeza de Ayelen encajándola en su cuello y la abrazó fuerte, ella sollozó, correspondiendo su abrazo apretando su antebrazo que la rodeaba, sus manos estaban frías, pero aun así él se sintió calmado, al final no pudo controlarse, él también tenía el corazón hundido y se unió a sus sollozos hasta que al final los dos se quedaron dormidos.
Ayelen despertó al sentir frio en su espalda, giró la cabeza, Zack no estaba, pero el aroma estaba impregnado en la almohada, se sentía mal, al menos podría haberle invitado a algo o haberle enseñado las cartas de Angeal, haber hablado de él para que ambos pudieran encontrarse mejor, pero no tenía ganas de nada, podría soportar cualquier vejación y maltrato de Hojo, pero no podía soportar pensar que no volvería a ver a Angeal nunca más.
Se sentó en la cama y el tintineo de las placas hizo que se llevara la mano a ellas. Una luz se iluminaba en la cocina, era su teléfono, no tenía intención de cogerlo, así que el que llamaba le colgó. Pero a los pocos segundos volvió asonar otra vez. Se levantó pesadamente, arrastrando los pies. "Aerith", al ver su nombre le entraron ganas de llorar, descolgó, tenía ganas de oír su voz.
- Hola.- dijo la joven al descolgar.
- ¡Hola chispita!- una voz animada la hablo al otro lado- ¡aquí hay unas flores hermosas que están preguntando por ti Aye!
- Las flores no hablan, Aerith- dijo casi bufando.
- ¡Claro que hablan!- rio Aerith- a ellas no les gusta Zack porque dicen que las pisa.
- Jajajajja- rió la joven.
- ¡Eso quería yo, oírte reír! ¡¿Cuándo vas a venir? a este paso me voy a leer los libros que te dejaste!
- ¡Ah, es verdad... pronto, pronto iré, Aerith!
- Anda ven a verme y deja de preocuparme.
Después de estar un rato más hablando con ella se volvió adormir.
Había pasado una semana. Ayelen no había salido de ahí desde entonces, más para lo justo para ir a comer y a veces ni eso. Estaba tirada en la cama manoseando las placas. Tenía que buscar a Cloud, para darle la pulsera de cuero y acero inoxidable que había conseguido encontrar por internet, las tiendas de Migdar eran muy caras y a los SOLDADOS de 1ª les hacían envíos especiales y más económicos, pero no tenía ganas de que la viera en ese estado de ánimo, el pobre ya se sentía bastante mal de no haber podido aguantar su fusión.
Entonces oyó un "toc, toc" en su puerta, no podía ser Zack se había ido hace unas horas le había llevado algo de comida pero ni le abrió la puerta y echo el pestillo, no sabía porque Lazard le había dado una copia de su habitación. El "toc, toc" volvió a oírse. Al final se levantó pesadamente de la cama y se apoyó en la puerta.
- Ayelen, soy Cloud ¿te encuentras bien? Llevo días sin saber de ti, no respondes al teléfono... – oyó tras la puerta, su voz era de súplica y autentica preocupación, si, había hablado con él hacía unos días, pero estaba tan apática que ni quería hablar con el rubio por teléfono, pero sin darse cuenta le había abierto la puerta mostrándole su mejor sonrisa.
- No te preocupes, Cloud, estoy bien.- dijo ella mirándole a los ojos con una sonrisa triste.
El chico pasó y se tropezó con algo en el suelo, la habitación estaba casi a oscuras, apenas había una pequeña lámpara encendida en la cocina, las persianas estaban bajadas y hacia un poco de fresco, pudo ver que una de las ventanas estaba abierta. La habitación contenía un cuarto de baño "que suerte" pensó, él tenía que compartir habitación con 4 más y no tenían baños ni cocina, solo una pequeña nevera. La volvió a mirar, lo sabía de buena tinta, por experiencia, cuando uno suele decir "estoy bien" lo que realmente queremos es que nos miren a los ojos y nos abracen.
- Lo siento Cloud... este desorden...- la joven se acercó a la pared y encendió una luz intentando apartar las cosa de en medio.
Cloud pudo ver las cajas con el nombre de Angeal rotulado en ellas, estaban cerradas. Aparte de eso, la habitación estaba bastante arreglada Ayelen no tenía mucho trasto, comparado con su cuarto que era la guarida de un león, la suya estaba bastante ordenada. La mirada acabo sobre Ayelen, que llevaba el pelo alborotado, unos pantalones cortos por los muslos de color negro y una camisa azul de medio tirante, de su cuello colgaban dos placas, se medió abrazaba con un brazo, su cara estaba pálida, sus ojos estaban rojos e hinchados de llorar, por un momento se había arrepentido de ir a verla, él no estaba acostumbrado a que su alrededor la gente estuviera triste, al contrario, él siempre había sido el niño solitario y decaído en su pueblo y su amiga siempre era lo que lo animaba.
Pero tenía ganas de verla y no sabía porque se había aventurado por los pasillos de primera clase sin ninguna excusa aparente, solo el verla. Los otros SOLDADOS lo miraban y se preguntaban qué diablos hacia ahí el novato de baja clase por la zona de primera clase. No se imaginan que entre ellos había crecido una buena amistad.
Los de tercera clase la temian, por "lo que era", temerosos de tener que fusionarse con ella, reconocía que a él también lo estuvo, pero después de conocerla fué un honor ayudarla en Modehim, aunque el acabara bastante fastidiado, con más razón ahora quería llegar a ser SOLDADO de primera, ya no por ser como Sephiroth, sino por trabajar con ella volver a sentirla dentro.
No podía entender como al principio se sintiera intimidado por ella. Todo lo grande que le hacía parecer el uniforme de SOLDADO, sus guantes de media mano negros y sin Zack a su lado, era una ilusión, ni parecía tan grande, ni tan temible, al revés, la veía frágil, débil e indefensa, ahora el parecía el gigante.
Volvió a fijarse en su fina silueta, era delgada, y sin las botas le llegaba por un poco más de los hombros. Un sentimiento de querer ser su escudo lo embriagaba pero ¿ella tendría suficiente confianza hacia él? ¿Le dejaría que la protegiera? ¿Ser su escudo? ¿Su confidente? Quería ayudarla aunque fuera un simple soldado raso y no sabía cómo.
Le costó varios días recuperarse de su fusión, fue doloroso y aunque aún tenía pequeñas migrañas por las noches, no dudaría en volverlo hacer, le había gustado la sensación de tenerla dentro, de oír su voz indicándole que hacer, como sentía su calor cuando invocaba un escudo, y no podía borrar de su mente las imágenes que Ayelen proyectaba, siempre atada, entre cables, sufriendo, encerrada en una habitación de cuatro paredes, con una sola ventana aislada del mundo.
Nunca se había sentido así de ansioso. No era impulsivo, no hacia las cosas sin pensarlas dos veces, huía de las multitudes, del contacto físico y era solitario, todo lo contrario a Zack.
Pero se vio queriendo verla y escuchar su voz.
Por eso cuando se encontró mejor, se tragó las inseguridades hacia ella y fue directo a Zack, ella no le contestaba las llamadas, pero si se mensajeaban muchas horas, pero el estar dos días sin recibir nada, se preocupó. Hacia lo que podía para aliviar su pena, Zack también parecía destrozado y hecho polvo, por suerte él tenía a una amiga, ¿pero quién tenía Ayelen? Había oído que no tenía amigos, que siempre iba con Zack y cuando no estaba con él, se encerraba en su cuarto a leer o en la zona de entrenamiento.
Zack le suplicó que si podía hacer algo para ayudarle, no le dejaba entrar en la habitación y estaba preocupado por ella. Le prometió hacer lo que pudiera, ambos peleaban por la pérdida de su amigo como podían, y Zack también necesitaba consuelo, en su estado apenas podía consolarla a ella.
Después de terminar de observar su cuarto oscuro la miro a los ojos y cuando vio su sonrisa forzada, el mundo se le cayó a los pies. ¿Qué podía hacer él por ella? Su mirada le desmontó el alma y todo el coraje que reunió para acercarse a ella se quedó congelado, así era él, un bloque de hielo.
Tenía una enorme sonrisa, del mismo tamaño que su dolor.
- Siento mucho lo de...- consiguió decir después de unos segundos en silencio, sus palabras eran torpes y medio tartamudeaba.
Sus ojos estaban hinchados y rojos, el color de sus ojos eran más claro por estar llorando, aquel color era... precioso. Cloud sintió como se le encogía el corazón. ¿Qué más iba desmontarle aquella chica?
Empezó a temblarle el labio y rompió a llorar, ocultando su cara con sus manos. Cloud se sorprendió, no sabía qué hacer, oía sus sollozos y se sentía impotente. ¿Qué podía hacer para consolarla? Odiaba sentirse inseguro en ese momento.
- Le... le cortamos las alas...- habló al fin derramando lágrimas.
Cuando se quiso dar cuenta estaba abrazando a Ayelen que se aferraba a su espalda muy fuerte, casi con desespero, sentía su respiración agitada en su cuello y sus lágrimas, su llanto retumbaba en su oído derecho, haciéndolo estremecer. Incluso llegó a tener la sensación de que ella se quedaba sin aire después de cada gimoteo.
Cloud se armó de valor pegándose más a ella para que lo sintiera y pasó sus brazos por encima de su cuello, se inclinó un poco más para que ella pudiera esconderse en su cuello. Parecía buscarlo con desespero.
Cuando acomodó su cabeza en él, ella se serenó apretando con sus manos sus hombros. Por suerte no se había puesto la armadura de SOLDADO, a si ella podía sentir su cuerpo cálido, sin la fría y dura armadura. Sentía como el cuerpo de Ayelen temblaba cada vez que se le escapaba un llanto desgarrador. No parecían salir de su boca sino desde lo más hondo de su corazón. Algo le decía que no había llorado así en su vida, y en cada sollozo parecía salir pequeños fragmentos de Angeal de ella.
Acarició su cabeza parecía que en cada lloro se quedaba sin aire y la apretó mas contra él.
Tuvo la necesidad de también ocultar su rostro en el cuello de ella, necesitaba esconder su cara, en SOLDADO no te entrenaban para esto. Se sentía destrozado, y creía que le faltaba el aire, dejó de acariciarle el pelo y a rodeo con sus brazos.
Lo único que podía hacer era esperar a que ella echara todo fuera, mientras casi prácticamente lo asfixiaba, que sintiera su abrazo más sincero, todo el tiempo que necesitara. Su corazón se sentía tan apenado por ella que en cualquier momento se uniría a su llanto, para que no llorara sola.
Ayelen dejó de llorar y su corazón empezó a latir muy rápido cuando se dio cuenta de que Cloud la abrazaba fuerte y sentía su respiración en su cuello, apretó más la espalda del joven y se hundió más en su cuello, por un momento pensó en separarse, pero... su abrazo la calmaba, sus manos sobre su espalda y su cuello la serenaban, no le importaba que Cloud la tocara, lo necesitaba.
Él había conseguido que sacara su ira, su pena, su amargura, su frustración... sus remordimientos por Angeal. Todos sus sentimientos que la habían estado ahogando... Ahora sentía que le entraba el aire en sus pulmones después de haber echado todo por ellos.
Zack había sido un consuelo, pero Cloud era como aquel peluche que le regaló Angeal cuando era pequeña, que abrazaba cada noche, donde hundía su cabeza y gritaba para liberarse. Pero Hojo no dejo llevárselo con ella y lo sustituyó por una almohada.
- No te preocupes... ¿de acuerdo? shhhuuu, llorar no es malo, es de humanos, ¿verdad? y tú eres muy humana... - Cloud rompió el silencio. Recordó cómo le había dicho antes de fusionarse con él que no tuviera miedo de ella, que no era un monstruo y no quería hacerle daño, Cloud sintió algo extraño en el estómago, no la veía como un monstro- era decisión de Angeal y como amigos lo ayudasteis, tienes que dejarlo ir...
Ayelen se separó un poco para poder ver los ojos azules de Cloud, un nudo en el estómago se le formo cuando él la miro fijamente a los ojos, la soltó y sin separarse de ella, sintió sus enormes y suaves manos en su cara y con los dedos pulgares apartó las lagrimas de sus ojos. Era incapaz de soltarlo.
Ella le sonrió tristemente y Cloud se dio cuenta que su sonrisa era su debilidad.
El volvió abrazarla al notar que ella no le soltaba, capto la indirecta ya que ella no soltaba su suéter.
Cuanto más la apretaba Cloud en sus largos brazos, más alivio sentía. Era cálido, Cloud no tenía el desparpajo de Zack, ni la rudeza de Sephiroth, ni la benevolencia de Angeal. Pero radiaba serenidad y calma. Era muy tímido y risueño. Y eso le gustaba, mucho.
Un ruido perteneciente del estómago de Ayelen, hizo que se cortara el abrazo entre los dos. Cloud la miró a la cara y después a su estómago para luego volver a mirarla. La cara de Ayelen cambió, se sonrojó y después de muchos días rio avergonzada.
- ¿Cuánto hace que no comes?- le preguntó Cloud cogiéndola de los hombros- ¿y ducharte?- dijo riéndose mientras cerraba los ojos y mostraba sus dientes blancos, Ayelen se le quedo mirando, eclipsada por su sonrisa.
- No sé...- Cloud la había soltado, entró en el baño y abrió el grifo del agua caliente de la ducha.
- No hay nada que una buena ducha no elimine...- después se dirigió a la pequeña nevera y la abrió - ¡Ayelen aquí van a empezar a salir gusanos! – dijo enfadado, el joven danzaba por su habitación como si fuera suya, no le molestaba, pero se sentía un poco aturdida, no podía dejar de seguirlo con la mirada.
- Si quieres vamos a la cafetería...- Ayelen había bajado de nuevo a la tierra, estaba avergonzadísima, además de que el único hombre que había entrado a su habitación era Zack.
- ¿Tú has visto las pintas que llevas?- dijo mirándola cruzando los brazos en su regazo, ella se mordió el labio, para después sonreírle sonrojada. Otra vez esa sonrisa.
Ayelen se miró en un pequeño espejo que colgaba en la entrada de la habitación, se puso las manos en la cabeza. Tenía un aspecto horrible, lo peor de todo, ¡es que Cloud la había visto! y al principio no le había parecido importante, pero ahora, le hubiera gustado que la hubiera visto en "mejores condiciones" quería agradarle... no espantarlo.
- Anda pégate una ducha, intentaré prepararte algo, después saldremos a que te dé un poco el aire.- dijo subiendo la persianas de la habitación, dejando entrar la luz del día en la habitación, Ayelen se tapó los ojos con un mano, la luz la dejo ciega.
- No hace falta, creo que tenía fideos instantáneos por algu...- dijo acercándose a él sintiéndose torpe, no era si ni con Sephiroth.
- ¡Tsk! Ayelen...- dijo con un leve movimiento de cabeza y alzando un poco sus cejas rubias, para después cerrarlos mientras le señalaba el baño con la cabeza.
- De acuerdo...- escondió la cabeza entre sus hombros, apunto de hacer un puchero, Ayelen se acercó a su mesita de noche cogió ropa interior que intentó que Cloud no viera, después fue al armario y cogió un uniforme limpio.
Entró al baño y cerró la puerta tras de sí, tenía una sensación de opresión en su estómago, no, no era de hambre, algo revoloteaba en él, subía por su esófago y le oprimía el pecho para después sentirlo bombear rápidamente, golpeándole el pecho y volviendo a bajar. No sabía si era debido al berrinche que acababa de tener o que Cloud hubiera sido el desencadenante o ambas cosas. El caso es que ya no se sentía tan pesada.
- Está bien Ayelen es hora de que siente las cabeza, Angeal no querría verte así...- Ayelen se pegaba pequeños golpes en el pecho, intentando aliviar ese golpeteo intenso, miró la puerta oyendo a Cloud – él tiene razón, que este muerto, no signifique que también se haya ido en mi memoria, es hora de dejarlo ir.
Era obvio que se había sentido muerta tras la marcha de Angeal, pero las acciones de Cloud habían sido como una descarga eléctrica en su cuerpo, y ahora su corazón latía desbocado.
Oía a Cloud trasteando en su pequeña cocina. No sabía porque le había dejado entrar, pero había conseguido hacerla despertar, Ayelen había aprendido a ser una persona solitaria, si no estaba con Zack o en la iglesia con Aerith, se lo pasaba en su habitación leyendo.
No estaba acostumbrada a la gente que no fuera del laboratorio, acostumbrarse a Zack fue fácil era todo desparpajo, pero Cloud era diferente muy introvertido pero con su sencillez había conseguido animarla, el chico no solía mirarla a los ojos y siempre mantenía las distancias, pero desde que pasara por esa puerta, no había dejado de mirarla a los ojos cuando le hablaba, Ayelen se había sentido tan atrapada en sus ojos y en sus brazos, que en algunos momentos había sentido la necesidad de desviar la mirada y salir corriendo. Sabiendo lo tímido que era, no se imaginaba como se había encontrado el valor de abrazarla, tocarla y mirarla a los ojos.
¿Cómo había conseguido arrastrarla de esa manera a querer más de él?
Zack apenas había logrado que comiera tres veces al día. En cambio Cloud había conseguido que dejara de llorar y sintiera que su corazón se le saliera por la boca.
Se metió en la ducha y se puso el agua fría, necesitaba despejarse, no estaba acostumbrada a tener tantos sentimientos a la vez. Dejó el agua correr, en cada enjuague elimino de su mente todo lo que le causaba pena. Cuando salió del baño secando su pelo con una toalla, Cloud había conseguido hacer unos fideos con zanahoria, setas y pimiento verdes. Con solo verlo se le hizo la boca agua, desde que tuvo que irse con Hojo, no había vuelto aprobar la comida "casera" Gillian era la que le hacia esas comidas y la comida de la cafetería es horrible.
Vaya, parecía que Cloud era bastante apañado.
- Su comida, señorita- dijo Cloud haciendo una reverencia mientras señalaba la comida.
- Vaya, Cloud, no sabía que supieras cocinar.
- Vengo de pueblo, mi madre me enseño hacer algunas cosas antes de unirme a SOLDADO- con los palillos sirvió los platos vacíos, Ayelen se sentó, aspiró el aroma, olía muy bien.
Por fin Cloud vio luz en aquellos ojos apagados. Y eso le hizo sentirse satisfecho. "Barriga llena, corazón contento" era lo que decía su amiga.
- ¿Por qué te uniste a SOLDADO?- preguntó ella, viendo como Cloud sonreía, casi riendo. El removió sus fideos, hubo un silencio que la hizo pensar que no había hecho la pregunta apropiada.
- Todos los chicos del pueblo se estaban marchando para convertirse en SOLDADO.- dijo sin mirarla, el seguía paseando los fideos de lado a lado- pero yo no quería ser SOLDADO por el dinero, sino porque quería ser el mejor, como Sephiroth- dijo avergonzado, al final cogió unos cuantos fideos y se los comió.
- Todos queremos ser Sephiroth Cloud- le contestó la joven con la boca llena, él le sonrió.
- Sabía que iba a ser difícil, ya has visto que no destaco mucho en fuerza, sabía que no podría volver al pueblo en mucho tiempo y eso entristeció mucho a mi amiga.
- ¿Amiga?- dijo Ayelen, ¿tenía una "amiga"? de repente se le quito el hambre.
- Me hizo prometerle que una vez que fuera SOLDADO la "salvaría", pero de eso ya han pasado unos años, sigo estancado en 3ªclase.
- Bueno, Sephiroth no se convirtió en el número uno de la noche a la mañana- intentó consolarle - pero aun así hay que cumplir las promesas. Te ayudaré ¿vale?
Era de imaginar, un chico como el, era difícil que no tuviera una "amiga detrás", Ayelen suspiró, bueno mientras fueran amigo, bastaba, ¿no? ¿Porque se preocupaba por ser más que "amiga"?
El dejó de hablar de ella y hablaron de otros temas, que tampoco eran tan importantes, simplemente se estaban conociendo más. Después de recoger la cocina Cloud la arrastró por la avenida LOVELESS y la llevó a los recreativos que había en la zona, allí estuvieron jugando al "Chocobo Racing" hasta que ambos se quedaron sin giles.
- Bueno, nos hemos quedado sin giles, ¿qué te apetece hacer?- dijo Cloud sacando los bolsillos de su pantalón. Cloud podría llegar a ser bastante cómico cuando cogía confianza.
- Gracias Cloud- le dijo la joven.
- ¿Uh?- alzó la vista para mirar su cara, que parecía estar mejor.
- Eres un buen amigo...- ella le sonrió, él se sonrojo levemente riendo nervioso.
- No importa, para eso están los amigos, ¿no?- el joven cerro los ojos mientras se rascaba la cabeza tímidamente.
- Toma, lo que me pediste.- le dio el paquete que había cogido antes de salir de Shin-ra.
El joven lo abrió, sacó una pulsera de cuero trenzado y acero inoxidable, no era fea, los enganches eran de acero inoxidable, el trenzado era cubierto por el acero oxidable. No era muy basta, bastante sencilla, comparada con las otras que llevaba, se acordó de lo que le costó a Cloud decidirse por las pulseras que vendía la compañía. Cloud elegía el lugar donde colocar la pulsera en su muñeca derecha entre otras pulsera e intento ponérsela solo.
- Trae deja que te eche una mano- le cogió la mano y Cloud se sobresaltó.
La joven observó que al chico le gustaba el cuero y el acero inoxidable porque llevaba tres pulseras más, una era una placa con su nombre puesto, otra era solo de cuero, y la que más le gustó Ayelen fue una que era el infinito mezclada con cuero y acero inoxidable. Cloud tenía una muñeca ancha pero huesuda.
Cloud la miro, se sintió, raro, con su amiga no se sentía así de nervioso, ¿por qué? Tal vez porque un no la conocía del todo, no tenía tanta confianza, de pronto se vio recordando el abrazo, no era un simple abrazo, para él, trasmitía mucho más, intentó quitarse la imagen de su cabeza y se fijó en sus finas manos sobre su muñeca, subió su mirada hacia su cuello y recordó como sus labios parecían besarlo cuando se pegó tanto a ella, desvió rápido la mirada de ahí porque había empezado a relamerse los labios y se centró en su cabello era oscuro como la noche y recordó lo suave que era cuando lo acarició unas horas antes y como olía a jazmín, su corazón se aceleró cuando empezó a mirarle los labios, Cloud se mordió los suyos, se estaba poniendo malo.
- Ya está.
- Oh, gracias- intentó esconder su cara - me he gastado el dinero que traía para pagártela...
- Bueno, nos vamos ver más veces, ¿no?- dijo ella sentándose en la fuente que había en el centro de la plaza Loveless.- puedes prepararme más platos, no tengo amigos aparte de Zack y él no sabe cocinar, además se ha echado novia y me aburro mucho. Podemos entrenar juntos si quieres.
- Si claro...- dijo el sentándose a su lado- yo tampoco he hecho muchos amigos, la verdad.
- Creo que es porque somos muy raritos, ¿no?- dijo ella.
- Es posible.- sonrió sin dejar de mirarla.
Ambos se quedaron hablando, conociéndose, no por mensajes, sino pudiéndose mirar a los ojos. Ayelen se alegraba de tenerlo como amigo, Cloud era como una brisa, silenciosa, refrescante y depuradora.
- ¿Sabías que tenías un club de fans?- dijo Cloud
- ¿En serio?- dijo la chica riendo
- Sí, se llama "Protegiendo tu alma"
- ¡Ya verás cómo se pone Zack, cuando le diga que tengo mi propio club de fans!- dijo la joven riéndose maliciosamente.
Cloud se quedó anonadado, era fácil hacerla sonreír, lo difícil era que esa sonrisa no se borrara.
- Él también tiene un club de fans- rio al ver como Ayelen cortó su risa y abrió sus ojos claros.
- ¿En serio? ¿Tiene un club de fans?- Cloud le mostró la bandeja de mensajes de su móvil y le enseño el club de fans.
- Vaya... pues es verdad, ahora se podrá contento, tendrá a muchas chicas detrás, y no parará de darme el coñazo.
- Tú no te quedas corta Ayelen, mira cuantos seguidores tienes.
Le mostró el correo y entró en el foro destinado a ella, donde muchos preguntaban cosas, sobre sus comidas preferidas, música, que libros leía.
- Vaya, que vergüenza, no sabía que tenía tantos seguidores. Espera ¿por qué recibes circulares sobre mi club de fans?
Cloud empezó a reír mientras se levantaba y caminaba hacia la estación. Ayelen lo alcanzó y lo agarró del brazo, cuando él se giró, se sonrojo.
- ¿Eres mi fan?- dijo ella riendo, él sonrió ampliamente cerrando los ojos. Pero no contestó. Cloud reía con las manos en su estómago.
Las risas de ambos se oían en la plaza, la gente no los miraba.
Cloud era especial... muy especial.
NT: Un comentario si os ha gustado ^^.
Creí que nunca acabaría este capítulo :), me encanta jaja
