Capítulo 9
-Mi señor, estamos siendo invadidos.
-Que todos los guerreros se preparen, alisten las armas, todos a sus puestos. No debemos permitir que suban.
Los generales ordenaron a sus tropas, pero no hubo tiempo de hacer mucho, los demonios lanzaron ataques mágicos a gran escala destruyendo parte de la entrada.
-Maldición, concentren las defensas en la entrada, el resto que asuman posiciones defensivas en las torres- ordené.
-Mi señor, hay que evacuar a las mujeres y niños.
-Carmilla se encargará de eso, nosotros debemos detenerlos lo suficiente para que escapen.
Un pelotón de demonios empezó a atacar la entrada. Ahí me dirigí a ayudar, mis vampiros no contaban con sus armaduras, estaban en desventaja contra los demonios quines podían volar.
Tomé una espada de uno de mis siervos caídos y me dispuse a luchar.
-Vamos, defiendan la entrada, peleen con valor.
Un grupo de demonios se dirigió a mí, corrí hacia a ellos y eliminé a uno de un ataque certero de mi espada. El siguiente lanzó dos ráfagas de energía, las esquivé y sujeté a ese demonio, hundí mis colmillos en su cuello succionando su sangre, la sangre de demonio es asquerosa. Pero al hacerlo morían instantáneamente.
Envié a otro contra la pared de un golpe, mi fuerza era considerable.
Después de combatir unos minutos, el pelotón de demonios comenzó a retroceder. Aproveché esos momentos para subir a la torre de la puerta, ahí teníamos preparado tanques de brea, los volqué.
La brea líquida recorrió todo el camino de la entrada atrapando algunos demonios.
-Enciendan la brea, rápido.
Uno de mis soldados lanzó una antorcha, la brea desató una llamarada gigantesca, todos los demonios alcanzados por el fuego gritaban de dolor. Era todo un espectáculo.
No había tiempo de festejar, al derrotar al pelotón de la entrada, mandaron más pelotones a atacar los flancos del castillo simultáneamente.
Pude divisar en el cielo dos figuras de murciélagos gigantes. Eran Brauner y Olrox, ellos combatían a aquellos demonios que volaban.
-Brauner, Olrox, cada uno de ustedes defiendan la parte sur y norte de las murallas.
-A la orden- respondieron al unísono.
No debíamos dejar que traspasaran las murallas.
Los cañones, los que mandé montar sobre las murallas no estaban siendo usados.
-Disparen, los cañones, rápido.
-Pero señor, los cañones no funcionan contra los demonios, pueden esquivar los proyectiles volando- me respondió uno de los soldados.
Era verdad, el proyectil era muy sencillo de esquivar para ellos. En ese momento observé que las ballestas también eran inútiles.
-Carguen las bolsas de pólvora con virotes de ballesta. Carguen todos los cañones y esperen mi señal.
Todos los que se encargaban de la artillería obedecieron y cargaron los cañones como lo indiqué.
-Aguarden, esperen a que se acerquen lo suficiente.
Todos mis soldados dejaron de atacar unos instantes, los cuales los demonios aprovecharon para acortar su distancia con las murallas.
-Ahora, disparen una vez desde cada cañón.
La explosión de pólvora disparó los virotes con una gran fuerza, y con un rango de alcance mucho mayor a los proyectiles, gran parte de los pelotones que estaban a tiro fueron diezmados.
-Mi señor, funcionó- me gritó con alegría el encargado de los cañones.
-No bajen la guardia, sigan disparando.
Gracias a los cañones cargados con virotes de ballesta pudimos mantener alejados a los demonios por un tiempo, pero cuando los virotes y la pólvora se nos terminaron los invasores pudieron acercarse a las murallas.
Solo quedaba combatir cuerpo a cuerpo, las tropas de demonios eran incontables.
-Escúchenme todos- grité- tienen permiso de saciar su sed con la sangre estas criaturas.
Todos gritaron y se dispusieron a combatir ferozmente.
Se desató una carnicería, cada demonio vencido era vaciado de sangre, las ropas de mis soldados se tiñeron de rojo.
Brauner y Olrox asesinaban sin piedad.
A pesar de combatir valientemente poco a poco fuimos perdiendo terreno. Mis vampiros iban cayendo y los demonios nos superaban en número.
Si seguíamos así, nos derrotarían.
Llamé a mis generales.
-Escuchen, tomen la mitad de sus tropas y vayan a la armería. Vistan sus armaduras y rodeen a los vampiros por detrás utilizando las catacumbas subterráneas. Los demás contendremos a los demonios.
La mitad de mis guerreros se fueron a la armería.
Al disminuir nuestras fuerzas los demonios nos superaron, traspasaron las murallas.
Los jardines del castillo fueron derruidos utilizando hechizos de esferas de fuego que caían desde el cielo.
-Repliéguense, repliéguense, adentro del castillo todos.
Los demonios habían tomado el exterior del castillo y cada vez éramos menos. Ordené cerrar las puertas para reagruparnos.
-Padre- era la voz de Gabriel.
-¿Ya han evacuado las mujeres y niños?
-Sí, todos escaparon con éxito.
-¿Tú madre y tu hermana ya abandonaron el castillo?
-No lo sé.
-¿Cómo que no lo sabes?
-Nos separamos, fui a ayudar en la defensa de la parte trasera del castillo.
-Muy bien, quédate aquí ayudar mientras yo las busco.
-De acuerdo.
Carmilla, ojalá ya hayas escapado pensé. Empecé a recorrer todos los salones del castillo rápidamente. Los muros empezaban a ser derruidos junto con los techos por los ataques mágicos del enemigo.
Un ataque a mayor escala destruyó la mayor parte del castillo. Prácticamente toda la parte superior del castillo fue destruida y el techo del salón donde me encontraba en ese momento se me vino encima.
Fui aplastado por una gran cantidad de escombros, estaba muy debilitado, a duras penas pude salir de allí abajo.
No había tiempo para el dolor, tenía que encontrar a Carmilla y Elizabeth.
Seguí avanzando, hasta que llegaron a mis oídos los gritos de mi hija.
Me apresuré a llegar donde ella.
La encontré llorando, con el cuerpo de Carmilla en sus brazos, en un charco de sangre. Y enfrente de ellos Sirzechs Lucifer.
Mi mente quedó en blanco, me acerqué a ellos.
-Ah, Issei-kun, he venido a liberarte, lo que dijo Azazel debe ser mentira por supuesto, Rias y las demás estarán…
Pasé a su lado ignorándolo.
-¿Issei-kun?
Me acerqué a Elizabeth que lloraba sin consuelo. Tomé una de las manos de Carmilla, estaba enfriándose, tenía una herida profunda en el estómago.
Mi reina, mi esposa, mi amor, estaba muerta.
Me desplomé al suelo.
-¿PORQUÉ NO ESCAPARON?- le grité a mi hija.
-Padre, volvimos por tu armadura y las reliquias, madre dijo que la necesitarías- me respondió entre llantos y señalándome dichos objetos.
Carmilla ¿Por qué volviste? ¿Por qué no huiste como te lo dije? ¿Por qué tenías que arriesgarte?
-Él la asesinó- me dijo Elizabeth.
Esas palabras hicieron hervir mi sangre, lo pagarías caro Sirzechs Lucifer. Me levanté, me di la vuelta y miré a la cara a ese demonio.
-Issei-kun espera, ella era el Señor Oscuro, ahora que la maté puedes volver con nosotros.
-Ella era mi esposa, la Reina de los Vampiros.
-¿Eh? Vamos, eso no puede ser verdad.
-Sirzechs, yo me convertí en un vampiro, yo soy el Señor Oscuro- grité adoptando mi Manifestación Animal.
Mi cuerpo creció exponencialmente, mi ropa se destruyó durante el proceso, en mis se transformaron en garras, mis piernas se arquearon hacía atrás con garras en mis pies, de mi espalda dos enormes alas de murciélago crecieron y de mi rostro mi nariz se resintió con dos grandes colmillos sobresaliendo de mi boca. Era un Murciélago con forma humanoide, igual que Brauner y Olrox pero mucho más grande.
Sirzechs se horrorizó al verme en esa forma.
Cargué contra él, intentando sujetarlo con mis garras. Esquivaba todos mis ataques, finalmente le acerté un golpe que lo volteó. Me lancé sobre él descargando una lluvia de golpes sobre su cara, me erguí sujetándolo de la cabeza y lo lancé con todas mis fuerzas contra unas columnas del salón que aún se mantenían en pié.
El impacto las destruyó desmoronándose sobre él. Aún no podía cantar victoria, estaba debilitado y mi transformación no duraría mucho.
Sirzechs se levantó, apenas había sufrido daños. Me lancé una vez más contra él.
Respondió lanzándome ataques cargados con su poder de la destrucción, corrí hacia los lados esquivando cada ataque. Extendió sus alas y acortó rápidamente su distancia conmigo.
Descargó una serie de golpes cargados con magia en mi cuerpo, sentí como se me partían las costillas con cada ataque.
De mi boca expulsaba sangre. Me arrodillé debido al dolor.
-Ríndete Issei-kun. No puedes ganar.
-Cállate.
-Mírate en lo que te has convertido, eres un monstruo chupasangre. Había venido por ti ya que creí que todo este tiempo habías sido prisionero del Señor Oscuro.
-Ya ves que no.
-Y lo veo muy claramente. No me queda otra alternativa que eliminarte.
Se acercó lentamente a mí cargando poder de la destrucción en una de sus manos.
Bajó la guardia, los sujeté con mis garras de la cintura e intenté hundir mis colmillos en su cuerpo. Detuvo mi boca con sus manos, era demasiado fuerte.
Cargó una de sus manos con el poder de la destrucción y me impactó de lleno en el rostro.
Salí disparado con una gran fuerza hasta impactar con unos escombros.
-Padre- gritó Elizabeth corriendo en mi auxilio.
Me abrazó intentando protegerme. Sirzechs iba a acabar con nosotros cuando llegó una tropa de demonios.
-Lucifer-sama, los vampiros nos rodearon, están avanzando. Debemos retroceder.
-Está bien, que se retiren las tropas. Volveremos al inframundo.
Sirzechs se retiró dedicándome una mirada de desprecio. Maldito, no quiero nada de ti. Lo vas a lamentar.
Adopté mi forma humana una vez más, mis heridas eran muy graves. Elizabeth me cubrió con su abrigo.
Me acerqué al cuerpo de Carmilla y dejé salir mis lágrimas. Lloré como nunca antes.
Todas mis tropas de vampiros llegaron, Gabriel también. Contemplaron a su reina muerta, mis hijos lloraron sin consuelo a mi lado mientras los vampiros guardaban silencio.
Cuando ya no pude llorar más, me levanté. Mis súbditos vendaron mis heridas, cuando terminaron vestí mi armadura.
Tomé el cuerpo de Carmilla en brazos y acompañado de mis hijos nos dirigimos al Lago de los Hielos Eternos.
Esa era una tierra dentro del territorio de los vampiros donde los hielos nunca se derriten.
Llegamos, cavé con mis propias manos una tumba en la tierra congelada. En el proceso me lastimé las manos las cuales me quedarían con cicatrices. Cuando terminé metí el cuerpo de mi amada en él.
Tan hermosa era aún muerta que no tuve corazón para enterrarla en otro lugar que no fuera ese.
En esa tierra el paso del tiempo no afectaría su cuerpo. Permanecería congelada por el resto de la eternidad.
Después de que mis hijos se despidieran de su madre nos retiramos.
Volvimos a las ruinas del castillo donde aún aguardaban mis vampiros.
Mis generales hablaron.
-Señor, ahora usted es el único gobernante de todos nosotros.
-Así parece.
-¿Qué haremos ahora?
No respondí de inmediato. En lugar de eso contemplé los resultados de la batalla. No había nada por qué festejar, no sólo mi reina estaba muerta sino que había perdido alrededor de 15.000 guerreros de los 40.000 que tenía. Al menos las mujeres y niños estaban a salvo.
-Quiero que me escuchen bien. Los demonios nos tomaron por sorpresa, es por esa razón que hemos perdido tantos compañeros. No pienso dejar las cosas así, cuando mis heridas hayan sanado marcharé al inframundo a destruir a Sirzechs.
Todos se quedaron callados al oírme.
-De ahora en adelante Gabriel será el Señor Oscuro y Elizabeth la Reina de los Vampiros.
-¿De qué estás hablando padre?-me cuestionó Elizabeth.
-Ustedes no pueden venir conmigo, lo más probable es que yo también muera pero no haré sin antes haber asesinado a Sirzechs. Ustedes deben guiar a nuestra estirpe de vampiros al mañana, reúnanse con las mujeres y niños, búsquenles un nuevo hogar.
-Pero padre…
-Calla Gabriel- interrumpí a mi hijo y me dirigí al resto de mis soldados- los que quieran venir conmigo al inframundo son bienvenidos.
5.000 guerreros se ofrecieron voluntarios a seguirme, los restantes 20.000 marcharon al encuentro de las mujeres y niños.
Mis hijos se despidieron de mí con lágrimas, les ordené a Brauner y Olrox que fueran con ellos, después de todo eran sus guardianes.
Muchos se fueron, solo un puñado nos quedamos y solo mis hijos miraron atrás.
Mis 5.000 seguidores y yo nos establecimos en las mazmorras mientras mis heridas se curasen.
Todavía teníamos a los 4.000 Ghouls, pero no sería suficiente. Reunimos a todos los clanes de Licántropos y Huargos, fuimos al territorio del antiguo Señor Oscuro de los Muertos y trajimos un ejército completo de Zombies, Cavadores descabezados, Cadáveres reptantes y Nigromantes. Además podía convocar a los Poltergeist de la dimensión creada por Carmilla.
Gabriel era el nuevo Señor Oscuro pero yo aún tenía control de todas esas criaturas.
Ya teníamos preparado las fuerzas de nuestro ataque.
Vampiros: 5.000.
Licántropos: 3.000.
Huargos: 1.700.
Ghouls: 4.000.
Zombies: 18.000.
Cavadores descabezados: 1.200.
Cadáveres reptantes: 900.
Nigromantes: 300.
Poltergeist: 85.
Más de 30.000 guerreros a mi disposición. Solo quedaba Sirzechs. No pude vencerlo ni siquiera con mi Manifestación Animal, pero debía tener en cuenta que me encontraba debilitado. Ahora me enfrentaría a él en plena condición con el Guantelete Oscuro, las Botas ciclón y las Hombreras del Serafín. Junto con mi armadura las cuerdas se tornarían a mi favor.
Las cosas serían muy distintas.
Seguimos con los preparativos hasta que dieron la alarma de un intruso.
Me asomé desde las ruinas del castillo para ver de quién se trataba. Era Azazel, bajé a su encuentro.
-¿A qué has venido Azazel?
Azazel no respondió, dirigió su mirada a las ruinas del castillo y a todas mis tropas.
-He venido a corroborar lo dicho por Sirzechs.
-Pues aquí tienes, estos son los resultados de su invasión.
-Lo siento, de haber sabido que pasaría esto, me habría quedado callado. Si hay algo que pueda hacer para compensarte dímelo.
-Dame un círculo de transporte, lo suficientemente poderosos para llevar todas mis tropas al territorio de Sirzechs.
-¿Acaso piensas invadir el inframundo?
-No precisamente, solo el territorio de ese pelirrojo.
-Escucha, si lo que planeas es una venganza te daré el círculo y esta información a modo de expiar algo de mi culpa.
-Te escucho.
-Cuando les informé que seguías vivo, Sirzechs insistió en que jamás te unirías al Señor Oscuro, que debían tenerte prisionero. Quería traerte de vuelta para su hermana, Rias todo este tiempo no ha dejado de pensar en ti, se ha culpado siempre por dejarte. Sirzechs nos pidió a todas las mitologías que fueron miembros de la alianza ayuda para rescatarte, yo los convencí de rechazarlo. Eso no es todo, si atacas a Sirzechs todo el inframundo se pondrá en tu contra. Ellos lo protegerán.
-Si todo el inframundo quiere negarme mi venganza, entonces todo el inframundo caerá.
-¿No piensas dar marcha atrás con esto?
-De ninguna manera.
-Junto con Vali has sido mi mejor alumno y te quiero pero si esa es tu decisión me encargaré de que nadie preste ayuda al inframundo.
Azazel me dio el círculo y se fue. Aún después de todo eso sentía que podía confiar en él. Mi maestro, lo observé hasta que se perdió en la lejanía.
1 semana después.
Durante esa semana nos dedicamos a construir vehículos de transporte, la energía que los alimentaba provenía de Cristales de Poder que trajimos de Agharta. Estas formaciones cristalinas son el resultado de un fenómeno que ocurre en zonas con gran concentración de energía oscura. En estos lugares la tierra, impregnada con magia, se quiebra abruptamente dando lugar a estos característicos patrones con aspecto de geodas.
Los cristales son magia oscura en estado puro, podían dotar de energía cualquier maquinaria. Son tan increíblemente poderosos que un solo cristal completo puede ser utilizado para invocar un demonio del Plano de la Oscuridad.
Con ellos los vehículos de transporte podían moverse.
1 mes después.
En todo ese tiempo construimos también vehículos de combate equipados con cañones, lanzallamas que funcionaban a base de aceite inflamable y bombas. Las naves aéreas estaban cargadas con tanques de brea para atacar desde el aire.
Y la más grande de nuestras construcciones, el Titán de Asedio, una gran máquina de guerra de gran tamaño comparable a nuestra fortaleza cuando aún estaba en pie, compuesto por toneladas de metal y madera, llevando por dentro un gran sistema de engranes y poleas que permiten su movimiento y en su zona intermedia porta una estructura de soporte para poder transportar soldados.
En batalla estaría preparado para usar sus enormes extremidades, aplastando un regimiento de un pisotón, pulverizando los muros de los edificios con sus puños y descargando una tropa de soldados en su interior.
Pero temía que eso no fuera suficiente.
Había algo más que nos ayudaría en la batalla, una vez que la tuviéramos nos transportaríamos al inframundo. Nos movilizamos todos y con todas las máquinas de guerra a la antigua fortaleza de la bruja Malphas.
Allí, en su interior moraba el Ogro, los Gigantes Anubianos son una especie tan antigua como la tierra misma. El Ogro era uno de los últimos de su raza que seguía con vida. Vivía entre las murallas de esa fortaleza abandonada, esperando a viajeros incautos con los que saciar su apetito, durante los últimos años tuvo que conformarse con simples Trolls. Debía llevarlo al inframundo donde pudiera desatar la destrucción buscando alimentarse. Su tamaño era casi igual a nuestro Titán de Asedio.
A la fortaleza llegamos, utilizando al Titán de Asedio logramos encadenar al ogro.
Finalmente activé el círculo de transporte y llegamos al inframundo. No había vuelta atrás, no podríamos regresar, los soldados lo sabían. Fue por esta razón que todos llevaban Cristales de Poder, antes de caer en combate liberarían a los demonios de los cristales.
Al inframundo llegamos, más concretamente en la capital. Yo iba montado en la cabeza del Titán dando las órdenes.
Las personas empezaron a correr gritando.
-Rápido, los vehículos de transporte diríjanse a las ciudades aledañas, los vehículos de combate los seguirán destruyendo todo lo que se interponga en el camino. Las naves diríjanse a una ciudad cada una e incéndienla. El ogro será liberado aquí en la capital.
Todos asintieron. Una vez que nos alejamos lo suficiente liberé al Ogro alejándome rápidamente con las Hombreras del Serafín.
La bestia, empezó a destruir los edificios con sus puños, aplastaba a quién estuviera debajo de él, su apetito sería saciado con la carne de los demonios de la capital.
Nos dirigimos al territorio de Sirzechs recorriendo ciudad por ciudad. El titán destruía los edificios a su paso.
En cada ciudad liberamos tropas de Licántropos, Huargos, Ghouls, Zombies, Cavadores descabezados, Cadáveres reptantes y Nigromantes. Además un pelotón de vampiros con vehículos de combate y naves.
El inframundo fue tomado por sorpresa, tal como a nosotros. Las tropas de demonios que acudieron a defender las ciudades fueron contrarrestadas fácilmente.
Los Licántropos y Huargos corrían despedazando a las personas a su paso, los Ghouls se alimentaban de los cadáveres.
Los Zombies eran muy débiles pero su fuerza radicaba en su superioridad numérica, los Cadáveres reptantes, ordené que arrojaran los ataúdes de los vehículos de transporte.
Los Cadáveres reptantes utilizaban los ataúdes como corazas. Para moverse, extienden sus raíces por el exterior del ataúd, convirtiéndose en un monstruo más peligroso de lo habitual.
Los Nigromantes, poderosos hechiceros de la magia oscura destruían y vaporizaban a los demonios haciendo uso de ella.
Cada tropa de monstruos era acompañada de 250 vampiros entre los que estaban quienes manipulaban los vehículos de combate y las naves.
Todas las tropas de demonios eran aniquiladas, pero no tardarían en venir más. A pesar de estar llevando la delantera inicialmente, los demonios eran mucho más que nosotros, al final acabarían por vencernos gracias a su superioridad numérica.
Llegamos a la última ciudad antes del territorio de Sirzechs, estaba más protegida que las demás.
A las afueras de la ciudad nos esperaba un ejército de demonios.
-Los vehículos de combate al frente, disparen los cañones para crear una apertura, el Titán los seguirá por detrás, las naves mientras avancen a la ciudad y quémenla.
Los cañones fueron disparados, al igual que antes estaban cargados con virotes de ballesta. La formación de demonios que formaban un escudo intentando proteger la entrada a la ciudad fue diezmada.
Mientras los vehículos avanzaban quemaban a los demonios con los lanzallamas.
El Titán avanzó a mis órdenes, solo bastaba una palabra para hacerlo funcionar.
-Aplástalos.
El Titán acabó con un pelotón entero aplastándolo.
-Ahora liberan a las criaturas.
Todos los monstruos fueron liberados sembrando la destrucción.
-Aplasta ese edificio- grité apuntando una torre que se encontraba enfrente nuestro.
El Titán derruía con sus puños cada edificio que le indicaba.
Las naves volcaron los tanques de brea, los soldados arrojaron antorchas incendiando los edificios.
El arte de la destrucción era glorioso.
Finalmente llegué al territorio de Sirzechs acompañado por mil vampiros dentro del Titán, cien Nigromantes y los ochenta y cinco Poltergeist en su totalidad. En una nave de carga llevaba las Armaduras.
La mansión de Sirzechs, imponente como todas las casas de los demonios de clase alta, pronto no quedaría más que ruinas.
Tropas de demonios salieron de la mansión para intentar detener nuestro avance.
-Aplástalos- ordené al Titán.
Algunos demonios fueron aplastados pero la gran mayoría levantó vuelo para atacar desde el aire.
Me encargué personalmente de ellos haciendo uso de las Hombreras de Serafín y el Guantelete Oscuro. Solo bastaba un golpe del Guantelete para mandarlos a volar.
Más demonios salieron de la mansión, utilizaron hechizos de fuego para derribar algunas de las naves que estallaban soltando la brea. Gran parte de los jardines de la mansión fue salpicado con el líquido inflamable.
-Estrellen una de las naves contra la mansión.
La nave más cercana a la mansión apresuró su marcha mientras yo detenía a los demonios en vuelo.
-Nigromantes, creen un campo de energía alrededor de los terrenos de la mansión, que nadie más entre. El resto utilicen sus hechizos más poderosos, destruyan todo.
Los practicantes de magia oscura obedecieron, la barrera fue levantada. Los demás invocaron nubes negras que lanzaban lluvias de relámpagos y bólidos de fuego. La brea desparramada por todo el terreno explotó en una gigantesca llamarada.
La nave que ordené estrellarse alcanzó la mansión, los vampiros se lanzaron antes de que chocara.
Gran parte de los pisos superiores de la mansión fueron destruidos gracias a la explosión de fuego.
-Destruye la entrada- le ordené a la gigantesca máquina.
Con sus puños aplastó los muros del frente de la mansión.
-Ahora abran la estructura de soporte, todos dentro de la mansión y asesinen a todo el que vean.
La estructura del Titán se abrió dejando entrar a mis vampiros.
-Liberen a las Armaduras.
De otra de las naves de cargas soltaron las Armaduras que antaño estaban poseídas por los Poltergeist. Abrí la dimensión creada por Carmilla dejando salir a los espíritus que tomaron control de las armaduras.
-Destruyan todo, sin prisioneros.
Le ordené a uno de mis generales que tomara control del Titán de Asedio. Yo debía ir en busca de Sirzechs.
Entré a la mansión por uno de los techos destruidos. Recorrí velozmente todos los salones y habitaciones con las Botas Ciclón.
Llegué al salón del trono, tampoco estaban ahí. Me apresuré a subir al último piso que quedaba en pié, desde allí pude observar a Sirzechs junto a Grayfia y Millicas en un claro detrás de la mansión.
Volé hasta ellos. Cuando los tuve frente a frente, observé a Grayfia y a Millicas. Mientras que ella seguía con su misma apariencia Millicas se había convertido en un hombre.
-Sirzechs, prepárate.
-Issei, no solo has osado atacar mi territorio sino parte del inframundo también.
-Todos los otros Maou estarán ocupados combatiendo en las otras ciudades, nadie vendrá a ayudarte y con esta barrera no podrás escapar. Has elegido un buen lugar para tu tumba.
-¿Realmente crees que puedes vencerme?
-Esta vez será diferente, antes no estaba preparado, y ataqué cegado por la ira. Ahora pelearé conservadoramente.
-De acuerdo, pero al menos deja que ellos se vayan.
-Muy bien, yo no les haré daño pero no puedo decir lo mismo de mis guerreros.
Grayfia y Millicas me veían con terror, procedieron a retirarse. Sirzechs se quitó su abrigo.
Ambos empezamos a caminar en círculos mirándonos unos al otro.
-¿No te convertirás en ese monstruo para pelear?
-No lo necesito, quiero que veas mi rostro humano antes de morir.
Nos lanzamos uno contra el otro, intercambiamos golpes unos instantes. Sirzechs empezó a retroceder. Los golpes con el Guantelete Oscuro eran devastadores.
En un momento no pudo hacer nada sino recibir mis golpes. Le dí un gran puñetazo a la cara que lo envió muchos metros lejos.
Se levantó rápidamente. No podría vencerlo de esa forma tan sencillamente.
Cargó en sus manos poder de la destrucción. Lo lanzó contra mí, pude desviarlos gracias al poder del Guantelete.
Sirzechs estaba incrédulo al ver su poder inútil contra mí.
-Vaya, mejoraste- me dijo riendo.
-Esto solo ha sido el principio.
-Tú lo has dicho.
En ese momento Sirzechs aumentó su poder, todo ese tiempo solo había estado conteniéndose.
Haciendo uso de una velocidad increíble se acercó a mí asestándome un gran golpe en el estómago que me hizo escupir sangre, lanzó una patada a mi rostro que me hizo alejarme.
Levanté vuelo intentando recupérame pero él también se elevó. Intercambiamos golpes en el aire unos momentos, podía notarlo. Los golpes del Guantelete le afectaban mucho pero yo no estaba en mejores condiciones, de no ser por la armadura no habría podido resistir esos ataques.
Sirzechs me envió a tierra de un golpe.
Me incorporé pesadamente y empecé a correr. Sirzechs me persiguió tal como lo quería.
Cuando estuvo cerca de alcanzarme me dí la vuelta rápidamente, lo derribé de un puñetazo. A continuación sujeté fuertemente su cabeza y la estampé contra la tierra. Repetí la acción varias veces.
Antes de que pudiera recuperarse lo sujeté de las piernas, giré un par de veces sobre mí mismo y lo lancé contra unas rocas.
Alcé vuelo y me impulsé contra él, lo aplasté en el estómago con las botas. Sirzechs escupió una gran cantidad de sangre.
Se le notaba el cansancio, no estaba acostumbrado a pelear de esa forma ya que su poder de la destrucción era inútil contra mi Guantelete.
Una vez más cargó contra mí y yo contra él.
Chocamos con nuestras manos en un forcejeo. Durante unos instantes permanecimos así hasta que lo lancé al aire.
Alcé vuelo para alcanzarlo y descargué una lluvia de golpes en su cara mientras caíamos. El último de mis golpes lo envió violentamente a tierra generando un pequeño cráter.
Aterricé. Él a duras penas pudo salir del agujero arrastrándose.
Me acerqué a él lentamente, cuando lo tuve enfrente invocó una lanza con la cual me atravesó el abdomen del lado izquierdo.
-Te confiaste- me dijo riendo.
Sujeté la lanza con ambas manos y la saqué de mi cuerpo. Levanté el arma con Sirzechs quién aún la sostenía y lo estampé contra la tierra.
Golpee repetidamente a Sirzechs con el Guantelete en la cara hasta deformarla, pero aún seguía con vida.
Me levanté y lo pisotee una y otra vez hasta hundirlo en la tierra. Lo tomé de los brazos y lo arrojé contra los árboles que se partieron debido al impacto.
Sirzechs seguía con vida.
Se arrastraba lentamente escurriendo sangre intentando alejarse de mí.
Me acerqué a él paso a paso mientras sentía correr por mi cuerpo una energía oscura muy poderosa. Eran los efectos de usar el Guantelete Oscuro de forma prolongada, se estaba apoderando de mi cuerpo.
Cualquier precio que fuera estaba dispuesto a pagarlo con tal de matar a ese desgraciado.
Levanté a Sirzechs y rodee su cuello con mis brazos desde atrás intentando asfixiarlo.
Poco a poco lo iba privando de oxígeno.
-Dime… ¿Por qué te uniste a los vampiros? ¿Qué te dieron ellos que nosotros no?
-Ellos me dieron… no, ella me dio la voluntad de vivir que había perdido.
-¿Voluntad? Qué tontería.
-Pude que para ti lo sea, pero recuerda esto Sirzechs, adonde quiera que tu alma vaya recuerda quién fue el que te destruyó. En tus momentos más íntimos recuerda quién te venció.
Hundí mis colmillos en su carne, mientras el gritaba de dolor. Bebí hasta la última gota de sangre que quedara en su cuerpo.
Estaba hecho, la muerte de Carmilla fue vengada. Pero nada de eso me causaba placer.
Me retiré de allí dejando el cuerpo sin vida de Sirzechs atrás.
Me reuní con los generales que vendaron mis heridas.
Me informaron que habían destruido a todos los demonios en el territorio de Sirzechs, pero en el resto de las ciudades los demonios superaban en número a nuestras fuerzas que empezaban a retroceder.
-Reúnan a las tropas que nos queden, retirada.
Subí al Titán de Asedio, seguido de mis guerreros que aún quedaban con vida.
Ya no hay vuelta atrás, no podíamos salir del inframundo.
Hacía el norte marchamos, hacía mi antiguo territorio, hacía mi antiguo castillo.
Tan solo me quedaban poco menos de mil vampiros en total, perdimos a casi todos los licántropos y Huargos. Los Zombies y Cavadores descabezados habían sido aniquilados en su totalidad.
Cadáveres reptantes solo quedaban 193, de los Nigromantes solo habían sobrevivido 41, las Armaduras Animadas estaban todas intactas, no había perdido ninguna.
El Ogro que liberamos en la Capital fue vencido, no sin antes destruir la mayor parte de la ciudad.
Todos los vehículos de combate y naves fueron destruidos.
Por el lado de los demonios, ellos sufrieron muchas más bajas. Antes de que uno de mis guerreros vampiros fuera vencido liberaba los demonios del Plano de la Oscuridad con los Cristales.
Dichos demonios arrasaban con todo el que estuviera alrededor.
Al castillo llegamos, estaba intacto, tal cual lo había dejado. Solo cubierto de maleza, era natural.
-¿Qué haremos ahora mi señor?- me cuestionaron mis generales.
-Ya no hay vuelta atrás, ninguno de nosotros sobrevivirá. Los demonios nos superan. Asuman posiciones defensivas en las murallas. Todo lo que nos queda es resistir.
Todos mis guerreros asintieron, todos sabían que desenlace tendrían los hechos.
Solo no quedaba esperar nuestra muerte.
Así termina mi relato, mis recuerdos y los hechos que han traído aquí.
Con mi oído aumentado puedo escuchar a miles de tropas marchando hacía aquí. Ya están muy cerca.
Gabriel y Elizabeth, mis hijos, por favor recuerden que su padre los ama. Nunca los volveré a ver.
Carmilla, mi esposa. La mujer que siempre amaré. Pronto iré donde tu estas.
Hola a todos. Los saluda Carlos Balcarce, quiero informarles que el siguiente será el último capítulo del Señor Oscuro Vampiro.
Pero ahí no termina la historia, el verdadero desenlace de esta historia será relatado en las Crónicas del Señor Oscuro Vampiro.
